CÉLIBES POR UNA AMÉRICA LATINA JUSTA
JOSÉ JOAQUÍN RODRÍGUEZ DEL REAL, SVD
PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA FACULTAD DE TEOLOGÍA
DEPARTAMENTO DE TEOLOGÍA PROGRAMA DE CARRERA EN TEOLOGÍA
CÉLIBES POR UNA AMÉRICA LATINA JUSTA
JOSÉ JOAQUÍN RODRÍGUEZ DEL REAL, SVD Trabajo de grado para optar al título de Teólogo
Tutor: Carlos J. Novoa M. S. J.
Doctor en Ética Teológica, Licenciado en Filosofía y Teología
PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA FACULTAD DE TEOLOGÍA
DEPARTAMENTO DE TEOLOGÍA PROGRAMA DE CARRERA EN TEOLOGÍA
AGRADECIMIENTOS
Agradezco profundamente a todos y todas aquellas personas que de una u otra manera me han animado y ayudado a realizar mi trabajo de investigación.
De manera especial agradezco a Dios Uno y Trino quien, gracias a sus varias revelaciones, me ha invitado a vivir la vida consagrada, lo cual se presenta como fuente principal para la investigación del celibato por una América Latina justa.
También quiero hacer público mis más sinceros agradecimientos al P. Carlos Novoa, S.J., quien desinteresada y efectivamente se comprometió con mi trabajo de investigación; manteniendo en mí aquel necesario deseo de profundizar y reflexionar crítica y teológicamente la realidad.
De igual manera estoy muy agradecido con mis co-hermanos de la comunidad Misionera del Verbo Divino, quienes directa o indirectamente me apoyaron a lo largo de la presente investigación teológica.
ÍNDICE TEMÁTICO
INTRODUCCIÓN……….5
CAPITULO I EL CELIBATO AL INTERIOR DE LA IGLESIA CATÓLICA…...…………13
1.1 El celibato en la historia de la Iglesia……….………...13
1.2 El desarrollo del celibato según los Padres y maestros de la Iglesia……….20
1.3 El celibato en la reflexión del magisterio de la Iglesia………..26
1.4 Fundamentación bíblico teológica del celibato……….30
1.5 Paso de la concepción del celibato desde lo cultual al reino-justicia para el contexto de América Latina en su proceso de liberación……….35
CAPITULO II CÉLIBES EN CONSTRUCCIÓN DEL REINO-JUSTICIA EN AMÉRICA LATINA………...41
2.1 Contexto económico, político y cultural de América Latina………42
2.1.1 Globalización e injusticia generalizada……….48
CAPITULO III
CELIBATO Y SEGUIMIENTO DE CRISTO COMO OPCIÓN DE VIDA POR LA JUSTICIA PARA AMÉRICA LATINA
PRESENCIA Y AUSENCIA DE UN FUNDAMENTO EN EL CELIBATO
POR EL REINO-JUSTICIA DE DIOS……….64
3.1 Fundamentación ético teológica del celibato cristiano por el reino-justicia en América Latina………..65
3.1.1 Fundamentación ético teológica del celibato desde la cristología de la liberación………...66
3.1.2 Espiritualidad de la liberación, fuente de la fundamentación ético teológica del celibato……….72
3.2 La inapropiada y tibia vivencia del celibato desde el narcisismo y la voluntad de poder………77
CONCLUSIÓN………..85
BIBLIOGRAFÍA………...92
CIBERGRAFÍA………95
INTRODUCCIÓN
En el contexto de América Latina es posible ver que la vida soltera por el reinado de Dios está sufriendo una grave crisis de sentido, puesto que a nivel general el celibato ya no es considerado realmente como un don que es dado por Dios, el cual debe ser asumido con libertad desde la propia experiencia del Reino de los cielos. Peor aún, se ha olvidado aquella invitación divina que subyace de la soltería consagrada a la total disponibilidad y donación a Dios y a la humanidad, mediante la realización del Reino-justicia en Latinoamérica.
Si se mira atentamente las motivaciones que llevan a los individuos a optar por el celibato en la vida consagrada y presbiteral en América Latina, se puede ver claramente que éstas, en muchos casos, han sido asumidas débilmente por una imposición, obligación o conveniencia; pues no son muchos los que realmente sienten y viven la soltería consagrada como don de Dios, el cual ha sido ofrecido gratuita y libremente a ser vivido. Es de notar que la vivencia de la soltería por el reinado de Dios no debe ser asumida únicamente por elección o simplemente porque es un requisito para la vida religiosa o presbiteral, sino que es una vocación dada por el Padre, quien ofrece este estilo de vida célibe para que sea amado y acogido, y así ponerse al servicio de Dios y la comunidad, con el deseo de construir el Reino-justicia en Latinoamérica. La soltería consagrada posibilita al individuo
a una total libertad de corazón para la lucha y búsqueda del Reino-justicia de Dios.
llevan a la amargura, des-humanización, narcisismo y hasta incluso a deprimentes comportamientos hipócritas causantes de variados tipos de abusos sexuales, tales como, la doble vida de pareja o también el abuso sexual a menores.
En este contexto de crisis de sentido que cuestiona fuertemente la vida célibe, tanto a nivel personal, comunitario y social, será oportuno indagar sobre este tema y descubrir hasta qué punto hay una crisis generalizada que afecta la manera de entender y vivir la opción de vida soltera por el reinado de Dios en América Latina.
Considerando lo ya mencionado, la investigación del presente trabajo girará en torno a la
pregunta: ¿Cuál podría ser el valor vital religioso de la vida célibe en el contexto de
América Latina que re-signifique la soltería consagrada en este subcontinente?
Ya que la soltería consagrada está siendo seriamente cuestionada por la sociedad y se duda
de su viabilidad como manera de ser en el mundo, es urgente reflexionar el sentido del
celibato de la vida consagrada y presbiteral desde aquella misión profética y liberadora para con los empobrecidos de América Latina, y así re-significar el don del celibato como condición válida para la construcción del Reino-justicia de Dios en América Latina. De ser así, sería posible dilucidar la importancia y validez que tiene la vida soltera por el reinado de Dios para este subcontinente.
Por ello este estudio hará un recorrido que abarque algunas de las visiones del celibato que se fueron gestando al interior de la historia de la Iglesia Católica, con el fin de reconocer el paso de lo cultual a lo apostólico que el celibato ha tenido hasta nuestros
días. Para ello será oportuno ver los comentarios de los más significativos Padres y
maestros de la Iglesia y aquello que ha dicho el magisterio en nuestros días. De igual manera, es necesario que se reconozca el fundamento bíblico teológico de la soltería por el reinado de Dios, ya que allí será posible hallar el verdadero sentido que tiene la invitación de Dios a vivir el celibato.
Puesto que el análisis histórico de la soltería consagrada en la antigüedad muestra una gran
preocupación por lo cultual, será oportuno identificar cómo el celibato en la actualidad ha
experimentado un giro de lo cultual a lo apostólico liberador. Toda la investigación estará enfocada al celibato por el Reino-justicia de Dios en América Latina y desde la comprensión apostólica liberadora de su ser, lo cual sirve para ubicar este don de Dios en un contexto determinado, lugar en el cual encuentra la soltería consagrada su razón de ser y hacer en la historia y realidad social de este subcontinente.
No cabe duda que la soltería por el reinado de Dios en América Latina debería tener un
valor vital religioso determinado que sustenta este consejo evangélico, lo cual responde a la
El célibe encuentra su fundamento en aquella individual y directa invitación del Señor que se hace presente en la historia personal y comunitaria del soltero consagrado. Es Dios mismo quien hace partícipe al hombre y a la mujer de su misión de construir el Reino; sin embargo, el célibe tiene una invitación diferente, aunque igual en dignidad al resto de las
vocaciones cristianas, a consagrarse única y totalmente a Dios y los hombres, en especial
a aquel que ha sido empobrecido, oprimido y excluido de la sociedad.
Jesús se revela al soltero por el reinado de Dios con rostro humano, el cual está maltratado, ultrajado y humillado por los pecados sociales propios de la cultura alienante que impera hoy en América Latina. Es Cristo encarnado en aquel hombre o mujer que invita al seguimiento a Él por medio de la vida célibe. Éste es el fundamento de la soltería consagrada, es aquello que comunica el llamado de Dios que se revela por medio de una profunda y transformadora experiencia espiritual, volviéndose al mismo tiempo en la fundamentación ético teológica de su ser y hacer como soltero por el Reino-justicia de Dios para América Latina.
