Pagina Antehistoria: www.artehistoria.com/historia/contextos Guerra de Sucesión española
Época: fin siglo XVII
Inicio: Año 1660 Fin: Año 1789
Las excesivas ambiciones de Luis XIV, sus métodos agresivos, más la revocación del Edicto de Nantes (1685), acabaron de convencer a los países protestantes de la necesidad de una intervención directa. El emperador, ya victoriosamente libre de la ofensiva turca, España, Suecia y varios príncipes alemanes decidieron aliarse contra Francia en la Liga de Augsburgo (1685). Pero, antes que detenerse, el Rey Sol decidió una ofensiva mayor y ocupó el electorado de Colonia, para imponer un arzobispo a su medida y no de Roma o Viena, y más tarde el Palatinado, con el pretexto de defender los derechos de su cuñada, la duquesa de Orléans.
Cuando, tras la revolución inglesa de 1688, el "estatúder" Guillermo de Orange se convirtió en rey de Inglaterra, tanto este país como Holanda se incorporaron a la Liga. Desde estos momentos, Francia trató de ayudar a los Estuardo exiliados a recuperar el trono de Inglaterra, para cambiar así los intereses exteriores de ésta, enemistándola con Holanda. Pero mientras tanto tuvo que enfrentarse en ultramar a la flota holandesa.
La guerra se alargó cerca de diez años más, y el agotamiento llevó a unos y otros a firmar en 1697 la paz de Ryswick, por la que Francia hubo de abandonar la mayoría de los territorios ocupados desde 1681, salvo Estrasburgo y Sarrelouis, y comprometerse a no apoyar a los destronados Estuardos.
Los tratados no fueron lo gravosos que se podía esperar para Francia, porque ésta fue capaz, una vez más, de no acordar la paz con todos los aliados a la vez y de avivar las rivalidades que existían entre éstos. Así, conservó la parte de los territorios conquistados que más le interesaban, no renunció a sus pretensiones hereditarias sobre el Palatinado e impuso la condición a los príncipes alemanes de que las regiones restituidas conservaran la religión católica.
Por su parte, el problema de la sucesión al trono de Madrid, ya planteado desde la muerte de Felipe IV, requería una solución cada vez más urgente conforme pasaba el tiempo. Sin embargo, no parecía haber ninguna aceptable para la diplomacia internacional que no pasara por un reparto que evitara la formación de una nueva potencia hegemónica, lo que sucedería inevitablemente si la Corona española quedaba unida a Francia o al emperador.
La muerte de Fernando José complicó las cosas, obligando a un segundo reparto en 1700 entre el candidato francés y el austriaco. Con estas perspectivas, Carlos II testó a favor del duque de Anjou, segundo nieto de Luis XIV, el único que le parecía capaz de conservar la integridad de los territorios hispánicos. Pero este último dio una vez más pruebas de prepotencia, en vez de la diplomacia necesaria para tranquilizar a las demás potencias que en principio habían aceptado el testamento. Inmediatamente ocupó las plazas fuertes de los Países Bajos y provocó la formación de la última coalición contra él, en este caso firmada en La Haya en 1701, y de la que formaban parte, además del emperador que presentaba la candidatura de su segundogénito, el archiduque Carlos, Inglaterra, Holanda, Portugal, Dinamarca, Saboya y la mayoría de los príncipes alemanes.
La guerra estalló en 1702, y se llevó a cabo sobre todo en la línea fronteriza entre Francia y los aliados, que se encontraban en una situación claramente ventajosa, al atacar a su enemigo por varios frentes de forma simultánea.
Dentro de España la guerra se desencadenó más tarde entre los partidarios del archiduque, esencialmente la Corona de Aragón, y del duque de Anjou, esencialmente Castilla, que resistía difícilmente, ante al ataque inglés en 1708 a sus costas y por la frontera portuguesa, a pesar de haber reconquistado Valencia, Aragón y parte de Cataluña tras la batalla de Almansa en 1707.
Sin embargo, en 1710 la victoria de Brihuega-Villaviciosa permitió remontar al ejército de Felipe V una guerra que parecía irremediablemente perdida. En la Península, sólo Barcelona resistía.
En 1711 la situación internacional dio un quiebro por razones ajenas al campo de batalla. Al emperador Leopoldo había sucedido en 1705 su hijo mayor, José I, que murió a su vez sin descendencia en 1711. Por tanto, su hermano menor, el archiduque Carlos, se convertía en el emperador Carlos VI, con gran disgusto de sus aliados, ya agotados por una larga guerra, en la que habían participado sobre todo para mantener el equilibrio europeo, ahora de nuevo amenazado por una posible reproducción del Imperio de Carlos V.
Inglaterra, sobre todo, se mostrará decididamente partidaria de terminar una guerra que la agotaba económicamente y que causaba gran descontento en la población por la elevación de impuestos que sufría, firmando en 1711 con Francia los preliminares de paz, en los que reconocía a Felipe V como rey de España.
La guerra irá languideciendo ante el desinterés de unos y el agotamiento de otros hasta que en 1713 se inicien en Utrecht, bajo iniciativa inglesa, las negociaciones de paz, que se completarán con una serie de tratados parciales entre unos y otros contendientes. En 1714, Austria aceptó en Rastadt los acuerdos de Utrecht, terminando así definitivamente la guerra. En Utrecht-Rastadt se ratificará el equilibrio europeo. Ninguna de las grandes potencias tendrá el poder suficiente para imponerse a las demás, y se crearán además unas potencias medianas, Estados tapones que obstaculicen que cualquier veleidad hegemónica pueda llevarse a efecto.
Bajos, Milán, Nápoles y Cerdeña. Así, los largos años de guerra no impedirán el reparto de los territorios de la Monarquía española, como varias veces se había acordado previamente.
Las nuevas posesiones italianas de Austria, más las conseguidas en su frontera sudoriental en Karlowitz (1699) y Passarowitz (1718), desviarán en buena parte sus intereses desde el Imperio al mundo mediterráneo.
Francia, por su parte, logró al fin romper el cerco de los territorios Habsburgo y afirmar sus fronteras al conservar Lille y Estrasburgo. El equilibrio se refuerza, además, con la creación de una barrera preventiva alrededor de Francia, que le impida desbordar fácilmente sus fronteras.
A ello se debió la cesión de los Países Bajos a Austria, y a ello también el fortalecimiento de dos Estados medianos, Prusia-Brandeburgo y Saboya, que tendrán en el futuro un gran papel como catalizadores de la unión alemana e italiana.
Prusia, que ya en el siglo XVIII se convertirá en una potencia de rango superior, conseguirá la dignidad real y el principado de Neuchâtel, en Suiza, y la Alta Güeldres.
Víctor Amadeo II de Saboya también conseguirá el título de rey y acrecentará sus territorios con Niza y la isla de Sicilia, aunque posteriormente trocará Sicilia por Cerdeña, en favor de Austria, que mantendrá en Italia el Reino de Nápoles y Sicilia y el Milanesado con Monferrato, segregado de Mantua.
Finalmente, Holanda ampliará sus territorios a lo largo de su frontera con los Países Bajos, y Portugal recibirá parte de la Guayana francesa.
La gran vencedora será Gran Bretaña, que consolidó su posición como potencia marítima y comercial. En el Mediterráneo conservará Menorca y Gibraltar, conquistadas a España en el transcurso de la guerra, y le arrebatará la concesión del envío de un barco anual a las Indias españolas (el navío de permiso) y el derecho del asiento de negros en las mismas colonias.
