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Aspectos del desarrollo agropecuario argentino: 1875 - 2005

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TO M O LX BU EN OS AIRES

ACADEMIA NACIONAL

DE AG RO NO M IA Y VETERINARIA is s n 0327-8093 R EPU BLIC A A R G E N T IN A

Aspectos del desarrollo

agropecuario argentino

1 8 7 5 - 2 0 0 5

Lucio G. Reca

Sesión Pública Extraordinaria del

(2)
(3)

INDICE

Discurso del Presidente Dr. C arlos O. Scoppa 179

Presentación del Ing. Agr. Lucio G. Reca, por el Presidente

H onorario Dr. N orberto Ras 181

Sem blanza del Ing. Rafael G arcía Mata 184

Introducción 187

1. Evolución del Producto Bruto Interno (PBI) y del Valor Agregado 188 Agropecuario (VAA) desde 1875 hasta 2005

2. Participación del Sector Agropecuario en el PBI 190 3. Aspectos del D esarrollo Agropecuario Argentino 192 3.1 Area cultivada y producción de granos (1901-2005)

3.2 Productividad e Innovación en la agricultura

A. Cam bios en la productividad del maíz y del trigo en la 194 Argentina y en EE.UU.

B. La tardía adopción de la soja en la Argentina 196 C. Fertilizantes: C uatro décadas perdidas. 200 3.3 Evolución de la Producción G anadera 1900-2005 202 3.4 La Interfase Agricultura-G anadería

A. El largo plazo (1888-2005) 205

B. Los últim os treinta años 207

4. La Agricultura fuera de la Región Pam peana (ANP) 209 5. El M ercado de Carnes Bovina, Porcina y Aviar. 212

6. C onclusiones 216

7. Bibliografía 218

8. Anexos 221

A. La Langosta Voladora en la Argentina 222

B. La tardía adopción de la soja 223

C. Fertilizantes 224

DI. Bovinos y Agricultura 1975-2005 225

Dll. Interfase Agricultura-G anadería 1975-2005 226

E. Agricultura no pam peana (ANP) 227

F. C onsum o de carne aviar y precio de la carne bovina 228

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LISTA DE GRAFICOS Y CUADROS

1.1 C recim iento Agropecuario y del PBI I

1.2 Valor de las Exportaciones Agropecuarias 188

2.1 Participación % del Sector Agropecuario en el PBI 190 2.2 Contribuciones de la Agricultura y de la G anadería al PBI 191 3.1 Areas cultivadas: C ereales, O leaginosas y Forrajeras 192

3.2 Areas cultivadas con C ereales y Oleaginosas 193

3.3. C am bios en producción de G ranos 1901-2005 193

3.4 Trigo: Rendim ientos com parados Arg. y EE.UU. 195

3.5 Maíz: Rendim ientos com parados Arg. EE.UU. 196

3.6: Soja Areas cultivadas 1961-2005 199

3.7 Area y producción de soja en RA y en el m undo (cuadro) 199 3.8 Uso de fertilizantes en el M undo y en Argentina 201

3.9 Producción de G ranos y uso de fertilizantes 202

3.10 Uso de la tierra en Ganadería 20 3

3.11 Distribución de la tierra ganadera 20 3

3.12 Productividad del Stock ganadero 20 4

3.13 Gráfico: Destino de la faena de ganado 20 4

3.13 C uadro: Parám etros G anaderos 20 5

3.14 Uso de la tierra agrpecuaria 206

3.15 D istribución de la tierra agropecuaria 206

3.16 Uso de la tierra: cam bios respecto a 1975 20 7

3.17 Stock Bovino y Areas cultivadas 20 8

3.18 Precio de la tierra agropecuaria 208

4.1 ExporTaciones Agropecuarias de ANP 21 0

4.2 Area total cultivada regiones ANP 21 0

4.3 Uso de la tierra en regiones ANP 211

4.4 Areas con cultivos típicos de ANP 211

5.1 Producción M undial de Carnes 21 2

5.2 Consum o de carne por habitante 213

5.3 Consum o de carne bovina en Argentina 21 3

5.4 Faena y Producción de Aves 21 4

5.5 Estructura del consum o de carnes bovina y aviar 21 4

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Aspectos del desarrollo agropecuario argentino

18 75-2005

Lucio G. Reca

Introducción

Desde la O rganización Nacional hasta fines de la segunda década del siglo XX el sector agropecuario argentino creció intensam ente, y la Argentina se con virtió en uno de los exportado res de granos, carnes, lanas y aceites más im portantes del m undo.

A partir de los años tre in ta del siglo pa sado, dura n te las sig u ie nte s décadas, el sector atravesó un largo período de muy escaso progreso, lindando con el estancamiento. El área cultivada en 1952, por ejem plo, fue sim ilar a la de

1904.

A fines del siglo XX com enzó otro período de fuerte expansión que se prolonga hasta la fecha. A difere ncia del prim er gran crecim iento, sustentado por el aum ento de las áreas cultivadas, en la presente coyuntura las m ayores producciones resultan tanto del aum ento de las áreas com o de inversiones en tecnología que se reflejan en rendim ientos unitarios m ás altos.

Este docum ento se refiere a ciertos aspectos del desarrollo agropecuario argentino entre 1875 y 2005, analizados desde una perspectiva global; form ula algunas hipótesis sob re las causas que llevaron al esta ncam iento sectorial e incursiona en las im plicancias económ icas, por acción u om isión, de las políti­ cas públicas prevalecientes durante la m ayor parte del siglo XX.

Finalmente se analiza la evolución de la interfase agricultura-ganadería desde el punto de vista de la asignación de tierras y las posibilidades que ofrece la am pliación de la oferta de carnes, histó ricam ente circu n scrip ta a la carne bovina, a la que se ha agregado, en los últim os años la carne aviar.

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1. Evolución del Producto Bruto Interno (PBI) y del Valor Agregado Agropecuario (VAA) desde 1875 hasta 2005

Una mirada retrospectiva de la evolución del PBI y del VAA entre 1875 y 2005 perm ite identificar tres grandes subperíod os (G ráfico 1.1.) D esde 1875 hasta fines de la década del veinte la eco nom ía argentina cre ció a una tasa m edia anual de 5,4%, ligeramente superior a la del sector agropecuario (4,6%). En ese medio siglo el PBI aum entó 14 veces y la producción agropecuaria 11 veces.

1.1 T a s a s anuales de crecim iento del PBI y del

El vigoroso crecim iento de la agricultura y de la ganadería se reflejó, entre otras cosas, en la evolución de las exportaciones (Gráfico 1.2). La irrupción de la agricultura pampeana m odificó sustancialm ente la com posición y el valor del las exportaciones agropecuarias (que entonces constituían, virtualm ente, el total de lo que la Argentina exportaba.)

1.2 V a lo r de las E x p o rta c io n e s A g ro p e c u a ria s

200

-1876 1880 1885 1890 1900 1910 1914

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El crecim iento de las exportaciones ag ropecuarias entre 1885 y 1910 fue excepcionalm ente alto (9,5% anual para el conjunto, 6,5% para la ganadería y 20,5% para la agricultura!) Fueron los tiem pos cuando la Argentina era sinóni­ mo de “G ra nero del M u ndo” . El siste m a p ro d u ctivo superó los tra sto rn o s al com ercio internacional ocasionados por la prim era guerra m undial (1914-1918), así com o la reiterada y devastadora presencia de la langosta voladora1, princi­ pal plaga de la agricultura argentina. El desenvolvim iento del sector agropecuario dura n te eso s 45 años, sim ple m en te , fue exce p cio n a l y sen tó las bases del progreso económ ico argentino.

