Título del Trabajo:
TERRORI SMO I SLÁMI CO
Autor:
Em iliano Stazzone
Ponencia presentada en el
I I Congreso en Relaciones I nternacionales del I RI
La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina
Una de las cuestiones m ás relevantes a las que se enfrenta el planeta en el Siglo XXI es la del terrorism o a nivel global. La m ención de que ningún lugar del m undo es un sitio exento de un enfrentam iento donde no hay cuartel, ni enem igo visible, ni víctim as determ inadas, o al m enos no m aterialm ente determ inadas, convierten al globo a uno de los sitios m ás inseguros del universo.
Pero al hablar de terrorism o nos encontram os con diversas acepciones que válidam ente hay que distinguir. Más allá de que externam ente tom an form as sim ilares, la j ustificación ideológica de una y otra así com o la brutalidad, y el protagonism o en el desarrollo de las relaciones internacionales, son los puntos distintivos que separan al terrorism o islám ico del resto de las form as que adopta el terrorism o internacional tales com o la organización separatista vasca ETA o el Ej ército Republicano I rlandés ( m ás conocido por sus siglas en inglés com o I RA) .
Los atentados perpetrados contra las Torres Gem elas, el World Trade Center, el Pentágono y las Olim píadas de Atlanta 96 en Estados Unidos, contra los trenes de Atocha en España, la Em baj ada de I srael y la Am ia en Argentina, no son sino el resultado, y un eslabón m ás, en una cadena sin solución de continuidad, de un largo proceso que tiene sus prim itivos antecedentes en el Siglo XI .
El I slam ism o radical m ilitante, la fuerza m otriz que se encuentra detrás del terrorism o internacional que lo j ustifica ideológicam ente, surgió del conflicto entre el I slam y la occidentalización. El desarrollo de la civilización islám ica se enfrentó a occidente durante este siglo: los Cruzados ocuparon el Levante y la Tierra Santa, y establecieron estados cristianos en zonas que el I slam considerara com o suyas, m ientras que en la península ibérica una coalición cristiana com enzó la cam paña que expulsó a los m usulm anes, en form a gradual pero irreversible, de España y Portugal. Asim ism o las continuas crisis de sucesión y luchas violentas debilitaron a los regím enes islám icos existentes en la época.
Más allá de triunfos com o el de Saladino ( Salah- al- Din- al- Ayyubi) , el Kurdo que derrotó a los Cruzados en 1187 y 1192, y Abdul Mum in, de Marruecos que derrotó a los ej ércitos cristianos en España en 1146, 1163 y 1195, el proceso m arcó un claro retroceso del poder, la cultura y la civilización m usulm anas. Por esta razón aquellos que m antuvieron su poder por fuerzas de las arm as, debieron dem ostrar su apego al I slam y revivieron de esta m anera el extrem ism o religioso com o fuente de su legitim idad. La nueva elite buscó y encontró los dogm as que requería para legitim ar su poder, y nadie se at revió a desafiarlos.
Así este retroceso del m undo m usulm án lo relegó no solo desde el punto de vista territorial sino, y sobre todo, cultural. La furia antiintelectual generó una insalvable lucha entre occidente y la civilización islám ica, condenando a varias generaciones a un estado de atraso, aislam iento y em botam iento espiritual. El conservadurism o reaccionario transform ó a una parte im portante del continente asiático, conocido ahora com o el “ Ej e del I slam ” , en el cam po donde se sem braron las prim eras sem illas del radicalism o m ilitante islám ico. Asi, la referencia cultural propia se transform ó en cultura de resistencia.
Posteriorm ente el Siglo XVI I I m arcó la segunda oleada “ occidentalizadora” . La invasión en esta área se inicio con la llegada de Napoleón a Egipto en 1789. Después tuvieron lugar las guerras entre rusos y turcos y la conquista del Asia Central en el Siglo XI X, seguida por el colapso del I m perio Turco y la ocupación británica en la Prim era Guerra Mundial, así com o el rediseño artificial del m apa del Medio Oriente por los poderes im perialistas. Pasada esta etapa el Ej e del I slam sufrió un traum a del que no volvería a recuperarse.
Sin em bargo es en los años ´ 70 del Siglo XX donde las sem illas sem bradas encontraron la fuente de energía necesaria para dar sus prim eros frutos con un im pulso brutal.
El llam ado “ boom ” del petróleo encontró a un conj unto de sociedades con estilos de vida propios de la Alta Edad Media con capacidades de consum o y un poder económ ico nunca vistos. Esto llevó a que las elites poseedoras de este caudal económ ico conocieran el m undo occidental y se encontraran con una tierra ni siquiera im aginada. La diferencia existente entre estilos de vida era sideral: el concepto de libertades, el poder de consum o del ciudadano prom edio y el natural acceso a las drogas y a la prostitución así com o a los avances tecnológicos conduj o al m undo m usulm án a un replanteo esencial.
Este estilo libertino afectaba esencialm ente no sólo a las ultra conservadoras sociedades islám icas sino que, fundam entalm ente, trastocaban con las leyes basam entales que rigen su m undo espiritual.
La m ás im portante se denom ina Sharia y por su carácter sacro y piadoso, es de cum plim iento obligatorio. La doctrina islám ica establece que la Sharia, ley que rige sobre la hum anidad, es de origen divino y debe ser interpretada solam ente por los sabios y piadosos, quienes han de gobernar sobre los creyentes en calidad de líderes y guías espirituales. Tam bién esta el Sunnah, que es el libro que contiene las tradiciones que se atribuyen al Profeta Mahom a y en que el I slam sunnita encuentra su fundam ento,
de la existencia m ism a, era lo único que podía generar el cam bio sustancial a nivel de la conciencia individual, prim ero, y social, después, para m ovilizar a cientos de m iles y ponerlos a disposición de esta Jihad ( Guerra Santa) , que sus representantes teológicos construyeron dogm áticam ente.
El triunfo de la Revolución Chiíta de la m ano de Jom eini en I rán, la asunción de un gobierno pro islám ico en Sudán con Hasan Al Turabi y sobre todo la expulsión de los soviéticos en Afganistán asi com o la form ación de seis estados m usulm anes en Asia Central ( Kazaj stán, Uzbekistán, Kirgistán, Tadj ikistan, Turkm enistán y Azerbaij án) , hicieron creer de nuevo en la invencibilidad en la conquista.
Pero el año 1990 significó la vuelta a la realidad. La derrota en el Golfo Pérsico se traduj o no solo en térm inos de derrota m ilitar sino en la invasión consum ada del “ Satán” en una tierra considerada divina. Dado el evidente desequilibrio de fuerzas, el triunfo norteam ericano sirvió com o el gran disparador para conform ar la estructura de una red de dim ensiones globales que expande com o una m ancha el fenóm eno terrorista al corazón m ism o del organism o occidental.
De esta m anera son los intelectuales islám icos los encargados de elaborar el sustrato teológico, que opera no solo com o el elem ento j ustificante sino com o el fin últim o del accionar radical islám ico. A partir de una interpretación “ extrem ista” ( de ahí el térm ino) de la doctrina islám ica, el m undo se divide en el Partido de Dios y el de Satán, ubicando en el prim ero al m undo m usulm án y en el otro a todos los no m usulm anes y situando com o agente de este a la m ayor superpotencia, Estados Unidos, y a su interlocutor válido en Medio Oriente, I srael.
Para contrarrestar el efecto dispar que supone un enfrentam iento frontal se recurre a la táctica del terrorism o com o señala un General Brigadier pakistaní S. K. Malik: “ la guerra de corte coránico es infinitam ente superior y m ás efectiva que cualquier otra porque se pelea por la causa de Alá, y en ese sentido, todos los m edios y form as de com batir se encuentran j ustificados. El terror que golpea los corazones de nuestros enem igos no solo es un m edio, es un fin en sí m ism o. Una vez que se ha logrado infundir terror en el corazón del oponente es m uy difícil lograr algo m ás. Se ha alcanzado el punto en que el m edio y el fin se unen y se m ezclan. El terror no es un m edio para im poner una decisión sobre nuestro enem igo, sino la decisión que deseam os im poner en él” .
centros islám icos, centros de estudio e inform ación, corporaciones com erciales y oficinas de agregados culturales.
Los reclutados conform an las redes de apoyo y operativas que van a ser el sustento de la Causa en suelo extranj ero. El trabaj o de uno y otro esta predeterm inado y perfectam ente dirigido: los prim eros aportan experiencia en apoyo logística, lavado de dinero y contrabando, y los segundos en fabricación de bom bas y explosivos.
Otro tanto proviene de em presarios que hacen sus “ propias” Guerras Santas y otros que si están altam ente com prom etidos con la Jihad.
