Fragmentos de diseñadores
en Chapinero
Catalina Romero Leclercq
Trabajo de grado para optar por el título de Comunicadora Social con énfasis en Publicidad Director
Eduardo Gutiérrez
Departamento de Comunicación Social Pontificia Universidad Javeriana
Pontificia Universidad Javeriana
Facultad de Comunicación Social y Lenguaje Carrera de Comunicación Social
Bogotá 2011
los
La ciudad se convierte en un recorrido de fragmentos y tensiones que solo pueden ser leídas gracias a la de-dicación y el trabajo cauteloso y constante del profesor Eduardo Gutiérrez quien guío el desarrollo de este tra-bajo.
También este libro es el resultado de las largas horas de fascinantes charlas con mi abuela donde lográba-mos recrear la memoria de aquel espacio de comienzos del siglo XX donde mi abuelo en su taller diseñaba los patrones de los paños en medio de telares y máquinas industriales que comenzaban a acompañar sus ratos de creación.
A la Biblioteca de la Universidad Javeriana donde se en-cuentran dispuestas las bases para armar este recorrido de la cultura material de la ciudad. A los diseñadores de Chapinero que compartienron conmigo las propuestas de sus tiendas, a Andrés Farias por los ratos de escucha
y creación y inalmente a mis padres y mi hermano por
su paciencia ante mis ganas incansables de alcanzar mis sueños.
3. La flor
1. El hierro
2. Lo natural
4. La jaula
5. El cisne
6. La casa
ont
e
nido
7. El Ropero
8. El farol
9. La máquina
10. Conclusiones
0. Introducción
2.
de coser
11. Bibliografía
3.
4.
5.
7.
8.
9.
10.
6.
Artículo 23
En una sociedad que pasa del consu-mo al consumisconsu-mo (Bauman, 2008), en donde nuevas formas de intercambio se adoptan en el comercio de los objetos sustentados en los valores de la cultura, se des-plaza su principio funcional a uno simbólico.
El valor se convierte en el factor determinan-te del consumo, donde se genera un espacio
para la producción de signii cados (Duque,
2008), el sentido al que remiten los textos fragmentarios de Roland Barthes, Benjamín y Baricco, permiten, a través de la descrip-ción de un entorno comprender los procesos
que establece la sociedad y que coni guran la
identidad del sujeto, a través de su visión y angustia en una época de constante cambio.
Es así como los fragmentos de Benja-mín, se constituyen como líneas que con-forman imágenes de un contexto dis-tante y se dibujaban como parte de un escenario en el que pareciera estar presente.
Esta noción de movilidad y de puntos que no
logran dei nir un lugar y una relación directa
con un entorno, permiten que se indague so-bre la problemática que plantea Virilio(1997)
de enunciados que conforman una entidad que aparentemente es real pero no actual.
Es por esto que se abre un camino hacia el re-cuento histórico del barrio Chapinero como mecanismo para comprender las relaciones de consumo que enmarcan las tiendas de di-señadores independientes, ubicadas entre la calle 54 y 55 con Carrera Séptima en Bogotá.
El texto no implica una jerarquía en los ob-jetos que son descritos, sin embargo, cada sección determina un conjunto de elemen-tos que generan relaciones con los procesos sociales y las formas de habitar el espacio.
El punto de partida es la calle, donde se ex-pone el contexto espacial del análisis, lo
que facilitará la lectura y la comprensión de las tensiones en los fragmentos
poste-riores, esto con el i n de rescatar el senti-do de las casas de Chapinero, su signii casenti-do cultural que permitió coni gurar este
ba-rrio como un sitio tradicional de la ciudad.
Así mismo al quedar sumergido dentro de la urbe, se entretejen relaciones con los procesos de expansión, donde el valor simbólico de los elementos, se entiende como un mecanismo para comprender las prácticas y las relaciones que se tejían en el ambiente público y privado.
Los fragmentos están basados en la descrip-ción de los objetos que componen las tiendas de los diseñadores de Chapinero a través del
material fotográi co tomado para la presente
Introducción
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donde el valor simbólico de los valor simbólico de se entiende como un mecanismo como un mecanismo comprender las prácticas y las relaciones prácticas y las relaciones en el ambiente público y privado.ambiente público y privado.
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investigación en varias visitas, y que represen-tan las nociones que emplea el diseñador; al partir del contexto social en donde se sustenta un espacio local, y posteriormente explora los vínculos que se generan con diferentes partes del globo, como muestra de los procesos de aculturación, según Harris (1990), las relacio-nes de aprendizaje a través de otras culturas.
El objetivo de la presente investigación es hallar el sentido que se le atribuye a los ob-jetos como parte de la cultura material de Chapinero, a partir de los objetos que comercializan los diseñadores del barrio y que emplean en sus tiendas para gene-rar vínculos afectivos con el consumidor.
Narra el proceso de urbanización que pre-senció Bogotá en el siglo XX, se pasa de amplios portones de las casas del centro de la ciudad, adornados con barrotes de madera en sus ventanas, a estructuras li-vianas de rejas de hierro forjado que
re-fl ejan el estilo de vida moderno, como
expresa Ortega (2008). En medio de la ex-pansión de la ciudad existe un lugar en la vida social donde queda consignada la transformación del espacio, preservado a la forma de las calles y las fachadas de las estructuras que componen los barrios de Bogotá como muestra de los procesos de consolidación de la urbe.
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El territorio y el espacio mismo no son algo,dado de una vez y para siempre
tampoco algo que funcione como un mero contenedor o receptáculo de la vida social,
sino que son parte activa y conformadora
de esta. (Navarro, P y Nuñez. 2008, p16)
////
>Detalle de las rejas de una casa del barrio La Candelaria, Bogotá. 2010. Fotografía tomada
por CatalinaRomero Leclercq
La calle se convierte en el indice que permite comprender las relacio-nes entre lo natural y lo urbano; se pasa de habitar sitios campestres a un ambiente donde lo rígido, sólido, estructurado y estandarizado caracterizan la vida del sujeto.
Lo que permite comprender el espacio como algo móvil donde son enunciadas las bases del relacionamiento social; las estructuras y los cuerpos que conforman el espacio urbano se convierten en el susten-to de las relaciones de dominación, muestra de los modelos de poder
que experimenta Bogotá desde inales del siglo XVIII.
El Plano Geográico de la Ciudad de Santafé de Bogotá de 1787, es
testigo de la situación política y religiosa de la época, donde la ma-yoría de los sitios que se encuentran numerados allí, hacen referencia
a lugares religiosos, lo que permite identiicar cómo las Instituciones
El traje
que empleaban los habitantes de la ciudad, se convierte en uno de los primeros diálogos donde se manii esta la distancia cultural entre los grupos sociales que habitaban en Bogotá a comienzo del siglo XX; si bien las prendas utilizadas usualmente por la población rural que migró hacia la
ciu-dad se ajustaban a las condiciones que exigía el campo, fueron trasformadas y dispuestas según las necesiciu-dades y los requerimientos del espacio donde se realizaban las actividades cotidianas de la urbe, como las reuniones de los círculos de intelectuales y los rituales religiosos.
Una mirada previa a esta migración, hacia 1850,
según el análisis sociológico de Fals Borda(2010),
muestra cómo los campesinos comienzan a hacer uso de las camisas que empleaba el cuerpo designa-do al servicio de los españoles y como a través de esto se genera un vínculo entre el organismo de po-der y los habitantes. Por medio del traje se generan ciertas distancias entre los grupos sociales, muestra
de las codii caciones vinculadas a los objetos donde
se trasciende del plano físico al social y cultural de un pueblo.
Duque (2008, p.35) expone como el consumo es el
resultado de la necesidad de soportar los rituales en torno a las actividades, es decir a través de los
pro-ductos se coni gura un conjunto de codii caciones
que permiten ubicar al sujeto dentro de un grupo social, así mismo estos crean diferencias que están sustentadas las categorías de la cultura como
expre-sa Isherwood en Duque (2008, P. 34), los objetos
que tienen lugar en las casas familiares y en los es-pacios frecuentados por la población de comienzos
del siglo XX, son actualmente convertidos en
repli-cas de un pasado donde queda consignada la cultura material (Sennett, 2008) de los habitantes de Chapinero.
La codii cación, resultado de la segmentariedad dura como expone Deleuze (citado en Gallón 2006), en donde se determina la diferencia
y la capacidad de distinción entre las opciones ofrecidas por el
mer-cado son rel ejo de la abstracción del poder adquisitivo y el rol que
representa el sujeto como parte de la sociedad.
Grandville, emplea en el siglo XIX, la sátira a través de sus
ilustracio-nes para cuestionar las formas de actuar de la burguesía, representa-ciones que se convierten en crítica ante los modelos de poder que eran impuestos socialmente.
La sátira a través de los gravados se convierte en la herramienta que según Ronderos (2005), hace evidente que en el caso de Colombia la
caricatura y el aporte grái co en la prensa permitió que el público no
letrado comprendiera la realidad que acontecía, donde se ponía a en
duda el correcto actuar de las i guras del cuerpo eclesial y del
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Grandville. (Grabado)8
do. Igualmente, por medio de la forma en la que se relacionan los personajes de los graba-dos, es posible comprender las distancias que se trazaban entre las clases dominantes y las personas que servían a la burguesía, lo cual
se rel ejaba primeramente en el vestuario y el
tiempo de fabricación de los materiales que constituían las prendas; a través de las prendas elaboradas con detalle, las cuales distan de la
i gura del pueblo el cual es representado bajo la i gura de animales socialmente
desprecia-bles como los cerdos, lo que se contrasta con
los i nos gestos de las i guras de poder.
La obra de Grandville, no solo deja entrever las distancias entre los grupos dominantes y los dominados sino que hace énfasis en los objetos que portaba la burguesía, paraguas, algunos, fracs y abrigos, representados por
personajes de facciones rei nadas y cuerpos
esbeltos se contrastan con animales desprecia-dos socialmente como los cerdesprecia-dos; es notable encontrar como las formas terminadas en pun-tas, alargadas y con cortes que requieren un mayor trabajo manual como lo son las puntas de los fracs y el estilo que se establece en las
prendas de vestir connotan las i guras de
po-der de la época, valor que pasa de los sastres y
costureros a coni gurar las Casas de Moda.
El aporte a la confección y el diseño i jan la
propuesta de valor, allí el arte de la confección
enmarca abstracciones y signii cados del
am-biente cultural, por lo que el trabajo conjunto
entre quien mandaba a confeccionar un traje era de especial cuidado pues debía representar los valores que caracterizaban el legado que había construido a través de códigos la bur-guesía.
Es precisamente esa necesidad de plasmar en
los productos el signii cado y la identidad que distingue y caracteriza como expresa Duque
(2008, p.35), lo que genera ciertas tensiones entre los objetos que son intervenidos por los diseñadores y aquellos objetos propios de las
practicas sociales de comienzos del siglo XX.
Es justamente donde la antropología cultural se sirve de este tipo de tensiones para
explo-rar como comenta Duque (2008, p.42) el valor
que se le atribuye a un objeto con relación al ambiente y actividad donde se emplea, es por esto que cita a Baudrillard para analizar la di-námica que se establece entre las sociedades de consumo, en donde...
“Los productos elaborados o cultivados no están destinados al consumo en la expresión ‘obsoleta’ del termino. No serán ‘devorados’ ni ‘asimilados’, pues ya no son satisfactores primarios, sino que se han convertido en sig-nos de un juego freudiano en el que participan
motivaciones del hombre” (Duque, p. 42), por
lo que mas que estar relacionando el consumo con un plano de suplir necesidades se pasa un
plano del deseo como expresa Freud (1970),
donde el deseo se convierte en la frustración
del hombre en conseguir un objeto anhelado.
Aquellas motivaciones que se verán rel ejadas
a lo largo de las descripciones y las relaciones de sentido que genera el sujeto con el espacio habitado, en el cual las relaciones afectivas guían su experiencia tanto espacial como so-cial, por lo que entender a Chapinero mas que un barrio tradicional, es comprender el sentido que sustenta la vida en familia y las practicas sociales donde las personas tejían relaciones cercanas entre el ambiente del barrio, lo que
sustenta el agenciamiento (Deluze, 1980) de
En lo que hacía referencia al atuendo, se encuentra entre los indios del
servicio de Quesada una curiosa mezcla de lo nativo y de lo europeo... los
pri-meros agentes aculturadores entre los chibchas fueron los indios del servicio
de los conquistadores. (Fals, 2010, p. 4)
Al principio los españoles determinaron por leyes cómo debían vestirse los nativos, actualmente algunos siguen usando los estilos de las faldas con prenses verticales del siglo XVIII, las alpargatas y el infaltable sombrero (Fals, 2010, p. 6)
///
Al seguir los rastros de la historia de la ciudad,
aún a mediados del siglo XX, en la Carrera
Séptima se aprecian personas con ruana y des-calzas tratando de protegerse del frío, lo cual
pone de maniiesto a la calle como muestra de
la transición que vive la sociedad en torno a su legado rural con las nuevas propuestas que vinculaban a la ciudad comprendida esta como un centro de comercio donde se instauraban las instituciones como muestra de abstracción del poder.
La Carrera Séptima se instaura así como el eje histórico de Bogotá, allí desde tiempos Colo-niales era comprendida como el punto de par-tida en los mapas de Santafé, la calle se com-prende entonces como algo móvil que permite
la transformación de la ciudad y delimita el espacio público del privado.
Ésta es para Bogotá, legado histórico, a través
de los periles arquitectónicos como expresa
Real (2009), permiten comprender el espacio desde la parte espacial, funcional y contextual, en donde prevalecen ciertas relaciones con la Carrera Séptima como un sitio cultural, que media entre el mayor número de construccio-nes declaradas de la ciudad, como lo son: El parque de la Independencia, Las Residencias
Tequendama, La Iglesia de San Diego, El Mu -seo Nacional, La fábrica de Babaria, El Par-que Nacional, La Plaza de Toros entre otros.
(p. 67), la calle se convierte en el lugar donde
suceden las relaciones sociales donde los ob-jetos se convierten en parte de su historia.
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Atrás quedaban las bases campesinas y rura-les de los habitantes de la urbe, sin embargo al comprender las relaciones que prevalecie-ron en la consolidación de la ciudad, donde sus habitantes dejaban a un lado la ruana, a portar abrigos, se diferencia dentro del mismo
espacio geográico a través de los objetos que
portan los habitantes, como lo es el caso el uso de abrigos, zapatos de cuero y sombreros que distinguían a las personas de clase alta de las del común.
///La ciudad cómo un producto cultural, como el resultado de los múltiples y diver-sos elementos de tipo histórico, económico, político y cultural que caracterizan y conforman en su conjunto el ser nacional y que de manera fragmentaria,
espontá-nea o motivada, obedecen a factores históricos especíicos, tanto como de carácter
nacional como internacional, se desplazan, se encuentran, se conectan o rechazan, y se localizan en tiempos y espacios determinados, para transformar o dar vida a
nuevas formas de
producción, circulación y consumo
de signiicaciones y sentidos, lo cual en su conjunto es lo que va a caracterizar
tanto el comportamiento como el sentido de identidad del habitante de la urbe. (CEICOS,1998, p. 5)///
A través de la relación que tiende la sociedad en torno a los objetos y las formas de asentarse de su población, se vislumbra un espacio donde lo ma-terial se convierte en testigo de los procesos de consolidación del espacio
urbano. Desde la perspectiva del Paisaje urbano, el espacio es comprendi -do como aquel lugar -donde prevalecen las relaciones de los individuos y tejen el sentido de la vida en la ciudad (Real, 2009, p. 21), allí los objetos narran las prácticas de la comunidad lo que permite comprender las formas en que la ciudad fue habitada
Bogotá hace menos de un siglo estaba limitada al norte con la calle
26, lo que ubicaba a Chapinero como un caserío o mucho tiempo atrás
con un lugar compuesto por 10 casas como lo expresa Ortega (2008); la vida campestre se recrea en este espacio, debido a la expansión de la ciudad el patio es dispuesto entre el cemento y las estructuras de las casas como espacio para lo natural, en medio de una ciudad cuyas calles se alejaban del lodo y comenzaban a establecerse proyectos de avenidas y carreras que enmarcarían la fase de expansión de la ciu-dad. Su crecimiento no estaba proyectado, por lo que las estructuras del Centro son testigos del proceso de urbanización.
Los mapas de la ciudad, consignados en el Atlas de Bogotá (2007), se convierten en muestra de la relación entre el espacio de Chapinero con la ciudad, si bien solo hasta 1911 este barrio es demarcado dentro de los límites urbanos.
El primer mapa de Bogotá, hace referencia al Virreinato de la Nueva Granada, posteriormente se encuentra un mapa de 1907 elaborado
por la irma S. Pearson & Son Limited, es muestra de las transfor -maciones espaciales al disponer del tranvía los habitantes de Santafé podían desplazarse hacia lugares aledaños a la ciudad en este caso Chapinero, lo que contribuye a establecer la percepción de un nuevo espacio donde se evoca lo tranquilo a través de sus quintas. La calle
comienza a adquirir signiicados como el espacio que media la vida
social de las personas donde las particularidades como lo comenta (Cuéllar, 2009), son destinadas calles con curvas en sus extremos para facilitar el retorno a la ciudad de los carruajes.
Carruajes, que luego serán evocados sobre las placas de la nomencla-tura del barrio al lado del farol que alumbra la entrada de las casas de Chapinero.
Casi silenciosa pero sugestiva, esta estructura enmarca la evidencia de que Bogotá antes de la segunda migración de población del Centro de la Ciudad a Barrios que se levantaban fuera del sus límites co-menzaban a demarcar nuevas formas de habitar en casas amplias, en donde el espacio anteriormente comprendido como potreros y aldeas rodeadas por grandes extensiones de tierra desde comienzos del siglo
XX daban paso a estructuras sólidas como las casas de arquitectura
inglesa del barrio que pasaría solo hasta después de la década de los 30 a ser parte de la ciudad, donde las mulas eran el medio más efectivo para impulsar loas carruajes o tranvías que se usaban para trasladarse
del Centro Fundacional a lo que se denominaría el barrio Chapinero.
Muestra de ello el origen del nombre de este barrio, releja parte de la importancia de los oicios en donde
Antón Hero Cepeda,
fabricante de Chapines, tipo de zapato descrito anteriormente, que permitían a los habitantes de ese caserío transitar en medio de las calles de lodo y lucir más al-tos debido a que su estructura contaba con una plataforma como lo expresa Ortega (2008), y es que Chapinero antes de consolidarse y comprenderse como un barrio, diversos escritos hacenrencia a un lugar que fue en primera instancia una aldea, luego paso a ser caserío, hasta que
a comienzos del siglo XX, es considerado un
barrio con connotaciones de la vida tradicio-nal de las familias bogotanas.
El espacio físico se entiende como un lugar para la movilidad de contenidos simbólicos
que coniguran la realidad del sujeto, por
lo que en la ciudad son las estructuras y las formas de portar algunos accesorios lo que conforma el espacio como un sitio de exclusi-vidad y demarca los límites entre los actores sociales, lo cual demarca la forma de habitar y movilizarse en el espacio. Las casas del barrio La Candelaria en Bogotá son muestra del
am-biente que prevaleció desde inales del siglo XVIII, en la ciudad, compuestas por amplios
muros de tapia pisada permitían componer el espacio donde barrotes y las personas tran-sitaban a pocos centímetros de las vías, una ciudad que se delimitaba al norte con la calle
26 y que tenia acceso a través de dos vías la
del Camino Real, el camino de herraduras, y la calle de la Alameda como fue conocida la Calle 13.
[p.13] Candado casa del barrio La Candelaria, objeto representativo de las casas del Centro de la ciudad, permite
componer el paisaje urbano. Fotografía tomada por Catalina Romero Leclercq. 2010.
Iglesia de la Candelaria diagonal al museo del Banco de
La República en la Calle 4ta, Centro de Bogotá. Fotogra -fía tomada por Catalina Romero Leclercq, 2010.
Sin embargo, así como la población del centro de la ciudad fue el resultado del la migración del campo a la ciudad, se contempla un espacio a fueras de Bogotá donde la vida campestre se recrea, allí en medio de quintas y haciendas, que precedieron los caseríos y las aldeas, se encontraba sobre la calle 57 con carrera sépti-ma la casa de Antón Hero Cepeda.
Bogotá, se convertía en un sitio móvil para la población y para las prácticas que ofrecía la ciudad, pues en medio de un ambiente que conservaba las tradiciones del campo subya-cen nuevos estilos de vida que tienen dentro
de su coniguración espacial frecuentar luga -res afuera de la ciudad, como se comprendía el sector de Chapinero, si bien en ese lugar alejado de la rutina y el ruido de las calles ci-tadinas se encontraba Chapinero, sitio con el que ciertos habitantes de la ciudad evocaban el termino... “cada vez está más en desuso: “Vamos a Chapineriar”. La memoria colec-tiva conservó la imagen de que Chapinero y Bogotá eran lugares distintos (Cuéllar, [Intro-ducción] en Ortega et al. p. 23), el espacio
Entre calles angostas, los candados de las casas se convertían en símbolo de protección de espa-cio privado, los barrotes de madera y algunas re-jas de hierro forjado caracterizaban las casas de los primeros habitantes de la urbe. Las puertas de madera se encontraban a poco menos de un metro de la calle, el espacio público era consti-tuido entre casas y áreas que quedaban estrechos en medio del aumento de la población que habitó en el Centro.
comenzaba a demarcar una serie de asociacio-nes en las estructuras de las casas, las calles y la forma de habitar, pues si bien el centro era dispuesto para la cercanía con las institucio-nes, Chapinero representaba un sitio apartado del ruido de la urbe y se consolidaba como un sitio campestre a las afueras de la ciudad.
Desde la estructuras de las casas del Barrio La Candelaria son relejados los rasgos de la ar
-quitectura colonial, donde se ijó el origen de
Los balcones componían marcos de referencia en el desarrollo estéti-co de las estéti-construcciones de la ciudad.
Allí, los procesos de aculturación que presenciaba Bogotá son rel
e-jados en los estilos arquitectónicos del Centro y los barrios aledaños como Teusaquillo y Chapinero.
