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Análisis de los determinantes cognitivos que subyacen a la conducta de consumo intensivo de alcohol en jóvenes utilizando como marco de referencia la Teoría de la Conducta Planificada

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(1)

ANÁLISIS DE LOS DETERMINANTES COGNITIVOS QUE

SUBYACEN A LA CONDUCTA DE CONSUMO INTENSIVO

DE ALCOHOL EN JÓVENES UTILIZANDO COMO MARCO

DE REFERENCIA LA TEORÍA DE LA CONDUCTA

PLANIFICADA.

JOSÉ ANTONIO GIMÉNEZ COSTA

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA

Servei de Publicacions

(2)

-

Dra. María Vicenta Mestre Escrivá

-

Dr. Fernando Cadaveira Mahía

-

Dr. José Antonio García del Castillo Rodríguez

-

Dra. Carmen López Sánchez

-

Dra. Silvia Font Mayolas

Va ser dirigida per:

Dra. Mª Teresa Cortés Tomás

©Copyright: Servei de Publicacions

José Antonio Giménez Costa

Dipòsit legal: V-486-2012

I.S.B.N.: 978-84-370-8211-0

Edita: Universitat de València

Servei de Publicacions

C/ Arts Gràfiques, 13 baix

46010 València

(3)

Facultat de Psicologia

Departament de Psicologia Bàsica

Análisis de los determinantes cognitivos que

subyacen a la conducta de Consumo

Intensivo de Alcohol en jóvenes utilizando

como marco de referencia la Teoría de la

Conducta Planificada

TESIS DOCTORAL

Presentada por:

José Antonio Giménez Costa

Dirigida por:

María Teresa Cortés Tomás

(4)

-

You're late.

-

A wizard is never late, Frodo Baggins. Nor is he early. He

arrives precisely when he means to.

(5)
(6)

Al finalizar un trabajo tan arduo y lleno de dificultades como el desarrollo

de una tesis doctoral es inevitable que te asalte un muy humano egocentrismo que

te lleva a concentrar la mayor parte del mérito en el aporte que has hecho. Sin

embargo, el análisis objetivo te muestra inmediatamente que ese aporte hubiese

sido imposible sin la participación de personas e instituciones que han facilitado

las cosas para que este trabajo llegue a un feliz término. Por ello, es para mí un

verdadero placer utilizar este espacio para ser justo y consecuente con ellas,

expresándoles mis agradecimientos.

Debo agradecer de manera muy especial y sincera a la Profesora Dra.

Maite Cortés Tomás por aceptarme para realizar esta tesis doctoral bajo su

dirección. Su apoyo y confianza en mi trabajo y su capacidad para guiar mis ideas

ha sido un aporte inestimable, no solamente en el desarrollo de este proyecto, sino

también en mi formación como investigador. Su orientación y rigurosidad han

sido la clave del buen trabajo que hemos realizado juntos, el cual no se puede

concebir sin su siempre oportuna y acertada participación. Además es imposible

no destacar su continua paciencia, esfuerzo y dedicación, su ayuda desinteresada,

y su disponibilidad que va más allá de lo académico. Y porque sólo a ella le debo

mucho más de lo que aquí pueda expresar.

A la Profesora Dra. Begoña Espejo, por su inestimable e incondicional

apoyo, así como por su entera disponibilidad y cercanía a la hora de asesorarme en

esa selva que a veces se convierte tener que enfrentarse a los “números”. También

a la profesora Dra. Leticia Luque, por su paciencia y sus acertadas indicaciones en

(7)

A las profesoras y compañeras del Departamento de Psicología Básica, las

cuales tanto en los cafés compartidos, como en las conversaciones programadas e

improvisadas en pasillos, han servido de especial aliento y fuerza cuando a veces

la motivación bajaba a niveles alarmantes. Todas ellas han conseguido que no ceje

en mis objetivos y sobre todo que no me olvide de la importancia del contacto

humano. También me gustaría agradecer sinceramente al equipo directivo del

Departamento su ánimo, su atención y todas las facilidades que me han prestado

en estos años tanto como investigador como profesor asociado.

No puedo olvidarme de las “compañeras de viaje” que me ayudaron a

poder hacer los pases de los cuestionarios, así como de todos y todas los alumnos

y alumnas de los centros educativos en los que se ha podido recoger los datos de

esta tesis. Muchísimas gracias por que sin vosotros y vosotras no hubiese sido

posible seguir adelante en este proyecto. Gracias también, como no, a los equipos

directivos de estos centros por permitirnos acceder a su alumnado, y por cedernos

su preciado tiempo.

Para aquellos amigos y amigas que han compartido conmigo los “ires y

venires” en el plano personal durante esta etapa: gracias, gracias y perdón. Gracias

por todo vuestro tiempo, vuestro aliento y vuestra fuerza. Gracias por creer en mí

y hacerme creer en mí durante todo este tiempo. Y perdón por todo el tiempo que

no he podido compartir con vosotros y vosotras, por esos cafés no compartidos y

por esas disculpas a última hora. Gran parte de estas líneas son vuestras.

Y, por supuesto, el agradecimiento más profundo y sentido va para mi

familia. Sin su continuo e infinito apoyo, colaboración e inspiración habría sido

imposible llevar a cabo esta dura empresa. A mis padres, Pepe y Elena, por su

ejemplo de lucha, optimismo y honestidad; a mi hermano Moisés, por que su

(8)

posibilitado que siguiera hacia delante desde el mismo momento en que empezó

este proyecto; y a mi Abuela Elena, por darme en cada sonrisa toda la energía del

mundo aunque ella tuviese poquita… ¡por ellos y para ellos!

Y como no, gran parte de la “culpa” de que este proyecto llegase a su fin

la tiene Merxe. Por ser la persona que ha conseguido pintar mi vida de colores,

por demostrarme que su paciencia es más que infinita, por estar ahí siempre que la

he necesitado y cuando no, por cargarme las pilas cuando hacía falta y cuando no

lo hacía, por compartir conmigo el tiempo que tenía y el que no, y por ayudarme a

mantener siempre a tope el cuerpo y el alma.

Finalmente, muchísimas gracias a todos y todas los que habéis estado ahí

durante este trayecto. Seguro que me dejo a alguien en el tintero, pero seguro que

también sabrá perdonar este despiste mío que tan bien conocéis. Que no estéis en

estas líneas no significa que no os lo agradezca profundamente… así que ¡gracias

(9)
(10)

CAPÍTULO 1. CONSIDERACIONES SOBRE EL CONSUMO

INTENSIVO DE ALCOHOL ... 11

1. COSUMO ITESIVO DE ALCOHOL: U COCEPTO PROBLEMÁTICO ... 18

1.1. La confusión terminológica ... 18

1.2. La diversidad de criterios para definir el Consumo Intensivo de Alcohol ... 21

1.2.1. La cantidad consumida ... 22

1.2.2. La duración del episodio de consumo ... 33

1.2.3. La frecuencia de los episodios ... 35

2. DEFIICIÓ COSESUADA DE COSUMO ITESIVO DE ALCOHOL ... 38

3. COSECUECIAS ASOCIADAS AL COSUMO ITESIVO DE ALCOHOL E JÓVEES ... 39

3.1. Consecuencias psicosociales de este patrón de consumo en jóvenes . 41 3.2. Consecuencias neuropsicológicas de este patrón de consumo en jóvenes ... 46

3.2.1. Consecuencias neuropsicológicas inmediatas ... 47

3.2.2. Consecuencias neuropsicológicas funcionales y estructurales ... 48

CAPÍTULO 2. PLANTEAMIENTOS TEÓRICOS APLICADOS

AL ESTUDIO DEL CONSUMO INTENSIVO DE

ALCOHOL ... 57

1. ACERCAMIETOS TEÓRICOS UTILIZADOS ... 61

1.1. Modelo del vínculo social ... 61

1.2. Contexto social del consumo ... 62

1.3. Transición a la edad adulta ... 63

1.4. Teoría de las Expectativas sobre el alcohol ... 64

1.5. Modelo cognitivo de binge drinking ... 66

1.6. Teorías de Decisión Racional ... 68

1.6.1. Teoría de la Decisión ... 68

1.6.2. Teoría de la Acción Razonada ... 69

1.6.3. Teoría de la Conducta Planificada ... 71

2. LA TEORÍA DE LA CODUCTA PLAIFICADA ... 71

2.1. Conducta ... 74

2.2. Intención ... 74

2.3. Actitud ... 76

(11)

