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El silencio de las jirafas

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Academic year: 2017

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Facultad De Artes

T r a b a j o d e g r a d o

E L S I L E N C I O D E L A S J I R A F A S

Andrés Vélez Mulford

Asesor: Andrés García La Rotta

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T A B L A D E C O N T E N I D O S

• A G R A D E C I M I E N T O S : . . . P . 4

• E L S I L E N C I O D E L A S J I R A F A S . . . P . 5

• I M P U L S O M O L E C U L A R . . . P . 7

• E L R I T M O D E U N L E N G U A J E S E C R E T O . . P . 1 0

• L A M E M O R I A D E L O O Í D O . . . P . 1 5

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A g r a d e c i m i e n t o s

:

Quiero comenzar por agradecer a mis padres; Gonzalo y Luz Marina por todo el apoyo que han

dado, a mis hermanas; Diana y Laura y mi sobrino Santiago. Agradezco la gran bondad de mi

abuela Alicia y mi abuelo Óscar; por los agradables momentos que compartimos en mi infancia y

que son en parte motor de este trabajo.

Entre mis maestros quiero agradecer a Andrés García la Rotta por esos tiempos de febriles

conversas que en parte dieron rumbo a este trabajo, a Yezid Vergara, Mauricio Duran, Barbara

Santos, Mario Galeano, Eblis Álvarez, y a Enrique Rodríguez.

Entre mis amigos y colegas quiero agradecer a Santiago y Camilo Romero por esos años

haciendo música juntos, y Camilo Campo por compartir conocimientos del sonido conmigo,

Natalia Londoño por esas horas de gratas conversaciones , a Juan Camilo Méndez y Nicolás

Mejía por enseñarme de la música y su esencia. Y a otras personas que se me escapan de la

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E l S i l e n c i o D e L a s J i r a f a s

Recuerdo que cuando era niño me contaron sobre las jirafas; que fueron consideradas los

gigantes mudos del África, que durante mucho tiempo los hombres veían con misterio cómo

levantaban sus largos cuellos, no solo para alcanzar las hojas de los arboles, sino también para

escuchar. Pues había quienes dudaban que en realidad fuesen mudas; parecían comunicarse,

aunque en silencio. De niño imaginaba que tenían poderes telepáticos, o que de alguna manera,

por sus largos cuellos, podrían sentir cosas sucediendo a lo lejos.

Desde tiempos ancestrales el hombre ha tenido cierto tipo de predisposición espiritual hacia

el sonido, una relación entre el alma y el sonido; construía instrumentos con los que imitaba

sonidos de los animales que cazaba, templaba sus pieles en maderas para percutirlas y soplaban

sus flautas para evocar su espíritu en forma de pagamento, como una cuestión de evocación; de

traer a presente un suceso primigenio y fundante de la cosmogonía ancestral (indígena, negra,

griega, etc.). Colombia es un país mestizo donde confluyeron distintas creencias, razas y

expresiones folclóricas, herencia de la sabiduría ancestral, que pasada de mano en mano ha sido

la forma en que los pueblos manifiestan y conservan sus saberes. Yo mismo soy resultado del

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escuchaban mis abuelos cuando me llevaban con ellos a la finca, y otras que fui conociendo con

el pasar del tiempo. Cada vez que volvía a escucharlas, me llenaba de recuerdos, como con esa

canción de J. Villamil que cantaba mi abuela esa tarde mientras me alcanzaba una naranja de un

viejo árbol; la recuerdo bien;

“Lloran; lloran los guaduales Porque también tienen alma”.

Luego, cuando volví a escucharla en la radio, recordé el olor de las naranjas y a mi abuela, y

esos momentos de mi infancia que, de alguna manera, la música hacía más palpables.

