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Revista d’investigació i assaig de la Marina Baixa | Núm. 10 - 2014
Revista d’in
vesti gaci ó i assai
g de la Marina Baixa
Sarrià
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Sarrià
Miguel DEL REY_
Arquitectura ecléctica alteana a finales del siglo XIX
Paraules clau: Altea, arquitectura, eclecticisme, vil·la
Palabras clave: Altea, arquitectura, eclecticismo, villa
Resum: El catàleg de béns patrimonials d’Altea ha permés reconéixer la im- portància i qualitat dels edificis contruïts en estil eclèctic a finals del segle XIX i principis del XX. Una època pròspera per a la burgesia local. Es realitza un breu estudi de les cases i dels seus propietaris.
Resumen: El catálogo de bienes patrimoniales de Altea ha permitido reco- nocer la importancia y calidad de los edificios contruidos en estilo ecléctico a finales del siglo XIX y principios del XX. Una época próspera para la burguesía local. Se realiza un breve estudio de las casas y sus propietarios.
Los trabajos de redacción del catálogo de bienes patrimoniales y el estudio del patrimo- nio alteano que ello implica han sacado a la luz un material inédito de algo que teníamos y no éramos conscientes del valor que pudiera tener. Al verlo sobre la mesa surgen multitud de temas, de vínculos, de posibilidades de trabajo. Una de ellas es precisamente el comprobar precisamente la importancia que tuvo desde los años 1860 el eclecticismo, esa manifes- tación por excelencia del romanticismo en arquitectura, del cual en Altea tenemos buenos ejemplos.
1.- El eclecticismo
Para intentar hacer fácil un término que el fondo es de gran complejidad, diremos que
“eclecticismo” nos indica una manera de entender el arte cuyos rasgos son tomados de varias fuentes y estilos. No constituyó un estilo específico. Se centra en la combinación de influencias diversas en arquitectura.
El término “ecléctico” fue usado por primera vez por Johann Winckelmann en pintura para caracterizar a los artistas que bebían de las líneas trazadas por otros pintores. En ar- quitectura a finales del siglo XVIII se impone en las artes aplicadas y decorativas, para más tarde pasar a la arquitectura buscando una afirmación nacional con estilos ligeramente dife- renciados donde el medievalismo fue una constante.
En España la influencia principal viene de Francia, del edificio de la Ópera de Garnier en París y las obras de Violet le Duc. Dos líneas de este romanticismo que se decanta en ver- tientes distintas, el mundo clásico y el medieval como fuentes de inspiración. Históricamente coincide en España con el reinado de Isabel II y los convulsos años de las revoluciones del 68, la I República, etc. En esta segunda mitad de siglo se consolida y se prolonga posterior- mente en el tiempo.
Toma sus postulados del romanticismo y de alguna manera es el producto de la ruptura estética que propugna esta línea de pensamiento que abandona cualquier canon de belleza, abriendo paso a la mixtificación, a la ruptura estilística, al eclecticismo como alternativa;
ofreciendo la cantera de la historia para desde ella componer nuevas formas.
La ruptura de códigos estéticos y la existencia de una mano de obra cualificada, de una industrialización primera, potenciara el nacimiento de nuevas experiencias en las artes apli- cadas, en los oficios: herrería, cerámica, ebanistería, etc., y en también en la arquitectura.
2.- El ascenso de la burguesía en La Marina
El siglo XIX se prolonga culturalmente como todos sabemos hasta las primeras décadas del siglo XX, y es precisamente entre los años 1860 y esas primeras décadas del 1900 cuan- do en varios pueblos de la comarca, aparecen unas arquitecturas eclécticas de una particu-
lar calidad arquitectónica. Arquitecturas que marcaron de manera particular tanto el paisaje como la cultura arquitectónica del lugar, proporcionando una especie de “couleur local”
propio del momento, muy vinculado a lo que ocurría en los centros de poder, con referencias directas a Valencia, Madrid y Barcelona.
