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Uso de las Técnicas del Manejo de Impresiones Utilizadas por los Empleados Mexicanos para Obtener Evaluaciones de Desempeño Laborales Positivas-Edición Única

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INSTITUTO TECNOLÓGICO Y DE ESTUDIOS SUPERIORES DE MONTERREY

PRESENTE.-, en los sucesivo LA OBRAPRESENTE.-, en virtud de lo cual autorizo a el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (EL INSTITUTO) para que efectúe la divulgación, publicación, comunicación pública, distribución, distribución pública y reproducción, así como la digitalización de la misma, con fines académicos o propios al objeto de EL INSTITUTO, dentro del círculo de la comunidad del Tecnológico de Monterrey.

El Instituto se compromete a respetar en todo momento mi autoría y a otorgarme el crédito correspondiente en todas las actividades mencionadas anteriormente de la obra.

De la misma manera, manifiesto que el contenido académico, literario, la edición y en general cualquier parte de LA OBRA son de mi entera responsabilidad, por lo que deslindo a EL INSTITUTO por cualquier violación a los derechos de autor y/o propiedad intelectual y/o cualquier responsabilidad relacionada con la OBRA que cometa el suscrito frente a terceros.

Nombre y Firma AUTOR (A)

Monterrey, Nuevo León a de 200

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Uso de las Técnicas del Manejo de Impresiones Utilizadas por

los Empleados Mexicanos para Obtener Evaluaciones de

Desempeño Laborales Positivas-Edición Única

Title Uso de las Técnicas del Manejo de Impresiones Utilizadas por los Empleados Mexicanos para Obtener Evaluaciones de Desempeño Laborales Positivas-Edición Única

Authors Paula Bongiovanni Martínez Affiliation Campus Monterrey

Issue Date 2007-12-01 Item type Tesis

Rights Open Access

Downloaded 19-Jan-2017 07:17:00

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USO DE LAS TÉCNICAS DEL MANEJO DE IMPRESIONES UTILIZADAS POR LOS EMPLEADOS MEXICANOS PARA OBTENER EVALUACIONES DE

DESEMPEÑO LABORALES POSITIVAS

TESIS

MAESTRÍA EN CIENCIAS EN COMUNICACIÓN

INSTITUTO TECNOLÓGICO Y DE ESTUDIOS SUPERIORES DE MONTERREY CAMPUS MONTERREY

POR

PAULA BONGIOVANNI MARTÍNEZ

(4)

USO DE LAS TÉCNICAS DEL MANEJO DE IMPRESIONES UTILIZADAS POR LOS EMPLEADOS MEXICANOS PARA OBTENER EVALUACIONES DE

DESEMPEÑO LABORALES POSITIVAS

POR

PAULA BONGIOVANNI MARTÍNEZ

TESIS

PRESENTADA A LA DIVISIÓN DE HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES

ESTE TRABAJO ES REQUISITO PARCIAL PARA OBTENER EL TÍTULO DE MAESTRA EN CIENCIAS EN COMUNICACIÓN

INSTITUTO TECNOLÓGICO Y DE ESTUDIOS SUPERIORES DE MONTERREY

(5)

INSTITUTO TECNOLÓGICO Y DE ESTUDIOS SUPERIORES DE MONTERREY

PROGRAMA DE GRADUADOS DE LA DIVISIÓN EN HUMANIDAD Y CIENCIAS SOCIALES

Los miembros del comité de tesis recomendamos que la presente tesis de la Lic. Paula Bongiovanni Martínez sea aceptada como requisito parcial para obtener el grado

académico de:

Maestra en Ciencias en Comunicación, con especialidad en Comunicación Organizacional

Comité de Tesis

Mtra. Ma. Eugenia González Alafita

Asesora

Dr. Héctor René Díaz Sáenz

Sinodal

Dr. Juan Manuel Rodríguez Garza

Sinodal

Dra. Anne Fouquet Guerineau

(6)

Agradecimientos

A mi querida Asesora de tesis: la Mtra. María Eugenia González, por haberme brindado su orientación incesante, bajo un marco de aliento continuo y afectuoso.

Al Dr. Héctor René Díaz Sáenz, por su disposición para aclarar mis dudas e inducirme a la disciplina y la constancia.

Al Dr. Juan Manuel Rodríguez Garza, por sus substanciales sugerencias y despertar en mí su admiración.

Dedico este trabajo a mis papás y hermana, por enseñarme a enfrentar los obstáculos con determinación, por ser apoyo incondicional y fuente de inspiración y respeto. Agradezco infinitamente el respaldo que me han brindado a lo largo de mi formación educativa, ya

(7)

Índice

Abstract 6

Capítulo 1: Introducción al tema 7

Capítulo 2: Revisión de la literatura 13 2.1 Qué es el Manejo de Impresiones (MI)

2.1.1 Técnicas de adquisición del manejo de impresiones 15 2.1.1.1 Las técnicas de agrado: generalidades 16 2.1.1.2 La auto-promoción 19

2.1.1.3 La intimidación 20

2.1.1.4 La ejemplificación

2.1.1.5 La súplica 21

2.1.2 Empleo del manejo de impresiones 22 2.1.2.1 El Charlatán Organizacional (OC)

2.1.2.2 El Camaleón Social 23 2.1.3 Manejo de Impresiones y evaluación de desempeño 25 2.1.4 La cultura en las organizaciones mexicanas 27

2.2 Preguntas de investigación 33

Capítulo 3: Metodología 37

3.1. Participantes 3.2. Procedimiento

3.3. Instrumento 38

3.4. Análisis de datos 42

3.5 Análisis de Confiabilidad

Capítulo 4: Resultados 44

4.1 Análisis cuantitativo

4.1.2 Estadísticos descriptivos

4.1.3 Análisis de varianza (Anova) 45

4.2 Análisis cualitativo 47

Capítulo 5: Discusión 66

5.1 Conclusiones 73

5.2 Limitaciones y futuras investigaciones

Referencias bibliográficas 74

Vita 82

[image:7.612.89.498.52.705.2]

Índice de tablas y figuras

Tabla 1: Índice de confiabilidad Alpha de las variables 42 Tabla 2: Valores medios de los factores del manejo de impresiones 44 Tabla 3: Valores medios de los factores del manejo de impresiones y el género 45 Tabla 4: Resumen del análisis de varianza (Anova) 46 Figura 1. Técnicas de adquisición del manejo de impresiones (MI)

Figura 2: Resultados de la pregunta #1 acerca del uso del MI para lograr una

evaluación positiva 55

Figura 3: Resultados de la pregunta #2 acerca de la dimensión ética del MI en

el trabajo 60

Figura 4: Resultados de la pregunta #3 acerca de los beneficios del MI en

el trabajo. 64

Índice de anexos

(8)

6

Abstract

Este estudio tuvo como propósito fundamental esclarecer si los subordinados

mexicanos emplean el manejo de impresiones con la intención de obtener evaluaciones

de desempeño laborales positivas. Las variables que se analizaron fueron los tres factores

identificados por Wayne y Ferris (1990) en los que el manejo de impresiones se ejecuta:

enfocado en el supervisor, enfocado en el trabajo y enfocado en si mismo. La escala de

medición utilizada obtuvo un nivel de confiabilidad alto para medir el manejo de

impresiones en el contexto mexicano, a pesar de que fue creada en Estados Unidos.

Los resultados de 182 encuestas aplicadas a empleados mexicanos, indicaron que dentro

de las organizaciones, el trabajador utiliza el manejo de impresiones enfocado en el jefe o

supervisor y ejecuta de tres de las cuatro técnicas de agrado desarrolladas por Wayne y

Ferris (1990): conformidad de opinión, hacer favores y halago a los demás. Los

hallazgos revelaron que no existe una distinción significativa entre el género o el puesto

(9)

7

Capítulo 1. Introducción al tema

El manejo de impresiones (MI) o, como también se le conoce, imagen personal o

auto-presentación, es el modo en que los individuos controlan lo que los demás piensan

de ellos, y constituye un aspecto fundamental en el ámbito profesional; tan fundamental

que normalmente se recurre a éste automáticamente, confirman Rosenfeld, Giacalone y

Riordan (2003).

