CRIMINOLOG ÍA A P R O X I M A C I Ó N D E S D E U N M A R G E N

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C R I M I N O L O G Í A

A P R O X I M A C I Ó N D E S D E U N M A R G E N

V o l . I

E D I T O R I A L T E M I S S. A . B o g o t á - C o l o m b i a

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© Editorial Temis, S. A., 1988. Calle 13, núm. 6-45, Bogotá.

ISBN 84-8272-278-6

Hecho el depósito que exige la ley. Impreso en Nomos Impresores. Carrera 39 B, núm. 17-98, Bogotá.

Q u e d a prohibida la reproducción parcial o total de este libro, por medio de cualquier proceso, reprográfico o fónico, especialmente por fotocopia, microfilme, offset o m i m e ó g r a f o .

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Este volumen contiene la primera parte de una reflexión general acerca de la criminología. No es un tratado ni un manual, sino solamente la "aproximación" de un curioso. Y no es la primera, pues esa tuvo lugar hace casi un cuarto de siglo, apenas egresado, con las enseñanzas del maestro Alfonso Quiroz Cuarón, en México, y fue una experiencia humanamente extraordinaria. No obstante, en lo intelectual, había "algo" que no encajaba. Insensiblemente volví a la dogmática jurídica y allí me quedé varios años. Pero la práctica judicial, los hechos políticos y el trato con los presos me impulsaban a seguir atisbando por la ventana a la criminología. De este modo, fui sintiendo que también en la dogmática jurídica había " a l g o " que no encajaba. No demoré mucho en advertir que la clave estaba en la política criminológica y en su estrecha dependencia de la política gene-ral, en percibir que la dogmática jurídico-penal es un inmenso esfuerzo de racionali-zación de una programación irrealizable y que la criminología tradicional o "etioló-gica" es un discurso de poder de origen racista y siempre colonialista. Pero percatarse no era suficiente: se hacía necesario salir por la puerta francamente y curiosear sin tapujos en el terreno de la criminología.

Una circunstancia especial aceleró ese paso: fue el regreso a la Universi-dad de Buenos Aires. En realiUniversi-dad, casi siempre había estado fuera de la UniversiUniversi-dad de Buenos Aires. No me había preocupado mucho, entre otras cosas, porque hasta cierto punto me parecía lógico: en ella se habían reproducido los discursos antipopu-lares que aquí explico. En 1974, el director del Instituto de Derecho Penal de la Facultad de Derecho me había invitado a dar clases de posgrado. En 1976, esas funciones terminaron con una comunicación administrativa firmada por un funcio-nario de la intervención militar con grado de capitán. En 1984, los delegados inter-ventores en la Facultad de Derecho y en la entonces carrera de psicología me confiaron interinamente las cátedras de derecho penal y de criminología respectivamente. En 1985 obtuve la primera por concurso, y en 1986, la segunda. La necesidad de explicar criminología en la Facultad de Psicología, en la única cátedra curricular que tiene la Universidad de Buenos Aires desde 1963, aceleró sensiblemente mi decisión de salir francamente por la puerta y curiosear muy en serio. Con unos años más —lo que no es mérito, por cierto— volví al terreno que no pisaba desde el Anáhuac y me puse a la tarea de tratar de ordenar lo que iba encontrando allí, que son sus múltiples facetas que, como las muchas caras de Quetzalcóatl, confunden si no se sabe que representan lo mismo. En nuestro caso no son las formidables piedras del altar de Teotihuacán, sino caretas endebles que ocultan el rosto inmutable del poder en cuyo margen siempre nos hemos hallado.

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declaro que mis errores son absolutamente propios y pese a que la mención de nombres siempre es parcial, quiero expresarles mi agradecimiento a los alumnos y a los colaboradores, especialmente a Amoldo A. Giménez, a Juan Domínguez, a " F e l o " Ferreyra, a Miguel Alfredo Arnedo y a Lucila Larrandart. De "nuestro margen" debo agradecerle a Rosa del Olmo, a Lola Aniyar de Castro, a Manuel de Rivacoba y Rivacoba, a Elias Carranza y a Ofelia Grezzi. De Europa, a Alessan-dro Baratta, a Antonio Beristain, a Emilio García Méndez y, muy particularmente, a Louk Hulsman, cuya estadía en Buenos Aires en noviembre y diciembre del año pasado es inolvidable. De los Estados Unidos, al grupo criminológico de la American Sociological Association, que me distinguió con su invitación a la reunión de New York en setiembre de 1986. Debo aclarar que muchas ideas las debo al diálogo con presos.

El capítulo sexto fue escrito en el curso de este verano. Parte del material de los capítulos anteriores fue utilizado también para varios temas del programa sobre educación y derechos humanos que, en el marco del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, coordina la licenciada Leticia Olguín.

Aún me resta remover una buena parte del saber criminológico al que, siempre como curioso, pretendo aproximarme marginalmente. El interés demostrado por amigos colombianos me decide a publicar esta primera parte, que espero completar en breve. Al momento de entregar estas páginas a la imprenta colombiana, me resulta ineludible la evocación de los amigos ausentes (¿o presentes?): Alfonso Reyes Echandía, Ricardo Medina Moyano, Luis Enrique Aldana Rozo y Emiro Sandoval Huertas, Su recuerdo constituye un gran impulso para continuar.

E. R. Z.

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INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO I

LA PROBLEMÁTICA EXISTENCIA

DE LA "CRIMINOLOGÍA"

PAG.

1. Las dificultades que presenta una tentativa de aproximación a la criminología 1 2. ¿Existe la "criminología" 5 3. El poder, el concepto de "ciencia" y la clasificación de las mismas . 10 4. La gestación de las "ciencias" y del "saber criminológico" 12 5. La necesidad del saber criminológico en nuestro margen 15 6. La criminología "teórica" y "aplicada" y la "política criminal" 20 7. El realismo criminológico marginal como criminología crítica 21 8. ¿Criminología clínica o clínica de la vulnerabilidad? 24 9. ¿Una posible ampliación temática de la clínica criminológica? 28 10. Exposición de nuestra aproximación a la criminología 29

P A R T E P R I M E R A

E L M A R C O R E F E R E N C I A L DEL P O D E R

CAPITULO II

LA ESTRUCTURA DEL PODER MUNDIAL Y EL SABER

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CAPÍTULO III

LA GESTACIÓN DEL PODER EN NUESTRO MARGEN

Y "NUESTRO" SABER

PAG.

1. ¿Por qué quedamos marginados? 60 2. El saber sustentador del control represivo de la Colonia 62 3. El saber sustentador del control represivo después del desplazamiento de

las primeras potencias coloniales 65 4. El pensamiento progresista y su ideología frente a estos saberes básicos

del control represivo 69 5. Comencemos a entendernos: pongamos a Hegel de cabeza 71 6. Principales etapas de convergencia de la marginación planetaria en

Améri-ca Latina 77 7. El saber central y su bloqueo a las preguntas fundamentales 84 8. La sincretización cultural en nuestro margen y la estructura

"supracultu-ral" 87 9. La creatividad cultural en nuestro margen 93

P A R T E S E G U N D A

E L D E S A R R O L L O DE LA TEORÍA CRIMINOLÓGICA

CAPÍTULO IV

NACIMIENTO DEL SABER CRIMINOLÓGICO MODERNO

1. ¿Cuándo "nació" la criminología? 99 2. El control social europeo y la revolución industrial 101 3. Transformaciones de la pena en el siglo XVIII 105 4. Los discursos disciplinarios ingleses 108 5. La criminología contractualista 113 6. Contractualismo talional del despotismo ilustrado: Kant 116 7. Contractualismo disciplinarista de la burguesía del sur alemán: Feuerbach 118 8. El contractualismo socialista revolucionario: Marat 119 9. La criminología contractualista excluye a los pobres y a los colonizados

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CAPÍTULO V

LA CONSOLIDACIÓN DEL SABER CRIMINOLÓGICO RACISTA-COLONIALISTA

(EL PRIMER " A P A R T H E I D " CRIMINOLÓGICO)

PÁG.

