UNIDAD IZTAPALAPA
D I V I S I ~ N
DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES
COORDINACI~N
DE SOCIOLOGÍA
EL PROCESO DE INSTITUCIONALIZACI~N
ORGANIZATIVA DEL PARTIDO DE
L A
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REVOLUCIóN DEMOCIXÁTICA
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PARA OBTENER EL GRADO DE
LICENCIATURA EN SOCIOLOGÍA
QUE PRESENTA:
MANUEL CÁZARES MEN:DOZA
N" de Matrícula: 92325372
ASESOR:
MTRO. SERVANDO GUTIÉRWBRAM~REZ
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A . I
. .
A Norma mi esposa y Paulina mi hija, por esas horas, días y años de compañía que mi
educación formal les quitó. Perdón por todo.
A mis padres José y Eustolia, por haberme inculcado la éticma de trabajo y superación.
A mis hermanos: José, Mario, Alejandro, Felipe de Jesús, Miguel, Angel y Javier; por su inmejorable ejemplo y apoyo incondicional.
A la Universidad Autónoma Metropolitana campus Iztapalapa, por darme sin pedir nada a
cambio, el tesoro más valioso para cualquier persona, la educación.
Al Maestro Servando Gutiérrez Ramírez, por haber leído el documento en su totalidad,
aportando comentarios críticos y constructivos sirviendo de guía para llegar a buen puerto
en la realización del presente trabajo.
Al Maestro Manuel Larrosa Haro, por la aportación inva1ua;ble de la bibliografia, sin la cual
no se hubiera podido realizar ésta investigación.
Al Instituto de Estudios de la Revolución Democrática, en especial al Lic. Jerónimo Jacobo,
Jefe del Centro de Documentación, por todas las facilidades prestadas para la investigación
documental.
Y finalmente, pero no sin menos mérito, al Partido de al Revolución Democrática, por
4
INTRODUCCI~N --- 7
CAPÍTULO I. LOS ORÍGENES
---
14.v l . EL CONTEXTO INTERNACIONAL --- 15
2. EL PANORAMA ECON~MICO NACIONAL --- 23
3. EL CONTEXTO SOCIOECON~MICO NACIONAL Y EL SURGIMIENTO DEL PRD --- 30
CAPÍTULO 11. FACTORES DETERMINANTES EN LA ESTRUCTURA Y EL FUNCIONAMIENTO DEL PRD ---.--- 39
1. EL CAUDILLISMO --- 39
2. EL FACCIONISMO
---
54CAPÍTULO 111. LAESTRUCTURA --- 72
1. MIEMBROS Y MECANISMOS DE ADHESIÓN -.--- 73
4. EL CÍRCULO INTERIOR--- 104
2. LAS UNIDADES DE BASE --- 82
3. ÓRGANOS DE DIRECCIóN --- 89
CAPÍTULO IV. PROGRAMA, LÍNEA POLÍTICA E IDENTIDAD IDEOLóGICA --- 1 l o 1. EL PROGRAMA --- 110
2. LA LÍNEA POLÍTICA --- 133
3. LA IDENTIDAD IDEOL~GICA --- 142
CONSIDERACIONES FINALES --- 153
a&)ariencias, porque su resplandor es engañoso!
El presente trabajo tiene por objeto de análisis de la crisis ilnstitucional en que se encuentra
inmerso el Partido de la Revolución Democrática.
Cuando se habla de la crisis del PRD, se hace referencia a los problemas que enfrenta este
partido, cuando menos, en tres ámbitos.
Un primer grupo de problemas se ubica en su dinámica organizativa. Los síntomas pueden
ser resumidos en una sola frase: ausencia de democracia interna. Un segundo grupo tiene
relación con su escasa capacidad para influir en las decisiones dimanantes del Estado. El
tercer grupo, comprende los problemas que se derivan de su relación con la ciudadanía,
donde al parecer carece de una influencia sólida y estable debido, en gran parte, a su
programa difuso, a la incertidumbre de su línea política y al la ambigüedad de su identidad
ideológica.
Los factores que propician la crisis del PRD son de origen interno y externo;’ en el presente
documento se hace referencia a los internos, esto es, de los que pueden ser incluidos en el
primer y tercer grupo de problemas a los que se detectan.
1
El investigador César Cansino escribe: “...la crisis de PRD no sólo ha sido interna, pues su proceso de afirmación institucional se ha visto vulnerado igualmente por la ofensiva en su contra por parte del gobierno de Salinas de Gortari. A través de múltiples mecanismos, el gobierno y el PRI excluyeron al PRD de los acuerdos políticos, debilitaron su posición en el sistema de partidos, desconocieron sus triunfos legítimos, satanizaron a sus lideres, etcéte m... En síntesis, la crisis del PRD...tiene un origen tanto interno como externo. Sin embargo, su mayor desafío en la actualidad es resolver sus contradicciones internas, por cuanto el gobierno de Ernesto Zedillo ha mostrado un cambio significativo de actitud hacía el PRD, tratando de enmendar así los errores del pasado”(C. Cansino, “Crisis de partidos y cambio en el sistema de partidos:
1985-1997, en C. Cansino (coord.), Después del PRI: las elecciones de 1997 y los escenarios de la
Sin lugar a dudas, el factor que se torna más visible y prepolnderante al momento de abordar
el estudio de la crisis del Partido de la Revolución democrática, es una profunda y marcada
oligarquía. Y esto es así, porque la antidemocracia (sisterna más bien autoritario que no
consulta a las bases) es como un virus que penetra y contagia todos y cada uno de los
aspectos organizativos y funcionales de este instituto político.
El virus antidemocrútico que impregna la vida interna del PRD se produce, fortalece y
consolida en un caldo de cultivo compuesto primordialmente por dos ingredientes que, a su
vez, se alimentan entre sí: el caudillismo y el clientelismo faiccioso.
En la organización y funcionamiento del PEW nada ni nadie escapa a la presencia y al
enorme influjo de los “ingredientes” a los que se alude. Todo lo infiltran, amoldan y
manejan. Están en todas partes. Son omnipresentes, dinámicos, ubicuos; en suma; harto
influyentes y, más aun, enormemente poderosos. No es exagerado afirmar que la vida
interna del PRD está totalmente sometida a sus necesidades y conveniencias.
Donde es posible visualizar con mayor nitidez el desmed.ido ascendiente que ejercen el
caudillismo y el clientelismo faccioso en la dinámica interna del PRD es, sin duda alguna,
en la estructura de ese partido, a la que atraviesan en todals direcciones y en donde hacen
brotar inicialmente la semilla del virus antidemocrútico qpe, rápido en reproducirse, no
tarda en irradiar, de forma infalible y con gran celeridad, a todas las zonas e intersticios del
organismo perredista. He aquí la importancia de estudiar con detalle y de manera
prioritaria, la estructura del Partido de la Revolución Democrática, así como el caudillismo
y el clientelismo faccioso que tanto peso tienen en su conformación y funcionamiento.
Por otra parte, el programa de
P R D
es confuso, vago, dislperso; resulta, inadecuado parafortalecer la representatividad de este partido entre la ciudadanía que, descontenta con la
crisis económica y desencantada con los vicios y fallas del partido oficial, busca y no
encuentra en los partidos políticos que se consideran de oposición, propuestas de gobierno
Cabe destacar que la endeble programática del PRD encuentra su complemento en una
línea política titubeante y en los malabarismos de una identidad ideológica que dista mucho
de poseer claridad y firmeza, y por tanto, la capacidad dle proporcionar al Partido de la
Revolución Democrática una personalidad distintiva, es decir, un sello propio. Los tres
elementos (programa, línea política e identidad ideológica) se influyen tanto el uno al otro,
que, para arribar a una comprensión más cabal de cada uno de ellos, es preciso estudiarlos
en forma paralela. Esto precisamente, es lo que se intenta hacer en el último capítulo de la
presente investigación.
