• No se han encontrado resultados

La voluntad de sistema

I- A VOLUNTAD DHL SISTEMA

donados Kant y Reinhold como predecesores, junto a Descartes, del primer principio de Fichte. De Kant nos dice allí Fichte que lo lia pre­ sentado en la deducción de las categorías, pero no como priqier prin­ cipio. En cuanto a Reinhold nos dice que no es más que una versión del principio cartesiano39.

Si hacemos balance de semejante presentación conjunta descubri­ mos con cierra sorpresa que el papel de Spinoza aparece especialmente potenciado, mientras que el de Reinhold se reduce apenas a una ac­ tualización del principio cartesiano, si bien es cierto que dentro de la filosofía critica, en el interior de la cual desempeña un papel prope-

deútico en relación al propio Fichte.

¿Cómo valorar entonces la presentación que hace aquí Fichte de su pensamiento en relación a Spinoza? De la literalidad del texto pode­ mos concluir que la figura de Spinoza se ha agrandado en este mo­ mento, emergiendo como una gran figura del pensamiento. Y esto sin duda no dejó de tener sus consecuencias para la posterior evolución del Idealismo, consecuencias que afrontaremos y valoraremos en su momento, pero difícilmente permite afirmar que ese renacer haya re­ presentado papel alguno en la génesis del pensamiento de Fichte. Ese pensamiento empieza a ser destacable cuando Fichte ha concebido ya una primera obra de madurez y en la que está trazado ya el plan pos­ terior de su pensamiento. Lo interesante es entonces preguntarse por qué aparece Spinoza en este momento como interlocutor privilegiado de Fichte.

En primer lugar, parece fuera de duda que el factor desencade­ nante de esa importancia dada a la figura de Spinoza por Fichte son, aquí sí, las Cartas de Jacobi y la polémica sobre el panteísmo. Pero es igualmente cierto que éstas, por sí solas, al margen de esa línea de pensamiento que culmina en Reinhold y que hemos considerado deci­ siva para el idealismo de Fichte, poco hubieran aportado a la hora de conformar el pensamiento de Fichte tal como aparece en la Funda- mentación. El Spinoza que vemos aparecer en Fichte está bastante ale­

48 Absolutoyco n c ien c ia. Unain tr o d u c c ió na Schelling

jado del de Jacobi o del de Mendelssohn, y las resonancias que su pre­ sencia trae a este texto son también otras. No es aquí una noción de la divinidad lo que está en juego, ni siquiera el problema de la libertad, que en Fichte tiene otras raíces; ni el de la causalidad, que Fichte con­ cibe en términos kantianos corregidos; ni, en fin, el del ateísmo. La función que la figura de Spinoza cumple en ese texto de Fichte ha de buscarse en la significación del primer principio del sistema. Y vimos ya a este respecto que el elemento común que convertía a ambos sis­ temas en los dos únicos consecuentes era el de la unidad.

Sin duda, en la filosofía moderna el pensamiento de Spinoza ha representado un modelo de pensamiento de unidad. Tal vez desde ese rasgo cabría hablar de una anomalía frente a la escisión que caracteriza el pensamiento filosófico de los siglos modernos. Y en ese pensa­ miento de la escisión la figura de Kant señala un punto límite. Los esfuerzos de Reinhold pueden interpretarse desde luego como la bús­ queda de una Filosofía fundamental capaz de dar unidad al pensa­ miento que va de escisión en escisión como el de Kant. Ese camino a través de sucesivas escisiones culmina en una última e insalvable: la que separa teoría y praxis, y a la que el genio de Kónigsberg tratará de dar solución a través de la tercera Crítica.

En el año 1791, casi nada más conocer la filosofía de Kant, Fichte está ocupado en una especie de Compendio de la tercera Critica. Ava- tares de su vida interrumpen el proyecto y Fichte se dedica a escribir sobre moral y religión. Pero de hecho su preocupación fundamental es también en estos escritos la relación entre teoría y praxis. Así, uno de los motivos fundamentales de la obra que le dio a conocer en Alema­ nia, el Ensayo de una critica de toda revelación40, es precisamente la re­ lación entre libertad y causalidad natural, y en la que la revelación de­ sempeña allí un papel mediador. En el Escrito sobre ¡a Revolución Francesa le vemos fundir libertad y verdad como el lugar en el que el cielo y la tierra se encuentran. Y otro tanto puede decirse de la Reivin­ dicación de libertad de pensamiento. En la Reseña a Gebhard afirma que

IA VOLUNTAD DEL SISTEMA 49

de esa solución depende nada menos que la validez del principio mo­ ral kantiano. Y en la Reseña a Creuzet41 nos habla de una más alta le­

gislación capaz de unir ambos mundos. «

Cuando, a partir de motivos kantianos, y desde Reinhold, en­ cuentre finalmente la solución al problema de esa escisión, no es de extrañar que vuelva sobre la figura de Spinoza, tan en candelera ya en esos años a través de la polémica sobre el panteísmo, y quien en pala­ bras de su maestro Kant compite en el rigor de las pruebas con los matemáticos. Y ello con la ventaja añadida de que al fundar Fichte su principio de unidad en la libertad eliminaba Fichte el carácter odioso de la unidad spinozista: el panteísmo.

Ciertamente, también Leibniz y Wolff habían pensado la unidad. Pera carecía de sentido que un kantiano como se reclamaba Fichte volviera al pensamiento de aquellos. Por otra parte Jacobi había acu­ sado de spinozista la filosofía de Wolff, y Mendelssohn y Maimón ha­ bían mostrado el carácter spinozista de Leibniz. Sintiéndose en la culminación del pensamiento de Kant, como se sentía Fichte, el in­ terlocutor no podía ser otro que Spinoza. Pero eso no significa que los elementos del sistema de Fichte provengan de Spinoza, antes al con­ trario.

De manera que es la unidad la que, una vez alcanzada al maigen de la filosofía de Spinoza, le permite a Fichte presentar la filosofía de Spinoza como su verdadero interlocutor, dando así lugar al malenten­ dido al que nos referíamos más arriba.

En la Fundamentación del 94 vuelve a decimos:

Asi, Spinoza pone el fundamento de la unidad de la conciencia en una sus­ tancia... y afirma esto porque está obligado a suponer algo absoluto primero, una más alta unidad^-.

4' Hay una versión española publicada en la revista Andbasis el año 1994. ídem, p. 121.

50 Absoluto Y co n c ien c ia. Unain tr o d u c c ió na Sc h elu n g

La presentación que Fichte hace de Spinoza no prueba que éste haya sido modelo de su pensamiento, que más bien surge de elemen­ tos opuestos, pero sí nos permite descubrir una razón profunda del pensamiento ¡dealista, y la que sin duda permite considerar al Idea­ lismo como un movimiento único. Y tal razón es el pensamiento de la unidad que comparten Schelling y Fichte. De ahí que, a pesar del nulo papel desempeñado por Spinoza en la génesis del sistema fichteano, su utilización permitiera a Fichte explicitar un motivo profundo de su pensamiento. Y esta explicitación no pasará sin duda por alto ni dejará de tener consecuencias para un lector de los prime­ ros parágrafos de la Fundamentación del 94 y que además sí había re­ cibido a Spinoza antes de conocer a Fichte: Schelling.

Capítulo 2

Spinoza

In t r o d u c c ió n

E

l año 1794 es una fecha clave; seguramente la fecha clave, si hubiera que fijar alguna, en la historia del Idealismo alemán. Las alusiones fichteanas a Spinoza a que nos hemos referido están vertidas en ese año en la Fundamentación de la doctrina de la ciencia, la obra cuyos primeros parágrafos lee Schelling también en ese mismo año, que es además el de aparición de su primera y precoz pu­ blicación. Pero esa fecha tiene un significado distinto en el caso de Fichte y en el de Schelling. Para Fichte constituye un primer punto de llegada, una primera culminación de su trayectoria, por más que los contemporáneos vivieran esa fecha como la de la irrupción pública de Fichte en la escena filosófica. Para Schelling, por el contrario, ese año constituye, más allá de algunos trabajos escolares previos, su inicio propiamente dicho en el ámbito de la filosofía.

Para encontrar una situación análoga en el joven Fichte habría que retrotraerse algunos años, tal vez hasta el año 1784, en el que Fichte termina sus estudios de Teología, y en el que su periodo de formación fundamental puede considerarse finalizado. Estamos en un periodo en el que la figura de Spinoza aún no ha saltado a la palestra, puesto que la

52 Absolutoyco n c ien c ia, u n ain tr o d u c c ió na Schelling

polémica se inicia en el año 1785. La problemática que en la década de los ochenta ocupa a Fichte, aunque no muy alejada de la que lleva a Ja- cobi a hacer un uso polémico de la figura de Spinoza, es desarrollada y conducida por el primero al margen del spinozismo. En realidad, esa problemática, la de las relaciones entre razón y sentimiento, constituye un clima compartido en la época, y como tal está ya presente en el mis­ mo Reinhold, en Lessing, o en el propio Kanr, antes incluso de la tra­ ducción polémica realizada por Jacobi en torno a Spinoza, y tiene fuen­ tes diversas que conducen a Rousseau o la tradición leibniziano- wolffiana de la Ilustración alemana1. Cuando Fichte se acerca a Kant, y aunque la polémica ha conocido ya una segunda edición y el propio Ja­ cobi ha formulado ya su crítica fundamental fíente a Kant en el David Hume, lo hace desde aquella tradición y desde aquel contexto, y por tanto completamente al maigen de la interferencia y las consecuencias que el espíritu polémico de Jacobi tiene para la recepción kantiana. En ese sentido podemos decir que para la recepción kantiana la incidencia del spinozismo vía Jacobi se retrasa algunos años1 2, justamente los que median entre el de 1790, en que Fichte se acerca a Kant, y 1794, año en el que ya en posesión de un pensamiento propio y elaborado convierte a Spinoza en un interlocutor privilegiado, como venimos de ver.

Ahora bien, ese periodo de tiempo que media entre 1790 y 1794 coincide en gran medida con la estancia de Schelling en el Stifi de Tubinga, es decir, con los años decisivos para su formación y su recep­ ción de las distintas corrientes de pensamiento de la época, incluidos Kant, Spinoza y el mismo Fichte3. Como tendremos ocasión de ver

1 Ver por ejemplo la caracterización y la panorámica general que sobre la cuestión, y como introducción al Ensayo de una crítica de toda revelación de Fichte, hace M. Kesslcr (Kritik ailer Offcnbarung, pp. 136-164). En el mismo sentido, y justamente valorando el distinto peso de Rousseau y a la tradición Icibniziano-wolffiana, puede consultarse a Prcul, op. cit., pp. 69-71.

2 Pero unos años que resultan decisivos en esta ¿poca que da origen a la filosofía clásica alemana.

3 En esc sentido nos recuerda Félix Duque que son al menos tres los elementos desde los que Schelling se acerca a la obra de Fichte y, entre ellos, el que denomina «subsrandalista» lessingiano-spinozista. Cf. op. cit., p. 256.

Spinoza 53 con algún detalle, la polémica de Jacobi es recibida en el Stifi, vincu­ lada ya además al pensamiento kantiano, como mínimo a comienzos del año 1791. Y la noticia de esa recepción, anterior de modo inequí­ voco a cualquier dato sobre un Fichte todavía perfectamente descono­ cido, nos la da un personaje estrechamente vinculado por entonces a Schelling como es Hólderlin. Ello parece facilitar la interpretación de que el Kant, el Reinhold, o incluso el Fichte que reciba Schelling es­ tán ya inevitablemente mediados por la polémica. Ahora bien, media­ dos por la polémica no quiere decir exactamente mediados por Jacobi. De hecho, si el objetivo de Jacobi era el descrédito, frente a la ortodo­ xia religiosa, de toda especulación filosófica mediante su reducción al «ateísmo» y al fatalismo de Spinoza, los resultados de su «cruzada» fueron justamente los contrarios, al menos en un primer momento. La joven generación a la que Schelling pertenece, y con particular in­ tensidad en el caso del propio Schelling, convierte a la especulación y a la filosofía en el verdadero sustituto de la religión, rechaza apasiona­ damente los conceptos ortodoxos de la divinidad, hace suya la su­ puesta profesión spinozísta de Lessing, y convierte a Spinoza junto con Kant en el modelo y referente fundamental.

Semejante lectura y recepción de la polémica, contraria desde el primer momento a las intenciones de Jacobi, resultaría sorprendente, cuando no del todo inexplicable, a partir del Spinoza «traducido» por el propio Jacobi.

Pero lo es ya menos si se tiene en cuenta que, a pesar de que con frecuencia se ha afirmado lo contrario, el spinozismo no es una nove­ dad en el momento de suscitarse la polémica. Porque es casi indiscuti­ ble que uno de los efectos de la polémica fue proyectar la figura de Spinoza al campo de la especulación filosófica, y en particular al de la recepción del kantismo, pero no es menos cierto que en un ámbito cultural más amplio, o simplemente diverso, el spinozismo está ya presente en la Alemania de la segunda mitad del XV11I.

Pero en ese ámbiro al que nos referimos, que no es otro que el Sturm und Dratig, la recepción de Spinoza se produce ya en la década de los setenta, es decir, de modo simultáneo al proceso de gestación de

54 Absoluto v co n c ien c ia. Unain tr o d u c c ió na Sc h elu n g

la filosofía transcendental kantiana. Cabe afirmar, por tanto, que esa recepción de Spinoza convive con la tradición y el contexto que con­ ducirá a Fichte a la formulación de la Doctrina de la ciencia, y preci­ samente por ello, y a pesar de que estamos ante tradiciones distintas e incluso en ocasiones opuestas, la comunicación entre ese ámbito y la línea que conduce a Fichte a la Doctrina de la ciencia resulta inevita­ ble. De hecho, si bien se distingue de esa tradición, constituye un substrato cultural en el que los propios filósofos se mueven, y en el que se entrecruzan elementos filosóficos, artísticos y literarios. Basta pensar en el peso que tienen ya en ese momento figuras como Goethe, Schiller, Herder y el mismo Lessing. De las decisiones del primero ve­ remos depender en años sucesivos los destinos de los protagonistas de esa aventura filosófica que llamamos Idealismo alemán4. Herder mis­ mo se convirtió en un peculiar crítico de Kant, a la vez que ejerció una innegable influencia en Schelling. Schiller fue el primero que ha­ bló de un spinozismo subjetivo de Fichte en un momento bien tem­ prano.

En este sentido nos parece que el principal efecto de la polémica no fue tanto el de ocuparse ex novo de Spinoza, como el de establecer un puente entre ese previo spinozismo de características no filosóficas en sentido estricto, y la esfera de lo que podríamos llamar la filosofía profesional, centrada de modo creciente a partir de los ochenta en la obra de Kant. A este respecto, las figuras de Jacobí, Mendclssohn y Lessing constituían una combinación especialmente favorable. La vin­ culación personal de Jacobi y Goethe y la proximidad del primero al entorno del Sturm und Drang facilitaron la participación del propio Goethe y de Herder en la polémica, llevándoles a defender, frente a Jacobi, el spinozismo que habían profesado, lessing constituía un puente especialmente privilegiado, puesto que su figura se proyectaba tanto en el ámbito de la estética como en el de la teología, de tan deci­ sivo papel en la polémica, y respecto de la cual ofrece una visión pie-

4 Su papel es decisivo para la presencia tamo de Fichte como de Schelling en la Universidad de Jena.

SPINOZA 55

namente ilustrada en lo que constituye el problema clave del periodo también para los filósofos, incluidos Kant, Reinhold y Fichte: el de las relaciones entre creencia y razón. En cuanto a Mendclssohn, su condi­ ción de filósofo profesional le hacía especialmente apto para facilitar la penetración del contenido de la polémica en la esfera filosófica en sentido estricto. Y en este sentido no está de más recordar una vez más que el escrito de Kant dedicado a la polémica, Qué significa orientarse en el pensamiento (Wass heisst sich im Dettken orientierett), está funda­ mentalmente dirigido al comentario de Mendelssohn.

La polémica constituye, pues, una confluencia y cristalización de elementos preexistentes, y nada tiene, por tanto, de extraño que la jo­ ven generación que se hace eco de la misma en Tubinga, a finales de los ochenta y comienzos de los noventa, lo haga recuperando la inspi­ ración fundamental de aquel spinozismo previo, pero vinculado ahora a la ya ineludible filosofía kantiana, lo que explica la firmeza de sus posiciones frente a Jacobi desde el comienzo.

Un s im n o z is m o e s t é t ic o

Uno de esos elementos preexistentes es el particular spinozismo com­ partido por un movimiento, el Sturm und Drang, cuyas cabezas visi­ bles son Herder y Goethe. Y decimos «particular spinozismo» porque sus elementos marcadamente estéticos le distinguen de otro spinozis­ mo más o menos oculto que con anterioridad a la polémica existió en la Alemania del XVIII, y sobre cuya importancia y naturaleza existe un

radical desacuerdo en la literatura. En este último cabe mencionar a personajes como Dippel, Lau, Schmidt, Edelmann, Johan Henrich Schulz, Johan Samuel Cari o Karl Spazier5. En la medida en que Lcs-

5 Cf. Arseni Gulyga, üie klaaische deutsche Philosophie, pp. 47-50. Un estudio más extenso puede encontrarse en la obra de Stefan Winkle, Die heimlichen Spinozisten itt Altana und der Spinozastrcit. La importancia atribuida a este spinozismo, incluso su existencia misma más allá de ciertos elementos spino/.istas detectables en cada autor, es negada por W. Schroder, Spinoza in der deutxhen Frühaujklarung, p. 147.

56 Absolutoyco n c ien c ia. Unain tr o d u c c ió na Sc h elu n g

sing podría ser un punto de confluencia de ambos spinozismos6, ca­ bría explicar la continuidad entre todos ellos y su cristalización defi­ nitiva, vía Jacobi, en la polémica. En cualquier caso, ese aspecto estéti­ co del spinozismo de Herder y Goethe parece especialmente decisivo a la hora de valorar la recepción de la polémica y su vinculación al Idea­ lismo, puesto que, como tendremos ocasión de ver, constituye el ele­ mento que con mayor énfasis es recibido en un momento especial­ mente importante para el Idealismo como es el de la lectura que hace Schelling de los dos primeros escritos de Fichte.

En efecto, por las mismas fechas en las que se está gestando el pen­ samiento critico kantiano, que constituyó el horizonte fundamental de Reinhold y Fichte, a lo largo de los decisivos años setenta y de manera absolutamente independiente, la figura de Spinoza emerge como ins­ piradora de una concepción en la que Spinoza y Shakespeare aparecen vinculados, en palabras de Herder, para expresar uno de los motivos fundamentales del Sturm und Drang.

...y el todo podría bien denominarse mediante aquel Dios de Spinoza, •Pan! Universum!»7.

Por su parte, Goethe, resumiendo el espíritu que animó esa revolu­ ción, afirma en su autobiografía:

6 la obra de Winkle citada establece una clara conexión entre ese spinozismo de

Documento similar