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Anexo: Una Introduccion a M KLEIN

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Academic year: 2020

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Melanie Klein

Prof. Lic. Leandro M. Sánchez

2019

“… hasta el final de su larga vida, Freud desarrollo con su genio la teoría psicoanalítica y, gracias a su gran autoridad, la contuvo dentro de un marco hasta cierto punto coherente. No puede ser casual que cuando se acercaba su muerte surgieran como por encanto y casi al mismo tiempo los grandes trabajos que habrían de construir las escuelas psicoanalíticas…”

R. Horacio Etchegoyen (1988)

Introducción

Intentaré establecer en este trabajo, el desarrollo de algunos conceptos claves entre una autora emblemática dentro del psicoanálisis inglés como fue M. Klein y destacar las convergencias y divergencias con Freud.

La gran cantidad de teorías que existen actualmente en psicoanálisis y la variedad de enfoques técnicos nos plantea un problema epistemológico y práctico a la vez. Los conocimientos psicoanalíticos no forman un todo unificado sino un conjunto de teorías y afirmaciones que tienen distinto nivel.

Las ideas de Freud sufrieron una evolución que correspondieron a destinos diferentes. Unos subsisten casi sin modificaciones y son el núcleo fuerte de la teoría: inconsciente, transferencia, sexualidad infantil, complejo de Edipo, la técnica psicoanalítica, etc.

Otras fueron reelaboradas, produciendo un deslizamiento de su sentido, aunque mantienen la terminología inicial, su significado sufrió profundos cambios que se desplazó del original dado por Freud. Así también hay ideas que Freud valoraba en alto grado y actualmente muchos ya no aceptan.

A partir de ello podemos establecer tres grandes líneas en el desarrollo de la teoría psicoanalítica después de Freud, que marcaron profundos aportes y a su vez caminos distintos dentro del mismo psicoanálisis. Estos autores, entre los más significativos, fueron Klein, Lacan y Hartman.

En este trabajo solo me dedicare a plantear los conceptos más importantes de Melanie Klein explicitando sus divergencias y convergencias con la teoría psicoanalítica que instituyó Freud.

Algunos antecedentes

No podemos dejar de mencionar ciertos datos biográficos que echan luz sobre sus desarrollos posteriores, así también las influencias que marcaron su obra y su terapéutica.

Melanie Klein fue una mujer que vivió confrontada a las pérdidas sucesivas de seres queridos y que convivió durante años con una profunda depresión. Pero a pesar de ello, notoriamente, no la detuvo en su producción y trabajo.

En 1910, por un de esos fuertes y prolongados estados depresivos, su esposo consigue un traslado a Budapest, Hungría.

A fines de 1914 muere su madre, Libussa Deutsch, quien poseía una fuerte influencia sobre Melanie. Esta pérdida hace agravar su depresión e inicia su análisis con Ferenczi

Su biógrafa, refiere: “…Libussa le había asignado el papel de niña mimada y Melanie tuvo que pagar un terrible precio por eso. Podía tenerlo todo en la medida en que hiciera exactamente lo que la madre le decía. Libussa fortaleció el temor infantil al abandono subrayando que sin su madre no era capaz de vivir y la muerte de su madre confirmaba ese temor...” (Grosskurth, 1990)

En Budapest se lleva a cabo el V Congreso de la International Psychoanalytical Association (1918) - bajo la presidencia de Karl Abraham-. Esa fue la primera vez que Melanie Klein vio a Freud: lo escuchó leer en la tribuna su comunicación “Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica”.

Este Congreso realizado en tiempos de guerra causa una fuerte impresión en Klein y, según ella misma recuerda:

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comprensión de la personalidad y que, por lo tanto, tenga la influencia que uno desearía que tuviera. Siempre sentí que detrás había algo que nunca llegué a percibir.

Ferenczi la asigna como asistente de Anton von Freund en la tarea de organizar la enseñanza del psicoanálisis en la Sociedad de Investigación Infantil.

En 1919 E. Jones reorganiza “la Sociedad Británica de Psicoanálisis”. En julio de ese año Klein expone su primer trabajo, “La novela familiar en status nascendi", por el cual es aceptada como miembro de la Sociedad Psicoanalítica Húngara, la cual estaba en un período de intensa actividad bajo la presidencia de Ferenczi. Melanie Klein asiste en 1920 al VI Congreso Psicoanalítico Internacional, en La Haya. Conoce a H. Hug-Hellmuth, quien lee su trabajo sobre la técnica del análisis infantil, y a Karl Abraham.

Abraham, presidente de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín, la invita a trabajar en dicha ciudad. Atraída por la personalidad del mismo y la vitalidad del grupo de analistas que lo rodeaba, Klein acepta y se traslada con su hijo.

En 1922 Klein se convierte en miembro asociado de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín (en ese mismo año, Anna Freud se convierte en miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Viena).

Un año después pasa a ser miembro pleno de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín.

A comienzos de 1924 Klein inicia su análisis con Abraham, el que va a continuar hasta la muerte del mismo en diciembre de 1925.

Asiste al VIII Congreso Internacional de la IPA -bajo la presidencia de E. Jones-, en donde expuso por primera vez en un Congreso. Su trabajo, titulado "La técnica del análisis de niños pequeños", inicia también su cuestionamiento a ciertos aspectos del complejo de Edipo, y fue una comunicación muy discutida. Respaldada por Abraham, también contó con el apoyo de Ernest Jones, el cual, seducido por ese discurso contestatario, llegó incluso a intervenir ante Freud para que éste prestara atención a esas declaraciones de acentos heréticos. En diciembre de 1924, viaja a esa Viena para leer una comunicación sobre el psicoanálisis de niños titulada "Una neurosis obsesiva en una niña de 6 años" (Erna), en la Primera Conferencia de Psicoanalistas Alemanes. Allí enfrentó directamente a Anna Freud. A partir de ese momento se abrió el debate sobre qué debía ser el psicoanálisis del niño: una forma nueva y mejorada de pedagogía (posición defendida por Anna Freud), o (como lo sostenía Melanie Klein) el lugar de la exploración psicoanalítica del funcionamiento psíquico desde el nacimiento.

Se hace amiga de Alix Strachey, que también estaba en análisis con Abraham. Alix se interesa en sus teorías y colabora en traducir al inglés algunos de sus escritos. Con la ayuda de su esposo, James Strachey, que se había quedado en Londres, Alix introdujo a Melanie en la British Psychoanalytical Society (BPS), donde la posibilidad del análisis de niños era debatida con mucho interés. En las actas de dicha presentación constan las críticas de E. Glover.

Finalmente, Ernest Jones, que en 1926 la convence de ir a vivir a Londres, donde ella permanece hasta su muerte en 1960.

Su producción teórica suele dividirse en tres etapas:

I. Período de 1919 a 1932: en este lapso produce una gran cantidad de artículos con sus hallazgos teóricos y clínicos. Inicia la técnica del juego para el análisis infantil y lo aplica originalmente en niños pequeños. Sus descubrimientos resaltan la importancia de la agresión en el desarrollo mental. Las hipótesis principales versan sobre la neurosis de transferencia completa en el análisis infantil, el complejo de Edipo temprano y la formación de un superyó precoz.

II. Período de 1932 a 1946: en 1932 escribe “El psicoanálisis de niños”, donde intenta sistematizar sus descubrimientos sobre la vida psíquica infantil. En este período formula lo esencial de su teoría: la idea de posición depresiva como punto crucial del desarrollo mental (1935, 1940) y de posición esquizo- paranoide (1946). Se formalizan los aspectos esenciales de la metapsicología kleiniana con la descripción de la mente como un espacio poblado por objetos internos, que interactúan con los externos a través de los procesos de proyección e introyección. El mecanismo de la identificación proyectiva será a partir de 1946 y durante los treinta años siguientes, uno de los temas principales de la investigación kleiniana. El acento que Klein había puesto en la agresión en el período anterior es modulado ahora en buena medida por la idea de una lucha pulsional entre sentimientos de amor y odio.

