CARTA DERECHOS DE AUTOR
CARTA DE AUTORIZACIÓN DE LOS AUTORES (Licencia de uso)
Bogotá, D.C., 8 de agosto de 2012
Señores
Biblioteca Alfonso Borrero Cabal S.J. Pontificia Universidad Javeriana Cuidad
Los suscritos:
Diana Carolina Ibañez Jerez , con C.C. No 1.026.265.996 Btá
Deisy Paola Montero Mosquera , con C.C. No 1.018.429.649 Btá
En mi (nuestra) calidad de autor (es) exclusivo (s) de la obra titulada: Experiencias de vida y sentido vital de cuatro habitantes de calle
(po favo señale con una x las opciones ue apli uen)
Tesis doctoral Trabajo de grado x Premio o distinción: Si No x cual:
presentado y aprobado en el año 2012 , por medio del presente escrito autorizo (autorizamos) a la Pontificia Universidad Javeriana para que, en desarrollo de la presente licencia de uso parcial, pueda ejercer sobre mi (nuestra) obra las atribuciones que se indican a continuación, teniendo en cuenta que en cualquier caso, la finalidad perseguida será facilitar, difundir y promover el aprendizaje, la enseñanza y la investigación.
AUTORIZO (AUTORIZAMOS) SI NO 1. La conservación de los ejemplares necesarios en la sala de tesis y trabajos de
grado de la Biblioteca. x
2. La consulta física o electrónica según corresponda x 3. La reproducción por cualquier formato conocido o por conocer x 4. La comunicación pública por cualquier procedimiento o medio físico o
electrónico, así como su puesta a disposición en Internet x 5. La inclusión en bases de datos y en sitios web sean éstos onerosos o gratuitos,
existiendo con ellos previo convenio perfeccionado con la Pontificia Universidad Javeriana para efectos de satisfacer los fines previstos. En este evento, tales sitios y sus usuarios tendrán las mismas facultades que las aquí concedidas con las mismas limitaciones y condiciones
x
6. La inclusión en la Biblioteca Digital PUJ (Sólo para la totalidad de las Tesis Doctorales y de Maestría y para aquellos trabajos de grado que hayan sido laureados o tengan mención de honor.)
x
De acuerdo con la naturaleza del uso concedido, la presente licencia parcial se otorga a título gratuito por el máximo tiempo legal colombiano, con el propósito de que en dicho lapso mi (nuestra) obra sea explotada en las condiciones aquí estipuladas y para los fines indicados, respetando siempre la titularidad de los derechos patrimoniales y morales correspondientes, de acuerdo con los usos honrados, de manera proporcional y justificada a la finalidad perseguida, sin ánimo de lucro ni de comercialización.
De manera complementaria, garantizo (garantizamos) en mi (nuestra) calidad de estudiante (s) y por ende autor (es) exclusivo (s), que la Tesis o Trabajo de Grado en cuestión, es producto de mi (nuestra) plena autoría, de mi (nuestro) esfuerzo personal intelectual, como consecuencia de mi (nuestra) creación original particular y, por tanto, soy (somos) el (los) único (s) titular (es) de la misma. Además, aseguro (aseguramos) que no contiene citas, ni transcripciones de otras obras protegidas, por fuera de los límites autorizados por la ley, según los usos honrados, y en proporción a los fines previstos; ni tampoco contempla declaraciones difamatorias contra terceros; respetando el derecho a la imagen, intimidad, buen nombre y demás derechos constitucionales. Adicionalmente, manifiesto (manifestamos) que no se incluyeron expresiones contrarias al orden público ni a las buenas costumbres. En consecuencia, la responsabilidad directa en la elaboración, presentación, investigación y, en general, contenidos de la Tesis o Trabajo de Grado es de mí (nuestro) competencia exclusiva, eximiendo de toda responsabilidad a la Pontifica Universidad Javeriana por tales aspectos.
De conformidad con lo establecido en el artículo 30 de la Ley 23 de 1982 y el artículo 11 de la Decisión Andina 351 de 1993, Los dere hos orales so re el tra ajo so propiedad de los autores , los cuales son irrenunciables, imprescriptibles, inembargables e inalienables. En consecuencia, la Pontificia Universidad Javeriana está en la obligación de RESPETARLOS Y HACERLOS RESPETAR, para lo cual tomará las medidas correspondientes para garantizar su observancia.
NOTA: Información Confidencial:
Esta Tesis o Trabajo de Grado contiene información privilegiada, estratégica, secreta, confidencial y demás similar, o hace parte de una investigación que se adelanta y cuyos
resultados finales no se han publicado. Si No x
En caso afirmativo expresamente indicaré (indicaremos), en carta adjunta, tal situación con el fin de que se mantenga la restricción de acceso.
NOMBRE COMPLETO No. del documento de
identidad FIRMA
Diana Carolina Ibañez Jerez 1.026.265.996 Btá
Deisy Paola Montero Mosquera 1.018.429.649 Btá
FACULTAD: Psicología
DESCRIPCIÓN TRABAJO DE GRADO
BIBLIOTECA ALFONSO BORRERO CABAL, S.J.
DESCRIPCIÓN DEL TRABAJO DE GRADO – FORMULARIO
TÍTULO COMPLETO DE LA TESIS DOCTORAL O TRABAJO DE GRADO
EXPERIENCIAS DE VIDA Y SENTIDO VITAL DE CUATRO HABITANTES DE CALLE SUBTÍTULO, SI LO TIENE
--- AUTOR O AUTORES
Apellidos Completos Nombres Completos
Ibañez Jerez Diana Carolina
Montero Mosquera Deisy Paola
DIRECTOR (ES) TESIS DOCTORAL O DEL TRABAJO DE GRADO
Apellidos Completos Nombres Completos
Lozano Ardila Martha Lucía
FACULTAD
Psicología PROGRAMA ACADÉMICO Tipo de progra a seleccio e co x
Pregrado Especialización Maestría Doctorado
x
Nombre del programa académico
Psicología
TRABAJO PARA OPTAR AL TÍTULO DE:
Psicólogo
PREMIO O DISTINCIÓN(En caso de ser LAUREADAS o tener una mención especial):
---
CIUDAD AÑO DE PRESENTACIÓN DE LA TESIS O
DEL TRABAJO DE GRADO
NÚMERO DE PÁGINAS
Bogotá 2012 481
TIPO DE ILU“TRACIONE“ seleccio e co x
Dibujos Pinturas Tablas, gráficos y
diagramas Planos Mapas Fotografías Partituras
--- --- --- --- --- --- ---
SOFTWARE REQUERIDO O ESPECIALIZADO PARA LA LECTURA DEL DOCUMENTO
Nota: En caso de que el software (programa especializado requerido) no se encuentre licenciado por la Universidad a través de la Biblioteca (previa consulta al estudiante), el texto de la Tesis o Trabajo de Grado quedará solamente en formato PDF.
---
MATERIAL ACOMPAÑANTE
TIPO DURACIÓN
(minutos) CANTIDAD
FORMATO
CD DVD Otro ¿Cuál?
Vídeo --- --- --- --- ---
Audio --- --- --- --- ---
Multimedia --- --- --- --- --- Producción
electrónica --- --- --- --- --- Otro Cuál?
DESCRIPTORES O PALABRAS CLAVE EN ESPAÑOL E INGLÉS
Son los términos que definen los temas que identifican el contenido. (En caso de duda para designar estos descriptores, se recomienda consultar con la Sección de Desarrollo de Colecciones de la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal S.J en el correo [email protected], donde se les orientará).
ESPAÑOL INGLÉS
Habitante de calle Homeless
Calle Street
Ciudad City
Sentido de vida Meaning of Life
Experiencias de vida Life experiences
RESUMEN DEL CONTENIDO EN ESPAÑOL E INGLÉS (Máximo 250 palabras - 1530 caracteres)
RESUMEN
La habitabilidad en la calle es un fenómeno que se ha venido presentando desde la época de la Colonia y ha estado inmerso en las diferentes dinámicas de la evolución del país y en este caso, en el desarrollo de la ciudad de Bogotá. Así, el objetivo general de este trabajo es dar cuenta de las experiencias de vida y el sentido vital de cuatro habitantes de calle de las localidades de Chapinero, Santafé y Usaquén. Para esto, la investigación se ubica en la perspectiva epistemológica interpretativa mediante la metodología de estudio de caso. De modo que, se trabajó con cuatro Habitantes de Calle, a los que se les realizó una entrevista a profundidad. Encontrando así, que el consumo de sustancias psicoactivas es un factor relevante en los inicios y la permanencia en la habitabilidad en la calle. Además que, las interacciones conflictivas son una constante en las relaciones afectivas que se conforman entre familiares y pares. Por último, la búsqueda de su sentido de vida, se relaciona con el hecho de querer cambiar su realidad como habitante de calle.
ABSTRACT
EXPERIENCIAS DE VIDA Y SENTIDO VITAL
DE CUATRO HABITANTES DE CALLE
Deisy Paola Montero Mosquera – Diana Carolina Ibañez Jerez
Bogotá, D.C., 8 de agosto de 2012
Señores: Comité de tesis
Facultad de Psicología
Pontificia Universidad Javeriana
Cordial saludo,
Muy atentamente, en mi condición de directora, presento a ustedes, la entrega definitiva del trabajo de grado titulado “Experiencias de vida y sentido vital de cuatro habitantes
de calle” de las estudiantes Diana Carolina Ibañez Jerez y Deisy Montero Mosquera.
Atentamente,
TABLA DE CONTENIDO
RESUMEN 1
0. INTRODUCCIÓN 2
0.1El problema 3
0.2 Fundamentación bibliográfica 11
0.3Objetivos 32
0.3.1 Objetivo general 32
0.3.2 Objetivos específicos 32
0.4Categorías 32
1. METODO 36
1.1Enfoque y método de investigación 36
1.2Participantes 37
1.3Instrumento 37
1.4Procedimiento 38
2. RESULTADOS 42
3. DISCUSIÓN 64
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 71
LISTA DE APÉNDICES
Apéndice A: Guión de entrevista.
Apéndice B: Consentimientos informados.
Apéndice C: Transcripción protocolar.
1
RESUMEN
La habitabilidad en la calle es un fenómeno que se ha venido presentando
desde la época de la Colonia y ha estado inmerso en las diferentes
dinámicas de la evolución del país y en este caso, en el desarrollo de la
ciudad de Bogotá. Así, el objetivo general de este trabajo es dar cuenta de
las experiencias de vida y el sentido vital de cuatro habitantes de calle de
las localidades de Chapinero, Santafé y Usaquén. Para esto, la
investigación se ubica en la perspectiva epistemológica interpretativa
mediante la metodología de estudio de caso. De modo que, se trabajó con
cuatro Habitantes de Calle, a los que se les realizó una entrevista a
profundidad. Encontrando así, que el consumo de sustancias psicoactivas
es un factor relevante en los inicios y la permanencia en la habitabilidad
en la calle. Además que, las interacciones conflictivas son una constante
en las relaciones afectivas que se conforman entre familiares y pares. Por
último, la búsqueda de su sentido de vida, se relaciona con el hecho de
querer cambiar su realidad como habitante de calle.
Palabras clave: Habitante de Calle (89), Calle (9), Ciudad (11), Sentido de vida (263),
2
0. INTRODUCCIÓN
Desde la Colonia y la primera etapa republicana, se distinguían, describían y
calificaban pobladores y autoridades como “vagos”, “ociosos”, “mendigos” o
“malentretenidos”. A estos, se les aplicaron penas y medidas correctivas de distinta
índole, procurando eliminar comportamientos considerados fuera de los parámetros de
la sociedad (Nieto, Ortiz & Ramos, 2007).
Esta mirada punitiva del Estado, fue disminuyendo al pasar del tiempo y se
empezó a reconocer a estas personas desde su ausencia de oportunidades, buscando la
reintegración a la sociedad. Así pues, a mediados de los años noventa, la expresión
„habitantes de la calle‟ tomó fuerza para denominar a las personas que viven en el
espacio público sin una determinada residencia, dejando atrás diversos términos como:
“indigentes”, “personas de la calle”, “personas en situación de calle”, entre otros.
A pesar del cambio de percepción hacia las personas que realizan sus funciones
vitales en el espacio público, hoy en día, se hacen evidentes las viejas y simples lógicas
de control social por parte del gobierno, pues, mediante algunas políticas públicas solo
buscan optimizar el aspecto físico de las ciudades y no se comprometen por mejorar la
calidad de vida de los habitantes de calle. Un ejemplo de ello, lo exponen Robledo y
Rodríguez (2008), cuando mencionan la propuesta de Peñalosa como Alcalde Distrital
de “desencartuchar” el denominado “cartucho”, que era visto con un lugar que
interrumpía el desarrollo y estética de la ciudad, para dar paso al parque tercer milenio.
Si bien, se tuvieron en cuenta a las personas que habitaban allí, su prioridad era la
renovación urbana de este espacio y la disminución de la inseguridad.
De esta manera, la sociedad sigue relacionándose con el habitante de calle desde
3
porque la atraviesa de día y de noche, quién la ensucia y en algunos momentos la
limpia, que asusta y se asusta, un individuo que confronta la pretensión de la
modernidad: personas útiles, productivas, urbanizadas y urbanizables (Robledo &
Rodríguez, 2008).
Este trabajo pretende visibilizar algunas historias de vida de dos habitantes de
calle del sector de Chapinero, una de Santa fe y otra de San Cristóbal Norte,
reconociendo ciertas experiencias que han vivido en el espacio público y los proyectos
de vida que han planteado con relación a su sentido vital. Teniendo presente la
percepción que han construido de su propia vida y la forma en la que se relacionan con
la sociedad.
0.1 El problema
La existencia del denominado hoy en día “habitante de calle”, se ha hecho
evidente desde los inicios de la conformación de ciudades, puesto que el rechazo de
diferentes personas, ya sea por sus características físicas, demográficas, sociales,
económicas y/o políticas ha estado presente en las diversas épocas que dan cuenta de la
historia del hombre.
La primera relación de exclusión que se identifica en América Latina se remite a
la época de la Conquista, cuando se empezaron a configurar las ciudades, dividiendo el
territorio y a su vez, a la población, diferenciándola entre españoles e indígenas. De esta
manera, se dio paso a la primera subjetividad en la que un yo conquistador,
aristocrático, se enfrenta al yo americano (indígenas, luego negros y mestizos), donde el
conquistador impone su individualidad, acudiendo a la violencia o a otras formas más
4 Así, la ciudad como “geografía urbana, fragmentada y discontinua” (Senett, 2003,
p.21 citado en Robledo & Rodríguez 2008), produce a su vez topos diferenciales y
constituye posiciones de sujeto, en el entrecruzamiento de micro y macro poderes que
coexisten, y al mismo tiempo, luchan por el predominio de unos sobre otros. Esto hace
que Bogotá empiece a conformarse de diversas maneras y a medida que va pasando el
tiempo, se van vislumbrando distintas formas de constituirse como ciudad.
A raíz de ésta jerarquización en Bogotá, las personas ubicadas en las altas escalas
de la pirámide social empiezan a denunciar a los excluidos (vagos, ladrones, méndigos y
prostitutas), como inútiles y dañinos (Iriarte, 2004, citado en Robledo & Rodríguez
2008). Por lo que el ocioso y el vago será considerado desertor del Estado, miembro
corrompido de la sociedad y bárbaro. Todos aquellos que de una u otra forma se han
rebelado contra el Estado, están sueltos, sin oficio y no han podido ser domesticados
(De Finestrad, 2001 citado en Robledo & Rodríguez, 2008).
De esta forma, la presencia de los méndigos y las méndigas en los espacios
públicos, según los administradores ilustrados de la ciudad, era un panorama que
ofendía la sensibilidad modernizadora de quienes se identificaban con este discurso. Por
tanto en Bogotá, se determinó recoger y abrigar a todos éstos, en el hospital y hospicio
real, cumpliendo tales instituciones, una función de asilo (Robledo & Rodríguez, 2008).
Por consiguiente, las personas empiezan a categorizarse desde lo productivo e
improductivo, señalando como conductas escandalosas y en contra de la ley, las
ejecutadas por los vagos y ociosos, quienes obstaculizaban los constructos de
civilización y desarrollo de la época. En el caso de la Bogotá de 1908, el vago se
introduce en la categoría de los “improductivos”. Por lo que estos holgazanes, ociosos,
5
producir temor y miedo entre sus habitantes, al ser causa de inseguridad en Bogotá. De
esta forma, estas personas empezaran a romper a la ciudad, desplazándose por sus
nuevas trazas, construidas como barrios, parques, grandes vías. La capital se fragmenta
tanto desde su diseño estructural, como en la vida cotidiana (Robledo & Rodríguez
2008).
En el caso de la Bogotá fragmentada según Robledo y Rodríguez (2008), este
personaje intermedio para el caso de los llamados vagos se abre de nuevo en la
taxonomía individuo rehabilitante/individuo “desechable”; siendo este segundo
elemento, el objeto o cosa de la cual cualquier ciudad puede prescindir. De esta forma
será denominado desechable en las décadas de los 80 y 90, y el habitante de calle para la
Bogotá del “Tercer Milenio”.
De la misma manera, Mellizo, Castro y Morales (2006), dan cuenta de las
representaciones sociales que se han construido sobre este grupo social durante la
evolución de la sociedad colombiana, dando a conocer los términos que se han utilizado
para referirse a los pobladores de la calle, tales como chinos de la calle, gamines,
desechables, ñeros, habitantes de la calle, indigentes o ciudadanos de la calle.
Por lo que se debe reconocer que el lenguaje construye realidad y a partir de la
existencia de distintas definiciones de éste fenómeno social, se pueden evidenciar las
diversas lecturas que la sociedad desarrolla y, que así mismo, inducen formas de
afrontamiento que van desde aquellas inspiradas en principios filantrópicos hasta
aquellas xenofóbicas que desconocen su condición de personas, legitimando acciones de
exterminio mediante las llamadas campañas de “limpieza social” Mellizo, Castro y
Morales (2006). Puesto que, de manera equivocada, se piensa que con el exterminio de
6
quienes así actúan no permiten atacar la problemática en sus causas estructurales, como
los altos índices de pobreza, la precaria educación, el conflicto armado, entre otros,
problemas sociales, políticos y económicos que se encuentran en el país; sino que
buscan acabar con sus efectos más visibles.
Así pues, para Robledo y Rodríguez (2008), los habitantes de calle serán algunas
de las personas que atraviesan los fragmentos de la ciudad, conectando el norte con el
sur, la riqueza y la pobreza, la limpieza y la suciedad dentro de su cotidianidad, tanto
diurna como nocturna. De esta forma, los ciudadanos empiezan a tener contacto con los
llamados “ñeros”, concepto que tiene una doble connotación, pues por un lado les
permite sentirse parte de un grupo con ciertas características, o como se menciona en
“Habitantes de calle: un estudio sobre la calle del Cartucho en Santa Fe de Bogotá” de
la Cámara de comercio (1997), el vocablo ñero, proviene de compañero, representando
la solidaridad que existe entre los habitantes de calle; y por el otro, al ser la palabra
“ñeros” utilizada por otros habitantes de la ciudad, se sienten excluidos y
estigmatizados.
Por tanto, es relevante traer a colación una serie de investigaciones que abarcan el
estudio de las características y dinámicas relacionales de la población habitante de calle,
tanto a nivel nacional como internacional. En este sentido, Márquez (2009), a partir de
la realización de 200 encuestas a personas sin hogar, en diferentes centros y entidades
que prestan servicio y ayudan a este colectivo en Vizcaya, provincia de España, subraya
que las problemáticas personales unidas a la situación de exclusión social son una de las
claves para responder adecuadamente al problema del “sinhogarismo“. Igualmente,
7
venir de otro país y no tener casa aquí (29%), no poder pagar la vivienda anterior (22%),
tener problemas con la familia (16%) o tener problemas con las drogas (10%).
Con respecto al tiempo que llevan viviendo en la calle, un 32% ha permanecido
entre uno y seis meses, un 26,5% entre seis meses y dos años, un 15% entre 2 y cinco
años y un 20% lleva más de cinco años. Este último colectivo es considerado, por tanto,
como crónico dentro del mismo grupo de personas que viven en la calle. Por otro lado,
al referirse sobre las relaciones afectivas que mantiene esta población marginada, se
encuentra que un 87,5% no tiene pareja actualmente y un 38% tiene hijos e hijas; un
69% sostiene contacto o relación con su familia, un 52% con amistades y un 60% tiene
alguna persona de confianza donde vive o pernocta, principalmente profesionales de las
entidades sociales.
Otra investigación que indaga los factores que dan origen al fenómeno de la
habitabilidad en la calle, corresponde al estudio cualitativo realizado por Montoya
(2006), en la ciudad de Toluca – México, en la cual mediante la observación en campo,
evidencia que las causas sociales y económicas que determinan esta situación en
menores: son la pobreza, el maltrato familiar y la búsqueda de independencia.
Asimismo, expone la necesidad de que el Estado intervenga eficazmente para hacer
respetar las leyes y tratados internacionales que protegen los derechos humanos de los
menores.
En cuanto a las percepciones que las personas han elaborado sobre la
problemática de los habitantes de calle, se encontró que en Medellín - Colombia,
Navarro y Gaviria (2009), mediante la realización de 100 entrevistas a estudiantes
universitarios de Ciencias Sociales y Humanas y de Ciencias de la Salud, intentaron
8
calle. De esta forma, se encontró que existen por lo menos dos tipos de representación
social del habitante de la calle: una “compasiva” y otra “temerosa”. Igualmente,
lograron identificar que las palabras indigentes y gamín, son las denominaciones que
comúnmente se usan para nombrar a las personas que viven en la calle. La palabra
“pobreza”, es relacionada con este fenómeno y hace referencia a la condición
socioeconómica propia de quien vive en la calle, pero que no es exclusiva de esta
población. Otras denominaciones utilizadas para nombrar y categorizar a las personas
que habitan en la calle expresan la diversidad de percepciones y las apreciaciones que
las personas realizan sobre las diferentes características de esta población, así pues, unas
hacen referencia a la condición económica (mendigos), otras a la condición social
(marginados, desplazados), otras a la condición de salud mental (locos), otras a la
apariencia (desechables) y, por último, otras, a la relación que establecen con las drogas
(drogadictos).
A partir de estas investigaciones se puede se hace evidente la importancia de
abordar el fenómeno de los habitantes de calle, al ser una realidad colombiana que
inició desde la época de la Conquista y hasta el día de hoy sigue vigente, aumentando
cada vez más el número de personas que por distintas razones o circunstancias terminan
construyendo su vida en las calles Bogotanas. Esto da cuenta de la escasa eficacia que
han tenido las diferentes intervenciones o programas desarrollados por el Estado, para
mejorar la calidad de vida de estas personas, puesto que se han centrado en una atención
asistencialista que solo busca aislar a esta población de la urbe, para mantener una
estética capitalina propia del discurso del desarrollo y lograr controlar las actividades
9
Por esta razón, es importante que la sociedad reconozca a los habitantes de la calle
desde una mirada más global, identificando los diferentes factores sociales, familiares,
políticos y culturales, que han llevado a que abandonen sus hogares, para formar parte
de la vida en la calle. Con el fin de transformar los imaginarios sociales que se han
construido a través de la historia, por el miedo de acercarse a esta realidad, que genera
desinterés y por el contrario habilita la exclusión y valida diversas conductas violentas
en busca de su extinción.
Estos constructos sociales, hacen que la sociedad se olvide de la vulnerabilidad
de estas personas y las distintas circunstancias que conllevan que se les violenten
derechos y garantías que la Constitución colombiana considera fundamentales. Aspecto
que permite la continuidad de esta problemática, al plantear políticas de intervención
que dejan a un lado los factores desencadenantes como la pobreza, la violencia
intrafamiliar, consumo de sustancias psicoactivas, el desplazamiento y otras
circunstancias sociales más allá de las psicopatológicas.
De igual forma, desde la disciplina psicológica, es importante estudiar las
características y circunstancias en las que viven muchas poblaciones discriminadas y
marginadas, como los son los habitantes de calle, pues esto permite crear un
conocimiento más crítico de la sociedad y de sus desigualdades. Lo anterior, facilita que
para el ejercicio de la psicología, se integre la historia colombiana, generando nuevas
perspectivas de entendimiento a las problemáticas actuales, llenando de significado las
formas de intervención que desde la psicología se puedan concebir para aportar en el
mejoramiento de las relaciones humanas.
De esta forma, al ahondar sobre los múltiples factores que inciden a que algunas
10
dificultades que un Habitante de calle debe afrontar para sobrevivir en el espacio
público, permite que las personas del común amplíen su mirada, muchas veces
prejuiciosa, al entrar en prematuras conjeturas sobre los inicios de la habitabilidad en
calle, pues es frecuente que se piense que los Habitantes de la calle han decidido dejar
su hogar, para gozar de la libertad que el espacio público representa y sobre todo llevar
a cabo actos delincuenciales, que les facilita la obtención de dinero, quitándole la
responsabilidad de estar en un trabajo formal.
Así mismo, es de gran relevancia la realización del estudio en torno a la formación
integral y la promoción de la investigación, que la institución educativa Pontificia
Universidad Javeriana, ha considerado fundamental para la creación de profesionales
íntegros que trabajen a favor de la sociedad. Así pues, la indagación de temas
relacionados con las problemáticas sociales de Colombia, permite que desde la
academia, se aumenten las construcciones de un conocimiento histórico y significativo
para la cultura colombiana. En este sentido, es esencial como se menciona en el PEI de
la Pontificia Universidad Javeriana (1992), el desarrollo de un hábito reflexivo, crítico e
investigativo que permita la formación de esquemas básicos de vida y mantener abierta
la voluntad de indagar y conocer.
Por consiguiente, reconocer la historia de exclusión que reflejan los habitantes de
calle, permite que desde la psicología se planteen diversas preguntas alrededor de las
dinámicas relacionales entre estas personas, que den cuenta de las particularidades y
percepciones que han construido sobre su realidad. De este modo, la pregunta que
guiará esta investigación es: ¿Cuáles son las diferentes experiencias de vida de cuatro
habitantes de la calle y el sentido de vida que han encontrado a partir de sus
11
0.2 Fundamentación Bibliográfica
En ocasiones, cuando se hace alusión al Habitante de la Calle, se concibe a éste
sólo como un indigente, lo que constituye una concepción equívoca, pues cuando se
habla de indigencia “se hace referencia a una categoría económica, la cual indica un
estado en el que un individuo es carente de recursos para alimentarse, vestirse, entre
otras necesidades básicas que no son satisfechas” (Gronnemeyer, 1996 citado en Arango
2007, p. 2). Esto hace que, no todo habitante de la calle sea indigente y no todo
indigente sea Habitante de la Calle.
De tal manera, Velásquez (2003) citado en Arango (2007), afirma que el
fenómeno que ha sido denominado como Habitante de la Calle, responde a la existencia
de pobladores que ocupan parte del espacio público, y realizan allí sus funciones vitales.
Éste habitante va conformando una cultura, una identidad y un estilo de vida común,
diferente al de los demás pobladores de la misma. “tal cultura se asienta en un territorio,
la calle, entendida ésta como un espacio arquitectónico urbano, que no cumple CON los
requerimientos mínimos necesarios para considerarse un lugar de habitación en
condiciones aceptables para el bienestar y la calidad de vida de un ser humano” (Centro
de Información ONU SIDA citado en Arango, 2007, p. 2).
Otra caracterización de este sujeto excluido, se encuentra en el V censo de
habitantes de la calle en Bogotá, realizado en el 2007 por Nieto, Ortiz y Ramos, en el
que se expresa que el habitante de la calle es toda persona que no reside en una vivienda
prototípica (casa, apartamento o cuarto) de manera permanente y estable en un
momento dado, pues la gran mayoría de estas personas que hoy residen en la calle
12
educativo tempranamente y los hogares de los que hacen parte han padecido
frecuentemente rupturas y experimentado violencia intrafamiliar.
Teniendo en cuenta las anteriores definiciones, es importante hacer evidente que a
través del lenguaje común y los imaginarios colectivos que la sociedad ha construido
alrededor de ésta realidad, al parecer no se hace una diferencia puntual entre
recicladores, gamines y ñeros, quienes son vistos por algunos como desechables y, en
general, son señalados y excluidos por una ciudadanía que los percibe como su propia
antítesis en el marco de una ciudad capital signada por la inseguridad, la intolerancia y
la violencia (Cámara de Comercio de Bogotá, 1997).
De esta manera, se debe precisar que los recicladores constituyen un sector
heterogéneo de población urbana pobre pero no indigente, pues son trabajadores
informales que han convertido el reciclaje de las basuras en una fuente permanente de
ingresos. Y, que aunque algunos ñeros y gamines también se apoyan en el reciclaje de
basuras para generar ingresos, tienen un eje definidor y articulador de su vida, el
consumo compulsivo de drogas Así pues, se considera que la farmacodependencia es
una camino común que partiendo de distintos puntos y mediante diversos recorridos,
progresivamente desemboca en el llamado “ñerismo” (Cámara de Comercio de Bogotá,
1997).
Como mencionan, Mellizo, Castro y Morales (2006), los pobladores de la calle
son receptores de rechazo social, al no cumplir los requerimientos sociales exigidos, por
lo que llegan a distanciarse de las formas clasistas de producción y deciden ubicarse en
un espacio sin sabor, olor o calor, a la espera de lo que les brinden o le permita su
entorno social inmediato. Por consiguiente, se han visto obligados a desarrollar
13
“rebusque” o “retaque”; entre estas actividades se encuentran: pedir dinero (en buses,
calles, semáforos), mendigar comida (en lugares como restaurantes, viviendas), limpiar
parabrisas de carros o en últimas instancias buscan en la basura de lugares comerciales o
viviendas.
Así pues, los habitantes han sido calificados como “disfuncionales o marginales”.
“Su estilo de vida se asume como inapropiado, por carecer de las posibilidades
requeridas para considerarse dignos de la condición humana, al estar ligados a niveles
elevados de alcoholismo y drogadicción, así como de prostitución, maltrato, explotación
infantil y en general conductas que atentan contra la tranquilidad y seguridad
ciudadanas” (García, 2002 citado en Arango, 2007, p. 3). Este particular estilo de vida
produce un quiebre o una ruptura con el habitante común, quien se halla distanciado
socialmente del habitante de la calle, lo que conduce a este último a construir su propia
identidad y significación de la ciudad, obligándose a construir un grupo por fuera del
resto de la sociedad.
Por tanto, es importante tener presente que en las ciudades, el espacio público se
construye con relación a las necesidades y requerimientos de lo urbano, teniendo en
cuenta las dinámicas de planeación existentes al interior de las metrópolis y el trabajo
que entorno al espacio público y a los espacios privados construyen una imagen de
ciudad (Mellizo, Castro & Morales, 2006).
De tal modo, en el mismo devenir de la sociedad, tanto el Estado moderno como
el desarrollo del mercado, proporcionan otro sentido a la frontera entre la esfera pública
y la privada. En la época contemporánea, mediante la diferenciación entre sociedad civil
y Estado, lo público es visto como algo común a todos, alejado de lo privado. Esto
14
por el papel que desempeñan los medios de publicidad. Pues, construyen imaginarios
colectivos o percepciones generales sobre los supuestos bienes comunes (Mellizo,
Castro & Morales, 2006).
Se podría por consiguiente determinar que el modo de vida en la ciudad se centra
fundamentalmente en el paso por varios ámbitos con moralidades y normas diferentes,
de acuerdo a lo aprobado socialmente dentro de la esfera pública. Pues, se pasa del
interior de la casa que es un ambiente de confianza conocido, en el cual se siente
familiaridad con el entorno y una red de personas conocidas, al afuera o ámbito público,
que tiene un tinte de riesgo y peligro, al presentarse escenas protagonizadas por
personas desconocidas y donde se dificulta comprender el trasfondo de los
acontecimientos que allí ocurren (Salcedo, 1996).
Por tal razón, Mellizo, Castro y Morales (2006), muestran que las propias
percepciones y representaciones sociales de los distintos grupos humanos, que
convergen en los espacios públicos urbanos, contribuyen a conservar o transformar esos
usos o apropiaciones, al establecer unos usos, disfrutes y dinámicas sociales
particulares. Por lo que los pobladores de la calle, al no tener las mismas oportunidades
ni el reconocimiento en una sociedad exigente como la occidental, se articulan en las
urbes desde un sentido diferente, siendo portadores de diversas limitaciones expresadas
en la ausencia o precariedad de la educación, el trabajo, la salud o el reconocimiento de
sus habilidades y potencialidades.
Como ya se señaló, en la calle se configura una cultura, unos modos de vida,
costumbres, conocimientos; se elaboran y operacionalizan unas estrategias sobre
15
asumen respecto a su permanencia o no en el espacio público, no obstante los riesgos
asociados a esta elección.
En tal caso, las “calles” y “edificaciones” de un mismo hábitat urbano, aunque
sean indisociables de las lógicas que las definen como parte de un conjunto, cuentan con
una serie de particularidades que derivan de la estructuración del orden social entre lo
público y lo privado, el adentro y el afuera, los espacios de libre circulación y los de
circulación restringida. La calle es entonces el lugar a donde llegan estas personas para
quedarse, pues encuentran relaciones gratificantes en algunos casos y construyen allí
una “vida”, pero además enfrentan los embates del azar y de la marginalidad, de la
pobreza y la exclusión, del maltrato y el dolor, del desplazamiento y la orfandad, del
delito y el ocio improductivo, de los psicoactivos, el pegante, la mendicidad y el
rebusque. Desde este panorama, la calle queda significada como doloroso espacio para
la sobrevivencia. (Arango, 2007, p. 7)
Así pues, vale la pena traer a colación lo descrito por “Ricardo” un habitante de la
calle de el Cartucho, quién menciona, “para mí El cartucho es un infierno, porque desde
que uno llega y consume el primer “plon” de droga, es un infierno para uno y empiezan
los problemas y empiezan las películas” (Gómez, 2003, p. 71). De esta manera, se hacen
evidentes los sentimientos que genera la habitabilidad en la calle, pues a veces permite
espacios de conformidad por la libertad en la que los habitantes de la calle viven, pero
en el fondo se encuentran grandes dolores, sufrimientos y frustraciones. Como lo
expresa “Don Julio”, comerciante de el Cartucho, cuando se refiere a la muerte, “La
muerte es una forma de evadirse de todo lo malo de la vida, de esas amarguras, de ese
16
Por tanto, Castro (2002) en Mellizo, Castro y Morales (2006), expone que la calle
constituye un espacio proxémico de alta intensidad, en la que se referencian los distintos
actores sociales que configuran en ese espacio un sentido de pertenencia permanente,
pues constituyen distancias y mecanismos de defensa y agresión que consolidan unos
niveles de pertenencia que hacen que en la calle, cada lugar tenga una historia y unos
próceres que la construyeron.
De ahí que los habitantes de las ciudades, intenten “construir un lugar”, como lo
menciona Augé (1993) citado por Salcedo (1996), es decir de llenarlo de sentido,
conocerlo y apropiarlo de manera singular y exclusiva. Como lo han sido los “lugares
identificatorios” (p. 102), que le proporcionan a las personas la posibilidad de sentir una
familiaridad mínima con el espacio, de identificar los cambios generados con el paso del
tiempo y de reconocer a las personas del sector como “vecinos”. Así pues, la calle se
convierte en un espacio de socialización, formativo de diferente tipo y calidad de
valores, pues en ella se dan a conocer los resultados de toda la enseñabilidad y
educabilidad que se recibe a partir de la interacción con los otros (Castro, 2002 en
Mellizo, Castro & Morales, 2006).
Es importante puntualizar que al descifrar los ritmos, las dinámicas y las lógicas
de los espacios urbanos, se hace un acercamiento a las lógicas que constituyen a las
personas como tejido social, como grupo, como colectividad o quizás, como nación. Por
lo que, los entrecruzamientos de clase, género, raza y sexualidad, que articulan la
identidad social y marcan sus diferencias, significan también distintas formas de habitar
la ciudad y distintas formas de ser “habitado” por ella, de leer y de ser leído
públicamente. Posibilitando que los cuerpos al inscribirse en la ciudad, se puedan leer,
17
exige lectura, múltiples y cuidadosas lecturas hechas a la luz de códigos dispares y a
veces contradictorios (Laverde & Reguillo, 1998).
En este sentido se podría plantear que los habitantes de calle son una población
generalmente estacionaria dentro de la ciudad, pero nómada en su interior, en tanto se
desplazan y ubican en cualquier parte de la misma a través de las interconexiones viales;
en ocasiones se agrupan en “parches” o camadas ubicadas en lugares específicos,
compartiendo un estilo de vida y unas actividades de supervivencia y entretenimiento,
practicando la mendicidad, es decir, el retaque, ejerciendo a veces trabajos informales
como cuidar carros, limpiar vidrios, cargar y descargar mercancías, hacer mandados,
facilitando a veces la distribución y el consumo de drogas, armas, explosivos, y
ejerciendo el atraco y el hurto (Arango, 2007, p. 3).
En la actualidad, en los países de América Latina la situación de habitar la calle
tiene fuertes raíces en la estructura económica, y en Colombia el fenómeno se ha visto
agravado por factores políticos, económicos y sociales que atraviesan la sociedad, tales
como el conflicto armado, el desplazamiento, la violencia intrafamiliar, el desempleo y
el narcotráfico, factores que hacen mayor este fenómeno (Arango, 2007).
Por ende, conllevan a que el comportamiento del Habitante de la Calle esté
dirigido a la búsqueda de la supervivencia, a tener matices y expresar valores donde la
violencia, la pérdida de la cultura del auto-cuidado, la soledad y las dificultades de
construcción de relaciones y solidaridades con otros seres humanos son una constante.
Ello hace que el habitante de calle afecte a la comunidad entera, la cual tiene un
significativo desconocimiento de ellos y de los factores asociados a su origen y
18
Esta condición del habitante de la calle está signada por un proceso de
desvinculación comunitaria y familiar, es decir, un distanciamiento de los ámbitos
tradicionales y formalmente establecidos por la sociedad, mientras se acerca y vincula a
otros sujetos, relaciones sociales y códigos que sólo le permiten interactuar en el espacio
de la calle (Arango, 2007).
Como es mencionado por “Don Julio”, comerciante del barrio Santa Inés en la
época en la que existía el Cartucho, uno llega a escuchar que alguien dice: “esa vieja
hijueputa de mi mamá me parió”. Se puede ser testigo del rencor social que tienen, pues
a esa misma persona le ha tocado acostarse a dormir en las bancas de los parques,
creando así cierto rencor y amargura (Gómez, 2004).
Es por esto, que en el estudio sobre la calle de el Cartucho, realizado por la
Cámara de comercio de Bogotá (1997), se encontró que en primer lugar y en relación
con su familia nuclear, el 42% del grupo de habitantes de la calle encuestados, informó
del padre como muerto y el 21% dijo no tener ningún contacto con él, a tal punto de no
saber si se encontraba vivo o muerto; la proporción de madres muertas resultó mucho
menor (27%), así como los que dijeron no saber de su existencia (8%). Sin duda, entre
esta población, la relación con la figura materna en mucho más fuerte comparada con la
del padre, pero los lazos familiares se mantienen más estrechamente con los hermanos
y/o hermanas. Respecto a las familias constituidas durante la habitabilidad en la calle,
no son mayoritarias en el Cartucho, el 61,6% de los encuestados no tiene pareja y entre
quienes la tiene, las relaciones en su mayoría, son poco durables y se mueven bajo
parámetros que no implican necesariamente vínculos de afecto o fidelidad.
Debido al evidente deterioro en las relaciones amorosas y familiares, que a los
19
los razones por las cuales las personas llegan a la instancia de vivir en la calle, los
factores familiares como la violencia, la desintegración familiar, los procesos de
socialización conformados desde patrones de agresión y maltrato y/o la existencia de
figuras paternas o maternas, autoritarias o negligentes. Igualmente, reconocen la
incidencia de otros factores como los socio-estructurales, que hacen referencia a la
estructura política, económica y social desigual que acentúa la exclusión social,
caracterizada por la pobreza extrema, el conflicto armado interno y el narcotráfico. Y
por último, los culturales, que entendidos desde un contexto de hegemonía cultural que
pretende globalizar modos de vida alrededor de la moda y el consumo, desvirtuando
saberes y prácticas, generan formas y modos que se oponen a éstas representaciones y
relaciones sociales contemporáneas, expresando una reapropiación y resignificación del
espacio cultural, de la vida o del otro.
De igual forma, Hernández (1996) en la Cámara de Comercio de Bogotá (1997),
en manera de síntesis, establece tres motivaciones que inducen a los menores a vivir en
las calles: la primera alude a las condiciones particulares de la personalidad del niño, la
segunda hace referencia a un ambiente familiar indeseado, con cobertura mínima de
necesidades vitales de sobrevivencia y de seguridad síquica y afectiva y la última,
responde a una causa inmediata que aparece como razón desencadenante de la situación
gestada, estímulo final que precipita su huida. Otro grupo de factores que inciden en la
decisión de hacer de la calle un hogar, se identifican como el consumo de droga, la falta
de oportunidades, la carencia de capacitación, decepción amorosa y el desempleo,
siendo todas éstas variables que hacen parte de la problemática estructural del país
20
Teniendo en cuenta lo anterior, es importante reconocer la existencia de personas
que desde sus diferentes concepciones, actitudes y creencias asumen una disposición de
aceptación hacia la condición de ser habitante de la calle: “El deseo de conocer otros
espacios a los que no han tenido acceso, la obtención de libertad, el deseo de aventura y
tomar decisiones de forma libre sin tener que recibir castigos” (DANE, 2000, p.145
citado en Arango, 2007, p. 6). Por ejemplo, “Comanche”en la obra de Herrera (1995, p
51) afirma lo siguiente, “Yo creo que me tiraba irme de la casa, no me daban mal trato
ni nada, pero me nacía la maldad y yo no quería hacer fechorías ahí”.
Sumado a los anteriores factores, la dependencia a sustancias psicoactivas y otras
adicciones confluyen en la explicación de la aparición, crecimiento y permanencia del
fenómeno del habitante de calle. Pues, su consumo es juzgado en espacios familiares,
laborales y educativos, y a su vez, legitimados en espacios como la calle (Arango,
2007).
De esta manera, es importante reconocer la incidencia que tuvo la conformación
del Cartucho, ubicado en el barrio Santa Inés, en la configuración del concepto de
Habitante de calle, las características que lo identifican y la relación que hacen los
ciudadanos de éstos con la droga. Es así como, se empieza a ver el Cartucho en el que la
marginalidad y la clandestinidad lo convierten en un lugar maldito, “un no lugar”, pues
este espacio físico, ya no es de todos, es un gueto con todas sus características humanas,
sociales y culturales (Robledo & Rodríguez, 2008).
De este modo, la forma como el Cartucho se configuró, interrumpió la perspectiva
de desarrollo de la ciudad: afectó el tránsito de buses, produjo un número significativos
de muertos, invadió otras cuadras que poco a poco terminaron convertidas en largas
21
ingresar y salir de él (Robledo & Rodríguez, 2008). Por lo que el Cartucho, fue
identificado como espejo de la ciudad, “la ausencia”. Ausencia de Estado y de la
normalización, que pone bajo sospecha permanente la población que allí habita,
expresada por Foucault (1999) citado por Robledo y Rodríguez (2008), de la siguiente
manera: Soy una especie de sombra que da paso a mi propia visibilidad, que permite
mirarme allí donde me encuentro ausente. Así pues, el cartucho emergió de una
comunidad excluida, que se dio sus propias normas para sobrevivir.
Por esta razón, el Cartucho, era visto como un territorio o espacio relativamente
protegido de las agresiones y de los extraños, significando libertad y convivencia entre
iguales, llegando a configurarse como nicho para la construcción de alternativas y
proyectos de vida que no se lograron constituir en los espacios sociales que se habían
habitado. El Cartucho, fue su territorio, se estableció como punto de encuentro de los
discriminados, revalorizándolos socialmente, apartándolos del rechazo o del
hostigamiento social que sufrían al apropiarse del espacio público (Cámara de comercio,
1997).
Según Comanche, Habitante de la calle de el Cartucho, la denominación el
Cartucho originalmente se utilizó para caracterizar una calle estrecha, ubicada a la
salida de San Victorino y que parecía un cartuchito (Herrera, 1995). Este sector,
coincidía con los límites del barrio Santa Inés del centro de Bogotá, comprendido entre
las calles 5 y 10 y las carreras 10 y 15. Se caracterizó por la facilidad que las personas
tenían para vender, comprar y consumir droga. Pues, el consumo se realizaba en la calle
(era común observarlos sentados en el piso o en cuclillas y, en el caso de los indigentes,
22
Cartucho la mayoría eran casas bastante deterioradas con cuartos vacíos y sin ningún
inmobiliario, los individuos o grupos elegían estos lugares para consumir.
Por tal motivo, en la alcaldía de Peñalosa (1997-2000), cuyo lema fue “Bogotá
2600 metros más cerca de las estrellas”, se platearon como imaginarios para la ciudad:
un espacio público libre de vendedores ambulantes, parques amplios, anchos andenes
que ofrecieran al peatón facilidad y gusto por caminar; bolardos en las aceras que
impidieran la invasión de los carros; la llamada “desmarginalización” de barrios
pobres, con el objeto de atenuar la pobreza y mejorar las condiciones de vida de las
familias citadinas. Así, nace la propuesta de terminar con “el cartucho” y construir el
parque tercer milenio (Robledo & Rodríguez, 2008).
Aunque, el proyecto del Parque Tercer Milenio tiene varios años y se invirtieron
más de 100 mil millones de pesos, a nadie se le ocurrió en ese momento hacer algo con
la población que residía en la zona, de hecho los trasladaron al antiguo matadero. En
este sentido, la prensa al referirse al tema afirma que “El objetivo de la intervención
urbanística en ese sector era desarticular la economía del Cartucho, la mayor parte de la
cual giraba alrededor de la venta de droga y del mercado de lo ilícito”. También buscaba
separar la actividad del reciclaje que realizaban allí unas cien bodegas y gente
especializada en este oficio, para lograr que esta se realizara en forma tecnificada y
digna, en otro sitio de Bogotá, bajo las normas delplan maestro de manejo de residuos
sólidos que tiene la ciudad. (El Tiempo: 17/02/2002, p. 1-9, citado por Góngora y
Suarez, 2008).
Por esto, una de las problemáticas que surgió fue el número de muertes violentas
dentro y fuera del sector, ya que, luego de la intervención para la construcción del
23
de Santafé disminuyó durante el proceso de renovación del Cartucho, sin embargo, lo
que sucedió en realidad fue que estos homicidios se trasladaron a otros sectores de la
ciudad, como las mencionadas «ollas» del Bronx y Cinco Huecos (Góngora y Suarez,
2008). Así, “Don Julio” un comerciante del barrio Santa Inés afirma que “del cartucho
no quedó sino la leyenda, porque se atomizó y se convirtió en varios cartuchitos. La
localidad de Santa Fe, el barrio Samper Mendoza, otro lugar que le dicen cinco huecos,
además, el Bronx, que era la misma novena del Cartucho, que ha sido sagrada para
quienes estuvimos ahí, porque por esa calle circuló dinero en época de los narcos”
(Gómez, 2004).
Claramente, si bien la cloaca del barrio Santa Inés se acabó, se reforzaron las
cloacas aledañas ya existentes y aparecieron otras nuevas, como la calle del Bronx, la
zona de cinco huecos, los barrios Santafé, la Favorita, las Cruces y la vecindad de
Corabastos. Al respecto, se determinó que iniciativas como la destrucción de la antigua
calle de El Cartucho, hacen parte de uno de los tantos simulacros arquitectónicos que el
gobierno realiza, con pretensiones de bienestar y desarrollo social y económico de toda
la ciudad Huecos (Góngora y Suarez, 2008).
Por otro lado, Mellizo, Castro y Morales (2006) en su investigación denominada
“Habitantes de la calle en Bogotá: representaciones sociales sobre el espacio público y
ciudadanía”, mencionan que hasta el 2003, seguía persistiendo el aumento de la
población de habitantes de calle en la ciudad, la calle continuaba siendo escenario de
marginación, exclusión y machismo, se mantenían las prácticas de asistencialismo
institucional y las muertes violentas o por enfermedades de transmisión sexual/VIH,
figuraban entre los perfiles de morbimortalidad de la calle. Igualmente, Se incrementó el
24
descentralización de El Cartucho como epicentro cultural y espacial y como “espacio
privado” de los Habitantes de la calle.
Así mismo, el documento “niños y niñas en situación de calle en la ciudad de
Bogotá, una mirada de ciudad”, señala que el tercer censo identificó como localidades
de atracción a habitantes de la calle, la de Santa fe, los Mártires, Chapinero, Usaquén y
Puente Aranda, la mayoría de estas ubicadas en el centro (Mellizo, Castro & Morales,
2006).
Por consiguiente, entre los cambios que se evidencian en el “perfil” del poblador
de la calle, a partir de la reubicación y resignificación del espacio público, que se vieron
obligados a realizar, a raíz de la desaparición de el Cartucho, se ubica el aumento de la
trashumancia individual como estrategia de protección de la propia vida, pues el
transitar por la ciudad es ahora más individual y menos en parche o gallada. Se
identifica un incremento en el acceso y permanencia en instituciones de atención,
debido a la presencia de grupos armados en la calle y el aumento de la persecución a
esta población. Igualmente, se visibilizan nuevas identidades de calle, con diversas
orientaciones sexuales (LGBTI), pobladores de calle consumidores, flotantes,
desplazados por la violencia, entre otros.
De este modo, con el paso de los años, se han configurado nuevas formas de ser
habitante de calle, basadas en los cambios que se han presentados en las dimensiones
políticas, económicas, sociales y culturales que ha vivenciado la ciudadanía bogotana.
Por lo que se evidencian transformaciones en las dinámicas relacionales entre sus
iguales, familiares y personas del común, que han llevado a que resignifiquen sus
25
Así pues, se hace relevante definir las diferentes significaciones y características
que sobresalen en el concepto de sentido de vida, siendo uno de los temas clásicos de la
Ética y de otras ramas de la Filosofía, la Psicología y otras disciplinas sociales y
humanas. Puesto que se origina en las preocupaciones acerca del llamado ''problema del
hombre'' y de su existencia como individuo humano, en la reflexión acerca de: ¿Quién
soy? ¿Hacia dónde voy? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué utilidad tiene mi vida? ¿Cuál es
el sentido de toda mi existencia? Tema vinculado a la búsqueda de la felicidad, al origen
de la vida y su fin, la muerte, etc. (D‟Angelo, 2002).
Para Martínez (2009), el sentido es la percepción emocional y mental de valores
que llevan a la persona a actuar de un modo u otro, ante una situación particular o la
vida en general, otorgándole al Ser humano coherencia e identidad personal. Es por ello,
que el sentido no es algo que daña al Ser humano, pues este tiene que ver con la
presencia de valores y no de antivalores. Por lo que, para Frankl (1991), el amor es la
meta última a la que aspira el hombre, siendo su salvación y permitiéndole encontrar el
significado más profundo de su existencia en su propio espíritu, en su yo íntimo. Pues,
éste puede envolver el sentido de la vida, ya que su experiencia la llena toda.
Así pues, D‟Angelo (2002), menciona que el sentido de vida se conforma a partir
de las Orientaciones vitales del individuo, que construye en su contexto sociocultural y
se concretan en los estilos de vida más o menos articulados a determinados proyectos de
vida. Así, las orientaciones vitales son definidas como valores principales y
orientaciones de metas de los individuos hacia los diferentes campos de la vida.
“Valores definidos, determinadas maneras de apreciar ciertas cosas importantes en la
vida por parte de los individuos que pertenecen a un grupo social o cultural.” (Tamayo,
26
Esto supone el vínculo estrecho de los problemas existenciales y vitales del
hombre en su cotidianeidad, implica las relaciones con el conjunto de los temas de la
vida del individuo y su contexto social y natural, su proyección proactiva en la
construcción del mundo social.
Del mismo modo, Viktor Emil Frankl (1988), menciona que el experimentar que
la vida propia tiene sentido es la fuerza motivacional fundamental del ser humano y
condición de la autorrealización personal. Por lo que el logro de sentido se asocia
positivamente a la percepción y vivencia de libertad, responsabilidad y
autodeterminación, al igual que el cumplimiento de metas vitales, visión positiva de la
vida, del futuro y de sí mismo, y la autorrealización.
Por tal motivo, Guix (2008), describe que el Ser humano debe ser libre para poder
escoger o descubrir cuál es el sentido de su vida. Pero esta libertad, no se reduce
únicamente a la vivencia de situaciones que generen placer, pues la vida tiene sentido
cuando se lucha por algo que trasciende, cuando se hace lo que conviene y no sólo lo
que se quiere. De modo que, el sentido no es sólo placer, ya que muchas cosas que lo
pueden generar, no dan sentido, como son las adicciones, mientras que, distintos
momentos o cosas que no brindan placer, sí dan sentido (Martínez, 2009).