Los caseríos eran reemplazados por quintas y una vez instaurado
Chapinero como parte de la ciudad desde el siglo XX, se evidencia en las construcciones de arquitectura victoriana inl uencias europeas
que mediaban la transformación del espacio urbano. Cómo expresa
Gutiérrez... “Si Europa vivió la utopía de América en el siglo XVI, América vivió la utopía de Europa en el siglo XIX. Nos propusimos
ser europeos y rechazamos en la dialéctica ‘civilización o barbarie’ lo que realmente éramos” (Citado en Ospinas, 2009), las formas que componen las casas y los sitios públicos, se convierten en índices de un mapa que se entreteje entre el estilo de vida de sus primeros habitantes.
El espacio mas que entenderse como una disposición territorial en un plano, trasciende a una disposición territorial que enmarca un contex-to social, componiendo así las formas de vida donde la técnica y las
inl uencias del Viejo Continente guiaban el estilo de vida adaptado
por los habitantes de la ciudad.
Bogotá, disponía de dos caminos que comunicaban los caseríos con la ciudad, aquel mapa de 1789, donde la mayoría de los sitios indi-cados eran religiosos deja entrever trazos como el camino a Suba el cual se extendía mas allá del área urbana de la ciudad, en donde casas con muros gruesos, baldosas de barro y techos con vigas de made-ra, componen el ambiente citadino, dando paso al establecimiento de personas que migraban del campo a la ciudad, como muestra del
proceso de urbanización iniciado desde el siglo XVIII.
La plaza connotaba aquel espacio abierto donde las personas se reunían para compartir y adquirir productos para satisfacer sus necesidades, en sus alrededores se evidenciaba una de las prác-ticas tradicionales de los habitantes de la ciudad, las tiendas en-marcan un espacio para la charla donde se vendían almojábanas y chocolate, instaurados como una costumbre capitalina, en torno al cual se conformaban círculos de personas ilustres que habi-taban en las casas del Centro de la ciudad que acostumbraban a reunirse en cafés y plazoletas para dialogar sobre los temas que generalmente eran divulgados por las publicaciones de los diarios.
Foto No. Detalle del balcón en el Centro. Fotografía
tomada por Catalina Romero Leclercq. 2010.
En medio de las manchas de tinta, el desgaste del papel y algunos quiebres de las hojas, es posible connotar a aquel espacio del Centro de la ciudad características de su población, en
donde la realidad era i jada a través del medio
impreso, El Estado y La Iglesia realizaban las intervenciones a cuyos contenidos solo tenían acceso las personas letradas de la época.
Comunicados de partes alejadas del mundo comenzaban a elaborar aquel imaginario de la vida europea que se evidencia en la arquitec-tura del periodo de fundación de Bogotá.
En la calle las personas comenzaban a adoptar costumbres aprendidas de otras culturas, ter-mino que Marvín Harris asocia con el proce-so de aculturación, pues los habitantes de la ciudad tenían un legado histórico donde en-marcaba las prácticas bajo el marco del con-texto rural, sin embargo desde La Colonia la
población campesina fue modii cando sus
há-bitos muestra de ello se evidencia en los trajes como comenta Rojas... “La conservación del lenguaje, como ocurre también con el vestido, son la expresión cultural de dominación que las elites colonial y republicana han manteni-do sobre los indios y los campesinos respecti-vamente” (Prólogo, Antología, 2010), Bogotá era un territorio que antes de ser comprendido como un espacio para la vida Colonial fue un espacio para el asentamiento de la vida en el campo.
Los barrios que comenzaban a conformar la ciudad, generan trans-formaciones del espacio y por lo tanto en el aumento de la población nuevas formas de vivienda son dispuestas, muestra de ello Bogotá, se encuentra fraccionada en medio de estructuras patrimoniales que permanecen en el tiempo como memoria de los procesos de consoli-dación de la ciudad.
La Carrera Séptima, se convierte así en parte esencial de Bogotá, comprendida como eje funcional y cultural de la urbe.
La calle comienza a ser comprendida como un lugar para pasear, vi-sitar y enmarca prácticas comerciales y recreativas, por lo que en Bogotá, La Carrera Séptima tiene un legado histórico que permite evidenciar su importancia como eje de movilidad en la ciudad, en-tendiendo esta como un espacio que dependiendo de las formas y los medios empleados para transitar por ella, permite componer la mirada del observador como comenta Real (2009), es a través de los fragmentos de una arquitectura de la ciudad, donde se entablan relaciones con el legado histórico que permanece representado en las viviendas, los parques, las calles y los barrios.
La forma de pensar el espacio no como un contenedor de estructuras sino como el lugar donde suceden las relaciones sociales y el inter-cambio no solo de bienes y servicios sino el interinter-cambio simbólico,
donde la experiencia cultural enmarca el signii cado y pertenecía a la
ciudad.
La madera de las ventanas de las casas del Centro, permiten com-prender el estilo de la época donde lo Colonial caracteriza la arqui-tectura, allí en medio de los elementos que componen la estructura
de la vivienda se dei ne el contexto que identii ca a la sociedad desde el siglo XVIII, lo que permite coni gurar un espacio compuesto por
elementos que constituyen la cultura material de un pueblo, aunque actualmente Chapinero es quizá uno de los barrios mas cercanos al Centro en Bogotá, en aquella época ni siquiera estaba previsto como parte de ella.
.Imagen 1. “Chapinero, Carrera 7ª No. 59 - 47. Aspecto de la casa donde vivió el chapinero, modesto fabricante de zapatos que se lla-maban ‘Chapines’...(Ortega, 200o, p. 49)
hapinero se instaura en la ciudad como el
espacio donde se releja la vida moderna, a
través de amplias calles, estructuras arqui-tectónicas que dan paso al alumbrado incan-descente y las vías son transitables como lo comenta (Ortega, 2008).
C
Enmarca un espacio propio para la vida mo-derna, donde prevalecían algunas Quintas que eran reservadas por familias adineradas del centro de la ciudad, para pasar vacaciones o para encontrarse en familia en las festivida-des. (Ortega, 2009)
La calle es el lugar en donde converge lo
tra-dicional y lo moderno. Según Duque (2008);
los valores modernos se relacionan con pro-greso, la disciplina y la producción, valores enmarcado en los espacios de las casas de Chapinero. Allí los materiales se convierten en portadores de historias y evocan prácticas
y coniguraciones de la vida social..
Pues si bien los rieles del tranvía colinda-ban con las estación ubicada en la calle 63, Chapinero comenzaba a enmarcar un estilo de vida alejado del ruido y la inseguridad del Centro de la ciudad.
/// 1884 se instaló una vía de tranvía, hoy la carrera 14 o Avenida Caracas cuya estación quedaba en la esquina de la calle 63, donde había
vendedores de pollo, caramelo y bizcocho, la Carrera Séptima era el camino a Tunja y la 13 era la alameda y tranvía de mulas” (Secretaría de
Desarrollo, Bogotá. p.31)///
...“Línea del tranvía de mulas de Chapinero. Fotografía que acompañaba un aviso de venta de lotes
de Eduardo Quintana y Germán Várdenas den la Gran Avenida” (Cuéllar, 2008, p. 29)
Si bien, la calle permite distanciar el espacio de Chapinero con el Centro, como airma Ortega
(2009), donde sus habitantes tenían que usar una especie de zapato de plataforma que se
ama-rraba a los tobillos para protegerse del lodo, distante de calles empedradas del Centro de la
ciu-dad.
Bogotá, se convierte en una ciudad donde lo móvil y lo permanente encuentran un lugar para conformar la vida citadina. Algunas
estruc-turas son renovadas, otras se transforman en torres de ediicios resi
-denciales o de oicinas y la forma de comprender el espacio, permite
evidenciar la postura y los roles de sus habitantes.
