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I.

L

OS

P

RESOCRÁTICOS

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La Filosofía Griega Página 2 de 11

Índice.

I. Los Presocráticos ... 1

1 El paso del mito al logos. ... 3

2 La naturaleza como problema. ... 4

3 Los filósofos presocráticos. ... 4

3.1 La escuela de Mileto... 4

3.2 La escuela itálica. ... 6

3.3 Heráclito de Éfeso. ... 6

3.4 Parménides de Elea. ... 7

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El paso del mito al logos Página 3 de 13

1 El paso del mito al logos.

La forma en que el ser humano responde ante el aparente caos de acontecimientos que la experiencia muestra es buscando un orden subyacente que lo explique y regule. Con él podrá explicar el origen y comportamiento de seres y acontecimientos de importancia para su vida: el universo, la rotación de las estaciones, las plantas medicinales…

Conociéndose como un ser racional y emotivo, que se mueve por impulsos y deseos: venganza amor, venganza, celos, optimismo…, proyecta esa forma suya de ser para explicar el propio mundo que le rodea. Y así se concibe en un mundo a merced de seres superiores con una forma de actuar semejante a la suya.

Esta es la génesis de la explicación mitológica del mundo, cronológicamente las primeras, y que esencialmente utilizan voluntades sobrenaturales en su desarrollo. En Grecia, se condensaron en los poemas mitológicos de Homero y Hesiodo. Con ellas no sólo se dan cuenta de los fenómenos físicos, como la lluvia, la enfermedad o el rayo, sino de los propios impulsos pasionales del ser humano que parecen escapar de su control y que explican y excusan la debilidad y la fortaleza de los humanos.

La originalidad de la explicación racional está en intentar trasladar la explicación sobre el caos que la experiencia muestra a fuerzas impersonales, a fuerzas sin voluntad, y por tanto a expulsar de la explicación la parte emocional que presenta el ser humano dejando sólo la racional. La principal virtud de esta clase de explicaciones es que se anuncia capaz de justificar racionalmente su validez.

El modo de explicación racional presentará dos estrategias distintas.

La primera consiste en adoptar como agentes explicativos elementos naturales; físicos. Por ello estas explicaciones se denominan explicaciones físicas.

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La naturaleza como problema. Página 4 de 13

2 La naturaleza como problema.

La filosofía aparece en Grecia sobre el siglo VII a. de C., y lo hace al hilo de una serie de problemas que toman a la naturaleza como eje central.

Por naturaleza (φύσις – fisis) se entiende al conjunto de los seres naturales; es decir no fabricados por el ser humano.

Los problemas que la naturaleza plantea son variados: su origen, su multiplicidad, pero sobre todo el del cambio natural. Lo que el cambio produce es que los seres dejen de ser lo que son y, en su caso, pasen a ser otra cosa.

La experiencia del mundo muestra que éste es inestable. Los seres son, cambian y dejan de existir. Ese mismo cambio natural provoca que los seres sean múltiples, haciendo que sean distintos entre sí, que aparezcan unos y desaparezcan otros. Y así, una rama que arde y se transforma en ceniza plantea el problema de ¿qué pasó con la rama, o de dónde viene la ceniza? Otros cambios, más superficiales, siguen planteando la cuestión; por ejemplo, una hoja de árbol verde pasa en otoño a ser amarilla y entonces, ¿es la hoja verde o amarilla?, ¿qué pasó con el verde?, ¿dónde estaba el amarillo antes de aparecer en la hoja?

El primer grupo de filósofos que intentarán dar una explicación racional a la naturaleza como problema se denominan “presocráticos”. Cronológicamente la mayoría son anteriores a Sócrates, aunque algunos fueron contemporáneos suyos. Y lo que comparten como grupo es la forma en que intentaron solucionar este problema.

Consideraron que detrás de ese aparente caos de seres que muestran los sentidos debía existir un ser permanente e inmutable, discernible por la mente, que siendo él mismo inmutable, exento de corrupción y variación, explique el origen de toda la variabilidad de seres que muestran los sentidos.

Lo que los sentidos nos muestra que cambia no sería más que una apariencia. Por debajo del cambio, de manera no perceptible directamente por los sentidos, existiría algo que nunca cambia, que no es múltiple, sino que tan sólo adopta apariencias distintas.