De esta manera, se considera que el sentido de la vida se expresa en los hechos, en
lo que hacemos, en lo que decimos, por lo que es necesario llevar a cabo conductas que
confirmen que vivimos en el sentido y no sólo hablamos de él. Así, en el momento en el
que el Ser humano se hace responsable de su propia vida, teniendo la capacidad de
experimentar y afrontar las distintas situaciones que se encuentran día a día, logra
27
Así pues, según Frankl (1991) la primera fuerza motivante del hombre es la lucha
por encontrarle un sentido a su propia vida. De tal modo, que se habla de voluntad de
sentido. Este sentido es único y específico en cuanto es uno mismo y uno solo quien
tiene que encontrarlo; únicamente así logra alcanzar el hombre un significado que
satisfaga su propia voluntad de sentido. Por tanto, la significación existe bajo cualquier
circunstancia, debe ser específica y propia de cada persona, pues, sólo puede ser
reconocida por ésta misma. Así, el sentido este autor, es el sentido concreto en una
situación determinada, siendo siempre el requerimiento del momento, por lo que cada
día y cada hora, espera con un nuevo sentido y a cada persona le brinda un sentido
distinto del de los demás.
Por lo que, el sentido es un significado personal siendo mucho más que una
interpretación, pues es la interpretación correcta entendiéndose lo correcto como lo que
más vida construye (Martínez, 2009). Así, la signifación puede adquirirse reconociendo
los valores creativos, experienciales y actitudinales. Incluso un hombre que se encuentre
muy angustiado, tanto que ni sus acciones ni la creatividad, logren aportar valores en la
vida, ni la propia experiencia le otorgue significado, incluso ese hombre es capaz aún de
dar significado a su vida y reconocer valores (Frankl, 1988).
De tal manera, Víctor Frankl (1999) citado por Trujillo (2007), afirma que
nosotros no creamos el sentido de nuestras vidas, no lo inventamos, sino que lo
descubrimos. Sin embargo, el sentido no se impone, más bien pide permiso para entrar a
nuestra vida, pero no lo hará sin nuestro asentimiento. Por tanto, se requieren por parte
de las personas actos de libertad de voluntad y de la vida, de respuestas libres.
Por tal razón, es relevante traer a colación, algunas de las ideas sobre el sentido
28
En primera medida, el autor menciona que el sentido de vida es descubierto, como
también decidido, y es a partir de este acto de libertad de voluntad, que permite que
además de ser encontrado, sea una creación. Puesto que nuestra vida no se orienta sin el
sentido, pero sin nosotros, éste es una abstracción vacía.
Por tanto, Guix (2008), considera que la vida de cada persona acaba siendo una
sucesión de elecciones propia y en momentos ajenas, que han ido creando un sentido de
quien somos y de lo que es la vida para nosotros. Lo anterior permite ser interpretado de
dos maneras: creer que el mundo está afuera y somos víctimas de su devenir; o pensar y
sentir que el mundo está dentro de sí mismos y somos creadores de nuestra experiencia.
Así, todo acaba siendo una elección, y cada una de estas, tiene un sentido en particular,
aunque en ocasiones no parezca, se encuentre oculto, no lo queramos ver o sea
inconsciente.
Igualmente, este autor, expresa que para el Ser humano resulta más cómodo
liberarse de responsabilidades y culpar a los demás o a la propia existencia de sus
fatalidades. Aunque se reconoce que las personas no son responsables de hechos que
simplemente ocurren a su alrededor, sí lo son de la actitud con que los afrontan y la
interpretación que hacen de estos. Por ende, lo que las personas consideran como
circunstancias favorables o adversas no son más que el resultado de sus decisiones, de
los puntos en los que había puesto su atención, lo que la mente a la vez que pensaba,
atraía. De modo que, los pensamientos y las creencias no construyen la realidad, sino
que la determinan, definen la propia vida y constituyen la realidad personal del Ser
Humano (Guix, 2008).
Siguiendo con lo expuesto por Trujillo (2007), es importante resaltar que el
29
sin voluntad, sin decisión libre y responsable, sin obras, la orientación de la vida hacia
el sentido encontrado no puede forjarse, pues el sentido se descubre, mientras que el
proyecto, se construye. “Es decir, el sentido orienta los proyectos que vinculan planes,
los planes aterrizan en la cotidianeidad los proyectos que realizan progresivamente el
sentido” (p. 6). De esta manera, “el sentido se insinúa y el ser humano responde, la
respuesta satisface en tanto se acerque al sentido, o frustra, en tanto se aleje. Hay un
juego, una danza, un baile rítmico entre la persona humana y su sentido vital: éste jamás
se alcanza plenamente, pero siempre parece que se acerca lo suficiente como para lograr
asirlo” (p. 3).
Asimismo, Frankl (1997, 2001), establece que cuando una persona no puede
alcanzar el logro existencial, empieza a originarse una frustración que se asociaría a la
desesperanza, caracterizada por la incertidumbre sobre el sentido de la vida, por un
vacío existencial que se manifestaría en un estado de aburrimiento, percepción de falta
de control sobre la propia vida y ausencia de metas vitales. Es por esto, que la
desesperanza por causa existencial puede originar riesgo suicida más en sujetos cuyas
condiciones personales de salud física, social y económica son favorables, que cuando
tales condiciones no son tan buenas pero que sí se experimenta el logro mismo de
sentido (García, Gallego & Pérez, 2008).
Entre el vacío existencial y la desesperanza, por tanto, existiría una relación
estrecha, porque las dos direccionan a las personas a un estado de ánimo y motivación,
y de sentimientos y de expectativas sobre el futuro caracterizados por la apatía, el
cansancio, la falta de ilusión, la sensación de inutilidad de la vida, el fatalismo y la
desorientación existencial, consiguiendo llevar a la comisión de suicidio (García,
30
Lo anterior, converge con lo propuesto por Guix (2008), quien plantea que los
humanos somos los únicos seres vivos que tenemos la capacidad de dar sentido a
nuestras experiencias de vida y a la vez de actuar sin sentido. Por ello, el sentido existe
porque existe el sinsentido, siendo seguramente el sufrimiento el mayor de éstos y
probablemente el más angustioso sea la soledad que viene precedida del abandono,
rechazo, o de la pérdida. Así, se evidencia que dentro de la búsqueda del sentido de la
vida, es importante encontrar el sentido que justifica el sufrimiento. Pues como
menciona Frankl (1991), lo más importante de todo es la actitud que tomemos ante el
sufrimiento.
De igual forma, Guix (2008), explica que una vida centrada en el sinsentido de los
sentidos sigue dando sentido a muchas personas, haciéndolas así, dependientes, adictas
a esos sentidos. Por tal razón, siguen sujetas a alguna emoción o pulsión de su
inconsciente, a sentidos y sensibilidades que proporcionan experiencias que se
encuentran entre el placer y el dolor, siendo esto una elección que los lleva a vivir
prisioneras. Pues, la saciedad de los instintos, el ser esclavo de las pasiones y la
adicción a las sensaciones, convierte al Ser humano en un esclavo, quitándole su
libertad. Esto desmuestra que, estas experiencias, no dan cuentan del sentido vital, sino
que llena de sentido a algunos instantes de la vida.
Por consiguiente, se considera que depende del Ser humano que los momentos de
su vida tengan sentido y que su vida sea significativa, por lo que si este, es capaz de
vivir más atento a su presente, centrando su atención al aquí y ahora, podrá estar más
conectado con la propia vida, con su ritmo y señales. Sólo así, sabrá qué es lo que hay