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La política exterior de Sudáfrica post Apartheid

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Academic year: 2017

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Quiero compart ir aquí con ust edes algunas ref lexiones sobre aspect os de la polít ica ext erior de Sudáf rica, est e Congreso en Ri del IRI.

M is breves observaciones girarán en t orno a los siguient es t emas: 1) El signif icado del año 2004 para Sudáf rica; 2) Los f unda-ment os de la polít ica ext erior de Sudáf rica; 3) La polít ica de relaciones ext eriores de Sudáf rica dent ro del sist ema mundial; y 4) La dirección de la polít ica de relaciones ext eriores durant e la primera década de democracia.

1. El signif icado del año 2004 para Sudáf rica

El año 2004 t iene una import ancia especial para el proceso de desarrollo hist órico de Sudáf rica. Es el año en que los sudaf ricanos celebran la primera década del logro de la liberación y el est able-cimient o de la est ruct ura democrát ica no racist a y no sexist a en nuest ro hermoso país. Para nosot ros, se t rat a de una oport unidad de pasar revist a a nuest ra hist oria así como sobre los logros de los últ imos 10 años; y por sobre t odo, para cont inuar ident if icando los desaf íos del f ut uro a los que hace f rent e nuest ro país, el cont inent e, y la comunidad mundial.

La celebración de la primera década de libert ad y democracia es una ocasión oport una para rendir t ribut o a la valerosa lucha por la liberación y la democracia que libraron millones de sudaf ricanos de t odos los colores y credos. Igualment e import ant e, Sudáf rica aprovecha est a oport unidad para rendir t ribut o a la comunidad int ernacional por desempeñar la f unción decisiva que desempeñó en la lucha cont ra el apart heid, el nacimient o de la libert ad, y el logro de la democracia en Sudáf rica; por cuant o la solidaridad int ernacional f ue un pilar f undament al en el que se apoyó la lucha de liberación.

La polít ica ext erior de

Sudáf rica post Apart heid

M lungisi M akalima*

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El f inal del apart heid f ue un moment o de júblo en la hist oria del cont i-nent e af ricano y f ue cele-brado con idént ico júbilo por un amplio espect ro de la comunidad democrát i-ca de t odo el mundo. Para el Áf rica liberada en part icular, la plenit ud de la libera-ción que celebraron era una asignat ura pendient e mient ras Sudáf rica permaneciera bajo las at aduras del apart heid. Áf rica realizó grandes sacrif icios durant e la lucha de liberación de Sudáf rica. Y el movi-mient o de liberación recibió aliment os, ref ugio y ot ros servicios para f oment ar la lucha común de lograr la libert ad y la democra-cia en Sudáf rica.

La liberación de Sudáf rica, pues, marcó la conclusión de un noble capít ulo de la descolonización del cont inent e.

El Comit é de Liberación de la Organización de la Unidad Af ri-cana desempeñó un papel decisivo en la realización de campañas a f avor de la liberación no sólo de Sudáf rica, sino de Angola, Zimbabw e, Namibia, y por supuest o de Sudáf rica.

De ahí, pues, que el amanecer de la libert ad y la democracia en Sudáf rica f ue un acont ecimient o signif icat ivo, no sólo para Sudáf rica, sino para Áf rica, el mundo en desarrollo y, sin duda, la humanidad en general, o al menos así queremos creer.

El movimient o de lucha cont ra el apart heid merece que se le rinda t ribut o, habida cuent a de que su generosa lucha cont ribuyó al logro de nuest ra libert ad. Est a red de agrupaciones guberna-ment ales, no gubernaguberna-ment ales, de base universit aria y de la so-ciedad civil de dist int as part es del mundo demost raron not able solidaridad con nuest ra lucha cont ra los que querían reprimir nuest ro movimient o de liberación. Al negar la legit imidad moral del est ado de apart heid y sus maquinarias, por ejemplo, y recabar el apoyo, por ejemplo, de est ruct uras sociales y cult urales no est at ales como las iglesias, los medios, y ot ras, mant uvieron f ir-mement e el t ema de la liberación de Sudáf rica en las agendas int ernacionales, y f ort alecieron así el rechazo de la legit imidad moral del ant iguo régimen.

2. Fundament os de la polít ica ext erior de Sudáf rica

La polít ica ext erior es una serie de dimensiones múlt iples de polít icas, principios, est rat egias, objet ivos y planes que no se prest an a ser encasillados en una f órmula prolijament e prescrit a. Sea como f uere, es posible y necesario considerar en t érminos

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amplios y a la vez claros, la orient ación general de nuest ra polí-t ica expolí-t erior. Una polípolí-t ica expolí-t erior cuya dirección general se ins-pira en gran medida, en su f orma y en su cont enido, en el deseo ardient e de nuest ra lucha de liberación de implant ar en nuest ro hermoso país una est ruct ura polít ica y socioeconómica democrá-t ica, no racisdemocrá-t a, no sexisdemocrá-t a y cendemocrá-t rada en la gendemocrá-t e, en la que el f oment o de una cult ura de respet o a los derechos humanos sea, en su sent ido más amplio, una prioridad cent ral.

La capacidad de Sudáf rica de expresar, en f orma mat erial, su reconocimient o al papel que desempeñó la comunidad int erna-cional en apoyar nuest ra lucha de liberación no sólo est á seria-ment e limit ada sino que ni siquiera merece cont emplarse. Tal vez en el ámbit o de las relaciones int ernacionales, en nuest ro com-port amient o como ciudadanos del mundo, podríamos – sobre la base de los principios democrát icos en que se sust ent ó nuest ra lucha y ahora se sust ent a la conducción de nuest ras relaciones int ernacionales – saldar nuest ra deuda de grat it ud con la comu-nidad mundial.

Tal vez mediant e nuest ros esf uerzos por promover y apoyar las act ividades dest inadas al logro de la int egración democrát ica -y no predadora- del mundo, ahora sent imos que podemos, aunque mo-dest ament e, saldar est a deuda de grat it ud, y lo est amos haciendo. Ello por cuant o creemos que un mundo int egrado, basado en principios democrát

i-cos – al liberarse del conf lict o sist émico y la violencia perversa cau-sada por la int egración r apaz, pr oveer ía un ent orno que liberara sus energías para un desarrollo cabal. En ese

mundo, la dist int as especies humanas –ya sea basadas en la raza, el origen ét nico, o el sexo– dejarían de ser una excusa para las desigualdades dent ro de las sociedades y ent re ellas.

Creemos que la f orma en que est á conf igurado act ualment e el mundo –con la miseria de muchos y la prosperidad de pocos– no sólo es moralmente indefendible sino que tiene efectos inherentemente desest abilizadores; const it uye una amenaza direct a cont ra la segu-ridad de t odos. Cabe dest acar, en est e cont ext o, que los ef ect os de la inseguridad económica, que se manif iest an en la pobreza, el desempleo, la enf ermedad y la absolut a incert idumbre, son percibidos por la gran mayoría de la población t ant o en el cent ro del sist ema mundial (el mundo desarrollado) como en la zona perif érica (el mundo en desarrollo o subdesarrollado).

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3. Polít ica ext erior de Sudáf rica en el cont ext o del

sist ema del mundo globalizado

Vivimos en una época de la hist oria de la humanidad en que el cambio parece abrumador. Vivimos en una era de reorganización acelerada y prof unda del sist ema mundial, que el concept o de globalización pret ende capt urar. Est e proceso ha abiert o posi-bilidades pot encialment e excelent es de crecimient o y desarrollo. No obst ant e, t ambién es ciert o, plant ea serios riesgos.

Un rasgo clave de est e proceso es que en el mundo act ual, no hay país ni est ado na-ción que pueda exis-t ir f uera de la órbiexis-t a de las leyes del movi-mient o de la globali-zación, o que perma-nezca ajeno a ellas. Y el proceso de evolución de la globalización, así lo creemos, ha creado una serie de condiciones en que los dest inos de nuest ros países se han int errelacionado como nunca ant es.

El desaf ío al que hacen f rent e nuest ros países es aprovechar las oport unidades pot enciales que se abren, int eract uar a f in de t ransf ormar el sist ema y garant izar que los riesgos inherent es a ello sean mínimos y se vayan eliminando progresivament e. Los riegos incluyen la persist encia de la pobreza, la enf ermedad y la degradación humana generalizada. Y, es import ant e dest acar, la pobreza de cualquier pueblo en cualquier part e del mundo, es la pobreza de t oda la humanidad. A su vez, la pobreza casi inevit a-blement e, nut re el descont ent o, y el descont ent o encierra el pot encial de causar la agit ación polít ica y social.

El cambio podría o bien producir result ados liberadores para el sist ema mundial, o podría ser una f uerza dest ruct iva que hast a podría amenazar el sist ema int ernacional. Con el sist ema mult ila-t eral de las Naciones Unidas en un esila-t ado críila-t ico, nos enconila-t ramos en una coyunt ura decisiva. La elección est á ent re enf rent ar el desaf ío de la seguridad mundial, inclusive la erradicación de la pobreza y el subdesarrollo colect ivament e, o descender a un orden mundial de anarquía y caos. Un orden mundial en el que un sist ema global basado en normas es irrelevant e y la f uerza y el poder se conviert en en los únicos árbit ros de las cont roversias.

El ent orno mundial act ual hace f rent e a numerosos desaf íos. Ést os incluyen cuest iones no resuelt as de globalización y el f racaso de las inst it uciones de gobernabilidad económica mundiales de

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resolver las necesidades de desarrollo del sur. Más aún, la gobernabilidad mundial se ve menoscabada por el debilit amient o de las Naciones Unidas como una inst it ución básica para el logro del mult ilat eralis-mo, y el riesgo de que en el sur no se cumplan los Objet ivos de Desarrollo del M ilenio, especialment e en el Áf rica.

Est e es el cont ext o general en que se inscribe la polít ica ext e-rior de Sudáf rica.

4. Las relaciones ext eriores durant e la primera

década de la democracia

Sudáf rica ha hecho import ant es progresos durant e los diez primeros años de nuest ra democracia en la consolidación y f o-ment o de nuest ras relaciones con el rest o del mundo. Del aisla-mient o polít ico del est ado de apart heid -un est ado que había desempeñado un papel dest ruct ivo y desest abilizador en nuest ra región, y más allá de

ést a- hemos podido volver a conect ar y r ei n t eg r ar n u est r o p aís co n el m u n d o co m o u n a n aci ó n am an t e d e l a p az, como un pueblo de una nación

consagra-da a poner f in a la pobreza así como ot ras f ormas de degraconsagra-dación humana, y que t rabaja en pos del logro de lo que consideramos la prioridad urgent e y colect iva de promover el desarrollo global.

En el período previo a la gran t ransf ormación de Sudáf rica de 1994, y al embarcarnos en ella, hubo voces que argument aron, lo cual es comprensible, a f avor de una polít ica de relaciones ext erio-res que se cent rara únicament e en los int eerio-reses y las prioridades int ernos. No obst ant e, ést a no era una opción posible. Como sudaf ricanos, nuest ra lucha por la libert ad est uvo apoyada por nuest ros vecinos y los pueblos del mundo del movimient o de lucha cont ra el apart heid que se unieron para rechazar las injust icias y la inhumanidad del sist ema de apart heid y desempeñaron un papel import ant e en nuest ra liberación. Como sudaf ricanos, comprende-mos y abrazacomprende-mos la idea de que la lucha por la libert ad, por un mundo más humano y una vida mejor, es una lucha común de la humanidad cont ra la injust icia y la pobreza y que est o requiere el esf uerzo concert ado y colect ivo de t odos nosot ros.

Tras diez años de democracia, est amos ahora en el umbral de grandes cambios globales, de inmensas posibilidades de desarrollo en Áf rica y en los países del sur. La ref orma de las Naciones Unidas

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y ot ras inst it uciones mult ilat erales f iguran en el programa mun-dial. A la luz de est as realidades, af irmamos con conf ianza que no nos apart aremos de nuest ra lucha conscient e en pos de una Áf rica y un mundo mejores, y en la dirección que acelere la t ransf orma-ción. Consideramos la senda que hemos t omado la del desarrollo correct o para los pueblos de Áf rica y para los pueblos del mundo. Durant e el últ imo decenio hemos logrado est ablecer una pre-sencia diplomát ica en t odas part es del mundo. Hemos consolida-do relaciones y est ableciconsolida-do amist ades con personas de muchos países y cult uras dist int os. Nos hemos sent ido alent ados e inspira-dos por el apoyo y el compromiso de est a comunidad global para t rabajar en pos del bien común, y de est a f orma dar expresión a nuest ros valores nacionales de igualdad ent re los pueblos y las regiones y de unidad en la diversidad.

Durant e el últ imo decenio hemos desem-peñado un papel sig-nif icat ivo en la f ormu-l aci ó n d e p o ormu-l ít i cas esenciales, acuerdos y prot ocolos int ernacio-nales, necesarios para la lucha cont ra la po-breza, el subdesarrollo, el racismo, el sexismo, la injust icia y la guerra. Como part e de nuest ro aport e a est as act ividades int erna-cionales, hemos proyect ado las necesidades concret as de Áf rica y del mundo en desarrollo.

En est a canast a est án t ambién las polít icas y los programas de la Unión Af ricana y el Programa amplio del sur: la UNCTAD X, la Declaración de Fancourt de la Reunión de Jef es de Gobierno del Commonw ealt h (desarrollo cent rado en la gent e), la Cumbre del sur de Cuba, los Objet ivos de Desarrollo del M ilenio y las necesi-dades especiales de Áf rica, la III Conf erencia de las Naciones Unidas sobre los Países M enos Adelant ados (por medio de la asist encia prest ada a los países menos adelant ados), el Plan para Áf rica del Grupo de los 8, el Programa de la Ronda de Doha para el Desarrollo de la OM C, el Consenso de M ont errey de la Conf e-rencia de Financiación para el Desarrollo y los result ados t ant o de la Conf erencia M undial cont ra el Racismo y de la Cumbre M undial sobre Desarrollo Sost enible. Dicho sea de paso, t odas est as iniciat ivas se f undament an en un régimen mult ilat eral ba-sado en normas para erradicar la pobreza y la privación. Creemos que est e enf oque mult ilat eral es la única solución a los proble-mas del mundo y la única garant ía de paz.

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Est amos sat isf echos de haber hecho nuest ra part e, en asocia-ción con los líderes del cont inent e af ricano, para sent ar las bases hist óricas del f ut uro de nuest ro cont inent e mediant e la part icipa-ción plena a f in de unir y desarrollar nuest ro cont inent e median-t e el lanzamienmedian-t o de la Unión Af ricana y su proyecmedian-t o socioeconó-mico, la Nueva Alianza de Áf rica para el Desarrollo.

