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Análisis de los elementos que constituyen el amor humano

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Academic year: 2018

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¿Le quiero?

Análisis de los elementos que constituyen

el amor humano

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Carta a una sobrina:

Un buen día mamá te estaba leyendo el cuento de Blancanieves. Por fin el Príncipe había salvado a su amada. Se aproximaba el final del cuento y tú comentaste: “Y fueron muy felices el resto de sus vidas...” “No, hija mía, –comentó mamá con una sonrisa– en verdad fue cuando comenzaron los problemas...” Papá también sonrió y con una mirada cómplice guiñó un ojo a su esposa.

Mamá quería decir que esos “finales felices”..., no son nunca finales, pues quedan todavía muchos años de vida..., para seguir amando, siempre que se sepa seguir amando. La felicidad depende de ello.

Y es que el amor es algo vivo, que –como un fuego– tienes que alimentar constantemente para que no se apague. Es verdad que todos nacemos sabiendo amar –basta que te fijes en tu hermana pequeña, que antes de hablar ya te quería a ti y a mamá– pero tienes que saber distinguir las diferentes etapas que se dan en del amor, para vivir cada una de ellas correctamente y conquistar un verdadero final feliz.

Antes de que nazca el verdadero amor suelen aparecer sus dos hermanas menores: la atracción física –es algo externo, miras y valoras a la persona sólo por su apariencia, como un objeto– y la simpatía –es la sintonía de caracteres que nos hace estar a gusto juntos–. Ambos son espontáneos, todavía no entra la voluntad. Son etapas previas, por las que normalmente se empieza a querer a la otra persona2.

Con ellas da comienzo el enamoramiento –¡estoy enamorada!– que es una vivencia involuntaria, algo que se padece, que te llega pasivamente. Decimos: “me he enamorado”, como algo que te ha pasado. No es todavía un tipo de amor, sin una de las formas de sentirlo, la más característica. Es muy importante, pues puede dar origen a un verdadero amor. A esta etapa le podemos llamar amor enamorado o enamoramiento.

Te señalo las características más comunes, para que sepas descubrirlo:

1 – sientes dentro de ti una fuerza pasional que te absorbe, y hasta puede afectar el sueño y el apetito y notarás que los olvidos y despistes son más frecuentes3;

2 – gozas pensando en el amado, y sólo quieres pensar en él; 3 – sólo te importa él, supeditando todo a verle;

4 – sientes un grado de felicidad desconocido antes: incluso puede ser que llegues a afirmar: “la vida sin él no tiene sentido” –ante la mirada amable de tus papás;

1 Resumen elaborado a partir del libro “Construir el amor” de José Pedro Manglano, Ed. Martínez Roca, 1ª

edición enero 2001, para el Departamento de Formación de Vida y Familia

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5 – quisieras estar siempre con él, la eternidad te parece poco;

6 – esos sentimientos son cortos e intermitentes, se pueden apagar en cualquier momento sin razón aparente. Duele mucho, pero es como los dolores de muelas4: muy intensos, pero nunca mortales. ¡Tranquila! En esos casos el mejor analgésico es un beso de mamá...

Es importante qué sepas que estar enamorada es bueno, pero no es lo mejor. Hay muchas experiencias por debajo, pero hay otras muy por encima. El enamoramiento es un sentimiento noble, pero no deja de ser un sentimiento5. Y los sentimientos siempre vienen y van. Por encima de ese enamoramiento existe el amor, al que podemos llamar la madurez del enamoramiento o amor tranquilo6.

Es una forma más madura de sentir el amor, un amor más verdadero, al que normalmente llamamos “quererse”. Lo llamo amor tranquilo porque no descansa en llamaradas y explosiones afectivas propias de los sentimientos, sino que suele ser un amar sintiendo... nada más que tranquilidad, paz. Es estar con el amado, con quien comparte todo contigo... Es el verdadero rostro del amor, en el que se goza con estar juntos.

En esta etapa se fragua el verdadero amor: se va descubriendo la grandeza de lo material, de lo cotidiano e insignificante; permite disfrutar de emociones más estables, más hondas, más elevadas. Llena y da sentido a lo ordinario. Y se aprende a amar lo esencial de la otra persona.

Este cariño se arropa con la costumbre. Y ello porque el cariño es un amor alimentado por el tiempo. La costumbre es mala si se convierte en rutina7, pero es buena si permite la estabilidad – tranquilidad– para construir. Es como la lengua de un país: es un mecanismo muy fijo y rutinario, pero gracias a él podemos escribir cuantos de hadas y poesía, que es una maravilla.

