en
La construcción <social de
los hechos científicos (u)
Alejandro Piscitelli
V-""*Capitulo V LA ACTIVIDAD CIENTÍFICA
El vacío es la garantía de que la pregunta era una verdadera pregunta, es decir, de que suponga un riesgo, el riesgo de que aparezca lo nuevo...La mayor parte de nuestras preguntas no son más que res-puestas inadvertidas.
Jean-Luc Giribone
1. La emergencia de la ciencia moderna
El estilo de vida nuestras sociedades no tiene precedentes históricos. La casi totalidad del conocimiento de !a naturaleza de que disponemos hoy fue acuñado en este período suma-mente corto de la historia humana, a lo largo de los últimos cuatrocientos años.
Somos las primeros generaciones en poseer vastos re-cursos materiales en una sociedad industrial desarrollada, que han experimentado demandas organizacionales y una estructuración de ias relaciones sociales sobre la base de la acumulación y eí consumo nunca vistos anteriormente en la historia humana.1
En términos de cambios en el paisaje técnico y del uso de la información, también es posible pensar este proceso como un cambio en el plano de la cultura, las ideas y ía sensibilidad: la nuestra es una sociedad laica basada en el conocimiento técnico impersonal, que otorga a los científicos y a la ciencia el lugar que nuestros antepasados le concedían a los sacer-dotes y a la religión. La ciencia moderna se ha convertido en el marco conceptual de un mundo definido por la acumulación de capital: se trata del estilo cognitívo de la sociedad indus-trial.2
Siendo el objetivo de este capítulo el análisis de la actividad científica, centrémonos en su aparición, dando cuenta de qué tipos de procesos la individualizan, cuáles son sus características y alcances', en qué continúa y profundiza
las antiguas prácticas de conocimiento y, sobre todo, en qué consiste la especificidad que ía separa de ellas.
¿En qué momento hay que situarla aparición de la ciencia y por qué hacerlo en ese y no en otro? No buscamos af primer científico de la historia. Si nos remontarnos al siglo xvi en busca de una respuesta a estas preguntas, que considere-mos a Nicolás Copérnico, Gaiileo Galileo e incluso sir Isaac Nevvton como a los primeros científicos modernos dependerá antes que nada dei sentido que le demos a las palabras "ciencia" y "científicos".3
Los historiadores de ia ciencia ubican la revolución c/en-tffíca entre 1540 y I700 aproximadamente —desde la formu-lación inicial del sistema copernícano de astronomía (helio-céntrico) hasta culminar -con la elaboración de ia nueva cosmología, en la obra de Isaac Newton— como Ja capa geológica en la que instalar el nacimiento de la ciencia moderna.'1
Durante este período se produjeron muchos de los descu-brimientos y cambios del pensamiento que nos introdujeron a la visión del mundo que compartimos en ia actualidad. Este proceso incluye numerosos logros en astronomía, mecánica, óptica, anatomía, química y muchos otros campos. La revolución científica implicó una profunda transformación del pensamiento preexistente, así como el rechazo de ia cosmo-logía teleológica y antropocéntrrca de Aristóteles (s. iv a.c) y su sustitución por una visión deí mundo impersonal y mecá-nica. Fue también un período sumamente rico en discusiones referidas al método científico .5
La revolución científica de ios siglos XVI y XVII
Los cambios políticos y religiosos ocurridos a principios de ia Edad Moderna fueron bastante menos significativos que la revolución científica en sí misma. Fue esta última la que derribó el edificio intelectual pacientemente construido por los griegos y los teólogos musulmanes y cristianos a lo largo de veinte siglos. La vieja imagen cualitativa, orgánica y finita dei mundo fue sustituida progresivamente por otro modo de pensar cuantitativo, atómico, infinitamente extendido y secu-lar. El universo jerárquico y orgánico de Aristóteles fue reemplazado por el reloj mecánico universal de Newíon.6
una profunda redefinicsón de los criterios de validación del conocimiento (ya que de ahora en más sólo algunos tipos de creencia serían considerados conocimientos de tipo supe-rior), como una cabai demostración de que los hombres pensamos nuestra relación con ía naturaleza, con los otros y con nosotros mismos en función de la sociedad en la que vivimos y, por consiguiente, que fa verdad está mucho más atada a quienes se dicen sus dueños, que a un supuesto interés supremo de ía razón,7
A mediados del siglo xvi los científicos, los artesanos y los visionarios que trabajaban en las "fronteras de! conoci-miento" eran conscientes de estar alumbrando una nueva era. Jean Fernel una de las luminarias del momento no dudaba en afirmar:
Pero ¿qué habría ocurrido si nuestros antepasados y los que íes precedieron se hubieran ¡imitado a seguir ia misma senda que los que trabajaron antes que ellos? No, por el contrario, parece que a los filósofos les conviene ir por caminos nuevo.s y probar nuevos sistemas. De este modo cada época produce su propia cosecha de nuevos autores y nuevas artes. La nuestra contem-pla el glorioso renacimiento de la ciencia y de las artes tras doce siglos de muerte. Nuestra época no necesita en modo alguno despreciarse a sí misma y contemplar e! saber de los antiguos. En nuestra época se realizan proezas que ía antigüedad ni siquiera soñó. [Citado por Berna!, 1967; 309.]
El siglo iniciado en 1540 exhibe ía consolidación y progre-siva expansión de la ciencia moderna. Se abre con la exposición del sistema solar copernicano y concluye con su firme establecimiento a manos de Galileo —incluyendo su condena por parte de la Iglesia y su pública retractación.8
La cosmología surgida a partir de la revolución realizada por Copérnico, Galileo y Newton nos es hoy tan fam/7/arque debemos realizar un enorme esfuerzo de desnaturalización para imaginar cuan poco natural y aceptable lo fue en el momento de su concepción. Desde nuestra contemporanei-dad, el enigma es formulable, aunque difícilmente resoluble. Consiste en averiguar:
¿corno ocurrió que los hombres comenzaron a pensar e! univer-so en términos de átomos de materia en el espacio y el tiempo en vez de usar categorías escolásticas?, ¿cuándo se abando-nan definitivamente las explicaciones teleológicas —basadas en
el concepto de utilidad y el Bien— en favor de la noción de que las verdaderas explicaciones del hombre y de su espíritu, así como de las demás cosas, deben ser en términos de sus partes más simples? [Burtt 1960: 27.]
La novedad introducida por Copérnico no consistió en proponer hipótesis desconocidas sacadas quien sabe de qué galera mágica . A caballo de sus propuestas serevítafizaron especulaciones acerca del universo asociadas con la esco-lástica, el platonismo y el atomismo, de las que, lo menos que cabe afirmar, es precisamente su novedad. Mientras algunas de sus intuiciones ya estaban presentes en Nicolás de Cusa cien años antes, otras se pueden encontrar en ios textos de los filósofos Demócrito, Epicuro y Leucipo dos mií años más viejos. Sin embargo antes del siglo xvi la escena cultura! aún no estaba "madura" para la recepción de estas opiniones heréticas a ios ojos de la cosmovisión medieval.9
La idea de un universo abierto, con la tierra convertida en un gigantesco átomo cósmico desgastó imagen de las esferas concéntricas cristalinas cerradas. La pregunta obli-gada que mas de uno se formuló fue si la existencia de nuevos mundos en la tierra no estaría prefigurando nuevos mundos mas allá de la frontera de las estrellas fijas.
A medida que los hombres llegaron a creer que cada estrella era un Sol, y que seguramente debía de haber otros mundos habitados en las profundidades del espacio, cada cual con su propia historia, y por lo tanto con pecado y necesidad de redención, empezaron a propagarse dudas que resultaron cada vez mas difíciles de acallar acerca del derecho de la Tierra a ser el planeta rector del destino del universo.10
Surgimiento de la ciencia moderna
Lo que elegimos creer acerca de la naturaleza del hombre tiene consecuencias sociales.
León Eisenberg
Para entender ía revolución científica hay que prestar debida atención a las transformaciones en la concepción del mundo, e! conocimiento y ei método que se produjeron en la sociedad europea y que permitieron que los científicos pudieran ver nuevos objetos y nuevas relaciones, posibilitando así la creación de nuevos mundos compartidos.