Un panoram a m uy distinto predom inó desde los años 30 en adelante. La crisis mundial, el derrum be de los precios agrícolas, la preferencia com ercial otorgada por el Reino Unido a los países del “C om m onw ealth” que excluyó a la Argentina, hasta ese m om ento uno de sus principales proveedores, contribuye­

ron a g e n e ra r un c re c ie n te e s c e p tic is m o con re s p e c to al v a lo r del s e c to r agropecuario com o fuente de crecim iento económ ico de largo plazo. Esta per­ cepción se vio fortalecida por la disrupción de los m ercados provocada por la Segunda G uerra M undial que acentuó el énfasis en el desarrollo de industrias sustitutivas de im portaciones. Estas fueron parcialm e nte financiadas, a través de diversos m ecanism os2, m ediante la transferencia de recursos provenientes del sector agropecuario

El desarrollo de la agricultura y de la ganadería fue postergado, consi­ derando que los niveles de producción alcanzados abastecían holgadam ente la dem anda interna y que las perspectivas de la dem anda externa eran desalenta­ d o ra s. E sta e v a lu a c ió n s u m a d a al c o n v e n c im ie n to de qu e la p ro d u c c ió n agro pecuaria era insensible a los cam bios en los precios de los pro d u cto s3, brindó un m arco adecua do para ra ciona lizar las políticas de m asivas tra nsfe ­ rencias de recursos desde el agro a otros sectores de la econom ía. Esta erró­ nea percepción de la econom ía de la agricultura4 tuvo nefastas consecuencias en térm inos de asignación de recursos y posibilidades de crecim iento desapro­ vechadas.

C o m o c o n s e c u e n c ia d e lo a n te rio r, la s ta s a s de c re c im ie n to a g rop ecua rio d e scend iero n a ap ro xim a d a m e n te el 2% anual d u ran te los si­ guientes sesenta años! Inicialm ente el crecim iento fue “inercial” dada la natura­ leza de la producción agropecuaria5 y posteriorm ente, fue apoyado por una lenta transfo rm ación de los procesos productivos (por eje m plo la sustitu ción de la tracción animal por tracción m ecánica) com plem entado por m oderados aportes de m ejoram iento tecnológico.

A diferencia de la evolución de la agricultura y la ganadería, el cre ci­ m iento del conjunto de la econom ía m ostró una alta variabilidad y osciló entre tasas anuales de 5% entre 1960 y 1979 y próximas a cero entre 1980 y 1991.

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este crecim iento se perdió en la crisis de 1999-2002, cuando la econom ía se contrajo al 5% anual. Una vez más el com portam iento de la agricultura fue distin­ to: el valor agregado agropecuario virtualm ente no varió en esos años. Final­ mente, entre 2003 y 2005 en tanto la econom ía se expandió a una tasa récord (9% anual), el sector agropecuario creció al 5% anual, tasa sim ilar a la del gran período de expansión sectorial, entre 1875 y 1928. Por cierto que esta com para­ ción debe ser re lativizada ya que se refiere a dos pe ríodos de m uy distin ta duración.

En re s u m e n , se o b s e rv a q u e la v a ria b ilid a d de la p ro d u c c ió n ag ro p e cu a ria en los 130 años a n a liza d o s ha sido m ucho m e nor que la del conjunto de la economía. Es decir que la agricultura habría aportado un com po­ nente de estabilidad al conjunto, aunque su participación declinante en el PBI hace que dicho efecto haya sido decreciente. Por otro lado, es re confortante observar que en los últimos años la tasa de crecim iento sectorial ha sido sim ilar a las más altas en la historia de nuestra agricultura.

2. Participación del Sector Agropecuario en el PBI

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La agricultura pam peana se desarrolló sobre la base de tres cultivos: trigo, maíz y lino. Entre 1891 y 1895 la superficie cultivada con trigo creció de 1,2 a 2 Mha7, la producción aum entó de 0,8 a 1,2 M tm a y las exportaciones de 0,4 a 1 Mtm de granos. La expansión del trigo continuó con intensidad y en 1909 la superficie cultivada fue de 6 Mha, la producción a 4,2 Mtm y las exportaciones a 2,5 Mtm. En 1910, en un m ercado m undial de 15 Mtm, la participación de Argen­ tina ascendía al 15% 9.

El m aíz, seg undo producto en im portancia ta m bién creció, pero con m enor intensidad que el trigo. De una producción de 2,2 Mtm y un área cultivada de 1,2 Mha en 1896, alcanzó a 2,9 Mha con una producción de 4,5 Mtm en 1909.

La historia del lino, el tercer gran cultivo de aquellos años, es sim ilar a la del trigo y del maíz, en cuanto a intensidad de crecim iento, pero a una escala mucho m enor (el área cultivada creció de 0,4 a 1,4 Mha entre 1896 y 1909) y m ayor participación del m ercado externo (el 90% se exportaba.)

La ganadería, hacia 1888 ocupaba unos 38 M ha10 de tierra distribuidas entre bovinos (58%), ovinos (29%) y equinos (13%.) En 1908 la ocupación había aum entado a 48 Mha, con un ligero aumento en la participación de los bovinos. Las principales exportaciones ganaderas eran lanas y cueros (51% y 35% del valor de las exportaciones pecuarias en 1890.)

El crecim iento agropecuario m otorizó el de otros sectores de la econo­ mía, de m odo que a lo largo del tiem po se verificó una dism inución de su parti­ cipación en el PBI y un cam bio en la com posición relativa del sector dado el m ayor crecim iento de la agricultura. A principios de siglo las contribuciones de la ganadería y la agricultura a la form ación del PBI eran 19% y 17% respectiva­ mente, paridad que, con algunas variaciones se m antuvo durante varias dé ca­ das (Gráfico 2.2.).

2 .2 . C o n tr ib u c io n e s d e la A g r ic u ltu ra y de la rn o / G a n a d e ría al P B I 1 8 7 5 -1 9 3 5

b u /o

50%

40%

30%

20%

10%

0%

1875 1885 1895 1905 1915 1925 1935

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3.1 Área cultivada y producción de granos (1901-2005)

La evolución del área cultivada con cereales y oleaginosas11 en la Ar­ gentina desde 1901 a 2005 (Gráfico 3.1) m uestra un m arcado crecim iento, al com ienzo y al final del período analizado, separados por alrede dor de m edio siglo de virtual estancam iento del área cultivada.

El crecim iento entre 1902 y 1930 agregó 11,5 Mha al área cultivada, a una tasa de 4,2% anual y alcanzó a 16,7 Mha en 1930. Com o consecuencia de la I Guerra Mundial hubo una caída -tra n sito ria pero acentuada- de las siem bras entre 1914 y 1917.

3.1 A re as cultivadas: cere ale s, oleag inosas y forra je ra s

1 90 1 1 9 0 8 1 9 1 5 1 9 2 2 1 9 2 9 1 9 3 6 1 9 4 3 1 9 5 0 1 9 5 7 1 9 6 4 1 97 1 1 9 7 8 1 9 8 5 1 9 9 2 1 9 9 9

I --- G ra n o s --- T o ta l I

Tras un prolongado período de estancam iento/declinación, el área cul­ tivada creció entre 1983 y 2005 al 2% anual de 16,8 Mha (área sim ilar a la de 1930) a 25,4 Mha, cifra récord en la historia argentina.

(11)

D esde inicio s de siglo XX hasta m ediados de los añ os sete nta , las oleaginosas (lino al com ienzo y posteriorm ente girasol y en m enor escala maní) ocupaban alrededor de un quinta parte del total del área cultivada con granos. La aparición de la soja cam bió radicalm ente este panoram a. A com ienzos de los 90s el área cultivada se dividía en partes iguales entre cereales y oleaginosas y en 2005 la soja constituyó el 55% del área cultivada (Gráfico 3.2.) Este nivel de concentración en un solo cultivo no es una novedad en la agricultura argentina. O currió con el trigo en las prim eras tres décadas del siglo XX y nuevam ente en los años cincuenta.

3.2 A re a s C u ltivadas con C e re a le s y O le a g in o sa s 1900-2005 (m illo n es de ha)

C e re a le s O le a g in o s o s

(12)

En los siguientes 20 años, la reducción del área (al 2,1% anual) explica la mayor parte de la caída de la producción (-2,4% anual.) La caída de los rendi­ mientos, si bien modesta, (-0,3% anual) da una idea de la magnitud de la crisis que atravesaba la agricultura argentina. La recuperación posterior a la crisis que culminó en 1952, muestra, por prim era vez, la im portancia de los aum entos en la productividad de la tierra com o factor de crecimiento. Desde 1951 a 1987 el aum ento de 4% anual de la producción fue sustentado, por partes iguales por aum entos en las áreas y en los rendimientos de grano por ha.

Finalmente, entre 1990 y 2005, se acentuó la im portancia del cam bio tecnológico (resum ido en los aum entos de los rendim ientos por ha) com o sus­ tento de la expansión de la producción. En este período el 40% del aum ento de la producción se debió a mayores rendim ientos y el 60% restante al crecim iento del área cultivada.

Por otra parte, la distribución espacial de las áreas cultivadas con gra­ nos (cereales y oleaginosos) experim entó cam bios de im portancia en los últi­ mos quince años. En efecto, en 1990/91 el 94% del área en granos se ubicaba en la región pampeana y el 6% restante fuera de ella (principalm ente en Salta, Chaco y Santiago del Estero. En 2004/2005 con un área total 60% m ayor a la de 1990, el 88% (22,2 Mha ) correspondió a la región pam peana y el 12% a las provincias extra-pam peanas.

3.2 Productividad e Innovación en la agricultura

A. Cambios en la productividad del maíz y del trigo en la Argentina y en EE.UU.

Desde 1890, cuando com enzó el cultivo del trigo en gran escala en la Argentina y hasta 1940 los rendim ientos oscilaban alrededor de una ton/h a12 y eran virtualm ente sim ilares a los de EE.UU. (Gráfico 3.4.) A fines de los años cuarenta la productividad había aum entado alre dedor del 30% en am bos paí­ ses. A partir de ese m om ento se abrió una brecha entre los rendim ientos del trigo en la Argentina y en EE.UU, variable pero significativa, que alcanzó al 40% en 1970.

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n R A ■ U S A

O tro factor que influyó en el desfasaje de los rendim ientos del trigo fue la inicial re siste ncia , luego supera da, a in clu ir en los program a s de m e jo ra ­ miento del trigo genes de alto rendim iento13 asociados a la “ Revolución Verde” , en razón de considerarse que dichos genes adem ás de increm entar rendim ien­ tos (rasgo deseable) podían influir negativam ente en la calidad de los trigos argentinos (rasgo negativo). A partir de 1990 se observa que los rendim ientos tanto en la A rg entina com o en EE.UU . crecieron y que la brecha dism inuyó. Actualm ente es sólo del 5% . Este cam bio en la productividad del trigo en la Argentina se debe a la m asiva incorporación de tecnologías y al reconocim iento de que altos rendim ientos y calidad no son atributos incom patibles.

Un análisis sim ilar efectuado para el maíz, pero cubriendo un período más breve (Gráfico 3.5) m uestra que hasta 1930 los rendim ientos en la Argen­ tina y EE.UU tam bién eran similares.

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□ A rge n tin a E l

EE.UU.

En la Argentina, históricam ente especializada en la producción de m aí­ ces duros (flint), la acepta ción de los híbridos ocu rriría recién décadas más tarde, ante la evidencia de que el m ercado de sem iduros crecía en tanto que el de los m aíces duros dism inuía. El país se m antenía, adem ás, al m argen de cam bios tecnológicos que pe rm itían au m enta r los rendim ie nto s (fertilizante s, herb icidas) y sufría las co n se cu e n cia s de po líticas eco n ó m ica s ad ve rsa s al sector.

Así fue com o en 1960 la productividad del maíz en la Argentina era 1,8 ton/ha (12% m ayor que en 1930) y en EE.UU. 4 ton/ha (160% m ayor que en 1930.) El rendim iento del maíz en nuestro país, que en 1930 era sim ilar al de EE.UU., en 1960 era sólo el 45% del norteamericano. Finalmente, desde 1990 en adelante a situación com enzó a revertirse, com o consecuencia de un intenso esfuerzo de m odernización de la agricultura nacional. Es así que en el qu inque­ nio 2000/05 el rendim iento del maíz en la Argentina ascendió a 7,2 ton/ha, 78% del alcanzado en EE.UU. (9,3 ton/ha.)

B. La tardía adopción de la soja en la Argentina

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utilizada com o fuente de m ateria orgánica para los suelos arenosos dedicados a la viticultura. En 1957 Agrasar, destaca que la introducción de la soja ocurrió sim ultáneam ente en la Argentina y en EE.UU. Agrega que en aquel entonces se la describía com o “una inte resa nte planta exótica que en cierra gran prom esa para la agricultura” y finaliza diciendo “aquí (por la Argentina) siguió siendo una curiosidacP5 ”.

La Facultad de A gronom ía de la UBA estuvo involucrada en el estudio de la soja durante un largo período. El Ing. J. M. Andrés, en los años cuarenta, m antenía en la C átedra de G enética y Fitotecnia una colección de variedades de soja provenientes de EE.UU. Posteriorm ente, la labor realizada en las cátedras de C limatología y Fenología Agrícolas y de C ultivos Industriales por los Ing. A.J. Pascale e Ing. C. R em ussi significó otra im portante contribución cuyos benefi­ cios se harían evid ente s años después, cuando fina lm en te la soja e n trara a form ar parte significativa de la agricultura argentina

En la década de los 40 la Junta Nacional del Algodón la llevó al Chaco com o posible cultivo de rotación. En ese entonces en EE.UU. ya se cultivaban 4 m illones de ha con soja. Este área se expandió durante la II G uerra M undial com o parte del esfuerzo bélico.

Tenenbaum (1946) analizaba las posibilidades de la soja en la A rgen­ tina, com o un cultivo de exportación a Europa, y concluía señalando que M anchuria, el proveedor histórico de los europeos, estaba en condiciones m ás ventajosas que la Argentina.

A m ediados de los años cincuenta se constituyó la em presa Agrosoja SRL con el propósito de difundir el cultivo de la soja en la Argentina Esta em pre­ sa desarrolló una intensa labor experim ental probando la adaptabilidad de d i­ versos m ateriales, en su m ayoría im portados de los EE.UU., a lo largo y a lo ancho del país, en colaboración con la Dirección de Investigaciones A grícolas16 del M inisterio de Agricultura. Esta labor generó valiosísim a inform ación sobre las po sib ilid ad es de la so ja en d ive rsas regiones, pero la in e xiste n cia en la Argentina de patrones de com ercialización vedaba el acceso al m ercado exter­ no, en tanto que la dem anda interna (industria aceitera) tam poco se m anifesta­ ba de m anera significativa, de m odo que los esfuerzos de Agrosoja se frustraron y la em presa suspendió sus actividades a fines de los años cincuenta.