La convivencia con otras personas en el trabajo, el centro de estudios o el hogar suele

ser una batalla diaria. En muchas partes de la vida, ya no existen directrices sobre cómo

deberían comportarse los sujetos (Rosenfeld, Giacalone y Riordan, 2003); incluso las

expectativas sobre conductas que se creían entender, cambian rápidamente. Hasta cierto

punto, y cada vez más, las personas interactúan entre sí, no mediante la conversación en

una oficina o en una sala de estar, sino remotamente a través de computadoras. Esta

situación dificulta las relaciones con el resto de las personas. Más que antes, entender

quién desempeña cada papel, cómo se debe actuar y por qué otras personas hacen lo que

hacen, cobra relevancia. Todos estos son comportamientos ligados al manejo de

impresiones que pueden ayudar, en cierta medida, a definir quién y qué es un individuo o

personaje, ya que éste transmite una identidad y lo que quiere y espera de los demás.

Dichas identidades sociales constituyen la forma en que los individuos se definen y

consideran en la interacción social (Schlenker, 1980).

Schlenker y sus colegas (citados por Rosenfeld, Giacalone y Riordan, 2002),

consideraban el manejo de impresiones como una característica universal del

comportamiento humano, según la cual las personas tratan constantemente de “venderse”

(10)

8 personas llevan a cabo el manejo de impresiones de forma que les permita lograr sus

objetivos, individualmente y como miembros de grupos y organizaciones.

Ocasionalmente, el manejo de impresiones se realiza de forma consciente y deliberada,

mientras que otras veces puede ser inconsciente, automática y habitual.

Con frecuencia, las impresiones creadas de forma inconsciente sirven para reforzar o

proteger la propia imagen de uno mismo; otras veces, las impresiones se crean para

satisfacer a un público significativo para quien emplea el manejo de su imagen. En

algunas oportunidades, el manejo de impresiones es fiable y preciso, mientras que otras

se traduce en publicidad falsa a través del uso de la exageración, la fabricación, el engaño

o la mentira descarada.

El manejo de impresiones es un factor ineludible en la vida moderna en general y en

la vida organizacional en particular, puesto que la serie de fenómenos que éste permite

explicar incluye todos los aspectos de la conducta organizacional, desde la entrevista de

trabajo hasta el liderazgo, desde la ética hasta las encuestas organizacionales, desde la

diversidad hasta la evaluación de desempeño o valoración de rendimiento. Además, a

menudo puede ser una excelente vía para que las personas alcancen sus objetivos

(Baumeister, 1989). Rosenfeld, Giacalone y Giordan (2003) consideran el manejo de

impresiones como una parte muy normal y usual de muchos aspectos de la vida

organizacional. El manejo de impresiones es fundamental para establecer interacciones y

comunicaciones organizacionales efectivas.

Sin embargo, aunque parece obvio que el manejo de impresiones es una característica

ubicua de la comunicación en la vida social y organizacional, este hecho no ha sido

(11)

9 impresiones ha sufrido a través de los años una notoria transformación para llegar a ser

una importante corriente del comportamiento y la práctica organizacional. Rosenfeld,

Giacalone y Riordan (1994) manifiestan que algunos autores (e.g. Gaes, Kalle y

Tedeschi, 1978 citados por Rosenfeld y Giacalone, 1991) han definido el manejo de

impresiones en términos negativos, como una forma de manipulación interpersonal que

tiene lugar en un número limitado de contextos o que se aplica a unos pocos

comportamientos sociales. Esta teoría supone una percepción equivocada bastante usual:

que el manejo de impresiones es algo básicamente perjudicial, que implica acciones

realizadas principalmente para imponerse o engañar. No obstante, esta visión “extrema”

de asociar el manejo de impresiones con acciones deshonestas, falaces, manipuladoras y

maquiavélicas, se ha venido disipando. Las teorías más recientes definen el manejo de

impresiones como un fenómeno más amplio y generalizado; una parte fundamental de

todas las interacciones de comunicación interpersonales. Schlenker y Weigold (1992),

afirman que el argumentar que el manejo de impresiones involucra primeramente

pretensión, engaño o ilegitimidad es una alteración de la realidad. El MI involucra

empaquetar una auto-identificación para que las audiencias lleguen a una conclusión

preferida. No existe algo vil, superficial o maquiavélico respecto a empaquetar. Así como

un editor de libro de textos debe editar la información para presentarla en una forma

legible y concisa, también debe la gente editar información respecto a si mismos en la

vida diaria para proveer la “mejor” descripción posible (Schlenker y Weigold, 1992).

Seguramente, se pensaría que el manejo de impresiones, siendo popular en el

(12)

10 Sin embargo, la literatura indica que existe una falta de interés en las aplicaciones

organizacionales del manejo de impresiones.

Desafortunadamente, las investigaciones hasta el momento realizadas se han llevado

a cabo en países anglosajones como Estados Unidos e Inglaterra (e.g. Bozeman y

Kacmar, 1997; Gardner, 1992; Giacalone y Rosenfeld, 1991; Rosenfeld, Giacalone, y

Riordan, 1995; Judge y Ferris, 1993; Wortman y Linsenmeier, 1997; Ferris, Judge,

Rowand y Fitzgibbons, 1994; Wayne y Ferris, 1990; Wayne y Kacmar, 1991). Además,

el tema que predomina no incluye a las organizaciones. En este sentido, una característica

común y esencial de las organizaciones es la exigencia realizada a sus miembros de

subordinar sus intereses personales cuando entran en conflicto con las obligaciones

prescritas por la organización (Katz y Kahn, 1978). Sin embargo, las organizaciones

nunca son completamente exitosas en persuadir a los empleados para que subordinen sus

aspiraciones personales cuando éstas entran en conflicto con los objetivos

organizacionales. El desacuerdo inevitable entre los objetivos personales y

organizacionales contribuye al drama político de la vida organizacional, y convierte a la

organización en un entorno fértil para el ejercicio de la influencia social (Ferris y

Mitchell, 1987), entendida ésta como la suma de relaciones sociales que proveen la base

para alterar una actitud o comportamiento por parte de un actor que pertenece a una red

social y que interactúa con otro (Marsden y Friedkin, 1993).

Un evento organizacional que está repleto de oportunidades para ejercer esta

influencia social es la evaluación de desempeño anual (Fandt y Ferris, 1987), misma

que constituye el foco de atención de la presente investigación. Aunque las

(13)

11 investigaciones (e.g. Ittner, Larcker y Meyer, 2003; Millar, 2001; Briggs, Claiborne y

Cole, 2006; Fried, Levi, Ben-David y Tiegs, 1999; Wayne y Liden, 1995; Arya,

Glover, Mittendorf y Ye, 2005; Wayne, Liden, Graf y Ferris, 1997), sorpresivamente

poco trabajo se ha hecho para estudiar los efectos del manejo de impresiones en este

contexto (Ferris, Judge, Rowland y Fitzgibbons, 1994; Kipnis y Schmidt, 1988);

Wayne y Ferris, 1990; Wayne y Kakmar, 1991).

En el desarrollo de este estudio, se detectó que en América Latina y, específicamente

en México, existe una falta de investigación concerniente al manejo de impresiones. No

obstante, se sabe que el mexicano se siente motivado principalmente por el respeto

personal y el reconocimiento. En consecuencia, en una situación laboral, las relaciones

personales deberán cultivarse cuidadosamente para obtener el compromiso de la fuerza

que logrará la máxima eficiencia y productividad (Kras, 2001; p. 31). El trabajador

mexicano demostrará enorme respeto por la autoridad. La forma en que ha crecido se ha

basado en la aceptación de la autoridad y en ocasiones parece asumir una actitud casi

servil. Cuando un joven trabajador desempeña sus responsabilidades, nunca comenta ni

cuestiona las decisiones de su superior, aunque esté en desacuerdo o esté convencido de

que la decisión es imprudente. Tampoco el supervisor acepta que alguien cuestione sus

decisiones (Kras, 1990; p. 36). Kras (1990) señala que en la cultura mexicana es muy

importante para cualquier individuo cuidar su imagen ante los demás: “salvar la cara”.

Esto puede conducir a respuestas evasivas, medias verdades y mentiras. Por lo anterior,

se esperara que el manejo de impresiones se refleje en la presente investigación como

(14)

12 Después de haber realizado una búsqueda en recursos electrónicos, bibliotecas,

artículos académicos y de divulgación científica, surgió la inquietud de documentar este

fenómeno que resulta inherente a las relaciones humanas y que se suscita en el mundo

organizacional porque, como se observa en la presente introducción y también se

manifiesta en el creciente número de publicaciones, el campo del MI se está extendiendo

con rapidez y se presta a la investigación.

