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La anomía en la novela de crímenes desaparición

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Academic year: 2020

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(1)LA ANOMIA EN LA NOVELA DE CRÍMENES DESAPARICIÓN. ROBINSON FABIAN SUAREZ CAVANZO. UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN CIENCIAS SOCIALES BOGOTÁ D.C. 2018.

(2) LA ANOMIA EN LA NOVELA DE CRÍMENES DESAPARICIÓN MONOGRAFÍA DE GRADO. ROBINSON FABIAN SUAREZ CAVANZO CÓDIGO: 20112155101. DIRECTOR: JORGE DAVID SÁNCHEZ ARDILA. UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN CIENCIAS SOCIALES BOGOTÁ D.C. 2018.

(3) "La literatura no es un pasatiempo ni una evasión, sino una forma, quizá la más completa y profunda, de examinar la condición humana". Ernesto Sabato (1911-2011).. 3.

(4) CONTENIDO. INTRODUCCIÓN .............................................................................................................. 6 CAPÍTULO 1 EL ESTADO ANÓMICO EN AMÉRICA LATINA .......................................................11 ESTADO Y ANOMIA .....................................................................................................13 UN MODELO QUE NO CONSIGUIÓ IMPLANTARSE CON ÉXITO ....................14 LA TESIS DEL ESTADO ANÓMICO ........................................................................19 LA PERSPECTIVA DEL PROBLEMA DE LA “DELINCUENCIA DE ESTADO”......25 DEFICIENCIAS ESTRUCTURALES EN EL ESTADO ANÓMICO….........................27 PLURALISMO NORMATIVO EN EL ESTADO ANÓMICO ......................................34 INSEGURIDAD JURÍDICA........................................................................................34 FALTAS DEL DERECHO FORMAL EN EL ESTADO ANÓMICO .........................36 EL FUNCIONARIO COMO AGENTE ANÓMICO ...................................................37 SISTEMAS ALTERNATIVOS DE NORMAS ...........................................................41 TIPOLOGÍA DE LOS SISTEMAS ALTERNATIVOS DE NORMAS ......................44 ASPECTOS NORMATIVOS Y TIPOS DE ANOMIA ................................................49 EL CONCEPTO DE TIEMPO Y ESPACIO ANÓMICO ................................................51. CAPÍTULO 2 LA NOVELA URBANA COMO ESCENARIO ANÓMICO..........................................54 LO URBANO COMO SUCESO LITERARIO EN COLOMBIA……….........................54 LA NOVELA URBANA COMO HECHO SOCIAL .......................................................59 NARRATIVAS DE LA TRANSGRESIÓN DE NORMAS Y EL CRIMEN EN. 4.

(5) COLOMBIA………………………………………………………………………….…64 LA NOVELA DE CRÍMENES EN COLOMBIA: HACIA LA DENOMINACIÓN DE UN GÉNERO ...................................................................................................................70 GUSTAVO FORERO QUINTERO Y SU OBRA ..........................................................75 GUSTAVO FORERO QUINTERO: BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA ...................75 CIUDAD Y MEMORIA URBANA EN PALABRAS DEL ESCRITOR: ENTREVISTA A GUSTAVO FORERO QUINTERO POR ROBINSON FABIAN SUAREZ ..............77. CAPÍTULO 4 ANÁLISIS DE LA NOVELA DE CRÍMENES COLOMBIANA DESAPARICIÓN... 92 DEL ALEJAMIENTO AL EXTRAÑAMIENTO: EL PAPEL DE LA MUJER EN LAS ......................................................................................................................................... 94 MIGRACIONES DE DESAPARICIÓN .......................................................................... 94 LA MIGRACIÓN Y EL FENÓMENO DE LA PROSTITUCIÓN: EMMA Y DORIS EN BÚSQUEDA DE UN PORVENIR ....................................................................... 95 LA CARA AJENA DEL DESPLAZAMIENTO: EL CASO DE MARÍA................ 100 EL PODERÍO EN LA MARGINALIDAD: EL CASO DE EL CHULO……………..106 LA CUESTIÓN POLÍTICA DESDE LA CLANDESTINIDAD: EL CAMINO DE .. 110 CHIQUI ......................................................................................................................... 110 LA EXPERIENCIA EN LA ANOMIA: EL CASO DE ‘EL NARRADOR’ ................. 114. CAPÍTULO 4 CONCLUSIONES: CONSIDERACIONES SOBRE LA FUNCIÓN SOCIAL DEL PERSONAJE .................................................................................................................. 120. BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................................ 128. 5.

(6) INTRODUCCIÓN. El presente texto trata una indagación entorno a la sociología de la literatura. El objeto de interés se encuentra en un acercamiento a la denominación novela de crímenes, lo cual se plantea desde un concepto fundacional de la sociología como es la anomia, pues este caracteriza de forma amplia la literatura propia del contexto latinoamericano. De este modo, se busca inquirir aspectos que sobrepasan las denominaciones de novela negra, en procura de dar parte de una narrativa con elementos propios de constitución, distinción y desarrollo en nuestra región geográfica. En este orden, se emplea un ejercicio que utiliza la novela de crímenes Desaparición del escritor colombiano Gustavo Forero Quintero como base de este análisis, esto en procura de plantear un acercamiento y lectura especifica que ejemplifique las cualidades de la novela de crímenes para el caso colombiano. La característica fundamental que se presenta consiste en otorgarle un significado de tipo sociológico a la novela que se produce en la contemporaneidad colombiana, esto en procura de dar cuenta de unas características narrativas propias de las dinámicas en nuestro contexto, lo que a su vez tiene la función literaria de ser fuente de conocimiento de los valores que constituyen la sociedad colombiana. Se apela a la naturaleza de la representación. En este orden, se establece un tratamiento que cuenta con la denominación literaria que asiste de forma amplia las bases que constituyen los marcos por los cuales las temáticas alrededor de la proliferación normativa y su resultado consiguen tener una pertenencia que trasciende la producción literaria y se convierte en una radiografía de las circunstancias sociales paralelas a su desarrollo. Es decir, se emplea la dinámica de análisis que propone la novela de crímenes. Esta indagación se soporta en la tarea de conocer los orígenes ideológicos de la narrativa colombiana, para establecer elementos estructurales que se pueden presentar en la creación literaria cuando de referenciar contextos propios se trata. Por otra parte, para. 6.

(7) establecer referencias del desarrollo de la novela urbana, a la par de la historia y los ejes constitutivos de la memoria en las urbes narradas. De tal modo, se puede considerar que un componente significativo en este texto cuenta con la posibilidad de tratamiento teórico que se le puede dar a un concepto como es la anomia que, en el ejercicio de dar respuesta a la realidad social, participa además con prismas de utilidad y ambigüedad al mismo tiempo, por lo que merece ser puesto a la orden de la investigación interdisciplinar. Además, para que los elementos tratados puedan ser ampliados y complementados bajo dinámicas equiparables que afiancen como ejercicio este trabajo y puedan trasladarse a ámbitos de innovación educativa, en cuanto a la posibilidad de conocer la ciudad por medio de la literatura. En este camino, en el marco de la teoría sociológica clásica se hace uso de un concepto original que se empezó a plantear en los tratados fundacionales de esta ciencia y que consiguió constituirse hasta nuestros días, que es la anomia. Este concepto se entiende como situaciones relacionadas con ausencia permanente o degradada de normas, lo que denota un camino descriptivo para entender conductas de índole criminal y de conflicto normativo. Por ello, diferentes apuestas y desarrollos conceptuales han establecido unos avances en cuanto a su estudio y comprensión para explicar fenómenos propios de las sociedades. Pese a que este concepto aparece con Heródoto de Halicarnaso (484-406 a. C.), en su explicación de las guerras médicas, implicando una descripción de carácter individualcolectivo, Jenofonte (399 a. C.) hizo antes alusión al concepto de anomia indicando “situaciones de ilegalidad, de evasión o de desprecio de la ley”; aun así, su mayor precedente se encuentra con en el nacimiento de la sociología como ciencia en el siglo XIX. Vale decir, otras ciencias y disciplinas sociales también hacen alusión al concepto, dándole una orientación en referencia a su estatuto epistemológico específico, tal como lo han hecho: el derecho, economía, la criminología y la psicología. Así pues, este término es introducido por el sociólogo francés Émile Durkheim (1858-1917) en La división del trabajo en la sociedad (1893) y específicamente en su estudio sobre El Suicidio (1897) donde manifiesta: “La anomia es, pues, en nuestras sociedades modernas, un factor regular y específico de suicidios; una de sus fuentes” (Durkheim, 1897), además, sobre su componente normativo: “Un estado sin normas que hace inestables las relaciones del grupo, impidiendo así su cordial integración” (Durkheim, 1893). En estos estudios Durkheim asimila el sistema social como 7.