Est amos t rabajando incansablement e para poner f in a la t ra-gedia del subdesarrollo, para rest ablecer la esperanza y la digni-dad en los corazones

y ment es del pueblo af ricano. Junt o a t o-dos los af ricanos que viven en est e cont inen-t e y la comunidad ex-t ensa de af ricanos en l a d i ásp o r a, h em o s dado el siguient e paso import ant e para f or-jar nuest ro propio f

u-t uro. Esu-t a lucha por la auu-t énu-t ica emancipación de Áf rica se esu-t á consolidando sobre los f undament os de la democracia, la paz y la est abilidad; sobre la eliminación del racismo y el sexismo; sobre la erradicación de la pobreza y el hambre; y sobre la convicción de que los af ricanos pueden ser, y son, los arquit ect os de su propio dest ino.

Creemos que los esf uerzos coordinados y sost enidos en pos del desarrollo socioeconómico de Áf rica se t raducirán en una Áf rica aut osuf icient e, y se crearán así las condiciones para el logro de la paz y la est abilidad duraderas que prevengan el conf lict o y la violencia. Nuest ras iniciat ivas de polít ica ext erior apunt an al lo-gro de ese objet ivo.

Junt o a los líderes polít icos del cont inent e af ricano, Sudáf rica ha part icipado en la últ ima década en dist int as iniciat ivas de gest ión y resolución de conf lict os. Se han logrado considerables progresos en países como Angola, Burundi, las Comores, la Repú-blica Democrát ica del Congo y ot ros.

Sudáf rica se compromet e nuevament e a cont ribuir a los int en-t os de búsqueda de una solución pacíf ica a los problemas del Orient e M edio y al suf rimient o permanent e del pueblo palest ino. Nos ent rist ece la cont inuidad de la violencia y la pérdida de vidas en Palest ina e Israel. Hemos reaf irmado nuest ro compromiso de t rabajar en pos del est ablecimient o de una realidad en la que los palest inos e israelíes puedan gozar de soberanía dent ro de f ron-t eras seguras.

Sudáf rica t ambién hace vot os porque la sit uación en el Iraq se

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resuelva rápidament e. Sudáf rica est á dispuest a a part icipar en iniciat ivas post eriores a los conf lict os, en el marco de las Nacio-nes Unidas. Nuest ra opinión ha sido que t odas las medidas adop-t adas en Iraq deben examinarse con los auspicios de las Naciones Unidas en el cont ext o de “ respet ar el est ado de derecho int erna-cional, f ort alecer las Naciones Unidas, in-cluido el Consejo de Seguridad, y dar prio-ridad al principio del ejercicio de la diplo-macia como medio de mant ener la paz y la seguridad int ernacio-nales” .

Sent imos un vivo int erés en el debat e act ual sobre la ref orma de las Naciones Unidas y sus est ruct uras auxiliares. Los acont eci-mient os recient es en el plano mundial han puest o de relieve la necesidad urgent e de dicha ref orma. Como lo señaló nuest ro President e en su alocución en el marco del quincuagésimo oct avo período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, creemos que las Naciones Unidas deben ser una legít ima expresión de la volunt ad colect iva de t odos los pueblos del mun-do, el principal garant e de la paz y la seguridad int ernacionales, y deben ser capaces de abordar las cuest iones que preocupan a t oda la humanidad, y por lo t ant o deben gozar de la conf ianza de t odos los pueblos del mundo.

Est amos convencidos, ahora más que nunca, de lo at inado de nuest ro llamado a crear un mundo en el que no haya guerra ni violencia, pobreza ni hambre, ni dominación de un pueblo por ot ro. Un mundo en el que el respet o a la humanidad de t odos los pueblos y naciones y en el que la igualad ent re los géneros sea una realidad vivient e.

Cont inuaremos luchando por est os objet ivos en nuest ra diplo-macia internacional. Cont inuaremos construyendo relaciones amistosas ent re las naciones del mundo, y redoblaremos nuest ros esf uerzos en pos de la consolidación de la cooperación sur-sur,

incluida la rápida conclusión de nuest ras negociaciones comerciales ent re la Unión Aduanera del Áf rica M eri-dional (SACU) y el M ERCOSUR.

M uchas gracias por su at ención.

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