En 1961 com enzó en la Estación Experim ental de INTA en Salta un com prensivo program a de ensayos com parativos de rendim ientos, épocas de siem bra, usos de herbicidas, etc. que perm itieron sele ccionar cuatro varie da­ des en función de diversas características favora bles17.

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notoria excepción del Ing. W alter Kugler, (Secretario de Agricultura en el período 1963-1966) durante cuya gestión la Junta Nacional de Granos estableció patro­ nes para la com ercialización de la soja, y en 1965, por prim era vez, el Estado estableció un precio mínimo para la soja18. En 1966 se fijó un precio de sostén para la soja producida fuera de la región pam peana19, que autorizaba a la JNG a intervenir en el mercado.

Las en tidad es grem iale s ag ro p ecua rias, no pe rcibieron la m agnitud del cam bio producido por la soja en la organización de la producción agrícola en los EE.UU., y en consecuencia tam poco abogaron con firm eza ante los poderes públicos en favor de la prom oción de su cultivo. Una actitud m ucho más proactiva tom aron la Bolsa de C ereales de Buenos Aires y el lAD O 20, que reiteradam ente manifestaron la conveniencia de alentar el cultivo de la soja. La Bolsa fue sede de la C om isión Perm anente para el Fomento del Cultivo de la Soja, creada en 1970, que cum plió un im portante rol prom ocional en el desarrollo de su cultivo.

La industria aceitera, fundam entalm ente elaboradora de aceite de gira­ sol, no m anifestó interés por el desarrollo de una fuente alternativa de abasteci­ m iento21. Tampoco la opinión pública, con contadas exce pciones22, se interesó por el tema.

La existencia de la soja se m encionaba al pasar, casi com o una curio­ sidad, ajena a nuestro m undo. C abe pregunta rse que ra zones explican esta in d ife re n cia al que iba a co n stitu irse , añ os después en el co m p o n e n te más im portante de la a g ricu ltu ra argentina. P osible m ente, la crisis de 1930, que quebró la confianza en la agricultura com o principal factor de crecim iento, restó la atención y el interés necesarios para im pulsar innovaciones en el sistem a agro -industrial argentino.

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3 .6 So ia : A re a C u ltiva d a s 19 61-2005

M u n d o — " i A r g e n t i n a

A partir de 1973 el área sem brada con soja creció vertiginosam ente, y en 1980 llegó a 2 m illones de ha. El crecim iento entre 1980 y 1995 fue sostenido (7% y 8% % de crecim iento anual del área y de la producción.)

La introducción de la soja transgé nica24 brindó un im pulso adicional a la expansión de la soja. Entre 1995 y 2005 el área y la producción crecieron a las excepcionales tasas de 9,3% y 12,1% anual, respectivamente. En la actualidad la Argentina es el tercer productor mundial de soja (Cuadro 3.1)

La incorporación de la soja a la agricultura argentina fue posible, enton­ ces, por la interacción entre el conocim iento lentam ente desarrollado sobre los requerimientos agro ecológicos y varietales del cultivo y una oportuna interven­ ción del Estado, que resultó en una extraordinaria creación de riqueza en las últim as tres décadas.

C uadro 3.1 Evolución c e Soja en el M undo (m ili, de ha y tm ) M undo Argentina EE.UU. Brasil

A. Area 1995 61 6 25 11

2006 92 16 29 22

TAC 3,7% 9,3% 1,4% 6,5%

% del M undo 1995 100% 10% 41% 18%

2006 100% 17% 32% 24%

B. Producción 1995 125 12 59 24

2006 222 42 79 61

TAC 5,3% 12,1% 2,7% 8,8%

% del M undo 1995 100% 10% 47% 19%

2006 100% 19% 36% 27%

[image:17.595.139.473.96.272.2]
(18)

C. Fertilizantes: Cuatro décadas perdidas.

A m ediados del siglo XIX Justus von Liebig, padre de la “Q uím ica Agrí­ cola”, descubrió el carácter esencial de los m inerales en la vida de las plantas. El corolario de este avance trascendental fue la incorporación del uso de fertili­ zantes quím icos a la agricultu ra . Este proceso fue m uy lento e inicialm ente circunscrito a cultivos de alto valor agregado (hortalizas, frutales.) El consum o m undial de fe rtiliz a n te s25 en 1920 oscilaba alrede dor de 2 m illones de to n e la ­ das y llegó a 14 m illon es en 1950 a m e dida que su em pleo co m e n za b a a extenderse, en EE.UU. y en Europa Occidental a los principales cultivos de gra­ nos, oleaginosos e industriales, com o resultado de los cam bios ocurridos en la agricultura durante la II Guerra M undial26.

En 1956, a pedido del G ob ie rn o arg en tino, las N aciones U nidas, a través de CEPAL realizaron un exhaustivo análisis de la situación y perspectivas de la econom ía nacional. El trabajo que fuera coordinado por el Dr. Raúl Prebisch, e n to n c e s S e c re ta rio de la C E P A L, d e d ic ó un e x te n s o c a p ítu lo al s e c to r agropecuario27, que incluye un anexo sobre el rol de los fertilizantes en la gran agricultura, donde se alerta sobre los cam bios que ocurrían en el m undo y la necesidad de aum entar la productividad de la agricultura argentina, que “sólo podrá conseguirse por la concurrencia de diversos factores: semillas mejoradas, labores eficientes y oportunas, rotaciones apropiadas, fertilizantes y control de enfermedades y pestes28 El informe tam bién señalaba la im posibilidad econó­ mica de utilizar fertilizantes a los precios entonces vigentes y la escasa experi­ m entación realizada sobre el tem a29.

La “ R evolución Verde” de los añ os sesenta, liderada por el Prem io Nobel Norm an Borlaug, postuló un m odelo productivo basado en tres com po­ nentes: sem illas con capacidad de respuesta a m ayores niveles de nutrientes en el suelo, fertilizantes que suplieran los nutrientes requeridos y agua de riego para m inim izar las con secue ncia s de la varia bilida d clim ática. El éxito de la Revolución Verde en el m undo fue resonante. La oferta m undial de trigo y arroz se expandió 60% entre 1965 y 1980 y el consum o de fertilizantes, de 30 a 110 millones de toneladas30 entre 1960 y 198031. Este enorm e crecim iento fue favo­ recido por im portantes cam bios tecnológicos que abarataron la fabricación de fertilizantes nitrogenados. Estos, a fines del siglo XX constituían alrede dor del 55% del consum o total de fertilizantes.

