Louis-Jean Calvet
LAS POLÍTICAS LINGÜÍSTICAS
Versión castellana de Lía Varela Supervisión de Roberto Bein
Capítulo 1
LOS ORÍGENES DE LA POLÍTICA LINGÜÍSTICA
La intervención humana en la lengua o en las situaciones lingüísticas no es algo nuevo: desde siempre los individuos han intentado legislar, fijar el uso correcto o intervenir en la forma de la lengua; desde siempre, también, el poder político ha privilegiado tal o cual lengua, ha elegido gobernar el Estado en una lengua o imponer a la mayoría la lengua de una minoría. Pero la política lingüística, determinación de las grandes opciones en materia de relaciones entre las lenguas y la sociedad, y su puesta en práctica, la planificación lingüística, son conceptos recientes que recubren solo en parte estas prácticas antiguas. Si bien, como veremos, la elección de un alfabeto para una lengua, por ejemplo, corresponde a la política lingüística, esto no significa que Cirilo y Método, cuando crean el alfabeto glagolítico, ancestro del cirílico, o que Thonmi Sambhota, cuando fija el alfabeto tibetano, escriban un capítulo de la historia de la política lingüística. Del mismo modo, si bien en ciertos países, como Turquía o Indonesia, se forjó la lengua del Estado interviniendo en una lengua existente para modernizarla y adaptarla a las necesidades del país, no pondremos en el mismo plano a los inventores de las lenguas artificiales (ido, esperanto, volapük, etc.) cuyas creaciones han quedado casi siempre en sus cajones. Porque la política lingüística es inseparable de su aplicación, y este libro se ocupa, pues, del par política lingüística y planificación lingüística.
En este primer capítulo exploraremos la aparición de estos conceptos en la segunda mitad del siglo XX y mostraremos sus vinculaciones con los grandes desafíos políticos de esta época.
I. Nacimiento del concepto y de su campo de aplicación
El sintagma language planning, que será traducido al francés [y castellano] como planificación lingüística, aparece en 1959 bajo la pluma de Einar Haugen1 a propósito de los
problemas lingüísticos de Noruega. El objetivo de Haugen era presentar la intervención estandarizadora (por medio de reglas ortográficas, etc.) del Estado de manera de construir una identidad nacional luego de siglos de dominación danesa. Haugen vuelve sobre el mismo tema en 1964, en ocasión de una reunión organizada por William Bright en la UCLA, que marca el nacimiento de la sociolingüística.2 En la misma obra se encuentra también un texto de Ferguson
Luego Fishman, Ferguson y Das Gupta publican en 1968 una obra colectiva4 dedicada
a los problemas lingüísticos de los países en vías de desarrollo y, durante el año universitario 1968-1969, cuatro investigadores, Jyotirindra Das Gupta, Joshua Fishman, Björn Jernudd y Joan Rubin, se reúnen en el East-West Center de Hawaii para reflexionar sobre la naturaleza de la planificación lingüística. Del 7 al 10 de marzo organizan una reunión sobre el mismo tema a la que invitan a unas diez personas (antropólogos, lingüistas, sociólogos, economistas...) que han trabajado en el campo de la política o la planificación lingüística. De ese encuentro resultará una obra, Can Language be Planned? ("¿Puede ser planificada la lengua?"),5 que pasa revista al estado de la cuestión en esa
época.
J. Rubin, J. Das Gupta, B. Jernudd, J. Fishman y C. Ferguson: una suerte de "banda de los cinco" anglófonos que, durante años, ocupará el centro de la reflexión sobre ese nuevo dominio (más adelante veremos que los mismos temas serán abordados también por investigadores de lengua francesa, alemana o castellana). Los progresos de la planificación lingüística se pueden seguir especialmente a través de las publicaciones de una colección ("Contributions to the Sociology of Language") que dirige Joshua Fishman en las Ediciones Mouton. Allí encontramos una impresionante concentración de obras en pocos años:
- Advances in Language Planning, ed. por J. Fishman, 1974;
- Language and Politics, ed. por William O'Barr y Jean O'Barr, 1976;
- Selection among Alternates in Language Standardization, the Case of Albanian, de Janet Byron, 1976;
- Language Planning for Modernization, the Case of Indonesian and Malaysian, de S. Takdir Alisjabana, 1976;
- Advances in the Study of Societal Multilingualism, ed. por J. Fishman, 1977;
- Language Planning Processes, ed. por J. Rubin, B. Jernudd, J. Das Gupta, J. Fishman, C. Ferguson, 1977;
- Advances in the Creation and Revision of Writing Systems, ed. por J. Fishman, 1977; - Colonialism and Language Policy in Vietnam, de John DeFrancis, 1977, etc.
A través de estos títulos se ve como un resumen de la historia del concepto, con la alternancia entre un enfoque general y estudios de caso (Albania, Indonesia, Malasia, Vietnam, etc.).
Paralelamente aparece la noción de política lingüística en inglés (Fishman, Sociolinguistics, 1970), en español (Rafael Ninyoles, Estructura social y política lingüística, Valencia, 1975), en alemán (Helmut Glück, "Sprachtheorie und Sprach(en)politik", OBST, 18, 1981) y en francés. En todos los casos y en todas las definiciones, las relaciones entre la política lingüística y la planificación lingüística se plantean como de subordinación: así, según Fishman, la planificación es la puesta en práctica de una política lingüística, y las definiciones ulteriores, en su variedad, prácticamente no se apartarán de este enfoque. En 1994, por ejemplo, Pierre-Étienne Laporte presentará la política lingüística como un marco jurídico y el ordenamiento [aménagement] lingüístico como el conjunto de acciones que tienen "por objeto precisar y garantizar cierto estatuto a una o varias lenguas".6 Pues en el ínterin, al margen de la
lingüístico en el cual el español es lengua dominante, y el catalán, lengua dominada, es conveniente para ellos "normalizar" una situación "anormal". De hecho, se trata más de un programa político que de un concepto: frente al español impuesto por el poder franquista, los lingüistas catalanes militan a favor de su lengua, que quieren promover a las funciones hasta entonces ocupadas por la lengua del Estado. Los quebequenses, por su lado, prefieren aménagement linguistique a planification, para evitar hacer referencia a la intervención planificadora del Estado. Aquí la diferencia no es en absoluto teórica sino que constituye más bien una cuestión de embalaje: se presenta el mismo producto bajo otro nombre, y Rainer Enrique Hamel tiene razón en señalar que "los tres términos planificación, normalización y aménagement refieren al mismo núcleo conceptual pero se distinguen por sus connotaciones".7 En el mismo orden de ideas, el término glottopolitique,
"glotopolítica", aparecerá en francés bajo la pluma de Marcellesi y Guespin, con definiciones vacilantes,8 sin que esta innovación terminológica trastornara el campo
conceptual considerado.
En este conjunto de textos y análisis hay que hacer notar una importante diferencia de perspectiva entre los investigadores norteamericanos y los europeos. Los primeros tienden a poner el acento ante todo en los aspectos técnicos de esta intervención en las situaciones lingüísticas que constituye la planificación y se plantean bastante poco la cuestión del poder que se encuentra detrás de los que la deciden. La planificación parece, para ellos, mucho más importante que la política, y a veces queda la impresión de que verían con agrado la posibilidad de una planificación sin política: así, el sintagma language planning ha podido cubrir por sí solo durante varios años un campo que corresponde en forma manifiesta a dos procedimientos ciertamente complementarios pero que es preciso distinguir cuidadosamente: las decisiones del poder (la política) y el paso a la acción (la planificación). Los investigadores europeos (franceses, españoles, alemanes), en cambio, parecen más involucrados en la cuestión del poder, si bien los sociolingüistas catalanes se sitúan en un sistema de reemplazo de un poder por otro.