Es como la sal en las comidas, que pasa desapercibida. Sólo te percatas de ella cuando está ausente; por eso se dice que la distancia alimenta el amor8. Los tiempos en que no estás con la persona amada sirven para pensar en él, para apreciarle más, para convencernos de que ese amor es real. El verdadero amor se aprecia con mayor facilidad cuando está ausente.

Es la tranquilidad que se experimenta al convivir juntos, que es compatible con pequeñas peleas de vez en cuando. Pero normalmente se quieren evitar esas discusiones, pues descubres que vale mucho más la calma de la convivencia que pelearse “por tener la razón”.

El amor te descubre que sientes agrado y satisfacción de estar con el amado, y surge la eterna frase: “¡Cada día me gustas más!” Porque el atractivo del amado va cambiando, cada vez valoras nuevos

4 «¿Por qué hablan tan bien del amor, si duele tanto?» comentario de Adela a Peregrina en La dama del alba

de Alejandro Casona.

5 Este enamoramiento inicial es muy importante pues es el fundamento de cualquier relación posterior. Y

debes ser consciente que este enamoramiento no es suficiente para tomar la decisión del matrimonio.

6 Te recomiendo que leas Señora de rojo sobre fondo gris de Miguel Delibes. Es una lección de humanismo y

madurez de amor.

7 «¿Por qué ya no me baila un gusano en la tripa, cuando suena el teléfono y escucho su voz?, ¿por qué no

me arreglé para la última cita, y no usé su perfume ni me puse tacón? Será que la rutina ha sido más, más fuerte..., se han ido la ilusión y las ganas de verte... Pero me cuesta tanto decirlo a la cara. Aguanto un poco más o lo echamos a suertes. Será que nuestra vida ya no es diferente, hacemos lo mismo que el resto de la gente...» Ella baila sola, Lo echamos a suerte.

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aspectos: “la luz del rostro, su fosforescencia, su irradiación, en lugar de venir de la naturaleza y del ser, en suma, de la apariencia, procede de la naturaleza íntima de las experiencias aceptadas, de la indulgencia, del amor verdadero, del reposo”. Vas evocando esa belleza más autentica que todos llevamos dentro.

El peligro surge si no sabes apreciar esa tranquilidad del amor, quizá porque no te aporta vivencias gozosas, y comienzas a verlo como algo aburrido y rutinario. La cultura actual nos educa en la búsqueda continua de nuevas emociones, fuertes, impactantes. Y esa mentalidad impide desarrollar la capacidad de descubrir lo maravilloso y original que alberga lo que se repite, lo ya conocido.

La gente no se aburre porque las cosas sean aburridas sino que, como ellos son aburridos, se aburren. Ante una mirada pasiva las cosas sólo se repiten, aunque sean nuevas y maravillosas. Pero tú tienes la libertad para decidir en cada caso el significado que quieres que tengan las cosas.

A uno de mis hermanos le gustaba decir: “Si quieres volverte loco, pídele explicaciones a un tonto”. Puedes adaptarla un poco: “Si quieres volverte loca, pídele razones al sentimiento”. Los sentimientos son como una pompa de jabón: está ahí, pero no puedes tocarla. El amor no admite análisis, demostraciones palpables, y nunca podrás buscarlo en los que sientes. ¡Ahí está! No notarlo no significa que esté ausente.

Hay una pregunta, inútil y frecuente, en los labios de muchas mujeres: “No estoy segura de quererle.” No tienes sentido, porque esta situación no la puedes resolver examinándote introspectivamente la parte del corazón ocupada por el sentimiento ya que éste no es capaz, en ese momento, de dar más información. Y cuanto más quieras analizarla... ¡peor!

“Y, entonces, ¿cómo sé que le quiero?” Tienes que recurrir a otros elementos presentes en el amor: la unidad entre ambos, la voluntad de querer –quiero amarle–, la promesa hecha en el pasado y que va forjando hábitos...

Si preguntas a una compañera del Kinder si quiere a sus papás, su respuesta, espontánea y segura, será: “Por supuesto”. “Y... ¿por qué?, ¿cómo lo sabes?”, puedes insistir. Y con cara de perplejidad añadirá: “Pues... ¡porque sí!”. Y es que los niños son sabios. Lo que un niño no puede decir, lo que no es capaz de advertir que sabe, es aquello que la sabiduría popular ha expresado tan sencillamente: “Obras son amores, y no buenas razones”, que podríamos completar con “y no sentidas emociones”.

