PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
MAESTRÍA EN PSICOLOGÍA CLÍNICA
Trabajo De Grado
TRANSFORMACIÓN DE LAS NARRATIVAS Y PAUTAS DE INTERACCIÓN QUE SURGIERON EN EL TRANSCURSO DEL PROCESO TERAPÉUTICO ASOCIADAS A
LAS RELACIONES QUE ESTABLECEN LAS PERSONAS EN PROCESO REINTEGRACIÓN, CON LA PAREJA, CON LOS HIJOS Y CON EL GRUPO
ARMANDO ORGANIZADO AL MARGEN DE LA LEY
Por
Adriana Milena López Mesa
AGRADECIMIENTOS
A mi madre por ser mi fuente de inspiración…
A mi hermana por ser una gran maestra en mi vida y por siempre iluminar mi camino...
A mi hermano por enseñarme lo elemental pero lo verdaderamente real de la existencia…
A mis amigos por su apoyo constante…
A mi asesora de tesis Nhora Isabel Gonzalez por confiar en este trabajo, por su calidez y certeza
en sus orientaciones…
A las personas que hicieron parte de este proyecto, por haberme permitido entender sus historias
TABLA DE CONTENIDO
RESUMEN ... 1
1. JUSTIFICACIÓN ... 3
2. MARCO CONCEPTUAL ... 10
3. PROBLEMA ... 37
4. OBJETIVOS ... 37
4.1. Objetivo General: ... 37
4.2. Objetivos Específicos: ... 37
5. METODO ... 38
5.1. TIPO DE INVESTIGACIÓN ... 38
5.2. Participantes ... 39
5.3. Recolección y análisis de la información ... 40
5.4. Aspectos éticos ... 44
6. RESULTADOS ... 45
6.1 Primera participante: MCM... 45
6.1.1 Narrativas. Sub-categoría “pareja” ... 46
6.1.2 Pautas de interacción. Sub-categoría “pareja”. ... 55
6.1.3 Narrativas. Sub-categoría “hijos”... 61
6.1.4 Pautas de interacción. Sub-categoría “hijos” ... 63
6.1.5 Narrativas. Sub-categoría “Grupo Armado Organizado al margen de la ley” (GAOML) ... 66
6.1.6 Pautas de interacción. Sub-categoría “Grupo Armado Organizado al margen de la ley” (GAOML) ... 68
6.2. Segundo participante: LC ... 70
6.2.1 Narrativas. Sub-categoría “pareja” ... 71
6.2.2 Pautas de interacción. Sub-categoría “pareja” ... 79
6.2.3 Narrativas. Sub-categoría “hijos”... 86
6.2.4 Pautas de interacción. Sub-categoría “hijos” ... 86
6.2.5 Narrativas. Sub-categoría “Grupo Armado Organizado al Margen de la Ley” ... 87
6.2.6 Pautas de interacción. Sub-categoría “GAOML” ... 92
6.3. Tercera participante: YV ... 94
6.3.1 Narrativas. Sub-categoría “pareja” ... 95
6.3.2 Pautas de interacción Sub-categoría “pareja” ... 98
6.3.3 Narrativas. Sub-categoría “hijos”... 104
6.3.4 Pautas de interacción. Sub-categoría “hijos” ... 106
6.3.5 Narrativas. Sub-categoría “Grupo Armado Organizado al Margen de la Ley” ... 110
6.3.6 Pautas de interacción. Sub-categoría “GAOML” ... 111
8. CONCLUSIONES ... 132
9. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ... 136
10. ANEXOS ... 140
ANEXO 2 ... 141
RESUMEN
La presente investigación - intervención busca analizar y comprender las narrativas y las
pautas de interacción asociadas al significado de las relaciones que establecen las personas en
proceso de reintegración, con la pareja, con los hijos, y las que establecieron con el Grupo
Armando organizado al Margen de la Ley (GAOML), las cuales surgieron en el transcurso del
proceso terapéutico con enfoque sistémico, así como los cambios que se evidenciaron a lo largo
de este. Siendo así, fue necesario comprender los retos que asumen las familias de los
desmovilizados, los cuales están relacionados con las transformaciones que se dan en su manera
de experimentar lo cotidiano, en su propio estilo de vida, las creencias en torno a lo que significa
ser mujer y ser hombre, los roles que establecen en la civilidad y los desafíos que afrontan en la
reconstrucción de sus proyectos de vida a nivel personal y familiar, todo esto enmarcado en un
período de transición y de ajuste a la vida en la civilidad. Respondiendo a lo anterior se llevaron
a cabo intervenciones terapéuticas con tres Personas en Proceso de Reintegración; dos de estos
con participación de sus parejas.
Luego de realizar un análisis de tipo categorial de las narrativas y pautas de interacción, se pudo
evidenciar en los tres participantes del proceso, que sus relaciones ya no solo se trataban de
pautas de interacción rígidamente complementarias o simétricas, influenciadas por los
aprendizajes enmarcados en historias patriarcales de mucha violencia al interior de sus hogares
de origen y en el GAOML mediadas por relatos de poder, inequidad, chantaje y negación de
expresión de sentimientos, sino que también se observó que el posibilitar que los participantes
comenzaran a comprender la manera como se relacionaban mediante el proceso terapéutico, les
mismo se observan narrativas donde las experiencias vividas tienen un nuevo significado,
reconstruyendo sus propias voces, recuperando la confianza en sí mismos y en los otros, dándole
sentido a sus nuevas vidas y entendiendo que hacen parte de las historias que construyen al
interior de sus familias, lo que permitió así mismo que empezaran a transformar las relaciones
familiares y la calidad de los vínculos. De este modo al re-significar sus relaciones, se evidenció
1. JUSTIFICACIÓN
En la historia reciente colombiana, se ha evidenciado el impacto que el conflicto armado ha
tenido en el desarrollo social y familiar de los excombatientes, por lo que la Política de
Reintegración Social y Económica plantea, que el grupo familiar de las personas desmovilizadas
tiene un papel central en el proceso de reintegración a la vida civil.
La familia de los desmovilizados puede tener dos papeles contradictorios en el proceso de reintegración. Puede ser expulsora y motivar el retorno del desmovilizado a la violencia o puede ser el motor que lo mantiene activo en su ruta de reintegración y el puente de comunicación pacífica con las comunidades receptoras. (Departamento Nacional de Planeación 2008).
Por lo tanto incluir al grupo familiar en dicho proceso, contribuye con el mejoramiento de la
calidad de vida y con el fortalecimiento de estas familias para que se constituyan en una red de
apoyo que consolide y dinamice el proceso de reintegración, evitando así el retorno del
desmovilizado o de cualquiera de sus miembros a la ilegalidad. En este sentido es necesario
comprender las afectaciones que se dan a nivel familiar, además de encontrar alternativas
efectivas para intervenir con las familias y las personas que han estado inmersas en contextos de
conflicto.
Las Personas desmovilizadas según la Política de Reintegración Social y Económica (2008)
tienen perfiles psicológicos y atributos psicosociales que en muchas ocasiones obstaculizan su
permanencia en la civilidad, lo cual dificulta y limita sus posibilidades de interacción social en
ámbitos familiares y comunitarios, lo anterior debido a la experiencia de vida en contextos de
los Grupos Armados Organizados al Margen de la Ley (GAOML). La política también plantea la
implementación de estrategias para la prevención y atención de la violencia en el interior de las
familias como problemática que obstaculiza el proceso de reintegración y deteriora la calidad de
las relaciones de las Personas en Proceso de Reintegración.
En este sentido, es necesario mencionar la investigación llamada “las familias del proceso de
reintegración: características, necesidades y expectativas”, realizada por la Alta Consejería para
la Reintegración (2010) la cual conto con la participación de 91 personas en proceso de
reintegración, en esta se reporta que el 36% de las mujeres desmovilizadas y compañeras
sentimentales no desmovilizadas sufren de violencia física por parte de su compañero. El 9% de
las mujeres reportaron que su compañero se comporta de manera agresiva con ellas diariamente
y el 22% de los hombres reportaron que sus compañeras se comportan de manera agresiva con
ellos una vez al mes. Considerando este planteamiento, se hace necesario revisar en el marco de
la reintegración familiar como se dan estas interacciones tanto en las familias reconstituidas
como en las que se establecieron a partir de la construcción de nuevos vínculos familiares.
En dicha investigación se evidenciaron casos donde las parejas estuvieron juntas en los
GAOML y no tenían problemas de Violencia Intrafamiliar (VIF), sin embargo cuando se
desmovilizaron esta problemática empezó a presentarse, ante esto muchas de las madres cabeza
de hogar expresaron haberse separado de su compañero por VIF, de igual manera algunos
hombres también reportaron VIF ejercida por sus parejas. La VIF para los integrantes de la
investigación, es tanto física como verbal, y consideran muchas veces la violencia verbal peor
El 20 % de los hombres y mujeres reportaron que la VIF que han sufrido durante sus vidas les
ha marcado negativamente y les impacta hoy en día, así mismo las mujeres reportaron tener
pensamientos de suicidio, de tristeza, sienten vergüenza, inseguridad, miedo y tienen problemas
al dormir, de igual modo los hombres reportaron los mismos sentimientos. Los integrantes de la
investigación consideran que la VIF se genera por diferentes causas dentro de las cuales se
encuentran las siguientes: Los celos, tanto de parte de hombres como de mujeres, la infidelidad,
el consumo de alcohol principalmente y en algunos casos el consumo de SPA, los problemas de
comunicación que se presentan en las relaciones de pareja en las cuales los conflictos no se
solucionan dialogando, sino con manifestaciones de VIF. Las experiencias de VIF que sufrieron
en su infancia los integrantes de la investigación dejaron en muchos de ellos secuelas que hasta
el momento dicen no han podido superar. Y por otro lado, dichas experiencias se convierten en
algunos casos como una forma para legitimar la VIF que ellos generan en la actualidad.
Por otro lado, así como prevenir la VIF se convierte en un reto para estas familias, otro de los
retos con los que se enfrentan en la actualidad los desmovilizados es la marginalización, pues por
su pertenencia al GAOML estas personas se ven expuestas a ella por parte de la comunidad,
excluyéndolos de contextos sociales y económicos, demostrando ante ellos actitudes hostiles
(Coulter, 2006). Por ende, los desmovilizados procuran ocultar su pasado y no ser identificados
por la comunidad; buscando con esto protegerse de la estigmatización y su consecuente
exclusión social. Todas estas situaciones hacen que el tránsito y la etapa de estabilización en la
legalidad no sean fáciles, pues ahora deben preocuparse por situaciones antes desconocidas,
como enfrentarse a nuevos contextos, los cuales son necesarios para vivir en sociedad, dentro de
En consecuencia, uno de los factores claves para responder a las necesidades de las familias y
para fortalecer el proceso de reintegración, es contribuir primero con la comprensión de sus
narrativas e interacciones y así mismo con la transformación de aquellas que impidan el
adecuado funcionamiento familiar.
En relación con lo anterior, la teoría sistémica aporta una perspectiva útil que pretende dar
una comprensión más amplia y compleja del sufrimiento humano y del objeto de la psicología
clínica. Dicha teoría no pierde de vista contextualizar lo que ocurre en el sistema, pues Moreira
(2005) dice que al obedecer a modelos psicológicos descontextualizados se corre el riesgo de
asumir prácticas profesionales excluyentes, las cuales dejan de lado la configuración compleja y
ecosistémica de los problemas psicológicos. Concepto que cobra relevancia en la atención
psicoterapéutica que se le brinda a la población en proceso de reintegración, pues es necesario
poder conocer el contexto que ha rodeado sus vidas, para así poder entender como asumen
ciertas situaciones, y porque algunas de sus narrativas e interacciones pueden estar teñidas de
historias entorno a la violencia.
De esta manera, el interés por desarrollar esta investigación con Personas en Proceso de
Reintegración que pertenecieron a Grupos Armados Organizados al Margen de la Ley
(GAOML), surge de la experiencia de once años de trabajo de la investigadora con
excombatientes, reconociendo las situaciones problemáticas que en su mayoría han tenido que
afrontar, en el contexto social, político y familiar; al respecto en este último contexto, y
reconociendo dichas situaciones cabe mencionar de nuevo, cómo la violencia intrafamiliar (VIF),
se visibilizaba como un factor de riesgo para la vinculación a los GAOML, pues tanto hombres
como mujeres, reportaron en esta misma investigación la presencia de VIF dentro de la familia
vinculación al grupo relacionadas con la familia, fueron por ejemplo el deseo de vengarse por el
asesinato de un familiar, por otro lado, su vinculación pudo haberse debido a referentes en la
familia que por generaciones (hijos, hermanos/as, padres, abuelos/as) han hecho parte de los
GAOML y en esa medida estas personas actúan de la misma forma que sus familiares y terminan
también vinculándose.
Comprender el contexto que enmarcó a estas Personas en Proceso de Reintegración para su
vinculación y posterior salida del GAOML, permite abordar la intervención psicoterapéutica con
una visión ecosistémica, con la intención de dar nuevas luces y aportar a la comprensión de este
fenómeno. Por tanto fue relevante, revisar la historia de interacciones afectivas o de cercanía que
han establecido algunos desmovilizados a lo largo de su vida, en primera instancia con su grupo
primario, caracterizado por situaciones de violencia, y luego al ingreso al GAOML, donde
atravesaron momentos difíciles, de soledad y de temor. Es necesario tener en cuenta que estas
personas pasaron años en la guerra y a su regreso a la vida civil logran reencontrarse con sus
familias, las cuales en algunos casos llevaban años de no verlas, pues muchos de ellos dejaron a
sus hijos siendo niños y los encontraron siendo ya adolescentes, así también se presenta otra
situación frecuente en la cual los desmovilizados después de entrar al proceso de reintegración,
construyen una nueva familia en la civilidad ya sea con personas desmovilizadas o no, todas
estas, son situaciones que no pueden perderse de vista, pues son las que permiten comprender la
manera como se dan sus interacciones.
El enfoque Sistémico plantea como concepción central de las terapias familiares sistémicas
conocer a la familia como un sistema, el cual precisamente implica a los miembros de esta en
sistema, así mismo todos los sistemas involucrados como parte del problema, pueden por ende
hacer parte de la solución.
Cabe resaltar que los desmovilizados pertenecen a un grupo de población que hace parte de un
proceso de reintegración a la vida civil, sin embargo aún en este proceso son susceptibles a estar
expuestos a factores de riesgo, lo que pone en vilo las relaciones familiares, las cuales como
cualquier otra familia puede presentar tensiones entre sus miembros. Según Hernández (1997)
del equilibrio existente entre esfuerzos, recursos y necesidades, es que surge la probabilidad
individual y familiar de desviarse de la salud y del bienestar, plantea también que el adecuado
funcionamiento familiar es un factor protector del desarrollo en tanto que la disfunción familiar
es un factor predisponente de la aparición de dificultades psicosociales, (Factor de riesgo). Este
planteamiento reafirma la prioridad que tiene el papel de la familia en el proceso de
reintegración, pues en contextos mediados por el conflicto, las redes sociales y familiares ocupan
un lugar central al tratarse de organizaciones humanas que prestan cuidado, atención y apoyo, así
como propende por la inclusión al crear lazos identitarios y arraigo afectivo. Es así como las
redes familiares se convierten en el sistema de apoyo de las personas en proceso de reintegración
a la vida civil.
Por lo anterior se puede enunciar que a pesar de que se hayan realizado numerosas
investigaciones sobre el contexto social y político de los procesos de desmovilización en
Colombia, y se hayan realizado caracterizaciones de la población excombatiente, se convierte en
un reto poder analizar y comprender las narrativas y las pautas de interacción, así como los
cambios que se dan en las relaciones y en las dinámicas familiares a lo largo del proceso
problemática o fenómeno desde una óptica diversa a los estudios hasta ahora adelantados, pues el
interés más relevante con la población en mención se ha presentado más a nivel político y
comunitario que familiar, por lo que no se conocen investigaciones en las que se involucre a la
familia de las Personas en Proceso de Reintegración a pesar de la importancia que esta cobra en
dicho proceso.
En este sentido, abordar esta investigación desde una perspectiva sistémica, posibilita una
lectura relacional y compleja de los fenómenos abordados, abre posibilidades para intervenir
familias pertenecientes al proceso de reintegración que experimenten dificultades en su
interacción, partiendo de que todos los sistemas involucrados como parte del problema, pueden
por ende hacer parte de la solución. Así entonces este documento aporta a la comprensión de las
narrativas y los patrones de interacción que se dan en esta población y exalta la posibilidad de un
abordaje terapéutico que puede ser útil no solo para ser usado en el campo de la práctica clínica,
sino también para aportar al proceso de reintegración en Colombia, se pretende así también
realizar aportes que contribuyan al desarrollo de estrategias de intervención para la población en
2. MARCO CONCEPTUAL
El marco conceptual tiene como propósito brindar elementos para comprender la importancia
de la familia y el papel que juega esta en las personas que se encuentran en proceso de
reintegración, pues esta puede facilitar u obstaculizar la permanencia en la vida civil. Así mismo
da elementos conceptuales que permiten entender las dinámicas relacionales: los significados o
las narrativas co-construidas con la familia y en las interacciones con otros, los patrones de
relación que se mantienen al interior de las relaciones familiares y que le dan forma a dichos
significados.
La familia al ser reconocida como base de la sociedad ocupa un lugar relevante en distintos
escenarios internacionales y nacionales y se le considera prioridad alta para los estados. Ante
esto los gobiernos deben poner en marcha políticas públicas y sociales orientadas hacia la
protección de la organización familiar y el reconocimiento de su relevancia social.
En el ámbito internacional según la Declaración Universal de los Derechos Humanos
realizada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (1948) “La familia es el elemento
natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.”
Esta es la forma en la que se instituye como derecho de la protección del núcleo familiar según lo
expresa el artículo 16.3 de la declaración.
Por otro lado, en el ámbito nacional, El Consejo Nacional de Política Económica y Social
implementar en estas áreas para que sean puestas en marcha por el gobierno nacional, a través
del CONPES 3554 sobre la Política Nacional de Reintegración Social y Económica para
Personas y Grupos Armados Organizados al Margen de la Ley – PRSE (2008), plantea
lineamientos claros frente a las familias de las personas en proceso de Reintegración.
Incluir al grupo familiar del desmovilizado en el proceso de Reintegración, comprometerlas con la superación de su condición de pobreza, con el desarrollo de la ruta de inserción social, económica y comunitaria del desmovilizado y fortalecerlas para que sean el instrumento que consolide y dinamice el proceso y evite el retorno del desmovilizado a la ilegalidad o facilite la expulsión a la violencia de cualquiera de sus miembros. (Departamento Nacional de Planeación, 2008)
Para la Política de Reintegración Social y Económica la potencialización de los escenarios
familiares de las personas que se encuentran en proceso de reintegración son fundamentales para
garantizar la sostenibilidad de los mismos. En consecuencia, en el marco de la investigación se
aborda la relación entre la estabilidad del grupo familiar y la sostenibilidad del proceso de
reintegración, partiendo del proceso de Desarme, Desmovilización y Reintegración (DDR),
como hito para el inicio de la vida en la civilidad y así mismo en la construcción o
reconstrucción de lazos familiares. El proceso de DDR es considerado por la Política Nacional
de Reintegración Social y Económica (PRSE), como un elemento fundamental para alcanzar la
paz, la seguridad y el desarrollo socioeconómico en el país.
Siendo así resulta importante mencionar la caracterización del núcleo familiar de convivencia
de las personas desmovilizadas desarrollada en la investigación llamada “Las familias del
proceso de reintegración: características, necesidades y expectativas” de la Alta Consejería para
Reintegración, antes de la vinculación al GAOML, este núcleo estaba conformado en su mayoría
por padres y/o padrastros y hermanos viviendo cerca la familia extensa. No obstante, también
existen casos donde hubo ausencia de los padres por abandono y los cuidadores terminaron
siendo otros familiares como abuelos o tíos o inclusive vecinos. La autoridad en los hogares
donde crecieron los participantes normalmente era ejercida por el padre o padrastro.
En esta misma investigación reportan que las estructuras de los núcleos de convivencia de los
desmovilizados presentan formas variadas y complejas en su constitución: La familia nuclear
(padre-madre e hijos) es el núcleo de convivencia más común de los integrantes, sin embargo
también entre ellos es muy común que haya familias simultáneas o reconstituidas que se forman
después de otras uniones y con los hijos e hijas que quedaron de aquellas. Entre ellas existen
familias simultáneas simples (uno de los cónyuges aporta hijos y no hay hijo-as en común),
simultáneas compuestas (ambos cónyuges aportan hijo-as y no hay hijo-as en común) y
simultáneas mixtas (uno de los cónyuges o los dos aportan hijos-as y tienen hijos-as en común).
Muchos de los integrantes conviven con familias extensas, que están constituidas mínimo por
tres generaciones (padres-hijos-hijas-nietos). Los aspectos que se describen en dicha
investigación se toman en consideración, teniendo presente la importancia de la familia en los
procesos de reintegración y como una manera de dar contexto a través de la caracterización de
las familias de los excombatientes; se presenta a continuación una comprensión de la familia
desde el enfoque sistémico; donde se resalta principalmente las formas de interrelación, los roles
y la comunicación que se establece en el interior de la familia; elementos que resultan de gran
Para analizar la relación que existe entre comportamiento individual y grupo familiar en un único acto de observación, es necesario considerar a la familia como un todo orgánico, es decir, como un sistema relacional que supera y articula entre sí los diversos componentes individuales.(Andolfi, 1984. p.17).