Francia renunciará al apoyo a los Estuardos y reconocerá a la nueva dinastía Hannover, que reinará en Gran Bretaña desde 1714, además de cederle la isla de San Cristóbal, en las Antillas, y los territorios alrededor de la bahía del Hudson, Acadia y Terranova, donde no conservará más que el derecho de pesca.
El equilibrio europeo quedó así asegurado durante cerca de un siglo. En el Continente, Francia, Austria, Rusia y enseguida Prusia serán potencias similares que se contrarrestarán mutuamente. Inglaterra dominará ya claramente en el terreno económico, teniendo difícilmente rival en el dominio marítimo, y la Monarquía española, después de la desmembración de sus territorios, y a pesar de cierto restablecimiento bajo los gobiernos ilustrados, habrá quedado definitiva e inexorablemente relegada a un lugar secundario.
La batalla de Blenheim Época: fin siglo XVII
Antecedentes Guerra de Sucesión española
La muerte del rey español Carlos II en 1700 provocó el interés de Luis XIV por controlar la herencia de la monarquía hispánica y los recelos de la alianza formada por ingleses, holandeses y austriacos ante esta posibilidad.
La sucesión española fue motivo de discordia durante trece años, llegando la rivalidad al campo de batalla. El 13 de agosto de 1704 tuvo lugar una de las batallas más importantes, planteada en pleno corazón de Europa, en la región del Alto Danubio. La población de Blenheim, bajo control francés, fue el escenario elegido para iniciar la confrontación, pues una victoria aliada supondría asegurar Viena, asediada por tropas francesas.
La noche del 12 de agosto el duque de Marlborough, al mando de las tropas aliadas, inició el asalto por sorpresa a las posiciones de Tallart, el general francés. Ambos ejércitos disponían de un similar número de efectivos; sin embargo el inglés contaba con una más poderosa caballería.
Para aprovechar este hecho, Marlborough fingió atacar los pueblos situados en los flancos de la línea francesa, en especial Blenheim, con el fin de hacer concentrarse allí al mayor número posible de tropas francesas y debilitar su gran objetivo, el centro. En efecto, la caballería francesa acudió en ayuda de los defensores de Blenheim, siendo rechazados y obligados a huir en desbandada. Sin embargo, la batalla aun no había acabado. Tras vadear el Nebel, las tropas aliadas se reagruparon y fueron vencidas en Oberglau, quedando el flanco derecho del centro de Marlborough al descubierto. En su ayuda corrieron los coraceros del príncipe Eugenio, que lograron rechazar el ataque de Marsin y estabilizar el centro aliado, desalojando a los franceses de Oberglau.
Una vez contenido el empuje francés, y con las tropas del príncipe Eugenio luchando en el flanco izquierdo francés, Marlborough lanzó el grueso de su tropa contra el centro francés, situado entre Blenheim y Oberglau.
El asedio sobre Blenheim por los ingleses había debilitado enormemente las posiciones francesas; aun así, un primer ataque inglés fue rechazado, tras lanzar el francés Tallart un ataque de su caballería.
Tras reagruparse, se decidió castigar con artillería las líneas francesas para, más tarde, facilitar el avance de las tropas aliadas. Ante la presión, la resistencia se hizo inútil y los franceses se vieron obligados a retirarse en desbandada o rendirse. El resultado de la batalla, además de suponer la primera gran derrota de Luis XIV, conllevó la anexión por Austria de los Países Bajos españoles, Nápoles y Milán. Saboya, ahora transformada en reino, obtuvo Niza y Sicilia, que en 1720 cambió por Cerdeña. Inglaterra, la gran beneficiada, vio reconocida la sucesión protestante, recibió de Francia la Nueva Escocia, Terranova y los territorios del Hudson, y restó a los españoles Menorca y Gibraltar, convirtiéndose en la gran potencia hegemónica mundial.
La sucesión austriaca
Inicio: Año 1660 Fin: Año 1789
Prusia y la diplomacia francesa y británica La segunda guerra de Silesia
Rivalidades e intereses ultramarinos Fin de los conflictos
Tratado de Aquisgrán
En 1739-1740 existían múltiples intereses y desacuerdos, que desembocarían en una guerra casi general, donde destacaban los objetivos prusianos, las rivalidades coloniales franco-británicas, los problemas italianos y la enemistad anglo-española de 1739, provocada por la respuesta de Madrid al contrabando de los navíos británicos en América.
Alemania se convirtió en el eje de la diplomacia del momento por la prematura muerte de Carlos VI y la crisis sucesoria, que afectaba a numerosos países interrelacionados por una red de alianzas. Las estipulaciones de Westfalia quedaban muy lejos y la restricción de no ir contra el emperador estaba desfasada. Las tensiones austro-prusianas no eran nuevas y se habían centrado en los últimos años en la negativa de Carlos VI a la anexión por los Hohenzollers de los ducados de Berg y Cleves con argumentos hereditarios. Esto coincidió con el ascenso al trono de Federico II de Prusia que, con la base militar y administrativa existente en sus dominios, se dispuso a iniciar sus proyectos expansionistas con la conquista de Silesia, rica, poblada y protestante, que le serviría para reforzar su influencia en el Imperio y acabar con los planes de Augusto III de Polonia.
Los esfuerzos de Carlos VI por evitar problemas sucesorios con el reconocimiento de la Pragmática Sanción por casi toda Europa no tuvieron ningún éxito y, desde el momento de su muerte, aquellos candidatos con cierto respaldo legal presentaron sus reclamaciones. María Teresa había heredado los estados patrimoniales, pero joven y con escasos medios financieros y militares, se presentaba como un cebo fácil de agarrar, a lo que contribuía la dudosa lealtad de muchos de sus súbditos, deseosos de quitarse el yugo de los Habsburgo, entre los que sobresalían no pocos nobles de Austria, Bohemia y Hungría.
Ninguno de los reclamantes planteaba reivindicaciones generales, pero unidas eran suficientes como para acabar con el poder de la familia austriaca. Carlos Alberto de Baviera y Augusto de Sajonia, esposos de las hijas de José I, querían, respectivamente, Bohemia y la Corona imperial y Moravia; Carlos Manuel de Cerdeña ambicionaba el Milanesado y una salida al mar a través de Génova; Felipe V reclamaba los ducados de Parma y Piacenza. Ahora bien, Fleury analizó las consecuencias de las posibles alianzas con los oponentes de María Teresa para no verse arrastrado a una lucha sin sentido.
Comprometido por sus anteriores actuaciones, confirmó su contradictorio programa diplomático y, aunque no rechazaba la Pragmática, respaldaba a los bávaros.