Más tarde los problemas lingüísticos del Quebec, los que se suscitan en los Estados Unidos por la inmigración hispanoparlante y luego, en Europa, por la construcción de la CEE, mostrarán que la política y la planificación lingüísticas no están ligadas solamente al desarrollo o a las situaciones postcoloniales. El texto fundador de Haugen sobre Noruega habría podido hacerlo pensar: las relaciones entre lengua(s) y vida social son a la vez problemas de identidades, cultura, economía, desarrollo, problemas a los que no escapa ningún país. Y se caerá en la cuenta de que hay también una política lingüística de la francofonía, de la anglofonía, etc. Desde este punto de vista, la aparición de nuevas naciones habrá servido simplemente como revelador.
Repitámoslo: nos ocupamos aquí de la emergencia de un concepto, el de política/planificación lingüística, que implica a la vez un acercamiento científico a las situaciones sociolingüísticas, la elaboración de un tipo de intervención sobre estas situaciones y los medios para esta intervención. Se pueden encontrar prefiguraciones de carácter incuestionablemente científico en los lingüistas del círculo de Praga, por ejemplo, que intervinieron en el campo de la estandarización del checo,9 o en Antoine Meillet, quien
dio su punto de vista sobre la Europa lingüística.10 Pero no son más que antecedentes, que
hemos optado por no evocar en esta breve presentación histórica.
II. El primer modelo de Haugen
Cuando aparece el término planning, "planificación", en la literatura lingüística, es tomado en su sentido económico y estatal: determinación de objetivos (un plan) y provisión de los medios necesarios para alcanzar esos objetivos. Es así como puede hablarse de la planificación de la natalidad, de la planificación de la economía, etc. En los años veinte y treinta, solo la Unión Soviética disponía de un plan, y es esencialmente en la segunda parte de este siglo cuando se generaliza esta práctica. Pero esta generalización se llevó a cabo a partir de principios diferentes. En efecto, es necesario distinguir la planificación indicativa o incitativa, que se apoya en la concertación entre las diferentes fuerzas sociales, y la planificación imperativa, que supone la socialización de los medios de producción. La primera es la que se ha practicado en los países occidentales; la segunda caracterizaba los países del Este. En ambos casos, sin embargo, esta planificación tiene puntos en común: es nacional, se basa en el análisis de perspectivas a mediano y largo plazo, requiere de la elaboración y luego la ejecución de un plan y, por último, es susceptible de evaluación.
El aspecto "nacional" o "estatal" de la política lingüística que aparece aquí es un rasgo importante de su definición. En efecto, cualquier grupo puede elaborar una política lingüística: una diáspora (los sordos, los gitanos, los hablantes de ídish, etc.) puede reunirse en congresos para determinar una política, y un grupo minoritario dentro de un Estado (los bretones en Francia, por ejemplo, o los indios quechuas en Ecuador) puede hacer lo mismo. Pero sólo el Estado tiene el poder y los medios para pasar al estadio de la planificación, poner en práctica sus opciones políticas. Es por ello que, sin excluir la posibilidad de políticas lingüísticas que trasciendan las fronteras (es el caso de la francofonía, por, ejemplo, pero se trata entonces de una reunión de Estados) ni la de política lingüística que involucre a entidades más pequeñas que el Estado (las lenguas regionales, por ejemplo), hay que admitir que en la mayoría de los casos las políticas lingüísticas son obra del Estado o de una entidad en el seno del Estado que disponga de cierta autonomía política (como Cataluña, Galicia o el País Vasco en España).
a un problema. Puede ser completamente informal y ad hoc, pero puede ser también organizada y deliberada. Puede ser emprendida por individuos privados o ser oficial. (...) Si la planificación está bien hecha, comprenderá etapas tales como la indagación extensiva de datos, la consideración de planes de acción alternativos, la toma de decisiones y su puesta en práctica."11
De hecho, Haugen partía esencialmente del problema de la norma lingüística y la estandarización. Citaba, por ejemplo, al gramático indio Panini (que vivió en el siglo IV antes de nuestra era), o incluso a los gramáticos griegos y latinos, definía la planificación como "la evaluación del cambio lingüístico" y, consciente de las contradicciones entre este enfoque y las posiciones resueltamente descriptivas y no normativas de la lingüística, planteaba que la planificación lingüística debía ser un intento de influir en las elecciones en materia de lengua; se situaba así implícitamente del lado de lo que más arriba he llamado la planificación indicativa. Además, sus referencias pasaban por la teoría de la decisión, que se utiliza esencialmente en el dominio del "management" o, si se prefiere, de la gestión económica. En este campo se apela en general al modelo de Herbert Simon, quien distingue cuatro fases:
- diagnóstico de un problema;
- concepción de las soluciones posibles; - elección de una de las soluciones; - evaluación de la solución adoptada.
El plan que elegía Haugen para presentar la planificación lingüística estaba inspirado directamente en este modelo, puesto que analizaba los diferentes estadios de una planificación lingüística como un "procedimiento de decisión": los problemas, los que toman las decisiones (en adelante, "decisores"), las alternativas, la evaluación y la puesta en práctica.
- Los problemas se reducen todos, para él, al caso general de la no comunicación: puede haber fracaso relativo cuando los hablantes hablan formas diferentes de la misma lengua, o fracaso total, cuando los hablantes no hablan la misma lengua.
- Los decisores. ¿Quién dispone de la autoridad suficiente para dirigir y controlar el cambio lingüístico? Haugen señala ante todo que la aparición de las primeras gramáticas y los primeros diccionarios de las lenguas modernas coinciden en los siglos XV y XVI con la emergencia de países ricos y poderosos. Así ocurre, por ejemplo, con la gramática española de Nebrija (1492), la fundación de la Academia Francesa por Richelieu (1635), etc. Luego, a partir del siglo XIX, los progresos de la instrucción y la difusión de la literatura hicieron necesaria una estandarización de las lenguas y surgieron individuos preocupados por normalizar su lengua: Mistral para el provenzal, Aasen para el danés, Korais para el griego, etc. Esos hombres, esos primeros "planificadores lingüísticos", que eran, según Haugen, mitad lingüistas y mitad patriotas, eran entonces individuos aislados y su obra respondía a la iniciativa individual. A la inversa, la intervención en la lengua turca decidida por Attatürk se enmarca en una dictadura; entre estos dos extremos encontramos toda una variedad de organizaciones que han intervenido en la lengua: iglesias, sociedades literarias o científicas, etc.
expresión lleva en cambio a su diversificación. Por eso, el fin de la planificación no es necesariamente terminar en un código uniforme: puede apuntar a la diversidad o a la uniformidad, al cambio o a la estabilidad.
- La evaluación de las diferentes soluciones pasa por la identificación de las formas lingüísticas en cuestión, de manera de fijar los límites dentro de los cuales es posible intervenir. Conviene saber si existe una norma o varias, si existen una o varias ortografías. Por último, es necesario dotarse de criterios objetivos que, en relación con los fines establecidos, permitan elegir la solución. De manera general, escribe Haugen, una forma lingüística es eficaz si es fácil de aprender y fácil de utilizar.
- La puesta en práctica. Haugen señala que los decisores son, a fin de cuentas, los usuarios de la lengua, y que por lo tanto son ellos quienes deben ser llevados a aceptar la solución adoptada. Desde este punto de vista, el individuo prácticamente no tiene peso fuera del que le confiere su autoridad personal o científica. El gobierno, en cambio, controla el sistema escolar, los medios, y su mejor estrategia consiste en introducir a través de la escuela la reforma lingüística elegida.
Sorprenderá al lector de este texto el hecho de que Haugen, en aquella época, no inventa nada. Parte de su buen conocimiento de la historia lingüística de Noruega, toma algunos conceptos de la economía (planificación) y de la gestión (teoría de las decisiones) y los proyecta sobre ejemplos de intervención estatal en las lenguas (Noruega, Grecia, Turquía, etc.). Al proponer así un sintagma nuevo, el de planificación lingüística, no crea un concepto sino que más bien delimita un dominio de actividad, sin desarrollar la menor crítica de las nociones que adopta. Apenas se plantea el problema del poder, de las relaciones de fuerza de que dan cuenta las relaciones lingüísticas, lo que se explica en parte por el hecho de que no toma en cuenta el plurilingüismo, los problemas de relaciones entre las lenguas, pero también porque se sitúa en una concepción liberal norteamericana de la planificación. Tampoco se plantea el problema del control democrático sobre las decisiones de los planificadores; considera que el Estado debe elegir y aplicar la solución que le parezca la más adecuada para resolver un problema. De hecho, en todo ello hay exportación y aplicación mecanicista de los modelos utilizados en la economía liberal y la gestión de empresas, sin ningún análisis sociológico de las relaciones de fuerza en juego. La planificación lingüística se reduce en esa época básicamente a la propuesta de soluciones relativas a la estandarización de las lenguas, sin que los lazos entre lenguas y sociedades sean tomados verdaderamente en cuenta.
III. El enfoque "instrumentalista": P. S. Ray y V. Tauli
No faltan las definiciones que presentan la lengua como un "instrumento de comunicación" y es fácil ver lo que tienen de restrictivo cuando dejan de lado lo esencial de la lengua, esto es, sus relaciones con la sociedad. Al precio de esta restricción se ha podido construir los enfoques estructuralistas de la lengua, y es contra esta restricción que se ha desarrollado una nueva manera de abordar los hechos de lenguas que se ha bautizado "sociolingüística", pero que constituye en realidad la lingüística en sentido amplio, asumiendo hasta sus últimas consecuencias la definición de la lengua como "hecho social".
Se encuentra este enfoque instrumentalista en ciertos textos que marcan la aparición de la política lingüística. Así, Punya S. Ray, en un libro publicado en 1963,12 insistía en el
normalización y, por la otra, mejorar la lengua desde estos diferentes puntos de vista, como se cambia en una máquina una pieza defectuosa.
Es lícito criticar esta consideración de la lengua como una herramienta cuyo funcionamiento se puede mejorar, pero el problema de la evaluación (en este caso, de las lenguas; en otros, de las situaciones lingüísticas) seguirá ocupando el centro de las reflexiones previas a una intervención planificadora. ¿Cómo medir el grado de eficacia de una lengua? Esta pregunta, central en la intervención de Ray, está evidentemente mal planteada y, por lo tanto, queda sin respuesta. Una lengua no es por sí misma racional o eficaz; responde o no a necesidades sociales, sigue o no la progresión de la demanda social. El problema es, en realidad, saber en qué medida la organización lingüística de una sociedad (las lenguas en presencia, sus dominios de uso, etc.) responde a las necesidades comunicativas de esta sociedad, pero este enfoque era difícilmente imaginable a comienzos de los años sesenta, en ausencia de formalización de la sociolingüística naciente.
Valter Tauli se sitúa en la misma posición cuando propone en 1968 una "introducción a una teoría de la planificación lingüística".13 Hace, por cierto, algunas referencias a la
naturaleza social de la lengua, como por obligación, pero según él la lengua es esencialmente un instrumento, en el sentido más trivial del término, un instrumento cuyo funcionamiento se puede mejorar, tarea que le cabe a la planificación lingüística. Ya en 1962 presentaba este planteo con fuerza:
"Puesto que la lengua es un instrumento, se sigue de ello que una lengua puede ser evaluada, alterada, corregida, regulada, mejorada, y nuevas lenguas pueden ser creadas a voluntad."14
Pero ¿cómo evaluar una lengua? Tauli imagina esta evaluación según el modelo de un decatlón, esa competencia deportiva en la cual se les asigna a los atletas cierta cantidad de puntos según sus performances en diez disciplinas diferentes. Pero esta metáfora no le provee los medios para evaluar globalmente una lengua, y su posición queda reducida a un enfoque puntilloso que selecciona ciertos dominios con un dogmatismo llamativo. Así, según él, el orden "normal" de las palabras en la oración es el orden sujeto-verbo; la distinción entre masculino, femenino o neutro es inútil y absurda; la escritura debe ser alfabética y estar fundada en un análisis fonológico, etc., y el papel del planificador será el de modificar el instrumento lengua para acercarlo a esta normalidad. "La planificación lingüística", escribe Tauli, "es una actividad cuyo fin es el mejoramiento y la creación de lenguas."15
Si bien las posiciones de Ray y Tauli, a veces en los límites de lo absurdo, parecen un callejón sin salida, evidencian los vínculos entre el grado de conceptualización que había alcanzado la lingüística y el modo de teorización de la planificación lingüística. Este instrumentalismo fue posible debido a una lingüística que analizaba la lengua desde un punto de vista interno, haciendo abstracción de su aspecto social, y sus posiciones a veces caricaturescas señalan al mismo tiempo los defectos e insuficiencias de esa lingüística.
IV. El segundo modelo de Haugen
En 1967, Heinz Kloss había propuesto distinguir entre "lenguas Abstand" (en alemán: "distancia", "separación") y lenguas "Ausbau" (en alemán: "desarrollo"): por una parte, las lenguas que se perciben como aisladas, independientes, y, por la otra, las que se perciben como vinculadas a lenguas próximas, de una misma familia.16 Esta distinción repercutía en
los problemas de planificación lingüística. El griego, por ejemplo, lengua "Abstand", al igual que el vascuence o el húngaro, no es percibido como parte de un contínuum de variaciones, característico de lenguas "Ausbau" como el italiano, el español, el portugués o el francés, o como el alemán, el danés, el inglés, el holandés, y esta diferencia de estatus tiene claras influencias en los problemas lingüísticos de Europa. En efecto, se podría dividir los países de la CEE en dos grupos, el de las lenguas germánicas y el de las lenguas romances, pero el griego o el vascuence escapan a esta clasificación... Dos años más tarde, Kloss introducía una distinción, que tendrá importantes repercusiones, entre planificación del corpus y planificación del estatus.17 La planificación del corpus se refiere a las
intervenciones en la forma de la lengua (creación de una escritura, neología, estandarización, etc.), en tanto que la planificación del estatus, a las intervenciones en las funciones de la lengua, su estatus social y sus relaciones con las demás lenguas. Así, se puede querer cambiar el vocabulario de una lengua, crear nuevas palabras, luchar contra los préstamos, y todo eso corresponde al corpus, pero también se puede querer modificar el estatuto de una lengua, promoverla a la función de lengua oficial, introducirla en la escuela, etc., y esto corresponde al estatus. Esta distinción volvía mucho más amplio el campo de la política lingüística y se separaba notablemente del enfoque instrumentalista que acabamos de describir.
Desde entonces, en la literatura referida a la planificación lingüística se observa una tendencia a presentar las diversas operaciones en términos dicotómicos, comenzando por Haugen, quien, en 1983, retoma esta distinción y la integra a su modelo.18 Su presentación
se resume en el siguiente esquema, que cruza las nociones de estatus y corpus con las de forma y función de la lengua:
Forma
(planificación lingüística)
Función
(cultivo de la lengua) Sociedad
(planificación del estatus)
1. Elección
(proceso de toma de decisión)
a) identificación del problema
b) elección de una norma
3. Aplicación
(proceso educacional)
a) corrección
b) evaluación
Lengua
(planificación del corpus)
2. Codificación
(estandarización)
a) transcripción gráfica
b) sintaxis
c) léxico
4. Modernización
(desarrollo funcional)
a) modernización de la terminología
b) desarrollo estilístico
En un segundo momento se va a estandarizar esta lengua en los niveles gráfico, sintáctico y léxico (estadios 2 a, b y c). El malayo era, en efecto, una lengua vehicular de formas fluctuantes y era conveniente fijar una norma.
Luego, una vez resueltos los problemas formales, se pasa a los funcionales: difusión de la norma elegida, corrección, evaluación (3 a, b). Pero esto sólo se podrá llevar a cabo después de la independencia, en 1946.