A ese ser inmutable de lo que todo está hecho, que no se genera ni se corrompe, sino que es principio de todo lo que se genera y corrompe, se le denominará arjé (ρχή). Y dependiendo de si se considera que el arjé es un elemento físico, o metafísico, tendremos un tipo u otro de explicación racional.

Las explicaciones físicas entenderán que las cosas en general consisten en ser agregados de otras cosas físicas más simples, que a su vez se componen de otras y que terminan, al final, por estar hechas de una última sustancia natural que sería el arjé de todo, ya que todo resulta estar hecho de él. Ese arjé, siendo físico, existe en sí y por sí mismo, no es originado por otro, y es de lo que todo otro está hecho. Él mismo es inmutable, no cambia, y son sus distintas manifestaciones las que dan lugar a nuestra experiencia del cambio.

3 Los filósofos presocráticos.

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Sócrates. Página 5 de 13

La primera respuesta filosófica la da Tales de Mileto1 (624-546 aproximadamente) en el siglo VI a. d. C.

Tales inaugura la escuela jónica, o escuela de Mileto, que incluye a dos pensadores más, Anaximandro y Anaxímenes, ambos de Mileto.

Aunque son pocas las referencias indirectas que tenemos sobre ellos parece acreditado que los tres vivieron en un mismo tiempo y que compartieron entre sí vínculos de maestro y discípulo.

Siendo la pregunta que se plantean ¿de qué está hecho el mundo? La escuela de Mileto propondrá, de manera común, que el arjé buscado en un elemento material y único, y diferirán entre ellos en cuál es ese arjé.

Así Tales piensa que es el agua y que, por tanto, todos los seres naturales se derivan del agua; es decir están hechos de agua.

La manera corriente de explicar por qué Tales se decanta por el agua es señalar que es un elemento que puede adoptar los estados físicos de sólido, líquido y gaseosos, lo que le habilitaría, más que otros, para realizar la función de arjé.

El siguiente integrante de la escuela Anaximandro de Mileto2 (610-547) considera que el arjé, aun siendo material, no es un algo determinado que se pueda señalar a la vista como el agua o el aire, sino un ser indefinido, al que denomina apeiron, es decir “lo indeterminado”.

Para Anaximandro el mundo muestra una oposición entre caliente y frio, seco y húmedo; ocurriendo que siguen un ciclo en el que prevalecen unos sobre otros. Y así el calor del sol seca el agua, y el agua apaga el fuego; a nivel cósmico se produce la rotación de las estaciones. Para Anaximandro no sería razonable considerar que el agua pueda ser el arjé de su opuesto: el fuego, ya que presentan propiedades contrarias. El arjé debe ser una masa indiferenciada en la que los opuestos se encuentran de modo latente, indiferenciado; el apeiron, y es en su “salida” desde el apeiron donde adquieren su características de opuestos.

Y por último, Anaxímenes de Mileto3 (588-524 ó 525), pensará que el arjé es el aire.

Si el mundo fuera una sustancia inerte no habría razón para explicar por qué cambia; le haría falta una fuerza exterior que la llevase a cambiar. Para Anaxímenes ese arjé original debe llevar en sí mismo la causa de su cambio. Tradicionalmente se consideraba que el alma era “aliento” o “aire”. Como señala Conford “si queremos

1Puedes ver las referencias antiguas a Tales, así como los pocos fragmentos conservados, en:

http://www.filosofia.org/cur/pre/talesfyt.htm

2Y los de Anaximandro de Mileto en:http://www.filosofia.org/cur/pre/aximafyt.htm

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Sócrates. Página 6 de 13

comprender a los filósofos del siglo VI, tenemos que librar a nuestra mente de la concepción atomística de la materia muerta en movimiento mecánico, y del… dualismo de materia y espíritu”. Si el alma o anima es lo que anima la materia, le da movimiento propio, es razonable considerar que siendo el alma aire especialmentemente rarificado y caliente, sea el aire el arjé del universo.

El proceso mediante el cual el aire es capaz de dar lugar a los demás elementos se basa, según Anaxímenes, en la rarefacción y la condensación. La condensación enfría el aire, mientras que la rarefacción lo calienta.

Tales de Mileto Anaximándro de Mileto Anaxímenes de Mileto

3.2 La escuela itálica.

La escuela itálica fue fundada por Pitágoras de Samos (582-496 aproximadamente).

