UNIVERSIDAD A U T ~ N O M A

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UNIVERSIDAD A U T ~ N O M A METROPOLITANA

UNIDAD IZTAPALAPA

División de Ciencias Sociales y Humanidades

Departamento de Filosofía

La cuestión histórica en La feria, de Juan

José

Arreola

Tesis que presenta el alumno

Victor Manuel Ríos Salvador 96331918 Para la obtención del grado de

Licenciado en Letras Hispánicas ,~

Asesora: Dra. Luz Elena Zamudio

Lectores: Dra. Ana Rosa Regina Domenella Amadio Dr. Brian Francis Connaughton Hanley

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Agradecimientos:

A mis padres Rafaela Luis, los que me l e r o n vida y ejemplo. Para ustedes porque si me hubiera faltado su apoyo. el camino en el que ahora estoy habría sido mis largo y difícil. Para ustedes esta parte de mí.

insignificante en comparación con todo lo que me han otorgado. Y sobre todo. para ustedes porque me siguen tomando en cuenta a pesar del tiempo en que he estado ausente.

A mis hermanos Bernardo ?; Gabriel por su eterno e incondicional ¿lpo>~O.

A Margarita Mejía por su apoyo nioral y por el tiempo que d e l e ó en la corrección de este testo.

A la familia Arreola, en especial a Librado y a Orso por su

amabilidad y por la información que me proporcionaron. A la doctora Luz Elena Zamudio. una persona siempre

preocupada porque salgan lo mejor posible los trabajos de sus alumnos. A ella por no dejarme solo.

Al doctor Brian Connaugton porque sin su iniciativa no hubiera recolectado material de gran importancia para la realización de este

trabajo.

A la doctora Ana Rosa Domenella. por sus valiosos comentarios

y correcciones.

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íNDlCE

Introducción 5

0 1 Las ferias, historia, significado, funciones

k 1.1 El concepto de feria

i 1.2 La feria, festejo para transgredir eY orden social

o mantenerlo

0 2 Literatura e Historia, disciplinas que cuestionan el presente

>

2.1 El matrimonio de la Literatura y la Historia

i 2.2 Novela histórica

>

2.3 Cuáles son los hechos históricos

i 2.4 Los hechos históricos que se relatan en La feria

i 2.5 Los habitantes de Zapotlán contra la Historia

0 3 Los tiempos en La feria

>

3.1 El tiempo, materia con la que trabaja La feria

>

3.2 ¿Es lineal el tiempo de La feria?

0 4 La feria, sus voces, sus Historias

>

4.1 La voz de los personajes

k 4.2 Oralidad (herramienta de la Historia), frente a la escritura

>

4.3 Juan Tepano, representante de la

historia oral y la historia documental

>

4.4 Rasgos irónicos en La feria

10

16

22 32 41 45 53

60 65

74

82

89 96

o Conclusiones 106

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Introducción

Es indudable que muchos lectores se acercan a una novela o cuento principalmente para recrearse; para ver el desarrollo de su trama, sus conclusiones, y por qué no, también para sentirse parte de ella. Pero algo ocurre cuando en el proceso de lectura se observa que algunos datos del texto ya son conocidos. El que dichos datos estén presentes en un contexto distinto es

lo

sorprendente, y al mismo tiempo atractivo, como más adelante explicaremos. Los datos a los que me refiero son, como lo indica el título de este trabajo, históricos. Son trozos del pasado colocados en un sitio muy singular: una novela. En esta última, la evangelización de los indígenas en México (específicamente Zapotlán el Grande, Jalisco), la Revolución, el movimiento cristero, etc., surgen y se ocultan; algunas veces se erigen por encima de las anécdotas del texto, y en otras, sucede

lo

contrario.

Entre los motivos que me atrajeron a la obra de Arreola se encuentra una aparente superficialidad, porque en una lectura, llamémosle recreativa, los datos a los que se ha hecho alusión en el párrafo anterior daban la impresión de ser simples comparsas; daban la impresión de que su importancia se opacaba ante la forma en que está escrita la novela (fragmentaria).

En lecturas posteriores y más detenidas, a la sorpresa se le anexaron algunas dudas como éstas: ¿por qué estaban ahí esos datos?, ¿por qué de alguna forma le daban coherencia a la obra?, y, ¿por qué no existía una confrontación entre los datos y la trama en general? Preguntas que surgieron al notar que la Historia no era únicamente el “relleno”, sino que estaba legitimando y dando verosimilitud al texto. Todo eso fue lo que me inclinó a trabajar con la novela La feria de Juan

José

Arreola, y a elaborar una hipótesis: el papel de la Historia, que a primera vista parece mostrarse como un conjunto de datos desordenados, sugeridos -e incluso-, perdidos, tiene una función distinta a la ornamental.

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contrario, se necesitaban. Como ejemplo de ello es imprescindible escribir lo

siguiente:

Durante los 288 fragmentos de la novela observé que muchos de los

personajes no eran contemporáneos, que pertenecían a tiempos muy distintos

aunque hablaran desde un mismo espacio: Zapotlán. Desde ese momento me

pregunté cómo era posible que estos últimos convivieran y que “conversaran”.

Finalmente, logré percibir que lo que los vinculaba, a pesar de la diferencia de

tiempos, era una situación particular: todos los personajes que hablaban desde

otros tiempos en cierta forma aludían en sus pláticas al problema del reparto de

tierras en Zapotlán.

Otro aspecto que me atrajo fue que

el

autor consiguiera que los personajes

de tantas épocas, incluida la del presente de la novela, se hubieran “puesto de

acuerdo” para manifestarse en la organización de las fiestas patronales de ese

año en Zapotlán para hablar del problema del reparto de tierras.

Todo lo anterior lo vi como una señal que indicaba que para las preguntas

¿por qué había esa pugna entre indígenas y terratenientes?, ¿por qué ese juego

con el tiempo?, ¿por qué se recreaban escenas que ya habían acaecido?, entre

otras, la Historia podría y debería dar un respuesta. Esta suposición se fue

reforzando cuando realicé una investigación sobre algunos hechos históricos

incluidos en la novela; en dicha investigación comprobé que la mayoría de esos

hechos, si no, todos, en realidad habían acaecido; es decir, que la novela no era

tan sólo ficción, sino que intercalaba en sus páginas un pasado documentado.

Por otro lado, La feria me pareció importante

no

sólo por eso sino también

porque estaba tratando un tema social sin dejar a un lado el estilo característico

del autor: un estilo irónico. Arreola escribió La feria tomando en cuenta lo que había en su realidad: ”Podría decirse que el conjunto de

los mejores libros de esta

segunda mitad del siglo es como un inventario de la realidad latinoamericana, que

abarca desde los conflictos históricos y geopolíticos hasta los procesos

sociológicos...”’; y pienso que para el autor, la creación de su novela no significó

1

(6)

ceñirse a un problema local, y es que el arrebato de tierras a los naturales de una

región no es, ni ha sido privativo de Zapotlán.

La primera parte del trabajo está dedicada al significado de las ferias en sus

aspectos económico y religioso; además, se da una visión sintética de los

origenes de éstas y de lo que sucede cuando se celebran. En ese apartado resulta

atractivo adelantar

lo

siguiente: la feria que es descrita en la novela tiene la

mayoría de los rasgos que caracterizaban a estas festividades en sociedades muy

antiguas: espíritu religioso, intercambio comercial, división de clases, excesos,

periodicidad, etc.

Las razones por las cuales incluí en primer lugar este capítulo, es

primordialmente porque durante una feria se desarrollan los distintos sucesos que

ocurren también en la novela, y porque en el significado de aquélla reside una de

las causas por las que los problemas de los indígenas no llegan a feliz término.

El segundo capítulo se centra en los cotos de la Literatura y de la Historia.

Se hace un recuento histórico -valga la redundancia- del maridaje que ha existido

entre ambas disciplinas para defender la tesis que

nos

dice que los dos campos

pueden convivir y apoyarse mutuamente. En ese mismo capítulo se explican las

causas por las que se califica a La feria como una novela histórica. Más adelante,

se dedica una parte del capítulo para observar que

a

través de la novela se

denuncia un vicio del que muchos pueblos no están eximidos: el negar ciertas

partes de la Historia por considerar que van en contra de determinados intereses.

En el tercer capítulo el tiempo es el ob,jeto de estudio; consideré

imprescindible su análisis porque ¿no es verdad, y resulta obvio, que al hablar de

Historia necesariamente se debe hablar de tiempos?

El tiempo es tratado desde dos perspectivas: una lineal o progresiva, y otra

circular (que apunta hacia un repetirse). En este capitulo se busca, sobre todo,

señalar el porqué ciertos habitantes (los miembros de la Comunidad indígena)

rigen su vida por el tiempo circular; para, de esta forma, dar una explicación a la

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En el último capítulo eché un vistazo a la función que tiene el habla en la novela. Ahí pongo énfasis en señalar que el texto casi prescinde del narrador omnisciente dejando al lector la tarea de ayudar a los personajes a construirse y, además, a construir una Historia de Zapotlán a partir de lo que estas voces proponen.

Creí imperativo dar un espacio a la oralidad y a la tradición oral porque finalmente, a través de ellas conocemos

los

hechos históricos que están en la novela.

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1.1 El concepto de feria

Una feria está constituida a primera vista, por todo Io que esté ligado a la

diversión: los juegos mecánicos, los juegos de azar, la música, la muchedumbre,

el exceso (en la comida, la bebida, el sexo, etc.), la ausencia de limitantes (aún el

tiempo en el que el hombre desarrolla sus actividades, el día, es alargado o

ignorado con tal de disfrutar la fiesta, “seguirla”); hay una carencia de normas o un

relajamiento de éstas.

El tiempo en el que transcurre la feria es un paréntesis en el que se rompe lo que parece intocable en la vida diaria. Es un tiempo donde al parecer la licencia

es Io que rige a sus participantes.

Mas, para nuestra cultura, donde la religión cristiana tiene un papel

importante, una feria también está ligada a un motivo sacro: un santo o santos a

los que se les debe honrar en un día específico del año. Aunque en nuestra época

(fines del siglo

xx

y principios del XXI) muchas ferias han olvidado ese fondo

religioso, conservan aún dos elementos que los han acompañado desde su origen

en la Europa medieval: su carácter repetitivo, la mayoría de las veces se celebran

anualmente; y también un propósito comercial.

Lo que más sobresale de una feria es entonces: su fondo religioso ligado a

la repetición y su perfil comercial, además de estar inmerso lo anterior en un

ambiente festivo. Así, podemos decir que una feria es un festejo celebrado en un

día específico del año donde los aspectos sacros y profanos se mezclan (el santo

al que está dedicada, y el comercio que surge gracias a ella). Cuando surgieron

las primeras ferias ya estaban presentes las características anotadas.2 Más

adelante explicaremos esto.

Para continuar debemos de antemano aceptar que al igual que los seres

vivos, los ritos (eso es una feria) y sus significados sufren constantemente un

proceso evolutivo al cual es imposible detener o sustraerse. Proceso que, bien

puede ser acelerado, o lento, ir en línea recta o bifurcarse.

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Para comprobar si realmente ha existido una variación en el significado de tal rito,

se debe comparar el pasado con el presente. Debemos acercarnos lo más posible

a las primeras ferias para, posteriormente, ver si tienen algún equivalente con la

feria que queremos analizar.

Las ferias tuvieron su origen en Europa. En El nacimiento de Europa,

existen datos que señalan que en el año 635 de nuestra era se funda la feria de

San Dionisio3 en Francia.

Como vemos, estos aglomerados de gentes tienen bastantes años. Pero

uno se preguntará ¿qué es Io que se hacía en ellas y por qué surgen? Pues bien,

ellas surgen por una necesidad más bien económica que religiosa. Para entender

mejor esta respuesta, y no se piense que es tan simple, abundaré sobre los dos

aspectos en los siguientes párrafos.

Aunque la mayor parte de Europa durante la Edad Media se distinguió por

su reducido comercio, debido a que la producción era principalmente para el

autoconsumo o mantenimiento de una región en general (por

lo

rudimentario en

los métodos y herramientas entre otros factores), no se puede negar que estuvo

presente; de ahí que cuando se dio el tránsito del Medioevo al Renacimiento, se

haya sentido la presencia de los comerciantes de manera muy m a r ~ a d a . ~

En los sitios donde los comerciantes de esta época actuaban se necesitaba,

al igual que en la actualidad, de ciertas condiciones para desempeñar bien sus

actividades; pero por diversos factores, como las condiciones físicas de

los

caminos (de terracería y de piedra principalmente), y la falta de seguridad en

Robert S. López, El nacimiento de Europa. Editorial Labor, Barcelona, 1965, p. 440.

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ellos,5 el comercio vio obstruido su desarrollo, por Io cual era indispensable hallar

un canal que garantizara, al menos, cierta seguridad.

Las ferias son uno de esos canales de garantía, ya que le daban al

comerciante seguridad de tránsito y de venta, y esto

lo

otorgaba el señor feudal o

gobernante del territorio donde tenía lugar la feria. El nacimiento de Europa también nos explica algo de esta cuestión:

... durante tiempos difíciles para el comercio y los comerciantes, el principal aliciente de la feria consistía en la ‘paz de mercado’. A los que visitasen la feria les prometía el señor del

lugar protegerlos contra los pillajes y agresiones del exterior y también ahorrarles sus

propias ‘vejaciones’ habituales.6

Como señalamos más arriba, un elemento importante para la conformación

de las ferias era el económico, que bien podía estar en un pequeño mercado como

en una gran feria internacional como la de Champaña, en Francia:

... feria de saint-Denis, de Bergsop (...), de Colonia; mercado regionales organizados en

multitud de centros urbanos, reuniones anuales de vendedores ambulantes, peregrinos,

campesinos y simples mirones, efectuados en los millares de aldeas con ocasión de la

fiesta de un santo: he aquí todo un mundo de actividad desbordante (...) Su papel,

primordial por la falta de una ciudad mercantil propiamente dicha.’

Esta cita nos sugiere que, a pesar de que las ferias hubieran sido

conformadas para la protección para

los

comerciantes, uno de sus postulados

esenciales -y tácito- señalaba que debían celebrarse en fechas específicas; “con

ocasión de la fiesta de un santo”. Suponemos que

el

propósito en cierta medida

era sacralizar las reuniones comerciales, ya que como se recuerda, en esa época

la religión cristiana tenía un gran peso en la sociedad europea, y era imposible

sustraerse de ella, pues intervenía en todos, o casi todos

los

actos que se

realizaban.* Digamos entonces, que la celebración de las ferias en días

Debida principalmente a la inestabilidad de los reinos, ya que constantemente éstos se hallaban en guerra y los territorios mudaban fácilmente de dueño, haciendo casi imposible la existencia de un aparato que vigilara e impusiera orden en los caminos.

Ibid. p. 327.

Ibid. p. 326.

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determinados se debía a un deseo de darles legitimidad; y qué mejor si lo estaba

por la Iglesia.