Por último, la puesta en práctica requiere que la lengua sea "modernizada", es decir, que se creen el vocabulario y los estilos necesarios para las nuevas funciones que cumple. Es así como, inspirándose preferentemente en palabras malayas, o en palabras de otras lenguas locales u otras lenguas asiáticas, el Komisi Bahasa Indonesia (comité de la lengua indonesia) elaboró el vocabulario funcional de la lengua rebautizada bahasa indonesia, "lengua indonesia".
Se puede ver que en este esquema el recorrido de la planificación lingüística esbozado por Haugen (del estadio 2, elección de una norma, al estadio 4, modernización de la lengua) aparece a la vez como técnico y burocrático: hay un decisor (por lo general, el Estado) que elige una lengua para que cumpla cierta función (la oficial, por ejemplo), confía a especialistas la tarea de codificar esta lengua y luego pone en práctica su elección (la lengua es utilizada en los diferentes niveles del aparato de Estado: enseñanza, medios de comunicación, etc.), eventualmente la corrige, etc. Pero en ningún lugar de este esquema aparece la menor crítica a los procesos de decisión, la menor sugerencia de una posible consulta democrática a las poblaciones afectadas o de un control democrático de los estadios 1 (elección) y 2 (codificación): si bien la lengua pertenece a quienes la hablan, el problema de la lengua es aquí asunto del Estado, y esto, en ciertas situaciones, como la de Francia, no deja de generar conflictos entre ese Estado, los hablantes de la lengua nacional y las minorías lingüísticas del territorio.
V. El aporte de la sociolingüística "nativa"
En todo lo que antecede los teóricos y a veces los prácticos de la planificación lingüística no estaban implicados personalmente en las situaciones en las que intervenían: su estatus era el del especialista que observa una situación, la evalúa, hace propuestas de cambio u ordenamiento y eventualmente las aplica. Si apelamos a una metáfora médica, actuaban como un cirujano que abre un cuerpo, identifica el mal y opera. La originalidad del aporte de los sociolingüistas catalanes, occitanos o hablantes de créole reside en el hecho de que el cirujano era al mismo tiempo paciente, que teoría y práctica estaban estrechamente ligadas.
La situación de Cataluña bajo el franquismo habría podido servir de ejemplo a Ferguson cuando presentó su concepto de diglosia: el español era allí la variedad alta, lengua del Estado, de la escuela, la justicia, etc., mientras que el catalán, variedad baja, estaba reservado a la comunicación familiar, íntima. Pero Ferguson tenía una visión estática de la diglosia: aparecía en él como un reparto funcional armonioso de los usos, y es precisamente esta visión la que será cuestionada por lingüistas "nativos", es decir, surgidos de situaciones diglósicas, en especial Robert Lafont del lado de los occitanos,19
Lambert-Félix Prudent del lado de los creolófonos20 y Lluís Aracil del lado de los catalanes. La
diglosia, dicen, no es una coexistencia armoniosa entre dos variedades lingüísticas sino una situación conflictiva entre una lengua dominante y una dominada. Ahora bien, escribe, por ejemplo, Lluís Aracil,21 este conflicto no puede desembocar sino en dos situaciones: o bien
Este enfoque debe situarse en un análisis de tipo cibernético de las situaciones lingüísticas, que considera el par lenguas/sociedad como un homeostato, es decir, como un sistema que funciona según el modo de la autorregulación. Aracil proponía distinguir entre las "funciones sociales de la lengua" y las "funciones lingüísticas de la sociedad"; las relaciones entre estos dos conjuntos podían desembocar en la sustitución o en la normalización. En el primer caso, cuando las funciones lingüísticas de la sociedad no encuentran respuesta adecuada en las funciones sociales de la lengua, este déficit en uno de los conjuntos crea por "feedback positivo" un déficit de las funciones recíprocas en el otro conjunto, y esta amplificación desemboca, por multiplicación del déficit inicial, en la sustitución. En el segundo caso, en cambio, el déficit acarrea por "feedback negativo" una regulación, una autocorrección o un esfuerzo compensatorio entre las funciones lingüísticas de la sociedad y las funciones sociales de la lengua, que desemboca en la normalización. Sobre estos puntos, pues, la sociolingüística catalana proporcionaba a la política lingüística proveniente de América del Norte un marco teórico que le faltaba, estableciendo el vínculo entre las situaciones lingüísticas (por ejemplo, la diglosia) y las situaciones sociales.
En el origen, este modelo cibernético es descriptivo, explicativo. Pero la noción de normalización lingüística irá cobrando en Cataluña un sentido más militante. En efecto, el feedback negativo que reorganiza las funciones lingüísticas de la sociedad es, en el plano teórico, el producto de una autorregulación. Pero es posible concebir también que la acción militante desemboque en el mismo resultado cuando actúa sobre la demanda social para justificar una oferta lingüística. Por ejemplo, se puede considerar que la difícil situación de lenguas regionales como el bretón, el occitano, el vascuence, etc., es el resultado de una ausencia de demanda social: estas lenguas existen pero no tienen utilidad social y están, por ende, condenadas a desaparecer. Pero es posible que la intervención humana (y ya no la autorregulación homeostática) actúe sobre la demanda social para justificar la oferta lingüística: si hay grupos que reclaman, por ejemplo, por razones identitarias, el derecho a sus lenguas, entonces esas lenguas tienen ipso facto un papel y un lugar en la sociedad.
Este deslizamiento progresivo de lo teórico hacia lo militante estaba propiciado, desde luego, por la situación de Cataluña que, luego del retorno de la democracia en España, recuperaba su autonomía y disponía de posibilidades de intervención política o legislativa. Al promulgarse en Cataluña la ley de normalización lingüística (Llei de Normalització Lingüística a Catalunya, 23 de abril de 1983), la noción misma de normalización se ve modificada: esta ya no es producto de la autorregulación sino de la voluntad humana, de la intervención del poder público.
Notas
1 Einar Haugen, “Planning in Modern Norway”, in Anthropological Linguistics, 1/3, 1959.
2 Einar Haugen, “Linguistics and Language Planning”, in William Bright, Sociolinguistics, La
Haya, Mouton, 1966.
3 Joshua Fishman, Sociolinguistics, Rowley, Mass., Newbury House Publishers, 1970. 4Language Problems of Developing Nations, Nueva York, 1968
5 Can Language be Planned?, editado por Joan Rubin y Björn Jernudd, Honolulu, The University
Press of Hawaii, 1971.
6 Pierre-Étienne Laporte, “Les mots clés du discours politique en aménagement linguistique au
Québec et au Canada”, in Le plurilinguisme européen, París, 1994, pp. 97-98.
7 ”Políticas y planificación del lenguaje”, in Iztapalapa, nº 20, 1993, México, p. 11.
8 “La glotopolítica es esencialmente el problema de la minorización” (Marcellesi, “De la crise de la
linguistique à la linguistique de la crise: la sociolinguistique”, in La Pensée, nº 209, 1980), o también “designa los diversos enfoques que una sociedad tiene de la acción sobre el lenguaje, sea o no consciente” (Guespin y Marcellesi, Pour la Glottopolitique, Langages, nº 83, 1986).
9 Véase Didier de Robillard, L´aménagement linguistique: problématiques et perspectives, tesis,
Universidad de Provence, 1989, t. 1, pp. 53-71.
10 Louis-Jean Calvet, “Antoine Meillet, la politique linguistique et l’Europe: les mains sales”, in
Plurilinguismes, nº 5, París, CERPL, 1993.
11 Op. cit., pp. 51-52.
12 Punya S. Ray, Language Standardization: Studies in Prescriptive Linguistics, La Haya, Mouton,
1963.
13 Introduction to a Theory of Language Planning, Uppsala, 1968, pero redactado desde 1962. 14 Valter Tauli, “Practical Linguistics: The Theory of Language Planning”, Proceedings of the Ninth Congress of Linguists, Cambridge, Mass., 1962, La Haya, Mouton, 1964, p. 605.
15 Op. cit, p. 608.
16 Heinz Kloss, “Abstand Languages and Ausbau Languages”, in Anthropological Languages, 9,
1967.
17 Id., Research Possibilities on Group Bilingualism: A Report, Quebec, CIRB, 1969.
18 Einar Haugen, “The Implementation of Corpus Planning: Theory and Practice”, in Juan
Cobarrubias y Joshua Fishman, Progress in Language Planning. International Perspectives.
Mouton, 1983.
19 Robert Lafont, “Un problème de culpabilité sociologique: la diglossie franco-occitane”, in
Langue française, 9, 1971.
20 Lambert-Félix Prudent, “Diglossie et interlecte”, in Langages, 61, 1981.
21 Lluís Aracil, Conflicte lingüistic i normalització lingüística a l’Europa nova, 1965, en francés
Capítulo 2
TIPOLOGÍAS DE LAS SITUACIONES PLURILINGÜES
En el capítulo anterior recorrimos el nacimiento de las nociones de planificación y política lingüísticas. Pero el procedimiento que aparecía en estos diferentes textos, que partían del diagnóstico de un déficit de comunicación, de un "problema", para llegar a la concepción de las soluciones posibles, luego a la elección de una de ellas y por último a su aplicación, requería que se dispusiera, por una parte, de medios científicos para evaluar las situaciones y, por la otra, de medios de intervención en esas situaciones. Y se comprende por qué, como lo señalábamos, estos primeros enfoques solo se preocupaban por la intervención en la lengua: en aquella época, la lingüística no tenía los medios para describir otra cosa que la lengua en sí misma; era incapaz de aprehender su objeto de estudio en sus relaciones con la sociedad y su historia. En efecto, paralelamente a las primeras preocupaciones de política lingüística se desarrolla lo que se denomina hoy la sociolingüística, y esta dará a aquella los medios científicos que necesitaba. Estos instrumentos son los que presentaremos en este capítulo.
I. Ferguson y Stewart
Paralelamente a los primeros textos sobre la planificación lingüística, que, según vimos, se interesaban esencialmente en la acción sobre la lengua y, por tanto, no tomaban en cuenta las situaciones plurilingües, a pesar de que son ampliamente mayoritarias en el mundo, se ven aparecer a comienzos de los años sesenta intentos de diseñar modelos de las situaciones plurilingües, y el primero de ellos es sin duda el artículo de Charles Ferguson sobre la diglosia.1 El autor modelizaba allí situaciones en las cuales coexisten dos
variedades de una misma lengua (daba cuatro ejemplos: árabe clásico / árabe dialectal, alemán estándar / suizo alemán, katharévousa / demótiki, francés / créole haitiano), variedades que son utilizadas en situaciones precisas: lo que él llamaba "variedad alta", en los discursos políticos, los sermones, los medios masivos, etc., y lo que llamaba la "variedad baja", en las conversaciones familiares, la vida cotidiana, la literatura popular, etc. Joshua Fishman ampliará luego el modelo, abandonando la idea de relación genética entre estas dos "variedades":2 de allí en más se considera que hay diglosia cada vez que se
manifiesta un reparto funcional de los usos entre dos lenguas o dos formas de una misma lengua; en consecuencia, se dirá que hay diglosia, por ejemplo, tanto entre el árabe clásico y el árabe dialectal como entre una lengua europea y una o varias lenguas africanas. Y este concepto tendrá un éxito enorme en la literatura científica: se pudieron relevar más de 3000 artículos o libros consagrados a la diglosia entre 1960 y 1990.3 Más tarde se lanzarán, con
fortunas diversas, las nociones de triglosia,4 tetraglosia:5 el texto de Ferguson había hecho
querido hacer Charles Ferguson. Su intención era inaugurar una serie de descripciones de situaciones tipo, y esperaba que otros lingüistas describieran otras situaciones de manera de elaborar una taxonomía a partir de las cuales se construirían principios descriptivos y una teoría.
Ferguson se explayó sobre este punto en un artículo reciente: "Diglossia revisited", South West Journal of Linguistics, V, 10, nº 1, 1991. Escribe allí en particular: "Mis objeti-vos eran, en orden creciente: situaciones claras, taxonomía, principios, teorías."
Se comprende mejor su intención cuando se examinan sus intervenciones ulteriores en el campo de la tipología de las situaciones plurilingües. En efecto, saldrá a la luz otra preocupación, un intento de modelizar o formalizar las situaciones plurilingües de diferentes países.6
El texto de Ferguson dedicado a este problema es muy claro en este punto. Desde la primera fase el autor precisaba su objetivo: comparar diferentes situaciones. Luego proponía distinguir entre tres categorías de lenguas (major languages, minor languages y languages of special status), cinco tipos de lenguas (vernácula, estándar, clásica, pidgin, criolla) y siete funciones (gregaria, oficial, vehicular, lengua de enseñanza, religión, lengua internacional, lengua objeto de enseñanza). Esto le permitía poner una situación "en ecuación". Presentaba, por ejemplo, la situación del Paraguay del siguiente modo:
3 L = 2 Lmaj(So, Vg) + 0 Lmin + 1 Lspec (Cr)
fórmula que debe leerse de esta manera: hay en Paraguay tres lenguas (3 L), dos lenguas mayores (2 Lmaj), una estandarizada, oficial: el castellano (So); otra vernácula, gregaria: el guaraní (Vg), ninguna lengua menor (0 Lmin) y una lengua especial, clásica, religiosa: el latín (1 Lspc Cr).
Por lo general no se presta suficiente atención a la manera en que emergen las propuestas científicas (o incluso los descubrimientos), si bien podemos encontrar allí un inestimable material epistemológico. En este caso, la cuestión es particularmente interesante. De 1962 a 1964, en la Universidad de Washington y luego en Georgetown University, Charles Ferguson había pedido a sus estudiantes que describieran la situación sociolingüística de diferentes países; cada una de las descripciones era presentada y discutida en el seminario. Luego el trabajo evolucionó hacia la elaboración de un formato tipo: las descripciones debían presentarse en forma de un resumen de una página en inglés corriente (es decir, evitando el vocabulario técnico). Pero en la medida en que el punto de partida era la voluntad de comparar situaciones, estos resúmenes eran poco manipulables. Así nació la idea de estas profile formulas. Por supuesto, faltaba elaborar esas fórmulas. Y en primer lugar, ¿qué lenguas elegir? La respuesta fue en principio intuitiva: "Entre las lenguas que se debía incluir en las descripciones, algunas parecían tener claramente una importancia de primer orden en el proceso de comunicación nacional, otras, una importancia menor, y unas terceras incluso poca importancia comunicativa directa pero con un estatuto especial que les confería una importancia suficiente para ser incluidas. Estos tres tipos de lenguas pueden ser llamadas, de manera cómoda y transparente, major language, lengua mayor (Lmaj), minor language, lengua menor (Lmin), y languages of special status, lengua de estatuto especial (Lspec)."7 Se pasó luego a la formalización de
los criterios que permitieran situar una lengua en una de las categorías. Por ejemplo, una lengua podía ser considerada como major language en un país dado si reunía una de las siguientes condiciones:
- Ser lengua oficial (el irlandés, por ejemplo, lengua oficial de Irlanda pero hablada solo por el tres por ciento de la población).
- Ser lengua de enseñanza en el cincuenta por ciento de las escuelas secundarias del país (por ejemplo, el inglés en Etiopía, país cuya lengua oficial es el amhárico y donde poca gente habla inglés, es, sin embargo, la lengua de enseñanza de la mayoría de las escuelas secundarias y superiores).
Un procedimiento similar se seguía con las minor languages y las languages of special status: la operación consistía en definir las categorías para que las lenguas ya elegidas en diferentes situaciones nacionales pudieran encontrar su lugar. En otros términos, era el saber de los informantes (en este caso, los estudiantes que participaban en el seminario) sobre su comunidad lingüística lo que guiaba la creación de las categorías de lenguas y los criterios de clasificación en estas categorías. Por ejemplo, la tercera condición de la definición fue determinada sin duda porque se consideraba el inglés como una "lengua mayor" en Etiopía.
Pero este tipo de informaciones (número de lenguas mayores, menores, etc.) era bastante limitado. Para agregar datos sobre los tipos y las funciones de las lenguas en presencia Ferguson adoptó una tipología propuesta por Stewart en 1962, reduciendo el número de tipos de siete a cinco (abandonaba los tipos "artificial" y "marginal") y conservando las siete funciones.
Lo que guió la emergencia del modelo de Ferguson fue, pues, un vaivén entre descripciones empíricas y formalización. Este procedimiento, que va de la recolección de datos al intento de construcción de un marco teórico, es, por cierto, coherente, pero en este caso presenta una seria desventaja: mientras no se hayan analizado exhaustivamente todas las situaciones lingüísticas, el marco será sometido a constantes revisiones, que según los casos podrán traducirse en un mejoramiento del modelo (es la versión optimista) o en su cuestionamiento (es la versión pesimista). El propio Ferguson era consciente de los límites de la empresa al señalar que presentaba "una solución poco satisfactoria a un problema al cual algunos de mis estudiantes y yo mismo nos hemos visto confrontados desde hace años: cómo comparar naciones de manera útil desde un punto de vista sociolingüístico",8 y
hacía notar también que ciertas informaciones estaban ausentes de sus fórmulas (diferencia entre lenguas indígenas y lenguas de migrantes, sistemas gráficos utilizados, índices de alfabetismo, etc.).
En 1968, Stewart vuelve sobre este problema, que ya había abordado en 1962, de un modo ligeramente distinto: propone de allí en más tomar en cuenta cuatro atributos (estandarización, autonomía, historicidad, vitalidad) cuya combinación (ausencia: - o presencia: +, del atributo en cuestión) permitía definir siete tipos de lenguas según el esquema que explicita el siguiente cuadro:
Atributos
Tipos de lenguas Estandarización Autonomía Historicidad Vitalidad
Agrega, además, tres funciones a las siete de Ferguson (provincial, capitalina, literaria) y reparte las lenguas de un país en seis clases según el porcentaje de la población que habla la lengua:
Clase 1: lengua hablada por más del 75% de la población. Clase 2: lengua hablada por más del 50% de la población. Clase 3: lengua hablada por más del 25% de la población. Clase 4: lengua hablada por más del 10% de la población. Clase 5: lengua hablada por más del 5% de la población. Clase 6: lengua hablada por menos del 5% de la población.
Esto le permite presentar, por ejemplo, la situación de las islas Curaçao (Antillas holandesas) del siguiente modo:
Clase 1: papiamento K(d:H = español)
(léase: un criollo en situación diglósica con el español, variedad alta)
Clase 4: holandés So (léase: un estándar oficial) inglés Sigs
(léase: un estándar internacional, función gregaria, lengua enseñada)
Clase 5: español Sisl (d: L = papiamento)
(léase: un estándar internacional, enseñado, literario, en diglosia con el papiamento)
Clase 6: hebreo Cr
(léase: un clásico, religioso) latín Crs
(léase: un clásico, religioso, enseñado)
Estos intentos de formalizar las situaciones plurilingües ofrecen flancos a cierto número de críticas:
- La elección de Stewart de los atributos no es siempre evidente. Por ejemplo, decir que el criollo carece del atributo "autonomía" (porque se debe precisar "criollo de base léxica francesa, inglesa, portuguesa", etc.) es en parte cuestión de ideología: ¿por qué habría que precisar créole francés para la lengua hablada en las Seychelles, por ejemplo, y no lengua romance para el francés o lengua germánica para el inglés? ¿No hay detrás de esta presentación el rechazo a considerar los criollos como lenguas por derecho propio, y una manera de abordar las lenguas desde el punto de vista del sentido común más que desde el de la ciencia?
- Ciertas clasificaciones envejecen rápidamente (el créole haitiano, por ejemplo, hoy sería considerado como estandarizado, y muchas lenguas africanas en veinte años habrían cambiado de tipo), lo que plantea el problema de la dimensión histórica de estas fórmulas únicamente sincrónicas.
II. Las propuestas de Fasold
Esta visión que ilustran los trabajos de Ferguson y Stewart fue abandonada por largo tiempo y retomada por Fasold en 1984.9 En primer término resume los textos de Ferguson
y Stewart que acabamos de evocar, y luego aborda el problema desde un punto de vista ligeramente distinto:
- Señala, por una parte, cierta predictibilidad de las funciones que asumen las lenguas: no cualquier lengua puede cumplir cualquier función.
- Por otra parte, razona únicamente en términos de atributos y funciones: para cumplir determinada función, una lengua debe poseer ciertos atributos. Su punto de vista se resume en el siguiente cuadro:
Funciones Atributos sociolingüísticos requeridos
Oficial 1. estandarización
2. utilizada correctamente por cierto número de ciudadanos educados Nacionalista 1. símbolo de identidad nacional para una parte importante de la población
2. utilizada ampliamente en la comunicación cotidiana 3. hablada amplia y corrientemente en el país
4. que no exista en el país otra lengua importante en competencia para la misma función
5. aceptada como símbolo de autenticidad 6. vínculos con un pasado glorioso
Grupal 1. utilizada por todos en la conversación cotidiana
2. considerada por los hablantes como elemento de unificación y diferenciación respecto de los separación de los otros
Vehicular 1. considerada como "aprendible" por al menos una minoría del país Internacional 1. incluida en la lista de “lenguas internacionales potenciales” Escolar 1. estandarización igual o mayor que la de la lengua de los alumnos
Religiosa 1. clásica
Estos atributos, cuya presencia garantiza que una lengua dada pueda cumplir determinada función, plantean, sin embargo, algunos problemas, en especial los dos que siguen:
- El atributo "clásico", necesario para que una lengua pueda cumplir la función "religiosa", depende de cierta concepción de la religión. ¿Qué decir, por ejemplo, de la lengua del vudú? ¿O de las lenguas de iniciación africanas? Es probable que el autor las considere lenguas clásicas, lo que da prueba de una concepción restrictiva de la religión.
- La lista de las "lenguas internacionales potenciales" de Fasold es instructiva: el autor cita el inglés, el francés, el español, ruso, alemán, "perhaps Mandarin Chinese and maybe one or two others"10 ("tal vez el chino mandarín y una o dos más"), evidenciando así una
clasificar sin ambigüedad tal o cual lengua en esta categoría, ratifica el resultado de una relación de fuerzas en un momento de la historia.
Sin embargo, la idea de cruzar atributo y función era interesante y la predictibilidad así postulada podría haber encontrado un campo de aplicación en la planificación lingüística. Veamos, por ejemplo, la presentación que hacía Fasold de la situación del hindi, interrogándose sobre la cuestión de saber si esa lengua podía cumplir la función "nacionalista" en la India.
Unidad sociopolítica: India Función: nacionalista
Lengua: hindi
Atributos requeridos Atributos poseídos
1. símbolo de identidad nacional
2. ampliamente utilizada en la vida cotidiana 3. amplia y corrientemente hablada en el país 4. sin otra lengua en competencia en el país 5. aceptable como símbolo de autenticidad 6. vínculos con un pasado glorioso
+/ -+
+/-(+/- indica que el atributo es poseído únicamente por una parte de la población: + para los hablantes de hindi, - para los demás)
Y esta presentación nos llevaría a concluir que el hindi tiene pocas posibilidades de cumplir la función nacionalista en la India.... Es evidente el interés de establecer fichas como ésta, si el enfoque estuviera mejor afinado, respecto de todas las lenguas de un país y todas las funciones potenciales de esas lenguas. Pero pareciera que después de la intervención de Fasold en el debate esta línea de investigación fue otra vez abandonada.
III. La grilla de Chaudenson
Más recientemente, Robert Chaudenson intentó elaborar un instrumento de medición y comparación del “estatus” y el “corpus” de la lengua francesa en los diferentes países de la francofonía.11 Su propuesta consiste en situar los diferentes países considerados con
relación a las funciones (o estatus) y los usos (o corpus) de una lengua (en este caso el francés, pero, como él mismo lo señala, se podría seguir el mismo procedimiento con cualquier otra lengua: inglés, español, etc.); estos países aparecen en forma de punto en un gráfico en dos dimensiones.
El problema es saber cómo medir el estatus (tomado por Chaudenson en un sentido clásico) y el corpus (definido por él como el volumen de la producción lingüística realizado en la lengua y la naturaleza de la competencia lingüística de los hablantes). El autor propuso un modo de análisis complejo, tomando en cuenta las siguientes entradas (en su texto se encontrarán los valores numéricos asignados a cada entrada):
A. Estatus 1. Oficialidad
2. Usos “institucionalizados” 3. Educación
B. Corpus
a) apropiación lingüística
b) vernacularidad/vernacularización vs. vehicularidad/vehicularización c) tipos de competencias
d) producción y exposición lingüísticas
En la tabla siguiente se ve el resultado de esta evaluación aplicada a tres países: Ruanda, Madagascar e Isla Mauricio.
El interés de este enfoque reside en el hecho de que permite reflexionar sobre la situación respectiva de los diferentes países del espacio francófono, sobre los agrupamientos en el gráfico que este enfoque revelaría, etc. Pero el valor de tal gráfico es principalmente pedagógico, en el sentido de que expone los resultados de un análisis, permite presentar el conocimiento y no adquirirlo: el saber que se posee antes de la grilla se vuelve a encontrar después, bajo una manifestación diferente...
Existe otro empleo posible para esta grilla, que consiste en tomar en cuenta las lenguas respecto de un país y ya no los países respecto de una lengua, como en el trabajo de Chaudenson. Para ilustrarlo, consideraré cada lengua desde tres puntos de vista:
- Su grado de uso, es decir, el porcentaje de hablantes de esta lengua en el país considerado (el corpus de Chaudenson)
- Su grado de reconocimiento, es decir, el grado de oficialidad de la lengua (el estatus de Chaudenson)
- Su grado de funcionalidad, es decir, las posibilidades que tiene la lengua de cumplir las funciones que se le asignan (lo que es asimilable a la relación atributos/funciones de Fasold)
refiere al "estatus" (el grado de reconocimiento), pero he simplificado el procedimiento en lo que atañe al "corpus" (grado de uso), tomando en cuenta sólo una evaluación (que me pertenece, puesto que no disponemos de ninguna cifra oficial) del porcentaje de la población que habla las diferentes lenguas en presencia.
Consideremos el gráfico de Marruecos. Coexisten allí tres lenguas de estatus diversos: el árabe, el berebere y el francés, y vemos que aparecen en lugares extremadamente contrastados del cuadro. El árabe tiene un estatus y un corpus de valor sensiblemente igual (es hablado por alrededor del 90% de la población y tiene el estatuto de lengua oficial); el francés, un estatus más importante que su corpus; y el berebere está en situación inversa (hablado por alrededor del cincuenta por ciento de la población, no tiene ningún estatuto oficial).
¿Qué utilidad pueden tener estos gráficos? Nos permiten leer inmediatamente la relación entre estatus y corpus para cada una de las lenguas y evaluar así la situación lingüística del país. Si consideramos que en general es deseable que una lengua tenga un estatus que corresponda a su corpus, tenemos tres tipos de situaciones teóricas:
1/ La de las lenguas que se encuentran sobre la diagonal (es decir, las lenguas para las cuales estatus = corpus). Evidentemente, pueden situarse más o menos por encima de esta diagonal, según sean lengua de unificación nacional (corpus cercano al valor máximo: el árabe en Marruecos) o regional (el peul o el songhai en Malí).
2/ La de las lenguas que se encuentran por debajo de la diagonal (como el francés en Malí y, de manera menos clara, en Marruecos) y que tienen un estatus sobrevaluado.
3/ La de las lenguas que se encuentran por debajo de la diagonal (como el berebere en Marruecos) y que, por lo tanto, tienen un estatus insuficiente.
Así, una tal presentación de la situación lingüística de un país puede
1/ servir de base para la reflexión sobre la planificación lingüística: se percibe de un solo vistazo las contradicciones o la coherencia entre los grados de uso y de reconocimiento de las lenguas en presencia;
2/ permitir representar, sobre el plano diacrónico, la evolución esperada de una situación luego de la intervención planificadora.
En otras palabras, tenemos un instrumento que permite establecer un diagnóstico y formular objetivos.
Tomemos un ejemplo teórico: el de la República Centroafricana, que adoptó una "ley que fija la política del ordenamiento lingüístico de la República", en términos de la cual el francés y el sango serán las dos lenguas oficiales del país. Es posible evaluar la situación de estas lenguas en términos de grado de uso y grado de reconocimiento, en el momento de la independencia del país y luego de la intervención de esta nueva política lingüística:
- En el momento de la independencia, el francés (en el gráfico: francés 1960) tenía un grado de reconocimiento máximo: era la única lengua administrativa, escolar, etc., y un grado de uso que se puede estimar en aproximadamente el 10% de hablantes, mientras que el sango (sango 1960) tenía un grado de reconocimiento nulo y un grado de uso que se puede estimar en alrededor del 80% de hablantes.
Se ve que en esta hipótesis el francés descendería y el sango ascendería hacia la línea diagonal, pero que igualmente la situación no se correspondería con lo que es deseable (corpus = estatus). Si el corpus del francés aumentara, el lugar de la lengua se acercaría a la diagonal, pero para que el sango haga el mismo desplazamiento, convendría aumentar su estatus (en detrimento del francés). Aquí se detiene la evaluación sociolingüística y comienza el terreno de las opciones de la República Centroafricana: otorgarle al sango, por ejemplo, un estatus correspondiente a su corpus supondría que se le quite al francés su estatuto de lengua oficial, y esto plantea otros tipos de problemas que no son del dominio del lingüista.
Pero, y esto nos lleva ahora al grado de funcionalidad, si frente a tal gráfico un país decide intervenir en el grado de reconocimiento de una lengua para intentar acercarla a su grado de uso, se plantea la cuestión de saber si la lengua está equipada para cumplir tal función. ¿Cómo discernir esta noción de funcionalidad? Es útil retomar aquí la idea de Fasold según la cual ciertas funciones implican ciertos atributos. Pero Fasold planteaba el problema en términos estáticos: tal lengua tiene o no tal o cual atributo y por consiguiente puede o no cumplir tal función. Mi punto de vista es mucho más dinámico y puede formularse como sigue: si queremos que tal lengua cumpla tal función, ¿qué hay que hacer para equiparla en consecuencia? Para tomar un ejemplo simplista, es evidente que para introducir una lengua en la enseñanza, es decir, para convertirla en lengua de escolarización, es necesario darle primero una transcripción, alfabética u otra, y una norma, forjar una terminología gramatical, etc. Y esto puede conducirnos a reflexiones eminentemente prácticas sobre la relación calidad/precio de un tal equipamiento, o sobre la relación costo/beneficio. Si por ejemplo, frente a lo que llamaré un gráfico de evaluación de la situación lingüística, existen varias posibilidades de política lingüística (por ejemplo, aumentar el grado de reconocimiento de una, dos, varias lenguas) se podrá hacer intervenir como uno de los elementos de decisión la relación entre el costo de la operación y el beneficio social que resultará de ella.
En los ejemplos antes señalados para ilustrar el empleo de este gráfico en el campo de la política lingüística, he hecho referencia a una acción sobre el grado de reconocimiento de las lenguas. Pero evidentemente la inversa es posible y se puede decidir también intervenir en el grado de uso de las lenguas. Los grupos minoritarios que luchan por la supervivencia de su lengua creando, por ejemplo, escuelas privadas en las que se la enseña, afanándose por transmitirla a los niños, etc., no hacen otra cosa que intentar actuar en el grado de uso de la lengua. Es decir que tenemos dos estadios sucesivos de la reflexión: elección de un tipo de acción (sobre el reconocimiento o sobre el uso) y determinación del equipamiento necesario de la lengua en el terreno de la funcionalidad. Sin embargo, una vez más, esto ya no depende del análisis sociolingüístico sino de las opciones políticas.
Estas propuestas son en gran medida programáticas, y es conveniente ahora continuar la reflexión y la experimentación en dos puntos:
¿Cómo medir de manera unívoca el grado de uso y el grado de reconocimiento de una lengua?
¿Cómo determinar en forma precisa lo que constituye la funcionalidad de una lengua?
Conclusión
complejidad de las situaciones, sería conveniente considerar diferentes factores; la lista que sigue puede dar una idea:
1/ Datos cuantitativos: cuántas lenguas, cuántos hablantes para cada una de ellas.
2/ Datos jurídicos: estatutos de las lenguas en presencia, reconocidas o no por la Constitución, utilizadas o no en los medios, la enseñanza, etc.
3/ Datos funcionales: lenguas vehiculares (y su índice de vehicularidad), lenguas transnacionales (habladas en diferentes países fronterizos), lenguas gregarias, lenguas de uso religioso, etc.
4/ Datos diacrónicos: expansión de las lenguas, índice de transmisión de una generación a la otra, etc.
5/ Datos simbólicos: prestigio de las lenguas en presencia, sentimientos lingüísticos, estrategias de comunicación, etc.
6/ Datos conflictuales: tipos de relaciones entre las lenguas, complementariedad funcional o competencia, etc.
Es evidente que, si bien es fácil medir o discernir los cuatro primeros tipos de factores a condición, claro está, de llevar a cabo los estudios necesarios, los dos últimos son más complejos y, sobre todo, más difíciles de introducir en un modelo de tipo dicotómico. Pero de tanto querer presentar esquemas bien construidos se corre el riesgo de sacrificar la precisión por la elegancia. La grilla de Chaudenson, por ejemplo, integra con comodidad los factores cuantitativos y jurídicos, pero no deja ningún lugar a los factores simbólicos o conflictuales. Las propuestas de Fasold integran los datos funcionales y, en cierta medida, simbólicos, pero no dan cuenta del factor diacrónico. De hecho, las propuestas de Ferguson, Stewart y Fasold dan una visión estática de las situaciones que sin embargo están en perpetua evolución, tanto en el plano estadístico (cantidad de hablantes, índice de transmisión, etc.) como en el plano simbólico. Ahora bien, la evaluación previa a la determinación de una política lingüística debe tener en cuenta necesariamente las evoluciones en curso. Por ello mismo es probable que surjan nuevos modelos, más completos, más eficaces, que adopten otro enfoque. Por ejemplo, podemos imaginar un modelo informatizado que, alimentado regularmente con datos nuevos, provea "en directo" una evaluación dinámica de las situaciones.
Vemos que la reflexión sobre las situaciones de plurilingüismo nos lleva otra vez a la lengua de manera mucho más rica. Ya no se trata de actuar sobre el corpus para luchar contra préstamos, por ejemplo, o para modernizar la lengua, sino para hacerla funcional de manera que pueda desempeñar el papel que se espera que cumpla desde el punto de vista del estatus. Y este pasaje del punto de vista del corpus al del estatus, aun cuando esta dicotomía sea a menudo difícil de mantener (corpus y estatus suelen estar estrechamente imbricados; el grado de equipamiento de una lengua, por ejemplo, está en relación directa con su función social), da prueba de la evolución paralela de la ciencia lingüística: la política lingüística, como la planificación, son tributarias de la teoría en el seno de la cual son concebidas.
Pero cualquiera sea el modelo elegido, se plantea aún el problema de saber de qué medios se dispone para intervenir en la lengua y las lenguas. Son estos medios los que presentaremos en el próximo capítulo.
Notas
1 Charles Ferguson, “Diglossia”, Word, 15, 1959.
2 Joshua Fishman, “Bilingualism with and without Diglossia, Diglossia with and without
3 Mauro Fernández, Diglossia, A Comprehensive Bibliography 1960-1990, Amsterdam/Filadelfia,
John Benjamins Publishing Company, 1993.
4 Abderrahmin Youssi, “La triglossie dans la typologie linguistique”, La Linguistique, 19, 2, 1983. 5 Henri Gobard, L’aliénation linguistique: analyse tétraglossique, París, Flammarion, 1976.
6 William Stewart, “An Outline of Linguistic Typology for Describing Multilingualism”, Study on the Role of Second Languages in Asia, Africa and Latin America, Washington, 1962; Charles Ferguson, “National Sociolinguistic Profile Formula”, Sociolinguistics, ed. W. Bright, La Haya, Mouton, 1966; William Stewart, “A Sociolinguistic Typology for Describing National Multilingualism”, Reading in the Sociology of Language, La Haya, Mouton, 1968.
7 Ferguson, 1966, p. 310.
8Op. cit., p. 315.
9 Ralph Fasold, The Sociolinguistics of Society, Londres, Blackwell, 1984. 10 Op. cit., p. 76.
11 Robert Chaudenson, La francophonie: représentations, réalités, perspectives, colección
Capítulo 3
LOS INSTRUMENTOS DE LA PLANIFICACIÓN LINGÜÍSTICA
La acción concertada sobre la lengua y las lenguas puede reducirse al siguiente esquema: sea S1 la situación sociolingüística inicial, que luego de analizarse se considera no satisfactoria. Sea S2 la situación que se querría alcanzar. La definición de las diferencias entre S1 y S2 constituye el campo de intervención de la política lingüística, y el problema de saber cómo pasar de S1 a S2 es el dominio de la planificación lingüística.
Así presentadas, las cosas pueden parecer simples. Sin embargo, en el capítulo anterior vimos los problemas que planteaban, previamente a las decisiones de política lingüística, la descripción y la tipología de las situaciones sociolingüísticas. Vamos a abordar ahora los problemas que aparecen con posterioridad a estas decisiones. Desde el momento en que un Estado se preocupa por la gestión de su situación lingüística surge el problema de los medios de que dispone. ¿Cómo intervenir en la forma de las lenguas? ¿Cómo modificar las relaciones entre las lenguas? ¿Cuáles son los procesos que permiten pasar de una política lingüística, estadio de las opciones generales, al estadio de su puesta en práctica, la planificación lingüística?
I. El equipamiento de las lenguas
El término "equipamiento" aplicado a lenguas puede parecer extraño, sobre todo cuando uno se ha distanciado, como lo hicimos en el capítulo I, de una concepción instrumentalista de la lengua. Sin embargo, es perfectamente apropiado, sobre todo si se recuerda el sentido primero del verbo equipar: "proveer un navío de lo que es necesario para la navegación". En efecto, si todas las lenguas son iguales a los ojos del lingüista, esta igualdad se sitúa en el nivel de los principios, es decir, en un nivel extremadamente abstracto. Pero, concretamente, no todas las lenguas pueden cumplir las mismas funciones. Por ejemplo, es evidente que una lengua no escrita no puede ser vehículo de una campaña de alfabetización, que resultará difícil enseñar informática en una lengua que no tiene vocabulario informático, enseñar gramática en una lengua que no dispone de una taxonomía gramatical, elegir una lengua hablada por una ínfima minoría de la población de un país como lengua de unificación de ese país, etc. Si por motivos políticos se desea utilizar, de todas maneras, lenguas con esas características para esas funciones, habrá que reducir sus déficit, equiparlas para que puedan desempeñar ese papel.
La escritura