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Momento de tránsito

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Academic year: 2017

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Trabajo de grado

Asesor: Profesor Diego Benavides Agradecimientos a: Nobara Hayakawa

Pontificia Universidad Javeriana Facultad de Artes

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Objetivos

Introducción

Antecedentes

Consideraciones sobre la ciudad

Percepción

Imaginario

Iconografía

La ciudad como tema para el arte

Iconografía viva

Últimas consideraciones

El tránsito

La novedad

El enfrentamiento

Mi proceso

Referentes temáticos

Gordon Matta Clark

Milena Bonilla

pg. 5

pg. 7

pg. 8

pg. 11

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Objetivos

Objetivo específico

Reivindicar los procesos de construcción como materia de un presente digno de ser observado.

Objetivos generales

Reflexionar acerca de la ciudad como un lugar de cambios.

Entender la dinámica del pensamiento -el imaginario, que activa la ciudad conside-rada desde su pasado y futuro.

Exponer la trascendencia de los procesos de construcción en tanto son el medio por el cual la ciudad altera no sólo sus formas, sino las costumbres de quienes en ella ha-bitan.

Revelar la iconografía como recurso que permite entender la ciudad en tanto ruina de un pasado arquitectónico, estético y cultural.

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Hablar de la obra en construcción es hablar de un tema amplio que es la ciudad. La ciudad es el espacio donde nos desenvolvemos y en el cual transcurre nuestra existencia; con cada re-corrido a través de ella reconocemos y reafir-mamos la memoria de sus formas, así como de los lugares que hacen parte de nuestra coti-dianidad. La ciudad es un lugar que alberga vi-da: la vida de muchos que se entrecruza con la nuestra en un espacio que nos es común. Es-te diario reconocimiento nos ofrece una ima-gen de ésta, aparentemente quieta y constan-te, una fachada que se reitera día tras día y que actualizamos cada vez que una construcción nueva o remodelación del paisaje urbano se lleva a cabo, incorporándola al conocimien-to que tenemos de nuestra urbe. Sin embargo, es esto mismo lo que en ocasiones obviamos, el hecho de que esta cara que nos presenta la ciudad hoy es el resultado de una serie de cam-bios, construcciones que han alterado drásti-camente su apariencia a través de la historia, respondiendo a las necesidades de una cultura que asimismo se transforma.

Mi intención con este proyecto es hacer una reflexión acerca de la ciudad como un organis-mo vivo en constante transformación; su obje-to específico es Bogotá pues es el lugar donde he vivido siempre, y en el cual mi propia expe-riencia y recorridos han hecho que me cuestio-ne sobre su apariencia, historia y lo que alguna vez fue; así, me he encontrado profundamen-te inprofundamen-teresada en los procesos de construcción que en ella se llevan a cabo, en tanto son y han sido el medio de una apariencia urbana que

se altera y transforma. Tal vez sea por su con-dición efímera, o porque solemos pensar las estructuras de la ciudad únicamente desde su funcionalidad, de manera utilitaria, que estos procesos son en cierta medida soslayados, pa-sados por alto. Todas las ciudades tienen una historia y han sufrido sus propias mutaciones pero, como Chejov decía:Si quieres ser uni-versal habla de tu aldea”.

Busco reivindicar los procesos de constru-cción como el medio por el que la ciudad ma-nifiesta su historia por cuanto descubren los materiales con que se construye el espacio ur-bano, permitiéndonos ser testigos de un trán-sito: exaltaré estos procesos como materia de un presente digno de ser observado, en opo-sición a la dinámica del pensamiento que ac-tiva la ciudad considerada desde su pasado y su futuro.

Este texto vincula mi proceso investigativo con algunos datos anecdóticos que presentan otros proyectos que he realizado, donde Bogotá re-sulta asimismo ser la inspiración de cavilacio-nes sobre la ciudad y la forma como la perci-ben sus habitantes. Hago también una revisión muy general de su historia con el fin de expo-ner sus condiciones dinámicas y cambiantes. Para concluir formularé las razones que me lle-varon, desde el dibujo, a realizar una reflexión gráfica sobre los procesos de construcción ur-banos, proponiendo una mirada particular de éstos, exaltando su trascendencia como altera-ción, ya no solo del paisaje, sino de un lugar de costumbres.

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Como objeto del pensamiento Bogotá siem-pre me ha interesado; tuve la oportunidad de realizar trabajos sobre ella en dos ocasiones. Primero quise evaluar el crecimiento de la ciu-dad a partir de una serie de cuatro dibujos que comenzaban en mapas de épocas diferentes, donde el primero correspondía al año 1697 (primera cartografía de Bogotá), y los siguien-tes a los años 1810, 1933 y 2000. La intención era evidenciar la forma violenta y desordena-da como la ciudesordena-dad se ha expandido, en mu-chos casos sin un orden o un plan concienzu-do. Teniendo esto en cuenta, recordé al pulpo por ser un animal cuyas extremidades o tentá-culos pueden moverse cada una de manera in-dependiente y me pareció que se podía propo-ner una analogía entre la expansión de Bogotá y el movimiento particular del animal. Utili-cé la técnica del “transfer” en los mapas para luego intervenirlos con dibujos de tentáculos, hechos en tinta, con la intención de hacer de Bogotá un animal, que crece y se transforma.

En la segunda ocasión me propuse hacer un li-bro que recopilara los diferentes nombres con que Bogotá ha sido llamada, investigando su origen e ilustrándolos. El libro comienza con una breve introducción donde se enuncian los nombres oficiales que ha tenido: Nuestra Se-ñora de la Esperanza, Santa Fé y el actual: Bo-gotá Distrito Capital. Proseguí con cada uno de los nombres que, en cambio, han surgido de la imaginación y el ingenio de las personas; los representé con ilustraciones que ocupan páginas dobles, partiendo por aquellos que tienen una vinculación semántica: La Atenas Suramericana, la Tenaz Suramericana, la Ape-nas Suramericana, la AntaApe-nas Suramericana y la Negra Suramericana; y luego otros nombres como Huecotá, la Nevera, Pogotá y Rolotá. Ca-da una de las ilustraciones está acompañaCa-da de un pequeño texto que explica su procedencia.

Cuando empecé a pensar mi trabajo de grado estaba segura de que quería que su tema fuera de alguna forma Bogotá, aunque en principio

Antecedentes

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no sabía cómo enfocarlo. Inicié realizando re-corridos por la ciudad buscando apropiarme de ella por medio del dibujo; sin un plan es-pecífico tomé buses del servicio público con rutas desconocidas, bajándome en cualquier lugar, para así capturar una experiencia espon-tánea, registrando en mi libreta todo aquello que llamara mi atención. Caminando encon-tré grietas y huecos que me impelían a dibujar-los, y mientras lo hacía pensaba como éstos, además de caracterizar el estado lamentable de las calles en Bogotá, eran sobre todo la eviden-cia de un uso. Con base en eso orienté mi bús-queda hacia este tipo de rastros que me habla-ban de la experiencia de las personas con el espacio y que, de cierta manera, contaban una historia. Dibujé toda clase de cosas: bolardos completamente destruidos que me hacían es-pecular en la razón de su estado, seguramen-te un accidenseguramen-te automovilístico, por ejemplo; también hice dibujos de basuras y residuos. Hubo uno que me gustó particularmente: un cono de helado que se encontraba tirado en

Figura 1. “Ciudad-Pulpo” Mapa de Bogo-tá, año 1810. Archivo de la autora (2008). Figura 2. “Ciudad-Pulpo” Mapa de Bogo-tá, año 1933. Archivo de la autora (2008). Figura 3. “Pogotá” tomado del libro Los Nombres de Bogotá. Archivo de la auto-ra. (2010).

Figura 4. “La Atenas Suramericana” toma-do del libro Los Nombres de Bogotá. Ar-chivo de la autora. (2010).

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el piso, y que por la forma como se encontra-ba parecía fácil deducir que fue una pérdida lamentable para quien lo compró, pues esta-ba casi entero. Siguiendo esta idea retraté asi-mismo esos lugares curiosos donde el bogota-no suele ocultar su basura; debajo de las sillas, en ladrillos desprendidos o detrás de las corti-nas de los buses.

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Finalmente me encontré con la reparación de un andén que se estaba llevando a cabo sobre la carrera 15, allí me quedé por largo tiempo dibujando las porciones de piso que eran des-prendidas y se amontonaban alrededor de una máquina excavadora; mientras lo hacía pensa-ba en cómo quedaría ese lugar tan común pa-ra mí cuando concluyepa-ra la repapa-ración y si más adelante me acordaría de aquello que ese día estaba viendo. Esta última reflexión fue fun-damental en mi proceso pues sería el inicio de una búsqueda sobre la ciudad como un lugar de cambios.

Figura 5-6. Libreta de dibujo, carrera 15. 2010. Archivo de la autora.