1 . P r i n c i p a l e s n ú c l e o s d e l a i d e o l o g í a s o c i a l d e l s i g l o X I X 1 3 1 2 . L a o f i c i a l i z a c i ó n d e l s a b e r s o c i o l ó g i c o 1 3 5 3 . E l e v o l u c i o n i s m o c o l o n i a l i s t a i n g l é s 1 3 6 4 . P a n o r a m a g e n e r a l d e l r a c i s m o 1 4 0 5 . L a i n f e r i o r i d a d r a c i a l d e l o s m e s t i z o s , p a r a l o s " c i e n t í f i c o s " d e n u e s t r o

m a r g e n 1 4 4 6 . L a s i n e l u d i b l e s c o n s e c u e n c i a s p r á c t i c a s d e l d i s c u r s o r a c i s t a y b i o l o g i s t a :

g e n o c i d i o y e s t e r i l i z a c i ó n 1 5 5 7 . E l e s t e r e o t i p o d e l p o b r e ( d e l i n c u e n t e ) , s a l v a j e ( c o l o n i z a d o ) y " f e o " ( a n t i e s

-t é -t i c o ) : l a a n -t r o p o l o g í a c r i m i n a l l o m b r o s i a n a 1 5 7 8 . L a p r o y e c c i ó n d e l p o s i t i v i s m o c r i m i n o l ó g i c o 1 6 7 9 . L a r e c e p c i ó n d e l a c r i m i n o l o g í a p o s i t i v i s t a e n n u e s t r o m a r g e n l a t i n o a m e r i

-c a n o 1 7 1

C A P Í T U L O V I

EL D E S A R R O L L O D E L D I S C U R S O E T I O L Ó G I C O I N D I V I D U A L D E S D E L A C R I S I S D E L A P R I M I T I V A V E R S I Ó N

D E L A C R I M I N O L O G Í A R A C I S T A - C O N O N I A L I S T A

1. La crisis del primitivo positivismo racista

1. L a a l t e r a c i ó n d e l p o d e r c e n t r a l h a s t a l a p r i m e r a g u e r r a m u n d i a l 1 7 7 2 . D u r k h e i m y l a d e s p a t o l o g i z a c i ó n d e l f e n ó m e n o c r i m i n a l 1 8 1 3 . L a n e u t r a l i z a c i ó n d e l a m a c r o s o c i o l o g í a : L a r e s p u e s t a n e o k a n t i a n a . . 1 8 7

I I . La etiología biopsicológica hasta la segunda guerra mundial (Las versiones renovadas del racismo colonialista en criminología

o el "segundo apartheid" criminológico)

4 . E l p o d e r e n e l p e r í o d o d e e n t r e g u e r r a s 1 9 1 5 . L o s d i f e r e n t e s m a t i c e s d e l b i o l o g i s m o r a c i s t a d e e n t r e g u e r r a s 1 9 3 6 . E l r a c i s m o c o n f e s o d e l a s e t i o l o g í a s b i o p s i c o l ó g i c a s 1 9 8 7 . L a " a n t r o p o l o g í a p e n i t e n c i a r i a " y l a " c o n s t i t u c i ó n d e l i n c u e n c i a l " : r e v a l o

-r a c i ó n d e s u s o b s e -r v a c i o n e s 2 0 2 8 . L a c r i m i n o l o g í a p s i c o a n a l i t i c a d e e n t r e g u e r r a s 2 0 8 9 . E l l a s t r e e t n o c e n t r i s t a e v o l u c i o n i s t a d e l a c r i m i n o l o g í a p s i c o a n a l i t i c a d e

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III. La etiología criminológica individual a partir de la segunda "gran guerra"

(¡a ocultación del "apartheid" criminológico y su denuncia)

PAG.

11. Los nuevos condicionamientos del poder central 222 12. Los pioneros de la criminología de la "reacción penal": la escuela de

Utrecht 224 13. Ideologías psicológicas legitimadoras 229 14. Ideologías psicológicas críticas 235 15. La equivocidad etiológica desde la posguerra 237 16. La inequivocidad etiológica desde la posguerra: criminilogías biologistas,

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C A P Í T U L O I

L A PROBLEMÁTICA EXISTENCIA DE L A " C R I M I N O L O G Í A "

"Piensa en un río compacto y majes-tuoso, que corre millas y millas entre terra-plenes fuertes, de modo que tú sabes dónde está el río, dónde el terraplén, dónde la tierra firme. En cierto momento, el río, porque ha corrido demasiado tiempo y de-masiado espacio, porque se acerca al mar, que en sí anula todos los ríos, ya no sabe qué es. Se convierte en su propio delta. Quizá quede un brazo mayor, pero mu-chos se dispersan en todas direcciones y algunos reconfluyen en otros, y ya no pue-de saberse cuál es el origen pue-de cuál y hasta ni siquiera se sabe qué es río ni qué es mar ..."

(UMBERTOECO, // nome della rosa, Terzo giorno, Sesta)

1. LAS DIFICULTADES QUE PRESENTA UNA TENTATIVA DE APROXIMACIÓN A LA "CRIMINOLOGÍA"

Es difícil p a r a cualquier latinoamericano acercarse a la " c r i m i n o l o g í a " y creo que es prácticamente imposible tratar la " c r i m i n o l o g í a " . Las contro-versias que tienen lugar respecto de lo que en los países e u r o p e o s , en los Estados Unidos y en los países socialistas se h a venido " t r a t a n d o " bajo esa denominación, son de tal entidad que n o s obligan a entrecomillar el n o m b r e , p a r a n o partir de u n a t o m a de posición aprioristica acerca de su existencia y a u t o n o m í a , que n u n c a dejó de ser cuestionada. A ello se suma la discusión en t o r n o a su carácter " c i e n t í f i c o " (ya n o solo se pregunta si es " u n a " ciencia, sino incluso si es " c i e n c i a " ) , y la crítica al carácter " c i e n t í f i c o " del derecho t a m p o c o deja de repercutir en su á m b i t o . Casi todas las discusiones que se registran en los países centrales tiene su repercu-sión (o reproducción) en Latinoamérica o, al m e n o s , en algunos países lati-noamericanos, pero las ideologías en pugna en los países centrales no tienen

el mismo signifícado en este contexto de nuestra periferia. E n definitiva,

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adquieren o t r o valor en la periferia, tenemos la certeza de su imposible " t r a t a m i e n -t o " la-tinoamericano. A q u í la " c r i m i n o l o g í a " es un c a m p o plagado de d u d a s , p o b l a d o de preguntas que se reproducen con increíble feracidad y que hallan pocas respuestas. Las preguntas se multiplican quizá con mayor rapidez que en el centro, p o r q u e n o se generan en el seno de grupos de " t r a b a j a d o r e s del p e n s a m i e n t o " , pagados p a r a " p e n s a r " , sino que emergen de las trage-dias, y su velocidad de reproducción se halla en relación inversa al adormeci-miento del a s o m b r o que puede producir lo cotidiano (el acostumbraadormeci-miento a la tragedia cotidiana, sobre el que volveremos más adelante, y que puede ser caracterizado c o m o "entorpecimiento mental estuporoso por cotidiani-dad t r á g i c a " , negación de la tragedia como mecanismo de huida o m é t o d o de subsistencia). E n síntesis, la multiplicación latinoamericana de ¡as

pregun-tas centrales, sumada a la notoria inferioridad de desarrollo teórico y recursos informativos disponibles y al obstáculo perceptivo provocado por la más íntima e intrincada vinculación de las cuestiones con dramáticos episodios cotidianos, hace que la criminología en América Latina ejerza la desafiante fascinación de su intensa vitalidad, pero esa misma vitalidad impide el tránsi-to, permitiendo únicamente la "aproximación".

El mayor n ú m e r o de muertes es c a u s a d o , en Latinoamérica, por agencias del E s t a d o , y no solo en las dictaduras ni en las zonas de guerra, sino también en los países con sistemas constitucionales. A n u a l m e n t e son miles los " m u e r -tos sin p r o c e s o " en ejecuciones protagonizadas por personal estatal a r m a d o ; un simple recorte presupuestario en el rubro sanitario ocasiona la muerte de miles de personas; la supresión de dispensarios condena a muerte por deshidratación a miles de niños, p a r a mencionar solo algunos ejemplos de causas de muerte directas y de toda evidencia, en circunstancias que pueden considerarse c o m o " n o r m a l e s " en nuestra área geográfica. Mientras t a n t o , c u a n d o en u n a librería de cualquier ciudad de E u r o p a o de los Estados Unidos c o m p r a m o s u n a o b r a de " c r i m i n o l o g í a " , por lo general n o reflexio-n a m o s advirtiereflexio-ndo que su precio equivale al ireflexio-ngreso per capita de ureflexio-n mes de los habitantes de algún país latinoamericano, o que nuestro desplazamien-t o hasdesplazamien-ta ese lugar implica diez años del mismo ingreso, o dos años de salarios mínimos de la m a y o r parte de los trabajadores latinoamericanos.

Nosotros n o necesitamos citar a ningún autor p a r a observar la imposibi-lidad de cualquier aproximación a la " c r i m i n o l o g í a " que n o centre su aten-ción en el poder y q u e , dentro de la estructura general del poder mundial, nuestro " r i n c ó n " se halla en un paraje marginal del m i s m o . T a m p o c o es menester ninguna metodología refinada p a r a demostrar que nuestros fenó-m e n o s , abarcados bajo lo que fenó-más o fenó-menos tradicionalfenó-mente se llafenó-ma "crifenó-mi- "crimi-n o l o g í a " , so"crimi-n cualitativa y cua"crimi-ntitativame"crimi-nte difere"crimi-ntes de los que procura"crimi-n explicar los m a r c o s teóricos ordenadores de los países centrales.