Sin embargo el crecimiento de la ciudad comienza a ser contempla-do, a través de proyectos urbanísticos como los que emprendió
Bru-ner a comienzos del siglo XX, quien establece una serie de trazos
sobre el mapa de Bogotá, concibiendo el espacio de la ciudad como mediador de los procesos de expansión de su población, obras como la arborización de la Avenida Caracas son lideradas y ejecutadas; así como algunos barrios donde la disposición de las calles guiaban los encuentros de las familias, se concibe el espacio público cómo un lugar para las calles y el paso de los vehículos pero también como un espacio para las personas. Cultura Capital (2010, junio) [emisión por televisión], Escobar, A (dir), Bogotá, Canal Capital.
Lo que permite comprender cómo... “la valoración real del paisaje urbano es la estrecha relación de los tres componentes el espacial, el contextual y el temporal” (Real, 2009. 39), lo cual en su conjunto me-dia la historia de la ciudad y se evidencia la importancia como parte activa en los procesos de identidad territorial y social la preservación del patrimonio, el cual se convierte en actor esencial al indagar sobre
los procesos, usos y prácticas que deinen a la sociedad que ha habi -tado en Bogotá.
Cómo lo expresa Chinchini y Escobar (citado en Real, 2009, p 38):
“Considerando el patrimonio como un instrumento de airmación y perte
-nencia a un lugar, de identiicación con ese sitio, de vivencias en ese sitio, implicará necesariamente una identiicación con su historia, o mejor, con la
historia de sus sucesivas transformaciones, con su persistencia y sus cam-bios, con aquello que reconocemos y aquello que nos asombra, con sus ga-nancias y sus perdidas sufridas a lo largo del tiempo”.
Al recorrer el espacio como un todo de fragmentos que componen la identidad y las relaciones de pertenencia a un territorio, guiado a tra-vés de los cambios y mutaciones (Real, 2009)sociales, lo cuales están directamente relacionados con las formas de componer el espacio.
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Lo natural
L
Natural
L
o
as hojas aluden a espacios no intervenidos por el hombre
.
Esto implica recrear aquellos lugares previos al asentamiento dentro del espacio urbano, donde lo campestre enmarcaba las
relaciones entre las actividades de la familia y la forma de adaptarse al territorio. La cercanía a lo natural se constituía como
parte del estilo de vida. En Chapinero, en medio de calles de lodo, se encontraban algunos caseríos: espacios tranquilos y
puros, lejos de los procesos que aún vulneran el sistema natural.
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as hojas aluden a espacios no intervenidos por el hombre
as hojas aluden a espacios no intervenidos por el hombre
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campestre enmarcaba las
enmarcaba las
natural se constituía como
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caseríos: espacios tranquilos y
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tranquilos
campestre enmarcaba
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natural se constituía
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espacios tranquilos
espacios tranquilos
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Natural
La materas connotan el ambiente campestre, en medio del concreto
de la calle y sus andenes los pensamientos se conforman como lores
que suelen decorar los jardines de las casas en Bogotá. El jardín se comprende como la disposición de lo natural en medio del asfalto que media el paso de vías de lodo como lo era el tramo del tranvía de mu-las ubicado sobre la carrera trece que partia del Centro de la ciudad
hasta la estación de la calle 63, Chapinero.
Bogotá, pasa de habitar un espacio comprendido como un caserío como lo fue hace dos siglos Chapinero, a un ambiente donde son impuestas las bases culturales europeas.
En las materas queda representada la relación entre los espacios natu-rales y los dominados por el hombre, pues la matera se convierte en la abstracción del campo, asi mismo estas evocan el jardín de la casa
familiar, donde se disponia prácticas como tender la ropa, alimentar a los animales y la recreación de los niños. Estas prácticas menciona-das anteriormente sucedian en el jardín interno de la casa, mientras que el antejardín se constituia como la extensión pública de este es-pacio connotando la necesidad del individuo de mostrar a través del
cuidado de las lores, la importancia del arreglo de la casa.
El espacio se transforma, si bien las casas del Centro en su entrada estan demarcadas por la puerta, las rejas y el candado, en Chapinero el espacio propone un primer acercamiento de lo público con la casa
a través de las lores y enrredaderas que penden de su fachada.
//en el trayecto del Centro a Chapinero los pasajeros podían apreciar los paisajes a través de las cortinas del tranvía que protegían a sus pasajeros del frío, como expresa Ortega (2009).
Lo de la matera es por-que además del romanticismo de la mujer, a mi me gusta las cosas de los juegos, ese sentimiento infantil, como los recuerdos, el colorido, uno cuando es niño se atreve a ser mas arriesgado y hacer mas cosas que ahora que uno como mas grande cómo que lo piensa mas.
///... La denominación del arte del siglo XVII bajo el nombre de Barroco es moderna. El concepto fue aplicado en el siglo XVIII, cuando aparece por primera vez, todavía exclusivamente a aquellos fenómenos del arte que eran sentidos, conforme a la teoría del arte clasicista de entonces, como
(Hausser, 1994, p. 92) ///
desmesurados, confusos y extravagantes.
La presencia de las hojas reincide en un cua-dro de la tienda, en el cual el espacio natural se representa, la mujer convive en armonía con los animales y las plantas de su entorno, como parte esencial de su estilo de vida aleja-do de los centros urbanos.
El marco y la imagen que está dispuesta sobre una repisa del almacén conforma un sistema
de signii cado donde se evoca el estilo barroco
y el naturalismo.
Los pájaros se encuentran también en las pa-redes y en las hojas que conforman el espacio del almacén, con texturas que semejan un am-biente real y colores que distan de las especies que habitan en la ciudad, se convierten en algo exótico y a la vez sujerente de entornos natu-rales propios de otros países.
Las hojas se entretejen entre los mostradores y permiten componer una relación con las ramas de los arboles que son connotados en el retrato de la mujer. Un tono ambiguo es el que consti-tuye el proceso simbólico que establecen los elementos de la tienda. Lo semejante, la imitación al pasado, dispuesto como algo propio de nuestros tiempos generan asociaciones que permiten recordar a través de la experiencia y de la cultura espacios que han sido desplazados por las nuevas formas de habitar. Una sensación cercana a lo Kitsch en donde el recuerdo y la nostalgia caracterizan la necesidad de generar la noción del pasado.
El sentimiento de nostalgia es connotado en un nido vacío que se convierte en parte de la deco-ración el almacén, un gallo intervenido con colores plata y dorados, componen un ambiente en el que se percibe un sentimiento y necesidad de regreso al pasado, en medio de espacios
afec-tivos como lo es la casa familiar. Lo cual se rel eja en las necesidades del sujeto postmoderno
quien afronta la soledad y el cambio constante en las relaciones que teje socialmente, cambio
que relaciona Bauman con el concepto de líquido, el cual dei ne como la característica de las
relaciones en la cotidianidad.
Existe dentro de la tienda una intención de
recrear espacios naturales, allí pájaros artii
-ciales están en algunos adornos con lores al
interior, la ropa se exhibe como si estuviera colgado de un árbol o de una enredadera como se ha descrito anteriormente, el color de las plumas de los pájaros semejan aves de otros países, cercanos a tonos rosa y café. El sentido de lo natural se refuerza con algunos portarre-tratos con marcos de tendencia a lo Barroco - Rococó, en donde escenarios que alunen a lo natural, con colores delicados (Hauser, 1994)
En medio de este espacio en el que los objetos están dispuestos sutilmente, al analizar el sis-tema y el conjunto que lo convierte mas que un contenedor, en un generador de tensiones y relaciones, se presentan ciertos elementos que rompen la linealidad temporal de las estéticas empleadas, sin embargo lo que une a los ele-mentos dentro de la tienda, es la necesidad de representar y reforzar las connotaciones que evidencian lo natural.
Las iguras de pája -ros también se en-cuentran en la pared, siluetas que evocan a espacios livianos, de-licados y naturales.
El pájaro artiicial
llega a ser una
repre-sentación iel de este
animal. Sin embar-go, al ver las siluetas de estos en las pare-des se pare-desplaza esa similitud casi real a una abstracción, que
se releja a través de
las siluetas.
Las rejas de madera que delimita el espa-cio de la vitrina con-notan el lugar abierto de la casa; una banca que se encuentra como elemento tradicional de los parques de la ciudad, dispuesta al interior del almacén, recrea un ambiente apartado del espacio urbano.
Las lores que están dispuestas en las materas de la entrada del al -macén de Lila Morantes ubicada en la calle 55 con carrera sexta, acostumbraban a decorar los jardines de las casas en Bogotá, generan relaciones entre el escenario instaurado dentro de la tienda y las hojas naturales que se encuentran en las materas de la entrada. El marco de la puerta no solo dispone la entrada, sino que así mismo dispone un espacio donde el enunciado de lo natural, queda sugerido desde el
plano exterior de la tienda,sustentado en objetos artiiciales.
Lo artiicial representado en animales y en la funcionalidad en la que
son dispuestos los objetos, asi en la vitrina se puede apreciar una carretilla con telas y unos zapatos, el gallo enunciado ateriormente, genera una tensión entre tres campos semánticos, uno referente a los objetos de porcelana, los objetos de oro y el útimo relacionado con los animales característicos de las casas de campo.
Tensión que permitirá encontrar referentes al contexto natural del su-jeto, en donde se comercia no el producto sino los valores propios de su experiencia cultural. Por lo que la mercancia pasa a representar lo
que Duque (2010) denomina valor simbólico.
Se recrea en los objetos y animales los espacios al aire libre, el nido,
la igura de un gallo; el espacio se dispone como un enunciado de
un contexto rural, característico de las quintas que precedieron a la consolidación de Chapinero como parte de la ciudad.
Sin embargo, aunque estas relaciones son posibles atribuirlas a los objetos dentro del almacén también a través del testimonio de la dise-ñadora Liliana Morantes (Abril, 2010) hace alusión del espacio de la tienda a una Villa Inglesa.
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La l or
Cuando empecé con la tienda quería hacer algo que se viera como una Villa, como an-tigua pero con color, con colores vivos, quería como mezclar como lo antiguo; vin-tage, el color y entonces también las materas me funcionaban se veían cómo que se relacionaban con el logo, porque el logo pues es una materita y pues bueno como que todo unió y se nota en todo.
[Morantes, Tienda Lila Morantes, 2010]
Flor
En la lor se identiica el desplazamiento de lo tradicional donde los valores de lo constante, lo estable, lo duradero, conformaban las bases de seguridad de las personas como expresa Bauman (2008), mientras que en la sociedad posmoderna todo es inestable, luye y la mentalidad de la
época se constituye en adaptarse y no mantener nada que perdure en el tiempo, se pasa a una concepción de lo móvil e inestable.
E
n la lor se connota el retorno sobre los objetos del pasado; un desplazamiento en su funcionalidad y los valores simbóli
-cos que son atribuidos a esta es la necesidad de identidad sobre las bases de la cultura local, airmación que se evidencia en
la jaula, la cual estaba destinada en el patio de la casa, componiendo un fragmento de la vida en el campo recreada en medio
del estilo de vida moderno de la ciudad.
a
L
a la lámina de cartón, entre las rejas de la jaula, la lor es un relejo
del aporte que se realiza las labores de
la costura
.
A comienzo del siglo XXlas mujeres empleaban este accesorio como un rasgo de distinción.
El tul y la seda, se convierten en materiales a los que pueden ser atribuidos valores de la feminidad, muestra de ello la falda de las bai-larinas de ballet permite evocar un ambiente donde la concepción de la época giraba en tor-no a los valores de la femineidad.
El trabajo del artesano evoca lo manual el cual como expresa Arendt en Sennett (2008), la di-ferencia entre el hommo laborans y el hommo faber radica en que el primero de estos se en-cuentra dedicado a cumplir con los deberes
Sostenida
que le asignan, mientras que el homo faber piensa en el proceso de fabricación y busca aportar a su trabajo desde su experiencia.
Lo artesanal ija así un distanciamiento con lo
industrial, dirige la importancia al valor que otorga la intervención manual sobre el
mate-rial, cada lor pese a pertenecer a una misma
categoría de producto se diferencia por su sin-gularidad, la falta de simetría y el esfuerzo implícito relacionado a las horas de trabajo respecto a una producción seriada.
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Al principio nuestro fuerte era personalizar la ropa a través del bordado y de la manualidad, comprá-bamos una tela muy normal y noso-tros de dábamos un valor agregado por la desde el bordado Las pri-meras colecciones eran muy fuertes en la parte bordada, y los mate-riales eran peluches, cintas, y de ahí en adelante todo ha sido un desarrollo
[Ivette Piñeros. Tienda Dechado 2010]
DECHADO
es una de las marcas de diseño independiente ubicados en la carrera7ª con 54, llevan 3 años con la marca y 6 en
el mercado.
Ivette Piñeros comenta que el nombre DE
-CHADO se debe a que... “Un dechado es una
tela que funciona de muestrario, de diferentes técnicas de bordado, nos servía el nombre por-que no solamente nos interesa producir ropa; precisamente por la formación de artistas que tenemos, nos servía mucho el nombre porque
eso es Dechado, un muestrario de muchas co -sitas que se pueden hacer” (2010)
El olor a madera y la luz tenue, evo-can entre el sonido de las herramien-tas las horas que componen la pro-ducción de un objeto, resultado del trabajo delicado.
La mano se convierte en la transmi-sión de la cultura que media el objeto creado.
El artesano trabaja concentrado y cada acción esta guiada de la forma en que el objeto contiene la dedica-ción y el conocimiento del quien lo elabora.
Sennett (2009), expone como el taller teje una relación con el hogar, hace referencia a los talleres que se alejan de cualquier estructura similar a las fabricas, y expone como en algunos casos el espacio de trabajo se conver-tía en el hogar del artesano.
Relación que se vincula a las tien-das de los diseñadores de Chapinero quienes disponen de la tienda como un espacio también para la creación, allí donde pueden pensar aquellas piezas que componen al sujeto dentro de lo social.
“Como diseñadores independientes, desde el hecho que uno haga una prenda y no haga tres, ya es un diseño independiente
no
seriado.Que alguien llegue y se siente con uno y entre los dos diseñemos, le midamos las telas, esa persona sale contenta, porque eso no se encuen-tra en en ningún lado.
Cuando uno personaliza sale solo una prenda es porque le se puso todo el aporte de diseño, uno se sentó y lo discutió se tomaron las las medi-das, se miraron los materiales y combinaciones, y de esos ya no va a ver dos jamás”
[Ivette Piñeros. Tienda Dechado. 2010]
La jaula
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La jaula se desplaza a un nuevo plano funcional, aquel objeto que estaba dedicado únicamente a habitar el patio o en el garaje de la casa es propuesta como un elemento decorativo, intervenida cambiando su estructura oxidada por una con color.