2.4. Norma Subjetiva ... 77

2.4.1. Creencias Normativas ...78

2.5. Control Conductual Percibido ... 79

2.5.1. Creencias de Control ...81

3. APLICACIÓ DE LA TEORÍA DE LA CODUCTA PLAIFICADA ... 83

3.1. Aplicación general ... 83

3.2. Aplicación en el ámbito de las adicciones ... 86

3.3. Aplicación al consumo de alcohol ... 91

3.4. Aplicación al Consumo Intensivo de Alcohol ... 94

4. OBJETIVOS DE LA PRESETE IVESTIGACIÓ ... 100

CAPÍTULO 3. PROPUESTA DE EVALUACIÓN DEL

CONSUMO INTENSIVO DE ALCOHOL ... 103

1.1. Definición de la población de interés ... 107

1.2. Definición de la conducta de estudio ... 108

1.3., 1.4. y 1.5. Determinación de las creencias conductuales, normativas y de control relacionadas con la conducta objeto ... 110

1.6. Operativización y medida de la Intención, Norma Subjetiva, Actitud, Control Percibido y Creencias ... 112

1.7. Inclusión de los ítems y elaboración del primer borrador del cuestionario ... 115

1.8. Realizar un pase piloto del instrumento, para analizar la consistencia interna de las escalas y descartar los ítems no necesarios ... 116

1.8.1. Análisis de fiabilidad de las escalas ...117

1.8.2. Redacción definitiva del cuestionario ...138

1.8.3. Recodificación de variables ...139

CAPÍTULO 4. MÉTODO Y RESULTADOS ... 145

1. MUESTRA ... 146

1.1. Procedimiento de obtención de la muestra ... 146

1.2. Descripción de la muestra... 148

2. AÁLISIS EXPERIMETAL ... 150

2.1. Adecuación del modelo teórico ... 150

2.1.1. Procedimiento metodológico y estadístico ...150

2.1.2. Resultados ...152

2.2. Evaluación multidimensional ... 154

2.2.1. Procedimiento metodológico y estadístico ...154

2.2.2. Resultados ...156

2.2.2.1. Consumo de alcohol ... 156

(12)

2.2.2.3. Análisis de conglomerados ... 167

2.2.2.4. Análisis de los grupos mediante los constructos de la Teoría de la Conducta Planificada ... 171

a) Intención de llevar a cabo la conducta ... 171

b) Actitud hacia la Conducta de Consumo Intensivo ... 173

c) Intensidad de las Creencias Conductuales ... 176

d) Evaluación de las Creencias Conductuales ... 182

e) Norma Subjetiva (Intensidad y Motivación para cumplir con ésta) ... 185

f) Intensidad de las Creencias Normativas ... 187

g) Motivación para cumplir con los Referentes ... 190

h) Control Percibido, Creencias de Control y Evaluación de los Factores de Control ... 192

2.2.2.5. Cálculo y análisis de los constructos según la Teoría de la Conducta Planificada ... 197

a) Creencias Conductuales (Intensidad x Evaluación) ... 198

b) Norma Subjetiva y Creencias Normativas (Intensidad x Motivación por cumplir con los Referentes) ... 203

c) Creencias de Control (Intensidad x Evaluación de los Factores de Control) ... 207

CAPÍTULO 5. DISCUSIÓN ... 211

BIBLIOGRAFÍA ... 235

ANEXOS ... 271

AEXO I. CUESTIOARIO DEFIITIVO UTILIZADO E LA IVESTIGACIÓ ... 272

(13)

CAPÍTULO 1.

CONSIDERACIONES

SOBRE EL

CONSUMO

(14)

Los datos aportados en la encuesta europea Eurobarómetro (EU, 2010)

informan que el alcohol continúa siendo la sustancia psicoactiva más consumida.

Concretamente un 76% de ciudadanos ha consumido bebidas alcohólicas durante

el último año, siendo un 88% de ellos los que lo hicieron durante el último mes.

En el caso de los jóvenes (15-24 años) se confirma la tendencia de los últimos

años que refleja un aumento de dos puntos en el porcentaje de consumidores

durante el último mes (del 84% en 2007, al 86% en 2010).

Resultados similares se observan en las principales encuestas españolas.

Concretamente, un 84.4% de españoles entre 15 y 64 años ha consumido alcohol

alguna vez durante el último año (OED, 2010) lo que supone un incremento del

11.5% respecto de la anterior edición de esta misma encuesta. En el grupo de

estudiantes de enseñanzas medias (14-18 años) este porcentaje desciende hasta el

72.9% al considerar el consumo durante los últimos 12 meses, y a un 58.5% al

restringirlo al último mes. Pero no puede obviarse que estos porcentajes se

incrementan conforme lo hace la edad, motivo por el cual al considerar

únicamente a los jóvenes de 18 años se eleva al 75.1% aquellos que habían

consumido durante los últimos 30 días.

Son múltiples las investigaciones en las que se señala una progresiva

homogeneización en todo el continente de un nuevo patrón de consumo que

supone, además del incremento de la ingesta/gramos de alcohol, su vinculación a

(15)

2006; Comisión Clínica PNSD, 2007; Comisión de Medio Ambiente, Salud

Pública y Seguridad Alimentaria, 2007; Farke y Anderson, 2007).

Las principales características de este patrón de consumo se resumen en

(Anderson y Baumberg, 2006; Bloomfield, Stockwell, Gmel y Rehm, 2003;

Calafat, 2007; Cortés, Espejo y Giménez, 2007, 2008; Espada, Méndez e Hidalgo,

2000; EU, 2010; Farke y Anderson, 2007; Gmel, Rehm y Kuntsche, 2003;

Institute of Alcohol Studies, 2007; Kuntsche, Rehm y Gmel, 2004; Observatorio

Español sobre Drogas, 2007):

- un inicio cada vez más temprano del consumo (actualmente se sitúa

alrededor de 12.5 años)

- la ingesta de cantidades elevadas de alcohol

- la concentración del consumo en pocas horas

- su asociación con momentos de ocio de fin de semana

- la presencia de algún grado de pérdida de control

- el mantenimiento de períodos de abstinencia entre episodios.

En cuanto a la edad de inicio en el consumo de alcohol juvenil, en España

se aprecia una estabilización desde los años noventa, situándose en 13.7 años

(OED, 2010). Pero este dato es general del colectivo de 14 a 18 años, pudiéndose

malinterpretar con esto que los jóvenes muestran una edad de inicio posterior a la

que se indica en informes europeos (Anderson y Baumberg, 2006). Nada más

lejos de la realidad, ya que al evaluar año a año el momento de inicio en el

consumo de alcohol se observa cómo en los adolescentes de 14 años la edad de

(16)

11,5 12 12,5 13 13,5 14 14,5

18 17 16 15 14

Edad Actual

E

d

a

d

i

n

ic

io

c

o

n

s

u

m

o

Gráfico 1. Edad de inicio en el consumo de alcohol en función de la edad (Cortés, 2010).

Respecto a la cantidad de alcohol ingerida por este sector poblacional es

importante destacar tres indicadores acerca de su importancia (OED, 2010):

• El tipo de bebida más consumida: predominan los combinados/cubatas (54% los fines de semana), aunque también es importante el consumo de

licores fuertes (25.1%), licores de frutas (20.8%), y bebidas fermentadas

(cerveza: 28.6% y vino: 17%). El recurrir a bebidas de alta graduación

permite inferir que el porcentaje de alcohol puro ingerido en cada

consumición va a ser elevado.

• La concentración del consumo en pocas horas: un 41.4% de los estudiantes de 14 a 18 años (38.3% chicas y 44.7% chicos) han tomado alguna vez

durante el último mes 5 ó más vasos/cañas o copas en una misma ocasión

o en un intervalo aproximado de 2 horas. El 15.2% lo ha hecho más de 4

veces durante los últimos 30 días.

(17)

Por este motivo, tal como se aprecia en el siguiente gráfico, a pesar de

reducirse el número de consumidores habituales de alcohol durante el último mes,

se está produciendo un consumo de mayor riesgo al ingerirse la misma cantidad

de alcohol pero repartida entre un menor número de jóvenes.

0 20 40 60 80

1994 1996 1998 2000 2002 2004 2006 2008

Consumo últimos 30 días Borracheras en consum. habituales

Borracheras últimos 30 días

Gráfico 2. Evolución de la prevalencia de consumo de bebidas alcohólicas y borracheras en el último mes y proporción de personas (14-18 años) que se ha emborrachado entre los que han consumido alcohol en los últimos 30 días (ESTUDES, 2009).