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de ensayar el camino de aproximación, trataremos de sistematizar las que a nuestro juicio constituyen los obstáculos más relevantes que esa aproxima-ción —y cualquiera otra— debería enfrentar.

a) La notoria diversidad fenoménica del centro y de nuestro " m a r g e n " latinoamericano, evidencia que todas las perspectivas " c e n t r a l e s " son, en m a y o r o en menor medida, siempre parciales. N o obstante, p a r a intentar u n a aproximación " d e s d e el margen l a t i n o a m e r i c a n o " es necesario, en pri-mer lugar, asumir la posición marginal, lo cual n o cuesta n a d a a nuestras poblaciones subalternas pero resulta relativamente difícil al investigador, n o solo por su procedencia de clase sino también porque t o d a la preparación y entrenamiento lo condiciona p a r a discurrir en forma " u n i v e r s a l " , c o m o si " c e n t r o " y " m a r g e n " del poder n o existiesen. Esto no es u n a consecuencia de la llamada tendencia " c o s m o - c e n t r i s t a " del h o m b r e — o , al menos, n o puede explicarse enteramente por vía de un reduccionismo psicologista harto d u d o s o — , sino que es resultado de u n a técnica de dominio mundial y de la pretensa universalización del modelo de sociedad industrial central.

b) El segundo orden de dificultades, c o n t a n d o con que p o d a m o s superar las de nuestro p r o p i o condicionamiento de clase y de entrenamiento, proviene de la naturaleza misma de la tarea a emprender, que siempre será limitada en varios sentidos, pero fundamentalmente en su objetivo m i s m o . La estruc-t u r a del poder mundial se presenestruc-ta con un cenestruc-tro y u n a periferia, pero la periferia abarca u n a cantidad de parajes marginales. Nuestra aproxima-ción solo será desde uno de esos márgenes y, por consiguiente, también será parcial pues hay otros márgenes, respecto de los cuales sabemos muy p o c o . Esto t a m p o c o es un accidente, sino que forma parte de la técnica

del poder, una de cuyas ¡laves fue siempre el monopolio de información y comunicación con ¡os márgenes. Este monopolio le permite mantener un aislamiento intermarginal, c o m o también u n o intramarginai (la división

arti-ficial entre los parajes del mismo margen). La superación de la balcanización de nuestro margen es la prioritaria tarea de concientización marginal que debemos realizar, pero la del aislamiento intermarginal ofrece muchas más dificultades.

Las condiciones del aislamiento intermarginal se mantienen institucio-nalmente hasta hoy: n o hay ningún estímulo p a r a que un investigador latinoamericano se instruya del funcionamiento de los sistemas penales afri-canos ni p a r a que u n africano lo haga acerca de los latinoameriafri-canos, por ejemplo, pero es frecuente que ambos coincidan en el " c e n t r o " . Este juego de aproximaciones siempre parciales recuerda la imagen de aquella mile-naria leyenda india, en que a varios ciegos se les pedía u n a definición de " e l e f a n t e " y cada uno de ellos, tocando u n a parte distinta del cuerpo del animal, d a b a las respuestas más extrañas: u n a pared con pelos, un t u b o , u n a cuejda, etc.

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c) El tercer o r d e n de dificultades proviene de nuestra inevitable limita-ción instrumental. No nos referimos con ello a la mera carencia de investi-gaciones de c a m p o que, en Latinoamérica, n o suelen ser indispensables en la misma medida que en los países centrales, puesto .que la magnitud y naturaleza de algunos fenómenos es t a n evidente, que la distorsión encubri-d o r a encubri-de algunos encubri-discursos n o necesita mayores esfuerzos. A u n q u e esta será u n a carencia siempre notable, la m a y o r dificultad se hallará en la escasez de instrumentos teóricos adecuados, ya que los disponibles están elabo-rados de conformidad con las necesidades de otros fenómenos.

Esta limitación d a r á como inevitable resultado u n a aproximación " s u b -d e s a r r o l l a -d a " , p o r q u e , c o m p a r a -d o s con los -desarrollos teóricos centrales, nuestros métodos — o , más humilde y etimológicamente h a b l a n d o , " c a m i -n o s " — debe-n ser -necesariame-nte si-ncréticos, lo cual expo-ndrá a la aproxima-ción a la calificaaproxima-ción de " h e t e r o d o x a " , " i n t u i c i o n i s t a " o " p o c o científica", que por lo general son m á s previsibles por parte de los estudiosos de nuestro p r o p i o m a r g e n , que n o pueden superar el choque emocional que provoca la asunción e información de la situación marginal, que de los propios autores de los países centrales.

d) P o r ú l t i m o , es inevitable que, al centrar el hilo conductor de la " c r i -m i n o l o g í a " en las relaciones del poder, vincular estas con los siste-mas ideoló-gicos generales (filosofía), encuadrar dentro de estas las diversas corrientes criminológicas y poner de manifiesto la funcionalidad de estas en las relacio-nes del poder central y en las de nuestro margen, n o sea posible pretender u n a " o b j e t i v i d a d " inexistente, pues cualquiera que emprenda dicha tarea la debe realizar desde ángulos siempre " c o m p r o m e t i d o s " . Este c o m p r o m i s o se irá explicitando a lo largo de nuestro discurso. Si algo vale la pena manifes-tar a h o r a a este respecto, creemos que únicamente sería que procuremos encuadrar nuestras necesarias valoraciones en el m a r c o de los derechos hu-manos, con la convicción de que el desarrollo de los llamados "derechos huma-nos individuales" n o puede alejarse del simultáneo desarrollo de los "derechos h u m a n o s sociales". Sería a b s u r d o negar la posibilidad de un desarrollo n o exactamente paralelo, p e r o las disparidades coyunturales relativas y necesa-rias, se hacen intolerables si se convierten en un a b s u r d o desequilibrio estruc-tural entre ambos desarrollos, lo cual, en definitiva, es falso, p o r q u e termina traduciéndose en la frustración de a m b o s .

C o n esto queda dicho que, para nosotros, la "criminología" n o es un saber privado de valoraciones, sino que está pictórico de valoración política

y siempre lo ha estado, como lo demostramos en este desarrollo y como muchos

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recurso c o m o defensa de sectores privilegiados de las sociedades latinoameri-canas, siempre dispuestos a cumplir su función proconsular del poder central, c o n t r a cualquier disidencia que p r o m u e v a u n a democratización que p u e d a limitar sus privilegios, así solo fuese simbólicamente.

E n síntesis, podemos afirmar que las dificultades de esta tentativa de

aproximación provienen de limitaciones subjetivas de clase y de entrenamien-to (a), de limitaciones onentrenamien-tológicas de la tarea, es decir, de su apriorística perspectiva parcial (b), de limitaciones objetivas de instrumental teórico y de información fáctica (c), y del alto nivel de vulnerabilidad a ¡a crítica política (por difícil comprensión central y por manipulación del poder perifé-rico) (d).

2. ¿EXISTE LA "CRIMINOLOGÍA"?

Las controversias en el c a m p o criminológico tienen —y han tenido siempre— tal entidad, que n o son pocos los autores que niegan su existencia c o m o saber a u t ó n o m o , c o m o " c i e n c i a " y hasta c o m o orden de conocimien-tos más o menos válidos.

P o r otra p a r t e , entre quienes admiten su existencia o, al menos, n o la niegan radicalmente, la asignación de contenidos y la clasificación de los mismos adquieren variables muy importantes.

C a d a una de estas respuestas diferentes tiene un significado, o bien,

cobra significado a la luz de las relaciones con el poder. P a r a comprenderlos

n o basta con enunciarlas y describirlas, sino que es inevitable considerarlas en sus respectivos contextos. P a r a ello, será necesario seguir el curso histórico de estas respuestas, que es lo que haremos más adelante. Aquí, lo único que nos interesa de m o m e n t o , en u n a primera aproximación rudimentaria y casi ingenua, es tratar de saber si existe eso que llamamos " c r i m i n o l o -g í a " , y lue-go, ver si por medio de la respuesta que dimos al p r o b l e m a de su existencia, podemos acercarnos a u n a delimitación conceptual previa. Teniendo en claro el propósito de nuestra búsqueda, n o nos perderemos en u n a m a r a ñ a de opiniones que, mostradas fuera de contexto, nos llevaría a u n a selva sin salida, sino q u e , p a r a nuestro propósito actual,

simplificare-mos las respuestas que se han d a d o en una tipología cuyo criterio ordenador

será, primariamente, su vinculación con el poder.