En términos de este estudio, el propósito es evidenciar empíricamente si el manejo de

impresiones es ejercido por los subordinados mexicanos que trabajan en distintas

organizaciones, teniendo la intención de influir positivamente en las evaluaciones de

desempeño que recibe de su nivel superior de autoridad. Para ello, inicialmente se

proporciona una revisión a la literatura que refleja los hallazgos pertinentes hasta el

momento; acto seguido, se describe la metodología utilizada, continuada por el análisis

(15)

13

Capítulo 2. Revisión de la literatura

A continuación se presenta una revisión de la literatura acerca de los temas que se van

a tomar en cuenta como marco teórico para la realización de esta investigación. Primero

se proporciona la definición de manejo de impresiones; posteriormente se detallan las

técnicas de empleo de éste: auto-promoción, intimidación, ejemplificación y súplica; acto

seguido, se puntualizan los tipos de individuo que hacen uso del manejo de impresiones:

el charlatán organizacional y el camaleón social. También se explica la conexión que

vincula el manejo de impresiones con la evaluación de desempeño y, finalmente, se

incluye un apartado que trata sobre las características relativas a la cultura, forma de ser y

trabajo del mexicano.

2.1 Qué es el Manejo de Impresiones (MI)

Formalmente, el manejo de impresiones es el procedimiento mediante el cual las

personas tratan de controlar o modificar la impresión que causan al resto (Schlenker y

Pontari, 2000). Existen muchas formas de llevar a cabo este proceso: qué se hace, cómo

se hace, qué se dice, cómo se dice, el mobiliario y la disposición de las oficinas, así como

el aspecto físico, desde la ropa y el maquillaje que se utiliza hasta el comportamiento no

verbal, como las expresiones faciales o la postura corporal.

El manejo de impresiones constituye un ritual mutuo que facilita el control de las

buenas relaciones sociales y evita las situaciones embarazosas (Rosenfeld, Giacalone y

Riordan, 2002). Incluso, las acciones que a primera vista parecen insignificantes, pueden

llevarse a cabo estratégicamente para que el actor social dé la mejor imagen posible. Las

personas son actores que se meten en la piel de diferentes personajes para construir sus

(16)

14

mismo, también se suele emplear el término auto-presentación (Schlenker y Pontari,

2000). De acuerdo a Schlenker y Pontari (2000), algunos de estos comportamientos de

manejo de impresiones están controlados deliberadamente, mientras que otros, como el

contacto visual y la postura, suelen expresarse inconscientemente. El ser humano trata de

controlar sus comportamientos de manejo de impresiones porque representan una forma

primaria de influir en el trato que recibe de los demás.

Los estudios realizados respecto al manejo de impresiones desde la década de los

ochentas, giraron en torno al tipo de estrategias empleadas (Buss, Gomes, Higgins y

Lauterbach, 1987); las motivaciones que están detrás del uso de cada estrategia (Arkin,

Appleman y Berger, 1980); las características individuales de los afectados por el manejo

de impresiones (Baumeister y Jones, 1978; Schlenker y Leary, 1982); su vínculo con el

liderazgo transformacional (House, 1997; Bass, 1985; Conger, 1988); la influencia del

MI en la toma de decisiones (Elsbach y Sutton, 1992; Mazen, 1990); retroalimentación

(Ashford y Northcraft, 1992; Morrison y Bies, 1991); el rol del MI en el proceso de

selección de empleados (Becker y Colquitt, 1992; Fletcher, 1990); y las reacciones de los

afectados ante los comportamientos de manejo de impresiones (Schlenker y Leary, 1982).

Asimismo, la sugerencia realizada por Wortman y Linsenmeier (1997) referente a que

podrían encontrarse hallazgos relacionados al manejo de impresiones en el campo de la

psicología social, detonó el interés de los investigadores para estudiar el manejo de

impresiones dentro de las organizaciones (Bohra y Pandey, 1984; Giacalone, 1985; Judge

y Ferris, 1993; Wayne y Ferris, 1990). La mayor parte de estos estudios se enfocaron en

(17)

15 de gestación. Sin embargo, pocos estudios científicos han examinado empíricamente la

relación entre el manejo de impresiones y las evaluaciones de desempeño en el lugar de

trabajo (Ferris, Judge, Rowand y Fitzgibbons, 1994; Kipnis y Schmidt, 1988; Wayne y

Ferris, 1990; Wayne y Kacmar, 1991).

Para comprender cómo se desarrolla el vínculo entre el MI y las evaluaciones de

desempeño, será necesario el entendimiento de las distintas formas en que este control o

manipulación de impresiones es utilizado para la obtención de un beneficio personal.

Algunos autores (Jones, 1964; Odom, 1993; Byrne, 1971; Jones, Gergen, Gumpert y

Thibaut, 1965; Cialdini, 1993; Stengel, 2000; Kipnis y Vanderveer, 1971; Schlenker,

1980; Kacmar y Carlson, 1994; Arkin y Shepherd, 1990; Jones y Pittman, 1982)

desarrollaron las técnicas de adquisición de manejo de impresiones, que se profundizan a

continuación.

2.1.1 Técnicas de adquisición del manejo de impresiones

Se conoce como técnica el “método empleado para alcanzar un propósito deseado”

(Británica, 2007). En los escenarios organizacionales, cinco técnicas de manejo de

impresiones parecieran ser las más utilizadas para crear la ilusión de competencia, éxito y

merecimiento de promociones y beneficios. Estas técnicas, que se detallarán a

continuación son: las técnicas de agrado, la auto-promoción, la intimidación, la

ejemplificación y la súplica (Jones, 1964; Odom, 1993; Byrne, 1971; Jones, Gergen,

Gumpert y Thibaut, 1965; Cialdini, 1993; Stengel, 2000; Kipnis y Vanderveer, 1971;

Schlenker, 1980; Kacmar y Carlson, 1994; Arkin y Shepherd, 1990; Jones y Pittman,

(18)

16

2.1.1.1 Las técnicas de agrado: generalidades

El agrado es la técnica de manejo de impresiones más común y la más estudiada.

Edward E. Jones (1964) fue el primero en describir el agrado; éste hace referencia a una

serie de tácticas de manejo de impresiones interrelacionadas que tienen como objetivo

hacer que la persona aparezca más atractiva ante los demás. El agrado, conceptualizado

en un principio por Jones, se definió como un tipo de conducta estratégica diseñada

ilícitamente para influir en una persona determinada en relación al atractivo de las

propias cualidades personales. Para muchos miembros organizacionales, saber que llega

“el juez”, “el jefe”, u otra persona de rango superior a ellos, es más que suficiente para

empezar a utilizar el guión de agrado sin planificarlo ni premeditarlo mucho. Un escrito

realizado por Odom (1993), señala que las técnicas de agrado conceden a un empleado

una ventaja de cuatro ó cinco por ciento de su salario respecto a aquellos que dependen

sólo de su rendimiento laboral.

De acuerdo con Rosenfeld, Giacalone y Riordan (2002), las diferencias de poder son

la causa por la que las técnicas de agrado se utilizan con tanta frecuencia en el lugar de

trabajo. El empleado, normalmente con bajos recursos de poder, no tiene muchas más

opciones para influir en el supervisor de más poder. Un subordinado que haya empleado

con éxito dichas técnicas y haya conseguido poner al supervisor a su mismo nivel, ha

realizado un gran logro, ya que el supervisor estará más dispuesto a gratificarle y menos

dispuesto a penalizarle (Schlenker, 1980).

El buen uso de las técnicas de agrado por parte de un subordinado provoca que un

supervisor se forme una impresión positiva de dicho subordinado, y que le atribuya

(19)

17 supervisor categorizará al empleado de forma positiva; esto influirá en las respuestas

inmediatas del supervisor hacia el empleado, como el afecto, y en las decisiones

posteriores sobre dicho empleado, incluyendo las evaluaciones de su rendimiento y las

conductas relativas a la calidad del intercambio (Wayne y Ferris, 1990).

Las técnicas de agrado, a su vez, se subdividen en cuatro categorías con base en sus

formas específicas de utilización: conformidad de opinión, hacer favores, halago a los

demás, halago a uno mismo. A continuación se detallará cada una de ellas.

Conformidad de opinión. Esta primera técnica de atracción indica que según la ley de

la atracción de Donn Byrne (Byrne, 1971), cuanto mayor sea la proporción de actitudes

similares compartidas por dos personas, más se gustarán entre sí. Los individuos que

quieren agradar suelen sacar provecho de la relación similitud-atracción convirtiéndose

en “camaleones sociales”, definidos como expertos en el arte de la conformidad de

opinión. A este tipo de individuos se les dedica un apartado más adelante en el presente

escrito.

Existen estudios que defienden la eficacia de la conformidad de opinión en el ámbito

laboral. Según Odom (1993), los resultados de un estudio realizado a 152 parejas

compuestas por un supervisor y un subordinado, la conformidad de opinión es una

técnica de agrado usual y eficaz. Llegaron a la conclusión de que las técnicas de agrado

funcionan porque pertenece a la naturaleza humana apreciar los cumplidos, obtener la

aprobación por su actitud y sentir aprecio por las personas que los admiran. De acuerdo a

Odom, incluso cuando el jefe sabe que se le está alabando, esto suele traducirse en

(20)

18

Al igual que otras técnicas de agrado, la conformidad de opinión se alimenta de las

diferencias de poder, como la que existe, por ejemplo, entre jefes y subordinados

(Rosenfeld, Giacalone y Riordan, 2002). Jones (1964) y sus colegas demostraron que la

conformidad de opinión se producía cuando un supervisor tenía el poder para evaluar el

rendimiento de su subordinado (Jones, Gergen, Gumpert y Thibaut, 1965).

Hacer favores. Con esta segunda técnica de agrado, la persona que hace favores

espera sacar partido de la norma de reciprocidad, una regla universal de comportamiento

social, según la cual se debe ayudar o devolver el favor a las personas que ayudan o

hacen favores (Gouldner, 1960). Sin embargo, la persona que desea agradar busca más la

aprobación que el intercambio recíproco de favores; la persona que hace favores intenta

crear un sentimiento de deuda que puede aprovecharse como un medio eficaz de

influencia social (Cialdini, 1993).

El halago a los demás. Es también otra forma específica de empleo de las técnicas de

agrado. Stengel (2000) afirma que la persona que desea agradar hace uso de la sencilla y

poderosa norma social de acuerdo a la cual los individuos se sienten atraídos por aquellos

que los halagan, con la finalidad de aumentar la atracción del receptor hacia ella.

Subrayará y exagerará las cualidades positivas del jefe, como la eficiencia, la inteligencia

y la apariencia, y ocultará o minimizará los rasgos negativos, como la impaciencia, el mal

carácter o la falta de visión de futuro. Varios estudios han demostrado la eficacia del

halago a los demás en las organizaciones. Kipnis y Vanderveer (1971) descubrieron que

el uso de los mensajes de elogio influía en las valoraciones del subordinado por parte del

jefe. El individuo medio que utilizaba las técnicas de elogio recibía evaluaciones de

(21)

19 positivas que las del trabajador que no empleaba las técnicas de agrado, aún a pesar de

que el rendimiento de todos ellos era el mismo. Por tanto, el rendimiento es importante,

pero el empleo de las técnicas de elogio también lo es.

El halago a uno mismo. De acuerdo a Schlenker (1980), esta cuarta y última técnica

de agrado consiste en utilizar el manejo de impresiones para ser considerado más

atractivo a los ojos de los demás. Mediante el halago a uno mismo, se ponen de

manifiesto las mejores características de la persona ante el individuo (o individuos)

objetivo. El fin de esta técnica de agrado es determinar qué es atractivo para el receptor y

poder atribuirse esos rasgos.

Con esta última técnica de agrado, se prosigue a explicar las restantes cuatro técnicas

de adquisición del manejo de impresiones: la auto-promoción, la intimidación, la

ejemplificación y la súplica.

2.1.1.2 La auto-promoción

Continuando con las técnicas de adquisición del manejo de impresiones, se

puntualizará ahora en el promotor de si mismo. Este individuo trata de hacer creer a los

demás que es competente en aspectos generales o en habilidades específicas. Las técnicas

de agrado prestan atención, es decir, buscan a un receptor para obtener su aprecio. La

auto-promoción acapara la atención, porque dirige la mirada del público a los logros de

uno mismo, para que nos consideren competentes (Rosenfeld, Giacalone y Riordan,

2002). En el contexto organizacional, se ha demostrado que la auto-promoción es una

técnica eficaz en las entrevistas de trabajo, aunque no funciona tan bien en las

evaluaciones del rendimiento (Kacmar y Carlson, 1994). Una de las causas es que las

(22)

20 participantes se conocen bien, con lo que es más fácil que el directivo detecte los intentos

de auto-promoción de última hora del empleado. Por otro lado, la investigación en este

campo ha revelado que la auto-promoción del subordinado en situaciones de evaluación

del rendimiento puede fracasar, dando lugar a evaluaciones negativas (Rosenfeld,

Giacalone y Riordan, 2002).

2.1.1.3 La intimidación

Haciendo uso de esta tercera técnica de adquisición del manejo de impresiones, el

intimidador crea y modifica su reputación en el trabajo construyéndose la identidad de

persona peligrosa, cuyas amenazas y advertencias deben obedecerse, pues de lo contrario

las consecuencias serán negativas (Arkin y Shepherd, 1990). En el contexto

organizacional, un empleado incompetente e incapacitado que promete interponer una

demanda a la empresa si no recibe una promoción, o un empleado entrado en años que

hace saber que va a presentar una demanda por discriminación de edad si le sancionan

por faltar al trabajo sin autorización están utilizando la intimidación a pesar de su

debilidad.

2.1.1.4 La ejemplificación

En cuarto lugar, la ejemplificación es otra técnica de adquisición del manejo de

impresiones que consiste en gestionar las impresiones de integridad, auto-sacrificio y

dignidad moral (Jones y Pittman, 1982). Un ejemplificador es el jefe que llega temprano

a la oficina y se queda hasta tarde, el compañero que se lleva trabajo a casa todos los días

o el colega que jamás toma vacaciones. Los ejemplificadores se presentan voluntarios

para las tareas más difíciles, y sufren por voluntad propia con tal de ayudar a los demás;

(23)

21

2.1.1.5 La súplica

La súplica es la última técnica de adquisición del manejo de impresiones, que además

se considera de último recurso: el suplicante explota su propia debilidad para influir en

los demás. Si un individuo abusa de la suplicación, podría ganarse la reputación de

embustero; una buena suplicación es lo contrario a la auto-promoción: se consigue que

los demás nos ayuden si creen que no pueden resistirse a ello (Rosenfeld, Giacalone y

Riordan, 2002).

Las distintas técnicas de manejo de impresiones mencionadas anteriormente (las

técnicas de agrado: conformidad de opinión, hacer favores, halago a los demás, halago a

uno mismo; la auto-promoción, la intimidación, la ejemplificación y la súplica) se pueden

[image:23.612.105.535.430.574.2]

apreciar en la Figura 1:

Figura 1. Técnicas de adquisición del manejo de impresiones (MI)

Las técnicas anteriormente mencionadas serán gestionadas por los miembros

organizacionales, quienes han sido llamados en los estudios previos como: Charlatanes

Organizacionales (OC) y Camaleones Sociales. A continuación se detallan las

(24)

22

2.1.2 Empleo del manejo de impresiones

Con la introducción actual de una “generación X”, que comprende a los jóvenes y

adultos nacidos entre 1961 y 1981, criados en un ambiente permisivo en el que mostraban

su enojo contra el orden establecido y que se consideran individuos poco positivos

(Craig, 2001), a la fuerza de trabajo, las oportunidades abundan como nunca antes para

quienes presentan una máscara de arduos trabajadores en posiciones donde son

pobremente evaluados (Wayne y Liden, 1995). A continuación se describen los dos tipos

de personaje seleccionados para este estudio, quienes hacen uso de estas máscaras

creadas con el manejo de impresiones.

2.1.2.1 El Charlatán Organizacional (OC)

Los individuos que buscan incrementar su rendimiento percibido a expensas de su

rendimiento real son llamados “Charlatanes Organizacionales (OC)”. Aparentemente,

estos sujetos que manejan efectivamente su imagen tienen mayores posibilidades de ser

contratados, promovidos y de recibir las asignaciones de trabajo más atractivas que

aquellos individuos que no hacen uso de esta herramienta (Judge y Ferris, citados por

Parnell y Singer, 2001).

Los charlatanes organizacionales tienen la habilidad de ofuscar su desempeño actual

para engañar a los supervisores. Ellos progresan a niveles mayores de responsabilidad y

autoridad a pesar de su incompetencia. Y además, puede crear discordia entre sus

colegas, quienes, a diferencia del objetivo que tiene el manejo de impresiones,

usualmente saben separar la realidad de la ilusión. Godfrey (1986) demostró que existen

diferencias entre las tácticas de comportamiento que utilizan los charlatanes

(25)

23 sus deficiencias de productividad. Los charlatanes exitosos comúnmente tienen

características como: contacto visual, uso de expresiones faciales e inclinación hacia

delante en las conversaciones.

Una vez que las percepciones favorables han sido iniciadas en la mente del sujeto que

es blanco del charlatán organizacional, es improbable que se realicen evaluaciones de

desempeño objetivas. Asimismo, será improbable que el blanco acepte que sus

percepciones fueron inducidas.

Habiendo descrito a uno de los tipos de individuo que emplean el manejo de

impresiones en el ámbito laboral, se procede a describir el segundo y último que compete

al presente estudio.

2.1.2.2 El Camaleón Social

Como se mencionó con anterioridad en las técnicas de agrado, un individuo que desea

agradar a otro y sacar provecho de ello se denomina camaleón social. Estos íconos

modernos expresan opiniones o actúan de forma coherente con las actitudes, creencias y

valores de otra persona, todo ello para conseguir su aprobación (Bohra y Pandey, 1984;

Ralston, 1985). Los camaleones sociales rutinariamente ajustan sus comportamientos

comunicativos para encontrar las restricciones socialmente apropiadas en situaciones

particulares (Stiff, Corman, Krizek, y Snider, 1994).

Los camaleones sociales también fueron definidos por Giacalone y Rosenfeld (1991)

como “inteligentes y hábiles oportunistas políticos” (p. 59) quienes, a través de sus

interacciones comunicativas, manejan impresiones efectivamente para “convertirse”

exactamente en lo que dicta una situación. Mientras los camaleones cambian para

(26)

24 que encajar se convierte en un proceso visible, público, que atrae la atención, un

desempeño puesto en escena diseñado para alcanzar un beneficio personal (Giacalone y

Rosenfeld, 1991). Además, estos seres no experimentan ninguna sensación de

culpabilidad por la violación de una supuesta esencia a la que haya de ser fiel (Revilla,

2003).

Escobar y Mantilla (2007), señalan que la versión fuerte de un sujeto que siempre es

el mismo, decae en la escena y se presenta ahora como un ser precario o vulnerable en el

marco de las relaciones posibles en mundos situados en la cultura. Las comunidades en

las que los camaleones sociales pasan la mayor parte del tiempo, el trabajo y la

institución, constituyen una hiper-realidad que lo interpretan y determinan; el yo, en

consecuencia, deviene en las relaciones, y dichas relaciones son sociales. El yo dejó de

ser el lugar físico como esencia que define al sujeto y pasó a ser considerado en términos

de relaciones en contextos culturales narrativos; es ahora un yo relacional, con formas de

identidad particulares, que posibilita la existencia del camaleón social.

Poco esfuerzo se ha dedicado en la identificación de los charlatanes organizacionales

y camaleones sociales a pesar de su importante rol en el contexto organizacional. Los

investigadores aparentemente están más preocupados por la identificación de las técnicas

utilizadas en la formación de las impresiones, el impacto que éstas tienen en el agrado y

los efectos del manejo de impresiones en las decisiones de los empleados (Parnell y

Singer, 2001). Se ha demostrado que los subordinados (charlatanes organizaciones y

camaleones sociales) que sistemáticamente emplean el manejo de impresiones y utilizan

sus tácticas de influencia, pueden impactar favorablemente en las valoraciones otorgadas

(27)

25 son susceptibles a recibir evaluaciones más bajas (Jones, 1694; Wayne y Ferris, 1990;

Wayne y Kacmar, 1991).

A continuación se ahonda en la relación que existe entre el manejo de impresiones y

las evaluaciones de desempeño que reciben los empleados.

2.1.3 Manejo de Impresiones y evaluación de desempeño

Una de las actividades más importantes en la gerencia de recursos humanos es la

evaluación del desempeño de los empleados. A pesar del supuesto tradicional en cuanto a

que las evaluaciones de desempeño operan en una forma sistemática y racional, que

llevan a evaluaciones válidas y exactas/precisas de un desempeño “real”, Giacalone y

Rosenfeld (1991) sugieren que este proceso y sus correspondientes resultados son

susceptibles a otro tipo de influencias. Éstas provienen de factores no relacionados al

desempeño, sino a la manipulación deliberada, tanto por el evaluador como por el

evaluado. Aparentemente, así como sucede con los actores que improvisan, los actores

organizacionales tienen una oportunidad considerable en su proceso de evaluación de

desempeño para manipular las evaluaciones que reciben.

Debido a que las evaluaciones de desempeño en muchos trabajos no son susceptibles

a la valoración objetiva y cuantificable, las evaluaciones otorgadas a los subordinados

típicamente incorporan una variedad de factores ajenos al desempeño en sí mismo. Este

hecho viola el sagrado principio de una evaluación de desempeño: el desempeño, y no la

persona en su abstracción, está siendo evaluado (Giacalone y Rosenfeld, 1991).

Wayne y Ferris (1990), por ejemplo, encontraron que las técnicas de manejo de

impresiones utilizadas por los subordinados, contribuyen a incrementar el agrado del

(28)

26 favorablemente. En su investigación, realizaron un análisis que indicó tres tipos de

manejo de impresiones, denominados por los autores como “Factores”: enfocado en el

trabajo, enfocado en el supervisor y enfocado en sí mismo. El Factor 1 comprende

comportamientos y afirmaciones verbales relacionados con el desenvolvimiento del

individuo en su trabajo. El Factor 2 se centró en comportamientos y afirmaciones

verbales dirigidas hacia el supervisor. El Factor 3 se caracterizó por comportamientos que

fueron intencionalmente ejercidos para crear la impresión de que el subordinado es una

persona buena y educada.

Las conductas de manejo de impresiones comprendidas en los Factores citados,

producen efectos diferentes en función de las características demográficas del receptor

y/o del que la pone en práctica. De acuerdo a Wayne, Liden y Sparrowe (1994), el género

está relacionado con la creación de intercambios líder-miembro (ej. La relación entre un

empleado y su jefe). Los intercambios líder-miembro de alta calidad, van unidos a

resultados organizacionales importantes como el acceso a la información y las

oportunidades de desarrollo profesional. Para los individuos que desean seguir una

trayectoria exitosa dentro de una organización, la calidad de los intercambios

líder-miembro que establezca será esencial. Las mujeres que deban hacer frente a los posibles

efectos negativos del género en la calidad de su relación con un supervisor hombre, se

verán obligadas a hacer un mayor uso de las técnicas de manejo de impresiones respecto

a muchos de sus colegas hombres. Así, debe tenerse en cuenta que el empleo del manejo

de impresiones depende de las características demográficas y el entorno cultural del

(29)

27 Teniendo lo anterior en cuenta, y dado que la presente investigación se ejecutó en el

entorno mexicano, conviene explorar a continuación cómo es este contexto.

2.1.4 La cultura en las organizaciones mexicanas

Para contextualizar el estudio, se requiere examinar cómo es la cultura laboral en

México y cuál es la dinámica de comunicación que se suscita en el ámbito organizacional

entre sus miembros.

En general, la cultura mexicana, y los valores que ésta conlleva profundamente

arraigados en el inconsciente de sus ciudadanos, son fundamentales para la cohesión

social y la preservación moral, ya que contribuyen a la convivencia humana cotidiana.

Estos valores no pueden ser abandonados a la entrada de la fábrica, de la oficina, del

despacho; son introducidos en estos espacios junto con las personas, de ahí la importancia

de ver su impacto en la organización (Espinosa y Pérez, 1994).