Sería un error que buscases la seguridad de un amor en algo tan inestable como son las emociones, pues esa seguridad descansa en la parte objetiva del amor –donación, apreciación, necesidad–. Hay que saber valorar ese otro sentimiento, real, válido, que nace de la tranquilidad.

El sentimiento que surge del enamoramiento es estupendo, sublime, pero, como ya te señalé, no es ni el único ni el mejor de los modos de sentir el amor. Es sólo la forma más fácil de sentir el amor, aquella que está al alcance de cualquiera9.

9Jean Guitton –filosofo francés– pregunta a su mujer:

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Lo importante es que aprendas a reconocer el verdadero amor, el maduro, el amor tranquilo. La diferencia entre el modo de sentir el amor enamorado y el de sentir el amor tranquilo no reside en que uno es sublime y el otro no, pues ambos lo son; se distinguen en que el amor enamorado se siente “pasivamente”, y el amor tranquilo se siente “activamente”, es decir, debes aprender a descubrirlo, realizarlo, trabajarlo..., es el auténtico sentido de ¡hacer el amor!, construirlo10.

“¡No estoy seguro de quererle!” No confundas amar con estar emocionada, y estar segura de amar con sentir un hormigueo en los pies y la piel de gallina. Esta visión inmadura del amor olvida que se trata de algo muy prosaico; el amor de ordinario escribe en prosa, se vive en la normalidad, tiene sabor a ingrediente cotidiano11. Si buscas la seguridad de amar en el sentimiento amoroso, llegarás a la conclusión de que no amas. Recuerda que el amor no es causa del matrimonio, sino su efecto, forjado día a día, ¡conquistado12!

Un pequeño inciso sobre el otro amor, el amor a Dios, que es también amor: ¡Cuántas personas se quiebran la cabeza con la misma pregunta con respecto a Dios! “No sé si le amo”. Y qué poco saben del amor cuando continúan: “No le amo, porque si le amase... lo sabría”. Podemos contestar: “O no lo sabrías, si por saberlo entiendes el sentirlo en sí mismo, porque al amor tranquilo no se le siente en sí mismo”. Puede resultar frío y desconcertante, pero así es la naturaleza del ser humano y del amor. Es más correcto decir: “Sí quiero amar, ya estoy amando”13.

Que estériles son esos lamentos tan frecuentes: “quién volviera a tener los años mozos”, “aprovecha ahora que eres joven”, “¡ay!, juventud, divino tesoro, que te vas para no volver”... Son exclamaciones que nacen del fracaso de quienes se quedaron atrapados en el gozo del “enamoramiento”, y no han sabido descubrir las nuevas emociones del amor tranquilo.

Hace poco me encontré con un amigo al que no veía desde su boda, cinco años atrás. “¿Qué tal te va?” “Cinco años, y no acabo de descubrirla; es fantástica, y tiene la virtud de no dejar de sor-prenderme; continúo encontrándole cosas nuevas”, fue su respuesta. Claramente no hablaba en un plano físico –las novedades en ese orden las descubrió enseguida–; mi amigo había aprendido a nadar en ese mar infinito que nos ofrece cualquier espíritu humano que abre su intimidad14.

10 «Es sencillamente inútil intentar conservar las emociones fuertes: eso es lo peor que se puede hacer. Dejad

que esas sensaciones desaparezcan –dejad que mueran–, seguid adelante a través de ese periodo de muerte hacia el interés más sosegado y la felicidad que lo suceden, y descubriréis que estáis viviendo en un mundo que os proporciona nuevas emociones todo el tiempo. Pero si decidís hacer de las emociones fuertes vuestra dieta habitual e intentáis prolongarlas artificialmente, se volverán cada vez más débiles y cada vez menos frecuentes, y seréis viejos aburridos y desilusionados durante el resto de vuestra vida. Precisamente porque hay tan poca gente que comprenda esto, encontramos muchos hombres y mujeres de mediana edad lamentándose de su juventud perdida a la edad misma en la que nuevos horizontes deberían aparecérseles y nuevas puertas deberían abrirse a su alrededor. Es mucho más divertido aprender a nadar que seguir interminablemente (y desesperadamente) intentando recobrar lo que sentisteis la primera vez que os mojasteis en la orilla de pequeños». L. S. Lewis.

11 «El matrimonio tendrá siempre algo de prosaico. El adulterio es más poético». Jean Guitton.

12 La esposa de Bismark tiene miedo de que el trabajo de su marido se interponga entre ellos. Y él le

consuela: «No me he casado contigo porque te amo, sino para amarte».

13 El amor a Dios reúne las mismas características que el amor humano. «Yo no cuento con un corazón para

amar a Dios, y con otro para amar a las personas de la tierra. Con el mismo corazón con el que he querido a mis padres y quiero a mis amigos, con ese mismo corazón amo yo a Cristo, y al Padre, y el Espíritu Santo y a Santa María. No me cansaré de repetirlo: tenemos que ser muy humanos; porque, de otro modo, tampoco podremos ser divinos». San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa

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Quiero añadir una duda más que puedes llegar a plantearte en alguna ocasión: “¿Actúo por amor o por deber?” Es otra pregunta tramposa, pues no son excluyentes, y normalmente van juntos, actuamos para hacer crecer el amor y obligados por el amor... En el amor tranquilo, cuando parece que el sentimiento –el enamoramiento– está adormecido, sólo se hallarán otros sentimientos: la obligatoriedad, el compromiso, el deber... “me siento obligado...”. Es verdadero amor, que normalmente entendemos por “quererse”...

Mamá no se plantea si al dar de comer a tu hermana a media noche, o cambiarla el pañal es por amor o por obligación. “Tiene que hacerlo, porque la ama, ¡y ya!”

* * *

Ahora te toca escuchar sobre los tres elementos que componen, refuerzan y alimentan el amor. Me refiero al amor tranquilo, al objetivo, al que no depende de los sentimientos15, ese que busca una relación amorosa estable.

Habla una novia –o una esposa– ante la ausencia temporal del novio:

“Se me hace duro estar aquí sin él; pero sus recuerdos me animan: necesito pensar en él”.

“Quiero que sea feliz; mientras está fuera voy a prepararle tal cosa y tal otra, le gustará. Me gustaría llamarle para hablar con él, para darle una alegría”.

“Es muy bueno. Me alegro de haberle conocido. Cuanto más le conozco, más le admiro”.

Aunque las tres frases revelan un sentimiento de amor, no hablan de ese sentimiento explícitamente. Manifiestan una relación de hecho que existe entre ella y él, o en ella hacia él. Esta niña no está hablando de cómo vive afectivamente el amor (tema tratado en la nota primera), sino que señala una unión objetiva que existe entre ellos.

La primera frase señala NECESIDAD.

Ella necesita estar con él –de una unión física, afectiva, de pensamiento...–; es decir, siente una necesidad de tenerle cerca.

La segunda frase indica DONACIÓN.

La niña quiere darle, y sobre todo quiere darse, en ese momento actual y en el futuro, ama entregando cosas suyas y, sobre todo, dándose ella misma. Al darse –regalar– se acerca más a él. La donación les une.

En la tercera apreciamos APRECIACION.

«–Marie Louise, ¿por qué la gente sólo sueña con el amor romántico?

–Cada uno tiene su camino. Algunos se casan porque se aman, otros acaban amándose porque se casan. Más vale que en todo matrimonio haya de lo uno o de lo otro».

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Le aprecia, se admira de él, porque ella así lo desea, las cosas del amado le siguen asombrando. Sabe descubrir aquellos detalles de él que le hacen apreciarle16.

Para que tu amor por una persona crezca, debes cuidar, alimentar y fomentar cada una de estas uniones. Porque le quieres buscas necesitarle, te le das, le aprecias. Y, porque sabes necesitarle, dártele y asombrarte de él, le amas.

Con el amor enamorado no ocurre lo mismo, este sólo señala subjetivamente tu estado de ánimo: “¿Cómo me siento con él o sin él?”. El enamoramiento satisface, pero nace y muere fuera de tu control, y nunca podrás medirlo.

El amor tranquilo si puedes medirlo, contabilizarlo, pesarlo. ¿Cuánto le necesito, me doy, le admiro? ¿En un día cualquiera? ¿Cuántos “detalles” he tenido con él? Hasta se puede hacer una lista de los “regalos” que le has hecho. ¿Cuántas veces le he extrañado en esta semana? Puedes recordar las veces que has pensado lo estupendo que sería que estuviese junto a ti. ¿Cuántas veces has recordado aspectos emocionantes suyos, presentes o pasados? Son datos objetivos, que no dependen de los sentimientos, de cómo te sientes en este momento.

“¿Y qué puedo hacer para que mi amor crezca?”, cuidar los elementos descritos, todos o aquel que adviertes más débil en ti.

a) haciéndote más consciente de la necesidad; b) obligándote a más donaciones;

c) valorando lo positivo de él, para que crezca la apreciación.

Así cuidas y alimentas el fuego del amor.

Vamos a repasarlos ahora un poco más despacio:

El amor donación

Gustave Thibon, filósofo del siglo XX, decía: “No se toma esposa, se entrega uno a ella. Casarse es quizá la manera más directa y exclusiva de dejar de pertenecerse”17.

Durante el enamoramiento sientes que te das toda al amado; pero una cosa es sentirlo, desearlo y otra muy diferente es realizar esa entrega concreta y expresa, día a día, de tu inteligencia, tu voluntad, tus sentimientos, tu cuerpo, tus gustos, tus planes, tu vida...

La donación total, jurada ante el altar, hay que hacerla realidad en el día a día. Y muchas veces con dolor, pues dar siempre cuesta; y darse... es tarea de toda la vida.

“El amor crece o muere”, oirás decir. Porque el fuego del amor necesita ser alimentado con nueva leña; cada nuevo acto de entrega que realizas será un nuevo tronco que arde y aviva tu amor.

16 En el amor a Dios estos tres elementos tienen que estar igualmente presentes. Cuando pides ayuda y

socorro, estás obrando por amor necesidad. Por amor donación deseas servirle y entregarte, anhelando ser transformado en él. El amor apreciación te lleva a bendecirle y alabarle, alegrándote por su bondad y grandeza.

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Se dona el “Yo personal”; la salud y la enfermedad; tu belleza en su estado actual y en sus posibles estados futuros; entregas tu realidad física y psíquica; tu cuerpo en sus momentos de fertilidad y de esterilidad. Debes entregar al esposo en cada momento tu vida, tal como en ese instante la posees. Nada podrás considerar como tuyo, pues todo lo tuyo pasa a ser “nuestro”. Entregas tus cualidades y tus limitaciones, tanto las virtudes como los defectos, las capacidades profesionales y los fracasos, alegrías y dolores. La libertad también la entrega. Mejor dicho, no entregas la libertad, sino que inviertes tu libertad total, en su totalidad, en amar al amado18.

“Como un salto en paracaídas, sin paracaídas”. Tu donación es completa y gratuita, aunque no seas correspondida. Cuando alguien no está dispuesta a excederse..., su amor está tocado de muerte. En todo matrimonio siempre hay ocasiones o temporadas en las que el otro no sepa, no pueda o no quiera darlo todo: es el momento de superar el “doy porque me das”, y pasarse al “te doy porque eres tú, porque te quiero, porque quiero quererte”.

A veces te resultará especialmente costosa y dura esa donación, te sientes defraudada..., en esos casos hay que apoyarse más en los otros elementos objetivos del amor: la necesidad que él tiene de ti y tú de él; la apreciación de su persona.

El amor apreciación

El amor real no se mueve por gustos, sino por aprecios19. Serás más capaz de amar cuanto más capaz seas de apreciar, de admirar. Tendrás amigas que parece que han desarrollado principalmente sus gustos, su vida animal –Barbies– y han descuidado su vida espiritual. A estas les resulta muy difícil apreciar un paisaje, un cuadro, un cuidado estético, una música valiosa, un minúsculo detalle de educación... y le resultara difícil apreciar a una persona. Internamente están vacías, viven hacia fuera, no por lo que aprecian, sino por lo que las atrae.

La apreciación consiste en amar el ser del otro, no sólo su forma de ser. Es la diferencia entre esa chica bonita, esa guapa y la “buena”. Cuando digo que es bonita, estoy apreciando sólo lo externo20. Cuando me asombra toda la mujer, su persona, digo que es guapa, nunca que está guapa, como algo transitorio21. ¿Ok?

Si sientes atracción por un chico, eso no significa que le aprecies, simplemente que te gusta. Hay parejas –incluso ya casados– que se quieren, pero no se “aprecian”. Confunden el aprecio con la atracción que sienten, como si pensasen “si me atrae quiere decir que la quiero”, “si me atrae es porque le aprecio”. “Me gustas” no significa “te aprecio”22.

18 Una mamá no pierde su libertad al tener y amar a su bebé, sino que la invierte cada día –totalmente– en

ese bebé...

19 Me gustas como eres, pero te amo a ti.

20 “Es bonita –comentó un joven al ver pasar a aquella mujer– pero va tan pintada que quien sabe lo que hay

debajo”.

21 Lo de “buena” lo reservo para otra posible nota técnica.

22 Todo lo relacionado con el sexo “atrae”, pero no fomenta el aprecio por el otro. Por ello, nunca es “prueba

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Amor necesidad

Toda necesidad perdura mientras permanezca la necesidad misma. La relación de necesidad entre dos personas se extingue al desaparecer la necesidad23. Puede permanecer la gratitud, incluso un cierto aprecio por esa persona que nos resolvió la necesidad. Por ello nos resistimos a considerar la necesidad como un elemento del amor.

Querías que tu amor fuese un movimiento exclusivamente libre tanto en su origen como en su desarrollo día a día y acto a acto. Te parece que, al necesitar, hay un interés por medio que ensucia el amor24. Pero esta idea encierra una trampa. Es verdad que todo amor debe ser libre para ser amor, sino será esclavitud. Pero el amor no es “la libertad”. La diferencia está en si tengo una necesidad de algo y tú me sirves para resolverlo..., o si tengo “necesidad de ti”, quiero que “sólo tú me la resuelvas”. El amor necesidad descansa en esa persona a quien aprecias en cuanto es. Esa persona que está unida a ti “gratuita y necesariamente al mismo tiempo” en esa necesidad. No le quieres porque le necesitas, sino que le necesitas porque le quieres. Quizá otras personas podrían ayudarte, satisfacer ese favor, pero tu necesidad descansa en el amor que tienes a esa persona, “a ti”25.

Cuando tu hermana llora, no le basta con que cualquier mano la abrace, sino que tiene que ser mamá quien lo haga26. No llora por una necesidad suya, sino por una necesidad “de ti”. El amor tiene “necesidad” de esa persona concreta a la que se ama. Porque el amor vive acompañado de un aprecio – apreciación– del otro27. Tu hermana crecerá, hasta que ya no necesite que mamá la ayude, pero seguirá necesitando el amor de “una madre”. Por eso decimos “te extraño”, “tengo necesidad de ti”; sin tener ninguna necesidad concreta, te necesito...28

Cuando una persona se resiste a dejarse ayudar –no quiere necesitar de nadie– decimos que es un egoísta. Y también es egoísmo el miedo a establecer compromisos, a necesitar de alguien. Y permanece sólo, encerrado en su torre de marfil, sin saber amar.

Frente al egoísmo, la necesidad que tiene el amor de vivir junto al amado, de estar unidos, necesidad que debe aumentar hasta el final de la vida. Esos matrimonios que tras compartir toda una vida, al fallecer uno de ellos, la pareja viuda, muere de soledad “de ti”. Es el más auténtico amor necesidad29.

* * *

23 La necesidad del plomero, mientras hay goteras... 24 “Ay, San Andrés, si este me quiere es por el interés”.

25 Todo amor crea necesidad necesariamente, pero la necesidad no crea amor necesariamente. Según el

tipo de amor, así será la necesidad creada: el bebé, el vicioso, el amante...

26 Esas noches de enfermedad en las que exigía que fuese mamá quien la cargase... “Tú no, ¡mamá!” 27 Nota al amado ausente: «No me envíes cartas que no se leer, mándame tu presencia que te quiero ver». 28 La esposa que “necesita” del marido para colgar un cuadro, para decidir una compra, para visitar al doctor,

para platicar de los afanes del día... Y que lastima cuando el marido no le hace caso, o le pide al chofer que ayude a la señora...

29 Por eso hay muchas personas viudas que necesitan volver a casarse..., sin tener ninguna necesidad

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Ahora vamos a platicar de La Crisis.

Las crisis de amor provocan dolor de amor30. En esos momentos sentirás el amor en forma dolorosa, de rechazo, de apretar los dientes, con la terrible pregunta ¿que hice?, que invita al arrepentimiento de haberse dado... Pero es también una etapa más del amor, una época buena aunque no agradable.

