PRUEBAS DE SELECTIVIDAD DE ARAGÓN
COMENTARIO 12
SITUACIÓN DELA MUJER
1. PRESENTACIÓN
Título: Situación de la mujer
Tipología: Fuente primaria. Fragmento de la conferencia titulada: “A las mujeres”
Cronología: 1903
Temática: Historia Social
Autor: José F. Prat
Destinatario / Finalidad: Denuncia pública de la condición de la mujer en el Cen-tro Obrero de Barcelona
2. CONTEXTO HISTÓRICO
La mujer en España no fue nunca contemplada como una persona y una ciudadana independiente antes del último cuarto del siglo XX, con un breve paréntesis en la Se-gunda República. Su dependencia y desigualdad respecto al varón abarcaba el plano jurídico, el político, el social, el laboral y el educativo.
Desde un punto de vista jurídico, el Código Civil de 1889, que recogía algunos de los principios del de 1851 sobre los derechos de las mujeres, no la consideraba com-pletamente persona jurídica aunque distinguía entre casadas y solteras. La mujer casada no podía ni comprar ni alquilar ni vender sin permiso del marido, aunque los bienes fueran de su propiedad. Tampoco podía ejercer una profesión ni declarar ante la justicia sin permiso marital. A la soltera, sin embargo, aunque en otros aspectos sufría más discriminaciones que la casada, se le permitía libertad mercantil para gestionar su patri-monio. El Código Civil establecía también otras diferencias significativas: la infidelidad femenina era considerada como adulterio y estaba penada; la masculina, si se producía sin escándalo, era permitida legalmente. El Código establece una pena de cadena per-petua para la mujer que cometa un crimen pasional pero si el crimen es cometido por un hombre, su castigo es sólo el exilio, entre seis meses y seis años.
En el plano de los derechos políticos, la mujer no fue considerada ciudadana hasta 1931, en que la Constitución de ese año estableció el sufragio universal permitiendo que, por primera vez, más de seis millones de españolas votaran en las elecciones de 1933.
requirieran usar la inteligencia abstracta o la reflexión. Estos “defectos” los compensaba con su sensibilidad, abnegación y capacidad de amor a sus semejantes. Con estas premi-sas se había construido la división sexual de las funciones sociales: los hombres debían ocuparse del mantenimiento económico del hogar; las mujeres, de la educación de los hijos y de los asuntos de organización doméstica. La autoridad en el hogar, según el Código Civil, la detentaba el marido, cuyas órdenes no podían ser desobedecidas por la mujer bajo pena de cárcel de entre 5 y 15 años.
Laboralmente se consideraba que trabajar a cambio de un sueldo era propio de la clase obrera por lo que, entre mujeres de la burguesía, no se planteaba la cuestión salvo en caso de extrema necesidad, que se procuraba remediar encontrando a un marido que les evitase el trabajo fuera del hogar. La mujeres de la clases económicas inferiores, sin embargo, habían trabajado siempre. Antes de la industrialización colaboraban en el campo con los hombres, se ocupaban en exclusiva del hogar, del cuidado de los niños y además eran las encargadas de elaborar los productos domésticos que aún no se comer-cializaban: pan, jabón, ropa, etc. La industrialización cambió la vida de mujeres y hom-bres de la clase obrera: largas jornadas de trabajo, hogares sin condiciones de habitabi-lidad y sueldos que sólo permitían cubrir las necesidades básicas. Se consideraba, sin embargo, que la mujer no tenía las mismas capacidades que el hombre y, por lo tanto, su trabajo era considerado complementario y se pagaba peor, entre un 50% y un 60% me-nos. Bien es cierto que la no mecanización de determinadas tareas requería aún una gran fuerza física, pero también lo es que, al querer reproducir la clase obrera el patrón bur-gués, el ideal femenino obrero era no trabajar fuera del hogar y, por tanto, las mujeres no se preocuparon por su promoción profesional y se resignaron a las tareas industriales más secundarias. Otro campo laboral copado prácticamente por la mujer obrera fue el trabajo doméstico en casas de la burguesía, donde además de tener la manutención ase-gurada obtenían un pequeño sueldo a cambio de jornadas con horarios interminables.
La presencia femenina en otros terrenos laborales era prácticamente nula pues no hubieran sido fiables mujeres médicas o abogadas, por ejemplo. Por ley tenían prohibi-das determinaprohibi-das profesiones como la de juez o notario. Tan sólo el magisterio era una profesión aceptada socialmente para ellas por cuanto se relacionaba con la educación de los hijos y la transmisión de valores tradicionales.
La escolarización de los hijos de la clase obrera fue una cuestión que no se planteó hasta bien entrado el siglo XIX, y menos la de las niñas, que se consideraba una cues-tión secundaria. El avance más importante del siglo XIX fue la Ley Moyano de 1857, que establecía la obligatoriedad de acudir a la escuela para todos los niños y niñas entre 6 y 9 años pero, en la práctica, la escolarización total no se llevó a término. En Catalu-ña, por ejemplo, en 1860 estaban escolarizados el 62% de los niños y el 38% de las ni-ñas. Estas diferencias explican que todavía en 1930 el analfabetismo de las mujeres fuese un 15% más elevado que el de los hombres, y que a nivel de toda España en las escuelas de primaria hubiese cuatro niños por cada niña escolarizada.
3. ANÁLISIS
3.1. Identificación de nombres propios y términos específicos
y los nuevos grupos burgueses, bien de base agraria, que se habían beneficiado de las desamortizaciones, bien de base industrial. En el sentido del texto, también pueden considerarse clase alta las denominadas clases medias que constituían una franja inter-media entre los poderosos y los asalariados, si bien en España este estrato social no re-presentaba mas que el 5% de la población y agrupaba a medianos propietarios agrícolas, comerciantes y pequeños fabricantes, profesiones liberales y empleados públicos.
b)mujer obrera:constituían una importante fuerza de trabajo. Tanto las agrícolas como las industriales o las empleadas en el servicio doméstico trabajaban fuera de su hogar en el 90% de los casos.
c) mujer esclava de un esclavo:el autor considera que la peor condición femenina es la de ser mujer de un hombre, que a su vez, vive la opresión de la injusticia.
3.2. Tema
El autor utiliza dos preguntas retóricas para exponer la condición de la mujer en los primeros años del siglo XX “¿Cómo viven las mujeres? ¿Qué son para nosotros, los hombres?” Distingue entre las mujeres de clase alta y las mujeres obreras. Sintetiza, en primer lugar y a grandes trazos, un esquema del modelo femenino burgués: ligero barniz cultural, matrimonio, maternidad y elegancia en el vestir como ostentación del poder económico del marido. La mujer obrera, vuelve a sintetizar, ligada al trabajo manual du-rante largas jornadas, mal pagada, mal alimentada y en riesgo siempre de caer enferma.
Ambos prototipos de mujer sufren por igual “el abandono intelectual”, es decir, la no conciencia de sus derechos, que no puede aflorar en ellas por la carga moral, instalada en sus conciencias desde la niñez, de una larga lista de deberes.
4. VALORACIÓN
4.1. Precedentes y consecuencias
Los primeros planteamientos de la doctrina que hoy conocemos como Feminismo se dieron en el pensamiento de los filósofos y de las mujeres de letras del siglo XVIII. Así, durante la Revolución Francesa aparecen asociaciones de mujeres que demandan que la libertad, la igualdad y la fraternidad se apliquen sin distinción de sexos. Estas ideas fue-ron desatendidas cuando se impuso en Europa el modelo de Código Civil de Napoleón, que consagraba jurídicamente la dependencia de la mujer a la autoridad del padre o el marido y su influencia abarcó todo el siglo XIX.
La equiparación de los sexos no llegó a España hasta 1931, pero, tras el breve pa-réntesis republicano, el franquismo retornó al Código Civil de 1889 y se volvió a consa-grar la inferioridad jurídica de la mujer.
La Constitución de 1978 establece la igualdad de sexos en todos los ámbitos, como símbolo del sistema democrático.
4.2. Significado