Se convierte pues, en abstracción de patio de la casa, aquel sitio don-de prácticas como alimentar a los animales domésticos, tendon-der la ropa y la recreación de los niños tenían lugar,
Aquella
estructura de hierro
coninas rejas,
se convierte en un elemento cercano y distante de la experiencia cultural...pues esta constituida de dos enunciados el primero de ellos connota un lugar para la dominación, donde se puede tener control de algo sensible y no permite que traspase la materia por lo cual se convierte en un límite para lo humano, lo natural y lo vivo, un límite que se entiende cómo una capacidad de depender de quien habita dentro de ella, sin embargo esta estructura que se presenta directamente como
el hierro y su candado, es una estructura que releja el sentimiento de
frustración y de presión que experimenta el ser humano de las rela-ciones que dominan el mercado las cuales desde tiempos modernos, comienzan a comercializar valores y ordenes, donde lo enunciado se convierte en una directriz de las formas de actuar del sujeto.
Ante las innumerables ofertas del mercado, Gilles Lipovetsky (2002), expone este argumento desde la estrategia de la seducción, el cual hace relación a la sobre multiplicación de elecciones (p.18), es pre-cisamente la situación de la oferta y la lógica del mercado, la que se acerca al sujeto y lo convierte en un ser completamente sensible
lo que se releja en un confrontamiento de cientos de ofertas que lo quieren ubicar dentro de grupos especíicos de consumidores, y como
expresa Duque (2008) al pasar de una lógica de consumo a la de con -sumismo, los productos traspasan la identidad del sujeto prometiendo en el comercio de las mercancías valores implícitos a su experiencia local y global.
La jaula y los pájaros crean un sistema donde el hombre domina la naturaleza, y en la medida del poder que ejerce sobre lo natural, con-templa desde lo rígido del metal el movimiento.
A través de las texturas de los objetos se tejen relaciones con los campos semánticos que se representan socialmente; si bien la seda que evocábamos anteriormente, connota un material que requiere un proceso de elaboración detallado, el tul nuevamente se expone como un elemento que permite cubrir el cuerpo con una textura par-ticular y así mismo deja entrever partes de la piel, componiendo un ambiente donde la seducción y la discreción recrean un estado de la experiencia del sujeto, desde la pureza de las bailarinas, se pasa al encaje donde connotaciones de lo femenino son exsaltadas en su máxima expresión, lo femenino ambiguo entre lo instituido y lo na-tural connota nuevamente esa relación que genera una tensión en los modos de generar asociaciones y agenciamientos, termino empleado
por Deleuze, donde son constituidos los conjuntos de enunciados que
permiten comprender un territorio de otro, allí en medio de lo físico y lo afectivo se establecen las bases de la identidad del sujeto, y las relaciones que componen su entorno.
Y es que el arte de coser se extiende a través del entramado social y cultural lo que genera ciertos rasgos característicos de los movimien-tos y las relaciones que se componen en el entorno en el que convive el sujeto.
Esa sensación de cercanía y distancia percibidas en el mismo instante hacen de la jaula un elemento que permite representar este sentimien-to propio de la sociedad posmoderna.
el taller artístico de los inicios del Renacimiento
está todavía dominado por el espíritu comunal de
los antiguos constructores y del gremio; la obra de
arte no es todavía la expresión de una personalidad
autónoma, que acentúa las características y se cierra
contra todo lo extraño. (Hauser, 1998, p. 370)
En el techo se encuentra dispuesta una
donde sus inas rejas permiten entrever una
muñeca que con su traje entre tonos azules y tornasoles establecen una relación entre la nostalgia, o como expresa Oligarca, el azul profundo del mar donde se contempla un es-pacio para soñar y evocar lo que queda en el olvido.
La igura de la Barbie, quien implícitamente
connota los cánones de belleza de la sociedad de consumo, se convierte en una propuesta por
parte de los diseñadores de la tienda DECHA
-DO.
jaula,
Imagen . Jaula. Tienda Dechado, Bogotá -
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El Cisne
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Cisne
E
l
...es solo una replica
de los entornos que componen la experiencia del sujeto y que media en laspropuestas comerciales creando relaciones cercanas a la vivencia del
individuo el cual termina por creer que aquello que es exhibido en las
vitrinas compone el sentido y la relación que teje el con el espacio,
como parte esencial que compone su identidad. Al analizar el sentido de la representación, algunos rasgos son
aso-ciados cómo: lo opuesto a lo natural, lo que semeja a lo real; sin
embargo, pese al gran número de mensajes que llegan cada segundo
o inclusive hasta en menos tiempo, pareciera que aquello que se
co-noce como real...
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Cisne
Lo natural se evoca en diferentes piezas, tanto así que el origen de los objetos y los materia-les pasan a un plano en donde se logran establecer ciertas relaciones, el sentido de lo natural también es representado a través de un cisne en plata que esta en una vitrina al interior de la tienda, en donde son dispuestas las tarjetas de esta. Lo que parece una propuesta sutil en el conjunto de los objetos que decoran la tienda, traspasan diferentes campos semánticos y generan vínculos entre los espacios que han conformado un pasado de las formas de habitar de la cultura.
///Bauman (2008) cita a Veblen para exponer la idea del “Consumismo ostentoso:
A principios del siglo XX, tenía un signiicado completamente distinto al que tiene hoy. Consistía en
una exhibición pública de la riqueza sólida y durable, y no en una demostración de la facilidad con la que la riqueza ya adquirida puede proporcionarnos placeres inmediatos y satisfacciones al instante, ya que podemos gastarla, digerirla y disfrutarla hasta el fondo, o disponer de ella como mejor nos parezca,
destruirla o dilapidarla. Las virtudes y beneicios de la exhibición aumentaban en relación directa con la
solidez, permanencia e indestructibilidad de las propiedades exhibidas” (Bauman, 2008, p. 49)///
Aquel cisne en plata, recrea el espacio de la casa en donde la platería era sinónimo del
po-der adquisitivo. La igura, evoca el retorno a la
vida tradicional, en donde las nociones de lo duradero y de solides, se representan a través de los elementos decorativos del hogar.
La sala era el lugar propicio para la vida en familia, por lo cual los objetos que se dispo-nen allí, se convierten en marcos referentes, de las prácticas como: la visita, la charla y la
reunión, que median la relaciones entre las personas externas a esta; a través de los ma-teriales que componen los objetos de
decora-ción se releja el nivel económico y cultural de
la familia.
Lo ijo y permanente, se connotan en el cis -ne de metal, valores propios de la sociedad
de productores, donde lo estático se relejaba
en el pensamiento que se tejía en relación a los objetos como expresa Bauman los objetos
eran... “pensados para que no se dañen ni se devalúen y permanezcan intactos” (2008, p. 49), sin embargo con el paso del consumo al consumismo, las relaciones giran en torno a la capacidad de ... ‘Querer, de desear y de anhe-lar’ (Campell citado en Bauman, 2008, p 44), donde lo móvil determina las relaciones entre el sujeto y la mercancía.
Lo inestable rige las relaciones de la socie-dad posmoderna, aquel cisne que era
/// El término
quinta
proviene de los impuestos que
pagaban algunas casas de hacienda: “Díjose así porque el
arrendador de ella da al señor por concierto la quinta parte
de sus frutos”, sin embargo, la palabra se utilizó para
de-nominar las casas de recreo que surgieron al rededor de la
ciudad.
(Cuéllar en Ortega, 2008, p.30)////
to como un cenicero en la sala, pasa a ser un contenedor de las tarjetas del almacén. Sin embargo esta estructura rígida es dispuesta en un ambiente cercano a la experiencia del su-jeto, las hojas permiten connotar el ambiente natural. Lo semejante comienza a componer el espacio y construye aparentemente una rea-lidad.
Lo semejante, compone aquel ambiente
don-de la igura don-del cisne representa un entorno
natural sin embargo esa representación parte de un principio, donde lo semejante compone un ambiente que dista de lo actual, como ex-pone Virilio ...“Virtualizar una entidad cual-quiera consiste en descubrir la cuestión
gene-ral a la que se reiere, en mutar a la entidad en dirección a ese interrogante y en redeinir la
actualidad de partida como respuesta a una cuestión particular” (Virilio, 1997, p.19), por
lo cual lo móvil se releja en la búsqueda de
identidad que intentan representar los produc-tos para el sujeto posmoderno.
hay cosas muy bonitas, aunque es un poco caro por lo que son prendas unicas
pero la ropa es muy bo-nita
y pues obvio tener piezas únicas es muy bueno
[Hernándéz, consumidora, 2010]
Por lo cual al volver sobre el sistema que se compone en aquella mesa de vidrio y algunas ramas, que semejan un espacio natural, se connotan ambientes naturales con lagos alejados de las estructuras
de la ciudad, relación que teje Rubén Darío en el poema ‘Los Cis-nes’, quien entona en el cuello del cisne la pregunta ante el panorama
inestable lo cual se releja en la frase un fragmento de uno de sus
poemas
Donde se connota el sentimiento de perdida experimentado por la
sociedad posmoderna y se busca en cada instante, en el espacio ac-tual el sentido que logre responder ante un ambiente líquido, término empleado por Bauman para caracterizar las relaciones móviles que determinan la cultura actual.
Se expone como el consumismo se apoya en los valores simbólicos, los cuales recrean la experiencia del cultural en su productos; la
tien-da sustenta su propuesta en las relaciones que teje entre espacios natu-rales como fue Chapinero, conformado por Quintas donde la familia se recreaba en sus ratos de descanso.
/// El término quinta proviene de los impuestos que pagaban algunas
casas de hacienda: “Díjose así porque el arrendador de ella da al señor
por concierto la quinta parte de sus frutos”, sin embargo, la palabra se utilizó para denominar las casas de recreo que surgieron al rededor de la ciudad. (Cuéllar en Ortega, 2008, p.30)////
El cisne se convierte en un simbolismo de la vida moderna; donde se es testigo del paso de la noción del ayer a la de mañana, se expone un apego a las formas que componen los espacios tradicionales. Las nociones que se relacionan con el tiempo son expuestas por Bouchet,
(citado en Duque, 2008, p. 166) lo que permite caliicar el tiempo
posmoderno en relación con lo tradicional y lo moderno, quien
... ¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
al paso de los tristes y errantes soñadores? .... ( Los Cisnes, Rubén Darío)
////“Los álbumes fotográicos ilustran un
aspecto de la cultura popular que se fue for-mando lentamente y encontró en la repro-ducción mecánica un nuevo giro, a saber, el arte de coleccionar” (Olalquiaca, 2007,
p 16), situación que se evidencia con la
reproducción de los objetos que se encon-traban en las casas de familia de mediados
del siglo XX, compuestos por materiales
como el oro , el bronce y la plata que ahora son comercializados empleando materiales sintéticos intervenidos y con colores fuer-tes que convierten aquel espacio del pasa-do en algo renovapasa-do con propuestas desde el diseño refuncionalizado.///
pone el cambio de concepción que sufre el sujeto de acuerdo a la época, en el caso de la sociedad moderna, relaciona la Biblia; en la modernidad, el libro y, en la posmodernidad, la pantalla.
Si bien, es aquella pantalla la que se
despla-za en los ambientes del sujeto, y se releja
en la multiplicidad de imágenes y contextos que son comunicados en el entorno en el que
habita, según Lipovetsky (1986), el sujeto se
encuentra en un escenario donde se produce una desubstancialización, dejando atrás el
es-pacio de la realidad rígida (p.56), lo que deja
connota un espacio que parece real, pero en su estructura es solo una réplica, del sentido original que se le atribuye al objeto.
...por un lado e bueno por que la gente sabe que esta compran-do cosas hechas por diseñacompran-do- diseñado-res bogotanos, en pocas canti-dades, que son exclusivas, y que esta apoyando este sector, lo malo es que a veces se vuel-ven un poco ‘clichesudas’ y en todas encuentras como algo de lo mismo , o copia de lo que hacen las grandes marcas pero con no muy buena factura o ca-lidad
[Leonardo Gaitán, diseñador y consumidor 2010]
///...“Un juego de formas ininitamente combinable que da la impresión subjetiva de individualidad y soberanía, pero que cumple la función inconsciente de clasiicación y jerarquización social. El código habla a los individuos por medio de los ropajes, que
más que ser utilizados por los individuos son ellos los que utilizan a los individuos para representar un sistema de similitudes y diferencias que reproducen el lenguaje de las apariencias más allá de la historia” (Alonso,2007),
> Los gatos de porcelana semejan el ambiente de la sala, a través de los objetos y la ‘mercancía ostentosa’ (Veblen), aquel sistema de objetos se encuentra sobre un mueble, apenas recubierto por unas capas de pintura blanca; sin embargo, al analizar esta propuesta que realiza The Vintage Lab, marca de diseñadores independientes, quienes comercializan sus productos a través de la presencia en las ferias y adoptan como sitio de venta redes sociales y el punto de encuentro la casa.
///... “Los metales nobles y las piedras preciosas, artículos pre-ciados de la colección, no se oxidan ni pierden su brillo, y son resistentes al destructuvo paso del tiempo” (Bauman, 2007, p. 50)///
La importancia del brillo del objeto queda relegado, y el esfuerzo esta en la búsqueda de objetos que logren evocar aque-lla época que dispone a través éste un valor simbólico propio dentro de la experiencia del sujeto, es así como coaque-llares y algu-nos dijes de oro que acostumbraban a portar las mujeres de comienzos de siglo, como parte esencial de las formas en que vestía, pasan ahora a ser representadas por cadenas que semejan el color del cobre y el oxido, como muestra del paso del tiempo.
Lo que permite identiicar como lo kitsch y el anhelo a épocas pasadas, sustenta la necesidad de desplazar las funciones esen -ciales para las que un objeto se había diseñado y a través de la intervención manual, se generan nuevas propuestas que permi-ten entrar sentido y una respuesta que evoca a un periodo determinado y que a través del la forma del objeto y como se dis-ponga en la tienda logran componer campos de semánticos donde se atribuyen valores de la sociedad tradicional y la moderna.
/// las tiendas en las que se comercializa y en las bolas en las que nos llevamos la ropa a la casa, la ropa no tiene envoltorio; esta sim-plemente colocada en estanterías, esperando silenciosamente a ser
jusgada por su pria apariencia” (Tungate, 2005, p. 16)
“
Según
Benjamín,
llega un momento en el que el símbolo deja de
signi-icar, muere,
por asi decirlo, y lo único que resta es lo que en semiótica se
llamaría el
signiicante
,
es decir
su forma externa material”
Olalquiaga, 2003
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La casa
Comprendida como un espacio para la consolidación de la vida en familia, allí en donde el aprendizaje guía el conocimiento del sujeto a través de la cultura; las casas de Chapinero, pro-ponen un espacio donde las habitaciones y salones permiten asociar ciertas actividades como tocar el piano, la reunión en torno a la comida y las festividades.
Espacios dedicados para la vida en familia, otros que recuerdan la vida campestre en medio de lo urbano que iba expandiendose y otros que se convierten en áreas destinadas para la perfor-matividad según Butler, en donde los actos que cotidianamente son repetidos se constituyen lo femenino como una marca.
casa
L
a
La performatividad de los actos, se releja en
la forma en que los objetos son dispuestos y entendidos por el hombre, si bien las casas de familia en primer lugar son concebidas como un sitio para la demostración del afecto, pasan a ser culturalmente cocebidas como el sitio para el asentamiento de la familia, es decir una institución donde se transmiten los valo-res que caracterizan las formas de relacionarse del individuo en sociedad.
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