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Volar gratis en primera clase

In document INFINITA CREACION (página 115-118)

Después del Seminario Especial Éxito en Madrid, mi mujer Gina y yo hemos entrado al aeropuerto Madrid Barajas para nuestro regreso a las Islas Canarias. Acercándonos al área del check–in de la gran aerolínea española, con la cual hicimos el vuelo, nos asombró lo llena que estaba toda la zona de facturación de nuestro vuelo.

En el Seminario Especial Éxito trabajamos –entre otros– durante los dos últimos días con unas llaves del éxito: bonitas tarjetas de PVC de un toque especial, plástico traslucido satinado, del tamaño de una tarjeta de crédito con la imagen de nuestra llave impresa encima, a las cuales cargamos durante el seminario Olas para todo tipo de visión, meta o propósito que nos propongamos durante este Especial. Cada vez cuando tomas esta llave de tu visión en tu mano, te conecta y sintoniza con la vibración de tus propósitos y así la llevamos en nuestro bolsillo para poder conectarnos con ella varias veces durante el día.

En el aeropuerto Gina y yo cruzamos algunas miradas incrédulas sobre el jaleo que había frente a nosotros. Por mi estimación, la cantidad de personas que nos separaba de la facturación hacía que por lo menos tuviésemos que esperar entre 30 y 45 minutos. Gina me dijo que ese asunto ya lo incorporó

en su tarjeta durante el fin de semana: ~volar en nuestro propio avión~ sin tener cada fin de semana esas molestias, y mirando el centenar de personas y todo ese ajetreo, me di cuenta que esas Olas faltaban cargarlas en la mía. Al instante, en la fila, conecté la llave con ese propósito y después seguimos con la rutina.

Apenas dos horas después, entrando con el último grupo de pasajeros al avión, la azafata en el mostrador de embarque me ha parado: “Lo siento señor Reuter pero con usted surgió un cambio. Espere por favor un momento...”. Yo –un poquito irritado ya que mi mujer acababa de pasar el embarque– veía cómo la empleada de la aerolínea tecleaba algo en su ordenador y parecía que las cosas no le salían como esperaba, e indicó Gina que me esperará unos pasos adelante. La azafata siguió escribiendo y consultando su monitor y unos instantes más tarde tomó un bolígrafo, tachó la silla en mi tarjeta de embarque y escribió al lado del número original algo como 4A. Todo eso lo hizo sin levantar el rostro, solamente poniendo atención a su monitor. Un instante después me miró diciendo: “Disculpe señor Reuter por el retraso pero con usted hemos tenido un cambio. Le hemos hecho un upgrade, usted va a volar en primera clase”. Aún bastante irritado por la situación y solamente percibí el hecho de que obviamente me estaban separando de mi mujer, lo cual no quería aceptar para nada. Resultó que le contesté a la azafata que si me daban a mí un upgrade, también tenían que darle uno a mi mujer, porque viajábamos juntos. Mirando otra vez su programa en el ordenador me informó que eso era imposible y que si yo no quería recibir ese upgrade podría darlo a una de las dos o tres personas que todavía estaban detrás de mí esperando embarcar. Sin más tachó de nuevo el 4A, escrito a mano y añadió otro número en la tarjeta de embarque, un asiento que tampoco coincidía con mi asiento original al lado de mi mujer. Observando esto le dije que ese no era el

asiento requerido, y me informó que no podía darme mi asiento original. Pues finalmente entré con una tarjeta de embarque con tres números tachados y un cuarto que era de nuevo el asiento de primera clase, todo eso escrito a mano.

Todavía asombrado, y con algo de remordimiento en el estómago, porque no quería viajar a casa en primera clase sin compartirlo con mi amor, ella y yo avanzábamos hacia el avión. En el pasillo mi mujer me animó a aceptar este upgrade, ya que me lo estaban regalando y que un rato antes había cargado mi tarjeta de la llave con Olas de un jet privado. Claro que sí, eso no es volar en jet privado, pero sin duda marca un primer paso hacia allí. Antes de subir al avión un auxiliar de vuelo nos comunicó que aún están averiguando si Gina puede también cambiar a primera clase, pero al final fue imposible. Sentado en mi trono de primera, durante todo el vuelo disfruté de un servicio espectacular del empleado responsable de mimar a las pocas personas en ese segmento del avión, y mi plan era de por lo menos hacer turnos con Gina. Conversando con el auxiliar de la primera clase le dije que imaginaba que no habría ningún problema en que yo fuese al asiento de mi mujer y ella al mío para que pudiese viajar un rato de forma más cómoda, y él me contestó que debía consultarlo con la jefa del vuelo.

Unos minutos después se disculpó por hacerme esperar y me comunicó que lo sentía muchísimo pero que sería imposible. Tal vez no palabra por palabra, literalmente, pero en el mismo sentido dijo: “Años antes no hubiese sido ningún problema, pero hoy en día los reglamentos son muy estrictos y nos están controlando. Lo siento, pero de ninguna manera podemos permitir que otra persona de segunda esté entrando en primera, incluso la jefa del vuelo ha investigado y no podemos explicarnos en absoluto cómo

ha sido posible que usted haya recibido este upgrade”. Se disculpó de una manera tan amable que yo solamente le di las gracias. Me recosté, pulsé el botón que hace que el sillón se convierta en una cama, me puse súper cómodo, metí mi mano en mi bolsillo frotando la tarjeta de la llave y con una contentísima sonrisa pasé el resto del vuelo soñando.

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