En México, el lugar de trabajo está estructurado sobre la realización personal del

individuo, todo trabajo se organiza y delega a individuos. Cada persona siente

responsabilidad y lealtad hacia su jefe, pero muy poco interés adicional, a menos de que

se trate de un vínculo amistoso. El concepto de trabajo en equipo casi no existe y va en

contra de los valores individualistas tradicionales de confianza personal y de

reconocimiento dentro de la estructura jerárquica. Intentar modificar este valor por el de

reconocimiento del grupo, desempeño del grupo, planeación en grupo, toma de

decisiones en grupo, sería un cambio radical para una sociedad basada en valores

individuales (Kras, 1991). Sin embargo, y debido a que el factor humano constituye la

columna vertebral de todas las empresas en México, las relaciones interpersonales son

(30)

28 fracciones: una dedicada al trabajo y otra dedicada a la vida personal. Por esto, el cultivo

de la confianza entre los miembros organizacionales es un ingrediente esencial para el

éxito (Millan, Kras, Jacques, Fish et. al., 1995).

Algunos autores (Kras, 1990; Dorfman y Howell, 1997; Stephens y Greer, 1995;

Gutiérrez, 1993; Martínez y Dorfman, 1998) hablan de patrones culturales mexicanos,

mismos que ayudan a entender cómo se llevan a cabo las prácticas comunicativas entre

los miembros organizacionales que forman parte de la presente investigación. En seguida

se presenta una síntesis de los rasgos culturales del ejecutivo mexicano:

Familia. Kras (1990) afirma que la familia sigue siendo la base de la sociedad. La

familia de una persona lleva prioridad sobre el trabajo y cualquier otro aspecto de la vida

cotidiana. Dentro de la unidad familiar, el padre es la figura de autoridad claramente

percibida y toda decisión y norma de disciplina proviene de él. La madre tiende a ser

servil y busca el consejo y autoridad del marido en todo asunto, aunque se la reverencia

como madre abnegada y esposa obediente. Al niño se le aprecia, protege y ama, además

de ser aceptado y disfrutado en toda circunstancia. Al llegar a la edad escolar, y habiendo

sido acondicionado en su ambiente familiar, el niño tenderá a aceptar la autoridad escolar

como una realidad de la vida. Generalmente se vuelve conformista y acepta la rigidez del

sistema escolar en el que cualquier mente cuestionante alerta es desalentada.

Como resultado de este ámbito familiar y educativo, el ejecutivo joven parecerá

obsequioso hacia su supervisor, aceptará la necesidad de llevar a cabo sus instrucciones

sin cuestionarlas y no está acostumbrado ni a resolver sus propios problemas, ni a sentirse

responsable en lo personal porque su superior es la autoridad aceptada y su

(31)

29 En consecuencia, no es sorprendente que la familia emerja como uno de los modelos

de estructura organizacional: el modelo patriarcal organizacional, en el que un

administrativo provee seguridad y protección a los empleados a cambio de lealtad y

trabajo arduo (Dorfman y Howell, 1997). Reconocer que el sistema familiar funge como

un modelo para las organizaciones, ayuda a entender los códigos de comportamiento que

caracterizan las relaciones entre supervisores y subordinados, particularmente la

importancia de la confianza, armonía y solidaridad en el lugar de trabajo (Kras, 1994).

Religión. En México, la religión católica está muy arraigada en las tradiciones

nacionales y el 88% de la población es católica (INEGI, 2000), aunque no todos los

mexicanos asisten con regularidad a las iglesias. En la comunidad empresarial, se percibe

a la religión como una fuerza positiva y como un componente valioso del ánimo del

personal. Kras (1994) afirma que hay un aspecto religioso que se refleja en un punto de

vista claramente fatalista que abarca mucho el pensamiento mexicano. El mexicano siente

que su vida está controlada en un sentido místico por un poder superior, de modo que está

igualmente dispuesto a aceptar el éxito o el fracaso, la felicidad o la tragedia, la riqueza o

la pobreza.

Enfoque educativo. En términos generales, los alumnos aceptan el rígido

conformismo que el sistema escolar exige, debido a que fueron expuestos a una figura de

autoridad durante la niñez. Se le da una enorme importancia a la presentación atractiva

del trabajo de los alumnos en todos los niveles escolares, llegándose a veces al extremo

de que se considera esto más importante que el contenido (Kras, 1990).

Nacionalismo. En promedio, los mexicanos son intensamente patriotas, nacionalistas

(32)

30 de su cultura, hallándose siempre dispuestos a externar este sentimiento en cualquier

ocasión (Kras, 1990; p.21).

Sensibilidad. El ejecutivo mexicano es sensible, rasgo que se vincula estrechamente

con lo que Kras (1990) llama una “naturaleza romántica” en general. Esta sensibilidad a

veces se malinterpreta como ser “muy delicado”, pero en realidad es una reacción

emocional profunda ante situaciones que le impliquen en lo personal. Por eso, trata de

evitar acciones que lo coloquen en posición negativa o conflictiva. Su sensibilidad a

veces se interpreta también como complejo de inferioridad por su incapacidad para

aceptar situaciones de “ganar o perder”, su extrema reacción ante la crítica y su dificultad

general para aceptar “que no sabe” (p. 22). Por otro lado, muestra gran empatía con

aquellos con quienes debe interactuar y también ha desarrollado una tremenda agilidad en

la diplomacia, arte muy desarrollado en México como mecanismo para poner a salvo el

prestigio y que posibilita tratos exitosos de negocios sin confrontación.

Etiqueta. Los buenos modales se consideran parte de la buena educación de la niñez.

El no ajustarse a las normas básicas de la conducta cortés se interpreta como irrespetuoso

y brusco, y se considera falta de una buena educación en el sentido amplio. Estas

cortesías se exhiben en diversas formas, como estrechar la mano al ser presentados e

invariablemente dar los buenos días al personal al llegar a trabajar. En general, el

mexicano es una persona cálida, acostumbrado al contacto físico estrecho, aunque en

ocasiones los subordinados reciben un trato descortés. Sin embargo, a los superiores

siempre se les trata con la máxima cortesía y servilismo.

En general, el ejecutivo mexicano es cortés y diplomático y nunca se jacta

(33)

31 credibilidad y respeto. La cortesía exige más bien una conducta más suave, respetuosa y

de apariencia obsequiosa (Kras, 1990).

Aspecto personal. La apariencia general ocupa un lugar importante en el

establecimiento de una buena impresión. También es interesante notar que cuando se

escucha una descripción de una entrevista inicial, uno de los primeros comentarios se

refiere al vestuario y apariencia personal, además de las cualidades del individuo.

Siguientes por orden de su importancia son el logro y el desempeño (Kras, 1990). En la

situación cotidiana del trabajo, el buen arreglo y buen vestir se consideran

automáticamente como vinculados con el nivel ejecutivo. El administrador de alto nivel

se da cuenta de la importancia de todo esto para conservar el respeto de sus subordinados.

También, se recalca mucho en los empleados la presentación y el arreglo personal. El

aliño personal cuidadoso se considera señal de buena educación y la apariencia

descuidada y mal arreglada se asocia con clases inferiores.

Status. En la sociedad mexicana, el status ocupa un alto nivel en términos de la estima

personal. Una posición social o título reconocidos, son a menudo más importantes para

los mexicanos que el dinero (Gutiérrez, 1993), ya que quien ostenta un título

impresionante recibirá un respeto significativo y admiración de familiares, amistades y la

comunidad en general. Los títulos como “licenciado”, “ingeniero”, o “doctor”, o su

posición tal vez tengan muy poco que ver con sus logros o desempeño real, porque la

mayoría de los puestos se siguen otorgando por contactos familiares o personales, o por

influencias. Sin embargo, al aumentar el número de empresas de mayor tamaño y

sofisticación, cada vez se da más reconocimiento al logro y se ve ahora a más puestos de

(34)

32 en la pequeña y mediana empresa se sigue haciendo mucho caso del compadrazgo y sus

influencias y por eso las conexiones y el status familiar sigue teniendo un enorme peso

(Kras, 1990).

Ética. El código ético al que se apegan la mayor parte de los mexicanos se basa en el

código moral de la Iglesia Católica. Debe recordarse que, debido a la sensibilidad del

mexicano, su primera preocupación es evitar herir susceptibilidades y no causar

confrontaciones, lo cual produce que no siempre se pueda esperar una respuesta

totalmente directa, o completamente veraz a una pregunta directa. Por lo general, no se

considera antiético el decir medias verdades o mentiras pequeñas, o el no decir nada para

evitar pérdidas de prestigio o confrontación, de modo que aquí se ve surgir el tono gris en

sus múltiples matices al hablar de la estricta verdad y la ética personal. En general, el

ejecutivo mexicano piensa que la diplomacia y un enfoque directo y discreto pueden ser

más eficaces para la mayor comprensión a largo plazo que la verdad escueta y la

confrontación directa.

Relaciones con otros en el ambiente de negocios. El mexicano siente que es una

necesidad conocer y confiar en sus colegas. El desarrollo de una red personal de clientes

y proveedores es considerado esencial para el éxito del negocio (Martínez y Dorfman,

1998). Ésta es quizá una de las causas más frecuentes de resentimiento que sienten los

administrativos mexicanos al tratar con sus subordinados, colegas o jefes

estadounidenses. El conflicto se deriva del enfoque diplomático de los mexicanos y la

extrema sensibilidad a las críticas, especialmente a la crítica pública. Esta aversión se

deriva de la percepción mexicana: es importante cuidar las apariencias ante una sociedad

(35)

33 La vida de los mexicanos se caracteriza por muchas formalidades sociales y códigos

de conducta que inciden en el comportamiento dentro del ámbito laboral. No obstante, los

canales informales de comunicación, los gestos de amistad, la lealtad y el afecto son

igualmente importantes (Stephens y Greer, 1995).

Distancia de poderen la organización. México se considera una nación cuya

distancia de poder es alta (Hofstede, 1991). Por esto, los supervisores y subordinados se

consideran uno al otro como desiguales. Las organizaciones mexicanas centralizan el

poder tanto como sea posible en unas pocas manos. Se espera que a los subordinados se

les diga qué hacer y existe mucho personal supervisor, estructurado en jerarquías altas en

las que unos se reportan a otros. El jefe ideal, ante los ojos del subordinado, es un

autócrata benévolo o un “buen padre”, señala Hofstede (1991). Aunque el mexicano

puede ideológicamente rechazar la autoridad del jefe, en la práctica se mostrará

complacido, concordando con la ideología de Rosenfeld, Giacalone y Riordan (2002),

quienes establecen que las diferencias de poder aumentan la necesidad de utilizar las

técnicas de agrado.

Con este último patrón cultural del trabajador mexicano, se tiene suficiente

información para determinar las preguntas de investigación que guiaron el presente

estudio y posteriormente dar respuesta a cada una de ellas en el apartado de discusión de

resultados.

2.2 Preguntas de investigación

Como se indicó en el primer capítulo, el propósito de este estudio es explorar, en el

entorno laboral, si el manejo de impresiones que los subordinados mexicanos utilizan,

(36)

34 de su nivel superior. Para alcanzar este propósito de investigación, las preguntas que

guiaron el estudio se presentan a continuación.

La primera interrogación se basa en los Factores 1, 2 y 3 que Wayne y Ferris (1990)

definen como enfocado en su trabajo, enfocado en el supervisor y enfocado en si mismo

respectivamente. El primero se refiere al conjunto de comportamientos y afirmaciones

verbales relacionados con el desenvolvimiento del individuo en su trabajo. Es decir, el

individuo utiliza estas técnicas para manipular información relacionada a su desempeño

laboral y ejercer una impresión positiva sobre su supervisor. El Factor 2 supone la

ejecución de comportamientos y afirmaciones verbales dirigidas hacia el supervisor. Esto

es, el individuo utiliza estas técnicas elogiando al supervisor y haciendo favores

personales para él o ella. El Factor 3 involucra comportamientos que fueron

intencionalmente ejercidos para crear la impresión de que el subordinado es una persona

buena y educada.

Por otro lado, según Wayne, Liden y Sparrowe (1994), el género está relacionado con

la creación de intercambios supervisor-subordinado. Estos intercambios de alta calidad

van unidos a resultados organizacionales importantes como la influencia personal, el

acceso a la información y las oportunidades de desarrollo profesional. Las mujeres que

deban hacer frente a los posibles efectos negativos del género en la calidad de su relación

con un supervisor hombre, se verán obligadas a hacer un mayor uso de las técnicas de

manejo de impresiones respecto a muchos de sus compañeros hombres. Considerando lo

(37)

35

1. De las tres formas en que los individuos manejan sus impresiones, ¿cuál es la que

predomina entre los subordinados mexicanos?

2. ¿El manejo de impresiones en el ámbito laboral, es empleado más por las mujeres

que por los hombres mexicanos?

La tercera pregunta de investigación tiene sus cimientos en los patrones culturales del

trabajador mexicano. Gutiérrez (2003), señaló que dentro de las organizaciones es

importante cuidar las apariencias ante una sociedad en la que una reputación entre

colegas está en juego. De lo anterior se desprende la tercera interrogante:

3. ¿Existe alguna relación entre el uso de las técnicas de manejo de impresiones y

los distintos puestos organizacionales de los subordinados mexicanos?

Finalmente, se sabe que a pesar del supuesto tradicional en cuanto a que las

evaluaciones de desempeño operan en una forma sistemática y racional, que llevan a

evaluaciones válidas y exactas/precisas de un desempeño “real”, este proceso y sus

correspondientes resultados son susceptibles a otro tipo de influencias. Éstas provienen

de factores no relacionados al desempeño, sino a la manipulación deliberada, tanto por el

evaluador como por el evaluado (Giacalone y Rosenfeld, 1991). Tomando en

consideración esta dimensión ética del manejo de impresiones, la cuarta pregunta se

formuló de la siguiente manera:

4. ¿Los subordinados mexicanos piensan que el manejo de impresiones les permite

recibir una evaluación favorable, sin considerarlo una práctica anti-ética o

(38)

36 Para dar respuesta a esta última interrogante, se analizaron cualitativamente las

respuestas proporcionadas a tres preguntas abiertas incluidas en el cuestionario que se

aplicó a la muestra. Éstas son:

a) ¿Le ha traído beneficios el controlar lo que piensan los demás de Usted? Por

favor ejemplifique

b) ¿Qué tan válido considera –desde el punto de vista ético- controlar lo que

piensan los demás de Usted en el ambiente laboral?

c) ¿Considera que el controlar lo que piensan los demás de Usted le ha ayudado a

(39)

37

Capítulo 3: Metodología

El propósito de este capítulo es describir el método de investigación utilizado para

lograr los objetivos planteados en el estudio. Se incluyen la descripción de los

participantes, el instrumento y el procedimiento utilizado; las variables estudiadas, el

análisis de confiabilidad y los estadísticos descriptivos.

3.1 Participantes

Los participantes de este estudio fueron un total de 182 personas: 88 hombres y 94

mujeres. Los participantes fueron subordinados de diversos niveles organizacionales de

empresas que pertenecen a distintos giros, entre los que se encuentran el educativo,

cementero, tabacalero y de financiero. Algunos de los puestos desempeñados por los

individuos encuestados son: directores, jefes/ supervisores, docentes, administrativos,

consultores, asesores, entre otros.

Las edades de los encuestados se encontraron entre los 18 y los 61 años y laboran en

Monterrey y la Zona Metropolitana, Nuevo León. Un criterio fundamental en esta

investigación fue que los miembros ocuparan puestos como subordinados.

3.2 Procedimiento

Los cuestionarios se administraron en un período de dos semanas. La información

fue recolectada utilizando como instrumento un cuestionario con un total de 30

preguntas, 27 de ellas enfocadas al estudio y 3 a la obtención de datos demográficos. El

cuestionario incluyó preguntas que midieron las técnicas de influencia que emplean los

subordinados para manejar sus impresiones, así como el grado ético y benéfico del

manejo de impresiones. Para medir las técnicas de influencia, se utilizó una escala de tipo

(40)

38 preguntas abiertas en las que los encuestados se podían expresar libremente respecto a la

dimensión ética del manejo de impresiones y los beneficios, si los hubiera, de la misma.

De los 182 cuestionarios aplicados, 92 se realizaron por medio de una liga

electrónica en Internet; el resto se aplicó de forma personal en papel. La invitación para

participar en el estudio fue completamente voluntaria. Se solicitaron algunos datos

demográficos (edad, sexo y puesto laboral), pero no se pidieron datos personales, con la

finalidad de que la confianza les permitiera libertad para expresar su opinión. El

cuestionario proporcionó instrucciones que detallaban el procedimiento para dar

respuesta a las preguntas.

