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LA EXPERIENCIA EN LA ANOMIA: EL CASO DE ‘EL NARRADOR’

Desaparición es la memoria de alguien a quien no se le conoce el nombre, ese es El Narrador.77 Desde una perspectiva original de experiencias de vida que transcurren del 05 de febrero al 06 de noviembre del año 1985, El Narrador, en este relato, deja conocer de forma íntima su tránsito por la vida, su morar como víctima y sobre todo su relación con

Chiqui. Sus locuciones en referencia a las personas que componen su devenir se vuelven hacia sí y consiguen darle cara a las múltiples facetas que este personaje tiene y que devela con cada circunstancia y oposición que se aposta en su camino.

Su presentación en la novela se da como una víctima a quien le quitaron un ser querido y que emprende una búsqueda incansable hacia su encuentro. El siguiente es el desarrollo de este personaje, que durante toda la ficción tiene presente una rememoración continua y detallada de momentos previos a lo que será la desaparición de su ser amado y, unos silencios inacabados al no dar con su paradero. En este orden, la perspectiva que se da a este relato tiene presente su posición como persona, su interacción con Chiqui y de forma subsidiaria con otros personajes. De este modo, lo que se permite conocer de El Narrador

está en función de un periodo de nueve meses, que no obstante sus facetas, que son múltiples, revelan un momento de acoplamiento a las condiciones sociales que continuamente van cambiando y que si es necesario se remitirán a su pasado para situarlas, pero nunca de forma alterna a su relación pasional, esta es punto de referencia.

En esta perspectiva, el análisis que se hace de El Narrador puede pasar por ámbitos que van desde una psicología del personaje muy marcada hacia sus convicciones personales y las facetas que se generan a partir de sus condiciones de vida. De este modo, las temáticas que rondan su tratamiento se vuelven diversas y pueden ser aplicadas a múltiples perspectivas de observación; sin embargo, la apuesta que de forma transversal unifica las mismas, se vuelve hacia una característica que habita al personaje y que crecidamente es evidencia dinámica de los sucesos narrados, está es ser un testimonio del operar anómico. Desde esta condición se plantea una lectura de El Narrador.

En esta dirección, en la presentación del personaje, aun con lo aleatorio del relato, se pueden advertir unos puntos de cauce y subrepticiamente unas condiciones personales que soportan estos puntos. De este modo, inicialmente el personaje se muestra como un técnico judicial, que trabaja como escribiente de esta rama del poder público; en esta faceta, el personaje de forma resignada siempre muestra unas molestias frente a la situación del país, lo que consigue tocar directamente las dinámicas de su trabajo, pues se evidencian continuos

peligros al pretender administrar la justicia. Como muestra de ello, en referencia al movimiento habitual de un juzgado, que a su vez muestra un contexto general:78

“De las casas al trabajo muy de mañana, transcribiendo las indagatorias eternas de pequeños delincuentes, más víctimas de las circunstancias que forajidos sin misericordia: putas que le debían al proxeneta de turno su parte y resultaban cortadas o violadas, sicarios que caían abaleados, drogadictos golpeados por no pagar a sus distribuidores, personajes que robaban a cualquiera para asegurarse un almuerzo, lesionados sin justa causa y sin ninguna idea de su atacante… La vida real (…)” (24). De otro lado existe un continuo deterioro de las garantías para ejercer esta carrera: “Cinco de febrero. Nunca olvidare la fecha. Ni el año 1985. No los olvidare porque ese día, raramente, la radio dio cuenta de una noticia espantosa: la masacre de dos jueces y diez técnicos judiciales, gente como yo, a manos de las denominadas fuerzas oscuras de La Rochela, un pueblito en el departamento de Santander. Los jueces habían ido con el único propósito de recolectar pruebas acerca de otra de las tantas masacres anteriores y una vez allí fueron ultimados, como se decía en el reporte, por un grupo de criminales al mando de cualquiera de los grandes. Escalofriante. Este hecho hubiera exigido por sí mismo un paro del poder judicial en pleno, un paro del país, un paro de la humanidad. Pero no fue así. Había mucho de insensibilidad y apatía en todos, de barbarie. También de incomunicación. Los medios no daban mayor difusión a estos hechos y, si lo hacían, la noticia se perdía en la banalidad de las demás informaciones” (37).

Otra cara del personaje, esta vez personal pero paralela a la anterior, se muestra en su faceta de escritor. Aunque si bien no se evidencia lo que este personaje escribe con claridad (todo indica podría ser Desaparición), si existe una descripción y argumento sobre su escritura, la que se encuentra en una denuncia hacia las condiciones del país y una declaración sentimental a Chiqui. La motivación que soporta su literatura es la de responder a un suceso dado que le afecta.

Como testimonio del quehacer en que se soporta su escritura:

78 Otra referencia se encuentra reseñada en el análisis suscrito a El Chulo, donde debido al conocimiento

adquirido por el Protagonista sobre el operar y resultados de la rama judicial, decide optar a hacer caso a sus amenazas. “…El Chulo me exigía pagarle lo que le debías, sopena de marcarme como a la Doris, lo mismo que El Hortensias o los distribuidores de la calle veintiuna. Todos me amenazaban de muerte y yo sabía a qué se referían; sabía que ese ¡cuidadito y no paga¡ no era retórica. Lo sabía por experiencia directa o por el Juzgado –el noventa y cinco por ciento de los procesos por lesiones personales y homicidio quedaban impunes y esto

Escribir. Siempre queda la escritura. La guerra, la decadencia, la muerte, la autodestrucción están fuera y perduraran. La escritura es otra cosa. Avanza al margen. Gracias a ella, nada puede tocarnos. Todavía hoy, mirando este retrato, quiero sustraerme del dolor, de la vida, y soló la escritura me lo permite. Yo solo quiero escribir para poder explicar, para explicarme. Como al principio con Edith inmersa en medio, como en Medellín luego, como al final… Siempre escribir. Es lo único que me queda. La única base sólida. La columna de mi soledad y mi ambigüedad, el, motivo por el que un día había llegado a Bogotá queriendo volverme escritor, a pesar de todo; buscando entonces que la gente me reconociera por esto y no por otra cosa. Por ello había sido capaz de sortear cada uno de los obstáculos que se me presentaron y persistir en mi sueño. Por eso soportaba las vejaciones y pasaba por encima de ellas, con dignidad incluso (65-66).

De otro lado, se encuentra otra motivación al escribir como denuncia a los vejámenes que se evidencian en el país, lo que hace sobresalir una característica trascendental en este personaje, que en el desarrollo de la novela se encubre pero que posteriormente se delata subrepticiamente. Esta cuestión es la de la sexualidad del personaje. De este modo se advierte una imbricación de su faceta como escribiente, como escritor y como transexual.

En su desarrollo:

Yo no respondí de inmediato, pero después de unos segundos, quizá conmovido por la forma en que me hablabas o la manera en que me mirabas, comencé a relatarte, a mi manera, lo que había sucedido el veintiséis de febrero de 1971 en Cali (82).79

-Luego de lo que pasó ese día –comencé a decir- tuve que pensarme y verme a mí de otra manera (83). Por tanto, lo pensé de nuevo y, finalmente, como una catarsis esperada desde hacía años, escupí lo que había asumido como un fátum, como un destino inevitable del que sólo la muestre me liberaría (83). -Ese veintiséis de febrero –dije de una forma lapidaria-, tres soldados me violaron. En el campus universitario, en medio del ataque, uno tras otro me violaron. Yo tenía diecinueve años y apenas entendía lo que pasaba. Ellos me golpearon e hicieron conmigo lo que quisieron. Mi cuerpo quedó tan mal tratado entonces que, luego, por varios días no pude caminar ni salir de la casa. Me sumí en la peor depresión de mi vida (83).

-Sí. Desde ese día, quise escribir. Quise tratar de entender lo sucedido. Entender este país, las instituciones, el sistema… todo eso de lo que siempre hablabas. Mi sexo quedó aterido y, por años, sólo quise una vida… mental, por decirlo de algún modo. Me enterré en mis palabras por completo (83).

Con lo anterior no se pretende establecer que debido a la violación que sufre el personaje, esté opta a recogerse en una condición sexual distinta. Lo que se quiere advertir es que, aunque si bien la presentación que se hace de esté es la de un masculino, su conformación como personaje ronda el habitar de una mujer y un hombre en un solo ser y desde allí se puede entender plenamente su situación de género. En esta medida, la historia de El Narrador se entiende como la de un permanente afectado por distintas formas de violencia, condición que puede ser entendida desde un enfoque de interseccionalidad, pues recoge varias situaciones que solicitan de un análisis integral y no fragmentado. Su condición de mujer, de hombre, de víctima, de joven, etc. Lo anterior permite establecer un puente hacia otra faceta que va asociando nuevos elementos de la naturaleza psicológica del personaje. En este camino, es posible establecer los antecedentes por los cuales se soporta una notada desconfianza hacia las instituciones por parte de El Narrador, pues no están en capacidad de efectuar control sobre situaciones normadas y mucho menos en situaciones no normadas. Esto se da a causa de la experiencia en la búsqueda de justicia a causa de su violación.

En una conversación con un abogado que se da posterior a los hechos de la violación: -Él dijo que si iba a denunciar a estos hombres debía tener pruebas contra ellos: mis exámenes, sus nombres, sus placas. Por mi parte, debía hacerme un examen médico que estableciera la lesión, ir a Medicina Legal, someterme a otros vejámenes, etcétera, etcétera, etcétera. ¡Ya sabes! Debía incluso realizar un retrato hablado de sus caras… (85)

Chiqui en su tono de reclamo hacia las instituciones le reclama su pasividad ante el hecho:

Frente a la infamia, todos se quedan con los brazos cruzados; frente a un ataque a la vida o a la integridad corporal, todos permanecen quietos. ¿No trabajas tú en un Juzgado Penal? ¿No sabes que la violación es un delito, y que es más grave si quien la realiza es una autoridad, mucho más si son varias autoridades las comprometidas? (85).

En respuesta a su falta de actuar frente a lo sucedido:

-El abogado dijo que si no lo hacía, si no era posible adelantar cada una de las diligencias convenientes, no podía iniciarse el proceso; que, incluso, una vez hecha la denuncia penal sería difícil para mí sustraernos a los posibles efectos de esta acción (85).

-Si me permiten darles un consejo, nos dijo al final el hombre a mi madre y a mí, no hagan nada. Lo mejor es no hablar del asunto. Olvidarlo. Y eso hicimos, lo olvidamos (85).

En este orden entra años después en la ciudad de Bogotá un personaje que es Alfonso Reyes Echandia, quien es el abogado que en un momento le indico a El Narrador y a su madre que no denunciaran el hecho; pero esta vez tratando de reprobar sus propias palabras, se arrepiente de lo que dijo en su momento, pues reconoce que esto tocó la vida de esta, entonces, mujer.

–Hace años fuiste atacada por unos soldados en servicio cuando ellos entraron al campus de la ciudad universitaria en Cali. Yo lo miré a los ojos sin saber que responder. –Yo les aconsejé a tu madre y a ti que no denunciaran el hecho si no tenían todas las pruebas para de mostrarlo –continuo de una manera muy pesada, también diferente a la de aquella noche–. Hoy no pienso lo mismo y me siento culpable contigo por lo que has hecho de tu vida. Hizo una pausa, se sentó en su escritorio y continúo: –Debieron hacerlo, debieron denunciar (278).

Los anteriores son elementos centrales que soportan la constitución encauzada del personaje. Estos elementos son los que atestiguan su experiencia singular en la anomia y sus ambientes. Debido a que la novela es un relato único de este mismo personaje, características complementarias se encuentran ya descritas en los análisis hechos previamente, pues son correlaciones de su experiencia con la de otros personajes. De este modo, es posible extender el presente análisis, pues se conocen los personajes a partir de la relación con El Narrador, él los describe. Así, la experiencia con Chiqui, María, El Chulo, Emma y otros, no es más que la particularidad de la anomia extendida en relaciones personales. Conocer a El Narrador

permite entender de forma más amplia su relación con cada personaje, desde allí sus facetas cobran vigor y se muestran como respuestas de socialización.

IV

CONCLUSIONES: