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Estudio de la noción de poder en Michel Foucault a través del vínculo con Marx

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JHONNY ALEJANDRO RODRÍGUEZ MEJÍA

ESTUDIO DE LA NOCIÓN DE PODER EN MICHEL FOUCAULT A

TRAVÉS DEL VÍNCULO CON MARX

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA Facultad de Filosofía

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ESTUDIO DE LA NOCIÓN DE PODER EN MICHEL FOUCAULT A

TRAVÉS DEL VÍNCULO CON MARX

Trabajo de grado presentado por Jhonny Alejandro Rodríguez Mejía, bajo la dirección de Cristina Conforti Rojas, como requisito parcial para optar por el título

de Licenciado en filosofía.

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA Facultad de Filosofía

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TABLA DE CONTENIDO

Pág.

INTRODUCCIÓN ... 5

1. DIÁLOGO DE FOUCAULT A MARX EN TORNO AL PODER ... 12

1.1. La hipótesis de Foucault ... 13

1.2. ¿Contra Marx?, reparos foucaultianos a la unidad y la centralización del poder en el Estado ... 20

1.2.1. Relaciones de poder versus relaciones de producción... 27 1.3. Contra la noción represiva del poder ... 33

1.4. Reparos a la noción de ideología ... 36

2. PODER Y DOMINACIÓN ... 41

2.1. Análisis inductivo del poder ... 44

2.2. Especificidad y heterogeneidad de la dominación ... 47

2.3. Estados de dominación y relaciones de poder... 51

2.4 Mecanismos de dominación ... 54

3.FOUCAULT Y MARX: ANÁLISIS DE LA SOCIEDAD CAPITALISTA ... 57

3.1. Marx: poder y capitalismo ... 58

3.2. El microscopio foucaultiano en el análisis del capitalismo ... 61

CONCLUSIÓN ... 69

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AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer a mis padres por el apoyo que me han brindado durante todo mi proceso de formación académica.

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INTRODUCCIÓN

En el siguiente trabajo se pretende estudiar la noción del poder en el filósofo francés Michel Foucault. Se intenta comprender la dinámica que tiene este importante concepto en el pensamiento del francés, tratando de identificar los momentos claves en los que el autor toma posición respecto del tema. Sin embargo, esta empresa no resulta ser fácil, ya que el análisis foucaultiano sobre el poder abre un campo lo bastante grande como para desorientarse y perderse sin una hoja de ruta que muestre los distintos caminos, atajos y brechas que tiene este vasto campo de estudio en el pensamiento del profesor del Collège de France. Por consiguiente, es de vital importancia identificar y desarrollar un mapa que permita movernos por todo el entramado de conceptos, análisis y críticas que nuestro autor hace respecto de este tema.

Específicamente Foucault no hizo una teoría del poder, si por teoría entendemos una exposición sistemática. No hay algo así como un “tratado foucaultiano del poder”, más bien nos encontramos con una serie de análisis, en gran parte históricos, acerca del funcionamiento de éste. A pesar de ello es posible ofrecer una reconstrucción articulada de estos análisis, pues a lo largo de sus obras y entrevistas encontramos pistas, huellas, explicaciones diseminadas que nos permiten construir una visión foucaultiana sobre el asunto, pero esto lejos de conformar un corpus teórico sobre el poder, hace parte de una gran caja de herramientas que nuestro autor pone a nuestra disposición para analizar esta temática.

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como punto de partida para estudiar otra parcela, otro conjunto de relaciones y otros problemas que aborda el pensador francés.

La parcela que se escoge como punto de partida para el estudio de esta temática en el filósofo de Poitiers se encuentra delimitada por el diálogo que entabla con el filósofo Karl Marx. Es a partir de las radicales divergencias y específicas relaciones respecto de temas capitales como el poder y el sujeto que puede entenderse, por una parte el influjo del pensador alemán sobre Foucault, como también el tratamiento que hace nuestro autor respecto del poder.

La primera autorización para entablar esta conversación, la otorga el mismo Foucault cuando aclara su posición: “yo cito a Marx sin decirlo”1. Queda todavía otra licencia no

menos importante, la lectura que uno mismo hace de ambos y las conexiones o desacuerdos que nuestra propia mirada pone. En este sentido, el trabajo que presentamos tratará de abordar la temática del poder a partir del vínculo que puede encontrarse con el filósofo alemán Karl Marx. Se trata de hilar los distintos elementos que permitan comprender el acercamiento y alejamiento de Foucault frente a Marx; así como su propia propuesta respecto de éste capital tema.

Lo que se pretende mostrar es un camino (que no implica necesariamente una progresión) en la que Foucault se separa desde el principio de una concepción del poder piramidal, negativa, jerárquica, uniforme, que lo hace dependiente de la economía y complementario de las relaciones de producción representada por el modelo marxista, hacia un ejercicio modelado por la estrategia más que la violencia, más de la conducción que de la represión. Un poder que cada vez se mueve más por los intersticios del cuerpo, de la vida y que llega por lo menos, hasta donde nos mostró Foucault “al ejercicio de ‘acciones sobre otras acciones’: que más que anular su capacidad como

1 Foucault, Michel, “Entrevista sobre la prisión: el libro y su método”. En:

Microfísica del poder, Madrid:

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agentes, abre y pone unas posibilidades prácticas y éticas. De ahí, aunque el poder sea una dimensión omnipresente de las relaciones humanas, el poder en la sociedad nunca está asegurado y cerrado al régimen, más que limitar abre un juego estratégico”2.

La pertinencia del di álogo

Acogiéndome a la idea de que en la filosofía no hay una resolución definitiva de los conflictos y que por consiguiente un proyecto intelectual nunca ocupa una posición absolutamente simple y estable, sino que se desarrolla en virtud de su incesante “problematización” con otras perspectivas, el diálogo que entabla nuestro autor con otras concepciones teóricas adquiere un tinte especial en la medida en que tal interacción caracteriza de manera particular el pensamiento del filósofo francés, así como también establece una forma de trabajo.

Este trabajo comparte la hipótesis de Étienne Balibar en la que afirma que “en formas

constantemente renovadas, un verdadero combate con Marx se extiende por toda la obra

de Foucault y es uno de los resortes esenciales de su productividad”3. El autor junto con

Althusser en Para leer el Capital señala con perspicacia que toda la obra de Foucault

pudiera ser vista como una lucha abierta contra el marxismo, pero que esta lucha se encuentra acompañada de un uso estratégico de conceptos tomados de Marx. En opinión

de Balibar, la ruptura de Foucault con el marxismo constituye, al mismo tiempo, una

alianza parcial de nuestro autor con la obra de Marx.

En este sentido, el vínculo que puede hallarse en el pensamiento de estos dos filósofos nos permitirá comprender los distintos puntos en los que nuestro autor, en su condición

2 Graham Burchell, Colin Gordon y Peter Miller,

The Foucault effect studies in governmentality: with two lectures by and an interview with Michel Foucault, Chicago: The University of Chicago Press, 1991, p. 5.

(traducción mía). 3 Balibar, Etienne,

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de intelectual específico (no universalista) como prefería autodenominarse Foucault, toma partido, se distancia de una serie de perspectivas del poder que lo describen en términos negativos, represivos y absolutos; pero al mismo tiempo bebe de la tradición filosófica para encaminar sus agudos análisis sobre esta temática.