Estos últim os se transform an en altos com andantes debido a la notoriedad que alcanzan, no solo por su carism a, sino tam bién por la voluntaria renuncia que hacen a luj os y com odidades. De esta m anera hacen honor a la expresión m ás acabada del térm ino Jihad, ya que éste significa “ esfuerzo” .
De tendencias extrem istas de raigam bre religiosa, los islam itas suelen congregarse en torno a carism áticos lideres religiosos en busca de orientación y m otivación. Históricam ente solo unos cuantos hom bres carentes de educación islám ica form al han sido reconocidos com o lideres, con base sobre todo en su fervor, cono cim iento e inigualada contribución al progreso de causas islám icas por m edios m ilitares.
El surgim iento de esta nueva elite radical islam ita es otro elem ento singular de este fenóm eno terrorista islám ico. Estos lideres procedentes del sector m ás rico de la sociedad y privilegiado de la sociedad, están bien educados y relativam ente occidentalizados. A su vez son diferentes a los típicos revolucionarios y terroristas, proveniente de la clase m edia de Europa o Am érica, desde los anarquistas del Siglo XI X hasta los revolucionarios com unistas del siglo XX, porque los islam itas se han convertidos en lideres de las m asas populares, m ientras los otros perm anecieron aislados de una población que generalm ente les era hostil. Se m ezclan con su propio pueblo, conviven y luchan en los m ism os puestos de batalla. Su relación de igualdad ( acostum brados a líderes suprem os y distantes) , los transform an en j efes populares con cuyos soldados traban una lealtad inquebrantable.
Los soldados de la Jihad son una rara m ezcla de errantes y solitarios hom bres del desierto pero tam bién de j óvenes intelectuales radicalizados, valerosos y orgullosos de su tierra y religión, defraudados por sus lideres pragm áticos y autoritarios, y por “ m ano de obra desocupada” proveniente de antiguos grupos guerrilleros com unistas ( cubanos, alem anes orientales, etc.) y nacionalistas de origen islám ico, que han encontrado refugio en las filas de un ej ercito que ha em prendido una guerra sin fin.
pocos individuos que están en el sitio son los que enfrentan el m ayor reto. Ellos arriesgan, y tam bién la dan voluntariam ente, su vida y su integridad corporal, y se arriesgan a ser capturados, con altas probabilidades de ser torturados y ej ecutados. Pasan al m artirologio, sus vidas se transform an en leyendas y sus nom bres son levantados com o estandartes de esta nueva guerra.
El individuo terrorista perpetrador solo puede sobrepasar estos retos m ediante un tem ple psicológico y una inm ensa probidad de los actos a efectuar. Que los dem ás consideren al acto terrorista com o m aligno es irrelevante, pues el futuro m ártir que conduce le vehículo cargado de explosivos esta convencido de que hace el trabaj o de Dios.
Así, el enfrentam iento planteado con occidente se traba en todos los planos.
Desde el político, por la form a de organización del estado, del poder y las libertades.
Desde el económ ico, quizás el m ás intrincado, por las m últiples relaciones entre altos com andantes ( caso Bin Laden ( Ussam ah bin Ladin) ) con hom bres de la talla de George W. Bush, Donald Rum sfelfd o Peter O´ Neill en el sector petrolero pero tam bién en el de la construcción y la industria alim enticia ( los m últiples negocios van desde Carlyle o Planet Hollywood a la reconstrucción de Kuwait después de la Guerra del Golfo) .
Tam bién, y sobre todo del religioso, por la característica de secularización de la m ayoría de los estados occidentales ( sobre todo católicos y protestantes) al que se opone el m odelo teocrático del ideal estado m usulm án.
Y por últim o de los valores y criterios en los que operan las m entalidades en am bos m undos.
A su vez, las categorías de construcción en las que se m ueven los ideólogos radicales islám icos son esencialm ente disím iles. El concepto de Nación y Estado a los que se refieren nada tienen que ver ni con el carácter hom ogéneo de raza, tribu, fam ilia, historia, geografía o lengua sino solo con el religioso. La form ación de una sola nación islám ica regida baj o la Sharia y donde la interpretación del Corán y las enseñanzas del profeta Mahom a son llevadas hasta el extrem o, donde el centro cultural y religioso se haya en la Meca ( Mezquita de la Kaaba) y Medina ( Mezquita de Navabi) , lugares de nacim iento y m uerte del Profeta y donde no haya un resquicio de cultura occidental y m enos aún de presencia física de ella, son los parám etros en los que se m ueve esta construcción ideal.