El objeto de esta simplificación, que por ser tal no resulta en definitiva verdadera, sino que tiene mero valor didáctico, es demostrar que la existencia de la " c r i m i n o l o g í a " puede afirmarse o negarse t a n t o desde posiciones que cuestionan el poder como desde otras que n o lo cuestionan o que lo legitiman, esto es, que la afirmación o la negación de la " c r i m i n o l o g í a " n o sirven, por sí mismas, p a r a cuestionar ni para legitimar el poder, pues las respuestas pueden tener sentidos diferentes.

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la crítica ideológica al "sistema p e n a l " , o sea, al derecho penal y a las instituciones que tendrían por objeto hacerlo efectivo.

E n general, entienden que ese es un ámbito reservado a la sociología del derecho y q u e , por ende, n o incumbe a la " c r i m i n o l o g í a " , que debe ocuparse de los datos fácticos acerca de las conductas criminales. T o d o este c o n j u n t o de teorías criminológicas que a b a r c a n posiciones tan alejadas entre sí c o m o son el biologismo primitivo del siglo pasado y las investigacio-nes sociales de c a m p o limitadas (microsociológicas) de nuestros días, suele englobarse bajo el rótulo de "criminología positivista" o de " p a r a d i g m a e t i o l ó g i c o " . No compartimos esas denominaciones, porque son equívocas: no es recomendable extender el concepto de " p o s i t i v i s m o " hasta hacerle cubrir lo que n o responde a esa corriente filosófica, p o r q u e es buena práctica cuidar los nombres de las líneas de pensamiento filosófico general, puesto que es lo único que nos permite orientarnos. El poder y el saber se vinculan mediante estos pensamientos de máxima abstracción, que son los que nos permiten visualizar en t o d a su dimensión el significado de u n a idea referida a un c a m p o particular del saber. Si perdemos esta necesaria semántica orien-t a d o r a , n o s hallaremos orien-toorien-talmenorien-te confundidos. E n cuanorien-to a lo "eorien-tiológi- "etiológi-c o " , si bien un se"etiológi-ctor ha manej a d o estri"etiológi-ctamente esta idea, en mu"etiológi-chos autores aparece matizada c o m o " e x p l i c a c i ó n " , "análisis multifactorial", etc., con lo cual, la idea de " c a u s a s de d e l i t o " se p o n e en crisis, a u n dentro de estas corrientes que se limitan al estudio de las " c o n d u c t a s criminales".

C a b e consignar q u e este conjunto heterogéneo de teorías reconoce cier-tos límites difusos, particularmente p o r q u e en los últimos años se h a permiti-do abrir algunas rendijas hacia el sistema penal (especialmente acerca de su " e f e c t i v i d a d " ) y p o r q u e la delimitación de las " c o n d u c t a s c r i m i n a l e s " se vuelve seriamente problemática, a causa del relativismo legislativo: las soluciones a este respecto van desde la búsqueda de un delito " n a t u r a l " (el más clásico intento es el de GARÓFALO) hasta un manejo del concepto jurídico con correcciones (HURWITZ), p a s a n d o por un doble uso, según las circunstancias y objetivos (KAISER). De cualquier manera, la característica principal de estas teorías es la de centrarla atención en las conductas crimina-les (abarcadas con relativa independencia del concepto jurídico del delito) y procurarles explicaciones, ampliándose eventualmente al sistema penal, desde el p u n t o de vista de su eficacia preventiva. M u y pocas dudas caben acerca de que se t r a t a de u n a actitud bastante legitimante del poder o que, al menos, por su escaso margen cuestionador, n o permite una crítica muy p r o f u n d a a u n q u e pueden reconocer diversos matices, c o m o veremos al anali-zar sus variables en el m a r c o de sus respectivos contextos históricos.

Los a r g u m e n t o s afirmativos pueden clasificarse dentro de cuatro

co-rrientes fundamentales. P a r a la primera, la criminología sería la ciencia que se ocupa de las conductas criminales consideradas como producto patológi-co, en u n a gama de variables que van desde un biologismo genético más

o menos p r o n u n c i a d o , hasta u n a psiquiatrización del fenómeno.

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natural en un sentido presuntamente descriptivo): es la ciencia que estudia la conducta de hombres "diferentes". E n esta corriente pueden mencionarse

en el pasado a LOMBROSO —exponente más notable—, y más c o n t e m p o r á -neamente, al neolombrosianismo de HOOTON en los Estados Unidos, la cons-titución delincuencial de Di TULLIO en Italia, los trabajos derivados de la

biotipología de O L O F KINBERG, en los países nórdicos; etc.

O t r a corriente centra básicamente su atención en lo social y, partiendo de u n a idea de " i n t e g r a c i ó n " , es decir, de u n a cierta unidad o a r m o n í a cultural en la sociedad, distingue las conductas que se separan socialmente de las pautas culturales, y, por ende, ¡a criminología sería la ciencia que

se ocupa de las conductas "desviadas". Esta es la variable desarrollada

en los Estados Unidos, a partir del funcionalismo de MERTON, y en la que puede mencionarse como un señalado exponente a MARSHALL B. CLINARD La tercera corriente de respuestas afirmativas está representada p o r la recepción de la clasificación neokantiana de las ciencias, en "ciencias de la n a t u r a l e z a " y "ciencias del espíritu". La criminología sería la ciencia

natural del delito, que se ocupa de los datos fácticos de ¡as conductas que la ley define como "delito". E n este sentido se ha h a b l a d o de la criminología

c o m o "ciencia causal-explicativa" del delito. El derecho penal, por su par-te, c o m o "ciencia del espíritu", se ocupa solamente de los aspectos normati-vos del delito, esto es, de los presupuestos y del contenido de la pretensión punitiva estatal. E n definitiva, la " c r i m i n o l o g í a " es " u n a " ciencia p o r q u e su objeto se lo delimita otra " c i e n c i a " . E n esta corriente puede citarse a innumerables autores europeos y especialmente alemanes, entre los cuales merece ponerse de relieve, por la claridad con que expone su p u n t o de vista a ERNST SEELIG.

La cuarta corriente sería la expresión de la tradición neopositivista o del positivismo lógico, que a h o r a prefiere llamarse "cientificista" y q u e , en general, se caracteriza por elaborar finamente en t o r n o a la "epistemolo-g í a " y ne"epistemolo-gar carácter científico a t o d o lo que n o opere con sus conceptos de " c i e n c i a " y de m é t o d o . C o m o corriente general va desde el llamado " C í r c u l o de V i e n a " hasta BUNGE. Cercano a esta corriente en América La-tina, puede considerarse a CHRISTOPHER H. BIRKBECK. E S incuestionable q u e la metodología que se exige p a r a este concepto de ciencia n o permite acceder a ningún conocimiento macrosociológico. El conjunto de resultados de las investigaciones microcriminológicas sería la ciencia criminológica, desde esta perspectiva.

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mane-ra, hace en definitiva de la criminología una "ciencia auxiliar" del derecho penal. El cientificismo neopositivista desarticula de tal m o d o la realidad, que resultará dividida en incontables " r e t a z o s de r e a l i d a d " imposibles de recomponer con cierto grado de abstracción. P o r ende, el único peligro que puede representar es el de que alguna de esas investigaciones puntuales n o coincida con el discurso del poder, pero su incapacidad para oponerle o t r o discurso lo neutraliza inmediatamente.

Sin e m b a r g o , dentro del planteamiento neokantiano hay un peligro: el c a m p o d e la "ciencia criminológica" está delimitado por el derecho penal, pero el propio derecho penal, c o m o "ciencia del espíritu", no se ocupa del " h e c h o " del legislador, es decir, del hecho histórico de prohibir y de penar u n a conducta.

Esto genera el peligro inminente de que en cualquier m o m e n t o la crimi-nología reclame como á m b i t o propio de su "ciencia n a t u r a l " el aspecto fáctico de la prohibición y la conducta del legislador pase a su c a m p o . D e allí que se h a y a negado la a u t o n o m í a de la criminología con los mismos a r g u m e n t o s n e o k a n t i a n o s1. Obviamente, nos hallamos con u n a respuesta

que niega el carácter d e "ciencia a u t ó n o m a " a la " c r i m i n o l o g í a " que p a r a n a d a aparece c o m o a p t a p a r a cuestionar el poder.

A u n resultado análogo al de la negación neokantiana puede llegarse por la vía del cientificismo epistemológico. Este puede llegar a pulverizar a la criminología, b a s a d o en las diversidades metodológicas y de objeto de sus investigaciones parciales, pudiendo afiliar cada u n a de ellas a u n a disciplina o " c i e n c i a " diferente. También aquí nos hallaríamos frente a u n a negativa a la a u t o n o m í a científica de la criminología que, en m o d o alguno, resultaría apta p a r a cuestionar el poder.

b) Respuestas que cuestionan el poder. En su oportunidad veremos con mayores explicaciones c ó m o se realiza el proceso que va introduciendo en la criminología a la m a q u i n a r i a estatal que decide quién es delincuente y quién n o es delincuente, o sea, al sistema penal. P a r a la finalidad que a h o r a n o s p r o p o n e m o s , basta decir que en cierto m o m e n t o , primero en función del llamado "interaccionismo simbólico" y luego con la sociología del conflicto, la criminología extiende su á m b i t o al "sistema p e n a l " y con ello p o n e de manifiesto el funcionamiento selectivo del sistema penal, el clasismo, el racismo, su irracionalidad en cuanto a los fines q u e le asigna el discurso jurídico y, en definitiva, la íntima conexión con el poder. De la " c r i m i n o l o g í a " centrada en la " c o n d u c t a c r i m i n a l " se pasó a la llamada

" c r i m i n o l o g í a de la reacción s o c i a l " (ANIYAR DE CASTRO, ROBERT). Las

ten-dencias cuestionadoras del poder se h a n clasificado de m u y diversas m a n e r a s , p e r o , en general, suelen distinguirse la llamada criminología " l i b e r a l " , la criminología " c r í t i c a " y la criminología " r a d i c a l " , aunque los límites n o sean m u y precisos y frecuentemente se las englobe c o m o " n u e v a

criminolo-1 WILHELM SAUER, 1933; en la Argentina, SOLER, quien al negarle autonomía

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g í a " , pese a que también esa denominación se reserva ocasionalmente a

un sector de la misma (TAYLOR, WALTON, YOUNG), O se excluye de ella a

la "criminología liberal".

E n definitiva, este conjunto de corrientes se inicia con el interaccionismo —que es u n movimiento en cuyo origen puede reconocerse la m a r c a del pragmatismo de J A M E S — y luego va derivando hacia u n a gama de autores que, en mayor o menor medida, van recibiendo elementos del marxismo o afiliándose a distintas corrientes o versiones del m i s m o , a u n q u e ninguna de ellas corresponde al marxismo institucionalizado (la criminología de los países socialistas sigue sus propios caminos). A medida que se cumple este proceso, si bien no se lo explícita —al menos por regla general—, se va introdu-ciendo una suerte de "anticriminología", que guarda cierto paralelismo con la "antisiquiatría", lo cual, por otra parte, era casi u n a consecuencia necesaria de un proceso de demistificación, puesto que, como luego veremos, el control penal y el psiquiátrico siguieron caminos ideológicos bastante paralelos.

E n general, la criminología que, partiendo de la delimitación más o menos convencional —por así llamarla— de la criminología, sigue un planteo

epistemológico, observa que este es un discurso q u e , al n o cuestionar el

sistema penal, lo legaliza (o " l e g i t i m a " , c o m o suele decirse), esto es, lo

consagra "científicamente", y q u e , sin e m b a r g o , el sistema penal es u n a

de las formas del control social, que ese control social se halla en directa relación con la estructura de poder de la sociedad y, p o r último, que esta corresponde a un " m o d e l o de s o c i e d a d " . De esta manera, el horizonte episte-mológico de la criminología se ensancha de tal forma que, en poco tiempo, resulta inabarcable o disuelto.

Está m u y lejos de nuestro ánimo emprender la defensa de la " a u t o n o m í a científica" de la criminología, postular el r e t o r n o a sus límites neokantianos y, ni siquiera, afirmar el carácter científico de buena p a r t e de sus contenidos. Simplemente advertimos que u n a disolución radical de la criminología o u n a expresa " a n t i c r i m i n o l o g í a " radical, desemboca en u n a esterilidad prácti-ca, pues n o nos ofrece ninguna alternativa a la realidad presente. P o r supues-to que puede darse u n a respuesta: la única alternativa es u n a nueva sociedad, en la cual las relaciones de poder sean completamente distintas. Implícita-mente, en tanto esa nueva sociedad n o advenga, n o tendríamos o t r a alternati-va que la lucha política general, pues cualquier mejora en el sistema penal n o sería otra cosa que u n a reafirmación del control y, p o r consiguiente, una tentativa reaccionaria, legitimante, que en definitiva demoraría el adve-nimiento de la única alternativa posible.

Cabe advertir que esto no es lo qué postula la criminología de la "reac-ción social" en general, pese a las disparidades que puede haber entre sus cultores, salvo algún caso aislado de infantilismo político. N o o b s t a n t e ,

en la medida en que su " h o r i z o n t e de p r o y e c c i ó n " se extienda cada vez más, esta ampliación va perjudicando su claridad y su fecundidad.

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manifies-to su funcionalidad p a r a el poder. E n este sentido opera como "criminología de d e n u n c i a " , lo cual es saludable. P e r o a ello, el neokantismo criminológico responde: " E s t e límite puede ser más o menos artificial, pero es necesario mantenerlo, p o r q u e , de lo contrario, n o queda límite alguno y lo único que resta es u n p u r o discurso p o l í t i c o " . Frente a esta objeción, la criminolo-gía de la "reacción social" a ú n carece de u n a respuesta uniforme, a u n q u e

todos tenemos la certeza de que la disyuntiva entre "criminología con límites neokantianos o mero discurso político sin posible traducción p r á c t i c a " , es

absolutamente falsa.

La imposibilidad de nada práctico resulta legítimamente y algo parece estar fallando c u a n d o la crítica deslegitimante tiene consecuencias legitiman-tes. E n la otra forma de control social que siguió u n sendero paralelo, en la psiquiatría, hace ya varios años q u e se observó que n o b a s t a b a con quedar-se en el plano de la crítica ideológica, pues hay quienes aceptan c o m o evidente la función controladora y pletórica de subjetivismo ideológico que cum-ple la psiquiatría tradicional, pero que deben operar en el campo de la psi-quiatría y d e m a n d a n soluciones a los problemas cotidianos2.

Este recorrido nos h a permitido demostrar q u e , en cuanto queremos hacer de la criminología u n conocimiento que nos permita trasformar u n a realidad (la realidad acerca de u n a forma de control social), ni la afirmación n e o k a n t i a n a o cientificista de la criminología (ni la negación de esta por iguales caminos) ni la negación misma por disolución, resultan útiles. N o obstante, esta conclusión presupone algunos elementos en los que es necesa-rio detenerse p a r a despejar el camino (o " m é t o d o " ) , o bien, p a r a eliminar ciertos prejuicios intelectuales.

3. EL PODER, EL CONCEPTO DE "CIENCIA" Y LA CLASIFICACIÓN DE LAS MISMAS

Es entendido que prácticamente t o d o el saber occidental está m a r c a d o por u n a clasificación de las ciencias que se remonta a PLATÓN, conforme a su clasificación de las "potencias del a l m a " : el "conocimiento i d e a l " (que se ejercita en el diálogo), la "experiencia sensible" (que se aplica en los obj etos de la naturaleza) y el " querer" y el " desear'' (que hacen a la acción). La primera da lugar a la dialéctica (razón); la segunda, a la física; y la tercera, a la ética. El esquema fue corregido luego por ARISTÓTELES —y así dominó d u r a n t e siglos—, distinguiendo entre ciencias teóricas (que abarcan las derivadas de la dialéctica platónica) y ciencias prácticas (de la

praxis de la acción, derivadas de la ética platónica).

En el siglo x v i l , BACON, como adelantado del positivismo, establece la correlación entre las ciencias teóricas y las prácticas: a cada ciencia práctica corresponde u n a ciencia teórica, o, por decirlo de alguna manera, la distin-ción entre "ciencia p u r a " y "ciencia a p l i c a d a " o técnica. E n las primeras décadas del siglo x i x , BENTHAM y AMPERE proponen cambiar el criterio

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clasificatorio, pasando de lo subjetivo (las "facultades del a l m a " platónicas) a lo objetivo (clasificación de las ciencias según su objeto), p e r o m a n t e n i e n d o una base clasificatoria dual.

La complejidad y artificiosidad de sus propuestas las hizo fracasar.

Fue COMTE quien renunció al dualismo de ¡as ciencias, partiendo de la base

de que t o d o objeto de la ciencia es " n a t u r a l " , para establecer u n a clasifica-ción serial y monista ( " n a t u r a l i s t a " o " m a t e r i a l i s t a " ) c o m e n z a n d o por las ciencias con mayor poder de abstracción (las que estudian propiedades de todos los cuerpos) hasta terminar en la sociología. En la misma línea

monista, como es lógico, se orientó SPENCER, quien le reprochó a COMTE

haber confundido lo general con lo abstracto, por lo cual dividió las ciencias en tres grupos (abstracto, abstracto-concreto y concreto) y d e n t r o de cada u n o de ellos las subdividió siguiendo el criterio de lo más general a lo particu-lar. COMTE n o había tenido en cuenta a la psicología que es introducida en la clasificación de SPENCER (SU " g r u p o c o n c r e t o " está i n t e g r a d o , p o r la astronomía, la geología, la biología, la psicología y la sociología).

KANT había considerado a las matemáticas c o m o u n a disciplina a

prio-ri, sobre las formas p u r a s de espacio y tiempo, en t a n t o que en HEGEL

se podía reconocer todavía claramente la clasificación platónica (lógica, filo-sofía de la naturaleza y filofilo-sofía del espíritu). El neokantismo vuelve por la vía de la clasificación de las ciencias en " n a t u r a l e s " y " d e l e s p í r i t u " , entendiéndose por "ciencias del espíritu" a las que se o c u p a n de procesos que se dan en la historia h u m a n a , por lo cual algunos prefirieron llamarlas "ciencias de la c u l t u r a "3.

Si sintetizamos esto, veremos que h u b o un m o m e n t o platónico, eminen-temente subjetivo, fundado en las "facultades del a l m a " ; luego, u n a tentati-va objetitentati-va frustrada; un monismo materialista con tentati-variables (donde SPENCER establece la a u t o n o m í a de la tercera ciencia que todos admiten que converge en la criminología) y un neokantismo que independiza las ciencias en que interviene el h o m b r e con gestación histórica (del espíritu) de las ciencias que son un p r o d u c t o natural (naturales). Obviamente, el

platonismo-aristotelismo, el positivismo y el neokantismo representan ideologías que

son instrumentadas al servicio de diferentes intereses y estructuras de poder: el feudalismo, el asentamiento de las burguesías y la crisis de la "belle épo-q u e " de ese asentamiento (épo-que también resulta funcional p a r a una forma del " E s t a d o de b i e n e s t a r " ) .

Estas relaciones, a nivel de análisis bien simple, resultan muy claras. El esquema platónico-aristotélico, con la " r a z ó n " vinculando a las ciencias teóricas de la experiencia sensible y de la lógica con las pragmáticas o de la acción (ética), permitía derivar de las " c o s a s " cómodebía ser cada conduc-t a , es decir, permiconduc-tía derivar u n a éconduc-tica de la experiencia sensible, o sea, construir u n orden " n a t u r a l " de la convivencia h u m a n a con base en un " d e b e r s e r " derivado del " s e r " . Esta manipulación del pensamiento aristoté-lico es por demás conocida y en virtud de ella el pensamiento antiliberal del

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siglo x v n muestra c o m o su garante a ARISTÓTELES (poco importa que ARIS-TÓTELES haya dicho, en definitiva, algo diferente). El positivismo con su clasificación de las ciencias (COMTE; SPENCER), que da lugar al nacimiento de la forma c o n t e m p o r á n e a de la " c r i m i n o l o g í a " (como hija de la biolo-gía, la psicología y la sociolobiolo-gía, que se atomizan por completo en este esquema), también es una pretensión del grupo dominante, que entonces es la burguesía europea y, a nivel mundial, el Imperio británico, por derivar un " d e b e r s e r " del " s e r " , pero ya n o era un "deber s e r " en función de u n a "naturaleza" preceptiva (ya lo " n a t u r a l " no era " n a t u r a l " p o r q u e se ajustaba al " d e b e r s e r " ) , sino de u n a " n a t u r a l e z a " descriptiva (lo " n a t u -r a l " e-ra " n a t u -r a l " p o -r q u e se ajustaba al " s e -r " ) . De allí que todas las ciencias tuviesen u n a única clase de objetos (los " n a t u r a l e s " ) y que la verdad, en todos los ámbitos, incluso en el ético, n o tuviese otra medida que la científica, cuyo valor de verdad no tiene nada que ver con el consumo de las mayorías, ignorantes de las " c i e n c i a s " , necesitadas de ilustración e inferiores, t a n t o de las mayorías internas de los propios países centrales c o m o de las poblacio-nes de los países colonizados.

C u a n d o la tecnología avanzó, c o m o necesidad impuesta por la compe-tencia entre los propios países centrales (conflictos interimperialistas) y en gran medida para proveer al potencial bélico, la " c i e n c i a " n o p u d o seguir avalando las tesis positivistas seudocientíficas: n a d a mejor, entonces, que ensayar dos caminos p a r a la ciencia: a) u n o fue el de separar casi radicalmen-te las ciencias de la " c u l t u r a " y las de la " n a t u r a l e z a " , con u n a vuelta parcial a KANT; b) y el otro, el de parcializar el conocimiento en forma tal, que resulten imposibles todas las tentativas de "macroteorías" (para ello se apela a una epistemología sumamente alambicada, se prescinde de todo plantea-miento ontoíógico —la pregunta por el " s e r " es una "seudopregunta"— y se reduce t o d o el conocimiento al empíricamente verificable).

Es o b v i o , pues, que la conceptuación de la " c i e n c i a " y la "clasificación de las ciencias" constituyen un problema filosófico, pero que el saber acer-ca de lo que es " c i e n c i a " y de cómo se clasifiacer-can, está muy vinculado al poder, que manipula las filosofías p a r a este fin. Si esta vinculación tiene lugar en las ciencias que parecen más alejadas de lo h u m a n o , cuánto más n o había de existir en lo que incumbe directamente a la conducta y al ser del h o m b r e —como la antropología, la biología, la psicología y la sociología—, y m u c h o más en sus aplicaciones " e x p l i c a t i v a s " de un fenómeno de poder, c o m o es la " c r i m i n a l i d a d " .

Resulta, pues, demasiado ingenuo plantear y responder la cuestión acer-ca de la unidad o a u t o n o m í a científiacer-ca de la " c r i m i n o l o g í a " o del acer-carácter " c i e n t í f i c o " de sus conocimientos, conforme a un p u r o planteo " c i e n t í f i c o " , que prescinde del encuadre filosófico y de la manipulación que el poder hace de ese encuadre (y que siempre h a hecho, prescindiendo de lo que realmente hayan dicho, los filósofos).

4. LA GESTACIÓN DE LAS "CIENCIAS" Y DEL "SABER CRIMINOLÓGICO"

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ciencia" y la elaboración de u n "sistema de c o m p r e n s i ó n " de esos entes. C u a n d o en la elaboración de los sistemas de comprensión se c o m p r u e b a que hay entes que quedan fuera del horizonte de proyección y otros que están dentro del mismo pero que no deben estarlo, se produce u n estallido del horizonte de proyección ( u n a crisis epistemológica) y se redefine la "cien-c i a " (WILHELM SZILASI). M a s lo "cien-cierto es q u e esas "cien-crisis epistemológi"cien-cas n o se producen como resultado de u n movimiento espontáneo interno del cono-cimiento p u r o , sino q u e la " c u r i o s i d a d " que acicatea u n o u o t r o sistema de comprensión es estimulada por el poder, el cual, a su vez, puede generar combinaciones m u y artificiosas, en cuanto lo requiera su ejercicio.

N o obstante, cabe aclarar que en esta manipulación del poder hay un límite q u e podemos llamar " o n t o l ó g i c o " : las "crisis epistemológicas" son "estallidos científicos" que provocan "reacciones en c a d e n a " , c o m o la fisión nuclear. Los elementos que quedan " s u e l t o s " van a b o m b a r d e a r " d e s d e a f u e r a " otros horizontes de proyección, pues son atraídos por otros elemen-tos análogos que están en el interior de algún otro horizonte de proyección y lo hacen " e s t a l l a r " . El poder manipula r e t a r d a n d o el estallido, es decir, t r a t a n d o de sustentar el sistema de comprensión agredido, y c u a n d o n o puede demorar el fenómeno, p r o c u r a n d o generar y manipular en su favor el nuevo sistema de comprensión, o a la inversa, acelerando t o d o este proce-so, o bien, como tercera variable, puede tratar de crear horizontes de proyec-ción "artificiales", " p s e u d o c i e n c i a s " o " p s e u d o o b j e t o s " . L a experiencia histórica demuestra que media u n a relación directa entre el g r a d o de

irracio-nalidad evidenciable del poder y el recorte arbitrario de fragmentos de la

realidad. P o r irracionalidad evidenciable entendemos la violencia como agresión abierta, especialmente destructora de vidas humanas, en forma que se haga muy evidente para los propios sectores "ilustrados" y clases medias —clientela política— de las sociedades centrales, como podía ser u n a antropología física de los judíos basada en u n a colección de cráneos remitidos desde los cam-pos de concentración, como lo pretendió el profesor de anatomía de Estrasbur-go en 19424. Suele decirse que cuanto más irracional es el poder, menor es

el nivel de elaboración de su discurso (filosófico y, por ende, científico).