Prusia y la diplomacia francesas y británica
La segunda guerra de Silesia
Tuvo el preámbulo en la declaración de guerra de Luis XV a Gran Bretaña y Austria en marzo-abril de 1744. Los conflictos comenzaron con la formación de la Unión de Frankfort, en mayo de 1744, compuesta por Francia, Prusia, Carlos VII y algunos príncipes alemanes. El objetivo principal era la defensa de las libertades germánicas con el rescate de Baviera y la proclamación como emperador de Carlos VII. No cabía duda de que tales acontecimientos suponían el gran fracaso de la política de Carteret, destituido en noviembre, sustituido por Henry Pelham. Por su parte, Luis XV designaba secretario de Estado para los negocios extranjeros al marqués D´Argenson, enemigo acérrimo de los Habsburgo y defensor a ultranza de las libertades italianas. Con el tratado franco-prusiano de junio de 1744 se volvía a la posición inicial y, en cuanto los coaligados penetraron en Alsacia, Federico II empezó la conquista de Bohemia, lo que provocó la retirada de las tropas austríacas de suelo francés. Prusia fracasó en Bohemia por la falta de ayuda de Versalles y tuvo que replegarse. Las perspectivas no eran demasiado favorables porque temía el ataque combinado de los ejércitos austriacos y sajones, y la entrada en el Electorado resultaba muy peligrosa por la presumible reacción de Rusia y Austria; finalmente, se decidió y capturó Dresde. Sus precarias relaciones diplomáticas con la zarina Isabel y el desgaste financiero le llevaron a plantearse la paz. Sajonia aceptó con rapidez, pero María Teresa, cansada de sacrificios, propuso conversaciones a Francia para el abandono de la amistad con Prusia, a cambio de cesiones territoriales en los Países Bajos y en Italia a don Felipe. Fracasada la iniciativa, pues era evidente que Federico II frenaba el poder de los Habsburgo, la archiduquesa firmó el Tratado de Dresde, en diciembre de 1745, también bajo la presión de la retirada de los subsidios británicos, por el que confirmaba el dominio prusiano sobre Silesia. Este acuerdo estuvo precedido, en julio, de la Convención de Hannover entre Federico II y Jorge II, con cláusulas de carácter ofensivo-defensivo. Otra vez Prusia había abandonado la alianza con Francia en su propio provecho porque sus planes de una marcha sobre Viena se ignoraban y la guerra de los Países Bajos no le interesaba o, aún peor, podía perjudicarle si cambiaba la situación internacional. Muerto Carlos VII, en enero de 1745, quedaba eliminado el problema y María Teresa se apresuró a asegurar la candidatura de su marido, convertido en septiembre de 1745 en Francisco I, lo que suponía el triunfo de los Habsburgo y el aumento de su poder e influencia.
Rivalidades e intereses ultramarinos
En 1744, la declaración de guerra anglo-francesa significaba una verdadera lucha colonial entre ambos Estados, que no era otra cosa que la caja de resonancia de las contiendas continentales. Ninguno de los oponentes perseguía la suplantación absoluta, pues supondría el aumento de la oferta y la caída de los precios, pero sí querían la reducción del número de plantaciones y el deterioro de los circuitos enemigos. La falta de seguridad de los escasos enclaves franceses y las defectuosas rutas inglesas hicieron que se mantuviesen los mismos objetivos hasta el final de la contienda. Al igual que en otros escenarios ultramarinos, por ejemplo, en la India, los resultados fueron dudosos e imprecisos, salpicados con algunos éxitos de importancia por ambas partes; por ejemplo, en junio de 1745, Francia sufrió un revés con la captura de Luisburgo, en la desembocadura del San Lorenzo, gracias a la combinación de tropas británicas y coloniales.
El gobierno de D`Argenson complicó la política francesa en Italia y no favoreció nada la coalición antiaustríaca, triunfante en el Milanesado, pero en 1746 fueron derrotados en Piacenza y las tropas enemigas entraron en Provenza. Deseoso de establecer un Confederación de Estados basada en Piamonte, desaprovechó múltiples oportunidades por su afán de acercarse a Carlos Manuel, cuando éste tenia proyectos muy personales. La guerra terminó con el gran fracaso francés en el puerto de Exilles, en 1747. Además, un año antes, había muerto Felipe V y desaparecía la influencia de Isabel de Farnesio, que había marcado una época. Su sucesor, Fernando VI, casado con la probritánica Bárbara de Braganza, abandonó las cuestiones italianas y quedaron estancadas las hostilidades. Por su parte, Londres quiso atraerse a España y retirarla del bando galo, mas las complicadas negociaciones no cuajaron por el controvertido tema de Gibraltar y la petición de mayores ventajas comerciales en América. Tales conversaciones no tuvieron por menos que crear recelos e inseguridades en la corte de Luis XV. Retomando las estrategias de anteriores campañas, Versalles volvió de nuevo sus miras hacia los Países Bajos con el fin de ganar posiciones en la contienda. Tal como se había proyectado, un ejército francés al mando de Mauricio de Sajonia conquistaba los Países Bajos con tres importantes victorias: Fontenoy, en 1745; Recourt, en 1746, y Lawfeld, en 1747. Tampoco las fuerzas británico-holandesas, respaldadas por contingentes austriacos, pudieron evitar la invasión de Holanda, lo que provocó el triunfo de Guillermo IV de Orange frente a los regentes por el nombramiento de estatúder por las siete provincias, aterradas ante la inminente agresión exterior. Los deseos de paz se extendieron entre todos los combatientes, pero no había consenso para el inicio de las discusiones porque Gran Bretaña quiso imponer sus criterios y buscó la victoria total en la guerra. La caída en desgracia de D'Argenson y la ofensiva en Holanda para la ocupación de la desembocadura del Rin, disuadieron a Londres de prolongar aún más la situación. Mientras, Versalles accedía a la mediación holandesa en las conferencias, sobre todo cuando Francisco I se retiró de los campos de batalla. Había logrado sus objetivos y hasta contaba con los subsidios de Rusia si Prusia persistía en su actitud.
Tratado de Aquisgrán
Estados de los Habsburgo salieron fortalecidos y mejor preparados para ocupar un papel protagonista en el juego de las relaciones internacionales, a pesar de las presiones ejercidas sobre María Teresa en momentos cruciales. Holanda, sin fuerza militar y con las trabas derivadas de las diferencias internas, quedó como una potencia de segunda fila y perdió su antiguo prestigio. Italia parecía haber iniciado el tan deseado equilibrio entre las fuerzas de los Borbones y de los Habsburgo, auspiciado por los proyectos de consolidación de María Teresa y Carlos Manuel. Sin embargo, Gran Bretaña se había dejado arrastrar por los intereses coloniales y no prestó demasiada atención a las irregularidades diplomáticas de su gabinete, que le costaron el alejamiento de Austria y Holanda. Su actividad directiva redundó en ventajas para Francia, que mantenía sus posesiones territoriales, conservaba Silesia en manos de Prusia, intervenía en la política interior alemana y garantizaba la seguridad de sus fronteras. Bien es verdad que la alianza de Versalles y Madrid se resintió por la pérdida de Gibraltar y Menorca, criticándose su actitud conciliadora con Londres y Berlín, pero preservó en gran parte el papel de árbitro de Europa. En definitiva, la Guerra de Sucesión austríaca había estado caracterizada por la incertidumbre diplomática.
Guerra de Sucesión Española De Wikipedia
Conflicto internacional por la sucesión al trono de España tras la muerte de Carlos II que duró desde 1702 hasta 1713 y que se saldó con la instauración de la Casa de Borbón en España.
* 1 Situación política previa * 2 Felipe V ocupa el trono * 3 Primeras acciones bélicas
* 4 Los aliados llevan la guerra a la península * 5 El Archiduque Carlos en Barcelona y Madrid
* 6 Almansa y acontecimientos posteriores. Ruptura con Luis XIV * 7 Brihuega y Villaviciosa
* 8 Últimas campañas y la Paz de Utrecht
* 9 Aislamiento y capitulación de Cataluña y Mallorca * 10 Conclusiones
* 11 Artículos relacionados
Carlos II El Hechizado
El último rey de España de la casa de Habsburgo, Carlos II el Hechizado, impotente y enfermizo, murió en 1700 sin dejar descendencia. Durante los años previos a la muerte de Carlos II, la cuestión de la sucesión a la corona española comenzó a pesar en la política internacional europea y se hizo evidente que España y su imperio constituía un trofeo tentador para las distintas monarquías europeas. Tanto Luis XIV de Francia como el emperador Leopoldo I estaban casados con infantas españolas hijas de Felipe IV, por lo que ambos alegaban derechos a la sucesión española (las madres de ambos eran hijas de Felipe III).
coronas, hubiese significado, en la práctica, una anexión de España y su vasto imperio colonial por parte de Francia, en un momento en el que Francia era una potencia lo suficientemente fuerte como para poder imponerse como potencia hegemónica en Europa.