La Argentina no participó en el creciente em pleo m undial de fertilizan­ tes (Gráfico 3.8). En el país su uso se restringía a la caña de azúcar, vid, frutales (particularm ente bajo regadío) y hortalizas y su crecim iento vegetativo fue muy m odesto. Al prescindir del uso de fertilizantes durante 30 años (1960-1990) la Argentina sacrificó la posibilidad de im portantes aum entos en la producción y productividad de cereales y ole agin osos32. Varios factores concurrentes expli­ can las razones de esta grave falencia de la política agropecuaria:

(19)

tancia que adquiría el uso de fertilizantes en la producción agropecuaria m un­ dial, y en consecuencia no propició m edidas tendientes a su prom oción33. b) La investigación agropecuaria estatal en m anejo de suelos priorizaba el estu­ dio de la co n se rva ció n de la fe rtilid a d de los sue los m e d ia n te siste m a s de rotaciones, desestim ando la consideración de la fertilización quím ica com o una alternativa válida para la agricultura pam peana,

c) La producción nacional de fertiliza nte s se lim itaba a una planta de escala reducida y de alto costo, que requería, para su supervivencia, de una enorm e protección arancelaria, excluyend o en tonces el acceso a fe rtilizante s im porta­ dos baratos,

d) La sociedad civil34 no priorizó el tem a fertilizantes que en consecue ncia no form ó parte de su interacción con los poderes públicos.

3 .8 U s o d e Fe r t iliz a n te s 1 9 6 5 - 2 0 0 2

M u n d o A r g e n tin a

Es decir que por acción o por om isión la posibilidad de inco rporar el uso de fertilizantes al sistem a productivo pam peano era inexistente.

(20)

---P r o d u c c ió n ---Fe r tiliz a n te s

En la actu alidad el prom edio de fe rtiliz a n te (e xpre sado en nu trientes) aplicado en la A rg entina oscila alrededor de los 50 kg/ha cultiva da35. En los EE.UU, en los últim os veinticinco años la utilización de fertilizantes se ha estabi­ lizado alrededor de 170 Kg. de nutrientes por ha. Existiría entonces un am plio espacio para un uso más intensivo de la fertilización quím ica en la agricultura argentina.

El lím ite en la expansión del uso de este insum o estará determ inad o, fundam entalm ente, por la rentabilidad de su em pleo, que a su vez depende de la relación entre el precio del producto y el precio del fertilizante y de la capacidad de respuesta de los cultivos a m ayores cantidades de fertilizante.

El análisis de la respuesta de la producción total de granos al agregado de fertilizantes, para el período 1991-2005 sugiere que un aum ento de 10% en el uso de fertilizantes produjo un aum ento de aproxim adam ente 3% en la pro­ ducción36. Es decir que la adición de 250 mil toneladas de fertilizantes (expresa­ das en producto) induciría un aum ento de 2,25 m illones de toneladas de

gra-3.3 Evolución de la Producción Ganadera 1900-2005

(21)

50

-S 40

CO

Q)

i 30

£

20

10

1888

1914

1937

1960

1974

2000

2005

□ Bovinos 0 Ovinos □ Equinos (e x c lu id a la P a ta g o m a j

a

0

l ' B

as

A partir de fines del siglo XIX y durante el siglo XX ocurrieron im portan­ tes cam bios en la com posición del stock ganadero: la participación de los bovi­ nos (55% en 1888) creció a expensas de los ovinos (30% .) Los equinos, que tam bién crecieron, ocupaban en 1930 alrededor de una cuarta parte de la super­ ficie ganadera (Gráfico 3.11) El crecim iento de la participación del ganado bovi­ no fue sostenido: el 90% de la tierra ganadera en 1974 y el 96% en 2005 estaban dedicadas a la ganadería bovina.

100%

90%

CG jC= ÍO

£ 80%

O

E 70%

60%

50%

1888 1914 1907 1960 1974 2000 2005

[□ B o v in o s ■ Ovinos □ Equinos|

(22)

La productividad global de la ganadería bovina38 muestra entre 1914 y

com ienzos de los ochenta (Gráfico 3.12) un proceso de crecim iento caracteriza­ do por bruscas oscilaciones (’’ciclos ganaderos” .) En el m ismo período la pro­

ductividad creció de 36 a 52 kg de carne/bovino. Desde entonces ocurre una m arcada atenuación, tanto de los ciclos com o de la productividad, que se ha mantenido constante, alrededor de los 52-55 kg de carne por animal faenado.

X . O O CD 73

CD

C CÖ o O)

3.1 2 P ro d u c tiv id a d del S to c k G a n a d e ro 1 9 1 4 -2 00 2

CD CF> O') (D CT) CT) CF) CT) (7) CT) (7) CJ) CJ) CJ) O

CN

Una de las consecuencias del dispar crecim iento entre la producción de carne bovina y el crecim iento dem ográfico de la Argentina39 se refleja en la evolución decreciente de la fracción exportada de la faena total (Gráfico 3.13.) En 1914-1923 la faena se dividía por parles iguales entre el consum o interno y la exportación.

00 £= Qj 03

<D

T3

(23)

Entre 1923 y 1953 la fracción exportada dism inuyó sin cesar, del 42% al 13% de la faena total. C on la recuperació n de la activ id a d ag ropecuaria, las

exportaciones de carne también subieron (25% -30% ) en los sigu ientes veinte

años, para caer desde entonces, casi ininterrum pidam ente y hasta 2001 (6% del total), cuando a la tendencia secular decreciente se sum ó el cierre de m ercados externos provocado por la epidem ia de fiebre aftosa. A partir de 2002 ocurrió un proceso de recuperación y en 2005 las exportaciones alcanzaron al 25% de la faena, nivel al que había llegado por última vez en 1973.

La evolución de la ganadería bovina en el últim o cuarto de siglo en la Argentina, com parada con lo ocurrido en Brasil y Australia, dos im portantes pro­ ductores de carne bovina y com petidores de la Argentina en el m ercado mundial. muestra una situación de virtual estancamiento que co ntrasta con el enorm e dinam ism o de Brasil y el crecim iento más m oderado de Australia (Cuadro 3.13.) En tanto que la ganadería en Brasil ha crecido tanto por el aum ento del rodeo com o de la productividad, en Australia, el crecim iento ha sido sustentado por una m ayor productividad del rodeo.

Cu a d r o 3 .1 3

Ca m b i o s en Pa r á m e t r o s G a n a d e r o s 1 9 8 0 - 2 0 0 5

In d i c a d o r A r g e n t i n a A u st r a l i a B r a si l

A. Ex i st e n c i a s - 6 % 8 % 5 9 %

B. Pr o d u cci ó n 5 % 3 6 % 1 5 6 %

C. Pr o d u c c i ó n / Ex i st e n c i a s 1 1 % 2 6 % 6 3 %

D. Fa e n a / Ex i st e n c i a s - 3 % - 5 % 3 9 %

E. Kg c a r n e / a n i m a l f a e n a d o 3 % 3 2 % 1 6 %

N o ta : A : m illo n e s de cabezas, B: m illo n e s de TM de carne

3.4 La Inferíase Agricultura-G anadería

A. El largo plazo (1888-2005)

El área destinada a AyG 40 en la Argentina se expandió al 0,9% anual entre 1888 y 1930 y a una tasa m ucho m enor (0,33% ) entre 1930 y 2005. El crecim iento de la producción agropecuaria en el prim er período descansó fu n ­ dam entalm ente en la incorporación de tierras a la actividad agropecuaria. El segundo período incluye un largo tram o de estancam iento sectorial, seguido, en los últimos quince años de un vigorosa expansión del área total, acom paña­ da de im portantes com ponentes tecnológicos, y en consecuencia im portantes aum entos de la producción.