Así, del irracionalismo de SCHOPENHAUER y NIETZSCHE se pasó al

racis-m o iracis-mperialista de CHAMBERLAIN y de este a la construcción rastrera de ROSENBERG. Sin e m b a r g o , esta afirmación debe ser corregida en el sentido señalado, esto es, teniendo presente que lo que cuenta es la violencia

eviden-ciable para los propios sectores "ilustrados" y medios de las sociedades centrales, y n o la violencia p u r a (mientras la violencia es colonial y se oculta

por efecto de la distancia a estos sectores, el discurso puede ser m á s elabora-do). Así, p u d o sostenerse m u c h o tiempo el mito de la " m e n t a l i d a d p r i m i t i v a " y su infantil simplismo en la antropología central.

Todos los conceptos de " c i e n c i a " y sus clasificaciones han resultado de diferentes m o m e n t o s de poder en las sociedades centrales, impuestos a sus periferias. E n consecuencia, puede afirmarse que responden a sucesivos

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pasos del avance de la sociedad industrial (al menos en los dos últimos siglos) y, por ende, son sistemas de ideas que han sido impuestos a nuestros márgenes, simplemente por formar parte de la estructura de poder m u n d i a l . P o r consiguiente, si pretendemos mirar desde la periferia hacia el centro no p o d e m o s seguir esos encuadres, pues estaríamos devolviendo al centro su propia visión o perspectiva. C o m o es natural, esto n o nos autoriza a inventar " c i e n c i a s " , sino a manejarnos con un criterio un t a n t o más ingenuo en el saber, que es el criterio de la necesidad. Mientras que un aspecto de nuestra realidad periférica requiere un c a m b i o , los conocimientos necesa-rios p a r a efectuar ese cambio constituyen un saber necesario para nosotros, sin que debamos preocuparnos m a y o r m e n t e acerca de si ese " s a b e r " es u n a " c i e n c i a " desde el p u n t o de vista de las perspectivas centrales. E n sínte-sis: creemos que, desde nuestro margen, lo importante es establecer si existen

órdenes de saberes necesarios para trasformar nuestra realidad; y cuáles son estos, sin entrar en disputas ideológicas vinculadas a conceptos de "cien-cia" que vienen condicionados por la estructura de poder mundial.

Esta conceptuación es parcial, pues restan algunos interrogantes: un saber es necesario p o r q u e sin él no p o d e m o s trasformar nuestra realidad: pero cabe preguntarse: ¿por qué y p a r a qué es necesario trasformar nuestra realidad? La respuesta será forzosamente valorativa, o sea, que debemos

confesar u n a valoración que la " c i e n c i a " central se preocupa largamente

por ocultar. No hay n a d a " n a t u r a l " para nosotros que sirva p a r a decirnos c u á n d o un saber es necesario, sino que media u n a valoración, lo cual p a r a la mayor parte de las posiciones centrales puede resultar escandaloso, ya que por regla general n o la confiesan.

La necesidad de un saber se establece p a r a nosotros en cuanto ese saber resulta útil p a r a que el h o m b r e de nuestro margen pueda desarrollar sus potencialidades h u m a n a s . El criterio p a r a hablar de " d e s a r r o l l o " h u m a n o en este sentido son los derechos humanos, cuyo entendimiento es p a r a n o s o -tros m u c h o más unívoco de lo que se pretende. La equivocidad del concepto puede producirse d o n d e se genera un espacio social p a r a discutir la prioridad entre derechos h u m a n o s individuales y sociales, exigjbles y no exigibles, etc., pero en un margen donde no todos los hombres son considerados como

personas y ni siquiera la mayoría lo son, o donde no se respeta el elemental derecho a la vida de un número ingente de personas^no hay espacio social

p a r a u n a equivocidad m u y g r a n d e , ante lo primario de la necesidad. P o r lo b u r d o de la violación a los derechos h u m a n o s en la periferia, y especial-mente la violación del derecho al desarrollo h u m a n o , es suficiente esta refe-rencia, que puede parecer grosera desde la perspectiva central y que quizá —y ojalá— lo sea también p a r a nosotros en el futuro.

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5. L A NECESIDAD DEL SABER CRIMINOLÓGICO EN NUESTRO MARGEN

Si observamos superficialmente nuestra realidad, es decir, sin necesidad de emplear ningún instrumental teórico ni de campo de m u c h o refinamiento, vemos que en nuestras sociedades hay una manifestación del control social que, si bien forma parte del control social general, se caracteriza por usar c o m o medio una punición institucionalizada, esto es, por la imposición de u n a cuota de dolor o privación legalmente previstos, aunque n o siempre m o s t r a d o s como tales por la misma ley, que puede asignarle fines diferentes. De esta manera, el control social punitivo está institucionalizado como punitivo (sistema penal) o institucionalizado c o m o n o punitivo (como asisten-cial, terapéutico, tutelar, laboral, administrativo, civil, etc.). E n cualquier caso, su carácter punitivo n o depende de la ley, sino de la imposición material de u n a cuota de dolor o privación que n o responde realmente a fines distin-tos del control de conducta (así, n o t o d o el plano asistencial es control social punitivo,.sino únicamente el que n o corresponde a fines asistenciales, o el civil que n o responde a objetivos reparadores, etc.).

El control social punitivo institucionalizado como punitivo se ejerce sobre la base de un conjunto de agencias estatales que suele llamarse "sistema p e n a l " . La diversidad de composición, extracción social y entrenamiento de las personas que integran los grupos y subgrupos de sus diferentes segmen-tos, el aislamiento de cada u n o de estos segmentos respecto de los otros (compartimentalización), la disparidad de criterios de eficacia con que ope-r a n , las difeope-rencias cualitativas con que asumen su papel ante la opinión pública a través de los medios masivos, la dependencia de distintas autorida-des o agencias estatales, son t o d o s elementos que inclinan a mantener la denominación de "sistema p e n a l " en razón de un uso convencional, por-que n o puede sostenérsela seriamente, ya por-que es muy claro por-que n o configuran un " s i s t e m a " .

Hecha esta aclaración, podemos afirmar que hay un sistema penal en sentido estricto y también un sistema penal paralelo, compuesto por agencias de menor jerarquía y destinado formalmente a operar con u n a punición menor, pero que, por su desjerarquización, goza de un mayor ámbito de arbitrariedad y discrecionalidad institucionalmente consagradas (formalmente legalizadas como ámbito propio de lo contravencional, menor cuantía, in-fracciones administrativas, de peligrosidad, de sospecha, etc.).

J u n t o al control social punitivo institucionalizado, los integrantes de sus propios segmentos, o algunos de ellos, llevan a cabo un control social punitivo parainstitucional o " s u b t e r r á n e o " (ANIYAR DE CASTRO), por medio de conductas n o institucionales (ilícitas), pero que son más o menos normales en términos estadísticos.

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respecto de estas n o r m a s , aunque con diversos grados de abstracción y desa-rrollo, p r o c u r a n d o establecer las relaciones normativas o programáticas que limitan el alcance de la pretensión punitiva. Son las diferentes r a m a s del saber jurídico punitivo que abarcan íntegramente el derecho penal, procesal penal y de ejecución penal. También a b a r c a n íntegramente el derecho contra-vencional, de peligrosidad y policial y el derecho penal militar, a u n q u e con distintos a r g u m e n t o s se pretende que n o son propiamente " p e n a l e s " . E n forma parcial, el saber jurídico-punitivo se integra con los saberes jurídicos del derecho constitucional, internacional, civil, laboral, administrativo, psi-quiátrico, de menores y previsional.

Los diferentes segmentos del sistema penal operan en forma que puede ser empírica (no tecnificada) o en forma tecnificada. E n general, sus inte-grantes siempre pretenden d e m o s t r a r que disponen de m o d o s operativos más tecnificados de lo que realmente se hallan.

De cualquier m a n e r a , ya sea porque proveen a reales necesidades técni-cas o p o r q u e proveen a la necesidad de proyectar u n a imagen técnica de su operatividad, hay un sinnúmero de conocimientos aplicados, provenientes de los más dispares ámbitos del saber, que frecuentemente se llaman "disci-plinas o ciencias auxiliares", denominación que es h a r t o discutible y que puede multiplicarse casi a gusto de cada autor. Estos conocimientos o saberes " a p l i c a d o s " ( " t é c n i c a s " ) pueden ser institucionalmente admitidos (en t a n t o sirven p a r a el control social punitivo institucionalizado) o n o admitidos insti-tucionalmente ( c u a n d o sirven al parainstitucional o subterráneo). E n t r e los primeros pueden señalarse la medicina legal, la psiquiatría forense, la crimi-nalística, la penología, la clínica criminológica, la documentología, etc. E n t r e los segundos n o hay denominaciones consagradas institucionalmente (salvo eufemismos), pero se hallan diversas técnicas de t o r t u r a (que en ocasiones se h a n enseñado institucionalmente c o m o "técnicas de i n t e r r o g a t o r i o " ) , las formas técnicas de matar, de hacer desaparecer cadáveres, de falsificar docu-mentos, etc. En general, se agregan todas las técnicas que practican los propios c o n t r o l a d o s por acción directa del sistema (criminalizados), que suele enriquecerse c o m o resultado del mayor nivel de organización.