Como consecuencia de ello, Inglaterra y Holanda veían con recelo las consecuencias que pudiera tener el que España y Francia quedasen unidas en la misma casa real y el peligro que para sus intereses pudiera suponer la emergencia de una potencia de tal orden. Los candidatos alternativos eran el emperador Leopoldo I de Austria, un primo hermano de Carlos II, y el Príncipe Elector José Fernando de Baviera. El primero de ellos también ofrecía problemas formidables, puesto que su elección como heredero hubiese reunido de nuevo el imperio Habsburgo del siglo XVI (deshecho por la división de la herencia de Carlos V entre Felipe II de España y Fernando de Austria). Por ello Francia temía que volviese a repetirse la situación de los tiempos de Carlos I de España, en la que el eje España-Austria aisló fatalmente a Francia. Aunque tanto Leopoldo como Luis estaban dispuestos a transferir sus pretensiones al trono a miembros más jóvenes de su familia (Luis al hijo más joven del Delfín de Francia, Felipe de Anjou, y Leopoldo a su hijo menor, el Archiduque Carlos de Austria) la elección del candidato bávaro parecía la opción menos amenazante para las potencias europeas. Como resultado, José Fernando de Baviera era la elección preferida por Inglaterra y Holanda.
Francia e Inglaterra, inmersos en la guerra de la Gran Alianza, pactaron la aceptación de José Fernando de Baviera como heredero al trono español. Para evitar la formación de un bloque hispano-alemán que ahogara a Francia Luis XIV auspició el Primer Tratado de Partición, firmado en La Haya en 1698. Según este tratado, a José Fernando de Baviera se le adjudicaban los reinos peninsulares (exceptuando Guipúzcoa), Cerdeña, los Países Bajos españoles y las colonias americanas, quedando el resto de territorios para el Archiduque Carlos de Austria (el Milanesado) o bien para el Delfín de Francia (Nápoles, Sicilia y Toscana).
El problema surgió cuando José Fernando de Baviera murió prematuramente en 1699 de varicela, lo que llevó al Segundo Tratado de Partición. Bajo tal acuerdo, el Archiduque Carlos era reconocido como heredero, pero dejando todos los territorios italianos de España a Francia. Mientras que Francia, Holanda e Inglaterra estaban satisfechas con el acuerdo, Austria no lo estaba y reclamaba la totalidad de la herencia española. Entonces Carlos II testó a favor de Felipe de Anjou, si bien, estableciendo una cláusula por la que Felipe tenía que renunciar a la sucesión de Francia. Los consejeros de Carlos II le habían inducido a este testamento pensando como prioridad principal en la conservación de la unidad de la corona e imperio españoles. Cuando se produjo la muerte de Carlos II, Luis XIV respaldó el testamento. El 12 de noviembre de 1700, Luis XIV hizo pública la aceptación de la herencia en una carta destinada a la reina viuda de España en la que decía:
"Nuestro pensamiento se aplicará cada día a restablecer, por una paz inviolable, la monarquía de España al más alto grado de gloria que haya alcanzado jamás. Aceptamos en favor de nuestro nieto el duque d'Anjou el testamento del difunto rey católico".
francesa y entró en España cruzando el Bidasoa por Fuenterrabía y llegando a Madrid el 18 de febrero de 1701. El pueblo madrileño, hastiado del largo y agónico reinado de Carlos II lo recibió con una alegría delirante y con esperanzas de renovación. Los primeros meses de adaptación en la austera, mediocre e intrigante corte española fueron difíciles para este joven de 17 años acostumbrado a Versalles.
Sin embargo, la precipitación y prepotencia de Luis XIV hicieron cambiar la situación. Por un lado, al poco de la jura de Felipe V (febrero de 1701), Luis XIV hizo saber que mantenía los derechos sucesorios de su nieto a la corona de Francia. Por otro, tropas francesas comenzaron a establecerse en las plazas fuertes de los Países Bajos españoles, con el consentimiento y colaboración de las débiles fuerzas españolas que las ocupaban.
Esta ayuda, que en realidad era un reforzamiento de posiciones, constituía una provocación, y el resto de potencias reaccionaron. Holanda e Inglaterra se aproximaron al emperador Leopoldo y se comprometieron a otorgar la sucesión de España al Archiduque Carlos. En septiembre de 1701 se formó una coalición internacional mediante la firma de un tratado en La Haya. Esta coalición, llamada la Gran Alianza, estaba formada por Austria, Inglaterra, Holanda y Dinamarca, y declaró la guerra a Francia y España en junio de 1702. Portugal se unió a la alianza en mayo de 1703.
La guerra se inició al principio en las fronteras de Francia con estos países, y posteriormente en la propia España, donde se trató de una guerra europea en el interior de España sumada a una auténtica guerra civil, fundamentalmente entre la Corona de Aragón (partidaria del Archiduque, el cual había ofrecido garantías de mantener el sistema federal y foral), y Castilla (que había aceptado a Felipe V, cuya mentalidad era la del estado moderno al modelo francés).
Primeras acciones bélicas
El primer ataque lo lanzaron las tropas austriacas a comienzos de 1702 contra la ciudad de Cremona, en Lombardía. Estimulado por su abuelo, Felipe V desembarcó cerca de Nápoles, pacificando el Reino de las Dos Sicilias en cerca de un mes, desde donde reembarcó para Finale. De ahí fue a Milán, siendo recibido con entusiasmo también aquí, e incorporándose al ejército del Po, al mando del duque de Vendóme a comienzos de julio. La primera batalla, en Santa Vittoria supuso la destrucción del ejército del general Visconti, por las tropas franco-españolas a la que siguió un sangriento intento de desquite en Luzzara. Su comportamiento en estas batallas fue brillante rayando lo temerario. Sumido en un nuevo acceso de su enfermiza melancolía se reembarcó y regresó a España, entrando por Cataluña y Aragón y haciendo entrada triunfal en Madrid el 13 de enero de 1703.
A su regreso le esperaban las malas noticias de que la Dieta imperial le había declarado la guerra a él y a su abuelo como usurpadores del trono español. El ejército del duque de Borgoña tuvo que retirarse ante la superioridad de lord Marlborough, (el de la canción infantil Mambrú se fue a la guerra), perdiéndose Raisenwertz, Vainloo, Rulemunda, Senenverth, Maseich, Lieja, y en Alsacia, Lindau. Contrarrestaron un poco esto los éxitos del elector de Baviera (aliado de la causa borbónica) tomando Ulm y Memmingen.
Sin embargo, lo más preocupante para la causa borbónica fue una invasión en la península. Un ejército aliado de 14.000 hombres desembarcó cerca de Cádiz en un momento en que no había casi tropas en la península. Se reunieron a toda prisa, recurriéndose incluso a fondos privados de la esposa de Felipe V, la reina María Gabriela de Saboya (que en el futuro sería conocida afectuosamente por los castellanos como "la saboyana"), y del cardenal Portocarrero. Sorprendentemente, este ejército aliado fue rechazado. Cádiz no fue tomada y el ejército aliado reembarcó. Sin embargo, una segunda tentativa en la ría de Vigo tratando de hacerse con una escuadra española que había regresado de América cargada de oro tuvo éxito, entablándose una batalla naval que se saldó con la destrucción de la flota española, aunque parece ser que la mayoría del oro había sido desembarcado ya.
