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LA IMPORTANCIA DE LA ÉTICA Y LOS DDHH EN LA FORMACIÓN DE LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA MILITAR DE SUBOFICIALES “SARGENTO
INOCENCIO CHINCÁ
JUAN JAIRO LOZANO CARVAJAL YERIFE ANDREA PARRA OROZCO
Trabajo de grado como requisito parcial para optar al título de Magister en Educación
Director
TOBIAS RENGIFO RENGIFO Doctor en Ciencias de la Educación
UNIVERSIDAD DEL TOLIMA
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN MAESTRÍA EN EDUCACIÓN
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DEDICATORIA
A Dios todo poderoso que permite el paso del día y la noche, y así dar iniciativa y culminación de todos nuestros proyectos; a mi hijo Juan David maestro de mi vida que impulsa mi voluntad de todos los días, a mi padre Mario y madre Francia, referentes de lucha inalcanzable; a mis hermanos Mauricio y Mariana, apoyo inquebrantable en toda mi vida y mi ángel Jóse, quien creyó en mí e hizo parte de la culminación de este proyecto.
Yerife Andrea Parra Orozco
Total agradecimiento a Dios por permitirme culminar este proyecto en mi vida; a mi esposa Gloria por ser fuente de amor y dedicación; a mi hija Valentina motor principal de mi vida y por su apoyo incondicional.
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AGRADECIMIENTOS
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CONTENIDO
Pág.
INTRODUCCIÓN 14
1. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA 16
1.1 DESCRIPCION DEL PROBLEMA 16
1.2 FORMULACIÓN DEL PROBLEMA 19
2. OBJETIVOS 20
2.1 OBJETIVO GENERAL 20
2.2 OBJETIVOS ESPECÍFICOS 20
3. JUSTIFICACIÓN 21
4. REFERENTES TEÓRICOS 23
4.1 ANTECEDENTES DE LA INVESTIGACIÓN 23
4.2 FUNDAMENTACIÓN CONCEPTUAL 24
4.2.1 Formación ética 24
4.2.2 La Ética en la Formación Militar. 36
4.2.3 El Estado y la Libertad. 39
4.2.4 Ética y Vida Militar 42
4.2.5 Derechos humanos y Derecho Internacional Humanitario. 51
4.2.6 Pensamiento crítico y Formación Ética 61
4.3 TICs Y PROCESOS DE FORMACION 63
4.3.1 Las TICs en el Proceso Enseñanza Aprendizaje 68
5. DISEÑO METODOLÓGICO 76
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5.2 TIPO DE INVESTIGACIÓN 76
5.3 POBLACIÓN Y MUESTRA 77
5.4 TÉCNICAS E INSTRUMENTOS DE RECOLECCIÓN DE LA
INFORMACIÓN 78
5.4.1 La Entrevista 78
5.4.2 La Encuesta 78
5.4.3 Observaciones 78
5.5 ANÁLISIS Y PRESENTACIÓN DE LA INFORMACIÓN 78
6. PROPUESTA 86
6.1 PLATAFORMA INTERACTIVA 86
6.1.1 Modulo Teórico 87
6.1.2 Modulo de Evaluación 87
6.1.3 Modulo de Calificación 87
6.1.4 Modulo de Reportes 87
6.2 PRESENTACIÓN LA PROPUESTA 88
6.3 MÓDULO 1. DELIMITACIÓN DE LA ÉTICA 89
6.3.1 Sesión 1. ¿Qué es la Ética? 89
6.3.2 Sesión 2. Juicios de Hecho y Juicios de Valor 93
6.4 MÓDULO 2. ALGUNAS TEORÍAS ÉTICAS 96
6.4.1 Sesión 3. Hedonismo 96
6.4.2 Sesión 4. La Ética Aristotélica 99
6.4.3 Sesión 5. Utilitarismo 103
6.4.4 Sesión 6. La Ética Kantiana 106
6.5 MÓDULO 3. ÉTICA Y VIDA MILITAR 110
6.5.1 Sesión 7. Ética y Autoridad 110
6.5.2 Sesión 8. Estado/Libertad Individual 115
6.5.3 Sesión 9. Ética y Vida Militar 118
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7. CONCLUSIONES 140
7.1 SUGERENCIAS 141
RECOMENDACIONES 142
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LISTA DE TABLAS
Pág.
Tabla 1. Punto de Vista del Alumno 79
Tabla 2. Enfoque de la Ética 79
Tabla 3. Ejes temáticos 80
Tabla 4. Temas a Profundizar en Ética 80
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LISTA DE FIGURAS
Pág.
Figura 1. Punto de Vista 82
Figura 2. El Enfoque de la Materia 82
Figura 3. Desarrollo de los Temas 83
Figura 4. Temas a Tratar 83
Figura 5. Falencias 84
12 RESUMEN
El presente proyecto centra su atención en la importancia de la Ética y los Derechos Humanos en el estudiante de la Escuela Militar Suboficiales “Sargento Inocencio Chincá” Partiendo de una necesidad inminente de fortalecer este aspecto humanístico en nuestros suboficiales se da como propuesta contenidos temáticos pertinentes a su contexto que darán la apertura a espacios de dialogo y reflexión, asistida por actividades de aprendizaje organizadas en un módulo interactivo, el cual les permitirá desde una herramienta más didáctica como son las TICs, realicen una reflexión de su conducta individual, ante su institución y la sociedad a la cual se deben.
13 ABSTRACT
The present Project is focused on the role and benefit of Ethic and Human rights in the studens of the military school “Sargento Inocencio Chincá” taking into account the necessity to reinforce and build the humanistic aspects for our future non-commissioned officers. To inclusión or this thematic will provide reflection and communication. These learning activities are designed in order for the students to carry out positive reflections about their society and institution.
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INTRODUCCIÓN
Entendiendo la importancia de la ética en todos los procesos de formación y que es en estos espacios de reflexión en los que se entran a estudiar y analizar las acciones buenas y malas del hombre en los distintos contextos, bajo las normas que el mismo hombre ha establecido de acuerdo a unas necesidades. Es de total interés y pertinencia entrar en el campo de la ética y de los derechos humanos, desde un contexto que es tan importante para nuestra sociedad como lo es un estamento de educación en la formación militar, por ello nuestro objeto de estudio son los alumnos de la Escuela Militar de Suboficiales Sargento Inocencio Chincá ubicada en el Departamento de Cundinamarca, Fuerte de Tolemaida.
Partiendo de una problemática profunda e histórica, encontramos que la guerra es tan antigua como el hombre mismo y que en esta necesidad fue necesario crear límites a la guerra para tratar de humanizarla, lo que da creación a instrumentos como el comité de la Cruz Roja, ente que es total mente neutral ante el conflicto; y normas entre las cuales encontramos los convenios de Ginebra y de La Haya, este último que se encarga de juzgar la conducta del combatiente durante el conflicto.
Lamentablemente, no nos hemos encontrado exentos de evidenciar una conducta punible de nuestras fuerzas armadas ante la sociedad, lo que nos da el punto inicial a esta investigación, la falencia de una formación ética y en los Derechos Humanos, hallando como uno de los puntos de declive la orientación que se da en este aspecto desde la escuela en la cual se forman.
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con una encuesta realizada a los alumnos de primer nivel que ya han culminado su semestre.
Partiendo de estos resultados, se encuentra la necesidad de realizar un cambio en los contenidos, en la metodología y en la forma de evaluarlos.
Para ello se da como propuesta la realización de un módulo desde una plataforma interactiva en el cual los contenidos se abordan desde referentes teóricos que han postulado los cimientos de la importancia de la ética para la humanidad, desde la metodología la apropiación de las TICs en el cual el estudiante conozca, reflexione dichas teorías desde un ámbito más didáctico y que su evaluación no sea la memorización de contenidos, sino la aplicación de ellos a la vida práctica, entorno a su persona y a la sociedad.