La razón de la existencia de estas arquitecturas en los principales núcleos de población de esta comarca la podemos ver en el ascenso, tras la desamortización, de las clases bur- guesas a la política y la economía locales, pero también a los núcleos de poder provinciales e incluso estatales, así como la creación de una aristocracia de nuevo cuño que se vincula a la sociedad isabelina; personajes que se codean con los restos de la pequeña nobleza local proveniente del Antiguo Régimen, hacen de algunos de nuestros pueblos –como es el caso de Altea, Denia, Xábia o La Vila- un lugar particularmente fecundo para la aparición de determinadas arquitecturas, ya que de alguna manera estos núcleos costeros tienen una estructura algo similar a lo que sería una ciudad colonial, una ciudad vinculada directamente con ciertas metrópolis: Valencia, Marsella, Barcelona, Londres, o con Madrid tras la inaugu- ración del ferrocarril con Alicante.
Todo ello marcará el paisaje del siglo XX, el paisaje que hemos heredado y que en su último tercio se ha destruido o transformado de nuevo en otro sistema formal que ha barrido estas arquitecturas en muchos casos.
De hecho fue un movimiento popular de alguna manera y casi al nivel de aquel academi- cismo que tanto éxito tuvo en la segunda mitad del siglo XVIII y cuya simbiosis con la arqui- tectura tradicional nos dio la gran arquitectura rural de época moderna en nuestros pueblos;
una arquitectura por la Academia que muy bien supieron adecuar e interpretar desde lo popular los maestros de obra salidos de aquellas aulas.
3.- Eclecticismo y sociedad en la Altea del siglo XIX
La imagen de Altea y el romanticismo han estado muy vinculadas en los últimos 150 años, de hecho la imagen paradigmática de Altea fue durante cien años una imagen caracte- rizada por la presencia de dos torres eclécticas, dos torres románticas adosadas a la muralla a través de una remodelación de una casa de la familia Martínez, una de las más potentes familias de la burguesía agraria y que dio ilustres hijos a Altea, en primer lugar don Luis Mar- tínez y Beneyto, político y filántropo alteano y más tarde don Francisco Martínez y Martínez, uno de los más importantes folcloristas valencianos del que justamente este año se cumplen los cien años de su obra más conocida.
Vamos a ver aquí una Altea que se transforma social y formalmente desde los años 1860 a las primeras décadas del s XX, construyendo una serie de edificios de gran valor arquitectónico que marcarán el imaginario colectivo de Altea en los momentos de cambio y transformación del perfil histórico, con el derribo de los baluartes y del castillo renacentistas
y a su vez la construcción de la nueva iglesia parroquial, uno de los ejemplos tardíos de este eclecticismo, que al merecer capítulo aparte, no trataremos en este charla.
Por determinadas razones en la Altea de mediados del siglo XIX existen determinados personajes que hacen que esta sociedad mantenga un cierto nivel; personajes próximos al poder político y social, algunos con ciertas vinculaciones con la iglesia o incluso próximos a ciertos ambientes artísticos; propio de una sociedad emprendedora, comercial, agraria y marinera, abierta directamente al exterior por consulados con naciones extranjeras, antes de entrar en el debacle social y económico que significaron los dos primeros tercios del siglo XX.
La Iglesia parroquial de Altea, algunas manifestaciones aisladas, como panteones o ca- sas en el núcleo histórico; pero sobre todo algunas casas aisladas, palacetes que aún po- demos disfrutar, son los elementos patrimoniales de este eclecticismo que hoy intentamos reivindicar. En el recinto de la antigua vila recordemos la nunca demasiado llorada Casa de las Torres. También la casa Cervantes, en particular su fachada, construida por Francisco Martínez y Martínez en honor a quien fue el centro de sus estudios, don Miguel de Cervantes.