Es importante mencionar que este trabajo de interpretación y análisis se realizó,
fbndamentalmente, con el auxilio del instrumental teórico-metodológico que proporcionan
los autores más representativos en el estudio de los partidos, y que son justamente
considerados como los “clásicos” en la materia: Ostrogorslki, Weber, Michels, Duverger y
Panebianco.
La característica común de los autores mencionados, es que para ellos los partidos políticos
y sus actividades resultan comprensibles sí y solamente sí, se toma como punto de partida
en el estudio de los mismos su fisonomía y dinámica organizativa interna, en donde, como
apunta Panebianco, existen “numerosas zonas de sombra”,2 las cuales es preciso iluminar
con el estudio de esa dinámica, pero ya no en el nivel general, como lo hace el autor citado,
sino en el nivel de casos particulares y concretos, como se pretende hacer en esta
investigación.
Sobre el asunto de investigación, no existen de hecho, tralbajos documentados y de largo
aliento. El grueso de los escritos que tratan de la organización y el funcionamiento interno
del PRD son de corta extensión y bastante superficiales, en 1.a medida que las opiniones que
contienen son meramente impresionistas, es decir, no son producto de una investigación
acuciosa respaldada por el uso de los instrumentos teóricos y metodológicos
indispensables. De esta suerte, dichos escritos constituyen, en su conjunto, una base muy
endeble para obtener un conocimiento más prohndo y certero de la dinámica interna del
Partido de la Revolución Democrática. Lo mismo puede decirse de los escritos que se
ocupan de su programa, línea política e identidad ideológica..
AI iniciar, al estudio de la vida interna del PRD, es posible advertir una carencia casi
absoluta de fuentes bibliográficas y hemerográficas de donde poder extraer muchos de los
datos necesarios para llevar a buen termino esta investigación. Ante semejante carencia la
estrategia a seguir h e recurrir a un profbso como intenso trabajo de campo, mediante el
cual nos h e posible recopilar cifras, hechos y opiniones; diversas que enriquecieron y
facilitaron en gran medida esta labor de interpretación y análisis. Dicho trabajo incluyó la
asistencia a numerosas reuniones y eventos (oficiales y no oficiales) del PRD, así como una
considerable cantidad de entrevistas con elementos militantes y simpatizantes de este
instituto político.
Durante la realización de este trabajo siempre se tuvo presente un punto que parece
incuestionable: resulta imposible que los partidos adquieran un nivel organizativo mayor
que el de el sistema en cuyo seno luchan por el poder. Asi, al analizar la vida interna del
PRD, nunca se perdieron de vista los tres elementos que., a nuestro juicio, son los más
característicos y determinantes del sistema político mexicano. A saber:
1) la importancia del presidencialismo y una cultura política autoritaria como factores
históricos de largo plazo que han determinado una forma de hacer política
caracterizada por la fberte presencia del personalismo paternalista y clientelar,
cuyos efectos han hecho los movimientos sobre la solidez organizativa de los
partidos.
2) Los efectos del dilatado antecedente autoritario en ulna participación política débil y
limitada al proceso electoral, fruto de la herencia de:l antipartidismo de un régimen
de partido hegemóni~o;~ factor que ha sido determinante en la lenta gestión y el
frágil desarrollo organizativo de los partidos mexicanos.
3
3 ) La importancia del liderazgo carismático (caudillismlo), que se manifiesta no sólo en
la definición del status nascenti de los “padres fundadores” de los partidos, sino (y
lo que es más importante) en la existencia de los partidos como mecanismos de
ascenso vertical en la procuración de los beneficios que otorga el poder del Estado,
mediante la apropiación de los bienes públicos; lo que ha derivado, por un lado, en
débiles estructuras partidistas y, por otro, un multipartidismo de tipo pluralista
moderado disfra~ado,~ formado por partidos tipo catch-all ( ‘atrapa todo’, ‘de todo el mundo’ o ‘escoba’ ), esto es, partidos sin ideolo<gía definida, con una disciplina carente de rigidez y cuya pretensión de obtener una adhesión poli o interclasista los
lleva a postular programas de agregación de intereses muy variados e incluso
teóricamente contrapuestos.
competencia porque no hay posibilidad de que ninguno de los partildos secundarios arrebate el poder al partido hegemónico. Así mismo, no existe ninguna sanción efectiva (que obligue al partido hegemónico a responder, cualquiera que sea su política, el dominio del partido hegemónico no puede ser puesto a discusión (Cfr. Giovanni Sartori, Partidos y sistema de partidos: marco para uhl análisis, Alianza, Madrid, 1992, PP.
Un sistemapluralista moderado tiene tres a cinco partidos importantes, es decir, con posibilidades reales de conquistar el poder del Estado (Cfr. Ibid., pp. 217-218).
De acuerdo con el politólogo José Antonio Crespo, “el PRI estuvo desde hace años dispuesto a contender frente a la oposición en condiciones crecientemente competitivas, pera siempre con los debidos ‘candados’ que de una u otra forma dejarían su hegemonía inalterable. Sin embargo, a partir de 1988 y a pesar de tales medidas, el desgaste del régimen y el crecimiento de la oposición Ile hlcieron más dificil mantener sus
tradicionales ventajas electorales. En 1997, pese a haber aceptado una reforma electoral más profunda y democrática que ninguna otra que le antecediera, había la esperanza dle conservar aun el control del Poder Legislativo (gracias a una cláusula que le permite la sobrerepresentación del partido mayoritario hasta un 8%). Con todo, el PRI no alcanzó la cifra necesaria para ello y se vio obligado a entrar en un campo no hegemónico” ( J.A. Crespo, ¿tiene futuro el PRI? Entre la democracia y la desintegración total, Grijalbo. México, 1998, p. 61 ). El ‘campo no hegemónico’ al que se refiere Crespo, es lo denomino pluralismo moderado disfrazado, debido a que sólo en apariencia, tienen hoy los partidos opositores la posibilidad de arrebatarle al PRI el poder del Estado. Y esto es así, porque dichos partidos son todavía muy débiles, en la medida de que carecen de una presencia realmente nacional, de una estructura organizativa sólida y de un programa de gobierno viable y consistente. Por lo mismo, no es posible hablar todavía de un equilibrio de poder en México. Todo parece indicar que el desequilibrio de poder es aun suficiente para garantizar la continuidad del régimen prisita, aunque con más problemas y obstáculos que antes.
En la actualidad se asiste a un aparente fortalecimiento de la oposición propiciado por el deterioro de las bases de apoyo del régimen prisita; se trata pues, de un fortalecimiento que se produce por inercia y es por tanto. artificioso.
Cabe agregar que la capacidad de la oposición para influir en la caída del régimen prisita es muy reducida a causa de SU actual desarticulación, que se traduce en una enorme dispersión de sus recursos políticos. En este
sentido, favorece más la continuidad del régimen que su transformación. Los partidos opositores sólo podrán ser determinantes para un cambio de régimen si los recursos políticos a su favor se equilibran a los deteutados por el gobierno.