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1. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
1.1 DESCRIPCION DEL PROBLEMA
Es necesario partir de la importancia indiscutible que tiene la Ética en los procesos de formación, además de que existe una normatividad que obliga a la enseñanza de la asignatura de ética en los distintos niveles de la educación en Colombia. Entre otras normas, la Ley General de Educación, Ley 115 de 1994 establece como objetivo común para todos los niveles de educación, en el artículo 13, inciso b: “proporcionar una sólida formación ética y moral, y fomentar la práctica del respeto a los derechos humanos” (p. 4). En este sentido, la educación en Ética no es opcional en el territorio colombiano y en el ámbito y ambiente escolar su cátedra es obligatoria.
Pero más que el cumplimiento de un requisito legal, la educación ética tiene como propósito proporcionar espacios de reflexión en torno al comportamiento humano, individual y grupal dentro de una sociedad, con el fin de reconocer y cimentar primero la responsabilidad que se tiene frente a sí mismo y a los demás, con el fin noble de que se lleve a la práctica la transparencia de los actos, se asuma la responsabilidad en todo y permita la toma de decisiones para el cultivo de la humanidad; de tal manera que el ser humano actué siempre en el marco de la justicia y el respeto, acate las normas que le hagan bien como individuo y como integrante de una sociedad incluyente y multicultural; además del acatamiento de los principios que rigen el Derecho Internacional Humanitario.
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químicas, sin importar las consecuencias para la vida en sus múltiples expresiones, sin medir consecuencias en la población civil, desnuda de cualquier arma o protección para estos hechos genocidas. La evolución del daño que se ha vivido de generación en generación, se ha conocido históricamente por su múltiple etiología así como por las consecuencias fácilmente reconocidas, lamentables y nefastas para la humanidad. En el libro Recuerdo de Solferino Henry Dunant, (1862) presencia el final de la batalla entre los ejércitos austriaco y franco-piamontés, que combatían en la guerra italiana. A manera de crónicas o memorias describe el final de un escenario de dos bandos, en el que se hallaban heridos, agonizantes y muertos que permanecían en el campo de batalla sin la esperanza de ayuda; ahí evidenció un paisaje totalmente sangriento, lleno lamentos en el que ya no importaba quién era el ganador o vencedor de aquel encuentro.
El traslado de los heridos, de Brescia a Milán, que se efectúa por la noche (a causa del tórrido calor diurno), ofrece un espectáculo eminentemente dramático y sobrecogedor, con esos trenes llenos de soldados mutilados, y con la llegada a las estaciones, donde hormiguea una muchedumbre triste y silenciosa, iluminadas por las pálidas luces de antorchas de resina, y con esa compacta muchedumbre que, palpitante de emoción, parece querer interrumpir la respiración para escuchar los gemidos o las ahogadas quejas que, desde esos siniestros convoyes, hasta ella llegan (p. 24).
Si bien la guerra es expresión máxima del horror, no se puede dejar a su suerte a los heridos o sobrevivientes en los campos de batalla; reflexión que da origen a la creación de la Cruz Roja en 1864, con el propósito de superar la orfandad y abandono de los soldados frente a cualquier ayuda humanitaria en el campo de batalla.
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hacen en las escuelas rurales y urbanas, en los jardines infantiles y en las universidades, en los pregrados y en los posgrados; pero que se enriquecerá exponencialmente en la medida en que se le permita a los ciudadanos participar, a la escuela con sus comunidades educativas pensarla en la lógica de los esfuerzos académicos, pedagógicos, didácticos y curriculares que acontecen en los recintos escolares, incluyendo escuelas de educación técnica, tecnológica, superior y escuelas militares y de policía.
En la administración del Estado, así como en la administración privada que hacen los ciudadanos de sus empresas, la realidad en materia de corrupción ha superado a la ficción. En todas las organizaciones se han delatado hechos de corrupción, desde las iglesias, partidos políticos, estructura del Estado, incluyendo hasta las altas cortes que administran la justicia, ministerios, entidades descentralizadas, entidades territoriales, empresas privadas, hasta las Fuerzas Militares y de Policía. Los niveles de confianza en el ciudadano del común es mínima, y no se ven cambios radicales que pongan en el escenario u horizonte soluciones en el corto o mediano plazo. La experiencia de muchos países que han recorrido historias paralelas, y que han logrado cambiar hacia mojones de mayor confianza superando desajustes éticos como los de la corrupción, han indicado como una constante la educación. De acuerdo con ello, es de vital importancia que en un estamento militar, donde su misión constitucional está dirigida a proteger y salvaguardar la soberanía de la Patria, su estabilidad y democracia, se enfatice en la importancia de esta disciplina.
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yacimiento de reflexiones éticas, que ayuden al militar a blindarse frente a situaciones que se les presentarán en el campo de ejercicio de su profesión.
El militar que se prepara en la Escuela de Suboficiales lo hace por el espacio de escasos dos años, con una orientación que hace énfasis en la instrucción de las disciplinas militares, como estrategias para el combate, dejando la formación humana y ética subordinada a menores momentos de reflexión. Como no depende de la voluntad de unos investigadores la modificación de la estructura curricular, pensada y diseñada para formar militares, con el propósito de que ellos tengan más amplios espacios de formación ética; es necesario recurrir a las facilidades cada vez mayores que ofrecen las tecnologías aplicadas a la educación, comúnmente conocidas como TICs; lo que facilitaría una formación más eficiente, con la posibilidad de continuarla después de egresar graduado como suboficial. Sin caer en la tentación de pensar que el uso de las TICs en los procesos de formación genera cambios por sí mismos. Es necesario, además, ubicar los temas más pertinentes con las metodologías más adecuadas, que permitan una restructuración curricular que incluya a la Ética como política de formación en un pensamiento crítico, reflexivo, analítico, que le permita al militar discernir y proceder dentro del marco del respeto a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario, en un ambiente que propicie y mejore las condiciones de la democracia actual, y que cuestione y pondere los valores que han caracterizado a los militares en su larga historia heroica en Colombia.
1.2 FORMULACIÓN DEL PROBLEMA
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2. OBJETIVOS
2.1 OBJETIVO GENERAL
Proponer una formación ética, soportada en procesos de reflexión crítica, que ayude a valorar y respetar los DDHH y el DIH, con el uso de las TICs para los estudiantes de la Escuela Militar Inocencio Chincá.
2.2 OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Caracterizar la formación ética que se brinda en la Escuela Militar Inocencio Chincá, especialmente en lo relacionado con el estudio de los DDHH y DIH.
Identificar las posibilidades que brindan las TICs para la formación ética en DDHH y DIH.
Sistematizar la información brindada por los estudiantes para pensar y diseñar procesos de reflexión crítica que permitan la apropiación de la comprensión los DDHH y del DIH por parte de los alumnos de la Escuela Militar Inocencio Chincá.
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3. JUSTIFICACIÓN
A partir de este proyecto, se pretende el fortalecimiento en el campo metodológico de la orientación en la ética militar, la transformación en una conducta que sea de total acierto y el reconocimiento de su importancia y protagonismo, no solo en su contexto militar, sino que se debe de igual modo a la patria y a la sociedad, entendiendo así que desde estos pilares debe asumirse su formación.
Bases esenciales que desde el aspecto humanístico le brindara la ética en la proclamación y ejecución por el respeto a los derechos humanos y ciudadanos, entenderá que con su buen actuar logrará contribuir con la edificación firme de su institución y de una sociedad Colombiana que tanto lo requiere y necesita.
Para ello será necesario llevar a cabo transformaciones en los procesos formales de enseñanza que deben ser responsables y sensibles, por esta razón se hace imprescindible un cambio en el currículo que permita asumir conscientemente la importancia de la ética en la formación de las fuerzas militares y utilizar enfoques modernos de la enseñanza, a partir de una sólida base metodológica y didáctica.
Teniendo en cuenta, que la Escuela Militar de Suboficiales es un estamento militar, en el que se forman integralmente hombres que desarrollaran un rol vital en la sociedad Colombiana, y que ellos serán servidores públicos dignos de mostrar, un ejemplo intachable para su país es necesario buscar mecanismos que generen motivación hacia el aprendizaje de la ética, en especial en una escuela militar, donde la ética es una disciplina que direcciona el perfil y las conductas militares. Entonces, es pertinente llevar a cabo una investigación, mediante la elaboración de una unidad didáctica utilizando las TICs, donde se genere motivación hacia el aprendizaje de la Ética, a través de la inclusión de temas concernientes al ámbito personal, social e institucional.
