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La Política de EE.UU. hacia Cuba (1800-1959).

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INSTITUTO SUPERIOR DE RELACIONES INTERNACIONALES “RAÚL ROA GARCIA”

La Política de EE.UU. hacia Cuba (1800-1959)

Autor: Lic. Rodney A. González Maestrey

(2)

INDICE

INDICE ______________________________________________________________ 2

INTRODUCCIÓN _____________________________________________________ 3

1.1 Cuba en el ideario geopolítico de la naciente república. _____________ 3

1.2 Rol de EE.UU. en las guerras de independencia cubanas. ___________ 5

1.3 Período de intervención y república mediatizada. ___________________ 7

CONCLUSIONES ___________________________________________________ 13

BIBLIOGRAFIA _____________________________________________________ 14

Notas al Pie ________________________________________________________ 15

(3)

INTRODUCCIÓN

El conflicto histórico que ha caracterizado las relaciones entre Estados Unidos

y Cuba durante más de 200 años, ha tenido su génesis en la pretensión de los

diferentes gobiernos norteamericanos de controlar el destino de Cuba y la

permanente determinación de los cubanos a defender su derecho a la

independencia y la soberanía.

1.1 Cuba en el ideario geopolítico de la naciente república.

El presidente de EE.UU. en 1800, Thomas Jefferson, fue uno de los primeros

en expresar con mayor claridad la dualidad armónica del liberalismo

norteamericano con la expansión territorial a costa de los países limítrofes y más débiles: “aunque con alguna dificultad (España) consentirá también en que

se agregue Cuba a nuestra Unión, a fin de que no ayudemos a México y la demás provincias. Eso sería un buen precio (…) Lo único que en este caso nos

faltaría completar para la libertad del imperio más vasto que jamás se ha visto en el mundo (…) sería incluir en nuestra confederación el país que tenemos al norte…”.

Respecto a Cuba afirmó en 1809: “Confieso francamente que siempre miré a

Cuba como la adición más interesante que pueda nunca hacerse a nuestro

sistema de Estados. La dominación que esta isla, en unión de la Punta de

Florida, podría darnos sobre el golfo de Méjico y los países y el istmo bañados por sus aguas, llenaría la medida de nuestro bienestar político”1.

En 1808,

Jefferson envió al general James Wilkinson a Cuba para indagar si los

españoles estarían en disposición de considerar la venta de nuestro país.

Durante todo el S. XIX la diplomacia norteamericana tendría entre sus objetivos

tales postulados.

Las aspiraciones de “incorporar Cuba a la Unión” no deben separarse de la

noción de Destino Manifiesto que preponderó en EE.UU., desde inicio del siglo XIX. La concepción de los padres fundadores de que EE.UU. era “la última y mejor esperanza sobre la tierra” –como afirmó Abraham Lincoln en 1962- y de

que existía una fuerza divina que los impulsaba a diseminar la democracia

republicana a toda Norteamérica, desde Alaska hasta México, incluido las Islas

(4)

condiciones idóneas y prácticamente experimentales como las

norteamericanas-, de conquistar nuevos territorios-mercados para sus

empresas. Este sistema de ideas fue el origen del excepcionalismo americano

y serviría a los mismos fines 200 años después, a un Presidente como George

W. Bush.

El 28 de abril de 1823, habiéndose apoderado ya de las Floridas, Oriental y

Occidental2, de España, EE.UU. se había expandido a sólo 90 millas de Cuba.

En una carta al embajador norteamericano en España, el secretario de Estado,

John Quincy Adams, describe el interés geopolítico que desde la época

revestía Cuba para la Unión, esbozándose de este modo la política de la fruta

madura:

“Estas islas por su posición local son apéndices naturales del continente norteamericano, y una de ellas, la Isla de Cuba (…), ha venido a ser por

una multitud de razones, de trascendental importancia para los intereses

políticos y comerciales de nuestra Unión. La dominante posición que ocupa

en el golfo de Méjico y en el mar de las Antillas, el carácter de su población,

el lugar que ocupa en la mitad del camino entre nuestra costa meridional y

la Isla de Santo Domingo, su vasto y obligado puerto de la Habana (…), la naturaleza de sus producciones (…) le confieren una importancia en la

suma de nuestros intereses nacionales, que no hay ningún otro territorio

extranjero que pueda comparársele, y que nuestras relaciones con ella

sean casi idénticas a las que ligan uno con otros los diferentes estados de nuestra Unión”.

Posteriormente, Adams señala: “Hay leyes de gravitación política como hay

leyes de gravitación física; y así como una manzana separada de su árbol por

la fuerza del viento no puede, aunque quiera, dejar de caer en el suelo, así

Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con

ella, e incapaz de sostenerse por sí sola, tiene que gravitar necesariamente

hacia la Unión norteamericana, mientras a la Unión misma, en virtud de la misma ley, le será imposible dejar de admitirla en su seno”.

Esta concepción se ceñía a un escenario más complejo distinguido por la

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Mundo3, cuya expresión más formal se sintetizó en el mensaje del 5to.

Presidente de EE.UU., James Monroe el 2 de diciembre de 1823. Sus pasajes

constituirían la Doctrina homónima.

Esta doctrina no debe ser considerada defensiva, como proyecta la

historiografía burguesa y los políticos norteamericanos; su verdadera función

era impedir que las potencias europeas, más fuertes que España y las

repúblicas de origen ibérico, cerraran el paso a la expansión norteamericana.

Esto explica el rechazo por el Gobierno de EE.UU. de la propuesta de anexión

realizada por el camagüeyano Bernabé Sánchez en 1822, a cambio del apoyo

norteamericano a la insurrección cubana, el cual estaba en consonancia con la estrategia de Jefferson de “espera paciente” y de “retención de la prenda en manos del más débil”, en este caso España.

El incremento del intercambio comercial con Cuba en la primera mitad del S

XIX fue notable. En 1818 España permite la apertura de los puertos cubanos al

comercio internacional, y en dos años, casi la mitad del comercio de Cuba es

con EE.UU.4Entre 1830 y 1870 la industria azucarera cubana se convirtió en la

más mecanizada del mundo y hacia 1850 este renglón representaba el 83% de

las exportaciones, de las que el 40% iban a EE.UU., como parte del comercio

triangular esclavo. En 1841, la población esclava había aumentado de 39 mil

(1774) a alrededor de 436 mil. Sólo en el S XIX se trajeron a Cuba 600 mil

esclavos.

En 1848, el presidente James Polk intentó nuevamente, y en secreto, la

compra de Cuba. James Buchanan, secretario de Estado, instruyó a su plenipotenciario en Madrid ofrecer cien millones de pesos y “adquirirla al precio más bajo posible”5

en caso de que España asintiera. Entre 1857 y 1861, el

propio Buchanan, ya Presidente de EE.UU. intentó en repetidas ocasiones

interesar el Congreso en la compra de Cuba. El único freno a sus pretensiones

fueron las divisiones internas respecto a la esclavitud, que desembocaron en la

Guerra de Secesión (1861-65).

1.2 Rol de EE.UU. en las guerras de independencia cubanas.

El inicio de las guerras de liberación de Cuba en 1868, se produce en un

(6)

independencia, guiados de la mano de Bolívar, San Martín, Francisco de

Miranda e Hidalgo, entre otros. El ministro de exteriores colombiano, Don Gil

Colunje propuso una acción conjunta a todas las repúblicas de Latinoamérica y

EE.UU., para lograr la independencia de Cuba y la abolición de la esclavitud.

Este plan6, que sería guiado por EE.UU. fue rechazado por su presidente

Ulysses S. Grant.

En abril de 1869, pocos días después de la Asamblea de Guáimaro, durante la

Guerra de los 10 años, José Morales Lemus, representante República en

Armas, fue bien acogido en Washington por diferentes circunstancias7. No se le

recibió oficialmente, pero tanto el secretario de Estado, Hamilton Fish, como el

presidente Grant lo escucharon en entrevistas privadas. Al despedirse, Grant expresó a Morales Lemus:” sosteneos un poco más de tiempo, y obtendréis más de lo que pensáis”8

.

Los intereses ocultos del Gobierno de EE.UU. no eran ajenos a los patriotas

cubanos. A fines de julio de 1870 -en carta a José Manuel Mestre, sucesor de

Morales Lemus como representante diplomático de Cuba en EE.UU.- Carlos M.

de Céspedes, el Padre de la Patria cubana confesaba:

“Por lo que respecta a los Estados Unidos tal vez esté equivocado, pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación (...) ese es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga o proponga, sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos más eficaces y desinteresados (…).”

Lo cierto es que Grant convencido del interés geopolítico de Cuba, se inclinó

como Thomas Jefferson, James Polk (1848), Franklin Pierce (1852) y James

Buchanan (1857), por la compra de nuestro país. El plan9 era servir de

intermediario entre cubanos y españoles. España se obligaría a reconocer la

independencia de Cuba mediante un pago y la esclavitud sería abolida. EE.UU.

estaba dispuesto a tomar Cuba y Hamilton Fish no creía en la capacidad de los

cubanos para gobernarse a sí misma, ni de en la posibilidad de que Cuba

lograse y mantuviese su independencia10.