El panorama se ensombreció más cuando en el verano de 1703 el reino de Portugal y el ducado de Saboya (este último regido por el padre de la reina) se unieron a la Gran Alianza, hasta entonces formada únicamente por Inglaterra, Austria y Holanda. Portugal constituía una excelente base para operaciones en la península. La primera consecuencia de esto fue la decisión del emperador Leopoldo de proclamar formalmente a su hijo como Rey Carlos III de España.
El 4 de mayo de 1704 el Archiduque Carlos desembarcó en Lisboa contando con el favor del rey Pedro II de Portugal. La causa "carlista" (como fue llamándose, aunque no esta relacionada con las Guerras Carlistas) iba ganando adeptos. El rey Pedro II llegó a publicar un manifiesto en el que se calificaba a Felipe V de Borbón como usurpador y tirano. El Archiduque efectuó un intento de invasión por el valle del Tajo, en Extremadura, con un ejército anglo-holandés que fue rechazado por el ya considerable ejército real de 40.000 hombres que ya operaba a las órdenes del rey desde marzo y que posteriormente recibiría refuerzos franceses y además el mando del duque de Berwick, un general brillante de origen inglés. Un segundo intento anglo-portugués tratando de tomar Ciudad Rodrigo fue también rechazado.
Por su parte los ingleses, nación que había apostado por el dominio de los mares desde hacía mucho tiempo, en realidad deseaban el desgaste de los dos contendientes, el reparto de los dominios españoles y obtener los máximos beneficios. Ambicionaban los puntos estratégicos para su comercio marítimo. En 1704, sir George Rooke y el Príncipe de Darmstadt intentaron apoderarse de Barcelona, empresa que se convirtió en fracaso debido a que las instituciones catalanas no se sumaron a la causa austriaca. Sin embargo, de regreso, la flota consiguió tomar Gibraltar, la cual estaba defendida sólo por 500 hombres, la mayoría milicianos, al mando de don Diego de Salinas. Gibraltar se rindió honrosamente al príncipe de Darmstadt tras dos días de lucha; es decir, se rindió a tropas bajo la bandera de un rey teóricamente español, Carlos III de Habsburgo. Sin embargo el pabellón que se izó finalmente en las murallas fue un pabellón inglés. Esto fue un logro personal posterior de Rooke, e inglés sigue siendo el pabellón hasta la actualidad.
En este estado de cosas se produjo en el escenario europeo la batalla de Blenheim, en Baviera. Una gran derrota para Luis XIV en la que perdió 40.000 hombres con importantes consecuencias militares y morales para la causa borbónica.
Esta victoria aliada supuso una inyección de moral para la causa del archiduque en la península, la cual ganaba partidarios, y la misma flota que había tomado Gibraltar trasladó al Archiduque Carlos a los territorios de la Corona de Aragón y finalmente a Barcelona. Fue recibido triunfalmente a su paso por Altea y Denia.
En Cataluña la actitud de la población le era favorable por varios motivos: por un lado el mal recuerdo que tenían los catalanes de los franceses desde la rebelión de 1648 y el recuerdo de la magnanimidad del comportamiento posterior de Felipe IV. Por otro la intuición de que los Austrias siempre habían respetado en sus imperios las autonomías locales (intuición que se vio confirmada posteriormente con el Pacto de Génova firmado en junio de 1705 (texto completo en Wikisource)), actitud diametralmente opuesta al centralismo borbónico, y en tercer lugar las consecuencias económicas negativas de la Paz de los Pirineos, que serían revertidas de cerrarse esta vía favorable a la competencia francesa.
El virrey de Felipe V en Cataluña, Fernández de Velasco estaba enfrentado a la Generalitat y realizaba pocos esfuerzos por disimular sus intenciones de establecer una política centralista. A mediados de 1705 se desencadenó la rebelión popular.
Mientras tanto en Lisboa desembarcaba un nuevo contingente angloholandés a las órdenes del conde de Peterborough. Se celebró entonces una reunión, con asistencia del Archiduque Carlos de Austria y del rey Pedro de Portugal en la que se acordó apostar por la unión de los reinos de la antigua Corona de Aragón (Valencia, Aragón y condados catalanes) a la causa del archiduque. Un plenipotenciario de la reina Ana de Inglaterra, Mitford Crow, firmaba con dos enviados catalanes el Pacto de Génova, a favor del Archiduque. Por medio de este pacto, los ingleses se comprometían a garantizar el sistema foral catalán fuera cual fuese el final de la contienda (este pacto debería haber sido tenido en cuenta en las negociaciones, ocho años más tarde, del Tratado de Utrecht; sin embargo, la actitud inglesa fue mucho más ambivalente y no se incluyó ninguna garantía efectiva de la preservación de dichos fueros, por lo que, al final del conflicto, los fueros catalanes serían suprimidos como ya lo habían sido los de Valencia y los de Aragón). Además el negociador inglés se comprometía a desembarcar en Cataluña 8.000 soldados.
En febrero de 1706, Felipe V partió de Madrid dejando casi desguarnecido el frente portugués. Se reunió en Caspe con el mariscal francés Tessé, y con un ejército de 30.000 hombres sitió Barcelona por tierra y por mar (escuadra del conde de Tolosa), llegando a reconquistar el Montjuïc, pero apareció en el puerto una fuerte escuadra anglo-holandesa mientras que, al mismo tiempo, un ejército anglo-portugués tomaba Badajoz y Plasencia y avanzaba sobre Madrid por los valles del Duero y del Tajo. En un comportamiento según unos autores demasiado prudentes, y según otros, militarmente acertado, los borbónicos suspendieron el asedio a Barcelona y se retiraron hacia Madrid por el sur de Francia y la ruta Irún-Burgos.
En mayo los aliados habían tomado Ciudad Rodrigo y Salamanca. Esto forzó al rey y a la reina a abandonar Madrid y trasladarse a Burgos con la corte. El almirante de la escuadra borbónica, marqués de Santacruz se pasaba al bando austriaco. Zaragoza proclamaba a Carlos III, quedando en Aragón sólo Tarazona y Jaca leales a la causa borbónica. Carlos III dejó Barcelona y, por Zaragoza llegó a Madrid, donde entró con un ejército extranjero siendo recibido y fue proclamado allí el 29 de junio con una frialdad que sorprendió al propio Carlos.
En el resto de frentes europeos y americanos las noticias eran igualmente desastrosas para la causa borbónica. Los borbónicos perdían Ramillies, y 15.000 soldados hechos prisioneros, con lo cual el ya duque de Marlborough tomaba casi todos los Países Bajos españoles, incluyendo Bruselas, Brujas, Lovaina, Ostende, Gante y Malinas. En Italia se levantaba el asedio a Turín (la capital de Saboya), lo cual permitía al duque de Saboya tomar Milán y Eugenio de Saboya conquistaba para el Archiduque Carlos el reino de Nápoles.