Si bien, las relaciones entre el filósofo alemán Karl Marx y el filósofo francés Michel

Foucault son difíciles de clasificar o caracterizar, se podría hablar de una “lucha”, de

algunos “desplazamientos” y en otras ocasiones de cierta “complementariedad” entre los dos autores. Las discontinuas referencias y mezclas realizadas por Michel Foucault a Marx, aunque dificultan estas relaciones entre los dos filósofos, nublan pero no impiden la visión respecto del vínculo que podría existir entre estos dos pensadores; por el contrario, determinan un campo de estudio que puede ser bastante fructífero a la hora de abordar la problemática del poder en el pensador francés. En otro sentido, este “combate” expresa también la idea de Foucault, de que la única manera de testimoniar el pensamiento que uno aprecia es precisamente “utilizarlo, deformarlo, hacerlo chirriar, gritar”4 y no la estéril tarea de los comentaristas que se dedican a decir si se es o no fiel.

En varios de los textos y los comentarios de Foucault, los vínculos con Marx se aprecian con claridad, en algunos de éstos de manera explícita se evoca el nombre del alemán ya sea para criticarlo, caracterizarlo u ovacionarlo. Uno de estos textos emblemáticos es su conferencia de 1964 titulada: “Nietzsche, Freud, Marx”5 en la que

plantea una relación muy próxima a la obra teórica de Marx y de lejanía de ciertos “marxismos”. Para ello, el autor de Las palabras y las cosas elabora tres tesis relevantes:

4 Foucault, Michel, “Entrevista sobre la prisión: el libro y su método”. En:

Microfísica del poder,…, 1992,

p. 101.

5Michel Foucault presentó la ponencia “Nietzsche, Freud, Marx” en el marco del VII coloquio filosófico

internacional de Royaurnont dedicado a Nietzsche. El mismo tuvo lugar en París en julio de 1964. La versión original fue publicada con el conjunto de las ponencias y debates del coloquio bajo el titulo Nietzsche. Cahiers de Royaumont. Philosophie nº VI, París, 1967. La traducción al castellano fue

realizada por Carlos Rincón y publicada originalmente en el dossier “Nietzsche, 125 años” por la revista

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la primera, diferencia a Marx de algunos “marxismos” ya que el pensador alemán habría inaugurado una hermenéutica abierta a la diversidad de interpretaciones, mientras que el “marxismo” se habría replegado sobre una semiología que cree en la existencia absoluta de los signos; la segunda, caracteriza las reflexiones de Freud, Nietzsche y Marx como tres grandes heridas al narcisismo de la cultura occidental, al contribuir al proceso de descentramiento del sujeto cartesiano; y la tercera, estos tres filósofos revolucionaron el concepto de verdad vigente en la tradición occidental hasta el siglo XIX.

En efecto, en la conferencia de julio de 1964 sobre “Nietzsche, Freud, Marx”, el autor de

Raymond Roussel les concede a estos tres pensadores el título de fundadores de “una nueva modalidad de interpretación”, de una nueva hermenéutica de la que seríamos herederos. Partiendo de Freud, que alguna vez planteó que los descubrimientos de Copérnico, de Darwin y de él mismo habrían provocado las tres grandes heridas narcisistas de la cultura occidental, Foucault se pregunta si no se podría decir que “Freud, Nietzsche y Marx, al envolvernos en una tarea de interpretación que se refleja siempre sobre sí misma, no han constituido alrededor nuestro, y para nosotros, esos espejos de donde nos son reenviadas las imágenes cuyas heridas inextinguibles forman nuestro narcisismo de hoy día”6.

En otros momentos, la relación entre los dos pensadores adquiere una tonalidad transparente y el aparato conceptual de Marx se constituye como el campo de donde se toma lo necesario para continuar una labor intelectual en la que nuestro filósofo se encuentra inmerso, en este sentido nuestro autor comenta que:

Suelo citar conceptos, frases, textos de Marx, sin sentirme obligado a adjuntarles el insignificante sello de autenticidad que consiste en consignar la cita correspondiente, redactar minuciosamente una nota al pie de página acompañarla de un comentario gracias al cual uno es apreciado como alguien que conoce a Marx y que lo reverencia y termina recibiendo el reconocimiento de las revistas que se dicen marxistas. Yo cito a

6 Foucault, Michel,

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Marx sin mencionarlo, sin poner comillas, y como no son capaces de reconocer sus textos, paso por ser un autor que no lo cita7.

Empero, a pesar de estas abiertas y manifiestas exaltaciones de Foucault a Marx tanto en

la conferencia de julio de 1964 como en su entrevista sobre la prisión: El libro y su

método, en el texto titulado Las palabras y las cosas aparecido en 1966, al pensamiento de Marx se le pone un velo. Únicamente Nietzsche, de la tríada Freud, Nietzsche y Marx, aparece abriéndose camino hacia “lo que puede ser el espacio del pensamiento contemporáneo”. Marx y el marxismo quedan subsumidos en la episteme decimonónica, como una variante de la economía política clásica. Para Foucault “el ‘pesimismo’ de Ricardo y la promesa revolucionaria de Marx no son sino las dos maneras posibles de recorrer las relaciones de la antropología y la historia, tal como la instaura la economía a través de las nociones de escasez y trabajo”8. Nuestro autor considera que, las

diferencias no son sino “derivadas”, para él no hay corte epistemológico entre una economía política y una crítica de la economía política, sino pertenencia a una epistéme común:

En el nivel profundo del saber occidental, el marxismo no ha introducido ningún corte real; se aloja sin dificultades, como una figura plena, tranquila, cómoda y ¡a fe mía! satisfactoria por un tiempo (el suyo), en el interior de una disposición epistemológica que la acogió favorablemente (dado que es justo la que dio lugar) y que no tenía a su vez el propósito de dar molestias ni, sobre todo, el poder de alterar en lo más mínimo ya que reposaba enteramente en ella. (...) Sus debates han producido algunas olas y han dibujado ondas en la superficie: son sólo tempestades en un vaso de agua9.

¿Cómo entender este desplazamiento? Miguel Morey, ese atento lector de Foucault, sugiere que su conferencia de 1964 no es sino “una primer escritura apresurada de

algunos aspectos de Las palabras y las cosas”10. Sin desestimar esta interpretación,

puede entenderse el desplazamiento también como una tensión constante entre el ajuste

7 Foucault, Michel, “Entrevista sobre la prisión: el libro y su método”. En:

Microfísica del poder,…, 1992,

p. 100.

8 Foucault, Michel,

Las palabras y las cosas una arqueología de las ciencias humanas, México: Siglo

veintiuno editores, 2007, p. 256. 9 Foucault, Michel,

Las palabras y las cosas una arqueología de las ciencias humanas,…, 2007, pp. 256

-257.

10 Morey, Miguel,

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de cuentas que Foucault pretende hacer en relación a Marx y al marxismo, tensión que se juega entre la recusación del Marx historicista, del de la redención por la historia, por

una parte; y la recuperación para una tradición –de la que Foucault se vería como parte y

consumación– por otra; del Marx de la crítica, de la negatividad y del que lleva a cabo

uno de los momentos fundantes en el proceso de descentramiento del sujeto de la conciencia.

Como vemos, las referencias a Marx por parte del filósofo de Poitiers no son aisladas e inconexas, al contrario, se enmarcan dentro de un ejercicio filosófico riguroso y complejo llevado a cabo por Foucault. Esta “tensión irresuelta” define una forma particular de concebir la sociedad, el sujeto y sobre todo un ejercicio de poder. Desconocer el vínculo entre estos dos pensadores sería ignorar completamente la importancia que tiene Marx en la orientación teórica del francés del mismo modo que la

tiene Nietzsche. Así pues, es a partir de esta “constante tensión” con Marx que se

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1. DIÁLOGO DE FOUCAULT Y MARX EN TORNO AL PODER

Este apartado tratará de mostrar cómo a partir de la concepción funcional del poder de Michel Foucault, la “lucha irresuelta” con Marx se articula principalmente sobre tres ejes: el primero tiene que ver con la crítica a la concepción de Estado como lugar privilegiado del poder. A partir de esta replica se derivan los dos ejes restantes en los que se entabla un diálogo con el pensamiento del filósofo alemán, a saber, la represión y

la ideología. Con base en estas rupturas la reflexión foucaultiana del poder, se enmarca

dentro de una crítica a la unidad y verticalidad del poder, al carácter meramente represivo que se le concede a éste, así como también a la ideología y su vinculación con nociones humanistas o mecanicistas como “falsa conciencia”, “sujeto” y “determinismo económico”.

