J U A N J O S E R E A L
T rein ta A ños de
Historia Argentina
( A c c i ó n Política y E x p e r i e n c i a Histórica)
PROLOGO A L A SEG U N D A EDICION
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Sin embargo en Iqs.Inicios,,.del movimiento obrero y 'j. socialista en nuestro país, quedó p lanteada la cuestión na^ | cional y el tem a de la alianza de_ clases. De una m anera j ' práctica y concreta sus "protagonistas comenzaron por re-''
conocer la necesidad de actu ar políticam ente y hasta de batieron acerca del centralism o porteño y la destrucción del interior. La v oz más clara que se alzó en este esfuer zo de análisis y m ilitancia fue la del ingeniero G erm án Á v e.Lallem ant, al que cita Real, como antecedente de su propia tom a de posición. Lailem ant.-en .‘.‘EL-Qbre ro ”, ■ pu- blicación que dirigía, y cuatro años más tard é en “La ."Vanguardia” del P artid o Socialista, esta vez en polémica con Esteban Jim énez alineado con Ju an B. Justo, f ija u n a , .estra te gia nacional p ara lá clase obrera re v olucionaria. P or "eso se apresura a analizar el carácter de la división de la U nión Cívica y r econocer en el’ radicalism o la p ré-/ se n d a de Una fuerza dem ocrática. ;r'epreseñTatrva'^e‘'lá:' burguesía nacional, m ien tras M itre representaba a la cla se de los hacendados aliados a' Inglater ra. P ará Lalíem ant estaba claro el apoyó que merecía, por p arte de los tra b a jadores, la naciente fuerza. Estaba claro que sin perjuicio > de las reivindicaciones del proletariado, la prim acía corres
pondía a elaborar las bases m ateriales de la nación.
La victoria teórica de Lalíem ant no se tradujo en la orientación que hab ría de prevalecer en el movim iento socialista en sus diversos matices. ' ^ 7
en-cara el tem a; agrega su experiencia relatando lo vivido por él en el tránsito desde aquellas posiciones, propias del * sectarism o comunista, hasta la inteligencia del papel que co rresponde a la clase obrera en el movim iento naciÓñár. P a ra ello ni abdica de su condición de m arxista, que como ta l se siguió considerando, y conform e a cuya metodolo gía estudia la realidad nacional, n i reniega de sú origen ni d e.su m ilitancia que conoció arduas tareas, confiadas a su cargo, o asumidas por él. Dos años después de dar á la prensa este libro en 1962, edita la rev ista “Qjté^h.ocer-por la N ación .v., el.Socialismo”, con u n grupo' de amigos que lo acom pañaron en la contienda ideológica más allá de la corta-vida de la publicación. En ella R eal y su ¿rupp tra ta n de constituirse en nexo de efectiv a ’ u nión en tre la iz- 'quieFd’á, no sólo comunista^ y"el m ovim iento n acional. P en
saba que el"lugar de los trabajadores, en un p aís subdesa- rrollado está junto a los o tro s .sectores sociales, sin abdi car, por ello d e m archar hacia la realización del socialis mo. Su~propuesta_consistía en el análisis y el debate, de los problem as nacionales, con par t icipación de los distin- t03~grupos~'d'6~íiliácion m ar x ista-leriinista, en tre los qué se ■ u K H b a rP á ra llevar a cabo su plan, contaba con el bagaje"
Con estos trabajos, R eal se constituye en un ejemplo , excepcional de m ilitante obrero, surgido de ü n medio -- e l .partido Comunista*—. que eri l a . A rgentina se h a caracte
ros de entonces no les perdona su oportunism o y que, por som eterse a sus tácticas p erdieran de vista los principios, y menos aun que abandonaran posiciones correctam ente asu midas, y som etiesen el interés nacional perm anente a con veniencias circunstanciales, fundam ento de actitudes to madas en los centros de decisión política del comunismo m undial. Que ignoraran que
m enester r^\Ts~tece?^la i n d u _____
guesía, p ara que cobrara vigor la propia clase tra bajado
ra. 'iimfo~a~Ta-consolidación de la n a ción. v.
Los trein ta años de vida política que repasa Real, m ues tra n la trastien d a de episodios cruciales en los que él m is mo hubo de actu ar o fue lúcido testigo y en cuyo tra n s curso avanzó en la elaboración de su posición. Como co m unista participó en la. tom a de decisiones, cuando fue p arte de la dirección p artid aria e, indeclinablem ente, ac tuó conforme a las pautas adoptadas por su partido. E n '
úna y otra,posición asistió e intervino en num erosos epi sodios de autocrítica, conform e a una co n stan te'q u e él se preocupa de anotar. A los frecuentes yertos, i desde califi-■ car de fascista a Yrigoyen y por-eso com batirlo, se sucedía
la correspondiente autocrítica, sin que ella sirviera p ara evitar caer en el e rro r inm ediato. Sin em bargo,1 n i aún así, creyó que debiera abandonar la trin ch era de lucha en la que se juzgaba correctam ente instalado. F ue m enester que el P. C. lo • expulsára, previa, denigración, p ara quedar,,al m argen, sin ap arente ubicación ya que su propia posición ideológica le im pedía ser u n “an ti”. P o r lo demás, el pe ronismo, expresión del M ovimiento Nacional, entraba en crisis no obstante sus reiteradas y am plias victorias elec- J 'tbraies. ‘iGonviéne in sistir —dice R eal*- el peronism o fue
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i-en aquel mom i-ento (1945) el crisol i-en que vino a fundirse vel'm ovim iento, nacional; los lím ites del m ovim iento se los ; traz aría la .política económica y social que se llevara a . cabo; ;o abarcaba a toda la nación o se estrechaba, en los
en la dialéctica histórica fuera.- 1 ' ■ ' " ■ . ,__ ______
bur-puros marcos partidarios.” En 1953 Real, quien podía -ser desde el P.'C.' un leal aliado del peronism o dexítro: d e l F re n te Nacibnál, 110 se consideraba, n i mucho m eríoá'un peronista; en consecuencia dejó' de lado transitoriam ente la m ilitancia, para abocarse a los u rgentes problem as de la vida. P o r lo pronto con "ese tesón que es el rasgó más fir m e de su carácter, se dedicó a ap render u n nuevo'oficio, ya que no era esperable reto rn a r a su puesto de obrero ferroviario. En horas de la m adrugada —de cuatro a 'sie te, en el intervalo ocioso de una m áquina— y p o r.in te r vención; de un amigo que lo ayudó en el trance, se hizo linotipista. El virtuoso nuévo operario se hallab a sólo trá- . bado por la inclinación a poner conciencia en 1£ obligada lectu ra de los originales que v ertía al plomo. En sus mén» guadas horas libres se entregó al estudio sistem ático de I3S ciencias sociales, con el ferv o r del hom bre que se sen tía responsable de su clase y de su país.
limitaciones im puestas por su propia política económica, estatista, nacionalista de medios, enem iga por lo tanto del capital e x tra n je r o .. . Luego vendría la te n tativ a de rec- , tificación en ese plano, pero entretanto . se procuraba el ensancham iento político de lás bases de que se n u tría el movimiento nacional.” F u era de esta actitud del comunis mo que fue m uy pronto revisada con el extrañam iento de
Real, escasas fyteron las adhesiones que suscitó, esta aper tu ra peronista. En su m ayoría constituyeron actitudes in dividuales ó de,grupos m uy pequeños. No es esta la opor tunidad de volver sobre las falencias del esquem a econó mico erigido por el peronismo, ni de la posterior ten tativ a
de tran sfo rm ar la estru ctu ra básica del país, acompañada por ú n a actitud más favorable a la em presa privada y una demasiado ta rd ía e insuficiente ap ertu ra al capital ex tra n jero,, del que fueron p a rte las negociaciones petroleras y
el crédito negociado para, im pulsar la ejecución de los d e morados. trabajos en Somisa. Sin embargo, conviene de ja rlas anotadas, p ara seguir objetivam ente el panoram a que visualizaba Real a p a rtir de'su expulsión del F. C. Des de esa atalaya individual, como muchos o tro s,. asistió a la frustración del Congreso de la Productividad, donde la diri- gencia sindical no estuvo a la altura^de su líder, ásí como éste no se m idió consigo mismo', cuando lanzó su desafío á toda la oposición desde los balcones d e 'la Plaza d e Mayo en ágosto de 1955. P a ra entonces el movimiento obrero se encontraba aislado yJLa oposicipn^ n i aún ía m ás esclarecida,
: atihaba 'a'T eeñcauzar el proceso. ;
' R eal vivió todas estas experiencias con espíritu lúci do. Buscó afanosam ente u n a salida para el movimiento nacional al que quisiera plegar a los trabajadores. ^“Ad-1 jy e r tía la crisis del peronism o, pero no tenía ni la posibi
lid a d , ni la claridad necesaria cómo p ara in ílü ir en^ei. cur so de los acontecimientos.’’ L a clav ed a encontró en :lá re vista Qué. Nos revela que la leía con atención. El
tro de R eal con Qué le abre una nueva perspectiv a^ En ese .
m o m e n t y ^ l umiña~todo un j aanorama a fa n o s a m e n te ^ ^ "
cadb./U ñ m ilitante revolucionario, que se ha. liberado deí fárrago im puesto por el sectarism o de la izquierda y que procura e n c o n tra r. dónde y cómo se encuentra el movi m iento nacional, da de pronto con su núcleo en expan- ' sión. -Claro que desde la visualización a la acción debe re correr un. trecho, pero su camino está a la vista. J¡Jo_lo abandonará^más hasta el d ía .de su .m u erte. A través de su actitud encontré un amigo al que. hab ía perdido: hace . muchos años. En efecto, d u ran te mi p r opia intervención en las lides estudiantiies conocí a Real ..y_a.„a.c.tivj3jmlllta.n.- te del P. C. y cuyo nom bre de g uerra fue el de Máximo, con el que todos sus amigos lo conocían aunque ‘nada tu v ieran que ver.’ con la m ilitanciá política.' Nos volvimos a v e r'c o n M áximo,, cinco lustros después, cuando él y a ha bía recorrido su fru stran te experiencia en el P. C. Volvió muy; p ro n to . la sim patía que le profesaba, ahora abonada por la coincidencia en la .lucha por el M ovimiento Nacio
nal. Supe entonces cómo había llenado sus “años vacíos” desde. su alejam iento del& s luchas propias de la política, pero no por ello menos vituperado por sus ex compañeros, •*
A utodidacta, se consagró, a ,_pjflfundizar„sns-conQcímíentQS filosóficos;, penetró los m isterios^de-Ua-rfm.axizag..,y-,.es.pe.-. Íñ alm ente~ dé la m onedar, trabajó ternas h istóricos y an
tro p o ló g ic o ^ gustador dé recuerdos tradicionales re- unió; viejos m ates y cuchillos, en cuyas hojas y cabos había trabajado, su padre, obrero como él. De ellos guardo - los ; que m e fue" entregando a m anera de testim onios de sú
am istad que tan gratificante me
fue.-R eal seguía__con sim patía la p osición del .frondizismo ante la revolución lib ertad o ra. O braban en- contra- dé...urú- acereaniiento fran co sus propias reservas alim entadas en "e f cursb_.de.J á .ac.tuación.^pQlíticaide.Frondizi, justam ente • d u ran te el período peronista? , <- • ... - :
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que juzga m uy im portantes le hacen pen sar que por esa v ía podría encontrar la reconstrucción F rente, e f r eencauzam iento del movimiento nacional. fÚ nj^,) fue la actitud de la revista an te las elecciones de ju lio 'd e 1957, que todos apreciaron como u n a derrota de la nueva política de Frondizi.” L a UCRI resultó superada por la TJCRP por una diferencia no m uy grande de sufragios. En cambio, el v oto en blanco, tam bién a .escasa distancia, 'ocu pó el p rim er lugar eri el escrutinio. La sum a de boletas de la UCRI y de los votos en blanco, daba u n a diferencia de
~"2'a í con relación ai radicalism o tradicional. Sin embargo • “ttádié |»efcib'ía el sentido., profundo de estas cifras que iban
m as allá de su significación cuantitativa. En el editorial de la revista al que alude R eal y que tran scrib e m as ade lante, en la parte en que intentam os d e m o s tra r. que dos jnás..dQS.,SQn-..c.uatr.o^ s i j . e ..alinean .correctam ente, decíamos “En la m edida en que los próxim os encuentros se hagan sobre u n fren te menos confuso, estas conciencias ciudada nas serán clarificadas y se polarizarán de ta l m anera, que no sólo h ab rá una sum a de votos, sino que se producirá u n ~ dinámico„.prQjCgso.. ..de. argentinización electoral ex p resad o .. en cifras cuyas calidad no deberá d ejar dudas respecto a su significado definítorioi E ntretanto el fren te n atio n al , tiene intactas su?, m ayores reservas. La m u ltitu d qué se abstuvo de dar un voto significativo; cunTpTíó’Iiá lm e n te con " sus ■cánvicciones.->-:ie n tim ientos. Con la m ism a lealtad transform ará^ su ’ actitu d pasiva en gesto positivo ta n proñ- 't o lo requ ieran los térm inos en que se p lan tee-la lúchá’’.
C 'El “otro hecho”/) que decide la actitu d de Real, bien que se abstiene de expresarlo públicam ente porque no quie b r e ad h erir al proceso sin hacer la crítica de la actuación pa sada de los nuevos protagonistas, fue —dice— “eL artículp ,de F rig erio sobre e lp ro b le m a agrario”. “H asta entonces —agrega— todos freíam o s que el nudo d e nuestros
ra se introducía el p roblem a agrario en el complejo to táf .d e n u e stra economía; tom aba la em presa agropecuaria co
mo u n a em presa más, v señalaba -que" sus debilidades^ eran las. de tpda la economía del país. Si no se procedía al cam- b ic T tte n sstru c ta í^ 'comenzando por -Xa •.consíruccróici '"deT’ía in d u stria pesada, no habría solución del problem a agrario. Este no -consistía, pues, en el frac cionam iento .o ^répárto’ dé la gran explotación, —con la consiguiente difusión de la gran ...propiedad—- sino en iny ectar a la em pr esa agraria —grande, m ediana cT pequeña—, las conquistas de la técnica y d e j a , ciencia; en u n a pala b ra consistía en elevar la ex- p lo ta c ió n a g ropecuarÍa...al.iiivel d e, la em presa capitalista.”'
Este análisis lo lleva á v o tar por el fre n te nacional: que encontraba personalizado en la candidatura de Frondizi y su program a. No por cierto el program a de A vellaneda, co mo é l mismo puntualiza, sino el que estaba -dado por los dós parám etros fundam entales, e l político —interpretació n del fren te nacional y ubicacióñ”cíe sus fuerzas— y la -in teg ra
ción horizont al y v ertical de la economía.
L a adhesión' al m ovim iento nacional a través de una versión política nada ortodoxa, como que debía pasar ..por alto la proscripción del partido_m'ayoritaríó,.;no resultaba fácil. Concurrieron a hacerla posible distintos, factor es* que de u n a m anera u o tra confluyeron en la revista Qué, co-
m enzando p o r el p ropio F r bndizí, p o r entonces uno de los ( ; dos precandidatos que coexistían en la U .C . R. y que" no
obstante pertenecer a la m ism a fracción in tern a . d e j a agru- ’ pación,..encarnaban-dos--m aneras’,iotalm ente distintas de . en tender el -proceso. Si-Fxondizi .^ ropiciaba la “íegaridad^
p ara todos”, Balbín aglutinabaTSentro y fu era del partidoT • ■ ' f "1 la posición revañchista y por ello grata a~los ie f e s d e l a _
“Revolución L ibertadora”. Si B albín esgrim ía el program a
de A vellaneda, con el que esperaba superar desde u n a iz- ; ^ quierda teorizante al populismo de,Perón, Frondizi iba ofre-
. ciendo su program a, a través de discursos y reportajes, en
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los que daba soluciones concretas -a los problem as del país. Lo más significativo fue, sin embargo, la actitud excep cionalm ente álerta del pueblo que había visto frustradas " sus esperanzas, depositadas en la-conducción, de P erón y en sus propias organizaciones básicas, en cuánto se refiere a los;trabajadores. Esta calidad excepcional .d¿.la-cnncien- ^cia popular' p ermitió la inteligencia dé la prédica, muchas veces du ra prédica' y a contrapelo de los slogans propicios " p ara las cam pañas electorales,: form ulada por el candida
to, y desde las páginas, de la revista. El diálogo con u n'pne- blo politizado hasta el ex trem o; pero, en buena p a rte a tram pado por prejuicios ideológicos alim entados d urante, áños,-- j r q u e aun constituyen' la v alla principal p ara que sea po sible avanzar por los caminos de la liberación nacional, se montó sobre la estricta base de ir al fondo de los proble mas, dejando de lado la forinalidad.. De Cólno ello sé refle ja b a en la concepción de un dirigente de; izquierda, ya pe-'
netrado por la ideá nacional, nos da cuenta Juan José Real. Leía Qué v la revista le parecía m arcar un camino ’nrgá- , nico ;haci¿-el logro de u n a síntesia.naciónal. ajustada; al ma- ,m entó que Se vivía, el de la división -de la Nación en dos handos-incondliables. “En una situación como la que a tra vesaba el país en 1956/57, esta,prédica dé la doctrina-de la-' integración nacional suscitó las más enconadas reservas de p arte de junos; y las . m ás agudas críticas, de, parte, de otros. Unos exigían úna adhesión incondicional a la revor lución lib ertad ora, -otros la a d h esió n -incondicional al.-pe-' xonismo. al.-pe-'.Elevarse por encima- de la contiend a p ara hallar *10 que había de comunT entre~íás fuerzas e n .lucha, era, en
á q ü irin o m e ñ to , algo más que una audacia, era un cri men.”’D e esta carga de prejuicios no estaba exentó el au- ; to r : “Yo tam bién ten ía mis reservas: j ellas - se - referían a los aspectos ideológicos de la prédica:K el p apel de lajjg le- : jsía7déT Ejercito,: del capital extrahjero. - Y aunque en éstos aspectos d el p ro b le m a-n acio n al había avanzado mucho,
gracias a la experiencia de los últim os''años, m antenía los recelos propios de todo el movimiento obrero. Veía todos los problem as —como los veo ahora— desde el ángulo de Tos in- tereses de la clase obrera, pero con el'len te de los prejuicios
sectarios.”
-Esos prejuicios de los que se’ liberó, prim ero acrem ente al ser separado del P. C. y quedar aislado, luego con la ale gría que proporciona el trabajo fecundo, en la línea del mo vim iento nacional, apta para actu ár en aquel momento, se alim entaban en todos los sectores con distinto signo. En-rea lidad, persisten hasta hoy im pulsados m uchas veces por el complejo d é intereses atados a la vieja estructura. Cada vez más próxim os a su derrotá definitiva, cobran fuerza a favor de los reiterados yerros del movim iento nacional. P o r ello im portan tanto las experiencias-recogidas y su .evaluación-' teórico práctica desde el campo de la m ilitañcia obrera. F or m a p a r te dé la mism a su visión’dél núcleo del movimiento nacional, a través de la revista Qué, en cuyas columnas edi toriales se daban sus bases teóricas. La heterogeneidad mis m a de quienes concurrían a hacer la publicación, ya como ■ columnistas, como redactores, corresponsales-orgánicos y - espontáneos, aún cómo lectores que tran sm itían de viva voz ■ las rlótás y editoriales del periódico, a círculos de oyentes
en busca do orientación, daban la pau ta de que allí estaba cuajando el movimiento nacional, de esa hora; Real Visua- . liza así a las v ertien te s que “confluyeron a p restar su con curso a revistámo s e : E ran los-pem tiistas que_comen- zaban a corrxpxend e r la r a zón p r ofunda de la caída del rér~ .¿im e n en 1955; eran jóvenes radicales que com enzaban a
democracia y de las reivin dicaciones sociales; eran historia- dores que in tentaban escapar a la antinom ia revisionismo- lib'eralisrrio: eran em presarios que sabían ya por experien cia que sólo podrían colm ar , sus, aspiraciones en^el marco .jdeÍ^ovIm IeS 5~ñacionar’. .Á esta enum eración, agrega Real con justicia los nom bres de %§Ia_bm í . O rtiz y A rtu ro ,Ja u - ^ retche, de cuya participación en la revistadm e he ocupado en ‘‘El estudio de la historia como base de la acción política del pueblo”. Del mismo origen procedía José M aría Rivera, a cuyo cargo estaba la sección economía.
Esta conjunción de esfuerzos no presuponía una coin cidencia absoluta sobre todos los problem as que enfrenta-' ba la A rgentina de 1957. La heterogeneidad del origen de quienes irían a c o n stitu ir. el núcleo del movim iento nacio nal, para plasm ar el F rente, hacía necesario red u cir a p u n tos fundam entales las coincidencias. A p a rtir de ahí se abría un laboratorio de estudios que debería poner en práctica
solu cion es concretas, objetivam ente viables, para los acu
ciantes problem as de la hora. Cada' solución parcial debía contener, al menos en germen, una facultad liberadora. É sta sería la obra del gobierno; en el camino hacia el po der era absolutam ente necesaria la mayor, claridad posi ble, p ara poder avanzar luego con la efectiva retag u ard ia del movim iento nacional. Tanto más cuando el mismo se presentaba, en térm inos de F ren te electoral, a través de las candidaturas de la UCRI, es decir de un partido que asumía la responsabilidad de ser la herram ien ta ú til para la liberación nacional. J t u comp romiso e ra lu c h a r a favor del desarrollo económico, la legalidad p ara todos, y la paz social. Sobre esos parám etros debía cum plirse la acción de gobierno. Vistos en perspectiva aquellos acontecimientos, puede concluirse que tanto los discursos y m ensajes de Frondizi, como la prédica de la revista Qué y aún la cam paña electoral, definieron con claridad qué y cómo se tra ta ría de actuar. Ese mismo estilo de veracidad, se m an tu
vo a lo largo de los 4 años de gobierno. Asi lo m uestran, po r un lado los m ensajes presidenciales, dados en cada ' oportunidad que el país se encontraba an te una encruci jada; por otro, la actitud que asumimos dentro y fuera del gobierno para que quedara clara la posición del desarro- llismo. extrem o en el que nada se hizo sin previo acuerdo con el Pi’esidente. Los docum entos y los testim onios pe riodísticos lo m uestran, sin que por ello se evitaran las repetidas acusaciones de duplicidad que se nos form u
laron.
-L a clave del éxito electoralvla en cuen tra Real en la posición doctrinaria- asumida, no obstante aquella hetero
geneidad de elementos que in terven ían en Qué: “ t , . e n sus posiciones doctrinarias, p artía de la realidad p a ra arrib ar a la necesidad nacional”. Esa prem isa puede ser aplicada a la actualidad. Es necesario que partam os nuevam ente de la realid ad para que nos encontrem os juntos dando res puesta a la necesidad:nacional. '
-Tiene que ser juntos, porqüe la historia inm ediata nos ha reiterado que el movim iento nacional cae derrotado cuando sus integrantes se dispersan y aíslan, cuando no al canzan una g erm ina1 expresión orgánica pero tam bién no aciertan a seguir un program a que sirva a los reales in tereses dé la nación y del pueblo. P a ra reco n stru ir el F ren-
té h ay que pasar por encim a de las form alidades que en la actualidad vician la representación oficial de sus compo
nentes. Tam bién es necesario dotarlo de u n a acertada polí tica de realizaciones a p a r tir del justo diagnóstico de la cri sis por la que atravesamos.
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de la economía, especialmente siderurgia y energía, fue de rribado del gobierno. En 1958-62, se cumplió una enérgica política destinada a integrar la economía comenzando, pire- cisam ente, por sus sectores básicos. Se alcanzó el autoabas- tecim iento petrolero, se aum entó en un 50 % la generación eléctrica, se inauguró el prim er alto horno de Somisa, se logró la colaboración del capital ex tran jero a p a rtir de ha-' | ber suscitado nueva confianza_en el país en los centros de lá'lS ñañza m undial, se instaló .la in d u stria autom otriz, se" trazaron nuevos caminos pavim entados, comenzó la rees tructuración ferroviaria y~la racionalización adm inistrati- "vá, se alentóla^pfóH ucciónlagrqpecuária y se dotó al campo de m aquinarla e im plem entos de fabricación nacional, se multlplicó-jeLüso de p laguicidas y fertilizantes, se erigieron . las b ases dé lá petroquím ica. Cuándo el país estuvo lanzado a estas grandes realizaciones fue abatido el gobierno desa- rrollista. El F ren te nacional se había disgregado nuevam en te arrastrad o por; consignas derrotistas en las que coincidían derechas e izquierdas, populistas y liberales.. E n medio de estas alternativas, Perón procuró aten u ar la oposición de
sus partidarios. No tuvo éxito," quizás porque aún creía, en >4 1962 y en 1963, que había lugar p ara u n ensayo alternativo.
Por o tra p a rte la falta de una doctrina coherente im pedía el alineam iento correcto de dirigentes librados a intervenir
en u n a lucha a la que los conducía oblicuam ente el enemi- - .
go nacional. ;3 ; -y':
, E n la década que va de 1963 a 1973 n o sólo se altern a ron en la conducción populistas y liberales, sino qlie quedó
agotado todo el esfuerzo de inversión y cambio estru ctural ; ' realizado en tre 1958-62. Tam bién en ese período se desen
volvió el cicjp.-dej.as desnacionalizaciones, dur a n te el cual el cap itaL ex traniero en lu gar de~seFulHízado p arff,jnu.exas.„ inversiones_.en aquellos sectores para los cuales no hay_re-,
cursos nacionales ni elem entos técnicos"suficientes, se em -_ ;
pleó en la adquisición de paq uetes accionarios,
vendidos-a--m
un p recio doblem ente einvileeido por la-debilidad-de la em p resa naciónaTy pór la desvalorización de n u estra m onada.
Ya en 1973, todas las posibilidades populistas estaban agotadas, en la-m edida en que ta l política consiste en es tim u lar el consumo dentro de la actual estructu ra produc tiva. Lo que era trabajosam ente factible en 1930, lo que podía hacerse en 1945, arrasando con las reservas forzosa m ente acum uladas por el país d u ran te la gu erra m undial, lo que ya significaba el retroceso del país a p a rtir de 1952, acelerado en todo este proceso por el deterioro de los té r minos del intercam bio, ya no tiene m argen de operabilidad en 1976. Su consumación conduce inevitablem ente a la de
propagandística se lanzó la consigna de la “inflación cero”, a p a rtir de la congelación de- p re cios y salarios, con su se cuela de des a ^ jg g im Íe a to .,^ n £ X C ^ ^ n e g ^ r ^ u ina' d e las em presas y rápida pérdida del,.v_alQl., adquisitLvo..-.dellos salarios..: P or ese camino, el estallido inflacionario no tardó en aparecer a la superficie. A l mismo tiempo- se redujo la inversión h asta llegar a la actual tasa negativa. Un recurso menos im aginativo, propuso com pensar la debilidad del m ercado interno con la producción in du strial subvencio nada p ara la exportación. De esta m a n era.se incorporaron m ás rubros a la transferencia al ex terior d e! trabajo barato argentino, con beneficio para las m ultinacionales.
Como ya venía ocurriendo históricam ente, ,1a altern a tiv a p ara ex populismo se BuSüó en el ariíeñaT aéT lib eralís^ ^ ^ n p tfu é " en definitiva s£ 5 p á y a ^ e ñ la m ism a“prérhísa"(íe
m an ten er iñtocado eT ap arato ^ jd u cIi^b rc T aró eií~que em ~ t onces se procura robustecerlo restringiendo el consumo. E sta distinción desaparece en las sucesivas experiencias ac- f
tuales, ya que, bajo Una política u otra, ha ido retrocedien do la participación del sector trab ajo en el producto. Al final del camino está, de todas m aneras, la creciente, deso c u p a c ió n v la.quiebra de la em presa nacional.
P ara salir del estancam iento, que en . la actualidad es ya franco retroceso, no hay otra posibilidad que em erger, rápida y drásticam ente, de la estru ctu ra del subdesarrollo económico. Esto significa u n cambio concientem ente im
pulsado. Sobre cómo se procede a llevarlo a cabo, y a hemos escrito y dicho repetidam ente n u estra form ulación. E l lee- ■ to r la encontrará expuesta asimismo en este libro, ta l como
de la Nación. Los que se refugian en las oficinas internas y externas de los usureros, en ios despachos'de la im por tación de productos básicos, en las agencias que colocan en el exterior los productos de una A rgentina que no tiene fuerza p ara negociar sus precios. Este es un grupo peque ño, pero sóio la fuerza de todo el pueblo puede quebran tarlo. P orque su persistencia es lo que hace indispensable una genuina revolución que deben hacer las naciones con tr a aquellos que lucran, como quistes extraños a ella, con su dependencia y su subdesarrolló.”
La lección de-historia que enseñan los últimos sucesos y todos los que tran scu rren desde 1962 hasta la fecha, está contenida de alguna m anera en el trab ajo de R eal..S u aná lisis, form ulado desde la visuaiización de Un m ilitan te de la izquierda que com prende que ‘‘el m eridiano que separa ■/-'a las fuerzas-¿n-pugna_£s lo n ad o n al ” v qu^hatroH ücir“en ' el movimiento nacional “la antinom ia izquierdá-dérecha, significa la ru p tu ra del fren te n a cional”, se hace válido pa ra, todos, procedan de donde procedan. P or eso nos parece tan ú til su lectura. Al reed itar sus páginas pensamos que - -prestamos u n servicio al M ovimiento Nacional, es decir a
la superación de la dicotomía izqu ierdas-derechas'. Es claro queTpara quienes m iran hoy el- problem a argentino^ desde las ciudadelas de sus_j¿eoIogías_que pasan por altb~la reali- _dad.-constitu irá una dificultad acercarse a :la palabra de quien rechaza todo el sectarismo con que la; izquierda h á ~ bía logrado ' penetrarlo. A lenfem oF lá"esp eran za ;de que otros, como"R’éai á^sú'túrno, encuentren en la experiencia histórica, hecha doctrina m ilitante, el camino h acia el ge nuino cambio revolucionario que reclam a nuestro país en
'esta hora. .
PROLOGO A LA PRIMERA EDICION
Las páginas que se van a leer debieron ser publicadas en las vísperas de las elecciones del 23 de febrero de 1958. Pero, por lo que ellas tenían de crítica hade partidos y grupos que concurrían en ese momento a ensanchar la conjunción nacional que luego triunfaría, no ló creí oportuno; quedaron, pues, en carpetadas, en forma de notas sin unidad ni redacción.
Ahora, después del golpe de Estado del 29 de marzo de 1962, pienso que su publicación es un deber y una necesidad. Un deber porque la experiencia que he extraído de estos trein ta y tantos años de vida política no- puede permanecer inédita, pertenece a mí pueblo. Una necesidad, porque los errores que se remontan a los días que precedieron al 6 de setiembre de 1930 —y que tenían ya como anteoedentes los que se come tieron desde 1916 a 1922— se repetían, a veces con idénticas modalidades, en lo que va desde febrero de 1958 a marzo de 1962. Exponerlos con rigor crítico —y autocrítico en lo que a mí respecta— puede ser de alguna utilidad para los que ahora llegan a la arena política.
:
c/ue muestra cí repetirse de las actitudes en las distintas
En estas páginas procuro superar esas limitaciones; esm bo no, como testigo, sino como actor de los sucesos. Corno actor, en la medida en que me cupo alguna actuación, par menguada que fuera, señalo mis errores, siquiera ellos fueran producto de los errores del partido en que militaba. Esto último no podría significar una disculpa; los errores o se comparten o se
com-, --- —--- - -
---baten.
Es mi intención mostrar a la juventud combatiente —nacio nalista, peronista o de izquierda—, y lo haré con insistencia ma chacona-, cómo en cada etapa de nuestra historia reciente en que un movimiento ele extracción nacional y popular llega, de una u otra manera, al poder, y cualquiera sea la forma exterior en que se manifiesta, se produce una conjunción —que parece ser |
espontánea— éntre “izquierdas” y “derechas”, que al fin provoca
la caída del movimiento y restaura a la oligarquía antinacional .¡
en el poder. Es lo que llamaré una constante de la historia de estos últimos treinta años.
Trato de evidenciar que esas actitudes no son casuales ni episódicas. Que la “izquierda” enfrentara con igual violencia a Irigoyen, a Perón y a Frondizi; que el doctor Palacios-haifa-cxigído~a~sülmñpo, Ia renüñciá de Yrigoyen, de Perón y de. Frondizi; que el doctor Sánbiártino mantuviera una misma y enconada posición frente a estos TvesXíd&res y gobernantes; qué la llamada “derecha” confluyera, desde otro ángulo y con otras motivaciones, al misino objetivó, son hechos demasiado persis-icnfercoñuT^m-a calificarlos de fortuitos.
■%*' Al acentuar las críticas a la izquierda, no pretendo invalidar su aporte al movimiento nacional; no creo que sus errores pa sados la incapaciten para incorporarse a él y pi'estarle su com-batividacl; $J movimiento ¡uicionaljjo puede ser excluyante: sinfL- ¡ integrado!'. - Pues lo que aquí critico no son sus doctrinas —en una de las cuales m e he formado y a la que debo todo lo que
soy— ¿lino su falencia doctrinaria, la violación o la ignorancia -
ele los principios rectores. Pero creo también que sólo bajo el fuego de la orifíca le será posible a la izquierda- superar los
ermres~q¡i"e la llevaron siempre a prestarse ai juego ¿le la olí^"
jarquía. ■■■. { . " ' ~ ^
E l movimiento nacional será siempre heterogéneo por su .
composición social y ' poJxtica, pero~7iomogéneo en cuanto se retiñe en fómcTcte un programa común. Introducir en él la 'ahtinomia'Izquíerda-derécKa^ significa la ruptura del frente
nacional. Lo mismo dígase del intento de encajar en eltrans-, curso .del, movimiento el esquema , clericalismo-laicismo. Ya jd g ú n autorjpretendió negar sentido nacional y popular a la revol^ucISñael 90 por, la presencia de la Iglesia u del yartido católico ^^eTcon^oñ'íef^dG ^diñgeM e; no podía ignorar que también'estaba állí ei liberalismo, la juventud avanzada, todo lo que luego constituiría la Unión Cívica Radical y el Partido Socialista. No es ésta la debilidad de un movimiento nacional, es su virtud, su fortaleza. No se concebiría en el Medio Oríen'-- te, en Marruecos, en Argelia o en Chipre Un movimiento na
cional “laico”. Pero, desgraciadamente, o tal vez1 precisamente . por eso, lo que se acepta como lógico para otros países no se
admite en el nuestro.
no para sustituirla.
En fin, no necesito decir que recibiré con agrado todas las críticas. En cuanto a eso que ya no es crítica, no sé qué se podría decir más de lo que se ha dicho; estoy preparado.
Estas páginas son, en cierta medida, autobiográficas. “Pars parva fui”; yo también fui parte activa en los sucesos que aquí se estudian. No soy inclinado a aceptar lo que se ha dado en llamar “g en era cio n e sA d m ito , por ahora, qiie pertenezco a la generación del 30, aunque comencé a actuar en el movi
miento social-algunos años antes. ' ' ■v
Mí padre fue peón de estancia; mi madre servía con una familia de estancieros tradicionales. A comienzos de este Siglo vinieron a la ciudad, donde mi padre se transformó en obrero ferroviario. El aspiraba a que tocios sus hi<jos estudiaran, pero no fue posible. Todos comenzamos a trabajen' desde niños. A los nueve años fui lavacopas en un almacén.
Trabajé -en el ferrocarril desde los diez años. A los trece, ya ayudaba a atender la biblioteca de la seccional de: la Unión Ferroviaria; allí, más que leer, devoré libros, ansioso de llenar el vacío qué dejara mi escasa asistencia a la escuela primaria. La literatura social, donde se mezclaban autores anarquistas, socialistas y comunistas, me condujo al movimiento obrero revo lucionario. Después de un breve paso por e l‘Partido Socialista, ingresé a la Federación Juvenil Comunista.
No creía que la solución viniera del frondizismo, aunque-miraba con cieña simpatía su nueva posición ante la revolución libertadora. Para mí, el punto de partida de, toda política va ledera era la comprensión del peronismo; de sus orígenes, de su desarrollo, de su caída; no habría salida contra o sin <el pero nismo. Por eso, seguía con atención, no exenta de críticas y reservas, la posición de la revista "Qué” y de Rogelio Frigerio. No me aoerqué, sin embargo, a ella, ni le presté colaboración.
Pero dos hechos, para m í muy importantes, m e decidieron. .
Uno fue la actitud de la revista ante las elecciones de julio de 1957, que toaos apreciaron como una derrota de la nueva polí tica de Frondizi. El editoiial dé la revista demostraba que en los resultados electorales estaban ínsitas las bases*del frente nacional; reunidos los votos adversos al curso de la revolución libertadora y a las intenciones de la Convención Constituyente, constituían la enorme mayoría dél país. Otro fue el artículo de Frigerio sobre el problema agrario.
Hasta entonces, todos creíamos que el nudo de nuestros problemas era el agrario, y su remedio la reforma agraria. Fri-gério introducía el problema agrario en el complejo total de nuestra economía; tomaba la empresa agropecuaria como una empresa más, y señalaba que sus debilidades eran las de toda ¡a economía del país. Si no se procedía al cambio de estruc tura, comenzando por la constntcción de la industria pesada, no habría solución del problema agrario. Esta no consistía, pues, en el fraccionamiento o “reparto” de la gran explotación —con la consiguiente difusión de la pequeña propiedad—, sino en inyectar a la empresa agraria —grande mediana o pequeña—, las conquistas de la técnica y de la ciencia; en una palabra, consistía en elevar la explotación agropecuaria al nivel de em presa capitalista.
195S. Voté par esa conjunción, pero no lo hice atribuyendo a Frondizi el “programa- de Avellaneda”, como lo hizo toda la izquierda. Si. se partía del punto en que el peronismo había dejado la evolución económico-social del país,, el programa de Avellaneda o era una fantasía, o era pura demagogia. Ya esta ba superado. En las páginas que siguen intento demostrarlo.
La- caída de Frondizi no invalida la política de frente nacional, confirma su- vigencia. Tengo la seguridad de que, cualesquiera sean los accidentes circunstanciales que la em baracen, esta política prevaleoerá. Ella está dictada, por una necesidad nacional en esta etapa de nuestra historia.
A esta política de frente nacional la veo desde el punto ele vista de los intereses de la clase obrera. -La historia del movi miento obrero argentino la señalan como la única que puede colmar la s aspiraciones inmediatas de los trabajadores ¡y abrir, el cauce hacia conquistas más avanzadas. Por eso espero que los dirigentes obreras hallen retratada en estas páginas su pro pia experiencia. E ll a le s indicará e l c a m in o acertado.
Capítulo I
1943-1946. E L PERONISMO. ORIGENES.
\ ■ ' ■
El 4 de junio de 1943, sorpresivamente, un movimiento militar que partió de Campo de Mayo, terminaba con el régi men instaurado por el golpe de Estacjo del 6 de setiembre
de 1930, “legalizado” en 1932.
i-Cuando se creía que ya era por demás difícil recobrar el poder píira el pueblo; después que el partido popular más numeroso —el radicalismo— había'ensayado la abstención, la conspiración y, por fin, la. concurrencia, sin que lograra por ningún medio quebrantar el poder de la oligarquía; cuando ésta, después de remontar la crisis de 1930 modelando a su imagen y semejanzaj vale decir, de acuerdo a sus intereses, la economía del país, se aprestaba a imponer la continuidad del régimen en la candidatura de Robustiano Patrón Costas, este movimiento militar resultó sorpresivo, inesperado.
No era el de la revolución el camino que habían escogido los partidos opositores al régimen, era el del comicio. Algunos de ellos comenzaron a aceptar la idea de una unión democrá tica —así se la llamó ya entonces— para enfrentar la candida tura conservadora, y trabajosas gestiones se realizaban1 cuando eStalló el movimiento. .
1 Fui detenido precisamente cuando estaba empeñado en estas ges tiones, en enero de 1943, kl salir de la Casa Radical, y ya no recobró la libertad hasta agosto de 1945. D e ese tiempo, pasé dos años en la
cárcel d e N cuquén.'
De modo que éste sé introdujo por en medio de las dos principales comentes políticas de entonces; el oficialismo, con tinuación de la Concordancia (conservadores y radicales anti personalistas), por un lado, y el resto de los partidos (radicales, demócratas progresistas, comunistas, socialistas), por otra. En tre una y otra pasó el movimiento del 4 de junio, y se declaró independiente de ambas. No era conservador, puesto que se ñaló en su manifiesto inicial el peligro de que se repitiera, en las próximas elecciones, un nuevo período del régimen; no era radical, aunque muchos lo creyeran al .principio, por la presen^ cia en sus filas de algunos oficiales de aquella tendencia.
Era otra cosa, no cabía en los moldes tradicionales. No era el golpe conservador del 6 de setiembre de 1930, aunque aparecieran en primera fila algunos oficiales que habían par ticipado en aquél: Perón, Sosa Molina, Silva, etc. No era tam poco el clásico levantamiento radical de antes de 1912 o de después de 1930. Era otra cosa. Era esa nueva corriente que, apoyándose, en el pasado, inaugura la época que vivimos.
Desde entonces, fcuántas tentativas para desalojarla del poder, aun para borrarla de la escena política! A veces, su es trella pareció declinar, como en los días del 8 al 17 de octubre de 1945; a veces, se la vio en la pendiente de la derrota, como en los días de noviembre de 1945 a febrero de 1946, cuando frente a ella se reunieron todas las fuerzas tradicionales. Desa lojada del p oder. después de 12 años, se obstina en perma necer allí, en un rincón o en el centro de la escena, pertur bando el sueño o excitando la imaginación de quienes1 creyeron sepultarla de una vez y para siempre el 16 de setiembre
de 1955. ■ . ; - ; • ■
1. SEGUNDA PRESIDENCIA DE YRIGOYEN. EL 6
DE SETIEM BRE DE 1930.
“Tintas las manos de sangre obrera” derramada durante la Semana Trágica de enero de 1919 y en los hechos de Santa Cruz de los años 1919 y 1920; señalado ante el país como: la más repudiable muestra de inmoralidad administrativa, dejaba Hipólito Yrigoyen la presidencia de la Nación el 12 de octu bre de 1922. El país veía declinar la estrella del caudillo, del
último caudillo \ del último dictador2, oscurecida por el nuevo astro que aparecía en el firmamento radical: don Marcelo T. de
Alvear. / . .... ; ,
Lo recibieron con. palmas izquierdas y derechas, que de consuno habían ¡ combatido tan tenazmente la obra de Yrigo yen. “Había una incompatibilidad psicológica, social y espiri tual entre Alvear, gran señor porteño, y el ambiente, que rodeaba a Hipólito Yrigoyen y que animaba a su partido. En efecto, él, expresión cabal del sector patricio más encumbrado, era un aristócrata perfecto y refinado por su temperamento, su familia, su tradición, sus gustos y ¿us sentimientos.. . Su modestia y pudor aristocrático, contrastaba con la egolatría"
• • • .. ' ' • . ‘ ~ . s • \ ,
1 Carlos Sánchez Viamonte: E l últim o caudillo. Ed. "El País”,
Córdoba, 1930. . ' •
2 Benjamín Villafañe: Yrigoyen, el últim o dictador. Moro, Tello y Cía.,, Buenos Aires, 1922. La segunda parte lleva el título, bastante expresivo, d e Degenerados. Tiem pos en que la mentira y el robo engen
anormal que dominaba én los documentos de Hipólito Yri g o y e n ...” 1
“Las responsabilidades y la dignidad de quienes gobiernan, exigen de éstos un temperamento adecuado y una cultura su perior. Necesitan mostrarse, por su serenidad, sobrepuestos a todo sentimiento inferior o simplemente v u lg a r... El presi dente Alvear respondía plenamente a los atributos que dejo enunciados. No cumplió ni pretendió realizar la obra de un estadista genial, pero gravitaron sobre su acción tres o cuatro grandes principios fundamentales, que cumplió siempre con gran firmeza y sin jactancia.” 2
El gobierno de Alvear, con estos antecedentes y este res paldo,TrañiEü7n^ mayores alteraciones, sin introducir en el curso dé la'economía y de la vida social ninguna modificación. Pudo hacerlas,' á favor de la recuperación de la economía mundial, de la que el país se benefició ampliamente con n u tridos saldos en su comercio exterior. Pero, liberal por anto nomasia, consideraba normal y lógico el estado de dependen cia “benigna” de nuestra economía y no estimaba necesario alterarla, como lo estimaron1 el demagogo que lo precedió en el gobierno y los demagogos que le seguirían años más tarde: Pero 110 todos compartían el sentimiento de que este go bierno estaba sepultando al yrigoyenismo. Promediando la ad ministración Alvear, un grupo militar se organizó en la '“Logia , San Martín”, cuyas finalidades eran: a): hacer la guerra 'sin cuartel a la política de Hipólito -.Yrigoyen; b) confinar ó sepa rar de las filas a los militares simpatizantes del yrigoyenismo; c) hacer propaganda dentro del Ejército para dar un. golpe de Estado, evitando el resurgimiento del radicalismo yrigóyenista.3 “Asegurada ahora la acción desde las esferas superiores del
1 Carlos Ibarguren: La historia que h e vivido. Ed. Peusei-, Bue
nos Aires, 1955, págs. 3 4 9 /3 5 0 . ■ ’ .
2 Nicolás Repetto: Mi paso por la p olítica. D e Roca a Yrigoyen. Santiago Rueda, editor. Buenos Aires, -.1956, pág. 245. . •
v. 3 Teniente coronel Atilio Cattáneo: Plan 1932. Las conspiracio
nes radicales contra el gobierno del general Justo: Editorial Proceso,
■
Í
1911&1
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gobierno, la Logia .procuró y consiguió llevar sus núembros
más calificados a ocupar los cargos de mayor responsabilidad • del Ejército.” 1
V t* • '%'& Las aprensiones de la Logia se justificaban. Ni la repre-
sión obrera de la Semana Trágica ni la de -Santa Cruz —ciue - leníáñj^fodos lo reconocen ahora, su reverso en la primera, ten
tativa ~flé~Ig^5fagTon~social y de ejercicio de una amplísima democracia—, ni los “escándalos” y “negociados” que denuncia ran en incontables intervenciones parlamentarias Matías Sán chez Sorondo desde la derecha y don Nicolás Repetto desde la izquierda, fueron bastantes para restarle popularidad al viejo caudillo. Los comicios del 1? de" abril de 1928 consa
graron, por segunda vez, presidente de la República a Hipó- , , lito Yrigoyen. Obtuvo 838.353 votos frente a 414.026 del “frente
único” de los partidos, de derecha; los “dobló”, como se decía entonces. Los caudillos ‘'bárbaros” que rodeaban a Yrigoyen . decían: “Dios es criollo y radical”, y los “cultos” lo creían un
iluminado, tocado por ;la mano del Señor. ''-I
Inmediatamente se. inició la conspiración. Desdé la dere
cha, comenzó a actuar un grupo desprendido del conservacloris- ^ ; mo tradicional, ese mismo que ahora actúa como nacionalismo
aristocrático e hispanista. “Esos núcleos de juventud sentíanse
disconformes con nuestro régimen individualista que íomen- . taba la anarquía en una época en que el clima de la sociedad
sufría grandes conmociones en el mundo. En Francia, cuya
cultura y mentalidad ejercía poderosa influencia entre nosotros, ■' la acción y prédica del gran político y nacionalista Maurras .. v y de la Action Fran§aise.: . ., provocaba revuelo en esos mo
mentos, lo que atrajo aquí profundo interés en muchos jóvenes seduciéndolos... Ejercían también influencia las ideas difun
didas por Mussolini.. Imbuidos de esta ideología, agrupá ronse jóvenes unidos por el mismo vínculo espiritual resolviendo
i Juan V. Orona: Una logia poco conocida y la: revolución -dél'fs
fundar un periódico que se tituló Nueva República, redactado por Rodolfo y Julio Irazusta, Ernesto Palacio, César Pico, Juan E. Carulla y otros mozos procedentes del chispeante y agudo diario La Fronda, y que dirigía su propietario, mi que rido primo Francisco Uriburu, y que era cuartel general del antiyrigoyenismo.” 1
El grupo, además de su vocero periódico, constituyó una organización: la Liga Republicana. “Cierto día, al comienzo de 1928, decidí visitar al general Uriburu, a quien me unía alguna am istad.. . Aparte de saludarlo, me animaba otro pro pósito: el de conversar con él sobre la situación política" y social del país, que por ese tiempo.se abocaba a una segunda presidencia de Yrigoyen. Se mostró preocupadísimo ante tal posibilidad.. . A inspiración nuestra por un lado y de Roberto Laferrere y Daniel Videla Dorna por otro, surgió la Liga Repu blicana, cuya misión fue combatir al yrigoyenismo.
A fines de 1929 (Yrigoyen había asumido el mando el 12 de octubre de 1928) y comienzos del 30, antes aún de las elecciones de marzo de este año, ya existía una conjunción de hecho de los partidos y grupos opositores de izquierda y de derecha; eran punta de lanza, desde la derecha, el naciona lismo fascista, y, desdé la izquierda, el Partido Socialista Inde pendiente, “Había esclarecido al pueblo sobre los errores, abu sos y delitos del gobierno, al principio casi solo el Partido
Socialista Independiente por la voz de sus parlamentarios en el Congreso y en las grandes asambleas públicas a que con vocó al pueblo en el curso del año 1929 y en vísperas de las elecciones de marzo; después de éstas, la oposición robustecida en el Parlamento y en la calle por la conjunción de varios partidos de izquierda y de derecha, cuyos representantes en ambas cámaras —44— suscribimos el manifiesto .que nos unía en el propósito común de imponer el respeto a la Constitución
1- Carlos Ibarguren: Obra citada, pág. 387.
2 Juan E. Carulla: Entretelones de la revolución de 1930. Revista de Historia, citada.
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y la ley Sáenz Peña y restablecer el.orclen subvertido.” 1 E í_ ' punto número uno de la plataforma con que el Partido Soria -lista Independiente fue a las elecciones de marzo de 1930, éra~pforno ver el juicio político a l ^ r e síHeñté~'de la República.
La ola antiyrigoyenista arrastró, al mismo Partido Comu nista, que, como en seguida veremos, tenía motivos más que importantes para salvar de la maniobra oligárquica a esa parte, por pequeña que fuere, del proletariado que le seguía: “En la dirección de nuestro P a rtid o ... apareció la idea de que el peligro del gobierno fuerte venía ta.m"bién del lado del yri goyenismo . . . ” “En consecuencia, si bien la influencia de nues tro Partido sobre las masas no era suficientemente fuerte como para poder decidir en la situación, lo cierto es que no hizo todo lo que pudo haber hecho para alertar y movilizar a las masas contra el peligro inminente del golpe de Estado.”' “En efecto. en agosto de 1930, pocos días ,antes del golpe de Estado, se j decíia que *El,J ¿ p icrno de Yrigoyen’ es el gobierno de la reac- ción capitalista, como lo demuestra su política represiva, reac cionaria, fasfcistizante, contra el proletariado en lucha. contra~el cual aplica cada vez más los métodos terroristas.” 2
Aquello? poderosos motivos eran nada menos que unas indicaciones bastante precisas, contenidas en las tesis sobre el problema nacional aprobadas por el VI Congreso de la Inter nacional Comunista, en las que había una referencia muy posi tiva acerca del gobierno de Yrigoyen. Pues bien, esas tesis y esa referencia fueron objetadas por el representante del par tido en él Congreso'Latinoamericano celebrado en 1929 en
Buenos 'Aires.' “La delegación argentina cree necesario atem perar el párrafo de las tesis para América* latina que se refieren al yrigoyenismo. En ellas se dice que el triunfo de éste significa.
1 Roberto F. Giusti: La stiblevacwn civil y m ilitar de 1930. Re vista de Historia, citada.
Esbozo de historia del Partido Comunista de la Argentina. Edi
torial A nieo^B ueños Aires, 1947, pág. 70. “
37
‘ y.’."
la Regada de la’burguesía industrial al gobierno.” 1
El movimiento estudiantil y, desde luego, Tos más notorios . maestros de la juventud, entraron en el movimiento que ya se proclamaba en las calles con la decisión y empuje que los caracterizan. “Jóvenes de la Liga Republicana, de la Legión de Mayo y de la Universidad, irrumpían en la calle Florida y en la Plaza de Mayo protestando clamorosamente y exi giendo la caída del mal gobierno.” 2 El día 3 de setiembre de 1930, los estudiantes habían realizado un mitin frente a la Facultad de Ciencias Médicas. El éxito les animó a convocar otro para el día siguiente. Abrió el acto León Tourrés, presi dente del Centro de Estudiantes de Medicina y representante de la F, U. A, en el núcleo corispirador que se reunía en el diario “Crítica”, presidido por el" líder conservador Rodolfo Moreno. Lo cerró Raúl ü r anga; a.mbos abundaron en ataques y epítetos contra Yrigoyen, y aun en .expresiones muy perso- _
Analísimas e intimas. : ,
Partió de allí una gran manifestación, a la, que iban agre gándose todos los elementos opositores. Marchaban gritando:, “¡Democracia sí. dictadura nol”: “iQué renuncie! “[Muera el mazorquero!”; “¡Abajo la mazorcal” 8 Al llegar cerca~^e~1ií''
Casa 3 e~üobierno se produjo un choque con la policía y murió el estudiante Juvencio Aguilar, que luego resultó ser un em pleado de comercio que estaba allí casualmente. Desde allí' ganaron la calle Florida y llegaron hasta “La Fronda”, a la que aplaudieron calurosamente; cosa que debiera sorprender en aquella muchachada reformista,, pues aquel diario era la fortaleza del nacionalismo aristocrático y reaccionario. Ya
ve-1 Discurso de Paulino González Alberdi, en E l m ovim iento revo
lucionario latinoamericano. Editado por la revista- “La Corresponden
cia Sudamericana”. Buenos Aires, 1929, pág. 146. 2 Carlos Ibarguren: Obra citada, pág. 377.
3 Llamábase mazorca o “klan radical a grupos de partidarios que, boina blanca y a veces montados a la criolla, defendían las manifesta ciones radicales y también atacaban a las no radicales. Lógicamente, si él presidente de la República era la prolongación de Rosas, sus parti
darios debían ser, por iuerza, mazorqueros. , ' ;
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remos repetirse estas actitudes más tarde una y otra vez. Vuelve la manifestación hacia Avenida de Mayo y se enea mina hasta “Crítica”, cuartel general de la conspiración, desde v cuyos- balcones hablan Antonio .de-JTomaso —socialista ,inde- ^ pendiente que luego sería ministro de Justo—, Augusto Bunge; Roberto Noble, Rodolfo Moreno —el más eficaz parlamentario conservador— y el estudiante Raúl Urahga. D eTom asa dice: “Se h ace: necesaria la pronta renuncia del señor Yrigoyen o habrá que sacarlo violentamente de la Casa Rosada.'’- Rodolfo-. Moreno: "Hay que prepararse contra el yrigoyenismo, pues nosTTa declarado la guerra. Yrigoyen y sus secuaces han de jado de ser argentinos para convertirse en infaméis traidores a la patria. ¡Abajo la dictadura! Carguen lás armas al brazo y téngalas listas.”. Raúl Uranga dijo que Yrigoyen era un “caudillo. senil y bárbaro?’"r ~
' Sensible a estás manifestaciones de la juventud estudiosa, el' doctor Palacios, a : la sazón decano de la Facultad de De
recho y "Ciencias Sociales, exigió la renuncia de Yrigoyen. Y
llevó al decanato una resolución cuyo punto segundo decía: “Asiunir como propio el imperativo, enunciado en forma, inde,-• clinable por la conciencia juvenil, de exigir la renuncia del presidente de la República, señor Hipólito Yrigoyen, y la inme- , diata restauración de los procedimientos democráticos, dentro dé las normas constitucionales.^ Firmaban la resolución, ade
más' .de Palacios, los secretarios ad hoc Julio V. González y
Carlos Sánchez Viamonte.5 '
Y, cósa poco menos que inédita hastá hace pocos años, fueron estas manifestaciones estudiantiles las que vencieron las
'J ñ
i. ..
1 Tomo esta, crónica de un libro poco conocido, pero muy inte-resante. J. Beresfqrd Crakes, 533 días de historia argentina. 6 d e sep
tiem bre d e 1930-30 (sic) d e febrero de 1932. Imprenta Mercatalli, Buenos
Aires, 1932. \ '
2 Alfredo L.' Palacios: La universidad nueva. M . Gleizer, editor. Buenos Aires, 1957. D e esta edición del libro de Palacios me tocó com-poner en. la linotipo algunas partes. No dejó de asombrarme el orgullo con que este maestro de la juventud recordaba estos hechos.
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dudas del joven oficial Juan Domingo Perón. Había concurrido a las primeras reuniones celebradas por el general Uriburu, acompañado por el mayor Sosa Molina, capitán Franklin Lu cero, mayor Angel Solari y algún otro. Había escuchado la exposición del general Uriburu en el sentido de una modi ficación ele las estructuras democráticas hacia el sistema corpo rativo. “En fin, a pesar de mis ideas y de que éstas no estaban en.todo de acuerdo con los circunstantes y especialmente con el general, debido a mi edad y jerarquía convenía, por ser la primera reunión, una prudente abstención y un silencio cir
cunspecto.” 1 i
En los días subsiguientes, sus vacilaciones se transforma ron en seguridad, y terminó por apartarse de la conspiración en marcha. Pero el día 4 de setiembre, a invitación del teniente coronel Descalzo, concurrió a otra reunión. "En esta reunión existió un acuerdo absoluto en las decisiones; todos pensá bamos que lo peor que podía hacerse era entronizar tuna/'dic tadura militar, que sería" combatida en absoluto por la Nación e n te ra ... De manera que la única salvación era el pueblo, y muy especialmente los estudiantes, así como también la
Legión de Mayo.” v .
Obvio es decir que, . con estos antecedentes, eL capitán Perón resultó luego una víctima de la revolución que él había ayudado a entronizar, conforme al testimonio de su adversario en el gobierno, general José María Sarobe. Pero, como poco» jde los que participaron_en aquel golpe de Estado, tuvo la vaTeSHaT muchos años desp^és~ Y n' discurso memorable, de reconocer su error: “ Yo recuerdo que'~él~pfesidepte Yrigoyen ""fue el primer p7e^dente~^[ue defendió al pueblo, el primero que enfrentó~láTft¡éÍ5¿iFextranjeras y nacionales de la
oligar-1 Capitán Perón: Algunos apuntes en borrador sobrei Lo qu e yo v i de la preparación y realización de la revolución del 5 d e septiem bre d e 1930. Contribución personal a la historia de la revolución, Con una
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guía para defender a su pueblo. Y ío he visto caer ignominio samente por la calumnia y los rumores. Yo, en esa época, era ü ñ ’ jovcu y estaba contra Yrigoyen, porque hasta mí habían llegado'los rumores, porque ñó había nadie que los desmin
tiera y dijera ía verdad. Rodríguez. Jáuregüi se había robado él Consejo Nacional de ÉducaSSn;' el' señor CIáps~paíece que ^ j i tesayunaSa_con, durmientes de los ‘ferrocarriles del Esta~doV Renavídez era también otro ladrón- el señor Rodríguez Yri goyen era el que había hecho más plata en Buenos'Xii es con los pleitos dei gobierno; Óyhanarte era dueño de medio Bue nos Air,es. Vino la revolución V licTiaron abajo a Yrigoyen.. J o mrten preso en Martin García, hacen unas investigaciones
en las que le revisaron hasta los colchones a los que‘habían sido acusados de robo en el gobierno* y a ninguno se le pudo probar absolutamente nada. . . Esta lección debía ser terrible , para el.pueblo argentino. porquC ^espüés, cuando murió, todos decían ¡pobr e ' Viejol, y un 'millón, de- persob&á fue a acomga- fiarlo hasta el cementerio; un millón que faltó aquí, en la Plaza de Mayo, eí día de la revolución.” 1 ^
, Por fin, el día 6 de setiembre de 193.Ü..jmientr,as„-3L.Pueblo-^ trabajador y el Ejército p ermanecían inmovilizados, como para lizados, impotentes, desorientados, el general Uriburu, al frente del Colegio Militar y de un puñaclo de conscriptos, marchó hasta la Gasa de Gobierno y desalojó de allí al vicepresidente.. .... — ... ... — — v. ———t_r.__—__ t_. 1M , _ 1IU —_..<*■— Martínez, j en eiercicia-.330.r-Ja renuncia de H ipólitoJEriKQyJSn. Todo; el barrio Norte se engalanó cón banderas argentinas, y sus habitantes se lanzaron a la Plaza de Mayo, junto a los , estudiantes, los conservadores, los socialistas independientes. ^Una multitud “como jamás se ha visto en nuestra historia", al.decir dé los diarios, aclamó al general:Uriburu. .mientras al- gruios eocaUados asaltaban y quemaban losdíariosJ'La Epoca’’ y '“!5~Caíle” y.,ej_domicilio particular de Yrigoyen, arrojando a la calle sus muebles y papeles. hac;ienda.lueHo una pira im-
presionante. ’ 1
1 “C larín’, 9 d«‘ abril dé 1953.