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Guerra de los Siete Años

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Guerra de los Siete Años

Se denomina Guerra de los Siete Años a la serie de conflictos internacionales desarrollados entre 1756 y 1763, para establecer el control sobre Silesia y por la supremacía colonial en América del Norte e India. Tomaron parte por un lado Prusia, Hannover y Gran Bretaña, junto a sus colonias americanas y su aliado Portugal tiempo más tarde; y por otra parte Sajonia, Austria, Francia, Rusia, Suecia y España, esta última a partir de 1761. Se producía un cambio de coaliciones con respecto a la Guerra de Sucesión Austriaca si bien el conflicto de Silesia y la pugna francobritánica siguen siendo las claves.

Memorial de la Guerra de los Siete Años en Krefeld (Renania del Norte-Westfalia) Aumentar

Memorial de la Guerra de los Siete Años en Krefeld (Renania del Norte-Westfalia) * 1 Frente Europeo

* 2 Frente Americano * 3 Frente Indio

* 4 Tratado de París (1763)

Frente Europeo

La Casa de Austria decidió recuperar Silesia, que estaba en poder de Prusia tras el Tratado de Aquisgrán (1748) que había puesto fin a la Guerra de Sucesión Austriaca. Esta acción por parte de Austria se considera el detonante de la guerra de los Siete Años. María Teresa I contó con el apoyo de Sajonia, Rusia, Suecia y Francia, con el fin de declarar la guerra a Prusia y Gran Bretaña.

Prusia estaba rodeada por enemigos, y ante la certeza de que sería atacado, el rey Federico II el Grande decidió adelantárseles. En otoño de 1756, sin previa declaración de guerra, el ejército prusiano invadió Sajonia y ocupó el territorio; luego penetró en Bohemia, pero fue vencido por los austriacos en la batalla de Kolin; por esta causa, se vio obligado a abandonar ese país. Alentados por el éxito, los enemigos de Prusia lanzaron sus ejércitos para destruirla; sin embargo, Federico demostró su genio militar y superó la crítica situación con tres brillantes victorias. La primera en Rossbach (5 de noviembre de 1757) sobre un poderoso ejército francés que avanzaba por territorio sajón, la segunda frente a los austriacos en Leuthen (Silesia), el 5 de diciembre de ese año, y la tercera al año siguiente (1758), en Zorndorf. A partir de ese año (1758) y hasta el fin de las hostilidades, Federico (atacado desde varios frentes) debió adoptar una táctica defensiva, que le resultó costosa y llena de peligros. Los rusos unieron sus fuerzas con los austriacos y ambos ejércitos derrotaron al rey prusiano en Kunersdorf, cerca de Francfort (12 de agosto de 1759). Allí sufrió el más grave revés de su vida militar. Sin embargo, los aliados no supieron aprovechar ese triunfo, porque estaban agotados y carecían de unidad de mando; demoraron en avanzar, error que utilizó Federico para rehacer sus fuerzas y obtener, al año siguiente, dos triunfos sobre los austriacos: Liegnitz (Silesia) y Torgau (Sajonia).

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emperatriz de Rusia, su sucesor, Pedro III, que admiraba a Federico, firmó un tratado de paz, que también fue apoyado por la sucesora de éste, Catalina.

Frente Americano

En América del Norte, Francia se encontraba en retroceso tras haber cedido en 1748 la fortaleza de Luisburgo en la Isla de Cabo Bretón a cambio de Madrás. La guerra

comenzó en 1754. La rivalidad colonial entre Francia y Gran Bretaña se debía al control de las zonas peleteras, la disputa por las tierras situadas al oeste de los montes

Apalaches y los derechos de pesca en Terranova. Francia quería frenar la expansión inglesa hacia el oeste, mediante la construcción de una cadena de fuertes, entre sus territorios canadienses y Nueva Orleans. En los primeros años logró acumular varias victorias, pero en 1757, William Pitt (el Viejo), puso al general británico James Wolfe al mando de las tropas en América. Como consecuencia en 1759 conquistaron Quebec y al año siguiente capituló Montreal. Los británicos habían conquistado todo el Canadá francés.

Con respecto a España, Inglaterra había aumentado los agravios de modo considerable: apresamiento arbitrario de buques españoles, establecimiento en Honduras para la corta del palo cambeche o el aumento del contrabando entre otros. El Gobierno de Carlos III pese a que inicialmente se había mostrado partidario de mediar entre ambas potencias, no tuvo otra salida que buscar el acuerdo con Francia ante la necesidad de defenderse de la agresividad británica. Se iniciaron, pues, conversaciones entre las 2 potencias en pro de una alianza permanente en busca de la seguridad en América; España pensaba posponerla hasta el momento de la paz; sin embargo, el ministro francés Choiseul supo maniobrar con gran habilidad para conseguir también la intervención bélica.

Tras los acontecimientos en el Quebec y ante el hostigamiento de Inglaterra al comercio y la seguridad española en América, 2 fueron pues los factores que acabaron por

empujar a Madrid hacia la alianza con Versalles: la negativa británica a atender ninguna de las reclamaciones planteadas por España y la ruptura definitiva del equilibrio

americano que parecía avecinarse si Francia salía completamente derrotada del conflicto. Bajo estas premisas se firmó el Tercer Pacto de Familia (17-8-1761), muy distinto de los anteriores en sus objetivos más profundos, pero con un común

denominador, ser una alianza frente a la poderosa Inglaterra. La firma arrastró, por tanto, a España a una guerra para la que no estaba preparada y en la que, ya de entrada, se unía al lado perdedor; quizá se vio obligada por las circunstancias, pero esta

participación al final en las hostilidades no puede ser considerada más que como un error.

Entre 1761 y 1762 España ocupó el norte de Portugal, el eterno aliado de Inglaterra, y ocupó por enésima vez la controvertida Colonia del Sacramento. A pesar de estos éxitos iniciales la evolución de los sucesos militares fue contraria a la Monarquía española; en este sentido hay que señalar las importantes pérdidas que se produjeron en 1762, cuando 2 escuadras británicas se apoderaron, respectivamente, de La Habana y Manila.

Frente Indio

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frenar la expansión francesa en India, por este motivo apoyaba a los príncipes indios que se rebelaban contra Francia. En el transcurso de la guerra (1756 - 1763) los

franceses tomaron Calcuta. Por su parte Luis XV deseaba una paz rápida con Inglaterra por lo que prácticamente abandonó a Joseph François Dupleix y a la obra desarrollada por éste en la India. No sólo no consiguió su objetivo sino que Inglaterra se precipitó además sobre las posesiones americanas de Francia. El militar británico Robert Clive logró derrotar a Francia en numerosas batallas inscritas en el contexto de las

denominadas guerras de Carnatic. De esta manera Inglaterra se hacía con el Imperio Indio iniciado por Francia.

Tratado de París (1763)

La guerra de los Siete Años terminó en 1763. El 10 de febrero, el Tratado de París fue firmado por el duque Choiseul, el marqués de Grimaldi y el duque de Bedford. William Pitt se había empecinado en mantener vivo el conflicto hasta lograr el aniquilamiento de la fuerzas de Francia.

Los tratados de paz que pusieron fin a la guerra de los Siete Años, representan una victoria para Gran Bretaña y Prusia, y para Francia, la pérdida de la mayor parte de sus posesiones en América y Asia. Los cambios territoriales acordados fueron los

siguientes:

* Inglaterra: Obtiene de Francia el Senegal y las posesiones en la India a excepción de Mahé, Yanaon, Pondicherry, Karikal y Chandernagor, que conservaría hasta bien entrado el siglo XX. En América recibe todos los territorios franceses en el Canadá, los territorios al este del Mississippi y al oeste de los Apalaches (excepto Nueva Orleans), Dominica, Granada, San Vicente y Tobago. Los franceses también son obligados a evacuar la isla de Menorca, ocupada durante la contienda a los ingleses, que la dominaban desde la Guerra de la Sucesión Española.

De España recibe la Florida Occidental y Oriental a cambio de que retire las tropas estacionadas en Filipinas y Cuba, y consigue el derecho de libre navegación por el Mississipi.

* España: Por el Tratado de Fointanebleau de 1762, Francia le entrega la Luisiana al oeste del Mississippi, incluida su capital, Nueva Orleans.

* Portugal: España evacúa el norte del país y la controvertida Colonia del Sacramento, ocupados durante la guerra.

* Francia: Además de las 5 plazas indias mencionadas, se le permite conservar la isla de Gorée y San Pedro y Miquelón. Gran Bretaña le devuelve Guadalupe y Martinica y reconoce sus derechos sobre la pesca en Terranova.

El 15 de febrero se firmó el Tratado de Hubertusburg, que confirmó a Silesia como posesión prusiana y convirtiendo a esta última en potencia europea.

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la colonia principal francesa del Caribe, Puerto Príncipe (Haití), produce la mitad del azúcar consumido en todo el mundo, y su comercio con África y las Antillas está en pleno apogeo.

Guerra de los Siete Años La guerra

Las negociaciones Las paces

En los años siguientes al Tratado de Aquisgrán fue mucho más evidente que había sido una simple pausa y cómo las potencias estaban en bandos concretos no por

convencimiento, sino por la coyuntura internacional. Los desacuerdos manifestados en 1748, junto con el rencor por los resultados, originaron la gran crisis diplomática conocida por la inversión de alianzas. Mientras María Teresa, muy descontenta por las cesiones, pretendía recobrar Silesia, la pugna colonial continuaba sin descanso. Por tanto, los cambios diplomáticos se debieron a propósitos de todos los Estados, plasmados en acciones simultáneas según se producían los acontecimientos. Francia constituía una pieza clave en este juego de intereses, su amistad con Austria

desaconsejable, pues las cortes de Viena, Berlín y Londres mermaron su influencia en las redes diplomáticas. Y existía el peligro de aislamiento por la mala gestión de los asuntos exteriores por su cancillería. Ante tal situación debía parar el expansionismo ruso, recortar el prestigio de los Habsburgo en el Imperio y relegar al segundo plano el papel de Gran Bretaña en Europa y Ultramar. Caja de resonancia de las discordias europeas, las fricciones coloniales no cesaron con la firma de la paz y el tratado de 1748 parecía lejano y sin validez, consecuencia de las negociaciones diplomáticas ajenas a los asuntos comerciales en las propias áreas de intercambio. Cualquier combinación de alianzas tendría un efecto eco a escala mundial. De manera casi unánime se ha establecido que el principio de las mutaciones estuvo en el acuerdo británico-ruso de septiembre de 1755, por el que Rusia manifestaba su oposición a Prusia por medio de un acercamiento al bando enemigo. Jorge II también buscaba desde el fin de la

contienda austríaca una garantía militar para Hannover e inició un fructífero diálogo con María Teresa. Fue entonces cuando Newcastle se dirigió a Rusia, la otra potencia en el Este, y firmó el Tratado de San Petersburgo. La seguridad del Electorado implicaba la invasión por Rusia de Prusia oriental en caso de conflicto con Gran Bretaña. Este acercamiento tampoco afectaba a la amistad con Austria, muy al contrario, completaba la red diplomática. Federico II, que había rechazado las propuestas de Londres un año antes porque se hallaba en conversaciones para la renovación de la alianza con Luis XV, se apresuró a ofrecer cuantas garantías deseara el Reino Unido si quedaban

salvaguardados sus Estados frente a la intervención de la zarina Isabel. Las

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amistad franco-austríaca, venció las resistencias y se ganó al monarca tras el ataque británico en Norteamérica. Firmado en mayo de 1756, el primer Tratado de Versalles era una alianza defensiva con Austria en caso de agresión de un tercero. Todo el acuerdo estaba revestido de una apariencia de neutralidad, ya que la tradicional

enemistad entre ambos países imposibilitaba mayores compromisos, pero Kaunitz logró completarlo con un pacto secreto de socorro militar cuando existiera asalto por algún aliado de los británicos. Era la base para el principal objetivo de la diplomacia vienesa: una coalición contra sus enemigos. No sólo quedaron turbadas las conexiones entre las potencias europeas, sino también las mantenidas entre la Sublime Puerta y Francia, ignoradas en el tratado. ¿No eran de esperar serios problemas en la frontera oriental ahora que existía una colaboración entre los antiguos antagonistas? Pero los recelos provenían del acercamiento francés a Rusia, confirmado en el pacto de noviembre de 1756, donde junto a los aspectos militares estaban los puntos comerciales, lo que demostraba la profundidad de las nuevas relaciones. El sultán, desconfiando de las intenciones francesas por la declaración sobre la libre disposición de todos los edificios de los Santos Lugares, se aproximó a Prusia, que creó una embajada permanente en la capital turca. Versalles adoptó una postura conciliadora, a pesar de las múltiples fricciones, en especial por motivos económicos, para eludir una guerra directa y mantener su influencia en la zona de cara a Austria y Rusia. Los cambios de alianzas eran demasiado precarios como para seguir una línea diplomática definida y nunca romperían los valiosos lazos con Estambul, pieza clave del área oriental.

La guerra

A pesar del acuerdo británico-prusiano, Federico II se sentía en una posición de

inferioridad y quiso anticiparse a un ataque combinado ruso-austriaco e invadió Sajonia en agosto de 1756, tomó Dresde, sitió Pirna e incorporó a su ejército las fuerzas sajonas cuando Augusto III pasó a Polonia. Kaunitz explotó esta acción para dar forma a la ansiada coalición, que coincidió con el cese de los ministros franceses antivieneses. En mayo de 1757 se firmaba el segundo Tratado de Versalles, con carácter ofensivo, que incluía un posible reparto de Prusia entre los príncipes alemanes, subsidios para Austria y la participación, casi altruista, militar y económica dé Francia, pues sólo contaba con la promesa de algunas compensaciones en los Países Bajos, convertibles en principados para don Felipe cuando la archiduquesa recuperase Silesia. La diplomacia versallesca buscaba la derrota prusiana, para, después, continuar la guerra únicamente con Gran Bretaña. La liga austro-francesa había logrado el compromiso de los príncipes

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fuerzas del Reino Unido capitularon en Klosterseven, en septiembre de 1757, y se comprometieron a la retirada del conflicto, suceso humillante para el gabinete de Pitt. Federico II luchaba con los rusos en el Este, donde volvió a sufrir la derrota de

Jaegersdorf; con los austriacos en el Sur, con los suecos en el Norte, ya desembarcados en Pomerania, y con los franceses en el Oeste, que avanzaban para atacar la retaguardia prusiana. La guerra estaba en manos de Berlín, que no cejaba en su empeño por

conservar los subsidios británicos, mantener en Westfalia los batallones de Fernando de Brunswick y animar a Pitt a una invasión de las costas francesas, para que se vieran obligados a la retirada de sus tropas del escenario alemán. Sin embargo, Federico II demostró de nuevo su genio militar y convirtió en sus mejores aliados a los

incompetentes mandos del adversario. Tras el rechazo de las ofertas de paz por Francia, con la utilización de una táctica inesperada cambió el curso bélico con la famosa

victoria de Rossbach contra los franco-alemanes, en noviembre de 1757, y poco después frente a los austriacos en Leuthen. Pero estas batallas sólo representaron un respiro, porque sus enemigos le aventajaban en número de soldados, sus ejércitos habían sido mermados y padecían el azote de las enfermedades, los suecos persistían en la toma de Pomerania y, finalmente, fue derrotado por los austriacos en Hochkirth, en octubre de 1758. Los temores prusianos ante las consecuencias de la unión de las fuerzas rusas y austríacas se materializaron en el revés más cruento de la guerra: la batalla de

Kunersdorv, en agosto de 1759. Berlín sólo se salvó por la falta de consenso y

coordinación entre los coaliados, en especial por el repliegue de los rusos hacia Polonia, debido a problemas internos; no obstante, Sajonia fue ocupada por los austriacos. Federico II reaccionó y persiguió a los vencedores hasta las derrotas de Liegnitz y Torgau, en 1760. Los fracasos militares provocaron la caída de Bernis y el optimismo derivado de los éxitos iniciales dejó paso al pesimismo motivado por la indignación ante los desastres, aún más acusado cuanto la opinión pública no quería el enfrentamiento ni la alianza con Viena. Desprovistos de figuras castrenses de importancia, nunca

recuperaron el suficiente protagonismo en los campos de batalla y tampoco lograron la devolución de los territorios perdidos en Hannover, objetivo primordial y casi único junto a ello, la retirada del respaldo político y el giro de actitud de Choiseul confirmaron el papel secundario de Francia en las disputas internacionales. Al mismo tiempo, el gobierno Newcastle-Pitt, tras la capitulación de Klosterseven, se acercó a Prusia con la firma de un tratado económico, en abril de 1758, donde se estipulaba la entrega regular de subsidios que le permitieron a Federico II el mantenimiento de su ejército en

Alemania. Fernando de Brunswick tomó el mando de los batallones alemanes y

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beneficio de los coaligados. Todos se quejaban contra Londres y su política a favor de los corsarios, si bien las críticas acusaban, sobre todo, su interpretación de los derechos de neutralidad cuando declaraba que los productos enemigos no se consideraban libres en barcos neutrales y estaba prohibido el comercio con un beligerante si no existía con anterioridad. No se logró la ansiada federación y las discrepancias se trataron de manera particular, aunque también Pitt estableció ciertas correcciones en las islas para no aumentar los descontentos. Mientras que en Europa el conflicto se mantenía más o menos equilibrado, en las colonias pronto tomó un giro favorable a los británicos. La administración de Dupleix tuvo excelentes resultados con la ampliación del

protectorado francés a extensos y ricos territorios, como la costa del Dekan, y la

ampliación sin trabas del monopolio comercial. Poco antes del estallido de la guerra, las compañías llegaron a un acuerdo para limar las fricciones por el Tratado de Godeheu, en diciembre de 1755, donde Francia hacía las mayores concesiones y mostraba sus deseos de colaboración. Pero la desventaja inicial inglesa fue rápidamente

contrarrestada por Robert Clive, que venció a los indígenas en la batalla de Plassey, en 1757, y condujo la ofensiva en el Dekan al año siguiente, justo cuando Versalles concentraba sus esfuerzos en la pugna continental. Las escasas tropas enviadas al mando del conde de Lally no eran suficientes. Sin demasiados medios y con el rencor de la población por su actitud hostil, fracasó en todas las campañas iniciadas, al tiempo que los británicos reforzaban la flota y los ejércitos y se ganaban a los príncipes hindúes por medio de embajadas diplomáticas. Sitiado en Pondichery, Lally capituló en enero de 1761, y la última factoría, Mahé, caía en febrero. Los franceses eran expulsados de Bengala. Durante las hostilidades en Norteamérica existió una evidente desproporción de fuerzas. La pronta superioridad británica aumentó con los continuos refuerzos en hombres y dinero llegados de la metrópoli, donde la opinión pública apoyaba cualquier medida que defendiese la actividad comercial. Por otro lado, los proyectos americanos de Francia quedaron inconclusos por la crisis financiera y la falta de respaldo de la población y de la corte en general. Versalles pronto se comprometió demasiado en la guerra europea y no proporcionó suficientes efectivos y apoyo financiero. El ejército llegó en 1755 al mando del marqués de Montcalm, genio militar, que consiguió,

rápidamente, importantes victorias, como la conquista de los fuertes Oswego y William Henry, y derrotó a los británicos en la batalla de Fort Carrillon, cuando se dirigían a Montreal. Pero en 1758 los contingentes estaban agotados, el peligro aumentaba y la falta de recursos acababa con cualquier posibilidad de recuperación. Entonces, Pitt organizó una ofensiva por mar, con la consiguiente caída de Luisburgo en manos de Boscawen, y por tierra, con el ataque en el Ontario, la victoria de Frontenac, la marcha por el Valle de Ohío y la toma de Fuerte Duquesne. En 1759, Montcalm reagrupó sus fuerzas a lo largo del San Lorenzo, pero no pudo impedir la conquista de Quebec, donde murió, y de Montreal. El gobernador Vaudrevil capitulaba en septiembre de 1760, con la pérdida para Francia de Canadá. Similares problemas existían para los franceses en las Antillas con la ruina del monopolio comercial por los fracasos de la armada, la oposición enemiga y el rechazo de los propios colonos.

Las negociaciones

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subida al trono de Jorge III las diferencias se habían suavizado con Carlos III, pero Pitt, contrario a cualquier política de acercamiento, provocó la ruptura con España en junio de 1761 y la firma del tercer Pacto de Familia en agosto. Aquí, Luis XV anteponía las reclamaciones españolas a los intereses franceses en las relaciones internacionales, mientras que Carlos III prometía la declaración de guerra a Gran Bretaña a cambio de la devolución de Menorca. Rotas las negociaciones en enero de 1762, Londres y Madrid volvían a las hostilidades, cuyas consecuencias no se hicieron esperar: los británicos capturaban Cuba y Filipinas a España, al tiempo que los franceses perdían numerosas islas americanas, como Martinica, Granada y Santa Lucía. Evidentemente, los desastres marítimos restaron muchas posibilidades a los Borbones en las conversaciones de paz. Pitt y Jorge III se enfrentaron por los asuntos españoles y dimitió, siendo sustituido por Bute, y con ello acabó la ayuda a Prusia. La muerte de la zarina Isabel, en enero de 1762, benefició a Federico II. El nuevo zar, Pedro III, natural de Holstein, provocó una inversión de alianzas y el cese de los combates, porque admiraba al rey de Prusia y su genio militar. Llamó a los ejércitos de Silesia, devolvió Prusia oriental y firmó el tratado de mayo de 1762 para la segregación de Austria y Dinamarca. El respaldo de Pedro III con la cesión de parte de sus soldados, envalentonó a Federico II y reinició las

actuaciones bélicas en contra de los deseos de su aliado, lo que supuso la ruptura con Londres en abril de 1762. Sin embargo, el asesinato del zar y la sucesión de Catalina II desbarataron los planes prusianos, a pesar de los éxitos conseguidos en los campos de batalla. El acercamiento en busca de la paz entre París y Londres no era bien visto en Viena, pero ante el temor de quedarse sola frente a Prusia impulsaba las conversaciones, pues ya se había resignado, dada la actitud de la nueva zarina, a la pérdida de Silesia, que quedaría compensada con la posesión de los Países Bajos, prometidos a Francia a cambio de su ayuda para derrotar a Federico II. Contra todo pronóstico, ciertos

acontecimientos inesperados favorecieron la consecución de la paz. Suecia, analizado su aislamiento, firmó un pacto con Federico y restituyó la Pomerania prusiana. Catalina II, rechazando parte de los compromisos adquiridos por su antecesor, se declaró neutral en el conflicto austro-prusiano. María Teresa pidió la paz a Berlín y Versalles presionó a Carlos III para que aceptase las condiciones británicas tras las graves derrotas navales, y hasta ofreció compensaciones para su entrada en las negociaciones. Gran Bretaña, agotada, sin aliados y regida por el pacifista Jorge III, poco preocupado por Hannover, firmó con Francia los Preliminares de Fontainebleau, en noviembre de 1762, ratificados por el Parlamento.

Las paces

Fruto de dilatados y difíciles encuentros diplomáticos, en febrero de 1763 se concertaron los acuerdos que pusieron fin a la Guerra de los Siete Años. El 10 de febrero concluyó el Tratado de París entre Gran Bretaña, Francia, España y Portugal, donde destacaban los siguientes puntos: - Gran Bretaña conseguía en América toda Canadá, las islas y costa en el golfo y río San Lorenzo, el territorio al este del

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fortificarlas, situadas en Bengala, Costa de Coromandel y Costa Malabar. En Europa le fue devuelta Belle-Isle, prometía la desmantelación de Dunkerque y se retiraba de Hesse, Brunswick y Hannover, aliados de Gran Bretaña. - Portugal conservó la colonia de Sacramento. - España recobró Cuba y Filipinas y obtenía la Luisiana occidental, compensación francesa por la pérdida de Florida. No pocas consecuencias se derivaron del tratado. En primer lugar, Gran Bretaña fue la indiscutible vencedora y confirmaba la consideración de potencia gracias a sus posesiones ultramarinas, si bien los ingleses pensaban que se hubieran podido obtener más ventajas si no se hubiesen atendido las demandas internacionales. En segundo lugar, Francia fue la gran derrotada y

contemplaba su declive marítimo y colonial, aunque conservaba enclaves comerciales esenciales. Evidentemente, las cláusulas económicas tuvieron mayor consideración que las dedicadas a las pérdidas territoriales; de ahí que Choiseul atendiese de forma

especial al ejército y la armada y orientase las relaciones exteriores a consolidar la alianza con España. En tercer lugar, se ratificaban los puntos básicos del Tratado de Aquisgrán. En cuarto lugar, España no quedó completamente aniquilada y vislumbraba una aproximación a Francia con el fin de detentar el protagonismo colonial frente a Londres. En quinto lugar, el tratado era la evidencia de que Prusia había vencido a los Habsburgo. Augusto III fue aceptado como mediador en las conversaciones del resto de los beligerantes, y el 15 de febrero de 1763 se firmó el Tratado de Hubertsburgo entre Austria, Prusia y Sajonia. Significaba la vuelta a la situación existente en 1748. Cabe destacar: - Prusia retenía definitivamente Silesia y Glatz. - Federico II prometía el voto a José Habsburgo en la elección imperial. - Augusto III recuperaba Sajonia. - María Teresa admitía la evacuación francesa de Cleves, Gerder y Mörs, territorios renanos de Federico II. La Guerra de los Siete Años despertó rencores y apenas significó

modificaciones territoriales, ya que unas paces aisladas no podían concluir

definitivamente una guerra de coalición, a pesar de la evidente influencia en el campo de las relaciones internacionales. Gran Bretaña aparecía ahora como la nación

hegemónica, sobre todo en los mares. Rusia, no incluida en los tratados por la retirada del conflicto, consagró su posición en los foros diplomáticos. Austria y Prusia fueron defraudadas y se consideraron peones de las potencias mayores, en especial Gran Bretaña. Federico II reafirmó su potencia militar, lo que supuso unas malas relaciones con el resto de los países ante el temor de nuevos conflictos. Francia conservó cierta preeminencia, pero su posición había quedado relegada con respecto al Reino Unido y sin posibilidades de recuperación por la desidia real y los problemas interiores, en especial los financieros. España sólo despertaba preocupación en Londres por el Pacto de Familia, ya que el peligro Borbón no había desaparecido para Gran Bretaña. Por último, el compromiso anglo-francés de no prestar ayuda a sus aliados europeos, les alejó de las disputas continentales y la dirección de la diplomacia pasó a Austria, Rusia y Prusia. No se esperaba un largo período de paz. Pronto, la política europea estuvo mediatizada por cuatro problemas fundamentales: la rivalidad anglo-francesa en Ultramar, la situación polaca, las disputas alemanas y los problemas orientales. La conexión de todos ellos hizo bascular el centro de interés internacional hacia el Este. Las potencias occidentales dejaron de dirigir los acontecimientos continentales y los Estados orientales no intervinieron en las colonias.

Guerra de los Siete Años

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Serie de conflictos internacionales desarrollados entre 1756 y 1763, para establecer el control sobre Silesia, y la supremacía colonial en América del Norte e India. Tomaron parte Prusia, Hannover y Gran Bretaña (y sus colonias americanas) por una parte y por otra Sajonia, Austria, Francia, Rusia, Suecia y España.

1 Frente Europeo 2 Frente Americano 3 Frente Indio

4 Tratado de París (1763) Frente Europeo

La Casa de Austria decidio recuperar Silesia, que estaba en poder de Prusia tras el Tratado de Aquisgrán (1748) que había puesto fin a la Guerra de Sucesión Austriaca. Esta acción por parte de Austria se considera el detonante de la guerra de los Siete Años. María Teresa I contó con el apoyo de Sajonia, Rusia, Suecia, España y Francia, con el fin de declarar la guerra a Prusia y Gran Bretaña.

Federico II de Prusia inició hostilidades, apoderandose de Sajonia en 1756. La primera mitad de la guerra, favoreció a los prusianos, que derrotaron a los franceses en

Rossbach, a los austriacos en Leuthen, y a los rusos en Zorndorf (1758), pero cuando Suecia entró en la guerra, el conflicto prometía voltearse contra Federico.

En 1759, Prusia Oriental estaba en poder de los rusos que habían tomado Berlín. Sin embargo, de manera sorpresiva Gran Bretaña y de Hannover vencieron a Francia, además se dio la retirada de la guerra de Rusia y Suecia (1762), debido a que, a la muerte de la emperatriz de Rusia, su sucesor, Pedro III, que admiraba a Federico, firmó un tratado de paz, que también fue apoyado por la sucesora de este, Catalina II de Rusia. Frente Americano

En América del Norte, la guerra comenzó en 1754. La rivalidad colonial entre Francia y Gran Bretaña se debía al control de las factorías de pieles, a la disputa por las tierras situadas al oeste de los montes Apalaches y los derechos de pesca en Terranova. Francia quería frenar la expanción inglesa hacia el oeste, mediante la construcción de una cadena de fuertes, entre sus territorios canadienses y Nueva Orleans. En los primeros años logró acumular varias victorias, pero en 1757, William Pitt el Viejo, puso al general británico James Wolfe al mando de las tropas en América. Como consecuencia hacia 1760, los británicos habían conquistado todo el Canadá francés.

Frente Indio

La United Company quería frenar la expansión francesa en India, por este motivo apoyaba a los príncipes indios que se rebelaban contra Francia. Por su parte Luis XV deseaba una paz rápida con Inglaterra por lo que prácticamente abandonó a Joseph François Dupleix y a la obra desarrollada por este en la India. No sólo no consiguió una paz rápida sino que Inglaterra se precipitó además sobre las posesiones americanas de Francia. El militar británico Robert Clive logró derrotar a Francia en numerosas batallas inscritas en el contexto de las denominadas guerras de Carnatic. De esta manera

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Tratado de París (1763)

La guerra de los Siete Años terminó en 1763. El 10 de febrero, el Tratado de París fue firmado por el duque Choiseul, el marqués de Grimaldi y el duque de Bedford. William Pitt se habia empecinado en mantener vivo el conflicto hasta lograr el aniquilamiento de la fuerzas de Francia. Los tratados de paz que pusieron fin a la 'guerra de los Siete Años, representan una victoria para Gran Bretaña y Prusia, y para Francia, la pérdida de la mayor parte de sus posesiones en América y Asia. La firma de la paz tuvo las siguientes implicaciones:

* Francia concede a Inglaterra el Senegal, así como sus posesiones en la India a excepción de cinco plazas. En América le cede Canadá, los territorios al este del Misisipi (excepto Nueva Orleáns), Cabo Bretón, Dominica, Granada, San Vicente y Tobago.

* Inglaterra obtiene de España la Florida, las colonias al este y sureste del Misisipi y Menorca. España obtiene de Inglaterra la devolución de Cuba y Filipinas y de Francia la Luisiana.

* Francia, conserva la Isla de Gorée, los derechos de pesca en las costas de Terranova y las islas de San Pedro y Miquelón. Inglaterra le devuelve Guadalupe y Martinica. * Portugal obtiene de España la devolución de la Colonia del Sacramento. El 15 de febrero se firmó el Tratado de Hubertusburg que confirmó a Silesia como posesión prusiana y convirtiendo a esta última en potencia europea.

(Primera versión del artículo: Wikipedia en español

Referencias

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