En su desarrollo, las ferias estuvieron muy cerca de de~aparecer.~ Pero a

pesar de ese peligro, sobrevivieron, y

lo

hicieron porque supieron adaptarse a las

nuevas circunstancias que se iban creando. Podemos decir que en el aspecto

comercial siguieron en la misma línea, y lo hicieron, repetimos, porque aceptaron

las modificaciones y obstáculos que les presentaba cada época. En lo religioso

ocurrió algo similar, pues aunque el cristianismo hubiera penetrado tan

férreamente en la vida de los hombres del Medioevo, muchos de ellos no

olvidaban las religiones antiguas, “paganas”. Así, en el siglo xv se observa que las

fechas o periodos del año en que se celebraban estas reuniones mercantiles,

estaban motivadas tanto por la religión cristiana como por las religiones antiguas,

las cuales tenían un nexo muy marcado con las estaciones del año, con la tierra y

la fertilidad. Es decir, eran religiones telúricas. Un sitio, la feria de invierno, era la

más importante y en otras la de primavera, verano u otoño”;’’ es evidente que sí

están presentes Esto nos hace pensar que en sus orígenes las ferias y las fechas

de su celebración tenían un nexo aún más fuerte con estas religiones, y que con el

paso del tiempo se fueron incorporando a la idiosincracia cristiana, se

sincretizaron. Dando como resultado que la celebración de las cuatro fiestas más

importantes en la Inglaterra de esa época (como indica Power), coincidieran

precisamente con cada una de las cuatro estaciones del año. El mismo autor

añade a esto: “Los nombres de la ferias simplemente aluden a las estaciones del

año en que había ferias en la mayoría de

los

centros más importantes, si bien no

cabe duda de que en los dioses antiguos, pero incorporados al cristianismo.ll

goza cada grupos social. Pero la religión (. . .) es una y común a todos los países de Occidente”. Ibid.. pp.73-

74.

“...grandes ferias parecen haber perdido su pujanza. Algunos hundimientos (entre ellos, el elocuentísimo de las ferias de Champagne, que como centro comercial empiezan su decadencia ya desde 1260, mientras continúan con cierto esplendor como mercado financiero hasta 13 15-1320) son elocuente testimonio de ello

(. . .), diremos que también se manifiestan fenómenos compensadores: así, aunque las ferias de Champagne decaen, las de Chálons-sur-Saóne se consolidan.”, Ibid. pp. 28-29.

l o Hielen Power, Gente de la Edad Media. Trad. Virginia Erhart, EUDEBA, Buenos Aires, 1966, p.265.

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Siguiendo con el punto de las fechas en que eran celebradas las ferias,

diremos que muchas de ellas tenían una gran duración; de un mes algunas de

ellas, o más: “Del mismo modo que el mercado semanal era adecuado para gran

parte del comercio, la feria anual, a veces también de varias semanas de duración,

era el canal favorable para el comercio a distancias mayores’’12. Aquí puede tener

lugar la siguiente interrogante, ¿las ferias eran exclusivamente lugares de

intercambio comercial o se realizaba algo más? Ya que el tiempo de su

permanencia era tan largo, se puede llegar a pensar que no sólo era el aspecto

económico lo atractivo de este acontecimiento anual. Y era verdad, porque

representaba para el hombre común un rompimiento con las actividades

cotidianas, significaba diversión. Aunado a que en las ferias se veían y

escuchaban las cosas más insólitas, todo ello provocado por las tan distintas

personas que en ellas se reunían. Power describe a este intercambio de productos

comerciales, de ideas y costumbres, a través de un personaje imaginario llamado

Bodo:

Una vez por año Bodo disfrutaba de otro esparcimiento, pues regularmente el nueve de octubre, cerca de las puertas de París, se inauguraba la gran feria de san Dionisio que duraba un mes integro (...)

Bodo solía escuchar cientos de lenguas y dialectos, pues en las callejuelas se codeaban

individuos procedentes de Sajonia y Frisia, de España y Provenza, de Ruán y Lombardía y

quizá también uno o dos de Inglater~a.’~

Vemos entonces, que Io importante y esencial de las ferias era el ser un

punto donde confluyeran tanto personas como productos para su intercambio por

la seguridad que de ellas emanaba, a esa finalidad se le unía el aspecto lúdico

para los habitantes de la región donde se ubicara la feria. Y la masa, la gran

cantidad de distintas personas que se conjuntaba en ellas, representó para sus

primeros años, una pérdida de identidad; porque eso -según Moscovici- es Io que

finalmente significa una multitud:

~~~ ~

cuatro estaciones. En invierno había un ‘Mercado frío’ (...) En primavera había un ‘Mercado de Pascua’( ...)

En verano, en l a época que se celebraba la festividad de San Juan el Bautista, se instalaba el ‘Mercado de San Juan”’, Eileen Power, Op. cit., pp. 200-201.

’’

Historia de las civilizaciones 6 , La baja Edad Media, Dirigida por Joan Evans. Alianza Editorial, España, 1989, p. 376.

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Las multitudes tienen como característica principal la fusión de los individuos en un

espíritu y sentimiento comunes, que esfuman las diferencias de personalidad y disminuye

las facultades intelectuales. Cada cual se esfuerza en seguir a los semejantes con los que

se codea, el conglomerado, por su masa, los arrastra en su d i r e ~ c i ó n . ‘ ~

Por lo tanto, una feria denota: ver la vida diaria como algo distinto por un

determinado lapso de tiempo; reunirse e intercambiar experiencias y productos

con personas ajenas; divertirse, ser “otro” distinto al que cotidianamente se es;

mezclarse y perderse entre la gente, ser un fragmento de ella; y, finalmente entre

todo este repertorio de características se tiene, la justificación divina (pretexto):

una feria es celebrada en determinada fecha porque se está recordando a un

santo, a una autoridad religiosa, o a un acontecimiento importante para la religión

(regularmente la cristiana).

De tal modo que La feria, seguramente va a tener una relación directa con ese mostrar una cara distinta, con esa justificación divina, con ese intercambio de

experiencias, y con esa licencia. Por lo cual hay que prepararse para leer con

detenimiento

lo

que la novela ofrece, y no tomar como literal todo lo que ella diga.

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1.2 La feria, festejo para transgredir el orden social o mantenerlo

De acuerdo con Gil Calvo, una fiesta es un rito que en su superficie

pareciera no tener utilidad. Aduce que las funciones de las fiestas, sus objetivos

principales, se pueden inferir gracias a la observación de

lo

que ocurre en el grupo

social donde tal rito, o ritos se realizan:

...q ue la fiesta deba necesariamente carecer de funciones (el subrayado es mío)

manifiestas y explícitas no impide que además pueda poseer algunas funciones tácitas

latentes, necesariamente ignoradas o desconocidas (...), tales funciones, invisibles

subterráneas o clandestinas pueden deducirse de las consecuencias que objetivamente

ejerzan sobre los sujetos afectados por ella^...'^

Y estas consecuencias las clasifica en dos principales: la primera encierra

un rompimiento o reestructuración del orden social; la segunda, apunta a la

continuidad o reproducción del mismo orden.I6

Las ferias son eventos realizados en determinadas épocas del año, cuya

finalidad estriba esencialmente en

lo

económico y en

lo

religioso, y es que en los

sitios donde tienen lugar estas celebraciones se reúnen diversos comerciantes

para ofrecer gran cantidad de productos. Estos festejos buscan en primera

agradar o congraciarse con la divinidad a la que se está celebrando, mas también,

si se analiza detenidamente se apreciará que hay algo más, pues como entran en

la clasificación de ritos festivos, hallamos que tienen propósitos extras

sólo

identificables al término de tales eventos. Cuando se está realizando el rito es

Enrique Gil Calvo, Estado defiesta. Espasa-Calpe, Madrid, Esparia, 1991, p. 83.

l 6 “Las fiestas son un paréntesis en la vida cotidiana y son propicias para que el hombre manifieste aquello que no hace en su vida diaria, son indicativas de cambio, ya sea real o figurado; en capítulos posteriores profundizaremos en esta cuestión del paréntesis, en éste sólo queremos indicar lo que las fiestas provocan en las sociedades en general: una ruptura social o un puente más con el orden social: en el primer caso “Las fiestas (...) sobre todo vinculan, relacionan, encauzan, canalizan, construyen, crean y recrean, al actuar terapéuticamente sobre las disfuncionalidades del tejido social; induciendo, liberando y movilizando todas

sus ingentes capacidades potenciales de autorregeneración espontánea. Y ésta es la mejor virtualidad potencial de las fiestas: la de superar la resistencia al cambio y provocar la progresiva reestructuración del orden social.”. Enrique Gil Calvo, Op.Cit., p. 89.

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difícil prever la función que tiene, sin embargo, cuando éste termina es cuando se

manifiesta su razón de ser; desde ese instante es posible determinar el por qué

del ritual: si se quería el rompimiento del orden social, o al contrario, su

continuidad.

Lo que se acaba de indicar no es difícil de entender si nos encontráramos

frente a una comuni’dad que apuntara a uno u otro de esos extremos, mas ¿qué

sucede con aquellos festejos donde la continuidad del orden social es buscada por

una parte de la comlunidad, y la ruptura, por otra? ¿Cómo clasificar a este tipo de

situaciones? Es imperativo indicar que en La feria, tiene lugar un rito de este tipo, un rito que busca no un objetivo común sino dos diferentes: trocar/seguir; y tiene

lugar tal disyuntiva en el rito porque participa todo el poblado en dicha acción;

porque en esos momentos una parte -el grupo indígena- aprovecha ese tiempo

singular para intentar un cambio; y también porque simultáneamente a

lo

ya

enumerado, los caciques y terratenientes se oponen a ello, apostando por

continuar e inmovilizar tal situación.

Los indígenas son orillados a actuar de tal forma en el tiempo que duran los

festejos porque, corno Io explican los hechos históricos insertos en la novela, no

han conseguido ninguna respuesta a sus demandas por el camino legal a

lo

largo

de varios siglos. Su última oportunidad es intentarlo por el camino simbólico.

Pensaron que proba,blemente por ahí comenzaría a cambiar su suerte.

Después de tantos siglos sin respuesta,

los

indígenas continúan con su

solicitud de justicia, piden ser reconocidos como iguales, y, por un hecho

providencial -la muerte del Licenciado (el personaje que ese año iba a ser el

mayordomo de las festividades de Zapotlán)-, parece que el grupo indígena al fin

lo

ha conseguido y Io manifiestan con entusiasmo: “¿Quién no ha querido alguna

vez ser mayordomo? Como ninguno de nosotros tiene dinero para hacer la

Función, vamos a hacerla entre todos (...) Nos estábamos quejando porque no

había mayordomo, y ya ven ustedes, ahora tenemos treinta mil. Así es nuestro

Patrono ...I’ (f.96)I7 Parece que se ha logrado un trastocamiento del orden social

” Juan José Arreola, Labria, SEPiJoaquín Mortiz, México, 1989.(Lecturas Mexicanas, 86), p.62. Tomando

(17)

que desde hace siglos predominaba en Zapotlán. Pero es un triunfo a medias

porque no alcanzan el reconocimiento que esperaban. Y , tal como dice Sancho

Panza en uno de sus relatos; cuando a un labrador invitado por un hidalgo a

comer le pidieron sentarse en la cabecera de la mesa, primeramente se negó a

hacerlo aduciendo que ocuparía un lugar que no le correspondía. Mas, finalmente

se le sentó ahí por la fuerza. En esos instantes el hidalgo dijo: “Sentaos,

majagranzas que donde yo me siente será vuestra cabecera”. Es evidente que en

La feria ocurre Io mismo: no importando quién se haya hecho cargo de los gastos y de la organización de las festividades, el sitio en la escala social no es posible

alterarlo, ni siquiera de manera figurada.

Cuando llega el día de la Función,18 se patentiza la medianía del éxito

indígena porque incluso en esas fechas éstos no dejan de ser los de “abajo”, y así

lo

dice una voz que, con ironía, señala dónde están: “Ahora asómese para abajo.

¿Qué es Io que ve? Sí, son ellos, los miembros de la Comunidad Indígena (...).

Son cien o doscientos aplastados bajo el peso de tantas galas, cien o doscientos

agachados que pujan por debajo ...” (f.280).

En un inicio se indicó que en las festividades en honor a Señor San José se

mezclan las dos finalidades a las que aspiran los festejos en general: la

continuidad o el trastocamiento;

los

indígenas apuntan hacia la transgresión del

orden social, y los terratenientes por mantenerlo. Mora Varcarcel aduce que

existen dos ejes principales en el texto: el problema de la tierra y la devoción a

San Josélg; en el mismo artículo presenta un cuadro sinóptico donde anota

diversas etapas temporales: pasado remoto, pasado cercano y, pasado inmediato;

de ellos nos dice: “estos antecedentes históricos fundamentan la actuación de los

dos grandes antagonistas del relato: opresores vs oprimidos (...), una gran masa

de desposeídos frente a una minoría que dirige y controla sus vidas”.*’

Comprobamos que se extiende la lucha histórica a todos los ámbitos de la vida del

Se denomina día de la “Función” al veintitrés de octubre de cada año en Zapotlán el Grande, en tal fecha se realizan los festejos mayores en honor de Señor San José. Aunque días anteriores también los hay, su importancia es menor, actúan como festejos preparatorios o de apertura para el día de la “Función”.

Carmen de Mora Varcarcel, “Juan José Arreola: La feria o un Apocalipsis de bolsillo”, en Revista Iberoamericana. 150, Enero-Marzo, 1990, p. 102.

*O Carmen de Mora Varcarcel, Op Cit., p. 104.

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pueblo; no hay una reconciliación ni siquiera en ese paréntesis (el festejo religioso)

que se hace a la cotidianidad cada año. Hasta se puede asegurar que la pugna se

exacerba. Emile Durkheim aduce que en

los

ritos, la comunidad comparte un

mismo sentimiento; éste mismo crea una red que cohesiona a los participantes del

rito: “lo esencial es que los individuos estén reunidos, que se perciba la existencia

de sentimientos comunes y que éstos se expresen en actos comunes...”.*’ Lo que

hemos explicado anteriormente respecto a la pugna entre los dos bandos y a su

continuidad en todos los terrenos, es indicativo de que la tesis sustentada por

Durkheim no es aplicable a todos los ritos,22 porque en este caso, el rito es el que

acentúa las diferencias, no las disminuye, ni impone una tregua durante el tiempo

que duran los festejos.

Continuando con el papel de la comunidad en lo referente a la celebración

de un rito, señala Cazeneuve que es obligatoria la participación de la primera: un

rito necesita realizarse dentro de una comunidad, esta la legitima; a pesar de la

existencia de ritos individuales, la naturaleza de éstos es esencialmente comunal;

la sociedad o grupo social que los realizan les dan consistencia, de lo contrario

pierden significado. Su justificación es la masa, sin ella no habría celebración.

Pasa lo mismo que con las deidades (en nuestro caso sería San José):

... se forman en la vida en grupo y tal vida es esencialmente intermitente (...) si los

pensamos con menos intensidad, acaban por contar menos con nosotros, y nosotros a

contar menos con ellos ...

La única manera de rejuvenecer las representaciones colectivas que se refieren a los

seres sagrados es fortalecerlos en la fuente misma de la vida religiosa, es decir, en los

grupos reunidos.23

Por todo

lo

anterior, encontramos que las tesis expuestas por Gil Calvo son

aplicables a La feria. Cuando terminan los festejos en Zapotlán, no se observa una perturbación del orden social; no existió incluso en el tiempo que duró el rito. Fue

una ilusión el cambio de papeles.

” Emile, Durkheim, Las formas elementales de la vida religiosa. Trad. Ramón Ramos, AKAL Editor,

Madrid, España, 1982, p. 360.

Aunque sabemos que éI hablaba de los ritos celebrados en sociedades reales, no en sociedades de papel como las de esta novela. En capítulos posteriores mostraré que la sociedad descrita por la novela, es el reflejo de la sociedad “real” que inspiró al autor. Por lo anterior nos atrevimos a aplicar la tesis de Durkheim en la novela.

(19)

Ahora, podemos decir que el camino que escogió el grupo indígena para

conseguir igualarse a

los

otros, por lo menos en un plano simbólico, no fue el

adecuado. A pesar de que pusieron sus esperanzas en San

José, como

lo

dice

una voz anónima, para resolver sus problemas:

- Yo propongo que si Señor San José es de veras el patrón de Zapotlán que nos lo

demuestre y nos de a entender de una vez si está con los pobres o con los ricos.

- ¿Y cómo lo vamos a saber?

- Pues si está con nosotros que se arregle lo de las tierras. Y si no, nosotros para qué

nos metimos ya en lo de la Función ...( F.209)

Y, reiteramos, el camino no fue el adecuado porque ponen sus esperanzas

de cambio en un rito que en esencia significa estatización: un rito religioso. Y es

que la religión (la vía que toman los indígenas para resolver sus conflictos): “tiene

(...) una inclinación conservadora. En cuanto medio de garantizar el orden humano

a través del arquetipo divino, tiende por naturaleza a instituir un orden inmutable

en su propio Sí, sin saberlo, el grupo indígena apoyó el mantenimiento de

su situación. Mas ¿quién les iba a decir a los indígenas que una feria es un

momento de ilusión donde suceden cosas que en la cotidianidad son imposibles

de realizar?, y ¿quién les iba a decir que cuando termina una feria todo debe

volver a su sitio, ya que por ser un rito religioso, la ferias no son adecuadas para

intentar un cambio?

23 J. Cazeneuve, Sociologiu del rito. Amorrortu Editores, Argentina, 197 1, pp. 320-32 l .

24 J

(20)
(21)

2.1 El matrimonio de la Literatura y la Historiaz5

Hablar sobre las dos disciplinas (Literatura e Historia) implica, entre otros

puntos, poner atención en el material que cada una de ellas trabaja, en el modo en

que la trabajan, y, también, en el objetivo que persiguen al laborar con dicha

materia prima. A la literatura se le conoce como una actividad o disciplina en

donde se manifiestan principalmente los sentimientos e ideas del autor; ésta sería

la piedra en bruto que el autor debe pulir y moldear; la decisión que éI tome

respecto a la forma que finalmente tendrá su diamante, estará vinculada con los

recursos estilísticos y retóricos que incluyan en su obra. Todo lo anterior

redundará finalmente en el objetivo al que todo texto literario apunta: llamar la

atención del lector, involucrarlo en Io que dice el texto, hacer que el lector haga

suyo el (los) sentimiento (S) o idea (S) que respira (n) en el texto. Para ello es

imperativo introducir al lector en un proceso de identificación; se debe convencer

al receptor para que recree en su mente los hechos creados por el autor (hechos

que, por así decirlo, son parte de un pasado, porque surgieron en un pasado en la

mente del autor).

Con respecto a la Historia, la documentada (y la oral), ocurre algo similar al

proceso seguido por el literato: existe un tratamiento de los hechos llamados

históricos -hechos que de una u otra forma son el resultado del conjunto de ideas

y conceptos que el historiador se ha formado a

lo

largo de su vida; es decir, la

selección de estos o aquellos hechos, viene siendo el reflejo de las ideas del

autor. El modo de tratar estos hechos dependerá del tipo de investigación que esté

llevando a cabo el historiador, porque así como el tema de la soledad no se

experimenta de la misma forma al leerlo en una novela que en un poema, así, un

estudio histórico que hable sobre determinada revolución armada, no tendrá el

mismo impacto si el levantamiento es mencionado en una crónica, o si es narrado

por un participante del conflicto. El objetivo hacia el que apunta la Historia no es

convencer al lector de que sucedió un hecho en el pasado, sino más bien,

mostrarle cómo sucedió; es decir, explicarle. Aquí el lector no debe pasar primero

(22)

por el proceso de identificación (éste no existe) -aunque sí por el de recreación-,

porque de antemano presupone que ocurrieron ciertos hechos en el pasado.

Como se observa hasta el momento, parece que sí tienen similitudes

ambas disciplinas, en lo Único que difieren es en el proceso de convencimiento.

Esto nos da la idea de que la Historia y la Literatura tienen (tuvieron) una relación

muy estrecha. Por lo tanto, el que existan y hayan existido novelas históricas, fue

el resultado irremediable de una asociación feliz entre dos áreas de rasgos

similares.

Es muy prometedor el panorama, pero ¿este romance siempre se ha

mantenido?, es decir, ¿no ha habido rupturas entre ambas disciplinas,

consiguiendo que cada una de ellas haya sido vista como polos opuestos?;

lamentablemente, parece que así ocurre.

Aristóteles nos había dicho que el poeta muestra los hechos tal como

debieron haber sucedido, el historiador como sucedieron. El primero lo hace

empujado por un anhelo estético (principalmente), manipula lo que sucede en su

texto con libertad casi ilimitada; el otro no dirige los hechos, porque éstos ya no

pueden modificarse, tan sólo selecciona cuáles son factibles de pertenecer a la

Historia y cuáles no. Los dos hacen un discurso, pero el tratamiento de éste es

distinto para cada uno de ellos; por Io tanto apreciamos que desde la antigüedad

se inició la ruptura, y las distinciones.

Mas no hay que ser tan pesimistas, porque no se debe olvidar que antes del

mismo Aristóteles tuvo lugar la convivencia entre la Historia y la Literatura (poesía

en ese entonces); e inclusive se auxiliaba una de otra. El llamado padre de la

historia, Heródoto, en sus Nueve libros de la historia es el mejor ejemplo para

demostrar esto.

Este historiador se vio obligado a recoger testimonios orales y a anotar

aquello de lo que era testigo (fundamentalmente porque el papel todavía no hacia

su aparición, y menos aún la imprenta). Construyó una historia de acontecimientos

inmediatos donde éI era una de las fuentes por haber testificado los hechos. Su

otra fuente era secundaria, menos confiable (si se observa desde el punto de vista

(23)

documentos) porque

lo

había oído, es decir, Heródoto, no

lo

había constatado;

Lozano, citando a Hartog, nos dice respecto a esta cuestión: . . . el saber histórico se funda en la autopsia (de opsis, vista) (...)

... -el historiador narra sucesos que éI mismo ha visto- o se ocupa de un pasado cercanísimo. La fiabilidad o credibilidad de sus relatos estarán garantizados, puesto que

quien lo narra lo ha visto. (...) El yo he visto se sitúa entonces como garante de verdad...26

Y por el lado de la información oral:

Se puede suponer que este segundo tipo de relato sería menos creíble al poseer menos

fuerza el sujeto de la enunciación que transmite algo que éI directamente no percibió y ha

de basarse en una falible a inventiva memoria.( ...)

Heródoto privilegia la observación directa. Mas acepta en su caso, a diferencia de

Tucidides la información oral, sujeta a duda cuando no a descualificación(sic) (...)

Heródoto reserva, en todo caso, un lugar importante para lo que ha oído.( ...)

Y es que Heródoto, como todo viajero, está decididamente comprometido entre lo oral y lo escrito.*'

Los dos discursos que se incluyen en

los

Libros de Heródoto tienen una particularidad: la ficción -no total- estaba presente en ellos. ÉSta se mostraba

plenamente en los relatos míticos que le proporcionaban aquellos que también le

daban información histórica. El porqué señalamos que un mito no es pura ficción

obedece a que:

En las versiones del mito se introducen notas del contexto social y en ese sentido (...) las

versiones del mito guardan los trazos, la impronta de un momento determinado de la

historia.28

El mito guarda dentro de sí un núcleo de verdad, pero por las

modificaciones de las que es objeto en cada enunciación, paulatinamente ese

núcleo va incorporándose y hundiéndose entre Io que cada reproductor oral le

añade. Finalmente el bastión de verdad se esconde a la vista, dejándose ver

únicamente

lo

que al paso del tiempo le han agregado sus enunciantes. Se

deforma la verdad:

El relato mítico, entonces, puede caracterizarse como aquel en el que la verdad de los

hechos está alterada, que puede ser mera leyenda. (. . .)

26 Jorge Lozano, El discurso histórico. Alianza Universidad. Madrid, 1994, p. 19. 2' Jorge Lozano, Op. cit., pp. 19, 2 1.

(24)

Podemos entonces pensar como Pouillon que un mito lo es para el que Io denuncia, no

para el que lo a n ~ n c i a . ' ~

De esta forma observamos que la alianza entre la literatura y la Historia es

antiquísima.

Si pensamos que el mito fue, por así decirlo, una de las primeras

manifestaciones literarias de la humanidad donde la realidad concreta latía, ¿no es

aceptable pensar que el origen de ambas disciplinas puede incluso hasta

confundirse, si pensamos que también la Historia trabaja y trabajó con esa

realidad?; o, yendo más allá: ¿no sería adecuado señalar, por todo

lo

hasta ahora

dicho, que en el pasado la Literatura y la Historia eran una misma?

La asociación de las dos disciplinas se ha observado a lo largo de la

historia. Así, aunque en la Edad Media las crónicas eran los documentos

históricos que predominaban, para el siglo XVI los relatos históricos van ganando

terreno. La causa de esto fue la ínínfeligíbilidad de los datos que aquellas presentaban. Aunado a que eran, por así decirlo, textos inconclusos:

La crónica en el sentido estricto comienza en el momento en que el cronista toma su

pluma y se para cuando la deja para, eventualmente, ser continuada por otro; por tanto no

describe sino un segmento de tiempo cuyos puntos de partida y llegada son (...) arbitrarios

de cara a los acontecimiento^.^^

El relato histórico se enfocó a una situación en especial, dio conclusiones

sobre ésta y, sobre todo le dio sentido. En este momento la Literatura muestra

nuevamente su parentesco con la Historia, porque Io que hizo distinto a los relatos

históricos de las crónicas fue la figura del narrador; sí, una figura similar a las que

constantemente se observan en las novelas y en los cuentos. El trabajo que hizo

el narrador fue el de hacer inteligibles

los

datos que se anotaban en las crónicas y

otros documentos.

Hallamos así que la Historia se apoyó, y aún lo hace, en algo que la

Literatura usa constantemente para poder transmitir

lo

que quiere decir: la

inteligibilidad; ésta es un rasgo proveniente de esa figura casi privativa de [a

29 Ibid., pp. 122, 125

(25)

literatura, el narrador. Lo singular de todo esto es que

lo

que ahora distingue a la

Historia es la misma inteligibilidad:

Lo real ya no tiene el privilegio de ser el afloramiento de los hechos, de permitir que emerja a través de ellos una realidad profunda, ni de ser por eso mismo auroleada con el poder de

“expresar” a la vez la “cosa misma” y el sentido que tendría en ella.

Desde ese punto de vista, podemos decir que en lo sucesivo el signo de la Historia es no tanto lo real sino lo inteligible.31

Tanto la crónica -llamémosle el texto histórico más cercano a la

objetividad3’- como otros documentos donde se hace referencia a algún hecho o

hechos históricos, si están dispersos crean el efecto de lagunas históricas. La

mano del narrador es la que rellena esos intersticios; coloca el faltante -no de

forma arbitraria. Guiándose con el material que tiene a la mano hace coherente el

conjunto de documentos y datos que son ajenos unos de otros.

Si los documentos no están estructurados, son entonces sólo un conjunto

de papeles sueltos que no explican nada; dicho en otras palabras:

Aun cuando el historiador pudiera remontar la corriente hasta las fuentes más primitivas, escrutando sin cesar en los sistemas histórico y lingüisticos hasta encontrar la experiencia

que ocultan al desarrollarse, nunca capta el origen sino solamente los estadios sucesivos de su pérdida.33

Es decir, si imaginamos que existieran documentos para cada instante del

pasado, el historiador no tendría nada que hacer, pero como no es así, éste último

debe “crear” esos documentos “perdidos” , a partir de los pocos que “quedan” para

entender cómo era el pasado; debe remontarse en el tiempo y pensar cómo fueron

esos momentos, esos estadios que no están plasmados en documentos.

Hasta ahora hemos visto que en épocas pasadas la Historia y la Literatura

han convivido, la duda que queremos despejar no tiene que ver únicamente con

esos tiempos, sino más bien con la actualidad. Por lo tanto, es imprescindible

3‘ Michel de Certeau, La escritura de La historia. Trad. Jorge López Moctezuma, 2” ed., UIA, México, 1993.,

p. 58, (El subrayado es mío).

Es la más cercana, porque únicamente se anotan los hechos, sin dar alguna explicación del porqué surgen, ni opinión alguna sobre ellos por parte del que los escribe: tan sólo son escritos. Pero no es completa tal subjetividad porque, finalmente, en su selección obedecen a un interés especial por parte del escritor; ya sea la alabanza a un poder establecido, o su crítica. También son escritos bajo la influencia del estado anímico del escritor, es decir, está influenciado tanto por el exterior como por su subjetividad. Es sólo un intento de objetividad.

33 Michel de Certeau, Op. Cit., p. 36.

(26)

anotar que se ha olvidado, o se quiere ignorar la simbiosis que existió entre la

Literatura y la Historia.

De

la primera se señala que pertenece al reino de la

subjetividad, donde lo que predomina son los sentimientos del autor, por ello esta

disciplina no puede relacionarse con la Historia, porque esta última busca en

esencia, según Huizinga, alcanzar la objetividad -rasgo distintivo de las ciencia:

Lo Único que convierte a un libro en Historia es la necesidad absolutamente honrada de

llegar a comprender el pasado lo mejor posible sin que se mezcle en ello el propio espíritu

(...). Tan pronto como alguien viste esta convicción (de que las cosas tuvieron

necesariamente que ser así) con el ropaje de la novela, con la forma de exposición propia

de la literatura, profana lo que hay de sagrado en la Historia, por muy convencido que esté

de que escribe una obra

A pesar de esto, creemos que sí pueden reunirse la Historia y la Literatura,

sin que se profane a la primera. Por ello mismo quizá Pons nos dice que la novela

histórica es: “...una manera particular de incorporar la Historia en la

Cuando se señaló en lo primeros dos párrafos que la Historia y la Literatura

tenían cada una un objetivo, se dijo que la Literatura apuntaba por mostrar

los

sentimientos e ideas del autor y que la Historia buscaba sobre todo mostrar una

parte del pasado. En la novela histórica se cumplen los dos objetivos, porque al

mismo tiempo que se da cuenta de la subjetividad del autor, en el texto reposan

hechos pasados, hechos extraídos de documentos históricos (cartas, diarios,

cédulas, etc.) ylo relatos de la tradición oral. Lo singular es su fusión.

Los autores no modifican

los

hechos; tampoco cejan en su necesidad de

mostrar lo que piensan. Pons, refiriéndose a las novelas históricas de las últimas

décadas del siglo

xx,

indica que ellas buscan, sobre todo, desmitificar el pasado,

no verlo con ojos idólatras: ‘ I . . .algunas de estas novelas hacen reflexionar sobre la

posibilidad de conocer y reconstruir el pasado histórico; otras recuperan

los

silencios o el lado oculto de la Historia, mientras que otras presentan el pasado

histórico documentado y conocido desde una perspectiva diferente,

de~familiarizadora.”~~

34 Johan Huizinga, El concepto de la historia. Trad. Wenceslao Roces, FCE, México, 1994, p. 49.

35 María Cristina Pons, Memorias del olvido. Del Paso, Garcia Márquez, Saer y la novela histórica de fines

del siglo XX. Siglo XXI, México, 1996, p. 35.

36

(27)

La cuestión es que en la novela histórica

los

hechos históricos que ya

pasaron por una primera selección -hecha por el historiador- son objeto de un

nuevo filtrado, pero ahora por parte del poeta. ÉI debe revisar, clasificar y

organizar qué hechos históricos (y ficticios) integrarán su obra, para de esta

manera cumplir sus expectativas. Ya que de eso dependerá que el lector logre

aprehender el mensaje o idea que yace en el texto.

Leer un texto de ficción es diferente a leer un texto histórico, eso no puede

dudarse, pero por la organización del discurso y los recursos de los que echa

mano el historiador un texto histórico puede dar la sensación de ser uno de ficción,

y viceversa porque:“

...

somos lectores de historia tanto como de novela(sic). Toda

grafía, incluida la historiografía, depende de un teoría ampliada de la lectura. De

ello resulta que la operación de implicación mutua antes mencionada, tiene su

asiento en la lectura...”37

Sabemos que al momento de tomar un texto de ficción de antemano se

acepta que el contenido de dicho texto no es parte de la realidad concreta, aquella

en la que vivimos

los

lectores; es producto de la imaginación del autor, parece

real, pero no Io es. Es una realidad para los personajes que actúan y habitan en

dicho texto; ellos sufren, experimentan, soportan,

lo

que el escritor pensó deberían

sufrir, experimentar, soportar. Pero, repetimos, si el autor consigue que

los

lectores nos compenetremos en la lectura de su obra y venza nuestra reticencia

con la que iniciamos la lectura del texto, comprobamos que hemos eliminado las

distancias que habíamos impuesto entre la “realidad” del texto y nuestra realidad.

De la misma forma, si un historiador consigue introducirnos en el discurso que ha

producido sobre el pasado, en su historia, digamos que ha actuado cual si fuera

un buen narrador de ficciones. “Se puede leer un libro de historia como una novela

-dice el mismo Ricoeur. De este modo se entra en el pacto de lectura que instituye

la relación de complicidad entre la voz narrativa y el lector implicado. En virtud de

este pacto, el lector baja la Sin embargo, en lo concerniente a las

novelas históricas, el autor no espera tan sólo que haya una identificación,

~

” Paul Ricoeur, Tiempo y narración ZZZ, el tiempo narrado. Siglo XXI, México, 1996, p. 902.

(28)

también espera que el lector de antemano o en el proceso de lectura, perciba que

está frente a hechos que ocurrieron en el pasado, hechos que en su momento

fueron concretos. Y esto se logrará si el receptor tiene un conocimiento histórico

mínimo -en la mayoría de los casos. De esta manera, “Este contrato de lectura

genera en el lector una determinada predisposición frente al texto y provee las

pautas, o instrucciones que han de regular el proceso de lectura en la producción

de

ent ti do.^'

Otro punto en el que también coinciden la Literatura y

la

Historia es el

relacionado con la realidad. Párrafos atrás mencionamos que para el discurso

histórico esta cuestión quedaba subordinada a la inteligibilidad; pero también se debe admitir que si los sucesos de los que habla la Historia no hubieran ocurrido

en ella -en la realidad-, el historiador no tendría material al cual darle sentido. No

se puede hacer inteligible a la nada.

Puede lograrse el efecto de realidad en el lector, eso ya se mencionó, pero

lo

que se describe o relata en cualquiera de los dos textos

--los

literarios y los

históricos- no es la realidad en

sí,

se habla de ella, mas no se trabaja con ella. La diferencia que podemos hallar entre ambos tipos de discurso en Io referente a este

punto, es que los históricos nos hablan de sucesos que en verdad ocurrieron, que

sí acaecieron en una fecha específica, con documentos o monumentos que

puedan c o m p r ~ b a r l o ; ~ ~ mientras que

los

de ficción hablan de hechos que

sucedieron en la mente del artista.

Pero incluso con la diferencia que acabamos de anotar, ninguno de

los dos

discursos trabaja con la realidad concreta; como lo menciona Barthes:

... en la historia “objetiva”, la “realidad” no es otra cosa que un significado informulado, protegido tras la omnipotencia del referente. Esta situación define lo que podría llamarse el

“efecto de realidad” (...) es la propia realidad trasformada en significado vergonzante: el

39

María Cristina Pons, Op.Cit., p.29

(29)

discurso histórico no concuerda con la realidad, lo Único que hace es significarla (el

subrayado es mío) ...4’

Si la historia nos habla de un pasado, puede entonces hacer en su discurso

que una batalla ocurrida hace varios siglos tenga lugar nuevamente. También

puede conseguir que alguien, muerto hace mucho, “viva” otra vez; camine por los

mismos sitios que caminó cuando vivía: “Porque hablar de los muertos es negar la

muerte (...). por eso se dice que la historia ‘resucita’. Literalmente esta palabra es

un engaño, pues la historia no resucita a nadie...”42 Sí “viven” los muertos gracias

a la historia, pero no es la vida de nosotros los que nos consideramos vivos, los

que leemos y “presenciamos” las acciones de los otra vez vivos.

Por

lo tanto, no

es la realidad.

En cuanto a la ficción, ella también puede hacer vivir a hombres, y a épocas

pasadas. Entre sus páginas también se puede librar una batalla e incluir

personajes históricos como protagonistas. En fin, puede hacer que “hombres” que

nunca existieron, “tomen vida”, sean parte de una realidad, la realidad que vive en

la literatura; realidad también ajena a nuestra realidad, la de los lectores. Pues

como señala Lozano: “...historia y novela, no hacen revivir. Lo vivido tal como sale

de las manos del historiador, no es Io que han vivido los actores”.43 Todo el pasado

se puede recrear, pero únicamente en el discurso. La vida infundida a los muertos

es vida perteneciente sólo a las palabras, jamás vida literal.

Como conclusión, se puede añadir que un texto de historia puede ser

también un texto literario por la manera en que se nos presenten los hechos por

parte del autor.

Si en un pasado, como se vio con Heródoto, era opcional mezclar las dos

disciplinas, ya que podia darse el caso de ser rechazado tal texto por incluir

“mentiras”, ahora es imperativo hacerlo porque: “Por una parte -el historiador- es

un narrador de hechos pasados (...), un narrador de historias, y quien no sabe

contar es un mal historiador, pero al mismo tiempo es un Entonces,

41

Roland Barthes, “El discurso histórico”, en El susurro del lenguaje. 2”. ed., Paidos Comunicación,

Michel de Certeau, Op. Cit., p. 63. Barcelona, 1994, p. 171.

43 Jorge Lozano, Op. cit., p. 130.

44 Ibid., p. 194.

(30)

las dos disciplinas conviven, se entrecruzan y se confunden; orilladas en muchos

casos de manera involuntaria.

Pensamos que lo hasta ahora dicho autoriza a los literatos a incluir hechos

históricos en sus textos -con ciertos límites-, a hablar de la Historia porque de

(31)

2.2

Novela histórica

Entre las primeras interrogantes que surgen después de leer el título de la

investigación tenemos: ¿por qué La feria es una novela histórica?, ¿y en qué se sustenta tal afirmación?

El porqué o las causas que creemos justifican dicho señalamiento

subyacen, en primera por lo que ya se ha tratado en “Literatura e Historia”. En ese

apartado se habló en general de la relación histórica entre ambas disciplinas; pero

también es imperativo ser más específicos. Así, como segunda justificación para

señalar que La feria es una novela histórica tenemos al aparato referencia1 de la novela, que aunque en cantidad es mínimo, no por ello es irrelevante.

Si arbitrariamente dividimos la novela en tres partes, se aprecia que en los

primeros fragmentos o introducción se expone el problema que ha envuelto a

Zapotlán por tantos años, el problema de la tierra; en la segunda parte tiene lugar

el temblor, la confesión general y la organización de las fiestas religiosas de

octubre; en la última parte o conclusión observamos que lamentablemente el

problema territorial no se ha resuelto y que los festejos patronales han sido un

fracaso.

Las referencias históricas de la novela están distribuidas principalmente

entre la primera y última parte, pero ¿qué tiene que ver el que existan referencias

a determinados hechos históricos con el carácter de novela histórica; acaso no

existen novelas que tienen también entre sus páginas algunos pasajes, fechas,

personajes históricos, etc., y no son catalogadas como novelas de este tipo?, en

efecto, muchas novelas hacen eso,

lo

que se trata de explicar es que uno de

los

requisitos -si nos guiamos por

lo

que señala el estudio de María Cristina Pons-

que debe llenar una novela para ser denominada histórica es su fundamento en la

de ahí la obligatoriedad de las referencias: “Un rasgo fundamental de

la

novela histórica es que trabajan, ya sea en una relación de fidelidad o de

45

(32)

infidelidad sobre un pasado histórico documentado (discursivizado en los textos

producidos por los historiadores, en los documentos mismos y en versiones orales

de testigos o participantes) e inscrito en la memoria colectiva”.46 Creemos que La feria es novela histórica porque se ajusta a los parámetros enunciados por Pons. También creemos que cuando

J.J.A.

reunió cierta documentación con el fin de

sustentar su novela y darle un fondo de “verdad”, involuntariamente actuó como

historiador, porque al hacer un nuevo discurso con tales datos, al hacerlos

inteligibles, de alguna manera dio pie para pensar que el futuro de la Comunidad

Indígena de Zapotlán no sería muy promisorio, y mucho menos lo sería el

cumplimiento de sus exigencias; predijo un destino negativo para los indígenas, no

los de la ficción creada por éI mismo, sino los de la realidad concreta, esto Io pude

constatar personalmente:

AI entrevistar a algunas personas que estaban presenciando las peregrinaciones del

Santuario a la Catedral, ninguna de ellas (la mayoría de los entrevistados, si no todos,

rondaban los cincuenta años) supo decirme nada de los tlayacanques. Incluso alguno de

ellos me preguntó “¿Quiénes eran?”

De los entrevistados, un bolero que conoció a Juan José Arreola, me dijo que tenía

bastantes años dando grasa. Pensé que si tenía mucho tiempo trabajado en la plaza

habría, al menos, escuchado algo sobre los tlayacanques, mas no era así. “Fue en 1957

cuando llegué aquí”, me dijo. Han pasado casi cincuenta años, mas no ha oído

nombrarlos. AI parecer los tlayacanques no figuran en la sociedad de Zapotlán desde hace

mucho tiempo. 47

En este caso,

J.J.A.

se remitió al pasado para hallar una respuesta a su

presente, e implícitamente visualizar, a partir de lo analizado, el futuro; es decir, en

cierta forma hizo lo que realizan los historiadores: pensar en lo que vendrá a partir

de lo que ya fue y lo que está sucediendo.

Volviendo a lo indicado por Pons, repetimos, ella señala que una novela es

histórica por las referencias -valga la redundancia- históricas en las que se

apoya. Y ¿cuáles son esas referencias en La feria? Las referencias se enfocan o tienen una relación con la disputa territorial entre indígenas y latifundistas, y nos

ese relato. El toque “mágico” del autor se estructura, entre otros elementos con su estilo, su creatividad, su ingenio.

46

(33)

las proporcionan los personajes y

los

documentos históricos insertos en la novela.

Las referencias no son creadas por el autor, son ajenas a éI -algunas provienen

de documentos históricos-, pero por ciertas técnicas, consiguen convivir con el

producto de la imaginación de este último.

Es importante señalar que la figura del narrador omnisciente ha

desaparecido casi por completo en esta novela, de ahí que el trabajo para el lector

se intensifique, ahora a éI le corresponde reflexionar sobre Io que esté ocurriendo

en la trama (este es uno de los rasgos de la Nueva Novela Histórica -según

Pons-, pero es interesante apuntar que J.J.A. no escribe La feria en la década de los setentas, sino a principios de

los

a partir casi exclusivamente de Io

que los personajes mencionen.

El primer personaje que toma la palabra es Juan

te pan^.^'

ÉI enumera, sin

especificar fechas ciertas etapas de la historia de México. Si uno como lector tiene

un conocimiento mínimo de la historia de este país apreciará que Juan nos habla

de la época de la Conquista, de la Colonia y, de la fundación de Zapotlán (esta

referencia es local, por lo tanto es conocida por un reducido número de lectores):

Somos más o menos treinta mil. Unos dicen que más, otros que menos. Somos treinta mil

desde siempre. Desde que Fray Juan de Padilla vino a enseñarnos el catecismo, cuando

don Alonso de Ávalos dejó temblando estas tierras (...). Pero le fue mal y dizque lo

matamos (...)

Antes la tierra era de nosotros los naturales (...). Desde que los de la Santa Inquisición se

‘llevaron de aquí a don Francisco de Sayavedra, porque puso su iglesia aparte en la

Cofradía del Rosario y dijo que no les quitaran la tierra a los tlayacanques. (...). Lo cierto es

que la tierra ya no es de nosotros y allá cada y cuando nos acordamos. Sacamos los

papeles antiguos y seguimos dale y dale.

47 Victor Ríos, Reporte de la estancia de Zupotlún (19-2 1 de octubre del 2000), p. 6.

... esta nueva forma emergente de novela histórica no cristalizará, ni se definirá como tendencia dominante del género (...) sino hacia la década de los años setenta y ochenta con la proliferación de las novelas históricas contemporáneas. (...), si hablamos de “nueva” novela histórica, es decir, si percibimos una novedad en estas novelas históricas de fines del siglo XX, es porque nuestro conjunto de expectativas o nuestro ‘pre-concepto’ del género se basan en la noción que se tiene de la novela histórica tradicional.”, María Cristina Pons, Op.

Cit., pp. 104-105; por ciertos puntos que más adelante se indicarán, aunque Pons no toma en cuenta ni menciona al autor de La feria, se apreciará que esta novela tiene muchos rasgos que son distintivos de la N.N.H.

En el apartado que se dedica a este personaje se explicará el carácter ambiguo de lo que enuncia, pues éI - Juan Tepano- sustenta lo que dice tanto en documentos históricos como en tradición oral.

48 L L

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