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4. REFERENTES TEÓRICOS
4.1 ANTECEDENTES DE LA INVESTIGACIÓN
La Escuela Militar de Suboficiales Sargento Inocencio Chincá utiliza como herramienta para orientar la instrucción de Ética Militar, una carpeta denominada Carpeta del Instructor organizada por tareas, (capítulos) los cuales a su vez contienen la siguiente estructura: Introducción, Motivación, Enlace y Transversalidad. Cada tarea, (capitulo) expone los siguientes temas, que son de índole meramente conceptual:
Obediencia militar
El patriotismo en el militar
Reconocer los pilares fundamentales en el desempeño ético.
El honor militar.
Virtudes militares que fortalecen el espíritu de liderazgo.
Dimensiones en la práctica de la ética.
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militar como un líder, como un individuo con conocimiento fundamental, estratégico y táctico, con experiencia, ejemplo, fe en la causa y un hombre con buen trato hacia sus hombres y otros elementos importantes que lo enmarcan. El elemento principal de la potencia de combate es un liderazgo competente y confiable. El liderazgo le imprime propósito, dirección y motivación en una situación de combate. La razón por la cual es importante contar con liderazgo militar competente, sencillo y elocuente. La Estructura presentada en el manual consta de los siguientes capítulos.
Conocerse así mismo identificando fortalezas y debilidades como individuo.
Identificar lo que un líder debe ser, conocer y hacer para guiar a sus soldados, equipos y unidades para que puedan actuar eficazmente en todas las situaciones operacionales.
Entender los requerimientos especiales de liderazgo en combate
Encontrar otras fuentes de información que lo ayuden a desarrollar sus propias destrezas de liderazgo.
Identificar los retos de liderazgo que existen en los distintos tipos de conflicto y los medios para enfrentar esos retos.
Por disposición 040 del 14 de Octubre de 2005 se presenta el manual de Ética y Honor de las Fuerzas militares FF-MM. 322 Público, primera edición. Su estructura se presenta por unidades, capítulos, temas y subtemas, solamente de forma teórica.
4.2 FUNDAMENTACIÓN CONCEPTUAL
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Las Teorías Éticas. Las teorías éticas son todas prescriptivas o evaluativas. Se ocupan de las acciones humanas, no tal como son, sino como deberían ser. Un enunciado ético es, necesariamente, un enunciado valorativo. En este punto podemos, también, diferenciar entre ética y metaética. La ética tiene que ver con el contenido del enunciado, es decir, tiene que ver con lo que el enunciado refiere; la metaética, por otro lado, hace referencia al enunciado moral en cuanto enunciado, por medio de un análisis lógico de los principios éticos vigilando la validez de sus premisas y que de éstas se sigan una consecuencia congruente y consistente.
Una teoría ética puede contener, por ejemplo, el siguiente enunciado: matar en caso de defensa personal no es éticamente indebido, es decir que nos indica cómo debemos actuar en una circunstancia particular. La metaética no nos dice cómo actuar, sino que nos dice qué es lo que realmente hacemos cuando emitimos tal enunciado ético.
La metaética no se encarga de defender o de atacar teorías éticas como tales, sino más bien de determinar si éstas son posibles, si la ética en general es posible. De este modo, no afirma nada de lo que es moralmente correcto o incorrecto, pero sí en cambio, de qué es lo que hacemos cuando juzgamos moralmente correcto o incorrecto un acto, y si la moralidad puede tener, por ejemplo, una base objetiva.
A diferencia de otras disciplinas como la antropología, la sociología o la politología, que estudian también la moral (entendida como el conjunto de creencias sobre lo justo o injusto, bueno o malo, correcto o incorrecto), la ética trabaja necesariamente con juicios de valor. La estructura general de los juicios de valor en los enunciados éticos es la siguiente: se enuncia una acción y luego se emite una valoración sobre ella. Y decidir si tales juicios son verdaderos o falsos o, en una palabra, decidir sobre su valor de verdad, constituye la tarea fundamental de la meta-ética.
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mismo con los juicios de la ética? ¿Es posible determinar su verdad o falsedad mediante la observación empírica? Sin entrar en detalles sobre esta cuestión de metaética, podemos señalar lo siguiente. Si la respuesta a esta pregunta es ‘no’, entonces la ética no es objetiva en tanto que no podemos establecer el valor de verdad de sus enunciados. Y si no podemos establecer que enunciados como, por ejemplo, el enunciado ‘causar dolor a un niño indefenso es malo’ es verdadero, entonces la moralidad, en general, simplemente no tiene sentido porque realmente no tendríamos razones para actuar moralmente.
En este caso, lo único que podemos hacer es limitarnos a las descripciones de un hecho. Pero de una descripción, por espantosa que nos parezca, no se puede implicar nunca una valoración; de lo que es no puede deducirse lógicamente lo que debe ser. Esto es lo que se conoce como cometer la falacia naturalista. En 1903, el filósofo inglés Moore, (1997) planteó esta falacia en su célebre libro Principia Ethica, y señaló que de una serie de enunciados descriptivos no puede seguirse nunca una valoración sobre ella. La razón que subsiste tras esta falacia es que, dado que en el mundo no hay nada como lo bueno o lo malo, en el mismo sentido que existe este libro o una mesa, entonces no podemos definir lo bueno y lo malo mediante descripciones del mundo. En el mundo no hay valoraciones, en el mundo sólo hay hechos y materia. Como dijimos, no vamos a entrar a considerar si la falacia naturalista es realmente una falacia o si hay alguna forma de salir del problema planteado por Moore, de hecho nos vamos a limitar al estudio de algunas teorías éticas. Por ahora, vale la pena señalar nuevamente la diferencia entre juicios sobre lo que es (juicios de hechos) y juicios sobre lo que debe ser (juicios de valor).
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originario, opinaba que la felicidad era el fin último de la vida. A diferencia de Sócrates, su maestro, éste siempre gustó de los lujos y de los placeres corporales. Afirmaba que ir tras la felicidad es recorrer un camino incierto, un camino que no tiene un fin preestablecido, un camino alentado por el puro deseo sin que este pueda llegar a ser satisfecho. Somos esclavos de este deseo y, pensaba el filósofo griego, nuestro deber es emanciparnos de esta servidumbre mediante el acatamiento de las necesidades y placeres del presente, sin que el pasado nos perturbe por lo que no fue y sin desear un porvenir necesariamente incierto.
Para Aristipo, pensar en una felicidad distinta es un imposible. Después de todo, la felicidad sólo vale por los placeres de que se compone, y el placer sólo es estimable por su presencia inmediata, por lo que de él se disfruta. El bien es, pues, para Aristipo, el placer de que se goza actualmente libre del cuidado del porvenir. La sabiduría (sabiduría en el sentido de toda la filosofía griega como idea idéntica a la de virtud) consiste en disfrutar del presente por medio de la razón, y el valor en librarse del deseo y del dolor.
El concepto de placer (en griego, hedoné) ha tenido pequeñas modificaciones a lo largo de la historia. En la misma Grecia antigua, apenas un siglo después de que Aristipo lo postulara por primera vez, Epicuro y sus discípulos defendieron la idea según la cual el placer es el súmmum bonum, es decir, aquello que tiene más valor que el resto de cosas, aquello que tiene un valor absoluto y no relativo con respecto a otra cosa. Para entender mejor la idea de summun bonum podemos establecer la siguiente diferencia. Hay ciertas cosas que tienen un valor intrínseco, que valen por lo que son. Dentro de este tipo de bienes se encuentra la felicidad según el hedonismo; en contraposición con esto, hay otro tipo de cosas que tienen valor instrumental, es decir, que valen sólo en cuanto sirven para otra cosa, que valen como medios: un ejemplo típico de bien instrumental es el dinero.