El propio Luis XIV aconsejaba a su nieto abandonar. Sin embargo, la simpatía que Felipe V despertaba en la población castellana y extremeña hizo que se levantasen nuevos ejércitos de voluntarios, a los que se sumó un cuerpo expedicionario enviado por Luis XIV bajo el mando del duque de Berwick. Un ejército dispuesto a sufrir privaciones y a vencer que expulsaría a los aliados de Castilla casi sin combates. Eso, sumado a una sublevación en Madrid que estaba en ciernes incitó al Archiduque Carlos y su ejército a abandonar Madrid y replegarse hacia Valencia. Felipe V volvió a entrar en Madrid el 4 de octubre ante el clamor popular. Mientras Felipe entraba en Madrid, el duque de Berwick junto con el obispo Belluga, ("cuerpos francos" precursores de las guerrillas) reconquistaban Elche, Orihuela y Cartagena capturando 12.000 prisioneros.
Batalla de Almansa.
En la primavera de 1707 un ejército aliado anglo-portugués-holandés presentó batalla al ejército borbónico en la llanura de Almansa sin conocimiento de los importantes refuerzos que éste había recibido. La victoria borbónica fue aplastante. El ejército aliado se retiró y el ejército borbónico avanzó tomando Valencia, recuperando Alcoy y Denia (8 de mayo) y Zaragoza (26 de mayo), y posteriormente Lérida, tomada por asalto el 14 de octubre (de recuerdo particularmente ingrato es el episodio de la toma y posterior incendio de Játiva, la cual había resistido hasta el 20 de junio).
se efectuó mediante los Decretos de Nueva Planta. En Cataluña, la enconada resistencia de la plaza de Lérida le granjeó represalias particularmente humillantes que posteriormente pesarían en el ánimo de los catalanes de otras zonas; la catedral fue convertida en cuartel de la guarnición.
A pesar del envío de un ejército por el hermano del Archiduque Carlos, posteriormente cayeron también Tortosa (julio de 1708) y Alicante (abril 1709).
Esta euforia duró poco. Los triunfos terrestres de la casa de Borbón eran contrarrestados por los triunfos marítimos debidos a la superioridad naval anglo-holandesa. En ese mismo año, 1708 se perdió la plaza de Orán y las islas de Cerdeña y Menorca.
Además, a Luis XIV la guerra en Europa le iba mal y sus enemigos le habían puesto al borde del colapso militar. Había enviado una expedición desastrosa con la intención de restaurar a los Estuardo en Escocia. En Oudenarde había sufrido una derrota aplastante y había perdido la ciudad de Lille. A eso había que sumar las pérdidas italianas que habían concluido con la invasión de los Estados Pontificios por los austriacos y el reconocimiento del Archiduque Carlos de Austria por el papa Clemente XI. Su ejército estaba exhausto. Comenzó a pactar una paz con los aliados, pero las negociaciones fracasaron ya que los aliados pedían la renuncia de Felipe V al trono de Francia, renuncia que Luis XIV se negaba a pedir a su nieto.
Luis XIV dejó de enviar tropas desde Francia y además por entonces, la princesa de los Ursinos destapó una conjura entre los duques de Orleans y Borgoña para arrebatar el trono a Felipe V. Felipe V, de acuerdo con la reina "saboyana", reaccionó frente a Luis XIV, haciendo jurar a su heredero y recabando independencia total para regir España.
"Tiempo hace que estoy resuelto y nada hay en el mundo que pueda hacerme variar. Ya que Dios ciñó mis sienes con la Corona de España, la conservaré y la defenderé mientras me quede en las venas una gota de sangre; es un deber que me imponen mi conciencia, mi honor y el amor que a mis súbditos profeso."
Felipe V exigió a su abuelo la destitución de su embajador en España, y también rompió con el papado que había reconocido de nuevo al Archiduque Carlos de Austria, clausurando el Tribunal de la Rota y expulsando al nuncio en Madrid.
Brihuega y Villaviciosa
En 1710 en Europa se está preparando silenciosamente la gran negociación para la paz. Las campañas de desarrollan exclusivamente en España.
Católicos, volvió a entrar por tercera vez en Madrid, en medio de un clamor estruendoso. Vendôme comentaría: "Jamás vi tal lealtad del pueblo con su rey". Sin mediar batalla alguna el Archiduque Carlos se había retirado del hostil y frío terreno castellano (Vendôme le había obligado a apostarse en Guadarrama), por la carretera de Aragón a invernar a Barcelona. En la retirada sus tropas saquearon iglesias lo que les granjeó el odio del pueblo.
Felipe V salió con su ejército sin perder tiempo en pos del ejército austriaco, que cometió el error de dividir sus fuerzas en la Alcarria. En medio de la helada ventisca invernal que domina la Alcarria en invierno, el ejército de Stanhope se refugió en la hoya donde está la población de Brihuega, a 85 kilómetros de Madrid, sin asegurar las alturas que la rodeaban. El ejército borbónico no vaciló en colocar piezas de artillería en las alturas circundantes y bombardear la ciudad para desencadenar después un asalto. Al cabo de unas horas, Stanhope capituló y la plaza fue tomada junto con 4.000 prisioneros.
Esa misma noche el príncipe Starhemberg con el resto del ejército austriaco y las tropas aragonesas, unos 14.000 hombres, llegaba de regreso para auxiliar a Stanhope y llegaba a las cercanías de Villaviciosa de Tajuña, a 3 kilómetros al nordeste, señalando su campamento con hogueras para animar a los defensores de Brihuega. En la madrugada del 10 de diciembre fue avistado por los ojeadores del ejército borbónico en cual salió directamente al encuentro del ejército austracista comenzando la batalla a mediodía y terminando al anochecer con la destrucción total del ejército austracista y la fuga de Starhemberg con 60 hombres.
En estas victorias se hizo evidente una cosa: el pueblo castellano colaboraba con entrega casi pasional con el rey borbónico. Esto colocó a los integrantes de la Gran Alianza de La Haya ante una triste evidencia de que difícilmente podrían ganar la guerra en la península, y aunque ganasen las campañas militares, las posibilidades de contar con la aceptación por el pueblo español, salvo en los reductos aferrados a la causa austracista eran muy escasas. Tras las victorias de la Alcarria, Felipe V prosiguió su avance hacia Zaragoza, la cual se le entregó sin lucha el 4 de enero de 1714. Simultáneamente un ejército francés cruzaba Los Pirineos y tomaba Gerona.
Últimas campañas y la Paz de Utrecht
Gibraltar y Menorca y ventajas comerciales en Hispanoamérica. Las conversaciones formales se abrieron en Utrecht en enero de 1712 sin que España fuese invitada a las mismas en este momento.
En febrero de 1712 moría el duque de Borgoña, quedando sólo Luis, al cual todos consideraban como incapaz. Luis XIV deseaba nombrar regente a su hijo Felipe, pero los ingleses pusieron como condición indispensable para la paz que las dos coronas, (España y Francia) quedaran separadas. El que ocupara uno de los reinos debía forzosamente renunciar al otro.
En España por aquellos días se produjeron escaramuzas sin importancia, aunque se reafirmó el apoyo de Barcelona a Isabel Cristina, la esposa de Carlos (Carlos VI, emperador de Alemania) que se había quedado en la ciudad al irse su marido. En el escenario europeo se produjo el 24 de julio la derrota del príncipe Eugenio de Saboya en Denain lo que permite a los franceses recuperar varias plazas.
Finalmente Felipe V hizo pública su decisión. El 9 de noviembre de 1712 pronuncia ante las cortes su renuncia a sus derechos al trono francés (mientras los otros príncipes franceses hacían lo mismo respecto al español ante el parlamento de París) lo cual eliminaba el último punto que obstaculizaba la paz.
