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Food pornImagen y apetitos insatisfechos

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FOOD PORN: IMAGEN Y APETITOS INSATISFECHOS.

Presentado por:

Juliana Cuadros Restrepo

Trabajo de grado para optar por el título de

Comunicadora Social/Publicidad

Director/asesor: César Mario Gómez Montañez

Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de Comunicación y Lenguaje

Comunicación Social

(6)

Reglamento de la Pontificia Universidad Javeriana

Artículo 23

“La Universidad no se hace responsable por los conceptos emitidos por los alumnos en sus trabajos de grado, solo velará porque no se publique nada contrario al

dogma y la moral católicos y porque el trabajo no contenga ataques y polémicas

(7)

Bogotá, Noviembre 20 de 2014

Señora

Marisol Cano Busquets Decana Académica

Facultad de Comunicación y Lenguaje

Cordial saludo,

A continuación me permito presentarle mi trabajo de grado para optar por el título

de Comunicadora Social con énfasis en Publicidad, titulado Food Porn: imagen y apetitos

insatisfechos. En él se ve un gusto personal llevado a la teoría y el reflejo de un año de

arduo trabajo investigativo, pues el tema que aquí le presento no ha sido tocado por

muchos, por lo que espero sea de su agrado.

Cordialmente,

Juliana Cuadros Restrepo

(8)

TABLA DE CONTENIDO

1. Introducción ... 10

2. ¿Qué es el food porn? ... 13

3.¿Quién dijo food porn? ... 18

3.1 Lo correcto vs. lo pornográfico ... 18

3.2 Los apetitos femeninos ... 20

3.3 Cocineras hambrientas ... 21

3.4 Cocineros imaginarios ... 26

3.5 #FoodPorn (El hash-tag) ... 27

4. Alimentar los ojos ... 29

4.1 Cuerpos ... 33

4.2 Emulación ... 40

4.3 Comida ... 44

5. La fotografía de lo inalcanzable ... 57

5.1 El bodegón ... 59

5.2. Instagram y el food porn amateur ... 62

5.3 Lo incomible... 66

6. Conclusiones ... 74

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TABLA DE ILUSTRACIONES

Figura 1 Sección Right Stuff vs. Food porn del número de abril de 2014……14

Figura 2. Two Fat Ladies……….18

Figura 3. Nigella Lawson……….20

Figura 4. Muestra total de las imágenes desplegadas por la búsqueda en Google

(10)

1. Introducción

Tuve conocimiento del término food porn inicialmente por mi afición a

ver los programas de televisión de la cocinera británica Nigella Lawson, en

cuanto quise averiguar más sobre ella encontré que en varios medios la llamaban “Reina del food porn” y no comprendí exactamente a qué se

referían en ese momento. Más adelante seguí encontrándome el término en

las redes sociales y generalmente acompañando contenidos, específicamente

imágenes, en los que se veían principalmente platos servidos de manera

llamativa.

Inicialmente me pareció inquietante que estas fotografías, tan similares

a la fotografía publicitaria de alimentos, circularan por las redes sin estar

directamente ligadas a una marca o campaña publicitaria. Empecé a

comprender entonces que las personas las publicaban y compartían

principalmente porque les llamaban la atención y las consideraban

provocadoras y llamativas. En muchas ocasiones, los demás usuarios, la

mayoría mujeres, hacía comentarios sobre lo rico que se veía y lo

deseosos/sas que se sentían de poder comer algo así.

Consideré al respecto que quizás lo que hacía pornográficas estas

imágenes era la creciente restricción alrededor del comer cierto tipo de

alimentos, consideré que sería pertinente ir más allá de estas especulaciones

y averiguar en qué consistía realmente el food porn y por qué se había

llegado a un punto en el que se consideraban pornográficas las imágenes de

alimentos.

Comencé este trabajo rastreando el origen del término y su uso en los

medios, descubriendo que estaba estrechamente relacionado con productos

mediáticos similares al programa televisivo de cocina de Nigella Lawson,

justamente. Además es un tema que ha sido también tratado por algunas

(11)

da de la relación de las mujeres con la comida, y de cómo se muestran sus

apetitos en los medios y la publicidad.

Posteriormente procedí a sacar una muestra de imágenes en un motor

de búsqueda para hacer una clasificación seguida de un análisis de las

mismas. Utilicé un motor de búsqueda principalmente porque está diseñado

para arrojar en sus resultados las imágenes que ya vienen nombradas o

clasificadas como food porn o que acompañan contenidos que hablan sobre

él o directamente se titulan así.

Procuré además que la muestra fuera lo suficientemente amplia como

para ayudarme a conseguir mi objetivo, que era establecer los cánones

estéticos que suponían que una imagen fuera considerada o clasificada como

food porn, al identificar aspectos como la composición, el encuadre, la

iluminación, el color, la ambientación y los elementos mostrados en la

fotografía tanto como los faltantes. Puesto que hasta el momento de iniciar

dicho análisis, parecía que casi cualquier imagen de comida podía ser

considerada como food porn, me propuse hallar las características que

hacían que las imágenes pudieran pertenecer a ese universo y fueran

identificables como parte de esa categoría.

Después del trabajo de observación de las imágenes pasé a analizar las

posibles interacciones generadas entre la imagen y el espectador, tomando a

la imagen como mediadora entre el espectador y sus apetitos y ansiedades.

Entre algunos de los elementos que analicé se encontraban la posible

identificación de las imágenes del food porn con las de la fotografía

publicitaria, la imposición del conocimiento nutricional como ideología, los

cambios que han traído la expansión de las redes sociales en las dinámicas

de producción y difusión de estas imágenes y las crecientes tendencias

alimentarias que buscan imponer estilos de vida que son considerados

saludables por el discurso médico nutricionista, además de los trastornos

(12)

A modo de conclusión, hablo de la apropiación de los códigos estéticos

del food porn por parte de las personas que practican regímenes estrictos de

alimentación para generar contenidos gráficos asociados a sus restrictivas

dietas, llegando a generar productos como el vegan food porn, con el afán de

romper el consenso que hay alrededor de la dicotomía placer/salud en

(13)

2. ¿Qué es el food porn?

¿Qué es el food porn? Aunque las posibles explicaciones a la pregunta

se encontrarán más adelante en este texto, es necesario establecer de

entrada que el término food porn está directamente vinculado a la

producción y circulación de imágenes de comida. Mi interés nace de la

inquietud que genera el encontrar las fotografías de alimentos a las que los

medios y la publicidad nos tienen acostumbrados, esta vez catalogadas con

un término tan llamativo, y hasta polémico, como porn, término que

inevitablemente remite a la tan moralmente cuestionada pornografía sexual.

El encontrar imágenes de comida portando la etiqueta de

“pornográficas” sin contener en ellas alusiones directas a la sexualidad o la genitalidad es casi tan inquietante como el hecho de que estas imágenes no

son nuevas para nuestra vista. Las imágenes que crecientemente circulan

por las redes sociales acompañadas de este término –sea en el título, los comentarios, las etiquetas o incluso por el nombre de la cuenta de usuario

mismo que las emite– comparten los mismos códigos estéticos de la fotografía de alimentos, tan propia del mundo editorial y publicitario.

Entonces surge la inquietud ¿qué hace que una fotografía sea

considerada o catalogada como food porn? Por eso se estableció el objetivo de

identificar los patrones estéticos que hacen que una imagen se pueda

clasificar como food porn, además de analizar las posibles interacciones que

se podían dar entre la imagen y el espectador.

Aunque inicialmente he visto circular dichas imágenes preferentemente

en redes sociales que se prestan para publicar, compartir y comentar, como

Flickr, Twitter e Instagram, me quedaba la sospecha de que este atribuir el

oprobio que trae el término “pornográfico” a una fotografía de comida no era exclusivo de las dinámicas de estas redes. Para nadie es un secreto que

estamos en una era de inmensa preocupación alimentaria y nutricional, y

que estas preocupaciones se pueden ver traducidas a otros ámbitos de la

(14)

las imágenes de alimentos obedezca a las ideologías y temores propios de

nuestra época.

