PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA
Cuerpos Emotivos:
Un debate sobre la naturaleza y la función de la expresión
emocional
María Paula Sabogal Serrano
2
María Paula Sabogal Serrano Estudiante de la Facultad de Filosofía
Cuerpos Emotivos:
Un debate sobre la naturaleza y la función de la expresión
emocional
Trabajo de grado para optar por el título de: Filósofa
Dirigida por:
Miguel Ángel Pérez Jiménez
3
He descubierto que la expresión es ist gut [está bien] es pronunciada entre nosotros de cinco maneras diferentes y cada vez con un significado distinto, que encima suele estar muchas veces determinado por una tercera magnitud variable:
la expresión del rostro. [93]
4
Contenidos
Pág.
Introducción 7
Capítulo primero
Darwin y el expresivismo teológico de Ch. Bell 11
1. Darwin y la fisiognomía teológica de Sir Charles Bell 12 2. Las ideas de Charles Bell sobre la expresión emocional 23
3. Recapitulación y prospectiva 34
Capítulo segundo
El antiexpresivismo evolucionista de Ch. Darwin 38
1. El origen evolutivo de las emociones 39
2. Las funciones adaptativas de las expresiones emocionales 46
3. Recapitulación y conclusión 56
Capítulo tercero
El expresivismo evolucionista de los postdarwinianos 59
1. La función comunicativa de la expresión emocional 59
2. La función regulativa de la expresión emocional 71
3. Recapitulación y conclusión 80
Consideraciones finales 83
5
Introducción
El tema del presente trabajo es la naturaleza y la función de la expresión emocional. En él se realiza la exposición de un debate específico respecto de este problema, haciendo alusión al desarrollo y recepción de la obra de Charles Darwin, La expresión de las emociones en los animales y en el hombre (1872). En el trabajo sepretende exponer, clarificar y comparar una serie de posturas teóricas respecto de la naturaleza y la función de la expresión emocional.
La investigación comprende tres fases. En primer lugar, consta de una exploración bibliográfica respecto del surgimiento de la obra de Darwin sobre la expresión. Allí encontramos que la motivación central para su elaboración, fue dar respuesta a la obra de Charles Bell Essays on the Anatomy and Philosophy of Expression (1806), en donde este último sostenía que la naturaleza de la emoción era de origen teológico y que su función era, en el caso del ser humano, comunicar a otros las pasiones del alma. Para Bell, la expresión había sido insertada inteligentemente en nosotros a través de una anatomía y una fisiología especial del rostro, que nos confería una riqueza expresiva inigualable, completamente ajena a la animal, y aprovechable especialmente en el campo estético. Darwin, sin duda, debía de ser capaz de responder a estas ideas para poder lograr dar una explicación acorde a su teoría biológica, incompatible con los supuestos teológicos y la exclusividad anatómica admitida por Bell.
6
la expresión. Después de haber argumentado a favor de la continuidad filogenética entre los animales en El origen de las especies (1989), y, de forma similar, a favor de la ascendencia animal del hombre en El origen del hombre (1871), debía poder dar cuenta de la continuidad de los comportamientos en seres humanos y animales, entre ellos, el comportamiento expresivo. Con su libro sobre la expresión, Darwin pretendía cerrar su obra argumentando que existe una continuidad respecto de la expresión emocional en el caso de los animales superiores y en el hombre. La expresión, así, para Darwin, debía de tener un origen natural dado por la selección natural y la herencia, y, por lo tanto, no podía regirse bajo un principio teleológico. En su teoría de la expresión, utilizó tres principios para explicar por qué se habían preservado los rasgos expresivos y por qué había similitudes en casos interespecíficos. Concluyó, de esta forma, que la expresión, observable también en el ser humano, había provisto a los animales de ventajas adaptativas en el pasado, y, entonces, no era la comunicación su función. Así, Darwin estableció quela naturaleza de la expresión emocional es exclusivamente adaptativa y no posee ésta una función expresiva.
7
de la expresión como adaptativa, siguiendo a Darwin, pero, siguiendo a Bell, le otorgan funcionalidad expresiva a la misma.
La motivación de este trabajo se vio permeada por el interés en ahondar en la riqueza pedagógica, moral y estética que tienen algunas explicaciones naturalistas de la emoción. Rebatiendo los argumentos de autores como Robert Solomon (2007) o Martha Nussbaum (2001), que consideran que las explicaciones naturalistas despojan por completo a la emoción de su potencial educativo o ético, nos interesamos en investigar si esta era realmente una consecuencia directa de una concepción naturalista de la emoción1. Estudiando la obra de Darwin, quien no posee propiamente una teoría de la emoción pero sí de la expresión, logramos entrever una posible ruta de trabajo para contrarrestar estos argumentos. Gracias al trabajo de Darwin, y a los estudios posdarwinianos que rescatan parte de las ideas de Bell, logramos comprender el gran potencial comunicativo, regulativo y estético que posee una teoría naturalista de la emoción y la expresión emocional. Este potencial que logramos entrever, es el primer paso para lograr desarrollar nuestra motivación principal: el estudio del logro estético, pedagógico y moral de una teoría naturalista de la emoción y la expresión emocional.
Procurando no marginar esta motivación, en este trabajo estudiaremos un debate concreto respecto de la naturaleza y la función de la expresión emocional. Sin embargo, hemos señalado al final de cada capítulo y, en las consideraciones finales, algunos puntos que no forman parte del contenido temático del texto: la aplicabilidad o utilidad extra teórica. Nos interesa señalar los alcances estéticos, pedagógicos y morales que tiene una comprensión naturalista de la emoción y la expresión emocional, aunque esté fuera del alcance del trabajo un desarrollo cabal de los mismos.
1
Al darle prioridad al cuerpo, al sentimiento y a las reacciones causales en los procesos
8
Estas motivaciones inspiran el epígrafe, que hace referencia a la relación estrecha entre comunicación y expresión emocional. También inspiran el dibujo de la portada, que ejemplifica una idea de Charles Bell respecto de la relación entre la estética, la función y la naturaleza de la expresión emocional.
Los alcances de esta tesis, que apenas señalamos hacia el final de los capítulos y en las consideraciones finales, es increíblemente rico. Comprender la expresión emocional como un aparato biológico que nos permite producir e identificar emociones universalmente, y, a veces, incluso en casos interespecíficos, nos acerca a pensar la interacción afectiva como algo profundamente natural y común, que nos liga empáticamente unos a otros. También entenderla como una fuente rica de comunicación, regulación y expresión voluntaria, nos permite comprender todo el potencial pedagógico, moral y estético detrás de la expresión emocional. Lamentablemente, esta tarea supera los límites de este trabajo y queda como deuda para un estudio posterior.
9
Capítulo primero
Darwin y el expresivismo teológico de Sir Charles Bell
El libro de C. Bell debería ser meditado por todo aquel que intente decir algo sobre el rostro humano, por los filósofos tanto como por los
artistas, pues bajo una apariencia muy superficial y bajo el pretexto de la estética, es uno de los más hermosos monumentos de la ciencia de las relaciones entre lo físico y lo moral.
Albert Lemoine, De la Physionomie et de la Parole
10
1.
Darwin y la fisiognomía teológica de Sir Charles Bell
Para comprender mejor cómo y por qué fue escrita la obra de Darwin sobre la expresión, expondremos tres tipos de motivos que contribuyeron a la maduración de las ideas del autor sobre este tema en particular. En primer lugar, recogeremos algunos aspectos biográficos y personales que llevaron a Darwin a interesarse en la expresión emocional. En segundo lugar, explicaremos motivos teóricos internos de su teoría biológica, que habían surgido a partir de las dos obras principales de Darwin, ya publicadas para 1872, y en donde el problema de la psicología humana y animal empezaba a exigir un estudio más detenido. Por último, en tercer lugar, presentaremos un motivo teórico externo fundamental, que es la necesidad de refutar la explicación anatómica y filosófico-teológica de Sir Charles Bell.
El estudio de la expresión emocional no formó parte de la preocupación principal de Darwin durante la mayor parte de su carrera y fue siempre accesorio. Sin embargo, hoy en día sabemos que desde muy temprana edad sentía un interés marcado por la observación de animales domésticos, en especial pájaros y perros, que siempre se manifestó en sus numerosas anotaciones al respecto (Darwin, 1997, p. 61). Aunque también se dedicaba a hacer ciertos experimentos informales con animales domésticos y cautivos en el zoológico de Londres, a medida que iba creciendo, empezó a sentirse fascinado por los comportamientos innatos de niños pequeños y, durante muchos años, observó y realizó anotaciones sobre conductas reflejas que no podían verse afectadas por influencia asociativa o cultural. Pero es hacia 1839, tras el nacimiento de su primer hijo, William, en donde Darwin comenzó a trabajar en un proyecto paralelo a su obra principal: a saber, una documentación detallada de la expresión emocional y las acciones reflejas de su hijo, que lo fascinaban por ser estas naturales e instintivas.
11
que este sentía gracias a las expresiones faciales y corporales que manifestaba (Cf. Darwin, 1983, p. 84). “Cuando tenía once meses, si se le daba un juguete inoportuno, lo apartaba con la mano y lo golpeabaν presumo que el golpear era un signo instintivo del enojo” (p. 87). Darwin colma su ensayo sobre el instinto de ejemplos similares a este para mostrar la cantidad de expresiones instintivas del niño que parecen ser un indicio de sensaciones y emociones que experimenta aún a tan corta edad. Así, William se relajaba y sus ojos brillaban cuando se acercaba a una fuente de alimento, lo cual era presumiblemente una manifestación de una sensación de placer (p. 89); golpeaba objetos, fruncía el ceño y su rostro enrojecía, lo que parecía indicar que estaba enojado (p. 87); abría grandes los ojos, se sobresaltaba y lloraba ante un ruido o aparición repentina, lo cual podría significar que sentía miedo (p.88).
Darwin empezaba entonces a convencerse de que la expresión humana era un fenómeno muy similar al instinto, debido a su carácter innato y, además, común a otros animales. De hecho, aquí el autor parece extender esta conclusión a la emoción misma y no sólo a la expresiónμ “¿No podíamos sospechar que los vagos pero reales miedos de los niños, que son bastante independientes de la experiencia, son efectos heredados de peligros reales y supersticiones abyectas de los antiguos tiempos salvajes?” (p. 89). La hipótesis que Darwin desarrolló a lo largo de este tiempo era que la expresión emocional no era exclusiva de los seres humanos y que más allá de ser fruto de un diseño especial o del aprendizaje, había evolucionado junto con el resto de características que compartíamos con los demás animales.2
12
Hemos llegado entonces al momento en donde la expresión se convierte en un problema interno a la teoría biológica global de Darwin, el segundo de los tres motivos que estamos reseñando. Su obra célebre, El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida (1859), fue sin duda una de las obras más controversiales publicadas en el siglo XIX, pues enmarcó el origen de todas las especies que conocíamos dentro de una explicación exclusivamente naturalista. Las especies que podíamos ver eran todas producto de miles de años de modificaciones graduales de grupos poblaciones específicos, que habían dado como resultado individuos con una capacidad de adaptación sorprendente, pero variable. La teoría de la evolución de las especies contribuyó a comprender el origen común de todos los organismos vivos, cuyas variaciones debido al entorno, la competencia o el uso y desuso de ciertos órganos, había dado origen a una increíble diversidad biológica.
Sin embargo, la mayor contribución de Darwin a la biología fue la introducción del concepto de la selección natural a las teorías evolutivas pre-darwinianas como la de Jean Baptiste Lamarck o Robert Chambers. La teoría de la evolución por medio de la selección natural explica, no sólo que los individuos evolucionan con el tiempo, sino cómo y por qué se heredan las características concretas que producen variaciones entre las especies:
13
producir prole que pueda sobrevivir. Si los organismos difieren en aspectos que dan origen a esta disposición -es decir, difieren en aptitud-, algunos dejarán más descendencia que otros. Si la aptitud es heredable, y los rasgos que determinan la diferencia de aptitud son transmitidos de padres a vástagos, los rasgos que revelan aptitud se tornarán más comunes. Por lo tanto, la evolución por selección natural producirá clases particulares de cambios en las poblaciones de organismos, cambios que tienden a un mayor predominio de los rasgos de mayor aptitud. (Durpé, 2006, p. 34)
A partir de la cita podemos ver cómo los rasgos morfológicos aleatorios que brindan ventajas adaptativas a los individuos, pueden convertirse en rasgos de la especie en tanto que se heredan y progresivamente predominan en ciertas poblaciones. Lo anterior puede comprenderse mejor a través del clásico ejemplo del cuello de las jirafas. Supongamos la existencia de una manada de lo que serían los antepasados evolutivos de las jirafas, llamémoslas proto-jirafas. Su principal característica es que tendrían el cuello corto y, por ello, su principal fuente de alimento sería el forraje bajo de la sabana. Sin embargo, como en todas las poblaciones de animales, en esta población de proto-jirafas los individuos presentarían pequeñas variaciones morfológicas, en este caso, respecto del largo de sus cuellos. Las proto-jirafas con cuellos más largos lograrían alcanzar las hojas de las ramas altas, por ejemplo, de las acacias, lo que les permitiría acceder más fácilmente al alimento en tiempos desfavorables, como una sequía, o dada la reducción de alimento gracias a la competencia entre miembros de su propia especie, y de otras.3 Ya que las proto-jirafas con cuellos más largos, tendrían mayores probabilidades de sobrevivir y reproducirse, progresivamente empezarían a ser más abundantes individuos con cuellos largos, mientras que los de cuello corto llegarían a extinguirse. De esta manera, el concepto de selección
3Se sabe que una de las ideas que más influenció a Darwin para incluir el concepto de selección
14
natural ayuda a comprender por qué el cuello largo de las jirafas permanece tras miles de años de evolución.
Hasta este punto, la teoría evolucionista de Darwin había sido revolucionaria pero no escandalosa. La teoría de la evolución de las especies por medio de selección natural llegó a su clímax teórico con la publicación de El origen del hombre y la selección en relación al sexo (1871), en donde Darwin afirma que así como los animales inferiores tienen un origen común entre sí, el hombre también forma parte de este proceso evolutivo, que da como resultado diversas razas de seres humanos gracias a la selección sexual. Entonces, además de poseer ancestros comunes con los demás animales, el ser humano debía provenir, de hecho, de alguna forma inferior sujeta a la selección natural y en su estadio más avanzado, a la selección sexual. Concluye esta obra diciendo:
La principal conclusión a la que aquí se ha llegado, y que actualmente apoyan muchos naturalistas que son bien competentes para formar un juicio sensato, es que el hombre desciende de alguna forma altamente menos organizada. Los fundamentos sobre los que reposa esta conclusión nunca se estremecerán, porque la estrecha semejanza entre el hombre y los animales inferiores en el desarrollo embrionario, así como en innumerables puntos de estructura y constitución, tanto de importancia grande como nimia (los rudimentos que conserva y las reversiones anómalas a las que ocasionalmente es propenso) son hechos incontestables. (Darwin, 2009a, p. 800).
A través de la anatomía comparada, Darwin se dedicó a analizar las estructuras físicas de los seres humanos respecto de las de los demás animales. Los embriones, por ejemplo, en sus etapas iniciales, eran casi indistinguibles cuando se trataba de un bebé humano o de un cachorro de perro o de simio, y muchos de los órganos se formaban de igual manera en seres humanos y en peces o aves. De forma similar, la estructura de nuestro esqueleto era increíblemente similar, a veces incluso idéntica, a la de algunos animales inferiores con quienes compartíamos, por ejemplo, miles de enfermedades que transmitíamos unos a otros o la capacidad para embriagarnos o sufrir de resacas (p. 6).
15
veces incluso idénticos y que muchas de las reacciones ante estímulos eran sorprendentemente similares en unos y otros. Sin embargo, la anatomía comparada no podía dar cuenta de la evolución de ciertos mecanismos fisiológicos o de algo tan complejo como lo eran las facultades mentales. Si Darwin quería que su teoría fuera consistente, debía poder afirmar que, junto con las características morfológicas y anatómicas, las facultades mentales y ciertos comportamientos también se heredaban y evolucionaban con el tiempo gracias a la selección natural.4
El paso a seguir debía ser entonces, análogo respecto al método utilizado en El origen de las especies. Si anteriormente la anatomía comparada había logrado señalar el parentesco evolutivo entre los animales gracias a sus cuerpos, ahora, la psicología comparada debía señalar un parentesco respecto de sus mentes. La primera parte de El origen del hombre está dedicada a analizar la similitud de las facultades mentales que compartimos con los animales, lo que le permitiría a Darwin establecer que las diferencias
4Lo que Darwin debía responder concretamente era cómo podían heredarse las facultades mentales y de qué manera se veían influenciadas estas por la selección natural. Hacia 1837 empezó a comprender la importancia de este tema tras leer el ensayo de Frédéric Cuvier “On the Domestication of Mammiferous Animals”, en donde este naturalista francés señala que las diferentes razas de animales domésticos pueden transformarse gracias al ejercicio de ciertos comportamientos provocados (Richards, 1987, p. 90). En Los Cuadernos C y D (2009d), Darwin comenzaba a desarrollar la idea de que los hábitos que un animal adopta para hacer frente a un cambio del entorno, tras varias generaciones, lentamente se convierten en instintos que son, básicamente, patrones innatos de comportamiento (p. 94). Así, si el comportamiento y el instinto, tenidos aquí por facultades mentales, pueden ser heredados y son, de hecho, producto gradual de la selección natural, Darwin lograría incluir tímidamente el resto de facultades mentales dentro de su teoría. A pesar de no poder estar seguro de que las funciones del cerebro se correspondieran necesariamente a su estructura, para él era suficiente lograr una explicación que lograra relacionar al menos algunas funciones del cerebro, con las condiciones que permiten cambios evolutivos en las especies:
Cuando movemos un músculo, el movimiento se convierte en algo habitual e involuntario. – cuando un pensamiento es pensado muy a menudo, se vuelve habitual e involuntario, esto es memoria involuntaria…Una recolección intencional de todo solamente por asociación, y la asociación es probablemente un efecto físico del cerebro. (p. 96).
16
anatómicas y psicológicas entre ellos y nosotros eran de grado y no de tipo. Cuando Darwin comparó las facultades mentales, como el instinto, la inteligencia, el razonamiento, el dolor o el placer, rápidamente llegó a un punto en donde se encuentra con que las emociones también parecen ser compartidas. Como nosotros, dice Darwin, los animales superiores también sienten terror, timidez, rabia e incluso amor, y la forma en la que expresan estas emociones es increíblemente similar a la nuestra:
El terror actúa sobre ellos de la misma manera que sobre nosotros, causando que los músculos tiemblen, el corazón palpite, los esfínteres se relajen y que el pelo se erice. […] Todo el mundo sabe lo propensos que son los animales a la cólera furiosa, y cuán fácilmente la demuestran. […] Vemos muestras de amor materno en el más nimio detalle. (p.87 -88).
Como vemos, la expresión de las emociones era un ejemplo excelente de cómo anatomía y psicología podían verse relacionadas A pesar de que las observaciones de Darwin sobre la expresión emocional fueran casi marginales respecto al resto de sus estudios, hacia 1837 comenzó a recopilar sus notas y decidió publicarlas en una obra independiente ya que eran muy numerosas para ser incluidas en El origen del hombre. En 1872, cuando al fin decidió publicar La expresión de las emociones en los animales y en el hombre, Darwin contaba con suficientes elementos para cerrar con broche de oro su teoría de la evolución, y así, lograr asestar un duro golpe contra las ideas que recorrían el ambiente intelectual de la época respecto al origen y naturaleza de la expresión emocional humana, lo que nos lleva a la última motivación de Darwin para escribir su obra, siendo esta tal vez la menos conocida.
En una carta que escribió a Alfred Russell Wallace en marzo de 1867, Darwin menciona a su amigo, respecto de su nueva obra, que:
El tema es, creo yo, más curioso y más susceptible de tratamiento científico de lo que usted parece dispuesto a admitir. Quiero, de cualquier modo, trastocar el punto de vista de Sir C. Bell…de que ciertos músculos le han sido otorgados al hombre únicamente para que pueda revelar a los demás hombres sus sentimientos. Quiero tratar de mostrar cómo han surgido las expresiones.5
5Texto originalμ “The subject is, I think, more curious and more amenable to scientific treatment,
17
Como se aprecia en la cita, la intención manifiesta de Darwin con la publicación de su obra sobre la expresión es responder a las ideas de Sir Charles Bell que primaban en la compresión de la expresión y la anatomía humana general de la época, a pesar de que en la introducción de La expresión de las emociones en los animales y en el hombre fuese mucho más sutil en su apreciación de los trabajos del anatomista y neurólogo escocés.6 La obra de Bell aparece varias veces mencionada en la introducción del libro de Darwin, y es tenida como uno de los trabajos que merecen mayor consideración. Sin embargo, la contundencia de la cita radica en que pone de manifiesto el interés de Darwin en responder a dos argumentos contra los que se enfrenta en su teoría general y en su libro concreto sobre la expresión:
(i) Un argumento anatómico: que existen músculos faciales exclusivamente presentes en el rostro humano dada su naturaleza creada.
(ii) Un argumento fisiológico: que dichos músculos tienen una función exclusivamente expresiva.
En la introducción a esta obra, Darwin menciona que los trabajos escritos hasta el momento de la publicación de la misma habían sido insuficientes para su investigación, pues se referían principalmente a análisis fisiognómicos de la expresión emocional.7 La obra de Le Brun y Petrus Camper aparecen como notables obras antiguas con agudas
that he may reveal to other men his feelings. I want to try and show how expressions have arisen.” Darwin, Charles. Carta a Alfred Russell Wallace. 12-31 Marzo 1867. Darwin Correspondence Project. Web. 30 mayo 2012. <http://www.darwinproject.ac.uk/entry-5440>.
6En su autobiografía de 1887 escribeμ “Durante el verano del años siguiente, 1840, leí la admirable
obra de Sir C. Bell sobre las expresiones, y ello acrecentó considerablemente mi interés en el tema, si bien no podía estar en absoluto de acuerdo con su convicción de que diversos músculos habían sido especialmente creados para la expresión.” (Cf. Darwin, 1997, p. 135).
7 La palabra fisiognomía proviene del griego φυσιογ ω ο ια (φυσιο-naturaleza, γ ω ο ια- juzgar o
18
observaciones sobre el tema pero sin mayor impacto en las conclusiones darwinianas. Sir Charles Bell aparece como el primer referente contemporáneo de Darwin, a quien el naturalista otorga especial atención gracias a sus descubrimientos en fisiología y a la descripción detallada de los movimientos musculares que ocurren en ciertas expresiones emocionales. A pesar de dedicar gran parte de su libro a combatir los presupuestos de Bell sobre el origen de la expresión, Darwin atesora muchas de las descripciones y observaciones anatómicas que describe con sumo cuidado el anatomista escocés.
Para Darwin, las observaciones técnicas de Bell son, en su mayoría, importantes y correctas, y destaca principalmente sus descubrimientos respecto a la relación del sistema respiratorio con la expresión emocional (Darwin, 1999, p. 36). También reconoce el valor de las observaciones de Bell respecto de las funciones del sistema circulatorio, que actúa para estimular ciertas reacciones o proteger partes concretas del cuerpo. Por ejemplo, reconoce con Bell, que las contracciones involuntarias de los músculos, especialmente de aquellos alrededor de los ojos (Orbicularispalpebarum, Corrugatorsupercilii y Pyramidalisnasi), durante esfuerzos respiratorios violentos, sirven para proteger a estos delicados órganos de la presión sanguínea (Ver Figura 1).Sin embargo, Darwin encuentra problemas técnicos en las observaciones de Bell, principalmente porque este último consideraba que existía una amplia gama de músculos creados específicamente para la expresión emocional en el rostro humano, tesis que Darwin no estaría dispuesto a admitir.
El naturalista discrepa con varias de las conclusiones que Bell extrae de este presupuesto, como que a causa de esto, los animales poseen una capacidad expresiva notablemente inferior a la del hombre (Bell, 1806, p. 60), sobre el control voluntario de ciertos músculos (p. 42), y sobre que el músculo responsable del ceño fruncido (corrugator) es exclusivo de los seres humanos (p.71).8 De esta forma, si Darwin quería cuestionar los argumentos anatómicos y fisiológicos sostenidos por Bell, debía ser capaz de mostrar la continuidad de los músculos en hombres y animales, y la función que la expresión emocional cumplía dentro del marco de la teoría de la evolución.
19
Figura 1.1. Los músculos faciales. Diagrama de Jakob Henle tomado de la introducción del libro de Darwin sobre la expresión.
Para Darwin, Bell no lleva sus observaciones tan lejos como hubiese podido. A pesar de hacer un análisis exhaustivo de los músculos presentes en la expresión emocional, que en su mayor parte Darwin estaba dispuesto a seguir, Bell no logra explicar suficientemente el origen propio de la expresión y las particularidades de cada una de las expresiones:
20
Aunque por el momento no se expondrán las tesis de Bell, el problema de fondo consiste en que la explicación que este da a la pregunta por la expresión, se limita a exponer cómo y cuándo funcionan los músculos bajo ciertos influjos de la mente, como emociones, sensaciones e impresiones, y qué ocurre en el rostro humano al presentarse estos movimientos. En la introducción a la tercera edición de La expresión de las emociones en los animales y en el hombre, Paul Ekman señala que “Darwin también lidió con estas [preguntas], pero fue uno de los primeros, y, durante mucho tiempo, el único científico que se preguntó por el “por qué”μ ¿por qué se producen las expresiones de una forma particular?”(Ekman, 1999b, p. xxiv).9
La relevancia de la pregunta por el porqué de la expresión emocional, cobra sentido si situamos esta obra de Darwin dentro de la discusión general acerca del problema del origen del hombre y la teoría general de la evolución de las especies. Darwin debía, si quería ser fiel a la idea que venía persiguiendo, probar a Bell ya los abanderados de la teología natural, que los músculos de la expresión tienen algún otro uso que nos relacionara con el resto del mundo natural y, en concreto, con los animales inferiores. La intuición de Darwin era que no existían argumentos anatómicos o fisiológicos, que demostraran anatomía y fisiología exclusiva respecto del resto de los animales. Esto es, que la naturaleza de la expresión era biológica y que su función no era la expresión. Su idea era señalar:
(i) Respecto del argumento anatómico: que no existen músculos exclusivos del rostro humano, dada la naturaleza biológica de la expresión.
(ii) Respecto del argumento fisiológico: que los músculos que sirven para la expresión tienen alguna otra función o, de hecho, pueden ser accesorios e inoperantes.
Si Darwin podía demostrar otro propósito, uno más práctico, para esos músculos faciales, un propósito que nos vinculara claramente con el resto de la naturaleza, él podría debilitar el
9Texto originalμ “Darwin also deals with these, but he was one of the first and for a long time the
21
argumento de Bell y otros teólogos naturales, y consolidar el caso de la expresión como un producto de la evolución. (Ekman, 1999, p. 8)10
2.
Las ideas de Charles Bell sobre la expresión emocional
Una vez ha quedado claro que el principal motivo de Darwin para responder a la obra de Bell, es darle robustez interna a su teoría biológica, podemos entrar a presentar los pormenores de los argumentos del anatomista escocés. La obra que impactó tanto a Darwin se titula Essays on The Anatomy of Expression in Painting. Bell La publicó en 1806 bajo este título y contenía todos los resultados de los acercamientos a la expresión emocional que había realizado hasta ese momento.11 Con ella, Bell vinculó dos grandes intereses que marcaron su carrera: la anatomía y el arte. Durante toda su vida, sintió gran pasión por el dibujo y desde los dieciocho años comenzó a realizar bocetos de anatomía humana y animal, lo que motivó en gran parte la realización de su obra sobre la expresión (Cf I.S.L Loudon, 1982, p. 1795). Bell se formó como cirujano y anatomista, pero siempre incluyó en sus cursos sus dos pasiones, explicando anatomía a sus estudiantes a través de sus dibujos y enseñando a dibujar a través del estudio anatómico del cuerpo.
En la “Advertencia” a la primera edición de los Ensayos Bell anuncia tres propósitos respecto de su tesis anatómica:
10Texto originalμ “If Darwin could demostrate another, more practical purpose for such facial
muscles, a purpose that clearly linked us to the rest of nature he would weaken Bell’s and all other natural theologians’ arguments and strengthen the case of expression as a product of evolution.”
11 La obra fue reeditada en al menos dos ocasiones, una en 1824 con más precisiones en el texto
22
Su deseo [el del autor] es demostrar la importancia y los usos de la anatomía; multiplicar los motivos del cultivo de esta ciencia; mostrar cuán interesantes son las deducciones que pueden ser recogidas de la contemplación de la estructura animal. (Bell, 1806, p. vi).12
Con esta cita, es claro que el marco de referencia de la exposición de Bell es el de la anatomía comparada. A través del estudio de la estructura de los cuerpos, es posible la comprensión de las funciones de cada una de sus partes y de las diversas aplicaciones que esta comprensión puede acarrear. Para Bell, además de este interés divulgativo médico y científico, el estudio de la anatomía humana y animal posee un profundo impacto en la pintura, la escultura y el arte en general. El propósito estético del libro era servir como guía a los artistas para representar adecuadamente la expresión de las pasiones en sus obras, y así lograr el efecto deseado en los espectadores. Sin embargo, en muchos apartes del libro y en el prefacio a la segunda edición puede observarse que los estudios de Bell tenían un alcance mucho mayor; este contenía un rico análisis de la expresión como problema filosófico que sin duda marcó el camino del estudio de la emoción en años posteriores. Así, la obra de Bell sobre la expresión es una obra compleja con pretensiones artísticas, anatómicas y filosóficas, que tuvieron una notable influencia.13
A partir de lo dicho, podemos sostener que el libro de Bell incluye un proyecto de tres dimensiones.
(i) Un propósito estético, que se deriva de su interés principal por dar sustento a las obras artísticas a través de la anatomía aplicada y en donde se hace manifiesta la función que da a la expresión emocional.
(ii) Un supuesto filosófico, que incluye presupuestos propios de la teología natural sobre la naturaleza de la expresión emocional.
12Texto originalμ “His wish is to demonstrate the importance and the uses of anatomyν to multiply
the motives for the cultivation of the science; to show how various and how interesting-are the deductions which may be drawn from the contemplation of the animal frame.”
23
(iii) Una explicación científica, que es el contenido principal del texto, y cuyas premisas sirvieron a Darwin para enriquecer sus observaciones técnicas sobre la expresión.
Respecto del primer punto, Bell observaba que, en una tendencia por regresar a la estética clásica, los artistas, en especial los pintores y los escultores, imitaban las expresiones, posturas y semblantes que la literatura y el arte greco-romano ensalzaban. En consecuencia, la anatomía representada era un reflejo de aquellos ideales clásicos de virtud, poder e incluso divinidad, pero carecían de una comprensión anatómica acorde con las posturas y aspectos naturales del cuerpoμ “[E]sas formas ideales casi nunca pueden ser transferidas a la representación del cuerpo humano; y un artista moderno que indiscriminadamente siga este modelo, aplica erróneamente las más nobles lecciones de su arte.” (Bell, 1824, p. 195)14. Entonces, si el artista clásico representaba la virtud, pues le interesaba transmitir ideales morales; el artista moderno debía representar el cuerpo, fiel a su idea anatómica del mismo, cuya comprensión se facilitaba gracias a las herramientas que le podían brindar la medicina y la ciencia.15
Así, gracias a esa ciencia moderna, la anatomía se había convertido en una ciencia objetiva, capaz de explicar la estructura, relación de los diferentes componentes de los cuerpos. Existe, según el naturalismo y la estética propios de la época, una forma objetiva de representar el cuerpo humano y la obra de Bell se entiende mejor en este contexto. Esto se debe, en parte, al estudio de la anatomía como una ciencia que aplicaba a todos los seres humanos y a los animales, sin importar las distinciones accidentales de sus cuerpos. Había, de hecho, una forma auténtica del cuerpo humano, y lo demás eran simples imperfecciones de la naturaleza (Honderich, 2005, p. 644). Entonces, la naturaleza sigue una lógica que brinda una cierta regularidad a los cuerpos y a los objetos, y es el Creador quien establece
14Texto originalμ “But those ideal forms are scarcely ever to be tranferred to the representation of
the human body; and a modern artist who idiscriminately follows such a model, misapplies the noblest lessons of his art.”
15 Lo que está a la base de esta triple relación es la idea de que entender el cuerpo humano es
24
relaciones necesarias entre el cuerpo, sus facultades y los objetos que se presentan en el mundo. La naturaleza de los cuerpos y sus funciones estaban dadas entonces gracias a la Creación Divina. Esta idea propia del mecanicismo dominante de la época, suponía un Dios universal que actuaba de una forma perfecta y constante, y que definía su Creación por leyes fijas que aplicaba a todo el universo. Dios había dejado de definirse por su providencia, amor y milagros, como lo definía la teología medieval, y había pasado a convertirse en un Dios del cual podía comprobarse su existencia a través del análisis racional y empírico de su Creación (Applebaum, 2000, p. 772). Esta idea es la base de la segunda dimensión que estamos reseñando.
Al ser esta lógica que brinda regularidad a los cuerpos aplicable a todas las criaturas, estas se encontraban diseñadas según la perfección que el Creador había impreso en ellas, siendo el ser humano la obra más perfecta de la creación divina. Entonces, las emociones y la expresión de las mismas, pasaban a ser parte de este gran aparato que tenía como base la voluntad de Dios:
Él ha cultivado en cada ser inteligente, emociones que apuntan a Él, afectos con los cuales nos sentimos atraídos a Él y los cuales descansan en Él como su fin. En la mente del esclavo más rudo, abandonado a la educación de los meros elementos que lo rodean, los sentimientos que desarrolla lo llevarán a un Padre y Creador. Estos sentimientos no pueden atribuirse a ninguna fuente, son universales y no podemos deshacernos de ellos.(Bell, 1824, p. 16).16
Pero todos estos sentimientos que Dios había impreso en nuestra constitución, serían obsoletos en la vida mundana sino podían ser desplegados en un cuerpo concreto. Por lo tanto, Él había creado también toda una maquinaria perfecta capaz de sentir y expresar en un cuerpo cuyas partes estaban dispuestas de tal forma que ninguna de ellas fuera obsoleta. El cuerpo humano, como parte de la totalidad de la creación, exhibía la inteligencia divina y la perfección de los sistemas presentes en la naturaleza. Fuera a través
16Texto originalμ “He has raised in every intelligent being emotions that point to him, affections by
25
del escalpelo o del pincel, el ser humano debía conocer, honrar y representar la maquinaria de los cuerpos de la forma más auténtica posible.
Entonces, señala Bell, la única autoridad que debían reconocer los artistas, era la de la naturaleza. Conocer a fondo cómo era la naturaleza de la expresión, cómo se relacionaban los músculos y los huesos, cómo se producían los gestos y cómo se gestaban los movimientos que expresaban una u otra emoción, era importante para que la obra del artista tuviera la riqueza suficiente que exigía una estética fiel a la naturaleza del cuerpo humano17. Para Bell, la pintura ya no debía limitarse a reproducir posturas o posiciones sino que debía contener y transmitir la sensación de movimiento. La acción de los músculos era vital para la comprensión de la totalidad de la expresión o del carácter que quisiera imprimir el artista a su obra, después de todo era la motio lo que daba vida y dirección tanto a los cuerpos, como a las obras artísticas.18 Respecto de la expresión, la anatomía servía para examinar el aparato por medio del cual “la mente expresaba la emoción” (p, 96), lo cual debía ser representado correctamente si se quería lograr una reproducción adecuada de las actitudes, semblantes, movimientos y sentimientos que querían ser comunicados a través del arte.
17 Bell presupone una concepción del arte como representación, lo que supone que el criterio de
estimación del arte se basa en el grado de aproximación entre que se logre entre lo que se representa y la obra de arte misma. Si bien el tema no nos concierne en ese trabajo, y esta tesis puede o no ser aceptada, para Bell el cuerpo es un criterio para la pintura. Lo que está a la base de este criterio es que la anatomía es aplicable en muchos lugares y ciencias, pues esta tiene muchas funciones. Una de ellas es la de mejorar el arte.
18 La idea de que el movimiento está intrínsecamente ligado con la vida lo encontramos ya en
26
La expresión, que era el resultado del movimiento de los músculos faciales y corporales, constituía entonces el vehículo por medio del cual las pasiones que ocurrían en la mente se exteriorizabanμ “La expresión es a la pasión lo que el lenguaje es a la razón”. (Bell, 1824, p. 139)19. Así, la expresión se convierte en el lenguaje de las pasiones y de la mente; pues es a través del cuerpo como se exteriorizan los estados internos que pueden incluso llegar a ser difíciles de describir por medio del lenguaje articulado. Dios había puesto en nosotros una anatomía cuyo fin era expresar a otros nuestros sentimientos, precisamente en eso consistía la función de la expresión emocional. En su afán de comprender cómo ocurre esta exteriorización, Bell logra una explicación meticulosa de la anatomía y fisiología del aparato expresivo, tercer propósito que hemos reseñado respecto de su obra.
La teoría de Bell respecto de la expresión ha sido llamada, con frecuencia, una teoría respiratoria. Considera este, que el sistema nervioso central se encuentra dividido en tres secciones o dominios determinados por su función. El primero, llamado sistema animal, que gracias a las conexiones entre los órganos motores y de los sentidos a la espina dorsal y al cerebro, se encarga de proporcionar y satisfacer la necesidad alimento. El tercer sistema, el simpático, se encarga de coordinar las funciones orgánicas primarias como la secreción, la asimilación, la dilatación y la estimulación de ciertas glándulas. El segundo dominio, intermedio entre estos dos, es introducido por Bell como parte fundamental de la teoría de la expresión: el sistema respiratorio (respiratory-class) que regula la actividad respiratoria, muscular y cardiovascular de corte expresivo y no expresivo (Bühler, 1980, p. 77):
Muestra Bell que un sistema nervioso con esa estructura hace posible un aparato respiratorio que no hallamos en los animales inferiores, pero que se desarrolla paulatinamente en la serie animal hasta tal punto, que en [sic] el hombre no sirve ya únicamente para proporcionar el oxígeno a la sangre, sino también se torna en el órgano de la voz y de la expresión. Este grupo inervatorio lo llama «sistema respiratorio». (Shaw citado por Bühler, p. 77).
27
La consecuencia de este análisis fisiológico es determinante en la teoría de Bell. Al existir estructuras anatómicas exclusivas del ser humano, como lo son los nervios del sistema respiratorio, se determinan ciertas funciones que no se encuentran en los demás animales. La capacidad de utilizar la voz, y por ende el lenguaje, y la capacidad de tener un aparato expresivo rico y variado, es producto de un sistema nervioso más desarrollado. Si la capacidad expresiva del rostro humano, la mímica y su potencia expresiva y comunicativa, se ven subordinadas a este sistema respiratorio, cuyo origen es la médula oblonga y que comprende una gran variedad de músculos y nervios en la cabeza, el cuello y el pecho, el ser humano podrá ser capaz de expresar sus emociones de una forma mucho más compleja.
Para demostrar lo anterior, Bell hace un estudio minucioso de la diferencia entre la anatomía de los animales herbívoros, carnívoros y el ser humano para demostrar, entre otras cosas, que existen estructuras corporales particulares de cada tipo de criatura que determinan la riqueza o pobreza de su capacidad expresiva y, así mismo, su actividad mental. Los animales, por ejemplo, pueden expresar ciertas emociones para comunicarse entre sí o para facilitar algunas funciones del cuerpo, pero su capacidad expresiva se queda corta a la hora de compararla con la humana. En el caso de los animales carnívoros, por ejemplo, la boca posee una estructura que permite expresar ferocidad a través de los gruñidos y la exhibición de los dientes, característica de la que carecen los animales herbívoros (Bell, 1824, p. 59).
28
[image:28.612.84.523.155.359.2]corrugatorsupercilii, “…músculo reservado a la expresión humana en donde las cejas quedan arrugadas con un peculiar y energético significado, que, irresistiblemente, transmite la idea del pensamiento y el sentimiento” (Bell, 1824, p. 69).
Figuras 1.2 y 1.3. Dibujos extraídos de la primera edición de Essays on The Anatomy of Expression in Painting
El análisis que Bell hace de la expresión emocional es en términos de la acción de ciertos músculos y el conjunto de la contextura (frame) del cuerpo, que entra en relación con ciertos estados de la mente. Ya que la expresión se encuentra dentro de las funciones del sistema respiratorio, todos los movimientos que parecen realizar hombres y animales cuando se ven afligidos por una pasión fuerte, tienen como objetivo facilitar o contener la respiración, siendo casi todos estos instintivos y ejecutados de forma automática. Cuando sentimos miedo, por ejemplo, los hombros se levantan, los músculos de del cuello y la garganta se recogen y las fosas nasales se expanden, todo ello para facilitar la respiración, cuya función normal se ve afectada por el exceso de energía producido por este estado mental.
29
animales y los seres humanos. En el ejemplo anterior, cuando observábamos qué ocurría en el cuerpo en el caso del miedo, inmediatamente después Bell distingue ese miedo, aparentemente compartido con otros animales, del terror y el horror. En estos dos últimos casos, la expresión no parece ser un reflejo involuntario, sino que la mente ejerce una influencia directa, a través de la imaginación, lo que hace que sea una emoción exclusiva de los seres humanos. Es a través de la imaginación que podemos horrorizarnos frente a la idea del sufrimiento futuro o incluso frente al daño que otros pueden recibir. Sin embargo, no sólo es en el carácter propio de la emoción en donde nos diferenciamos de los demás animales, sino que incluso los músculos, nervios y toda la estructura corporal es radicalmente distinta a la del animal cuando este siente miedo:
Este es, en efecto, el único tipo de miedo que las bestias conocen. Los mayores grados de miedo, en donde opera la mente, y que podemos caracterizar en el rostro por medio de una expresión particular de la energía mental, no aparecen en ellos. (Bell, 1824, p. 105).20
Así, a diferencia de otros animales, los seres humanos poseen todos los mecanismos necesarios para expresar cualquier estado mental que se les ocurra, incluso de manera voluntaria, como es el caso de los actores. Mientras que la expresión emocional en los animales es accesoria o reflejo de una necesidad fisiológica, en los seres humanos la expresión de la emoción, así como el estado mental mismo, posee un grado de complejidad mucho más elevado, basado en un aparato fisionómico y de expresión mucho más desarrolladoμ “Se trata, en definitiva, sólo del hombre que podemos decir con estricta propiedad que el rostro es un índice de la mente, teniendo una expresión correspondiente con cada emoción.” (Bell, 1824, p. 139)21.Los animales poseen emociones y pueden expresarlas, pero con una gran diferencia de grado comparada con la capacidad expresiva y emocional de los seres humanos, gracias a las diferencias anatómicas y fisiológicas de su constitución. Entre otras cosas, por ejemplo, el ser humano es capaz de alterar sus estados mentales a través de los movimientos y ejercicios del cuerpo: imitando los gestos que
20Texto original: This indeed is the only kind of fear wich brutes know. The higher degrees of fear,
in wich the mind operatres, and wich we shall see characterized in the countenance by an expression peculiar to mental energy, do not appear in them.”
21Texto originalμ “It is, in short, of man alone that we can with strict proprietary say, the
30
[image:30.612.111.533.144.347.2]corresponden a algunas emociones, nos encontramos muchas veces sintiendo, de hecho, la emoción que estamos imitando, como se aprecia en las figuras 1.4 y 1.5.22
Figuras 1.4 y 1.5. Dibujos extraídos de la primera edición de Essays on The Anatomy of Expression in Painting
Esta anatomía y fisiología especiales son particularmente observables cuando realizamos combinaciones de disposiciones anatómicas entre seres humanos y animales. Atribuir a un ser humano, por ejemplo, las características propias de un animal alegre, como lo es el batir de cola de los perros es, sin duda, animalizar al ser humano dado que no poseemos esa disposición anatómica. Por su parte, cuando le atribuimos al animal características expresivas propias del ser humano, lo humanizamos y caricaturizamos, como bien demuestra Bell en el dibujo de un caballo con expresiones faciales propias de la anatomía y la fisiología humana, como lo es la sonrisa y la mirada:
22Bell ya consideraba esta capacidad algunas décadas antes de que William James desarrollara su
31
Figura 1.6. Dibujo extraído de la segunda edición de Essays on the Anatomy and Philosophy of Expression.
Si estas posturas se aprecian tan artificiales, es porque estamos haciendo combinaciones antinaturales respecto a la expresión emocional de cada tipo de criatura. El arte, entonces, es un buen indicativo del logro o fracaso de la atribución de ciertas características anatómicas y fisiológicas naturales respecto de la expresión emocional. Caracterizarlas expresiones como exclusivas del ser humano, o del animal herbívoro, o del animal carnívoro, hace parte del intento de Bell por lograr la comprensión de una anatomía puesta al servicio del arte y viceversa.
32
representar de forma fiel a la realidad y conmovedora para los espectadores, la perfección de la estructura y funciones del cuerpo humano.
3.
Recapitulación y prospectiva
A lo largo de este capítulo hemos recogido los motivos que llevaron a Darwin a desarrollar su obra La expresión de las emociones en los animales y en el hombre. Hemos señalado que, motivado por profundos intereses de carácter personal y dispuesto a señalar la continuidad evolutiva de las facultades anatómicas y psicológicas del ser humano, el naturalista recurre a la obra de Sir Charles Bell para aprovechar, pero sobretodo discutir, elementos claves de su propuesta anatómica y fisiológica. Darwin responde directamente a dos argumentos: el de la anatomía especial que deriva en el argumento fisiológico que otorga funciones fisiológicas y expresivas exclusivas en el hombre. También refuta el argumento filosófico-teológico de Bell, que se encuentra basado en una comprensión teística de la naturaleza de la expresión. Esto le permite comprenderla de una forma exclusivamente biológica, que le obliga concluir que no existe expresión emocional. En consecuencia, desatiende por completo al propósito estético que tanto había inquietado a Bell y que se deriva de la funcionalidad que este último otorga a la expresión.
33
El sistema respiratorio, que para Bell confería la capacidad exclusiva en el ser humano de expresar emociones, en Darwin pone en funcionamiento los mismos tipos de músculos en unos y en otros:
Pero el sencillo hecho de que los monos afines al hombre posean los mismos músculos faciales que nosotros hace improbable el que esos músculos tengan en el hombre exclusivamente la misión de una expresión facial; porque creo nadie querrá admitir que los monos dispongan de músculos especiales al solo objeto de manifestar sus repugnantes muecas.” (Darwin citado por Bühler, 1980, p. 120).
Entonces, según la cita, si compartimos estructuras anatómicas y capacidades expresivas similares, a veces incluso idénticas, con otros animales, el argumento fisiológico de Bell también se derrumbaría. Si ciertos músculos y expresiones faciales existen exclusivamente para expresar a otros nuestros sentimientos, sería necesario admitir, o que los monos desean expresarse y comunicarse con otros a través del rostro, o, que, de hecho, la expresión no existe para comunicarnos. Darwin, como ya es claro en este punto, se inclinará por la segunda opción, la cual será parte fundamental de sus ideas sobre la expresión y concluirá que la naturaleza biológica de la expresión hace que no ésta no tenga una función expresiva
De esta forma, si ningún músculo del rostro podría estar diseñado para algún propósito específico, tampoco podría tener una función expresiva en concreto. A diferencia de Bell y, contradiciendo el argumento de la creación especial, Darwin sostiene que no existe ningún músculo, nervio u órgano que existiese para alguna tarea específicamente humana, si bien algunos de ellos nos proporcionan, de forma accidental, habilidades particulares. Las expresiones emocionales entonces, se deben a la asociación de hábitos útiles en el pasado, pero también muchas de ellas parecen ser meramente accidentales y heredadas de forma casual a medida que se imprimen ciertas conductas antitéticas o involuntarias en los individuos (Darwin, 1984, p. 59).
34
mamíferos superiores. Así, los dos frentes de ataque de Darwin a la teoría de Bell, el anatómico y el fisiológico, pretenden probar precisamente que los principios de la expresión pueden aplicarse análogamente en seres humanos y animales y que, independientemente de la intervención del Creador, la expresión emocional tiene un carácter natural que nos vincula con el resto de los animales. No existen entonces músculos exclusivos del rostro humano y tampoco poseen éstos una función expresiva especial que no se encuentre presente en el resto de los animales, al menos, en los mamíferos superiores.
Sin embargo, hay un desequilibrio entre los frentes de trabajo de Bell y la respuesta de Darwin. Este último responde a los argumentos anatómicos y fisiológicos, y tangencialmente también ataca los presupuestos filosófico-teológicos de Bell, pero olvida uno de los puntos más relevantes de la teoría del escocés: la aplicación de la teoría de la expresión emocional en el campo estético. Darwin no se manifiesta respecto del increíble potencial estético que tiene la expresión emocional, sobre todo en un nivel comunicativo. Al relegar la comunicabilidad de la emoción a un plano casi accidental, la expresión emocional como herramienta estética queda completamente opacada. Por el contrario, Bell había mostrado que las capacidades comunicativas y mentales exclusivas en el hombre, como la imaginación, la anticipación y la memoria, nos permitían comprender de forma compleja las expresiones emocionales de otros, capacidad que podía ser aprovechada en el plano estético o pedagógico para producir reacciones e provocar expresiones, emociones y acciones concretas en los espectadores. El estudio del alcance estético y expresivo que puedan tener los principios generales de la expresión propuestos por Darwin y el saldo de esa deuda que tiene el naturalista con Sir Charles Bell, es una tarea que corresponde realizar en estudios posteriores.
35
La expresión emocional según Charles Bell
Naturaleza Función Utilidad
Teológica
Expresiva:
Comunicativa
Estética
Estética
36
Capítulo segundo
El antiexpresivimo evolucionista de Charles Darwin
Pero el simple hecho de que los monos antropomorfos posean los mismos músculos faciales que nosotros hace muy improbable que dichos músculos sirvan en nuestro caso tan sólo
para la expresión. Pues sospecho que nadie se inclinaría a admitir que los monos hayan sido dotados con músculos especiales sólo para exhibir sus horribles muecas.
Charles Darwin, La expresión de las emociones en los animales y en el hombre
37
1.
El origen evolutivo de las emociones
En la introducción de El origen del hombre Darwin pone de manifiesto el problema principal que supone el caso de las emociones y la expresión emocional para su teoría biológica general: los argumentos anatómicos y fisiológicos de Sir Charles Bell que negarían la ascendencia animal del hombre (Cf. Darwin, 1871, p. 5). Particularmente, nos interesa rastrear el análisis de Darwin respecto de la naturaleza y la función de la emoción y la expresión emocional. Para ello, nos basamos en los capítulos dos a cinco de El origen del hombre, en donde el autor se propone analizar la continuidad de algunas facultades mentales.
En el primer capítulo de El origen del hombre Darwin había logrado establecer la relación de parentesco existente entre familias de animales a través de la comparación de sus estructuras anatómicas. Había logrado probar, según le parecía a él, que la semejanza del diseño anatómico era una prueba de que ciertos caracteres se desarrollaban y perfeccionaban a través del tiempo, para dar origen a especies más evolucionadas y mejor adaptadas (Cf. Le Gross Clark, 1971, p. 94). La similitud del cráneo, la dentadura o el desarrollo embrionario de los animales vertebrados con el ser humano, podía demostrar la posesión común de estructuras que revelan ascendencia común. Esto significa que podemos rastrear el pasado evolutivo de los animales si comparamos la estructura y desarrollo de sus cuerpos a través del tiempo.
38
órganos rudimentarios le dan a Darwin el ejemplo perfecto para refutar, dentro de la estructura de su teoría, que el ser humano no tenga un linaje común con algunos primates. Los órganos rudimentarios en el ser humano, como la movilidad de las orejas, los caninos, el apéndice o las glándulas mamarias en los hombres, al carecer de una función, existen como productos residuales de estructuras que se encuentran en proceso de eliminación gracias a la selección natural (Darwin, 2009a, p. 19).
Con esto en cuenta, Darwin entra a argumentar a favor de la ascendencia animal del hombre respecto de sus facultades mentales, tal vez el punto más controversial de su teoría. Ya habiendo probado que los animales y los seres humanos poseen estructuras anatómicas similares, debía ahora probar que también sus facultades psicológicas eran correlativas. Era relativamente fácil admitir que nuestras manos, cráneos, dientes u órganos eran a veces idénticos a los de otros animales, pero respecto de nuestras capacidades mentales parecíamos diferir en grado sumo. Si hay una diferencia de tipo en nuestra anatomía psicológica (cerebro) o nuestra fisiología (pensamiento, lenguaje, emoción) la ascendencia animal del hombre podría ponerse en entre dicho, contradiciendo toda la teoría de Darwin.
Así las cosas, era necesario establecer si las facultades mentales se desarrollan de forma gradual. Lo que está a la base de este problema es si, como con las estructuras anatómicas, las facultades mentales también varían respecto a su grado pero siguen siendo del mismo tipo. La apuesta de Darwin, ya desde el capítulo dos de El Origen del hombre, es que no podía existir un argumento anatómico o fisiológico que desmontara esta teoría, ya que seguramente no habría ninguna variación esencial entre el cerebro de un salvaje y el de Newton o Shakespeare, pues simplemente se trataba de casos en donde ciertas facultades estaban más o menos desarrolladas, teniendo la misma naturaleza (p. 35).La diferenciación o variabilidad entre individuos de una misma especie es, para Darwin, una consecuencia inevitable del proceso evolutivo, consecuencia que se aplica de igual forma en un nivel interespecífico.
39
facultades mentales entre los simios y los seres humanos, por ejemplo? En los capítulos subsiguientes, Darwin se dedica a intentar responder a esta pregunta rastreando el caso de algunas facultades mentales, que son aparentemente exclusivas del ser humano, en los animales inferiores. Para ello, se basa en la observación de comportamientos o hábitos que tienen algunos animales, y que nosotros podríamos relacionar con estados o procesos mentales que conocemos. El supuesto que está a la base de este método es que las facultades mentales pueden ser rastreadas según los comportamientos de los individuos, pues existe una relación directa y necesaria entre estas y aquellos.
Los biólogos y etólogos evolucionistas actuales llaman a este tipo de estudio, un estudio de carácter homológico. Este se basa en establecer la relación que tienen dos estructuras, normalmente anatómicas, cuando provienen de una misma línea filogenética y cuyo paralelismo se debe a una ascendencia común. Es el caso, por ejemplo, de los brazos humanos y las aletas de las ballenas, que, teniendo un origen común, han evolucionado en dos especies diferentes y ejerciendo funciones específicas concretas y diferenciales. En contraste, la homoplasia o analogía, se refiere a la comparación de estructuras que han evolucionado de manera convergente pero adquiridas de una forma filogenéticamente independiente. Es el caso, por ejemplo, de los diferentes tipos de alas que se encuentran en el reino animal, como es el caso de las de los murciélagos, las aves o las mariposas, que se desarrollan de forma similar, para ejercer una misma función, pero que no se evolucionaron a través a ascendencias comunes.
40
anatómicas que los acompañan, con lo que se establecería una relación estrecha entre las tres obras de Darwin.
Por un lado, nos encontramos con las estructuras morfológicas, tratadas profundamente en El origen de las especies. Estas estructuras están íntimamente ligadas con la función que poseen: algunas de ellas evolucionaron porque suponían ventajas adaptativas y otras existes como vestigios inoperantes. Sin embargo, cuando entramos a hablar de las facultades mentales en términos homológicos el problema se vuelve un tanto más complicado. Efectivamente, se puede hacer una correlación entre las facultades mentales, la función de estas y la morfología del cerebro, pero para ello deberíamos asumir que (i) existe una conexión causal y (ii) siempre correspondiente entre las tres.
Normalmente, la homología se enfoca en el análisis de la función y de la estructura en una tendencia por ligarlas irrevocablemente. Sin embargo, al hablar de comportamiento no podemos hacer referencia directa a una conexión causal con las estructuras morfológicas, ya que, evolutivamente hablando, pocas veces se conservan estas estructuras. Para el caso del comportamiento, los estudiosos actuales consideran que el comportamiento debe caracterizarse más bien en términos funcionales:
El ejemplo de la conducta aquí, representa algo más que sólo una analogía de las mentes, tanto porque las mentes y los comportamientos que ellas producen están conectadas causalmente como porque nuestras inferencias sobre el diseño de la mente se basan únicamente en la interpretación de los patrones de comportamiento que podemos observar. Y, como otros han argumentado convincentemente (p.j, Povinelli et al, 2000), la evidencia de la similitud de comportamiento entre los organismos no constituye necesariamente una evidencia de la similitud de la mente entre ellos. Así como, funcionalmente, similares anuncios territoriales en diferentes taxones de primates pueden ser apoyados por estructuras anatómicas diferentes, también podrían comportamientos sociales complejos similares en varias especies ser apoyados por diferentes procesos mentales. (Rendal et al, 2007, p 67)23
23Texto originalμ “But the example of behaviour here represents more than just an analogy for minds
41
[image:41.612.170.459.374.610.2]A pesar de que, como se aprecia en la cita, hoy en día consideremos realmente difícil realizar una homología necesaria entre las estructuras, la mente y el comportamiento, para Darwin, debía existir una homología relativamente constante respecto de la morfología, la psicología y la función de estas facultades psicológicas. Es decir, que, como en el caso de las estructuras anatómicas, las facultades psicológicas debían ser observables en el comportamiento de los animales y viceversa. Sería absurdo pensar entonces, que un animal muestra un comportamiento temeroso sin tener la facultad psicológica de sentir miedo o que el miedo no tenga ninguna influencia en el comportamiento del animal. Respecto de la función que tiene el comportamiento, para nuestro estudio especialmente, el comportamiento expresivo, Darwin debía recurrir a comprender la expresión bajo principios funcionales netamente biológicos. Sin embargo, para el caso de la facultad psicológica de tener emociones, objeto de estudio de esta sección, resulta evidente para Darwin la relación necesaria existente entre estas tres partes, como se muestra en la figura:
Figura 2.1
Para desarrollar la tesis de la continuidad de las facultades mentales, tesis dada por homología respecto de la morfología de los animales, Darwin debía poder sostener que estas facultades se desarrollan desde los instintos más primarios. Este es un punto
Morfología (estructura)
Función
(comportamiento) Psicología
42
importante en la obra de Darwin, derivada de su teoría de la evolución por medio de selección natural. El supuesto es que los hábitos se convierten en instinto y se heredan de padres a hijos por selección natural o por variaciones de acciones instintivas. Así, las facultades mentales se desarrollan (a) por la variabilidad de los órganos mentales o (b) de forma accidental gracias a la selección natural. Estas reglas de variación son explicadas por Darwin de forma detallada en el capítulo cuarto de El origen del hombre y serán explicadas más adelante. Por ahora, nos interesa explicar que Darwin analiza la psicología animal y humana bajo el supuesto de que las facultades mentales funcionan como el resto de caracteres adquiridos por selección natural, o por hábitos e instintos sociales heredados.
La primera facultad mental a analizar es, sorprendentemente, la emoción. La estructura explicativa de estos capítulos de El origen del hombre parece ir en orden creciente respecto a la complejidad de las facultades mentales. Así, primero se dedica a analizar las facultades que fácilmente parecen reconocerse como comunes, como la emoción o los instintos sociales, hasta dar con las facultades que parecen ser más exclusivas del ser humano como la razón o el lenguaje. Entonces, la emoción, en tanto facultad mental básica, funciona a manera de instinto en casi todos los animales superiores. Recordemos que en el Ensayo sobre el instinto Darwin ya había argumentado a favor de la tesis de que algunas emociones, manifiestas en los niños desde que nacen, no podían estar asociadas al aprendizaje o la cultura y que, por tanto, eran comunes en seres humanos de forma universal. Ahora, esta tesis se extendería al caso de algunos animales superiores gracias a la gradación de las facultades mentales comunes.
La tesis implícita de Darwin es, que si podemos observar comportamientos análogos a los nuestros en los animales, presumiblemente estén experimentando sensaciones similares, de tal manera que se puede afirmar, según este criterio, que los animales “son excitados por las mismas emociones que nosotros” (Darwin, 2009b. 39).24 Así, la primera emoción que Darwin reseña es la de la felicidad, manifiesta en el gusto que parecen sentir los animales cuando juegan o son acariciados. El terror, dice, es la segunda emoción que parece afectarlos dadas las señales visibles en su comportamiento como el temblor o el