(24)

□ G anad ■ A g rie

GO CD O h-w rv_ o CT) '=t CO O CN in

CD O co CO LD CD co o O o

CO CD CT) CT) cr> CD CJ> cr> o \~ i

r— T- *— r— T- T- T- T- CM CM rsi

a) Expansión inicial (1988-1937): En 1888 la actividad agropecuaria era

em inentem ente ga nadera y la agricultura una activid ad incipiente. De los 40

millones de ha en uso la ganadería ocupaba el 94% de la tierra agropecuaria y la agricultura el 6% restante. La participación de la agricultura creció incesante­ mente hasta 1937 cuando alcanzó al 24% de una superficie total de 60 millones de ha (Gráfico 3.15)

b) Declinación (1937-1960): A partir de entonces, com o consecuencia de la caí­

(25)

c) R ecuperación (1960-1990^: A fines de la década del ochenta la agricultura había recobrado la participación alcanzada en 1937.

d) Expansión R eciente (1990-205^: Desde 1990 el aum ento del interés por la agricultura, se refleja en su sostenida expansión, que la lleva a ocupar el 33% del área agropecuaria, la m ayor participación en la historia de la agricultura argentina. Este proceso ocurre sim ultá ne am e nte con un m oderado aum en to de la superficie total agropecuaria, que en 2005 alcanza a 77 millones de ha, es decir una extensión 90% m ayor que la registrada en 1888.

B. Los últimos treinta años

Desde m ediados de los años setenta la ganadería bovina ocupó más de 95% de la tierra ganadera42, de m odo que la com petencia por el uso de la tierra agropecuaria se redujo, virtualm ente, a la existente entre la producción de ganado bovino y la de cereales y oleaginosos. En ese período tuvo lugar una co n siderable expansió n de la ag ricu ltu ra sim u ltá n e a m e n te con una d is m in u ­ ción de la actividad ganadera.

Una m irada más detallada de los cam bios quinquenales en el uso de la tierra entre 1975 y 2005 perm ite identificar dos com ponentes de este proceso: reducción del área ganadera y el incremento del área total (Gráfico 3.16.) El área agrícola, que había oscilado alrededor de los 12 Mha desde 1960 creció 45% entre 1975 y 1985, coincidiendo con m oderadas reducciones del área ganadera (0,9% y 1,4%) y tam bién una m odesta expansión del área total (1,4% y 2%.)

3 16 Uso de la tierra. Cambias respecto a 1975 15

10

5

0

-5

■ 10

□ A g r ic u ltu r a □ G a n a d e ría « T o t a l

(26)

mayor parte del crecim iento agrícola resultó de la reasignación de tierras previa­ mente destinadas a ganadería. La contracción de la ganadería fue particular­ mente intensa en 2000 (14% de caída respecto a 1995.) En el último quinquenio prosiguió la firm e expansión de la agricultura (13%.) El área ganadera, a diferen­ cia de lo ocurrido en todos los períodos previos creció 4% y el área total 7%. En resum en:

a) entre 1975 y 2005 el área destinada a cultivos se duplicó43, alcanzando a 25,3 Mha com o consecuencia de la reducción del área ganadera de 6 millones de ha y la incorporación de 7 m illones de ha a la explotación agropecuaria (G ráfico 3.17) es decir que, aproxim adamente, una mitad de la expansión del área agrí­ cola se ha debido a la contracción de la ganadería bovina y la otra m itad al aum ento del área total agropecuaria.

3,17 Stock Bovino y áreas cultivada s 197 5-200 5

b) en el período 1975-2005 cada reducción de 1% del stock ganadero ha signi­ ficado un aum ento del orden de 3% del área cultivada44.

Las profundas transform aciones ocurridas en la interfase agrícola -g a­ nadera, se han reflejado en la evolución de los precios de la tierra agropecuaria: en el período 1980-2005 el precio de la tierra apta para m aíz/soja se duplicó con respecto al de la tierra de cría45 (Gráfico 3.18)

(27)

4. La Agricultura fuera de la Región Pampeana (ANP)

La agricultura en las regiones no pam peanas (ANP) es la sum a de un

conjunto variado de actividades que se desarrollan desde el NE húmedo y cáli­ do hasta los fríos valles patagónicos donde el riego suplem entario es indispen­ sable para la producción agrícola. La ANP se ha caracterizado, históricam ente, por producir bienes destinados, en su m ayoría, al m ercado interno m uchos de los cuales provienen de plantaciones perennes (frutales, viñedos, yerba mate, cítricos.) con las con siguie nte s lim ita cio nes para responder, a corto plazo, a cam bios en la dem an da. Por otra parte, con trariam e nte a lo ocurrido con la econom ía pam peana, diversos productos de la AN P han recibido, históricam en­ te, distintas form as de protección.

A com ienzos de los años treinta la AN P representaba alrededor del 9% de la producción agropecua ria nacional. En los siguientes tre inta años la pro­ ducción ANP creció al 2,8% anual, en gran parte im pulsada por la expansión de la dem anda interna. Esta circunstancia, sum ada al estancam iento de la agricul­ tura pampeana, elevó su participación en la producción agropecuaria nacional al 18% del total46.

La producción de azúcar, de uvas y vinos y de algodón en 1961-65 eran las tres actividades de m ayor im portancia de la ANP. En conjunto ocupaban 1 millón de ha (dos tercios del área total cultivada en ANP.) Con el transcurso del tiem po, la declinación del algodón y la reconversión de la viticultura, redujo la im portancia relativa del área ocupada por estos tres cultivos, que a principios del siglo XXI ocupaban el 50% del área total (750 mil ha) En los últim os veinte años la producción de la AN P continuó creciendo a su tasa histórica, aproxim a­ damente al 2,8% anual. Se agregaron nuevos productos (por ejem plo limones), se redujo la im portancia del algodón, y el tabaco y el arroz crecieron con fue rza47. La actividad azucarera, en los últimos cuarenta años experim entó brus­ cas oscilaciones: en 1967 el área cultivada con caña de azúcar era 191 mil ha48. En los diez años siguientes creció al 6,2% anual y en 1977 alcanzó el m áxim o histórico de 350 mil ha, para iniciar un período de quince años de abrupta con­ tracción, seguido de otro período de expansión a partir de 1993. Actualm ente la superficie cultivada alcanza a 300 mil ha. La producción de azúcar por ha ha crecido al 4% anual en la última década y alcanza a 6 toneladas/ha, el máximo nivel histórico.

(28)

La ANP ha duplicado su participación en el m ercado externo, adonde se destina actualmente el 38% de la producción regional. Los productos con coeficiente de exp orta ción51 m ayor al 50% son el tabaco, los lim ones, el aceite de oliva y el arroz (Gráfico 4.1.)

45%

40%

-

35%

0 3

■4—«

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30%

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s?

25%

2 0%

15% 10%

1961 1966 1971 1976 1981 1986 1991 1996 2001

El área cultivada en la AN P osciló entre 2 y 2,5 m illones de ha entre 1970 y 1990 cuando com enzó un fuerte crecim iento asociado con la expansión de la soja y del aum ento del área de stinada a cereale s que llevó el área cultiva da a 4,2 millones de ha52 (Gráficos 4.2 y 4.3).

4 .2 A re a T otal C ultivad a A N P 19 71-2005 5

4 . 5

4

0 5

t/3 3 , 5

<13

1 3

E 2 . 5

2

1 . 5

(29)

L o s c u ltiv o s c a r a c te r í s t ic o s d e la A N P a lc a nz a ro n u n m á x im o d e 2 ,3 m illo n e s d e h a e n 1 9 9 6 , p a ra lu e g o d e c a e r, d e m o d o q u e el á re a c u ltiv a d a e n la a c tu a lid a d e s s im ila r a la d e 1971 (1 ,4 m illo n e s h a .)

S i s e e x c lu y e a l a lg o d ó n ( G r á fic o 4 .4 ) d e a lta p o n d e r a c ió n e n la A N P y

g ra n v a r ia b ilid a d e n e l p e r ío d o a n a liz a do s e o b s e r v a q u e e l á r e a r e s ta n te h a d e s c r ito d o s c ic lo s e n e l tr a n s c u r s o d e lo s ú ltim o s 3 5 a ñ o s , o s c ila n d o e n tre 1 y 1 ,5 m illo n e s . D e s d e 1 9 9 6 e l á re a s e h a c o n tr a íd o y a c tu a lm e n te a lc a nz a a 1,1 m illo n e s d e h a .

L a A N P h a e x p e r im e n ta d o im p o r ta n te s c a m b io s p o s itiv o s d u r a n te la s ú lt im a s c u a t r o déc a d a s : la p r o d u c c ió n s e h a d iv e r s if ic a d o ; la o r ie n t a c ió n e x p o r ta d o r a s e h a fo r ta le c id o ; la v itiv in ic u ltu r a , u n o d e lo s p ila r e s tr a d ic io n a le s

(30)

Por otra parte, el área dedicada a los cultivos propios de la ANP, que en buena parte de pe n d e del riego - c a s i no ha cre cid o en las últim a s décad as.

Dada su im portancia en la econom ía ANP, el análisis de las políticas de riego

debiera ser priorizado. Otro tem a crítico en la econom ía de la ANP es la produc­ ción algodonera, sum ida en una crisis con serias consecuencias económ icas y s o c ia le s.

5. El Mercado de Carnes Bovina, Porcina y Aviar.

En los últim os 40 años la oferta m undial de carne bovina, porcina y

aviar, las principales fuentes de proteína anim al, creció al 3% anual53 (Gráfico 5.1.) En tanto que la participación de la carne porcina en la oferta total se m antu­

vo constante (42% del total), la ponderación de la avicultura aumentó del 15% al

33% del total com o resultado de un crecim iento del 5% anual sostenido a lo

largo de cuatro décadas (1965-2005.)

El gran desarrollo de la avicultura se debió a varios factores, principal­ m ente al abaratam iento de los alim entos balanceados (en particular el m aíz), a m ejoram ientos genéticos y a una m ayor apertura del com ercio m undial. La ofer­

ta de carne bovina sólo creció al 1,6% en e período, con la consiguiente caída de

su participación en la oferta total, del 43% al 25%.

La estructura del consum o de carnes difiere considerablem ente entre

países. Por ejem plo, en la A rgentina, EE.UU y Brasil, tres países con elevado

consum o total de carnes por habitante (C ph)54' predom ina el co ns um o de ca r­ nes bovina y aviar sobre la porcina. EE.UU es el país con m ayor Cph del m undo

en tanto que la A rgentina, con 62 kg. de Cph en 2005, lidera el consum o mundial

(31)

100 a> c 03

I? 40 80

60

20

I .

I l

Total Bovina P orcina A v ia r

« E E.U U □ A rge n tin a ■ Bra sil

Los rasgos más destacados del consum o de carne bovina en la A r­

gentina desde 1950 han sido su tende ncia declinante, a partir de niveles muy elevado s (100 kg C ph en los cincu enta ) y las fu e rte s o scila cio n e s en el Cph ocurridas entre 1950 y 1980 (G ráfico 5.3.) Estos últimos resultaron de acentua­

dos ciclos ganaderos (alternancia de períodos de elevadas ofertas y bajos pre­

cios que ind ucían a re d u ccio ne s en las e x is te n c ia s de ga nado, se g u id o s de períodos de escasa oferta, altos precios y expansión de los sto cks55.)

A partir de m ediados de los ochenta las variaciones en el Cph de carne bovina se atenuaron com o resultado de la oferta creciente de carne aviar en el

m ercado que, paulatinam ente se ha ido transform ando en un importante susti­ tuto de la carne bovina. Los Gráficos 5.4 y 5.5 m uestran tres aspectos de este

(32)

1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004

l Bovina ■ Aviar

La participación de la carne aviar en el consum o total de carnes creció

de algo menos del 10% del total en 1990 a 25% en 2001 (Gráfico 5.5) y descen­ dió a 23% en 2005. Las dos últimas cifras ilustran, elocuentem ente, la im portan­

cia alcanzada por el consum o de esta fuente proteica alternativa en la Argentina.

5.5 Estructura del consumo de carnes

100

%

90%

80%

70%

60%

50%

1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004

B Bovina ■ Aviar

Finalmente, el consum o conjunto de carnes aviar y bovina por habitante

se ha m antenido más o menos constante en los últim os quince años, en pre­

(33)

,8 90 CTJ O

c 80

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!5

« 70

5 0

1980 1983 1986 1989 1992 1995 1998 2001 200 4

— — Bov in a Bov in a + A v ia r

Hasta hace 25 años política de carnes y política ganadera eran sinóni­

mos, ya que la carne bovina constituía, en esencia, el único com ponente de la

oferta de carnes. Esta característica favorecía la existencia de ciclos ganaderos

de variable intensidad y acentuaba la pugna en la distribución de la oferta gana­ dera entre el consum o interno y la exportación. El afianzam iento de la industria

avícola en la A rgentina, que ha posibilitado una participación significativa de la carne aviar en el consum o total de carnes, induce un replanteo profundo de la política de carnes.

Una de las caracte rísticas de la dem anda por carne bovina, que ha

persistido a través del tiem po, es su baja elasticidad de dem anda (alrededor de -0,25 a -0,3} T am bién se ha v e rific a d o que los c am bios en los precio s de la carne bovina tienen un ace ntu ado im pacto en el con su m o de carne aviar. Un 10% de cam bio en el precio de la carne bovina induce un cam bio, en el mismo

sentido, de alrededor del 8% en el consum o de carne aviar56. Por otra parte el valor agregado de la carne vacu na duplica al de la carne aviar (60% y 30% de su precio respectivam ente), vale de cir que la contribución neta a la eco nom ía de una tonelada de carne bovina producida duplica al de la carne aviar.

La consideración de los elem entos m encionados más arriba perm ite diseñar distintas alternativ a s de “P olítica de c a rn e s ” que a tie nd a s im u ltá n e a ­ m ente el a b a s te c im ie n to del c o n s u m o in te rn o y los m e rc a d o s e x te rn o s sin de prim ir artificia lm en te la rentabilidad de la producción prim aria.

(34)

1. La desvalorización del rol del sector agropecuario com o un elem ento im pres­

cindible para el desarrollo económ ico de la Argentina, que com enzó a m anifes­

tarse durante los años 30 del siglo pasado y que se potenció en los 40s, persis­ tió por largo tiempo. Sus consecuencias fueron importantes rezagos en la incor­ poración de nuevos cultivos y prácticas culturales (por ejem plo soja y fertilizan­

tes) al conjunto de opciones productivas. Estas dem oras han causado conside­

rables pérdidas económ icas a la sociedad argentina, en térm inos de ingresos

y bienestar.

2. Esta penosa experiencia debiera tenerse en cuenta en el diseño de las estra­ tegias de desarrollo agropecuario y en la ejecución de las políticas sectoriales, a fin de evitar la repetición de costosos errores.

3. El sector agropecuario argentino ha dem ostrado poseer una enorm e capaci­

dad de respuesta productiva a los incentivos y a las posibilidades tecnológicas

y de mercado a su alcance, com o lo ilustran, term inantem ente, el despegue de la agricultura al com ienzo y al final del siglo XX.