Es indudable que, pese a las numerosas y constantes críticas de que son objeto, los partidos
constituyen todavía un instrumento hndamental para la vertebración de la opinión pública
y para la construcción de la comunidad como sujeto políticamente activo; por ello, los
estudios e investigaciones sobre los mismos se centran aun, mayoritariamente en su faceta
externa, es decir, en su relación con el sistema político dentro del cual se desarrollan, lo
cual da lugar a una consecuencia sumamente negativa: considerar los aspectos relativos a
su organización y funcionamiento como una cuestión interna que apenas afecta la actividad
de los sistemas políticos. Sin embargo, resulta evidente la incidencia directa de la
organización y funcionamiento de los partidos políticos más allá de los estrechos límites en
que se desenvuelven esas agrupaciones. Así, cabe afirmar que el problema de la democracia
interna de los partidos constituye en momento actual uno de los principales retos a los que
se enfrentan los países que, como el nuestro, pretenden arribar a un sistema político
demo~rático.~ De este modo, los trabajos de investigación sobre la organización y
funcionamiento de los partidos políticos nacionales, forman parte importante de la teoría
(aun en ciernes) necesaria para allanarle el camino a las tareas prácticas que requiere la
transición democrática de la que tanto se habla y tanto necesita nuestro país.
Por tanto, se espera que con este trabajo sobre el Partido de la Revolución Democrática
contribuya en alguna medida a la comprensión de dicha teoría, y por ende, al entendimiento
del sistema político mexicano contemporáneo.
Con base en lo anterior, en el capítulo I, se hace referencia a los orígenes del Partido de la
Revolución Democrática; tanto del contexto internacional como del panorama económico
5
~~
Los partidos políticos son escenarios de una extraordmaria paradoja, cual es el hecho de que organizaciones que dicen tener por objeto desarrollar y defender la democracia se convierten en un freno a esa democracia, como ya denunciara Ostrogorski en 1902 ( Vid. M. Ostrogorski, Democracy an the organization of political parties, T.I. Macmillam, Londres, 1902, pp. 584 SS. ). Los partidos políticos se constituyen así en el instrumento de una permanente creación destructiva del sistema democrático, y particularmente del sistema representativo, de tal modo que los mismos partidos que luchan contra las usurpaciones del poder del Estado se someten. como por necesidad natural a las usurpaciones de su propia autoridad. Así los partidos tenninan por convertirse en el ejemplo más patente del incumplimiento de los principios democráticos.
nacional que dan origen a un tercer apartado que, es totalmente explícito en los
antecedentes y surgimiento de este instituto político.
En el capítulo 11, se trata de lleno los factores que determinan la estructura y el
funcionamiento del PRD, con dos apartados que nos dicen de manera amplia la lógica
política de sus militantes; estos son: el caudillismo y el faccionismo.
En el capítulo 111, se toca el fondo de las entrañas del
PRD,
ya que sus apartados hacenreferencia a su programa, su línea política y su identidad ideológica.
Por último, tenemos las consideraciones finales y las fuentes bibliográficas y
hemerográficas consultadas para la realización de esta investigación; tratando de condensar
toda la información para un mejor desempeño en la elabo'ración de juicios analíticos del
Partido de la Revolución Democrática y, esperamos sea importante la aportación que
podamos hacer para nuevas investigaciones.
CAPÍTULO
ILOS ORÍGENES
A partir de la década de los setenta, el mundo comenzó a experimentar un gran viraje en lo
económico, lo político, lo social e incluso lo cultural. Desde entonces ningún país ha
podido quedar al margen de semejante transformación global. América, Asia, África,
Europa y Oceania, como partes componentes de un todo articulado, han sido escenario, en
grado diverso, de las manifestaciones concretas de ese cambio radical en la totalidad de la
orbe. La ola de fondo que rige este movimiento está, indudablemente, en la economía
mundial: el fin de la larga fase expansiva de la posguerra, l,a nueva revolución tecnológica,
la reestructuración del capitalismo y la recomposición entre las clases y entre las naciones.
Por vez primera, la historia del hombre es verdaderamente universal. Hoy al margen de
nuestro país de origen, somos habitantes de un mundo Único, conformado por un cúmulo de
regiones mutuamente condicionadas.
En la actualidad ningún gobierno de ningún país pude permanecer ajeno a los avatares
económicos, políticos, sociales y culturales que se suscitan en las distintas latitudes del
planeta. Dentro de semejante contexto histórico mundial se ubica el surgimiento del Partido
de la Revolución Democrática en México. Por ello, antes de adentrarnos en el análisis de su
estructura, de su hncionamiento, y de su grado de efectividad y viabilidad política, es
preciso conocer los acontecimientos más sobresalientes (sobre todo económicos) del
entorno nacional e internacional al que se hace referencia; de otra manera, no será posible
delimitar y comprender las causas reales que propiciaron la aparición y posterior desarrollo
l . EL CONTEXTO INTERNACIONAL
Después del ataque egipcio de 1973 a las posiciones israelíes en la orilla izquierda de1 canal
de Suez, el petróleo iba a convertirse en protagonista indiscutible de la vida económica
mundial.
El 16 de octubre de ese año, un gesto de solidaridad radical con Egipto y el movimiento
palestino, los miembros de la OPEP (Organización de Paises Exportadores de Petróleo)
anunciaron una reducción del 5% en el suministro de crud’o, un incremento del 70% en el
precio del barril y el embargo total a Estados Unidos y Holanda, para forzarles a un cambio
de posición política respecto a Israel en la guerra de Yon-Kippur.’
Los efectos de estas medidas alcanzaron graves repercusiones en los países desarrollados
de Occidente. El precio de las gasolinas se cuadriplicó en breve tiempo, y todos se vieron
obligados a incorporar en sus planes económicos medidas, de restricción energética y de
consumo de combustible. La vida cotidiana comenzó a escribirse con las claves económicas
suministradas por la OPEP. Crisis, escasez, restricciones, ahorro, etcétera, se sumaron en el
horizonte ciudadano de las regiones industrializadas para indicar un decisivo cambio de
rumbo. El periodo de obtención de energía fácil y barat,a había terminado y con éI el desarrollo y su inseparable compañero, el despilfarro. Nació un periodo de austeridad,
racionalización, reciclaje y aprovechamiento usurero de todos los recursos. La tradicional
preocupación por equilibrar las balanzas comerciales se transformó en horror al déficit, que
en el caso de los hidrocarburos alcanzó destello de pánico, a medida que una OPEP
insaciable seguía elevando sus precios y pretensiones.
1
En los paradisíacos años de la energía a precios irrisorios, el barril se pagaba a un precio
aproximado de 1.5 dólares. En la primera fase de subida el precio se situó en 10 dólares, lo
que significaba un incremento del gasto energético para los compradores, de más de 1 15
millones de dólares al año. No obstante, como la reacción de las economías capitalistas
desarrolladas puso el énfasis en el acaparamiento, sin plantear con seriedad posibles
alternativas, hubo una segunda convulsión alcista. Entre 1979 y 1980, el precio del dólar-
barril se incrementó hasta 34.
Esta segunda elevación sería decisiva para rematar el ciclo encadenado de repercusiones
sobre la industria. El sector más afectado, el del automotriz;, entro en crisis a finales de los
setenta, evidenciando una clara incapacidad para adelantarse a un periodo de restricciones y
austeridad. Con sus problemas, el sector automotriz contagió a todo el complejo de las
industrias auxiliares, la metalúrgica, etcétera. Los gigantes fabriles se vieron obligados a
iniciar planes de emergencia y subsistencia. Nuevos diseños, racionalización de métodos,
reducción drástica de plantillas y aplicaciones tecnológicas heron asumidas tras una fase
de prohnda recesión.
L a elevación de los precios en origen distorsionó toda la planificación económica del
desarrollismo, basada desde el final de la segunda guerra mundial en pilares como
alimentos y materias primas baratas, salarios estables y precios al consumo de
comportamiento moderado. Este esquema, diseñado sobre
e l
modelo monetario de BrettonWoods,' con la fijación de los precios en un mercado mixto y reivindicaciones salariales
pactadas en orden y concierto, se derrumbó con estrépito1 cuando llegó el momento de
resistirse al reparto de los efectos de la crisis.
2
Los tres principios más importantes del modelo monetario de Bretton Woods, son los siguientes:
1) Introducción de dólar en calidad de equivalente del oro sin fomtal negación del oro. La relación entre el dólar y el oro estaba asegurada por con el cambio libre del dólar por el oro según el precio oficial de los pagos internacionales.
2) Estabilidad del dólar y de su contenido de oro garantizado' por todo el poderío económico y financiero de los Estados Unidos.
Cabe destacar que cuando los países de la OPEP decidieron aumentar los precios del
petróleo, la crisis mundial ya estaba en marcha. En efecto, desde 1967 habían aparecido
síntomas claros de crisis, y la pugna monetaria entre Estados Unidos, Japón y Europa
Occidental era una más de las formas de manifestarse. Así, el primer edificio que se
derrumbó, incluso procediendo a los incrementos de precio en el crudo, h e la inestable
construcción monetaria de posguerra. La paridad y convertibilidad entre oro y dólar,
valederas para los años en que se estaban recomponiendo llas economías occidentales bajo
la batuta de los Estados Unidos, empezó a ser denunciada a comienzo de los ~ e t e n t a . ~ El
incremento de los eurodólares4 y la progresiva conversión del dólar en oro sustentada en
primer lugar por el general De Gaulle, en términos poco ffavorables para el tesoro de los
Estados Unidos, terminaron por afectar gravemente a las reservas de metal de este país.
A pesar de este acuerdo alcanzado entre Washington y los bancos centrales europeos y
japoneses para la no existencia de la convertibilidad, la fisura francesa que optó por el
patrón oro crearía una de grave inestabilidad al billete verde. Además, el déficit acumulado
por la guerra vietnamita y por la compulsiva tendencia comlpradora de los Estados Unidos,
inundó las finanzas internacionales de moneda a m e r i ~ a n a . ~ La consecuencia inmediata f i e
una herte especulación sobre los precios del oro que se disparó de 35 a 850 dólares la onza.
En los primeros años de posguerra, la parte de los Estados Unidos en la producción industrial de todos los países capitalistas fue de un 60%, o sea, dos veces mayor que la de los países de Europa Occidental en su
conjunto. Los monopolios norteamericanos controlaban casi la mitad de todo el comercio de los países capitalistas. En sus manos se encontraban más de 10 mil toneladas de oro comprados en otros países a precios artificialmente rebajados. Las reservas de oro de los Estados Unidos constituían el 75% de todas las reservas de oro de los estados capitalistas. Sin embargo, esa correlación de fuerzas favorable a los Estados Unidos fue
cambiando gradualmente, y para el comienzo de los años setenta, la parte correspondiente de ese país en todos los sectores de la economía mundial se redujo sustancialmente en comparación con los años de posguerra. En la esfera de la producción industrial, por ejemplo, el peso especifico de los Estados Unidos bajo hasta el 41.2% en 1970, al 39.6% en 1974 y 39.4% en 1975. en los mismos aiios, los países de Europa Occidental alcanzaron el 33% de la producción industrial mundml, y casi igualaron a los Estados Unidos; junto con Japón dejaron atrás la producción industrial estadounidense. Cambios aún mayores ocurrieron el comercio internacional. El peso específico de los Estados Unidos en la exportación mundial bajó al 15%.
Por mercado de eurodólares debe entenderse el conjunto de operaciones de crédito, realizadas en dólares norteamericanos fuera de los Estados Unidos. L a particularidad del eurodólar como instrumento del crédito internacional deviene el hecho de que, siendo el objeto de este crédito 121 dólar norteamericano, los créditos, 10s créditos e m concedidos por bancos que no eran norteamericanos, para los cuales el dólar era una moneda extranjera.
Para 197 1 el volumen de recursos de oro y de divisas extranjeras era 5 veces menor que el volumen total de la deuda externa a largo y breve plazo de los Estados Unidos. Por otro lado, el dólar en billetes inundaba todo el mundo; la “saciedad de dólares” reemplazo al “hambre de dó1are.s” que había propiciado el sistema
El punto culminante del proceso tiene lugar en torno a 197 1, con la declaración de no
convertibilidad entre dólar y oro, por parte de Nixon y las devaluaciones de 197 1 y 1 973,6
que finalmente iban a provocar el abandono de la estabilidad bancaria y sus sustitución por
el sistema de libre flotación en el
mercad^.^
Las manifestaciones iniciales de la crisis se produjeron en 1967, primer año en que el saldo
de la balanza comercial de los Estados Unidos h e negativo. Desde entonces comenzaron a
sucederse un conjunto de recesiones y reactivaciones que modelaron el proceso de la crisis.
Los principales elementos visibles de la crisis se registraron en el empleo. Como señala
Gunder Frank:
(...) en la recesión de del año 1967 ..., el desempleo en los países industrializados de
la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se elevó a
5 millones. Declinó otra vez hasta la recesión de 1969-1970 cuando el desempleo
se elevó a 10 millones. El desempleo volvió a bajar pero sólo hasta 8 millones en la
recuperación de 1971 -73. en la recesión de 1973-75 el desempleo ascendió a 15
millones. Luego, en la larga recuperación de mediados de 1975 a mediados de 1979
el desempleo bajó en los Estados Unidos pero se elevó más en todos los países
industrializados, de modo que en la llamada recuperación pasó de 15 a 17 millones,
y en la recesión que va desde mediados de 1982 (de nuevo se dobló en nivel de
desempleo hasta alcanzar la cifra de 32 millones.’
Bretton-Woods, el cual le dio la capacidad al capital financiero de los Estados Unidos -por medio de la introducción del dólar a la circulación monetaria mundial- de realizar amplias inversiones de capital norteamericano en otros países, y por consiguiente, de ampliar las posiciones económicas y políticas de los Estados Unidos en todo el mundo.
Cabe destacar que la devaluación de 1971 fue la primera a partir de 193’4. Con la devaluación de 1973 toda la deuda de los Estados Unidos de muchos d e s de millones de dólares fue privada de la garantía en oro.
Estados Unidos y otros países capitalistas, por medio de actos unilaterales y acuerdos abandonaron, en los años setenta, el sistema de cotizaciones fijas de las divisas, pasando en la práctica al llamado “curso Flotante” (colectivo o individual). Además, en la sesión del FMI celebrada en enero de 1976 en Kingston, Jamaica, fue tomada la decisión de suspender la obligación de correlación fija de la!; monedas. Se decidió orientarse por carácter espontáneo de la fijación de cursos.
6
7
8
El otro elemento visible de la crisis h e la inflación,' la cual golpeó de modo especial a los
países subdesarrollados que registraban un mayor grado de dependencia internacional."
Pero tampoco perdonó a las naciones del primer mundo, aunque con grados diversos de
repercusión. El crecimiento de las tasas de inflación se dio de manera paralela con un freno
en el Producto Nacional Bruto (PNl3) en la mayoría de los países avanzados;" esto originó
lo que en argot de economistas se denomina estaflación (colmbinación de estancamiento con
inflación). Esta situación está en el origen de los aumentos de los precios del petróleo en
1973 por parte de los países de la OPEP que veían descender peligrosamente sus entradas
.\
de divisas, devaluadas por la profbnda crisis del sistema monetario internacional. l 2
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f iLos descensos en las tasas de ganancia desde 1967 y en cada recesión, unidos a la fberte
competencia internacional en los diferentes mercados de productos industriales, trajo
consigo el acelerado aumento del stocks de mercancías invendibles y la consiguiente
paralización de la producción en muchos sectores. El incremento de la capacidad de la
producción instalada y no aprovechada favoreció las quiebras de empresas industriales en
todos los países de la OCDE y arrastró consigo a empresas de servicios, incluso, algunos
bancos. AI mismo tiempo, descendió considerablemente l a tasa de inversión, llegando a
limites de posguerra. Todo ello ocasionó una desaceleración del crecimiento económico a
nivel mundial. Las políticas de reconversión industrial es buena. Dado que el criterio más
por los economistas convencionales insistía en que las causas de la inflación había que
buscarlas en los incrementos de los costes, y dentro de estos en el coste salarial, fbe obvio
Durante el periodo de 1970 a 1976 (comienzo del año), los precios de los artículos de consumo subieron 81.2% en Australia, 119.9% en Inglaterra, 49.3% en Austria, 63.2% en Bélgica, 58.9% en Dinamarca, 99.4% en Italia, 63.9% en Francia, 40.8% en la entonces República Federal Alemana, 64.6% en Holanda, 61,7% en Suecia, 47.3% en Suiza y 57.4% en 105 Estados Unidos.
' O Los ritmos m á s altos de inflación se registraron en Chile. Solamente en el periodo de 1972-77, el costo de la vida en este país subió casi 700 veces. Lo siguieron Argentina, Uruguay, Brasil y México. El primer lugar
en Cercano Oriente, según los ritmos de inflación, lo ocupó Israel, y Corea del Sur en Asia.
Así por ejemplo, en los Estados Unidos, que había sostenido un ritmo del 4% anual en la década anterior a 1973, en 1974 y 1975 registraban porcentajes negativos del 1.7 y dlel 1.8. Mientras, el conjunto de la Comunidad Económica Europea (CEE) perdía m á s de 3 puntos en 1974, sobre el crecimiento medio del periodo precedente: 1.7 frente a 4.6. Y Japón anotaba en 1974 el primer ín&ce negativo de su PNE3 desde la posguerra, con menos de 1.3%.
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que se aplicaran medidas de restricción en los salarios, lo clue afectó duramente los niveles
de vida de los trabajadores. l3
En el Tercer Mundo, el impacto de la crisis fue desigual. .En la mayoría de los países fue
dramático. De aquí que un grupo de solicitara el establecimiento de un Nuevo Orden
Económico Internacional (NOET),l4 con escasos resultados. Otros países tercermundistas
saldrían reforzados de la crisis: los nuevos países industrializados de Oriente (Taiwán,
Corea del Sur, Hong Kong y Singapur), que cambiaron su especialización productiva y se
colocaron favorablemente en la nueva división internacional del trabajo surgida de la crisis,
así como los países exportadores de petróleo que, durante la década de 1973-82, vieron
crecer de forma mesurada su liquidez.
En 1973 y 1974 y de nuevo en 1978 y 1979, los países de la OPEP propiciaron aumentos
abruptos en el precio mundial del crudo. Como no podían gastar todos sus inesperados
beneficios en sus propios países, los potentados del Oriente Próximo hicieron depósitos
masivos en bancos internacionales, lo cual favoreció la explosión de los prestamos y
créditos de esos bancos a los países del Tercer Mundo. En el caso concreto de América
Latina, entre 1970 y 1980, incrementó su deuda externa de 2:7 mil millones de dólares a 23 1
mil millones, con pagos anuales (intereses y amortizaciones) de 18 mil millones. Para
cubrir los intereses únicamente, los principales deudores latinoamericanos -Argentina,
Brasil, México- tenían que pagar por año el equivalente del 5% del Producto Interno Bruto
(PIB). Atrapada en la disyuntiva de reducir sus ingresos por exportación y aumentar sus
13
El salario real disminuyó durante el periodo de la crisis en varios estados capitalistas. En Bélgica por ejemplo, la tasa del salario por hora de un hombre ocupado en la industria de la transformación creció en 1975 en un 8.4%, mientras que el índlce general de los precios al por menor subió un 12.7%. El mismo fenómeno (ritmos de alza de carestía más altos en comparación con la elevación del salario nominal) se registró en Japón, la Republica Federal Alemana Gran Bretaña, Estados Unidos y ;Francia, para mencionar sólo algunos de los países más desarrollados.
El aumento pactado de los precios del petróleo por parte de los miembros de la OPEP, constituyó la acción colectiva de un grupo de países del Tercer Mundo que mostró el camino a los restantes. Los países desarrollados se percataron de la importancia del hecho y trataron de encauzarlo por la vía pactada, negociada. De ahí, la solemne declaración de las Naciones Unidas sobre el NOEI de 1974 (y posterior aprobación por la Asamblea General de la ONU de la Carta de Derechos y Deberes Económicos de 20s
Estados) cuyas pretensiones abarcan desde el establecimiento de nuevas reglas en el comercio de productos básicos, hasta el intento de crear una dinámica de desarrollo real en lals economías subdesarrolladas, en el marco de un nuevo sistema monetario internacional y de unas relaciones económicas internacionales asimismo nuevas.
obligaciones de servicio de la deuda, América Latina quedó inmersa en una crisis
económica de una década. Desde 1982 a 1989, los países de la región transfirieron más de
200 mil millones de dólares a las naciones industrializadas, equivalentes a varias veces el
Plan Marshall. El PIB per. capita descendió en 198 1, 198:2, 1983, 1988 y 1989, y mostró
un descenso acumulativo de casi el 10% en esa década.
Así pues, la economía mundial posterior a 1973, se iba a caracterizar por elevaciones
substanciales de los precios, importantes tasas de paro en la economía productiva,
descomunal endeudamiento externo del Tercer Mund.0, inestabilidad monetaria y
empobrecimiento de las clases medias y bajas.
La crisis constituyó una dura prueba para el Estado de bienestar construido por las
necesidades de posguerra y al que se suponía asentado sobre las sólidas bases de un
crecimiento indefinido. En su lugar, de la mano de Ronald Reagan en los Estados Unidos y
de Margaret Tatcher en la Gran Bretaña, se impuso en la dkcada de los ochenta, una nueva
orientación política económica: el monetarismo,’’ acompañado de una actitud ultraliberal y
anti-inversionista de todos los gobiernos. Ello implicó la drálstica reducción de los llamados
“gastos sociales”, y la privatización de multitud de empresas hasta entonces estatales, y la
adopción de políticas “deflacionistas”, mediante políticas monetarias restrictivas e intentos
de frenar el déficit.
En consonancia con ese monetarismo en boga, el gobierno estadounidense, los banqueros
privados y el Fondo Monetario Internacional (FMI), impusieron estrictos términos a los
deudores latinoamericanos. Si los gobiernos emprendían reformas económicas profundas,
podían hacerse merecedores a la exoneración de sus cargas con la deuda. Estas reformas
15
casi siempre incluían la apertura de las economías al mercado y a la inversión exterior, la
reducción del papel del gobierno, el impulso a nuevas exportaciones y la toma de medidas
contra la inflación. Este conjunto de ideas “neoliberales” requería “ajustes estructurales’’ en
la política económica, y significó casi el repudio total de las estrategias basadas en la
industrialización en lugar de la importación, antes tan alabadas.16 Casi sin elección, la
mayoría de los gobiernos latinoamericanos aceptaron las condiciones patrocinadas por el
FMI .
En el terreno político, la repercusión de la recesión de 110s setenta f i e apreciable en el
reflujo de la izquierda y del movimiento obrero al filo del final de la década. Retirada que
se confirmaría en los ochenta con el retorno conservador o con renovados giros a la derecha
de los partidos socialistas y socialdemócratas. Este reblandamiento posicional en el que
fueron arrastrados también los partidos comunistas oclcidentales sirvió para que se
prolongara el efecto de la nueva izquierda del ’68. Movimientos ciudadanos, ecologistas,
antinucleares, feministas, de liberación sexual, pacifistas, etcétera, junto al nuevo brote de
reivindicaciones nacionalistas o étnicas (Palestina, País Vasco, Irlanda, minorías raciales de
Estados Unidos) caracterizaron desde entonces el descontento social y político en su
vertiente más radical.
Aunque la repercusión en Occidente de la convulsión de 1973 es quizá la más conocida y
viene siendo la más tenida en cuenta por la historiografia, en otras áreas del planeta se
registraron también efectos de importancia y notable espectamlaridad. Por un lado, la crisis
soviética de los ochenta y su extensión al bloque socialista, no puede entenderse sin un
aprecio de las consecuencias socioeconómicas del crack de los setenta. Junto a esto, el
impetuoso radicalismo grabe, representado en el resurgir del fundamentalism0 (revolución
en Irán, guerra civil libanesa, protestas magrebíes ...) iniciado a finales de la década, están
en intima relación con el trasvase de la crisis del Tercer Mundo. En el mismo capítulo se
16
Una explicación amplia sobre la condicionalidad y las normas de uso de los recursos del F M I fue elaborada por Sir Joseph Gold (ex asesor del Fondo y ex consejero jurílco y Director General Jurídico), en los folletos Conditionality y The legal character of thejnd’s stand-by arrangements and why in matters (nums. 3 1 y 35 de la serie de folletos del Fondo). Otro documento que se puede consultar al respecto es el de Andrew D. Crokett, “Stabilization polices in developing countries: some police consideration”, en IMF staffapeus, Vol.
debe entender la evolución del militarismo en Sudamérica, como cúpula de la tensión social
y económica en el continente. Por el mismo efecto, debe analizarse la desaparición de las
dictaduras europeas en el corte decisivo de los setenta. De modo parecido, el resurgir
democrático portugués de 1979, la caída de los coroneles griegos o la sucesión
posfranquista en España, están tintados de la necesidad de ]nuevos horizontes políticos para
enmendar las respectivas situaciones criticas internas, influidos por una idéntica
dependencia de los acontecimientos económicos internacionales.
2. EL PANORAMA ECON~MICO NACIONAL
En México, la crisis mundial de los setenta coincidió con el sexenio de Luis Echeverría y
con el fin de los años de la estabilidad, de sostenida industrialización del país, de altas tasas
de ganancia, de mínima inflación y plena seguridad en las i r ~ e r s i o n e s . ' ~ El agotamiento del
modelo de sustitución de importaciones, desarrollado durante tres décadas consecutivas,
trajo como consecuencia más de diez años de crisis económica, con sus depredadores
fenómenos de recesión, inflación, h g a de capitales y conversión del país en tributario de
los grandes centros financieros. Con todo ello se dañó la estructura productiva existente; se
contrajo el mercado interno; se deterioraron de manera dramática las condiciones de vida
de la mayoría de la población mexicana; se causó una grave descapitalización y el
empobrecimiento del campo; se dejó sin empleo a millones de trabajadores y se llevó a la
quiebra a miles de empresas, especialmente a pequeñas y medianas, pero también algunas
grandes salvadas con recursos públicos.
Al lanzarse hacia delante, durante la gestión de José López Portillo la plataforma petrolera del país, cuando el precio del crudo subía inconteniblemente en el mercado internacional,
las cuentas del Estado parecían al fin balancearse y generar un efecto de multiplicación
17
económica hacia los negocios privados. Pero ya la crisis estaba en curso. En los años
anteriores a 1976 la economía nacional crecía bajo una gran presión del gasto publico que
se expandía como por magia sin que la recaudación fiscal se incrementara realmente. El
consumo rebasaba la inversión productiva, hasta que el petróleo se presentó como la
salvación. “Seremos ricos”, afirmó Jorge Díaz Serrano, entonces director de Pemex, y tras
su euforia, los grupos financieros del país acumulaban grandes sumas de dinero liquido,
pero no impulsaban suficientemente la inversión productiva privada.
Cuando el precio del petróleo cayó en 198 1 , el Estado y las más grandes empresas privadas
habían incrementado sus deudas con el extranjero. El país acrecentó rápidamente su
carácter de nación deudora y sus obligaciones de pago no tenían relación con su producción
y sus exportaciones. La crisis petrolera h e la supresión súbita del paréntesis del auge
mundial del crudo y del aumento de la plataforma de exportación de Pemex. Pero sólo eso.
Detrás de todo, la crisis económica existía, pero ahora se presentaba con mayor fuerza, pues
el país estaba mucho más endeudado y las finanzas publicas se encontraban en total
bancarrota: al día siguiente de la expropiación de la banca privada, el Banco de México no
tenía, sencillamente, divisas; todas las habían sacado del país los dueños del dinero.18
Al
finalizar el sexenio de López Portillo en vísperas de la toma de posesión de Miguel de laMadrid, la economía mexicana h e sacudida por una fuerte crisis financiera. México carecía
de dólares para pagar su deuda externa de más de 80 mil millones de dólares. Surgió el
pánico en Washington, Nueva York, Francfort y Londres, donde se temía que otros
deudores latinoamericanos siguieran este ejemplo y se declararan en moratoria. Si ese
hubiese sido el caso, los bancos estadounidenses, europeos y japoneses se habrían
enfrentado a pérdidas enormes, lo cual hubiera planteado unla amenaza formidable para los
mercados financieros mundiales. El precio de la principal exportación mexicana (el
petróleo) había caído en picada, los tipos de interés habían volado hacia arriba y los pocos
mexicanos ricos habían sacado del país miles de millones de dólares. El gobierno
estadounidense, el FMI y los bancos comerciales se apresuraron a ofrecer un paquete
18 José
López Portillo calculó 14 mlimillones en cuentas bancarias en el extranjero, 30 mil millones en
propiedades y 12 mil millones en mexdólares (Cf. José López Portillo, “Sexto Informe de Gobierno”, en Los
crediticio de rescate a México. Estos nuevos préstamos le permitieron continuar pagando
intereses pero no amortizar la deuda.
El rescate tuvo un precio: México se vio obligado a adoptar un plan de austeridad aprobado
por el FM.” El objetivo clave era reducir el déficit publico inflacionario, que suponía el
alto porcentaje del 15% de
PIB.
Esto significó eliminar por fases los subsidiosgubernamentales a los alimentos y los servicios públicos. También tuvo que reducir sus
barreras arancelarias, con lo que se pretendía estimular la eficiencia industrial y una mayor
competitividad en los mercados de exportación mundiales.
En 1982, el año de arribo de Miguel de la Madrid a la presialencia de la República, marcó el
inicio de la insolvencia hacendaria del Estado. Después de tres años consecutivos de herte
crecimiento económico (tasas históricas de S%), impulsado por ingresos petroleros
extraordinarios y el fácil acceso al financiamiento externo, en 1982 la inflación se disparó
hasta casi el
loo%,
elPIB
descendió por primera vez desde los años cincuenta, los salarioscayeron el 12%, el peso se devaluó 272% en el lapso de un año, el déficit del sector publico
h e equivalente a 18% del
PIB
y se fhgaron capitales por 22 mil millones de dólaresestadounidenses. La nacionalización de la banca privada ;y el control de cambio en ese
mismo año, terminaron por empeorar el manejo macroeconómico y desataron efectos
políticos de deslegitimación y repudio al gobierno de sectores sociales hndamentales para
la economía y la estabilidad política.
Desde el inicio de su gestión, Miguel de la Madrid siguió al pie de la letra las
prescripciones del FMI, pero al precio de inducir una profhnda recesión. En 1985, los
salarios reales habían caído un 40% con respecto a 1982, y el nivel de vida descendió aún
más una vez que finalizaron los subsidios de los alimentos de la canasta básica.
19
~ ~~~
Por otro lado, las importaciones aumentaron y en conseculencia se incrementó la demanda
de divisas y sobrevino la disminución de las reservas en 2,328 millones de dólares durante
ese año; a su vez, esa situación aumentó seriamente las presiones sobre la moneda nacional,
la cual se vio nuevamente sometida a devaluaciones drásticas: el dólar en el mercado libre
pasó de $248.27 a $340.00, equivalente a un brusco aumento de 36.9%, porcentaje superior
a la devaluación de todo de todo el año de 1984.
En el segundo semestre de 1985 se sumaron a esa situación, de por sí dificil, por un lado los
.
~,seismos ocurridos en el mes de septiembre que, en el aspecto estrictamente económico,
causaron efectos directos sobre la balanza de pagos en cuanto a la baja del turismo .-
extranjero, reducción de las exportaciones y mayores importaciones por motivo de la
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reconstrucción, lo que obviamente implicó mayores gastos del sector publico. Por otra T'"
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parte, ocurrió una nueva caída de los precios internacionales del petróleo, que provocó un ..- .*, ,?
severo impacto en la economía mexicana, todavía dependiente de dicho energético a pesar rPi Y'. :
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del aumento de las exportaciones no petroleras. * I if.
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Un nuevo desplome de la economía golpeó con renovada iierza a la sociedad mexicana, en
medio de los graves estragos sociales dejados por los temblores. Precisamente ese mes de
septiembre, la inflación se aceleró bruscamente hasta alcanzar la cifra de 132.5%, con
hertes pronósticos a continuar en rápido ascenso; a fines de año, el dólar llegó a cotizarse a
$450.00 a la venta, y el controlado a $372.00.
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En medio de estas dificultades y presionado por los acreedores internacionales, el gobierno
de Miguel de la Madrid decidió adoptar un cambio radical en la política económica, un
nuevo énfasis que iba a ser caracterizado como El programa contaba con
dos pilares fbndamentales: uno era reducir y reformar el papel económico del Estado, lo
20
que se iba a efectuar mediante recortes continuos al gasto publico y mediante un programa
de privatización de las compañías estatales.21
El segundo componente de la nueva política era la liberalización comercial y la apertura de
la economía, que se iba a demostrar de modo fehaciente ]por la entrada de México en el
Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) en septiembre de 1986, lo que
significaba un compromiso a largo plazo para la reducción de barreras para las
importaciones del exterior. Pronto comenzó a rebajar y a eliminar de forma gradual sus
aranceles y a fomentar sus exportaciones, especialmente las que no tenían que ver con el
petróleo. En la práctica, estos cambios supusieron un abandlono casi total de las medidas de
posguerra de sustitución de importaciones.22
En julio de 1986, Mexico necesitó otro paquete crediticio (le sus acreedores extranjeros2’
Una vez más, se le exigía que bajara su déficit público (por (debajo del 8% del PIB en 1984,
pero cercano al 15% de nuevo en 1986) y que redujera más :;u proteccionismo.
21
Al comienzo del gobierno de Miguel de la Madnd en diciembre de 1982, había 1,115 entidades que se convirtieron en 1,216 con las 61 nuevas empresas (en su mayoría fusiones de antiguas) que se crearon en ese lapso. Hasta agosto de 1988 se había autorizado la desincorporación de 722 entidades: 260 por liquidación, 136 por extinción, 80 por fusión, 28 por transferencia y 2 18 para venta, que sumadas a las 48 desincorporadas por ley (se abandona toda empresa de participación estatal minoritaria), arrojan un total de 770 entidades, equivalente a un 63% del total del aparato estatal. De los 722 proces’os autorizados, habían concluido en agosto de 1988, 67 fusiones, 146 liquidaciones, 105 extinciones, 24 transferencias y 122 ventas, es decir, 464 procesos en total.
Al eliminar cuotas y licencias de importación y reducir en gran medida las tasas arancelarias, el grupo gobernante buscó crear el tipo de clima de negocios que atrajera a los inversionistas extranjeros, revirtiera la fuga de capitales y estableciera nuevas oportunidades a la exportación. En el pasado México había tenido una de las economías más protegidas del mundo: para fines de la década se había convertido en una de las 1nás abiertas. Así, las barreras arancelarias se redujeron del 100% en algunos casos a un máximo de 20% (en “Regionalis and the GA’IT: The North American initiative”, ,SALS Rievzew, Invierno-Primavera 199 1, de Sydney Weint Traub, se encontrará un excelente análisis de las iniciativa,s del GATT).
El nuevo crédito se otorgó a México a través del Plan Baker, el cual refinanció también parte de la deuda externa. Para obtenerlo, el gobierno tuvo que iniciar su Programa de Aliento y Crecimiento, aplicó severas políticas de austeridad, aceleró el ingreso del país al GATT y firmó un acuerdo stand-by con el FMI.
El Plan Baker tuvo su origen en una reunión conjunta del F M I y el Banco Mundial, celebrada en Seúl, Corea del Sur, en octubre de 1985. En ella el secretario del Tesoro de Estados Unidos, James Baker, d o a conocer
una propuesta de solución al problema de la deuda aplicable a los 15 países con mayores problemas en este renglón.
Uno de 10s puntos más nodales del Plan Baker establecía la predisposicidn por parte de 10s paises deudores a adoptar políticas económicas orientadas hacia un crecimiento sostenido (el lema del Plan Baker era “crecer para pagar”).
22
Para solucionar el déficit, el gobierno recurrió al crédito interno, volvió a aplicar medidas
restrictivas al gasto público y disminuyó el financiamiento de las empresas; la inversión
pública se redujo en los momentos en que los sectores productivos requerían de más
crédito, cuya escasez provocó que subieran las tasas de interés. Otra medida del gobierno
consistió en aumentar los instrumentos de ahorro no bancarios, como los Certificados de la
Tesorería de la Federación (Cetes), petrobonos, etcétera, para captar recursos y financiar
sus gastos.
En ese año, el nivel de empleo en la industria manufacturera que se había recuperado en
1985, volvió a contraerse, y el salario real se redujo drásticamente. Así, las clases
trabajadoras perdieron casi la mitad del poder adquisitivo y se enfrentaron cada vez en
mayor grado a la dificultad de encontrar empleo o de preservar el que tenían.
Pero no sólo las clases trabajadoras sufrieron los efectos de la crisis económica; también
heron seriamente afectadas las personas (alrededor de 375 mil) pertenecientes a la clase
media y con alta capacidad de ahorro, que invirtieron sus capitales en la Bolsa Mexicana de
Valores, alentadas por el acelerado auge experimentado por esa organización financiera. El
incentivo de las altas tasas de interés en la Bolsa, que ofi-ecíam mayor rentabilidad en menor
plazo, sumado al hecho de que las utilidades de las empresas eran bastante atractivas, hizo
que las operaciones bursátiles constituyeran una opción de inversión que, orientada
normalmente a un sector exclusivo de los inversionistas, se había vuelto masiva al ponerse
al alcance de un público (con capacidad de ahorro) sin experiencia en ese tipo de
operaciones, que quiso aprovechar la oportunidad de ganar (dinero rápido y fácil, haciendo
crecer la demanda de las acciones a un nivel desorbitado.