Aceptando que fa ciencia, en su sentido moderno, es un producto de la sociedad europea de fines del Renacimiento: ¿por qué no surgió antes?: ¿porque Dios no lo quiso, por azar, o porqué los europeos de los siglos xvi y xvu fueron más inteligentes que sus antepasados? Probablemente por nin-guno de los motivos anteriores. La ciencia en su forma moderna es una realidad surgida en condiciones muy espe-cíficas que la han marcado profundamente y cuyo descono-cimiento bloquea todo intento de entender su génesis y desarrollo.11
El conocimiento "teórico" no siempre ha tenido la forma o ei contenido actuales. Su finalidad no consistió siempre en proporcionar saberes eficaces, sino en contemplaré mundo, revelando cómo estaba organizado y cómo en él encarnaba una cierta perfección. Lo que caracteriza nuestra ciencia, por e! contrario, es el deseo de develar los secretos de la naturaleza para manipularla y dominarla. ¿Cómo y por qué se ha producido esta transformación?
Las transformaciones de la sociedad europea, ya a partir del siglo xm, pero claramente desde el siglo xv, crearon las condiciones favorables para el nacimiento de un nuevo saber, volviéndolo al mismo tiempo necesario. La ciencia surgió en Europa, una sociedad que se había vuelto realista y racionalista, donde ya existían muchos ingenieros,
banque-ros y empresarios.
Durante los siglos xiv y xv Europa, que había sido durante milenios una sociedad agrícola, se volvió cada vez más urbana e ingresó en el capitalismo mercantil. Poco a poco se constituyeron en algunas de sus regiones importantes cen-tros comerciales y bancarios. E! poder ya no se restringía a los señores y al clero: surgía una nueva clase de actores
sociales que debía ser tenida en cuenta, que quería actuar sobre la naturaleza, que confiaba en ei hombre y veía el mundo en una forma nueva.12
A partir del siglo XIH, con el formidable progreso de la técnica en la alta Edad Media, con e! desarrollo de las ciudades y el ascenso de los burgueses, se operó una notable mutación mental: a partir de entonces comenzaron a valorar-se las actividades prácticas, aquellas que no eran ni guerre-ras ni clericales. Europa cambiaba de mentalidad, de modo de producción y de intereses, y nuevos personajes ocuparon la escena:
El señor feudal y el agricultor pasaron a un segundo piano como fuerzas económicas y sociales, [mientras que] él hombre de negocios urbano, capitalista, apoyado en e! dinero, se elevó ai primer plano de !a sociedad. [Renouard, 1968.]
Esta nueva burguesía ascendente iba a tener cada vez más dificultades para conciliar su propia visión del mundo con la doctrina religiosa del cristianismo, en la que las nociones de gracia, oración y salvación ocupaban un lugar centra!.
El Renacimiento fue bastante más que una época carac-terizada por ei crecimiento económico y el mejoramiento de las condiciones materiales de vida. En él se produjo una auténtica revolución en las ideas: se volvió a los clásicos y se los leyó en su idioma original, se rechazaron las ideas feudales y se propugnó una actitud secular respecto a la sociedad, se abogó por una religión personal, menos atada a ¡as instituciones eclesiásticas, apareció una revalorización del goce físico. La vida nueva exigía grandes cantidades de dinero y todo lo que podía producirlo fue bienvenido. Artesa-nos y técnicos, antes despreciados, se convirtieron en los mimados de los reyes y ios cortesanos.13
La transición de una sociedad centrada en Dios a oirá centrada en el comercio, ia industria, y la búsqueda de ganancias repercutió en el dominio dei conocimiento. Los rasgos característicos de la ciencia moderna son los rasgos propios de !a sociedad de ia época de su surgimiento. La ciencia se volvió experimental porque ios hombres "prácti-cos" adquirieron un lugar más importante en su seno.14 Se
A partir deí siglo xvt surgieron at lado de las universidades —donde la enseñanza era teórica- tas "escuelas de cálculo" para comerciantes, donde !a enseñanza respondía a preocu-paciones eminentemente concretas: la organización de la producción, ia contabilidad, etcétera.
Ya en IQS siglos xiv y xv comenzaron a difundirse los banqueros. Los bancos de Italia tenían grandes saldos en países distantes. Este hecho es esencial para comprenderla aparición de los números negativos. Los banqueros tenían columnas para anotar ganancias y pérdidas, hacían cálculos y tenían que computar lo que ocurría en las sucursales extranjeras, adquiriendo así e! hábito del cálculo abstracto. Durante el Renacimiento surgió ía primera estadística.15 En
el siglo XV, todos los día.s se contaba la cantidad de bueyes, vacas y cerdos que entraban en Florencia. jHe aquí el comienzo deí mundo moderno, de lo cuantitativo!16
Entre eí fines de ia Edad Medía y comienzos del Renaci-miento surgió una sociedad que qonfiaba en el poder del hombre para actuar sobre la naturaleza. Los hombres de negocios de los sigío.s x*v y xv tenían $a certeza de que todo hecho tie.ne su causa, que para prever es necesario saber, que siempre hay que disponer de datos precisos, exactos y completos. Actuaban comas! creyeran que ia razón humana podía comprenderÍQ/expíicarío todo y dirigir cualquier acción. Comenzaba a sostenerse que la naturaleza era matemática y racional. Se trataba de una sociedad con una mentalidad dirigida hacia la eficacia y eí racionalismo. De sus entrañas emergería la ciencia y es dentro de este contexto como deben entenderse los principales rasgos ontológicos y meto-dológicos que, caracterizan la ciencia moderna.
El diálogo experimental -véase mas abajo- y el método
hipótetico-deduetivo, como procedimientos de la nueva
cien-cia, sólo podían surgir en una sociedad donde el
conocimien-to hafeía perdido su valor de reconciliación con el mundo para
convertirse en eí modo de dominación de la naturaleza
gracias ai desciframiento de sus leyes eternas. Sólo una
sociedad convencida de que la .naturaleza tiene una
estruc-tura racional-y, por lo tanto, es manipuíable por
procedimien-tos racionales y técnicos- podía generar una innovación
tecnológica de tal calibre.
17No es sorprendente, entonces, que la ciencia haya nacido
a partir del intento de resolver problemas prácticos muy
concretos y que los "ingenieros" hayan desempeñado un
papel considerable en su surgimiento. Durante el
florecimien-to de la ciencia moderna, ías preocupaciones técnicas se
hallaban a menudo en el centro mismo de las disciplinas que
nos hemos acostumbrado a considerar como formales o
abstractas, como, por ejemplo, la matemática, la geometría
o la física. En Ja elaboración efectiva de la ciencia del
movimiento —cinemática y dinámica— las cuestiones
plantea-das por los artilleros y otros hombres prácticos
desempeña-ron un papel crucial. El interés no consistía en crear una
metafísica del tiempo y el espacio sino en resolver problemas
concretos de la balística (véase capítulo 7).
A mediados del siglo xv comenzó a mejorar la aplicación
de la astronomía y la geografía a la navegación, dando origen
a tablas astronómicas suficientemente exactas como para
poder ser usadas por los marinos. El éxito de los primeros
viajes y la apertura de las vías marítimas crearon enormes
demandas en la construcción de buques y en la navegación.
Mayores beneficios exigieron mejores técnicas, y la industria
naval las proveyó sin demora. Los efectos de este proceso
en la ciencia fueron muy importantes, tanto por su magnitud
como por su trascendencia. Surgió además, una nueva clase
de artesanos inteligentes, con formación matemática, que
fabricaron brújulas, mapas e instrumentos,
18Sentados sobre los hombros de gigantes
Todo el mundo tiene experiencias que exceden en mucho su comprensión. Sin embargo, es la experien-cia, antes que la comprensión, lo que influye sobre la conducía.
Marshall Me Luhan
La síntesis newtonlana implicó rupturas frontales con la
teoría aristotélica. Los Principios Matemáticos de la Filosofía
Natura/ en los cuales Newton sintetizó docientos años de
investigaciones acumuladas por sus predecesores,
ofrecien-do un cuadro prácticamente completo de la ciencia moderna,
fueron publicados en 1687. La obra, que inmediatamente se
convirtió en la "biblia" de la nueva ciencia, no tiene parangón
en la historia.
19universal puede servir de sustento al sistema del mundo. Para ello Newton debió:
i) demoler las concepciones filosóficas previas;
ii) demostrar que la suya era la forma mas correcta de dar cuenta de los fenómenos del movimiento.
Este nuevo paradigma de la Tierra en movimiento hubiera sido inimaginable antes de 1600 ya que:
i) la idea de un cuerpo terrestre que continuara moviéndo-se eternamente era contraría a la experiencia cotidiana y, por ende, a la concepción aristotélica. Esta postura sólo pudo emerger en el marco de una teoría matemática que pudo explicar con igual eficacia situaciones ideales y comunes;
ii) la idea de un cuerpo que se moviera indefinidamente en una línea recta euclidiana no pudo surgir en tanto los hombres siguieran concibiendo el universo como una esfera cerrada y finita. Un cuerpo tal acabaría por salir "fuera del escenario". El movimiento circular era el único que se ade-cuaba, en cambio, a un mundo esférico.
El rasgo mas importante de la teoría de Newton no es ningún detalle aislado, sino su concepción global. Tomadas independientemente, cada una de las piezas de su construc-ción ya habían sido expuestas anteriormente. La gran con-tribución de Newton fue, en cambio, la integración de todas esas ideas, verdaderas pero limitadas, en un sistema gran-dioso y abarcador.
La teoría de la gravitación newtoniana conforma el capí-tulo final de una búsqueda iniciada por Copérnico. La visión de las esferas que, siguiendo el mandato divino, eran gober-nadas por un primer motor o por los ángeles fue sustituida por un mecanismo que funcionaba según una sencilla ley natural, sin exigir una aplicación continua de la fuerza y que solo necesitaba de la intervención divina para ponerse en marcha. Una vez que Dios le dio cuerda al reloj universal, había de funcionar eternamente.20
muestra en qué medida existía una afinidad electiva entre su sistema del mundo y el económico y social de su época.
En este nuevo mundo el individualismo sustituiría aj rígido orden jerárquico del período clásico tardío y de ia época feudal, dentro del cual cada hombre conocía y debía respetar su lugar inmutable en el mundo. Se comenzaba a pensar y actuar en un mundo en donde el lugar natural de los objetos no había sino parodiado el lugar natural de los hombres en la sociedad.
Las consecuencias políticas del newtonianismo fueron altamente corrosivas para el pensamiento social de la época. Su concepción determinista y mecanicisía de la realidad, ai fomentar la creencia en el laissez taire de la voluntad humana, disminuyó enormemente el prestigio de la religión y el respeto hacia el orden social divino —inmutable e impere-cedero.
Su obra —junto a la de otros gigantes como Copérnico, Bacon, Galiieo, Descartes, etc.- contribuiría a derrumbar un mundo en agonía, construyendo otro nuevo en el cual aún vivimos, pensamos, sentimos, deseamos y construimos nuestras imágenes del futuro. Durante varios siglos, su devastadora prédica revelaría los secretos de la naturaleza, arrojándonos a un mundo frío y hostil en el cual Dios juega a los dados con el universo.21
La matematización de la naturaleza fue correlativa del desencantamiento del mundo. Recién ahora estamos empe-zando a entender que ambos proyectos no son incompatibles entre sí, pero desde la muerte de Newton en 1742, hasta mediados de nuestro siglo todos -incluyendo artistas y científicos, creyentes y ateos, religiosos y cínicos— pensaron de otro modo.
Para hacerse un lugar en el mundo, ia ciencia necesitó masacrar oíros saberes, desconfiar de otros modos de ver y arrumbar creencias seculares que, mas allá de sus irraciona-lidades manifiestas, habían servido de confort y de consuelo a grandes masas de seres humanos. Las cenizas de muchps de estos saberes vuelven a tornar forma bajo el nombre cíe New Age.
¿Por qué situamos la aparición de la ciencia moderna en
revolución científica que estas ideas tuvieron una aceptación cada vez mayor hasta convertirse en los principios dominan-tes de! pensamiento de la modernidad.
Además, las nuevas ideas científicas penetraron en mu-chos otros campos (derecho, religión, etc.) y las ideas superadas lo fueron asimismo en todos los terrenos. Así el siglo xvii fue testigo de un súbito declive de la fe en la astrología, la alquimia y la brujería, todas ellas formas de conocimiento que interpretaban los fenómenos naturales como aspectos íntimamente ligados a las preocupaciones prácticas y morales del hombre.
Ganamos un mundo a costa .de perder otro. Desencanta-mos la naturaleza y endiosaDesencanta-mos la sociedad. CreíDesencanta-mos estar en condiciones de dominar y controlar la miseria y los elementos, y creamos condiciones de disparidad socioeco-nómica y de indigencia nunca vistas previamente en las sociedades precapitalistas.
2. La dinámica como clave interpretativa de la naturaleza
En esto consiste la tragedia del espíritu moderno que "resolvió el enigma del Universo", pero solamente para reemplazarlo por otro: el suyo propio
Alexander Koyré
La formalización de la dinámica realizada por Newton y sus continuadores respondió en primer lugar a la exigencia de descubrir el "buen" conjuntó de variables definitorias del sistema de manera tal que su descripción poseyese la máxima sencillez y economía, aplicando el mismo método a todo problema.
La descripción dinámica fue epitomizada por un modelo: el demonio imaginado por Fierre Simón Laplace (francés 1749-1827), capaz de observar, en un instante dado, la posición y velocidad de cada uno de los constituyentes del universo, y de deducir a partir de ese momento la evolución de todas las partículas del universo, tanto hacia el pasado como hacia el futuro.
El demonio de Laplace continuó obsesionando nuestra imaginación y, con él, la pesadilla de la insignificancia de todas las cosas, la soledad alucinada de quien había creído en un mundo creado a su medida, al alcance de su mano para de pronto descubrir su ostracismo cósmico. Si todo es comprensible, ya nada tiene demasiado valor. Si todo es posible ni el misterio ni lo imponderable ocuparán lugar alguno en las preocupaciones humanas. He aquí una de las tantas contradicciones generadas por el paradigma newto-niano.
Si realmente el mundo tuviera una forma tal que un demonio pudiera calcular el porvenir y el pasado a partir de la observación de un estado instantáneo, si la verdad de la naturaleza estuviera definitivamente contenida en la dinámi-ca, y si nada distinguiese cualitativamente a los sistemas simples de los más complejos, entonces el mundo no sería más que una inmensa tautología, tan necesaria y absurda en cada uno de sus detalles como en su totalidad.
anuncio profético de un mundo descripto tal como se ve contemplado desde un punto de vista divino o demoníaco. Torturarla naturaleza, obligaría a confesar la ley a la cual está sometida, fue desde su formulación el mandato al que se sometieron los científicos de los últimos dos siglos.
Complejidad e historia, son dos dimensiones ausentes del mundo contemplado por el demonio de Laplace y generado por Newton. La naturaleza de la dinámica clásica es a la vez amnésica, desprovista de historia, y enteramente determina-da por su pasado: indiferente, para la cual todo estado es equivalente, y sin relieve. No debe extrañar, por lo tanto, la resistencia tanto de artistas como de novelistas harto reacios a someterse a este reduccionismo mecanicista.
La estructura determinista de la mecánica clásica
Vuestra ropa oculta mucho de vuestra belleza, pero no esconde lo que no es bello.
Khalil Gibran, El profeta
"Todo viene dado", esta expresión del filósofo francés Henri Bergson resume la filosofía que subyace a la propuesta de la dinámica. Todo viene dado por el dato inicial: la ley determina completamente el sistema. En este esquema no queda lugar alguno para el azar, la individualidad, lo subjetivo y lo idiosíncrático.
La revolución de Galileo radicó, no tanto en sus geniales observaciones, cuanto en su formulación de una descripción matemática del movimiento de los cuerpos. La consecuencia práctica de la difusión del sistema newtoniano fue proporcio-nar un sistema de cálculo que obligaba a determiproporcio-nar con mayor exactitud las posiciones de la Luna y de los planetas sobre la base de un mínimo de observaciones.
A partir de Newton, por su parte, quedó en claro que el control de la naturaleza presuponía un conocimiento no relacionado con hechos singulares o aislados, sino de natu-raleza general, que indica correlaciones, ligaduras o pautas que gobiernan la estructura de lo real -tal como es percibida por un observador.
reducirá a la verdad única de las leyes matemáticas del movimiento. "El movimiento no afecta los cuerpos". La importancia de esta noción de indiferencia no puede minimi-zarse. Puesto que somos indiferentes al movimiento pode-mos movernos a gran velocidad sin percibirlo, algo patente-mente absurdo desde el punto de vista aristotélico. Ei movi-miento no requiere más causa que la requerida por el reposo: sólo los cambios de movimiento exigen una causa.
La necesidad de someter a crítica los enunciados acerca de esas relaciones generales —así como la de transmitir organizadamente el conocimiento— vuelve indispensable condensar en hipótesis, afirmaciones y enunciados, que constituyen sistemas y teorías, las regularidades descubier-tas/inventadas.
La hegemonía del determinismo empezó con ia humilla-ción que Isaac Newton infiigió al azar. El primer triunfo de la ciencia sobre el azar culminó con la consagración decimonó-nica del mecanicismo. La mecádecimonó-nica newtoniana y la teoría del electromagnetismo hicieron retroceder al azar esgrimiendo ia unicidad de las ecuaciones diferenciales. Ei concepto de tiempo de !a mecánica llegó a ia escena científica para enfrentarse ai azar.22
Dentro de este universo conceptual, una determinada concepción del método arraigó hasta convertirse en varita mágica de la cientificidad...
3. Alcances y limitaciones del método científico
No hay testimonio alguno capaz de probar un miiagro, a menos...que su falsedad sea más milagrosa que el hecho que pretende establecer
David Hume, Sobre los milagros
¿En qué consiste lo propio de ia ciencia: el métodoy la lógica demostrativa que permiten que ia actividad científica trans-forme al mundo del modo en que lo hace?
hoy en día. De estas distintas fases de desarrollo, la mas significativa es, precisamente, la que está ligada al desplie-gue de la revolución científica y, en particular, el proceso de invención de! diálogo experimenta!.
El diálogo experimental
Macedonio pensó que !a muerte de Elena era un experimento en el que estaba incluida su vida futura. Un científico no participa personalmente en sus ex-perimentos, eso es lo que lo diferencia de un místico. Pero Macedonio participó hasta el último momento en la enfermedad de Elena y trató de curarla. Para darle una idea fue como si Einstein hubiera viajado a Hiroshima para experimentar sus hipótesis teóricas sobre la estructura del átomo.
Ricardo Piglia.La ciudad ausente
El nacimiento de la ciencia moderna está ligado a una transformación profunda en ía manera de mirar e interrogar la naturaleza a través de! diálogo experimental. La novedad del procedimiento experimental no consiste, empero, en remitir simplemente a la experiencia sensible. Los antiguos también supieron observar con extremada, precisión, como lo atestigua su astronomía. De hecho, la física aristotélica y su cosmología —con las nociones de geocentrismo, la oposición absoluta entre arriba y abajo, la cesación del movimiento cuando cesa la acción de la fuerza, etc.— corresponde mucho más a la experiencia inmediata y natural que la física moderna.
Por otra parte, no hay duda de que Galileo sabía mirar y
de que sus celebradas observaciones con el telescopio
fueron el primer golpe serio contra la cosmología de
Aristó-teles. Pero esta situación sólo alcanzaba para la astronomía
descriptiva. En sus especulaciones mecánicas y físicas, el
razonamiento ocupaba más lugar que la apelación directa a
los hechos y es, finalmente, lo que definió la decisión a tomar.
Muchos de los experimentos que Galileo invocaba eran tan
solo "experimentos en el pensamiento".
razona-miento con la experiencia; una nueva manera de interrogar a la experiencia para, a la vez, someterla al razonamiento y controlarla. Lo que caracteriza al diálogo experimental de la ciencia moderna es el encuentro de la teoría y la técnica, la alianza entre la ambición de modelar el mundo y la voluntad de comprenderlo.
Para que este encuentro tuviese lugar, no bastaba con exhibir una relación de respeto hacia los hechos observables. El diálogo experimental con la naturaleza no supone una observación pasiva, sino una práctica. Se trata de manipular, de preparar el fenómeno estudiado, de aislarlo hasta que se parezca a una situación "ideal" que encarna la hipótesis teórica que guía la manipulación. La relación entre experien-cia y teoría proviene entonces del hecho de que la experimen-tación interroga los procesos naturales, pero lo hace con referencia a una hipótesis relativa a los principios a los que estos procesos se ven sometidos. La naturaleza puede, ciertamente, refutar la hipótesis teórica en cuestión, pero ésta no deja de ser el patrón que mide el alcance y el sentido de la respuesta, cualquiera que ésta fuera.
El acto experimental constituye un arte, o sea, reposa sobre una habilidad y no sobre reglas generales, y se encuentra por ello sin garantía de éxito, completitud y/o acabamiento. Ningún método puede eliminar el riesgo de perseverar, por ejemplo, en una interrogación sin pertinen-cia. No existen reglas generales por medio de las cuaies se puedan derivar o inferir mecánicamente hipótesis o teorías a partir de los datos empíricos. La transición de los datos a la teoría requiere imaginación creativa. Las hipótesis y teorías científicas no se derivan de los hechos observados s/noque se "inventan" para dar cuenta de ellos. Son conjeturas —enunciados de los que no se sabe aún si son verdaderos o falsos— relativas a las conexiones y a las regularidades y uniformidades que se pueden establecer entre los fenóme-nos que se están estudiando.23
Este procedimiento, inextricablemente entrelazado con el diálogo experimental, es lo que los filósofos de la ciencia llaman método hipotético deductivo: a partir de un problema en estudio, se formula una hipótesis; luego, una deducción conduce al experimento para controlar la hipótesis. Una idea entre.dos hechos: la ecuación problema-htpótesis-experi-mentación es el método que caracteriza la ciencia moderna. Esta concepción del método tiene antecedentes remotos: en el siglo xvu el filósofo Francis Bacon intentó proporcionar una guía ordenada para adquirir conocimientos de tipo científico consistente en una serie de reglas que incluían cuatro operaciones básicas: observar, medir, explicar y verificar. En el siglo xix los teóricos proponían una versión del método algo mas complicada: se trataba de plantear una cuestión a la naturaleza, de recoger evidencia pertinente, de formar hipótesis explicativas, de deducir sus consecuencias, comprobarlas expertmentalmente y, finalmente, de aceptar, rehusar o modificar las hipótesis según correspondiere.24
En el ínterin se sucedieron numerosos intentos para esta-blecer en forma definitiva el perfil del método. A pesar de la transparencia y claridad de estas formulaciones, o justamen-te debido a ellas, el método científico no es tan lineal ni tan mecánico como lo hemos presentado aquí y su analogía con los engranajes de la máquina es claramente desacertada.
Ya en el siglo xix y a principios del xx, el método, antes que una herramienta formal y metodológica, ponía al descubierto una racionalidad que gobernaba tanto la ciencia, como cualquier otra forma de conocimiento. El supuesto básico del método es que toda "cuestión de la naturaleza" es aprehen-sible en términos de la formulación de un problema para el cual los modos correctos del conocer proporcionarán una solución adecuada.
La empresa científica se construyó alrededor de la espe-ranza de diferenciar entre la especulación y el conocimiento, entre la creencia y la ciencia. Sin embargo aun cuando sea posible creer sin saber, la inversa no es posible: para comenzar a conocer es necesario cree.
de investigación en común, sino en el más laxo de. una actitud
o una filosofía, de una apuesta que en el fondo no es mas, ni
menos, que una esperanza. El MÉTODO, con mayúsculas, es
el espíritu de cuerpo, lo que tanto ios unifica como científicos
-y no como filósofos o hunmanistas- cuanto los separa como
investigadores de distintos campos del conocimiento.
Lógica del descubrimiento y psicología de la investigación
Tengo ia certeza creciente de que la idea de indivi-duo, de que se puede conocer a alguien aparte de sus relaciones, es usa y nanamente errónea. Nos crea-mos mutuamente, nos hacecrea-mos nacer ai convertir-nos en parte de la matriz en la que existe el otro.
Mary Catherine Bateson, Como yo los veía
Si definamos la metodología utilizando como criterio de
validación del conocimiento uno de los tantos que pululan en
el mercado metodológico (verificacipnismo,
operacipnalis-mo, falsacionisoperacipnalis-mo, etc.),
25el método científico así
caracteri-zado, no puede, paradojalmente, dar cuenta del hecho más
trascendental de la práctica científica, a saber: el
descu-brimiento y Ja formulación de teorías. Ni tampoco de'la
cuestión aun mas central de por qué los científicos se hacen
ciertas preguntas y no otras, por qué consideran pertinente
una observación en vez de otra o cómo construyen las
hipótesis que guían sus análisis en vez de contentarse con
las ya existentes.
El método científico no es capaz de reemplazar el instante
inspirado de Arquímedes cuando descubre las leyes de la
hidroesíática mientras chapotea en el agua, ni la noche de
sueño fecundo de Pauli, que io llevó a postular a la mañana
siguiente la existencia del spin del electrón, o el semihipnótieo
trance de Kekule quien, mirando el fuego, "vio" llamas que
tomaban la forma de serpientes que se mordían ia cola y que
lo ayudarían a establecer la estructura cíclica del benceno,
etcétera,
26La comprensión de la actividad científica exige por
y eonsírücción de nuevos paradigmas— recurriendo a distin-ciones irreductibles a pasos o regias metodológicas sencillas y finalmente vacías
Ello no obstante, cualquier discusión que se precie sobre la ciencia no puede pasar por alto la naturaleza de la explicación científica, sus pasos constitutivos y las razones de su irreductibilidad a la metodología en el sentido tradicio-nal de la palabra.
4. La explicación científica
No importa si no entienden estas teorías. En reaiidad-como dice Sábato—ei pensamiento científi-co parece tener mayor poder cuanto menos se io comprende. Por eso suele decir: —¡Qué bien que habla este hombre...! No aicanzo a entender ni una soia de sus palabras.
Alejandro Dolina, Crónicas del Ángel Gris
Nuestra inclinación por formular preguntas que requieren una explicación como respuesta forma parte de la tradición occidental greco-judeo-cristiana . ¿Qué debe ocurrir para que digamos que cierto fenómeno o situación ha sido expli-cado?, ¿qué sucede en la vida cotidiana para que un
observador describa ia respuesta a una pregunta como una
explicación?: que se esté proponiendo una reformulación de una situación particular de nuestra vida práctica, que dicha reformulación de nuestra vida práctica sea aceptada por e! interlocutor como una reformulación válida para su propia vida práctica.
Las explicaciones que damos a los niños aportan nume-rosos ejemplos de respuestas que son satisfactorias para e//os» La vida cotidiana revela cómo el observador es el que acepta o rechaza una afirmación como una reformulación válida de cierta situación si satisface sus criterios implícitos o explícitos de aceptabilidad.
vacío, siempre aplicamos algún criterio particular de acepta- f
bilidad a lo que percibimos/pensamos.
Cada uno de los dominios explicativos se define por el
criterio de validación que utiliza el observador para aceptar
una repuesta-reformulación como una explicación en el
dominio considerado. Hay tantos dominios explicativos como
criterios de aceptabilidad aplicables por un observador. Al
mismo tiempo, cada dominio explicativo constituye un
domi-nio de acciones que un observador considera legítimas en
cierto aspecto de su vida práctica por estar sustentadas por
explicaciones que él acepta en dicho dominio.
A la vez, cada dominio explicativo, al especificar un
dominio de acciones legítimas en la vida del observador,
especifica también un dominio cognitívo. La intersección
entre dominios cognitivos —entre el hacer y el saber de
diferentes observadores—da Jugara la coordinación
consen-súa! de las acciones; esto nos permite describir dominios de
existencia compatibles entre sí. Finalmente, no hay un
fundamento que dé cuenta de la elección de Jas premisas
básicas que constituyen un dominio explicativo. En cierto f
sentido, puede afirmarse que se trata de una cuestión de >
preferencia \e todos los sistemas de creencias pue- j
den conceptualizarse como diferentes dominios de operacio- í
nes coherentes en la vida práctica del observador que cada j
uno vive como diferentes dominios de explicaciones o dife- í
rentes dominios de acciones, es decir, diferentes dominios f
cognitivos. La ciencia no es por lo tanto, sino uno de esos I
dominios cognitivos. f
Se trata de un dominio peculiar de explicaciones acerca de f
la vida práctica que se define y constituye por la aplicación, \r parte del observador, de un criterio particular de valida- ¡
ción de las explicaciones: el criterio de validación de la f
explicación científica. Ser científico supone aceptar dicho ¡
criterio de validación. ¡
Los científicos naturales aceptan una proposición dada j
como explicación científica de determinada situación o fenó- f
meno solamente si describe un mecanismo que produce esa i
situación o fenómeno como consecuencia de: j
1) especificación del fenómeno por explicar a través de la j
descripción de lo que el observador debe hacer para
2) proposición, en la vida práctica del observador, de un mecanismo que, como consecuencia de su operación, dé lugar a la experiencia del fenómeno por ser explicado;
3) deducción, a partir del mecanismo propuesto en (2), de otros fenómenos, y de las operaciones que el observador debe realizar en su vida práctica para experimentarlos;
4) experiencia concreía por parte del observador de los fenómenos adicionales deducidos en (3) al realizar, en su vida práctica, aquellas operaciones que—también de acuerdo con lo que fue deducido en (3)- permitirán generarlos.
Sólo cuando se satisfacen estas cuatro condiciones, el mecanismo propuesto en (2) como un mecanismo generador que da lugar al fenómeno especificado en (1) —como conse-cuencia de su operación—, se convierte en una explicación científica de este fenómeno para el observador reconocido como científico.
En tanto la ciencia surge como un dominio explicativo a través de la aplicación del criterio de validación de las explicaciones científicas, la ciencia, como dominio de expli-caciones y afirmaciones es válida únicamente para la comu-nidad de observadores que aceptan y usan para generar sus explicaciones ese criterio particular. La ciencia es -constitu-tivamente— un dominio de reformulaciones de la vida prácti-ca, con elementos de esa vida práctica en una comunidad de observadores, y como tal es un dominio consensúa! de coordinaciones de acciones entre los miembros de esa comunidad. Es por ello que los científicos son mutuamente reemplazables en el proceso de generación de explicaciones científicas.27
Síntesis
Resumiendo:
social y fueron creídas y/o veneradas por ios miembros
letrados e ilustrados de la población; [ • el método es una construcción histórica. No existen | descripciones ni algoritmos definitivos que puedan agotar en | forma mecánica y acontextual los interrogantes que nos 1 hacemos; j • uno de ios dominios mas significativos para el cual se ¡ exigen explicaciones es el surgimiento de la novedad. Lo | rutinario, repetitivo, previsible se acomoda fácilmente a las | explicaciones que han resultado exitosas en el pasado. Lo í nuevo, lo inesperado, lo peligroso, ío aleatorio, lo distinto i exige, empero, criterios no rutinarios, distinciones no utiliza-- í
das previamente, cambios de paradigmas, miradas alter- \. f
> Para que haya una actividad que produzca resultados
definitivos, duraderos, acumulativos es necesario que exis-tan procedimiento de decisión esexis-tandarizados y repetitivos cuya aplicación sistemática sea previsible y exitosa.
5. La creación de novedad
¿ No debe llamarse vida lo que puede estar latente en un disco, io que se revela si tunciona la máquina del fonógrafo, si yo muevo una llave? ¿Insistiré en que todas las vidas, como ios mandarines chinos, depen-den de botones que seres desconocidos puedepen-den apretar? Y ustedes mismos, ¡cuántas veces habrán interrogado a! destino de los hombres, habrán movido las viejas preguntas: ¿adonde vamos? ¿en dónde yacemos, corno en un disco músicas inauditas, hasta que Dios nos manda nacer? ¿No perciben un para-lelismo entre los destinos de ios hombres y de las imágenes?
Adolfo Bioy Casares , La invención de Mórel
Para alcanzare! objeto de! conocimiento, e! sujeto realiza una serte indefinida de aproximaciones mediante su accionar, logrando un descentramiento mayor a medida que accede a la objetividad que va construyendo, lo que se evidencia tanto en el pasaje de la infancia a la adultez,como en la propia historia de la ciencia.
Hace mucho tos cuerpos celestes seguían a los hombres —la estrella que guiaba a ios Reyes Magos—; en la época de Gopérnico y Newton se creían universales los relojes y los metros. Pero ei objeto, conocido a través de la acciones debe ser reconstituido y reorganizado. Las experiencias no se leen como un simple acto de copiado, sino que se asimilan a esquemas dei sujeto, introduciendo muchas veces elemen-tos que "no existen" como daelemen-tos empíricos. Cada reconstruc-ción que se hace del objeto es una aproximareconstruc-ción que no nos garantiza nunca la perfección absoluta. Y sin embargo cada generación es capaz de transformar lo real y de generar resultados tecnológicos y prácticos cada vez mas eficientes. En las interacciones sucesivas y reiteradas que realiza-mos con el medio y con los otros, poderealiza-mos hacer infinitas combinaciones que provocarán modificaciones en nuestras interacciones y en la consiguiente reconstrucción del mundo. Reconstruimos un objeto cuando reacomodamos nuestros esquemas y estructuras mentales a las nuevas perturbacio-nes que nos afectan.
i-fr <" endógenas de las estructuras del sujeto, eí reprocesamiento
de !o que percibimos se realiza de una manera nueva. Nuevas formas de uso de un objeto crean nuevas situaciones en las que varía el contexto a partir del cual pensamos o vislumbramos hechos.
