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Tiquisio: memorias de una lucha por la defensa de la vida y la permanencia en el territorio

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1 TIQUISIO: MEMORIAS DE UNA LUCHA POR LA DEFENSA DE LA VIDA Y LA

PERMANENCIA EN EL TERRITORIO.

Presentado por:

CAMILA ANDREA SAIZ SÁENZ

Director:

JEFFERSON JARAMILLO MARÍN

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE SOCIOLOGÍA

TRABAJO DE GRADO

COLOMBIA

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3 Resumen

El presente trabajo de grado busca comprender, bajo una perspectiva sociohistórica, la relación existente entre la transformación de las dinámicas de guerra regional, las disputas por el territorio y el surgimiento de procesos organizativos y liderazgos comunitarios en el municipio de Tiquisio, ubicado en el sur del departamento de Bolívar (Colombia). Para esto, se presentará la reconstrucción de la historia de vida de ocho líderes comunitarios de este municipio, elaboradas mediante la metodología de observación participante y entrevistas a profundidad, que permitirán rastrear la transformación de estas categorías temporal y espacialmente y la forma en la que éstas transformaciones han influenciado el desarrollo de Tiquisio, así como en la cotidianidad e imaginarios colectivos de sus pobladores. Asimismo, este trabajo busca aportar a la construcción de la memoria histórica de la comunidad que habita este territorio.

Palabras clave: Dinámicas de guerra, disputas por el territorio, procesos organizativos, liderazgos comunitarios, Tiquisio, imaginarios colectivos, historia de vida, memoria histórica.

Abstract

This thesis looks forward to understand, under an historical perspective, the relationship between the transformation of the regional dynamics of war, disputes over territory and the emergence of organizational processes and community leaders in the town of Tiquisio located in southern Bolivar department. For this, the reconstruction of the life history of eight community leaders of this town will be presented, prepared using the methodology of participant observation and depth interviews, which will trace temporarily the transformation of these categories and how these changes have influenced the development in Tiquisio, the everyday life and collective imaginaries of its inhabitants. As well this thesis aims to contribute in the construction of the historical memory of the community that habitats this territory.

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4 Agradecimientos

Al Servicio Jesuita a Refugiados Colombia, especialmente al Equipo Regional Magdalena

Medio, por darme la oportunidad de conocer Tiquisio, por el respaldo y la confianza depositada

en la realización de este trabajo y por la innumerable cantidad de aprendizajes que me llevo del

trabajo allí y de todas las personas que me acompañaron durante este proceso. A la Pontificia

Universidad Javeriana, por brindarme los medios, el aval y el apoyo para hacer este trabajo

posible. A Jefferson Jaramillo por creer en este trabajo desde el comienzo, pues sus gestiones,

sugerencias y correcciones fueron indispensables para hacer esto posible.

A mi madre, mi padre y mis hermanos, porque el haber llegado hasta acá es fruto de su gran

esfuerzo, ejemplo y amor, por haber compartido desde siempre mis triunfos y haber sido mi

mayor apoyo en los momentos difíciles, especialmente durante mi estadía en el Magdalena

Medio. A Estefanía Prieto, porque gran parte de esta travesía sociológica la labramos juntas,

desde las aulas de clase hasta el día que emprendimos juntas el viaje hacia el Magdalena Medio;

por ser una gran amiga, una gran compañera de estudios y una gran colega. A María Alejandra

Rendón, por ser mi mano derecha durante todo este proceso; por su paciencia, su dedicación y

porque su apoyo en la sistematización y redacción de este trabajo fue imprescindible.

A los protagonistas de los relatos, a sus familias y a todas las personas que contribuyeron a la

elaboración de este trabajo, por abrirme las puertas de su casa, de sus vidas y de su memoria, por

toda la confianza y el cariño que me entregaron, porque los aprendizajes y recuerdos que me

(5)

5 Tabla de contenido

Resumen………..3

Abstract………...3

Agradecimientos……….4

Tabla de ilustraciones………7

1. Introducción……….11

1.1La construcción del problema de investigación, los antecedentes de la discusión y la justificación del trabajo……….15

1.2Trayecto metodológico y apuestas éticas en terreno………...20

1.3La elaboración del texto y su estructura………..31

2. Disputas por el territorio……….34

2.1Yo recuerdo con nostalgia lo que era Tiquisio………34 2.1.1 Los militares nos tachaban de guerrilleros y los guerrilleros de informantes del ejército……….36

2.1.2 Las organizaciones defensoras de derechos humanos y los actores armados empezaron a reconocernos………...42

2.2Los Hermanos Turizo: Entre la tradición y el despojo………..47

2.2.1 El man llegó por acá diciendo que esas tierras eran de él y que nosotros éramos unos invasores……….50

2.2.2 Yo soy Pedro Turizo y estoy aquí en representación de mi hermano……….53

3. Dinámicas de la guerra………58

3.1Lidis Camargo: La Caminante……….58

(6)

6 3.2Emiro Sánchez: La incansable lucha por la ventura……….69

3.2.1 Ya después yo dejé de viajar en canoa, porque estaba cansado de que siempre

me pasara lo mismo……….72

3.2.2 En Tiquisio somos los que tienen la situación más templada ahora………...77

3.3Segundo e Isabel: Entre el amor y la guerra………...82 3.3.1 Yo creo que aquí varias personas murieron del corazón, ¿oyó?...85 3.3.2 Tanta guerra que ha habido para venir a morirse el pelado en manos de esos

canallas……….89

4. Resistencia pacífica y organización comunitaria………..95

4.1El día que mataron a Marciana………95

4.1.1 Nadie encontró justificación para que hubieran matado a mi muchacha……98 4.1.2 A todo ese grupo de gente que se organizó después de la muerte de mi hija le

pusieron como nombre Proceso Ciudadano por Tiquisio………..100

4.2Miguel Cárdenas: El Intermediario………...103

4.2.1 Nosotros no conocíamos ninguna guerrilla, entonces los confundíamos con carabineros porque venían montados en bestias………105

4.2.2 Nosotros ya estábamos organizados y dispuestos a jugarnos la ficha por

ayudar a la comunidad………...108

4.3Rafael Gallego: Entre la parroquia y la violencia……….116 4.3.1 Como era el párroco la gente me buscaba mucho para apoyarlos en cosas

sociales………...119

4.3.2 Esto es una cosa que uno hace por convicción, por eso a pesar de que a veces

me canso, acá sigo y acá voy a seguir………125

5. Consideraciones Finales………139

(7)

7 Tabla de ilustraciones

Figura 1. Mapa del municipio de Tiquisio, Bolívar………..9

Figura 2. Mapa del Magdalena Medio. Fuente: Servicio Jesuita a Refugiados………...10

Figura 3.Caminos Tiquisianos………..11

Figura 4. Johnson en Puerto Rico, Tiquisio………..13

Figura 5. Transportes tiquisianos………..21

Figura 6. Ever Pérez en Aguas Frías………..34

Figura 7. El Saltillo de Aguas Frías………...36

Figura 8. Ever y la protección contra minas antipersona………...44

Figura 9. Pedro Turizo………...47

Figura 10. La casa de Pedro en Villa Doris………...51

Figura 11: Los responsables. Fuente: Diario El Propio, 13 de Noviembre de 2014………55

Figura 12. Lidis Camargo………..58

Figura 13. La casa de Lidis en La Hamaca………...60

Figura 14. Lidis sobando a una vecina………...66

Figura 15. Lidis vendiendo pescado………..68

Figura 16. Emiro Sánchez……….69

Figura 17. Emiro Ordeñando……….73

Figura 18. Emiro en el trapiche……….76

Figura 19. Emiro en el aniversario del Proceso Ciudadano por Tiquisio………...79

Figura 20. Segundo e Isabel………...82

Figura 21. Segundo y su mula en Villa Doris………...86

Figura 22. Uno de los hijos de José Segundo………90

Figura 23. La sepultura………..92

(8)

8

Figura 25. La tumba de Marciana Araujo……….99

Figura 26. Doceavo aniversario del Proceso Ciudadano por Tiquisio………....100

Figura 27. Miguel Cárdenas………103

Figura 28. Miguel en Puerto Coca………..106

Figura 29. Diploma de la Escuela Campesina………...111

Figura 30. Cumpleaños del padre Rafael Gallego en Aguas Frías………..116

Figura 31. Rafael Gallego en el Seminario……….118

Figura 32. Atardecer en la parroquia del Coco Tiquisio……….121

(9)
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[image:10.612.100.514.96.673.2]

10

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11 1. Introducción

Tuve la oportunidad de conocer Tiquisio1 en agosto de 2014, en el marco de mi pasantía con el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), equipo regional Magdalena Medio. Lo primero que llamó

mi atención sobre este lugar, ubicado en las faldas de la Serranía de San Lucas, fue la dificultad

para llegar hasta allí, lo que da cuenta del abandono y descuido estatal en el que se encuentra la

zona rural del sur de Bolívar; la forma más rápida para llegar hasta Tiquisio desde

Barrancabermeja (ciudad en la que me encontraba viviendo pues allí se ubica la oficina del SJR)

es tomando un bus hasta Aguachica, en un recorrido de tres horas y media, para después tomar

un carro hasta La Gloria, donde tras un viaje de hora y media se debe embarcar una chalupa y

navegar durante media hora por el río Magdalena hasta el municipio de Río Viejo, para

finalmente abordar una moto que me conduciría hasta Tiquisio por vías sin pavimentar durante

[image:11.612.169.431.451.646.2]

tres horas más.

Figura 3. Caminos Tiquisianos.

(12)

12

Al llegar, me encontré con un municipio con una enorme riqueza natural: está bañado en sus

márgenes por el río Magdalena y el río Cauca, y en el interior por innumerables caños y

quebradas que atraviesan sus corregimientos y veredas, inmensas extensiones de cultivos y

tierras en las que resalta el verde de una vegetación espesa a pesar del calor sofocante que

caracteriza esta región del país. En esta región sobresale una variedad de especies animales que

salen a la vista incluso durante los recorridos en moto, entre ellos, pájaros de todos los tamaños y

colores, serpientes, iguanas, micos y distintos animales de monte. Lo más impactante para mí fue

la calidez de sus habitantes, quienes a pesar de la desconfianza y discreción que los ha obligado a

tener la guerra, siempre nos recibieron con los brazos abiertos y una gran sonrisa.

Lo anterior contrasta fuertemente con la situación de pobreza en la que habita la mayor parte

de sus aproximados 20.874 pobladores2; casas hechas de madera, con piso de tierra y en la

mayoría de los casos sin acceso a servicios básicos como luz eléctrica, alcantarillado, agua

potable o señal de celular. Es cierto que es un municipio en el que aproximadamente 90% de su

territorio se clasifica como rural, sin embargo, la ruralidad se enfrenta y tensiona con la idea de

bienestar, puesto que es evidente que la precariedad de las condiciones en las que viven los

habitantes de Tiquisio no responde a las características del territorio sino a un evidente descuido

por parte de una gobernación que tiene los recursos suficientes para cubrir las necesidades

básicas de estas comunidades, pero que al haberse visto permeada históricamente por la

corrupción, ha desviado el dinero que le corresponde a este municipio por concepto de regalías3

al ser un municipio dedicado en gran medida a la extracción aurífera. El panorama ante mis ojos

2 Dato extraído del plan de desarrollo municipal de Tiquisio 2012-2015.

(13)

13

como investigadora es que los ciudadanos que habitan el territorio de Tiquisio han sido

vulnerados en muchos de sus derechos esenciales.

Otra particularidad que resalta, es que a lo largo de las aproximadas 76.200 hectáreas que

abarca su jurisdicción se encuentran individuos que han llegado al municipio desde diversas

regiones del país, la mayoría de ellos víctimas de desplazamiento a causa del conflicto armado.4

En este sentido, una importante característica de Tiquisio es la variedad cultural y étnica de sus

pobladores. Tiquisio es testigo de los múltiples caminos que han labrado quienes se han asentado

en este territorio, cuya característica común es haber sido víctimas del conflicto armado, político

y social, en la mayoría de los casos de forma directa, habiendo sufrido desplazamientos forzados,

atestiguado masacres, bombardeos, combates, secuestros y otros hechos característicos de las

dinámicas de nuestra guerra. Tiquisio, es como gran parte de las zonas del país, objeto de interés

para los actores armados, no sólo por la riqueza en recursos naturales (al estar situado en la

mayor reserva aurífera del país) sino por ser un punto estratégico de movilidad de economías

[image:13.612.175.435.479.615.2]

ilícitas hacia el interior del país y hacia la costa.5

Figura 4. Johnson en Puerto Rico, Tiquisio.

4 Muchos de los actuales habitantes de Tiquisio han llegado desde otros municipios del sur de Bolívar. También encontré que una buena parte de los habitantes había migrado a Tiquisio desde el departamento de Sucre y el Catatumbo, principalmente.

(14)

14

A pesar del panorama tan desolador que encontré en Tiquisio a primera vista, durante las

distintas visitas que realicé a este municipio durante el año 2014 tuve también la oportunidad de

conocer a un grupo de líderes sociales que se encargaron -quizá sin darse cuenta- de cambiar mi

percepción sobre este lugar. Ellos despertaron en mí un interés particular por el territorio y por la

comprensión del porqué de sus características sociales y estructurales; fueron ellos mismos, a

través de sus relatos, quienes brindaron las claves sociohistóricas y la forma más adecuada de

plasmarlo en el texto.

El interés por la indagación alrededor de esta zona, surgió gracias a las conversaciones

informales que mantuve con varios de estos personajes en los tiempos intermedios que había

entre las actividades que desde el SJR llevábamos programadas para trabajar con la comunidad.

Fue en esos espacios donde me contaron diversas anécdotas de su vida personal y de su rol en la

comunidad; estos espacios a su vez condujeron a enterarme de que en este municipio existía algo

llamado Proceso Ciudadano por Tiquisio6, una experiencia de resistencia pacífica y organización

comunitaria que surgió del miedo, pero también de la necesidad de resistencia a los

hostigamientos que estaban sufriendo los pobladores de Tiquisio a causa de la presencia

simultánea de las FARC, el ELN, el ERP, las AUC y el Ejército Nacional en el municipio. En

medio de estas conversaciones, pude vislumbrar que la llegada de cada uno de estos actores con

sus lógicas propias había transformado no sólo la cotidianidad de los pobladores civiles del

territorio, sino también sus actividades económicas, que están estrechamente ligadas a las

históricas disputas por el territorio entre los distintos actores que hacen presencia en Tiquisio.

6 La experiencia del Proceso Ciudadano por Tiquisio se puede conocer con mayor detalle en el capítulo

(15)

15 1.1 La construcción del problema de investigación, los antecedentes de la discusión y la justificación del trabajo.

A partir de este contexto, encontré que en Tiquisio existía una estrecha relación entre tres

categorías principales: dinámicas de guerra, disputas por el territorio y procesos de resistencia.

La razón para priorizar y problematizar estas categorías surgió en un diálogo constante entre la

reflexión teórica, los datos encontrados en terreno, los intereses y expectativas de los

protagonistas y mis intereses investigativos. A partir de esto me di cuenta de que estas categorías

enmarcan la relación entre distintos procesos estructurales asociados al conflicto armado,

histórico y social nuestro, pero también al abandono estatal en el que se encuentra Tiquisio.

Un abandono que también se traduce en impotencia y desesperanza para muchos pero que no

termina anulando del todo la capacidad de agencia, tanto individual como colectiva de los

actores en el territorio. Es decir, aunque las disputas por la tierra y el conflicto armado se fueron

revelando casi como procesos estructurales, siguiendo la tradición sociológica, que constriñen e

influyen en la capacidad de agencia de los individuos, pero por otra parte, logré percibir que

estas acciones individuales y colectivas -en especial aquellas de resistencia pacífica- repercuten

de forma directa en el rumbo que han tomado tanto el conflicto como las disputas por la tierra en

el contexto regional. Así, al analizar estas relaciones en doble vía de estructuración7, logré armar

un mapa sobre las diversas tensiones en el territorio, pero también de la relevancia que éstas han

tenido en la determinación del desarrollo político, económico y social de Tiquisio.

(16)

16

En la construcción del problema de investigación, logré identificar a partir de algunas lecturas

y pesquisas de material secundario, que cuando estaba pensando en dinámicas de guerra en

Tiquisio, estaba asociando a estas todas aquellas estrategias económicas, políticas y militares

propias de cada actor armado presente en el territorio. Lo central aquí es que estas estrategias se

caracterizan por tener una “extensión en el tiempo, [por una serie de] transformaciones en los mecanismos de violencia de los actores armados y [por] el entrecruzamiento de múltiples tipos

de violencia” (CINEP, 2007 p. 31).

Por disputas por la tierra, logré percibir aquellas disputas y tensiones entre dos o más actores (armados o civiles) por la apropiación, manejo o control de los recursos territoriales. Retomando

aquí a Darío Fajardo8, estas tensiones ocurren en torno a recursos fundamentalmente imbricados

para las comunidades: Tierra y territorio, que además “son conceptos íntimamente relacionados

(…)[en tanto] la tierra se entiende [como] la base física y productiva de un territorio (…) y el territorio se entiende [como] el conjunto y representaciones que se construyen a partir de la

tierra” (p. 21).

La lectura de Fajardo permite comprender que en Tiquisio las disputas no son única y

exclusivamente en torno a la propiedad, sino también al control de los recursos naturales,

sociales y de movilidad, así como a los imaginarios colectivos en torno al territorio. Además, en

Tiquisio está en juego lo que Meertens y Machado llaman, en el informe La Tierra en Disputa

(2010), geografías imaginadas, es decir, “lo vivido [por las comunidades] en [ciertas]

subregiones, construidas desde la memoria de sus habitantes como territorios, de modo simbólico

y material en sus múltiples relaciones sociales, económicas, políticas y culturales, y

transformadas en la medida en que la sociedad modifica sus elementos de identidad y de

(17)

17

representación simbólica, a partir de disputas y negociaciones en torno a la tierra, los espacios

públicos y los recursos naturales. (p.42)

El anclaje teórico en estas lecturas fue entonces llevándome a considerar a Tiquisio como un

territorio imaginado y no sólo como un espacio físico, es decir, como un lugar de memorias y de

afectos, en el que se han forjado muchos de los valores identitarios de quienes lo habitan. En este

sentido, las disputas por la tierra no persiguen únicamente un fin económico, sino múltiples

intereses de carácter cultural y simbólico para los actores que hacen presencia allí.

Finalmente, en este trayecto de construcción del problema, me encontré con la categoría de

procesos de resistencia. Tanto el trabajo de campo en Tiquisio, como la lectura de alguna

literatura secundaria que habla del tema, ayudaron a perfilar que cuando hablo de resistencia

estoy pensando en todos aquellos “procesos e iniciativas desarrolladas por las comunidades (…)

[como] forma de autorreconocimiento con varios significados, que varían también en

complejidad. (…)[Estos significados] van desde el hecho sencillo de permanecer en el territorio, permanencia inequívocamente entendida como el disfrute individual y colectivo del derecho a

ser libres, hasta los procesos que involucran la toma de decisiones y el autogobierno en las

comunidades, definidos por algunas como “poder popular”. En todos los casos, la resistencia

sólo es posible con un trabajo colectivo que a su vez posibilita las dinámicas organizativas en las

comunidades” (CINEP, 2007). A partir de esta definición, se entenderán como resistencia los procesos organizativos que han surgido como respuesta al conflicto armado interno, pero

también las acciones particulares e individuales de los habitantes de Tiquisio por permanecer en

el territorio, exigir el respeto de sus derechos y confrontar pacíficamente a los actores armados.

Es importante resaltar que estas categorías emergentes no deben ser vistas a lo largo de este

trabajo de modo causal o lineal, sino quizá como hilos que se entrelazan y que dependen uno del

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18

propio rol. En este orden de ideas, analizar la forma en la que se han entretejido estos elementos,

bajo una perspectiva sociohistórica y con un enfoque de relato en las voces de los protagonistas

de las ocho microhistorias de las que más adelante hablaremos, permitirá no sólo comprenderlos

como factores aislados, sino obtener una especie de radiografía o lectura general de la realidad

social de Tiquisio a través del tiempo y de los sujetos. Estas tres categorías, por decirlo así,

condensan los principales determinantes del desarrollo económico, político y social de este

municipio en las últimas décadas.

Ahora bien, en la construcción del problema de investigación me encontré con varios

desafíos. Uno de ellos tuvo que ver con los referentes bibliográficos, ya no solo los teóricos con

los que me ayudé para construir las categorías, sino aquellos que me hablaran en general sobre la

región del Magdalena Medio y específicamente los que hablaran de Tiquisio. Aquí me topé con

que la mayor parte de las referencias que se han hecho desde las ciencias sociales en torno a esta

región y a este municipio, se enfocan en la recopilación y sistematización de hechos

victimizantes, o en las dinámicas de guerra pero sólo desde la perspectiva de los actores

armados. En esta dirección, por ejemplo, textos como Conflictos, Poderes e Identidades en el

Magdalena Medio (2006), publicado por el CINEP, reconstruyen la historia del conflicto en esta

región durante el periodo comprendido entre 1990 y 2001. Otro ejemplo de esto, es el texto En

Medio del Magdalena Medio, del sociólogo colombiano Alfredo Molano, en el que se recoge las

experiencias y proyectos realizados por el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio

en la región. Si bien son textos muy generales, la utilidad de estos trabajos radicó en su

capacidad para contextualizarme con la región y las dinámicas del conflicto en ésta.

El asunto problemático para mí resultó en tanto la mayor parte de los textos producidos se

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19

Wilches, los cuales históricamente han tenido un protagonismo en el desarrollo de la región,

dejando de lado o mencionando muy somera o superficialmente las problemáticas y

configuraciones existentes en municipios como Tiquisio. Escasamente cuando este municipio es

mencionado se lo hace en el marco de informes y sistematizaciones hechas por organizaciones

como la Defensoría del Pueblo. Un ejemplo de esto resulta ser precisamente el documento

Riquezas naturales y miseria social. Crímenes de lesa humanidad en el sur de Bolívar,

1966-2001, en el que se reconstruye a profundidad la transformación del conflicto y los hechos de

violencia asociados a este en distintos municipios del departamento. Este trabajo básicamente da

a conocer tanto los hechos victimizantes como los distintos actores armados al margen de la ley

que han hecho presencia en el municipio de Tiquisio durante estas décadas.

Respecto al municipio propiamente, en las búsquedas realizadas se encontró la Reseña

histórica de la vereda de Aguas Frías (2004), así como la sistematización del proyecto

“Construcción de un espacio campesino humanitario hacia la paz y el desarrollo integral en la

zona de Tiquisio”, realizado en el año 2008 en el marco del Proceso Ciudadano por Tiquisio.

Otro desafío importante para mí como investigadora fue el enfrentarme a una zona en la que

no existe hasta el momento un acercamiento de carácter etnográfico que permita la

aproximación a las experiencias y relatos de los habitantes de Tiquisio, específicamente sobre

sus procesos de resistencia, dado que como mencioné arriba, la mayoría de las elaboraciones

realizadas se han enfocado en la sistematización de los hechos de victimización y en los patrones

y lógicas de guerra en los denominados municipios emblemáticos del sur de Bolívar (como los

mencionados anteriormente). Tiquisio pareciera existir como un lugar más en la geografía de la

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20

Un tercer desafío fue el enfrentarme al tema de la historia de vida como referente analítico y

como marco metodológico. Aunque más adelante me detengo un poco más en esto, fue

importante en este proceso de construcción del problema de investigación entender la conexión

entre dinámicas de guerra, disputas por la tierra y procesos de resistencia en clave de la voz de

los sujetos. Esto me llevó a aproximarme a ciertas miradas sobre las historias de vida de

personajes representativos como método de análisis e investigación. En este desafío fue de gran

utilidad encontrarme con el trabajo de Juan Gregorio Palechor: historia de mi vida (2006) de

Myriam Jimeno, o las elaboraciones de Alfredo Molano en textos como Desterrados (2005) en

el que recoge los relatos e historias de vida de distintos individuos víctimas del desplazamiento

forzado en el país, o con Trochas y Fusiles (1994) en el que este autor reconstruye la historia del

surgimiento de las FARC a través de los relatos de sus integrantes y personas que estuvieron

involucradas en este contexto. Asimismo, fue motivante el trabajo de Orlando Fals Borda sobre

Mompox y Loba en Historia Doble de la Costa pieza clave como referente sobre la elaboración

de historias de vida como método de análisis en esta región del país. La utilidad que encontré en

todos estos textos fue precisamente en ayudarme a evidenciar el potencial que tienen las

narrativas de los sujetos para describir los fenómenos sociales al ubicarlos en el tiempo y en el

espacio.

1.2 Trayecto metodológico y apuestas éticas en terreno.

Cuando me referí anteriormente a que fueron los mismos líderes quienes me dieron la pista

acerca de cuál debería ser la estrategia metodológica para proceder, lo dije por dos razones: la

primera porque fue justamente gracias a sus relatos que surgió el interés por leer el contexto

desde las voces de los sujetos comunitarios debido a que encontré la memoria como una forma

(21)

21

territorio y escuchar las narrativas de sus habitantes para comprender la relación entre las

[image:21.612.212.400.136.329.2]

categorías de análisis establecidas.

Figura 5. Transportes tiquisianos.

Como dije anteriormente, la primera razón surgió de la evidente -y en algunos casos expresa-

necesidad de estos personajes de contar su historia, de explicar cómo la guerra había

transformado el tejido social y afectivo de su comunidad y sus trayectorias de vida, para poder

así reivindicar su pasado y su presente ante una realidad que los mantiene olvidados y

segregados, se presentó ante mí casi como un compromiso personal; lo académico se tornó en un

desafío ético. En estos relatos encontré no solo una especie de “nostalgia” comunitaria por lo

perdido o incluso desazón por lo no logrado nunca, sino también una experiencia ejemplar de

resistencia y liderazgo que merecía ser contada no solamente por lo interesante que resulta, sino

comprendiendo “la memoria como fuente de justicia y reivindicación de esas vidas frustradas”

(guerrero, p. 36).

En este sentido, la reconstrucción de los relatos de estos personajes se me presentó como una

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22

una herramienta para reconocer en ellos -y ayudar a que se reconozca- la humanidad y el valor

que poseen, de hacer un esfuerzo por volver las miradas hacia Tiquisio, un municipio que el

propio Estado se ha encargado de mantener en el abandono.

Ahora bien, en el recuento de este trayecto metodológico resulta clave referir cómo en el

prólogo del libro Los años del tropel (1985), de Alfredo Molano, encontré una importante razón

para utilizar las historias de vida y la reconstrucción de la memoria histórica como una

herramienta de análisis sociológico:

“…los relatos, tal como han sido construidos, contienen todos los elementos requeridos para el análisis, con una integración prestada por el escritor, pero fiel a la versión oral integrada por el protagonista. El trabajo del lector se alivia, porque no se le somete a la prueba insípida de armar un rompecabezas con base en cientos de cuadros estadísticos y en esquemas de variables sueltas a fin de reconstruir una realidad despedazada por un intermediario ajeno a los hechos. Los testimonios aquí presentados conservan la frescura de la tragedia hasta donde es posible conservarla

en el recuerdo del protagonista” (p.12)

A partir de esto posicioné la idea de que el relato puede ser útil académicamente y

potente ética y políticamente. La historia de vida además, resulta clave tanto para el

análisis sociológico como para la reconstrucción de la memoria histórica. Fue esto lo que

condujo a enfocarme en comprender la forma en la que se tejen los relatos comunitarios

sobre los impactos del conflicto armado en una comunidad y los procesos de resistencia

que surgen como respuesta a éste.

Para efectos de este trabajo es clave mencionar que no me interesó ver la memoria

histórica como una taxonomía de hechos victimizantes, puesto que ya se han hecho varios

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los derechos humanos, sino comprendiendo la memoria histórica como una forma de

dignificar a las víctimas, reconociendo los hechos violentos, pero enfocándose en la

manera en la que estas personas han tejido su proyecto de vida tanto individual como

comunitario a pesar de estar inmersos en la guerra.

A partir de esta idea, fue de gran utilidad encontrarme con la idea de “memoria transformadora”, desarrollada por Jefferson Jaramillo en varios de sus trabajos, a partir de

la cuál propone “analizar si conviene seguir presos de las memorias de la victimización o

abocarse a unas memorias transformadoras además, considerar la fuerza performativa de

los símbolos culturales en una etapa posconflicto” (p. 29). La “memoria transformadora”

pone en tela de juicio la memoria histórica como remembranza de la violencia,

proponiendo un nuevo enfoque en el que se reconozcan los hechos victimizantes, pero se

emplee la memoria como un potenciador de las capacidades comunitarias o un afianzador

de tejidos sociales a partir de la reconstrucción de los procesos de resistencia y las

experiencias en que las comunidades han logrado anteponerse al conflicto y continuar con

su trayecto. De este modo, la intención de esta investigación es contribuir a la

reconstrucción de memorias transformadoras.

En dicho proceso también encontré positivo entender que la elaboración de historias de

vida debe ser un proceso juicioso en el que se contrasten los relatos con fuentes

secundarias, puesto que al ser empleada también como una herramienta para la

construcción de conocimiento válido para las ciencias sociales, se debe procurar mantener

la “fidelidad” de éstos relatos, pero sin perder la objetividad histórica de la narrativa, como

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lector, y en el lector, el ciudadano” (p. 26). Este debe ser un punto de partida esencial para

la construcción de memoria histórica, de modo que no se legitime en esta un único

discurso, sino que permita contrastar los hechos sociales con los imaginarios comunitarios

para obtener un conocimiento más completo acerca de la historia, que permita una

comprensión del presente y una proyección hacia el futuro.

La segunda razón apareció al comprender que la utilidad de reconstruir las historias de vida

de estos personajes no solamente estaba en la producción de memoria histórica, sino que además

era la forma más acertada de aproximarme a la relación que hay entre las tres categorías

transversales para este trabajo, puesto que al ser categorías dinámicas, rastrear el proceso de

transformación que éstas han sufrido a través del tiempo resultaba clave, y quiénes mejores para

reconstruir este proceso que aquellos que hicieron parte activa de él, quienes sufrieron sus

consecuencias pero también incidieron, a través de acciones individuales o colectivas, en el curso

que ha tomado el desarrollo de Tiquisio. En este sentido, la memoria histórica aparece como una

bisagra que articula la comprensión de los procesos estructurales y las prácticas, idearios y

subjetividades comunitarias.

Fue a partir de estas consideraciones que decidí que la construcción de historias de vida sería

la ruta idónea para comprender la relación que han tenido conflicto armado, tierra y resistencia en

el municipio de Tiquisio, bajo el supuesto de que no basta sólo con hacer una lectura estructural o

cuantitativa de los procesos históricos regionales, sin atender también a las voces locales para

poder aproximarse a la comprensión del contexto Tiquisiano. Además, para lograr dar la

oportunidad a estos personajes de contar sus anécdotas, logros y derrotas en medio del conflicto

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25

campesinos que sin ayuda de nadie han luchado por lograr construir una vida digna en medio de

una guerra que los ha marcado, pero que como dicen ellos, “no les pertenece”.

En esta concepción de la historia de vida para hacer reconstrucción histórica de los procesos y

dar cuenta de regularidades encuentro propicio mencionar el trabajo de Alfredo Molano (1985)

quien para el caso del conflicto en los Llanos Orientales colombianos, decía en su momento que:

La repetición del relato por diversos integrantes del grupo que había practicado el éxodo nos permitió identificar las líneas comunes de las vivencias. Al escuchar una y otra vez las mismas experiencias contadas por diversos protagonistas aparecían bien visibles las que

Merton llama “regularidades”.

De otro lado, cada relato era una vivencia individual alumbrada por creencias propias y medida según valores íntimos que permitían establecer diferencias y comparaciones. Pero establecer y aislar aquellas por medio de una carnicería estadística convertía la Violencia en un fenómeno de redistribución de tierras o en un tejido de hipótesis acerca del juego político, sin que a la mayoría de los 200.000 muertos les hubiera tocado mucho de lo primero ni hubieran entendido nada de lo segundo. Ya que las víctimas fueron, en la casi totalidad, humildes cultivadores que después de jugarse la vida sólo conquistaron, temporalmente, la tierra que cubrió sus huesos. (p. 30 – 31)

Traigo a colación la postura de Molano aquí, no solamente porque da cuenta de la utilidad de

la historia de vida y los relatos orales como herramienta de investigación social al permitir

establecer regularidades y comparaciones entre los diversos relatos, sino también como una forma

ética de realizar la investigación y presentar los resultados a los protagonistas, quienes, tanto para

el caso de Los años del tropel como para este trabajo que presento, son población campesina que

estuvo igual de interesada en la elaboración del proyecto como en la posterior lectura del trabajo.

Aquí, el uso de una metodología cuantitativa o de un análisis teórico denso distanciaría a la

comunidad de su propia experiencia y de un trabajo que fue construido con ellos y para ellos, y

(26)

26

Tiquisio. Es por eso que la historia de vida se presentó como la opción metodológica adecuada, al

permitir a la comunidad tener participación activa en la construcción de este trabajo, pero también

garantizar el acceso a información en un territorio cuya historia no se ha escrito hasta el momento.

La historia de vida además permite el uso de un lenguaje sencillo que ayuda a los habitantes de

Tiquisio a apropiarse de este trabajo y comprenderlo sin dificultad.

La narración oral como fuente de información se constituyó como una herramienta clave en

este proceso de indagación, ya que el nivel de lecto-escritura de los habitantes de Tiquisio es muy

escasa, y además, la existencia de fuentes secundarias o documentos históricos previos es casi

inexistente, por lo que el conocimiento de los hechos que han ocurrido en Tiquisio reside en la

memoria colectiva, en la anécdota, el recuerdo y la percepción de sus protagonistas.

Adicionalmente, la historia de vida, a diferencia de la autobiografía, no se centra en la trayectoria

vital del protagonista en sí misma, sino en las representaciones y experiencias en torno a ésta. En

este sentido, la historia de vida no busca reconstruir la total de los hechos ocurridos en la vida del

entrevistado, sino aquellos que han sido emblemáticos o que dan cuenta de coyunturas críticas o

momentos de inflexión vital, permitiendo explicar fenómenos y momentos sociales a partir de las

experiencias vividas del entrevistado. La historia de vida, además, resulta central para comprender

las percepciones e imaginarios que existen en torno a estos sucesos tanto para el individuo como

para la comunidad a la que pertenece. Retomo en esta dirección las palabras de Myriam Jimeno

(2006), cuando afirma que:

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reinterpretaciones, desplazamiento de sucesos, la dramatización de ciertos incidentes y el silencio de otros, la condensación de eventos y emociones, en una narrativa moldeada al tiempo por la fantasía y la realidad, lo consciente y lo inconsciente. Esto no las hace falsas y conservan su validez para conocer y dotar de significado el pasado desde un punto del presente. (p. 42 – 43)

En esta investigación, soy también consciente de que esta herramienta metodológica y de

análisis en las ciencias sociales ha sido fuertemente criticada por autores como Martin Packer en

su trabajo La ciencia de la investigación cualitativa (2013) bajo el argumento de que la

interpretación del investigador puede tergiversar la información o caer en subjetividades, así

como por la posible falta de rigurosidad de los datos recolectados al depender del discurso de los

entrevistados. No obstante, si bien es un riesgo que se corre, la veracidad y capacidad del relato

para poder establecer generalidades depende especialmente de la forma en la que éste se

reconstruya y en hacer las preguntas indicadas, que posibiliten no quedarse sencillamente en las

anécdotas, sino comprender cómo los relatos están conectados a configuraciones sociales,

políticas y económicas que trascienden al hecho mismo y al personaje como individuo, para

explicarlo como sujeto inmerso en un contexto particular que ha determinado su trayectoria vital,

pero en el cual también ha podido incidir a partir de la acción individual.

En esta última dirección, es útil acudir a la visión que la antropóloga Socorro Vásquez

Cardozo expone en su texto De lo individual a lo colectivo en la investigación social (2005),

cuando afirma que:

Las historias de vida tienen la particularidad de partir de relatos individuales para construir una visión de la sociedad en su conjunto. A partir de las historias que ha vivido la gente y su forma de recordarlas y narrarlas, se puede encontrar el tejido que sustenta los imaginarios

sociales que se mantienen y se modifican en el tiempo. (…)En tal sentido, las historias de

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ello requieren de atención al contexto concreto, a las formas de intercambio y circulación de la memoria y de las experiencias al interior de la cultura; es decir, a la representación que la colectividad se hace del cambio, y la percepción y elaboración particular de los cambios sociales y culturales. (p. 57)

A partir de todas estas “claves de lectura” sobre las historias de vida, logré establecer que el objeto de interés de este trabajo sería indagar sobre la relación entre disputas por la tierra,

dinámicas de la guerra y procesos de resistencia, y definí el enfoque metodológico que emplearía

después de consultar la pertinencia del proyecto con sus protagonistas y de haber visitado

durante múltiples oportunidades Tiquisio durante el segundo semestre del 2014.

En diciembre del 2014, regresé durante un tiempo a Bogotá, tiempo en el que me dediqué a

analizar la información que había recopilado en mis diarios de campo y algunas entrevistas

formales y diálogos informales durante mi estadía en el Magdalena Medio, para de este modo

establecer la ruta más adecuada para proceder con un segundo momento del proyecto, en el que

regresaría a Tiquisio para dedicarme a la reconstrucción de los relatos. Este distanciamiento del

terreno de investigación fue de gran utilidad para esclarecer algunas ideas, al alejarme un poco

de las subjetividades que habían surgido en mí por los afectos o el cansancio por la dificultad de

las condiciones de mi estancia. Al volver, seleccioné los personajes que me parecieron más

representativos debido a su protagonismo en los procesos sociales ocurridos en el municipio y

aquellos cuya trayectoria de vida podría ilustrar de mejor manera la relación entre las tres

categorías principales escogidas para este trabajo.

Regresé al Magdalena Medio en febrero de 2015 con el objetivo de lograr recopilar la

información necesaria para reconstruir los relatos. La estrategia para esto se basó en la

metodología de observación participante, puesto que encontré en esta la mejor alternativa para

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formalidad de las entrevistas estructuradas muchas veces produce sesgos en la información al

imponer una especie de barrera entre el investigador y el entrevistado. Además, esta estrategia me

pareció significativa porque permitiría interactuar no sólo con el protagonista, sino también con su

núcleo familiar, conocer sus opiniones y complementar la información dada por los entrevistados

con la información que me brindaron las personas que los rodean.

Bajo este supuesto, viajé Tiquisio durante los meses de febrero, marzo, abril, mayo y junio de

2015. Cada viaje tuvo una duración aproximada de 15 días, en los cuales visité a cada uno de los

protagonistas del trabajo, cada visita duró entre 4 o 5 días en los que los protagonistas y su familia

me abrieron las puertas de su casa, de su cotidianidad y su memoria. Me dediqué entonces a

acompañarlos en sus labores diarias; aprendí a hacer queso, ordeñar vacas, sembrar arroz, vender

pescado, ayudé a hacer oficios domésticos, a cocinar, a alimentar los animales. Y en medio de

todas estas actividades comencé a recopilar anécdotas y recuerdos, a escuchar historias cargadas

de palabras y silencios, a adentrarme en la vida de cada una de las personas que participaron en

esta investigación y comprender poco a poco el porqué de muchas de sus actitudes y comentarios,

por qué la situación de Tiquisio tenía estas características y por qué existían liderazgos y

experiencias de resistencia llenas de esperanza en medio de un panorama tan desolador.

También buscamos los espacios para hacer entrevistas a profundidad, momentos en medio de

la rutina diaria de los personajes para sentarnos a charlar; siempre llegué con un guión

preestablecido para orientar el diálogo,9 aunque en este tipo de experiencias, en especial cuando

se habla de temas tan delicados como la guerra, lo mejor que se puede hacer es dejar el espacio

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abierto para que el entrevistado hable y sea él o ella quien determine sobre qué se habla o se

calla. Es importante aclarar que a todos los entrevistados los conocí desde el 2014 y tuve varios

meses para establecer una relación basada en la confianza y en la camaradería que permitió que

ellos se sintieran tranquilos tanto con el uso que le daría a la información como con el relato en sí

mismo10.

A pesar de haber recolectado casi 40 horas de grabación de voz durante el desarrollo de este

trabajo, mucha de la información más valiosa no se me presentó en medio de una entrevista, sino

en medio de una caminata, un paseo a la quebrada o durante la hora del almuerzo. Por eso fue

menester hacer un diario de campo muy juicioso en el que consigné tantos detalles que se

escaparon a la grabadora de voz y que quizá fueron los más valiosos, porque no fueron efecto de

la indagación, sino de la confianza que cada una de las personas que colaboró en la realización

de este trabajo depositó en mí.

Después de haber pasado aproximadamente 75 días en Tiquisio durante el primer semestre de

2015 regresé a Bogotá con la certeza de haber escogido la estrategia adecuada para indagar

respecto a la relación entre estas tres categorías, puesto que sólo en el momento de adentrarme en

sus prácticas habituales, de pasar por las incomodidades que ellos pasan a diario a causa de la

ausencia de servicios públicos básicos, de las dificultades que representa no tener alumbrado

público o alcantarillado debido a la negligencia estatal, de haber sentido el miedo que los

habitantes de Tiquisio sienten con la presencia de un actor armado, sólo de esta forma me fue

posible comprender cómo los afecta el conflicto armado, por qué la tierra es tan importante para

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ellos y la forma en la que surgen los liderazgos individuales y la resistencia pacífica como una

respuesta a las condiciones de un contexto que los mantiene presionados, pues como afirma

Diego Escobar en el capítulo Tiquisio: Un territorio de paz, resistencia y lucha por la vida

(2007):

Un territorio no se puede entender si no se comprende la actitud y el pensamiento de la gente que lo habita. En desde el inicio del conflicto, la organización comunitaria fue un aliciente para seguir resistiendo frente a todas las adversidades: las de la delincuencia, las de los actores armados, las del desconocimiento, las que producían desesperanza, etc. Los campesinos siempre supieron que por nada del mundo abandonarían su espacio vital, y eso los motivó para que en los malos momentos tuvieran la fuerza y la convicción de que sobrevivirían como comunidad. (p. 144)

1.3 La elaboración del texto y su estructura.

Es importante aclarar que desde la introducción hasta las consideraciones finales de este texto

he intentado manejar el lenguaje más sencillo posible, incluso en las discusiones epistemológicas

y teóricas que fundamentan este trabajo, debido a que esta investigación surgió y se desarrolló

con tres finalidades: a. aportar a la construcción de conocimiento desde la sociología; b. darle un

uso institucional a este trabajo, ya que al haberse realizado en convenio con el SJR lo que se

busca es posicionarlo como una herramienta para visibilizar ante distintas organizaciones y

escenarios la problemática existente en Tiquisio; c. hacer de éste documento un texto de fácil

lectura para los habitantes de Tiquisio, que además responda a sus peticiones. En esta última

dirección, debo recordar que este trabajo surgió en diálogo con sus protagonistas y distintos

miembros de la comunidad tiquisiana, razones por las cuales la sencillez en el lenguaje apunta a

que pueda ser consultado por sus protagonistas. En ese sentido, no es mi intensión producir un

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del Proceso Ciudadano por Tiquisio dentro de la comunidad misma, convirtiéndose en una

herramienta para incentivar liderazgos y dar un nuevo impulso a este proceso de resistencia

pacífica, como concertamos con los miembros de la comunidad durante la formulación del

proyecto.

Reconocidos estos elementos, es importante anotar que este trabajo busca hacer una

radiografía sociohistórica de Tiquisio a través de ocho relatos que al juntarse componen un

rompecabezas que permite comprender, bajo una perspectiva histórica, la realidad de este

municipio desde sus distintas dimensiones. Cada uno de los relatos da cuenta de estas tres

categorías, al ser problemáticas que atraviesan transversalmente la experiencia vital de sus

protagonistas. Sin embargo, para facilitar el análisis y la aproximación a cada una de las

categorías, agrupo las historias de vida de modo que ilustren uno de los tres aspectos por encima

de los otros. Es importante aclarar que a pesar de que cada uno de los relatos habla en sí mismo,

para lograr tener una comprensión real del contexto tiquisiano es menester leer la totalidad del

trabajo, puesto que todas estas historias se encuentran articuladas entre sí. Sin embargo, la ruta o

el orden de lectura está en el criterio del lector, sin afectar la intención última del texto.

Así, el primer capítulo, que será Las disputas por la tierra, contendrá la historia de Ever

Pérez, enfocada a la transformación del uso de los recursos naturales a causa del conflicto

armado y la historia de Los Hermanos Turizo, basada en las disputas por la propiedad de la tierra

En el segundo capítulo, Dinámicas de guerra aparecerán los relatos de Lidis Camargo, Emiro

Sánchez e Isabel Arrieta, quienes permitirán comprender la transformación de las dinámicas de

guerra a causa de la entrada de los diversos actores armados y las implicaciones que éstas han

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Finalmente, en el capítulo Experiencias de resistencia, se explicará el surgimiento de los

procesos organizativos en Tiquisio, desde la reconstrucción de La muerte de Marciana Araujo,

hecho que impulsó la creación del Proceso Ciudadano por Tiquisio, el relato del padre Rafael

Gallego, principal impulsor del Proceso, y Miguel Cárdenas, uno de los líderes más antiguos de

esta organización comunitaria.

Esta clasificación de las historias de vida se basa en la idea de que cada uno de estos relatos

pueda dar cuenta de otros relatos, tanto de los mismos personajes del libro como de muchas otras

personas que habitan Tiquisio y han vivido también las consecuencias del conflicto armado

regional. En esta medida, es menester recordar que la intención de la investigación no es

establecer generalidades o verdades absolutas, sino aproximar al lector a las particularidades de

un proceso sociohistórico donde han tenido impronta fuerte muchas de las dinámicas de guerra,

las disputas por el territorio y los procesos de resistencia que ocurren cotidianamente en el país.

Este municipio, de alguna forma es condensador de estos procesos, a través de las percepciones

de quienes lo habitan.

A partir de esto, y quizá a modo de invitación para el lector, es importante tener en cuenta

que, así como me ocurrió a mí, las historias o memorias que se presentarán a continuación deben

hablar por sí solas, y que en la perspicacia del lector habita la posibilidad de encarnar estos

personajes, de hacerse uno con sus historias y, además, de leer estos capítulos con un lente

analítico, que le permita dilucidar las categorías definidas como objeto de interés para esta

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34 2. Disputas por el territorio

[image:34.612.258.447.145.399.2]

2.1 Yo recuerdo con nostalgia lo que era Tiquisio.

Figura 6. Ever Pérez en Aguas Frías

Mi papá se vino para estas tierras hace muchísimos años, él nació en El Plato, Magdalena,

pero se vino para acá para Tiquisio en busca de mi abuelo que tenía su finquita por acá. Entonces

se encontró con el abuelo pero también se encontró con un amor, porque mi mamá era de San

Ignacio, un pueblito por ahí cerca de Magangué, pero desde chiquitica se vino para acá con la

familia a buscar oportunidad. Entonces, como a mi mamá le gustaba tanto el pescado pues mi

papá le ponía el plato y así fue como arreglaron, se casaron y se vinieron a vivir juntos a la tierra

de mi abuelito y mi abuelita, a trabajar el ganado y los cultivos con ellos.

Y bueno, de ahí entonces nací yo, que me llamo Ever Pérez, y mis otros nueve hermanos,

nosotros somos nativos y criados de esta tierra. Yo nací en la finquita de los abuelos acá por

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35

con mi mamá, entonces nosotros nos mudamos para allá para esa finquita. Eso por ahí era muy

bonito, Aguas Frías se llama así porque está bañado por tres quebradas y en esa época eran

clariticas, uno salía a pescar y sacaba hasta con la mano unos bocachicos grandotes, cada ratico

hacíamos paseos a la quebrada y a El Saltillo, que es una cascada bien famosa en la región por lo

bonita que es, de ahí sacábamos agua para todo, eso era una cascada alta que botaba un montón

de agua. La tierra era muy fértil, por acá se daba de todo lo que uno sembrara facilito y había

cantidad de animales como micas, guartinajas, chuchas, pájaros bien bonitos.

En esa época compartíamos todo porque había para compartir, mi mamá tenía esa finquita

repleta de matas y flores, eso teníamos palos de naranja, de guamo, de mango y los cultivos de

cacao y arroz, que nos daban para comprar los víveres pero también para compartirle a los

demás, porque eso sí, en esos tiempos eso era muy distinto a como es ahora, yo me acuerdo que

si mi papá mataba un marrano, eso repartía para que le alcanzara por ahí de a dos libras a todo el

mundo, entonces le mandaba a toda la gente su pedazo y lo mismo ellos, todo el mundo repartía

de lo que tenía. Si a alguien le salía la cosecha de arroz primero, le mandaba sus libritas a los

demás porque sabía que cuando a ellos les saliera la cosecha, entonces le iban a devolver el

favor.

Pero en ese tiempecito mi papá ya no demoró mucho, mi papá murió joven de una

enfermedad, entonces ya nos tocó estar pendientes de mi mamá y de los otros pelados porque el

último quedó gateando, entonces nos tocaba atender los animales, la finca, bueno eso fue duro

pero siempre le dimos estudio a los pelados, teníamos bueno para comer. Yo me acuerdo que

vivíamos felices, eso éramos un montón de hermanos, que los primos, que los vecinos. Aunque

no vivíamos tan cerca uno del otro porque las fincas eran alejadas, nos veíamos a cada rato

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hacíamos lo que se llama la mano vuelta11, que es que yo voy contigo un día a picar monte y

luego tú vienes conmigo el día siguiente, o yo voy una semana contigo y tú vienes una semana

conmigo. Así trabajábamos, unos días en nuestra finquita y otros en la de alguien más y así todos

salíamos adelante.

[image:36.612.211.402.256.517.2]

2.1.1 Los militares nos tachaban de guerrilleros y los guerrilleros de informantes del ejército.

Figura 7. El Saltillo de Aguas Frías

La cosa empezó a ponerse fea por ahí en el año 87, cuando empezó a entrar la guerrilla por

acá. Primero entraron las FARC, luego los Elenos y después fue el ERP, esos sí eran terribles,

esa fue una guerrilla disidente del ELN, pero esos no tenían ideales políticos ni nada, lo que eran

era unos vándalos, eso fue un cachaco que se salió de allá y montó su propia guerrilla, pero lo

que hacían era robar, matar y humillar a la población civil, por eso fue que el ERP no duró

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mucho, porque entre las otras dos guerrillas los acabaron.12 Total que cuando esa gente empezó a

entrar la cosa se fue poniendo templada por acá; al principio sólo pasaban de vez en cuando y le

pedían favores a uno; que le prestara la cocina, que les dejara guindar la hamaca, que les regalara

agua. Pero poquito a poquito se fueron adueñando de esto, empezaron a cobrar vacunas, a

llevarse el ganado, entonces digamos que uno tenía su familia y sus vaquitas, por decir algo y

cuando de pronto le decían que venían por las vacas suyas, o sea, usted estaba alimentando su

familia con la leche, el suero, pero al mirar el corral de un día para otro ya no le dejaban ni una.

Entonces ahí empezamos a quedar con la moral bajitica como preguntándose para quién está

trabajando uno, porque los hijos de uno le pedían comida y ya no había ni café con leche ni

suero, entonces uno se sentía humillado.

Lo peor fue cuando entraron los paramilitares, que se terminaron de llevar lo poquitico que

había dejado la guerrilla, la gente dejó de cosechar porque pensaban que para qué, si en cualquier

momento iban a llegar los unos o los otros y nos iban a dejar sin nada. Entonces para esa época

nosotros nos convertimos en el balón de fútbol de toda esa gente, los militares nos tachaban de

guerrilleros y los guerrilleros de informantes del ejército, entonces ni para un lado ni para el otro.

Nosotros vivíamos sometidos a ese yugo, por acá el que salía no volvía a entrar y el que entraba

no volvía a salir; cuando alguien se iba para Magangué eso uno se despedía como si nunca lo

fuera a volver a ver, porque ahí en el caminito mataban a todo el mundo. Lo peor fue cuando

empezó la política de Uribe, porque comenzaron a coger a los pelados que encontraban mal

parqueados y los camuflaban, los vestían de guerrilleros y los desaparecían o los mataban por ahí

12 En Tiquisio hace presencia el Frente 24: Héroes y Mártires de Santa Rosa, perteneciente al bloque Magdalena Medio de las FARC. También hace presencia el frente Alfredo Gómez Quiñones del ELN y el ERP hizo presencia con la compañía Jaider Jiménez. Las Autodefensas Unidas de Colombia hicieron presencia principalmente con el Bloque Central Bolívar.

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para hacerse su platica, entonces todos vivíamos con miedo. Acá cada rato se escuchaban los

combates, uno no sabía ni para qué lado correr porque si se subía hacia las minas, se encontraba

con la guerrilla y si se bajaba hacia Puerto Coca, que es uno de los 13 corregimientos que tiene

Tiquisio, entonces con el ejército y así cada ratico. Ya para ese momento esto estaba muy

cambiado, todo era puro monte, los caminos estaban todos sucios, a uno le daba como miedo

estar aquí, empezamos a pasar hambre porque ya no teníamos ni animalitos ni cultivos buenos,

después de todo lo que había antes.

Lo más templado se vino por ahí en el año noventa, una vez que hubo un combate entre el

ejército y el ELN, nosotros estábamos por allá en la finquita con mi hermano Emil cuando

empezamos a escuchar ¡pa pa pa pa!, eso cada hora había choques, se escuchaban helicópteros y

aviones bombardeando. Yo me acuerdo que Emil y yo lo único que pudimos hacer fue meternos

debajo de las camas, apenas escuchábamos la plomacera y veíamos las hojitas de los árboles caer

al piso y entonces escuchaba uno las explosiones y se sentía como un golpe en el estómago.

Como al tercer día nos dimos cuenta que lo que teníamos era que salirnos de ahí, entonces

arrancamos hacia el corregimiento Coco Tiquisio y por el camino nos fuimos juntando un grupo

como de setenta personas. Lo duro fue que acá no había cómo comunicarnos y las fincas

quedaban tan lejos una de la otra, por eso salió gente para todo lado. Nosotros arrancamos con

Emil, mi mamá y otra hermana que iba pipona, pero para el otro lado, para arriba, salió también

cantidad de familia nuestra y nosotros sin saber nada. A ellos les tocó más verraco porque

caminaron casi doce horas hasta Norosí con animales, señoras embarazadas y sin haber

desayunado ni siquiera, ellos salieron como a las seis de la mañana y vinieron a llegar a las seis

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Nosotros llegamos al Coco Tiquisio con esa incertidumbre de si la familia otra estaría viva o

no y cuando uno preguntaba le decían que eso por allá en Aguas Frías estaba hecho una

matacera, porque nosotros ni sabíamos que ellos habían arrancado era para Norosí. Cuando

llegamos a la parroquia del Coco hablamos con el padre Gallego y él nos ayudó ahí a

acomodarnos como pudo, pero éramos muchos. Total que demoramos casito que dos meses por

allá en el Coco, durmiendo en colchonetas o por ahí en el piso donde alguien nos recibiera. Yo

me acuerdo que mi mamá nos decía que nos le teníamos que medir a todo menos a robar para

poder sobrevivir, entonces las mujeres trabajaban por ahí haciendo aseo y nosotros en lo que

saliera, aunque era templado porque la gente del Coco tampoco tenía mucha plata para pagarnos,

con todo y eso la gente nos colaboró en lo que pudo, pero para nosotros fue bien difícil, saber

que los animales allá en la finca se nos estaban muriendo, los poquitos pollos, marranos y

vaquitas que nos quedaban.

Entonces un día hablamos con un comandante del Batallón Nariño del Ejército y le dijimos

que ya nosotros estábamos cansados, que nos dejara devolver a nuestras casas, pero él nos dijo

que no, que por allá todo el mundo era guerrillero, hasta que alguien habló con él y lo convenció

que nosotros éramos campesinos, que era verdad que teníamos nuestras casitas por allá. Entonces

nos dio permiso de subir, que por allá ya no había ejército pero que teníamos que subirnos al

siguiente día. Al otro día nosotros arrancamos para las finquitas, pero cuando llegamos eso todo

era una hediondez, las gallinas muertas estaban era descomponiéndose, los tendidos, las camas,

todo eso lo cogió esa gente y quedó manchado de sangre así que ya no servía para nada.

No llevábamos ni media hora de haber llegado cuando arrimó el ejército otra vez a decir que

las casas iban a ser quemadas, que de esas casas les salían disparos a ellos y que eso era de

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que no las fueran a quemar, que nosotros nos habíamos salido de ahí y no era nuestra culpa si la

guerrilla se había entrado a nuestras casas, que ellos también se habían podido ubicar adentro y

nosotros no podíamos hacer nada, que nosotros los campesinos no tenemos armamento, que ellos

ya lo habían requisado todo pero si querían volvieran a requisar para que se dieran cuenta que

nosotros no éramos malos.

Pero no pudimos hacer nada, nos dijeron que se salvaban esas casas porque nosotros

estábamos ahí, entonces al rato veíamos era una humazón de ahí para arriba, todas las casas las

quemaron llenas, con televisor, algunas con enfriador, muebles, yo me acuerdo que en esos días

un señor había vendido un toro para surtir la tienda y se la quemaron completica, eso fue muy

duro. Nosotros sabíamos que eso había sido el Batallón Nariño, al tiempo le pedimos al Estado

que lo cambiaran, pero resulta que trajo el mismo pero con otro nombre, porque ellos nunca

salieron de aquí del sur de Bolívar, y el problema con ellos era que estaban enseñados a que por

acá todos éramos guerrilleros, entonces que tenían que barrer con todo lo que se atravesara.

Cuando eso fue que la junta de acción comunal se reunió y decidimos comprarle un terreno de

ocho hectáreas a un señor de acá de Aguas Frías para venirnos a vivir ahí, la idea era construir un

caserío en el que las casas estuvieran pegaditas, porque seguir viviendo por allá en las fincas era

muy peligroso, mientras que si todos vivíamos cerca iba a ser más fácil comunicarnos o

avisarnos en caso de que se vinieran los unos o los otros, que no se repitiera lo que nos pasó

cuando el desplazamiento que alcanzaron a matar a mucha gente y todo el mundo salió corriendo

hacia donde conocía y pasaron meses sin saber si estaban vivos o no. Entonces se compró la

tierrita y cada uno se fue para su finquita a recoger las poquitas cosas que le quedaron y luego a

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tierrita y de animales, pasar a vivir a una casita que uno daba cuatro pasos y estaba era metido en

la casa del de al lado, ya no teníamos los cultivos cerca ni había espacio para crecer los animales.

Yo me acuerdo que mi mamá vivía muy triste, que nada que se amañaba y eso que nosotros le

levantamos una casita para ella lo mejor que pudimos, pero ella arrancó para la finca y allá se

quedó un tiempo, cultivando y con la rula en la mano ella sola. Nosotros íbamos a visitarla

cuando se podía y tratábamos de convencerla de que se bajara, que ella por allá sola era muy

peligroso, pero ella nos decía que no, que a ella la tenían que sacar de su finca muerta, nosotros

vivíamos preocupados. Hasta que un día eso se puso peligroso por allá arriba con el ELN que se

volvió a meter y mi mamá decidió bajarse al caserío porque se dio cuenta de que allá estaba

llevando mala vida.

Ahí ya nos sentíamos más seguros aunque las plomaceras se escucharan cada momento y los

unos y los otros estuvieran entrando al caserío a cada rato, pero entonces se presentó otro

problema porque empezó a llegar gente de afuera a explotarnos la tierra. Por acá esto está llenito

de oro, como dicen la Serranía de San Lucas toda está cubierta de oro y nosotros siempre

habíamos trabajado las minas pero de forma artesanal, cuidando de no contaminar el agua, pero

entonces empezó a llegar gente de todo lado con retroexcavadoras, algunos con arreglos con los

señores de allá arriba y nos empezaron a dejar sin trabajo, además que empezaron a acabar con la

tierra y a contaminar las quebradas con el azogue y el mercurio, entonces las fuentes de agua se

empezaron a secar, ya dos quebradas están impedidas para sacarles agua para el consumo de las

casas, para cocinar o algo porque la gente se envenena, dejó de haber pescados porque también

se envenenaron y ahora sólo se consiguen si acaso unas sardinitas. A nosotros nos entristecía

Figure

Figura 2. Mapa del Magdalena Medio. Fuente: Servicio Jesuita a Refugiados.
Figura 3. Caminos Tiquisianos.
Figura 4. Johnson en Puerto Rico, Tiquisio.
Figura 5. Transportes tiquisianos.
+7

Referencias

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