4. La evolución de la producción agropecuaria en los últimos treinta años m ues­ tra que el stock de recursos, los sistem as de incentivos y la adopción de nuevas

tecnologías han sido insuficientes para sustentar, sim ultáneam ente, la expan­ sión de la agricultura y de la ganadería. Es superfluo señalar la im portancia e im plicancias de esta situación.

5. El análisis de la política de carnes habitualm ente se restringe al desenvolvi­ miento de la ganadería bovina. Esto resulta com prensible en virtud de la im por­

tancia histórica del sector, pero no se ajusta a la realidad actual del m ercado de carnes, integrado principalm ente por carne bovina y carne aviar.

6. Este nuevo paradigm a am plía enorm em ente las opciones para atender con

mayor fluidez las demandas de carnes, tanto la proveniente del m ercado interno

com o la originada en m ercados externos en un m arco de expansión y cre ci­ m iento agropecuarios.

7. En la Argentina, el consum o de carne aviar está estrecham ente ligado a su

propio precio y al precio de la carne bovina. Un cam bio de 5% en el precio de la

carne bovina induce un cam bio del orden del 4% en el consum o de carne aviar.

Este hecho permite atenuar los efectos sobre el consum o y los precios origina­

dos en cam bios en el mercado de carne bovina.

8. Finalmente:

a) la a g ric u ltu ra c o n te m p o rá n e a se c a ra c te riz a p o r su a lta c o m p le jid a d

tecnológica, gerencial y financiera. Para prosperar, requiere de un m arco estra­

(35)

b) El principal d e safío que hoy en frenta la sociedad argentina en el ám bito agropecuario es el desarrollo de un marco estratégico que posibilite a la A rgen­

tina m aterializar sus enorm es posibilidades de producir bienes agropecuarios

de alta calidad a bajos costos. Esta tarea es una responsabilidad com partida

entre los sectores público y privado, agropecuario y agro-industrial.

c) De lo contrario la A rgentina corre el riesgo de sacrificar oportunidades de

cre cim iento económ ico a partir de lo agropecuario y de que su población no

pueda acceder a m ayores niveles de bienestar, repitiendo negativas y costosas

(36)

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ANEXOS

A. LA LANGOSTA VOLADORA EN LA ARGENTINA

B. LA TARDIA ADOPCION DE LA SOJA

C. FERTILIZANTES

D I. BO VINO S Y AGRICULTURA 1975-2005

D II. INTERFASE AGRICULTURA-GANADERIA 1975-2005

E. AGRICULTURA NO PAMPEANA (ANP)

(40)

ANEXO A

LA LANGOSTA VOLADORA

Ha sido la plaga que más estragos causó a la agricultura argentina entre fines del siglo XIX y prim era mitad del siglo XX. La prim era mención a su existencia en la A rgentina data de 1538, es decir, sólo dos años después de la

Fundación de Buenos Aires. Las mangas volaban de Norte a Sur en los meses

de verano arrasando con la vegetación que encontraban a su paso. Mientras la

actividad ag ropecuaria argentina se cen tra ba casi exclu sivam ente en la ga na­ dería, los daños de la langosta se circunscribían a las pasturas naturales y no tenían m ayores re percusion es eco nóm icas.

La magnitud del daño causado por la langosta voladora se hizo sentir a

partir del desarrollo de la agricultura cerealera y el cultivo del lino en la región

pampeana. El Gráfico da una idea de la cobertura y la frecuencia de las mangas de langosta1. Un som ero análisis de rendim ientos de trigo sugiere que en años

de langosta, las pérdidas podían alcanzar al 20% de la cosecha (com parando

rendimientos en años con langosta y años libres de langosta.)

In v a s io n e s d e la n g o s ta s (% del te rrito rio n a c io n a l)

50%

40%

30%

20%

10%

1 8 9 7 1 9 0 2 1 9 0 7 1 9 1 2 1 9 1 7 1 9 2 2 1 9 2 7 1 9 3 2 1 9 3 7 1 9 4 2

La langosta voladora recién dejó de ser la principal am ena za para la

a g ric u ltu ra pa m pe an a a m e dia do s del siglo pasado , cu a n d o el a d e la n to del conocim iento sobre la biología de langosta y sus hábitos m igratorios y la utiliza­ ción de de sarro llos te cn oló g icos (lan go sticid as qu ím icos y equipos aéreo s de aplicación) perm itieron pasar de la luchas ofensivas (acción las m angas) a las luchas preventivas evitando la form ación de m angas2.

1 S ecretaría de Estado de Agricu ltura y G anade ría (1969)

(41)

La expansión de la agricultura pam peana que ocurrió en las prim eras décadas

del siglo XX, en presencia de una plaga de la im portancia de la langosta, no deja de ser sorprendente, e ilustra sobre la enorm e potencialidad de la agricultura

pampeana que convivió y creció pese a la reiterada destrucción de esfuerzo y

riqueza causada por la plaga.

ANEXO B

LA TARDIA ADOPCION DE LA SOJA3

La prom oción del cultivo de la soja contó, a lo largo de décadas con el c o n c u rs o de un v a s to g ru p o de ag ró n o m o s, in v e s tig a d o re s , u n iv e rs ita rio s y em p resa rios quienes apo rtaron su esfuerzo en pos de un objetivo com ún que dem oraría m ucho m ás allá de lo razonable en con creta rse4.

D entro de este esfuerzo colectivo se destaca el rol que cupo a Agrosoja, una em presa creada a m ediados de los años cincuenta cuyos objetivos, a tra ­ vés de la producción de soja, adem ás de la extracción del aceite y de la produc­ ción de harina proteica, incluían el desarrollo de una fuente de proteína de cali­ dad y de bajo co sto para c o n trib u ir a re so lv e r el prob le m a de las ca re n cia s alim entarias de la población de bajos ingresos en la A rgentina y producir lecitina, producto de gran im portancia en la industria farm acológica.

El liderazgo técnico de! proyecto A grosoja fue confiado al Ing. Ramón

Agrasar, quien a partir de 1955 contó con la colaboración de un grupo de profe­

sionales de prim er nivel. Con el apoyo de la red de estaciones experim entales

nacionales, Agrosoja, llevó a cabo un vasto program a de ensayos a cam po de

diversas variedades, princip alm ente provenientes de los EE.UU. e im portadas por la em pre sa. El co n o c im ie n to as í g e ne ra do re sultó de gran va lo r para la im plantación posterior de la soja en la Argentina.

El Ing. A g ra s a r tam bién ba ta lló in ca n sa b le m e n te para m o d ifica r la in stitu cionalid ad agro pecuaria, inse nsible a e fe ctu a r los cam bios re queridos por la Ley de Granos para poder com ercializar soja en los m ercados internacio­

nales. En sus propias palabras5: “Era un círculo vicioso infernal. Como no había

norma (de tipificación de la soja, requisito necesario, conforme a Ley de Granos, para su comercialización internacional), no podía haber exportación., Como no había exportación no había precio de mercado, y así hasta el infinito. Recién cuando el Ing. W. Kugler es nombrado Secretario de Agricultura del gobierno del Dr. Illia,(1963-1966) y habiendo observado él mismo el desarrollo del cultivo y

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Cuadro 3.1 Evolución c e Soja en el Mundo (mili, de ha y tm )
CuadroCambios en el Uso de la tierra 1975-2005
Cuadro ANP 1

Referencias

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