A veces podemos "ver" donde antes no "veíamos" abso-lutamente nada. Es revelador comprobar que en muchos casos se necesita un largo tiempo para reconocer patrones que luego, a partir del hallazgo de la novedad, resultan obvios.
Cuanto más afianzados estamos en un paradigma, mayor .dificultad tenemos para realizar asociaciones inhabituales. Habría que desaprender los aprendidos y tratar de recuperar la ingenuidad del niño para poder escapar de las asociacio-nes estándar.
Un ejemplo de creación científica
Escribimos libros porque nuestros hijos no se
intere-san por nosotros. Nos dirigimos a un mundo anónimo | porque nuestra mujer se tapa los oidos cuando le I hablamos. |,
Milán Kundera. El libro de la risa y el olvido |!
La teoría de la evolución por selección natural suele ser ¡ presentada como un excelente ejemplo de descubrimiento j científico producto de un vuelo de la intuición. Charles Darwin [ refiere de qué modo influyó en su pensamiento el Ensayo ¡ sobre la población de Thomas Malthus, para quien toda ¡ población crece más rápidamente que sus medios de susten- í to, lo que trae como consecuencia que muchos miembros de [ la población sean incapaces de hallar alimento. ¡i Darwin estudió el razonamiento de Malthus y se dio cuenta [ de que esto implicaba que algunos animales, los que fueran [ más aptos, sobrevivirían en esta competencia por el alimen- r ío. Por lo tanto, dichos animales traspasarían sus caracterís- ¡ ticas a su descendencia. De este modo, la población iría | evolucionando: í
Tres principios darán cuenta de todo: (1) nietos como los [ abuelos, (2) tendencia a pequeños cambios, especialmente en [ lo tocante a cambios físicos, (3) gran fertilidad de los padres, en *
proporción al sustento.28 I
También es interesante contrastar la concepción evolu-cionista acerca del origen de la vida con la prevaleciente en la época, que se fundaba en la Biblia. Una de las consecuen-cias de la interpretación literal de aquella teoría según la cual Dios creó los cielos, la Tierra y todos los seres vivos, era que dicha creación era definitiva y perfecta, y, por lo tanto, no sujeta a cambios. De este modo, la discusión sobre la evolución, no sólo era innecesaria, sino que también consti-tuía una blasfemia. Eran muchos en ios círculos científicos los que no aceptaban esta ortodoxia, y Darwin conoció a gran número, de ellos durante sus estudios en Edimburgo y en Cambridge. Darwin sostiene en su autobiografía que no obtuvo beneficio alguno de la educación formal, alcanzó, sin embargo, una excelente formación, y al abandonar la Univer-sidad conocía bien las ciencias modernas.
En 1831 Darwin ocupó el puesto de naturalista en el navio
Beagíe , que se disponía a realizar un viaje de cinco años
alrededor del mundo, prestando especial atención a las costas de Sudamérica. Durante el viaje adquirió ia informa-ción que dio lugar a su teoría de la evoluinforma-ción.
Así, Darwin ya se sentía inclinado a creer en la evolución cuando emprendió el viaje. Y tal idea se fue robusteciendo durante la travesía. El viaje llevó su pensamiento hacia la teoría de la selección natural por diversas vías. Llegó a convencerse de que realmente tendría lugar la evolución y se dio cuenta de que las especies podían variar sus caracterís-ticas aun cuando el ambiente se mantuviera constante. Todo lo relativo a la evolución ocupó un lugar central en su mente durante esos años con lo cual tuvo oportunidad de ajustar y modificar las ideas.
Tras su regreso a Inglaterra, emprendió dos importantes tareas: la organización del material recogido durante el viaje y una reflexión sistemática sobre la teoría evolucionista. A lo largo de los quince meses siguientes, su pensamiento expe-rimentó grandes cambios, y una teoría de la cual había echado mano (la de las mónadas) fue convirtiéndose en la teoría de la selección natural.29
introducida por Darwin consistió en admitir el sentido positivo de ia selección. Darwin conocía el fenómeno de la selección artificial de los criadores de animales, mediante la cual los hombres buscaban crear especies dotadas de característi-cas especiales. A pesar de que es posible establecer un paralelismo entre el papel humano en la selección artificial y la lucha por la supervivencia en ia selección natural, cuando comenzó a teorizar sobre ello, no le resultó tan obvio.
Más que provocar un gran salto de la intuición, la lectura de Malthus fue sencillamente el último paso de un largo proceso durante el cual se fueron reacomodando y reestruc-turando los conocimientos bajo la influencia de los nuevos datos y dificultades lógicas que fueron surgiendo. Además, la intuición que Darwin tuvo al leer a Malthus no surgió de la nada: fue preciso que sus concepciones cambiaran antes de que estas teorías pudieran provocarle alguna modificación. Malthus por sí solo no transformó la cabeza de Darwin, en Darwin mismo íwvo lugar un proceso de resignificación de los conceptos que dio espacio a la influencia malthusiana.
Transición
Vemos pues desde distintos ángulos y a la luz de diversos tamices que la actividad científica es un proceso polimórfico, y a veces también perverso. Que en su seno conviven lo alto y lo bajo, lo metódico y lo intuitivo, lo altruista y lo egoísta, lo mejory lo peor de cada uno de nosotros. Es cierto que existen controies y jerarquías, pero también conviven en su interior ia policía y la exclusión. Mientras que este capítulo estuvo orientado a echar algo de luz sobre la otra cara de la ciencia —aunque permaneciendo aún bastante cercanos de las lecturas internalistas y de la problemáticas más tradicionales de la explicación—, en el próximo seremos un poco menos cautos y nos dedicaremos de lleno a analizar las difíciles pero no menos evidentes relaciones que existen entre ia ciencia y los poderes.
Notas
I 1. Aunque solemos jactarnos de que un campesino del primer I mundo de fines del siglo XX disfruta de una calidad de vida ¡ superior a la de un rey del siglo XIX, estamos muy lejos de í entender la paradoja de una sociedad de la frugalidad que, \a de los problemas de desigualdad e inequidad
J que supone la concentración de riquezas en pocas ma-¡ nos, supo regular su crecimiento al punto tal de trabajar I menos para no tener que trabajar más. En su interesante i trabajo Stone Age Economice (New York Aldine 1972), ¡ Marshall Sahlins muestra como los bosquimanos kung del I desierto deí Kallahari o los aborígenes austra-I líanos—considerados desde la publicación de la Antropo-¡ logia Económica de Herskovitz en 1958 como los más í pobres de los pobres de la Tierra— no lo fueron tanto, y en | todo caso lo que quisieron serfue resultado de un proyecto í de vida -obviamente sobredeterminado ecológicamente: ¡ "(•••) 'a gente más primitiva de la Tierrra tiene pocos
! bienes, pero no es pobre. La pobreza no es disponer de í una cantidad pequeña de bienes, ni tampoco tan solo una | relación entre medios y fines; es sobre todo una relación [• entre personas. La pobreza es un estatus social. Como tal I es un invento de la civilización. Ha crecido con ésta, prime-[ ro como una distinción envidiosa entre clases y, mas im-; portante aun, como una relación tributaria (op.cit, p.38)"im-;.
í 2. Para estudios pioneros acerca de la consolidación de este
i estilo cognitivo consúltense, entre otros: E.J
Dijksterhuis-!' The mechanization ofthe world picture, Oxford Universiíy
science and its relation to philosophy and religión. Cbridge University Press, 1968. Para enfoques mas am-plios véase Aífred North Whitehead Aventura de las ideas. Buenos Aires: Fabril, 1961, Trabajos recientes donde se estudian la evolución y los impasses a los que ha llevado el desarrollo del estilo cognitivo científico pueden consul-tarse en Jerome R.Ravetz Scientific knowledge and its social problems. New York: Oxford Univ. Press, 1979 y David Knight The age of science. The scientífíc world-view in the nineteenth century, New York: B. Blackwell, 1988. A veces conviene tomar por guías a los baqueanos mas inesperados. Recordemos si no este diálogo ejemplar: "—Cuando uso una palabra —dijo Humpty Dumpty en un tono más bien desdeñoso— significa exactamente jo que quiero, ni mas ni menos. —La cuestión es —dijo Alicia— si uno puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. —La cuestión es —dijo Humpty Dumpty— quién es es el que manda, y eso es todo," (Lewis Caroll Alicia del otro lado del espejo , Cap.6.) Para un estudio minucioso de cómo construir consenso y fabricar aliados logrando que las palabras signifiquen ciertas cosas y no otras en el campo duro de la bioquímica y la biología, véase Bruno Latour & Steve Woolgar La vida de ios laboratorios. Madrid: a aparecer, 1993. Jugando a este juego de las palabras es que Joseph Needham pudo escribir sus voluminosos tratados acerca de la ciencia y ios científicos en China (véase, para una síntesis, Dentro de los cuatro mares. El diálogo entre oriente y occidente. Madrid: Siglo XXI, 1975).
Í dos notables ejemplos de la interpenetración entre las | series materiales y las simbólicas véanse los guiones-j libros -provenientes de series de televisión— de Kenneth ¡ Burke: Connections. Boston: Little, Brown, 1978 y The day \ un/verse changed. Boston: Littíe, Brown, 1985.
j 5. Véanse, entre otras referencias, Marie Boas The scientific \ London Fontana 1970; Herbet Butterfield
¡ Los orígenes de la ciencia moderna. Madrid: Taurus, I 1971: Richard S.Westfall La construcción de la ciencia I moderna. Barcelona: Labor, 1980.
I 6. Una historia del largo plazo de la ciencia muestra el flujo y reflujo de teorías, conceptos, estrategias, perspectivas. Lo que generaciones de científicos consideran verdadero j es desacreditado por otro puñado no menos convencido [ de adherentes a otras teorías y enfoques. Como comple-| mentó al análisis contingente de los hechos y de las | teorías, Gerard Holton en Ensayos sobre el pensamiento ¡ científico en ¡a época de Einstein. Madrid: Alianza 1983, j propone elaborar un análisis "thematico" de la ciencia I buscando los presupuestos fundamentales, las nociones, f los términos, los juicios metodológicos y las decisiones ¡ que no se derivan, ni tampoco son reductibles, ya sea a la observación, ya al razonamiento analítico formal. La problemática de los themata no es privativa de la ciencia experimental moderna. Posee antecedentes ejempíifica-dores en la Teogonia de Hesíodo y en e! Génesis bíblico. La continuidad que existe entre la cosmogonía milesia y !a cosmología evolucionista actual es una continuidad "thematica" y no de contenido o de método. Así como existe una ruptura paradigmática entre ambas perspecti-vas, existe una no menos fuerte continuidad "thematica". 7. Para un examen sumamente rico en detalles e interpreta-ciones del lento y irreversible giro que fue desde un enfrentamiento con la naturaleza para arrancarle sus secretos a principios de la modernidad, hasta llegar a una comprensión más plena de la continuidad entre hombre y naturaleza véase Keith Thomas Man and the natural world. A history of the modern sensibility. New York: Pantheon Books, 1983.
thought. Harvard Uniyersity Press, 1957; John D. Bernal La proyección del hombre. Historia de la física clásica. Madrid: Siglo XX!, 1975.
9. Para una primera aproximación a la obra de este autor consúltese la antología que se publicó con motivo del quinto centenario de su nacimiento V.V,A.AA//cp/ás Co-pemico 1473-1973. Buenos Aires, Siglo XXI, 1973.
inqui-[ sicJán y control ideológico en la España del siglo XVI.
I Madrid: Taurus, 1983; Ronaid H.Bainton Servet, ef hereje I perseguido (1511-1553). Madrid: Taurus, 1973.
I 12. Los dos grandes temas de la sociología de la civilización
\n siendo: ¿por qué surgieron las ciudades-estado y
¡ no seguimos siendo tribus?, ¿por qué hubo indusírializa-j ción y ciencia y no seguimos siendo campesinos y
anal-fabetós? Fenómenos de este alcance sólo pueden ser descriptos de múltiples formas paralelas. Denominamos
complementar/edad de fas descripciones a la suma de
dichas interpretaciones. Así las cosas, es comprensible qué sigan existiendo hipótesis contradictorias acerca de los orígenes de fa ciencia moderna. En un eje que tiene por extremos él continuismo y el discontinuismo más radica-les, un extremo es ocupado por A.C.Crombie (1974) quien sostiene que la ciencia moderna tiene su origen profundo y su inspiración conceptual en el terreno medieval. Otros historiadores igualmente iníernalistas de la ciencia sostie-nen una posición diametralmente opuesta. Asi Alexandre Koyré (1980) considera que la novedad de la combinación "teoría -»- experimento" que encontramos en Galiieo y Newton es irreductible a ¡a tradición medieval. Lo que ambos autores comparten, empero, es su presunción de que la revolución científica fue una revolución de estricto corte intelectual. Oponiéndose a ambos, numerosos au-tores de inspiración materialista ven la revolución cientí-fica como la respuesta a ia modicientí-ficaciones profundas en la estructura económica y socíaf (Berna!, 1967).
13. En la Antigüedad, las categorías sociales superiores no trabajaban y el trabajo en cuanto tal era considerado una actividad despreciable, reservada a las clases bajas de la población. A partir de los siglos V y VI a. de C., en los circuios ideológicos de Grecia, nacieron "prejuicios" tales como que los filósofos no debían preocuparse por los bienes materiales y que la filosofía no debía interesarse por los conocimientos que ayudan á acumular riqueza —ideas que, bajo formas semejantes, se han mantenido hasta hoy. Estos prejuicios se tradujeron en el desprecio hacia las artes y oficios mecánicos, así como hacia las personas cuyas ganancias provinieran de trabajos mate-riales. Al desarrollarse la esclavitud, la población libre, en proporciones cada vez mayores, se alejaba de la actividad productiva. Para una introducción a la problemática del
saber/hacer en la Antigüedad consúltese Alvin Gouldner Enter Plato. Classicai Greece and the orígins of social theory. New York, Basic Books, 1965. La idea de que el trabajo manual es degradante y el trabajo pagado humilla a quien lo realiza, sobrevivió a la caída del mundo antiguo y quedó viva a lo largo de toda la Edad Media. La contrarre-forma empezó a revertir esta situación. La lectura de El burgués de William Sombart (Madrid: Alianza, 1977) o La teoría de la clase ociosa de Thornstein Veblen (México: FCE, 1944), muestra cuan diferentes son las concepcio-nes modernas del trabajo, el ocio, la utilidad y el lucro de las antiguas y, consiguientemente, las diferencias nota-bles que existen entre sus respectivos estilos cognitivos. 14. Uno de los grandes aportes de las ciencias sociales a nuestra autocomprensión del presente fue la aparición de nuevos enfoques historiográficos —derivados de la escue-la francesa de Anales— hasta llegar a escue-las monumentales sumas acerca de la vida cotidiana en la historia coordina-das por Georges Duby (ed.) Historia de la Vida Privada 10 t. Madrid: Alfaguara, 1991 y Georges Duby (ed.) Historia
de las mujeres 10 t. Madrid: Alfaguara, 1992
pro-fundización y actualización de esa perspectiva se encon-trará en su trabajo más reciente La domesticación del azar. La erosión del deíermínismo y el nacimiento de las f ciencias del caos. Barcelona: Gedisa, 1991. Tanto Hac-; king como Foucault, por caminos paralelos y
convergen-j tes, han contribuido más decisivamente al establecimien-[ to de una biopoíítica: "(•••) ¡a biopolítica presenta el rasgo
I corriente de una carpeta de riesgo, esto es, que casi al j mismo tiempo extremos opuestos se presentan como | horrendos peligros (hoy es el invierno nuclear y el efecto | de invernadero). El 'problema de la población' denota | tanto la explosión demográfica de otros pueblos como la { tasa excesivamente baja de nacimientos de nuestro pro-[ pió pueblo. Durante ei siglo XIX en Francia el propio pueblo I eran los franceses y los otros eran los alemanes y los í ingleses. En Prusia, los otros eran los judíos. Hoy los otros !- son el tercer mundo. En la Inglaterra victoriana tardía, los
otros eran la clase trabajadora" (op.cit pp.46/7).
17. Para una muestra sumamente insuficiente pero impres-cindible acerca del papel de lo cuantitativo en la formación de nuestras categorías cognitivas y sociales consúltense, entre otros: Cario Cipolla docks and culture 1300-1700. New York: W.W.Norton, 1978; Witold Kuia Las medidas y
ios Hombres. México: Siglo XXI, 1980; Thomas Krump Theanthmpologyofnumbers. Cambridge Universíty Press,
1992.
18. Demostrando el flujo y reflujo de las opiniones públicas hoy la ciencia provoca desencanto y desilusión en vez de la fascinación o simpatía que su exposición pública —en ferias, teatros, salones de conferencia, véase Daniel Raichvarg Science et spectacie París: Editions 4, 1993— arrracaba a principios de siglo. Desde el refugio masivo en el esoterismo hasta las críticas sociológicas y retóricas de los poderes de la ciencia, son variados ios ángulos desde los cuales esta práctica ve amenazada a fines del siglo XX su monopolio cognitivo tan dificultosamente construido. 19. Consideremos, finalmente, para comprender la profunda
No es casuai. además, que sus actividades se
desarrolla-ran en dos ciudades: Florencia y Venecia, que fueron
centros comerciales particularmente activos. El arribo de
Galileo a Venecia tiene una profunda significación
histó-rica: éf encarna ia necesidad de un huevo saber. Es muy
posible que lo que movió a los venecianos a contratar a
Galileo como profesor de matemáticas en Padua haya
sido su talento para los inventos. Galilea no sólo reconoció
su deuda con los técnicos, sino que patentó varios
inven-tos, por ejemplo un aparato para medir la expansión de los
líquidos, una balanza hídrostática para medir la densidad
de objetos preciosos y un instrumento de cálculo que
llamó compás militar. Por otra parte, en su obra científica
demostró un realismo que cabe legítimamente relacionar
con el realismo propio de la sociedad que fo rodeaba.
Incluso, en una de sus obras más importantes,
Conside-raciones y demostConside-raciones matemáticas sobre dos
nue-vas ciencias, las intenciones prácticas son indisociabíés
de las discusiones teóricas. Galiieo es la coronación del
desarrollo de una nueva sociedad, de una época en que
se creía que el hombre podía actuar. La ciencia moderna,
en lugar de contemplar la naturaleza, intentó, y lo logró,
ser eficaz, transformándola en su beneficio. La ciencia
moderna, repitámoslo, es ía unión del cerebro con ías
manos, la alianza de la teoría con la práctica. Es el fruto
de una sociedad donde ios prácticos tomaron éí poder.
Galileo murió en 1642, año en el que nació Sir Isacc
Newton. Esta aparente coincidencia biográfica provee la
mas esplendorsa continuidad que pueda imaginarse entre
dos de los mas grandes titanes que ayudaron a forjar el
espíritu y ía letra de la ciencia moderna.
20. Curiosamente fue el mismo Newton el acuñadorde ía feliz
frase "es privilegio de la secta darle su nombre al error".
21. Para una exposición magistral de este proceso
consúlte-se Hya Prigogine & Isabeile Stenghers.La Nueva Alianza.
Metamorfosis de ¡a ciencia, Madrid, Alianza Universidad,
1983.
22. Es conocida la expresión de Albert Einstein Dios no Juega
a los dados con el universo. Para un excelente trabajo en
14 de julio de 1930, en la residencia del profesor en Kapuíh" en ia cual Einstein termina auíorreveíándose más religioso que ef propio Tagore.
23. El tiempo no existiría, e! conocimiento sería completo, no quedaría lugar para e! azar. La euforia del poder de predicción reinó en e! interior de esta fortaleza determinis-ta que parecía haber pulverizado ef azar a golpes de ecuaciones diferenciales. Eppur desarrollos más recien-tes muestran hasta qué punto esta pretensión de exorcí-sar el azar, cuaí retorno de lo reprimido, no habría de durar eternamente, Véanse entre otros John Briggs & F.David Peat Turbulentmlrror. An illustratedguide to chaos theory and the scíence of whoieness. New York: Harper & Row, 1990 y James Gíeick Caos. La creación de una ciencia. Barcelona: Seix Barra!, 1988. Estos temas serán retoma-dos y ampliaretoma-dos en ei capítulo 8 cleí presente libro.
24. Existen toneladas de libros y colecciones íntegras de revistas en los que estas cuestiones se analizan y discuten con mayor vehemencia y meticulosidad que cualquier resultado de un partido de fútbol o una elección política. Para la formulación canónica de estos probiemas recúrra-se a! archieSásico Karl Popper La lógica de la investigación científica. Madrid: Tecnós, 1974 o Mario Bunge Epistemo-logía. Curso de actualización, Barcelona: Seix Barra!, 1980. Una evaluación general de esta problemática desde una óptica internalista se hallará en Frederick Suppe (ed.) The structure of scie.ntif/c theor/es. University of Illinois Press, 1979. Gran parte de ia discusión acerca de la validación de teorías pasa por ia aceptación o no del realismo y las ventajas/desventajas de ios enfoques instrumentaiistas y/o constructivistas. Una evaluación de estos temas se encontrará en James T.Cushing et ai Science and reality. Recent work in the phiio$ophy of science. University of Notre Dame Press, 1984 y en Paul M.Churchland & Clifford A,Hooker (eds.) ímages ofscien-ce. (Essays on realism and empiñcism. The universiíy of Chicago Press, 1985
25. Consúltese ^i panorama brindado por Joseph Lesee
introducción histórica a ¡a filosofía de ¡a ciencia. Madrid:
Alianza, 1976.
in thephilosophyofscience., Universityof Chicago Press, 1990.
26. Sobre la creatividad pueden consultarse: R.M.Roberts Serendipíty. Accidenta! discoveríes in science. NY: John Wiley ands Sons 1989; J.Diebold The innovators. The discoveríes, inventions and breakthroughs of our time. NY: Truman Talley, 1990; Roberí W.Wiesberg CreatMty. Beyond the myth of genius. New York: W.H.Freeman, 1993.
27. Como e! criterio de validación de las explicaciones científicas no implica ni requiere la suposición de un mundo objetivo independiente de lo que eí observador hace, las explicaciones científicas no caracterizan, deno-tan ni revelan un mundo objetivo e independiente del observador.
28. Darwin no siempre progresó regularmente hacia la teoría definitiva, primero tuvo que abandonar y modificar sus ideas inicíales. Además, estuvo fuertemente influido por las ideas de otros. Darwin nació en 1809 y murió en 1882. Durante su larga vida publicó muchos libros y artículos, además de El origen de fas especies. Su abuelo, Erasmus, fallecido antes de nacer Charles, había desarrollado una teoría de ia evolución basada en la herencia de los caracteres adquiridos. Independientemente de Darwin, Jean Baptiste Lamarck propuso una teoría muy similar, conocida hoy por evolución lamarckiana. Así, el problema de la evolución !e resultaba familiar ai joven Darwin, ya que no sólo su abuelo había escrito sobre el tema, sino que probablemente los miembros de su familia lo trataron con frecuencia. Para mas información: MichaelRuse. Thedar-winian revolution. Science redin tooth andc/aw. University of Chicago Press, 1979; M.T.Ghiselin El triunfo de Darwin. Madrid: Cátedra, 1983: P.Bowler El eclipse del darwinis-mo. Teorías evolucionistas antidarwínistas en las
déca-das en tomo a 1900. Barcelona: Labor, 1985. I 29. Para estudios detallados acerca de la psicología de la I creatividad en el caso darwiniano véase Howard E.Gruber I Darwin on man. A psychological study of scientific creati- j vity. The University of Chicago Press. 1981. Parte de este | trabajo se apoya en el estudio de trabajos pocos conocí- I
Capítulo VHl EL PARADIGMA POSNEWTONÍANO
Lo simple no es nunca sino ío simplificado.
Gastón Bachelard
1. Los mandamientos de la simplicidad
El mundo que nos rodea exhibe una gran diversidad fenomé-¡- nica. Nuestros sentidos son bombardeados por una variada ¡ gama de estímulos que debemos organizar (distinguir, selec-| cionar, codificar) con el fin de vivir y sobrevivir en un entorno f pletórico de demandas y propuestas.
Para la ciencia clásica, tal "complejidad" era tan solo aparente y los fenómenos, por más diversos que fueran, i debían ser explicados a partir de algunos principios simples y de leyes generales. De esta manera, se tenía la certidumbre de que el universo funcionaba como una máquina de preci-sión cuya realidad se volvía inteligible a partir de la experimentación, la atribución causal y el descubrimiento de las leyes naturales que regirían el orden de este gran reloj universal.1
Cuando Galiíeo en sus obras afirma que ciertos procesos pueden ser desprendidos de su conexión con la totalidad de la naturaleza, para así ser definidos y desarrollados matemá-ticamente, está manifestando esta actitud en cuanto a la j cognoscibilidad de la naturaleza. De la misma forma Newton ; prescribió reglas para mostrar cómo lo que era apareníemen-l te compapareníemen-lejo era reductibapareníemen-le a ío simpapareníemen-le: