El análisis de la muestra de cien imágenes arrojadas por un motor de búsqueda bajo los términos food porn, que estuvo precedida por una consulta acerca de los orígenes del término, llevó posteriormente a una división de las imágenes en tres grupos para efectuar el análisis. Los grupos de imágenes resultantes llevaron a una investigación sobre la pornografía, las representaciones de las mujeres y de sus apetitos en los medios y
algunas de las problemáticas alrededor de las conductas alimentarias en la actualidad.
Después de analizar la totalidad de las imágenes y relacionarlas con los resultados de la investigación se llegó a las siguientes conclusiones:
Aunque el uso del término food porn siempre ha estado relacionado con la creación de productos mediáticos en torno al comer, las dinámicas de obtención y circulación de estas imágenes ha cambiado desde el inicio del uso del término.
El término ha estado, de todas formas, asociado a dos aspectos diferentes: por un lado, a los productos audiovisuales y editoriales que difunden
conocimiento gastronómico; por el otro, a imágenes de alimentos desligadas del saber culinario. A pesar de que sobre ambas acepciones del término hay polémica y opiniones encontradas, hay entidades que directamente
relacionan el uso de este término con lo inaceptable e impermisible como la sección de Right Stuff Vs. Food Porn del Nutrition Action Healthletter, por ejemplo, y otros tantos expertos del ámbito gastronómico que consideran que la connotación puramente sexual de la palabra porn trae
automáticamente oprobio sobre estas imágenes.
El food porn no necesariamente implica la relación de alimentos con
sexualidad y genitalidad, ni siquiera con pornografía sexual. En realidad, los factores que hacen pornográfico el food porn tienen más relación con la forma de relacionarse el espectador con ellas: como el hecho de que nos
hablan de lo deseable y de lo inalcanzable, el que estas imágenes tengan la capacidad de despertar los apetitos que no siempre pueden ser saciados y, además, de que los alimentos que en ellas aparecen parecen estar ubicados en un ámbito idealizado en el que sólo ellos existen. Este ámbito puede ser comparable en cierta medida con la “Pornotopía” de la que se habla en las discusiones alrededor de la pornografía sexual.
Los alimentos que suelen aparecer denominados o clasificados como food porn suelen ser alimentos poco recomendados por la comunidad médica, que cada vez adquiere más autoridad en nuestra sociedad. El consumo de ellos implica no sólo ir en contra de este consenso tan ampliamente aceptado y respetado, sino que implica también renunciar a “estilos de vida saludables” que son muy apreciados socialmente en la actualidad.
El código estético de estas imágenes se apropia directamente de la fotografía publicitaria, específicamente del bodegón publicitario que se utiliza, al igual que el bodegón de la actualidad, para hacer un despliegue pictórico de productos que hablan de status y de poder adquisitivo. Si bien el bodegón publicitario se utiliza para crear piezas de varios tipos de bienes de
consumo, entre ellos lo alimentos, las normas de composición, encuadre e iluminación suelen ser las mismas que se utilizan para generar las imágenes que posteriormente circularán bajo el nombre o la etiqueta de food porn.
Para obtener estas imágenes idealizadas de los alimentos, los fotógrafos publicitarios no sólo se valen de trucos técnicos, sino que existen también personas especializadas en maquillar los alimentos hasta el punto de utilizar productos no comestibles para lograr las características visuales deseadas. A pesar de que muchas personas desconocen estas técnicas desarrolladas para simular alimentos a partir de otros materiales, el carácter idealizado de estas fotografías se hace ostensible cuando se adquieren o producen los alimentos publicitados por ellas. Aún así, los espectadores seguimos identificando la imagen idealizada con el producto y nos seguimos viendo tentados por ellas aunque no haya certeza de que al final el producto que obtengamos sea igual o parecido al de la imagen.
La expansión del uso de redes sociales ha reavivado el food porn no sólo al brindar nuevas herramientas para obtener y difundir las imágenes, sino porque ha permitido generalizar y difundir el uso del término entre los usuarios de las redes. Esta apropiación de la fotografía de alimentos por parte de los aficionados ha despertado muchas críticas, principalmente argumentando que sólo los maquilladores de alimentos y fotógrafos
profesionales pueden lograr imágenes que sean apetitosas, de alguna forma los espectadores están admitiendo que la fotografía publicitaria ha sentado el canon de lo deseable en términos de imágenes de alimentos.
La principal razón por la que reposa carga moral sobre estas imágenes es la imperante ideología “nutricionista” que se basa en la implementación del conocimiento científico sobre la nutrición y los alimentos para promover políticas, consumo y regímenes alimentarios adecuados a la visión que brindan los nutricionistas sobre lo que es adecuado o no comer. Cuando los medios y la comunidad médica están constantemente diciéndonos lo que es correcto o no comer, quedan pocos argumentos para defender las elecciones alimentarias que vayan en contra de dichos parámetros, comer comida “poco saludable” se convierte entonces en un placer culposo, y el deseo de comerla en un generador de ansiedad. Esto no implica que las personas no puedan admitir en público que añoran estos productos, pero sí que sentirán presión por no elegirlos por temor a mostrarse como personas que no llevan un estilo de vida saludable y por temor a que su cuerpo gradualmente empiece a dar señales físicas de que no están eligiendo una dieta “adecuada”. La carga moral sobre estos alimentos hace más problemática la forma de relacionarse con su consumo, razón por la cual las imágenes en las que aparecen se hacen más “tentadoras” y, por lo tanto, más pornográficas.
La proliferación de fotografías de alimentos en las redes sociales puede relacionarse con dos trastornos alimentarios que en la actualidad están aumentando: la bulimia y la ortorexia. Por un lado la bulimia, que consiste en un apetito exacerbado y fuera de límites, se manifiesta en esta
caso de ser consumidos, podrían saciar rápidamente al espectador o llevarlo a tener otro tipo de problemas con su cuerpo. Por otro lado, la ortorexia se presenta como la antítesis del deseo de consumir estos productos que se observan en el universo del food porn, pues la mayor búsqueda de los ortoréxicos consiste en consumir sólo productos reconocidos por ser beneficiosos para la salud y la imposibilidad de desempeñar dietas sanas produce un terrible sentimiento de culpa en las personas que padecen este trastorno.
La corrección alimentaria y las ansiedades actuales alrededor del comer han llevado a la expansión de tendencias alimentarias como las dietas veganas, crudívoras y paleo que se convierten en regímenes estrictos que, en un ejercicio de hiperracionalización del comer, excluyen diversos tipos de alimentos e ingredientes, la mayoría de los cuales hacen parte del universo del food porn. Esto ha conllevado a la aparición de blogs y cuentas de usuarios en redes sociales que utilizan los códigos del food porn para promover sus regímenes intentando contradecir el imaginario de que la comida provocativa es en realidad la más nociva para la salud. Estos intentos de conciliar placer, salud y razón pueden, por el contrario,
reafirmar aún más este imaginario pues pierden por completo el factor de tentación que producen las imágenes de comida “no sana” que directamente evocan placeres anteriormente experimentados por el espectador.