El momento de mayor auge bursátil se dio entre junio de 1985 y septiembre de 1987,
cuando el lndice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores se multiplicó
70 veces, pasando de 4,597 a 396,719 puntos. El problema de fondo era que aquellos
recursos de capital se estaban canalizando hacia inversiones financieras y en muchos casos
especulativas, en vez de orientarse a actividades productivas; esa situación provocó que la
condujo a los inversionistas a realizar operaciones de margen y de plazo que generaron
apalancamiento sobre el capital invertido, es decir, se hacían compras de acciones poniendo
como garantía acciones adquiridas con anterioridad, lo cual, al venir el desplome de la
Bolsa, originó una doble pérdida para los ahorradores que recurrieron a ese mecanismo.
A los factores negativos inherentes al proceso interno de especulación en la Bolsa
Mexicana de Valores, se sumó la caída de las Bolsas ocurrida de manera simultanea en
otras partes del mundo. Al desplomarse los indices bursátiles de Nueva York, la debilitada
Bolsa mexicana no pudo resistir y sobrevino la caída incontrolable el 19 de octubre de
1987, dejando como secuela la inmediata fuga de capitales, y una devaluación drástica que
elevó al dólar a 2 mil 200 pesos.24
A
comienzo de 1988, el gobierno de De la Madrid podía ver pocas perspectivas de alivio.La inflación se había acelerado a una tasa anual de 143%, el déficit del sector público se
acercaba al 19% del PIB, y el mercado de capital interno había sido sacudido por una caída
de 75% en el mercado de valores mexicano. No obstante, en diciembre de 1987 llegó otra
infusión de capital organizada por Estados Unidos. Dentro de un esquema complejo,
México compraría bonos estadounidenses para colocarlos como garantías contra los
préstamos de bancos comerciales. El movimiento no ofrecía perspectivas de alivio de la
gran deuda, que se había vuelto claramente impagable.
La crisis de la deuda y el estancamiento económico de finales de los años ochenta
intensificaron la desigualdad social y las tensiones populares. La inversión cayó en picada y
aumento el desempleo; y todo esto ocurriría en plena fase inicial de las campañas
electorales de los candidatos a la presidencia de la República.
24
En la fecha mencionada l a Bolsa Mexicana de Valores tuvo una caída espectacular de m á s de 52 mil puntos. En el curso de todo octubre de aquel año la actividad bursátil cayó 41.8%, afectando severamente a
3. EL CONTEXTO SOCIOECONÓMICO NACIONAL y
EL SURGIMLENTO DE PRD
Como puede constatarse en los apartados anteriores; La crisis económica ejerció un
impacto negativo sobre el grupo político en el poder, agravalndo su crisis de legitimidad y la
pérdida de confianza de algunos sectores sociales, tanto de derecha como de izquierda, que
antes otorgaban su voto a favor del partido oficial y que ahora se decidieron a buscar otras
alternativas partidistas ante lo que consideraron el creciente desprestigio del Partido
Revolucionario Institucional (PRI) producido por su ineficiencia al frente del gobierno.
Por el lado de la derecha, el principal partido beneficiario de esta situación fue el PAN, el
cual obtuvo significativas victorias que se han considerado como síntomas de
desaprobación ciudadana hacia las políticas gubernamentales, pues “el auge del Partido
Acción Nacional (PAN) se debe menos a su popularidad corno opción política que al hecho
de haber emergido como receptor de votos destinados a rechazar y presionar al PRI”.25 Por
otra parte, con el apoyo de buena parte del sector empresarial y grupos conservadores de la
jerarquía de la Iglesia Católica, el PAN pudo canalizar a su favor el reclamo ciudadano por
una democracia electoral más transparente en las regiones urbanas del norte y centro del
país.26
Este auge del PAN, manifiesto sobre todo a partir de elecciones de 1985, dio como
resultado el surgimiento, dentro de su organización interna, de un nuevo grupo de personas
que propusieron una participación más activa de su partido en los procesos electorales,
frente a la tradicional pasividad de los panistas de larga militancia. El neopanismo
(corrientes heterodoxas), como se denominó a esa nueva corriente, provocó algunas
bursátil, sacaran de aquel ‘río revuelto’ empresas adquiridas hasta en nilis de 20% por debajo de su valor en libros.
25
26 Soledad Loaeza, El llamado de las urnas, Cal y Arena, México, 1989, p. 85.
Las entidades donde obtuvo mayor cantidad de votos fueron: Sonora en 1982, Aguascalientes, Baja California, Sinaloa y Durango en 1983, y Coahuila en 1984. En las elecci~ones de Chihuahua en 1983 el PAN obtuvo el porcentaje de votos más alto de su historia: 46%” (Silvia Gómez Tagle, “Los partidos, las
fricciones con los panistas de la vieja guardia, pero al fin 1og;ró imponerse y h e claramente
reforzada por la mayoría de los militantes de su partido en noviembre de 1987, durante la
Convención Nacional del PAN celebrada con el fin de elegir candidato presidencial. En esa
ocasión obtuvo el triunfo Manuel J. Clouthier, venciendo en la primera votación por una
considerable mayoría a sus dos oponentes, Jesús González Schmal y Salvador Rosas
Magallón, en un hecho sin precedentes en la historia del PAN.
2 2 5 2 3 5
Dentro del PRI se manifestó también la división, que en este caso si condujo a la escisión
partidista. La nueva política económica, que implicaba el reflujo de la intervención del
Estado, alteró el patrón de gestión gubernamental. Liderazgcls y organizaciones cuya fberza
dependía del viejo estilo público interventor perdieron capacidad de representación y
negociación (sindicatos y cámaras empresariales), aumentó el conflicto dentro de las
organizaciones y se separaron grupos de aliados tradicionales. Al interior del gobierno el
fracaso del proyecto estatista provocó el desplazamiento de un grupo de políticos de las
altas esferas de influencia a los círculos de espera de las embajadas o puestos menores en
comisiones sin facultades. Con el liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz
Ledo, este grupo vio, en la reacción social que provocaban las medidas de ajuste y el
descontento de algunos cuadros priistas por la creciente tecnificación y tecnocratización de
ámbitos enteros del poder público, la oportunidad para apoderarse del PRI y de los
mecanismos de sucesión, mediante la formación de una corriente dentro del partido.
Aprovechando las medidas tomadas por el gobierno, apelaron de inmediato al proyecto
estatista en crisis, y se auto proclamaron sus salvadores y
continuado re^.^^
27
Varios de esos políticos desplazados que, en uno u otro momento, formaron parte de la corriente democrática, se vieron recompensados al retractarse y retornar a las filas gubernamentales. Así, “Gonzalo Martinez Corbalá estuvo tres años como diputado federal (1988-1991), de ahí pasó a la dirección general del Infonavit (1991), fue fugaz gobernador interino de San Luis Potosí (1’991-1992) y en 1992 fue designado director general del ISSSTE. Carlos Tello Macías fue designado emlbajador en Portugal en 1987, poco después en la URSS en 1989, y en 1991 pasó a ser embajador en Rusia y en las demás repúblicas desmembradas de Moscú. Armando Labra se refugió en diversos puestos en el gobierno de Oaxaca. Eduardo Andrade fue designado subprocurador de Justicia del Distrito Federal en 1989 y tres años m á s tarde pasó a la
Procuraduria de Justicia del Estado de Veracruz. Silvia Hernández se #encargó del sector popular del PFU, rebautizado como UNE en 1989, y dos años después volvía al senado de la República. Severo López Mestre tuvo un cargo en la secretaría de Finanzas del PRI entre 1989 y 1991. Janitzio Mújica ocupó un subdirección