(8) anómico debido a un debilitamiento radical de un orden normativo, lo que va a hacer que se carezca de una regulación moral sobre las pasiones humanas, conllevando así a que la sociedad se caracterice por un elevado número de conductas autodestructivas y desviadas. La anomia para Durkheim se evidencia cuando la sociedad o las actividades y sentimientos de los individuos, entran en escenarios de desequilibrios de normalidad ya sean positivos o negativos. Para este autor, la organización social como unidad solidaria se encuentra en un punto de normalidad; sin embargo, cuando conductas que aparecen con movimientos bruscos afectan el contrato social como lo es la ley, el Estado como ente regulador de estas conductas no cuenta siempre con las posibilidades suficientes de establecer la normalidad nuevamente, lo que lleva entonces a un estado de anormalidad, de desorden y se deja de ejercer un papel normalizador o regulador. El desarrollo que Durkheim hace del concepto de anomia sienta precedentes substanciales hacia el diagnostico de las sociedades modernas, con lo cual autores posteriores se distanciarán o recogerán en gestión de expandir las bases de sus dilucidaciones. En esta inclinación teórica, este texto alude al tratamiento situado en el contexto colombiano y latinoamericano, como casos que merecen una explicación característica y que por fortuna cuenta con desarrollos teóricos referentes. Desde tal perspectiva, se plantea que este es un estudio de carácter interdisciplinar que utiliza textos científicos a la par de tratados con enfoque de estudios literarios. Además, cuenta con referencias del contexto colombiano, tanto desde la teoría, como desde la literatura; no obstante, este no enfatiza en estos campos de forma específica, sino por lo contrario muestra una imbricación de estos y desde esta relación y resultados consigue tener forma. Esta es la consistencia del presente análisis de tipo sociológico aplicado a la literatura, que en síntesis muestra como su finalidad y objetivos una indagación sobre la anomia característica en la novela de crímenes colombiana Desaparición. De este modo, en el primer capítulo: El estado anómico en américa latina, se aborda un panorama de estudio sobre la anomia tratada en el contexto inicialmente latinoamericano y seguidamente teniendo como referencia el caso colombiano. La idea central se sitúa en el Estado como foco para la explicación de este síntoma social. El tratamiento se aborda de forma estructural, con lo que, para llegar a esclarecimientos particulares, inicialmente se tratan consideraciones generales. En este orden, se abordan elementos históricos, teóricos y. 8.

(9) contextuales sobre el Estado anómico en la región latinoamericana. Este apartado cuenta con un seguimiento especial a los desarrollos del sociólogo Peter Waldmann, pues este ha conseguido desplegar teóricamente un acervo sobre la anomia en los contextos citados, además de que comparte la noción de que la literatura puede ser un elemento para comprender la anomia en las sociedades. Seguidamente, en el segundo capítulo: La novela urbana como escenario anómico, se expone la realización literaria de las características planteadas previamente. En este capítulo se plantean debates entorno a tipologías anómicas y su representación narrativa. Se trata entonces aspectos que debaten la novela negra de occidente, su misión, las denominaciones subsidiarias y denominaciones de novela urbana junto a su desarrollo histórico. Estos debates sitúan teóricamente la denominación novela de crímenes estableciendo su carácter anómico. Este capítulo cuenta con una entrevista original hecha a el escritor colombiano Gustavo Forero Quintero, la cual fue llevada a cabo de primera mano el 2 de mayo de 2017 en las instalaciones de la Universidad de Antioquia en la ciudad de Medellín. Entrevista en la se abordan consideraciones sobre la denominación novela de crímenes, la novela objeto de análisis: Desaparición y sobre todo disertaciones sobre la ciudad y la memoria en la narrativa colombiana. Es determinante esta entrevista debido a que Forero Quintero oficia en la bibliografía de este trabajo desde varios horizontes: como autor de Desaparición, como literato, como teórico y como crítico literario, lo que hace que las preguntas planteadas permitan ampliar aspectos tratados de forma transversal en este texto. En el tercer capítulo: Análisis de la novela de crímenes colombiana Desaparición, se plantea un tratamiento analítico a la novela objeto de este estudio, acudiendo de forma directa a consideraciones desarrolladas en los dos precedentes capítulos. Este análisis tiene en cuenta aspectos de índole anómicos, procurando dar esclarecimiento a las situaciones narradas en esta ficción a partir del contacto con los personajes. Cabe añadir que las citas bibliográficas que hacen alusión a apartados de la novela Desaparición se abrevian situando en paréntesis el numero de la pagina de referencia, esto atendiendo a reglas de los análisis literarios, pues es la novela la que constantemente es citada.. 9.

(10) Finalmente, para el cuarto capítulo: Conclusiones: consideraciones sobre la función social del personaje, se establecen unas consideraciones del trabajo conseguido y se exponen unas conclusiones sobre la novela de crímenes en Colombia junto sus inherentes características anómicas, esto en procura de dar cuenta de una proyección sobre las dinámicas encubiertas en la producción literaria contemporánea a nivel nacional. La anomia en la novela de crímenes Desaparición fue encauzada desde el seminario de investigación: Ciudad y memoria urbana en la novela colombiana contemporánea a cargo del docente Jorge David Sánchez, quien además dirigió su conclusión. Además, contó con el apoyo del coordinador del grupo de estudios literarios (GEL) de la Universidad de Antioquia, el escritor colombiano Gustavo Forero Quintero. Esta monografía de grado para optar por el título de Licenciado en Educación Básica con Énfasis en Ciencias Sociales que otorga la Universidad Distrital Francisco José de Caldas de la ciudad de Bogotá D.C., consiguió terminarse gracias al apoyo constante e incondicional por parte de mi familia. Por lo cual es de expresa dedicatoria la provisional postulación meritoria de la misma, a mi hermano Anderson, a mi hermana Jennifer, mis sobrinos Ángel, Juan y Alison y, sobre todo, a mi madre María. Mis logros son una extensión de lo que es y será siempre lo más importante en vida, m i familia.. 10.

(11) I. EL ESTADO ANÓMICO EN AMÉRICA LATINA. “…un Estado que, según criterios de lo que debería ser su buen funcionamiento, no solo presenta ciertas carencias y debilidades, sino que prácticamente invierte parte de estos criterios”. Peter Waldmann1.. En apariencia lo referente al Estado y al ámbito estatal remite a un perfil de orden y legalidad, por cuanto en esté se edifican instrumentos legales, aparatos institucionales y normas que constituyen el control social formal; esto evidentemente contraría al concepto de anomia entendido como una situación moral que experimenta un grupo social como consecuencia de la carencia o degradación de normas sociales2. No obstante, en este contexto, es viable dicha asociación, por cuanto en la región latinoamericana el papel del Estado, en su tarea de ente regulador social, se haya estrechamente vinculado a ciertas formas de anomia. Bajo esta perspectiva, el trabajo del sociólogo alemán Peter Waldmann, emprende un interés que se sitúa en el estudio de situaciones en las cuales los mecanismos legales se derrumban. Para este autor existen elementos característicos que se pueden distinguir en las publicaciones académicas de los últimos años sobre el Estado en Latinoamérica, donde se. Peter Waldmann, El Estado anómico (2003), p.10. Inicialmente se recupera el concepto adoptado por el Diccionario de la lengua española que define la anomia como: “1. f. Ausencia de ley. 2. F. Psicol. y Sociol. Conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación”. 1 2. 11.

(12) referencian temáticas en las que interviene el derecho formal y normas sociales paralelas, lo cual sentencia dicho panorama para la región 3 . Estos factores son: primero, la ola de democratización que recorrió a América Latina en los años ochenta del siglo XX, lo que pudo constatar que la restitución democrática no garantizaba el restablecimiento automático del Estado de Derecho en la región. Segundo, el papel de las reformas económicas neoliberales que le han quitado al Estado sus recursos formales, lo cual se advierte al notar que el Estado se encuentra limitado interviniendo de forma marginal en las luchas sociales de distribución, pues tras la ola de privatización de las empresas estatales, se ha perdido la posibilidad de expandir credibilidad y servicio a través de prebendas y cargos en diferentes áreas en las que se asumía cierta influencia, de acuerdo al autor: “En resumen, el Estado se ha visto reducido a sus clásicas funciones: el mantenimiento de la seguridad y el orden públicos, así como la previsión en los servicios básicos de salud, educación e infraestructura vial” (Waldmann, 2003, p.10). Tercero, el cambio en la forma de pensar de los economistas, pues cuando inicialmente el foco de atención se localizaba en la dinámica de funcionamiento del mercado sin influencia externa, estos profesionales encuentran en las ciencias económicas institucionales un bastión para la protección de los derechos de la propiedad, lo que sobrellevaría a la posibilidad de un crecimiento económico continuo (Waldmann, 2003)4. Este panorama interviene en la tarea de los Estados latinoamericanos para crear un sistema normativo transparente y consistente para regir de manera efectiva el control social. Una característica de América Latina es, por cierto, la existencia de una “estatalidad” formal e institucionalmente asegurada, pero cuyo contenido no es lo que promete. En esta contradicción reside lo desconcertante e irritante en el trato del ciudadano con los representantes del Estado. Y en ella vemos la esencia del rasgo anómico que atribuimos a los Estados latinoamericanos5.. 3. Estas temáticas son abordadas por el autor teniendo en cuenta publicaciones académicas posteriores a 1970. Sus consideraciones se exponen en los textos: Justicia en la calle. Ensayos sobre la policía en América Latina (1996), El Estado anómico: Derecho, seguridad pública y vida cotidiana en América Latina (2003) y Guerra civil, terrorismo y anomia social. El caso colombiano en un contexto globalizado (2007). 4 Proceso que en Colombia se empieza a notar con la proliferación normativa que permite la constitución política de 1991 y en extensión la apertura económica. 5 Peter Waldmann, El Estado anómico, p.113.. 12.

(13) Antes de atribuir dicha asociación como relativa a América Latina, es necesario señalar que los grados de anomia en los Estados se determinan a partir de elementos de índole estructural y cultural, esto en función de la construcción social establecida; sin embargo este ejercicio posibilita que asociaciones equiparables se puedan rastrear en diferentes lugares del globo, especialmente en países que conforman el denominado Tercer Mundo, pues responden a unos procesos donde la instauración del Estado junto con todas sus lógicas ha encontrado barreras significativas. Es necesario, además, advertir una posible objeción inicial que se sustenta en lo improcedente que resulta transferir la idea del Estado originario e ideado en Europa a otras partes del mundo; no obstante, no hay lugar a otra asociación posible, pues el modelo de Estado resulto como un eficaz constructo en la gobernabilidad de las sociedades occidentales, lo que implico su traslado e implementación en América. Otro punto que es ineludible aclarar, se sustenta en que la fortaleza que caracteriza al modelo de Estado europeo contemporáneo obedece a una evolución que consiguió consolidarse en base a un diferente contexto y características históricas, por lo cual sus fallas y aciertos se distinguen del desarrollo del Estado en otras latitudes, lo que hace que se vuelva impreciso plantear una comparación que no tenga en cuenta las diferencias mencionadas. Por último, siguiendo la lectura de Waldmann (2003), los rasgos anómicos que se le atribuyen al Estado en América Latina, y a los cuales se traslada esta caracterización, se evidencian en menor grado en los países de Chile, Costa Rica y de manera semejante en Uruguay.. ESTADO Y ANOMIA “La historia de la humanidad puede tomar formas de repliegue o de avance. Actualmente vivimos tiempos de repliegue o de regresión en muchos ámbitos de nuestra vida económica, política, social y personal. Una de ellas es la regresión en la legitimación democrática de los Estados de Derecho, de consecuencias todavía imprevisibles”. María José Fariñas Dulce6.. 6. Reseña de Normas de papel. La cultura del incumplimiento de Mauricio García Villegas (dir.). Eunomía:. 13.

(14) UN MODELO QUE NO CONSIGUIÓ IMPLANTARSE CON ÉXITO En general, se puede advertir que el camino del Estado se ha visto ideado para garantizar orden y seguridad, es decir, ha sido concebido como un cimiento fundamental para la implementación de leyes abstractas generales de los grupos sociales y a su vez ha incurrido en la promoción de una división entre una esfera pública y una privada con el ideario de controlar la primera con reglas vinculantes para los grupos sociales. Esta propuesta no se remite únicamente al concepto de Estado de Derecho moderno, pues ya puede hallarse en el Estado absolutista de la temprana Edad Moderna e incluso de forma considerada en la polis griega de la época preclásica (entre los siglos VI y VII a. C.), junto a esto se deben además antecedentes modernos con la filosofía del Estado de Derecho de fines del siglo XVIII y principios del XIX que fue proyectada para poner límites al poder estatal y al mismo tiempo evitar intromisiones arbitrarias del mismo en las dinámicas sociales. Persiguiendo esta idea se formula la división de los poderes y la vinculación de una administración a las leyes que permitiera dar garantía a los derechos fundamentales. Desde luego, es ineludible señalar que estos avances previstos en el siglo XIX fueron llevados a discusión por la clase burguesa, cuya posición económica y estratégica se convierte en apoyo fundamental del Estado Nación. Desde tal perspectiva, como lo señala Eduardo Umaña Luna (1997), es preciso tener en consideración que el Estado tiene como función básica la reproducción de las condiciones económicas, ideológicas y político-jurídicas que comprometen al grupo social que detenta el poder público. En estos términos, esto se sirve para mantener y perfeccionar el statu-quo determinado y al mismo tiempo consolidar una dinámica de reproducción del establecimiento a partir de la relación con las clases que lo controlan. De acuerdo con esto, no resulta sorpresivo que, como lo señala Waldmann (2003), la exigencia de que la implantación del poder estatal debía estar reglamentado por leyes, fue planteada mucho antes de que se estableciera el derecho al voto, el cual, paulatinamente, junto al orden estatal, fue extendido cada vez a círculos más amplios de la población. Es decir, que dicha reproducción se encontraba en la difusión de derechos en procura de una aceptación legítima del aparato estatal. Esto daba lugar a que la burguesía como clase originalmente controladora del Revista en Cultura de la Legalidad, ISSN-e 2253-6655, Nº 1, 2011, págs. 185-188.. 14.

(15) estamento, al mantener derechos garantizados, se protegía ante una posibilidad eventual de que los gobiernos de masas o un poder autoritario llegaran al control estatal y los anularan. La estatalidad blinda las leyes. Es así como el Estado con sus atribuciones jurídicas tiene en su quehacer básico la división del trabajo social, donde a mayor complejidad en los aparatos, mayor necesidad de contar con dirigentes políticos y burocráticos para dictaminar las pautas de la sociedad. En efecto, Umaña (1997), señala que el Estado de forma directa o indirecta cumple así la función de la reproducción de los tres aparatos básicos: el económico, el político y el ideológico. En cuanto al aparato económico, se establece que es un conjunto de organismos y funcionarios que dirigen y planifican la economía nacional. Este direcciona toda actividad de la economía de un país, donde se regula el consumo y la producción, estableciendo convenios de tipo económico con otros países y compañías internacionales. La tarea de este aparato se ha acrecentado a medida que las economías nacionales se deben más a la sociedad de consumo internacional. Su imperiosa vigilancia es necesaria en procura de mantener planeación sobre los intereses presentes en la esfera pública y la esfera privada. Concerniente al aparato político, a este lo conforma el conjunto de instituciones de carácter represivo cuya función es la del mantenimiento del statu-quo. Como se mostró, la clase dominante es la que le da forma al Estado reformándolo, burocratizándolo y modificándolo en función de las necesidades que el grupo solicite para acentuar su dominio en la esfera pública, domino que se detenta con las fuerzas que provee el Estado mismo. Finalmente, el aparato ideológico, cuya función en la época moderna es la de desplegar el aparato ideológico estatal. En esta medida, este se encuentra dirigiendo, controlando y orientando demás ideologías subordinadas a la del Estado. La articulación eficaz de los aparatos depende directamente de este, pues su dominio actúa acoplando las clases y fracciones de clases en el conjunto social7. Desde tal lógica, se infiere que las Américas del sur y central fueron gobernadas durante un largo tiempo desde el viejo continente, incluso más tiempo que otra región extraeuropea, con la pretensión de implementar las nociones elementales del Estado. Esto exhibirá que posterior a las independencias de principios del siglo XIX, gran parte de jefes 7. Para determinar la operación de estos aparatos en las clases sociales en el contexto colombiano, Eduardo Umaña Luna extiende las explicaciones en su texto Estado-Familia (1997).. 15.

(16) de gobierno e intelectuales, echaran un vistazo a Europa gestionando consejos y referencias para la administración de sus nacientes Estados. En efecto, las ideas y principios que habían marcado a Europa en los últimos siglos como lo son el nacionalismo y la democracia, junto a la división de poderes y la implantación de una Constitución, posibilitaron que el Estado de Derecho y el Estado de bienestar hayan sido aceptados para el desarrollo político de los países de la región. El contexto actual, en función de la administración de los Estados latinoamericanos, se entiende a partir del constructo complejo de instituciones extraídas de la doctrina del Estado. De este modo, una lectura minuciosa de este proceso, en el cual el modelo de Estado europeo es extraído a la región, debe tener en cuenta que, si bien la intención se fundamentaba en la efectividad de este, condiciones en su ejecución y desarrollo especifico impidieron su éxito. Como lo señala Waldmann (2003), existe otro proceso que se opone diametralmente a lo que sería una copia autentica del modelo europeo de Estado y que hasta el presente ha impedido eficazmente su realización efectiva: “…expresándolo con unos pocos conceptos clave, diremos que este antimodelo se caracteriza por la predominancia de patrones de orientación particularistas y clientelistas sobre normas abstractas, por la preferencia de las relaciones y de los lazos personales a las consideraciones objetivas” (p. 25). Este antimodelo en la región, cuyas características, como se señaló, se diferencian evidentemente del modelo europeo, se respalda en que se trata objetivamente de un Estado, entendido como centro de coordinación y regulación política, con naturaleza propia que dispone de numerosos recursos para el control social, entre ellos la posibilidad de ejercer la coacción. Waldmann afirma: “En última instancia, se trata de un contrato fundamental que, como diría Hobbes, justifica al Estado, esto es, el contrato que antecede cualquiera de las demás legitimaciones en cuanto al contenido (basados en el carisma, en procedimientos que responden a principios democráticos, etc.)” (p.17). En este sentido, una característica crucial en el ejercicio de este modelo para la región latinoamericana, como también lo señala Waldmann (2003), es que existe una falta de disposición de la ciudadanía a cumplir con la normatividad. Esto no puede confundirse con un rechazo abierto hacia la forma de gobernabilidad que propone el Estado y en extensión. 16.

(17) hacia las leyes que se promulgan, pues por otro lado se muestra que la aprobación de reglamentaciones sociales generalmente cuenta con un apoyo determinante de parte de la sociedad, lo que resulta muy diciente de la característica integral de separación y desigualdades existentes y el asentimiento hacia un cambio. El examen del Estado como fuente de anomia en la región latinoamericana, pasa también por una intemporalidad de la herencia colonial. Tal como lo señala Waldmann (2003), existen rasgos de la administración precaria del territorio que desde la colonia no han conseguido ser borrados, por ello términos como: personalismo, clientelismo y autoritarismo componen aun el imaginario que el ciudadano le debe al Estado. Igualmente, prácticas distantes a los postulados de la democracia como: la corrupción y el clientelismo, se pueden rastrear desde esta época. Para Waldmann (2003), la herencia de la administración colonial es una burocracia desmesurada y un Estado todopoderoso. Esto puede dejar un antecedente que se sustenta en que las asociaciones corporativistas características de la colonia son aún constantes de los sistemas políticos de América Latina. Razones como las anteriores se implantan en las concepciones de Estado que en América Latina se van consolidando. Aun cuando posterior a la época posdictatorial del siglo XX existe una reimplantación de las reglas democráticas con las que occidente se tutelaba, cabía pensar si la región estaba en las condiciones para que la instauración del Estado de Derecho lograra hacerse sin limitaciones a partir de parámetros liberales; si la democracia iba a ser el marco donde se reformara el Estado o si la instauración de las bases constitucionales vinculantes que propone el estamento impulsaría la democracia. Sin embargo, la huella que dejaron las dictaduras durante tanto tiempo fue una temporal eliminación de la división de los poderes, lo que dio cabida transitoria a que el poder girara alrededor de las juntas militares y grupos cerrados selectos con marcados intereses políticos, lo que seguidamente cimento unas herencias negativas para la experiencia institucional y democrática. De este modo, una tendencia notable en el desarrollo del Estado en la región da cuenta de que sus cambios más significativos han estado condicionados en la salvaguarda de una imagen proyectada en el exterior. Como lo señala Waldmann (2003), el hecho de que los países latinoamericanos hayan vuelto al Estado constitucional democrático, por lo menos en 17.

(18) apariencia externa, se debe a una influencia de la opinión pública internacional; así, en procura de tener un marco de gobierno aceptado se asentía a permutas de tipo democrático, lo que les permitía a los Estado acceder a los procesos económicos impulsados por instituciones financieras de carácter regional e internacional (p. 40). Este panorama de avance de las facultades institucionales proyecta un indicio que se centra en que es al campo económico al que se le termina ejerciendo una influencia notable desde el campo internacional, y que además esta influencia tiene un papel edificante en el desarrollo de las facultades democráticas del Estado de Derecho en la región. Si los Estados latinoamericanos no están en condiciones de garantizar el derecho de propiedad y una reglamentación del mercado clara con transacciones bajas, corren el riesgo de quedar excluidos de corrientes internacionales de comercio y de inversiones, y el riesgo de ser empujados al margen de la dinámica económica global. Aun en la poca alentadora situación actual, esto podría representar un aliciente importante para que los jefes de gobierno latinoamericanos realicen lo más rápidamente posible las reformas necesarias8.. Lo que es necesario señalar, es que los cambios normativos necesitan de un constructo social sólido, pues como se advirtió, las tradiciones de gobernabilidad imperan sobre los modelos instaurados. Es relativamente hacedero programar cambios normativos, pero la ocasión no determina a la sociedad, pues es esta quien implementa dichos cambios. Siempre se estará al borde de como lo señala Waldmann que: “…todos los grupos que de uno u otro modo están envueltos en el aparato estatal tienen un interés vital en que la situación cambie lo menos posible” (p.88). Se podría discutir la idea de una resistencia al cambio, que acentúa la evidencia unas bases de tradición anómica. Estas determinaciones profundizan el derrotero del Estado de Derecho, su experiencia en la región, y en extensión la instauración de la democracia, lo que arroja como resultado una desconfianza generalizada y de tradición por parte de la ciudadanía sobre representaciones estatales. Debido a que las posibilidades de satisfacer las necesidades del conglomerado social son limitadas por el manejo que se les han dado a los aparatos, esto da dirección a que existan constantemente riesgos de que populismos demagógicos introduzcan. 8. Peter Waldmann, El Estado anómico, p.45.. 18.

(19) nuevas formas de autoritarismo frente a las opciones que el Estado mismo propone. Así las cosas, posibilidades de establecer reformas al Estado de Derecho, que es el núcleo del asunto, son más bien precarias. Waldmann (2003), establece que la promesa de Estado de Derecho en la región latinoamericana es muy ambiciosa, y que una transición de un modelo aun eficaz a otras latitudes que no detenten un panorama que garantice reformas, es muy difícil, este afirma: “Un traspaso a otras megarregiones sin alteraciones es poco probable, ya que el Estado en el mundo entero ha sobrepasado el apogeo de su poder y por eso ya no se considera que es el único garante y ejecutor del orden y la ley” (p.90).. LA TESIS DEL ESTADO ANÓMICO La presunción según la cual los Estados pueden desarrollar características anómicas es la base con la que Peter Waldmann plantea el concepto de Estado anómico. De acuerdo con este sociólogo de origen alemán: “El Estado más anómico es aquel que no renuncia a sus pretensiones de ordenar y regular, pero que no está en condiciones de imponerlas efectivamente” (Waldmann, 2003, p.116). Su trabajo, que se basa en las características que ha tomado el modelo de Estado extraído de Europa e implantado en la región de América central y del sur, va incluso más allá al afirmar que el modelo de Estado de estos países se ha tornado como un antimodelo que invierte sus funciones básicas, lo que induce una serie de situaciones de características anómicas. Dentro de tal perspectiva es preciso tener en cuenta que el concepto anomia puede tener alcances diversos de acuerdo con el carácter de su implementación, esto al no existir unanimidad con su significado concreto e incluso campo de estudio. Por si solo el concepto de anomia contiene una marcada ambigüedad. No obstante, Peter Waldmann (2003) se recoge en las consideraciones de Durkheim, que es quien introduce este concepto en la tradición sociológica, y quien considera que una fuente de anomia es el cambio acelerado por el que pasan las sociedades y que no deja un marco estable para la toma de decisiones. En estos términos, se prepondera la capacidad adaptativa de los individuos frente a los órdenes estructurales de la sociedad. Y es de este modo que Waldmann (2007), al estudiar las sociedades latinoamericanas, establece este punto, como se advirtió, posterior a las. 19.

(20) dictaduras de la década de los años ochenta del siglo XX y de forma sucesiva a la instauración de la democracia. En su trabajo titulado Guerra civil, terrorismo y anomia social (2007), Waldmann maneja como hipótesis que la tradición y principalmente las dictaduras, dejando de lado el hecho de que mediante la coacción represiva podían garantizar la seguridad y el orden en los territorios, continuamente invertían el tratamiento de las normas legales y sociales. De acuerdo con ello sentencia lo siguiente, en su caracterización de anomia en la región: “Proponemos decir que una situación social es anómica cuando faltan normas o reglas claras, consistentes, sancionables y aceptadas hasta cierto punto por la sociedad para dirigir el comportamiento social y proporcionarle una orientación” (Waldmann, 1998). En función de esta idea, es válido objetar que situaciones equiparables a esta caracterización de anomia que establece los resultados de una implantación insuficiente del Estado de Derecho durante la década de los ochenta en América Latina, han pasado a ser una constante en la experiencia del modelo de Estado en la región. Sobre esto, como aporte, Fernando Escalante Gonzalbo (2004), quien trabaja de forma lateral la afirmación de Waldmann sobre América Latina como Estado anómico9, establece que si bien es necesario evitar que el concepto anomia tenga una funcionalidad enfática, es decir que pertenece únicamente a nuestro tiempo, el resultado de la época delimitada muestra un rompimiento con las formas tradicionales de organización (se fractura el orden moral), es decir el orden normativo se desajusta, lo que se puede evidenciar en la sociedad capitalista (crecimiento demográfico, industrialización, procesos de urbanización etc.), esto explicaría la situación de anomia en América Latina en la segunda mitad del siglo XX y el porqué de la utilización del concepto de anomia para este periodo, pues como lo propone Waldmann (2003) estos desajustes se evidencian también en la ola de privatización por la que pasan los Estados y que en extensión le resta facultades de control e influencia a los mismos.. 9. Junto autores de la misma línea, Fernando Escalante Gonzalbo y Peter Waldmann estudian el fenómeno de transición democrática posterior a las dictaduras de la década de los ochenta en América Latina. en un texto del año 2004 editado por Walther L. Bernecker de nombre: Transición democrática y anomia social en perspectiva comparada.. 20.

(21) Para Escalante (2004) el concepto de Estado anómico y las características en el orden normativo que le otorga el trabajo de Waldmann, permite que, a partir de definiciones clásicas sobre el concepto de anomia, se pueda plantear un contraste con las formas del orden social en nuestra región. No obstante, hace énfasis en que esta forma de analizar Latinoamérica aun sugiere una mirada superficial del ambiente propio de estos países caracterizados por fricciones, conflictos, inestabilidad política y miseria, lo cual solicita un examen profundo que este tipo de metodologías puede ofrecer siempre y cuando demande otras perspectivas. Así, Escalante determina que en procura de un análisis centrado en la crisis del sistema de creencias y la necesidad social de un sistema de valores, es decir bajo un postulado de orden moral, se puede plantear una evaluación para la comprensión de estas sociedades, pues: “…el sentido de identidad y pertenencia que constituye a un grupo social es, básicamente, un fenómeno normativo…” (Escalante, 2004, p.132). Lo anterior pone de manifiesto la relevancia de los sistemas de valores que coexisten con los aparatos normativos, que en cuyo fracaso y fractura pueden originar situaciones anómicas por excelencia. Este panorama permite sentenciar las bases por las cuales las consideraciones de Waldmann y otros estudiosos del Estado establecen la existencia de un Estado anómico en la región de América central y sur América. A este respecto, las dinámicas sociales reflejan consecuencias de que se invierta el orden jurídico y en extensión se cree incertidumbre en el manejo normativo, esto en base a dos premisas generales que se complementan y con las que se establece la debilidad estatal predominante en la región. Inicialmente, Waldmann (2003) establece que: “…el Estado nunca ha podido imponerse en los aspectos centrales de la soberanía (monopolio de la recaudación impositiva y de la fuerza) frente a los grupos de la sociedad y los individuos que le disputan este derecho”, y seguidamente: “… nunca ha conseguido refrenar ni disciplinar a sus propios miembros y órganos, siendo esto en parte la consecuencia y la causa de lo mencionado antes”, así: “No son únicamente los ciudadanos corrientes quienes no tienen mucho respeto ante las leyes sino que los propios funcionarios del Estado las contravienen con regularidad” (Waldman, 2003, p.15). Bajo estas características, la tesis de Estado anómico que propone Waldmann se puede resumir en cuatro puntos: primero, los Estados latinoamericanos no ofrecen a sus 21.

(22) ciudadanos ningún marco de orden normativo estable para su comportamiento en el ámbito público, sino que sus imposiciones son más bien una fuente de desorden. Esto no solo no crea condiciones para que haya una certeza en cuanto al comportamiento y la orientación de la ciudadanía, sino que contribuye a desorientar y confundir a la misma. Segundo, se debe conjuntamente en parte a que los Estados latinoamericanos pretenden regular ámbitos sociales y modos de comportamiento que ocupan ficticiamente y que no están en condiciones de dominar y controlar con efectividad. Esto muestra la debilidad de los órganos estatales para imponerse en espacios y ámbitos distintos de convergencia del ciudadano, donde este no sabe las reglas que debe cumplir, ya sean las universalistas del Estado o las particularistas de los respectivos grupos sociales 10 . Tercero, el personal estatal, los funcionarios de la administración, los jueces y los policías11, son la causa de continuas irritaciones, temores y sensaciones de inseguridad hacia los ciudadanos, debido a que estos agentes no cumplen las leyes estatales y su actuar irregular se respalda en la institucionalidad y su investidura. Esto arroja que lejos de constituir un oasis de fiabilidad y seguridad, son focos de arbitrariedad y de desviación de las normas. El problema esencial es que los privilegios y las atribuciones especiales que se les concede a los funcionarios, en función de su razón suprapartidista, son utilizados con fines privados y particularistas, y en esta medida se transforman en armas peligrosas dirigidas contra los ciudadanos que procuran defenderse del abuso de la autoridad, de allí radica un origen para que se pueda hablar de desacato. De este modo, un índice propio de inseguridad proveniente de los mismos funcionarios estatales se nota en el trato que la gran parte de la ciudadanía tiene frente a las autoridades. En palabras de Waldmann sobre su experiencia visitando la región: “La policía latinoamericana es, a juicio de la población, muy dudosa, pues tiene fama de no cuidar el orden y la seguridad públicos, sino, al contrario, de aumentar la inseguridad general” (Waldmann, 2003, p.75). El cuarto punto se resume en que. 10. Este punto se trata de una forma más amplia en el apartado que trata las normas alternativas. Un acercamiento más específico sobre el origen y papel de la policía en América Latina se trata en el texto editado por Peter Waldmann Justicia en la calle. Ensayos sobre la policía en América Latina (1996). En este, se cuenta una anécdota de una conversación con un taxista sobre la policía en la ciudad de Bogotá, donde el conductor le dice al pasajero: “seguro, hay también policías correctos, lo malo es que uno no sabe cuáles son porque todos llevan uniforme” o la mención de dichos como “si ves un policía, cambia rápidamente de acera” o “si acudes a la policía con un problema, este se agrandara” expresan claramente el escepticismo y el miedo ampliamente difundidos sobre la institución policial. 11. 22.

(23) los Estados no están en circunstancias de satisfacer las condiciones básicas de los ciudadanos respecto al mantenimiento del orden y de la seguridad. Desde el punto de vista de los afectados, se carece de legitimación, es decir de confianza básica de parte de la sociedad. Lo que es claro es que el atributo que hace que el Estado en Latinoamérica se considere anómico, no se refiere tanto al abuso de sus facultades, pues estos abusos pueden ser rastreados en otras latitudes; pero sí lo que otorga dicha característica es la confusión general que estas arbitrariedades generan para la ciudadanía. Este desorden consigue abarcar y componer el imaginario que el ciudadano se hace de los estamentos, imaginario que compone la vida cotidiana de los ciudadanos frente a las instituciones, lo que hace que se negocie la obediencia, pues no hay encuentro que legitime el poder estatal completamente por los grupos sociales. Por lo general, la obediencia se negocia, es decir, se busca un compromiso entre los funcionarios que representan el Estado y el bienestar general –o que por lo menos lo pretenden-, y los ciudadanos o los grupos resistentes y descontentos. En este sentido, el proceso político latinoamericano refleja todavía un modelo de Constitución preabsolutista, basada en el principio de la negociación y del contrato 12.. Una sociedad sometida a condiciones semejantes está a expensas de ser caótica y de que sus ciudadanos piensen en darle la espalda e incluso conciban la posibilidad de emigrar en busca de mejores condiciones legales y de seguridad, pues de quedarse y acoplarse a estas condiciones, los individuos trataran estratégicamente su sometimiento a las leyes, lo que genera un riesgo de que las relaciones sociales se condicionen por el trato inverso a la normatividad. Esto no quiere decir que se presente siempre la posibilidad de que el constructo se desintegre, pero sí que se está en riesgo de que no sea el orden estatal quien determine dichas formaciones. Lo que puede analizarse como un imperfecto desarrollo estatal, también puede considerarse como un triunfo de ciertos grupos sociales que apelan a una razón inversa a la del poder político central. Según Waldmann (2003), estos grupos: “Han sabido impedir que el Estado se desvincule de la sociedad y se constituya en una institución de derecho propio, capaz de fijar las condiciones básicas y las normas de comportamiento tanto para los individuos como para la sociedad en general”. Esto arroja que. 12. Peter Waldmann, El Estado anómico, p.39.. 23.

(24) los grupos sociales desempeñen el papel de extorsionador hacia el Estado y asimismo abusen de el para fines particularistas. En efecto esto hace que se vuelva evidente una maquinaria criminal fundada, y una tendencia del Estado latinoamericano a ceder con sus presiones, pues también en el control territorial se ven sobrepasados. Aun cuando existe un éxito obtenido en la independencia hacia afuera, todavía estos Estados tienen una gran incapacidad de imponer sus pretensiones soberanas hacia adentro. Waldmann (2003) advierte que: “En el ámbito interno del Estado, los países latinoamericanos solo cumplen en parte con los tres criterios según los cuales se define, desde Jellinek, la soberanía” (Waldmann, 2003, p. 15). Básicamente se tiene una limitación de la soberanía estatal que hace que se convierta en característico que, en casi todos estos países, existan espacios y ámbitos de grandes dimensiones, en algunas ocasiones, que se encubren de la intervención del Estado y están dominados por fuerzas alternativas13. En América Latina el Estado nunca se convirtió en un fin en sí mismo, sino por otra parte se dio como un instrumento que se ha utilizado por grupos para implementar diversos objetivos de carácter particular. Estos fines se dan a partir de un foro institucional, que es lo que termina siendo el Estado, un escenario donde se dirimen conflictos sociales y se redistribuyen las posibilidades de obtener ingresos y bienes. De allí la conveniencia de mantener las maquinarias a favor de que los cambios ocurran lo menos posible. Si las expectativas de estos fines particularistas son defraudadas por el Estado, pues sus organismos pueden alcanzar a reaccionar para minimizar cambios, las retribuciones no se hacen esperar y para esto los grupos perjudicados tienen varios mecanismos. El medio tradicional utilizado por los diferentes grupos o asociaciones para manifestar su descontento era la amenaza con la violencia o su aplicación inmediata. Desde manifestaciones políticas o de defensa de los bienes privados, los ejemplos son repetitivos, movimientos ostentativos de tropas en cuarteles situados en las cercanías de la capital cuando se trata de medidas que pueden afectar los intereses de los militares, huelgas. 13. Este punto se profundizará en el apartado sobre normas alternativas a expensas del orden jurídico formal y que lleva como título: Pluralismo normativo en el Estado anómico, donde se aplicaran las categorías de estudio que implementa el sociólogo colombiano Víctor Reyes Morris sobre tiempo y espacio anómico.. 24.

(25) con ocupaciones de edificios por los empleados estatales a los que se les niegan aumentos salariales, disturbios violentos vinculados con manifestaciones de las capas bajas y de grupos marginales, como reacción al encarecimiento de los alimentos básicos o al alza de las tarifas del transporte urbano público. “En el curso de la reciente ola de democratización, los medios para ejercer presión se van desplazando hacia el ámbito simbólico-comunicativo. Sin embargo, el mecanismo básico de ejercer influencia sobre el Estado mediante presiones, relaciones y negociaciones de compromisos según el principio de la reciprocidad ha cambiado poco” (Waldmann, 2003, p.39). En América Latina, para el futuro, podemos contar más bien con situaciones mixtas: ámbitos en los cuales las leyes son aplicadas en amplio grado gracias al control estatal (partes de la Constitución; el derecho económico internacional), se enfrentarán con otros en los cuales las costumbres o simplemente el derecho del más fuerte será lo que cuente. Entre los dos tipos de ámbitos habrá otros de competencias superpuestas y contenidos de diferentes normas, en los que las reglas formales e informales se entrelazaran de diferentes maneras, creando mayor inseguridad pero, también, más posibilidades de elección para el individuo14.. LA PERSPECTIVA DEL PROBLEMA DE LA “DELINCUENCIA DE ESTADO” Posterior a la desaparición del socialismo de Estado (Staatssozialismus) en Europa Central y Oriental (1989-1990), la relación entre la política y el derecho se materializa en la constitución del Estado de Derecho (Rechtsstaat), haciendo evidente un proceso de transformación de los aparatos institucionales, normativos y de control social, lo cual abre paso a nuevas denominaciones sobre el impacto que las reacciones políticas y de derecho corresponden después de un tiempo autoritario, cuando es el Estado quien tiene que enfrentar la delincuencia que se perpetro en su propio nombre.. 14. Peter Waldmann, El Estado anómico, p.90.. 25.

(26) En esta dirección, con la designación del término “Delincuencia de Estado” 15, se analizan las formas de reacción en la política y en el derecho frente a los actos delictivos perpetrados en nombre del Estado en América Latina. De acuerdo con ello, el antecedente de que estos actos eran consumados en nombre del poder estatal y a razón de la falta de una vinculación entre poderes políticos y el derecho en el Estado de Derecho, estos actos no eran perseguidos ni mucho menos sancionados. A razón de ello de acuerdo con Arnold et al.: “…la fórmula del problema “delincuencia de Estado” se convierte así en un sismógrafo para el desarrollo de la relación entre los poderes políticos y el derecho” (Arnold, Simon y Woischnik, 2006). Los mencionados procesos de transformación y análisis asociados a esta denominación no recaen únicamente en Europa Central y Oriental, pues este proceso de evolución del Estado se exporto a otras latitudes, como a América Latina donde coincide temporalmente y, como se señaló, políticamente junto a rasgos contextuales en lo referente al tránsito de formas autoritarias dictatoriales a la instauración del Estado de Derecho. Con estas bases, se examina si el poder estatal en el mencionado proceso de transformación, decide denominar un comportamiento social ya ocurrido, incentivado o estimulado por él, como un acto delictivo consumado y asimismo decide llevar el debido proceso empleando mecanismos institucionales para emprender una investigación de tipo penal, un juzgamiento y sobre todo una correspondiente sentencia con el propósito de asegurar una separación y, de ser necesario, una reparación de los casos ya consumados16.. 15. Jörg Arnold, Jan-Michael Simon y Jan Woischnik editan un texto titulado: Estado de derecho y delincuencia de Estado en América Latina (2006), que es el resultado de un coloquio internacional llevado a cabo en el año 2002 en Sao Paulo, Brasil, organizado por el instituto Max-Planck junto con el programa “Estado de Derecho para Sudamérica”, de la fundación Konrad Adenauer y el Instituto Brasilero de Ciencias Criminales. Un año más tarde, los participantes a este coloquio revisaron sus informes y los presentan en el formato de texto mencionado con reflexiones acerca de la designación del término “Delincuencia de Estado”. 16 Bajo esta perspectiva, en el texto: Estado de derecho y delincuencia de Estado en América Latina (2006), se analizan procesos en Europa Oriental (Rusia y Estados de la ex Unión Soviética, ex Alemania Oriental, Polonia, Hungría, República Checa, Bulgaria), Europa Occidental (Grecia, Portugal, España), Oriente asiático (China en referencia a las decisiones sobre la llamada banda de los cuatro después de la muerte de Mao Zedong y Corea), África (Ghana, Malí, Ruanda, Sudáfrica) y América Latina (Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Guatemala). A diferencia de la denominación propuesta por Waldmann (Estado anómico), se incluye en este proceso (delincuencia de Estado) un análisis sobre la experiencia chilena y uruguaya.. 26.

(27) Esto permite que se emplee un examen donde se verifica si en el proceso de transformación se decide ya sea basado en el derecho sobre la persecución, el enjuiciamiento y el cumplimiento de la condena e igualmente sobre pretensiones de indemnización. De otro lado, el examen pasa por verificar si la falta de decisiones en el derecho esta permeada por una relación particular entre los poderes políticos y su influencia en el derecho, para finalmente analizar el papel de los derechos humanos sobre estas decisiones y debatir si las implicaciones que tienen sobre los procesos son determinantes o por lo contrario no lo son. Con base a este proceder, la determinación se centra en la proliferación normativa y su peso en los procesos de toma de decisión en la transformación de la relación entre la política y el derecho en determinados contextos. Esto lleva a una indagación que se instala como problema central y que cuestiona la posibilidad de que el Estado de Derecho, en este proceso de transformación, certifique las posteriores denominaciones de los procesos sociales que se asocian a la delincuencia de Estado y en extensión los aparatos jurídicos subyacentes, lo que puede ser perjudicial para la justicia misma. Para responder dicho interrogante, se suman perspectivas que vinculan la participación e influencia de organismos internacionales, el derecho internacional humanitario, los derechos humanos y el derecho penal internacional, con el propósito de determinar su influjo en las democracias de estos países y su vocación alrededor del Estado de Derecho.. DEFICIENCIAS ESTRUCTURALES EN EL ESTADO ANÓMICO Al plantear un examen genérico sobre las deficiencias estructurales del Estado latinoamericano, que bajo esta postura es definido como un Estado anómico, se puede caer inevitablemente en el riesgo de que esta denominación esté condicionada a partir de parámetros que se salen de su dominio. A su vez, es posible impugnar una caracterización estructural específica desde comparaciones que no están bajo unas mismas condiciones de desarrollo contextual e histórico, por lo cual se podría incurrir en una afirmación sesgada sobre la existencia de, en oposición, una estructura ulterior de modelo de Estado. En efecto, como se ha mencionado, esta denominación se hace en base a las características de la ola de democratización de la segunda mitad del siglo XX en la región, 27.

(28) pero específicamente la época posdicatatorial y de proliferación normativa que se materializa en los años ochenta. Básicamente, las condiciones por las cuales se definen estas deficiencias estructurales se hacen bajo la premisa de que el progreso del Estado y su desarrollo como Estado de Derecho en la región latinoamericana, es un proceso especial que merece una explicación que ha de tener como referencia la imagen de lo que se esperaría sería un desarrollo “normal” del estamento y su relación con el conglomerado social. En este contexto, se puede establecer dos principios por los cuales se infiere las deficiencias del Estado en América Latina y por las cuales se accede inicialmente a plantear la noción de Estado anómico. Estos principios son: un desenvolvimiento burocrático mediocre y, seguidamente, la existencia de una red clientelista de dimensiones extensas. Esto hará que el Estado no sea un fin en sí mismo, sino, como se mostrara, se convierta en un instrumento para la puesta en marcha de intereses privados y particularistas. El rastreo de las deficiencias estructurales del Estado Latinoamericano se puede exponer en la intención de estos principios (desenvolvimiento burocrático y esta red clientelista) en la regulación de casi todos los aspectos y ámbitos sociales con su intervención, pero que como resultado termina siendo insuficiente. Por otra parte, se evidencia que los monopolios de la coacción y de recaudo fiscal preponderantemente vitales, junto a su mantenimiento, pasan a ser una necesidad de primer orden para extender la idea de control, incluso por encima de la legitimación que se puede tener al contar con la aprobación de la ciudadanía por recibir auxilios sociales. La explicación genérica de las deficiencias del Estado latinoamericano puede pasar también por el examen de los criterios según los cuales se determina la existencia efectiva del Estado mismo. Desde el punto de vista estructural, la debilidad del Estado se presenta como la incapacidad de garantizar un orden pacifico vinculante para todos y de brindar las prestaciones elementales, es decir, como una debilidad relacionada con el orden y otra con la organización 17.. Inicialmente, de acuerdo con el ámbito legal18, es donde de manera formal se muestra notoriamente que en muchos Estados latinoamericanos la estatalidad nunca ha sido 17 18. Peter Waldmann, El Estado anómico, p.15. Este punto se trata a fondo en el apartado Pluralismo normativo en el Estado anómico.. 28.