España acordó paz y amistad con Inglaterra el 27 de marzo de 1713. El 11 de abril se firmó la Paz de Utrecht, que tuvo como consecuencia la tan temida partición que Carlos II había querido evitar. Los Países Bajos católicos, el reino de Nápoles, Cerdeña y el ducado de Milán quedaron en manos del ahora ya emperador Carlos VI de Alemania. El duque de Saboya se anexionó la corona de Sicilia. Inglaterra se quedó con Menorca y Gibraltar y, a costa de Francia, Terranova y la Acadia, la isla de San Cristóbal, en las Antillas y los territorios de la bahía de Hudson. A eso hay que sumar sus privilegios en el mercado de esclavos, mediante el tratado de asiento. El 10 de julio España confirmaba la Paz de Utrecht.
Austria se había quedado fuera de esta paz, ya que Carlos VI no renunciaba al trono español, y la emperatriz austriaca seguía en Barcelona. Tampoco hizo la paz España con Portugal ni con Holanda por otros motivos pero, apartada Inglaterra del conflicto, la paz europea vendría en breve. Las cesiones españolas al imperio alemán no se harían efectivas hasta que Carlos VI no renunciase a sus pretensiones.
Una segunda paz entre franceses y alemanes se firmaría en Ratstadt el 6 de mayo de 1714.
Es de reseñar también la pérdida de Orán y Mers el-Kebiren 1708 a manos del Imperio Otomano, consecuencia indirecta de la Guerra al no poder trasladarse tropas de refuerzo a esta ciudad por estar combatiendo en Europa.
Aislamiento y capitulación de Cataluña y Mallorca
Asalto de las tropas de Felipe V a la ciudad de Barcelona, 1714
La repentina muerte de su hermano había convertido por línea hereditaria al Archiduque Carlos en el emperador Carlos VI de Alemania en septiembre de 1711. Esto le obligó a trasladarse a Fráncfort para tomar posesión del trono del Sacro Imperio Romano-Germánico, y en consecuencia abandonar Cataluña, si bien dejó como regente a su mujer, la emperatriz Isabel Cristina de Brunswick. Cataluña seguía vinculada a Carlos VI por el Pacto de Génova, y esperaba que sus libertades fuesen preservadas, ya fuera mediante la conservación del Principado catalán unido al Imperio alemán o por las negociaciones del emperador en Utrecht. Sin embargo la suerte de Cataluña ya estaba decidida en los preliminares del Tratado de Utrecht, entre los que figuraba un acuerdo secreto por el que los austriacos evacuarían el principado. De esto no se informó a los representantes del gobierno catalán, a los que la emperatriz les garantizó en repetidas reuniones la conservación de la legislación catalana.
Inglaterra pidió a Felipe V que conservase los fueros, al lo cual éste se negó, aunque prometió una amnistía general. Los ingleses no insistieron, ya que tenían prisa por que se firmase el tratado y disfrutar de las enormes ventajas que les proporcionaba. Al conocer este acuerdo, Austria accedió secretamente a un armisticio en Italia y confirmó el convenio sobre la evacuación de sus tropas en Cataluña.
Finalmente la emperatriz también se embarcó en marzo de 1713, oficialmente para "asegurar la sucesión" del trono alemán, quedando como virrey el príncipe Starhemberg, en realidad con la única misión de negociar una capitulación en las mejores condiciones posibles, pero ni siquiera esto fue posible ya que Felipe V no aceptaba el mantenimiento de los fueros catalanes. Por otra parte, el Tratado de Utrecht únicamente había incluido una cláusula por la que se concedía una amnistía general a los catalanes, pero no les permitía otra legislación que la castellana.
El gobierno catalán se componía entonces de tres instituciones: El Consejo de Ciento que se encargaba de la ciudad de Barcelona, la Diputación General o Generalitat, de atribuciones sobre todo tributarias, y la Junta de Brazos, formada por componentes de los tres estamentos clásicos y que en realidad coincidía con la Generalitat.
El 22 de junio, el príncipe Starhemberg comunicó a los catalanes que había llegado a un acuerdo político con el virrey borbónico en Hospitalet, cuando en realidad lo que había hecho era entregar a los borbónicos Tarragona incondicionalmente. Tras ello, se embarcó secretamente junto con sus soldados dejando el principado a su suerte.
hablado, lo cual suponía el abandono definitivo de Carlos VI, pero eso no lo supieron los catalanes hasta más tarde.
Felipe V, tras superar la muerte de su mujer, volvió a negociar con los catalanes, los cuales le exigieron ingenuamente (desconocedores de los términos de Rastadt), la conservación de los fueros y 3.000.000 libras en compensación por daños de guerra. La ciudad había sido asediada por un ejército de 40.000 hombres y 140 cañones, y Felipe V respondió iniciando el bombardeo. El asedio continuó durante dos meses (previamente había sufrido nueve meses de dudoso bloqueo marítimo). El 11 de septiembre de 1.714 el mariscal de Berwick ordenó el asalto y, aunque la defensa de los barceloneses fue heroica, al día siguiente se firmó la capitulación. En la defensa de la ciudad resultó herido el Conseller en cap, Rafael Casanova, en circunstancias heroicas, tremolando la Bandera de Santa Eulalia para enardecer a los defensores. Pudo ocultarse y años después se acogería al perdón real, viviendo en paz hasta su muerte en Sant Boi de Llobregat.
Se disolvieron la Generalitat y el Consejo de Ciento, siendo sustituidos por una Real Junta Superior de Justicia y Gobierno al frente de la cual se puso a José Patiño, el cual destituyó al día siguiente a los diputados, consellers y miembros de la Junta de Brazos.
Posteriormente se rindió el Castillo de Cardona, y finalmente, el 3 de julio de 1715, se rindió el último reducto de la casa de Austria, Mallorca, al caballero d'Asfeld que había efectuado un desembarco en Felanitx. La larga guerra de casi catorce años había concluido. España había entrado en ella como un estado plurinacional y con grandes posesiones en Europa y salió de la misma como un estado casi centralizado siguiendo el modelo de Francia y con la pérdida de la casi totalidad de sus dominios europeos.
Conclusiones
Existen unos factores personales determinantes de la victoria borbónica: Felipe de Anjou no tenía nada que perder, y por lo tanto se aferraba a la tierra heredada como si se tratase de su propia vida. A eso hay que sumar su corta edad (17 años) cuando ciñó la corona española. Debió de resultar una experiencia arrolladora tanto el cambio cultural como la elevación dignataria, y es posible que esto incidiese en su forma definitiva de reaccionar, esa dualidad melancolía-arrojo temerario. Pero está claro que se entregó en cuerpo y alma a la tarea de asegurar el país cuyo trono la fortuna le había entregado. Si no se hubiese visto obligado a renunciar al trono de Francia es posible que las cosas hubiesen sido diferentes. El archiduque Carlos de Austria tenía opciones al trono imperial de Alemania, por lo que su apego y entrega a la Península Ibérica fue mucho menor. En realidad sus apetencias se demostraron con el tiempo más afines al trono imperial de Alemania.
También es cierto que la escasa raigambre, en términos de tiempo, de Felipe V con lo que España había sido hasta entonces probablemente influyera en el hecho de aceptar sin demasiadas reticencias las abusivas condiciones de los tratados de Utrecht.
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Tratado de Utrecht De Wikipedia
Cesiones por el tratado de Utrecht
El Tratado de Utrecht o Paz de Utrecht es una serie de tratados multilaterales (1712-1714) entre los países beligerantes en la Guerra de Sucesión Española por la que se puso fin a ésta.