De igual manera, otra importante experiencia espiritual que fundamenta la vida del soltero consagrado, es aquella de participar de la cadena transmisora de amor propia de la relación comunión de Dios Uno y Trino, ya que ésta lo anima a seguir transmitiendo el mismo amor a la humanidad, especialmente a aquella que está siendo des-humanizada.
Ahora bien, en caso tal que la soltería consagrada sea asumida por una imposición legalista sin haber tenido una experiencia vital espiritual, es muy probable que se termine por degenerar el verdadero sentido y valor del celibato. Por ello en este trabajo de
investigación se identificarán aquellos riesgos a los cuales estaría expuesto el soltero
Pues bien, esta investigación podría ser de gran ayuda para las comunidades religiosas y seminarios diocesanos de América Latina, ya que este trabajo se ofrece como una alternativa para comprender y posteriormente reflexionar el celibato en el contexto de este subcontinente, con el pretexto de liberación del Reino-justicia de Dios. También, gracias al enfoque con que se trabajará la soltería consagrada en este documento, se facilitará al lector un acercamiento más objetivo a este consejo evangélico que últimamente ha sido cruelmente cuestionado por la sociedad e incluso por la vida religiosa.
En este trabajo de investigación será posible reconocer las fuentes ético teológicas y la categoría del Reino-justicia que sustenta y anima la vida célibe, las cuales seguramente despertará en el lector, especialmente en el soltero consagrado, el deseo de identificarse con las mismas, o por lo menos, preguntarse por aquello que está a la base de su experiencia vivida del celibato.
Este texto sobre el celibato por una América Latina justa se presenta como un incentivo a hacer nuevas y renovadas reflexiones teológicas que ayuden a comprender la soltería consagrada en este subcontinente. Pues, no es en absoluto una reflexión acabada que pretenda abarcar la totalidad del celibato, ya que éste se puede ver, analizar, juzgar y valorar desde diferentes enfoques dependiendo de las variadas experiencias que llevan a vivir la soltería por el reinado de Dios.
Por medio de la hermenéutica latinoamericana será posible comprender la soltería por el reinado de Dios desde un nuevo horizonte de sentido que responda a la realidad del llamado a ser eunucos por el Reino, lo cual demanda salir de los dogmatismos estáticos para insertarse en la novedad del la invitación del Señor por la vida célibe. Es por ello que se ha recurrido a diferentes textos de carácter histórico, magisterial, bíblico teológico y sociales que ayuden a comprender, desde una postura crítica, aquel paso gradual que se fue dando en la comprensión del celibato desde lo cultual a lo apostólico liberador, lo cual al mismo tiempo revela aquella superación que se dio de lo meramente legalista a la categoría de don gratuito dado por Dios.
Superada la postura legalista y cultual del celibato, no cabe duda que la soltería consagrada se realiza en un contexto determinado, el cual lleva al célibe a responder a la misma realidad, ya sea esta espiritual, económica, política, cultural o social; puesto que desde allí es posible realizar su praxis liberadora en el acontecer de la historia. La soltería por el reinado de Dios se presenta y realiza desde su verdadero sentido apostólico de liberación, que para el caso de la investigación, es la utopía de una América Latina justa. Esto es lo que justifica el método hermenéutico latinoamericano que se utilizará en este trabajo, ya que por medio de él es posible generar un diálogo entre los textos analizados críticamente, con el contexto en el cual y al cual se refiere el celibato con aquel pretexto apostólico liberador del Reino-justicia de Dios para América Latina, el cual lleva al célibe a optar radicalmente por este estilo de vida que se realiza en el seguimiento a Cristo mediante la soltería consagrada.
misma del subcontinente, a la misión de ser promotores de la vida y del Reino-justicia de Dios.
Junto con el método hermenéutico latinoamericano que se utilizará en esta investigación será necesario recurrir a recursos bibliográficos y cibergráficos que faciliten el análisis histórico, social y práctico en contexto de la soltería consagrada. Puesto que se pretende reconocer el origen del celibato, se utilizará material bibliográfico y cibergráfico de tipo histórico y magisterial, los cuales muestren, de una u otra forma, el desarrollo de la soltería consagrada desde su inicio hasta hoy. De igual manera, la fundamentación bíblico teológica es un recurso que clarificará el verdadero sentido del celibato por el Reino de Dios.
Ahora bien, como la investigación está enfocada desde el pretexto apostólico de la liberación por el Reino-justicia de Dios en América Latina, será necesario acudir a elementos bibliográficos y cibergráficos que contextualicen el celibato en este subcontinente, revelando la realidad económica, política, cultural y social por el cual el empobrecido, oprimido y excluido de la sociedad está siendo dominado y humillado, a quienes el célibe se consagra por su liberación. Por esta razón los estudios y análisis de corte latinoamericano, tanto del celibato como de la realidad, serán de mucha ayuda para esta investigación en contexto con el pretexto de liberación.
OBJETIVO GENERAL:
Reflexionar el sentido del celibato de la vida consagrada y presbiteral desde aquella misión profética y liberadora para con los empobrecidos de América Latina, y así re-significar el don del celibato como condición válida para la construcción del Reino-justicia de Dios en América Latina.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS:
Hacer un recorrido histórico y teológico magisterial, para reconocer el desarrollo y
valor del celibato a lo largo de la historia de la Iglesia occidental.
Profundizar en la realidad del celibato entendido como don y vocación que dispone
totalmente al hombre – mujer al proyecto salvífico de Dios.
Identificar la manera cómo el celibato ha sido y es relacionado con el seguimiento
de Cristo en función del Reino.
Identificar el riesgo del celibato como condición de poder y narcisismo en
CAPITULO I
EL CELIBATO AL INTERIOR DE LA IGLESIA CATÓLICA
El celibato al interior de la Iglesia Católica Apostólica Romana de tradición latina no deja
de ser interesante desde su origen; puesto que en el fundamento de la soltería consagrada1
encontramos tantas opiniones y motivaciones que hacen de su historia un encuentro de ideas controversiales al respecto de su sentido, tanto a nivel cultual como apostólico.
A lo largo de este capítulo se desarrollará el celibato desde diferentes enfoques, tales como: la historia y el magisterio de la Iglesia, la patrística y la tradición, los fundamentos bíblico y teológicos, la transición valórica desde lo cultual a lo apostólico del celibato, para finalmente ver, a grandes rasgos, el sentido de la soltería por el reinado de Dios en América Latina. Con ello se pretenderá abarcar de manera sistemática y clara cómo el celibato se ha ido desarrollando en el transcurso de la historia de la Iglesia latina hasta la actualidad.
1.1 El celibato en la historia de la Iglesia
Intentar definir el origen del celibato en la Iglesia no es tarea fácil, ya que su práctica, aun sin ser oficializada, ha sido vivida desde el periodo de los Apóstoles, es decir, en el siglo I. Después, recién en el siglo IV, por la gran influencia de las corrientes paganas del neo-
1
Se utiliza como sinónimo del celibato cristiano soltería consagrada o por el reinado de Dios, ya que usar las
expresiones castidad o virginidad por el reino, para esta sinonimia no es exacto. No olvidar que dentro de la
comunidad católica en cualquier estado todos estamos llamados a la castidad, y hoy por hoy hay muchas
platonismo, del estoicismo y de los gnósticos, quienes vivieron el dualismo cuerpo y alma, se comenzó a hablar de la soltería institucional cultual para el clero en los documentos
pastorales de los Papas2, puesto que quien se dispone a realizar los ritos religiosos debe
estar en condición de pureza, la cual se creía se conseguiría necesariamente con la abstinencia sexual-genital antes, durante o después de las acciones rituales, ya que de lo
contrario el rito sería contaminado y por ende ineficaz3.
La primera manifestación oficial de la Iglesia en torno al celibato para los ministros ordenados se realizó en el año 306 en el concilio de Elvira. En este se determinó la obligatoriedad de la soltería consagrada para todos los obispos, presbíteros y diáconos, diciendo en su canon 33:
Los Padres son unánimes sobre la obligación del celibato impuesta a los obispos, a los sacerdotes y a los diáconos; es decir: a todos los clérigos al servicio del altar, quienes deben guardarse de conocer a sus esposas y de engendrar hijos. Quien sin embargo haga eso, debe ser excluido del estado eclesiástico4.
Pocos años después de haber sido emitido, en el concilio de Elvira, el decreto sobre el celibato obligatorio para los obispos, presbíteros y diáconos; se realizó un nuevo concilio
2
Cfr. Arquidiócesis de Bogotá, “El origen de celibato sacerdotal es fundamentalmente espiritual” (06 de
octubre de 2008) http://www.arquibogota.org.co/?idcategoria=10855 (Consultado el 08 de Febrero de
2010).
3
Cfr. Madera Vargas, Ignacio; “Ministerio Ordenado y Celibato, Reflexiones acerca de Celibato y Ministerio
Ordenado”, Documento trabajado en el curso de Teología de los Ministerios segundo semestre de 2009,
fecha: 17 de Noviembre de 2009, 2.
4
Lorber, Bernard, “Orígenes del celibato eclesiástico” (25 de julio de 2008)
http://www.conviccionradio.cl/doctrina/origenes‐del‐celibato‐eclesiastico.html (Consultado el 08 de
Febrero de 2010).
que también trató la novedad de la soltería institucional para todos los ministros ordenados de la Iglesia. En el año 325 el concilio de Nicea formuló en el canon 3 “la prohibición a los obispos, sacerdotes y diáconos que alojen en su casa a mujeres que no sean su madre, su hermana o su tía”, lo cual fue re-afirmado posteriormente en el concilio de Hipona del año 393, diciendo: “que ninguna extraña habite con un clérigo, sea este quien fuere, sino solo las madres, abuelas, tías, hermanas, sobrinas”. Y así, en repetidas ocasiones fueron apareciendo diferentes concilios que sostenían la autoridad invocada por el concilio de Nicea5.
Sin duda, también fueron surgiendo aquellos que consideraban que la nueva norma de la Iglesia era algo despiadada. Se da el caso del obispo egipcio Pafnucio, quien “se levanto y dijo que no había que imponer a los sacerdotes un yugo tan grande, pues el matrimonio era una cosa digna. Que bastaba que aquellos que entraban en el clero y no estaban casados no pudieran contraer matrimonio, pero que no había que separar a ningún sacerdote de su
mujer con la cual se había desposado cuando aún era laico”6.
Otro texto oficial de la Iglesia referente a la obligatoriedad del celibato se puede encontrar
en aquel concilio celebrado en Cartago en el año 390, el cual dice en su documento Codex
Canonum Ecclesiae Africanae:
Estamos todos de acuerdo sobre este punto: que los obispos, sacerdotes y diáconos, los guardianes de la castidad, se guarden a sí mismos de su propia esposa, a fin de que la castidad sea conservada en todo y por todos los que trabajan en el altar. (...) Así guardamos lo que enseñaron los Apóstoles y es
considerado como un uso antiguo7.
5
Ibid.
6
Ranke‐Heinemann, Uta, “Eunucos por el reino de los cielos” Iglesia católica y sexualidad, Editorial Trotta,
Madrid, 1994, 95.
7
Ahora bien, vale recalcar la manera como los concilios, hasta ahora mencionados, enfocaron el celibato; pues en estricto rigor la soltería consagrada instaurada a partir del siglo IV no niega el matrimonio de los ministros ordenados ya casados, sino que intenta evitar la actividad sexo-genital de los obispos, sacerdotes y diáconos que se disponen a la acción ritual. En concordancia con lo dicho, a finales del siglo IV e inicios del siglo V sobresalen algunos papas y concilios, tales como:
Siricio (386), Inocencio I (417), León el Grande (461) y los concilios regionales de Toledo (400), Cartago (390 y 401) deciden progresivamente que los sacerdotes viudos no pueden volverse a casar y los casados tener relaciones sexuales o cohabitar con su mujer, se introducen conceptos de pureza ritual en consonancia con las interpretaciones sacerdotalizantes del ministerio
neo-testamentario8.
De igual manera el concilio de Clermont del año 535 y el concilio de Tours celebrado en el año 567 coinciden en que los ordenados obispos, sacerdotes o diáconos no deben seguir con las relaciones maritales, y más aun, deberán considerar a sus mujeres como hermana suya. Tours fue tajante con la regulación para con los obispos, pues se esperaba un cierto control que les ayudará a estar separados de su esposa. Seguidamente en el año 583 el concilio de Lyon se suma a la causa, estableciendo: “Los clérigos casados no deben vivir juntos con sus esposas” lo que posteriormente fue avalado también por el concilio de Toledo de 589 (canon. 5)9.
Entre muchos intentos de varios papas que desean imponer la continencia sexual de los ministros ordenados, también existió el caso del papa León I quien por primera vez, en el año 446, desea que los subdiáconos vivan de igual manera el celibato. Él ha dicho en su
8
Madera, Ministerio Ordenado, 3‐4.
9
Cfr. Ranke‐Heinemann, Eunucos, 96.
carta dirigida al obispo Atanasio de Tesalónica: “…no se permite, en cambio, ni si quiera a los subdiáconos, con el fin de representar la pureza inherente a la abstinencia total, el matrimonio carnal, de manera que quienes tienen esposa deben comportarse como si no la tuvieran”10.
Interesantes son las palabras del papa Gregorio I († 604) cuando le escribe al obispo León de Catania: “Quiera vuestra fraternidad mirar con todo cuidado que los que ya han alcanzado esta sublime consagración, no se tomen la libertad de tener relaciones sexuales con sus esposas, quienes la tuvieren, y disponer, también con todo rigor, que todo sea observado como si estuviera bajo la mirada de la sede apostólica”, exigiendo a los sacerdotes casados que a sus esposas “las amasen como una hermana y huyeran de ellas
como de un enemigo”11.
En el año 742, en el primer concilio alemán, Bonifacio hace público su castigo en contra de los sacerdotes casados, quienes debían “permanecer dos años en la cárcel, pero previamente debe ser públicamente golpeado y azotado, después el obispo puede mandar a repetir el castigo”. En cambio para los monjes y las monjas consistía en: “después de recibir la tercera paliza, ir a la cárcel y allí hacer penitencia durante el transcurso de un año”, y en el caso particular de las monjas también “se les cortaba todos los cabellos de la cabeza. (Obras
completas de san Bonifacio, 1859, vol. II, p.7)”12.
En la historia del celibato es importante considerar la reforma gregoriana que comienza con el papa León IX, ya que allí además de darse una consolidación del poder papal también se intenta inculcar la soltería consagrada, lo que desafortunadamente trajo consigo un rechazo a la mujer. Un ejemplo de esto se puede ver cuando el papa León IX determina en Roma que las mujeres de los sacerdotes pasaran a servir, como esclavas, en el palacio del
10
Ibid., 97.
11
Ibid., 97‐98.
12
Laterano (véase Kempf, en Jedin, Handbuch d. Kirchengeschichte, vol. III/I, 1996, p. 407 ss.)13.
Otra de las declaraciones que nace a partir de la reforma gregoriana ha dicho, bajo la autoridad de Pedro Damiano, “Si Cristo ha nacido de una virgen, es necesario que sean también almas vírgenes las que sirvan en la celebración de la eucaristía. Sólo manos
vírgenes pueden tocar el cuerpo del Señor (De dignitate sacerdotii)”14.
Es de notar que la Iglesia latina poco a poco fue buscando la manera para que los presbíteros vivieran su ministerio lejos de las mujeres, y por ende, de la vida matrimonial. No fueron pocas las declaraciones que animaban y a veces forzaban a los ministros ordenados a dejar el matrimonio, o de lo contrario se verían forzados a renunciar a su ministerio.
Luego, después de algún tiempo, la Iglesia retoma el tema del celibato en el siglo XII manteniendo el matiz anti-matrimonial. En el año 1139 el papa Inocencio II declara la ordenación sacerdotal como impedimento inderogable para contraer matrimonio, pues era impensable pretender vivir el presbiterado y el matrimonio conjuntamente, ya que todo matrimonio después de la ordenación presbiteral era inválido. Posteriormente, en el concilio de Trento, se determinó que los casados no podían ser ordenados presbíteros, lo
cual llevo a que se generará un aumento del concubinato15.
El último “golpe” de la Iglesia, con el deseo de controlar la ordenación de sacerdotes casados, fue en el año 1563 en el concilio Tridentino realizado entre 1545-1563, en el cual se introduce la obligación de la forma para contraer matrimonio. Con ello se pretendía controlar que los casados no puedan acceder al orden presbiteral y así evitar que hubiera
13
Ibid.
14
Ibid., 100.
15
más presbíteros casados en el clero16. Al mismo tiempo se afirmó, que con la soltería
consagrada se tenía como fin “presentar en la figura del sacerdote, a un hombre totalmente
dedicado a sus feligreses y sin ninguna atadura familiar”17.
Ya en la primera mitad del siglo XX, aunque la situación del celibato se muestra algo más tranquila, la Iglesia aun mantiene la idea negativa del cuerpo, del cual hay que liberarse. El papa, Pío XI, en la encíclica “El sacerdocio católico” de 1936 resalta:
Puesto que Dios es espíritu, parece conveniente que quien se dedique y consagre a su servicio, se libere también, en cierto modo, de su cuerpo” “…Si uno tiene una misión, que en cierto sentido supera la de los demás puros espíritus que están delante del Señor ¿no es lo más cabal que deba vivir, en lo
más posible, como un espíritu puro?18
Siguiendo con la lógica dualista del papa Pío XI, el 25 de octubre de 1969 en la basílica de Santa María Maggiore, el papa Pablo VI se dirigía a la Virgen con esta oración: “Enséñanos lo que nosotros humildemente ya conocemos y confesamos con fe: ser puros como tú lo eres; ser castos, es decir, mantenernos fieles a este grandioso y sublime deber de nuestro santo celibato; hoy, toda vez que tantos discuten el celibato y que algunos ya no lo
entienden más”19.
Este ha sido el inicio y desarrollo de la larga y discutida historia del celibato, la cual no ha dejado de ser motivada por razones, a veces no santas como también por condenaciones innecesarias. Luego, en la siguiente sección, se verán los aportes que han hecho algunos
16
Ibid.
17
Escuela para padres, “Celibato”, http://blog.micumbre.com/2009/05/14/el‐celibato‐y‐la‐secularizacion‐
explicados‐a‐los‐hijos‐i/, (Consultado el 15 de Marzo de 2010).
18
Ranke‐Heinemann, Eunucos, 108.
19
Padres y maestros de la Iglesia, de los cuales se espera, de igual manera, mostrar el rico y, sin duda, controvertido proceso del celibato que se ha heredado hasta hoy.
1.2 El desarrollo del celibato según los Padres y maestros de la Iglesia
El celibato también fue tema de discusión y discernimiento entre los Padres y maestros de la Iglesia, y por ello se pueden encontrar una gran cantidad de reflexiones sobre el mismo. En este apartado no se pretenderá profundizar en su totalidad todos los aportes de los Padres y maestros de la Iglesia, puesto que al ser tantos sería muy difícil aspirar abarcarlos a todos; por ello se tratará sólo a aquellos pensadores de la patrística y tradición de más alto nivel, según la Iglesia.
Posiblemente el primero de los Padres de la Iglesia que se manifestó sobre el celibato fue el reconocido obispo y mártir, Ignacio de Antioquía, en una de sus cartas dirigidas a Policarpo, obispo de Esmirna, donde le menciona aquel riesgo de autoexaltación que podrían vivir los célibes, quienes “viven en castidad para honrar la carne del Señor”. Aunque es notable el rechazo de Ignacio de Antioquía a la autoexaltación del célibe en desmedro de los obispos casados, “si se autoalaba, está perdido, y si se cree más que el obispo, está condenado”; con ésto no se pretende menospreciar la opción de vida soltera
consagrada por la que optan algunas personas20.
En un contexto de gran rechazo al cristianismo y una fuerte influencia gnóstica, el mártir Justino, afirma en el año 150 una clara valoración positiva hacia la vida célibe, para así adaptarse al entorno mental de aquella época que sobrevaloraba el ideal de la virginidad por encima de la vida matrimonial. Las propias palabras de Justino han dicho: “nosotros desde el principio o abrazamos el matrimonio con la única finalidad de tener hijos o, renunciando
20
al estado matrimonial, permanecemos perfectamente castos”. Es de notar que Justino no rechaza en absoluto el matrimonio, pero éste solo es válido en la medida que esté en
función de la procreación, de lo contrario es preferible vivir en perfecta castidad21.
Luego, el luchador contra el gnosticismo y el más erudito de los Padres de la Iglesia, Clemente de Alejandría, también presenta su postura en torno al celibato. Él, partiendo de la convencida postura de acusar como errónea la interpretación del texto de Mateo 19 que han hecho los heresiarcas, en el cual se valida el celibato; dice que realmente éste capítulo se refiere al divorcio, más no al celibato o a la virginidad. Contra los gnósticos, Clemente de Alejandría pretende presentar el matrimonio como un bien querido por Dios, pero sin
olvidar el ideal estoico de la finalidad procreativa del mismo22.
Ahora bien, su sucesor Orígenes, quien fue considerado como el teólogo más importante de la Iglesia griega, a pesar de caer en el error de interpretar y cumplir literalmente, con el fin de llegar a la perfección cristiana, “la castración por el Reino de los cielos” presentada en el Evangelio de Mateo 19, aun así siguió reconociendo la superioridad del celibato ante Dios23.
En un claro rechazo por la sexualidad y el matrimonio aparece Juan Crisóstomo, quien desde la virginidad de Adán y Eva, y la posterior condición de pecado, resultado de su desobediencia, se atreve a decir que la virginidad e inmortalidad van de la mano, contrario al matrimonio que va unido a la muerte. Esto deja en clara evidencia la supuesta superioridad del celibato en relación al matrimonio, el cual es considerado como una concesión a la debilidad del hombre. Al mismo tiempo, el matrimonio fue valorado por
21
Ibid., 47‐49.
22
Ibid., 49‐51.
23
Juan Crisóstomo como un remedio a los deseos sexuales de la persona, quitándole así la
prioridad a la primacía de la procreación24.
En Milán, el obispo Ambrosio, afirma que la virginidad voluntaria es una virtud cristiana, la cual es propiedad exclusiva del cristianismo. Según Ambrosio, la virginidad ayuda a escaparse de las miserias de una naturaleza a la que pertenece todo el género humano. También, el obispo de Milán, exigía a los presbíteros que no tuvieran más relaciones sexuales con sus esposas. Aunque el obispo Ambrosio haya tenido gran afecto hacia la virginidad, aun así, a diferencia de otros Padres de la Iglesia, él no considera al matrimonio “como un pecado del que haya que huir, sino lo ve como un peso del que hay que liberarse
en lo posible”25. Sin embargo, el matrimonio, al igual que para Juan Crisóstomo, lo
considera como un remedio para permanecer al amparo, pero en su caso sí es primordial la procreación en el acto sexual de la pareja, condenando cualquier relación marital con la
mujer encinta26.
De igual manera, San Jerónimo, tiene su postura en relación al celibato y al matrimonio: “si
el sacerdote debe rogar siempre, entonces debe privarse siempre del uso del matrimonio” 27.
Aquí vemos que para San Jerónimo es inconcebible poder realizar una vida ministerial-cultual paralelamente a los deberes de la vida matrimonial. San Jerónimo fundamenta el celibato o la virginidad desde Jesús, María y los Apóstoles, ya que según él muchos de ellos eran vírgenes y en caso contrario decidieron optar por la abstinencia sexual.
Otro de los grandes Padres de la Iglesia que valdría la pena mencionar, es el reconocido
San Agustín. El, en su documento “De sancta virginitate”, quiere reconocer la propuesta de
24
Ibid., 54‐56.
25
Ibid., 57.
26
Ibid., 56‐57.
27
la virginidad sin la más mínima intención de desestimar el matrimonio28, pues simplemente concluye: “la superioridad de la virginidad ante el matrimonio sólo en virtud del mismo derecho divino, ya que la excelencia de la virginidad vale independientemente de su
comparación con el matrimonio”29.
Para Santo Tomás de Aquino, la virginidad también tiene un valor excepcional, pero sin ignorar el valor del matrimonio. En su texto, la Suma Teológica, presenta la virginidad en el contexto de la castidad, y dice que ésta es virtud en la medida que sea una tendencia “moderada por la razón”. Para este gran teólogo, “la castidad tiene su sede en el alma, a pesar de tener en el cuerpo su materia. En efecto, la castidad tiene como función usar regularmente ciertos miembros del cuerpo, según el juicio de la razón y la elección de la
voluntad (q. 151, a. 1)”30. Ahora bien, la virginidad conforme a la recta razón debe ayudar
en la abstinencia de los placeres del cuerpo, de manera que la persona pueda atender más libremente a la contemplación de Dios, lo cual hace de la virginidad algo loable (q. 152, a. 2) 31.
Luego, el reconocido San Ignacio de Loyola, presenta el celibato desde una estrecha
relación con la contemplación más que con la ascética:32 “quien mantiene su mirada
28
Cfr. Majorano, S, “Vida Consagrada”, Nuevo diccionario de teología moral, 1860, Ediciones Paulinas,
Madrid, 1992.
29
Langa, Pedro, “San Agustín y el progreso de la teología matrimonial”,
http://books.google.com/books?id=KWsVRgkJZYEC&pg=PA180&lpg=PA180&dq=De+sancta+virginitate+San
+Agustín&source=bl&ots=Vt0vu1wwZ7&sig=NjMPxF5qeYPAx9FPiviyZBixsm4&hl=es&ei=1mhxS97vJcmztge3
0ZD3CQ&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=2&ved=0CAoQ6AEwAQ#v=onepage&q=De%20sancta%2
0virginitate%20San%20Agust%C3%ADn&f=false, (Consultado el 09 de Febrero de 2010).
30
Majorano, Vida consagrada, 1861.
31
Ibid., 1862.
32
Cfr. Hollweck, Thomas, “El voto de castidad en la Compañía de Jesús”,
dirigida a Dios e intenta afirmar su corazón en Cristo vive la castidad como la vivió y
entendió el maduro Ignacio, que tenía que ir creciendo en su propio camino de la imitación
de los ángeles”33.
Los ángeles son seres totalmente (puramente) orientados hacia Dios, que por encargo suyo son enviados a los hombres. De manera análoga, la vida del jesuita debe caracterizarse por su atención (contemplación) a Dios y por el servicio a los hombres (acción, misión, apostolado), es decir, por la escucha de Dios y por el anuncio de su Buena Nueva. Así queda alineada una amplia
comprensión de la castidad que no se reduce a la pura continencia34.
San Juan de la Cruz se refiere al celibato desde aquella dimensión de pureza, la cual debe estar sostenida por una vida de oración y ascesis. Él sostiene: “Sin oración, sin
mortificación, es imposible conseguir la castidad"35. De manera similar, San Francisco de
Sales, protege el celibato y ha dicho: “la castidad es como una rosa: entre espinas se conserva hermosa y perfumada. Manoseada, acariciada por las manos, pierde su belleza y
empieza a descomponerse y a oler mal”36.
Uno de los más grandes y populares educadores del siglo XIX, San Juan Bosco, en su contexto de apostolado educacional entre los jóvenes pobres de Italia también se refiere a la castidad. Sin embargo, el enfoque con el cual lo hace corresponde directamente a su contexto, de modo que su afirmación es netamente normativa. El elemento básico que
=onepage&q=contemplaci%C3%B3n%20m%C3%A1s%20que%20con%20la%20asc%C3%A9tica&f=false,
(Consultado el 18 de Marzo de 2010).
33
Ibid.
34
Ibid.
35
Sálesman, Eliécer, “Pureza o Castidad” Avisos para defenderla, JMC Editores, 5ª Edición, Bogotá. 2005,
135.
36
ayudaría a vivir la castidad, principalmente en el ambiente educacional, según San Juan Bosco es:
Amar a todos igualmente o no amar a ninguno. Jamás se debe tener preferencia hacia alguno ni demostrar amor sensual hacia la juventud. Hay que tener un gran cuidado para no cultivar afectos sensibles por medio de regalitos (dulces, dineros, medallas, libros). No hay que tomarlos de la mano, ni ponerles la mano
sobre la nuca, ni acariciarlos, ni abrazar, ni besar37.
Puesto que el celibato está estrechamente relacionado con la pureza y la santificación, ésta es constantemente atacada por los enemigos de la salvación. De modo que para conservar dicha pureza el santo italiano dice:
Hay que evitar la familiaridad con personas de otro sexo y con toda persona que nos lleve a la sensualidad, y no contraer nunca amistades sensibles, especialmente con gente joven (excepto el noviazgo para el matrimonio). Tener caridad y buen trato y amabilidad con todos, pero nunca jamás amistad sensible
fuera del matrimonio38.
Estas han sido algunas de las reflexiones de determinados Padres y maestros de la Iglesia, las cuales enriquecen el panorama histórico del celibato en sus orígenes. Ahora bien, es de suma importancia reconocer los posibles fundamentos bíblico y teológicos que motivaron a los líderes y grandes pensadores de la Iglesia Católica a optar por la soltería consagrada como un estilo de vida necesario para el clero y los religiosos(as).
37
Ibid.
38
1.3 El celibato en la reflexión del magisterio de la Iglesia
En la actualidad el magisterio de la Iglesia también ha reflexionado sobre el celibato, teniendo una postura claramente positiva al respecto. La soltería por el reinado de Dios, al ser una invitación por parte del Señor, posibilita al célibe a entrar en una unión íntima y personal con Él, lo cual lo dispone a su total servicio por el Reino-justicia. El celibato, junto con los otros dos consejos evangélicos de pobreza y obediencia, se consideran “fundados en las palabras y ejemplos del Señor y recomendados por los Apóstoles, por los Padres, doctores y pastores de la Iglesia, son un don divino que la Iglesia recibió del Señor,
y que con su gracia se conserva perpetuamente”39.
Es muy importante reconocer que el celibato es un don de la gracia dado por Dios, más no
una imposición jurídica impuesta por la jerarquía de la Iglesia40. La soltería consagrada
debe ser entendida como fruto del amor de Dios sobre el cual la persona es invitada libremente a acoger aquel estilo de vida célibe, de lo contrario, aquella opción de vida terminaría siendo una carga constante y motivo de muchas frustraciones personales y comunitarias.
En la siguiente afirmación de Perfectae Caritatis numeral 12, es posible ver aquella
gratuidad con la cual el celibato es ofrecido al hombre o la mujer, liberándolo para que se llene plenamente con el amor de Dios y de la humanidad. Siendo así, es como aquel que acepta alegre y libremente la soltería consagrada, que nace del profundo deseo de ofrecerse al servicio divino y a su apostolado.
39
Constitución Dogmática Lumen Gentium, 43.
40
“…Sientan íntimamente con cuanta gratitud han de abrazar ese estado no sólo como precepto de la ley
eclesiástica, sino como un don precioso de Dios que han de alcanzar humildemente, al que han de
esforzarse en corresponder libre y generosamente con el estímulo y la ayuda de la gracia del Espíritu Santo”
La castidad "por el Reino de los cielos", que profesan los religiosos, debe ser estimada como un singular don de la gracia. Ella libera de modo especial el corazón del hombre para que se inflame más en el amor a Dios y a todos los hombres, y es, por lo mismo, signo peculiar de los bienes celestiales y medio aptísimo para que los religiosos se dediquen con alegría al servicio divino y a las obras de apostolado. Evocan así ellos ante todos los cristianos aquel maravilloso connubio instituido por Dios y que habrá de tener en el siglo futuro su plena manifestación, por el que la Iglesia tiene a Cristo como único Esposo41.
De igual manera, Lumen Gentium, afirma aquella gratuidad del don del celibato que Dios
ofrece a algunos hombres y mujeres, con el fin de que el soltero consagrado pueda entregarse con un corazón indiviso al Padre y a su Reino-justicia:
La santidad de la Iglesia se fomenta también de una manera especial en los múltiples consejos que el Señor propone en el Evangelio para que los observen sus discípulos, entre los que descuella el precioso don de la gracia divina que el
Padre da a algunos (cf. Mt 19,11; 1 Cor 7,7) de entregarse más fácilmente sólo a
Dios en la virginidad o en el celibato, sin dividir con otro su corazón (cf. 1
Cor7, 32-34). Esta perfecta continencia por el Reino de los cielos siempre ha
sido considerada por la Iglesia en grandísima estima, como señal y estímulo de la caridad y como un manantial extraordinario de espiritual fecundidad en el
mundo42.
Ante la duda de que la soltería por el reinado de Dios sea una posible evasión al amor hacia el otro, se puede objetar con aquella seguridad de saber que el celibato no es en ningún caso una negación del amor al otro, sino más bien, es una apertura total al mismo, para así poder
41
Decreto Perfectae Caritatis, 12.
42
amar incondicionalmente a Dios y a toda su creación, posibilitando el paso de la vida vieja
a la vida nueva en el Reino-justicia43.
Ahora bien, sin duda la vida célibe, al ser asumida por hombres y mujeres igualmente frágiles que el resto, debe ser cuidada y ofrecida al Señor, de modo que pueda ser vivida con fidelidad y responsablemente. Pero para ello es oportuno que el consagrado por el Reino de Dios confíe en el auxilio del Señor. Al mismo tiempo, debe vivir una vida prudente y en constante oración, procurando así mantener una estrecha comunión con Dios mediante una sana vida espiritual y corporal, de tal manera que pueda poner todo el ser del
hombre o mujer a disposición del Espíritu de Cristo44.
Es, pues, necesario que los religiosos, celosos por guardar fielmente su profesión, se fíen de la palabra del Señor y sin presumir de sus propias fuerzas pongan su confianza en el auxilio divino y practiquen la mortificación y la guarda de los sentidos. No omitan tampoco los medios naturales, que favorecen la salud del alma y del cuerpo. Así, los religiosos no se dejarán impresionar por las falsas doctrinas, que presentan la continencia perfecta como imposible o como algo perjudicial al perfeccionamiento del hombre, y rechazarán, como por instinto espiritual, cuanto pone en peligro la castidad. Tengan, además, presente todos, principalmente los Superiores, que habrá mayor seguridad en la guarda
de la castidad cuando reine en la vida común un verdadero amor fraterno45.
El papa Juan Pablo II con el deseo de promover el don de la virginidad en sí mismo ha dicho en varias ocasiones:
El consejo evangélico de la castidad es sólo una indicación de aquella particular posibilidad que para el corazón humano, tanto del hombre como de la mujer,
43
Cfr. Por un Cartujo, “La felicidad de ser casto”, Editorial San Pablo, Bogotá, 2007, 63.
44
Ibid., 66.
45
constituye el amor esponsal de Cristo…,no es sólo una libre renuncia al matrimonio y a la vida de familia, sino que es una elección carismática de
Cristo como esposo exclusivo46.
Con lo cual pretende acercar el Reino escatológico de Dios a la vida de toda la humanidad. De esta manera es como se hace “anuncio de la resurrección futura y de la vida eterna: de la vida en unión con Dios mismo mediante la visión beatífica y el amor que contiene en sí, e
íntimamente impregna todos los demás amores del corazón humano (Redemptionis donum,
11: “AAS” 76 (1984) 532-533)”47
En conclusión, es posible ver como el Vaticano II desea poner hincapié en el celibato entendiéndolo como don recibido, el cual hay que cuidar y ofrecer al servicio de Dios y su Reino. Es de saber que la soltería por el reinado de Dios en ningún caso es una renuncia o represión de la sexualidad o de la afectividad, sino más bien es una forma diferente de vivir
aquellas dos dimensiones inherentes del ser humano48:
La virginidad implica ciertamente la renuncia a la forma de amor típica del matrimonio, pero la renuncia se realiza con el fin de asumir más en profundidad el dinamismo, inherente en la sexualidad, de apertura oblativa a los otros y de potenciarlo y transfigurarlo mediante la presencia del Espíritu, el cual enseña a amar al Padre y a los hermanos como el Señor Jesús. (Congregación para la
educación católica, Orientaciones educativas sobre el amor humano, 4)49.
46
Majorano, Vida Consagrada, 1864.
47
Ibid.
48
Ibid.
49
1.4 Fundamentación bíblico teológica del celibato
Hasta ahora ha sido posible ver cómo el celibato en la Iglesia Católica se ha caracterizado desde la valoración cultual, aunque sin embargo hay luces de una renovada comprensión más apostólica que responde propiamente a aquello que la Sagrada Escritura presenta en relación a la soltería consagrada. En el presente apartado se profundizará en la fundamentación bíblico teológica que sirve de fundamento para entender el paso de lo cultual a lo apostólico liberador por el Reino-justicia del celibato.
Ahora bien, no es fácil encontrar una fundamentación bíblico teológica del celibato, puesto que su origen está arraigado en la tradición más que en las Escrituras. Aun así, hay textos bíblicos que podrían ayudar a cimentar la práctica de la soltería por el reinado de Dios desde su dimensión profética.
Es de saber que en el Antiguo Testamento realmente no hay datos tan trascendentales que podrían ayudar a establecer el celibato; además en la cultura de aquella época la virginidad, la cual era equiparada con la esterilidad, no era un valor en absoluto, peor aún, era considerada una humillación y una gran vergüenza. Es por ello que no se pueden encontrar textos bíblicos en el Antiguo Testamento que hablen de la virginidad como un estado de
vida válido50. Realmente “en el judaísmo rabínico del tiempo de Jesús, el celibato no sólo
no tiene sentido sino que es un pecado”51.
El único texto que se refiere al celibato en el Antiguo Testamento es el caso del profeta Jeremías, quien por mandato del Señor, que le dice, “no busques esposa, ni tengas hijos e hijas en este lugar” (Jeremías 16, 29) lleva una vida soltera por el reinado de Dios. Ahora bien, “este oráculo tiene un valor simbólico al servicio de su predicación: las mujeres y sus
50
Cfr. Dierckx, Paulo y Jordá, Miguel, “El celibato por el Reino”,
http://www.es.catholic.net/sectasapologeticayconversos/574/1441/articulo.php?id=7767, (Consultado el 15 de Febrero de 2010).
51
hijos perecerán en el castigo próximo”52, más no se refiere al celibato como don ni como carisma.
Sin embargo, en el Nuevo Testamento, hay una nueva manera de ver el celibato, la cual nace fundamentalmente a partir del texto de Mateo 19, 12 “Pues algunos son eunucos porque nacieron así; a otros los hicieron así los hombres; y otros se han hecho así por causa
del Reino de los cielos. El que pueda aceptar esto, que lo acepte”. Aquí se refiere
particularmente a una forma de vida por el Reino de Dios, en donde es el mismo Cristo quien aprueba la virginidad por el Reino, subrayando al mismo tiempo, que no es una
realidad para todos, sino que es fruto de un don dado por el Espíritu53.
También se ha interpretado este texto como una defensa de la práctica celibataria de Jesús, posiblemente de Juan Bautista y de los discípulos, quienes habiéndolo dejado todo deciden vivir por el Reino de los cielos. Esto sin duda generó acusaciones de sus adversarios, quienes los trataban de eunucos. Ante aquellos sarcasmos Jesús explica que por motivos superiores, tal como la entrega por el Reino de los cielos, podían dispensar del deber de
engendrar54.
Considerando que los destinatarios son los discípulos del Señor y aquellos que buscan el celibato por ser la forma más afín al Reino de Dios, la anterior interpretación es totalmente válida. Pero si se ve el mismo texto de Mateo 19, 12 desde el contexto del divorcio, el significado de lo dicho por Jesús cambia notablemente; pues allí se estaría diciendo que el varón que se ha separado de su mujer no debería tomar otra, pasando así a ser eunuco para entrar en el Reino de Dios. En este caso los destinatarios no serían los discípulos, sino más
bien, los maridos separados55.
52
Ibid.
53
Cfr. Majorano, Vida Consagrada, 1857.
54
Cfr. Sobrino, El celibato, 35.
55
De todas maneras, en ambas interpretaciones lo que se está poniendo de relieve es la vida soltera por el reinado de Dios. Pues en el caso de los hombres casados la novedad del Reino se relaciona con el amor matrimonial que hace del marido un nuevo hombre. En cambio, cuando se refiere a los discípulos, se presenta el celibato como requisito para entrar en el Reino, o para estar desde ya en mayor afinidad y disponibilidad con él. En este caso en particular se asume que el célibe por el Reino estará más comprometido con las exigencias
del mismo, lo cual puede conllevar persecuciones reales y políticas56.
En uno de los escritos de Pablo también se puede encontrar algunas referencias al celibato. En 1 Corintios 7, en donde aparece la doctrina paulina sobre este tema, Pablo, desde su propia experiencia, invita a todos los hombres a que fuesen célibes. Aunque no está claro la razón por la cual él asume la soltería por el reinado de Dios, se sabe por lo menos que fue célibe, ya sea por causa de la angustia escatológica (1 Cor 7, 26-31) o por imitación del
rabino Ben Azzai57.
Los condicionamientos que llevan a Pablo a hablar del celibato como gracia particular, son de tipo geográfico, histórico y ético-filosófico. En el caso del condicionamiento geográfico, éste reconoce los grandes desordenes sexuales que se vivían en Corinto, y como respuesta a ese libertinaje sexual Pablo invita a su comunidad a abstenerse de mujer, o de no ser así, a vivir fielmente el matrimonio (1 Cor 7,1). Por ello la castidad se valora como algo bueno y
digno de imitar58.
Para el segundo condicionamiento, el histórico, se interpreta el celibato a partir de la próxima venida del Señor, que traerá el tiempo escatológico, más aún, apocalíptico. En este contexto del fin del mundo presente para el paso al nuevo mundo, provoca el que no valga
56
Ibid., 37‐38.
57
Ibid., 39.
58
la pena comprometerse en el matrimonio (1 Cor 7, 29-31). Al mismo tiempo, Pablo invita a la población a vivir la soltería por el reinado de Dios, puesto que es la manera más adecuada de recibir al Señor en su segunda venida.
En el último de los condicionamientos, el ético-filosófico, se habla de una manera óptima de vivir cristianamente, lo cual no deja de tener influencia estoica en su forma de presentar las razones para el celibato (1 Cor 7, 29-32). Ahora bien, se considera que el versículo 32 en su segunda parte, “el que no se ha casado se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradarle”, es el que diría más sobre la soltería consagrada, pero es necesario leerlo desde el hecho positivo de entregarse a las cosas del Señor. De esta manera se puede interpretar como disponibilidad al Dios que habita en el mundo y que quiere transformarlo en mundo nuevo. El célibe, según Pablo, debe agradar al Señor y esto consiste en identificarse con los criterios de Cristo y renunciar a los propios intereses, para así seguirlo solo a Él y construir el Reino.
Por lo tanto, el celibato que presenta Pablo posibilita a la persona a entregarse totalmente al servicio apostólico, llevando al sujeto a vivir por el Señor sin distracciones (1 Cor 7, 35). De esta manera vemos que es un celibato por el Reino, es decir, “que brota de una profunda experiencia de las exigencias del Reino en su impacto en la vida personal del creyente, por una parte, y por otra de las experiencias de las exigencias que el Reino mismo plantea en lo
que concierne tanto al anuncio como al servicio fraterno”59.
En definitiva, la soltería por el reinado de Dios del que se habla en el Nuevo Testamento es fruto de una vocación que lleva a vivir de esa determinada manera, de tal forma que no es válido pensarlo desde categorías morales de bueno o malo. El celibato es una llamada radical al seguimiento de Cristo en función del Reino, de modo que existe una experiencia
59
de saberse llamado para un determinado fin, que es el Reino, el cual se debe realizar
proféticamente en el mismo acontecer de la historia60.
Pues bien, la teología del celibato principalmente se fundamenta en los dos textos del Nuevo Testamento a los cuales se ha hecho referencia, ya que a partir de ellos Jesús invita a la vida soltera por el Reino, llamando voluntariamente a los hombres a vivir vírgenes por amor a Él. Al mismo tiempo en la expresión “eunucos por el Reino de los cielos” que presenta Mateo insiste en dos elementos de mucha importancia para el fundamento teológico del celibato. El primero de ellos, cuando Jesús se refiere a “eunucos” está diciendo que el compromiso de la virginidad es perpetuo, irrevocable y absoluto; y en segundo lugar cuando dice “por el Reino de los cielos” con eso quiere fundamentar el sentido religioso y el valor escatológico de la virginidad cristiana que apunta a la
instauración definitiva del Reino de Dios61.
Finalmente, se establece la soltería por el reinado de Dios como don, desde aquella afirmación de Jesús cuando dice en Mateo 19, 12 “quien pueda cogerlo que lo coja” afirmando con eso que el celibato es dado por Dios como un carisma que se pone al servicio de su voluntad, tal cual lo testifica Pablo en 1 Corintios 7, 7 “Cada uno recibe de Dios su propio don, su carisma” refiriéndose al matrimonio como también a la vida célibe, aunque, como ya se ha dicho, la vida célibe por el Reino posibilita a la persona a agradar y
estar más disponible al Señor62.
60
Cfr. Sobrino, El celibato, 44‐47.
61
Cfr. Colorado, Alfredo, “Los Consejos Evangélicos a la luz de la teología actual”, Ediciones Sígueme,
Salamanca 1965, 136‐137.
62
1.5 Paso de la concepción del celibato desde lo cultual al Reino-justicia para el contexto de América Latina en su proceso de liberación63
A lo largo de este capítulo se ha desarrollado el tema del celibato desde diferentes dimensiones tales como: la histórica y la bíblica teológica; en las cuales es posible ver cómo la soltería por el reinado de Dios ha tenido sus orígenes y fundamentos para concluir en su práctica en la Iglesia latina.
En este apartado se reflexionará el paso que ha tenido el celibato desde la concepción cultual a lo apostólico por el Reino-justicia, teniendo como opción preferencial la liberación del empobrecido, oprimido y excluido de América Latina. Ahora bien, para que realmente exista un compromiso radical por el Reino-justicia es necesario que la soltería por el reinado de Dios en el continente latinoamericano sea asumida dentro de las opciones libres propias del ser humano, quien en este caso en particular desea seguir a Jesús y su proyecto de liberación. “El celibato es recibido y asumido con libertad desde la opción y
desde la experiencia del Reino de los cielos (Mt 19,12)”64.
De tal manera que toda opción por la vida célibe debe tener su origen a partir de una profunda experiencia de fe y de amor que llama a la vocación de seguir a Cristo en cuerpo y alma, y así servirle a Él y a los hermanos. Por ello ya no se puede fundamentar la soltería por el reinado de Dios desde categorías cultuales o jurídicas, ya que la fidelidad a Cristo y su misión corresponde al llamado profundo y personal que se ha tenido, demandando una entrega absoluta al proyecto de Dios por la liberación de los hombres y mujeres en
situación de opresión y empobrecimiento65.
63
Cfr. Sobrino, El celibato, 50‐70.
64
Pérez Álvarez, José Luis, “Amor célibe en fraternidad misionera”, Instituto Teológico de Vida Religiosa,
Editorial Frontera, Gasteiz/Vitoria 2001, 9.
65
Cfr. CLAR, “Hacia una vida religiosa latinoamericana” Selección de Textos Teológicos, Centro de Estudios y
Un celibato vivido por Cristo y su Evangelio es una opción radical, fruto de una decisión de fe y una experiencia espiritual y no de algún cálculo humano, ni
profundas reflexiones66.
Sin embargo, el catolicismo recién comenzó a valorar la soltería consagrada como fruto de una vida ascética, que responde al estilo de vida de quien quiere seguir radicalmente a Jesús, a partir del siglo XII; tiempo en el cual el celibato cobra sentido desde la vida evangélica y no únicamente desde la pureza cultual. Vale recordar que en la antigüedad la continencia sexual era necesaria para una acción cultual pura, lo cual dio razón al celibato, pero con ello, además de menospreciar el cuerpo y la sexualidad de los hombres y las mujeres, se quedaba únicamente en lo cultual y no se proyectaba a la acción apostólica del Reino-justicia.
En la actualidad el concilio Vaticano II, respondiendo a la razón mística y profética del
celibato, lo ha presentado como una opción libre por causa del Reino67, afirmando que con
la soltería por el reinado de Dios es posible entregarse más fácilmente al Señor con un corazón indiviso, que es “medio aptísimo para el servicio de Dios y para el apostolado y
fuente de fecundidad espiritual”68. Luego, en Medellín, se “recalca el aspecto escatológico
del celibato desde la misión profética, recuerda la dedicación a Dios con un corazón indiviso, y que debe llevar a una vida comunitaria en caridad que sea preludio de la perfecta
unión con el mundo futuro”69.
Pues bien, en América Latina el celibato se presenta al mundo desde su dimensión profética y no desde lo cultual, lo cual posibilita al soltero por el reinado de Dios a entregarse y
66
Ibid., 357.
67
Cfr. Madera, Ministerio ordenado, 4.
68
Sobrino, El celibato, 19.
69
disponerse totalmente a Dios, a los hombres y a las mujeres, con el fin de sumarse a la lucha de construir el Reino-justicia en aquellos lugares en donde las estructuras opresoras empobrecen a las personas e ignoran la dignidad de los seres humanos de ser hijos e hijas de Dios. El célibe se sitúa sobre la relación dominante y deshumanizante que se vive hoy en torno al dinero-poder-sexo, y desde allí le ofrece al mundo respuestas críticas y concretas para la liberación del dominio de éstas tres fuerzas que atentan contra los hombres, las mujeres y la construcción del Reino-justicia.
La disponibilidad que brota del voto de castidad, nos deja libres de compromisos para poder arriesgarnos en decisiones y tareas que llevan a ser proféticas ante la sociedad. Por la castidad, el religioso ofrece una respuesta profética al problema de la relación que existe entre el mundo del dinero y la
erotización de gran parte de la humanidad70.
Al mismo tiempo, el celibato debe ser reconocido como “señal y estímulo de la caridad
pastoral”71, debe superar lo meramente cultual para volverse fuente y vertiente de amor
para toda la humanidad. La soltería consagrada es un don de Dios que hace sentir su amor y solo desde allí el célibe consagrado siente la necesidad de irradiar el mismo amor a los demás. Siendo así es posible entender el celibato desde su dimensión profética, puesto que mueve al soltero consagrado a entregarse por la lucha de la justicia y por la destrucción del pecado estructural que oprime y empobrece a tantos seres humanos.
El celibato nace de esta cadena transmisora de amor: El Padre amó a Jesús; Jesús nos amó como el Padre le amó; nosotros nos amamos como Jesús nos amó… Este único y mismo amor nos lleva a dar la vida unos por otros (Jn 15,13)72.
70
CLAR, Hacia una vida religiosa latinoamericana, 371.
71
Lumen Gentium 42.
72
Se dice que el célibe está en mejor posición para disponer toda su vida al servicio del Reino-justicia de Dios, puesto que no tiene a quien dedicar el amor matrimonial de exclusividad; siendo así más fácil concentrar la capacidad afectiva en el Señor y en todos
los hermanos73. Es de saber que “la familia ejerce sobre el individuo fuerte presión para
acomodarse, para cerrarse en un mundo de preocupaciones que no van más allá de la mujer y los hijos… Es por esto por lo que se dice ser el matrimonio la tumba de los
revolucionarios”74.
Como consecuencia, el celibato nos coloca en un estado permanente de disponibilidad. Por él nos hacemos más libres para el servicio del Reino. Una persona que no está ligada por los lazos del matrimonio, normalmente puede arriesgarse más a los hombres, puede asumir responsabilidades que exigen dedicación integral y exclusiva. Todos los discípulos de Jesús están llamados a amar a Dios y a los hombres con todo el corazón. Pero no todos están llamados a liberarse de todo en vista de ese amor. «Quien pueda entender, que entienda»
(Mt. 10, 42-45)75.
Pues bien, al volver la mirada exclusivamente a la soltería por el reinado de Dios, es necesario que en el contexto de América Latina el celibato sea re-significado desde su dimensión místico profética, con el deseo de hacer vida el Evangelio de liberación. El soltero consagrado opta decididamente por el oprimido y empobrecido de este continente, construyendo una realidad de justicia en donde la cultura de muerte y opresión sea reemplazada por la cultura de vida y liberación. Por esta razón amerita que la soltería por el reinado de Dios sea reflexionada desde un contexto espacio temporal determinado con el pretexto de la co-creación del Reino-justicia para con el empobrecido, oprimido y excluido de este subcontinente.
73
Cfr. CLAR, Hacia una vida religiosa latinoamericana, 361.
74
Ibid., 371.
75
Es la misma situación del continente latinoamericano el que hace que el celibato haga un giro de lo cultual a lo místico profético, puesto que el contexto de injusticias demanda al soltero por el reinado de Dios a consagrarse en la búsqueda y construcción del Reino de justicia y liberación. Siendo así, el celibato debe historizarse y comprometerse por la liberación del oprimido. En este sentido, el seguimiento a Jesús y la consagración por medio del celibato al Misterio de Dios se realiza en la opción por las víctimas de los pecados estructurales propios del continente de América Latina.
La entrega del celibato encuentra su sentido en la Kénosis de Dios, quien dejó su divinidad para ser uno más entre los hombres y así participar en la historia de la humanidad para la liberación del mundo. De la misma manera, el célibe se despoja de sí mismo para entrar en el mundo sin pertenecer al mundo y desde allí realizar el acto liberador del mismo Jesús.
Ahora bien, para ello es necesaria la identificación con Cristo, lo cual hace que el célibe viva en total disponibilidad al Él y al Evangelio, lo que significa que el compromiso de quien quiere seguir a Cristo y se hace soltero consagrado por Él, lo dispone a realizar la misión que Dios le ha encomendado a Jesús de anunciar y realizar el Reino.
De esta manera, el célibe se sentirá con el deber de denunciar los pecados y deshumanizaciones que se van gestando en la historia y sociedades de América Latina. Más que ser una protesta contra el libertinaje sexual, ya denunciado desde antiguo por Pablo hasta nuestros días, la soltería por el reinado de Dios también lucha contra las estructuras de opresión que van en contra del Reino-justicia. Pues mediante el celibato es posible salir de las estructuras opresoras y mirar a la sociedad desde una postura crítica constructiva frente a la sociedad.
radical a Cristo es fruto del sentirse amado por Él y ello mueve al soltero consagrado a ser un apasionado por el Reino-justicia en donde reine también la paz y el amor en la misma historia.
El celibato para el continente latinoamericano, aun al estar en un periodo de crisis de sentido, no ha perdido su validez místico profética, más aún, el contexto demanda que los sacerdotes, religiosos y religiosas consagradas vivan su vocación de servicio y despojamiento a Dios con un verdadero compromiso por la liberación del oprimido, excluido y empobrecido, y así llevar a cabo el llamado de Jesús de ser “eunucos por el Reino de los cielos”.
Finalmente, es de considerar que la vida célibe por el Reino-justicia de ninguna manera quiere menospreciar la vocación profética y transformadora de la existencia matrimonial, puesto que ésta también tiene un llamado particular a vivir el amor a Dios y al prójimo con
toda intensidad, ya que todo cristiano está invitado a vivir la perfección de la caridad76. Por
consiguiente, el insistir que el amor célibe es indiviso para el Señor y el del casado no, es una afirmación inconsistente desde la teología cristiana. Se trata de dos vocaciones válidas y necesarias por igual para la comunidad. Ambas tienen un claro talante sacramental: ¿tendría alguna presentación afirmar que en el sacramento del matrimonio hay menos amor
al Señor que en el Sacramento del orden?77
76
Cfr. CLAR, Hacia una vida religiosa latinoamericana, 361.
77
Remítase a los textos: Munera Duque, Alberto, “La sexualidad desde la Iglesia Católica”, Revista
Javeriana, Enero‐Febrero 2006, 12‐21. Schillebeeckx, Edward, “El celibato ministerial reflexión crítica”,
CAPITULO II
CÉLIBES EN CONSTRUCCIÓN DEL REINO-JUSTICIA EN AMÉRICA LATINA
En el primer capítulo se ha trabajado el desarrollo de algunas concepciones del celibato desde su origen hasta nuestros días. Para ello se ha abordado la soltería consagrada desde diferentes enfoques, tales como: el histórico, las reflexiones de algunos Padres y maestros de la Iglesia, el magisterio, la fundamentación bíblico teológica y finalmente el celibato en el contexto de América Latina. Este último punto, el celibato en nuestro subcontinente, será el que se profundizará en el presente capítulo, ya que se hará una reflexión crítica general de la situación de empobrecimiento, opresión y exclusión social que están viviendo tantos hombres y mujeres de Latinoamérica a quienes, de una u otra manera, se consagran tantos solteros y solteras por el reinado de Dios y su justicia.