Significa que tu amor está en crisis de crecimiento. Todo el amor que ya has “dado” se ha consumido y tu amor necesita nuevas entregas, nuevos lazos... Son momentos en que tu amor debe crecer, y duele mientras no le ayudes. Crisis no es rotura, sino una situación diferente, en la que ya no encaja lo anterior31. Sólo hay crisis donde hay vida, cuando el amor ha muerto, ya no caben crisis. Ese dolor es quien nos avisa que el pie ya no cabe en ese zapato, que hay que cambiarlo, porque ya creció.

Es una realidad: con el tiempo tu amor se quedará pequeño y “sufre” ante las nuevas exigencias que se te presentan. Para que tu amor sea pleno necesita crecer, necesita morir algo más de tu “yo”.

Tu sufrimiento surge de esa crisis de amor. El problema estaría en querer matar el amor para evitar el dolor, en vez de buscar como solucionar la crisis32, “me olvido de ese amor y se acaban los sufrimientos”. Grave error. Los sufrimientos son medicinales, siempre, medicinales.

Lo que debes hacer es aprender a vivir las crisis. Te señalo el tratamiento:

Aprende a crecer con el dolor

Si no has aprendido a sufrir33, ante una crisis buscarás huir, pues te dejarás asaltar por esos mil interrogantes que te harán perder el norte y la paz. Tendrás miedo a crecer, a madurar. Y ese dolor no se arregla con pastillas, ni con médicos, ni con dinero, ni con enfados o gritos34.

En estos casos, no puedes huir de la realidad, debes afrontar los hechos, vivir lo que toca vivir. Cuando toca sufrir –porque se está creciendo–, hay que sufrir35.

En todo esto, es muy importante la paciencia36. Con ella alcanzas la madurez. La madurez aumenta la capacidad de sufrimiento, enseña a sufrir. El sufrimiento ayuda a madurar, y la madurez ayuda a sufrir.37

30 Me refiero al amor maduro, verdadero. Las crisis en el enamoramiento son sencillamente apagones de los

sentimientos. Duelen mucho..., pero nada más.

31 Las crisis de tu hermana porque sus pies ya no cabían en sus pequeños zapatos..., y lloraba de dolor. 32 Muerto el perro, se acabó la rabia.

33 El sufrimiento es la falta de sentido ante el dolor. Mientras que el dolor es inevitable durante la vida, al

sufrimiento puedo darle sentido, una razón por la que valga la pena soportar ese dolor.

34 El psiquiatra Vallejo–Nájera explica que «en los meses de exámenes en la universidad se llenaba su

consulta de universitarios reprobados con problemas de desánimo, perdida de la autoestima, un sinsentido y fracaso en la vida... Y buscaban resolver su problema con pastillas y recetas. Aquello no era más que una huida de las verdaderas soluciones: ¡estudiar!, aunque se sufra estudiando».

35 «¿Amor y sufrimiento van unidos? ¿Se vive más feliz sin estar enamorado? Hay distintos niveles de

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No dejarte engañar por deformaciones ópticas

Toda crisis altera tu capacidad de ver y razonar, aumentando lo negativo de cualquier amor. En esos momentos:

- distorsionas el pasado atribuyendo a ese amor la culpa de todas tus desgracias personales; llegando incluso a arrepentirte de haberlo vivido;

- deformas el presente buscando un culpable de tu sufrimiento fuera de ti misma. Muchas veces hay una base real en tu acusación de culpa, pero la deformación hace que él sea la causa de todos los males que padeces en ese momento. Todos sus defectos aparecen agrandados e insufribles, mientras que encuentras disculpas para todas tus acciones.

- deformas el futuro temiendo no tener paciencia para resistir aquello. La frase “No puedo aguantar así toda la vida”, es falsa, pues no será así toda la vida38. La realidad es que tu amor puede y tiene suficiente capacidad para aguantarlo, pero necesita crecer... y ése es el momento de aceptar ese dolor que conlleva el amor, para crecer: no hace falta más39.

No tomarte demasiado en serio a ti misma

Debes aprender a reírte de tus propias ocurrencias en esos momentos, pues normalmente esas ideas, dado el estado anímico en el que te encuentras, no responden a la verdad40.

La verdadera causa de tu crisis es un defecto de tu forma de amar, o una limitación actual en tu capacidad de amar: no sabes todavía vivir dentro de tu amor esa nueva situación, realidad o cir-cunstancia que ha desencadenado la crisis. No es fácil, pero el amor siempre necesita asumir, alimentarse, crecer. El amor puede hacerlo, y vale la pena.

Deja pasar el tiempo

A todo amor hay que dedicarle tiempo41. Mientras tanto, te tranquilizas y analizas cual de los elementos de tu amor te está faltando en esos momentos, cual necesita crecer aún más. El “yo” que

36 «La clave de todo es la paciencia. Un pollo se obtiene empollando el huevo, no rompiéndolo». Arnolo

Glasgow.

37 «Un joven elfo pidió al Gran Maestro que el ayudase a entrar en la Escuela De Adelantados. Este le propuso

un extraño mandato: “Ve al Bosque Mediano y paga a todas las criaturas que viven allí para que te insulten. Haz esto durante un año”. Así lo hizo el elfo.

Terminado el año, buscó al Gran Maestro, quien le dijo: “Ahora puedes ir a esa Escuela”.

Con otros elfos se presentó en el Valle de la Escuela. En la entrada estaba un trolls gigante que comenzó a insultarles de la manera más cruel. Los otros aspirantes perdieron la calma ante esas amenazas, algunos reaccionaban devolviendo los insultos, o se enfurecían.

El joven elfo soltó una carcajada: “Durante un año he pagado para que me hiciesen lo que tú me haces ahora y ¿crees que me voy a molestar?”.

El trolls sonrió y le dijo: “Entra, tienes tu plaza en la Escuela”.»

38 Ni siquiera sabes que pasará mañana.

39 En los momentos difíciles, Alicia pensaba en aquel joven profesor –John Nash– del cual se había

enamorado; y en ella misma que había logrado amarle. Ese pensamiento le decía que si podría conseguirlo otra vez. Esta actitud positiva le hacía cambiar. Cfr. Una Mente brillante, Rosell Crowe, Jennifer Conelly.

40 Mamá llama “telarañas” a las ideas deformadas que la amenazan en esos momentos, reconociendo que

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debe morir otro poco para afirmar el “tú”. Y este proceso exige tiempo42. Cada etapa de un amor exige su propio tiempo. Ocurre en todos los amores: a Dios, entre esposos, entre padres e hijos...

Cuando uno de ambos está agotado es incapaz de contemplar al otro, pero exige que se le contemple. El peligro es que esto ocurra muchas veces, o que el otro también se agote. Entonces ambos sólo serán capaces de exigir y la crisis evoluciona en una posible muerte del amor. Tienes que hacer crecer tu amor antes de llegar a esta situación.

No olvides que el “si quiero” es un acto de tu voluntad. Es un “si al otro”, no a su forma de ser. Y esa voluntad –reforzada por las virtudes, por la lealtad y la fidelidad– debe resistir para que el “tu persona” pueda acompañar a esa crisis, y no luchar contra ella.

Es la hora de la voluntad43, de demostrarte que eres, de verdad, una persona.

Invertir el elemento necesidad

Al hablar de este elemento, lo explicaba como la “necesidad de ti”, de esa persona a quien se ama. Pero en algunas crisis quizá puedas estar convencida que “ya no le necesitas”, que el aprecio por él es muy débil y que estás cansada de “dar”. En esos momentos hay que pensar en él –que puede ser en gran medida el culpable de la crisis– y verle totalmente necesitado: “Que sería de él sin mi apoyo, mi cariño, mi paciencia...44”

No es compasión45, sino el mismo y único amor visto desde otra perspectiva. No verle necesitado de ayuda, sino de “tu ayuda”; es parte del amor. Es un “me necesita a mi”.

Quizá se acepte más fácilmente ante el bebé que lleva noches llorando e impidiendo tu sueño..., o ante el esposo enfermo y en la cama... Pero también ante el amado enfermo en su amor, que responde con egoísmos y malas palabras. Es la prueba máxima de aquella afirmación: “Me casé para amarle, se casó conmigo porque me necesita ahora”.

Sigue pidiendo a mamá que te lea muchos cuentos. Ella disfruta junto a ti, tanto como tú estando con ella. Nos vemos…

Alicia Asul

41 «La mitad de los fracasos de la vida se debe a que tiramos de las riendas de nuestro caballo cuando está

en pleno salto». J. William Hare.

42 El botón más útil de los aparatos electrodomésticos es el botón «Pausa». Si aprendes a dominarte a ti

misma, terminarás por dominar el mundo.

43 «El hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo». Antoine De Saint–Exupéry. 44 Me gusta imaginarme a Dios razonado así continuamente.

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