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Una tarea para la filosofía política

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Academic year: 2017

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Título del Trabajo:

UNA TAREA PARA LA FI LOSOFÍ A POLÍ TI CA

Autor:

María Rosa Coldeira

Ponencia presentada en el

I I Congreso en Relaciones I nternacionales del I RI

La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina

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En el siguiente trabaj o, se considera que la filosofía, tiene esencialm ente el papel de em ancipadora del suj eto por m edio del desarrollo de una racionalidad crítica de la realidad y por tanto se aborda desde el com prom iso ideológico y político. Se trata de una filosofía, al estilo de Alain Badiou, com prom etida y activa, m ilitante en el conflicto, una filosofía posible, dispuesta a dar un paso m ás1 ( 1) .

Desde este punto de vista, pretende no quedar excluída de las distintas narraciones políticas, económ icas, sociales y culturales, tom ando com o punto de partida de sus análisis las tensiones concretas de nuestra sociedad. No se trata sólo de una filosofía com prom etida con la em ancipación sino sobre todo con la crítica frente a los discursos que unifican las respuestas com o lo son el neoliberalism o en el ám bito de lo económ ico y la globalización en lo socio- cultural.

El obj etivo principal de la filosofía política es estar alerta frente a las m anifestaciones de poder y construir un discurso que sintetice en sí m ism o el conflicto, sin anularlo, sino todo lo contrario, reconociéndolo com o parte de la respuesta. Para esto, una de las tareas de la filosofía política es reconocer las tensiones entre el pensar, las form as de ser y de hacer de los otros, los olvidados de siem pre, y el pensam iento hegem ónico. Esto se torna indispensable para que este últim o no cierre los discursos “ del otro” . Esta problem ática im plica revisar los procesos históricos y los m ecanism os de poder de la construcción del relato histórico- cultural, tanto en el ám bito internacional com o en el interno. Uno de los m ecanism os del pensam iento hegem ónico es sim plificar, clausurando la dialéctica perm ananete entre los distintos discursos, dentro del m arco de una cultura tam bién dom inante.

Un eterno problem a de la política es el divorcio entre la palabra y la acción y m ás aún en los denom inados países periféricos donde, a veces, sólo se han trasladado m odelos que son totalm ente extraños a la cultura política, social y económ ica de los m ism os. Es por esto, que es esencial pensar las posibles vías de superación de esta cuestión, para lo cual se propone construir una identidad, en conflicto, donde lo oficial y lo no oficial se reconozcan com o form as válidas de una síntesis abierta. Una política que prom ueva el conocim iento y la com prensión del otro y no la desvalorización m ediante el prej uicio y la segregación.

La polít ica y e l ot r o

Para pensar una política donde se escuchen las voces de los otros, los silenciados, es indispensable reconocer que los m odos de hacer política tienen que ver directam ente con la cultura política, con la participación de los ciudadanos y con los m ecanism os de poder de las instituciones. Por tanto, se deberían develar de m anera crítica, los prej uicios y m ecanism os que operan

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en las políticas culturales propias de cada pueblo para construir una visión del otro que no sea reduccionista.

Según E. Said , esta apertura hacia el otro, se puede lograr desde una postura hum anista que significa am pliar el cam po de debate, una reflexión histórica y razonada, un sentim iento de com unidad con investigadores, sociedad y épocas distintas porque no hay hum anism o al m argen del m undo. De esta m anera, para Said, las luchas por la igualdad, en el m undo, deben tener un obj etivo hum ano y este es la coexistencia2 ( 2) .

Desde esta visión, es que se plantea una dialéctica perm anente entre lo que se presenta com o global y las particularidades, el contexto. Esto sólo se puede abordar desde una form a de com prender el m undo, de m anera holística; con un tipo de conocim iento que no sea fragm entado, que prom ueva form as de pensar integradoras, que sinteticen la diversidad, com o expresión de las particularidades.