Para iniciar entonces con mi indagación respecto al food porn decidí no

elegir una de estas redes en específico, sino un buscador de imágenes. Al

insertar los términos de consulta en un motor de búsqueda en internet se

está asegurando que las imágenes desplegadas de alguna forma se estén

anunciando a sí mismas como food porn, pues fue el término el que precedió

a la imagen en este caso, ya que estos elementos fueron llamados con su

vocativo food porn.

Otro motivo para elegir un buscador es que éste con seguridad

abarcaría a todas las redes sociales anteriormente mencionadas, por lo que

de alguna forma eliminaría algunos sesgos propios de la lógica que

comparten los usuarios de cada red social y arrojaría los contenidos basados

principalmente en su relevancia. El propósito de encontrar las

características compartidas por las imágenes clasificadas como food porn

hace prevalecer como objeto de indagación a los elementos constitutivos de

dichas imágenes. Así que para llegar a la respuesta de la pregunta sobre “qué nos dicen las imágenes categorizadas como food porn”, se realizó la búsqueda en Google Imágenes y de las imágenes desplegadas, se

seleccionaron las cien primeras.

Cabe aclarar que el orden en el que aparecen las imágenes obedece a

unos criterios de compatibilidad desarrollados por la compañía según los

cuales las imágenes más directamente relacionadas con los términos de

búsqueda son las que primero aparecen al efectuar la misma. Además se

decidió tomar las cien primeras porque se consideró que era un número de

imágenes suficientes como para dar una visión amplia de la temática, sin

que por esto esté asumiendo que esta investigación sea de carácter

cuantitativo. En una página institucional de Google1 explican que la compañía mantiene un registro de las páginas web clasificadas por “su contenido y otros factores” (Google, traducción propia), luego crean

(15)

programas y fórmulas cuyos algoritmos están diseñados para entender

mejor lo que el usuario busca. A continuación se clasifican los resultados

tomando en cuenta factores como la calidad, la frescura del contenido y el

contexto del usuario (basados en la situación geográfica y el historial). Los

algoritmos cambian constantemente y son evaluados por un equipo de

personas entrenadas para calificar la calidad de las búsquedas y mantener

los resultados relevantes.

Por lo anterior se podría considerar que las imágenes arrojadas por la

búsqueda son relevantes no sólo por su actualidad en el momento de ser

buscadas, sino porque hacían parte de páginas en las que tanto los títulos

como los textos estaban hablando del tema mismo de la búsqueda.

Si después de solicitar dichos resultados, se hace una rápida

observación, se puede notar que casi la totalidad de ellas son fotografías. A

pesar de que el food porn también abarque producciones audiovisuales, se

entenderá que a lo largo de este estudio se hablará siempre de imágenes

estáticas debido al procedimiento de toma de muestra.

Al inicio de este trabajo encontré que el término food porn ha sido

utilizado para hablar tanto de productos editoriales como de productos

audiovisuales, pero como la motivación de esta investigación fue producida

por la creciente aparición de fotografías de comida clasificadas bajo dicha

etiqueta que circulaban por las redes sociales, se tomó la decisión de utilizar

sólo las fotografías arrojadas por la búsqueda anteriormente mencionada

pues ellas procedían del mismo ámbito que generó la inquietud de

investigación: las redes sociales y el internet.

Respecto al procedimiento analítico con el que se trataron las imágenes

de la muestra, se recurrió a los parámetros ofrecidos por Santos Zunzunegui

(2007) en su libro Pensar la imagen para generar un análisis sobre el

contenido que las imágenes mostraban.

(16)

se presenta como una cristalización del instante visual” (Zunzunegui, 2007). La humanidad ha buscado con insistencia a lo largo de la historia la

exactitud en la representación pictórica, y la fotografía podría considerarse

como el resultado de tal búsqueda, a la vez que la prueba final de dicha

conquista. Gracias a la posibilidad de consecución de imágenes construidas

mediante un proceso técnico (mediante lentes y objetivo), que liberó a la

humanidad de la dependencia de su habilidad manual para lograr dicha “cristalización”, se alimentó la idea de la objetividad que muchos suelen atribuirle a la fotografía. Pero, con el propósito de alcanzar la comprensión y

el conocimiento de nuestro objeto de estudio, es casi indispensable dudar

incluso de lo que nuestros ojos ven.

La fuerza de la fotografía es indudable, especialmente porque crea una “duplicación de las apariencias liberada de las distorsiones que introduce la imagen manual” (Zunzunegui, 2007), pero esta transparencia es, en parte, una ilusión de la que no debemos dejarnos engañar. De esta ilusión se ha

pasado muchas veces con rapidez a considerar a la fotografía como una

reproducción no mediatizada capaz de facilitar la aprehensión directa de las

cosas.

Zunzunegui contradice estas percepciones subrayando varios aspectos

de la imagen fotográfica, de los cuales se tomarán algunos para generar los

parámetros que servirán como base metodológica de el presente trabajo:

1. Que la fotografía elimina cualquier información (sonora, táctil,

gustativa, olfativa) que no sea susceptible de verse traducida en

términos ópticos.

2. La fotografía presenta un carácter estático, congelando el

instante. Esta inmovilización supone también un posicionamiento

físico del fotógrafo al elegir el punto de vista desde el que se tomará la foto, lo que a su vez muestra “su elección significativa del campo

visual”. Consecuencia de esto, se supone que el encuadre obedece a la elección de un espacio que se decidió mostrar y la eliminación

(17)

encuadre.

3. Aunque las imágenes sean a color, las técnicas de fotografía y

edición permiten alterar las cualidades cromáticas de los objetos

fotografiados.

4. Toda fotografía supone la presencia del observador ante algo

digno de ser mirado, abre la relación imagen/espectador al campo de

lo imaginario. En este campo, la foto funciona como activador gracias al cual el observador podrá dilucidar “la secuencia en cuyo interior esa imagen vendría inscrita en términos de relato. De esta forma, el

imaginario del espectador, construye una especie de fuera de campo

temporal que inscribe a la fotografía en la temporalidad y en la

ficción.”

Es así como el análisis de las imágenes de la muestra se fundamentó,

con relación al punto uno, tanto en los elementos ahí mostrados como en los

omitidos o suprimidos. En relación al punto dos, se tomaron en cuenta el

encuadre y el ángulo elegido para mostrar los alimentos. En relación al

punto tres, se observó el tratamiento que se le da al color y la textura. Y, en

relación al punto cuatro, se exploró el escenario en el que se nos muestran

dichas imágenes.

(18)

3.¿Quién dijo food porn?

3.1 Lo correcto vs. lo pornográfico

Aunque no hay certeza del momento en que se empieza a utilizar el

término food porn, una de las primeras publicaciones de las que se tiene

conocimiento es el Nutrition Action Healthletter, en la que empieza a aparecer

en la década del 80 una sección llamada Right Stuff Vs. Food Porn2 en la que

se comparaban dos productos desde una perspectiva nutricional. Las

comparaciones se hacían entre productos que se ofrecían en las cadenas de

restaurantes o bien víveres, productos enlatados o congelados que

estuvieran en venta en los supermercados.

Dicha sección, que se sigue publicando hasta la fecha, muestra en

una página completa dos columnas en cuya parate superior aparecen

fotografías de los alimentos comparados: en la izquierda aparece el

considerado right stuff (lo correcto) y en la derecha el considerado food porn

con una descripción básica de los productos que se hace tomando en cuenta

principalmente los valores nutricionales de los mismos, y a continuación se

ofrecen opciones de preparación y consumo de alimentos que sean

amigables con la salud.

Según el director ejecutivo del Center for Science in the Public Interest, Michael Jacobson, el propósito de dicho título es “acuñar el término para connotar una comida que fuera tan sensacionalmente fuera de proporciones de lo que la comida debe ser que mereciera ser considerada pornográfica” (McBride, Food Porn, 2010, pp. 1, traducción propia).

En este medio, la palabra porn se utilizaba como una designación de lo

que era inaceptable, la columna suele ser aleccionadora acerca de lo que se

debe y no se debe comer y utiliza lenguaje nutricional para argumentar las

comparaciones como en el siguiente ejemplo que explica las bondades de los

2 En el número del mes de abril del año 2014 se compara un producto lácteo

(19)

cultivos del Quark, un producto lácteo similar al queso crema, aclara que el

edulcorante utilizado en el producto no es perjudicial para la salud y ofrece

opciones correctas para acompañar el producto; y por otro lado, disuade a

los consumidores de pedir en la cadena de restaurantes Noodle Company un

plato de macarrones ya que su contenido calórico, sumado al del grasas

[image:19.595.143.478.202.576.2]

saturadas y sodio, es altísimo (más de lo requerido en un día).

Figura 1: Sección Right Stuff vs. Food porn del número de abril de 2014.

(20)

3.2 Los apetitos femeninos

Fue durante la misma década que la autora Rosalind Coward utiliza el

término food pornography para tratar el tema de la fotografía de alimentos.

En su texto Female desire and sexual identity, Coward (1985) expone cómo

en la sociedad occidental las mujeres somos definidas por nuestros deseos,

deseos cortejados constantemente por los medios, deseos de ser siempre

mejores mediante obtención de mejores cuerpos, mejores casas, mejores

relaciones, etcétera. Esta representación de la mujer insatisfecha es

alimentada por la moda, el cine y la publicidad, que nos hacen desear

siempre algo más.

La fotografía de alimentos es entonces una forma de pornografía que

refuerza la posición de los sexos, pues la pornografía sexual le dice a los

hombres que las mujeres están siempre disponibles para satisfacer sus

apetitos sexuales, pero las mujeres no disponemos de representaciones que

tan abiertamente alienten nuestros apetitos sexuales. En su lugar, las

fotografías de alimentos nos hablan de nuestro lugar en el mundo: nos dicen

que los apetitos orales están permitidos y, al igual que la pornografía sexual,

movilizan los apetitos específicos de las mujeres dejando un poco indiferente

al sexo opuesto.

Para la autora, la relación con esta pornografía no sólo es

problemática por restringir los apetitos femeninos sólo al ámbito de la

comida, sino porque no nos atreveríamos a satisfacer dichos apetitos ya que

esto sobrepasaría el límite impuesto a nuestros cuerpos por los ideales

imperantes. El ideal de un cuerpo delgado y firme representa una aversión a

la idea de gordura y opera como una advertencia a nuestra falta de

autocontrol, haciendo que la complacencia del apetito sea pecaminosa.

Entonces es correcto que el deseo de comida en las mujeres sea estimulado

abiertamente mientras no sea realmente satisfecho. Este carácter paradójico

es lo que precisamente, desde esta alusión del término pornografía, termina

por recrudecerse como expectativa frente a un deseo que se expresa para no

(21)

En estas fotografías, como en las que las modelos están maquilladas y

retocadas, la comida se muestra en su estado ideal. En ninguna de ellas se

muestra evidencia de las labores de preparación, no se ve el caos ni la

suciedad de la cocina después de dichas labores. Este aspecto es muy

importante en términos analíticos, pues evidencia el carácter de “encuadre” que opera en toda imagen: se trata de la tensión entre lo que se oculta y lo

que se muestra como uno de los registros que permite dar cuenta de la

intensión en la producción de tal imagen. Es así como somos invitadas a

preparar comida mientras se oculta y devalúa la labor que el trabajo

doméstico inevitablemente trae consigo, además se nos está diciendo que la

complacencia de nuestros apetitos está permitida mientras esté dirigida al

servicio de otros que, según la autora, suelen ser hombres.

3.3 Cocineras hambrientas

A pesar del uso que se le dio inicialmente al término food porn, tan

directamente relacionado con la nutrición y la medicina, en la década de los

noventa se utilizó para hablar sobre algunos productos mediáticos

relacionados con la cocina y el comer. Es posible que el uso del término para

hablar de las imágenes de la comida fuera inspirado por el ensayo de

Rosalind Coward, aunque también se dice que fue implementado por un

empleado de la BBC quien trabajaba en la producción del programa Two Fat

Ladies (en español “Las dos gorditas”). Como su nombre lo indicaba, era un espacio televisivo conducido por dos señoras muy voluminosas que

preparaban platos tradicionales de alta carga calórica y utilizaban

ingredientes poco recomendados por la comunidad médica como

mantequilla, crema y tocineta, con una actitud que dicho empleado describía

como Pornographic Joy, lo que en español se podría traducir como “Alegría pornográfica” (Inness, 2006).

Para Sherrie A. Inness, las dos gorditas se rebelaron en su gordura, al

(22)

hombres chefs gordos eran percibidos como exitosos mientras que las

mujeres que aparecían cocinando en televisión tenían que ser delgadas. En

un momento en el que la mayoría de celebridades hacía esfuerzos por bajar

de peso, estas dos mujeres se regocijaban en su apetito y en su gordura,

enviando el mensaje de que no era obligatorio para las mujeres ser siempre

delgadas, jóvenes y glamourosas. Para estas dos señoras lo más importante

era disfrutar de la comida, preferiblemente artesanal, sin importar la carga

[image:22.595.82.546.243.575.2]

calórica o el nivel de colesterol.

Figura 2: Two Fat Ladies. Recuperado de:

(23)

Después de Las dos gorditas vino el éxito televisivo Nigella’s Bites en el

que la socialité, cocinera y escritora británica Nigella Lawson cocinaba en la

comodidad de su hogar sus recetas favoritas, que podían o no ser consideradas “saludables” pues lo que primaba en el programa era el

disfrute de comer y la practicidad de las recetas obteniendo el máximo sabor

posible con el mínimo esfuerzo.

Esta exitosa carrera televisiva se vio acompañada, también, de gran

éxito editorial: hasta la fecha Lawson ha publicado nueve libros de recetas

siendo el segundo de ellos, How to be a Domestic Goddess (en español:

“Cómo ser una diosa doméstica”), un libro cuyo título se podría prestar para malas interpretaciones acerca del lugar de la mujer en la vida doméstica. Sin

embargo, en palabras de la propia Nigella:

Este es un libro acerca de la pastelería, pero no un libro de pastelería - no en el sentido de ser un manual o una guía completa o un mapa de una tierra que no habitas. Yo tampoco quiero que te confines a los cuartos de cocina, ni siquiera sugerir que podría ser deseable. Pero sí creo que muchos de nosotros nos hemos visto alienados de la esfera doméstica, y que en realidad puede hacernos sentir mejor reclamar parte de ese espacio, hacerlo reconfortante en lugar de aterrador. (Lawson, nigella.com, traducción propia)

La publicación de este libro le supuso a la autora ser reconocida para muchos como la “Diosa doméstica” y, aunque su postura respecto a la cocina como un lugar de regocijo y no de confinamiento y represión hacia la

mujer quede claro en sus propias declaraciones, es inevitable que su imagen

se convierta para muchos en un ideal de mujer hogareña refinada, en la

elegante y generosa esposa que cocinaba para su familia con total devoción,

dirigiendo efectivamente sus propios apetitos hacia la satisfacción de lo

apetitos de los demás de una manera muy similar a la que Rosalind Coward

nos describía anteriormente. (Coward, Female Desire and Sexual Identity,

1985)

Las declaraciones de Nigella solían abogar por una nueva perspectiva

alrededor de la cocina y fueron apoyadas por muchos otros que

consideraban, al igual que ella, que el feminismo no debería insistir en

(24)

construcción de las imágenes alrededor de los oficios de la cocinera, y en

especial de la pastelera, como oficios anticuados, subestimados y

desvalorizados (Yearwood, 2011), sino que debía promover que las personas

disfrutaran estos oficios por lo gratificantes que eran sin preocuparse porque

eran considerados poco valiosos, o porque estuvieran fuertemente ligados a

un rol de género específico (Merwin, 2013).

Todos estos esfuerzos fueron, de alguna manera, infructuosos respecto

a la tarea de eliminar ese imaginario idealizado alrededor de su persona. Las

ideas fomentadas por sus publicaciones como una mujer aristócrata y

amante de la comida, sumada a su carisma y pericia como cocinera, que se

hacían evidentes al ver los programas de televisión en los que hacía

ocasionalmente algunos guiños y coqueteos hacia a la cámara, la

sensualidad que proyectaba al hablar de comida y actos como el de

[image:24.595.92.539.414.724.2]

chuparse los dedos deliberadamente ante la cámara le ganaron el título de “Reina del food porn”.

Figura 3: Parsons, Lis. Lawson, Nigella. Recuperado de:

(25)

Aunque ella no estaba muy de acuerdo con el título, sí consideraba

que la imagen de una mujer con mucho apetito podía despertar en los

hombres algo de lascivia, pero negaba que las mujeres pudieran verla como

algo diferente a una mujer que amaba la comida (Lawson, I don't want to be

some kitchen blow-up sex doll, 2006). Para ella, no había ningún doble

sentido en su discurso, todo se trataba de mero hedonismo. Aun así, Nigella

no desconoce la conexión mujer-sexo-comida y esto queda claro cuando

afirma que las mujeres que “pasan todas sus vidas a dieta probablemente tengan una vida sexual miserable: si tu cuerpo es el enemigo, cómo puedes relajarte y disfrutar?” (Lawson, 2011, traducción propia) Con este tipo de comentarios, Lawson hace una clara alusión al autocontrol y al papel que

éste juega en la vida de las mujeres, quienes se abstienen de liberar su

(26)

3.4 Cocineros imaginarios

La periodista gastronómica Molly O’Neill no sólo era autora de una columna en el New York Times, sino que sus libros de cocina eran

inmensamente exitosos. Fue en una librería de California, mientras

autografiaba sus libros, que escucho a una de sus lectoras afirmar con total

naturalidad que nunca preparaba ninguna de las recetas que la autora

publicaba, sólo las guardaba haciéndose la promesa de que algún día las

prepararía.

Esta anécdota impulsó a Molly O’Neill más adelante a escribir un texto en la revista Columbia Journalism Review titulado escuetamente Food Porn

(O'Neill, 2003). En dicho texto, O’Neill hace un recuento por la historia de la literatura gastronómica en su país, que cada vez es más prolífica y recibe

más atención por parte de los lectores quienes la consumen no tanto para

aprender de ella, sino para aspirar a los estilos de vida relacionados con el “buen comer” pues estos textos evocan tierras distantes donde se comen platos exóticos y afirman las aspiraciones de los lectores.

Según este recuento histórico que hace Molly O’Neil, hasta mediados del siglo XX la “alta cocina” fue vista, al igual que las artes, como algo que uno debe apreciar para poder poseer. Después de la década del 50, los textos

y recetas se hicieron más prácticos y menos suntuosos, pero a pesar de esto,

el esnobismo alrededor de la comida sólo se estaba expandiendo a la clase

media, por lo que las publicaciones pasaron de ser consejos sobre la vida

doméstica en general a ser reportes y noticias relacionados con el comer en

columnas llamadas living (vivir en inglés), haciendo alusión al “buen vivir”.

Desde entonces, los food writers (escritores de comida o periodistas

gastronómicos) se han convertido en una especie de guías alimentarios,

hacen parte de grandes campañas de la relaciones públicas de la industria

alimentaria y se encargan de diseminar información nutricional que la

comunidad médica promueve como las dietas hiposódicas, hipocalóricas,

(27)

Todas estas ideas alrededor de la búsqueda de cuerpos delgados,

mediante los regímenes alimentarios y físicos, han hecho que las

publicaciones sobre comida se conviertan en algo voyeurista pues ofrecen

ventanas a un mundo de cuerpos inalcanzables donde las personas tendrían

tiempo disponible y presupuestos inimaginables, un mundo irreal. En

resumen: “la comida se hizo un estilo de vida” (O'Neill, 2003).

Considera O’Neill que esta disonancia entre las narrativas de comida y la alimentación cotidiana real dieron nacimiento al food porn, alrededor del

cual hay nostalgia por una época en la que se podía cocinar, la cocina se ve

entonces como un pasatiempo imbuido de glamour en esta realidad

alternativa que ofrecen dichas narrativas, la gente ve canales como Food

Network que los inspiran a comprar libros, equipos y utensilios, con la

esperanza de algún día usarlos para cocinar con la misma destreza que

muestran esas amas de casa virtuales de este mundo ideal.

3.5 #FoodPorn (El hash-tag)

En la edición de invierno del 2010 de la revista Gastronómica se

público un debate entre cinco autoridades del mundo gastronómico en

Estados Unidos, todos ellos hombres. En dicho fórum, la autora Anne E.

McBride hacía preguntas relativas al fenómeno del food porn, a las que tres

de los cinco entrevistados responden negando la existencia del food porn

como algo más que un término de moda utilizado para generar polémica

alrededor de la comida (McBride, Food Porn, 2010). Todos los participantes

parecían estar de acuerdo en que el término está ampliamente reconocido

por los medios y que concierne específicamente a las imágenes de comida

difundidas en libros, revistas y programas de televisión de cocina, algunos

de ellos consideraba que la polémica que generaba el uso de la palabra porn

era aprovechada por los medios para vender más productos relacionados con

(28)

Evidentemente, la creciente cantidad de cuentas en Twitter, Tumblr,

Pinterest e Instagram por las que circulan imágenes etiquetadas como food

porn, se quedaron por fuera de esta discusión. Cada vez más imágenes de

comida circulan por las redes sociales, muchas de ellas acompañadas del

hash-tag #FoodPorn. Para explicarlo mejor: “Un hash-tag es una cadena de caracteres precedida de un signo #. Los Hashtags a menudo señalan

aspectos del significado de un tweet como su tema o su público objetivo” (Efron, 2010). Así, por ejemplo, el hashtag #FoodPorn estaría indicando que

las fotografías que acompaña son consideradas por quien las publica o

comparte como parte de dicha categoría. Aunque el hash-tag es una

herramienta que está directamente relacionada con la red social Twitter,

también se ha expandido su uso a Facebook, Instagram y otras redes

sociales.

Estas imágenes, extraídas de su contexto, publicadas muchas veces

sin la compañía de su receta, o sus creadores, lejos de los libros o los

programas de cocina que se supone le dieron origen al término, siguen

siendo consideradas food porn y, de hecho, son sus mismos difusores, e

incluso creadores, los que las clasifican bajo esa categoría demostrando así

que el food porn existe, que es un producto susceptible de ser demandado y

consumido incluso cuando la comida que representa nunca llegue a las

papilas gustativas de los espectadores.

Se podría creer entonces que cualquier fotografía de comida es

susceptible de ser etiquetada como food porn, pero lo más probable es que,

si la categoría existe, esto se deba a que dichas imágenes comparten

características similares, características que, como ya se explicó, serán

(29)

4. Alimentar los ojos

Para encontrar una muestra de imágenes clasificadas como food porn,

se puede recurrir al buscador de imágenes de Google, cuyos resultados se

arrojan según los títulos y textos que acompañan la imagen y no sobre el

nombre del archivo como tal. Para propósitos de esta trabajo se utilizaron

las primeras 100 imágenes encontradas en una búsqueda realizada el 15 de

septiembre de 2014, y sobre ellas haré el análisis. La muestra del corpus de

(30)
(31)
[image:31.595.89.537.55.414.2]

Figura 4: Muestra total de las imágenes desplegadas por la búsqueda en

Google Imágenes. Septiembre 15 e 2014.

Después de hacer una observación de los elementos mostrados en

estas imágenes, y para efectos del análisis propuesto en este trabajo, en

primera instancia se pueden clasificar en tres grandes grupos según dichos

elementos que ellas presentan:

1. Cuerpos: en este grupo se encuentran las fotos de cuerpos humanos interactuando con los alimentos, estos cuerpos

pueden estar desnudos y cubiertos o untados de comida, y los órganos

sexuales pueden o no estar expuestos.

2. Emulación: imágenes de alimentos que emulan imágenes de pornografía sexual o imágenes de alimentos que se burlan del uso

del término food porn.

(32)

Es importante tomar en cuenta que el orden en el que estas imágenes

aparecen en el motor de búsqueda no es aleatorio, sino que obedece a la

coincidencia de las palabras claves que introdujo el usuario y el contenido

de la web en la que aparecen estas imágenes. Por lo tanto, entre más

relación tenga el contenido de la página con el tema que se está buscando,

más posibilidades tiene la imagen de aparecer entre las primeras cuando se

arrojen los resultados (Google). Debido a esto, el collage con las imágenes de

cada uno de los tres tipos en los que se ha dividido el total de imágenes

encontradas, está dispuesto en el orden en el que las mismas imágenes

aparecieron puesto que éste es también un indicio del grado de

(33)

4.1 Cuerpos

Cuando le preguntaron al famoso chef estadounidense Chris

Cosentino sobre la existencia de algo a lo que se le pudiera llamar food porn,

su respuesta fue:

El concepto de la comida como porno (food porn) ha existido desde la época de los antiguos romanos. Había grandes festines con vomitorios, de manera que los comensales pudieran regresar y engullir más. Se trataba de la opulencia y la decadencia: las ostras y el polen de abeja son buenos ejemplos de la antigüedad. Viéndolo actualmente, no estamos lejos de asociar la comida con los Siete Pecados Capitales. Utilizar palabras como delicioso, untuoso, cremoso y exquisito para describir alimentos, trae a la mente los pecados denominados gula y lujuria. Pienso en la comida de otra forma. Para mi es la urgencia de sentir la comida misma. No hay mucha diferencia entre sentir lujuria por una persona que sentirla por la comida. (McBride, Food Porn, 2010, traducido)

Se puede encontrar en esta respuesta la introducción idónea para una

discusión sobre la comida en la pornografía, cosa muy diferente a la

(34)

Aunque elucubrar acerca de lo que la pornografía significaba para los

romanos es demasiado arriesgado, se puede entender que el autor se está

refiriendo particularmente al food porn como espectáculo en el que el exceso

gastronómico es el punto central, y desde esta perspectiva podría ser

medianamente comparable a un festín romano. Pero la relevancia de esta

afirmación radica en la comparación de la comida y el sexo en código de “pecado”, lo que nos puede dar claves acerca de la relación actual de los consumidores con la comida y la razón por la cual el comer está tan

estrechamente ligado con el pecar.

En el libro El museo secreto, el autor Walter Kendrick (Kendrick, 1995)

hace un recorrido a lo largo de la historia del término pornografía y

justamente inicia su relato con el descubrimiento de representaciones

pictóricas y escultóricas explícitamente sexuales en las excavaciones de

Pompeya a lo largo del siglo XVIII. Dichas representaciones estaban

presentes en múltiples espacios tanto públicos como domésticos, lo que

confirma que los romanos efectivamente hacían pornografía, pero quizá

nunca lleguemos a entender hasta qué punto estas representaciones tenían

para ellos la connotación que tiene la pornografía en la actualidad.

Es relevante tomar en cuenta que Pompeya fue sepultada por una

erupción volcánica en el año 79 de nuestra era, razón por la cual muchos de

los objetos allí encontrados difícilmente podrían ser hallados en cualquier otro lugar pues “los objetos triviales se habían desvanecido en el olvido y la negligencia de los siglos, en tanto que los obscenos habían sucumbido frente al celoso empeño de la cristiandad” (Kendrick, 1995). Es por esta razón que una discusión pública sobre la pornografía se inicia cuando se descubren dichos objetos “obscenos” que pasarán a formar parte de colecciones privadas y museos y, por consiguiente, se deben catalogar. Antes de este

momento de la historia occidental dicha discusión se pudo considerar

demasiado pecaminosa para hacerse públicamente.

Aunque la palabra “pornografía” viene del término griego clásico

(35)

el olvido hasta que fue rescatada en el siglo XIX para hablar de los autores

de estos hallazgos arqueológicos, y también para hablar de los antiguos

griegos que escribieron acerca de la prostitución de su época. Es así que el

resurgir de la palabra trae consigo dos significados: el “pintor de putas” y el escritor que describe a las putas. Durante el siglo XVIII y el siglo XIX, las principales discusiones que involucraban el término “pornografía” eran textos sobre higiene pública o historia de la prostitución y, más delante,

textos narrativos con contenido sexual explícito que, en su mayoría, eran

prohibidos. En el siglo XX surge el afán de clasificar y definir con más

precisión la categoría con el propósito de regular legalmente su producción y

circulación, llegando así a lo que según Kendrick es una era

post-pornográfica en la que el término “pornografía” se suele involucrar más con las imágenes quedando excluidos los textos que más comúnmente se llaman “eróticos” y que ahora están exentos de cualquier prohibición legal.

Este recuento histórico pone en evidencia que la discusión acerca de

la pornografía se vio desde sus inicios estrechamente ligada con el pecado de

la lujuria como principal razón en contra de su producción y circulación, por

lo que no sería de extrañar que el food porn se pueda ver como una nueva

(36)

Splosh! Es la onomatopeya usada en el idioma inglés para referirse al

sonido que hace un pastel cuando choca contra el rostro de alguien.

También era el nombre de una revista británica que divulgaba fotografías de

cuerpos embadurnados de comida con fines eróticos que se empezó a

distribuir en 1989 y, aunque sólo se publicaron cuarenta números, su

mismo nombre sirvió para denominar una forma de fetichismo que consiste

en embadurnarse el cuerpo con sustancias alimenticias tanto saladas como

dulces (González Nazábal), (Publimetro, 2011). En la actualidad existen

grupos de aficionados a esta práctica que hacen reuniones para rendirle

culto a su obsesión por untarse en lo que se suelen llamar Splosh parties o

Sploshing parties3, que están consideradas como una forma de fetichismo

también llamada Wet and Messy Fettishism (“Fetichismo húmedo y sucio”) o

3 En la que anteriormente era la página web de la revista Splosh! Aún se encuentra

un foro de seguidores del WAM

(37)

WAM por sus siglas en inglés (Statemaster.com). No es de extrañar entonces

que el Splosh aparezca en algunas de las imágenes arrojadas por esta

búsqueda ya que se ha establecido como práctica sexual y, por lo tanto, es

susceptible de verse representado también en la pornografía sexual y la búsqueda de las palabras “food” y “porn” están estrechamente relacionadas con dicha práctica.

El que hace presencia constante en diecisiete de estas veinte imágenes

es el cuerpo femenino, a veces como portador de alimentos, a veces como

consumidor, el cuerpo femenino está presente para satisfacer los apetitos

sexuales, y alimenticios en algunos casos, del cuerpo masculino que aparece

representado en tres de las últimas cuatro fotos y en las dos primeras en las

que sólo aparece un falo erecto (es importante recordar que el orden en el

que las imágenes aparecen también es importante para objeto de este

trabajo). Retomando el texto de Rosalind Coward, vemos cómo estás

imágenes le recuerdan a las mujeres que los apetitos orales están bien en

cuanto su satisfacción esté direccionada a complacer también los apetitos de otros “generalmente hombres” (Coward, Female Desire and Sexual Identity, 1985), razón por la cual la comida en estas imágenes se hace presente para

el disfrute de ambos, con la salvedad de que sus cuerpos sirvan como

recipientes de los cuales vendrá alguien hambriento a comer.

Para Susan Bordo, estas imágenes de las mujeres como portadoras de

alimentos es consecuencia de la asignación de la mujer al espacio doméstico,

desde donde se debe asegurar de que todos reciban alimento incluso si ella

tuviera que pasar por alto la satisfacción de sus propios apetitos para

satisfacer los de los demás miembros del hogar. Tal pareciera que la

principal satisfacción de esta mujer fuera el poder brindar comida, razón por

la cual la comida se convierte entonces en el vehículo mediante el cual las

mujeres dan su amor y cuidado a tal punto de que, en algunas de las

representaciones de las mujeres comiendo en la intimidad (ya que en casi

ninguna aparece siendo alimentada), la comida opera como sustituto del

(38)

En su texto Hunger as Ideology la autora Susan Bordo (Bordo, 1998)

utiliza un análisis de algunas piezas publicitarias de alimentos para

hablarnos de las representaciones de las mujeres y nuestra relación con la

comida, la cual resulta ser problemática por distintas razones, pero

principalmente porque se presupone que las mujeres no deben comer

mucho. Las mujeres de las que los medios nos hablan necesitan tener

control sobre todos los aspectos de su vida, siendo uno de los más

problemáticos la comida pues cada vez está más relacionada la delgadez con

el éxito y parece haber un consenso alrededor de las dietas como la mejor

forma de obtener esa delgadez que es indicador de éxito.

Esta construcción de la femineidad no es nueva, desde el siglo XIX los

ideales de ascenso social de la burguesía ayudaron a crear la imagen de una

mujer cuyo escaso apetito era una muestra de su trascendencia espiritual

por encima de los deseos materiales, además de la trascendencia social por

encima de las necesidades del hambriento cuerpo trabajador, y este

(39)

mujeres que tienen los recursos para alimentarse de manera satisfactoria,

pasan gran parte de su tiempo haciendo dietas (Bordo, 1998).

Debe ser esta la razón por la que sólo en tres de las diecisiete

imágenes de cuerpos femeninos dentro de esta selección las mujeres

aparecen realmente ingiriendo alimento, pero en ninguna haya un hombre

haciéndolo. El voraz apetito masculino se da por sentado, mientras que el de

las mujeres es tabú y se suele representar solamente como metáfora de su

apetito sexual. En ninguna de las tres imágenes las mujeres aparecen

comiendo en compañía, su soledad parece ser la confirmación de que su

(40)

4.2 Emulación

De la comida en la pornografía pasamos a la pornografía hecha con

comida. Doce de las cien imágenes de la muestra corresponden a esta

categoría, llamada así porque consiste en fotografías de alimentos que

emulan cuerpos en posturas propias de la pornografía o bien porque su

forma recuerda a los genitales humanos, es pertinente aclarar que una de esas imágenes estaba repetida y que otras dos no “emulan” sino que son sólo chistes gráficos acerca del food porn. Es apenas de esperar que una idea como la “pornografía de la comida” fuera polémica y que encuentre no sólo detractores, sino burlas como vemos en esta selección de imágenes. El hecho

de que doce de cien elementos dentro de una categoría consistan en una

mofa a la categoría misma no es desdeñable.

En el fórum realizado por la revista Gastronómica en 2010, en el que

participaron cinco personalidades entre las que se encontraban chefs y

estudiosos de la cultura alimentaria, tres de los cinco participantes

(41)

Para el chef Will Godfarb, el término es artificial y falto de sentido,

utilizado por las personas que no están involucradas en las artes culinarias,

pues ellos reemplazan el acto de preparar por el de observar. Para el

productor de televisión Alan Madison el término es ridículo y sólo sirve como

herramienta publicitaria para generar interés al relacionar las publicaciones

de comida con el sexo, su principal argumento para diferenciar el food porn

de la pornografía sexual es que las fotografías de alimentos exaltan los

productos al utilizar técnicas específicas de preparación y maquillaje de

alimentos, mientras que la producción de la pornografía sexual no requiere

de ningún arte ni oficio. Este argumento tiene poco sustento, pues la

pornografía sexual sí requiere de ciertas técnicas interpretativas, habilidades

físicas y del uso de maquillaje y efectos para lograr esa impresión de realidad

(Tamayo, 2002).

Incluso la misma Nigella Lawson, considerada por muchos la “Reina del food porn”, desestima la validez del término y niega que su actitud hacia la comida sea obscena o sugerente, pues para ella sólo existe un disfrute de

la comida y eso es lo único que los espectadores deberían leer en su

desempeño ante las cámaras (Lawson, I don't want to be some kitchen

blow-up sex doll, 2006).

Pero todos estos argumentos en contra de la existencia del food porn

están basados en dos concepciones alrededor de la categoría que están

parcialmente erradas. La primera es que el uso de la palabra porn, apócope

de pornography, relaciona las imágenes de comida directamente con el sexo

y la obscenidad, esta idea pierde sustento cuando encontramos que sesenta

y seis de las cien imágenes que conforman esta muestra son efectivamente

fotografías de platos, sin presencia de personas sirviendo, comiendo ni

interactuando de alguna manera con los alimentos, por lo que se podría

afirmar que la obscenidad no es requisito indispensable para clasificar como

food porn una imagen de comida.

La segunda concepción es que la categoría sólo se refiere a los

(42)

como actividad, cosa que podrá controvertirse con sólo realizar una

búsqueda en Google de los términos “food porn”. El día 25 de septiembre de 2014 la búsqueda arrojó dentro de los diez primeros resultados las

siguientes páginas:

1. Una página de Wikipedia, la enciclopedia virtual de

internet donde definen el término

http://en.wikipedia.org/wiki/Food_porn

2. Una página que publica una foto cada día llamada

http://foodporndaily.com

3. Una página de Facebook con más de un millón setecientos

mil seguidores https://www.facebook.com/EpicFoodPorn

4. Un blog de la plataforma tumblr

http://foodpoorn.tumblr.com

5. Un perfil de Twitter con más de ochenta mil seguidores

https://twitter.com/FoodPorn

6. Otro perfil de Twitter con más de un millón de seguidores

https://twitter.com/ItsFoodPorn

7. Un foro donde los usuarios suben imágenes

http://www.reddit.com/r/FoodPorn/

8. Otro blog de tumblr http://-foodporn.tumblr.com

9. Una página de iconosquare, un medidor de estadísticas de

la red social instagram, donde se muestran las últimas imágenes

subidas con la etiqueta #foodporn

http://iconosquare.com/tag/foodporn

10. Otro blog de tumblr http://f-o-o-d-p-o-r-n.tumblr.com

Como se explicó anteriormente, el buscador Google se basa en ciertos

criterios de relevancia para arrojar los resultados como el título, el contenido

y la cantidad de visitas. Por lo tanto podría suponerse que cuando las personas buscan los términos “food porn” en la red, en su mayoría están buscando páginas cuyo contenido sea similar al de las páginas de esta lista.

De las diez páginas anteriormente mencionadas, sólo dos ofrecen recetas:

(43)

en el foro de reddit los usuarios aclaran en los comentarios cuando su

publicación con la etiqueta “food porn” contiene la receta del plato que se ve en la imagen. Por lo tanto, se podría concluir que la publicación y

circulación de contenidos etiquetados como food porn no necesariamente

están relacionadas con la cocina como actividad u oficio ya que en la

mayoría de estas publicaciones se omiten explicaciones acerca de las

técnicas utilizadas para producir los alimentos ahí mostrados.

Por supuesto que es necesario entender que el food porn nació de los

medios de comunicación impresos y audiovisuales cuyo principal contenido

estaba relacionado con la actividad culinaria. Los recetarios y los programas

de cocina crearon todo un imaginario alrededor de la cocina del que salió

una nueva forma de ver dicha actividad como parte de un estilo de vida al

que aspirar. Pero lo que parecen mostrarnos estas imágenes es que las

dinámicas de circulación de estos contenidos por la red se están

distanciando de el cocinar para centrarse sólo en la imagen del producto, sin

(44)

4.3 Comida

Las fotografías tomadas desde un ángulo que nos permite apreciar la

altura de la ración, preferiblemente dispuesta de manera que se puedan ver

con exactitud las capas de ingredientes, con una nitidez y una saturación

ideales para distinguir unos de otros, iluminación ideal para resaltar el brillo

que nos da idea de su jugosidad, color marrón tostado en las rebanadas de

pan que nos sugiere una textura crocante, queso y salsas derretidas que nos

dan idea de la calidez que debe tener el alimento al ser servido.

En esta comida que fue cocinada para la vista más que para el gusto

la carne sólo aparece molida, amoldada, cubierta y adornada. Se pueden

distinguir unas hojas de lechuga o unas rebanadas de tomate ahogadas

entre el queso derretido y las salsas que se escurren, los productos vegetales no parecen tener cabida dentro de estos escenarios en su “estado natural” y las frutas frescas sólo merecen ser los adornos de los postres.

Todo en estas fotografías está dispuesto para sugestionar los sentidos,

aunque finalmente el único sentido que sea efectivamente estimulado sea el

de la vista.

La fotografía de alimentos es una de las herramientas más utilizadas

por la publicidad, tiene un fuerte poder para estimular los deseos del

consumidor. A pesar de que para muchos es sabido que los fotógrafos de

alimentos utilizan trucos y maquillaje para lograr que los productos luzcan

apetitosos, seguimos observando con gusto el brillo y color que nos ofrece

aunque tengamos la certeza de que el producto que nos ofrece no es en

realidad idéntico al que nos muestra la fotografía.

Las técnicas utilizadas por fotógrafos y maquilladores de alimentos, o

food stylists como se hacen llamar últimamente, incluyen el uso de

productos alimenticios y productos no comestibles, se ha hablado de

pegamentos para mantener la comida adherida a los recipientes, puré de

(45)

espuma o burbujas a las bebidas y hasta aceite de motor para asemejar el

brillo de la miel (Peppers, 2014).

Entre las muchas características que se encuentran atractivas en las

imágenes de comida está la altura, que no siempre se logra de manera

natural, por lo que es común la práctica de llenar los platos con objetos de

vidrio o plástico para luego cubrirlos con la comida en cuestión, también es

común el uso de piezas de vajilla y cubertería pequeñas para hacer ver más

grandes las porciones; los alimentos se ven más atractivos en la medida en

que tengan menor cocción, por lo que es normal que se cocinen lo menos

posible y se usen sopletes o resistencias para quemar las superficies y dar

esa apariencia de dorado y tostado en carnes y vegetales.

Por lo general, hay estructuras de palillos y cartones sosteniendo las

diferentes capas de los sándwiches, y algunos elementos como hierbas,

vegetales y hojas son agregados únicamente con el propósito de dar color y

contraste sin que esto implique que el producto real contenga dichos

elementos y el vapor propio de los alimentos calientes se puede producir con

planchas de vapor ubicadas detrás de los productos al momento de tomar la

fotografía.

En este mundo gastronómico ideal, hasta el caos está diseñado, unas

migas o gotas de salsa estratégicamente ubicadas hacen que la comida tenga una apariencia más real y “obtenible” (Young, 2012).

Pero las fotografías de alimentos maquillados no son producidas

exclusivamente con fines publicitarios, también se producen con fines

educativos para recetarios, libros, revistas y campañas, razón por la cual el

food porn está alimentado de este tipo de fotografías a tan alto grado ya que

es importante tener en cuenta que el término surgió inicialmente para

referirse a la contemplación tanto de programas televisivos como de libros y

(46)

No obstante, en las imágenes tomadas para la muestra, los alimentos

se encuentran servidos en soledad, en ninguna de estas imágenes aparece

un cocinero o un feliz comensal, aparte de las imágenes de la categoría “cuerpos” en la que los comensales no estaban propiamente sentados a la mesa, en esta categoría no aparecen personas prestas a comer, no hay nadie

alrededor listo para servir o degustar. Estas imágenes muestran entonces la

comida que comeremos en soledad, o que nunca comeremos.

En el libro Sociology of Taste, Jukka Gronow hace un recuento de las

ideas estéticas del sociólogo alemán Georg Simmel alrededor del comer

basándose en un ensayo de 1910 titulado Soziologie der Mahlzeit. Se hace

necesario explicar que la palabra alemana Mahlzeit está compuesta por dos

palabras: mahl que se refiere a la comida como momento del día (desayuno,

almuerzo, cena) y zeit que significa tiempo, lo que explica que el texto no se

refiere a la sociología de la comida en general, sino a la comida como reunión

de personas alrededor del comer.

Simmel comienza su discusión sobre el comer y el beber con una

paradoja: declaró que el comer y el beber son comunes a todos los seres

humanos pero a la misma vez son las actividades más egoístas e

individuales. De acuerdo a la visión de Simmel, otros pueden ver y oír lo que

yo veo y oigo pero nadie puede, estrictamente hablando, probar o digerir los

mismos artículos que yo. El placer de comer es, entonces, completamente

individual. Es esta antinomia del comer como algo universalmente humano y

completamente individual, lo que, para Simmel, da a la comida una forma

social (Gronow, 1997).

Según el sociólogo, una comida sólo puede ser bella bajo ciertas

condiciones, esta belleza no tiene nada que ver con el gusto o el olor del

plato o los alimentos y bebidas servidos en la comida, ni siquiera con la

apariencia visual del plato o la comida. Al contrario, la belleza de la comida

está casi inversamente relacionada con la importancia de los aspectos

sensoriales-fisiológicos del comer y el beber. Para Simmel el aspecto estético

(47)

consiste en la armoniosa totalidad de los gustos y olores sino en la forma social o la interacción de la comida. El comer se hace “más estético”

mientras más purificado se encuentre de los aspectos fisiológicos del comer.

En otras palabras, mientras menos sirva a la satisfacción de las necesidades

y el hambre, más son enfatizados sus aspectos sociales; mientras más se

acentúen las maneras en la mesa, más independiente es la interacción social

de la satisfacción de las necesidades. Es por ello que, para lograr que los

participantes puedan experimentar el placer que es estético, el comer debe

ser desempeñado sin servir a ningún propósito fisiológico. A propósito de

esta paradoja, Gronow explica:

Simmel formuló su paradoja o antinomia en otro sentido: el absoluto egoísmo del comer está conectado con la regularidad y frecuencia de estar juntos… Ya que el comer combina este interés completamente egoísta en una manera ejemplar con la interacción social y el estar juntos, ejercita una enorme importancia en todas las comunidades, de lo cual la mejor prueba son las innumerables reglas y prohibiciones que lo regulan en todas partes. Estas reglas pueden, entre otras cosas, referirse a las personas con las cuales uno tiene permitido compartir la comida.

Cuando el comer se convierte en una ocasión “sociológica”, como es comprendido por Simmel, se transforma en algo que es tanto más regulado como más individualizado (Gronow, 1997, traducción propia).

En la medida en que la naturaleza social del comer se hace más

evidente, la comida se hace también más estilizada. De alguna forma, el

autor habla de un proceso civilizatorio y describe cómo mientras este

proceso avanza el propósito natural y subjetivo del comer, que es la

satisfacción del hambre, puede ser gradualmente olvidado hasta que se hace

casi insignificante. En tales casos, una etiqueta más normatizada y

complicada regula tanto el acto de comer como la interacción social que

toma lugar durante la comida. Para Simmel, comer es desde el principio

social por naturaleza y comer en soledad es más una rara excepción o casi

una ocasión perversa.

El comensal egoísta que satisface su hambre en soledad,

(48)

cuales las dos dimensiones significantes de la comida, la satisfacción de las necesidades fisiológicas-sensuales y la interacción social, están unidas. Simmel obviamente pensaba que estas dos dimensiones estaban en relación inversa entre sí: mientras una de ellas se enfatiza, la importancia de la otra disminuye, al menos en lo que concierne a los participantes y al observador sociológico de la comida (Gronow, 1997, traducción propia).

En la actualidad, muchos lectores de Simmel podríamos sentirnos

identificados con este comensal perverso que come en soledad, presionados

por las dinámicas de la vida actual, los comensales de hoy nos vemos en

muchas, muchísimas, ocasiones obligados a comer solos, callados, de prisa,

a veces de pie. Hoy en día, las personas comen apuradas mientras

desempeñan otras labores, sin mirar a quienes les rodean. Comen en la calle

mientras se desplazan de un lugar a otro, en conferencias y seminarios,

mientras miran a una pantalla y, lamentablemente, cada vez menos en

compañía de su familia.

Esta visión del comer en compañía como pilar de la civilización es

explorada por Felipe Fernández-Armesto casi un siglo después de Simmel en

su libro Historia de la comida, donde describe detalladamente su

elucubración acerca de los primeros humanos que crearon una hoguera

alrededor de la cual cocinar los alimentos. Estos humanos necesitaron

distribuir las tareas para conservar el fuego, obtener y procesar los

alimentos para gradualmente ir generando así una comunidad. La hoguera, de donde proviene la palabra “hogar”, fue la que nos hizo reunir por primera vez para más adelante formar sociedades. De no haber contado con ella y

con la posibilidad que nos brindaba de cocer los alimentos, habríamos

tenido muy pocos motivos para comer en compañía, si podíamos llevar con

nosotros los alimentos crudos que cazábamos y recolectábamos para

posteriormente consumirlos en soledad, sin la obligación de compartirlos

(Fernandez-Armesto, 2004).

Todos estos beneficios que la humanidad recibió de la invención de la

cocina se ven amenazados, según algunos críticos, por la propagación del

(49)

consumo (ready food, table food, ready to cook, instant food, frozzen dinner).

Ninguna de estas opciones nos obliga a comer en compañía ni a cocinar para

otros. Para Fernández-Armesto, “La soledad del consumidor de comida rápida resulta poco civilizada” debido a que la cocina está perdiendo su carácter socializador (Fernandez-Armesto, 2004). El auge de los alimentos

preparados industrialmente, que se pueden calentar en el horno

microondas, y de la cómida rápida “invierte la revolución culinaria, que convirtió el comer en un hábito sociable, y nos devuelve a una fase presocial

de la evolución.

Al observar estas imágenes cuya composición consta sólo de

alimentos, sin la presencia de alguna pista que nos diga quién los preparó, o

en qué espacio lo hizo, de qué técnicas se valió o para qué propósito,

persona u ocasión los preparó, se hacen más tangibles las aseveraciones de

los detractores de esta revolución del fast food. Estos alimentos, servidos

generalmente en porciones individuales, sin presencia de cubiertos en la

mayoría de los casos ni evidencia de una mesa puesta para varios

comensales, están dispuestos para satisfacer los apetitos de un solo

comensal hambriento. Este comensal es común de la actualidad, de hecho

(50)

sociabilidad, que trae consigo el departir en la mesa, tiene hambre y la

quiere saciar con alimentos servidos en porciones individuales que, además,

se pueden portar a donde quiera llevarlos. Este comensal sólo quiere comer,

comer mucho y sin presiones sociales.

El espacio donde estos platos parecen habitar se asemejan mucho a lo que Walter Kendrick nos describe como “Pornotopía”, inspirándose a su vez en las obras de Steven Marcus sobre la pornografía victoriana:

En su famoso intento por definir la pornografía, Marcus ha propuesto que la detallada representación de la realidad, aunque presente hasta cierto punto en las obras pornográficas, es accidental en un género cuya “tendencia dominante es de hecho la eliminación de la realidad social externa”. En

consecuencia, la obra pornográfica ideal tendrá por escenario la “Pornotopía” , esto es, un lugar de nunca jamás donde el tiempo y el espacio no se miden sino por encuentros sexuales, donde los cuerpos son reducidos a sus partes sexuales y donde estas partes son simples fichas de un juego de múltiples e inesperadas combinaciones. (Kendrick, 1995)

Aunque esta definición de la “Pornotopía” se implementó para

describir el ámbito en el que parecían transcurrir las novelas pornográficas

victorianas, Kendrick explica inmediatamente después de este apartado, que en la actualidad “el modelo de la Pornotopía puede definir con precisión lo que entendemos por pornografía “dura” o hard-core” (Kendrick, 1995). O sea, que el concepto de Pornotopía se puede extraer de la narración literaria y

llevar a otras narrativas donde no perdería su validez.

Así pues, se podría considerar que el escenario donde están servidos

estos alimentos, tan desprovisto de elementos ajenos a la comida misma, es

un escenario propio de la Pornotopía. Esta comida que podemos observar en

soledad desde nuestro computador o dispositivo móvil, lista para ser

consumida, en su temperatura y condiciones ideales, sin presencia de nada

que pueda significar presión o impedimento para consumirlos, se nos

presenta más pornográfica que, por ejemplo, las fotos de un recetario “paso a paso”, un manual de alimentación, un primer plano de un programa de cocina o las fotos del menú de un restaurante en el que, probablemente, nos

(51)

Aquí sólo existe la comida y, al igual que en la descripción que nos daba Kendrick, los alimentos también son “simples fichas de un juego de múltiples e inesperadas combinaciones”. Tal es el caso de la masa de pizza que, en lugar de queso, tiene una hamburguesa con papas fritas encima, las

papas-pizza, la “pizzamburguesa”, los conos que en lugar de ser de helado son conos de pizza, los tacos de helado y el muy creativo taco de tocineta

que parece llevar la incorrección nutricional a límites inimaginables.

El hecho de que los humanos seamos omnívoros está inscrito en

nuestros cuerpos: nuestros dientes están diseñados tanto para desgarrar

carne, como para masticar vegetales. Nuestras mandíbulas pueden moverse

como las de los carnívoros, como las de los roedores y como las de los

(52)

Nuestro estómago produce enzimas especiales para digerir proteína

animal mientras que nuestros metabolismos requieren nutrientes que sólo

se pueden obtener en las plantas. La variedad es, en definitiva, una

necesidad biológica (Pollan, 2006).

En comparación con los omnívoros, los organismos “especializados” pueden satisfacer todas sus necesidades nutricionales consumiendo un

número pequeño de alimentos con más frecuencia, lo que los libera de

destinar mucha de su capacidad cerebral a enfrentar los retos propios de la

condición del omnívoro. Estos retos implican que los omnívoros destinemos

gran parte de nuestra capacidad cerebral a generar herramientas sensoriales

y cognitivas para averiguar cuáles de los nutrientes que se nos presentan

son seguros para comer.

El dilema del omnívoro es un concepto que se ha venido explorando

desde varias disciplinas para explicar algunos comportamientos alimentarios

humanos (y de otras especies también), se hace muy presente en la tensión

entre neofobia, el miedo a probar algo nuevo que podría ser perjudicial, y

neofilia, una apertura a probar cosas nuevas tan riesgosa como necesaria

(Pollan, 2006).

Pero el dilema del omnívoro no sólo está presente en esta relación, es

algo que muchas personas enfrentan cada vez que deciden qué comer

basándose en la información nutricional de las etiquetas o de los empaques,

cuando deciden si probar o no el nuevo producto que les ofrecen en un

restaurante, al evaluar la relación costo/beneficio de comprar productos

orgánicos y cuando inician un régimen de adelgazamiento o una dieta

especial sea por razones médicas, éticas o religiosas (Pollan, 2006).

La abundancia de opciones nos confronta a tensiones y ansiedades

ocasionadas por la necesidad de distinguir entre lo bueno y lo malo para

comer. Así, los humanos nos basamos en la cultura para preservar un

código del buen comer gracias a una elaborada estructura de tabúes,

(53)

del comer: desde el tamaño de las porciones, hasta el orden en el que los

alimentos deben ser consumidos y las clases de productos que está

permitido comer. Algunas de estas reglas tienen sentido desde una

perspectiva biológica, otras probablemente estén diseñadas para fortalecer

identidades tanto grupales como individuales, pero al final cumplen con la

función de ayudarnos a confrontar el dilema del omnívoro cada que sea el

Figure

Figura 1: Sección Right Stuff vs. Food porn del número de abril de 2014.
Figura 2:
Figura 3:
Figura 4: Muestra total de las imágenes desplegadas por la búsqueda en Google Imágenes

Referencias

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