Este sentido de menosprecio y desdeño hacia lo cubano tuvo como expresión pública, el artículo contenido en el diario de Filadelfia “The Manufacturer”11

del 16 de marzo de 1889, el cual se refirió a los cubanos como “afeminados” y con

(7)

“una aversión a todo esfuerzo que llega verdaderamente a enfermedad. No se saben valer, son perezosos, de moral deficiente, e incapaces (…) para cumplir

con las obligaciones de la ciudadanía en una república grande y libre. Su falta

de fuerza viril y de respeto propio está demostrada por la indolencia con que por tanto tiempo se han sometido a la opresión española…”. A esta postura,

simiente de la prepotencia y sentido de superioridad racial característica de sus gentes, José Martí respondió cinco días después, en su “Vindicación de Cuba”:

“No es éste el momento de discutir el asunto de la anexión de Cuba (…) Ningún

cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter (…) Merecemos en la hora de nuestro infortunio, el respeto de los que no nos ayudaron cuando quisimos sacudirlo (…) No es de esperar, para honra de la especie humana, que la nación que tuvo la libertad por cuna, y recibió durante tres siglos la mejor sangre de hombres libres, emplee el poder amasado de este modo para privar de su libertad a un vecino menos afortunado (…)”12.

1.3 Período de intervención y república mediatizada.

Los 30 años siguientes a la Guerra de Secesión en EE.UU., sirvieron para

desarrollar las fuerzas internas que permitirían completar el periodo de

gestación del imperio norteamericano. Con el fin de la guerra se

desencadenaron las fuerzas productivas13 y comenzó a crearse el consenso

social a favor de una política imperialista14. Se consolidó la posición del capital

financiero en la vida política nacional y EE.UU. proyectó los objetivos de la

política exterior hacia la ampliación de las zonas de influencia geopolítica y la

adquisición de territorios de ultramar, garantes del dominio de rutas

comerciales estratégicas15.

En 1896 el presidente Grover Cleveland advirtió a España que si llegaba a perder a Cuba. EE.UU. tendría “obligaciones superiores” ya que según señaló

tenían entre 30 y 50 millones de dólares de capital inmovilizado en Cuba.

Mientras España buscaba una negociación con los insurrectos cubanos ante su

indetenible avance, el presidente de EE.UU., William McKinkley envió el buque

de guerra Maine al puerto de la Habana16, el cual explotó una noche de febrero

(8)

Maine! Fue el grito de guerra de los norteamericanos que buscaban apoderarse

de Cuba17.

La frase de Teddy Roosvelt: “la guerra no fue mucha pero es la mejor que hemos tenido”, resume lo que significó para EE.UU. la guerra

hispano-cubano-americana, una jugada política magistral coherente con la estrategia

norteamericana expansionista: de un solo golpe, mediante el tratado de París, y

con un costo mínimo, EE.UU. se había apoderado de Islas Guam y Filipinas en

el pacífico; y Cuba y Puerto Rico en el Caribe. No se podía pedir más por el

momento18.

El 1ro de enero de 1899, España rindió su pabellón ante las tropas yankis

comandadas por el general John R. Brooke, el primer gobernador de EE.UU.

Las verdaderas intenciones de EE.UU. fueron reveladas por el General

Leonard Wood, sustituto de Brooke, quien desmintiendo lo expresado

públicamente en la Resolución conjunta declaró: ”La única solución consistente ahora, es la anexión. (…) Con el control que tenemos sobre Cuba,

un control que pronto, sin duda, se convertirá en posesión, no tardaremos en

dominar: en la práctica, el comercio de azúcar del mundo o por lo menos una parte muy importante del mismo (…)”19

.

EE.UU. extendió por cuatro años la ocupación de Cuba con el anhelo de que

las fuerzas más conservadoras lograsen de alguna manera la anexión de la

Isla. La firme determinación de los patriotas cubanos, liderados por Juan

Gualberto Gómez, a no renunciar a la independencia por la que lucharon por

más de treinta años, impidió que se extendiera indefinidamente la ocupación.

Sin embargo, EE.UU. impuso como condición para abandonar Cuba la

adopción, como apéndice a la nueva constitución cubana, de una enmienda

presentada por el senador norteamericano Orville Platt y aprobada por el

Congreso.

Cuba fue el ensayo del Corolario anunciado por el presidente Theodore

Roosevelt en 1904, el cual significó una ruptura abierta con las interpretaciones –aunque no de la esencia- de la Doctrina Monroe. EE.UU. consideraba a

América Latina a partir de este instante como su zona de influencia natural para

(9)

Presidente afirmó que si un país latinoamericano ponía en peligro los derechos

o propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses, el gobierno de

EE.UU. estaba obligado a intervenir en los asuntos internos de ese país para

reordenarlo, restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanía y sus

empresas. Este corolario supuso una carta blanca para la intervención de

EE.UU. en América Latina y el Caribe, estableciendo relaciones neocoloniales.

La Emienda Platt20, aprobada en 1902 dio a EE.UU. el derecho de “intervenir

para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un

Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual”.

En la práctica esta humillante enmienda mantendría a Cuba durante tres

décadas como un protectorado norteamericano al garantizar el derecho a

intervenir militarmente en Cuba.

Con el inicio de la república mediatizada el 20 de mayo de 1902, se suplantaba el proyecto martiano de “con todos y para el bien de todos”, “por el gobierno en nombre del pueblo, sin el pueblo y contra el pueblo”21

. Tropas norteamericanas

invadieron y ocuparon Cuba en 1906-1909, 1912 y 1917-1922. Los buques de

guerra de EE.UU. permanecieron frente a las costas cubanas durante la

revolución fallida de 1933 y la mano de EE.UU. era visible en la vida política,

económica, cultural y social de Cuba. Entre 1898 y 1958, salvo por el breve

lapso en que el Gobierno de los Cien Días rigió los destinos de la nación, entre

finales de 1933 y principios de 1934, Washington logró establecer y consolidar

una serie de medidas intervencionistas que le permitieron dominar el país y

proteger sus intereses hegemónicos de cualquier amenaza proveniente de los

movimientos populares.

EE.UU. hizo uso de sus prerrogativas cada vez que consideró en peligro sus

intereses. Tan pronto como 1906, el secretario de Guerra y futuro presidente de

EE.UU. William H. Taft, fue instalado como gobernador provisional en Cuba,

ante la solicitud de intervención de Estrada Palma, como resultado de su

incapacidad para controlar el país luego de la farsa electoral y la consecuente “guerrita de agosto”.

Los infantes de marina norteamericanos aplastaron, junto a las fuerzas del

(10)

de Color en 1912, auspiciando la muerte de más de 3 mil negros. El secretario de Estado Knox observó: “Estados Unidos no consulta antes al gobierno

cubano si se presenta una crisis que requiera un desembarco temporal en alguna parte”. El general de división de la marina yanqui Smedley D. Butler, recordaría más tarde: “Yo contribuí a hacer de Haití y Cuba lugares apropiados para que los muchachos del National City Bank recaudaran ingresos”22

.

El valor de las inversiones de EE.UU. en Cuba superaba los mil millones de

dólares en la década de 1920. En 1959 figuraban entre las de valor más alto en

los libros de la cartera de negocios norteamericanos en América Latina. La

United Fruit Company y otras compañías dominaban el azúcar, mientras que

otras empresas de ese país prevalecían en la refinación de petróleo, la minería,

los ferrocarriles, el turismo, las comunicaciones, la electricidad, los productos

farmacéuticos, el caucho, los productos químicos y la banca. Algunos bancos,

como el Chase Manhattan, de Rockefeller, llegaron a tener tanto poder que

dictaban el presupuesto y las políticas fiscales del gobierno cubano y lo

obligaban a realizar cambios en el Gabinete.

Ante la tremenda agitación nacional producida en los años veinte, época en la

que emergieron figuras como el antiimperialista Julio A. Mella, con la FEU y el

primer Partido Comunista, se instauró en Cuba el dictador Gerardo Machado

(1925-33). Un reportero del New York Times escribió que bajo la dictadura de Machado el asesinato “alcanzó la dignidad de un arte político”23

. Ya en víspera

de su inevitable derrocamiento, EE.UU. envió a Cuba al embajador especial

Sumner Welles para supervisar la remoción de Machado. Según Welles, la

exclusión de izquierdistas del nuevo gobierno y la negociación de un tratado de comercio recíproco “nos dará prácticamente un monopolio” del mercado

cubano.

Las consecuencias de este periodo para Cuba fueron nefastas desde el punto

de vista social. Pocos países latinoamericanos tuvieron un racismo tan virulento

como el que hubo en Cuba en los seis decenios anteriores a 1959. Las playas

y otras instalaciones públicas estaban segregadas. Los bares se convirtieron

en clubes privados para que no pudieran entrar los negros, y el matrimonio

entre razas estaba prohibido. Casi una cuarta parte de los cubanos podían

(11)

negros o chinos. Los descendientes de africanos, que constituían de un tercio a

la mitad de la población, tenían los peores empleos y se veían impedidos de

ascender en la escala social por la distribución injusta de las profesiones24.

Parecía que la Revolución del Treinta triunfaba, pero otra vez el gobierno de EE.UU. lo evitaría, enviando 30 buques de guerra, en apoyo de la “rebelión de los sargentos” encabezada por el sargento taquígrafo Fulgencio Batista.

EE.UU. no reconoció el gobierno de Grau San Martín, apoyado por los

estudiantes y revolucionarios. En telegrama al Departamento de Estado, Welles

informó sobre los resultados de una reunión con Batista y con representantes

de la organización ABC, aglutinadora de la derecha de estudiantes y profesionales: “Yo le dije que, a mi juicio, él era el único individuo que representaba a la autoridad hoy en Cuba”, y le solicitó que se hiciera cargo de

la situación25. Era el hombre fuerte capaz de asegurar la tranquilidad necesaria

para el desenvolvimiento de las inversiones y los negocios norteamericanos en

Cuba, incluyendo los mafiosos. Sólo en estas condiciones se pudo derogar en

1934 la enmienda Platt.

Después de la segunda Guerra Mundial, sucedieron en Cuba dos gobiernos

auténticos (1944-1952), quienes afirmaron representar las aspiraciones de la

Revolución del 30, pero sus gobiernos se caracterizaron por la corrupción

pública y el asesinato de dirigentes laborales de izquierda. Los Auténticos se

sumaron a la política anticomunista de la guerra fría y evitaron la completa

aplicación de lo establecido en la Constitución de 1940, salvaguardando los

intereses oligárquicos norteamericanos y nacionales26.

El gobierno de Carlos Prío fue un activo colaborador de las políticas

norteamericanas de seguridad hemisférica muy marcadas por el

anticomunismo de la Guerra Fría, rubricando los acuerdos mediante los cuales

quedaron establecidas en Cuba misiones de los tres servicios armados de los

Estados Unidos: la Fuerza Aérea (en 1950) y el Ejército y la Marina de Guerra

(en 1951). El 7 de marzo de 1952, tres días antes del golpe de Estado

castrense de Batista, se firmó el Acuerdo de Asistencia Mutua para la Defensa,

(12)

Pero todavía existía la esperanza de que la consulta electoral fijada para 1952

pudiera encauzar al país por la vía de una solución reformista si resultaba

triunfador el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), como se esperaba. Aquella

esperanza se frustró en la madrugada del 10 de marzo de 1952, por el golpe de

Estado militar que el joven abogado de 25 años llamado Fidel Castro calificó de inmediato como “un zarpazo” contra el pueblo. Aquel acto ilegítimo e

inconstitucional, era obra, nuevamente del entonces jefe del Ejército, Fulgencio

Batista. Bajo su régimen, el gangsterismo y la corrupción alcanzaron índices sin

precedentes. Se calcula que entre 2 mil y 20 mil cubanos fueron asesinados, la

mayoría jóvenes de la ciudad, perseguido por el Buró de Represión de

Actividades Comunistas (BRAC), sospechosos de quemar los campos de caña

y hacer estallar bombas en instalaciones eléctricas, administrados por los

yanquis.

Las formulaciones de política que el gobierno de EE.UU. realizaba desde

finales de 1957, ante la situación insostenible en Cuba, incluía el abandono del

país por Fidel como parte de una solución negociada, y manifestaban la preferencia por una denominada “tercera fuerza”. El director de la CIA, Allen W.

Dulles propuso al presidente Eisenhower27 promover un golpe de Estado que “pareciera” dirigido contra Batista para engañar al pueblo cubano y a su

vanguardia revolucionaria. EE.UU. en su arrogancia y a partir de las

experiencias pasadas, estaba persuadido de su capacidad de imponerle a

Cuba la solución que más conviniera a sus intereses.

No hubo aversión o repulsa moral por las masivas, sistemáticas y permanentes

violaciones de los derechos humanos que cometían los sicarios del régimen, de

las cuales estaban conscientes los norteamericanos28. “Mientras la Policía, el

Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina de Guerra de Batista asesinaban a

mansalva al pueblo cubano con el armamento suministrado por los Estados

Unidos, los oficiales de las misiones militares y el asesor de la CIA asignado al BRAC permanecían impasibles”29

.

Para los funcionarios norteamericanos resultaba imposible captar la naturaleza

del cataclismo que se acercaba, porque la visión que tenían sobre Cuba estaba influida por el “síndrome de la fruta madura”.No se percataron que la

(13)

alternativa que poner fin a un esquema de dominación que era muy nocivo para

los verdaderos intereses nacionales. En la Cuba de 1958 no se necesitaba ser

comunista para ser antiimperialista radical; bastaba con ser solo un patriota30.

CONCLUSIONES

Las pretensiones de EE.UU. respecto a Cuba se remontan a los inicios del

siglo XIX y se inscriben en la concepción norteamericana del Destino

Manifiesto y la doctrina Monroe. El conflicto histórico que durante estos siglos

ha caracterizado las relaciones entre ambos países, tiene su origen en la

aspiración de los sucesivos gobiernos norteamericanos de regir el destino de

Cuba y la inquebrantable determinación de los cubanos a defender su derecho

a la independencia y la soberanía.

La continua ausencia de reconocimiento de la beligerancia de los

revolucionarios cubanos mambises por parte de las autoridades de EE.UU.,

que sí fue otorgado a la causa independentista de otros países del hemisferio,

sólo se explica por el interés especial que Cuba revestía para esa nación, que

ya sin serlo, se observaba a sí misma y se proyectaba como potencia: Cuba

era la fruta codiciada que caería tarde o temprano bajo su dominio, y entraba

en un proyecto de nación concebido y madurado por el tiempo y por diferentes

políticos norteamericanos.

La república mediatizada fue una etapa en que sucesivos gobiernos de EE.UU.

coartaron el proceso independentista emancipador gestado por más de tres

décadas. Dentro del esquema más amplio de dominación imperial

estadounidense, Cuba jugó un rol primordial, por lo que durante esta etapa,

EE.UU. continuó perfeccionando los mecanismos de penetración económica y

política, que agudizaron la dependencia de Cuba hacia EE.UU., obstaculizaron

el desarrollo socioeconómico de la nación y favorecieron la proliferación de

males sociales retardatarios del proceso de integración nacional. Todo ello,

hizo evidente la necesidad de la emergencia de un proceso revolucionario

(14)

BIBLIOGRAFIA

1. Alzugaray, C. Crónica de un fracaso imperial. Ciencias sociales. La Habana. 2000.

2. Arboleya, J. La Revolución del otro mundo. Cuba y EE.UU. en el horizonte del siglo XXI. Ocean Press, p.44.

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4. Cockcroft, J. América Latina y EE.UU. Ciencias Sociales. La Habana. 2004.

5. De Córdova, F. El fariseísmo en la política exterior norteamericana. Premio UNEAC ensayo. 1966

6. Franklin, J. Cuba and the United States. A chronological history. Ocean. 1997. p.2

7. Guerra, R. La expansión territorial de EE.UU. Ciencias Sociales. 2008. 8. Martí, J. Vindicación de Cuba. Obras completas.

9. Perkins, D. Historia de las Doctrina Monroe. Ed. Universitaria de Buenos Aires. 1964

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Notas al Pie

1

Franklin, J. Cuba and the United States. A chronological history. Ocean. 1997. p.2.

2

Asegurada la Florida Oriental en 1821, los EE.UU. no se sentían contenidos por motivo alguno que les impidiera agredir a España, material o diplomáticamente. Ambicionaban a Cuba y a Texas. La segunda formaba parte de México y era un asunto que podía ser objeto de resolución posterior. Todos sus intereses políticos y mercantiles inducían a los norteamericanos a reconocer la independencia de las colonias. Se declararían campeones del republicanismo, la independencia y la libertad, ganando gran fuerza material y moral. La América española podría caer bajo la hegemonía de la Unión. Ver Guerra, R. La expansión territorial de EE.UU. Ciencias Sociales. 2008, p. 126.

3

En 1823, el absolutismo europeo era un sistema odioso y desprovisto de toda moralidad para los norteamericanos. Para numerosos estadistas de la Europa continental, el republicanismo floreciente y la fe democrática del pueblo de EE.UU. eran elementos disolventes que amenazaban con destruir el orden existente y un peligro desconocido e incalculable para el futuro. Perkins, D. Historia de las Doctrina Monroe. Ed. Universitaria de Buenos Aires. 1964

4

Ibídem 1, p 3.

5

De Córdova, F. El fariseísmo en la política exterior norteamericana. Premio UNEAC ensayo. 1966. p 46.

6

Este plan consistía en reembolsar a España la pérdida de la colonia cubana con dinero recaudado de todas las repúblicas.

7

España e Inglaterra habían reconocido la beligerancia del Sur durante la guerra de Secesión. España se había aprovechado durante este periodo para anexarse Santo Domingo, en violación de la Doctrina Monroe, a pesar de la oposición diplomática de EE.UU. Consciente del valor estratégico de las posiciones en el Caribe, Grant, en su condición de militar era partidario de la expansión hacia el sur, se sentía deseoso de pagarle a España con la misma moneda, reconociendo a los sublevados en los términos utilizados por España al reconocer al Sur. además, el general Rawlins, miembro del Gabinete, era ferviente admirador de la causa cubana.

8

Guerra, R. La expansión territorial de EE.UU. Ciencias Sociales. 2008, p. 235.

9

En un inicio este Plan intentó desarrollarse directamente con el regente de España, general Prim, La concepción era comprar Cuba para los cubanos, con dinero adelantado de una compañía de especuladores que luego sería retribuido mediante las rentas de aduana de Cuba. Luego se convirtió en un proceso oficial de mediación.

10

Ibídem 8, p. 239.

11 En este diario, el 16 de marzo de 1889, se publica un artículo titulado “¿Queremos a Cuba? Después

de reconocer los beneficios para EE.UU. de una anexión de Cuba, el diario arremete contra la población de la Isla, primeramente descalificando a los españoles. Respecto a los cubanos manifiesta: los “Los cubanos no son mucho más deseables. A los defectos de los hombres de la raza paterna unen el afeminamiento, y una aversión a todo esfuerzo que llega verdaderamente a enfermedad. No se saben valer, son perezosos, de moral deficiente, e incapaces por la naturaleza y la experiencia para cumplir con las obligaciones de la ciudadanía en una república grande y libre. Su falta de fuerza viril y de respeto propio está demostrada por la indolencia con que por tanto tiempo se han sometido a la opresión española; y sus mismas tentativas de rebelión han sido tan lastimosamente ineficaces que se levantan poco de la dignidad de una farsa”.

12

Martí, J. Vindicación de Cuba. Obras completas.

13

Tuvo lugar un incremento de la producción agrícola, que en pocos años triplicó la superficie de tierras cultivadas, un área superior al de Europa Occidental. A ello se unió el aumento de la productividad como resultado de la introducción de nuevas maquinarias, métodos científicos y la especialización de cultivos, lo que provocó el fin de la economía de autosuficiencia campesina y el incremento del comercio interno. La aplicación de políticas proteccionistas motivó que hacia finales de siglo el 97% del mercado interno, se abasteciera con manufacturas nacionales y el volumen de la producción industrial fuera el doble que la de Inglaterra.

14

La Plataforma del Partido Republicano expresaba esta renovada voluntad expansionista, que se concretaba en fortalecer el poderío marítimo mediante el desarrollo de una armada poderosa, el establecimiento de bases militares en el extranjero y el incremento del ejército regular. El documento abogaba por el control de Hawai, la compra de Islas Vírgenes danesas, la construcción de una canal en Nicaragua y el apoyo a los “patriotas cubanos en su batalla heroica contra la crueldad y la opresión”. Para promover estas ideas los expansionistas contaron con el respaldo de la llamada prensa amarilla, donde empresarios como Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst, enfrentados en feroz competencia alentaron todo tipo de aventuras intervencionistas. Fue la época del ascenso de los “jingoístas”, políticos distinguidos por un furibundo nacionalismo y la promoción del uso de la fuerza militar para imponer sus intereses a escala mundial.

15

Arboleya, J. La Revolución del otro mundo. Cuba y EE.UU. en el horizonte del siglo XXI. Ocean Press, p.44.

16

En realidad Cleveland y su secretario de Estado Olney, habían desarrollado en 1896 todas las acciones diplomáticas que afirmaban la posibilidad de una acción militar para apoderarse de Cuba. Ante el fracaso

(16)

del intento de compra a España, EE.UU. consultó a Inglaterra, mediante su representante Henry White, y la respuesta fue “ese no es un asunto de la Gran Bretaña”, con lo que se despejaban los temores que pesaban sobre el tema Cuba de 40 años atrás.

17

Cockcroft, J. América Latina y EE.UU. Ciencias Sociales. La Habana. 2004, p. 345.

18

El 20 de abril de 1898 el Congreso, mediante su Resolución Conjunta, declaró que Cuba tenía derecho a ser libre e independiente y que EE.UU. “no tiene intención de ejercer soberanía, jurisdicción o control sobre la Isla salvo para su pacificación”. Dicha pacificación significaba establecer la “estabilidad” requerida para la independencia, y la estabilidad se evaluaba según la confianza que mostraran los inversionistas norteamericanos en el gobierno de la Isla.

19

Cairo, A. 20 de mayo, ¿Fecha gloriosa? Ciencias Sociales. La Habana. 2002, p. 37.

20

Las cadenas impuestas a nuestra soberanía cubana se reforzaron el 22 de mayo de 1903 con el Tratado Permanente que reproducía los siete primeros artículos del Apéndice Constitucional y señalaba cómo serían las relaciones entre Cuba y EE.UU. Por su parte el Tratado de Reciprocidad Comercial, aprobado en diciembre de 1902 y ratificado por el Senado cubano en 1903, garantizó las condiciones necesarias para la penetración del capital norteamericano que se adueñó de todas las ramas claves de la economía cubana. La enmienda Platt establecía además la venta de las tierras necesarias para la construcción de bases navales y carboneras “para poner en condiciones a los EE.UU. de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa”. En virtud de

esta última cláusula, Cuba constituye un país ocupado por la Base Naval de Guantánamo. Por esta enmienda la Isla de Pinos se omitió de los límites de Cuba propuestos por la Constitución, dejándose para un futuro arreglo por Tratado la propiedad de la misma. Al abandonar Cuba en 1902, los inversionistas norteamericanos ya eran propietarios de las mejores tierras del país.

21

Roa, R. Resistir y esperar. 1952. Citado en Cairo, A. 20 de mayo, ¿Fecha gloriosa? Ciencias Sociales. La Habana. 2002, p. 167.

22

Ibídem 21, p. 346.

23

Ibídem 21, p. 347.

24

Ibídem 21, p. 347.

25

El 15 de enero de 1934, confrontado por un ultimátum de Batista y del embajador de EE.UU., Caffery, Grau dimitió. Las tropas de Batista ocuparon las fábricas de los huelguistas, estableciendo un reinado del terror. En 1935 fue aplastada otra huelga general dejando más de cien muertos. En 1936 Batista disolvió el Senado, cerró la Universidad de la Habana y amordazó a lo que quedaba de la prensa.

26

Aunque los gobiernos auténticos desplazaron de la dirección de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) a los dirigentes comunistas, su base social -la clase media, la obrera y la desposeída- que ya había alcanzado un alto nivel de insatisfacción y combatividad, estimulada por las promesas incumplidas de la Constitución de 1940 y de los distintos candidatos del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), les obligaba a hacer ciertas concesiones a los sectores populares, política ya establecida desde la época precedente de Batista, cuyo primer gobierno como Presidente incluyó ministros comunistas. Una de las conquistas más importantes de ese período lo constituyó el diferencial Azucarero alcanzado por la lucha del dirigente del gremio Jesús Menéndez.

27

Alzugaray, C. Crónica de un fracaso imperial. Ciencias sociales. La Habana. 2000, p. 9.

28

Batista era considerado de igual forma que el presidente Roosevelt calificaba al dictador de República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo: “un hijo de perra, pero nuestro hijo de perra”. Según demostró el historiador norteamericano Bryce Wood, en su obra La política del Buen Vecino, ni siquiera el Presidente demócrata, creador del New Deal (Nuevo Trato), dejó de mantener las relaciones más amistosas posibles con dictadores de la calaña de Rafael Leónidas Trujillo, en República Dominicana, Anastasio Somoza, en Nicaragua y Fulgencio Batista, en Cuba, a pesar de que estaba consciente de los crímenes que ellos cometían.

29 Lo primero que hay que subrayar acerca del “embargo” es que la caída de la dictadura de Batista no se

puede relacionar directamente con este hecho. Las Fuerzas Armadas del régimen fueron privilegiadas al recibir el más moderno y efectivo armamento hasta el mes de marzo de 1958. Con esas armas el Dictador había reprimido sangrientamente el asalto al Palacio Presidencial, el 13 de marzo, y la sublevación revolucionaria del 5 de septiembre, en Cienfuegos, ambos hechos ocurridos en 1957. Batista lanzó la llamada “Ofensiva de Verano” contra el Ejército Rebelde, en la Sierra Maestra, en mayo de 1958, sin que la carencia de equipos bélicos fuera un obstáculo, a pesar de sus protestas en sentido contrario. Desde el punto de vista cuantitativo, la correlación de fuerzas entre ambos contendientes siempre favoreció al Ejército batistiano, tanto en hombres, como en equipamiento y suministros.

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Referencias

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