Lo anterior da cuenta de la forma como desde el enfoque sistémico se concibe la familia
como un todo y no como la sumatoria de las partes. Siguiendo al autor, hay tres elementos o
aspectos que resultan relevantes desde el enfoque sistémico para su aplicación en la familia
desde la terapia sistémica. En primer lugar, se debe comprender a “la familia como un sistema en
constante transformación” a partir de la adaptación a las demandas de los estadios de desarrollo
por los que atraviesa. El segundo elemento es la “familia como un sistema activo que se
autogobierna” lo cual se da a través de reglas y acuerdos que se modifican de forma constante a
partir de mecanismos de retroalimentación. En tercer lugar se concibe “la familia como un
sistema abierto en interacción con otros sistemas” o ámbitos de la vida social, laboral, educativa
entre otros. “esto significa que las relaciones familiares se observan en relación dialéctica con el
conjunto de las relaciones sociales: las condicionan y están a su vez condicionadas por las
normas y los valores de la sociedad circundante, a través de un equilibrio dinámico” (Andolfi,
1984p.22).
El enfoque sistémico parte de la noción de que la familia es un sistema en relación con otros
sistemas y se debe hacer énfasis en la exploración y comprensión de las interacciones en las que
las personas están inmersas, lo cual constituye un elemento clave para la comprensión de sus
comportamientos y la orientación de la intervención terapéutica. (Andolfi, 1984; Feixas, et al,
Por otro lado, para Satir (citada por Masís, 1998) hay cuatro aspectos de la vida familiar que
resultan fundamentales en la dinámica de la misma, como son la manera como se autoperciben,
la comunicación o formas de interactuar entre los miembros de la familia, las reglas que rigen las
formas de sentir y actuar de los individuos que hacen parte de esta y el enlace con la sociedad.
Estos cuatro elementos resultan fundamentales en la medida que están presentes de forma
constante en el devenir diario de las familias y en sus dinámicas propias.
Es así que cuando las personas cuentan los relatos que hacen parte de sus historias de vida,
logran identificarse con estos, los cuales a su vez hacen parte de las historias que construyen al
interior de sus familias y a su vez estos relatos dan cuenta de la manera cómo se dan las
interacciones familiares y de cómo perciben el mundo.
Para continuar comprendiendo la pertinencia y la relevancia que tiene la familia de las
personas desmovilizadas y el no perder de vista el contexto, cito a Hernandez (2008) quien dice
que se hace necesario trascender la intervención individual para incluir los contextos familiares,
laborales y comunitario, entendiendo que el sufrimiento se relaciona con muchos factores y
relaciones en un contexto social, histórico, político, financiero, cultural y conceptual específico,
ante lo cual la salud no puede ser definida como la ausencia de síntomas sino como parte de un
continuo salud-enfermedad. Los planteamientos de la autora, van de la mano de lo que plantea la
Organización Mundial de la Salud (OMS, 2001) y con los planteamientos de Baró (1984), quien
dice la salud mental de las poblaciones responde a una relación social humanitaria entre los
individuos. Esta permite suplir sus necesidades lidiar con sus sufrimientos y respetar las
como sociedad, Baró, también plantea que la salud mental hace parte de las relaciones entre las
personas y grupos más que un estado individual.
Estos planteamientos sustentan la importancia de abordar esta investigación desde la
interacción que se da en las personas en proceso de reintegración con sus parejas y con sus hijos.
Por lo tanto, una comprensión sistémica de los problemas psicológicos hace referencia a la
co-construcción de dichos problemas en el lenguaje y en las relaciones con otros/as, ante lo cual los
problemas psicológicos no tienen una existencia independiente o esencial ni pueden ser
comprendidos desde una óptica individualista, sino que por el contrario la responsabilidad es
compartida en un contexto social. De esta forma, teniendo en cuenta el pensamiento complejo,
en el ejercicio de la psicología clínica se da un tránsito de los atributos personales al contexto
interaccional como el foco de comprensión de lo psicopatológico.
De este modo entendiendo que el lenguaje cobra importancia en la comprensión sistémica,
como lo menciona Hernandez, se señala entonces la estructura de los procesos de comunicación;
en primer lugar es importante mencionar la interacción como sistema, partiendo de una
definición de sistema donde las interacciones no componen sino que mantienen unido al sistema.
“La mejor manera de describir los objetos interacciónales consiste en verlos no como individuos
sino como personas que se comunican con otras personas” (Watzlawick, Beavin, & Jackson,
2002).
Siguiendo a los autores; es importante señalar las propiedades de los sistemas abiertos como
son; la totalidad entendida como la relación estrecha entre las partes del sistema de manera que el
más pequeño cambio afecta a todo el sistema; la retroalimentación como efectos causales
resultados idénticos o similares no necesariamente tuvieron el mismo origen. También se
presenta la noción de los sistemas interacciónales estables cuyas principales características son
las relaciones estables, la limitación o efecto limitador de la comunicación y las reglas de la
relación.
Teniendo en cuenta los elementos anteriores como características del sistema, noción desde
donde se comprende a la familia, Watzlawick, Beavin, & Jackson (2002) presentan varios
elementos fundamentales como son; la totalidad entendida como “Toda conducta es
comunicación, y, por ende, influye sobre los demás y sufre la influencia de estos”. La no
sumatividad, es decir, que la comprensión de la situación de una familia no es la suma de la
comprensión de sus miembros por separado, sino las pautas de interacción de la familia como
sistema. La regulación constante del sistema familiar teniendo en cuenta las reglas que rigen para
mantener la identidad de la familia, lo que hace que estas familias se encuentren en homeostasis,
así de este modo sus miembros implementan mecanismos de retroalimentación; calibración y
funciones escalonadas lo cual hace referencia a la regulación.
En lo anterior se fundamenta la noción de patrón interaccional, donde las acciones de un
miembro de la familia influyen en las de los demás y viceversa, lo cual constituye una pauta
recurrente; estas interacciones son denominadas de diversas maneras “pautas interactivas”,
“transacciones familiares”, “pautas de la danza familiar”, “secuencia de interacción”, “reacciones
circulares”, “juegos relacionales”, entre otras. Estas son acciones a las que recurren de manera
repetitiva dos o más miembros de la familia con un significado o propósito, estas pautas tiene
una función adaptativa en el sistema (Fairlie & Frisancho, 1998). Para su comprensión es
circular, donde la consecuencia también se convierte en causa, distinto de los tradicionales
modelos clínicos centrados en la noción causa – efecto. Es decir las interacciones en la familia
ocurren como un proceso circular y reciproco que posibilitan mantener pautas estables en medio
de la posibilidad de cambio y cierta flexibilidad que otorga la interacción constante con otras
unidades.
Fairlie y Frisancho (1998) señalan que:
Las interacciones son entendidas como rasgos detectables del comportamiento familiar, como fenómenos transaccionales que se pueden observar, aislar y registrar durante la actuación de los miembros de la familia. Algunos de estos rasgos familiares o del conjunto familiar son más acudidos por unas familias y no por otras y entonces pasan a ser típicas y caracterizan la configuración familiar, adquiriendo utilidad para definir y diferenciar a las familias entre sí (p. 46).
Al respecto Watzlawick, Beavin & Jackson (2002) señalan cómo en la interacción simétrica y
complementaria se presentan patologías potenciales, haciendo claridad en que estas dos
categorías en la comunicación no tienen un valor positivo o negativo, simplemente hacen
referencia a categorías que permiten dividir los intercambios comunicacionales, los cuales son
necesarios en forma como manera de equilibrio. Entre estas formas encontramos la escalada
simétrica, la pauta simétrica se guía por la competencia buscando quién tiene más poder; cuando
se sobrepasa el límite y se pierde el equilibrio ocurre una escalada o escapada simétrica las
cuales terminan cuando uno de los dos gana o los dos se dan por vencidos, se convierte en una
pelea entre adversarios y en donde cada uno rechaza la actitud o el mensaje del otro, lo que da
desconfirmaciones y el rechazo del yo, del otro, priman progresivos sentimientos de frustración y
desesperanza (Fairlie & Frisancho, 1998).