Comencemos diciendo que los caminos y escenarios que hacen posible este diálogo son principalmente dos: el primero es el reconocimiento explícito de Foucault del legado marxista en su noción del poder y el segundo está constituido por la posible existencia de divergencias efectivas, inclusive rupturas en las concepciones del poder de estos dos autores.

Para determinar su postura, el autor de Las palabras y las cosas toma posición respecto

de una serie de pensadores que él denomina “blandos”. Se trata, según Foucault, de

aquellos que “han clausurado el uso que se puede hacer de Marx y lo han encorsetado en el interior de una tradición puramente académica”11. El reproche se dirige concretamente

a la reverencia casi idolatra que tales pensadores manifiestan frente a los textos de Marx, se juzga quien es marxista y quien no lo es a partir del número de citas o referencias de pie de página que puedan justificar lo que se dice a partir del pensamiento de Marx.

11 Foucault, Michel, “De la arqueología a la dinástica”, En:

Obras Esenciales. Vol. II, Estrategias de

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Foucault, sin embargo, afirma que él cita constantemente a Marx “sin decirlo”. Lo cual significa que, a diferencia de los marxistas “blandos”, su interés no se centra en los textos de Marx sino en el significado que tiene la obra de éste para una interpretación de un mundo que es complejo y de una sociedad visiblemente diversa, multiforme y sujeta a diversos mecanismos de poder. Veamos pues de qué manera las reflexiones acerca del poder de Foucault demarcan un campo de estudio que comprende, por un lado la puesta en funcionamiento de una noción de poder como estrategia, y por otro lado, una crítica frente a una concepción que él denomina “economicista” del poder.

1.1. La hipótesis de Foucault

Si se pregunta qué es el poder en Michel Foucault, la definición que obtendremos parecerá simple a primera vista: el poder en su forma más básica es una relación de

fuerzas. Lo anterior quiere decir, en primer lugar, que la fuerza nunca está sola, nunca es

singular, por el contrario, su principal característica es estar en relación con otras fuerzas, por lo que toda fuerza ya es relación, es decir, poder. La intención del autor francés, en este sentido, es pensar el poder en su condición en cuanto tal, esto es, no como un epifenómeno, sino como algo inherente a cada acontecimiento en la vida social, como múltiples líneas de fuerza que se relacionan de una u otra manera con otras fuerzas que se encuentran inmersas en la sociedad.

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evoca sobre otras fuerzas, sobre distintas relaciones que tiene por objeto más que la

represión o impedimento, la conducción; en palabras de nuestro autor el poder es “una

acción sobre la acción, sobre acciones eventuales o actuales, futuras o presentes”12. En

este sentido, la violencia es algo que en algunos casos se imbrica con el poder pero de ningún modo funda las relaciones de fuerza.

En este sentido, se despliega una variedad de relaciones en el cuerpo social que expresan

relaciones de poder y que constituyen acciones sobre acciones: “incitar, inducir, desviar,

facilitar, ampliar o limitar”13. Cada una de las anteriores relaciones conforma un tipo

especial de vínculo que se enmarca dentro de una pluralidad de ejercicios de poder esparcidos por todo el entramando social. El poder, tal y como nuestro autor lo presenta es “la estructura total de acciones” orientada a las acciones de individuos que son libres, es decir, aquellos cuya propia conducta no está totalmente determinada por limitaciones físicas.

Así, el poder se ejerce sobre quienes se hallan en disposición de elegir y su objetivo es influir en lo que ellos elijan; la relación que se establece nunca es fija, sólo admite grados de una estabilidad que ha de ser constantemente renovada. Por lo que el poder se manifiesta en los instrumentos, técnicas y procedimientos que es posible aplicar a las acciones de otros. Lo anterior sugiere la posibilidad de que las formas del poder sean bastante heterogéneas y de que algunas estén concentradas y organizadas de una manera jerárquica, como el Estado, mientras que otras se hallaran socialmente dispersas como en la escuela, en la fábrica o en la familia.

La hipótesis de Foucault comienza planteando que, el rasgo distintivo del poder consiste en que determinados hombres pueden decidir más o menos sobre la conducta de otros hombres, pero nunca de manera exhaustiva o coercitiva sino a través de modificar lo que

12 Foucault, Michel,

Defender la sociedad,México: Fondo de Cultura Económica, 2001, p. 253.

13 Foucault, Michel,

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de algún otro modo habrían hecho o pensado de manera distinta. El giro en el análisis del filósofo de Poitiers se da en la medida en que éste le otorga privilegio a la pregunta “¿Cómo se ejerce el poder?” a comparación de qué es o por quién se ejerce. Esta preponderancia por el funcionamiento nos aleja de búsquedas ocultas o sustanciales, por el contrario, nos mantiene en el nivel de la operatividad, en las capas visibles y efectivas

del poder, al preguntar por el cómo se introduce la sospecha de que, quizás, el poder no

exista, o al menos de que no exista como algo majestuoso y sustantivo, el “Poder” en

mayúscula, sino como una función emergente que enmarca relaciones y donde el saber, los discursos y los sujetos son atravesados y constituidos por ellas. Dicho de otro modo, el poder está en todas partes, es accesible a cualquiera y sus relaciones determinan singularidades.

Ahora bien, estas relaciones no se encuentran dispersas por el entramado social de forma desorganizada o aleatoria, por el contrario, se estabilizan y se estratifican en el cuerpo social por medio de una integración, es decir, una operación que consiste en trazar una línea de fuerza general, que conecta las singularidades, las alinea, homogeneiza, serializa y las hace converger. Sin embargo, la integración total no se produce inmediatamente. Más bien se produce una multiplicidad de integraciones locales, parciales, cada una en afinidad con ciertas relaciones y puntos singulares. Los factores integrantes, agentes de estratificación, constituyen instituciones como el Estado, pero también la familia, la religión, la producción, el mercado, etc. Por tanto, las instituciones no son fuentes en sí mismas o esencias del poder, no son ni origen ni interioridad. Son prácticas o mecanismos operatorios que no explican el poder, ya que presuponen las relaciones y se contentan con “fijarlas”, su función es más del orden de la reproducción que de la producción.

En este orden de ideas, el Estado no existe como una unidad indisoluble y fija, lo que se

encuentra más bien es un estatismo de las relaciones de poder en el entramado social. De

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nuestras sociedades, según Foucault, no es porque esas relaciones deriven de ella, sino, porque una operación de “estatismo continuo se ha producido en el orden pedagógico, judicial, económico, familiar, sexual, que tiene por objetivo una integración global. En

cualquier caso, lejos de ser el origen, el Estado supone las relaciones de poder”14.

Con base en lo anterior, se podría decir que la característica general de cualquier institución u Estado, consiste en organizar las relaciones de poder, que son relaciones

moleculares o “micropoderes” en torno a instancias molares: el Soberano o la ley, en el

caso del Estado, el padre respecto de la familia o el dinero u otro, respecto del mercado.

Así, el poder del Estado se sostiene en una gran variedad de micropoderes que operan en diferentes ámbitos de la sociedad: la familia, el cuerpo, la fábrica, la escuela, el hospital, la prisión, etc. De tal manera que los aparatos del Estado y la acción hegemónica de las clases dominantes no agotan ni como mucho el campo de ejercicio y funcionamiento del

poder, en este sentido el autor de Las palabras y las cosas afirma que el poder:

Se ejerce más que se posee, que no es el “privilegio” adquirido o conservado de la clase

dominante, sino el efecto de conjunto de sus posiciones estratégicas, efecto que manifiesta y a veces acompaña la posición de aquellos que son dominados. Este poder, por otra parte, no se aplica pura y simplemente como una obligación o una prohibición a quienes pasa por ellos y a través de ellos; se apoya a su vez en las presas que ejerce sobre ellos. Lo cual quiere decir que estas relaciones descienden hondamente en el espesor de la sociedad, que no se localizan en las relaciones del Estado con los ciudadanos o en la frontera de las clases, y que no se limitan a reproducir al nivel de los

individuos (…) la forma general de la ley o del gobierno15.

En Defender la sociedad, el pensador francés es claro en que su noción del poder debe

tener en cuenta “precauciones de método”. Entre ellas no considerar el poder como un

“fenómeno macizo y homogéneo” que opera en una sola dirección, sino como algo que circula en muchas direcciones y funciona en red; así como también plantear que existen varios niveles en el ejercicio del poder. Foucault prefiere concentrarse en los niveles más bajos, allí donde la microfísica del poder recorre nuestro cuerpo, pero también reconoce

14 Deleuze, Gilles,

Foucault, Barcelona, España: Paidós, 1987, p. 104.

15 Foucault, Michel,

Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión, México: Siglo Veintiuno Editores, 1984,

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que estos niveles bajos se vinculan en red con niveles más generales que transforman, extienden y desplazan el ejercicio infinitesimal del poder. Un ejemplo de ello son sus

análisis sobre la relación entre el ámbito microfísico de la disciplina y el ámbito

macrofísico de la biopolítica. Aunque son dos diferentes procedimientos mediante los cuales las relaciones de poder se articulan en una sociedad y entre ellas no existe una relación inmediata de causa y efecto, sin embargo se vinculan en red, hacen máquina la

una con la otra y forman un nodo complejo de poder16. Así pues, no hay una instancia

especifica en la que quepa ubicar el poder, éste no se ubica en un espacio superestructural, ni tampoco se sitúa en un trasfondo, como una especie de instancia última que por debajo recorre el cuerpo social y lo determina.

En otras palabras, el poder es una vasta tecnología que atraviesa un conjunto de relaciones sociales y que produce efectos a partir de un tipo peculiar de estrategias y tácticas específicas. Éste no trasciende las relaciones sociales, las cubre y funciona en la diversidad de instancias que articulan la sociedad.

Foucault intenta demostrar la inexistencia de un poder central, constituido en referencia exclusiva y privilegiada al quehacer político. Al contrario de las teorías tradicionales de la ciencia política, advierte la presencia de una inmensa diversidad de formas de poder. Mediante la investigación sobre la forma como funciona el poder, los efectos que produce, la variabilidad de sus tácticas y estrategias, Foucault arriba a la comprensión de que todo poder es un modo de acción de unos sobre otros. Se ejerce el poder cuando unos individuos son capaces de “gobernar” y gobernar, para Foucault, constituye la forma más acabada del poder. La sociedad crea, en este sentido, una compleja red de

16 Sobre la relación entre el ámbito “micro” de la disciplina y el ámbito “macro” de la biopolítica

moderna, Foucault escribe lo siguiente: “Me parece que durante la segunda mitad del siglo XVIII vemos

aparecer algo nuevo, que es otra tecnología de poder, esta vez no disciplinaria. Una tecnología de poder que no excluye a la primera, que no excluye la técnica disciplinaria sino que la engloba, la integra, la modifica parcialmente y, sobre todo, que la utilizará implantándose en cierto modo en ella, incrustándose, efectivamente, gracias a esta técnica disciplinaria previa. Esta nueva técnica no suprime la técnica disciplinaria, simplemente porque es de otro nivel, de otra escala, tiene otra superficie de sustentación y se

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relaciones sociales en donde las instituciones se dedican a modelar las conductas de los hijos, los educandos, los presos, los enfermos, los trabajadores, etc., se trata de que el gobierno impere en toda la sociedad, determinando con ello cualquier posibilidad de actuación de los individuos.

Gobernar, para nuestro autor, conforma una práctica política a través de la cual se estructura el campo de acción eventual de quienes reciben los mensajes emitidos por el

poder. Cualquier modalidad de gobierno configura un cierto arte de “conducir

conductas”, implica una manera distintiva de “actuar sobre la acción de los otros” con el

objeto de edificar una disciplina. El poder como gobierno no conlleva, sin embargo, la idea de un sometimiento absoluto de la conducta de los seres sociales ya que el poder se enfrenta a sus propios límites: la posibilidad de la rebeldía, de la contestación, del auto sacrificio, del suicidio, como formas de resistencia y contrapoder por parte de los individuos sometidos a él. Foucault explica muy bien esta alternativa de rechazo al poder utilizando para ello su concepto de gobierno:

La característica más notable del poder es que algunos hombres pueden, más o menos por completo, determinar la conducta de otros hombres pero nunca exhaustivamente ni coercitivamente. Un hombre que es encadenado y golpeado está sujeto a la fuerza que se ejecuta sobre él. No al poder. Pero si puede ser inducido a hablar, cuando su último recurso podría haber sido morderse la lengua y preferir la muerte, entonces ha sido orillado a actuar de cierto modo, su libertad ha sido sujeto al poder: ha sido sometido al gobierno.17

Como se observa, este análisis se opone al enfoque marxista del poder o como él lo

denomina al economicismo del poder. A juicio de nuestro autor, dicha representación se

refiere más a la función histórica que al ejercicio mismo: “el poder sirve para mantener determinadas relaciones de producción”18. Asimismo rompe con la teoría marxista del

poder político en el sentido que, indudablemente alude a concepciones instrumentalistas

del poder –el poder como posesión de la clase dominante–; recusa al marxismo que

restringe el ejercicio del poder al del ejercicio de la dominación estatal; al esquema

17 Foucault, Michel.

Tecnologías del Yo y otros textos afines, Barcelona: Paidós, 1991, p. 138.

18 Foucault, Michel,

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marxiano de base/superestructura; tanto como a la concepción según la cual el poder actúa mediante mecanismos de represión e ideología.

La hipótesis de Foucault afecta la concepción jerárquica del poder, modifica la relación que hay entre el poder y el Estado, puesto que las relaciones de poder no emanan de un punto central o de un núcleo único de soberanía, sino que constantemente van de un punto a otro en un campo de fuerzas, señalando las inflexiones, los retrocesos, las inversiones, guías o cambios de dirección y resistencias. Por esto no son localizables en una instancia específica.

El poder es sólo ejercicio del poder: multiplicidad de disposiciones, organismos,

maniobras, funciones, tácticas, multiplicidad que ya no es correlato de lo Uno. Esto

comporta el abandono de los cinco postulados fundamentales que para Deleuze rigen “la

filosofía política” tradicional: el de la propiedad del poder, el cual considera que el poder es un “atributo” de una clase que lo habría conquistado y no el efecto de innumerables puntos de desafío, conflictos, luchas, inversiones; el de localización, que afirma que el poder estaría “localizado” en un aparato institucional claramente definible, en lugar de ello, el Estado mismo sería una “multiplicidad de mecanismos y puntos de irradiación”19; el de la subordinación (el poder como “negativo”; represión,

ocultamiento, etcétera); el de la legalidad (el poder como complejo de leyes, cuando la ley es siempre una composición de ilegalidades que ella diferencia formalizándolas; la ley no es nada más que el resultado de una guerra ganada).