Tras unas conversaciones preparatorias en Londres entre Francia y Gran Bretaña, el congreso se abrió en la ciudad holandesa de Utrecht en enero de 1712. Los resultados fueron los siguientes:
1. Armisticio de Francia y España con Gran Bretaña (agosto 1712), seguido de los tratados de paz entre Gran Bretaña y Francia (abril de 1713) y entre Gran Bretaña y España (julio de 1713).
2. Firma de tratados entre Francia y las Provincias Unidas, Brandemburgo, Portugal y el ducado de Saboya (julio 1713)
3. Firma de tratados entre España y el ducado de Saboya (julio de 1713), las Provincias Unidas (julio de 1714) y Portugal (febrero de 1715)
4. Firma de convenios comerciales entre Gran Bretaña y España (marzo y diciembre de 1714, diciembre de 1715 y mayo de 1716)
Como balance global, la serie de tratados supuso los siguientes acuerdos:
* Gran Bretaña conserva Menorca y Gibraltar, ocupadas durante la guerra (cedidas por España), Nueva Escocia (Acadia), la bahía de Hudson y Terranova (cedidas por Francia), la isla de San Cristóbal en el Caribe, el asiento de negros (un monopolio de treinta años sobre el tráfico de esclavos negros con la América española) y el navío de permiso así como el derecho de asiento (concedidos por España)
* La Casa de Saboya ve devueltas Saboya y Niza (ocupadas por Francia durante la guerra) y recibe Sicilia (cedida por España). Con la posesión de Sicilia recibe el título de rey que, con diversas denominaciones, tendría en adelante la casa de Saboya (primero reyes de Sicilia, luego reyes de Cerdeña y finalmente reyes de Italia)
* las Provincias Unidas reciben la "barrera" flamenca (una serie de fortalezas en el norte de los Países Bajos españoles que el Imperio ayudó a financiar), cedida por España.
* Brandemburgo recibe Güeldres del Norte (cedido por España) y la "barrera" de Neuchatel (cedida por Francia), además de su transformación en reino con el nombre de Prusia. Federico Guillermo I fue su primer rey.
* Portugal obtiene la devolución de la Colonia del Sacramento, ocupada por España durante la guerra.
* Austria obtiene los Países Bajos españoles, el Milanesado, Nápoles, Flandes y Cerdeña (cedidos por España). El Archiduque Carlos de Austria, ahora emperador, abandona cualquier reclamación del trono español.
* Felipe V obtiene el reconocimiento como rey de España y de las Indias por parte de todos los países firmantes, en tanto que renuncia a cualquier derecho al trono francés.
Además, las tropas austriacas se comprometen a evacuar Cataluña (marzo 1713), lo que realizan efectivamente.
Sin embargo, la lucha aún seguía entre Francia y el Imperio. El tratado de paz entre ambos se firma en Rastadt en marzo de 1714. Las fronteras entre ambos vuelven a las posiciones de antes de la guerra salvo por la ciudad de Landau (en el Palatinado Renano), que queda en manos francesas. Este tratado se suele incluir también dentro de la serie de tratados de Utrecht.
El gran beneficiario de este conjunto de tratados fue Gran Bretaña que además de sus ganancias territoriales, obtuvo cuantiosas ventajas económicas que le permitieron romper el monopolio comercial de España con sus colonias. Por encima de todo, había contenido las ambiciones territoriales y dinásticas de Luis XIV y Francia sufrió graves dificultades económicas causados por los grandes costes de la contienda. El equilibrio de poder terrestre en Europa quedó, pues, asegurado, mientras que en el mar, Gran Bretaña empieza a amenazar el control español en el Mediterráneo con Menorca y Gibraltar.
La guerra de Sucesión española
* EXTRA: En el mundo
* EXTRA: El foralismo vasco y el centralismo borbónico
La muerte de Carlos II sin heredero despertó un enorme interés en toda Europa en torno a los distintos pretendientes. La guerra de Sucesión enfrentó a las potencias y su resultado fue un nuevo sistema de equilibrio de poderes, donde Inglaterra quedaba situada en una posición ventajosa en detrimento de Francia.
Orígenes del conflicto
A finales del siglo XVII, la posibilidad de que Carlos II, el Hechizado, (ver t32) muriera sin descendencia despertó las aspiraciones al trono español de tres pretendientes:
* José Fernando de Baviera (1692-1699), que fue elegido por Carlos II como heredero en primer lugar.
* Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia y bisnieto de Felipe IV de España, que constaba como heredero del trono en el testamento de Carlos II, tras la muerte prematura del príncipe José Fernando.
* El archiduque Carlos de Austria (1671-1747), de la Casa de Habsburgo, cuyos derechos dinásticos fueron defendidos por su padre, el emperador Leopoldo I de Austria, nieto de Felipe III de España.
Inglaterra y Holanda, interesadas en que el Imperio español quedara repartido entre las potencias europeas, estudiaron el proyecto en los tratados de La Haya (1698) y de Londres (1699).
Desarrollo de la guerra
Tras la muerte de Carlos II en noviembre de 1700, Felipe de Anjou entró en Madrid en febrero de 1701, siendo aclamado como Felipe V (1701-1746), monarca que instauraba la dinastía de Borbón en España.
Leopoldo I no aceptó el testamento de Carlos II y no reconoció al nuevo rey. La Gran Alianza de La Haya, constituida por Austria, Inglaterra, Holanda, Portugal y Saboya en 1701, declaró la guerra a Luis XIV y a su nieto, Felipe V de España.
* En España, Cataluña, Aragón y Valencia levantaron armas en favor del archiduque Carlos, mientras el resto de España se mantuvo fiel a Felipe V.
* El archiduque Carlos lanzó en 1704 un ataque a Extremadura desde Lisboa, y al año siguiente ocupó Barcelona, donde fue proclamado rey. En 1706 los aliados entraron en Madrid, pero Felipe V volvió a la Corte tras la victoria de Almansa (1707).
* En Europa, los Borbones fueron derrotados en Ramillies (1706), Oudenarde (1708) y Malplaquet (1709).
* En 1710 el archiduque entró en Madrid, donde fue proclamado rey con el nombre de Carlos III, pero dos meses después Felipe V recuperó la capital. Ese mismo año, su ejército obtuvo la victoria en dos batallas fundamentales: Brihuega y Villaviciosa.
El sistema de Utrecht
La causa de Felipe V se vio favorecida por la muerte del sucesor de Leopoldo I, José, lo que hizo recaer los derechos de la Corona austriaca en su hermano, el archiduque Carlos.
Las potencias europeas no deseaban que Carlos fuera a la vez soberano de Austria y de España, lo que, unido al cansancio de la guerra, precipitó la paz.
El tratado de Utrecht (1713) se vio favorecido por la renuncia de Felipe V a sus derechos sobre el trono francés. Austria y Francia continuaron la guerra hasta la firma de la paz de Rastatt (1714).
Las consecuencias de tratado de Utrecht fueron:
* La desintegración del Imperio español en Europa. A cambio de su reconocimiento como rey de España, Felipe V perdía todas las posesiones europeas de la Corona: los Países Bajos, Milán, Nápoles y Cerdeña pasaban a Austria; Sicilia al duque de Saboya; e Inglaterra se apoderaba de Menorca y Gibraltar.
* Se rompía el monopolio comercial de la Corona española con las colonias americanas al reconocer el navío de permiso y el derecho de asiento en favor de Inglaterra (ver t40).