Pero ante todo las villas, ejemplos en los que nos centraremos y que son los siguientes:
a) La Morería, la primera de ellas y quizás la más elegante de todas, promovida por don Miguel Jorro y Such, de autor desconocido y que se levanta sobre 1860.
b) Villa Gadea y su parque construidos sobre 1888 por don Vicente Gadea y Orozco, diseñada por el arquitecto valenciano José Juan Camaña y Laymón.
c) El Hort de la Campaneta, de fecha incierta, promovida por don Bartolomé Such, y en la que debió tomar parte el maestro de obras don Adrián Vela Gadea.
d) Más tarde se levanta Villa Sagi-Vela, hoy Villa García, promovida por don Emilio Sagi.
e) Villa Mar i Cel, construida por el diplomático alteano don Horacio Javaloyes.
f) Finalmente podemos citar la Finca Montemolar construida por los marqueses de Cam- po-Fértil en 1924 y diseñada por el arquitecto valenciano don Francisco Mora.
Se trata de un patrimonio frágil y de ahí el interés que pueda tener el poner en valor es- tas arquitecturas, las cuales se han declarado todas ellas BRL en el Catálogo que estamos redactando para el Ayuntamiento de Altea.
4.- La Morería y su promotor
Quizás una de las más atractivas casas que encontramos en Altea nos la presenta la enigmática arquitectura de la Morería. El palacete rural concebido para el disfrute de sus tiempos de ocio del diplomático alteano don Miguel Jorro y Such allá por mediados del siglo XIX. Un personaje controvertido, progresista, vinculado al entorno del general Prim, que fue representante en consulados y embajadas de China, Estados Unidos, etc. Precisamente uno de sus últimos servicios fue la fallida negociación por parte del general Prim de venta de la
isla de Cuba a los USA. Dirigente revolucionario en la Revolución de 1868, “La Gloriosa”. Su otra pasión fue la de editor, tanto de revistas de pensamiento como otras irónicas, títulos como La Cotorra o El ideal valenciano, muy populares en la segunda mitad del Ochocientos.
Precisamente en torno a 1860 construyó la finca de la Morería, donde pasó sus últimos años. En esta finca vivió su hija Ana Jorro Gómez, más conocida como “Anneta Nicoli”
(1841-1893), cantante de opera, que estuvo casada con el escultor de Silvio Nicoli; vivió en- tre Roma, Florencia y Altea, y murió de viaje a Alicante, en El Campello. Este personaje murió arruinado y la finca pasó a Francisco Jorro y Such, su hermano, alcalde en varias ocasiones, de signo político completamente distinto, abuelo del primer Conde de Altea.
La casa es producto de una fortísima remodelación de una anterior casa rural, una típica casa de dos crujías con eje centrado en planta y patio posterior, que se adecua como pala- cete para residencia del político por un arquitecto que domina perfectamente sus habilida- des proyectuales y constructivas. Remodela el conjunto sobre la base original que aún hoy podemos ver, levantando una torre justo en el centro. Es de destacar el volumen de la casa, sus elementos de arquitectura, la composición de fachada y la remodelación de espacios internos en los dos primeros cuerpos de construcción. Pero sobre todo la elegancia, las proporciones y la forma de los trabajos de fenestración y las pilastras que enmarcan el vano central de fachada y unen la puerta con el potente hueco superior. La torre es un elemento que penetra el tejado a la manera de los dibujos iluministas franceses tan conocidos y di- fundidos en las primeras décadas del siglo XIX. Su acabado almenado nos acerca al gusto romántico que queda evidente en el nombre de la casa.
El otro aspecto a destacar es el paisajístico. La casa se enmarca en un paisaje de particu- lar interés, en la confluencia de los dos barrancos: de Riquer y de les Cases. Los dos bravos barrancos rodeados de bosque pinos que bajan de la agreste Bernia.
Figura 1.- Frontal de La Morería.
5.- Villa Gadea
La presencia de una villa rotonda de dimensiones y acabados de calidad en el paisaje de la Olla de Altea fue una de las referencias paisajísticas de las personas que nacimos a mediados del siglo XX. Su decadencia y su transformación poco afortunada en un edificio al que se le amputó un elegante y enigmático parque, las hemos seguido con interés y cierto desasosiego.
Su emplazamiento sobre la costa ligeramente elevada y con vistas a la bahía, frente a la Illeta, rodeada de una frondosa pinada, hacen del lugar uno de los más hermosos parajes alteanos y comarcales. De los restos de la antigua Villa quedan solo la casa principal, los espacios colindantes, bastante degradados y parte de la pinada. Se han perdido el parque, el camino de acceso, las zonas agrarias, además de la casa de labor y la almazara de una calidad excepcional en su arquitectura. Ha sido y sigue siendo, un lugar frecuentado por los alteanos en sus momentos de ocio.
Es quizás la más interesante y característica de las villas suburbanas que se construyen en la Altea de finales del siglo XIX. Una arquitectura ecléctica, culta, moderna, vinculada a una explotación agraria y a una zona de recreo con dos partes muy diferenciadas, los aterra- zamientos que abren perspectivas hacia el mar con la Illeta al fondo, y el parque-jardín, a la manera de los parques naturalistas muy en boga en ese momento en la cultura jardinera. Un parque atravesado por un gran eje central que situaba al fondo la casa sobre una masa de pinos entre los cuales se ubicaba un lago pintoresquista con castillete espiral gotizante.
La villa, que lleva por nombre Villa Ángeles, se construyó entre 1988 y 1890 por el abo- gado alteano don Vicente Gadea y Orozco, doctor en Leyes, magistrado, catedrático, rector de la Universidad de Valencia y senador conservador, vinculado a las fuerzas vivas del mo- mento, quien mantiene amistad en el último tercio del siglo pasado con ilustres personajes del momento, tanto de las letras, de la política, de la música, de la iglesia, etc., entre ellos del propio jefe de Gobierno regeneracionista José Canalejas, don Juan Benlloch, coadjutor de la iglesia de los Santos Juanes en Valencia, más tarde nombrado cardenal—de donde quizás pueda venir el título pontificio concedido de Marqués de Gadea— y con el Marqués de Campo, financiero, filántropo y político conservador valenciano. Todos ellos disfrutan de estancias en la Villa de los Ángeles, y su propietario falleció en ella en 1904.
En 1890 se acaba el edificio y en agosto de 1898 se consagra la capilla de la Villa de los Ángeles. La autoría del proyecto es del arquitecto y político, vinculado a la aristocracia valen- ciana José Juan Camaña y Laymón (1850-1926) que se formó en la escuela de Arquitectura de Madrid y se licenció en derecho por Valencia, trabajó para el Marqués de Campo, alcalde de Valencia mientras Vicente Gadea era Rector de la Universidad. El arquitecto destacó por su adscripción al neogótico innovador, como nos demuestra en su obra alteana. Obras su- yas son el Asilo del marqués de Campo en Valencia (1882) y la Colegiata de Játiva (1884).
Problemas de testamentaría han acompañado siempre a esta finca desde la muerte de su
fundador. Cobijó los Festivales de España allá por años 1965-1970.
La capilla-oratorio de la casa esta- ba dedicada a Nuestra Señora de los Ángeles, a San Vicente Mártir y a San Lorenzo Mártir; hasta me- diados del siglo XX, en ella se ce- lebraba el 10 de agosto la misa en honor a San Lorenzo.
La villa está ocupada en es- tos momentos por la central de la Policía Municipal, un fin poco apropiado para este elegante e interesante edificio restaurado en los años 1995-1996 por el arqui- tecto don Eduardo de Miguel.
Destacar de la arquitectu- ra de la casa que consta de una planta a la italiana, inspirada en el palladianismo e interpretada des- de posicionamientos eclécticos que introducen un grado de mo- dernidad evidente con la incorpo- ración de nuevos materiales para la época como los que constru- yen la cúpula piramidal central. El neogoticismo epidérmico marca la fachada, con soluciones cons- tructivas en ocasiones radicales y en otras resueltas con oficio.
6.- El Hort de la Campaneta
Situada sobre la calle Alicante, el antiguo Camino Real, que coincide con la Via Dianium romana, la casa se levantaba en su momento sobre un desnivel aterrazado de huertos que se regaban de la acequia del Reg Major que atraviesa la finca, y de ahí su nombre de Hort.
La transformación del paisaje a lo largo del siglo ha sido enorme, la construcción casi coe- tánea con la casa de la estación del ferrocarril y la carretera; la construcción del puerto en los años 30, y más tarde la colmatación urbana de todas estas zonas anteriormente agrarias
Figura 2.- Vista antigua de Villa Gadea. Fotos Galia- na, hacia 1960.
Figura 3.- Aspecto actual de Villa Gadea.
ha cambiado la percepción de lo que fue una villa de recreo en una zona muy coti- zada a finales del siglo XIX.
Sus cúpulas y su perfil han sido carac- terísticos de la imagen de Altea desde el flanco sur y forman parte del imaginario al- teano durante todo el siglo XX. El oratorio y la campana han sido siempre objeto de admiración, así como la particular forma del edificio con sendas cúpulas vidriadas en el azul escamado que también cubre la cúpula mayor en la Iglesia del Consuelo. La casa y su forma han sido objeto de culto icónico en las históricas postales de Her- manos Coello.
Fue propiedad de Bartolomé Such. La casa fue construida, según algunas fuen- tes, en el último tercio del siglo XIX o ini- cios del XX. Dispone de capilla dedicada a la Purísima Concepción. El nombre por el que se conoce esta propiedad se debe a la instalación de una pequeña campana colocada en el portal anexo al lateral de la casa. A mediados de los años 50 del siglo XX, la propiedad fue adquirida por Vicente Sendra, quien donó la campana a la Iglesia del antiguo Convento Franciscano (está instalada en su campanario).
Se sitúa junto al antiguo camino de Alicante, a la entrada de lo que era en es momento el pueblo de Altea, en una situación dominante de vistas sobre las terrazas inferiores, las cuales eran huertos regados por la acequia mayor, el primero de ellos un huerto-jardín vinculado a la casa, más abajo otros campos agrarios y al fondo el mar.
La casa se compone con un sistema en U con un sistema entorno a un pequeño patio, con un cuerpo porticado anterior, sobre el cual se levantan dos vistosas cúpulas, una de ella un oratorio, que enmarcan una terraza central.
Se trata de una arquitectura ecléctica en todo el sentido de la palabra, tanto por las refe- rencias iconográficas, como por los sistema tipológicos a los que hace referencia, con unos grados de libertad compositiva verdaderamente importantes que la vinculan a un protomo- dernismo sin complejos que recurre a elementos referenciales autóctonos y muy actuales en su momento: las cúpulas de la coetánea iglesia del Consuelo que en esos momentos se está construyendo y con la que mantiene unas relaciones formales tan particulares que nos llevan a pensar en que quizás la posible autoría de su arquitectura no esté lejos del Maestro de
Figura 4.- Fachada del Hort de la Campaneta.
Obras don Adrián Vela Gadea, el mismo que levantó la iglesia durante el intervalo entre 1901 y 1911. Aunque algunos autores adelantan la fecha, que por su arquitectura y sus formas debe estar en torno a estos años.
7.- Villa García o Villa Sagi-Vela
Es uno de los ejemplos más interesantes de esta arquitectura ecléctica, en este caso cons- truida a inicios del siglo XX por la famosa pareja formada por Emilio Sagi Barba, y su mujer Luisa Vela, ambos cantantes líricos de reconocida solvencia que se asentaron en esta costa preciada en aquella época por una bohemia de alto nivel artístico y económico. Sus formas de vida y la maledicencia propia de una sociedad puritana llevaron a la pareja a abandonar la vivienda, comprada por la familia García, de la cual lleva el nombre la villa en la actualidad.
Se inserta en un enclave paisajístico de gran interés, ya que se eleva sobre una plata- forma que domina las afloraciones volcánicas que encontramos abundantemente en estas costas, conservando incluso su antiguo cierre y restos de los que fue el jardín y parque do- méstico original.
El edificio de Villa García es un palacete academicista que hoy remodelado y subdividido sigue conservando el carácter de elemento exento y su estructura de fachadas y cubierta.
Compuesto por dos crujías y una fachada simétrica de cinco vanos en fachada con dos ni- veles, cubierto a cuatro aguas y con un frontón ecléctico en el centro de la cornisa. El interior incluye, deslocalizados, algunos elementos de gran valor provenientes de la arquitectura origi- nal: carpintería en puertas y ventanas, cristaleras historicistas y sobre todo ello, los balaustres y el pomo de la antigua escalera, hoy reubicada. Estos elementos, a la vez que los paneles cerámicos de las terrazas, se atribuyen en su diseño inicial al arquitecto Antonio Gaudi, amigo de Emilio Sagi Barba, el primer propietario de la casa, y quien la construyó, catalanes y amigos entre sí.
Se inserta en un enclave paisajístico de gran interés, ya que se eleva sobre una plataforma que domina las afloraciones volcánicas que encontramos abundante- mente en estas costas, conservando in- cluso su antiguo cierre y restos de los que fue el jardín y parque doméstico original.
El arbolado adulto contribuye a la calidad del paisaje, solo roto por la existencia del incalificable puerto deportivo que se ex- tiende frente a las terrazas.
Figura 5.- Villa Sagi o Casa Garcia.
8.- Villa Mar i Cel
Situada sobre las terrazas que desde el Tossal de Molar bajan hasta la playa de Cap Negret, en una de las zonas más preciadas por la burguesía para sus asentamientos subur- banos de principios del siglo XX. Fue construida en la primera década del siglo XX por el político liberal Horacio Javaloyes Zaragoza, diplomático y cónsul de Francia en Altea. Influyó en posteriores arquitecturas suburbanas en Altea.
En los años 30 fue propiedad de Carlos Sánchez Cutillas, yerno del humanista alteano Francisco Martínez y Martínez y padre de Carmelina Sánchez-Cutillas. En los años 40 fue ad- quirida por Pedro Juan Avargues. Del periodo de los años 30 contamos con la novela Matèria de Bretanya donde Carmelina Sánchez Cutillas recupera de su memoria algunos fragmentos en que Maricel (o “Mar-i-Cel”) está presente.
“... i el tenia alçat a la seua cambra en l’armari de la roba, va fer un embolic amb tot allò i ho va amagar a un calaix secret que hi havia derrere dels calaixos del tinell.”
El edificio se aleja decididamente de las referencias locales en su arquitectura. Un pala- cete exento, autónomo, que incorpora elementos que más tarde reconoceremos dentro de la arquitectura alteana, en particular el castillete o torre, tan propia de estas arquitecturas.
Se trata de un edificio compacto ba- sado en el esquema clásico de nueve cubos que se interpreta de manera muy particular, con una partición a tres por banda, el acceso centrado nos da paso a un vestíbulo en profundidad donde una escalera ocupa un tercio de una de las bandas laterales. Las dos plantas princi- pales del edificio tienen un esquema muy claro y rentable con una distribución en planta alta a partir del espacio central y liberando todo el perímetro para estan- cias. Estas dos plantas elevan sus facha- das en hastiales cubiertos a dos aguas con diferente inclinación de cubierta en fachadas contrapuestas, lo que da un juego formal complejo y de gran plastici- dad al que se suma un pequeño edículo central que repite el tema de los hastia- les. Los acabados en fachada son de un Figura 6.- Villa Maricel, vista lateral.
modernismo tardío, con interpretaciones libres de repertorios eclécticos en las jambas y sobreventanas, pero especialmente reseñables son las esquinas, muy bien resueltas al des- componer el volumen en planos articulados precisamente por las esquinas curvas, como vi- mos también en La Morería. Arquitectura aquella a la que este edificio hace alguna referencia en el lenguaje epidérmico.
Es de reseñar el valor de elementos externos a la casa, como la puerta de acceso desde la carretera N-332. Una puerta construida con sillería de piedra de las canteras de Les Quin- tanes, bien trabajada y de formas muy particulares.
9.- La Finca Montemolar
La casa, denominada popularmente “del marqués” fue mandada construir por don José Beneyto Rostoll en 1924, abogado y diplomático casado con la Marquesa de Campo-Fértil, diseñada por el arquitecto don Francisco Mora, es una de las piezas más interesantes de la arquitectura residencial suburbana alteana; la cual incidió fuertemente en las arquitecturas que construyeron la villa suburbana alteana hasta bien entrados los años 50 del siglo XX.
Construida sobre el Tossal de Molar, que da nombre a la finca, una colina que domina por el suroeste la vista del pueblo Altea y por el este tiene amplias vistas sobre la bahía de la Olla de Altea. El valor paisajístico del conjunto es de gran importancia en esta parte del término municipal, pues domina el perfil de la colina que configura la Olla y Cap Negret.
El arquitecto de la casa, Francisco Mora se formó en la Escuela de Arquitectura de Bar- celona bajo la dirección de Domènech i Montaner. Se matriculó en dicha escuela en 1890, obteniendo el título en 1898. Fue compañero de estudios de Manuel Peris, frecuentando el taller de Antonio Gaudí. Hay que destacar entre sus obras el Mercado de Colón, que finalizó en el año 1916. En el Palacio de la Exposición Regional Valenciana de 1909, y en la fachada de la Casa Consistorial de Valencia del mismo año, Mora será el introductor del casticismo con obras como la del Banco Hispano Americano, estilo al que corresponde la casa alteana.
La obra fue muy celebrada y objeto de crítica social y arquitectónica, como la aparecida en el semanario Blanco y Negro de ABC en enero de 1926, que entre otras cosas decía:
La arquitectura de la casa –obra del notable arquitecto valenciano D. Francisco Mora- puede señalarse como modelo del género. Triunfa en ella, como se ha dicho, el estilo español, que se manifiesta en las fachadas coronadas de almenas; en el atrio –que en este caso no dice bien el exótico nombre de hall-, severo y señorial, con sus viejos bargueños españoles, sus muebles de complicadas tallas, en recio nogal labra- dos, y sus cuadros evocadores de las andanzas del inmortal Hidalgo manchego; en el despacho del marqués, desde cuyos balcones se admira el bellísimo paisaje; en el comedor, de sobria elegancia, con amplia chimenea de campana…
Mora nos ofrece un sólido edificio basado en el clásico esquema de casa-patio. Arti- culada la residencia en torno a un patio claustral de tres vanos por lado, resuelto con finas columnas sobre las que descansan arcos de medio punto definiendo un claustro cerrado recorrido por un elegantísimo zócalo de azulejería al gusto neomudéjar. Un cuerpo principal armado por dos torres laterales presenta la imagen robusta que se desea. Cuerpo que al- berga las estancias principales de la casa. Un gran vestíbulo en planta baja articula las salas laterales y se vincula con el patio. En planta alta salones, biblioteca, estudio, se centran en esta primera nave que abre vistas frontales hacia la Iglesia de Altea, situada en línea entre la terraza superior del porche y el salón.
La simetría forzada con el acabado diverso de ambas torres y los acabados vidriados de las tejas en un verde turolense nos hablan de cierto regusto mudéjar. Encontramos también cierto medievalismo que se potencia con el uso de materiales nobles, de mampostería con- certada, de sillería en esquinas, o directamente con el atrevimiento de levantar unos peque- ños merlones coronando la fachada principal.
Hay que destacar el valor paisajístico del conjunto, la escala de los elementos y la dispo- sición en el territorio. Quizás este sea el mayor de los valores de este ambicioso proyecto.
En este sentido hay que valorar muy positivamente la construcción en la cima del Tossal que abre vistas hacia la Olla, del llamado Mirador del Marqués. Una pérgola modernista de una elegante fábrica de hormigón pintada de almagra.
Durante la guerra fue incautada y dedicada a hotel residencia, más tarde residencia de la obra sindical “Educación y Descanso” con el nombre de José María Maciá.
Figura 7.- Patio de la Finca del Marqués.
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