Las anteriores ideas sintetizan el modelo de poder que Foucault critica al marxismo y ponen de manifiesto cada uno de los obstáculos que pretende sortear: el economicismo, el esquema privatista del poder y la reducción represiva.

19 Deleuze, Gilles,

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1.2. ¿Contra M arx?, reparo s foucaultianos a la unidad y la centralización del poder en el Estado.

La brecha abierta por Marx ha suscitado una serie de reflexiones políticas y sociales que tienen como característica una preocupación por el Estado; preocupación que se traduce en preguntas por su origen, su función o su organización. Tales interrogantes se tornan capitales a la hora de analizar el poder. Ahora bien, entre aquellos análisis teóricos que definen una forma concreta de Estado y un ejercicio especifico de poder, la que resalta sobre las demás es aquella en la que el Estado se constituye como punto central de donde emana un poder que recorre toda la sociedad, siendo los demás ejercicios sólo derivaciones de un poder homogéneo.

No obstante, hemos visto como la postura de Foucault dista de este análisis al recusar la centralidad, la verticalidad y la primacía del Estado como lugar privilegiado y fuente del poder. Ahora bien, en qué sentido estas críticas se dirigen al centro del pensamiento de Marx, es un asunto que debe ser abordado para determinar si el diálogo con Marx es un enfrentamiento directo contra éste o más bien contra un marxismo al que acusa Foucault de “encorsetar a Marx”. Se precisa esbozar, por tanto, las premisas de este enfoque, así como también, analizar la atribución de los seis postulados que adjudica Deleuze a ciertas vertientes del marxismo y en qué medida recaen a la propuesta teórica de Marx.

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El problema planteado por Marx consiste en poner en evidencia la lógica contradictoria del capitalismo. Para dar cuenta de este problema, concibió la sociedad a la manera de una estructura, en cuya base se encontraba el motor de ésta, denominada infraestructura. El tipo de sociedad estudiado por Marx fue el llamado por él capitalista o burgués cuyo modo de producción estaba caracterizado por unas fuerzas materiales de producción que entraban en contradicción con las relaciones de producción de sometimiento de la clase burguesa sobre la obrera. Para Marx, las contradicciones del régimen capitalista burgués crearían las condiciones para ser sepultado por el mismo proletariado. En el contexto de opresión de la clase proletaria por el orden burgués, el Estado, inscrito dentro del aparato ideológico o superestructura, se levanta desde la infraestructura como reflejo y determinación de ésta, constituyéndose en el instrumento de poder empleado de la clase burguesa para el sometimiento de la clase proletaria.

En este orden de ideas, el poder es identificado con una institución que la lucha de clases sociales trata de acaparar. Éste es pensado como un elemento perteneciente al espacio de la superestructura cuya finalidad es la de velar por el mantenimiento de unas relaciones de producción determinadas. Sin embargo, la instancia institucional del Estado es sólo uno de los componentes en la institucionalización práctica del poder real que se intenta lograr bajo una imposición más o menos homogénea de ciertas normas, principios, valores y fines. El poder del Estado es una relación entre clases y no una cosa o instrumento en sí mismo, este poder no sólo reprime sino procura producir y reproducir los límites impuestos por su propia forma y las condiciones necesarias de la producción capitalista.

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poder de las corporaciones, pero también, la dominación del padre sobre la mujer y su familia, coexistiendo con la autoridad “impersonal” del Estado y los focos de lucha y resistencia a las distintas formas del poder.

Las reclamaciones que se le hacen a Marx, se realizan a partir de la prioridad que éste le

otorga a las relaciones económicas. En el pensamiento del filósofo alemán, se analiza al

Estado y lo político desde una estructura predeterminada por lo económico. De este modo, el énfasis siempre está en cómo la estructura económica luego se traduce en intereses de clase. Por tanto, para Marx hablar de las instituciones y del Estado no tiene mucho sentido si es que no analizamos la estructura económica y productiva de la sociedad capitalista. De esta manera, el verdadero contrato social, para Marx, no es el que funda el Estado, sino el que funda la relación entre el capital y el trabajo asalariado, entre el poseedor de los medios de producción y el poseedor de la fuerza de trabajo, ya que aquél se apropia de la plusvalía producida por éste y sólo le reintegra, mediante la forma salario, una pequeña parte de los bienes que el trabajador ha producido. El verdadero contrato social no es, por tanto, el que fija las relaciones políticas entre las personas, sino el que fija las relaciones económicas (de propiedad) de las personas con las cosas (y de las personas consideradas como cosas). El Estado, en consecuencia carece de naturalidad, por el contrario, el Estado nació para proteger la propiedad privada de la clase dominante y desaparecerá cuando dicha propiedad pase a ser colectiva.

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instrumento de dominación de la clase económicamente dominante, mostrando su carácter clasista. Sin embargo, estos análisis acerca del Estado no pueden conducir a la conclusión que Marx concebía a éste sólo como un instrumento de clase o como parte de la superestructura que ostenta y ejerce un poder de manera vertical que a sucesivas derivaciones recorren todo el cuerpo social manteniendo la división de clases.

La representación que describe el postulado de localización y subordinación del poder en los aparatos ideológicos del Estado, se trata de un imaginario construido por los juristas clásicos que supone, de un lado, un soberano cuyo papel es prohibir, y del otro,

un sujeto que se limita a aceptar o negar esa prohibición20. Esta postura frente al poder lo

concibe en términos puramente negativos, en donde es mirado bajo la figura de la represión vertical. Lo anterior ha sido para Foucault la figura dominante en el discurso marxista del siglo XX, desde la teoría del Estado de Lenin hasta el freudomarxismo de nueva izquierda.

Frente a esta descripción maniquea, piramidal del poder y un ejercicio vertical, Foucault concibe las relaciones de poder, por una parte, como simples en la medida que no necesitan construcciones piramidales para su funcionamiento, es decir, se opone a un sistema de fuerzas productivas en las que actúan fuerzas de producción y por encima de éstas se localiza una superestructura e ideología. No obstante, las relaciones de poder son al mismo tiempo complejas en la medida que hay múltiples y variados ejercicios de poder en el entramado social. Para Deleuze el concebir el poder como una estrategia hace que éste carezca de “homogeneidad, [éste] se define por los puntos singulares por los que pasa”21.

Como se observa, las distintas replicas que realiza Michel Foucault no se dirigen directa y salvajemente al propio Marx, sino a las interpretaciones suscitadas por el marxismo a

20 Foucault, Michel,

Un dialogo sobre el poder, Madrid: Alianza editorial, 1985, p. 80.

21 Deleuze, Gilles,

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partir de éste. En especial esta dura crítica afecta la teoría althusseriana de las dos modalidades de poder ancladas en los aparatos del Estado: la represión y la ideología (para Althusser, la dominación del Estado se manifiesta unas veces por la violencia, otras por la propaganda, pero siempre de forma vertical). Foucault, por su parte, objeta que tras correr el velamiento de la ideología, el sujeto se recuperase de la alienación a la que se encuentra sometido por un poder concentrado en los aparatos del Estado y que por tanto, la única forma válida de hacer la revolución es “tomando” o “conquistando” el poder estatal. Para el pensador francés no hay sujeto originario a recuperar, ni verdad previa velada por la ideología. Sin embargo, una lectura que insista en la mera

contraposición –o en la superioridad de un paradigma sobre otro– puede hacer perder de

vista algo que es decisivo: Foucault no desconoce las condiciones económicas, las relaciones de producción o el poder estatal.

Lo característico del marxismo dogmático y economicista fue una visión instrumental

del Estado. Si contra la tesis tradicional del “Estado guardián de noche”, Marx afirmó el carácter clasista del Estado, y apuntó a la necesidad de destruir el viejo aparato estatal y crear uno nuevo como primer paso esencial de la revolución desenajenante, la interpretación positivista e instrumentalizadora del marxismo entendió esto como un simple llamado a cambiar los hombres que actuarían en esas estructuras estatales (sacar

a los servidores de la burguesía y colocar a los proletarios), pero manteniendo la lógica

de funcionamiento de esas estructuras (verticalidad, represividad, dirigismo, etc.). El Estado, al igual que un martillo, no sería más que un instrumento, y lo único realmente importante sería en manos de quien está.

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considera que semejante estrategia política es totalmente equívoca puesto que se funda en una concepción jurídica y, por ello mismo, sesgada del poder. Ahora bien, lo sorprendente será que para sostener la tesis contraria, en el sentido de que el poder no es un atributo del Estado o de una clase dominante sino una relación heterogénea de fuerzas que se extiende por toda la sociedad, Foucault tomará como punto de apoyo al propio Marx.

Además de inaugurar una nueva técnica interpretativa, para el autor de Vigilar y

castigar, Marx también inaugura una nueva forma de concebir el poder. “En el libro II de El capital, el filósofo alemán estaría mostrando que no existe una forma única y jerárquica de ejercer el poder, sino que la sociedad es una malla en la que coexisten varias formas de dominación que funcionan localmente”22. Cada una de estas formas

regionales tiene su modo particular de funcionamiento, es decir, aplican una tecnología propia de poder.

Marx insiste mucho, por ejemplo, en el carácter a la vez específico y relativamente autónomo, de alguna manera impermeable, del poder que de hecho el patrón ejerce en un taller, con relación al poder de tipo jurídico que existe en el resto de la sociedad. Así pues, existencia de regiones de poder. La sociedad es un archipiélago de poderes diferentes. En segundo lugar, me parece que estos poderes no pueden y no deben ser comprendidos simplemente como derivación, como la consecuencia de una especia de

poder que sería primordial. (…) Marx no reconoce implícitamente este esquema, muestra, por el contrario, cómo a partir de la existencia inicial y primitiva de esas pequeñas regiones de poder –como la propiedad, la esclavitud, el taller y también el ejército– se pudieron formar poco a poco grandes aparatos del Estado. La unidad estatal es, en el fondo, secundaria con relación a estos poderes regionales y específicos que aparecen en primer lugar23.

Tenemos entonces que ya en Marx podemos encontrar el esbozo de lo que Foucault denomina una historia de las tecnologías del poder, tal como este se ejercía en las

fábricas, en los talleres y en la propiedad. Pero esto es algo que el “marxismo

académico” o “blando”, como lo denomina Foucault, ha olvidado en nombre de una concepción puramente jurídica del poder. El pensador francés, piensa que cualquier

22Foucault, Michel, “Las mallas del poder”. En:

Obras esenciales. Vol. III, Estética, ética y hermenéutica:

Barcelona, Paidós, 1999, p. 239. 23 Foucault, Michel,

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análisis del poder dando prioridad al aparato de Estado, es decir, a la superestructura, constituye un retorno al pensamiento clásico burgués de Hobbes, Locke y Rousseau. Lo anterior “no es otra cosa que ‘rousseanizar a Marx’, inscribiéndolo en una teoría burguesa del poder, tal como lo había hecho en su momento la social democracia europea a finales del siglo XIX, en su intento de hacer funcionar a Marx dentro de un sistema jurídico burgués”24.

El Estado, como lo concibe Foucault, es el resultado de una estatización progresiva de

diversas prácticas que se dan en el entramado social. La multiplicidad de ejercicios de poder en Occidente atraviesa varios puntos locales; la escuela, la fábrica y especialmente el Estado, en la medida en que el poder deja de ser sustancial, localizable y homogéneo, éste como el Estado configuran una serie distinta de relaciones. Relaciones que no son de dependencia, de derivaciones o estratificaciones, sino estrategias diversas en formas heterogéneas esparcidas por toda la sociedad.

Lo que Foucault realiza no es por tanto una crítica al Estado producto de una fobia, sino lo que él denomina una “economía de una teoría de Estado”25. Una economía que

despoja de toda unidad, centralidad y universalidad al Estado, comprendiendo que no existe una autonomía de los aparatos del Estado respecto del poder que lo posiciona en un lugar privilegiado o le adjudica un papel productor. De ahí que “el Estado no [sea] otra cosa más que el efecto móvil de un régimen de gubernamentalidad múltiple”26 y no

una abstracción atemporal o un polo de trascendencia. En suma, no hay algo así como un Estado omniabarcador; sino que se ha producido una estatización continua de las relaciones de poder.

Como se observa, la reflexión de Foucault sobre el Estado no se hace concibiéndolo como un universal político que extiende un conjunto de prácticas por todo el entramado

24 Foucault, Michel,

Las mallas del poder,…,1999. p. 242.

25 Foucault, Michel,

La vida de los hombres infames, Madrid: La piqueta, 1990, p. 135.

26 Foucault, Michel,

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social a partir de una unidad aparentemente autónoma, sino más bien como un punto denso en el cual se concentran y atraviesan una diversidad de relaciones heterogéneas de poder. El modo de relación propio del poder se busca del lado de ese modo de acción

singular –ni guerrero ni jurídico– que es el gobierno. No se busca por el lado de la

violencia y la lucha, y tampoco por el lado del contrato y el lazo voluntario.

Si gobernar es estructurar el posible campo de acción de los otros, un conjunto de acciones sobre otras acciones, entonces el ejercicio del poder consiste en “conducir conductas” y en disponer las probabilidades. En el fondo, escribe Foucault que “el poder es menos una confrontación entre dos adversarios o la vinculación de uno con otro, que una cuestión de gobierno”27.

En esa escala, el Estado funciona como la envoltura general, la instancia de control global, el principio de regulación y, en cierta medida, la distribución de todas las relaciones de poder en un conjunto social dado; empero, el Estado en las sociedades contemporáneas es sólo uno de los espacios de ejercicio de poder. Aunque de cierta manera todos los demás espacios de relaciones de poder se refieren a él, esto no quiere decir que cada uno de esos espacios se derive de la forma-Estado.

1.2.1. Relaciones de poder versus relaciones de producción

Si bien Foucault reconoce en el pensamiento de Marx al gran analista de la explotación económica, nuestro autor cuestiona en los análisis económicos del filósofo alemán dos puntos esenciales: el dualismo de infraestructura-superestructura y la determinación económica, aunque sea en “última instancia”.

27Foucault, Michel, “El sujeto y el poder”. En: Hubert L. Dreyfus y Paul Rabinow.

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En el primer caso, la idea foucaultiana es la profunda implicación de los distintos poderes en lucha en una sociedad. Así, como el poder no se encuentra centralizado en el príncipe, en los aparatos de Estado, tampoco se halla focalizado en el poder económico. Ahora bien, no se trata de desconocer en modo alguno la eficacia del poder económico, sino de verlo allí donde está el poder. En el segundo caso, la superestructura ideológica tampoco se puede ubicar como un nivel aparte o por encima del poder económico; de hecho actúa allí donde está el poder. Por ejemplo, la distribución del espacio es un problema de poder que el filósofo francés encuentra por igual en fábricas, clínicas, escuelas, etc., por lo que un mismo mecanismo de poder político está presente en ámbitos distintos pero que son también económicos. Nuestro autor subraya que Marx lo reconoció claramente para la fábrica al destacar la racionalización y militarización del espacio fabril. Del mismo modo, el poder disciplinar que actúa como diagrama de

fuerzas de la sociedad moderna actúa a través de la vigilancia y Marx lo anotó: “esta

función directiva, vigilante y mediadora se convierte en función del capital no bien el trabajo que le está sometido se vuelve cooperativo. En cuanto función específica del

capital, la función directiva asume características especificas”28.

Por su parte, Foucault describe la imbricación entre el poder político y el poder económico del modo que sigue: “el poder no tiene como función única reproducir las relaciones de producción. Las redes de la dominación y los circuitos de la explotación se interfieren, se superponen y se refuerzan pero no coinciden”29. Así pues, la supeditación

a un sólo poder de tipo económico es el resultado de una reducción de una multiplicidad de poderes que se encuentran en el cuerpo social, reducción en la que, según Foucault, cae Marx.

28 Marx, Carl,

El Capital, Vol. I, 4a. Sec., cap. XIII; Foucault lo cita en: Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión,…, 1984, p. 162.

29 Foucault, Michel, “Poderes y estrategias”. En:

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Asimismo, los cuestionamientos del filósofo francés objetan las comprensiones del poder que lo conciben únicamente bajo el lente de la dominación o la perpetuación de una clase sobre otra. Por lo que la dominación del capitalismo denunciada fuertemente

por Marx, para Foucault “no es la explotación, ni la alienación, ni la represión o la

conducta disfuncional. Es una nueva pauta de control social que se encuentra en la práctica en varios y numerosos puntos del campo social, formando una constelación de estructuras que están a la vez en todas partes y en ninguna”30.

En este punto, resuena el eco de Nietzsche, que en palabras de Foucault “ha dado como

blanco esencial al discurso filosófico, la relación de poder. Mientras que para Marx, era la relación de producción. Nietzsche es el filósofo del poder, pero que ha llegado a pensar el poder sin encerrarse en el interior de una teoría política para hacerlo”31. Bajo

este influjo nietzscheano, Foucault concibe el poder desde su especificidad, dirigiendo su mirada a los campos de acción que son irreductibles, donde el poder es aquello siempre en “acto” que determina todo lo demás. Dicho de otro modo, el filósofo de Poitiers busca determinar las características específicas de las relaciones de poder, por lo cual requiere irrumpir sobre la continuidad que se da en el marxismo a las relaciones económicas y las relaciones de poder, estas últimas cobijadas por las primeras. La idea

que se encuentra a la base de estos cuestionamientos es aquella en la cual “el poder no

se da, ni se intercambia, ni se retoma, sino que se ejerce y sólo existe en acto (…) El

poder no es, en primer término, mantenimiento y prórroga de las relaciones económicas,

sino, primariamente, una relación de fuerza en sí mismo”32.

El autor de Vigilar y castigar pone entre paréntesis la primacía de la economía frente a

las relaciones de poder. Sin embargo, cabe señalar que, la adición a tal enfoque no

30 Poster, Mark, Foucault

, Marxismo e historia, modo de producción versus modo de información: Buenos

Aires: Paidós, 1987, p. 114.

31 Foucault, Michel, “Entrevista sobre la prisión: el libro y su método”. En:

Microfísica del poder,…,

1992, p. 101. 32 Foucault, Michel,

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implica concebir el poder con una instancia metafísica, una multiplicidad de fuerzas trascendentes o una estructura subyacente. Para Foucault el poder es más el nombre que se le da a una situación estratégica, diversa y compleja en una determinada sociedad, por lo que determinar su ejercicio o modo de funcionamiento más que llevarnos por caminos ocultos o estructuras subyacentes, hace que permanezcamos atentos en la superficie donde opera una multiplicidad de relaciones de poder.

Ahora bien, la pregunta que se deriva de este choque de perspectivas se puede formular de la siguiente manera: ¿Cómo explicar las relaciones económicas que para Marx fundan las desigualdades sociales, a partir de otra serie de relaciones?, acaso ¿Decir que la naturaleza del poder no es establecida de antemano por relaciones económicas y que más bien son éstas las que se encuentran en una gran red de poder, como negar que algo exterior al poder lo haga posible y necesario, no es sólo invertir el orden de las cosas?

La respuesta a tales interrogantes se hace compleja en la medida en que Foucault no es explícito en su postura respecto al problema del fundamento del poder, sin embargo, lo

que el autor de Las palabras y las cosas pone sobre la mesa es la pregunta de si las

relaciones de poder no representan una realidad “relativamente independiente” de las relaciones de producción. Podemos decir en todo caso que, Foucault no propone simplemente la inversión de dos modelos, no postula la primacía de unas relaciones de fuerza sobre otro tipo de relaciones que serían de tipo económico. La apuesta del

profesor del Collège de France apunta a la hipótesis de la especificidad de las relaciones

de poder, de su propio ejercicio y propia dinámica, llamando la atención respecto de la independencia y complejidad que pueden llegar a tener las relaciones de poder en la sociedad.

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división del trabajo, esto es, aquellos que desarrollan una misma actividad conforman una clase social. Las clases sociales vienen determinadas por el lugar que ocupan en el proceso de producción de la riqueza. Unos las producen y otros se apropian de una porción de la misma. De esta relación no cabe esperar sino el antagonismo y la hostilidad entre explotados y explotadores.

Esta lucha social, por tanto, se enmarca en un determinismo económico que presta atención a la actividad productiva que tiene cada individuo en el proceso de producción. En esta dinámica, el poder se encuentra yuxtapuesto a las relaciones de producción, su función es mantener la división del trabajo y el dominio de clase. En este sentido, la economía se presenta como la razón histórica del poder, empero, tal análisis descuida las relaciones de poder elementales que pueden constituir relaciones económicas.

El giro propuesto por Foucault intenta comprender el poder en su exterioridad, no a partir del sujeto que lo detecta o en sus intenciones, sino de un ejercicio de poder que se despliega en distintas direcciones con tecnologías y mecanismos de poder locales que tienen su propia historia, de la cual ya en Marx había un primer esbozo. De este modo el interés real de la burguesía no es tanto ostentar un poder que les otorga aparentemente un estatus superior al proletariado, sino, más bien, el beneficio económico de los mecanismos de exclusión y control que logran a partir de una serie de dispositivos que mantienen la división del trabajo. Por esto más que excluir, controlar o reprimir lo que importa es la técnica, el procedimiento de exclusión y control. El producto de este ejercicio de poder específico, no es tanto la ideología, sino instrumentos efectivos de acumulación del saber, métodos de observación, registros, procedimientos de investigación, entre otros.

Los procedimientos disciplinarios intervienen, en este sentido, en dos niveles: al comienzo de las relaciones de producción, contribuyendo con su reproducción y con su

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fuerzas productivas, es decir, disposiciones subjetivas para producir de acuerdo con las necesidades del capitalismo en términos de explotación en vista del beneficio. Este último aspecto es sumamente importante, puesto que las múltiples instituciones e instancias que ponen en marcha los distintos ejercicios de poder (Foucault denomina a semejante ejercicio de poder, disciplina) siempre tiene la doble función de proteger al capital de posibles ilegalidades obreras y de generar en los trabajadores las disposiciones para producir lo que hace de ellos fuerza de trabajo. Las relaciones de poder, por ende, no sólo sirven para la reproducción de las relaciones de producción; son un elemento constituyente de éstas.

En tanto que el poder es relación de fuerzas, no surge después que se ha estructurado el

todo social, sino que es elemento de su conformación. Desde el poder se construye a la sociedad. No es una camisa de fuerza que se le impone a la sociedad para regular lo que esta produce, sino que desde el principio sociedad y poder interactúan, produciéndose uno al otro. Por lo tanto, todo fenómeno social, toda relación social, es vehículo y expresión del poder. Éste no radica en exclusiva en un sector (en este caso, el de los aparatos institucionales públicos, Estado o en las relaciones de producción), sino que existe una multiplicidad de centros y de vectores de fuerza.

La interpretación del concepto de producción tiene, en este sentido una importancia capital, ya que se despliega en una multiplicidad para entender los fenómenos sociales (y no sólo la actividad económica, sino también las ideas, las prácticas sexuales, las técnicas carcelarias, etc.) como resultados, creaciones y no como algo dado, fijado de

una vez y para siempre. Sólo el “paradigma de la producción”, tomado en esta acepción

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Así pues, el poder que bajo el enfoque marxista parece exterior a las relaciones de producción, por el contrario, bajo la óptica foucaultiana se constituye en el campo sobre el cual se mantienen las relaciones económicas a través de diversos mecanismos que se encuentran funcionando en distintos puntos del entramado social. En este sentido, toda economía presupone ciertos mecanismos de poder inmiscuidos en ella. Lo que intenta el pensador francés es “buscar lo que puede haber de más oculto en las relaciones de poder; seguirlas hasta en las infraestructuras económicas, y no sólo en sus modalidades estatales, sino también infraestructurales o para estructurales: reencontrarlas en su juego material”33.

1.3. Contra la noción de la representación vertical del poder

Como hemos visto, a pesar de las distancias y de las discrepancias que Foucault va a plantear respecto de Marx y el marxismo es posible sentarlos para sostener una conversación. Michel Foucault procede a menudo por desplazamientos que se manifiestan en rupturas y distanciamientos de ciertas posiciones tradicionales. Así es como a la hora de hablar del poder, nuestro autor busca reemplazar el concepto de represión por una interacción móvil y fluctuante de fuerzas productoras ya que tal representación vertical y negativa resulta unilateral, estrecha y esquelética; es un poder sin matices que se complace en oprimir.

Enfrentando la perspectiva del poder como opresión política fundado en interés de clase, la premisa de la que parte Foucault es que el poder no consiste en la prohibición, la ley o fuerza, que dice, esencialmente, no. Al profundizar en el camino abierto por Marx, el poder es analizado desde su operatividad, mecanismos, procesos y técnicas. Dicho análisis vislumbra un archipiélago en el cual se encuentra una gran variedad de poderes que no tienen por función esencial limitar o impedir, sino, por el contrario, producir (sujetos, verdades, saberes, etc.). Para el pensador francés, tanto la prohibición como el rechazo son sólo formas límites en el ejercicio del poder por lo cual “hay que cesar de

33 Foucault, Michel, U

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describir siempre los efectos del poder en términos negativos: ‘excluye’, ‘reprime’, ‘rechaza’, ‘censura’, ‘abstrae’, ‘disimula’, ‘oculta’. De hecho, el poder produce; produce realidad; produce ámbitos de objetos y rituales de verdad. El individuo y el

conocimiento que de él se puede obtener corresponden a esta producción”34. Esta

concepción positiva-productora del poder supone que el poder no se da en forma aislada ni separada del resto de las interacciones sociales, sino que, por el contrario, se manifiesta junto a ellas y a través de ellas. Tales mecanismos de poder funcionan en la sociedad, entre los individuos, fuera de ellos, en los cuerpos, las conductas cotidianas, deseos y discursos. Todos ellos se vinculan a números sistemas de poder, que a su vez están ligados entre sí.

El poder, por tanto, es considerado como una red productiva que pasa a través de todo el cuerpo social en lugar de como una instancia negativa que tiene por función reprimir. Foucault refuerza su argumentación contra las teorías represivas del poder con un cuestionamiento que pone en evidencia el carácter paradójico de esta representación, pregunta ¿Cómo es posible que las relaciones de poder no sean mucho más inestables de lo que son? En otras palabras, los efectos del poder son algo distintos a reprimir, del mismo modo que la causa de la supervivencia de la cárcel es su capacidad de hacer algo distinto de fracasar en la prevención del delito. Nuestro autor considera que difícilmente el poder sería verdaderamente obedecido si fuera sólo represivo, si no hiciera otra cosa que decir no.

Sin embargo, tal noción resulta ser difícil de eliminar porque se ajusta a una serie de

fenómenos que responden a efectos de poder. En el primer volumen de La historia de

sexualidad, por ejemplo, aparece implícitamente esta noción de represión, el supuesto de una especie de locura vivaz, voluble y ansiosa que la mecánica del poder y la psiquiatría habrían llegado a reprimir y reducir al silencio.

34 Foucault, Michel,

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Es por este camino, es decir, a través del análisis de la sexualidad, que se sirve Foucault para superar la hipótesis represiva, allí expone que lo propio de las sociedades modernas no es el haber dejado al sexo en la penumbra, sino el haberse dedicado compulsivamente a hablar de él. Foucault rechaza que la represión del sexo se haya dado con vistas a drenar las energías hacia la producción material. Sobre esta base se puede pensar que el proletariado debió ser uno de los primeros en ser alcanzados por la represión. No obstante, los análisis genealógicos llevan a Foucault a sostener que a partir del siglo XVII, hubo un verdadero desbloqueo tecnológico de la productividad del poder. Más

allá del desarrollo de grandes aparatos de Estado –ejército, policía, administración

fiscal–, por las monarquías, durante la época clásica tuvo lugar sobre todo la

instauración de una nueva “economía” de poder, la cual contaba con procedimientos que permitieron circular efectos de poder de un modo a la vez continuo, ininterrumpido, adaptado e “individualizado” en el cuerpo social entero.

Estas nuevas técnicas fueron a la vez más eficaces en sus resultados por ser menos susceptibles de escapatoria o de resistencia, y también, por lo mismo, menos costosas económicamente que las técnicas utilizadas hasta entonces y que se apoyaban en una mezcla de tolerancias, más o menos forzosas (desde el privilegio reconocido hasta la criminalidad endémica) y de ostentación costosa (intervenciones estrepitosas y

discontinuas del poder cuya forma más violenta era el castigo “ejemplar” en cuanto

excepcional).

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por lo cual este poder resulta ser menos de la represión, la obediencia, el castigo o el dominio por parte de un aparato de Estado y más de un ejercicio de gobierno. Su

ejercicio efectivo se compone de una serie de “procedimientos que han sido inventados,

perfeccionados, y que se desarrollan sin cesar”35 en toda la sociedad. En suma, lo que el

filósofo de Poitiers nos dice es que nada funciona sin producción, nada funciona por la simple represión general, por el contrario, todo funciona gracias a la construcción y liberación (de discursos, verdades, saberes, sujetos, etc.). El inmenso progreso del

pensador francés es avanzar sobre la ilusión de fundar el poder en una sustancia de

producción o de deseo. Desenmascara las ilusiones finales o causales en cuanto al poder; una forma que domina o que se enmascara en los modelos carcelarios, militar, disciplinar y que no se enraíza ya en determinadas relaciones de producción.

1.4. Reparos a la noción de ideología

Siguiendo con el recorrido descrito en las primeras páginas del presente texto, el elemento que resta por analizar tiene que ver con algunos cuestionamientos respecto de la noción de ideología que es tan importante tanto en Marx como en el marxismo.

En algunos de los textos de Foucault se encontrará dos apreciaciones diferentes de ideología en su obra. Una de carácter positiva, en la que se identifica al concepto con una práctica discursiva circunscrita en un ámbito del saber y de la sociedad, que es ajeno al interés de su quehacer arqueológico y genealógico. La otra consideración está marcada por un fuerte desdén y se refiere a la ideología como noción eterna inserta en una concepción de la historia fundada en totalizaciones y continuidades. Esta acepción opera a manera de obstáculo a su proyecto teórico, razón que explica el por qué de su apartamiento y deconstrucción. Recordemos que algunos de los objetivos de nuestro autor son en parte, proponer instrumentos de descripción y análisis en vez de sistemas.

35 Foucault, Michel,

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