Pitágoras accede al pensamiento filosófico desde un interés religioso.

Esencialmente sus ideas religiosas consideran que el alma humana es inmortal y se reencarna sucesivamente en un proceso paulatino de mejoramiento que le lleva, en última instancia, a unirse al espíritu universal del que procede. El universo es uno eterno y divino, en su mejor parte es un aire o aliento que impregnando todo da vida. Pitágoras comparte estas ideas con otras sectas místicas, denominadas órficas, de su tiempo, pero mientras estas consideran que es el ritual el que lleva a la purificación del alma, Pitágoras, añade la moralidad.

La novedad del pensamiento filosófico de los pitagóricos está en la noción de orden o límite.

Los seres no se diferencian entre sí por la materia de la que están hechos, que es la misma en todos, sino por el orden, por la organización de esa materia en términos de cantidad numérica que los hace ser unos u otros.

Los organismos vivos, las regularidades naturales: como las estaciones, la música, el movimiento de los astros…, todo ello no es más que la organización cuantitativa de la materia que los componen.

Mientras los jónicos buscan un arjé material, Pitágoras y su escuela consideran que el arjé no es una materia, sino el número. Y al final las cosas no son más que números. Las cosas esconden en sí números, y si las cosas son distintas entre sí lo son por una relación numérica.

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Sócrates. Página 7 de 13

Para Heráclito (535-475 aprox.) es un error, que va contra lo que la percepción nos muestra, buscar un arjé físico e inmutable. El arjé no es ningún elemento físico, como buscaba la escuela de Mileto, sino algo que actúa sobre lo físico, produciendo su cambio, sin ser él mismo nada físico: es devenir. El constante devenir de las cosas es la característica esencial del mundo. Todo fluye (πάντα ρεῖ), todo cambia continuamente.

Para representar este carácter fluyente de la realidad sensorial Heráclito apela al fuego, y lo señala como sustancia primordial. Pero no hay que entender al fuego como un arjé físico, sino como la representación física del devenir que es consustancial al mundo.

Sin embargo, Heráclito, piensa que por detrás del cambio aparente existe una realidad responsable y directora que no cambia; aunque, en los fragmentos conservados, no acaba de caracterizarla.

Quizá por eso Heráclito ha sido entendido como quien sostuvo que el arjé no era más que el propio devenir, que debajo del cambio no había nada, porque el cambio mismo lo era todo.

3.4 Parménides de Elea.

El otro gran representante del pensamiento metafísico entre los presocráticos es Parménides de Elea4 (510-440 aprox.).

Parménides es el fundador de la escuela eleática y el más importante de todos los filósofos presocráticos.

Él parte de lo que posteriormente se ha denominado “Principio de Identidad”. En la formulación de Parménides éste viene a decir que “El ser es; el no-ser no es”, pues bien, a partir de este simple principio, tan sencillo y evidente, Parménides deriva una serie de postulados que tiene que cumplir el ser, es decir, el conjunto de lo que es5.

El primero de esos postulados se encuentra que el ser tiene que ser uno.

Al afirmar que “el ser es” Parménides está caracterizando al ser con una única característica, la de existir. Por eso no puede existir otra cosa distinta del ser, ya que si existiese tal cosa, por existir, sería parte del ser.

De otra manera, si el ser no fuera uno entonces tendría que haber un ser con una característica distinta que la de existir; pero la característica opuesta a la de existir es la de no-existir, es decir la de no-ser; pero el no-ser, por el principio de identidad, no es; luego ese otro ser no existiría.

Además de ser uno, el ser es lleno, sin vacíos. Si el ser tuviera un vacío ese vacío sería, y si fuese no podría ser parte del no-ser, tendría que ser parte del ser; luego no existen vacíos en el ser.

El ser es eterno; es decir, existe desde siempre y siempre existirá.

Si el ser no hubiera existido desde siempre tendría que haber habido un tiempo pasado en el que, al no existir el ser, tendría que haberse dado el no-ser; pero el no-ser, según el Principio de Identidad, no es; luego no puede

4 En http://www.geocities.com/fdomauricio/parmenides.htm puedes encontrar lo que se conserva del poema de Parménides.

5Parménides utilizará la palabra “ente” (ὄν), que indica las cosas bajo la única característica de existir, de ser.

Heráclito de Éfeso

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Sócrates. Página 8 de 13

haber sido; siempre ha existido el ser.

Y por la misma razón seguirá existiendo en el futuro. Porque si en el futuro el ser dejara de ser tendría que darse el no-ser, pero el no-ser no es, luego no podrá darse el no-ser, siempre existirá el ser, éste es eterno.

También es ilimitado; es decir, no tiene límites que lo circunscriban.

Para tener un límite el límite tendría que ser, y eso lo haría parte del ser. Por otro lado, si se dijese que ese límite no es parte del ser entonces ese límite no podría existir, ya que, según el Principio de Identidad, el no-ser no es.

Pero sobre todo el ser tiene la propiedad de ser inmutable; y con eso se quiere indicar que nada que sea puede cambiar, y si no puede cambiar es que es inmóvil.

El ser no puede cambiar porque todo cambio del ser implicaría que pasase a ser otra cosa distinta de lo que es; pero la única otra cosa distinta del ser es el no-ser, sin embargo el Principio de Identidad afirma que “el ser es y el no-ser no es”, luego ese principio impide que el ser pase a no-ser, y eso es lo que implicaría el cambio.

Al cambiar hay al menos una propiedad que ahora no es y que pasaría a ser; luego, contra lo que afirma el Principio de Identidad, lo que no es sería.

Por ejemplo, si una hoja verde pasase a ser amarilla tendría que ocurrir que el amarillo, que ahora no-es, pasase a ser, y que el verde que es, pasase a no-ser, pero entonces, contra lo afirmado por el Principio de Identidad, lo que es no-sería, y lo que no-es sería.

La inmovilidad física del ser aún se puede explicar de forma más sencilla señalando que si el ser se moviera indicaría que está en un lugar y pasa a estar en otro, pero si el lugar al que se dirige existe es que sería parte del ser, luego no podría moverse hacia donde ya está; y si ese lugar no existe entonces no podría moverse, ya que no puede ocupar un lugar que no existe.

Parménides, guiado por el Principio de Identidad, ha caracterizado al ser como uno, lleno, eterno, ilimitado e inmutable; sin embargo las cosas tal y como las vemos a través de los sentidos se nos presentan de modo radicalmente distinto; parecen múltiples, efímeras, limitadas y mutables.

Para explicar esta dicotomía Parménides afirmará que existen dos vías, dos modos de establecer conocimientos.

La primera de las vías lleva a la verdad, y por eso la denomina vía de la verdad (αλήθεια– alezeia). Esta es la vía de lo que es y no puede no ser; que es la vía a la que apunta el Principio de Identidad. El instrumento para adentrarse en esa vía es la razón, y es la única que proporciona verdadero conocimiento. El objetivo de esta vía es el ser

La segunda es la vía de la opinión (δόξα- doxa), la vía de lo que puede ser y puede no ser. A ella se llega a través de la información que proporcionan los sentidos, pero esta vía no lleva al conocimiento, sólo a la opinión. El objetivo de esta vía es lo sensible.

No puede acabar en el conocimiento ya que conocer algo es decir de un sujeto que consiste en ser algo determinado, pero no puede haber conocimiento si se dice que consiste en ser algo determinado y en no serlo- sólo mera y mudable opinión.

Parménides distinguirá claramente entre dos ámbitos; el sensible, que contiene a los seres que se pueden ver y tocar pero que, al tropezar continuamente con el Principio de Identidad, se hacen impensables, absurdos, y por ello mismo Parménides los considera entidades irreales que sólo son apariencia.

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Sócrates. Página 9 de 13

Los planteamientos de Parménides tendrán una enorme repercusión en el mundo intelectual griego; no sólo en tanto que formará una escuela —la escuela eleática en la que destacará Meliso de Samos (nace el 470 aprox.), pero sobre todo Zenón de Elea (490-430)— sino en tanto que, con Heráclito de Éfeso, conformará un dilema intelectual que estará gravitando a lo largo de todo el pensamiento griego.

Y así, a partir de Parménides, el intento filosófico va a estar en reconciliar racionalmente, ambos ámbitos, el de la apariencia sensorial y el de la realidad racional.

3.5 Los filósofos pluralistas.

La reacción a lo dicho por Parménides es la negación de que la realidad sea una y así intentar justificar la verdad de la información que los sentidos nos muestran.

A tal fin los filósofos pluralistas: Empédocles, Anaxágoras y los atomistas Leucipo y Demócrito, afirmarán la existencia de varios arjés, aunque todos ellos materiales, para poder explicar esa enorme diversidad de seres que se ofrecen a través de la experiencia. El paso del ser al no ser, y viceversa, se negaría por imposible, como lo mostró Parménides, y se explicaría señalando que no era más que combinaciones fortuitas de una multiplicidad de arjés que son los únicos que merecen el nombre de existentes.

Y así, Empédocles de Agrigento (490-430) dirá que los arjés son cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego, los cuales, al combinarse entre sí en proporciones distintas, dan lugar a todas las cosas.

Lo que hace que esos elementos se mezclen y se separen son dos fuerzas cósmicas, el amor y el odio, que son quienes al intentan unir o separar los elementos entre sí dan lugar al cambio natural.

El predominio del amor produce la unión de los elementos, el predominio del odio su separación. En realidad el universo pasa por ciclos periódicos en los que primero una y luego otra de las fuerzas predomina.

Para Anaxágoras de Clazomene (500-428) los seres naturales están hechos de unas sustancias infinitas en número, e infinitamente divisibles, a las que denomina homeomerías, y que son distintas entre sí por tener cualidades distintas.

En un objeto cualquiera existirán infinitas homeomerías de todas las clases de homeomerías que existen, lo que hace que un ser muestre una u otra apariencia es el predominio temporal de una clase de homeomerías.

Parece que de esta manera Anaxágoras explicaba hechos observables como que, al comer una manzana, esta sustancia – manzana- pareciera “transformarse” en carne. Si esto ocurría era porque en la manzana estaban incluidas homeomerías de carne, de hecho, y según su teoría, estaban incluidas homeomerías de todas las cosas, ya que éstas son infinitas en número e infinitamente pequeñas, pero al comer la manzana, e incorporarla a nuestro organismo, serían las homeomerías de “carne” las que adoptarían “visibilidad” ocultándose la “visibilidad” de las demás clases de homeomerías.

El movimiento natural procedería de una mente (nous - νούς) que sería la encargada de producir el cambio al ordenar las homeomerías separándolas de su unión inicial. Ese nous o mente era algo diferente de lo material y era el iniciador del cambio natural. Sin embargo, su actuación se limitaba a eso, y Anaxágoras explica el movimiento natural por causas físicas y materiales.

Por último, y dentro de los pluralistas, se sitúan los atomistas, entre los que destacan Leucipo y sobre todo Demócrito

de Abdera (460-370), contemporáneo de Sócrates.

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Sócrates. Página 10 de 13

Los átomos son infinitos y cualitativamente iguales, sólo varían en tamaño, figura, peso y sutileza. Toda la experiencia de los seres humanos, la variabilidad de los seres y sus diferentes cualidades quedaba explicaba por esas únicas sustancias denominadas átomos.

Las cosas duraderas lo son por sus átomos están apretadamente agrupados, las blandas se forman por átomos más separados entre sí. Los átomos esféricos formarían los líquidos, mientras que se explicaba la existencia de cuerpos sólidos suponiendo que había átomos, con ganchos, que se engarzan fuertemente entre sí.

Lo que esencialmente distingue a los átomos de las homeomerías son dos cosas; los átomos no son infinitamente divisibles, y se diferencia entre sí por cuestiones cuantitativas, especialmente geométricas; las homeomerías, en cambio, son infinitamente divisibles y cualitativamente distintas.

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Sócrates. Página 11 de 13

PRESOCRÁTICOS

Tales de Mileto

el agua

Anaxímenes de Mileto

el aire

Anaximandro de Mileto

to apeiron: lo indeterminado Escuela Jónica arje: único y material

Empédocles de Agrigento

elementos: agua, aire, tierra, fuego el amor y el odio los mueven

Anaxágoras de Clazomene

homeomerías distintas entre sí por la cualidad infinitas en número e infinitamente divisibles

Atomistas: Leucipo y Democrito

los átomos y el vacío distintos en tamaño, peso y sutileza

pequeñísimas e indivisibles Pluralistas

arjé: varios y material

Físicos

Itálicos: Pitágoras el número

Transición

Heráclito

el devenir expresado por el fuego

Parménides

el ser uno, eterno, ilimitado, inmóvil

Referencias

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