A continuación se describe detalladamente cómo fue creada y validada la escala que

se utilizó para medir las técnicas de influencia empleadas por los subordinados en la

presente investigación.

3.3 Instrumento

Para el presente estudio, se utilizó la “Escala de Técnicas de Influencia de los

subordinados” (Ver Anexo 1) desarrollada por Wayne y Ferris (1990). Ésta fue creada

por los autores para una investigación cuyo objeto era determinar si las técnicas de

manejo de impresiones empleadas por los subordinados influyen en el agrado del jefe o

supervisor, quien consecuentemente otorgará puntajes más elevados en las evaluaciones

de desempeño a sus subordinados. El cuestionario original fue aplicado a un grupo de 84

subordinados (10 hombres y 74 mujeres) y a 23 supervisores (8 hombres y 15 mujeres)

de dos bancos establecidos en la zona suroeste de Estados Unidos, todos ellos

pertenecientes a departamentos varios: cajas, créditos, contabilidad, apertura de cuentas.

(41)

39

denominados “Factores”: enfocado en el trabajo, enfocado en el supervisor y enfocado

en si mismo. La confiabilidad (Cronbach α) para esta escala fue de 0.87 para enfocado en

el trabajo, 0.78 para enfocado en el supervisor y 0.71 para enfocado en si mismo. En el

estudio, Wayne y Ferris encontraron que las técnicas enfocadas en el supervisor

afectaban el agrado de los supervisores por sus subordinados, lo que se traducía en

mejores evaluaciones de desempeño (Wayne y Ferris, 1990).

Para el presente estudio, se hizo uso de la misma escala en su versión original porque

se pretende medir los tres tipos de manejo de impresiones. Con el fin de obtener la

autorización de su aplicación, se contactó por correo electrónico en dos oportunidades

(doce y catorce de agosto de 2007) a una de las autoras de la misma: Sandy Wayne. En el

primer contacto, se solicitó la escala en su formato original, obteniendo el consentimiento

de la autora para utilizarla. En el segundo contacto, se aclararon dudas referentes al orden

y agrupación de los reactivos. La posición original de todos los ítems se respetó para no

comprometer la confiabilidad del cuestionario.

Dado que las preguntas fueron publicadas originalmente en inglés, se empleó un

método similar al utilizado por Brislin, Lonner y Thorndike (1973) para traducirlas. Las

preguntas del cuestionario estaban escritas en inglés, se tradujeron al español por varias

personas; posteriormente, se volvieron a traducir al inglés por otras personas para

comparar los dos cuestionarios en inglés y con esto asegurar la fidelidad de la traducción,

verificar las discrepancias entre las dos versiones en inglés y conciliar diferencias. Así se

logró la uniformidad conceptual requerida a través de varias versiones del cuestionario

(42)

40 individuos que reunieran las características requeridas en la muestra, para corroborar que

se comprendieran en un cuestionario piloto.

El cuestionario incluyó una sección dividida en las tres formas (Factores) de manejo

de impresiones identificadas por Wayne y Ferris (1990): Factor 1: enfocado en el trabajo,

Factor 2: enfocado en el supervisor y Factor 3: enfocado en el trabajo. Estuvo

conformado por 24 reactivos que miden si el subordinado ha llevado a cabo diversos

comportamientos vinculados a cada Factor y, además, se solicitaron algunos datos

demográficos (edad, género y puesto ocupado en la empresa). A continuación se describe

la variable estudiada y los tres Factores en que se ejecuta.

Técnicas de influencia. El cuestionario utilizó una escala compuesta por 24 ítems

desarrollada para medir las técnicas de influencia que usan los subordinados con la

intención de influir en una evaluación positiva por parte de su jefe o supervisor. Los

subordinados reportaron qué tan a menudo han puesto en práctica un comportamiento

particular (e.g. resaltar el valor de un evento positivo en el que ha participado; mostrar

interés por la vida personal de su jefe o supervisor inmediato, presentarse ante su jefe o

supervisor como una persona amigable) en una escala de Likert de siete puntos, variando

de 1 = nunca a 7 = siempre.

El Factor 1 fue denominado Técnicas enfocadas al trabajo porque abarca

comportamientos y afirmaciones verbales relacionados con el desenvolvimiento del

individuo en su trabajo. Esto es, el individuo utiliza estas técnicas para manipular

información relacionada a su desempeño laboral y ejercer una impresión positiva sobre su

(43)

41

1. Resalta el valor de un evento positivo en el que ha participado

2. Trata de que un evento positivo, del que Usted es responsable, parezca mejor de

lo que realmente es.

3. Trata de responsabilizarse de eventos positivos, aún cuando no es el único

responsable.

El Factor 2 se centró en comportamientos y afirmaciones verbales dirigidas hacia el

supervisor. Esto es, el individuo utiliza estas técnicas elogiando al supervisor y haciendo

favores personales para él o ella. Wayne y Ferris (1990) nombraron a esta técnica como

Técnica enfocada en el supervisor. Algunas de las preguntas que se utilizaron en el

cuestionario para medir este Factor fueron:

1. Muestra interés por la vida personal de su jefe o supervisor inmediato.

2. Alaba los logros de su jefe o supervisor inmediato.

3. Hace favores especiales a su jefe o supervisor.

El Factor 3 se caracterizó por comportamientos que fueron intencionalmente ejercidos

para crear la impresión de que el subordinado es una persona buena y educada.

Consecuentemente, este factor se llamó Técnicas enfocadas en si mismo. Las respuestas

dadas a cada factor fueron sumadas para representar el puntaje obtenido por los

subordinados en cada Técnica de influencia. Para medir este último Factor, se utilizaron

algunos reactivos como:

1. Se presenta ante su jefe o supervisor como una persona amigable.

(44)

42

3. Trata de actuar como un “modelo” de empleado frente a su jefe o supervisor, por

ejemplo, al no tomar nunca más tiempo que el establecido para comer.

3.4 Análisis de datos

El análisis se realizó a través de una serie de pasos. En primer lugar, se desarrolló un

análisis factorial confirmatorio para aquellas variables de las cuales se han reportado

varias dimensiones. En este caso, la variable de Técnicas de Influencia, ha sido reportada

como multidimensional. Por lo tanto, se requería verificar si se presentaban los tres

Factores que han sido reportados en el estudio previo de Wayne y Ferris (1990): Factor 1

(doce reactivos), enfocado al trabajo; Factor 2 (siete reactivos), enfocado en el supervisor

y, Factor 3 (cinco reactivos), enfocado en si mismo. Los ítems se agruparon de forma

mezclada, pero también en 3 Factores, sólo que alterando su orden y, además, se perdió

uno de los ítems. El Factor 1, enfocado en el trabajo, integró posteriormente 8 reactivos;

el Factor 2, enfocado en el supervisor, incluyó 7 reactivos; el Factor 3, enfocado en si

mismo, envolvió 8 reactivos, dando un total de 23 ítems, uno menos que en la escala

original.

3.5 Análisis de Confiabilidad

En la tabla 1 se presenta el índice de confiabilidad Alpha de las variables del estudio.

Se eliminaron aquellos ítems que no contribuyeron para el nivel de confiabilidad

adecuado. Por lo tanto, en la tabla se indica el número de ítems que ayudaron a mantener

(45)
[image:45.612.82.532.125.273.2]

43

Tabla 1. Índice de confiabilidad Alpha de las variables

Variable Cantidad de preguntas Alpha

Técnicas de Influencia:

Factor 1 8 0.79

Factor 2 7 0.75

Factor 3 8 0.74

Una vez obtenidos los índices de confiabilidad, se procedió a integrar los ítems que

las componen en una sola variable. En el segundo paso, se realizaron los diversos análisis

descriptivos para conocer la media y la desviación estándar de las variables.

Posteriormente se realizó un análisis de de varianza para conocer el grado de relación

existente entre las variables principales del estudio. Para todos esos análisis se utilizó el

Figure

Tabla 1: Índice de confiabilidad Alpha de las variables
Figura 1. Técnicas de adquisición del manejo de impresiones (MI)
Tabla 1. Índice de confiabilidad Alpha de las variables
Tabla 2. Valores medios de los factores del manejo de impresiones (N=182)*
+6

Referencias

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