El consumo se concentra los fines de semana, ya que el 99.8% de los

entrevistados informan consumir de viernes a domingo. De ellos casi una cuarta

parte (23%) lo hace todos los fines de semana. Entre los lugares de consumo más

aludidos por parte de consumidores habituales destacan bares y pubs (66.3%),

espacios abiertos –calles, plazas o parques- (65.3%) o discotecas (56.7%). El unir

los contextos espacio-temporales en los que tiene lugar el consumo permite

entender que el alcohol adquiera un papel fundamental como articulador del ocio

y las relaciones sociales de los jóvenes.

En definitiva, se ha instaurado un consumo con características peculiares,

alejadas del modelo adulto y tradicional, tanto en lo que se refiere a cantidades

consumidas, como al patrón de consumo y los significados atribuidos al mismo

(Comisión Clínica del PNSD, 2007; MSC, 2008; Sánchez, 2001; Valderrama y de

(18)

Esta diferenciación del modelo juvenil respecto al tradicional adulto ha

motivado la necesidad de introducir cambios en el concepto de consumo de

riesgo. A la consideración propuesta tradicionalmente (Anderson, 1996; Hawks,

1989; MSC, 2008; Rehm y cols., 2004; Royal College of Psychiastrists, 1986;

Royal College of Physicians of London, 1987)debe incluirse también la de un

patrón de consumo de gran cantidad de alcohol que se ingiere en una sola ocasión

o en un intervalo corto de tiempo (horas), seguido de algún período de abstinencia

(Comisión Clínica PNSD, 2007). Actualmente en Europa se considera como

consumo de riesgo (MSC, 2008):

- En mujeres y

mayores de 65 años:

• 2-2.5 UBEs/día

• 17 UBEs/semana

• 4 UBEs o más por ocasión de consumo concentrado

- En varones: • 2-2.5 UBEs/día

• 28 UBEs/semana

• 6 UBEs o más por ocasión de consumo concentrado

Este consumo se estima de riesgo por incrementar la probabilidad de

generar consecuencias adversas importantes (Anderson y Baumberg, 2006; Babor,

Higgins-Biddle, Saunders y Monteiro, 2001; Rodríguez-Martos, 2007), mayores

cuanto más regulares sean los picos de consumo. Además, no puede obviarse que

la población afectada por estos consumos son en su mayoría adolescentes y

jóvenes en los que cualquier ingesta de alcohol se considera ya por si misma de

riesgo (Anderson y Baumberg, 2006; Comisión Clínica PNSD, 2007; WHO,

2007), al estar en proceso de maduración y desarrollo bio-psico-social.

Sin embargo, pese a evidenciarse la existencia de este patrón de consumo

en la mayoría de los países desarrollados (Bennett, Miller y Woodall, 1999;

(19)

Laitman, 2003; Marcoux y Shope, 1997; Muthen y Muthen, 2000; Office of

Applied Studies, Substance Abuse and Mental Health Services Administration,

1998, 2002; Ziegler y cols., 2005), y pese a reconocer que entre la población

adolescente y joven es la forma más habitual de consumo de alcohol (Herring,

Berridge y Thorn, 2008; Kellner, Webster y Chanteloup, 1996; Murgraff,

McDermott y Walsh, 2001; Muthen y Muthen, 2000; Quigley y Marlatt, 1996;

Ziegler y cols., 2005), no se aprecia un consenso entre los investigadores, ni a la

hora de determinar una terminología común, ni unos criterios que lo definan

(Hassan y Shiu, 2007; Jackson, 2008; Lange y Voas, 2001; Marczinski, Comb y

Fillmore, 2007; Perkins, DeJong y Linkenbach, 2001; Wagner y cols. 2007;

Wechsler y Nelson, 2001). Esto marca una necesidad de llegar a un consenso,

tanto a nivel clínico como de investigación (Marczinski, Grant y Grant, 2009),

que permita poder evaluar y comparar los resultados obtenidos,

independientemente de quién investigue sobre el tema, e independientemente del

lugar donde se realice.

Seguidamente se dedica un apartado a resumir las principales

contribuciones sobre el concepto de Consumo Intensivo de Alcohol o Binge

(20)

1. CONSUMO INTENSIVO DE ALCOHOL: UN

CONCEPTO PROBLEMÁTICO

Han sido varios los intentos de sintetizar un concepto que agrupe, de

manera fundamentada, los principales parámetros definitorios de este patrón de

consumo (Courtney y Polich, 2009; Herring, Berridge y Thom, 2008; MSC, 2008;

NIAAA, 2004). Sin embargo a pesar de estas tentativas de consenso, y debido a la

variabilidad y diversidad de esta conducta, el resultado todavía no es definitivo.

Entre los diferentes problemas que han surgido en esta tarea, aparecen

fundamentalmente dos: (1) el referido a la terminología utilizada para designar

internacionalmente este tipo de consumo, y (2) el aparecido al tratar de consensuar

unos criterios que lo objetiven y permitan clasificar qué consumidores se

clasificarían dentro de esta categoría.

1.1. La confusión terminológica

La revisión de la literatura muestra gran cantidad de términos utilizados

para dar cuenta de este patrón. Entre los más frecuentes aparecen:

- Consumo Concentrado de Alcohol/Beber Concentrado (Calafat, 2007;

Farke y Anderson, 2007)

- Episodio de Consumo Intensivo de Alcohol (Cadaveira, 2009; Cortés y

cols., 2008, 2010; MSC, 2008; Martos, 2007;

Rodríguez-Martos y Roson, 2008)

- Binge Drinking (Bradley y cols., 2001; Carey, 2001; Courtney y Polich,

2009; DeJong, 2003; Gfroerer y cols., 1996; Jackson y Sher, 2008; Lange

y Voas, 2001; Luczak y cols., 2001; Marczinski, Combs y Fillmore, 2007;

(21)

Wechsler y Nelson, 2001; Wechsler, Davenport, Dowdall, Moeykens y

Castillo, 1994).

- Concentrated Drinking Episode (Gill, 2002)

- Dangerous Drinking (Lederman y cols., 2003)

- Episodic Heavy Drinking (Bradley y cols., 2001; Wiesner, Windle y

Freeman, 2005; Weingardt y cols., 1998)

- Excessive Episodic Consumption (Duncan 1997; Gfroerer, Wright y

Gustin, 1996)

- Frequent Binge Drinking (Schulenberg, O’Malley, Backman, Wadsworth

y Johnston, 1996)

- Heavy Drinking (Christiansen, Vik y Jarchow, 2002; Labrie, Pedersen y

Tawalbeh, 2007; Nadeau, Guyon y Bourgault, 1998; Neal y Carey, 2004;

O’Malley y Johston, 2002; Sher y Rutledge, 2007; Turrisi, Mallet,

Mastroleo y Larimer, 2006; Vick, Carrello, Tate y Field, 2000)

- Heavy Episodic Binge Drinking (Nezleck y cols., 1993)

- Heavy Episodic Drinking (Bendtsen, Johansson y Akerlind, 2006; Carey,

2001; Collins y Carey, 2007; Dawson y cols., 2004; DeJong, 2001;

Jackson, 2008; Jackson y Sher, 2008; Johnston y White, 2003; Makela y

Mustonen, 2007; Marczinski y cols., 2007; Martens y cols., 2009; Nezlek,

Pilkington y Bilbro, 1993; Norman y cols., 1998; Oesterle y cols., 2004;

Turrisi, Jaccard, Taki, Dunnam y Grimes, 2001; Wall y cols., 1998;

Weingardt y csasols., 1998; Wilsnack y cols., 2000)

- Heavy Sessional Drinking (Measham, 1996)

- Heavy Use (Presley, Meilman y Lyerla, 1994)

- High Risk Drinking (Baer, Kivlahan, Blume, McKnight y Marlatt, 2001)

- Risky Single Occasion Drinking (Anderson y Plant, 1996; Hassan y Shiu,

(22)

- Spree Drinking (Brown y Gunn, 1977)

El término Binge Drinking es el más utilizado de todos los listados y el que

ha recibido el mayor número de críticas. La principal hace referencia a que con el

mismo se alude a un patrón de consumo excesivo de alcohol realizado durante un

período de tiempo extenso y mantenido, y en el que el único propósito es ir

bebido, interfiriendo de forma significativa en la vida de la persona (Epstein,

Kaler, McCrady, Lewis y Lewis, 1995; Herring y cols., 2008). De hecho en

algunos trabajos (Herring y cols., 2008, Lange y Voas, 2001) se plantea la

convivencia durante muchos años de una conceptualización “más clínica” (donde

el Binge se considera un período de embriaguez continuada que puede durar desde

días hasta semanas, que suelen presentarse en consumidores en la fase crónica del

alcoholismo -Gmel y cols., 2003-), con otra de corte “epidemiológico-descriptivo”

(donde el Binge Drinking define un consumo excesivo de alcohol ocasional entre

la población general -Lange y cols., 2002-). Esta doble acepción del término

Binge Drinking ha provocado que diversos investigadores (DeJong, 2003; Miller,

Plant y Plant, 2005; MSC, 2008; Murgraff y cols., 1999; Stuckit, 1998; WHO,

2004) y algunas publicaciones científicas, como por ejemplo la revista Journal of

Studies on Alcohol and Drugs (antes Journal of Studies on Alcohol), hayan

desaconsejado el uso de esta terminología y su sustitución por otros conceptos

como Heavy Episodic Drinking.

En la 1ª Conferencia de Prevención y Promoción de la Salud en la Práctica

Clínica en España (MSC, 2008) se propuso que entre todas las alternativas

planteadas en lengua castellana (atracón, consumo excesivo episódico, consumo

agudo episódico, consumo agudo concentrado o episodio de consumo intensivo)

(23)

refleja el concepto habitualmente aceptado de consumo intensivo en poco espacio

de tiempo y su carácter episódico, como opuesto al regular (pp. 43).

En el presente trabajo se asume el término Consumo Intensivo de

Alcohol -CIA- tomando como referencia que parte de un Consenso de

Expertos (nivel de evidencia 4 -Becoña y Cortés, 2008-).

1.2. La diversidad de criterios para definir el Consumo

Intensivo de Alcohol

Como se ha comentado anteriormente, se trata de un patrón de consumo

que implica la ingesta de gran cantidad de alcohol durante un período de tiempo

relativamente corto, y que implícitamente se asocia con ciertas repercusiones de

salud y conductuales (Gill, Murdoch y O’May, 2009). Además, algunos autores

incluyen también como elemento definitorio la frecuencia con que suelen

presentarse estos consumos (Hamm y Hope, 2003).

Se han propuesto numerosas definiciones hasta el momento tratando de

abarcar todas o algunas de estas variables, si bien no siempre de forma integrada

ni exhaustiva (Cortés, Giménez, Pedrero, Guardia, Pascual, Espejo, Tomás y

Sancerni, 2009; Marzinski y cols., 2009). En la tabla 1 se recogen algunas de estas

definiciones. Hasta el momento no se ha alcanzado un consenso sobre qué

indicadores objetivos marcan el límite entre un sujeto que lleve a cabo esta

conducta y uno que no lo haga, provocando no sólo un problema en la

clasificación de este tipo de consumidores, sino también en la comparación

cross-cultural de las investigaciones realizadas hasta el momento (Marzinski y cols.,

(24)

consenso contribuye a errar no sólo a la hora de entender el problema, sino

también en el momento de plantear soluciones al mismo.

1.2.1. La cantidad consumida

La primera referencia a un patrón de consumo caracterizado por la ingesta

de grandes cantidades de alcohol en un corto período de tiempo entre jóvenes de

18 y 24 años aparece en la década de los 80 en el estudio epidemiológico

Monitoring the Future Study (O’Malley, Bachman y Johnson, 1984). En este

trabajo se utiliza el término Binge Drinking para describir el consumo de 5 ó más

bebidas alcohólicas en una única ocasión, en las últimas dos semanas. Este punto

de corte recogía la propuesta de Cahalan y cols. (1969) de que el consumo por

encima de ese umbral (correspondiente a 70 gramos de alcohol según el estándar

norteamericano) en una única ocasión se asociaba con daños y problemas sobre la

persona. Esta definición fue apoyada por diversas investigaciones, siendo una de

las más reconocidas la realizada por la Harvard School of Public Health College

Alcohol Study -CAS- (Wechsler y cols., 1994).

Pero esta conceptualización resultaba sesgada al no considerar que en las

mujeres se incrementa la probabilidad de aparición de problemas relacionados con

el alcohol tras el consumo de menores cantidades que en los hombres (Marzinski

y cols., 2009). Éstas son más vulnerables al consumo abusivo porque, al tener

menos peso que el varón, cuentan con un menor porcentaje de agua en el

organismo en el que diluir el alcohol. Además, presentan mayor proporción de

grasa subcutánea y el alcohol es una sustancia poco liposoluble (no se difunde

bien en grasa). Un último aspecto a considerar es que las mujeres tienen menor

(25)

que ante una misma dosis e igual peso, la concentración sanguínea de alcohol sea

mayor en las mujeres.

Una solución a este problema la ofrecieron Wechsler, Downdall,

Davenport y Rimm (1995), al fijar el límite para varones en 5 o más bebidas por

ocasión de consumo, reduciéndolo a 4 o más en el caso de las mujeres. Esta

diferenciación ha sido la más utilizada en la literatura (Bradley y cols., 2001;

Carey, 2001; Courtney y Polish, 2009; Jackson y Sher, 2008; Luczak y cols.,

2001), aunque también las más criticada (Carey, 2001; Conigrave, Saunders y

Reznik, 1995; Dejong, 2001; Jackson, 2008; Kumpfer y Turner, 1991; Midanik y

cols., 1996; Nadeau y cols., 1998, Perkins y cols., 2001; Room, Bondy y Ferris,

(26)

Autores Definición

Bennett, Smith y Nugent (1990); Norman, Armitage y Quigley (2007)

Consumir al menos cinco pintas de cerveza (o diez cortos / vasos de vino) en una sola sesión para los hombres, o consumir un mínimo de tres pintas y media de cerveza (o siete cortos / vasos de vino) en una sola sesión para las mujeres

Pols y Hawks (1992) Consumo de cuatro o más bebidas estándar para las mujeres y seis o más bebidas estándar para los hombres, por período de consumo

Johnston y cols (1993; 1997); Presley y cols. (1993); Marcoux y Shope (1997)

Consumir 5 o más bebidas seguidas al menos una vez en las 2 semanas anteriores

Moore, Smith y Catford (1994) Consumo de siete o más bebidas estándar para las mujeres y 10 o más bebidas estándar para los hombres, al menos una vez en la semana anterior a la encuesta Wechsler y cols. (1994, 1995, 1997, 2000,

2002); Wechsler e Isaac (1992);

Wechsler y Nelson (2001); Cranford y cols. (2006)

Cinco o más consumiciones para los varones (cuatro o más para las mujeres) en las últimas 2 semanas

Hansagi y cols (1995) Consumo de una botella de licor o dos botellas de vino, en una sesión

Kauhanen y cols (1997) Consumo de seis botellas de cerveza

Syre, Martino-McAllister y Vanada (1997); Johnston y White (2004); Álvarez y cols (2006)

Beber cinco o más bebidas estándar de alcohol en una ocasión

Weschler, Dowdall, Maenner, Hill-Hoyt y Lee (1998)

Consumir por encima de un nivel de corte definido al menos una vez en las 2 semanas previas a la encuesta o experimento

Dowdall y cols. (1998) Beber en exceso en las 2 semanas previas al cuestionario

Nadeau, Guyon y Bourgault (1998) Consumo de ocho bebidas estándar por día Norman, Bennett y Lewis (1998) Consumo de la mitad de lo recomendado para una

semana (es decir, 7 unidades para las mujeres y 10 para los hombres), durante una sola sesión (recomendado 14 unidades para las mujeres y 21 para los hombres) Kokavec y Crowe (1999) Diez o más bebidas al menos dos días a la semana Turrisi y Wiersma (1999) Ir “borracho o muy pasado por haber bebido alcohol” en

los últimos 90 días Vik y cols. (2000); King y cols. (2002); Blume

y cols. (2003); Herman y cols. (2003)

Beber cinco bebidas para los hombres (cuatro para las mujeres) en una ocasión

Clapp y cols. (2000); Hasin y cols. (2001); Naimi y cols. (2003); Verster y cols. (2003); Ehlers y cols. (2007)

[image:26.595.107.467.113.592.2]

Consumir cinco o más bebidas seguidas/en una ocasión

(27)

Correc por sexo Cantidad Unidad de medida de consumo Periodo de

tiempo Frecuencia

Sí Mujeres 3.5+ Hombres 5+

Pintas de cerveza (o vasos de vino)

Una sesión de consumo

Sí Mujeres 4+ Hombres 6+

Bebidas estándar Período de consumo

No 5+ Bebidas Una vez en dos semanas

Sí Mujeres 7+ Hombre 10+

Bebida estándar Al menos una vez en la semana anterior a la encuesta

Sí Mujeres 4+ Hombres 5+

Consumiciones Una vez en dos semanas

No 1 ó 2 Botellas de licor o vino

Una sesión

No 6 Botellas de

cerveza

No 5+ Bebida estándar En una ocasión

No Corte definido (no especificado)