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Percepción

La ciudad es un lugar que alberga vida: la vida de personas que se organizan y se constituyen como una comunidad mediante una variedad de procesos que son en sí mismos complejos. Ahora, el tema de la ciudad no puede abor-darse como un simple hecho arquitectónico, es decir, no se puede pensar que una ciudad está definida únicamente por su forma física revelada en sus edificios, calles o parques; la ciudad es el encuentro de vidas e historias de quienes en ella habitan. Si se extrajera a la gen-te de la ciudad nos encontraríamos con un es-pacio silencioso y de quietud; en otras pala-bras, con un espacio sin vida y en ruina.

Es en sus habitantes que una ciudad adquie-re identidad e importancia; es la forma como éstos la perciben, y su cultura, lo que define su espacio. Los límites de una ciudad no so-lo encierran estructuras sino una comunidad que ocupa un territorio común y que se

reco-noce como ciudadano en tanto comparte cos-tumbres, actividades y vivencias con otros con-ciudadanos. De ahí que quien no pertenece a ella se siente un extranjero, un visitante: una persona ajena a una forma de vida particular.

“Es imposible separar la ciudad de sus ciuda-danos. Sus puntos de reconocimiento –tan-to en el sentido histórico como en el sentido identitario- no son más que los efectos de sig-nificación y de sentido que la vida cotidiana de sus habitantes le dan en su continuo e in-agotable relatarla, incluso a veces en contravía de los intereses y los proyectos de aquellos que tienen por función el construirla y el planifi-carla”. (Giraldo y Viviescas, 1999, p. 76).

De esta forma los bogotanos se identifican co-mo tal porque comparten la vida con otros; los sentimientos, los temores, las emociones y los olvidos. Por ejemplo, el miedo a la calle co-mo el lugar del robo y el atraco es común para muchos -percepción que se nutre de una

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ria que aún recuerda hechos violentos como el carro bomba puesto por Pablo Escobar, en el año 1989, junto al edificio del DAS, cuyo es-tallido dejó más de 50 muertos; o la explosión del avión de Avianca, en el mismo año, don-de murieron 107 personas (entre ellas Julio To-rres, amigo de mi papá).

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Pero seguramente los dos eventos violentos más recordados por los bogotanos son, por un lado, El Bogotazo o período de protestas, des-orden y terror, a consecuencia del asesinato del líder político Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 en el centro de Bogotá y la inme-diata frustración e ira entre sus seguidores; y, por el otro, la toma del Palacio de Justicia que perpetró la guerrilla del M-19 en el año 1985, acontecimiento que dejó más de setenta vícti-mas fatales, de las cuales hasta hoy se buscan los culpables: el ataque subversivo se vio com-batido por la arremetida del ejército en una batalla que dejó al palacio inmerso en llamas y confusión.

Figura 7. Bogotazo 9 de abril de 1948. Fo-to de Luis Ignacio Gaitán Lunga, Plaza de Bolívar.

Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo III Siglo XX (p.128). Bogotá: Villegas Editores. Figura 8. Iglesia de Las Nieves. Archivo de la autora.

Figura 9. Parque Nacional. “Postales del recuerdo de Bogotá”. Circa 1940. Imagen tomada de: Caballero, Antonio. 2007.Guía Literaria de Bogotá, Un recorri-do personal de Antonio Caballero (p.54). Bogotá-Colombia: Aguilar.

1. Torre Colpatria. Disponible en: http:// es.wikipedia.org/wiki/Torre_Colpatria

2. Fundación Misión Colombia.1988.

Histo-ria de Bogotá. Tomo I Conquista y Colonia (p.108). Bogotá: Villegas Editores.

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Es esta misma historia la que a mí me vincu-la con alcaldes como Antanas Mockus y Enri-que Peñalosa, y sus esfuerzos por desarrollar la ciudad a fuerza de pedagogía, enfocándose ca-da uno en inculcar el civismo y el respeto, lo-grando de esta manera un gran cambio social. Peñalosa, por ejemplo, inició la primera fase del proyecto Transmilenio, hoy reconocido co-mo el sistema de transporte masivo más carac-terístico de la ciudad, sobre el que se dice que, desde el inicio de su construcción en el año 1998, cambió la cara gris de Bogotá y la reem-plazó con el color rojo de sus buses. Mis papás, en cambio, encuentran más vívido el recuerdo de la visita del papa Pablo VI en el año 1968, pues ambos la vieron siendo niños, mi papá desde la avenida 68 y mi mamá por televisión.

Todo este pasado en común es lo que hace que los bogotanos hoy le otorguemos importancia a ciertas construcciones como la Torre Colpa-tria (inaugurada en 1979)1 o la Iglesia de

Mon-serrate (construida en 1620)2, considerándolas

íconos de nuestra ciudad por cuanto no sólo tienen un sentido de funcionalidad sino un valor emocional e identitario. Asimismo iden-tificamos la carrera 7a como un espacio privi-legiado de nuestros acontecimientos sociales: marchas, manifestaciones, desfiles y ciclovía; además, donde se emplazan lugares represen-tativos como la Plaza de Toros La Santamaría -inaugurada en 1931 y remodelada en 1943-3,

la Iglesia de Las Nieves -inicialmente una er-mita pajiza construida en 1581 que luego de varias remodelaciones adquirió en 1922 el as-pecto que tiene hoy-4, el emblemático Parque

Nacional Olaya Herrera -fundado en 1934 co-mo el primer pulmón de la ciudad-5, el Parque

de la Independencia -creado en 1910 como complemento del antiguo Parque del Cente-nario-6, el Centro Internacional -que comienza

con la construcción de los primeros edificios de más de 20 pisos en el centro de la ciudad-7,

o el Museo Nacional -que antes de 1948 era una cárcel bajo el modelo de Panóptico.8

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Estos son tan sólo unos ejemplos de aquello que hace parte de la memoria colectiva de los bogotanos; pero existe otro factor importante a tener en cuenta: la experiencia propia. Aun-que todos estos elementos converjan en un es-pacio en común, es nuestra vida particular e historia la que nos une emotivamente a ella. Lo que para muchos es una calle cualquiera, parte de un recorrido usual o simplemente un lugar poco visitado, para alguien más tiene un significado especial. Las múltiples representa-ciones con las que se carga un espacio debi-do a las diversas percepciones de los diferentes habitantes de la ciudad nos recuerdan que no existe una Bogotá igual para todos, sino millo-nes de ellas, que rondan, se encuentran o se desconocen entre sí.

Para mí, por ejemplo, el barrio Villa del Prado es un lugar importante por cuanto viví toda mi niñez allí. Recuerdo mi conjunto, la distri-bución de sus casas, así como la mía, perfecta-mente; una casa grande de dos pisos y mi

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En ese conjunto vivían muchos niños de mi edad y otros ya mayores que eran amigos de mi hermano; aunque estos grupos vivían nor-malmente divididos, también sucedía que to-dos nos juntábamos para jugar Escondidas, Yermis, la Lleva y todos aquellos juegos tradi-cionales. Recuerdo uno en particular porque parece haber sido producto de nuestra pro-pia creatividad, no conozco a nadie más que lo haya jugado, y lo llamábamos “Perseguir el Avión”. Cuando jugábamos a perseguir un avión, todos íbamos al extremo de la calle que daba al parque y nos sentábamos a esperar es-cuchar un avión, cuando esto sucedía todos nos poníamos de pie y verificábamos que el avión iba en la misma dirección que la calle del conjunto, una vez éste pasaba por encima de nosotros le dábamos algo de ventaja y luego todos corríamos al otro extremo. La meta era llegar a la reja antes que el avión lo hiciera. Por supuesto no había forma de verificar quien ha-bía logrado vencerlo, así que confiábamos en la honestidad del que se estrellaba contra la

re-3. Así es Bogotá.2008 (p.230). Bogotá-Co-lombia: Gamma y Consuelo Mendoza Edi-ciones.

4. Caballero, Antonio. 2007.Guía Literaria

de Bogotá, Un recorrido personal de An-tonio Caballero (p.30). Bogotá-Colombia: Aguilar.

5. Así es Bogotá.2008 (p.230).

Bogotá-Co-lombia: Gamma y Consuelo Mendoza Edi-ciones.

6. Fundación Misión Colombia.1988.

His-toria de Bogotá. Tomo II Siglo XIX (p.111). Bogotá: Villegas Editores.

7. Fundación Misión Colombia.1988.

Histo-ria de Bogotá. Tomo III Siglo XX (p.47). Bo-gotá: Villegas Editores.

8. Caballero, Antonio. 2007.Guía Literaria

de Bogotá, Un recorrido personal de An-tonio Caballero (p.84). Bogotá-Colombia: Aguilar.

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ja gritando “¡gané!”; y luego todos regresába-mos otra vez a esperar.

Milagrosamente, podíamos repetir el juego va-rias veces en una misma tarde. Cuando cam-bié de casa y fui a vivir al Barrio Colina Cam-pestre tenía once años y en ese momento mi vida de juegos terminó, nunca hice amigos allí y creo que esto se debe a que ahora vivo en el sexto piso de una torre de apartamentos, don-de aún compartiendo mi piso con tres familias más, se hace difícil entablar relaciones que va-yan más allá del saludo. Pareciera que la inti-midad se hace un tema sensible en este tipo de construcciones donde hay que compartir un espacio reducido. La fuerza de la arquitectu-ra se evidencia de esta manearquitectu-ra: las formas de un lugar nos condicionan a vivir de cierta ma-nera.

Cuando los lugares cambian, sea porque se im-ponen en la ciudad a manera de proyectos de urbanización, o bien porque durante nuestra

vida cambiamos el lugar de residencia, de es-tudio, de trabajo o de ocio, cambian asimis-mo nuestra forma de vivir la ciudad. La arqui-tectura tiene una influencia en nosotros, cada innovación del paisaje urbano es también una alteración de nuestros desplazamientos, de la forma como reconocemos la ciudad, de los lu-gares que nos gusta visitar, es, en general, una trasformación de nuestras costumbres. Con-templar esto nos hace percatar, cada vez que vemos una construcción que se lleva a cabo, que ésta tendrá una incidencia en nosotros y que es un evento de cambio significativo y tras-cendental, inevitable.

Con base en esto, podemos reflexionar cómo parte de la cultura bogotana es también un producto de la metamorfosis que ha sufrido la ciudad. Por ejemplo, recordemos que Bogotá en sus comienzos era una pequeña ciudad ro-deada de ríos, muchos de los cuales ya han si-do reubicasi-dos subterráneamente o drenasi-dos. Hasta principios del siglo XX el lago del Luna

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Park, creado al represar el Río Fucha, era uno de los dos importantes centros de recreación ciudadana; allí se hacían paseos en canoa, re-gatas, y las personas se bañaban lúdicamente en sus aguas –una costumbre hoy ya extinta en Bogotá. Con el fin de urbanizar la zona el la-go fue secado con los escombros del Bola-gotazo; en el lugar actualmente pasa la carrera 21, en el barrio San Antonio de Padua.10

Considere-mos en otro ejemplo que el lugar más común hoy para ver una película es el omnipresente centro comercial, cuando no hace demasia-do tiempo se hacía en espacios como el Tea-tro Faenza,inaugurado en 1924 con el estreno de la película colombiana La Tragedia del Silen-cio. El Faenza fue la primera obra de arquitec-tura art noveau del país, y por muchos años el escenario cultural más importante de Bogo-tá, lugar privilegiado para el cine, las obras de teatro y los espectáculos (no obstante haber si-do declarasi-do monumento nacional y obra de conservación arquitectónica fue abandonado después de la década de los ochenta;

recien-Figura 10. Teatro Faenza. Calle 22, carre-ras 5a y 7a.

Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo III Siglo XX (p.60). Bogotá: Villegas Editores. Figura 11. Fachada Teatro Faenza. Ibíd.

Figura 12. Luna Park, al sur de Bogotá, si-glo XX.

Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo II Siglo XX (p.42). Bogotá: Villegas Editores.

10. Fundación Misión Colombia.1988.

His-toria de Bogotá. Tomo II Siglo XX (p.42). Bogotá: Villegas Editores.

Revista Cromos (No. 4717). Agos-to 09 de 2008. Imagen y descrip-ción, dos recursos en línea, dispo-nibles en: http://www.colarte.com/ colarte/foto.asp?idfoto=266430 y http:// www.skyscrapercity.com/showthread. php?t=299315&page=5&langid=5

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Imaginario

Todas estas cualidades que definen a una ciudad a través de sus habitantes es lo que Armando Silva ha denotado como el imagi-nario de ciudad, un tipo de urbanismo ciu-dadano, de los habitantes y sus propias re-presentaciones. Armando Silva afirma que la percepción de las personas proyectada en la ciudad es imaginaria por tres motivos: “por-que cada individuo es hijo de las cualidades de su cultura, porque cada persona vive lo que entiende como su realidad, y también por una tercera opción no menos importan-te: porque aquello que cada cual imagina es la visión con que piensa el futuro.”(Silva, 2003, p. 39)

El imaginario funciona entonces como un ar-chivo de memoria donde los recuerdos, forja-dos de vivencias y recorriforja-dos, y bajo la influen-cia de una cultura, son evocados diariamente pues predefinen y caracterizan el uso que le damos a la ciudad, así como nuestra forma de relacionarnos en y con ella. Es lo pasado, entrelazado con lo actual, lo que determina nuestra forma de ver el presente.

El imaginario y su condición de proyectarse al futuro es muy relevante para el desarrollo de este trabajo en tanto sugiere que es el ciuda-dano quien, con base en sus anhelos y deseos, piensa el porvenir y busca en las falencias de su ciudad actual el cambio, el progreso, esa ciudad ideal que será un mejor lugar para vi-vir. Los bogotanos hoy soñamos una ciudad con un mejor sistema de transporte y movi-lidad, una ciudad segura donde podamos ca-minar tranquilos, sobresaliente en cuanto a la calidad de vida que otorga a sus habitantes y con una cara amigable para quienes la visiten. temente fue adquirido por la Universidad

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Han sido estos mismos los sueños y anhelos de los antiguos moradores de esa ciudad utó-pica en cada momento histórico la que ha impulsado y generado su dramática transfor-mación hasta nuestros días.

“La ciudad no es solamente el lugar de la his-toria, el lugar donde la utopía es posible, si-no el lugar por excelencia. Es además nuestra morada, nuestro establecimiento humano. La ciudad con su gente, sus instituciones, calles, monumentos, con su cultura, con su arquitectura, con su paisaje y sus escenarios naturales, con la silueta que ha ido constru-yendo en el tiempo, es la gran propuesta civi-lizadora de la humanidad.”(Giraldo y Vivies-cas, 1999, p. 130).

Sin embargo, para quienes habitan por mu-cho tiempo en una ciudad (o como en mi ca-so, toda su vida) la complejidad de este espa-cio, con sus múltiples formas de percepción y su apariencia física en sí, se reduce a ser

tan solo nuestra cotidianidad. La ciudad co-mo un lugar diariamente recorrido se con-vierte entonces en el escenario constante de nuestra vida en el cual nos sabemos despla-zar, en donde ubicamos los lugares que fre-cuentamos y apartamos aquellos que nunca visitamos (y que tal vez nunca visitaremos), reduciendo de esta forma en nuestra con-ciencia los límites de la ciudad a lo que co-nocemos de ésta y que constituye ese paisa-je urbano recurrente donde transcurre lo que entendemos como nuestra realidad.

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cambiar lo que encubre la gran influencia que todo esto tiene sobre nosotros.

Iconografía: Una ciudad con imágenes es una ciudad con historia

Hablamos de ciudad con toda propiedad, y aun cuando no podamos abordar toda su com-plejidad en una frase o definición, sabemos, como afirma Rosa Olivares, que la ciudad es símbolo de humanidad y civilización, que es el lugar donde se sitúa el comercio, donde la cul-tura se desarrolla, y donde el poder se concen-tra.12 Pero recordemos que nuestro concepto

de ciudad proviene de una tradición europea que dejó atrás una forma de vida que hasta hoy, en gran medida, desconocemos. El con-quistador tenía muy clara su misión de fundar ciudades: “Quien no poblare, no hará buena conquista, y no conquistando la tierra, no se convertirá la gente; así que la máxima del con-quistador ha de ser poblar”(Carvajal, 1996, p. 41); así cita José Ignacio Avellaneda al

cronis-ta Francisco López de Gómara. En 1539 Gon-zalo Jiménez de Quezada funda la ciudad de Bogotá sobre un terreno fértil, bien irrigado y con recursos naturales suficientes para la cons-trucción; distinguiendo, en principio, el lugar de la plaza central desde donde se expandiría la ciudad que dejaría atrás un pasado muisca.

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calles y edificios, y los accidentes geográficos del lugar, sus cordilleras que hasta hoy perma-necen como característica inalterable del pai-saje bogotano.

Sin embargo, me parece pertinente hacer un paréntesis para exponer tan sólo algunos ejem-plos de manifestaciones anteriores al estableci-miento de la ciudad que también dieron cuen-ta del territorio. Este pasaje de la Leyenda de Gautavita, parte de la mitología muisca, des-cribe de manera muy precisa la apariencia de este lugar:

“(…)hacia la fría cúspide de la mítica montaña, en donde está clavada la glauca y misteriosa Laguna de Guatavita, cercada por un bosque inmortal, hadado y perfumado, habitado por bandadas de aves, piaras de armadillos, flo-tillas de ardillas, nubes de insectos, miles de serpientes, arco iris de mariposas, venados y enjambres de batracios que hacían coro magis-tral, sinfónico y melódico, dando un concierto

11. Caballero, Antonio. 2007.Guía Literaria

de Bogotá, Un recorrido personal de An-tonio Caballero (p.86). Bogotá-Colombia: Aguilar.

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12. Olivares, Rosa. 2005. La Ciudad Ideal. Revista EXIT Ciudades No. 17, p.16.

Figura 13. Vista por la parte occidental de la ciudad de Santa Fe de Bogotá, Capital del Nuevo Reino de Granada. Joseph Apa-ricio Morata, 1772.

Imagen y descripción tomada de Funda-ción Misión Colombia.1988. Historia de Bo-gotá. Tomo I Conquista y Colonia (p.93). Bogotá: Villegas Editores.

Figura 14. Mapa de Bogotá en 1797 cuan-do la ciudad no tenía más de 25.000 habi-tantes. Por Carlos Francisco Cabrer. Imagen y descripción tomada de Funda-ción Misión Colombia.1988. Historia de Bo-gotá. Tomo II Siglo XIX (p.13). Bogotá: Vi-llegas Editores.

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da aquella tierra y valles de Bogotá, es tierra ra-sa y sin montaña ninguna, y las sierras le caen lexos.” (Escuela de Estudios Hispano America-nos, 1972, p. 228)

Y finalmente los grabados de Théodore de Bry (1528 – 1598) en los que retrató las masacres y torturas a las que sometían a los indígenas los conquistadores durante su búsqueda de El Dorado.

Las imágenes funcionan como documentos que forman parte de una memoria colectiva, siendo éstas el medio que nos permite evocar el pasado de la ciudad y reconocer sus cam-bios, razón por la cual han sido pieza clave du-rante mi proceso, porque aun cuando seamos conscientes de que las ciudades se transfor-man y se expanden, las imágenes no pierden su fuerza y su capacidad de asombrarnos cuan-do comparamos nuestra realidad con aquello que ya no está.

musical maravilloso que conmovía y enterne-cía a todos los espíritus de la creación”(Mitos y Leyendas de Colombia, 2007, p. 66)

También podríamos remitirnos a las crónicas de los conquistadores que hacen referencia a los relatos de Gonzalo Jiménez de Quesada en los inicios de la conquista del Nuevo Reino de Granada; este es un fragmento de la versión de Fernández de Oviedo:

“Es aquel nuevo reyno partido en dos provin-cias, la una se llama de Bogotá, porque assi lla-man a la que la señorea, y la otra se dice Tun-ja, por la misma racon. La mayor provincia es la de Bogotá: es grand señor y sobre muchos caciques y señores; y la tierra muy buena y har-to mayor que la de Tunja. (…) Está assentada la tierra á valles, y en cada valle un cacique ó señor que la manda, de los subjetos a Bogo-tá; pero el vale en que el mismo Bogotá vive é reside, tiene otros caciques que también en él el mayor o quatro de ancho por portes.

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El texto de Yezid Campos Zornosa “Obser-vatorio de cultura Urbana” (1998, p.13) ha-ce una reflexión muy interesante aha-cerca de la iconografía: “La iconografía de la ciudad es al mismo tiempo un álbum familiar y un álbum de monas. Su sentido familiar lo aprecian quienes se sienten parte de la ciudad, quie-nes son su familia. Para otros no pasará de ser una bonita colección de imágenes que hacen un conjunto agradable, o un recuerdo nostál-gico de aquello que fue...”

Cuando repaso los álbumes que se conservan en mi familia, veo personajes que nunca co-nocí, los padres de mis abuelos o una tía, una hermana de mi papá que murió muy joven. Pero también veo en ellos miembros de mi fa-milia y puedo, al menos, intuir lo que fue su vida a través de las fotografías. Asimismo cuan-do observo las imágenes de Bogotá, veo perso-nas y eventos con los cuales me relaciono por-que son parte de una historia por-que también es la mía y me define.

Si pensamos en las imágenes más antiguas de Bogotá, pensamos en grabados, dibujos y pin-turas; obras con técnicas que por su compleji-dad y características perecedera se manifiestan escasas en el registro. A continuación enuncia-ré algunos artistas que han contribuido a re-tratar la ciudad:

• Del siglo XVII existe un grabado de E. Or

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-tega que muestra un pequeño arco que ante-riormente comunicaba la iglesia Tercera con

Figura 15-16. Tiempos de conquista. Gra-bado de Théodore de Bry, circa 1550. Imágenes tomadas de Fundación Misión Colombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo I Conquista y Colonia (p.52). Bogotá: Ville-gas Editores

Figura 17. Calle del Arco, actual Calle 16. Grabado de E. Ortega, siglo XVII. Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo I Conquista y Colonia (p.110). Bogotá: Ville-gas Editores

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el convento San Francisco, el cual le dio el nombre a la calle que pasaba bajo éste “La Ca-lle del Arco”, actual caCa-lle 16. Fue demolido en 1863.13

• José María Espinoza (1796-1883). Reconoci

-do caricaturista que retrató a una gran canti-dad de personajes de la ciucanti-dad, entre ellos El Loco Rompe-galas y El Bobito de Susumagá.14

• Ramón Torres Méndez (1809-1885). Pintor costumbrista reconocido por sus láminas don-de retrata hechos cotidianos como en Campe-sinos Conduciendo Naranjas al Mercado de Bogo-tá, Conducción de Muebles y Baile de Campesinos. Un óleo de este artista que llamó mi atención es Paseo Campestre al Río Bogotá, pues era este lugar, junto con el Salto del Tequendama, de los lugares de encuentro favoritos de los bo-gotanos; una costumbre que hoy parece des-cabellada considerando la contaminación ac-tual de sus aguas.15

13. Fundación Misión Colombia.1988. His-toria de Bogotá. Tomo I Conquista y Colo-nia (p.110). Bogotá: Villegas Editores.

14. Fundación Misión Colombia.1988. His-toria de Bogotá. Tomo II Siglo XIX (p.88-89). Bogotá: Villegas Editores.

[image:25.510.64.469.126.313.2]

15. Ibíd (p.78, 79, 90, 94).

Figura 18. Don Guillermo Madero. Tinta china y acuarela de José María Espinosa, circa 1860.

Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo II Siglo XIX (p.88-89). Bogotá: Villegas Edi-tores.

Figura 19. Bobito Susumagá. Acuarela y tinta de José María Espinosa, circa 1860. Ibíd.

Figura 20. El Loco Rompe-Galas. Tinta china y acuarela de José María Espinosa, circa 1860.

Ibíd.

Figura 21. Don Carlos Barba. Tinta chi-na y acuarela de José María Espinosa, cir-ca 1860.

Ibíd.

(26)
[image:26.510.44.299.139.311.2]

Figura 22. Paseo Campestre al Río Bo-gotá. Óleo de Ramón Torres Méndez, cir-ca 1870.

[image:26.510.42.301.307.526.2]

Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo II Siglo XIX (p.94). Bogotá: Villegas Editores

Figura 23. Río Bogotá. Óleo de Roberto Páramo, circa 1910.

Ibíd (p.165). 22

(27)

•Roberto Páramo (1859- 1939). Pintor retra -tista y costumbrista, sobre todo reconocido por haber sido parte de la Escuela de la Saba-na, quien retrataba con sus compañeros de es-cuela aquello que entonces correspondía a las afueras de Bogotá, hoy territorio urbanizado.

• Un artista, que a mi parecer, devela una fir

-me intención de hacer de sus pinturas un regis-tro arquitectónico de Bogotá, fue Luis Núñez Borda (1872-1970). En su mayor parte repre-sentan primeros planos de lugares específicos de la ciudad como la Capilla de Nuestra Señora del Carmen que data del siglo XVII; la Capilla de San Ignacio, hasta hoy lugar emblemático de la ciudad inaugurado en 1635 y cuya cúpula actual fue reconstruida en 1795; el Camarín del Carmen (s. XVII); la Casa de la Real Audiencia o la Plaza de San Victorino y finalmente la Ca-lle 11 que evidencia el antiguo sistema de des-agüe capitalino.16

24 25

(28)

•Un grabado de A Bertrand del siglo XIX re -trata la Calle Real, actual carrera 7ª, exponien-do un elemento interesante: seis faroles de ve-la de sebo que en el año 1822 constituían el sistema de alumbrado en la ciudad. La gente desde sus casas sacaba faroles propios para co-laborar con el esfuerzo de iluminar las calles de la ciudad, pues se rehusaba vehementemen-te a pagar impuestos por alumbrado público.17

•Enrique Gómez Campuzano (1905-1982). Pintor, ceramista, caricaturista y dibujante que ilustró una antigua leyenda bogotana, La Mu-la Herrada, espanto nocturno que deambulaba en las noches por las calles y a su paso levanta-ba chispas del empedrado, perturlevanta-bando así el sueño de los moradores.18

Lo interesante de estas imágenes es que ad-quieren veracidad por cuanto muchas veces no tenemos otra imagen o referente actual con qué compararlas; entonces se convierten en la forma como reconocemos la Bogotá del

16. Fundación Misión Colombia.1988.

His-toria de Bogotá. Tomo I Conquista y Colo-nia (p.94, 109, 137, 163). Bogotá: Villegas Editores.

17. Fundación Misión Colombia.1988.

His-toria de Bogotá. Tomo II Siglo XIX (p.44). Bogotá: Villegas Editores.

18. Fundación Misión Colombia.1988.

[image:28.510.44.270.135.311.2]

His-toria de Bogotá. Tomo I Conquista y Colo-nia (p.120).

Figura 24. El caño y la pendiente, dos ele-mentos esenciales para el desagüe y la limpieza de Bogotá. Óleo de Luis Núñez Borda, circa 1938.

Imagen y descripción tomadas de Funda-ción Misión Colombia.1988. Historia de Bo-gotá. Tomo I Conquista y Colonia (p.102). Bogotá: Villegas Editores.

Figura 25. Capilla Nuestra Señora del Carmen. Óleo de Luis Núñez Borda, cir-ca 1938.

Ibíd (p. 94).

Figura 26. La Iglesia de San Ignacio. Óleo de Luis Núñez Borda, circa 1938. Ibíd (p. 109)

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pasado, aun cuando en éstas intervengan deci-didamente factores como la percepción indivi-dual del artista, su interés representativo per-sonal y su técnica o habilidad particular para generar una imagen veraz de aquello que con-templaba. Con la fotografía, las imágenes co-mo documento adquirieron una ‘objetividad’ mayor, y además su técnica estuvo al alcance de muchos permitiendo que la ciudad fuese re-tratada de manera masiva (recordemos el lema de la compañía Kodak fundada en 1888 por George Eastman “Usted solo oprima el botón, nosotros hacemos el resto”).19

En el 2005 la Secretaría de Cultura, Recrea-ción y Deporte, junto al Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, abrió una convocatoria para que los bogotanos compartieran sus imá-genes e hicieran parte del Álbum Familiar de Bogotá, con la intención de configurar el ar-chivo más grande de imágenes capitalinas, donde la memoria sea preservada como base de una identidad que es al mismo tiempo co-lectiva e individual.20

Así las cosas, vale la pena mencionar algunos fotógrafos importantes para la ciudad:

• La primera fotografía exterior que se conoce de Bogotá es del año 1842, un daguerrotipo de la Calle de Los Chorritos, actual calle 13, to-mada por el barón Jean-Louis Gros, ministro plenipotenciario de Francia.21

•El 20 de Mayo de 1900 ocurrió una catástro-fe en Bogotá, registrada por el fotógrafo Hen-ry Duperly: el incendio del edificio de las Ga-lerías, ubicado en la Plaza de Bolívar, donde se perdió una gran parte del patrimonio his-tórico, no sólo de la ciudad sino del país, in-cluyendo el acta de independencia del 20 de julio. También registró la antigua Avenida Bo-yacá, actual calle 26, y que iba de la carrera 7ª a 13; durante la primera mitad del siglo XX fue una lujosa calle que contenía amplios andenes y árboles que la decoraban.22

•La extensa obra del fotógrafo Paul Beer se ocupó, como la del pintor Luis Núñez Borda

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(anteriormente mencionado), por hacer un re-gistro de la ciudad desde su arquitectura. Hace patente la ola de modernidad que comenzó en Bogotá hacia el año 1940 con la construcción de grandes edificios y avenidas que poco a po-co fueron sustituyendo su antigua apariencia de aldea para transformarla en una metrópo-li.23

Recorriendo la iconografía de Bogotá, me em-belesaba pensar en los procesos, en cómo du-rante cientos de años la ciudad se ha ido trans-formado -sobre todo durante la mitad del siglo XX cuando comienza la tendencia modernis-ta en Bogotá; imaginaba partes de Bogotá ca-yendo y otras nuevas levantándose en un ciclo constante y eterno, con seguridad llevándose la ciudad donde ahora vivo para hacerla tan sólo visible, para los futuros moradores, a tra-vés de imágenes.

Estudiar este pasado también me indujo una experiencia nueva al recorrer mi ciudad: veo un edificio o lugar que he asumido desde

19. Bogotá Vista a Través del Álbum

Fa-miliar. Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte. Disponible en http://www.cul- turarecreacionydeporte.gov.co/portal/no-de/225

20. Ibíd.

[image:30.510.101.396.141.313.2]

21. Fundación Misión Colombia.1988. Histo-ria de Bogotá. Tomo II Siglo XIX (p.35). Bo-gotá: Villegas Editores

Figura 28. La Mula Herrada; leyenda fa-mosa de la Santafé colonial. Plumilla de Enrique Gómez Campuzano, circa 1945. Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo I Conquista y Colonia (p.120). Bogotá: Ville-gas Editores

Figura 29. Calle de los Chorritos o del Ob-servatorio. Fotografía del barón Jean-Louis Gros, 1842.

Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo II Siglo XIX (p.35). Bogotá: Villegas Editores.

Figura 30. Edificio de las Galerías. Foto-grafía de Henry Duperly, circa 1900. Ibíd (p. 40-41).

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siempre en Bogotá, y a través de esta investi-gación descubro que solía lucir completamen-te diferencompletamen-te. Ver imágenes del pasado produce en mí un sentimiento de nostalgia por cuanto revelan una belleza arquitectónica que me gus-taría hoy poder recorrer.

Por ejemplo, el Antiguo Convento de Santo Domingo -una de las edificaciones coloniales con la arquitectura más elaborada y cuidado-sa-, que 1823 a 1890 fue sede del Congreso Na-cional –que a su vez se trasladó al capitolio-, para luego pasar a adecuarse como Edificio de los Correos hasta 1938, cuando fue demolido para construir el aun vigente Edificio Murillo Toro.24

El Hotel Granada, anteriormente ubicado so-bre el Parque Santander, demolido a mitad del siglo XX como única salida para ampliar la Avenida Jiménez, donde hoy se encuentra el edificio del Banco de la República. Lugar de reunión donde se llevaban a cabo conciertos

y bailes, cuya importancia se remonta hasta la colonia cuando en aquella esquina funcionaba La Plaza de Las Yerbas, antiguo corazón comer-cial de la ciudad colonial.25

La antigua iglesia Santa Inés, erigida en 1645, se muestra intacta en esta fotografía que mues-tra casi concluida la construcción de la carre-ra décima. Pareciecarre-ra evidente el gcarre-ran esfuerzo que se hizo por preservarla hasta el último mo-mento. Fue demolida en el año 1947.26

“Imaginarse la metamorfosis que es la vida en nuestra tierra, en toda su inmensa escala, es imaginarse tanto la creación como la destruc-ción, y el imaginárselas juntas es ver su rela-ción íntima en el terreno común del cambio, abrupto y gradual, bello y desastroso; es ver la riqueza generativa de las ruinas y la ruinosa na-turaleza de todo cambio.”(Solnit, 2006, p. 118)

(32)

La ciudad como tema para el arte

Los hombres de todos los tiempos han cifrado su experiencia y cosmología a través de imáge-nes, y el arte ha sido, en gran medida, el me-dio privilegiado para hacerlo hasta hoy. El ar-tista por medio de las imágenes que crea -sean figurativas, abstractas o conceptuales- nos ha-bla de su propia visión del mundo, y vastas cantidades de obras artísticas han tomado co-mo tema a la ciudad.

Un movimiento artístico muy representativo en este sentido, que se caracterizó por una mi-rada apasionada al desarrollo tecnológico, fue liderado por Filippo Tommaso Marinetti, en Italia, llamado “Futurismo”. La máxima de es-te movimiento era rendirle culto a la máquina como un agente tecnológico que podría sol-ventar todos los problemas sociales. Para Ma-rinetti el gran enemigo era el pasado pues es-taba convencido de que la tecnología había creado una nueva clase de hombre, un

visio-22. Ibíd (p. 40-41)

23. Fundación Misión Colombia.1988.

His-toria de Bogotá. Tomo III Siglo XX (p.48-49). Bogotá: Villegas Editores.

24. Fundación Misión Colombia.1988.

[image:32.510.48.456.130.312.2]

His-toria de Bogotá. Tomo I Conquista y Colo-nia (p.101). Bogotá: Villegas Editores.

Figura 31. Carrera décima en construc-ción con la iglesia Santa Inés en primer plano. Fotografía de Paul Beer, circa 1950. Imagen tomada de Metamorfosis de una ciudad. 2005. Bogotá-Colombia: Alcaldía Mayor.

Figura 32. Iglesia de Santa Inés. Foto de Paul Beer, circa 1645.

Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo I Conquista y Colonia (p.270). Bogotá: Ville-gas Editores

Figura 33. Patio del Convento de Santo Domingo. Óleo de Luis Núñez Borda, circa 1938. Ibíd (p.101).

Figura 34. Actual edificio Murillo Toro. Imagen tomada de: http://www.panoramio. com/photo/7656017

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nario de un nuevo mundo que debía desechar todo aquello que apelara a la memoria de un pasado inútil: “Deseamos demoler los museos y las bibliotecas, combatir la moralidad y todas las cobardías oportunistas y utilitarias” (Setti-melli, 2007, p.24), dice el corolario del mani-fiesto futurista publicado en 1909 en el diario parisino “Le Figaro”.

Robert Hughes explica en su libro “The Shock of the New” que posiblemente los futuristas no habrían amado el futuro de tal manera si no vinieran de un país atrasado tecnológica-mente como Italia, lo que les hacía maravillar-se por cómo la tecnología comenzaba a inter-venir el paisaje; por ejemplo, con la llegada de los trenes cuyas carrileras se entremezclaban con el verde de las praderas y formaban gran-des puentes metálicos que comunicaban mon-tañas por donde se desplazaba esa gran máqui-na y sus turbimáqui-nas despidiendo humo que los futuristas interpretaban como los nuevos pul-mones del mundo.27

25. Caballero, Antonio. 2007.Guía Literaria

de Bogotá, Un recorrido personal de An-tonio Caballero (p.66). Bogotá-Colombia: Aguilar

26. Fundación Misión Colombia.1988. His-toria de Bogotá. Tomo I Conquista y Colo-nia (p.270). Bogotá: Villegas Editores

27. Hughes, Robert. 1991. The Shock of the New (p. 43). Unites States of America: Mc-Graw-Hill

28. Proyecto Bogotá de Gustavo Zala-mea. ReoCities. Disponible en: http://reo-cities.com/SoHo/square/8499/bogota. html#Proyecto

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[image:34.510.42.300.135.311.2]

Figura 35. Hotel Granada. 1948. Imagen tomada de Caballero, Antonio. 2007.Guía Literaria de Bogotá, Un re-corrido personal de Antonio Caballero (p.66). Bogotá-Colombia: Aguilar Figura 36. Actual Banco de la Repú-blica.

Imagen tomada de http://es.wikipedia. org/wiki/Archivo:Banco_de_la_ Rep%C3%BAblica_en_Bogot%C3%A1. JPG

Figura 37. The City Rises. Óleo de Um-berto Boccioni. 1910.

Imagen tomada de http://www.wallpa-pers-free.co.uk/background/futurist_art/ umberto_boccioni/the-city-rises-2/

“No tenemos inconveniente en declarar que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una nueva belleza: la belleza de la velocidad. Un automóvil de carrera, con su caja adorna-da de gruesos tubos que se dirían serpientes de aliento explosivo... un automóvil de carre-ra, que parece correr sobre la metralla, es más hermoso que la Victoria de Samotracia.” (Set-timelli, 2007, p.23)

En Bogotá, el artista Gustavo Zalamea recla-ma el poder de pensar y representar su ciudad ideal a partir de las posibilidades que ofrece el arte, haciéndola posible a nivel visual y co-municativo, llamando la atención sobre el he-cho de que las ciudades no son sólo el pro-ducto del oficio de los arquitectos y urbanistas. Zalamea propone que la ciudad no debe en-tenderse tan sólo como un lugar físico donde ocurren encuentros y se llevan a cabo relacio-nes, sino que además puede proponerse como realización artística en un collage de elemen-tos visuales que la alimenten y hagan de ésta

una multitud de utopías. En 1994 en la Gale-ría Sextante de Bogotá, Zalamea expuso el lla-mado “Proyecto Bogotá” que constaba de una serie de imágenes realizadas con diferentes téc-nicas -serigrafía, dibujo, instalación y pintu-ra- cuestionando las tradicionales nociones de ciudad desde lo espacial, lo urbano y lo social. Con este proyecto el artista propuso su visión particular de la ciudad, recordando los sucesos de violencia vividos en ésta y enunciando su deterioro y falencias mediante imágenes que mezclan lo irreal con lo actual, buscando sus-citar una mirada crítica por parte de los espec-tadores.

(35)

catástrofe y las dificultades que viven las perso-nas todos los días en la capital.28

Por medio del arte el tema de la ciudad tam-bién ha sido abordado con intenciones que van más allá del registro. Estos dos ejemplos son só-lo una muestra de cómo el artista se apropia de la ciudad y representa su particular visión de ésta, a veces con una intensión crítica, o sim-plemente como una forma de comunicar un punto de vista que, para en el caso de Zalamea, hacen de ésta además un escenario de exposi-ción. Estas imágenes también hacen parte de la iconografía de un lugar pues son la muestra de la compleja relación entre las personas y su ur-be, son documentos de épocas y vivencias que generan inquietudes, sentimientos y cuestiona-mientos, lo que les añade un valor histórico.

Iconografía viva

Ninguna ciudad revela transformación sola-mente desde de su expansión; Bogotá, por 29. Fundación Misión Colombia.1988.

His-toria de Bogotá. Tomo III Siglo XX (p. 29). Bogotá: Villegas Editores.

30. Fundación Misión Colombia.1988.

His-toria de Bogotá. Tomo I Conquista y Colo-nia (p.47). Bogotá: Villegas Editores

31. Fundación Misión Colombia.1988.

[image:35.510.107.417.198.314.2]

His-toria de Bogotá. Tomo III Siglo XX (p.47). Bogotá: Villegas Editores

Figura 38-40. Postales, Proyecto Bogotá de Gustavo Zalamea, 1994.

Imágenes tomadas de: ReoCities. Dispo-nible en: http://reocities.com/SoHo/squa-re/8499/bogota.html#Proyecto

Figura 41. En 1894 la Plaza de Bolívar era la más bella de ciudad debido a la remo-delación ordenada por el presidente Ra-fael Núñez. Contaba con un parque de be-llísimos árboles, pilas de bronce y asientos de madera, rodeado por una hermosa ver-ja de hierro; en su centro se levantaba la estatua del Libertador Simón Bolívar del escultor italiano Pietro Tenerani. Imagen y descripción tomada de Funda-ción Misión Colombia.1988. Historia de Bo-gotá. Tomo II Siglo XIX (p.28). Bogotá: Vi-llegas Editores.

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ejemplo, no es simplemente una ciudad que desde la colonia ha venido creciendo. En cam-bio, puede entenderse también como una su-perposición de ciudades que se instalan una sobre la ruina de otra, como capas de diferen-tes pasados cubiertos por lo que se ve en la ac-tualidad: llegará el momento en que esto mis-mo sea el cimiento de lo que vendrá.

Pienso entonces que el valor iconográfico no sólo debe atribuírsele a imágenes que encon-tramos en libros, archivos o museos, sino tam-bién a aquellas edificaciones que han tenido la suerte de permanecer allí, de cierta forma inmunes al desarrollo de la ciudad, que nos permiten aún hoy ver y reconocer lo que an-tes hubo.

En Bogotá encontramos documentos vivos de otras épocas como el barrio La Candelaria, pa-trimonio cultural e histórico de la ciudad, que conserva muchas de sus tradicionales calles an-gostas y casas de colores, donde aún hoy

per-manece la Plaza de Bolívar como sede princi-pal de acontecimientos políticos y religiosos del país.

En algunos barrios tradicionales de la ciudad se preservan elementos arquitectónicos co-mo la Iglesia de Lourdes en Chapinero, úni-co templo de estilo gótiúni-co morisúni-co en Bogotá construido por iniciativa del arzobispo Vicen-te Arbeláez en el año 1884 y cuya torre prin-cipal se culminó en el año 1917.29 Alrededor

suyo creció el sector popularmente conocido como Chapilourdes con quintas que se cons-truyen casi al tiempo con la iglesia, con la in-tención de ser lugares de recreo y veraneo a las afueras de la ciudad. A principios del si-glo XX la expansión de la ciudad llega hasta ellas, haciéndose las quintas inmuebles resi-denciales; sus terrenos dieron lugar a barrios que llevaban el nombre de su respectiva quin-ta. El barrio Quinta Camacho, por ejemplo, si-gue vigente hasta nuestros días.30 El barrio La

Magdalena, edificado en los terrenos de la

(37)

cienda del mismo nombre, fue sede del primer hipódromo que tuvo Bogotá a finales del siglo XIX y conserva hasta hoy el 95% de su arqui-tectura original.31

Por último un ejemplo que me llama especial-mente la atención por su condición actual. La Hacienda Villa Adelaida, ubicada hoy sobre la calle 70 con avenida 7ª y escondida entre gran-des edificios -construida en 1914 cuando Cha-pinero era tan solo una pequeña población de casas a las afueras de Bogotá-, sirve en su parte trasera como parqueadero.32 Existe en la

actua-lidad un proyecto de remodelación que con-templa convertir parte de su terreno en un centro comercial, de forma similar a lo que ocurrió con la Hacienda Santa Bárbara -cons-truida en 1847 y declarada patrimonio nacio-nal en 1987-, que ahora es una razón de este ti-po y lleva este mismo nombre.33

“Las ruinas sirven como recordatorios. La me-moria es siempre incompleta, siempre

imper-32. Escovar, Alberto. Febrero 04 de 2006. Revista Semana. Disponible en: http://www.semana.com/wf_InfoBlog. aspx?IdBlg=18&IdEnt=104

33. Hacienda Santa Bárbara. Disponible en:

http://www.haciendasantabarbara.com.co/ historia.htm

(38)

fecta, siempre convirtiéndose en ruina. Sin embargo, las ruinas mismas, como muchos otros rasgos, son tesoros: Son nuestros nexos con lo que antes vino, nuestra guía para situar-nos en un paisaje tiempo. Borrar las ruinas es borrar los mecanismos públicos para desenca-denar la memoria, y una ciudad sin ruinas y rasgos de edad es como una mente sin memo-ria” (Solnit, 2006, p.24)

Ha sido mi intención durante el transcurso de este texto hacer énfasis en la ciudad como lu-gar de cambios, como un organismo vivo que se transforma constantemente en busca de un ideal, de una utopía en cada momento de su historia, referenciando a Bogotá como ejem-plo de esto. Pero sería una tarea demasiado ex-tensa mencionar todos los cambios que esta ciudad ha sufrido; aquellos que he menciona-do son los que me han resultamenciona-do más intere-santes, no sólo por mi proceso investigativo, sino en el transcurso de mi vida aquí. Es esen-cial que estas referencias al pasado se

[image:38.510.44.243.135.313.2]

entien-Figura 42. Nuestra Señora de Lourdes. Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo III Siglo XX (p. 28). Bogotá: Villegas Editores. Figura 43-44. Quintas Chapinero. Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo III Siglo XX (p. 29). Bogotá: Villegas Editores. Figura 45. Panorámica de los barrios La Magdalena y Teusaquillo.

Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo III Siglo XX (p.47). Bogotá: Villegas Editores. Figura 46. Villa Adelaida, 1925.

Imagen y tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988. Historia de Bogotá. Tomo I Conquista y Colonia (p.47). Bogotá: Ville-gas Editores.

[image:38.510.257.454.144.310.2]
(39)

dan como la evidencia de que los procesos de construcción han sido un fenómeno constan-te desde su establecimiento, y así, por un mo-mento reflexionar y preguntarnos cuántos de ellos se habrán tenido que llevar a cabo pa-ra concluir con la Bogotá contemporánea que habitamos millones de personas en la actuali-dad: una cantidad descomunal.

Últimas consideraciones

El desarrollo y sus avances tecnológicos es un proceso de grandes velocidades que ocasiona que nos acostumbremos a actualizar día a día nuestra memoria de la ciudad. Sin embargo es su constante remodelación la que nos hace ol-vidar el hecho de que las ciudades también su-fren de un proceso natural de descomposición que podemos apreciar, por ejemplo, cuando un edificio se encuentra en estado de abando-no: la pintura resquebrajada, las tuberías oxi-dadas, los vidrios rotos, las fachadas grises por el smog constatan el pasar del tiempo en

aque-llo que creemos inquebrantable y nos eviden-cian que las ciudades, como nosotros, están destinadas a envejecer.

Fernell Franco en dos de sus series de fotogra-fía tituladas “Retratos de Ciudad” y “Demo-liciones”, de los años 1988 y 2000 respectiva-mente, demuestra un interés por este tipo de edificaciones en estado de abandono; la serie se constituye de fotografías en blanco y negro que el artista luego interviene a mano con co-lor. Estas imágenes son llamativas por los to-nos opacos y sombríos, acentuando esa sen-sación lúgubre los edificios que el pasar del tiempo ha despellejado desvelando parte de su estructura de ladrillo que permite ver su esta-do imperfecto y débil, signo de un pronto de-rrumbamiento.34

Concluiré esta serie de ejemplos comentando que las reformas a las ciudades no siempre es-tán ligadas a su desarrollo o renovación, a ve-ces son con otro tipo de eventos como el

(40)

gotazo, que llegan a ocupar un lugar en la memoria. También podríamos mencionar de-sastres naturales, como el terremoto que azotó a Bogotá el 12 de julio de 1785 que ocasionó considerables daños en la ciudad destruyendo edificaciones como la iglesia Nuestra Señora de las Cruces, reconstruida a finales del siglo XIX.35 Asimismo el famoso incendio del

edi-ficio Avianca, descrito de manera precisa por un reportero cuando hacía su intervención en un noticiero de televisión: “(…)La tragedia del incendio del edificio Avianca, el más alto y hermoso de Bogotá que hoy se convirtió en una mole muerta y ennegrecida por la acción de las llamas que consumieron los pisos del 14 al 40 y dejó cuatro muertos.”36

La idea de este proyecto surge principalmente de un ejercicio de observación que me lleva a reflexionar sobre las tantas veces que he

segui-34. Visita a exposición: Una Impecable

So-ledad, Fernell Franco. Museo Nacional, 2010.

35. González Hernández, Sara. 1785:

terre-moto en Santafé. El suceso dio lugar a la publicación del primer periódico. Bibliote-ca Virtual del Banco de la RepúbliBibliote-ca. Dis-ponible en: http://www.banrepcultural.org/ blaavirtual/revistas/credencial/marzo2003/ terremoto.htm

36. Ecologiaplaneta. junio,2009.

[image:40.510.43.242.136.354.2]

Incen-dio en el edificio de Avianca: 1973. Pers-pectiva Historiográfica. (Video) Disponi-ble en: http://historiografica.wordpress. com/2009/06/18/incendio-en-el-edificio-de-avianca-1973/

Figura 47. Demoliciones de 2000 Fotogra-fía en blanco y negro pintada a mano Co-lección Fundación Fernell Franco. Imagen tomada de Una Impecable Sole-dad: Revista Arcadia. (2011). Disponible en: http://www.elespectador.com/impre- so/articuloimpreso175946-atentado-al-das-20-anos-despues

Figura 48. Sin título. Serie: Retratos de ciu-dad de 1998 Fotografía blanco y negro pintada a mano Colección Fundación Fer-nell.

Ibíd.

Figura 49. Incendio edificio Avianca, 1973. Caballero, Antonio. 2007.Guía Literaria de Bogotá, Un recorrido personal de Antonio Caballero (p.27). Bogotá-Colombia: Agui-lar.

(41)

do el curso de una construcción, viendo cada día un avance, una pieza nueva, y finalmente una estructura terminada; hasta que eventual-mente olvido que ella no siempre estuvo allí, y caigo, como todos, en una constante indife-rencia hacia los procesos que un día se me pre-sentaron de manera diferente y me hicieron cuestionar el escenario de mi presente, los mo-tivos de su transformación, y como éste tam-poco escapará de su condición efímera.

He buscado un acercamiento a la ciudad, en-contrando en ella aquello que la expone en consonancia con nuestra naturaleza humana, y así rescatar algo de la amnesia en la que vivi-mos, por cuenta, en gran medida, de los pro-cesos urbanistas modernos y de desarrollo que secretamente nos inculcan prácticas constan-tes de actualización y olvido. He exaltado el va-lor de la iconografía como un medio poderoso que nos permite entender la realidad en tanto ruina de un pasado arquitectónico, estético y además, cultural.

Figura 50. Construcción de la avenida 26 y destrucción de la rotonda de San Die-go, 1959. Imagen tomada de Fundación Misión Colombia.1988. Historia de Bogo-tá. Tomo III Siglo XX (p. 266). Bogotá: Ville-gas Editores.

Figura 51. Construcción de la carrera 10a y destrucción del Parque Centena-rio, 1949.

Ibíd.

[image:41.510.64.468.166.313.2]
(42)

El tránsito

La novedad

Todo aquello que se ha hablado sobre la ciu-dad nos muestra que sería un error usar pa-labras como “quietud” para describirla, pues ésta nos manifiesta, más bien, un comporta-miento del todo dinámico y versátil. Es esen-cial comprender la consecuencia histórica y cultural de los procesos de construcción para poder hablar concretamente sobre ellos.

Al pensar en tales procesos cautiva mi aten-ción cómo éstos, siendo un fenómeno cons-tante en la ciudad, de cierta manera no se sienten parte genuina de ésta sino que más bien los consideramos un incidente, un suce-so que dura un lapsuce-so de tiempo limitado y que debe terminar porque, como dice Marc Augé (2003, p.106) en su libro El tiempo en Ruinas,

“su estado inacabado depende de una prome-sa”, la promesa urbanista de entregar a la ciu-dad lo pactado.

Todo lo que ocurre, un evento, un suceso, be-néfico o catastrófico, llama nuestra atención en tanto es una novedad, como las noticias que pasan de ser temas del momento tan rápi-do como se vuelven hechos del pasarápi-do. Pienso que con los procesos de construcción ocurre lo mismo; mientras se están llevando a cabo son llamativos y captan la atención contemplativa de las personas, hecho que he podido compro-bar durante mi proceso pues siempre me han acompañado, cuando visito una obra en cons-trucción, otros espectadores que miran por un rato cómo los suelos se rompen, cómo se trans-porta la tierra, cómo los obreros martillan y crean, en fin, cómo por un tiempo la ciudad nos muestra lo que constituye los cimientos de su progreso.

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pu-dieran apreciarlo. El evento fue breve pues con los explosivos sólo hacen falta algunos segun-dos para que la estructura caiga y quede con-vertida en una montaña de escombros; pero asimismo fue breve la limpieza de éstos: en tan sólo unas semanas fueron recogidos y reempla-zados por un suelo de ladrillos que se presenta ahora como un espacio peatonal. Cuando vi-sité el lugar al día siguiente de su demolición, comprendí que las palabras “recoger” y “lim-piar” en este tipo de situaciones hacen referen-cia a algo más significativo: son el proceso de apalear, amontonar y transportar en camiones aquello que jamás volveremos a ver.

El enfrentamiento

Nuestra relación con las construcciones, en cierta medida, es una experiencia que nos ha-bla de enfrentamiento; en principio porque éstas entorpecen nuestras dinámicas cotidia-nas: aparecen los desvíos que representan re-corridos más largos o diferentes a los que ya

estamos habituados, los senderos peatonales apenas delimitados con un cinta nos exponen y el ruido de golpes estridentes son sin duda una incomodidad. Además, visualmente signi-fica tener que aceptar un espacio destruido de la ciudad, donde un ideal simétrico y anguloso se pierde en un escenario caótico de materiales y texturas que nos hacen difícil imaginar cómo lucirán una vez amoldados y acoplados en una estructura que permanecerá.

En tercer lugar es un enfrentamiento con nues-tra memoria, cuando intentamos recordar qué había anteriormente, quién vivía allí, cómo so-lía lucir ese lugar antes de convertirse en rui-na; lo que evidencia la fragilidad de nuestra memoria. Sin embargo, cuando un lugar tiene importancia para nosotros, más bien nos afe-rramos a esto que recordamos y su cambio nos resulta doloroso.

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del pasado y al mismo tiempo son una con-jetura de lo que vendrá. A una menor esca-la, nuestra relación con las construcciones es comparable con nuestra relación con la ciu-dad actual en cuanto ambas son un proyec-to que entremezcla el recuerdo con la uproyec-topía; mientras que su estado presente está condena-do, por su condición efímera, a desaparecer.

Marc Augé también dice que (2003, p.106)

“en las obras de construcción urbanas, la evi-dencia de lo demasiado lleno se halla matiza-da, plegada (en el sentido en que se pliega un vestido) por el misterio del vacío”; resaltando así la ambigüedad de su presente que es ruina y proceso, un momento de tránsito que hace y no hace parte de la ciudad; un escenario sa-turado de materiales y formas del cual no nos apropiamos, al cual no le ofrecemos nuestros sentimientos, porque lo que consideramos le-gítimo de nuestra ciudad es aquello que nos hace evidente su funcionalidad. Recordemos que es mediante el uso que hacemos de la

ciu-Figura 52. Demolición de la escuela de Mú-sica Fernando Sor. 2011. Archivo de la au-tora.

Figura 53. Aspecto actual. Demolición de la escuela de Música Fernando Sor. 2011. Archivo de la autora.

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dad como creamos una relación afectiva con ella.

Como objetivo principal de mi trabajo de gra-do busco reivindicar los procesos de construc-ción como hechos trascendentales que han transformado drásticamente las urbes y nos permiten ser testigos de una historia que se si-gue haciendo por cuanto la ciudad nunca es-tá quieta. Como ya he mencionado, uno de los momentos más importantes de mi proceso fue el encontrarme espontáneamente con una construcción que sin saber por qué me llamó a retratarla, y este ejercicio se convirtió en una reflexión sobre lo que considero mi realidad. Con el tiempo, este tipo de recorridos en la ciudad se volverían una constante.

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Mi proceso

Visité obras en construcción como la de la ave-nida 26, donde se construye actualmente la ter-cera etapa del proyecto Transmilenio. En un comienzo no tenía más pretensiones que ha-cer un registro de éstas, fotografiarlas como un mecanismo de acercamiento directo con aque-llo que sería mi tema, experimentándolas de una forma diferente más allá de lo cotidiano. Dediqué más tiempo a observarlas, a sentirlas; tuve que pedir el permiso de obreros para que me dejaran entrar a los lugares donde el asfal-to ha sido levantado y se camina por un terre-no rocoso, donde terre-no se encuentra diferencia entre el lugar del peatón y del auto, donde el tránsito es libre pero al mismo tiempo está obs-taculizado por la cantidad de materiales que se apilan en pequeños y grandes montículos que forman de manera azarosa diferentes posibili-dades de caminos por tomar. En las construc-ciones no hay elementos que regulen nuestro desplazamiento como aquellos que nos

presen-ta la ciudad, es decir, no hay semáforos, no hay cebras, ni límites de velocidad; es un espacio visual y dinámicamente opuesto al que se en-cuentra por fuera de ellas.

Cuando revisé estas primeras fotografías dete-nidamente encontré en ellas series de peque-ños elementos, una pila de rocas o pequeñas acumulaciones de ladrillos, llamando mi aten-ción por cuanto su efecto visual resultaba inte-resante; pequeños accidentes afortunados que la casualidad había amontonado o dispuesto de cierta forma y así, sin quererlo, configuran-do pequeñas esculturas que por su candidez venían cargadas de belleza. Supuse que lo que sucede es que el espacio a su alrededor se en-cuentra saciado de información, razón por la cual pasan desapercibidas, confundiéndose en la imagen caótica y desordenada de la cons-trucción.

Realicé entonces una cantidad de recorridos incluyendo sectores de la ciudad como la

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lle 170, la avenida 9 con 106, la calle 100 y 127 con carrera 15, la carrera 53, la avenida 10ª, la carrera 3ª con avenida Jiménez, la calle 26, la carrera 7ª con 22, procurando tener siem-pre una cámara a mano. Para ese entonces la intención ya resultaba clara; cada visita a las construcciones se hacía con una mirada aten-ta, siempre en busca de los elementos que me cautivaran por la forma como estaban dispues-tos, buscando y encontrando en ellos su valor estético mientras me sumergía meticulosamen-te en el proceso de observación que me permi-tía abordarlos con cercanía.

Me di cuenta de que estos elementos se re-piten una y otra vez en cada lugar que visita-ba, hallando siempre información reiterada; y aunque por un momento la dinámica lu-cía desalentadora, comprendí que esto no de-bía ser de otra forma. Resulta interesante el hecho de que la diversidad de estilos arquitec-tónicos presentes en la ciudad nacen de una misma materia prima, de unos mismos

ingre-Figura 55. Detalle de obra en construc-ción, calle 170 con 57. 2011. Archivo de la autora.

Figura 56. Detalle de obra en construc-ción, calle 26 con carrera 7a. 2011. Archi-vo de la autora.

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Figura 57. Detalle de obra en construc-ción, carrera 9a con calle107. 2011. Archi-vo de la autora.

Figura 58. Detalle de obra en construc-ción, calle 26 con avenida 68. 2011. Archi-vo de la autora.

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dientes que se mezclan y nos permiten, desde su contemplación, entender de qué están he-chas las ciudades. Y no siempre fue fácil la ta-rea de registrarlos; en muchas construcciones no permiten que se tomen fotografías, tal vez por el temor a que éstas más adelante sean uti-lizadas para cuestionar a las constructoras so-bre los avances en las obras; en otros lugares no se permite la entrada por considerar peli-groso el ingreso para quien no lleva la indu-mentaria adecuada. Por esta razón muchas ve-ces llevé a mi papá conmigo pues él tiene la cualidad de ser afable y una capacidad de con-vencimiento sobresaliente, así que la mayoría de veces pude hacer mis recorridos sin mayor problema mientras él tomaba tinto y charlaba con los obreros o celadores del lugar.

Un ejercicio que resultó valioso fue el de visi-tar una misma construcción más de una vez; volver después del tiempo permite encontrar no sólo nuevos materiales, sino seguir esa queña historia dentro de la ciudad. Por un pe-Figura 59. Detalle de obra en

construc-ción, carrera 11 con 94. 2011. Archivo de la autora.

Figura 60. Detalle de obra en construc-ción, carrera 3a con calle 20. 2011. Archi-vo de la autora.

Figura 61. Primera visita. Construcción puente, avenida 9a con calle 107. 2011. Archivo de la autora.

Figura 62. Parte de la serie: Construcción puente, avenida 9a con calle 107. 2011. Archivo de la autora.

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Figure

Figura 1. “Ciudad-Pulpo” Mapa de Bogo-tá, año 1810. Archivo de la autora (2008).
Figura 5-6. Libreta de dibujo, carrera 15. 2010. Archivo de la autora.
Figura 7. Bogotazo 9 de abril de 1948. Fo-to de Luis Ignacio Gaitán Lunga, Plaza de Bolívar.Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988
Figura 10. Teatro Faenza. Calle 22, carre-ras 5a y 7a.Imagen tomada de Fundación Misión Co-lombia.1988
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Referencias

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