Con este trabajo quiero hacer un viaje de sonidos, a través de recuerdos encriptados en el

tiempo, algunos grabados, otros transmitidos de voz a voz, en lugares desconocidos. Sonidos y

músicas que evocan lugares; que invitan a recorrer la memoria de los pueblos. A través de

dispositivos para la visualización de la imagen y el sonido busco crear proyecciones de recuerdos,

de memorias: retratos de la tradición. Máquinas de recuerdos, de imaginarios, en las que, a partir

de sonidos y videos de mi archivo personal, intentaré interpretar y reconstruir recuerdos,

detonadores de sensaciones que partan de la escucha y la observación, para establecer un dialogo

con la sensibilidad de cada quien, y exaltar la importancia de la escucha. Poesías independientes

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que evocan los sonidos espontáneos, cuentos sobre las músicas, retratos de la tradición, poesías

del tiempo y el espacio, historias de un territorio que escribe su memoria con cantos, ritmos y

llantos, melodías de indios con ritmos negros, cabos que atados cuentan historias de un país

mestizo donde los ríos corren salados por las lágrimas de sus pueblos, dolores convertidos en

agua salada que vuelve al mar como a reencontrarse.

I m p u l s o M o l e c u l a r

En el principio era el silencio y del silencio irrumpió el sonido

Cuando era un niño, entre todas las cosas que me interesaban, lo que más llamaba mi atención

era el sonido; sobre todo cuando comencé a descubrir en la música que escuchaban mis abuelos

ese poder casi inminente de transformar el ambiente, de potenciar las vivencias y sensaciones.

Recuerdo las músicas que mi abuela escuchaba en el equipo de la finca a todo volumen, y sus

manos volteando delicadamente los vinilos para escuchar el otro lado del disco. La aguja entraba

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fondo, ese sonido que producen los tocadiscos. Imaginaba el sonido generándose; luego la aguja

interpretando los surcos, y en los surcos el registro de un momento plasmado en vinilo.

La aguja se levantaba y la música se detenía; entonces sentía cómo cambiaban las luces, el

silencio evocaba otras sensaciones, lo envolvía todo, de nuevo se apoderaba del ambiente.

Una de las experiencias más inquietantes era a la hora de dormir; tal vez era la desconcertante

influencia de los muebles de la casa mientras exploraba la intensa oscuridad de la habitación:

cualquier sonido adquiría mucha importancia; la falta de colores me hacía imaginar cosas, darles

formas de animales extraños involucrados en situaciones fantásticas. También podían llegar a ser

signo o presagio cuando tomaban la forma de una bestia, o eran el grito de un ave a lo lejos. El

sonido era como una imagen de la energía. Me alcanzaba sin ayuda de la vista, dibujaba paisajes

posibles.

Escuchamos los sonidos que provocamos como en un diálogo con el mundo que se suscita a

partir de la escucha. Allí, de noche y en silencio, acostado en mi cama, presté más atención, y

comencé a fijarme más en las cosas que oía; en la sonoridad del silencio: el viento moviendo las

ramas de los árboles, haciendo bailar sus hojas por todo el lugar, las frutas retumbando contra el

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alas para atraer a las hembras, los chimbilás y sus sonidos casi inaudibles, los perros

persiguiendo chuchas, y los mosquitos dentro de la habitación.

Un entorno exepcionalmente tranquilo nos coloca en la posicion desde la que podemos oirlo todo

del menor sonido, pero desde la que tambien se nos puede oir en todas partes. El silencio es

entonces como una luz poderoza que nos ilumina. Este silencio nos vuelve vulnerables en cuanto

a los sonidos que producimos. (Chion,1999,p.112)

No se por qué, pero impulsé mi atención hacia cierto sonido ahogado, indefinido y constante

que no había notado antes.. Envolvía a todos los demás como un telón de fondo… entendí que

estaba allí desde siempre, invisible. Tal vez sea el mundo que tiene su propio ruido de fondo,

como los vinilos de mi abuela, o como el mar. John Cage (1981) comenta, en las conversaciones

que sostuvo con Daniel Charles que: “…el sonido ya no es un obstáculo para el silencio, el

silencio ya no sirve de pantalla para el sonido” (p.37.). El sonido surge del silencio quebrando

el tiempo, es oráculo, revelación de un pensamiento que hemos tenido, o de un acontecimiento.

Detrás de cada sonido existe un movimiento, un impulso molecular; energía desplazando átomos.

Cuando esta; se desvanece en el tiempo, y es ambiguo en el espacio; Así es la naturaleza del

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tiempo se le capta y permanece. Es el lenguaje de la naturaleza que se comunica al ritmo de

lenguajes secretos.

E l R i t m o D e U n L e n g u a j e S e c r e t o

El origen, muchas veces indefinido, de muchos sonidos que escuchaba, me ha hecho indagar

en los misterios de la ejecución sonora; ¿por qué hay tantos sonidos?, ¿de dónde vienen?, ¿por

qué producen tales sensaciones? Así fui inocentemente explorando, primero desde las músicas

que oía mi abuela y las clases de física del colegio, a partir de experiencias con ondas: comprendí

la frecuencia y la amplitud, ir a conciertos y exposiciones de arte. Donde tuviera la oportunidad

de conocer algún instrumento o dispositivo raro para producir sonidos, me acercaba para tratar

de entenderlo; en ese camino me encontré con las investigaciones de Michel Chion (1981), que a

propósito de los sonidos misteriosos dice: “los ruidos sagrados son lo que oímos por sí mismos,

que adquieren una existencia independiente de su fuente anecdótica, que parecen existir aparte,

en el aire” (p.173).

Ancestralmente se han establecido relaciones espirituales con el sonido; por ejemplo, el mito

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lira de tal manera que las piedras le seguían espontáneamente y se colocaban en su sitio”

(Wikipedia). Un sonido musical de fuerzas creadoras o destructoras, capaces de derribar murallas.

Al respecto, Rhys Davis (2004) menciona que:

“The device of low frequencies eliciting an emotional response has been used since humans first

tried to understand their place in existence through creative expression. It is the sound made by

ball of lead dropped onto stretched animal skins to signify the intervention of Gods in classical

Geek Tragedy…”1 (p.144)

Algunas historias también hablan de voces que atraen y extravían, de músicos que arrastran y

seducen, de sirenas, faunos, ángeles y serpientes parlanchinas. También se habla del

levantamiento de los tambores Nyahbinghi en Etiopia y Jamaica tras la aparición del

Rastafarismo: el 1-2 del tambor, simbolizando el latido de la tierra, era la forma de entrar en sus

vibraciones. Cuando la música nos coloca en cierto plano espiritual lo que sin duda actúa es una

armonía de movimientos y formas, y no -o solo parcialmente-, el sonido en su materialidad física,

puesto que ese sonido se comunica de manera muy distinta a una u otra persona, según la

      

1 "

El dispositivo de bajas frecuencias para suscitar una respuesta emocional, se ha usado desde que los humanos primero trataron de 

entender su lugar en la existencia a través de la expresión creativa. Es el sonido hecho por la bola de plomo dejada caer en pieles de 

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posición que ocupe en la sala o en la tierra (Chion, 1981). En la India milenaria encontramos la

tradición musical Indostaní, y los raga, (color), que son sistemas melódicos de improvisación

interpretados según la hora del día: cada sonido tiene su tiempo en la duración de un día, y cada

forma se atribuye a un momento específico en la vida; a una edad, o una estación del año

especifica. John Cage. (1981) menciona:

“… la verdad que tiene la teoría hindú del arte: …cierto número de cosas conectadas con las

estaciones: creación, preservación, destrucción, quietud…. Nos enseña que para que haya rasa, es

decir, emoción estética, es preciso que la obra evoque uno de estos modos permanentes de la

emoción” (P.119).

Otro ejemplo de esta relación ancestral son los rituales y ceremonias en Nariño y Carchi, donde

chamanes y sacerdotes, bajo el efecto de sustancias psicotrópicas, entonan cantos, gritos y

susurros para convocar a los espíritus alrededor del ritual. La voz y el canto, copiados de los

animales y de las fuerzas de la naturaleza, permiten al chamán entrar en trance y de esta forma

comunicarse con los espíritus. (Banco de la Republica, 2012). Estos son algunos ejemplos de la

necesidad que el hombre tiene de hilar su propio mundo con el mundo espiritual a través del

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similar a lo divino, es capaz de pasar del mundo físico al espiritual. Sonidos de ancestros

anónimos en grabadores que transportan a lugares perdidos en la memoria cansada, plasmados en

expresiones folclóricas en la mayoría de territorios de Colombia. Cantos que trascienden

generaciones de cantadoras en el Norte del Cauca, o en las costas del pacifico y el Atlántico, y

que entre líneas cuentan historias de pueblos; historias íntimas, cotidianas, no oficiales, que se

dan, no para un aprendizaje sistemático y ordenado, sino que se transmiten de forma sencilla y

popular, anónimas, ya que sus orígenes se pierden en el tiempo, y sobreviven como un virus

generacional. De este modo adquieren un papel importante, porque tienen la capacidad de hacer

comentarios sobre la realidad y el contexto, además de preservar y difundir saberes ancestrales.

Esta ilación de la que hablo más arriba es entonces una predisposición espiritual del hombre

hacia el sonido, que podría registrarse desde aquellos primeros contactos con el ruido de los

arcos de caza y la imitación de los sonidos de los animales que cazaban: el misterio de los

sonidos, de los cuales desconocemos su fuente, cierto peso que ejerce la sabiduría ancestral,

arquetipos reflejados en expresiones folclóricas que varían en cada región y creencia, pero que

encuentran punto de confluencia en la espiritualidad, como la fabricación de instrumentos que

representan dualidades: gaitas machos y hembras en el Magdalena, o tambores que solo tocan

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si cada ser tuviera su sonido y su modo de representación; aspectos que con el tiempo se

convierten en parte importante de la naturaleza sonora de cada territorio, porque, a pesar del

tiempo que pasa después de su concepción, su tradición mantiene vigencia: se trata de los

saberes de un pueblo. Cabe la pena traer la definición que da J. Ocampo L. (1985) sobre el

folclor: “…es una disciplina de las ciencias humanas definida concretamente como ‘la ciencia

del saber popular’. Etimológicamente se deriva de las expresiones inglesas Folk: Pueblo y Lore:

Saber” (p.11). Esas expresiones folclóricas son la herencia de la sabiduría ancestral, que pasada

de mano en mano ha sido la forma en que los pueblos manifiestan y conservan sus saberes.

Saberes que en la actualidad corren el riesgo de desaparecer, pues la tradición se va perdiendo, se

va distorsionando por culpa de los medios de comunicación que les venden su producto a los

jóvenes. Así se genera una interferencia en la percepción de la realidad, en un espacio tiempo

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L a M e m o r i a D e L o O í d o

Los recuerdos de mi abuela poniendo sus vinilos vienen acompañados de sonidos del campo;

además del tocadiscos y el viento, también recuerdo ese olor a campo; a fruta, las aves del

amanecer y las chicharras del atardecer; ahora, cuando vuelvo a oír esas canciones que oía mi

abuela, me transporto a esos recuerdos de nuevo. Los sonidos son detonadores de recuerdos, de

imágenes, de experiencias. Canciones que hablan de lugares y tradiciones que plasmaron un

momento de la historia en una composición, y tienen el poder de transportar la mente a lugares

desconocidos. Dan la sensación de haber estado ahí y brindan una aproximación a la experiencia,

que es diferente cada vez que se reproducen.

Esta idea de reconstruir recuerdos e imágenes perdidas en la memoria se incrustó en mi

mente; luego comencé a explorar formas para detonar recuerdos y emociones mediante

diferentes herramientas audiovisuales que fui conociendo durante la carrera de artes visuales.

Una de las primeras aproximaciones fue un ejercicio donde, partiendo de un mueble (en este caso

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estaba el equipo de mi abuela, el tiempo que había pasado, y lo tangibles que podían ser los

recuerdos cuando los acompañaba un sonido.

Entonces construí Espera (fig.1), una mesa que evocaba el funcionamiento de un reloj de arena2.

En la parte superior de esta, coloqué un monitor que emitía la imagen de mis manos dejando caer

arena entre mis dedos; en la parte inferior puse un parlante sobre el que caía lentamente la arena.

El parlante se sacudía emitiendo sonidos, pero finalmente la arena lo cubría. Al principio el

sonido se filtraba parcialmente, pero luego quedaba silenciando; al final se oía como atrapado.

Su fuente de reproducción fue enterrada en el tiempo (fig.2).

      

2 http://vimeo.com/37685653 

 

(Fig.1) Espera,

Andrés Vélez Mulford.

2010 Boceto

(17)

Uno de los referentes técnicos es Gary Hill, con su obra Mediations (1986), donde presenta una

mirada del lenguaje desde los medios y los medios como el cuerpo decodificador del lenguaje.

En este caso, una voz narra lo que está pasando en la imagen, codificada por medio de un

micrófono, y decodificada en un parlante que Gary Hill va cubriendo de arena; de este modo, su

propia voz se va filtrando.

Aquí comienza una exploración por las relaciones temporales entre imagen y sonido y de la

experiencia sensible en un espacio y tiempo. Los aparatos en funcionamiento, sacados de un

contexto común y llevados a nuevos lugares de representación evocan cierta teatralidad; existe

una escenografía de la espera, del tiempo, de los sonidos que transcurren en él; arquetipos que

organizo; destaco fragmentos del tiempo para evocar el pasar del tiempo, de un tiempo guardado (Fig.2) Espera,

Andrés Vélez Mulford.

2010

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en la memoria. Cuando trabajo con aparatos lo que intento es re significarlos, hacer que jueguen

a favor de una premisa.

Uno de los referentes que quiero traer a cuenta en este punto es Bill Viola, y esta observación

que hace Otto Neumaier sobre su obra en The art of Bill Viola (2004) “…the image becomes

part of the architecture, they exist in space and as a space, In some instances Viola combines

images with objects, using the space to provide a context for meaning” (P.52). Las artes del

tiempo (música, literatura y poesía…) usan el tiempo para evocar el espacio; las artes del espacio

(pintura, escultura y dibujo) usan el espacio para evocar el tiempo; las artes tiempo-espaciales

integran las posibilidades estéticas para brindar experiencias estéticas.

En la actualidad nos enfrentamos al rompimiento de las barreras que impone la velocidad de

la información por la globalización. Hoy en día, las relaciones analógicas entre cuerpo, espacio y

tiempo han sido perturbadas. La interferencia de los medios actuales sobre las relaciones

sensibles del hombre con su entorno hace que se pierda el cuerpo a cuerpo, el cara a cara, la

experiencia del contacto; se pierde nuestra capacidad de recordar y se fortalece nuestra capacidad

de olvidar; la indiferencia hacia el entorno promueve la soledad y sumerge a las personas en una

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sustituyéndolas en unidades de sonido e imagen. Y aunque esta fluidez de la información permita

nuevas formas de comunicación y de experiencias, está codificada y promueve la priorización

del el tiempo sobre espacio; el mundo queda reducido a un espacio virtual, pues el tráfico de

imágenes e información permite recorrerlo en un tiempo antes solo imaginario. Este recorrido

difícilmente podría hacerse por medio de una experiencia sensible, o por la rasa de la que

hablaba Cage. Entonces se hace importante señalar esta perturbación, y bajo esta idea, el 24 de

noviembre de 2011 unos colegas y yo llevamos a cabo 24.11.11 (fig.3,).

Una instalación multimedia en la que desde Bangkok, Tailandia, se trasmitía en video y en directo vía

internet la imagen del amanecer. Esta imagen era proyectada en una pantalla gigante en un espacio público

de Bogotá, en pleno atardecer. Geográficamente Bogotá y Bangkok son ciudades antípodas; es decir,

Bangkok está en el lugar de la superficie terrestre directamente opuesto a Bogotá, el lugar más alejado. (Fig.3) 24.11.11,.

Andrés Vélez Mulford.

2011

(20)

(fig.4) Lo que sucedió fue que el fenómeno lumínico natural del atardecer en Bogotá se fue fundiendo con

el fenómeno artificial de la proyección del amanecer en Bangkok. 3

Esta experiencia brindó a los bogotanos una propuesta de reflexión sobre los medios de comunicación, y

fue una búsqueda para potenciar el acto sensible y social, una invitación a dialogar con la sensibilidad propia

de cada ser, una alternativa para la puesta en marcha de formas de resistencia a la ilusión de un mundo

globalizado. Con este ejercicio ofrecimos una manera diferente de reconocer el espacio que

habitamos y de poner sobre la mesa el espacio virtual que nos brindan las nuevas tecnologías; se

trató de una experiencia que invitaba a reflexionar y generar una modificación momentánea,

tanto en la rutina como en los espacios confluentes, que llevaba a la contemplación: detonadores

      

3 

www.vimeo.com/37687981  

(Fig.4) 24.11.11

Andrés Vélez Mulford.

2011

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de pensamiento, de memoria, de sensación, que por su sentido poético exaltan la existencia del

tiempo, amplían las sensaciones, y de alguna manera ritualizan la mirada y escucha de la

realidad.

Así comencé a explorar otros territorios que me interesaban, que llegaron a mí por medio de

las experiencias sonoras que me brindaban las músicas que desde chico escuchaba en mi entorno

familiar, y que me permitieron crear en mi mente paisajes que algún día soñaba visitar y

escuchar directamente. La emoción estética radica en la escucha (Chion, 1999).

L a P o e s í a D e l A c t o S o n o r o

En la vida he tenido oportunidad de explorar el sonido desde la música de mi familia y los

territorios que he visitado, pero también desde la interpretación de instrumentos y el registro

sonoro, pues desde niño me ha gustado grabar los sonidos para después poder reproducirlos.

Primero fueron los casetes en el equipo de mi casa, en donde con un micrófono grababa voces y

sonidos de juguetes; luego, un computador, grabando los ensayos de mi primera banda con un

micrófono colgado de la lámpara de la sala en la que ensayábamos. Sentarme en mi habitación

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que antes me costaba trabajo, y comenzar a escribir letras y a ordenar en mi mente sonidos que

algún día quería convertir en canciones, inspirado en las músicas de mi país, en las canciones que

escuchaba mi abuela, y en otras más actuales que venían de otros lugares. Quizá los estrechos

límites con la guitarra, o esos sonidos ancestrales de momentos de elevadas exaltaciones

inspiraban el carácter fantástico de mi imaginación, porque en la mística del sonido percibía su

sentido. Estas ideas que circundan mi cabeza son el motor de este proyecto, en el que

reconstruyo paisajes que he grabado con mi cámara en distintos lugares del territorio

Colombiano, como Cundinamarca, el Norte del Cauca, Boyacá y San Andrés. También rescato

grabaciones de audio que he venido haciendo en diferentes sitios, encuentros con la tradición de

algunos lugares que he tenido la oportunidad de visitar, y en ocasiones de registrar. Para estas

máquinas planteo composiciones a partir de sonidos de mi archivo personal, y otros que se han

grabado en mi mente: recuerdos que intentaré interpretar y reconstruir, detonadores de memoria;

de sensaciones que, partiendo de la escucha y la observación, exalten los sentidos y los

recuerdos. Paisajes de atardeceres con sonidos de amaneceres, sonidos antiguos en ritmos nuevos.

Poesías independientes conectando dentro una narración, cuentos sobre las músicas, poesías del

tiempo y el espacio, historias de un territorio que escribe su memoria con cantos, ritmos y llanto,

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de un país mestizo donde los ríos corren salados por las lágrimas de sus pueblos, dolores

convertidos en agua salada que vuelve al mar, como a reencontrarse.

Territorio donde la música se ha convertido en el vehículo para escapar del dolor que dejan

las guerras, para escribir la historia que escucharán las generaciones venideras.

Buscando formas de re significar los medios disponibles para poder recrear los recuerdos. En

2012, como un ejercicio de video instalación, hice un mapping sobre la imagen de un negativo de

35mm. Coloqué frente a la lámpara del Video-beam una lupa, lo que sería una proyección que

cubriría una pared se re significa sobre un negativo de 35mm (fig.5).

(Fig.5) micro proyección. Andrés Vélez Mulford .2012

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Entonces recordé la obra de Bill Viola Migration (1976), y cómo, esa pequeña gota contenía

su imagen que se regeneraba al caer, y un sonido de campanas, y también el llanto que por los

ríos corre hacia el mar, a mi abuela cantando Los Guaduales y el resplandor que adquieren las

luces cuando los ojos se aguan. Como en un sancocho de recuerdos e ideas fui echando a la olla

estos elementos para aproximarme a lo que sería la primera máquina: una imagen de video de un

atardecer entre montañas y unas luces que como sonidos anuncian la llegada de la noche. Esta

imagen es proyectada sobre un negativo de 35mm, (fig.6). frente al cual pequeñas gotas que

caen por una guadua capturan su imagen. Luego, una lupa frente a ellas amplifica de nuevo su

imagen antes de dejarse caer A esta máquina la llamaré Sal (fig.7).

(Fig.6) Bocetos micro proyección

Andrés Vélez Mulford

2013

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A propósito de Migrations, Rhys Davis (2004) habla sobre re significar los sonidos:

“…archetypal sound is used to make the watcher sensitive to the action on screen. Sound is not

confined to the visual frame and therefore enjoys a greater freedom of expression, particularly

when it is contextualized by diegetic elements 4” (P.144.). En la composición de Sal busco

evocar un pasado de recuerdos con tintes de melancolía, y liberación. Lágrimas que se llevan los

dolores y sonidos que recuerdan nuestro lugar en el universo.

La mayoría de las tierras en el Norte del Cauca están sembradas de caña. Esto era lo único que

yo sabía, más algunas otras cosas que supe escuchado las músicas que venían de esta región

(tradición de cantadoras y marimbas). Luego con un documental que estoy haciendo, tuve la

oportunidad de visitar esas tierras y algunas fincas tradicionales que han sabido mantenerse

      

4 

el sonido arquetípico se utiliza para hacer al observador más sensible a la acción en pantalla. El sonido no se limita al marco visual y 

por lo tanto goza de una grandiosa libertad de expresión, sobre todo cuando se contextualiza con elementos diegéticos.  

(26)

dentro de la “mancha verde” (cañaduzales): fincas como la de mis abuelos. Y encontré reflejados

en las costumbres de personas que conocí; muchos recuerdos de infancia, de la finca, las frutas,

la comida. También lo que había imaginado de esos lugares por sus canciones, recuerdos que

estuvieron inertes mucho tiempo, y que luego de compartir un sancocho con alimentos de la

finca detonaron con las poderosas polifonías de los bundes que cantaba un grupo de nueve

cantadoras con quienes tuve la oportunidad de compartir. Eso me abrió las puertas a los sabores

y sonidos de la región en la que estaba (Villa Rica). Aquella tarde, luego de esa experiencia,

quise entrar en los cañaduzales para escucharlos y hacer algunos registros. Lo que sentía era

abrumador: la estreches de los cultivos no dejaba pasar nada de viento; apenas se movían las

puntas de las cañas; el calor era insoportable; el sol, a sus anchas, derrapaba sus rayos por tierras

sin sombra. Una sensación perturbadora que no se parecía a las de mi infancia me invadía, ante

el silencio de la mancha verde, los sonidos se magnificaban, cada ave, cada pisada… Me quedé

mirando en un charco el reflejo del sol; mi imaginación estaba tan exaltada que llegué a

convencerme que la “mancha verde” era casi como un desierto. Y mi mente volvió al África, a la

historia de las jirafas que escuché cuando niño. Las cañas, como jirafas de largos cuellos y

silenciosas. Aunque en realidad emiten sonidos que están fuera del rango audible del hombre.

Estas experiencia se convirtieron en el motor de la segunda máquina, a la que llamaré el

(27)

En ella, la proyección en video de un atardecer en los cañaduzales se refleja en el agua, como en

aquella charca. Su reflejo se proyecta representando sus sonidos, bajo el agua hay un parlante

que reproduce los sonidos; Así el agua, y el reflejo de la imagen, vibren a la intensidad y

frecuencia de sus ondas (fig.9). Una evocación de las sensaciones y recuerdos de esas

experiencias.

(Fig.8) El silencio de las jirafas.

Andrés Vélez Mulford .

2012

 

(Fig.9) Registro El silencio de las jirafas.

Andrés Vélez Mulford, 2014

(28)

Busco reconocer territorios a través del sonido, indagando en los misterios de la ejecución

sonora: explorar la memoria de los lugares, reflejada en los sonidos de los pueblos; una búsqueda

para exponer relaciones espirituales que se le han atribuido al sonido ancestralmente.

En esas noches oscuras en las que los sonidos eran imágenes; imaginarios de fantasía;

bestiarios de los sonidos mas misteriosos; encontré el punto de partida para la máquina número

tres, que lleva como titulo: Rio (Fig.10). Para esta máquina no usé el video; esta es una

composición con sonidos, un relato anacrónico. Un viaje por la memoria de los sonidos, retratos

de la tradición, de memorias a las que accedo aleatoriamente. Se trata de mirada más general del (Fig.9.B) Registro El silencio de las jirafas.

Andrés Vélez Mulford, 2014

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país. De dos parlantes salen dos chorros de agua que caen en una pila con tres rocas, el agua que

envuelve los parlantes antes de caer adquiere; la forma, intensidad y frecuencia de los sonidos

que he elegido para esta composición.

Con estas Máquinas de la memoria quiero brindar una experiencia que intensifique la

conciencia de la importancia de la escucha y la memoria; para sortear la ilusión de un mundo

globalizado y preservar la tradición. Las relaciones que puedan brindan estas experiencias a los

habitantes de una puesta en común, son el valor de este proyecto. Una propuesta de reflexión

sobre los modos de comunicación (escucha, observación) y la memoria, una búsqueda de re (Fig.10) Boceto Rio .

Andrés Vélez Mulford, 2014

(30)

potenciar el acto sensible y social, la construcción de un sentido, un sonido que invite a dialogar

desde la sensibilidad y memoria propia de cada ser.

(Fig.11) registro Rio .

Andrés Vélez Mulford, 2014

(31)

Índice de imágenes:

(Fig.1) Espera, Andrés Vélez Mulford. 2010 Boceto

(Fig.2) Registro Espera. Andrés Vélez Mulford. 2010

(Fig.3) bocetos 24.11.11 Andrés Vélez Mulford (Kepler52b) 2011

(Fig.4) Registro 24.11.11. Andrés Vélez Mulford (Kepler52b) 2011

(Fig.5) Experimento micro proyección. Andrés Vélez Mulford 2012

(Fig.6) Bocetos experimentos micro proyección Andrés Vélez Mulford 2013

(Fig.7) Boceto Sal, Andrés Vélez Mulford 2014

(Fig.8) Boceto El silencio de las jirafas. Andrés Vélez Mulford, 2014

(Fig.9) Registro El silencio de las jirafas. Andrés Vélez Mulford, 2014

(Fig.9.B) Registro MUESTRA El silencio de las jirafas. Andrés Vélez Mulford, 2014

(Fig.10) Boceto Rio Suena. Andrés Vélez Mulford, 2014

(32)

Referencias:

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