Una vez en dos semanas

No Beber en exceso

No 8 Bebidas estándar Un día Sí Mujeres 7

Hombres 10

UBE Una sesión

No 10+ Bebidas Dos días a la semana

No Borracho o muy pasado

Últimos noventa días

Sí Mujeres 4 Hombres 5

Bebidas Una ocasión

No 5+ Bebidas En una ocasión

(28)

Autores Definición

Lange y Voas (2001) Superar los 0.8 gramos de alcohol por litro de sangre

Knight y cols. (2002) Beber cinco bebidas para los hombres (cuatro para las mujeres) en una ocasión (ocasional = 1 o 2 veces, en las dos últimas semanas; frecuente = tres o más veces en las dos últimas semanas)

Malyutina y cols (2002) Consumo de 160 gramos por día o más de etanol mantenido durante una semana (sólo para varones) Murray y cols. (2002) Consumo de 8 o más bebidas por ocasión en el último

año Townshend y Duka (2002; 2005);

Weissenborn y Duka (2003); Hartley y cols. (2004); Rose y Gunsell (2008)

Binge Drinking Score -puntuación superior a 24-: Bebidas por hora (ítem1), número de borracheras en los últimos 6 meses (ítem2), porcentaje de borracheras respecto a los consumos (ítem3). [4x Item1 + 1x Item2 + 0.2x Item3 - 12 = patrón de consumo]

-los ítems pertenecen al Alcohol Use Questionnaire- Gliksman y cols. (2003a) Consumir cinco o más bebidas en una ocasión durante

un semestre

Gliksman y cols. (2003b) Consumir ocho o más bebidas en una ocasión durante un semestre

Selin (2003) Consumo de una botella de vino o su correspondientes gramos de alcohol (72g) de otra bebida en una ocasión Weitzman y cols. (2003); Adams, Evans,

Shreffler y Beam (2006); LaBrie y cols. (2007)

Consumo de más de cinco bebidas en una sesión para los hombres o más de cuatro bebidas para las mujeres

Meyerhoff y cols. (2004) Consumir más de 100 bebidas los hombres (80 o más las mujeres) al mes (<21 días) en los 3 años anteriores Okoro y cols. (2004) Beber cinco o más bebidas en una ocasión durante el

mes anterior

Oei y Morawska (2004) Consumir 6 bebidas los hombres (las mujeres 4) por período de consumo en las ultimas dos semanas Prime Minister’s Strategy (2004) Los Binge Drinkers son aquellos individuos que beben

“para alcanzar la borrachera”

Yuan y cols. (2004) Consumo de 8 o más bebidas en las mujeres Alte y cols (2004); Dietrich y cols. (2004) Consumo de cinco o más bebidas

NIAAA (2004); Marczinski y cols. (2007); D’Onofrio y cols. (2008)

Superar los 0.8 g/l de sangre (lo que equivale aproximadamente a consumir 5/4+ bebidas en 2 hr)

Alvik y cols. (2005) Consumo de 5 o más bebidas estándar en las mujeres

Kypry y cols. (2005) Consumo de 6 o más bebidas los hombres (4 o más las mujeres) en una ocasión en la última semana

(29)

Correc por sexo Cantidad Unidad de medida de consumo Periodo de

tiempo Frecuencia

No +0.8 gr/l Nivel de alcoholemia en sangre Sí Mujeres 4

Hombres 5

Bebidas Una ocasión Ocasional = 1/2 veces, en las dos últimas semanas; Frecuente = 3+ veces en las dos últimas semanas Sí Varones 160+ Gramos de etanol Al día Mantenido durante una

semana No 8+ Bebidas Una ocasión Una vez al año

Puntuación superior a 24 (Binge Drinking Score)

Últimos 6 meses

No 5+ Bebidas Una ocasión Al menos una vez en el último semestre No 8+ Bebidas Una ocasión Al menos una vez en el

último semestre

No 72 gr Gramos de

alcohol

Una ocasión

Sí Mujeres 4+ Hombres 5+

Bebidas Una sesión

Sí Mujeres 80+ Hombres 100+

Bebidas Un mes Tres años

No 5+ Bebidas Una ocasión Frecuente = 3+ días/mes, Infrecuente = 1–2 días/mes Sí Mujeres 4+

Hombres 6+

Bebidas Período de consumo

Al menos una vez en las últimas dos semanas

Sí Mujeres 8+ Bebidas

No 5+ Bebidas

Sí Mujeres 4+ Hombres 5+

Nivel de alcoholemia en sangre

Dos horas

Sí Mujeres 5+ Bebidas estándar Al menos una vez durante el embarazo

Sí Mujeres 4+ Hombres 6+

Bebidas estándar (10g)

Una ocasión Una vez a la semana

(30)

Autores Definición

Drummond y cols (2005); UK Department of Health (2007)

Consumir 8 o más bebidas estándar en los hombres (6 en las mujeres) por ocasión

Ziegler y cols. (2005); SAMHSA (2005); Miller y cols. (2005)

Consumir cinco o más bebidas en una ocasión al menos una vez en los últimos 30 días

Alvik y cols. (2006) Consumo entre 5 y 7 bebidas estándar al inicio del embarazo, 8 o más durante 30 semanas de embarazo y 12 o más durante los 6 meses postparto (sólo para mujeres)

Com-Ruelle y cols. (2006) Consumo de 6 o más vasos en una ocasión (permite llegar a la borrachera)

Cranford y cols. (2006) Consumir 5 bebidas los hombres (las mujeres 4) en los 12 meses anteriores

O’Brien y cols. (2006) Veces en que el consumo ha llegado a la borrachera Fisher y cols. (2007) Consumir cinco o más bebidas en una ocasión durante

el pasado año

Goudriaan y cols. (2007) Consumir cinco o más bebidas en una ocasión dos o más veces en los 30 días anteriores

Norman, Armitage y Quigley (2007) Consumo excesivo en una única sesión

Kristjanson y cols. (2007) Consumo de 5 o más bebidas en mujeres Viner y Taylor (2007) Consumir cuatro o más bebidas en una ocasión al

menos dos veces en las dos semanas precedentes Van den Wildenberg y cols. (2007) Consumo de 6 o más bebidas en una ocasión en las

últimas dos semanas

Valencia-Martín y cols (2007) Consumo de 8 o más unidades estándar de alcohol en varones (6 o más en mujeres) en los 30 días anteriores a la encuesta

Huchting, Lac y LaBrie (2008) Para las mujeres: cuatro o más bebidas en un período de dos horas, una o dos veces en las dos semanas previas

Read y cols. (2008) Consumir 5 bebidas los hombres (las mujeres 4) por ocasión

[Heavy binge = 7/6+ bebidas por ocasión] Courtney y Polich (2009) Superar los 0.8 g/l de sangre (lo que equivale

[image:30.595.108.473.93.539.2]

aproximadamente a consumir 5/4+ bebidas en 2 hr) con una frecuencia superior a 1 vez en los últimos 6 meses

(31)

Correc por sexo Cantidad Unidad de medida de consumo Periodo de

tiempo Frecuencia

Sí Mujeres 6+ Hombres 8+

Bebidas estándar Una ocasión

No 5+ Bebidas Una ocasión Una vez al mes

Sí Mujeres: 5-7; 8+;

12+

Bebidas estándar Al inicio del embarazo Durante las 30 semanas de embarazo

Durante los 6 meses posteriores al parto

No 6+ Vasos Una ocasión

Sí Mujeres 4+ Hombres 5+

Bebidas Al menos una vez en 12

meses

No 5+ Bebidas Una ocasión Al menos una vez al año

No 5+ Bebidas Una ocasión Dos o más veces al mes

No “Consumo excesivo”

Una sesión

Sí Mujeres 5+ Bebidas

No 4+ Bebidas Una ocasión Dos veces en dos semanas

No 6+ Bebidas Una ocasión Últimas dos semanas

Sí Mujeres 6+ Hombres 8+

UBEs (10g) Al menos una vez al mes

Sí Mujeres 4+ Bebidas 2 horas Una o dos veces en dos semanas

Sí Mujeres 4+ Hombres 5+ [Heavy binge: 6/7+]

Bebidas Una ocasión

Sí Mujeres 4+ Hombres 5+

Nivel de alcoholemia en sangre

Dos horas Más de una vez en 6 meses

(32)

En líneas generales, cuando se atiende en la tabla 1 al punto de corte fijado

para considerar binge/no binge destaca la existencia de definiciones tanto

cualitativas (que hacen referencia al estado de borrachera alcanzado por los

consumidores) como cuantitativas (número de consumiciones, vasos, bebidas,

etc.).