E n general, un c u a d r o descriptivo del control social punitivo en nuestro margen, de sus p a u t a s institucionales, del discurso que las racionaliza y de las disciplinas que le proveen los medios técnicos, quedaría incompleto si prescindiésemos de lo que h a d a d o en llamarse "criminología t e ó r i c a " , que es el discurso que pretende explicar etiológicamente la criminalización (o mejor, las conductas que la motivarían) y con ello supone que puede dar los elementos teóricos necesarios p a r a la prevención en los casos particu-lares (clínica criminológica o criminología clínica), c o m o también proveer los elementos p a r a una planificación general preventiva (a lo que suele deno-minarse " p o l í t i c a c r i m i n a l " ) .

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a) Control social punitivo

institucionalizado como punitivo

como no punitivo sistema penal estricto sistema penal ' asistencial terapéutico tutelar laboral administrativo civil en sentido paralelo parainstitucional o subterráneo

b) Lo institucionalizan nor-mas legales de carácter

c) El alcance de estas nor-mas lo racionaliza el saber jurídico-punitivo integrado por él

constitucional, internacional, penal, procesal, penitenciario, contravencional, policial, de peligrosidad, militar, adminis-trativo, civil, laboral, de menores, etc.

derecho penal

derecho procesal penal derecho de ejecución penal derecho penal militar derecho contravencional derecho de policía derecho de peligrosidad

y parcialmente por el derecho constitucional, internacional, civil, psiquiátrico, administrativo, previsional, laboral, minoril, etc.

d) El sistema penal opera con

procedimientos empíricos o

con métodos tecnifi-cados, que pueden ser institucionalmente admitidos institucionalmente no admitidos medicina legal psiquiatría forense criminalística penología documentología clínica criminológica

técnicas de tortura técnicas de muerte supresión de cadáveres supresión de huellas técnicas de interroga-torio ilícito, etc.

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Si bien las agencias que intervienen, los medios masivos, la opinión pública, los diferentes ámbitos del saber que concurren y la acción de t o d o s los intervinientes, distan m u c h o en su conjunto de configurar un sistema, no es menos cierto que de la observación de t o d o este conjunto, ya n o a un nivel descriptivo estático, sino dinámico —"fisiológico", si se prefiere—, t a m b i é n p r o p o r c i o n a d o en f o r m a superficial y previa, o sea, sin necesidad de acudir a la implementación de instrumental de observación más tecnifica-d o y preciso, puetecnifica-den sacarse las principales características y resultatecnifica-dos tecnifica-de su o p e r a d v i d a d social. U n análisis más detenido, que haremos en su m o m e n -t o , nos permi-tirá precisarlas, pero por a h o r a se pueden a n o -t a r las siguien-tes: a) Q u e las n o r m a s institucionalizadoras se cumplen en medida mínima, p o r q u e por un lado, el sistema a t r a p a un bajísimo porcentaje de personas que, conforme a esas n o r m a s , debería criminalizar, y, por o t r o , se a p a r t a de ellas en la imposición de u n a serie d e puniciones-(dolores o privacio-nes) de carácter parainstitucional o ilícito.

b) Q u e este sistema cuesta un gran n ú m e r o de vidas h u m a n a s (de perso-nas ajeperso-nas al mismo y de personal del p r o p i o sistema) y que se suprimen vidas h u m a n a s sin que el sistema opere p a r a n a d a a este respecto.

c) Q u e el conjunto de hipótesis en las cuales el sistema debiera proceder es heterogéneo, sin que pueda hallarse ningún carácter c o m ú n entre ellas, c o m o n o sea su asignación programática al sistema (nada tienen que ver, en c u a n t o a su significado social, la violación de u n a mujer y el libramiento de un cheque sin provisión de fondos).

d) Q u e las personas que son criminalizadas o punidas por acción pa-rainstitucional son t o d a s , o casi t o d a s , pertenecientes a estratos sociales infe-riores económicamente o disidentes políticos en determinados regímenes. e) Q u e esas personas n o son semejantes en t o d o s los países, sino que presentan ciertas características en los países centrales y otras en nuestro margen periférico, de m o d o que hay u n a selección que depende de la estructu-ra social.

f) Q u e , en general, el sistema penal t a m p o c o respeta a las personas que integran sus segmentos, puesto que n o fomenta en ellas las virtu-des que la sociedad proclama — o , al menos, que los medios masivos pre-tenden difundir— ni se interesa por su integridad física y psíquica.

g) Q u e el sistema mismo n o es racional: p r o g r a m a la criminalización de prácticamente t o d a la sociedad — t o d a s las personas— y dispone de medios p a r a hacerlo con u n a minoría que seleccione entre los más vulnerables (los que n o tienen poder p a r a resistir su acción).

h) A t o d o lo dicho debe añadirse que proclama c o m o objetivo la preven-ción de conductas lesivas ilícitas y la "resocializapreven-ción" de quienes las practi-can, c u a n d o en realidad p r o d u c e t o d o lo contrario, al menos considerado a nivel masivo.

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grave-d a grave-d " , pero no pretengrave-dió grave-demostrar que las m a n z a n a s caen hacia abajo, pues en tal caso la historia no se habría o c u p a d o de él, salvo en lo referente a la patología.

P o r o t r o lado, existe una necesidad existencial por parte de quienes funcionan como operadores o participantes de los sistemas penales. A u n q u e la estructura de estos sistemas selecciona t a n t o a sus operadores c o m o a sus criminalizados, hay preguntas fundamentales que el sistema n o puede evitar p o r q u e , en definitiva, surgen de t o d o h o m b r e , c o m o signo de salud que en ocasiones es ineludible. N o son pocos quienes en América Latina, o p e r a n d o como representantes de las agencias de sus sistemas penales, se p r e g u n t a n , aunque sea en algunos momentos de salud, qué papel están de-s e m p e ñ a n d o , qué ede-s lo que ede-stán haciendo, a qué interede-sede-s de-sirven, etc.

T o d o esto nos demuestra que en nuestro margen es necesario un saber que nos permita explicar qué son nuestros sistemas penales, cómo operan,

qué efectos producen, por qué y cómo se nos ocultan estos efectos, qué vínculo mantienen con el resto del control social y del poder, qué alternativas existen a esta realidad y cómo se pueden instrumentar. C a d a una de estas

preguntas permite que, a partir de ella, se abran en abanico u n a cantidad de preguntas más particulares, y t o d o ese conjunto resulta indispensable p a r a nuestra realidad marginal, aunque sus respuestas provengan de

especia-listas en disciplinas que aparentemente nada tengan que ver entre sí. Es

incuestionable también que el sistema penal y sus explicaciones son un fenó-meno histórico, protagonizado por el h o m b r e , que n o comprendemos si renunciamos a comprenderlo c o m o tal, es decir, en perspectiva histórica; y c o m o las explicaciones que se han ido p r o p o r c i o n a n d o n o son originarias de nuestro margen, sino derivadas del centro, será necesario comprender el sentido de cada explicación en el centro y en el m a r c o de nuestro margen. Según puede observarse, este conjunto de preguntas está reclamando respuestas que deben ser proporcionadas por la política, la economía, la sociología (general y especial: jurídica, penal, criminal, etc.), la historia (general y especial: de las ideas, económica, política, etc.), el derecho (espe-cialmente el derecho c o m p a r a d o ) , la filosofía (particularmente la antropolo-gía filosófica), la bioloantropolo-gía y la medicina, la psiquiatría, la psicoloantropolo-gía, la teología (especialmente la religión c o m p a r a d a ) , el arte (particularmente las manifestaciones folklóricas), etc. C o m o es natural, nadie puede pretender que una ciencia a b a r q u e el saber de todas las disciplinas de las cuales deben provenir las respuestas, pero nos resulta evidente la necesidad de interrogar a todos esos campos del saber para averiguar si es posible cambiar el aspecto

de la realidad constituido por nuestros sistemas penales, en forma que permi-ta mejorar nuestra coexistencia, posibilitándola con un nivel inferior de vio-lencia.

Esto es, para nosotros, aquí (en nuestro margen) y ahora (en este mo-mento histórico) la criminología. No se t r a t a de una ciencia que cierra un

horizonte de proyección en la forma de aislamiento de entes, sino que se trata de un saber cuya delimitación epistemológica se produce por efecto

déla ligación a una columna vertebral, que es el sistema penal y su operatividad.

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