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Epicuro, no era otra cosa que la satisfacción de las necesidades corporales y la tranquilidad del alma. Es allí, en ese término medio entre ambos, donde reside el verdadero estado de la felicidad. Y, así, para alcanzarla, debemos reducir al mínimo las necesidades corporales. Por lo cual afirmó Epicuro, por ejemplo, que todos los extremos son inconvenientes, (y que) el exceso de placer se convierte en vicio o que lo bueno o lo malo del placer reside en cómo se busca y hasta donde llega, razón por la cual recomendaban siempre actuar con prudencia y dominio de sí mismo: también en la moderación hay un término medio, y quien no da con él es víctima de un error parecido al de quien se excede por desenfreno o que “nada es suficiente para quien lo suficiente es poco. En pocas palabras, el hedonismo es la teoría moral según la cual el hombre tiene que procurar adquirir la mayor cantidad de placer posible, siendo este el mayor bien de todos. La influencia de Epicuro perduró por más de 7 siglos después de su muerte. En la edad media tal influencia cayó y sus escritos algunos se extraviaron y otros fueron quemados.
Ética Aristotélica. Las teorías éticas pueden dividirse en las dos siguientes familias o grupos de teorías: teorías consecuencialistas y teorías deontológicas. La diferencia entre ellas es, básicamente, lo que ambas consideran como el factor éticamente relevante en la evaluación de una acción. Mientras que para el primer grupo de teorías lo que da el valor moral a una acción son las consecuencias (el tipo de consecuencias que se han de buscar varía según la teoría ética) que dicha acción tenga, para el segundo grupo de teorías, la eticidad de una acción está determinada solamente por el cumplimiento de un deber, independientemente de las consecuencias que se sigan de ella.
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¿Pero cuál es la diferencia entre el hedonismo de Aristipo o de Epicuro y el de Aristóteles? ¿Cuál es el tipo de felicidad que debemos buscar según Aristóteles? Aristóteles parte de lo siguiente: todo lo que existe cambia o permanece en absoluta quietud. A su vez, todo lo que cambia, todo lo que se mueve, se mueve para alcanzar un fin. Es decir, se mueve, cambia, para llegar a algo.
Del mismo modo, el hombre tiene una voluntad libre. Esa voluntad le permite realizar ciertas acciones. En este momento podemos preguntarnos, ¿qué es lo que mueve a la voluntad humana, para que haga algo? Al igual que todas las demás cosas que cambian, cuando la voluntad humana actúa lo hace con un fin, es decir, buscando algo. Ahora bien, los fines pueden ser de dos tipos: fines que valen como medios para conseguir otros fines, o fines que son fines en sí mismos, es decir, fines últimos. Un ejemplo de esto se da cuando estudiamos para conseguir un empleo. Estudiar es un medio para otra cosa, a su vez esa otra cosa puede ser un medio para otra. Es decir, buscamos un empleo para ganar dinero. Queremos ganar dinero para adquirir posesiones.
Todos estos fines son fines que sólo tienen utilidad como medios. Pero si todo lo que hacemos sólo valiese para otra cosa, nuestra vida resultaría absurda. Ante la imposibilidad de conseguir algo que valga por sí mismo, nuestra voluntad se paralizaría. Por ello, tiene que haber fines que valgan por sí mismos, lo que Aristóteles llama fines últimos. Pues bien, el único fin último, según Aristóteles, es la felicidad. Ser felices no se busca en función de otra cosa, sino por sí mismo. Sin embargo, podríamos preguntarnos ¿qué se entiende por felicidad? y seguramente cada persona contestará de manera diferente. Lo mismo sucede si se pregunta cómo se alcanza la felicidad.
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seres, es la voluntad libre y la razón. Por ello, la forma suprema de la felicidad se encuentra en guiar su voluntad por el conocimiento racional. La felicidad está, pues, en el conocimiento.
Aristóteles no desconocía que el hombre no es exclusivamente un ser racional. El hombre tiene también un alma sensitiva, y en consecuencia, tiene apetitos nacidos de lo conocido a través de los sentidos, tiene deseos, pasiones, emociones, etc. Esos deseos y pasiones forman parte de la naturaleza humana, y son, según Aristóteles, (1980) los que con frecuencia nos guían a la infelicidad; por lo que también debemos someter esos deseos y pasiones a la razón. Al tipo de razón que se encarga de dirigir nuestro comportamiento en relación con los deseos y pasiones, es llamado por Aristóteles prudencia. Someter los deseos y pasiones a la razón y a la prudencia consiste en no dejarnos arrastrar por ellos. Aunque como tampoco podemos eliminarlos, lo que hay que hacer es controlarlos, esto es, impedir que nos arrastren de un lado para otro. A este control de las pasiones lo describe Aristóteles como mantenerse en el camino del medio. Por ejemplo, no debemos ser demasiado desvergonzados en el trato con los demás, ni demasiado tímidos, ambas cosas son producto de una falta de control de nuestras emociones. El control racional de nuestro trato con los demás nos llevaría en este caso a ser modestos, que es el punto medio entre la desvergüenza y la timidez.
Aristóteles nos recomienda practicar determinadas costumbres, cultivando algunas virtudes, que nos llevarán a ser felices. Una virtud es un hábito, una costumbre, positiva, así como el vicio es un hábito negativo. Aristóteles agrupa estas virtudes en dos grupos: Por un lado están las virtudes intelectuales: hay cinco costumbres de ejercitar nuestro entendimiento que nos llevarán a ser felices. Cada una de estas costumbres se corresponde con un tipo de razón. Así una virtud es el conocimiento técnico, otra la prudencia, otra el conocimiento de los primeros principios de las cosas, otra la ciencia, y otra la sabiduría.
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Para cada tipo de pasión hay una virtud, es decir, un camino medio. A modo de ejemplo, supongamos que nos encontramos en una batalla. La excitación del momento, la rabia de ver morir a nuestros amigos, o el ansia de gloria pueden arrastrarnos de tal modo que nos arrojemos salvajemente contra el enemigo sin pensar lo que hacemos. Esto puede poner en peligro innecesariamente nuestra vida y la de nuestros propios compañeros de lucha. A esta forma de dejarnos arrastrar por nuestras pasiones, le llamamos temeridad. Puede suceder también que adoptemos la actitud contraria, vista la fiereza de los enemigos y sus armas, podemos llenarnos de miedo y echar a correr. A esta forma de dejarnos arrastrar por nuestras pasiones, le llamamos cobardía. Someter las pasiones a la razón, a la prudencia, consiste en sopesar racionalmente la actitud que debemos tomar. Esto es una virtud que llamamos valor.
Utilitarismo. Quizá la teoría ética más influyente en la actualidad, junto con la ética kantiana, sea el utilitarismo. Al igual que el resto de teorías éticas que hemos examinado hasta el momento, el utilitarismo pertenece al grupo o familia de teorías teleológicas o consecuencialistas que buscan la felicidad. Fue desarrollada por el filósofo inglés Jeremy Bentham y posteriormente refinada por su discípulo Stuart, (1994), su más importante representante.
Bentham, (1748) en su obra Introducción a los principios de moral y legislación, afirmaba que el objetivo último de todas las acciones, normas o instituciones debía ser la satisfacción de los placeres y el goce de la vida. De este modo, planteó lo que será conocido en toda la tradición ética como el principio de utilidad, un principio que serviría de base para juzgar cualquier acción en cualquier circunstancia. Esta doctrina afirmaba que una acción era correcta desde el punto de vista moral si y sólo si sus efectos lograban la mayor felicidad para el mayor número, y mala si producía lo contrario. Es decir, que el grado de utilidad de una acción queda determinado en cuanta felicidad resulte para el mayor número posible de beneficiados.
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decidir si, en última instancia, se produce más dolor o, en caso contrario, más placer. Este cálculo llevó a pensar a Bentham, (1748) que, siendo la cantidad la misma, jugar billar era tan bueno como, por ejemplo, realizar ejercicios de matemática. Esta es precisamente la diferencia entre Bentham y Stuart, (2012) pues para este último existen placeres que son cualitativamente distintos y más valiosos que otros, a los cuales llamó placeres superiores.