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niño (1961), donde reconstruye el caso Richard, al que atendió en la época de la segunda guerra mundial.

IV.

Desarrollo de algunos conceptos centrales en Klein

Sus escritos, abigarrados, a veces contradictorios, presentan una permanente riqueza de ideas originales. Se extiende desde 1919 hasta su muerte en 1960. De ellos se desprende un intento centrado en su preocupación principal por describir el mundo rico en fantasías y vivencias que despliegan los pacientes en el espacio analítico terapéutico.

Las hipótesis de Klein intentan explicar los hechos que surgen a partir de nuevos contextos terapéuticos y de nuevas observaciones. El punto de partida es siempre el tratamiento analítico y más precisamente el desarrollo de la sesión.

Así como en Freud observamos un esfuerzo por formular teorías del psiquísmo en base a los modelos científicos de su época: fisicoquímicos, neurofisiológicos, etc., Klein quiere dar cuenta de los sucesos que ocurren en el consultorio y en el vínculo interpersonal entre paciente y analista. Observa que el paciente se compromete emocionalmente en el tratamiento, que incluye al terapeuta en sus fantasías, que despliega un universo lleno de ocurrencias y asociaciones, pero sobre todo con fuertes sentimientos y angustias.

Tempranamente, encontramos en su obra que trata de comprender el mundo interno del sujeto. Que en ese mundo interno todo acontece con una singular realidad concreta y que sus inquilinos, los objetos internos, se expresan con odio asesino y amor violento.

Esta línea de comprensión define una de sus hipótesis principales: el psiquismo se origina en un vínculo intersubjetivo, en primer lugar, la relación de objeto del bebé y su madre. Ella estudia las características emocionales de ese vínculo, en el que busca descubrir cuál es la ansiedad predominante y las fantasías constitutivas.

Klein es pionera indudable de toda la corriente psicoanalítica contemporánea que enfatiza la existencia de relaciones de objeto tempranas como fundantes del desarrollo psíquico y de la personalidad.

Es importante incluir aquí un hecho significativo. Klein comenzó trabajando en análisis con niños; inició una práctica original al introducir la técnica del juego infantil para tener acceso a los conflictos y fantasías de una manera más directa y fácil que con la comunicación verbal. Insistió en que a sus pequeños pacientes había que analizarlos igual que a los adultos, explorando los conflictos inconscientes y absteniéndose de toda medida reeducativa o de apoyo. Esto le permitió observar que los niños desarrollan una neurosis de transferencia análoga a la de los adultos. De esta manera pudo delimitar un campo de observación fértil para una gran parte de sus descubrimientos posteriores: complejo de Edipo temprano, superyó temprano, mecanismos de defensa primitivos organizados en torno a una angustia principal y una relación de objeto.

Fantasía

Freud

Noción que es divergente a la concepción que tenía Freud sobre la misma. Si bien no es tema de este trabajo, tenemos que tener en cuenta que antes de llegar a ser corriente el concepto de fantasía en Freud, transita con cautela un camino sinuoso desde la teoría del trauma psíquico hasta la teoría de la fantasía, pasando por el abrupto terreno de la teoría de la seducción. No obstante, encontramos el término “fantasía” en las cartas a Fliess que anteceden a la carta del 21 de septiembre de 1897, en la que Freud le anuncia el próximo abandono de la teoría de la seducción.

Las fluctuantes elaboraciones de la teoría de la seducción iban de la mano del autoanálisis de Freud.

Por el año 1895 a partir de caso Emma fue uno de los determinantes para adoptar la teoría de la seducción, pero otra circunstancia, la muerte de su padre, fue decisiva para que la abandone. Dos sucesos que tuvieron gran resonancia en su autoanálisis.

Podríamos decir que a partir del colapso de la teoría de la seducción comienza a surgir la concepción de la fantasía.

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madre: (…) la fantasía toca terrenos de la realidad (…) realmente la madre en sus actividades de higiene sobre el cuerpo de la niña inevitablemente estimuló, y quizás incluso despertó, por primera vez, sensaciones placenteras en sus genitales (1933)

Así mismo, en el esquema del psicoanálisis asevera que el primer objeto erótico del niño es el pecho de la madre y que, a través de los cuidados del cuerpo del niño, ella llega a ser su primer seductor. (1938)

A las fantasías inconscientes también las llamo en “Interpretación de los sueños” “escenas inconscientes”. Resumiendo, la concepción de Freud sobre las fantasías, como bien la define Laplanche en su diccionario: "guion imaginario en el que se halla presente el sujeto y que representa, en forma más o menos deformada por los procesos defensivos, la realización de un deseo, y en último término, de un deseo inconsciente". "La fantasía, se presenta bajo distintas modalidades: fantasías conscientes o sueños diurnos, fantasías inconscientes que descubre el análisis como estructuras subyacentes a un contenido manifiesto, y fantasías originarias".

Por otro lado, Roudinesco escribe que Freud utiliza en principio el término en alemán como fantasía o imaginación (uso corriente del término) y es en 1897 cuando le da un desarrollo más específico, al apartarse de la teoría de la seducción para validar la idea de realidad psíquica. La vida imaginaria cobra importancia y el sujeto se representa su propia historia y la de sus orígenes. Los traductores de Freud al francés utilizan la palabra Fantasme otorgándole el sentido de aparición.

Para Freud aquellas experiencias traumáticas que atravesaba la persona desde niño, se configuraban en forma de escenas cuyo contenido emergía en los síntomas que daban carácter bizarro a su conducta. Éstas estaban intrínsecamente ligadas a su pasado real. Con el estudio de casos, Freud observa que ciertas fantasías son comunes a las diversas personas con sus historias particulares, ante lo cual comprende que las mismas no estaban ligadas necesariamente a la experiencia.

M.Klein

Si uno habla sobre la obra de Klein no puede no empezar sino es por el concepto de fantasía inconsciente, puesto que el mismo se constituyó en el eje del sistema cuerpo-mente que ella creó.

Pronto asumió que el neonato, en su mundo corporal de sensaciones empezaba a emplear la fantasía y darle significado a ese mundo inmediatamente después del nacimiento.

Para Klein la fantasía inconsciente es la representación mental del instinto. Si el bebé tiene hambre fantasea el pecho que lo alimenta. A medida que el niño crece y su yo se organiza, la capacidad de fantasear se amplía en tanto función yoica y así, va articulando y modulando sus fantasías con la realidad objetiva, de la cual suele defenderse cuando la vive como persecutoria u hostil, oponiéndole fantasías que lo satisfagan y a su vez lo calmen.

A lo largo de su vida, el ser humano mantiene una conexión entre su cuerpo, sus sensaciones y la fantasía, de suerte que podemos seguir el rastro de cualquier fantasía hasta encontrar su enlace con las fuentes biológicas. Fantasías inconscientes están en la base de cada proceso mental y acompañan toda actividad mental.

Son la representación mental de aquellos sucesos somáticos entre los que se incluyen los instintos, y son sensaciones físicas interpretadas como relaciones con objetos causantes de esas sensaciones.

Las fantasías inconscientes, que brotan desde su ocasionamiento biológico, experimentan poco a poco dos tipos de conversión:

• el cambio introducido por el desarrollo de los órganos de percepción a distancia de la realidad externa, y

• la emergencia al mundo simbólico de la cultura desde el mundo primario del cuerpo.

Se pueden elaborar fantasías para aliviar estados mentales internos por vía de manipulación del cuerpo y sus sensaciones (fantasías masturbatorias), o por vía de fantaseo directo. La fantasía es la expresión psíquica de los impulsos instintuales y también de los mecanismos de defensa enderezados contra impulsos instintuales. La idea de una fantasía como actividad inconsciente fue considerada por Klein desde el comienzo de su actividad. Porque se interesó en el contenido de la angustia, fue inevitable que situara las fantasías del juego en el primer plano. La importancia de la fantasía en el pensamiento de Klein se vio reforzada por dos factores:

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psicológico del tic como una prueba clínica del narcisismo primario. La actividad motora del tic no era sino una descarga de energía psíquica. En oposición a esto, Klein (1925) se propuso demostrar que aun en el caso de este prototipo del impulso sin objeto, operaban: unas fantasías básicas en la parte inconsciente de la psique infantil.

b) Los extraordinarios efectos de la interpretación sobre la producción de fantasías. Klein quedó atónita por la escala en que se producían fantasías después de removida una inhibición, pero tuvo la agudeza de comprender que una liberación de la fantasía y la adopción de una actitud más positiva hacia el analista eran indicadores terapéuticos esenciales y marcaban un funcionamiento psíquico sano. Ya no se alteraría en el desarrollo del pensamiento kleiniano la importancia clínica básica atribuida a la fantasía inconsciente.

Mundo interno

La idea de mundo interno nunca llega a ser precisa en la obra de Freud, pero se puede asumir que introdujo la noción en Duelo y Melancolía (1917). El mundo interno de Freud se arroga las demandas instintivas y las percepciones de un mundo exterior que, al incorporarse al yo, se convierten en identificaciones.

Klein le imprimió a ese mundo mental interno, un carácter espacial y lo habito con unos pobladores singulares, con los objetos internos. Esta perspectiva espacial de la mente inconsciente no solo expandió sustancialmente el modelo topográfico y estructural de Freud, sino que exigió una reformulación de la naturaleza de los objetos y de los impulsos. (Etchegoyen, 1985).

Las ideas acerca de un mundo interno con sus habitantes fueron una continuación de las nacientes, pero avanzadas nociones de K. Abraham. La teoría del mundo interno, sello del pensamiento “kleiniano”, es una teoría de las relaciones inconscientes del sujeto con sus objetos internos y externos, que empezó a gestarse en consultorio a partir del “juego”. Por el año 1923, estando en Berlín, a partir del análisis de niños fue profundizando su idea de mundo interno como viable en su terapéutica. Su primera expresión pública de esta idea fue en su ponencia del congreso de Salzburgo (1924), donde causo críticas y revuelo, pero también el respaldo de Abraham y E. Jones.

A través de su obra, uno puede descubrir que Klein rápidamente equiparo las imaginativas escenas, que sus pacientes montaban en la sala de juegos de su consultorio, con los fantásticos contenidos inconscientes de sus mentes. Klein aprecio el escenario del juego sin prejuicios ni ideas preconcebidas y ubico en la mente de sus pequeños pacientes la misma paradoja y despropósito de los juegos que se desplegaban en el consultorio. Dicho de otra manera, traslado a la psiquis el espacio del consultorio.

A mi parecer, se podría decir que su aporte esencial no lo compone tanto la teoría de las posiciones como su pensamiento acerca de la existencia de un mundo interno donde se despliega el drama convulsionado y bravo entre los objetos y el sujeto.

Desde el principio hasta el final de su obra, sostiene que la fuente que nutre las relaciones con los objetos internos y externos se encuentra en los impulsos.

En este sentido, permanece adscrita a Freud, sin embargo, a partir de 1932, hizo énfasis en otra fuente, la angustia, la que ubico al lado de la pulsión.

En lo que respecta a este último punto, dentro del psicoanálisis ingles de las relaciones de objeto, ha encontrado divergencias con psicoanalistas como Winnicott, Fairbairn, Guntrip, Balint, Roland.

Objetos internos

Freud, fiel al principio de constancia, al proponer un aparato psíquico que busca descargar para conseguir la homeostasis, tenía que centrar su atención en el esfuerzo, la meta y la fuente de la pulsión. Desde esta perspectiva teórica, el objeto es simplemente una contingencia. Pero Abraham, al concentrar su atención en el tratamiento de pacientes que padecían de psicosis melancólica, empezó a observar la repercusión que tenía en la vida mental el destino del objeto perdido. Le llamo la atención el hecho de que sus pacientes construían fantasías concretas alrededor de objetos que entraban y salían del cuerpo. Estos tratamientos le permitieron observar los procesos de introyección y proyección.

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Abraham el objeto no era un simple vehículo de la pulsión de gratificación, tenía el sentido de “el otro”, de aquel con quien el sujeto llega a sostener complejas relaciones internas y externas.

Según Abraham, el objeto tiene un “sentido físico” y su hábitat es el espacio interno concreto del cuerpo. Es a partir de estas ideas como Klein empezó a construir su concepto de mundo y objeto interno desde los años 20. Fue solo en sus artículos de 1935 y 1940 donde por primera vez habla explícitamente de “objeto y mundo interno”. A partir de entonces, esos términos que formaron y captaron el interés de la comunidad psicoanalítica; o bien para estudiarlos o para objetarlos.

La noción de objeto interno está amarrada a la de fantasía inconsciente. Freud (1911) concebía la fantasía como un proceso psíquico que irrumpía como consecuencia de la frustración, pero para Klein la fantasía era tanto un componente de la gratificación como de la frustración. A lo largo de su obra, la fantasía se engrana con el de objeto interno, a tal grado, que un concepto es no sostenible sin el otro.

Las “voces” parentales internalizadas que siguen a la resolución del complejo de Edipo, Freud las circunscribe al superyó; Klein, a los habitantes de un mundo interno habitado por objetos parciales y/o totales, buenos y malos. En un primer periodo – primeros cuatro meses de vida – los objetos son parciales y amenazantes, de naturaleza persecutoria. Para defenderse de estos objetos, el niño los separa y aísla unos de otros, en objetos buenos y malos (escisión/splitting). A partir de los cuatro meses de vida, el niño desarrolla la capacidad de internalizar objetos totales y de amarlos y odiarlos al mismo tiempo. En coyunturas de ansiedad y frustración el niño los ataca y destruye en una orgia de fantasías de rencor y malignidad, pero en tiempos de amor pena por ellos y los respeta. Estos objetos totales y únicos se componen de la realidad y fantasía.

La incorporación y la pérdida de los objetos parciales y totales, poseen un carácter concreto: el sujeto, al incorporar un objeto, tiene la experiencia subjetiva de comer algo, como quien ingiere un alimento, de igual manera, cuando pierde un objeto siente que ha evacuado sus intestinos. Todos los objetos internos están en un intercambio permanente con los objetos externos.

En los trabajos de 1940 Klein definió y delimitó el objeto interno: “…el bebé, habiendo incorporado a sus padres, siente que están vivos dentro de su cuerpo, según la forma concreta de sus fantasías inconscientes profundas – en su mente, ellos son objetos internos o interiores, como los he denominado. Así se edifica en la mente inconsciente impresiones provenientes de la gente y mundo externo, aunque modificado por sus propias fantasías e impulsos.”

Teoría de las relaciones de objeto

Para 1932, año de los más prolíficos y creativos de Klein, había logrado sistematizar la técnica más adecuada para tratar con el método psicoanalítico a niños desde muy temprana edad. Mientras tanto, transcurría lo más sobresaliente de su obra de lo que ni ella se había llegado a percatar. Descubría el mundo de las relaciones tempranas de objeto.

En su artículo sobre “El psicoanálisis de niños” (cap. 8) en su empeño por sostener sus descubrimientos dentro del marco de la teoría del superyó propuesta por Freud, consideraba que objeto y superyó eran comparables, que el reconocimiento por el yo del poder del objeto es equivalente al reconocimiento de las imposiciones del superyó. Sin embargo, en el capítulo 9 no mantiene su consistencia teórica y sostiene que el superyó es un compuesto por un conjunto de objetos introyectados dotados de funciones específicas, una especie de comunidad de objetos internos, con amplias posibilidades de relación con el yo y con la capacidad de cambiar su carácter a medida que el niño y la niña introyecten nuevas imagos. Este tipo de superyó que ella propone no es monolítico, es diferente del superyó estructural, unificado a partir de los padres edípicos introyectados, como concebía Freud.

Por lo tanto, podríamos decir que Klein empieza a edificar la teoría de las relaciones de objeto a partir de este capítulo en “El Psicoanálisis de niños”. (1932)

Las primeras hipótesis – Superyó y complejo de edipo tempranos

Las dos hipótesis más importantes que Klein formuló en su primer período son:

a. La existencia de un superyó temprano, que primero ubica entre los dos y tres años de edad y luego hace retroceder hasta el comienzo de la vida psíquica.

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Para entender el origen de estos conceptos es importante que resaltemos cuáles fueron las ideas teóricas sobre las que trabajó en ese momento de su obra. Las describiremos ordenándolas en los siguientes puntos:

1. Ella resaltó que la agresión posee un papel central tanto en el desarrollo psíquico temprano como a lo largo de la vida del sujeto. Los impulsos agresivos tienen gran importancia en los primeros años de la vida psicológica, principalmente en el vínculo con la madre. Centró su interés en investigar los períodos preverbales del desarrollo, a los que atribuyó una gran riqueza de fantasías inconscientes. Klein toma primero de su maestro Abraham el concepto de fase de sadismo máximo y supone que ocurre a los seis meses de edad, vinculada con la dentición y el destete. Luego traslada la agresión a períodos aún más tempranos de la vida, pero la independiza de los procesos biológicos y la adscribe al campo estricto de la fantasía inconsciente. Vale decir que busca explicaciones en un nivel exclusivamente psicológico. Muchos autores, reconocen a Melanie Klein el gran aporte que significó para el psicoanálisis el acento que ella puso en la agresión humana. En cambio, no están de acuerdo, cuando ella considera que la existencia de los impulsos agresivos se debe a la pulsión de muerte.

2. Freud y Abraham supusieron que la libido evoluciona a través de pasos progresivos a los que llamaron etapas de organización libidinal.

El modelo tiene una indudable raigambre darwiniana, toma como punto de partida que dicha progresión libidinal está dirigida por la sucesión de etapas biológicas de maduración. Las zonas erógenas oral, anal, fálico y genital son el centro respectivo de cada una de estas fases.

Melanie Klein, interesada en estudiar los períodos preedípicos del desarrollo mental, cambia el concepto de fases libidinales al afirmar que en los niños pequeños observa una mezcla de pulsiones orales, anales y genitales que se superponen desde las primeras relaciones de objeto. Se aleja así de la idea de fase libidinal como unidad de desarrollo en un sentido cronológico y la reemplaza tiempo después por la idea de posición como un concepto más dinámico y menos aferrado a la biología.

Decir que los impulsos orales están mezclados precozmente con los genitales implica también adelantar la triangulación edípica a estadios pregenitales del desarrollo. De aquí surge la idea de complejo de Edipo temprano, donde la sexualidad contiene agresión. Esto produce sentimientos de culpa. Las reacciones de ansiedad, dolor y culpa se relacionan también con la idea del superyó temprano.

3. Los impulsos agresivos -pregenitales- se expresan, desde el comienzo de la vida, a través de fantasías inconscientes que están dirigidas hacia el cuerpo de la madre. Este es un primer espacio que puede ser diferenciado en forma primitiva por el bebé y representa para él el mundo externo. El niño tiene deseos de penetrar en dicho cuerpo y atacarlo sádicamente. En la fantasía infantil sus contenidos son destruidos originando la ansiedad más profunda tanto para la niña como para el varón. Klein designa con el nombre de fase femenina esta etapa, por la que atraviesan en su desarrollo todos los bebés.

Tanto la ansiedad de castración en el varón como la amenaza de pérdida de amor en la mujer son derivados secundarios de la ansiedad persecutoria proveniente de la fase femenina. Cambia, por lo tanto, la idea de Freud de que el conflicto edípico (tardío) y la ansiedad de castración son el complejo nodular de las neurosis. Al suponer Klein que en la fase femenina la curiosidad sexual está mezclada con el sadismo como contenido primario, varía la concepción freudiana de que la curiosidad está movida principalmente por los deseos libidinales y el principio del placer. El niño quisiera penetrar en el cuerpo materno para ver sus contenidos (imagina que hay heces, bebés y penes) y a la vez quiere apropiarse de ellos, robados y destruirlos. Estos impulsos están motivados tanto por el deseo de conocer (impulso epistemofílico) como por los celos destructivos, y son al mismo tiempo la expresión directa de pulsiones agresivas hacia la escena primaria parental. Más adelante en el pensamiento kleiniano, estas ideas se fundamentarán en la envidia primaria. La consecuencia de dichas fantasías será, si se proyecta al exterior, una angustia persecutoria intensa como amenaza de destrucción física, emocional y sexual. Proviene también del temor de ser castigado en forma retaliativa por sus impulsos sádicos. El nombre de fase femenina alude a que Klein considera que se produce una identificación con el cuerpo femenino atacado, tanto en la niña como en el varón.

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4. En los tratamientos de niños neuróticos y psicóticos, Klein describe una gran variedad de fantasías inconscientes. El juego infantil es una manera simbólica de elaborar fantasías y modificar la ansiedad. El niño trata de dominar los peligros de su mundo interno desplazándolos al exterior y aumentando de esta forma la importancia de los objetos externos. El juego es como un puente entre la fantasía y la realidad; una manera para el niño de producir símbolos necesarios en el desarrollo mental.

En su artículo "La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo"

(1930), Klein considera que es la ansiedad persecutoria con el cuerpo de la madre y su interior, por haberlo destruido con fantasías sádicas, lo que lleva al yo a buscar nuevos objetos en el exterior para calmar la ansiedad. Estos objetos a los que el niño desplaza su interés, toman para él un significado simbólico del cuerpo materno. Son las bases primitivas de la formación de símbolos y de las relaciones con el mundo externo y la realidad. 5. Algunas diferencias con las ideas de Freud sobre la sexualidad femenina. Melanie Klein considera que desde muy

temprano hay un conocimiento inconsciente de la diferencia de los sexos, tanto en las mujeres como en los varones. Afirma que las niñas tienen sensaciones vaginales y no sólo clitoidianas, que ambos sexos poseen fantasías tempranas del coito parental, de la vagina y el pene con sus funciones receptivas y de penetración respectivamente. Esto es totalmente distinto a la idea que tiene Freud sobre la sexualidad infantil; para él tanto las mujeres como los hombres reniegan de la diferencia entre los sexos como forma de eludir la angustia de castración. Klein cree que muy precozmente, ya en la etapa oral, los deseos sexuales se dirigen hacia la madre y hacia el padre, estableciendo los aspectos positivos e invertidos del complejo de Edipo temprano.

Para Freud, la niña se percibe castrada y siente envidia del pene. Ello provoca que se decepcione de la madre porque no se lo dio y busque como sustituto el pene del padre. De esta manera se introduce en el complejo de Edipo. Klein no coincide con tal concepción. Postula que la niña tiene deseos genitales tempranos, que la llevan a querer recibir el pene y los bebés. El deseo femenino de internalizar el pene paterno y recibir los bebés precedería invariablemente al deseo de poseer el pene. El deseo fálico en la mujer es secundario a una búsqueda específicamente femenina. La envidia del pene en la mujer es secundaria a la ansiedad por sus órganos femeninos. La revisión que hace Klein (junto con Jones, Karen Horney y otros) de las ideas de Freud sobre la sexualidad femenina, influye notablemente en su teorización del complejo de Edipo temprano.

6. Figura combinada de los padres. Klein describe bajo este nombre una serie de fantasías tempranas sobre la escena primaria en su versión más primitiva: por ejemplo, el pene del padre contenido dentro del cuerpo de la madre. El niño fantasea que sus padres están unidos en una forma permanente e inacabable, compartiendo satisfacciones orales, anales y genitales. Los celos y la envidia producen deseos de atacar el cuerpo de la madre con el pene del padre adentro, se forman por proyección imágenes persecutorias que producen gran ansiedad. Klein las descubrió tanto en el juego infantil como en las pesadillas y terrores nocturnos. La fantasía de la madre fálica es para ella una versión de esta figura parental combinada.

Superyó temprano

La idea de superyó temprano se refiere, en primer término, a un aspecto cronológico, comparándolo con el superyó de la teoría freudiana. Freud lo describió como una estructura intrapsíquica que se produce en el niño al culminar el complejo de Edipo, durante la etapa fálica infantil, entre los tres y cinco años de edad. Se forma por interiorización de las exigencias y prohibiciones parentales, especialmente sobre los deseos incestuosos hacia el progenitor del sexo opuesto; de ahí que lo considere el heredero del complejo de Edipo. Melanie Klein comenzó a analizar niños muy pequeños (desde dos años de edad en adelante) y observó que padecían fuertes sentimientos de culpa y remordimientos. Este hecho clínico la llevó a postular la existencia de un superyó más temprano que el planteado por Freud y a describirlo como excesivamente sádico y cruel. El superyó temprano que propone Klein es más cruel que el superyó tardío de Freud, se forma por múltiples identificaciones y su severidad proviene que se proyectan en él los impulsos sádicos del niño.

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edípico, así como el desarrollo del yo y del carácter ("Los estadios tempranos del complejo de Edipo", 1928). La fuente de mayor ansiedad en el niño pequeño sería la acción que este superyó temprano ejerce sobre el yo ("La personificación en el juego de los niños", 1929).

En 1935; con la publicación de "Una contribución a la psicogénesis dé los estados maníaco depresivos" se produce un momento clave en la teoría kleiniana, que también influye en la conceptualización del superyó al separar definitivamente su origen del conflicto edípico. El superyó existe desde el comienzo de la vida, formándose por la introyección de dos objetos contradictorios, uno de cualidades protectoras y benevolentes (objeto parcial idealizado) y otro de características punitivas (objeto parcial persecutorio). Vale decir que el origen del superyó temprano se incluye en un contexto más amplio: la teoría de las posiciones. Este superyó debe sufrir un proceso de integración en el curso del desarrollo que dependerá de las vicisitudes de la posición depresiva. El aspecto severo y punitivo del superyó proviene del objeto parcial persecutorio introyectado en los orígenes, mientras que el objeto parcial idealizado será el núcleo del ideal del yo, que se constituye a lo largo de la posición depresiva.

El carácter dual del superyó se mantiene siempre en la teoría kleiniana. Termina siendo una estructura integrada, un objeto interno, resultado de elaborar las ansiedades depresivas y de poder unir los objetos parciales internos en un objeto total.

Complejo de Edipo temprano

Esta es una de las teorías más originales y al mismo tiempo más controvertida de la producción kleiniana. Al plantearla por primera vez en "Los estadios tempranos del complejo de Edipo" (1928), Klein modifica dos ideas del Edipo clásico de Freud:

1)Lo ubica precozmente en las fases pregenitales del desarrollo, alrededor del primer año de vida. En otros artículos adelanta la fecha, como vimos que sucede con el superyó temprano. En "El complejo de Edipo a la luz de las ansiedades tempranas" (1945), piensa que se establece a los tres meses, en relación con la elaboración de la posición depresiva.

2)Es un proceso complejo que se extiende durante un lapso prolongado. Klein amplía la gama de fenómenos que abarca y lo transforma en el organizador de las pulsiones genitales durante todo el desarrollo infantil.

En el Edipo de los primeros meses de vida las fantasías del niño sobre el coito de los padres se construyen con objetos parciales. No son los padres, como objetos totales, los que constituyen la escena primaria, tal como sucede en la teoría freudiana: Para Klein la escena primaria transcurre, en la fantasía del niño, dentro del cuerpo de la madre; el bebé ubica el pene del padre dentro del cuerpo materno.

Es importante hacer aquí una aclaración. Si tratamos de pensar estos procesos descriptos por Klein desde una perspectiva fenoménica o sobre la base de datos que tendría el niño pequeño a través de la percepción externa, estas hipótesis resultan incomprensibles. En cambio, si los independizamos de su ubicación cronológica y los estudiamos como fantasías que pueden explorarse en el inconsciente de los pacientes tanto niños como adultos, nuestro campo de comprensión se enriquece mucho.

Klein describe en la relación diádica madre-bebé fantasías agresivas de tipo oral, en que el niño desea entrar al pecho y el cuerpo maternos para morder, rasgar, robar sus contenidos; y otras de tipo anal, donde se quiere meter en el cuerpo de la madre para ensuciar y dañar lo que ella tiene dentro. Dijimos anteriormente que esto constituye la fase femenina con que comienzan el desarrollo tanto la niña como el varón. El pasaje a la relación triádica es en esta etapa una fantasía oral de incorporar el pene del padre para calmar la frustración oral que provoca la madre y para buscar un nuevo objeto que ayude a amortiguar las fantasías persecutorias que sufre el niño por haber dañado el cuerpo materno en la fase femenina. Las fantasías sobre el coito de los padres serán sentidas como un intercambio de alimentos entre ellos si las ansiedades son predominantemente orales, o bien como un acto excretorio o genital, según el carácter de las fantasías que el runo proyecte en ellas. El resultado constituye una situación compleja, producto de la oscilación de pulsiones orales, anales, uretrales y genitales que paulatinamente deben llevar a un predominio de fantasías genitales para que el Edipo se resuelva adecuadamente. Al mismo tiempo se mezclan deseos agresivos y libidinales; a la vez se producen cambios e interacciones entre un Edipo positivo y otro negativo, tanto en la niña como en el varón. El resultado final de estas tendencias llevará, en el desarrollo normal, a una elección heterosexual asentada en el predominio de pulsiones genitales.

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depresiva como punto nodal del desarrollo infantil. Desde esta perspectiva, ya no son las frustraciones orales ni los impulsos de odio los que desencadenan los deseos edípicos. Estos surgen, por el contrario, con el comienzo de la posición depresiva, cuando los impulsos de amor hacia los padres actúan como propulsores del desarrollo empujando a la búsqueda de nuevos objetos.

Respecto a la declinación del Edipo, Klein piensa que es el amor por los padres y el deseo de preservarlos juntos e indemnes lo que produce la renuncia edípica y el control de los sentimientos agresivos. Esta es una conceptualización original. No es la cultura la que impone la renuncia instintiva, ni la amenaza de castración, ni la ley, sino la lucha dentro de la mente entre sentimientos agresivos y de amor hacia los padres. En este esfuerzo del niño por integrar su amor y su odio, los impulsos edípicos permiten expresar fantasías reparatorias hacia la pareja de los padres, lo que marca un hito muy importante para el futuro desarrollo sexual del individuo.

Algunas consideraciones sobre la técnica de Melanie Klein

Si queremos definir las características de la técnica psicoanalítica de Klein, tenemos que afirmar en primer lugar que existe una total congruencia entre sus hallazgos teóricos y las conclusiones técnicas que implementa. Y, a la inversa, el campo de descubrimientos kleinianos se abre a partir de una técnica novedosa: incluir el juego infantil como manera de facilitar a sus pequeños pacientes la expresión de fantasías y conflictos inconscientes.

Desde los primeros trabajos, se establecen algunas características que marcarán el rumbo posterior de la técnica kleiniana. El objetivo es analizar los conflictos y fantasías inconscientes, el método es explorar sistemáticamente la transferencia.

Dado que Klein sostuvo la importancia que las fantasías tanto agresivas como libidinales tienen en el desarrollo mental, su lógica consecuencia es suponer que en el vínculo con el analista se producirán tanto sentimientos amorosos como hostiles, por lo que es necesario interpretar sistemáticamente la transferencia positiva y la negativa, para que el paciente pueda lograr una aproximación a comprender su realidad psíquica. Klein rechaza toda medida de apoyo o reaseguramiento pues sólo serviría para enmascarar el suceder espontáneo de ocurrencias que nos permiten descubrir el devenir de los sucesos inconscientes del paciente. Al interpretar la transferencia positiva y negativa, tal como aparece en la mente del paciente, el analista con su interpretación le ayudará a integrar los sentimientos ambivalentes en sus vínculos del presente y del pasado, en la realidad externa y en su mundo interno. Cualquier medida técnica que favorezca la disociación de los sentimientos no ayuda en la integración, que es uno de los principales objetivos terapéuticos. Es necesario, si se quieren obtener estos logros, que el terapeuta tolere la transferencia negativa del paciente cuando éste la expresa conciente o inconscientemente. A veces puede ser tentador, por ejemplo, aceptar el desplazamiento de la hostilidad hacia el pasado, a los vínculos del paciente con sus figuras primarias, a las que él adjudica, muchas veces, todos sus males. En esa forma se "libera" el vínculo transferencial de sentimientos hostiles y hasta se propicia la idealización del terapeuta. Esto, según las ideas de Klein, no ayudaría a que el analizado avance hacia su salud mental o adquiera una adecuada comprensión de su presente y de su pasado. Se advertirá sin duda la diferencia que existe entre esta concepción técnica del análisis y la propugnada por otras corrientes. Según Klein, la manera de afianzar el vínculo terapéutico desde los primeros momentos del tratamiento es que el paciente se sienta aliviado en sus angustias y comprendido por el terapeuta. Lo único que puede darle al paciente esa seguridad y confianza en el proceso terapéutico, dirá Klein, es que el analista le interprete en profundidad las ansiedades y defensas en sus relaciones de objeto.

Klein centró siempre su atención en las angustias del paciente; hacia allí debe dirigirse la interpretación desde el comienzo, lo que permite que emerjan nuevas fantasías y ansiedades de otras capas del inconsciente. Si nuestra autora da una importancia central a la emotividad y la fantasía para comprender lo que le está sucediendo al paciente, es lógico que aplique igual criterio para el caso de la transferencia. El analista está intensamente comprometido con las vivencias que el paciente exterioriza y, por lo tanto, el vínculo transferencial es el eje principal del desarrollo de la sesión. A medida que Klein definió su nuevo modelo de la estructura mental, centrado en la idea de una realidad psíquica poblada por objetos internos, la sesión fue entendida como una exteriorización de dicha realidad psíquica.

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defensas, y eso constituye inexorablemente lo que transfiere en la sesión y en la persona del analista, aunque no sepa que lo está haciendo y aunque no tenga ocurrencias concretas con la persona del analista.

Esto marca una línea técnica muy importante en la escuela kleiniana. La sesión es vista como una situación total; las asociaciones, sueños, lapsus, etc. son entendidos en el contexto de la sesión y, particularmente, en su significación con la figura del analista, por supuesto que como representante de algún objeto interno del paciente. El analista kleiniano no está a la caza de lapsus, síntomas, etc., como expresiones privilegiadas del inconsciente. Por supuesto que cuando ocurran los tomará en cuenta. Pero su función principal es dejarse envolver en el clima emocional de la sesión, recibir todas las proyecciones que el paciente indefectiblemente hará sobre él, estar muy sensible a las manifestaciones transferenciales y contratransferenciales, para de todo ese acontecer extraer la estructura básica (angustia prevalente y mecanismos de defensa característicos de la relación de objeto de ese momento) que marca el punto de urgencia de la sesión. Eso es lo que habrá que interpretar. Siguiendo a Freud, el analista le propone al paciente estudiar y resolver las fantasías y conflictos de las relaciones de objeto entre ambos. Será tarea del paciente usar estos insights para aplicados en la vida cotidiana y en sus vínculos.

Hemos mencionado la idea de contratransferencia. Es importante aclarar que Klein casi no utilizó este concepto, apenas lo menciona en su trabajo sobre la envidia (1957). Su formulación como instrumento de comprensión del paciente fue realizada por dos autores posteriores, Racker (1948) y Heimann (1950). Klein describió en 1946 el mecanismo de identificación proyectiva, por el cual el paciente puede omnipotentemente disociar un aspecto de su mente y proyectado en otra persona, por ejemplo, el analista. El paciente queda identificado con lo no proyectado y, a la vez, el analista será para él un aspecto inconsciente de sí mismo. Este proceso involucra intensamente a ambos protagonistas y provoca una confusión en el paciente entre realidad externa e interna. El analista debe contar con un estado mental adecuado como para involucrarse emocionalmente y a la vez poder salirse de dicho compromiso afectivo y transformarlo en una interpretación que devuelva al paciente los aspectos proyectados. He aquí la idea de contratransferencia. El analista debe conocer y manejar sus propios conflictos inconscientes, como parte de los instrumentos técnicos necesarios para poder analizar bien estas situaciones que se suceden en la sesión. Todo lo que allí acontece debe transformarse en comprensión.

Aquí se plantea un problema interesante desde el punto de vista técnico. Freud pensaba que el conflicto se producía por una dificultad en la descarga instintiva; por lo tanto, era necesario interpretar las resistencias por ser éstas el testimonio directo de las represiones o mecanismos defensivos que al impedir dicha descarga, provocaban el síntoma o la perturbación del carácter. El conocimiento y elaboración va ligado a la idea de levantar las represiones y permitir una mejor solución del conflicto. Para Klein lo que importa es comprender las angustias que se desarrollan en la relación de objeto y también los mecanismos de defensa destinados a disociar, negar, proyectar, etc., aspectos de la personalidad. El insight debe permitir el conocimiento y la reintegración de dichos aspectos disociados y proyectados del self. Ello permitirá una comprensión vivencial del conflicto y, principalmente, una mayor integración de la personalidad. Las mismas ideas pueden explicarse, en otros términos: los procesos de introyección y proyección rigen el proceso analítico; merced a ello, el paciente moviliza en la sesión sus relaciones de objeto internas y las proyecta en el analista; éste, mediante la interpretación, posibilitará que se modifiquen dichas relaciones de objeto, que el paciente podrá entonces reintroyectar cambiadas en su estructura.

Cuando Klein formula la teoría de las posiciones (1946, 1952) se define un objetivo terapéutico central: elaborar la posición depresiva para conseguir la integración del objeto y del yo. El insight consistirá en juntar emociones cariñosas y hostiles hacia un mismo objeto, con los consiguientes sentimientos de culpa y responsabilidad. El punto crucial no es sólo comprender sino tolerar el dolor mental que producen esos sentimientos.

Uno de los pocos escritos que Klein dedica a problemas de técnica es "Sobre los criterios para la terminación de un psicoanálisis" (1950). Allí expresa que se llega a la etapa final de un análisis cuando han sido suficientemente disminuidas las ansiedades paranoides y depresivas mediante la elaboración repetida de ambas posiciones. En "Los orígenes de la transferencia" (1952) reafirma que las interpretaciones deben explicar tanto las relaciones de objeto tempranas, que se reactualizan y evolucionan en la transferencia, como las fantasías inconscientes que el paciente tiene en su vida actual.

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Aportes de Melanie Klein

Melanie Klein, dentro del movimiento psicoanalítico, constituye la figura más representativa de la llamada "escuela inglesa". Sus aportes a la teoría freudiana resultaron de fundamental importancia en la comprensión de ciertos fenómenos psicopatológicos, y a la vez permitieron una más efectiva aplicación de la técnica al tratamiento de las psicosis. La metodología empleada por esta investigadora se basó principalmente en el análisis del juego en la situación terapéutica, y en la reconstrucción psicoanalítica de las primeras relaciones objetales a través del análisis de la transferencia, esto es, la relación especial que el paciente establece con el analista reflejando su modo primitivo de vincularse con los objetos. Este modo no puede recordarse por su carácter preverbal, pero sí puede ser actuado en el marco de la misma relación transferencial, y en esa circunstancia, ser interpretado. La peculiaridad de los aportes de Klein resulta de que antedata la constitución de las instancias que hemos descripto anteriormente (Yo y Súper-Yo). A diferencia de lo postulado por Freud, su trabajo con niños la impulsó a afirmar que existen rudimentos del Yo y del Súper-Yo desde el comienzo mismo de la vida. Esto la condujo a una visión del desarrollo precoz que difiere bastante del pensamiento analítico clásico. En esta óptica se destacan sus postulados sobre una posición esquizoparanoide -entre uno y tres o cuatro meses-, y una posición depresiva -de cinco a seis meses en adelante-. Ambos fenómenos representan, para ella, la base de la estructuración más primitiva del psiquismo.

Pero ¿qué implica el concepto de "posición" en esta teoría? A fin de responder a este interrogante comenzaremos revisando las ideas de Klein sobre la precoz aparición del Yo. Según ella, para cada impulso instintivo (pulsional) existe -ya desde el nacimiento- una fantasía inconsciente de un objeto tal que corresponda a su satisfacción. No es necesario que el bebé tenga una experiencia previa de objetos pues, por definición, las pulsiones mismas son buscadoras de objetos. No existe, por lo tanto, una fase de narcisismo anobjetal. Pero sí se afirma que los primeros objetos ofrecidos a las pulsiones para su descarga no son reales, sino fantásticos. Hasta aquí tales fantasías, que permiten la descarga de la tensión, nos recuerdan la actividad alucinatoria postulada por Freud. Pero para Klein, estas fantasías innatas, también llamadas "objetos internos", no son una actividad del Ello: son producidas por el Yo, y resultan una expresión mental de las necesidades biológicas, por mediación del Yo.

Afirmar que la capacidad de crear fantasías es una función del Yo desde el mismo momento del nacimiento, implica postular un mayor grado de organización yoica que el que Freud concebía. Supone pensar que el Yo, aunque poco organizado al principio, es capaz desde entonces de "sentir ansiedad, utilizar mecanismos de defensa, y establecer relaciones objetales primitivas, en la fantasía y en la realidad" (Segal, 1964).

Vamos a partir de esta última definición para desarrollar con más detalle algunos conceptos del pensamiento kleiniano, a fin de acceder a cómo entiende esta autora el funcionamiento psíquico durante la posición esquízo-paranoide. Klein sostiene que el Yo existe desde el comienzo de la vida, y es capaz de sentir ansiedad. ¿De dónde proviene ésta? ¿Cuál es la pulsión que amenaza a este Yo rudimentario y lo obliga a defenderse? La autora afirma que lo que no puede ser soportado es la manifestación en la vida psíquica de la pulsión de muerte (que es la fuerza innata que tiende al regreso a la no-vida. Su percepción amenazaría las tendencias a la integración del Yo. Por lo tanto, debe ser "derivada" hacia afuera del aparato psíquico, parcialmente como tal, y parcialmente convertida en agresión. El Yo tiene entonces que defenderse de la pulsión de muerte, y con este fin utiliza diversos mecanismos de defensa, que según nuestra autora son más primitivos que los descriptos en el apartado precedente. A ellos recurre el Yo para defenderse en los momentos de mayor ansiedad, aquellos en los que se ve sometido a experiencias de privación o frustración de los objetos satisfactorios (lo cual lo deja a merced de la actuación de la pulsión de muerte, sin el aporte de estímulos adecuados del exterior -la madre- para movilizar las tendencias a la integración).

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momentos. Klein define el funcionamiento psíquico que se establece durante esta fase como posición esquizoparanoide, la cual abarcaría los primeros seis meses de vida, aunque nunca desaparecería del todo. En estos meses las relaciones objetales están marcadas por los procesos de escisión y la ansiedad predominante es la paranoide, que resulta del temor a los objetos persecutorios.

De acuerdo a lo dicho hasta aquí ¿cómo puede describirse dinámicamente la vida interior del bebé en la posición esquízo-paranoide? Klein piensa que desde un principio el bebé se relaciona con objetos, en la fantasía y en la realidad. Niega por lo tanto que exista un período sin objeto, es decir, una fase de narcisismo primario. Esta afirmación la distingue de todos los demás autores que vamos a ver en este capítulo, quienes adhieren de una forma u otra al postulado freudiano de un narcisismo primario. Consecuentemente, para Klein ciertas funciones yoicas, como la prueba de realidad, existen desde el nacimiento. Pero como dijimos, en un principio el Yo se relaciona con objetos fantásticos, que son los objetos internos fantaseados por el Yo. Estos objetos son además parciales, es decir, no son personas totales sino "partes" que satisfacen una u otra necesidad. La experiencia de la realidad (el objeto real, que corresponde al pecho y al cuidado materno) modifica desde un principio estas fantasías inconscientes primitivas. De manera que para Klein no existe la fantasía interna y la realidad externa como hechos absolutamente separados, tal como los encontramos en el pensamiento de Freud. Ella los concibe como dos dominios en mutua influencia. La experiencia de la realidad modifica la fantasía innata, y ésta condiciona la percepción de la realidad. La necesidad de gratificación induce entonces al bebé, en estos primeros momentos, a fantasear un objeto bueno que encuentra su correlato real en las buenas experiencias del maternaje (el pecho bueno). El bebé intenta entonces introyectar el pecho bueno como si fuera propio, lo cual fortalece la sensación de seguridad del Yo. En cambio, las experiencias de privación lo aterrorizan pues se siente absolutamente indefenso y a merced de la pulsión de muerte. Ésta, que no puede ser tolerada como tal en el aparato psíquico, se proyecta entonces sobre un objeto. De esta manera el miedo frente a aquella pulsión se transforma en miedo a un perseguidor (el pecho malo), que encuentra su correlato real en las experiencias eventuales de privación del cuidado materno. (La utilización de la palabra "pecho" se aplica aquí en el sentido de Winnicott, no sólo en referencia al pecho en sí mismo, sino a toda la técnica de la crianza). Como se ve, el bebé vivencia el mismo objeto-pecho como si fueran dos, distintos y parciales (escisión).

Por un lado, se relaciona con un pecho ideal que lo gratifica, y al que desea introyectar para fortalecer su Yo. Por otro, existe para él un pecho persecutorio, en el que proyecta sus propios sentimientos agresivos generados por la experiencia de la frustración. Ello a su vez le produce temor y ansiedad paranoide (persecutoria). El objeto persecutorio a veces se fragmenta, dando lugar a numerosos "perseguidores". En realidad, conviene aclarar que el juego de introyecciones, proyecciones y reintroyecciones, según Klein lo describe, es bastante más complejo. A veces, por ejemplo, se puede proyectar el objeto bueno para preservarlo de lo que se vive como abrumadora maldad interna. O bien se puede introyectar el objeto malo para identificarse con él y evitar así el castigo, en una especie de primitiva identificación con el agresor. Así también se puede introyectar el objeto malo sin identificarse con él, lo cual representa el origen de posibles temores hipocondríacos.

Podemos resumir entonces lo expuesto afirmando, con Segal, que "la posición esquízo-paranoide se caracteriza por el hecho de que el bebé no reconoce personas, sino que se relaciona con objetos parciales, y por el predominio de la ansiedad paranoide y de procesos de escisión" (Segal, 1964).

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síntesis e integración de los objetos parciales, así como del Yo bueno, y el Yo-malo. Si, además, en los primeros seis meses, predominan las experiencias gratificantes del maternaje, el bebé aprenderá a manejar la tensión, de manera más adecuada, disminuyendo entonces la tendencia a la escisión y a la proyección. Toda esta evolución conducirá a que, hacia el sexto mes de vida, se produzca el cambio capaz de marcar el pasaje hacía una nueva posición en la que el bebé puede reconocer a la madre como objeto total, así como a su propia relación con ella en cuanto Yo total.

Este reconocimiento implica la percepción de que el mismo objeto es a la vez la fuente de lo bueno (la gratificación) y de lo malo (la frustración o la privación). Concomitantemente, el Yo se transforma en un Yo total, que incluye sus aspectos buenos y malos, sus pulsiones libidinales y agresivas. Esto conduce al establecimiento de una nueva posición en el aparato psíquico: la posición depresiva. En palabras de Segal: "el reconocimiento de la madre como objeto total marca el comienzo de la posición depresiva, caracterizada por la relación con objetos totales, y por el predominio de integración, ambivalencia, ansiedad depresiva y culpa" (Segal, 1964).

Aclaremos qué significan dinámicamente los conceptos vertidos en el párrafo anterior, lo que nos ayudará a comprender el nuevo funcionamiento psíquico, característico de la etapa depresiva. El reconocimiento de la madre como objeto total, independiente de sí, a consecuencia del predominio de la integración, implica aceptar que ella es un individuo con una vida propia, y que tiene relaciones con otras personas que no son el bebé. Implica también percibirse a sí mismo como individuo único, separado de la madre. Esta es la fuente de sensaciones de desamparo y celos, tanto como del temor a perder el amor de la madre. El bebé siente entonces ambivalentemente respecto de ésta, pues ahora la percibe como la fuente, no sólo de sus gratificaciones, sino también de sus frustraciones. Por ello la ansiedad propia de esta posición (ansiedad depresiva) resulta del temor a que los propios impulsos destructivos, antes dirigidos a un fantástico "objeto malo" distinto de la madre, dañen ahora al objeto del cual se depende totalmente. Cuando se ve expuesto a situaciones de privación el bebé siente impulsos agresivos hacia la misma madre a quien ahora reconoce como la fuente de la gratificación. El bebé siente fantásticamente que dichos impulsos son capaces de dañarla. Pero ella es a la vez la fuente del amor y de la satisfacción. Lo que produce ansiedad depresiva y culpa, dos típicos sentimientos de este período. La destructividad pulsional debe entonces ser morigerada por nuevos mecanismos de defensa, distintos de la escisión y la proyección. Así, para Klein, la preocupación por la integridad del objeto es la que cambia los fines pulsionales. "La experiencia de depresión”, dice Segal, "moviliza en el bebé el deseo de separar al objeto de los objetos destruidos (...) El conflicto depresivo es una lucha contra la destructividad del bebé, y sus impulsos amorosos y reparatorios". Al advertir su propia existencia como Yo individual, así como la de los objetos en cuanto entes separados, el bebé perfecciona su distinción entre fantasía y realidad, que según Klein existía desde un principio, aunque rudimentariamente. A la vez, sus propios impulsos amorosos y reparatorios se convierten en las fuentes ulteriores de la sublimación, la creatividad, y la capacidad de establecer un amor objetal, con un mínimo de catexia agresiva. Tales impulsos reparatorios se dirigen no sólo a los objetos externos sino a los internos, que han fortalecido al Yo por introyección. De esta manera se afianza la creencia en la bondad del Yo y en su capacidad de amor y reparación. La introyección del objeto materno total fortalece al Yo, en mutua influencia con la maduración fisiológica de este último, y favorece el desarrollo de la percepción, la memoria, el pensamiento, etc. Este desarrollo se ve sostenido por aquellos estímulos ambientales que le otorguen al bebé confianza en sus impulsos reparatorios. Lo que implica, principalmente, el predominio de situaciones de cuidado y gratificación materna, capaces de desmentir los temores de haberla destruido tanto a ella como a su amor. Gradualmente el Yo, fortalecido por la introyección del objeto total y la integración, encuentra nuevos recursos para influir sobre la realidad externa, con lo que los mecanismos de defensa más primitivos son reemplazados por los que Freud había descripto, especialmente la represión. A la vez la integración favorece el perfeccionamiento del sentido de realidad.

Una vez más, como en la posición esquízo-paranoide, la calidad preponderantemente negativa de los estímulos ambientales puede interactuar con las fantasías del bebé. Cuando la realidad externa desmiente las fantasías reparatorias del Yo, y predominan las experiencias que parecen confirmar el poder de sus fantasías destructivas (esto es, las experiencias de privación del amor materno, que se viven como causadas por la destrucción de la madre buena por tales fantasías), el Yo pierde la confianza en su capacidad de reparar interna y externamente los objetos buenos. De manera que el pequeño vive con el temor de haberlos destruido. Por lo tanto, el sentido de realidad se debilita, y el desarrollo del Yo se empobrece.

Corresponde decir aquí unas palabras respecto de la concepción kleiniana sobre el desarrollo del Súper-Yo, ampliando lo que ya adelantáramos. Klein afirma que desde el comienzo existen rudimentos del Súper-Yo. Rudimentos que resultarían de la introyección del objeto persecutorio (precursor de la conciencia moral) y del objeto ideal, (precursor del ideal del Yo que puede tornarse tiránico por sus exigencias) durante la etapa esquizo-paranoide. Cuanto más primitivas estas introyecciones, más fantástica será la naturaleza del Súper-Yo resultante.

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origen del Súper-Yo. Cabe decir que para Klein este complejo también está antedatado, aunque no tanto como la constitución del Súper-Yo, de la cual lo desvincula genéticamente. Con la experiencia ulterior, y el predominio de la integración en la posición depresiva, lo persecutorio del Súper-Yo tiende a morigerarse, adquiriendo, según Segal, "el carácter de padres buenos y amados. Dicho Súper-Yo no es sólo la fuente de sentimientos de culpa, sino un objeto de amor y, además, un objeto que, según lo siente el niño, lo ayuda en su lucha contra los impulsos destructivos”. (Segal, 1964).

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