Respecto de las definiciones cualitativas, pese a que han sido defendidas

por algunos investigadores (Engineer y cols., 2003; Gill y O’May, 2007; Harnett,

Thom, Herring y Kelly, 2000; Richardson y Budd, 2003), es difícil que puedan

considerarse como una medida válida y objetiva al estar basadas principalmente

en sensaciones subjetivas (IAS, 2007).

En las definiciones basadas en lo cuantitativo la dispersión es importante,

variando desde las 10 o más bebidas para varones (Kokavec y Crowe, 1999) hasta

las 3 o más bebidas para mujeres (Bennett y cols., 1990; Norman y cols., 2007).

Aunque, como ya se ha señalado, un gran número de definiciones asumen el

límite de 5 bebidas para hombres y 4 bebidas para mujeres.

Gran número de investigadores califican de imprecisas este tipo de

definiciones basadas en el número de consumiciones porque no tienen en cuenta

el tipo de alcohol consumido (destilado o fermentado), ni el tamaño de los

recipientes, indicando únicamente el genérico bebidas, consumiciones o vasos

(Carey, 2001; Conigrave, Saunders y Reznik, 1995; Delong, 2001; Jackson, 2008;

Kupfer, 1984; Midanik y cols., 1996; Nadeau y cols., 1998, Perkins y cols., 2001;

Room, Bondy y Ferris, 1995; Weirzman y Nelson, 2004; White, Kraus y

Swartzweider, 2006).

Para tratar de superar este problema, y en un intento de operacionalizar y

(33)

unidades de bebida estándar (UBE). Sin embargo la falta de consenso a nivel

internacional de la cantidad de alcohol puro que contiene cada UBE (tabla 2)

supone una nueva fuente de variabilidad (Marzinski y cols., 2009). En este

sentido, algunos autores (Gill, Murdoch y O’May, 2009; Herring y cols., 2008;

Logan, Schenck, Leukefeld, Meyers y Allen, 1999; McAlaney y McMahon, 2006)

han señalado el gran error que supone en algunos casos la utilización del límite

5/4 propuesto por Wechsler y cols. (1995) sin tener en cuenta el tamaño de las

UBEs, y por tanto la necesidad de adaptar este criterio al país en el que se realice

el estudio.

PAÍS UBE

(en gramos)

Reino Unido 8

Países Bajos 9,9

Australia, Austria, Irlanda, Nueva Zelanda,

Polonia y España 10

Finlandia 11

Dinamarca, Francia, Italia y Sudáfrica 12

Canadá 13,6

Portugal, EEUU 14

[image:33.595.164.400.289.413.2]

Japón 19,75

Tabla 2. Unidades de Bebida Estándar (en gramos de alcohol) según el país (elaborado a partir de ICAP, 2005).

Una de las soluciones propuestas para superar esta variabilidad es la

apoyada por Brick (2006) o Selin (2003), quienes abogan por expresar todas las

consumiciones directamente en términos de gramos de alcohol. De este modo se

solucionarían los problemas generados tanto por la variabilidad en la cantidad que

supone una UBE, como por la derivada del tipo de bebida consumida (fermentada

(34)

Un aspecto que permitiría fijar un límite consensuado sería el poder

establecer objetivamente la asociación entre cantidades de consumo y aparición de

consecuencias bio-psico-sociales concretas a corto, medio o largo plazo.

De hecho Wechsler y Nelson (2001) señalan que el límite indicado en la

primera conceptualización de este patrón (5/4) marca una línea a partir de la cual

el consumo de mayor cantidad de alcohol incrementa el riesgo de experimentar

problemas asociados tanto al consumidor como a la gente que le rodea. En esta

misma línea se han pronunciado numerosos investigadores (Borsari y Carey,

2000; Borsari, Neal y Collins, 2001; Marlatt y cols., 1998; Wechsler, Lee, Kuo y

Lee, 2000).

Sin embargo también se cuestiona la baja asociación entre el nivel

propuesto por Wechsler y cols. (1995) y la aparición de concentraciones de

alcohol en sangre asociadas con un deterioro físico y mental visible (Lange y

Voas, 2001; Perkins, DeJong, y Linkenbach, 2001), llegando a calificar la medida

de 5/4 como un índice tosco (poco elaborado, poco claro) para definir el consumo

problemático (DeJong, 2001).

Actualmente sigue sin poder establecerse claramente la relación entre el

momento de aparición de problemas y un límite objetivo de consumo. Aunque se

ha demostrado que este patrón repetido con cierta periodicidad genera problemas,

no se ha podido señalar el evento concreto que predice la aparición de los mismos

(Midanik y cols., 1996; Room, Bondy y Ferris, 1995; Wechsler y Kuo, 2000;

(35)

1.2.2. La duración del episodio de consumo

Sin embargo, aunque quedase clarificada la cantidad de alcohol (gramos)

que marcase el umbral de lo que supone un Binge Drinking, no supondría lo

mismo

consumirlo a lo largo de todo un día y como acompañamiento en las

comidas, que hacerlo durante unas horas y con el estómago vacío (IAS, 2007;

Perkins y cols., 2001). De este modo, un segundo aspecto que también ha

generado discusión ha sido la concreción de lo que se entiende por una única

ocasión de consumo (single occasion) o X bebidas seguidas (in a row).

Este problema se ha tratado de superar de dos maneras. En primer lugar,

acotando objetivamente este período de consumo. Una de las propuestas que más

consenso alcanza es delimitar la duración de estos episodios entre 4 y 6 horas. No

obstante, cada vez se le da mayor apoyo empírico a limitarlo a 2-3 horas, teniendo

en cuenta variables como el ritmo de ingesta y metabolización del alcohol

(Courtney y Polish, 2009; Hingson, 2004; McAlaney y McMahon, 2006; NIAAA,

2004).

Precisamente de la consideración de estos dos últimos aspectos surge la

segunda propuesta. Ésta combina la cantidad consumida con la velocidad de

ingesta, señalando como unidad de consenso el nivel de alcoholemia alcanzado.

El principal planteamiento en este sentido lo realizó el 8ational Institute for

Alcohol Abuse (NIAAA, 2004). Para este organismo, el Binge Drinking implica

un patrón de consumo que eleva este nivel de alcoholemia al menos hasta los 0.8

gr/l. Para alcanzar este nivel una persona adulta debería consumir la cantidad

indicada por Wechsler y cols. (1995) en un período no superior a las 2 horas.

El nivel de alcoholemia seleccionado es justificado por el NIAAA en base

(36)

con los síntomas de ataxia, juicio empobrecido, problemas en mantener la línea de

pensamiento y labilidad en el estado de ánimo. En este sentido, este nivel de

deterioro incrementaría el

riesgo a un nivel inaceptable tanto para el bebedor

como para las personas que le rodean (Gill, Murdoch y O’May, 2009).

De este modo, la utilización del nivel de alcoholemia además de servir de

medida objetiva del límite que marcaría un Binge Drinking o no, también

introduce el último de los elementos definitorios de este patrón, que se comentará

más adelante: el aumento del riesgo de daño y/o problemas asociados.

Sin embargo, esta definición basada en el nivel de alcoholemia también ha

sido criticada. El mayor problema que se le señala es no considerar factores

adicionales generales que pueden influir sobre el mismo, como las variaciones

individuales en la tolerancia del alcohol, el peso, los niveles de grasa corporal, la

ingesta previa de alimentos, etc. (Engineer y cols., 2003; Hammersley y Ditton,

2005; Lange y Voas, 2001; Midinak, 1999; Murgraff y cols., 1999; Wright, 2006).

La influencia de estos factores puede ser especialmente importante al comparar el

volumen de distribución para una dosis de alcohol por ejemplo entre dos varones,

un adolescente de 14 años y un adulto de 25 años. Utilizando los algoritmos

propuestos por Watson, Watson y Batt (1981), es posible calcular que el volumen

de distribución en un adolescente es un 77% respecto del adulto. De este modo, el

nivel de alcoholemia resultante para una misma dosis de alcohol puede ser

proporcionalmente diferente.

Otros autores (Beirness, Foss y Vogel-Sprott, 2004; Beirness y cols., 2005;

DeJong, 2001; Lange y Voas, 2000; 2001; Perkins y cols., 2001) también han

cuestionado que se pueda alcanzar el nivel de alcoholemia señalado (0.8 gr/l) con

(37)

Fillmore (2007) concluyeron que se da una correspondencia entre ambos

parámetros.

1.2.3. La frecuencia de los episodios

Como ya se ha indicado anteriormente, otra de las características de este

patrón de consumo es la presencia de períodos de abstinencia entre los episodios

de Consumo Intensivo (Comisión Clínica PNSD, 2007; Hartley y cols., 2004;

Townshend y Duka, 2002, 2005; Weissenborn y Duka, 2003). Sin embargo, si

como se ha visto hasta el momento, no existe unanimidad en los dos principales

criterios definitorios de esta conducta (cantidad consumida y tiempo empleado),

en el caso del período transcurrido entre episodios todavía la disparidad es mayor.

Como se puede apreciar en la tabla 3 (elaborada a partir de algunas

definiciones de la tabla 1), la frecuencia establecida para un Binge

Drinking/Consumo Intensivo es muy diversa oscilando desde una vez cada tres

años (Meyerhoff y cols., 2004) hasta una vez por semana (Moore y cols., 1994).

Algunos autores (Knight y cols., 2002; Marzinski y cols., 2009) mantienen

que cualquier definición de Binge Drinking/Consumo Intensivo no debería incluir

ni a los sujetos que muestran un problema en su patrón de consumo de alcohol, ni

a aquellos que presentan criterios de abuso/dependencia al alcohol. De este modo,

tanto la consideración de un episodio de este tipo durante tres años o una vez al

año, supone asumir períodos excesivamente amplios y por lo tanto excesivamente

(38)

Período

considerado Frecuencia

Semana Al menos una vez por semana

Al menos una vez en dos semanas Dos veces en dos semanas

Ocasional = 1/2 veces, en las dos últimas semanas;

Frecuente = 3+ veces en las dos últimas semanas

Mes Una vez al mes

Al menos una vez al mes Dos o más veces al mes

Al menos una vez a los tres meses Al menos una vez a los seis meses

Al menos una vez durante el embarazo (9 meses) Al menos una vez en 12 meses

Frecuente = 3+ días/mes –

Infrecuente = 1–2 días/mes

Año Al menos una vez al año

Al menos una vez cada tres años

Tabla 3. Diferentes frecuencias de aparición de los episodios de consumo contempladas en las definiciones.

Por el contrario, la asunción de frecuencias superiores a una vez a la

semana (como por ejemplo la categoría de Binge Drinking frecuentes de Wechsler

y cols., 1994 -tres o más veces en las últimas dos semanas-) haría que

probablemente un alto porcentaje de los sujetos clasificados como Binge Drinking

cumpliesen los criterios del DSM-IV-TR de abuso o dependencia del alcohol

(Knight y cols., 2002).

Además, la decisión de la frecuencia que se elija finalmente también

implica prestar atención a otra variable: el intervalo de tiempo necesario para

determinar la presencia de esta conducta. La investigación ha demostrado que

pequeñas variaciones en el período de evaluación pueden suponer cambios

importantes en las tasas detectadas, especialmente si la evaluación se realiza con

estudiantes, debido a la variabilidad que estos muestran en su frecuencia de

consumo a lo largo del curso académico. Por ejemplo, varios autores (Carpenter,

2003; Cho y cols., 2001; Cortés, Espejo y Giménez, 2007; Fitzgeral y Mulford,

[image:38.595.180.456.78.292.2]
(39)

es superior a la del resto del año. Además, incluso dentro del mismo mes, LaBrie,

Pedersen y Tawalbeth (2007) señalaron que un tercio de los estudiantes

universitarios clasificados como 8o Binge Drinkers en la segunda quincena, se

clasificarían como Binge Drinkers si el período analizado fueran las dos primeras

semanas del mismo mes.

En este mismo sentido, Vik, Tate y Carrello (2000) mostraron que

aumentar de dos semanas a tres meses el período de evaluación incrementaba la

prevalencia de esta conducta en un 27.5% en hombres y en un 32% en mujeres,

aunque este aumento no suponía un cambio estadísticamente significativo en el

número de problemas relacionados con el alcohol durante el último año. De este

modo, el uso de un período más amplio puede proporcionar datos más fiables

sobre la prevalencia de estos patrones de consumo.

Sin embargo, la utilización de períodos muy largos no está exenta de

problemas. Los estudios longitudinales muestran que los jóvenes ofrecen

información distorsionada sobre sus patrones de consumo conforme pasa el

tiempo (LaBrie y cols., 2007; Schulenberg y cols., 1996; Weingardt y cols.,

1998). La recomendación en este sentido es utilizar un período que de cuenta del

patrón de conducta, que atienda a su variabilidad, pero que presente la menor

distorsión por parte de los sujetos. Recientemente varias investigaciones han

propuesto utilizar un período de 6 meses como la medida más adecuada (Courtney

y Polich, 2009; Hartley y cols., 2004; Townshend y Duka, 2002, 2005;

(40)

2. DEFINICIÓN CONSENSUADA DE CONSUMO

INTENSIVO DE ALCOHOL

Como se ha podido apreciar a lo largo de este primer capítulo, el término

Consumo Intensivo de Alcohol presenta una enorme complejidad debido a las

diferentes variables que se requieren para delimitarlo (cantidad, duración,

frecuencia, consecuencias…). Esto ha provocado que continúe sin disponerse de

una definición consensuada por todos los investigadores, con las dificultades de

generalización que ello supone.

En España, el primer intento de ofrecer una definición consensuada y

operativa de esta conducta se llevó a cabo por un grupo de expertos en adicciones

en la 1ª Conferencia de Prevención y Promoción de la Salud en la Práctica Clínica

celebrada en Madrid en 2007 (MSC, 2008).

Como se ha comentado anteriormente, este grupo determinó que la

terminología más adecuada para utilizar en nuestro ámbito era la de Episodio de

Consumo Intensivo de Alcohol, ya que hacía referencia tanto al consumo

esporádico de elevadas cantidades de alcohol como a su realización en un

intervalo de pocas horas.

Además, recogiendo las propuestas que se han mostrado relevantes en el

intento de operativizar este concepto y adaptándolo a una medida aplicable en

nuestro país, lo definieron aludiendo a los parámetros de cantidad consumida,

intervalo temporal y nivel de alcoholemia alcanzado. Concretamente, la definición

(41)

Consumo de 60 o más gramos (6 UBEs), en varones, y de 40 o

más gramos (4 UBEs), en mujeres, concentrado en una sesión de

consumo (habitualmente 4-6 h.), durante la que se mantiene un

cierto nivel de intoxicación (alcoholemia no inferior a 0.8) (MSC,

2008).

Tanto el término propuesto, como la definición operativa del mismo son

las variables que se han tenido en cuenta en la presente investigación. A ello se le

ha unido la recomendación de Courtney y Polish (2009), Hartley y cols. (2004),

Townshend y Duka (2002, 2005) y Weissenborn y Duka (2003) de utilizar un

período de evaluación del consumo durante 6 meses, junto con la de la limitación

de la duración del episodio a 2-3 horas indicada por Hingson (2004) y NIAAA

(2004).

3. CONSECUENCIAS ASOCIADAS AL CONSUMO

INTENSIVO DE ALCOHOL EN JÓVENES

Un aspecto que durante los últimos años ha recibido una atención especial

es el estudio de las consecuencias más o menos graves a corto, medio y largo

plazo que pueden generarse a partir de un consumo de grandes cantidades de

alcohol y específicamente de un Consumo Intensivo en jóvenes (tabla 4) (Kahler y

(42)

Efectos conductuales inmediatos

Prácticas sexuales no planificadas y de riesgo (Adams, Evans, Shreffler y Beam, 2006; Corbin y Fromme, 2002; Fromme y Corbin, 2002; Hingson, Heeren, Zakocs, Kopstein y Weschler, 2002; Morgan y cols., 1990; McEwan y cols., 1992; Morgan, Plant y Plant, 1990; Weschler, Dowdall, Davenport y Castillo, 1995 Wechsler y cols., 1998)

Riesgo de ser víctima de un asalto sexual (Hingson, Heeren, Winter y Wechsler, 2005; Huchting, Lac y LaBrie, 2008; Weschler et. al., 1994; Wechsler y cols., 1998; Weschler et. al., 2002)

Conducción bajo la influencia del alcohol (Adams, Evans, Shreffler y Beam, 2006; Hingson, Heeren, Zakocs, Kopstein y Weschler, 2002; Windle, 2003)

Frecuencias más altas de comportamientos de conducción peligrosa (Weschler et. al., 1994)

Robos, comportamiento agresivo, y daños a la propiedad (Adams, Evans, Shreffler y Beam, 2006; Bennett y cols., 1999; Hingson, Heeren, Winter y Wechsler, 2005; Hingson, Heeren, Zakocs, Kopstein y Weschler, 2002; Huchting, Lac y LaBrie, 2008; Swahn y cols., 2004; Morgan Thomas y cols., 1990; Weschler, Dowdall, Davenport y Castillo, 1995; Turk, 1989; Weschler et. al., 2002)

Problemas con las autoridades (Bennett y cols., 1999; Wechsler y cols., 1998)

Efectos conductuales a medio-largo plazo

Abandono de los estudios por bajos resultados académicos o pérdida continuada de clases

(Barnes y Welte, 1986; Bennett y cols., 1999; DeSimone y cols., 1994; Hingson, Heeren, Winter y Wechsler, 2005; Huchting, Lac y LaBrie, 2008; Richmond, 1979; Weschler et. al., 1994; Weschler et. al., 2002; Vega y cols., 1993)

Problemas los amigos más cercanos, conocidos o con la pareja (Gill, Murdoch y O’May, 2009; Weschler et. al., 1994)

Efectos fisiológicos o sobre la salud a corto plazo

Lesiones graves como consecuencia de accidentes de tráfico (Barnes y Welte, 1986; Department of Transport, 1992; DeSimone y cols., 1994; Midanik y cols., 1996; Morgan Thomas y cols., 1990; Richmond, 1979; Vega y cols., 1993Weschler, Dowdall, Davenport y Castillo, 1995)

Caídas accidentales u otro tipo de accidentes no relacionados con el tráfico (Barnes y Welte, 1986; DeSimone y cols., 1994; Hingson y Howland, 1993; Honkanen y cols., 1983; Richmond, 1979; Savola y cols., 2005; Vega y cols., 1993; Wechsler y cols., 1998)

Diversos problemas sociales y psicológicos, incluido la depresión y el suicidio (Barnes y Welte, 1986; DeSimone y cols., 1994; Morgan Thomas y cols., 1990; Richmond, 1979; Vega y cols., 1993; Weschler, Downdall, Davenport y Castillo, 1995)

Resacas, vómitos, desmayos (Bennett y cols., 1999; Weschler et. al., 1994; Wechsler y cols., 1998)

Daños orgánicos a largo plazo

Aumento de riesgo de daño cerebral, supresión de anticuerpos, accidentes cerebrovasculares

(Ichiyama y Kruse, 1998; Lancet, 1983)

Deterioro cognitivo (Weschler et. al., 1994; Wechsler y cols., 1998)

[image:42.595.106.486.69.617.2]

Cirrosis, hipertensión y enfermedades coronarias (Anderson y cols., 1993; Colliver y Malin, 1986; Marmot, 2001; Pincock, 2003; Shaper y cols., 1981; Sherlock, 1992; Xin y cols., 2001)

(43)

Problemas adictivos

Predisposición a formas crónicas de abuso de alcohol (Dowdall y cols., 1998; Gill, Murdoch y O’May, 2009; Grant y cols., 2004; Grant y cols., 2006)

Consumo de otras sustancias (Barnes y Welte, 1986; DeSimone y cols., 1994; Ichiyama y Kruse, 1998; Richmond, 1979; Vega y cols., 1993)

Tabla 4 (continuación). Consecuencias relacionadas con el consumo de grandes cantidades de alcohol en poco tiempo.

Se diferencian dos vías de análisis: por una parte, la investigación basada

en las consecuencias psicosociales; y por otra los estudios neuropsicológicos que

están permitiendo evidenciar los efectos que esta forma de consumo tiene sobre la

maduración cerebral (Cadaveira, 2009; Chambers, Taylor y Potenza, 2003; Spear,

2002; Tapert, 2007; Winters, 2004).

3.1. Consecuencias psicosociales de este patrón de

consumo en jóvenes

La investigación basada en las consecuencias psicosociales se limita, en la

mayoría de los casos, a rastrear aspectos más propios de una dependencia

alcohólica, motivo por el cual el porcentaje de jóvenes que se ven identificados

con ellos es reducido.

En líneas generales, como se ha indicado en la tabla 4 el consumo de

grandes cantidades de alcohol se relaciona con accidentes de tráfico, violencia

doméstica, maltrato infantil, conflictos de trabajo, enfermedades de transmisión

sexual, actividades de riesgo, infracciones, problemas con la policía, peleas,

mayor dificultad para pensar con claridad, lagunas de memoria, urgencias médicas

e ingresos hospitalarios, complicaciones hepáticas y muerte, entre otros

(Anderson y Baumberg, 2006; Brown y D’Amico, 2000; Cooke, Sniehotta y

Schuz, 2007; Farke y Anderson, 2007; Higgins y Marcum, 2005; Huchting, Lac y

(44)

Navarrete, 2004; Norman, Armitage y Quigley, 2007; Norman, Bennet y Lewis,

1998; Norman y Conner, 2006; Oei y Morawska, 2004; O’Malley, Johnston y

Bachman, 1998; Rodríguez-Martos, 2007; Room, Babor y Rehm, 2005; Weshler,

Davenport, Dowdall, Mowykens y Castillo, 1995; WHO, 2007).

Sin embargo, las consecuencias que se han evaluado, a pesar de ser

relevantes en algunas ocasiones, no permiten una representación bio-psico-social

suficiente del Consumo Intensivo de alcohol juvenil (Kahler y Strong, 2006;

Kahler y cols., 2004; Neal, Corbin y Fromme, 2006; Schulenberg y Maggs 2002;

Slutske y cols., 2004). A pesar de suponer los primeros niveles de un consumo

anómalo y constituir indicadores tempranos del desarrollo de problemas con el

alcohol en un momento posterior de la vida (Abbey, 2002; Giancola, 2002;

Harford y cols., 2003; Perkins, 2002; Wechsler y cols., 2000; Wood y cols.,

2001), las consecuencias no han sido valoradas con tanta precisión como las de

los adultos. En este sentido, uno de los intereses de la investigación desde finales

de los años ochenta, ha sido disponer de medidas de evaluación más completas.

Algunos de los instrumentos utilizados hasta 2006 son el CAPS -College Alcohol

Problems Scale- (Maddock, Laforge, Rossi y O’Hare, 2001; O`Hare, 1997), el

RAPI -Rutgers Alcohol Problem Index (White y Labouvie, 1989) y el YAAPST

-Young Adult Alcohol Problems Screening Test- (Hurlbut y Sher, 1992).

En un intento de construir un instrumento de evaluación más ajustado a la

realidad de los adolescentes y jóvenes, Kahler y cols. (2004) indicaron que una

mayor diversidad de ítems indicativos de problemas menos severos podía ayudar

a diferenciar de manera más precisa entre los jóvenes consumidores. En este caso,

a partir de una evaluación de los ítems del YAAPST, verificaron que la mayoría

(45)

de veinte incluidas en el cuestionario (principalmente resaca, tener sensación de

cansancio después de beber y haber hecho o dicho algo vergonzoso).

Además, también apuntaron una carencia en estos instrumentos al no

recoger comportamientos exteriorizados (como peleas, daños a la propiedad, o ser

arrestado durante la intoxicación) los cuales reflejan consecuencias más

características de los varones (Crick y Zahn-Waxler, 2003), junto con otros de

carácter interno y/o interpersonal que caracterizan mejor a las mujeres (p.e. estado

de ánimo disminuido, reducción de la autoestima o relaciones dañadas), y que en

estos momentos se subestiman (Lo, 1996; Perkins, 2002).

Para superar estos problemas se elaboró el Young Adult Alcohol

Consequences Questionnaire (YAACQ; Read, Kahler, Strong y Colder, 2005),

del que posteriormente se desarrolló una versión reducida (B-YAACQ; Kahler,

Strong y Read, 2005). Este cuestionario incluye una gama amplia de

consecuencias relacionadas con:

- Consecuencias Académicas/Profesionales (p.e. Me he metido en problemas en el colegio/trabajo debido a mi consumo)

- Dependencia Física (p.e. Me he sentido ansioso, agitado, o inquieto al parar o reducer mi consumo)

- Síntomas Físicos (p.e. Mi apariencia física se ha

deteriorado/perjudicado debido a mi consumo)

- Autopercepción (p.e. Me siento infeliz a causa de mi consumo)

- Determinación de Control (p.e. A menudo encuentro difícil poner un límite en mi consumo)

- Consecuencias Socio-Interpersonales (p.e. Me vuelvo maleducado o insulto cuando bebo)

- Conductas de Riesgo Asociadas (p.e. Cuando bebo hago cosas de

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