Esta diferencia entre placeres superiores y placeres inferiores viene dada por la naturaleza misma del ser humano. Los placeres superiores son aquellos que representan la satisfacción de las facultades más elevadas de los individuos, de aquellas facultades que nos diferencian del resto de los animales. Esto es precisamente a lo que se refería Stuart, (1994) cuando sentenció, de manera célebre en su libro que lleva precisamente el nombre de Utilitarismo, que ‘es mejor ser un humano insatisfecho que un cerdo satisfecho, mejor ser un Sócrates insatisfecho que un necio satisfecho’.
Stuart, (1994) modificó el principio de utilidad de Bentham de la siguiente manera:
Una acción es buena si y sólo si aumenta la felicidad total o disminuye el dolor más que cualquiera de sus alternativas. Por felicidad entendió la satisfacción del placer y la ausencia del dolor, por infelicidad el dolor y la ausencia del placer (p. 4).
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que un cuchillo puede ser útil para matar, ya que el utilitarista, reserva el calificativo de útil, tan sólo para aquello que, manejado de determinada manera, proporciona bienestar al mayor número.
Teniendo en cuenta lo anterior, las preguntas que deben interesarnos en este momento son ¿Cómo puede relacionarse la doctrina ética planteada por Stuart, (1994) con el desarrollo de la vida militar?, ¿Es aceptable el ejercicio militar dentro de la doctrina utilitarista? Para responder a esto debemos tener en cuenta que la formación de un ejército nacional, sería justificable sólo en caso de que la felicidad general de los civiles se vea de alguna manera maximizada, o con ello se minimice el dolor o infelicidad general. En otras palabras, desde la ética utilitarista, la formación de un ejército sólo es útil si tiene como fin defender a los ciudadanos de los ataques de otro ejército agresor o invasor que intente alterar la soberanía del estado evitando que se ejerza coerción o fuerza innecesaria sobre la población civil.
Ética Kantiana. En contraposición con el resto de teorías que hemos visto hasta ahora, la ética kantiana no es una ética consecuencialista sino deontológica. Lo cual quiere decir que el factor éticamente relevante no está dado por las consecuencias que se sigan de determinada acción sino por el simple cumplimiento del deber, de tal forma que la acción es buena si y sólo si se cumple con él.
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Habiendo hecho la anterior aclaración, debemos afirmar que Kant rechaza las éticas materiales, y presenta lo que según él constituyen sus errores. En primer lugar, las éticas materiales son empíricas, o a posteriori, es decir, su contenido está extraído de la experiencia; por lo que sus principios no pueden ser universales, pues sólo lo a priori puede serlo. En segundo lugar, sus cánones son hipotéticos o condicionales. No valen de manera absoluta, sino sólo de modo condicional para conseguir un cierto fin. Esto impide también que sean universalmente válidas. Por último, son heterónomas. Es decir la voluntad es determinada a obrar de un modo u otro por el deseo o inclinación a algo.
Kant, (1998) afirma que una ética que pretende ser universal y racional no puede ser material, sino que debe ser formal. La ética ha de estar vacía de contenido, es decir, no debe establecer ningún bien o fin que haya de ser perseguido. De este modo la ética formal se limita a señalar cómo debemos obrar siempre, sin importar las consecuencias de la acción. Para Kant, (1998) un hombre actúa moralmente cuando actúa por deber. El deber es, según Kant, (1998) “la necesidad de una acción por respeto a la ley” (p. 26) es decir, el sometimiento a una ley, no por la utilidad o la satisfacción que su cumplimiento pueda proporcionarnos, sino por respeto a la misma.
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la ley moral q depende de la razón práctica? La ley moral es lo que manda el imperativo categórico. Kant formuló 5 versiones del imperativo categórico, que a su vez dedujo de nuestra racionalidad. Por ello, como seres racionales, se nos impone la ley moral. Las versiones del imperativo categórico son las siguientes:
Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal.
Obra como si la máxima de tu acción debiera convertirse, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza.
Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio.
Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de fines.
Obra según máximas que puedan al mismo tiempo tenerse por objeto a sí mismas, como leyes universales.
De estos imperativos categóricos se desprenden unos deberes perfectos, deberes que están por encima de las contingencias propias de la vida y que son de obligatorio cumplimiento independientemente de las circunstancias que lo acompañen. Son deberes perfectos todos aquellos cuya negación, al ser universalizada, constituye una contradicción. Por ejemplo, si una persona realiza un préstamo con la intención de no pagarlo, y si universalizamos esa máxima, el resultado evidente sería que ya nadie prestaría dinero porque se sobreentiende que nadie tiene la intención de pagar.
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4.2.2 La Ética en la Formación Militar. Es bastante frecuente encontrar la suposición según la cual las normas o principios éticos dependen de alguna autoridad que instituye de algún modo esas reglas. Dios, la cultura, el estado, la sociedad, etc., son distintas autoridades que justifican teorías éticas tales como la teoría de las órdenes de Dios, el culturalismo, y la teoría del relativismo moral, respectivamente.
Lo común en todas estas teorías es que las razones que deben conducirme a actuar moralmente se encuentran afuera de mí, es decir, que yo como individuo moral estoy sujeto a unas autoridades externas que me ordenan cómo debo actuar. En cierto sentido, considerar la moralidad como esencialmente autoritaria tiende a restarle importancia a lo que, paradójicamente, constituye la naturaleza de la moralidad: la libertad.
Decimos que las autoridades tienden a restarle importancia a la libertad porque lo que debo hacer está prefijado, de tal forma que las razones que se tengan para actuar moralmente no pueden residir en mi capacidad de seguir un curso de acción u otro, sino simplemente en que mi acción se ajuste a lo que la autoridad permite. En este caso, no puede haber deliberación y crítica, sino meramente sometimiento.
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Existen personas que insisten en considerar que la ética es esencialmente relativa a una autoridad. Que lo bueno y lo malo dependen, como en el caso del relativismo cultural, de las costumbres aceptadas por una cultura determinada. De este modo, si en una cultura es costumbre extirpar el clítoris tal costumbre es buena, por lo menos en esa cultura, aun cuando las mujeres de allí piensen lo contrario. Y aquella mujer que no desee someterse a esa práctica carecerá, entonces, de las ‘buenas’ costumbres y será, por tanto, una mala persona desde el punto de vista ético.
Pero detengámonos un poco más en la teoría del relativismo moral y mostremos cuáles son sus principales falencias. Comúnmente, los relativistas argumentan de este modo:
Para que la moralidad sea objetiva y no dependa de lo que cada cultura opine al respecto, todas las culturas deberían tener el mismo sistema de códigos morales.
Todas las culturas tienen costumbres y códigos morales distintos
Por tanto, lo bueno, malo, justo o injusto, depende y debe ser relativo y depender de lo que cada cultura piense.
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Otro argumento de los relativistas tiene que ver con la tolerancia para con otras culturas. Su opinión es que la aceptación del relativismo moral promueve la tolerancia entre las culturas, mientras que la objetividad promovería lo contrario. Sin embargo, esto es un error. Y esto por tres razones. En primer lugar, los relativistas confunden objetividad con dominación. Por ejemplo, podemos afirmar que quizá sea moralmente incorrecto que un país desarrolle armamento nuclear, pero de allí no se sigue que sea correcto moralmente invadir o someter a ese país.
En segundo lugar, si debemos ser tolerantes con todas las culturas esto implica que, objetivamente, esto es verdadero. Y, por último, hay que señalar que el argumento es autodestructivo porque si, digamos, para una cultura es costumbre la esclavitud, el racismo o la intolerancia frente a otras culturas, ¿qué se sigue de ahí? ¿Acaso no se sigue que para ellos la intolerancia y el racismo son buenos? En ese caso, el argumento a favor de la tolerancia se vuelve contra sí mismo.