Una form a de em pezar, es revisar las instituciones que, en general, son el fiel reflej o de las m aneras de ser de un sociedad. Es por esto, que com o plantea Rita Segato, se puede decir que el autoritarism o de algunos Estados es antes cultural que político. La sociedad ve en “ el otro” , el peligro, ese otro con el cual no quiere identificarse. Así, las reinvindicaciones de los distintos m ovim ientos, aparecen com o válidas sólo para un sector social, com o reclam os de un grupo m inoritario m ientras que para el resto de la población no form an parte de sus preocupaciones.

En el caso de la Argentina, la situación de extrañeza ante lo que le pasa al otro, puede tener dos razones: por un lado, un Estado argentino que fue sum am ente eficaz en las estrategias que utilizó para aplanar la diversidad cultural. Por otro, la globalización política que ha im portado culturas políticas.

Los m ecanism os para aplanar la diversidad, se concretaron por m edio de la educación y la salud pública. El autoritarism o es profundo, la vigilancia de la sociedad es histórica. La sociedad fue entrenada para controlarse, en la escuela, en los hospitales, etc. Para controlar al otro, para que no sea diferente, para que no se desvíe del patrón. Esto, es así, com o producto de la construcción de la Nación, que generó estrategias de anulación de la diferencia por m edio del uso del lenguaj e, la creación de un pasado com partido, sím bolos com unes, etc.3 ( 3) .

Dentro de las culturas políticas im portadas tiene presencia el tratam iento de la diversidad que se da en EEUU, donde los conflictos son referidos a grupos socioculturales m inoritarios. Es una política centrada en las m arcas de identidad particulares . Se reduce el problem a al conflicto por el acceso a los recursos donde cada individuo sólo puede hablar desde el lugar de

2 Said W Edward. A veinticinco años de la publicación del orientalismo. Le Monde Diplomatique. N° 51,

septiembre 2003.

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identidad que le corresponde. Esto hace que no se encuentren fácilm ente puntos en com ún, entre lo que viven unos y otros com o pertenecientes a una m ism a clase social.

Cada nación ha construído un m odelo particular para tratar el tem a de la diversidad interior producto de su propia historia y si se im porta un m odelo extranj ero está dej ando de lado esa historia nacional con sus luchas, sus voces populares, su propio estilo de diversidad, sus fracturas peculiares

La hom ogeneización en Agentina fue tan efectiva que la im agen es la de una identidad unitaria, desde el punto de vista del paradigm a esencialista que sostiene que la identidad es ahistórica e invariable frente a la teoría constructivista que plantea que la identidad es histórica y dinám ica, es decir, depende del contexto socio- histórico determ inado.

Bellucci Mabel y Rapisardi Flavio sostienen que las políticas de la invisibilidad de la diferencia crearon estrategias de identificación, nuevos patrones sociales de representación, com unicación e interpretación proponiendo una única identidad, desconociendo a propósito que las identidades son m últiples y com puestas por un núm ero infinito de instancias

4( 4) . Por tanto, si se tom a la identidad desde el punto de vista esencialista,

anulando la diversidad y la diferencia, ésta se torna arbitraria y excluyente.

I de n t ida d y e x clu sión

Las identidades nacionales son resultados de tensiones, de luchas por el poder, prefiguran exclusiones de espacios reales y sim bólicos. Es claro que este tipo de construcción hom ogenizante e invarible atenta contra la diversidad y sobre todo contra la diferencia producto de las desigualdades de clases.

La creciente exclusión se instala sobre las diferencias sociales y culturales im pidiendo una dem ocracia que com bine igualdad de derechos, pluralism o y ciudadanía. Nuevam ente, en palabras de M Bellucci y F Rapisardi, com o condición de una dem ocracia plena, se hace necesaria una teoría político-cultural que com bine los procesos de integración y diferenciación ciudadana, es decir, un nuevo proyecto político que term ine con las desigualdades económ icas, que reconozca las heterogeneidades, y que perm ita construir la propia identidad com o m odo de “ ser” otro, para no elim inar discursivam ante la alteridad y poder, así, renegociar las form as de presencia, evitando el cierre final de las identidades.

Ahora bien, cuando se habla de dem ocracia plena, no se hace referencia a la dem ocracia de m ercado, planteada com o indispensable para un m undo

4 Bellucci Mabel y Rapisardi Flavio. 2001.Identidad: diversidad y desigualdad en las luchas políticas del

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donde reine la j usticia, la igualdad y sobre todo la igualdad para los fines del m ercado, dom inado por estas m ism as potencias. No es la dem ocracia que sirve a los fines del im perialism o, que se propone de m anera globalizada, sin com prender las diferencias de contextos, para poder m anej ar sus intereses con m ayor soltura. En palabras de A Badiou, la dem ocracia es el sistem a político que m ej or le queda al im perialism o.

De acuerdo al análisis anterior, entonces, es necesario revisar las condiciones de la dem ocracia que son propias a cada contexto. Esto abarcaría un sin fin de cuestiones entre las cuales se presenta com o esencial, conform ar una política donde el excluído tenga voz, pero no dem agógicam ente; una política que haga un esfuerzo desde todos los actores sociales y las instituciones que com ponen la tram a social y cultural por com prender e incorporar al otro con sus form as de ser, de sentir y de pensar. Una política que haga del conocim iento del carácter del pueblo, no una form a m ás de dom inio sino, una m anera de pensar los problem as desde el otro, para tratar de encontrar las soluciones que le son propias.

Sobre la cuestión de la identidad nacional en Argentina, M Bellucci y F Rapisardi plantean que tiene que ver con el problem a de la identidad dependiente, lo cual im plica la necesidad de analizar principalm ente no sólo las perspectivas desde las que se trató en el pasado y en el presente de superarla, sino tam bién de com prender los m ecanism os que articulados desde el aparato j urídico, político e ideológico del Estado, la posibilitan y la hacen tolerable.

La globa liz a ción y la e x clu sión

El m undo se encuentra cada vez m ás dividido. A cada m om ento aparecen nuevos conflictos, la globalización parece unirnos a través de los m edios de com unicación y sin em bargo, el ser hum ano nunca estuvo tan solo, tan aislado y com prom etido sólo con su propia individualidad.

Este proceso de globalización provoca la resistencia, a veces silenciosa, tanto de individuos, com unidades, pueblos com o de los llam ados Estados periféricos o en vías de desarrollo, pero las grandes potencias son sordas y las Naciones Unidas no dej an de ser un reflej o de las m anifestaciones de poder que hay en el m undo. Así, es m uy difícil rom per con las cadenas de un im perialism o que conduce al m undo entero hacia un capitalism o atroz, un capitalism o que no respeta los derechos de las personas ni de los pueblos.

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básicos y ni hablar de los principios del Derecho I nternacional que, en estos m om entos, aparecen com o la gran paradoj a a resolver.

Las Naciones Unidas, si bien es un espacio deseable de expresión de los excluídos del planeta, no logra encontrar la fuerza política necesaria para pasar del “ deber ser” , a la realización del ideal. Tam bién, en este caso, habría que revisar la institución internacional para poder revalorizarla y reconstruirla de m anera que los pueblos que sufren la pobreza sean realm ente los protagonistas del escenario político. Esto, si se pretende, com o lo declara la Carta de la Naciones Unidas, fom entar y proteger la paz m undial. No se puede hablar de paz si se desconocen los derechos de la m ayor parte de la población del planeta.

Por tanto, se torna incuestionable, intentar encontrar respuestas para una política que sea inclusiva, no sólo desde lo legal sino de hecho, una dem ocracia donde cada ciudadano se sienta com o tal porque es tratado com o tal. Para esto, un prim er paso, com o ya se dij o, es revisar las políticas sobre la diversidad para poder hablar de integración, tanto interna com o externa. Porque baj o ningún punto de vista, se lograrán integraciones eficientes entre los países periféricos si éstos continúan siendo colonizados por un poder globalizador que im pone sus form as de ser y de actuar aniquilando las respuestas de éstos.

Un ej em plo de esta situación es el Mercosur que, según C Spieguel, está lej os de los planteos de unidad latinoam ericana de tantos revolucionarios de nuestro continente sino que, por el contrario, está pensado a m edida de las am biciones globalistas para captar un m ercado am pliado cautivo, para las m ultinacionales. El m ercado del Mercosur lo com ponen naciones que no son dueñas de sus destinos. El aspecto m ás negativo es que se desarticulan los m ercados internos de los países m iem bros provocando m ás retroceso social, económ ico y cultural. Mientras no cuestionem os este im perialism o, no se podrán desarrollar los contenidos populares y las form as nacionales de las culturas de nuestros países, ni nuestra fuerza com ún5 ( 5) .

Otro aspecto negativo de la globalización es que cuestiona la identidad, que es devaluada sin el análisis suficiente, sin ver que si no se la tom a en cuenta, seguram ante será uno de los factores im portantes del fracaso político y económ ico. Obviam ente, no se trata sólo de cuestiones culturales. No se está haciendo una reducción a la m anera de Huntington, sino que se está planteando una identidad cultural y política, determ inada por lo social y lo económ ico.

La idea de globalización, arm oniza con la ideología de las clases dom inantes que son las que han tenido el poder de decisión político en el país. Ocurre que la econom ía y la política a nivel internacional, de acuerdo a C Spieguel,

5 Spieguel Claudio.2000.“La cultura frente a la globalización” en Mateu,C (comp). Trabajo e identidad ante

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se expresan acentuando aún m ás la dependencia y los niveles de atraso de los países periféricos, im poniendo su dom inio cultural, vaciando su historia, liquidando sus tradiciones y su identidad.

¿Es posible u n a polít ica in clu siva ?

¿Es posible pensar una política que incluya al otro, distinto pero no enem igo?.¿Cóm o evitar el cierre final de las identidades?. ¿Cóm o construir una identidad que no elim ine la alteridad, donde el otro se reconozca com o parte integrante de una com unidad m ucho m ás am plia que la que determ ina su género, el lugar donde vive, el salario, el acceso a un trabaj o, la desocupación, etc?.

I nt ent ar reponder a estos plant eos, puede t rat arse de una utopía. Y por eso m ism o es una de las tareas que puede abordar la filosofía política, porque es prioritario, dado el estado del m undo, que nos resistam os a term inar con las utopías, ellas siem pre han acom pañado el cam ino del hom bre, y el pensam iento filosófico m uchas veces, ha sido el abanderado de los cam bios políticos, sociales y económ icos.

En prim er lugar y, aunque suene reiterativo, para hacer realidad una política inclusiva en los países dependientes, se deben revisar las instituciones con conciencia crítica, que en la m ayoría de los casos son préstam os de Estados hegem ónicos que nada tienen que ver con la form a de ser de estos pueblos. Después de esta revisión, habrá que reconstruir, con aquello que queda, o construir otras, sobre las bases de los saberes de una cultura política propia, de nuestra propia tradición.

Otra cuestión que se debería abordar es el tem a de la gobernabilidad de la m ayoría de los países dependientes, que se encuestra en crisis, entre otras cosas, por la pérdida de representatividad de los líderes políticos y la falta de reacción organizada y coordinada de los distintos actores sociales para resistir a las políticas económ icas que im ponen una asignación autoritaria de la distribución de bienes y recursos, provocando cada vez m ás pobreza. Aquí, se trataría de acción coordinada para resistir o para construir nuevas form as políticas con las cuales los actores sociales se puedan identificar.

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palabras de Alain Badiou, son sólo form as de ir a golpear a la puerta de los que tienen el poder pero no son cam bios en la form a de hacer política.

La desesperanza y la resignación, el agotam iento de la capacidad de hacer y de pensar alternativas de los individuos, son algunos de los síntom as de las políticas im puestas por las grandes potencias. Sobre esta base, sólo se puede crear m ás exclusión social, cultural y económ ica.

Para pensar una política inclusiva , se deben reconocer com o válidas las voces tradicionales, que se ocultan baj o el proceso de la globalización y la pobreza. Junto con otros productos, im portam os form as de hacer política, que sólo benefician a la clase dom inante que puede acceder a ciertos recursos, pero en la clase de los excluídos, las form as de hacer y de participación política cada vez son m enos significativas ya que no im plican cam bios en las condiciones m ateriales de los suj etos.

Con clu sión

Encontrar las voces tradicionales y la cultura política que es propia y em ancipadora, es una tarea no sólo de la filosofía , sino tam bién de la investigación académ ica de disciplinas tales com o la sociología, la antroplogía, la m edicina , la historia, la econom ía, etc Es una trabaj o interdisciplinario, donde cada uno de los investigadores, se com prom ete con la realidad de su propia sociedad, en la búsqueda de nuevas form as de pensar y de hacer política que incluya y libere a los desposeídos. I m plica utilizar el conocim iento científico de la m anera m ás hum ana posible.

Se necesita de apertura hacia el otro, reconocim iento del otro, para encontrar las posibles vías de superación de una política inclusiva, para lo cual se ha propuesto a lo largo del trabaj o, construir una identidad en conflicto, que com o ya se ha visto, se aborda desde inum erables lugares, pero sobre todo donde lo oficial y lo no oficial se reconozcan com o form as válidas de una síntesis abierta. Esto im plica una dialéctica perm anente con el otro, que prom ueva nuevas alternativas de discurso y acción.

Esta síntesis, se asienta en el conocim iento del otro y su valoración; sobre la certeza de que la form a m ás hum ana posible de vivir es la coexistencia pacífica , la cual supone la igualdad de condiciones y la inclusión en el sistem a económ ico, social y cultural.

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NOTAS BI BLI OGRAFI CAS

• ( 1) Badiou Alain. 2004. Circunstancias. Zorzal. Bs As. Argentina

• ( 2) Said W Edward. A veint icinco años de la publicación del

or ient alism o. Le Monde Diplom atique. N° 51, septiem bre 2003.

• ( 3) Mateu Cristina y Spiguel Claudio.1998. Una aplanadora

hom ogeneizant e. La Marca. 1998.

• ( 4) Bellucci Mabel y Rapisardi Flavio. 2001.I dentidad: diversidad y desigualdad en las luchas políticas del presente en Borón A Atilio. Teoría y filosofía política.La

tradición clásica y las nuevas fronteras. Ed Clacso- Eudeba. Bs As

• ( 5) Spieguel Claudio.2000.“ La cultura frente a la globalización” en Mateu,C ( com p) . Trabaj o e identidad ante la invasión globalizadora. Ed. Cinco. Bs As.

BI BLI OGRAFI A GEN ERAL

Borón A Atilio.2001. Teoría y filosofía política. La tradición clásica y las nuevas fronteras. Ed Clacso- Eudeba. Bs As .

Carrizo Hugo Jorge.2000.Construcción de la identidad nacional y proceso político en la Argentina en Rapoport Mario. Globalización, integración e identidad nacional. GEL. Bs As.

Casaravilla Diego.2001. Sobre “ villeros” e indocum entados: hacia una teoría sociológica de la exclusión social en Borón A Atilio. Teoría y filosofía política.La tradición clásica y las nuevas fronteras. Ed Clacso- Eudeba. Bs As

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