Frente a lo anterior resulta importante que se logre establecer interacciones que puedan
fluctuar entre la complementariedad y la simetría, sin que se queden rígidamente en una de estas
dos formas de comunicación, pues cuando actúan de manera alternada o en áreas distintas, aparte
de que cada patrón estabiliza al otro, se hace necesario que los dos participantes se relacionen
simétricamente en algunas áreas y de manera complementaria en otras.
Por otro lado, desde la escuela estructural Minuchin & Fishman (1984) consideran que la
familia construye pautas de interacción en el transcurrir del tiempo, las cuales dan cuenta de lo
que se denomina la estructura familiar y es ésta estructura en torno a la cual se da el
funcionamiento de la familia; resaltan varios aspectos que hacen parte de la forma cómo
funcionan las interacciones en los grupos familiares. En primer lugar puede ocurrir que se
conformen subsistemas jerárquicos donde hay ejercicios de poder que pueden generar
disfuncionalidad; en segundo lugar los subsistemas para su permanencia deben crear límites de
accesibilidad o fronteras, las cuales pueden ser claras donde hay reglas de interacción precisas,
difusas donde no se precisan las fronteras o rígidas donde se presenta un alto grado de
independencia de las personas respecto a la familia generando desvinculación.
Los autores plantean que es necesario que en la familia haya una estructura definida que
permita el desarrollo de tareas, los procesos de individuación y la generación de pertenencia
familiar en referencia a la estructura que se ha planteado.
A propósito del planteamiento de Minuchin & Fishman, frente a la necesidad de permitir
la diferenciación del self como una función relevante adquirida en la interacción al interior del
sistema familiar. Siendo así con el fin de garantizar la supervivencia del sistema, la familia tiene
la capacidad de transformarse, promoviendo crecimiento e individuación de sus integrantes. Para
lograr la individuación del self dentro de las interacciones familiares cada uno de los miembros
pasa de una etapa de fusión a una de diferenciación, logrando así autonomía. Es así como el
concepto de diferenciación da cuenta del grado de autonomía que se evidencia en el
funcionamiento emocional e intelectual de una persona en un contexto específico. Por tanto el
autor dice que entre menor diferenciación mayor conflicto hay entre sus miembros y por lo
contrario entre mayor diferenciación hay entre sus miembros, mayor independencia y relaciones
armoniosas en su interior.
Para el caso de familias donde uno o varios miembros son desmovilizados, se construyen
relaciones donde hay poca cabida a la independencia, esto tiene que ver en gran parte con la
historia que vivieron en el GAOML, en la que no se favorecía la individuación de los miembros,
pues funcionaban jerarquías rígidas y verticales de los grupos armados interacciones mediadas
por la sumisión, la lealtad y la dependencia; Sin embargo entrar en esta lógica de interacción a
muchos les permitió sobrevivir en el GAOML (MDRP, 2008).
Boszormenyi-Nagy & Spark (1983) quienes también se han interesado por el proceso de
individuación le dan importancia a conceptos como la lealtad en relación a las expectativas
familiares y al mérito de los miembros del sistema para garantizar su pertenencia al mismo,
acogiendo los mandatos tácitos de acuerdo con la disposición emocional y la posición de cada
Así mismo las pautas de interacción tienen relación con tres elementos fundamentales como
son la comunicación; la forma como esta se expresa en el interior de la familia, los roles que han
sido construidos y aceptados de manera tácita por cada uno de los miembros de la familia y el
tipo de vínculos que establecen, así como la forma como estos se generan y se expresan.
Por lo que resulta necesario abordar el concepto de vínculo, es así como para Estupiñan,
Hernández y Bravo (2006) un vínculo es una conexión que establece una persona con otra u
otras, con otros elementos de la vida social y consigo misma; es a través del vínculo que
personas que se encuentran separadas en el tiempo y el espacio logran generar procesos
simbólicos que contribuyen a que los vínculos permanezcan.
La comunicación es la que permite la existencia de los vínculos, de manera que es a través de
formas de expresión comunicativa como el sexo, el juego, la manipulación, el altruismo, la
agresión, el amor, el odio, la amistad o la rivalidad, que se concretan los vínculos entre las
personas a través de las interacciones que establecen.
El lenguaje es el que permite la construcción de los vínculos afectivos, la subjetivación de los
mismos a través de la relación con los otros. Los mismos autores señalan que existen dos tipos de
vínculos; los reales, que se materializan en las interacciones entre las personas y los virtuales, los
cuales hacen referencia a los imaginarios y las ideas.
En este sentido, los vínculos reales y los vínculos virtuales se encuentran en permanente
interacción, lo cual permite el surgimiento de vínculos que se puedan considerar armoniosos y si
son interferidos por imaginarios que están en correspondencia con esa realidad. Los vínculos se
Los vínculos vitales devienen del nacimiento a la muerte y se insertan en un contexto que les
da sentido, por tanto, a parte de las personas que los tejen también están las condiciones sociales,
culturales, políticas donde ocurre el fortalecimiento o la ruptura del vínculo.
Según Estupiñan, Hernández y Bravo (2006) la importancia de los vínculos radica en que
tienen un valor de supervivencia, llevando a que las amenazas al proceso de vinculación de la
persona con su entorno sean una amenaza para la supervivencia, y el fortalecimiento de los
vínculos es una posibilidad para mejorar la calidad de vida.
Continuando con las ideas de estos mismo autores, existen tres operadores tempero-espaciales
del vínculo; como el ritual el cual permite que se canalicen los intercambios; el mito que permite
la existencia estructurada de los sistemas de creencias y la cohesión entre grupos y la episteme
como el estado de los conocimientos construidos por un grupo humano en un tiempo y espacio
determinado. Estos tres operadores fortalecen y dan estabilidad a los vínculos que se construyen
con los demás, en la medida en que estos se sostienen a partir de las ideas o las creencias que se
gestan al interior de esta relación vincular, encontrando ideas compartidas que permiten
cohesionar y mantener dicho vinculo. Plantean además que para acercarse a una noción de los
vínculos familiares en relación con lo psicopatológico es necesario tener en cuenta a) los riesgos
vitales que amenazan la supervivencia, b) una comprensión integral del sistema donde se aloja el
sufrimiento, c) la violencia como riesgo vital, d) los problemas de autonomización en el sistema
familiar que lo afecta en su totalidad. Por tanto las patologías denominadas complejas se dan
cuando se perturban los sistemas de comunicación a través de los cuales se construyen las
relaciones teniendo en cuenta las creencias y los valores que se construyen en dichas relaciones
Según Hernández (2010) el ejercicio de teorizar lo vincular da cuenta de elementos como que
no son solo las experiencias de la historia de los sujetos en la infancia es lo que determina, sino
el establecimiento de vínculos en otra etapas de la vida ya que estas posibilitan la subjetividad.
La noción de sujeto del vínculo emerge al considerar la constitución de la subjetividad como efecto de la vinculación. El sujeto del vínculo da cuenta de la condición de atado al vínculo, por un lado, y al mismo tiempo constituido por el vínculo. Cada sujeto es cincelado y construido conjuntamente con el otro, por y en el vínculo del que son parte y que a su vez constituyen. (Hernández, 2010, p. 33).
Para la autora, los vínculos tienen un valor de supervivencia, por tanto las amenazas que se
ciernan sobre el proceso de vinculación de la persona no solo con otras personas sino con su
entorno se expresan en síntomas individuales; los conflictos relacionales y desastres de orden
social y/o natural representan una amenaza para la supervivencia y los estímulos a los vínculos
garantizan el mejoramiento de la calidad de vida de las personas.
En los vínculos que se establecen con la familia y dentro de esta específicamente los vínculos
con la pareja, las pautas relacionales y los significados que se construyen en esta interacción
tienen efecto en la dinámica relacional, entrando en juego creencias, valores y expectativas sobre
la relación de pareja.
En este sentido en la dinámica relacional de las Personas en Proceso de Reintegración que
hicieron parte de la investigación sobre VIF adelantada por la ACR, se evidencian pautas de
interacción tendientes a la violencia, en especial en la relación que estas personas establecen con
sus parejas.
Por tanto cabe mencionar a Perrone y Nannini (1998) quienes dicen, que es en la familia
iniciales; sin embargo, es en este espacio donde aparece la violencia como parte de las
interacciones entre sus integrantes. La violencia aparece como expresión de perturbaciones en la
comunicación frente a aspectos como la aceptación de la diferencia, el respecto a las reglas y la
negación de la singularidad de sus miembros; también aparece la violencia como una forma
cotidiana de resolución de conflictos.
Los autores plantean cuatro premisas fundamentales a tener en cuenta para abordar el
fenómeno de la violencia en las relaciones familiares; en primer lugar la violencia se debe
reconocer como un fenómeno interaccional no individual, en segundo lugar quienes participan en
la interacción violenta tienen responsabilidad en la misma; en tercer lugar toda persona adulta
con autonomía total sobre su vida es responsable de su propia seguridad y por último toda
persona puede llegar a la violencia en interacciones determinadas aunque este no sea un rasgo
recurrente. Siguiendo a estos mismos autores las interacciones violentas adoptan dos formas
principales de expresión; la violencia que ocurre entre personas en una relación simétrica la cual
se cataloga como agresión y la forma de violencia entre personas en una relación
complementaria o desigual la cual se cataloga como castigo.
La agresión sucede como un intercambio de quienes ostentan un mismo lugar de fuerza y
poder, las desventajas en términos de fuerza física se pueden equiparar en dominio psicológico,
lo cual hace que la agresión utilice formas de expresión física y psicológica. Frente a esta forma
de violencia, paso seguido sucede el acercamiento que busca la reconciliación y la reparación
generalmente motivada por el sentimiento de culpa, ante esto se adelantan acciones que permitan
En el castigo como interacción que ocurre en una relación desigual se manifiesta a través del
sufrimiento que una persona en un lugar de poder superior le pueda infligir a otra que está en
posición desigual. Esta forma de violencia se puede manifestar mediante humillaciones,
privaciones, tortura, golpes etc. Quien ostenta el poder considera que quien recibe el castigo debe
aceptarlo sin rebelarse debido a su lugar de subordinación. Este tipo de violencia en el interior
de las familias suele presentarse en contra de los niños y las mujeres principalmente.
Por ejemplo, el hombre le pega a su mujer, la esclaviza, le quita su libertad, le impide todo contacto con el exterior y le niega su identidad. Según él, el castigo se justifica porque ha descubierto una
“falta”. El otro debe estar al servicio del amo y respetar su ley. Se observan mujeres maltratadas, con
viejas fracturas que nunca fueron tratadas, quemaduras, dientes rotos, cicatrices o marcas corporales de sufrimientos físicos (Perrone y Nannini, 1998, p. 37).
Por lo general los excombatientes se encontraban inmersos en relaciones complementarias o
desiguales, pues al menor intento de subordinación en el GAOML, estos eran castigados de
manera severa e incluso han reportado en diferentes ocasiones que por una “falta” podían ser
llevados a consejos de guerra, siendo allí donde decidían sobre sus vidas. En consecuencia esta
es una pauta relacional significativa en la manera como ellos construyeron relaciones dentro de
este GAOML, ante la cual mostraban respeto y sumisión.
Baró (1984) dice “Por ello, una sociedad donde se vuelve habitual el uso de la violencia para
resolver lo mismo problemas grandes que pequeños, es una sociedad donde las relaciones
humanas están larvadas de raíz”. Siendo así estos excombatientes volvieron habitual el uso de la
violencia no solo por como resolvían los problemas en el grupo, sino porque paradójicamente
La violencia se organiza de forma relacional, de manera que se encuentran pautas de
interacción que se convierten en habituales y que actúan como desencadenantes de los episodios
de violencia. Entre las pautas mencionadas por Perrone y Nannini (1998) están el consenso
implícito rígido como códigos relacionales entre las personas que activan la interacción violenta;
el aspecto espacial como un acuerdo tácito sobre el territorio donde está permitida la violencia; el
aspecto temporal como aquellos momentos específicos donde es susceptible la interacción
violenta; el aspecto temático como aquellos contenidos de la comunicación que desencadenan la
violencia: En cada uno de estos elementos actúan los desencadenantes de la violencia como
mensajes verbales o no verbales.
Por tanto, el acto violento se encuentra inscrito en el sistema de creencias de cada persona
donde se le otorga sentido a los actos vividos. Los sistemas de creencias se construyen social y
culturalmente y hacen parte de las nociones del mundo que cada persona tiene, del lugar social y
los roles que de acuerdo a estas creencias deben cumplir las personas que conforman la familia.
La violencia se presenta cuando las personas comprenden las diferencias como amenazas y
por tanto el acto violento se interpreta como una manera de eliminar esa diferencia, es un acto
que busca normalizar a la otra persona impidiendo que siga expresando sus diferencias las cuales
están en contraposición con sus creencias a cerca del rol que este debe ocupar en la familia o
sociedad.
Las interacciones violentas en las familias como otras formas de relación tienen un profundo
asidero en el concepto de los mitos familiares desarrollado por Ferreira (en Hernández 2010),
en momentos donde la familia enfrenta una crisis y que en ocasiones genera la transformación
del mito.
Un mito familiar agrupa una serie de creencias creadas y compartidas por los miembros de un grupo familiar en relación con las formas de organización, los rituales y el ethos de la familia. El mito es entonces el sentido que este grupo busca darle a las acciones, los pensamientos y los sentimientos de cada uno, aunque haya contradicciones entre ellos. De hecho, el contenido del mito se desarrolla independientemente de las distorsiones que existen entre la creencia y las actuaciones de quienes las comparten. (Ferreira en Hernández, 2010. p. 69).
Sin embargo Bagarozzi y Anderson (1996) difieren de la concepción de mito de Ferreira en
tanto afirman que los mitos no permanecen estáticos, su único objetivo no es siempre mantener
el equilibrio homeostático y no siempre son conscientemente compartidos por todos los
miembros dela familia. Por el contrario ellos consideran que las familias tienen una cantidad de
mitos que cambian y se redefinen constantemente y evolucionan con la historia familiar; sin
embargo si bien algunos de estos mitos pueden mantener la función homeostática del sistema
familiar, otros pueden promover el cambio, el crecimiento y la dinámica familiar.
Para Perrone y Nannini (1998) los mitos se organizan en torno a temas fundamentales para la
existencia de la dinámica familiar, los cuales dan cuenta de creencias a cerca de la forma como
se debe organizar la familia y la forma como se debe actuar ante determinadas situaciones entre
estas la violencia; un ejemplo de ello es el mito de la armonía que se debe mantener en la familia
pese a las dificultades que se puedan presentar siendo esta la imagen que se debe proyectar hacia
En las formas de interacción violenta que se establecen en las familias entran en juego varios
elementos como ya se ha mencionado; pero un elemento del que no se habla mucho y que se
debe tener en cuenta es el sistema patriarcal, ya que muchas interacciones violentas como bien lo
señalan Perrone y Nannini (1998) están dirigidas hacia las mujeres en un ejercicio de violencia
como castigo donde quien ejerce la violencia parte de la noción de que la mujer ocupa un lugar
subordinado.
El sistema patriarcal es una noción de organización social que permite comprender el lugar de
la figura del padre como el sujeto a quien se le ha instituido el poder sobre los demás miembros
de la familia como la esposa y los hijos (Cornell, 2011). El patriarcado como forma de
organización de las relaciones sociales a través del género se mantiene vigente y se debe tener en
cuenta para abordar el tema de la violencia en las familias (Zacares, 2005).
Según Vélez (2002) a la familia se le ha cuestionado por reproducir en su interior las lógicas
de dominación masculina, a través de mandatos patriarcales entre los cuales están las jerarquías
por edad y sexo, la heterosexualidad obligatoria, la división sexual del trabajo y la reproducción
de estereotipos de género entre otros. La familia como espacio donde se llevan a cabo las
vivencias cotidianas, es el lugar por excelencia para perpetuar roles y estereotipos de género
sobre los cuales se fundamenta la desigualdad y discriminación del género femenino.
Para comprender como se configuran los roles diferenciados en las relaciones de género es
necesario señalar que los hombres crean una subjetividad de ser para sí, basada en sus luchas y
logros, mientras que las mujeres crean una subjetividad de ser para otros, donde tiene especial
relevancia la sumisión y la obediencia como rasgos fundamentales de los roles femeninos en
La cultura patriarcal limita el desarrollo de la independencia y la autonomía en las distintas
esferas de la vida social abarcando desde las relaciones más cercanas y cotidianas como la
familia hasta los espacios públicos, esto hace que las subjetividades de hombres y mujeres se
configuren de forma sustancialmente diferente. (Lagarde en Vélez 2002).
La configuración de subjetividades diferentes entre hombres mujeres hace que socialmente
ocupen lugares diferenciados de poder, donde las mujeres se encuentran en el lugar de la
subordinación en todos los ámbitos de la vida social incluida la familia, donde se llevan a cabo
interacciones que crean condiciones de desigualdad para las mujeres.
Pachón (citado por Puyana & Ramirez, 2005), considera que en los últimos años se ha
incrementado la violencia en la familia teniendo en cuenta los cambios en el papel de la mujer
dentro del hogar pues al cambiar el rol de la mujer y entrar en la dinámica de proveedora
económica, no se dio una redistribución de tareas del hogar, con lo cual se sobrecargó a la mujer,
a esto se suma la necesidad del hombre por mantener una posición en este, la cual hace de
manera violenta. Esto tiene que ver con un factor cultural que además como la autora menciona
puede verse más o menos marcada dependiendo posiblemente de la región del país y del estrato
social al que se pertenece mostrándose expresiones diferentes en el tipo de violencia, se
caracteriza esta por la variedad de modalidades de agresión física, sexual y psicológica.
Así mismo la autora dice que es evidente que desde el siglo XX en adelante la pareja actual se
ha sumado a cambios en torno a la manera de interactuar que hasta entonces se venían
mantenido, frente a los roles y a las pautas que se asumían en la relación de pareja. Las
interacciones en las parejas en la actualidad se han vuelto más simétricas, lo que hace que por lo
un aumento en la autonomía económica y de múltiples decisiones y una mayor evidencia de las
crisis que estas atraviesan, este es un factor sociocultural que influye en la construcción y en el
mantenimiento de las relaciones violentas en la pareja. En lo que respecta a los factores
psicológicos que median se encuentran la ansiedad, la hostilidad o la tristeza, que pueden
interferir de acuerdo a la intensidad en las dinámicas familiares y de pareja. Pachón (citado por
Puyana & Ramirez, 2005).
Las interacciones violentas en el interior de las familias donde quienes padecen la violencia
son mujeres merecen ser interpretadas como violencia de género, que como ya se ha señalado
parte de una organización patriarcal de la sociedad de lo cual se derivan estas formas de
violencia de manera diferenciada partiendo del precepto de superioridad masculina en relación
con lo femenino.
Para Zacarés (2005) la violencia contra las mujeres hace referencia a las formas de agresión
motivadas en razón de género a partir de una noción de inferioridad de la mujer de acuerdo con
el lugar que ocupa en el orden social establecido. La violencia contra las mujeres es motivada
por prácticas sexistas y misóginas que se instauran en la cultura y hacen parte de la forma como
se da la existencia social de lo femenino.
Especialmente con esta población es necesario tener en cuenta la perspectiva masculina para
generar equidad entre mujeres y hombres. Puesto que el concepto de género actualmente alude a
las inequidades y diferencias que las mujeres experimentan en sus contextos, y a lo largo de sus
historias de vida y con frecuencia, se ha entendido que añadir la perspectiva de género, es añadir,
únicamente, las necesidades de la mujer en los programas de RSE (Theidon, 2009). Sin embargo,
África y Latinoamérica afirman que de no incluir una perspectiva masculina en el debate de
género, lograr la equidad entre mujeres y hombres constituye una tarea ardua, si no imposible.
En consecuencia con lo anterior desde el proceso terapéutico es importante tener en cuenta la
perspectiva de género para abordar las interacciones familiares violentas que se presentan en el
interior de las familias, ya que dichas interacciones están mediadas por relaciones de poder y por
los roles diferenciados establecidos para hombres y mujeres. Lo anterior con el objetivo de lograr
cambios en los procesos terapéuticos a partir de la comprensión de la complejidad del sistema
familiar.
Siendo así según el estado del arte de género realizado por la ACR, los hombres y mujeres
que hacen parte de ámbitos familiares de personas en proceso de reintegración suelen tener
narrativas dominantes en torno a la violencia física, psicológica o simbólica que han padecido en
distintos escenarios de la vida social como el familiar, o al interior del GAOML; sin embargo
estas violencias suelen tener más relación con los roles sociales que se les han otorgado a las
mujeres y por tanto aceptados socialmente. La violencia de género se instala en las interacciones
como parte del influjo cultural sobre el tema. (Alta Consejería Presidencial para la
Reintegración, 2009-2010)
Por tanto la narrativa se convierte en un elemento fundamental en el proceso terapéutico con
personas en proceso de reinserción, ya que si se suceden cambios importantes frente a las
narrativas que se tienen de sí mismos, estos podrán influir en las interacciones que se dan en el
grupo familiar.
De esta manera, como afirma Gergen (1996) “las muestras de lenguaje son unidades dentro de
intercambio, de relaciones de control y dominación, etc.” (p.167). Así mismos dice que las
personas pueden construir nuevos significados o significados alternativos que consecuentemente
lleven a introducir otras maneras de relacionarse. (Gergen, 1996).
Para White (2002), es en la narrativa donde las personas dan cuenta de historias de identidad
dominantes, las cuales se convierten en constitutivos de situaciones que consideran no tener
ningún tipo de solución o a lo que se le denomina el problema por el cual se acude a terapia, no
se agota la posibilidad, ya que frente a estas narrativas dominantes las personas también
construyen historias o narrativas alternativas de sus propias vidas, las cuales vislumbran nuevas
posibilidades frente a su lugar en el mundo desde la identidad personal y relacional.
Es importante señalar que tanto las historias alternativas como las dominantes están
permeadas por el contexto cultural y social donde la persona se ha construido y tampoco son
ajenas a categorías como el conocimiento y el poder circundante en un contexto determinado.
La terapia narrativa se centra en lo atípico: esto es, en lo que la persona ve como atípico. Nos mueve a examinar lo atípico minuciosamente: porque por medio de lo poco común las personas pueden escapar de las historias que determinan sus percepciones y, por ende, sus vidas. Cuando las descripciones estereotipadas de la experiencia son reexaminadas en busca de nuevos detalles, devienen menos influyentes, seguras y estables. (Payne, 2002. p. 21).
Con esto lo que se busca es abrir las posibilidades para otras formas de interpretar y de actuar en
relación a un suceso, por lo que, en el caso de las narrativas que traen las personas en proceso de
reintegración en torno las pautas de interacción interpersonales, se espera puedan ser revisadas
según su experiencia para darle sentido a su historia de vida, pero que estas mismas pueden estar
obstaculizando el cambio en la manera de relacionarse con sus hijos y con sus parejas.
El lenguaje como elemento fundamental en la terapia narrativa debe tener unas
consideraciones particulares; como es el caso de los terapeutas White y Epston (citado por Payne
2002) quienes son considerados los padres de la terapia narrativa; los autores muestran atención
especial a la precisión lingüística utilizada por el terapeuta, ya que el lenguaje utilizado de no ser
adecuado puede condicionar la forma como se comporta o se expresa quien narra. La terapia
narrativa inicia con la escucha atenta y respetuosa del relato o historia de vida de la persona que
acude a la terapia. Las narraciones iníciales normalmente dan cuenta del dolor, la confusión o la
situación abrumadora que lleva a la persona a buscar ayuda.
White, las llama “descripciones saturadas del problema”. Las descripciones saturadas del problema encarnan el “relato dominante” de la vida de una persona. El terapeuta acepta y se toma en serio esta
descripción; pero, al mismo tiempo, asume que es solamente parte de la historia. (…) Últimamente,
White ha abandonado el término “descripción saturada del problema” en favor del de “descripción rala”, que refleja con más exactitud la idea de que el relato inicial siempre omite algunos elementos de la experiencia vivida. (Payne, 2002, p. 26).
Siguiendo al autor, otros elementos importantes son los aspectos políticos, sociales y
culturales que afectan la vida de las personas al ubicarlas en relaciones de poder a nivel micro y
macro. La comprensión de estas estructuras de poder les permite a las personas liberarse de
culpas que no les pertenecen ya que no estaba en sus manos prevenir los acontecimientos.
En el caso de las personas en proceso de reintegración este aspecto resulta fundamental en la
de dominación y poder de las que hicieron parte, sin desresponsabilizarlos de sus actos si resulta
importante comprender que la mayoría de ellos fueron reclutados siendo niños. Es así como la
narrativa cobra importancia para la investigación intervención buscando con esta que en la
intervención psicoterapéutica se logre la re-significación de aquellas historias en torno a su
vinculación familiar y con el GAOML que pueden estar impidiendo que se den cambios en la
interacción familiar.
En consecuencia con lo anterior, para Hernández (2004) desde la perspectiva sistémica se han
realizado avances importantes para la comprensión de los procesos de cambio en psicoterapia
entendido como aquellos movimientos que se activan hacia la transformación. El cambio como
definición hace referencia a la diferencia que se puede observar en un sistema con el transcurrir
del tiempo.
Los procesos de cambio son motivados por estados de insatisfacción frente a la forma como
se encuentran estructuradas las normas o roles en los que las personas están inmersas o por la
necesidad de recuperar normas o roles que se hayan desdibujado. Así mismo, estos procesos de
cambio se evidencian a través de la observación que una persona pueda realizar; de manera que
la percepción de los procesos de cambio es relativa al punto de vista de quien observa.
Siguiendo a la autora, los procesos de cambio guardan estrecha relación con las crisis, siendo
estas desencadenantes de esos procesos de cambio.
La crisis es un momento de “verdad”, de decisión y de transformación que mueve a la acción,
inhibidas. Esto significa que la crisis es a la vez reveladora de aquello que permanece oculto en las épocas ordinarias y efectora de procesos de transformación (Hernández, 2004, p. 99.).
Siguiendo a la autora, los procesos de cambio desde el enfoque sistémico se comprenden
como modificación en las pautas de interacción y no centra su atención en los procesos
individuales o subjetivos. El cambio se concibe como la transformación del sistema de acción
con lo cual quienes conforman el sistema deben desplegar nuevas pautas de interacción.
Se plantean dos tipos de cambio, el cambio 1 que hace referencia a casos donde se busca
mantener el equilibrio del sistema y donde el cambio no influye en la estructura general del
mismo sino únicamente en el ámbito individual como formas de equilibrar las posibles
desviaciones en que se puedan presentar y el cambio 2 hace referencia a la transformación de
aspectos estructurales en el sistema donde el propósito no es equilibrar sino construir nuevas
estructuras.
Para Bateson (citado por Hernández 2004) los procesos de cambio ocurridos en terapia se
plantean desde la noción de cambio como aprendizaje. Para el autor existen tres niveles de
aprendizaje en los procesos de cambio como son; el aprendizaje cero como aquellas respuestas
que no responden a la experiencia sino a respuesta espontaneas motivadas por elementos
genéticos o de estereotipos.
El aprendizaje I referente al cambio de respuesta según los errores cometidos al estilo de un
proceso de habituación; el aprendizaje II como un cambio en los procesos de aprendizaje I y el
aprendizaje III implica un cambio en los procesos de aprendizaje II, es decir, son cambios
Estos procesos de cambio también parten del mundo individual y subjetivo de las personas,
dimensiones que se desarrollan y ponen en juego en el mundo de las interacciones. El cambio en
las experiencias emocionales están relacionadas no únicamente con la pregunta de por qué la
persona actúa de determinada manera en el plano individual sino en qué tipo de sistema tienen
sentido determinadas conductas, develando el terreno de las estructuras supra individuales que
ubican estas dificultades en un terreno que va más allá de lo intrapsiquico. Los cambios en el
marco de referencia son muy importantes en la medida que la persona a través de su propia
experiencia y la elaboración que ha realizado de la misma construye su marco de referencia o
forma de concebir el mundo en todas sus dimensiones, por tanto para posibilitar el cambio es
necesario generar transformaciones en el marco de referencia donde se suelen anclar las
conductas que se desea cambiar.
El cambio en la identidad y el self resulta fundamental en la medida que aquellas
características que se atribuyen al individuo como parte de la individualidad y por tanto
inmodificables se han extraído de los procesos de interacción, lo cual indica que se pueden
modificar o cambiar mediante la modificación de una secuencia interaccional previa.
La conciencia, insight e intencionalidad de cambio no es un tema central en la terapia desde
el enfoque sistémico, ya que este no se centra en la búsqueda del por qué en el pasado en un
intento por establecer una relación causal donde el cambio se genera en el insight. Desde el
enfoque sistémico el cambio se puede generar sin insight, ya que la pregunta no se centra en el
por qué sino en el que como una forma de saber lo que ocurre en el presente y que