(29) realizada. Las Constituciones, cuya letra y espíritu se infringen persistentemente, en sus propias leyes se encuentran frecuentes deficiencias técnicas. Estas falencias son contempladas por los ciudadanos en principio con desconfianza y al mismo tiempo aplicadas por las autoridades judiciales de manera parcial. Incluso esto hace que jueces y tribunales no sean siempre accesibles para el ciudadano corriente. Según Waldmann (1998): “La aplicación del derecho en América Latina es un amplio campo que permite observar todas las formas de desviación imaginables de lo que realmente merecería el nombre de Estado de Derecho”. En estos términos, existe una incapacidad estatal de hacer cumplir por todos los ciudadanos las leyes y los decretos y no solo promulgarlos. De otro lado, de acuerdo con el monopolio de recaudación fiscal, los Estados no obligan a los ciudadanos de manera igual a pagar por los impuestos que estos adeudan. Las personas que tienen cantidades importantes de dinero prefieren guardarlo en paraísos fiscales a razón de evadir impuestos, que como se sabe son fuente del financiamiento de los aparatos y las instituciones estatales. Así mismo, las autoridades por no hacer control de estas estrategias de evasión terminan volviéndose cómplices, pues prometen unas condonaciones que terminan siendo muy flexibles a aquellas personas que estén dispuestas a repatriar los dineros. El Estado se ve obligado a negociar la recaudación, ampliando plazos e incluso descontando dineros que se le adeudan, con el ofrecimiento de beneficios para lo que en un principio es natural de acuerdo con este campo. En cuanto al monopolio de la coacción, de entrada, se puede establecer que es controvertido pues hay una necesidad inherente de tener el monopolio de la coacción física de forma legítima, pero al tener un componente solido de aceptación por parte de los grupos sociales en general, inevitablemente se produce una pérdida de la capacidad de disciplinar. La debilidad del Estado latinoamericano al imponer sus resoluciones se debe, más que a otras circunstancias, a la falta de un aparato de coacción física legitima que sea superior a los demás sectores que le hacen competencia19.. La tesis de Waldmann (2003) indica que en estos países el Estado no puede esperar que los individuos le obedezcan de manera incondicional, ya que les queda abierta la. 19. Peter Waldmann, El Estado anómico, p.31.. 29.

(30) posibilidad de defenderse personalmente en casos excepcionales. Es decir, de recurrir a la violencia para oponer resistencia frente un inconveniente que los perjudique supuesta o realmente (p.32). Las personas optan por defenderse de los abusos a expensas de la actuación estatal. Los mecanismos y organismos de defensa que se salen de la dinámica por la cual deciden su actuar también son cuestionados. Para confirmar esta tesis basta con leer los titulares de los periódicos en cualquier ciudad de la región, estos muestran noticias sobre altercados violentos entre individuos, grupos de ciudadanos y fuerzas de seguridad estatales, donde el componente de abuso muta constantemente de actor a actor. Lo que es definitivo es que el Estado y sus representantes, en este caso las instituciones encargadas de la coacción física, nunca han logrado convencer a los ciudadanos de no tomarse arbitrariamente la justicia por sus propias manos. Los casos de arrestos ciudadanos van más allá de retener a una persona; ya los ciudadanos optan por tomar la justicia por sus propios medios, no solo desconociendo el papel del Estado, sino desconfiando de su actuación sobre estas problemáticas. Esto no significa que los órganos de justicia y estos métodos sean utilizados por todos cuando lo consideren, más bien se vuelve un recurso para determinadas clases sociales, tal como lo advierte Waldmann (2003): “…el recurso de la violencia, o la amenaza de usarla como elemento subsidiario tiene mucha aceptación sobre todo por aquellos individuos o grupos que carecen de otras fuentes de poder (las capas bajas y los grupos marginales)” (Waldmann, 2003, p.329). Otro aspecto significativo se encuentra en la estructura interna del propio aparato estatal. Lo que resulta alarmante es que su debilidad se manifiesta en el hecho de que tradicionalmente no ha sido capaz de hacerse obedecer estrictamente por sus propias instituciones, sobre todo por las FFAA. Motines de todo tipo e intentos de golpe, con o sin éxito, eran frecuentes hasta hace poco en la región. Como lo expone Peter Waldmann: “Está por verse si la transición hacia la democracia parlamentaria, iniciada en casi todos estos países a partir de 1983, representa la renuncia definitiva a querer resolver de manera violenta los conflictos políticos que se producen dentro del aparato estatal” (Waldmann, 2003, p.33). Por otra parte, las guerras con grandes pérdidas de vidas humanas, así como las revoluciones sangrientas han sido en América Latina relativamente poco frecuentes en. 30.

(31) cuanto a su efectividad, lo que ha hecho que la dinámica de guerra de guerrillas se extienda por márgenes de tiempo prolongadas y sea una constante para su mantenimiento. Las fuentes de financiación parecen inacabadas, pues mientras grupos que quieren acceder de forma violenta al poder se financian con dineros que van desde el tráfico de drogas hasta delitos contra el patrimonio, las fuerzas estatales tienen en la recaudación fiscal un flujo importante y justificado para acceder a recursos. Es más bien la difusa la forma con la cual se hace uso de la violencia, que por demás es “indisciplinada” esto determina la imagen social y política, más que las grandes olas de violencia, ciertamente muy disciplinada característica de la historia de la Europa reciente que han sido guerras que han empleados mecanismos potencialmente efectivos. Esto ha ocasionado que el territorio se encuentre desmembrado, lo que acentúa el distanciamiento del Estado en territorios ajenos a los centros económicos y políticos. La prueba de posesión de un territorio homogéneo se materializa en el control estatal. Pero en el caso latinoamericano de acuerdo Waldmann (2003), esta constatación no es nueva, pues también en la época colonial y en el siglo XIX, el control estatal se limitaba esencialmente a las ciudades y su entorno, mientras que en el inconmensurable interior del territorio, en particular en las zonas topográficamente poco accesibles o con clima desfavorable, imperan otras dinámicas de control y poder que incluso en la modernización de los Estados se encuentran tradicionalmente alejados del alcance central del Estado. Para el autor llama la atención que el número e importancia de aquellos grupos no hayan disminuido durante el proceso de modernización que recorrieron estas sociedades en los últimos 100 años, sino que se desplazan, pues mientras antiguamente los encontrábamos en los límites o fuera del ámbito de influencia estatal, hoy día se encuentran también en el centro de las ciudades grandes de Latinoamérica. Así es que en todas las metrópolis latinoamericanas existen barrios poblados por las capas bajas en las cuales la policía evita entrar por temor a ser agredida. En estos lugares ejercen el poder grupos a quienes el Estado les es indiferente o que consideran a este su enemigo: bandas rivales de jóvenes delincuentes, milicias civiles y “escuadrones de la muerte”, carteles de drogas y jefes de bandas criminales con sus guardaespaldas20.. 20. Peter Waldmann, El Estado anómico, p. 34.. 31.

Referencias

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