Esta lucha global contra un enem igo com ún, sin em bargo, se libra en varios frentes:
1) los Balcanes ( Chehenia, Bosnia- Herzegovina, Albania) y los Países I slám icos de Asia Central;
2) I srael ( la llam ada I NTI FADAH, em prendida por grupos de acción m ás regional com o Ham as o una división de Hezbola, contra el interlocutor valido de Occidente en Medio Oriente y por el oprobio que significa este Estado en tierra sagrada) ;
3) La zona del Golfo ( al- Khalij ) y la Península Arábiga;
4) Cachem ira ( donde una lucha regional por esta provincia hindú entre la I ndia y Paquistán, es hoy una “ cuestión” m usulm ana) ;
5) África ( interm inables luchas de liberación y tribales donde el I slam se volvió un factor clave, en países que van desde Kenia, Etiopía, Tanzania, Sudan o Som alia hasta los m as occidentalizados com o Egipto) .
Pero, ¿cuál ha sido la respuesta de occidente al problem a del terrorism o islám ico global?.
Para analizar esta cuestión hay que revisar la actitud de la m ayor súper potencia que por prim era vez siente que un enfrentam iento llega a sus costas: Estados Unidos.
Seguridad de la ONU para reem plazarlo por el unilateralism o norteam ericano. Entre otras consecuencias se despreciaron los consensos de Kyoto sobre em isión de gases tóxicos, la prohibición de las m inas antipersonales y la creación de Tribunal Penal I nternacional.
El cam bio de visión operado desde la adm inistración republicana cam bió por com pleto la doctrina de la intervención hum anitaria dem ócrata y sitúa com o punta de lanza del “ ej ército occidental” al país del norte, que avanza sobre todo otro territorio que se oponga a este dogm ático unilateralism o.
De esta m anera la reorganización de las fuerzas islám icas baj o la bandera del terrorism o se produce a la velocidad de la luz, dado que invasiones com o la de Afganistán o I rak generan estados de resentim iento y agolpan a m iles de reclutas que pronto serán guerreros de la Jihad o “ bom bas hum anas” .
En consecuencia, la práctica y el ej ercicio unilateral de fuerza del ej ército m ás poderoso de la tierra tam bién podrá producir en lo futuro la adición de otro tipo de conflictos al cam po de las j ustificaciones de la Guerra Santa. Es conocido un docum ento reservado del Pentágono llam ado “ Revisión de la Postura Nuclear” que señala otros “ blancos posibles” com o Siria, Libia , Rusia Corea del Norte y China. Este inform e señala la peligrosidad de estas naciones en distintos térm inos: Libia podría cortar las líneas m arítim as en el Mar Mediterráneo, Sira es acusada de ayudar la terrorism o así com o del apoyo al ex régim en de Bagdad, Rusia ,m ás allá de viej os resentim ientos, posee 6.000 bom bas nucleares y China no sólo está renovando sus arsenales nucleares y convencionales sino que posee arm as quím icas y la econom ía en expansión m ás fértil de la actualidad.
Por lo tanto, visto esto, vem os que no sólo hasta ahora ha sido ineficaz la lucha contra le terrorism o sino que adem ás se siguen agregando elem entos que actúan com o generadores legitim antes y que aceleran los procesos de organización para éste.
Lo cierto es que occidente y el m undo no m usulm án se hayan en la encrucij ada de la historia. La m anera de cóm o solucionar el tem a del terrorism o a escala global dependerá de la m ayor o m enor cuota de racionalidad a la hora de abordar el problem a. El Siglo XX ha dej ado la huella indeleble de que la desigualdad social llegue a extrem ism os insospechados. Sabem os por experiencia que el factor pobreza actúa com o m odificador prim ario desintegrador de la sociedad. El alto grado de m arginalidad en el que viven tres cuartas partes del planeta, serán siem pre terreno fértil para que un m inúsculo grupo de asesinos consum ados, con poder económ ico y un accesibilidad “ notable” a arm as de destrucción m asiva, recluten y adiestren a hom bres preparados para las m áxim as calam idades.
personas no saben explicitar sus dem andas, term inan por elegir entre la sum isión del esclavo o la rebelión brutal que lo destruye todo” . Y la frase cuaj a de m odo perfecto en la realidad que nos azota.