Pero tal vez el peor defecto de esta teoría y de todas las que definen los términos evaluativos en términos de una autoridad es que son teorías que responden a una pregunta mal planteada. La pregunta no es quién define lo que está bien y lo que está mal, sino qué factores hacen que una acción sea buena o mala.
En el desarrollo de la actividad militar es aceptado que los códigos de conducta éticos sean propuestos y vigilados por ciertas figuras que representan la autoridad. Esto se apoya en el valor de la obediencia, el cual será explicado más adelante, sin embargo es imperativo que los militares profesionales puedan distinguir claramente entre los intereses de los estados, naciones o gobiernos, y los intereses de la humanidad, y establecer así una obligación de prioridad respecto de estos últimos. De este modo, es importante construir una ética militar que concuerde con la exigencia de un principio de humanidad.
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todos ellos tienen un derecho imprescriptible al respeto de su vida, de su integridad y de su dignidad" (Daventport, & Stockdale. p. 12).
Este principio, situado en el núcleo mismo del bien común del mundo globalizado, contiene tres elementos: en primer lugar, la universalidad del hombre. En segundo lugar, el valor de la persona humana, de su vida, de su integridad, de su dignidad. Y finalmente, el imperativo de actuar por un mundo mejor. Los cuales deben ser tomados en cuenta como los objetivos de cualquier código de ética militar.
4.2.3 El Estado y la Libertad. Parece natural al ser humano estar sujeto a algún tipo de autoridad, o ejercicio de poder reconocido como Estado, el cual tiene la capacidad de castigar a los individuaos según unas leyes antes establecidas; el problema surge al aceptar como incorrecto el que un individuo viole la libertad de otro, mientras que juzgamos como adecuado que el Estado restrinja libertades individuales en ciertos casos. Este es el que podríamos llamar el problema de la libertad individual.
Antes de profundizar en este problema, es pertinente aclarar los conceptos involucrados en el tema. En primer lugar, podríamos definir la libertad individual como el momento de autonomía o libertad del individuo respecto a toda coacción por parte de otros individuos o de alguna institución social hacia él. Tengamos en cuenta que la coacción implica la intervención deliberada de otros seres humanos dentro del ámbito en que podría actuar si estos no intervinieran. Este tipo de libertad es llamado en la filosofía política como libertad negativa, y se define por la ausencia de imposición externa al individuo que desee llevar a cabo un curso de acción determinado.
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en un territorio determinado por medio de un conjunto de leyes que intentan regir la vida de los individuos habitantes de dicho territorio.
Otra manera de definir el concepto de estado, colocándolo en un contexto de funciones y obligaciones, es como unidad de carácter institucional que en el interior de un territorio monopoliza para sí el uso de la fuerza legal. Por ello se hallan dentro del Estado instituciones tales como las fuerzas armadas, la administración pública, los tribunales y la policía; adjudicándole así las funciones de defensa, gobernación, justicia, seguridad y otras como las relaciones exteriores.
Resumiendo, el Estado es el conjunto de instituciones que se encarga, entre otras cosas, de regular, por medio de leyes, los comportamientos de los ciudadanos; es decir, la función del estado es restringir o ejercer algún tipo de coacción sobre lo que anteriormente definimos libertad individual. ¿Pero cómo podemos justificar esto?.
Aparentemente las creencias como que la existencia de un Estado es necesaria y que está bien que un grupo o entidad tenga la legitimidad de aplicar sanciones, se encuentran en el imaginario de todas las sociedades. A continuación miraremos las razones teóricas que justifican la existencia del Estado.
Hobbes, (2011) en su obra Leviatán, justifica la existencia del Estado a partir de la descripción de un ejercicio imaginario denominado Estado de Naturaleza. En este Estado, no existe ninguna organización o forma de gobierno, ni mecanismo para regular las acciones de los hombres. Hobbes presupone que todos los hombres están en iguales condiciones, por lo que tienen los mismos derechos; además de esta característica, sostiene que la razón primordial que motiva de manera egoísta la conducta humana es la satisfacción de sus deseos.
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nos dice el autor, el derecho fundamental es el de preservar la vida propia, por lo que estaría permitido que un individuo haga cualquier cosa a otro sin recibir castigo alguno.
En este momento se propone la creación de un Estado civil, a partir de la realización de un convenio o contrato. En dicho convenio el Estado deber tener el poder sobre los individuos y el uso de la fuerza debe ser monopolizada, aquí el gobierno administra, por decirlo de alguna forma, los derechos de cada individuo.
El problema de la propuesta de Hobbes es que esto limita de muchas maneras la libertad individual, y se corre riego de que el Estado actúe de manera arbitraria. Aceptar la necesidad del Estado, –en particular el Estado propuesto por Hobbes- es aceptar que la libertad individual debe estar restringida por mecanismos que propendan por los intereses colectivos.
En 1685, el filósofo británico John Locke, escribió Carta sobre la tolerancia, en el cual se afirma que la validez de un Estado radica en el grado de aceptación que la sociedad tenga de él, en otras palabras, un Estado se justifica si los ciudadanos están de acuerdo con él. Por otra parte, como lo expresa Locke, (2001) el Estado, de manera legítima, puede utilizar su poder de coerción únicamente para impedir que un individuo viole los derechos de otro.
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4.2.4 Ética y Vida Militar. Y las nuevas guerras, en consecuencia, son actos bélicos nomádicos que realizan empresas privadas en connivencia o no con los Estados, poco importa que no buscan obtener territorio ni someter a las poblaciones; tan sólo afianzar recursos estratégicos y obtener beneficios inmediatos a cualquier coste Mbembe.
Más que la mayoría de las otras profesiones, la profesión militar exige de sus practicantes adoptar una postura moral seria dado que sus decisiones pueden significar terminar la vida de una o varias personas en una sola acción. El militar debe constantemente pensar en la conservación de los derechos de sus ciudadanos. Sin embargo, antes de empezar a discutir el tema en cuestión, es importante recordar una distinción que anteriormente fue mencionada.
Es preciso diferenciar entre las normas éticas, por un lado, y las leyes, códigos y reglamentos por el otro. Es importante señalar estas diferencias porque las que entran en el campo jurídico o militar utilizan el medio coercitivo para hacer cumplir la ley, sancionando lo legal y lo no legal. Por el contrario, la ética no tiene una base jurídica vinculante que alcance niveles de penalidad jurídica.
Como se planteó en apartados anteriores, Kant, (1998) afirmaba que nuestra capacidad de razonar demanda de nosotros un trato imparcial hacia las demás personas; no hay razón para pensar que podemos vernos como una excepción de la regla. Todos, si tenemos la capacidad de razonar, estamos comprometidos a seguir el imperativo categórico. Una buena voluntad es aquella que se somete libremente a la ley moral de tal imperativo; así mismo afirma que la razón nos demanda un trato digno y respetuoso hacia las demás personas.
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obligación moral de obedecer esa orden: y si uno obedece, tal obediencia no es virtuosa sino viciosa.
Los seres humanos dentro de su contexto social, construyen sus propios valores, su ética y su moral basándose en su cultura, sus creencias religiosas, o alguna ideología filosófica. De la misma forma, las instituciones militares crean sus valores morales con base en los deberes u obligaciones que la ley prescribe, al prestigio institucional y a las virtudes castrenses. Estos elementos y el concepto del deber proporcionan al militar las fuerzas necesarias para cumplir con las innumerables exigencias de su trabajo y las más grandes dificultades, aun aquellas que pongan en peligro su vida, en pro de la conservación de su institución y el de su patria.
A pesar de que su obligación es para con la patria, todo miembro de las fuerzas militares vigila a sus subordinados y es vigilado por sus superiores, o por los códigos que reglamentan su conducta y el curso de sus acciones. Por lo que se hace necesario el desarrollo colectivo de un pensamiento crítico que ayude a completar las ausencias y los casos no contemplados en los códigos, y a desarrollar una conciencia reflexiva en el militar que le permita reaccionar de forma autónoma conforme a una línea de pensamiento moral.
Este pensamiento crítico solamente puede desarrollarse a partir de una educación cívica y política. Ella debe responder a las cuestiones básicas del tipo por qué hacer parte del ejército y por qué luchar, y presentar imparcialmente los diferentes tipos de respuesta. Esta educación política debe basarse en el ejemplo propio, ya que es la mejor forma de enseñar a los subordinados los valores políticos y sociales necesarios para el buen desarrollo de su actividad, una educación política bien orientada a la que se añade una idea concreta del orden constitucional liberal y democrático de la nación.
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de una determinada manera, consiente, razonable y, a la vez, con inclinación hacia las leyes, de una manera que es valorada y seguida por sus subordinados. Es decir, cuando el mando se ejerce de esa forma es también liderazgo. De ahí que un mando que piense cómo hacer las cosas, cuidando el seguimiento de las pautas éticas que caracterizan la profesión militar, jamás transformará a las Fuerzas Armadas en un instrumento de violación de los derechos humanos. ¿Pero cuáles deberían ser las pautas éticas de la profesión militar? La primera a ser considerada es la valoración de la paz por sobre la guerra.
En apariencia, esto sugiere la negación o contradicción de la profesión militar. Pero no es realmente así. Ya que concentrarse en desarrollar y mantener un estado pacífico no tiene por qué obstaculizar la preparación de un ejército para actuar eficientemente. Sin embargo, esto sí cambia el enfoque acerca de cómo cumplir una misión. Según este enfoque, el militar cumple mejor su misión cuando impide la guerra que cuando entra a un estado de beligerancia, por ejemplo.
La segunda pauta ética se puede definir como: preferir la paz enfatiza la virtud de la contención. La contención es el componente primordial de un uso controlado de la fuerza. La contención es una virtud de los fuertes; pues esta requiere la capacidad del autocontrol mediante la voluntad y la razón. El monopolio del uso de la fuerza es un poder que sólo las fuerzas militares tienen en la sociedad, y su uso debido es producto de la contención. No sólo para inhibirse de obtener ventajas indebidas del poder político, sino para usarlo sólo contra el enemigo y no contra civiles o no-combatientes. La contención expresa poder y responsabilidad, y forma parte integral del concepto de guerra justa. Mientras más poderío militar se tiene, mayor es la exigencia de contención. Ejercer la máxima contención en el uso de la fuerza, empleando sólo la necesaria para cumplir con los objetivos trazados.
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sociedad, y por más estricto que sea su papel en la estructura militar, no puede ignorar sus obligaciones como miembro de la sociedad para llevar a cabo acciones que puedan catalogarse como incorrectas moralmente. Se actúa moralmente al obedecer a un superior legítimo. Como no se permite a los seres humanos hacer algo que es inmoral, como por ejemplo matar injustificadamente, una orden de ese tipo no es obligatoria, y es inmoral obedecerla. Recordemos pues que los actos no son buenos o malos por una orden sino por lo que son en sí mismos o por sus resultados.
En el campo militar la obediencia que se debe es a la autoridad legítima, y ella está siempre especificada en las normas de organización de la rama. Los rangos indican una jerarquía de autoridad y los enlaces internos delimitan las zonas de mando legítimo. Las órdenes legítimas que provienen de autoridades legítimas en áreas donde ellas tienen la autoridad para tomar decisiones y dar órdenes, deben someterse siempre a la restricción de que ellas no sean inmorales. Por lo tanto, es de la ética elemental de quien ejerce el mando no dar órdenes inmorales. Se deben obedecer todas las órdenes legítimas, pero sólo las legítimas. Y se debe tratar a los subordinados como seres racionales y morales, dignos de respeto y nunca ordenarles algo inmoral.
Una cuarta pauta a ser considerada es la responsabilidad del mando. Las órdenes no siempre son instrucciones para realizar una tarea específica, sino disposiciones amplias. Señalan un objetivo y recomiendan el uso de los medios pertinentes. En la profesión militar, donde la operación es realizada por un grupo de personas que deben estar sincronizadas, la formación de los recursos humanos está orientada a una aceptación inconsciente y rutinaria de las órdenes. Además, las órdenes se van descomponiendo en acciones a medida que descienden en la cadena de mando estableciendo una cierta discrecionalidad respecto de los medios.
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en el respeto de los derechos fundamentales de los ciudadanos y de sus subalternos es esencial en una institución jerarquizada, porque cuando se da una orden se delega autoridad, pero nunca la responsabilidad, la que permanece con el que da la orden. Quien ejerce el mando es responsable de lo que ordena y de cómo se llevan a cabo sus órdenes.
Para terminar esta sección, podríamos considerar que la última pauta ética a tener en cuenta es la del ejemplo como una virtud esencial del liderazgo. Las Fuerzas Armadas son preparadas para cumplir órdenes que implican reacciones inmediatas y obedientes frente a un superior. Sin embargo, hay quienes afirman que de cierto modo es contradictorio introducir consideraciones morales; pues con ello no se tiene en cuenta la naturaleza de la profesión ni el significado de una orden en el funcionamiento de una institución armada y jerarquizada.
A pesar de esto, la obediencia que se espera de un soldado es perfectamente compatible con negarse a hacer algo inmoral. En primer lugar, no todas las órdenes requieren una reacción inmediata. En segundo lugar, ellas se derivan a espacios operativos menores generando ámbitos o grados de discrecionalidad en los medios, que obligan a quienes las ejecutan a pensar en cuáles son los medios más apropiados para llevar a cabo el cumplimiento de una orden. Es aquí cuando se manifiesta la formación integral del militar, su profesionalidad, su capacidad de mando y liderazgo, y los códigos de conducta a que está sujeto. El automatismo irracional sería lo contrario a la contención y a la razonabilidad que se exige incluso en situaciones extremas. El asunto central a ser considerado aquí, es que un militar nunca debe ordenar a los subordinados hacer lo que él mismo no haría en situación similar.
Los Valores Militares. Los siguientes valores son tomados, en su gran mayoría, del Manual de Derechos Humanos para las Fuerzas Armadas.
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identifica, pues expresa una valoración de sí mismo en los mismos términos que se emplean para valorar a los demás. Además de ser un valor esencial para articular un grupo, el honor militar es un honor moral, derivado del íntimo convencimiento de la virtud profesional. Por lo tanto, no es una apariencia sino una realidad, y se refiere fundamentalmente al comportamiento en sí y no sólo al juicio de los otros.
El honor militar es colectivo, y participan de él los que visten uniforme. Como obligación recae en cada uno de los miembros del grupo y se simboliza en aquellos elementos que los miembros del grupo portan, como banderas, emblemas, escudos de armas o uniformes, a través de los cuales se reconocen entre sí. El honor se relaciona de una manera muy estrecha con la forma como una organización militar estructura su carácter para el uso de la fuerza. Como la articula y la somete a las reglas para su empleo. El carácter en el uso de la fuerza es una expresión cultural, que forma parte del sujeto ligado a la institución.
Ello tiene una estrecha relación con los elementos normativos, es decir con la legalidad de su uso, que es la primera de las reglas a respetar. Pero el tema va más allá y se adentra hasta las raíces más profundas del Código de Honor del militar: Un militar lo será toda la vida. El valor de la contención, es decir la capacidad de abstenerse en el uso de la fuerza o usarla de una manera reflexiva y austera no es un problema de legalidad sino de cultura o educación individual. Y es determinante en la capacidad de una institución militar para conectarse y armonizar con otros intereses de la sociedad, entre ellos la defensa de los derechos humanos, sin perder el centro de su obligación profesional.
Profesionalismo. La gran mayoría de los militares teóricos coinciden en señalar que para que las fuerzas armada puedan alcanzar un nivel de desarrollo reconocido como profesionalidad, las Fuerzas Armadas deben recorrer un largo camino llamado proceso de profesionalización.
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cumplir con sus órdenes sin tener en consideración inclinaciones políticas u otras consideraciones no militares. Por otro lado, podríamos definir el proceso de profesionalización como aquel en el cual los miembros de una labor siguen un procedimiento de aprendizaje y adquieren un conjunto de conocimientos técnicos y un conjunto de normas operativas.
Debemos agregar que estas destrezas son reconocidas como necesarias por la sociedad. Lo esencial es que las Fuerzas Armadas son una institución con normas y reglamentos propios, con un principio de diferenciación que se traduce en conocimientos y capacidades relativos al uso de la fuerza como violencia legítima; es decir, una violencia sujeta a ciertas reglas, que la distinguen de otros grupos o sectores de la sociedad. Ese proceso se desarrolla en una íntima relación con el Estado, que es la unidad política de referencia y legitimidad para la institución militar.
La profesionalización está vinculada a la creación de las Academias de Guerra y los Estados Mayores como elementos formantes de la institución militar. Las academias de guerra, y los estados mayores, determinaron que todos aquellos que poseyeran los niveles exigidos de conocimientos técnicos, instrucción y valentía, pudieran acceder a altos grados del Ejército. Ese fue un enorme salto de igualdad ciudadana. Mientras más integrada Socialmente sea una sociedad y mayor su cultura política, más intensa será el profesionalismo de sus militares. Y más lejana la posibilidad de que adopten conductas indebidas en relación con la tarea que se les ha encomendado.
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normas como valores que sustentan a la obligación. Lo que no está en los reglamentos de disciplina es la forma en que se usa la fuerza.
Últimamente se ha expresado la tesis de la obediencia forzada frente a violaciones de derechos humanos. Ella podría ser definida como la obediencia debida por jerarquía y por amenaza, cuando el contenido inmoral de una orden es señalado al superior que manda pero que debe cumplirse dado que no existe otra salida. La aceptación de esta tesis, que busca reconocer la no culpabilidad individual en determinadas circunstancias, requiere, para ser aplicable, que se reconozca que existe, al momento de la infracción, un estado institucional de comisión de delitos, en el que la obligación no es para con un oficial superior sino con la institución, por la cual responde todo el alto mando. Es decir, sólo existe una traslación de responsabilidad a todo el mando superior. Ello porque el monopolio del uso de la fuerza que tiene el Estado, cuyo ejercicio se confía a las Fuerzas Armadas, forma parte de la personalidad moral del Estado y no puede ser usado de manera ilegítima.
No Deliberación Política. En primer lugar, debemos definir el término deliberar como examinar y discutir oralmente un asunto, y resolver después de una discusión. Más concretamente, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice que deliberar es Considerar atentamente el pro y el contra de los problemas de una decisión, antes de adoptarla, y resolver una cosa con premeditación. Teniendo en cuenta esta definición podemos afirmar la no deliberación militar en asuntos políticos como una obligación en todos los sistemas democráticos. Es decir, la no consideración y la no resolución de un asunto que está fuera de las competencias técnicas de los militares. El militar no debe mezclarse en política y se le prohíbe pertenecer a asociaciones de carácter político y concurrir a actos de esta índole.
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deben seguir las reclamaciones en el sentido inverso y que es considerado como un medio de las funciones militares. Nunca ocurrirá que no exista el instrumento de la reclamación que permite que la función militar se desarrolle de manera normal. Por lo tanto, el concepto del conducto regular da forma y cierra el círculo respecto de los principios ordenadores en el funcionamiento de las instituciones militares.
Justicia. La justicia es un valor que inclina a obrar y juzgar, teniendo por guía la verdad. Tengamos en cuenta que no existe moral sin la verdad, por ser la verdad el fundamento principal de la moral. En consecuencia, el militar debe rendir culto a la verdad como una asociación indispensable en su desarrollo profesional. Todo ello proveerá a los miembros de las fuerzas armadas con la suficiente moral para actuar y decidir correctamente. Para que la justicia pueda existir, se debe observar una imparcialidad absoluta, donde se le dé a cada quien lo que le corresponde. La justicia como valor democrático es un nivel que se desea alcanzar y está vinculado estrictamente al valor del bien general. Para que la Justicia pueda existir debe existir la voluntad de todos los ciudadanos y miembros de las fuerzas armadas de respetar el derecho de los demás y así respetar el propio.
La Justicia como valor militar sirve para lograr el equilibrio entre las distintas partes, para asegurar que más allá de las diferencias, tengamos los mismos derechos y obligaciones y para que se tome en cuenta el interés general, no sólo el de las partes. La justicia obliga a que la ley sea igual para todos y se aplique a todos por igual sin privilegios de ningún tipo. En el estudio del concepto de justica, podemos encontrar diferentes definiciones. Algunas de ellas son: la justicia legal que corresponde al Estado a través de las leyes que tiendan a buscar el bien común. El cumplimiento de las normas de la justicia legal, obligan tanto al ciudadano, como a los gobernantes y miembros de las fuerzas armadas a cumplir el mandato de las leyes. Su principal objetivo es atender el cumplimiento de las leyes.
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proponiendo una visión de justicia con igualdad para todos. Por último, encontramos la justicia distributiva; esta genera cargas y reparto equitativo y proporcional entre los grupos sociales a través de políticas e instituciones generadas por el Estado y tiene por objeto proteger los derechos individuales de las personas y velar por que éstos cumplan sus deberes.
Fortaleza. La fortaleza es la capacidad que nos permite mantenernos fieles a nuestras convicciones y hacerles frente con firmeza y energía a las diferentes situaciones con que nos encontramos en la vida. Son personas aplomadas y serenas, que conservan la compostura tanto en los buenos como en los malos momentos, pero sobre todo en estos últimos, infundiendo confianza y tranquilidad a la ciudadanía. No debemos confundir, sin embargo, la fortaleza con la inflexibilidad, el cerramiento de espíritu o la dureza de corazón. Gracias a la fortaleza, aprendemos también a resistir la adversidad, las enfermedades y el dolor en sus distintas formas y a luchar contra ellos sin amargura, poniendo todo de nuestra parte, seguros de que vamos a salir adelante.
4.2.5 Derechos humanos y Derecho Internacional Humanitario. Podemos definir los Derechos Humanos como aquellos que los hombres poseen por el simple hecho de ser hombres, por ser parte de la humanidad. Son inseparables de las personas y se proclaman sagrados, inalienables, imprescriptibles y fuera del alcance de cualquier poder político. Algunas veces se considera que los derechos humanos fueron propuestos bajo los ideales del derecho natural. Sin embargo, existe una escuela de pensamiento jurídico que sostiene la postura contraria. Para algunos, los derechos humanos son una constante histórica, con clara presencia en el mundo clásico; para otros, son fruto del cristianismo y de la defensa que éste hace de la persona y su dignidad.
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mantener las condiciones necesarias para que, dentro de una situación de justicia, paz y libertad, las personas puedan gozar realmente de todos sus derechos.
Las características fundamentales de los derechos humanos pueden ser enumeradas así: en primer lugar, son universales porque pertenecen a todas las personas, sin importar su sexo, edad, posición social, partido político, creencia religiosa, origen familiar o condición económica. En segundo lugar, son incondicionales porque únicamente están sujetos a los lineamientos y procedimientos que determinan los límites de los propios derechos, en otras palabras, hasta donde comienzan los derechos de los demás o los justos intereses de la comunidad. En tercer lugar, son inalienables porque no pueden perderse ni transferirse por propia voluntad; son inherentes a la idea de dignidad humana.
Dejando claro lo anterior, podemos pasar a considerar qué tipo de conducta puede ser considerada como una violación de los Derechos Humanos. Son consideradas violaciones de los derechos humanos aquellos delitos que atentan contra los derechos fundamentales del hombre, que se encuentran definidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y que son realizadas por el Estado de manera directa, indirectamente o por omisión. De esta manera, el Estado anula su finalidad esencial y provoca la inexistencia del estado de derecho.
Dentro de la vida militar las violaciones de los derechos humanos deben ser tan repudiadas y rechazadas como cualquier otra orden que pueda atentar contra la conducta ética que caracteriza a la institución. Ya que la existencia de hechos como tortura y de malos tratos infligidos por las fuerzas de seguridad del Estado no constituye un accidente ni es un hecho anómalo en las autoproclamadas sociedades democráticas. Algunos temas relacionados con la violación de derechos humanos por parte de las Fuerzas Armadas son: