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D I S C U R S O S
LEIDOS A N T E
LA R E A L A C A D E M I A E S P A Ñ O L A
E N L A R E C E P C I O N P Ú B L I C A
D. E D U A R D O B E N O T
EL DÍA 14 D E ABRIL D E
M A D R I D
U l P R E N T A D E L A VIUDA DE HERNANDO V C,' CALLE DE FKRRAZF WCM, I 3
1889.
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LEIDOS ANTE
LA R E A L A C A D E M I A E S P A Ñ O L A
E N L A R E C E P C I Ó N P Ú B L I C A
D. E D U A R D O B E N O T
EL DIA 14 DE ABRIL DE t88g
M A D R I D
LMPRENTA DE LA VIUDA DE HERNANDO Y C.' CALLIL DE KEORJSÍ, NUM. 13
1889
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D I S C U R S O
D. E D U A R D O B E N O T
Niinca, S E S O R E S ACADÉMICOS, aspiró á la gloria de sen- t a r m e entre vosotros, por estar plenamente convencido de que n o tengo los conocimientos necesarios p a r a tomar par- te en v u e s t r a s tareas. Y t a n p r o f u n d o es este convenci- miento mío, que la noticia de mi elección me puso en la perplejidad más dolorosa.
P o r u n a parte, si alguien está persuadido de que n o sirve p a r a u n cargo, ¿es de estricta moralidad el aceptar- lo? Y , por otra, ¿es j u s t o que q u i e n v i v e reconocidísi- mo á toda distinción que le dispensan, pague con n e g r a i n g r a t i t u d , no haciendo cuanto sus fuerzas alcancen para corresponder 4 la h o n r a de su elección?
S E Ñ O R E S ACADÉMICOS, m i g r a t i t u d á vuestras bondades, que será eterna, y la cariñosa amistad que desde hace más de t r e i n t a y cinco años profeso á algunos de vos- otros, vencen mis vacilaciones, pero sin convencerme de que mis fuerzas puedan ser b a s t a n t e s para a y u d a r o s cual corresponde ea vuestros t r a b a j o s interesantísimos.
I i D I S C U R S O
Y por si acaso u n momento de i n f a t u a c i ó n p u d i e r a h a - berme engañado respecto á mis facultades, se lia encarga- do la experiencia repetidamente de a p a g a r toda ilusión del amor propio. Dais t a n t a solemnidad á la recepción de un académico, que, fijándose los ojos del país en este sitio, es m u y n a t u r a l que el electo desee ser, si no sol, siquiera luz perceptible á las m i r a d a s de tantos. E s preciso, pues, pre- sentar u n discurso digno de la atención que hacia él se di- rija; y y o h e llegado á convencerme de que n o h e nacido para tanto, Y no h a sido por falta de voluntad. Censurada severamente mi tai'danza p o r uno de vosotros, á quien pro- feso admiración y cariño, puse manos á la obra; y, de en- tonces acá, todos mis últimos escritos h a n sido empezados con intención de discursos académicos, pero n i n g u n o re- sultaba tal. Y sólo por t r a t a r s e de u n a cuestión importan- te y de la m a y o r generalidad posible, es por lo que entre- saco de lo t r a b a j a d o estos \iltimos meses lo que voj- ú lee- ros, sugerido por mis observaciones en la enseñanza de las lenguas,
Es práctica piadosa en estas recepciones consagrar u n recuerdo luctuoso al académico cuyo sillón h a de ocupar el electo; y seguramente vosotros quisisteis reemplazar al Sr. D, Cándido Nocedal con u n h o m b r e de opiniones dis- t i n t a s de las suyas, pai-a demostrar, por u n a parte, que en el seno de esta Corporación reina la más plausible toleran- cia, y, por otra y principalmente, para que el elogio del distinguidísimo Académico resultase más solemne proce- diendo de la sinceridad de mis labios.
D. C Á N D I D O N O C E D A L ocupó su sillón d u r a n t e más de v e i n t i ú n años con aplauso c o n s t a n t e de los enten- didos y doctos en las arcanidades de la lengua.
U n á n i m e en el elogio, la p r e n s a periódica de todos los partidos ensalzó en sus artículos necrológicos al correcto
DE D. EDUARDO B I S N O T . 18
escritor, al prosista elegante, al hablista pulcro y atilda- do, al polemista impetuoso, al orador fluido, al ingenio ci'eciente en el debate, de aticismos impensados, de epi- gramática agudeza, de formidable empuje al atacar, de re- cursos briosos en toda retirada. E l foro perdió u n a de sus lumbreras, la elocuencia lino de sus campeones, el perio- dismo uno de sus atletas más tenaces, la A C A D E M I A E S P A - ÑOLA mío de los más eximios i n t é r p r e t e s de los misterios de la lengua.
P e r o lo que á mí más me llenaba de admiración era su entereza. Yo creo que n o se necesita más que tener ojos para v e r que n u n c a el mundo h a estado envuelto en iiiia atmósfera de adelantos y de dignidad semejante á la de ahora; y por eso me causan admiración los acerados ca- racteres que, enemigos de las convulsiones inherentes á todo cambio radical, llenos de veneración por lo antiguo, respetuosos por demás hacia lo qiie h a sido y y a no es, y amantes entusiastas de cuanto bueno conserva la tradi- ción, se ponen incondicionalmente al servicio de las f u r - mas de lo pasado, f o r j á n d o s e la ilusión de no ser hombres de estos tiempos, sin embargo de brillar con la luz eléctri- ca de sus f a c u l t a d e s en la prensa y la t r i b u n a .
Habiendo hablado y a de mí, a u n q u e contra toda mi voluntad, y de mi ilustre antecesor m u y á satisfacción mía, he cumplido las exigencias del uso en estos actos so- lemnísimos, y entro en materia, coníiado linicamente en que no ha de abandonarme vuestra benevolente tolerancia.
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¿ Q U É ES H A B L A R ?
Casi todas las gramáticas empiezan con las estereoti- padas pregiinta y respuesta:
¿Qué es gramáHca?—El arte de Tiahlnr y de escrihir correc- tamente ij con iwophdad.
P e r o n i n g u n a se p a r a á deiinir, n i aun lo intenta, qué cosa sea el H A B L A R .
¿Qué razón piiede haber p a r a dar por conocida la res- puesta de la esfinge?
Se comprende hasta cierto punto que esa definición se ostente á la cabeza de las gramáticas destinadas á enseñar u n a l e n g u a á los indígenas; porque éstos, por práctica indocta, y a casi la saben desde los primeros anos de la infancia; y, n a t u r a l m e n t e , sólo necesitan adquirir la co- rrección y propiedad de que carecen; pero, si se t r a t a de aprender lenguas e x t r a n j e r a s , y a la situación varía por completo,
(I,Quién no ve que es imposible ejeciatar CORRECTAMENTB
T CON i'ROPrEDAD u n sistema cuyas bases se i g n o r a n en su esencia?
I i D I S C U R S O
¡Caán apurados se encontrarían esos gramáticos si al- g ú n irreverente Ies p r e g u n t a r a : ¿ Q U E E S H A B L A R ?
Así es que muclias gramáticas son u n artificio sin r a - zón de ser, u n a q u i m e r a imposible, u n plantel de pedan- tería, u n m a r t i r i o p a r a la infancia, y, lo peor de todo, u n a inutilidad completa,
E n general, ¿no son contados los que escriben bien? Y
¿quién, cuando escribe, se acuerda de los intrincados a n á - lisis y enmarañadas ideas con que lo a t o r m e n t a r o n en las aulas? ¿No suelen cometer vergonzosas faltas gramaticales muchos encargados de enseñar CORRECTAMENTE las reglas del hablar? Y ¿qiié reglas son esas que no impiden el error?
¿Cuándo se equivoca u n geómetra aplicando las reglas de la geometría? ¿Cuándo u n arquitecto, cuándo u n i n g e n i e - ro, aplicando las del arte de construir? Las gramáticas, tanto nacionales como e x t r a n j e r a s , dan por supuesto el HABLAR; y , como el sistema se ignora, las reglas para utilizarlo correctamente y con x^ropiedad, MUY E S T I M A B L E S C I E R T A M E N T E E N Mucíios CASOS, suelen n o encontrar aplica- ción en la práctica de los escritores adocenados.
L a g r a m á t i c a es así un edificio sin base ni cimiento.
Pocas ideas c o n s t i t u y e n generalmente la esencia de las cosas. Si u n sistema se presenta m u y complicado, ó no es cierto ó va f u e r a d e camino.
H o y la enseñanza padece u n a g r a v e enfermedad: la enfermedad de las minuciosidades, t a n t o más peligrosa, cuanto m a y o r es el n ú m e r o de primores que el exceso de la división encuentra. E l análisis es severamente censura- ble cuando llega h a s t a el abuso de la división. F i g u r a o s u n loco que dijese:
"¿Sabéis cuál es la m a n e r a de analizar u n reloj?—Exa- minar cada una de sus partes,—^¿Si? P u e s t r i t u r é m o s l o en un mortero resistente b a j o u n a mano poderosa p a r a llegar
DE D. E D U A R D O BISNOT. 18
á inspeccionarlo hasta en sus más recónditas moléculas.,,
¡Locura! P a r a ver u n a rueda, u n péndulo, ó u n resorte, es preciso conservarlos en toda su integridad,
Dada siempre por supuesta la importantísima noción de nuestro sistema de exteriorizar el mundo interior, los gramáticos e n t r a n de seguida en pormenores y minucias acerca de las palabras, de sus formas y sus accidentes.
Pero la complejidad de los pormenores á veces es tan enorme qne, para abarcarla por completo, se hace necesa- r i a u n a g r a n dosis de atención,, de que pocos son capaces.
Aúáda,se á esto qne, ISNORÁNDOSE LOS F I N E S DEÍ. HABLAR,
f a l t a el hilo conductor que g u i e por el obscuro laberinto d é l a s minuciosidades.
E s t a falta de método hace con f r e c u e n c i a odioso el estixdio más interesante entre todos; el del preciosísimo sistema por medio del cual nos comunicamos con nuestros semejantes y sin el cual la sociedad es imposible,
Sin sonidos no h a y música; pero en el estrépito des- g a r r a d o r producido por las manotadas de un párvulo so- bre las teclas de u n piano n o h a y música tampoco. L a música está en el ORDEN de sucesión de los sonidos de la escala.
Análogamente, sin materiales no h a y casas: con mate- riales no h a y casas: lo primero es de evidencia; no es posi- ble un edificio sin cales, ladrillos, sillería, vigas, clava- zón, etc.
Y lo segundo resulta también e v i d e n t e , en cuanto se reflexiona q u e , en primer l u g a r , esos mismos sillares, ladrillos, cales, vigas, clavos, eto,, arrojados al azar, ó amontonados confusamente después de un terremoto, no constituyen y a edificio; y, en segundo lugar, que, según la CONSTRUCCIÓN que se dé á esos materiales, así serán casa
como templo ó pílente
I i DISCURSO
L a CONSTRUCCIÓN, esa cosa invisiUe, ese c o n j u n t o ele re- laciones s u j e t a s á, leyes invariables, la forma, la propor- ción, ESO ES LA CASA, y n o los materiales inertes y grose- ros que esperan la vida; que n a d a c o n s t i t u y e n sin la v i d a que arde en la m e n t e del arquitecto, p a r a convertirlos en albergue seguro contra la inclemencia de las intempe- ries, ó l u g a r de r e c o g i m i e n t o y estudio, ó vUil medio de comunicaciones, ó m o n u m e n t o grandioso de las Bellas A r t e s .
Apliqúese este símil al l e n g u a j e , y se v e r á que son i g u a l m e n t e ciertas estas dos proposiciones:
sin palabras no se t a b l a ; con palabras no se habla.
Mancha, cuyo, en, un, la, lugar, nombre, no, de,'liidal- (¡o, un, acorda/r, quiero, me, de, vivía, etc., son palabras, son sonidos , n o son nada: son materiales muertos, a r r o j a d o s al azar sobre u n a p l a y a desierta, que a g u a r d a n la voz del arqiiitecto que los llame á la vida. E s t e arquitecto es la construcción, que organiza la frase, la oración, la cláusula,
el período
P e r o diga u n GRAN CONSTRUCTOR: «¡Muertos materiales, recibid el soplo de u n a v i d a i n m o r t a l : o r g a n i z a o s ! » ; y en el acto aparecerá la obra del G E N I O : E N U N L U G A R D E LA M A N C H A , D E C U Y O N O M B R E NO Q U I E R O A C O R D A R M E , NO H A M U C H O T I E M P O Q U E V I - V Í A U N H I D A L G O D E L O S D E L A N Z A E N A S T I - L L E R O , A D A R G A A N T I G U A , R O C Í N P L A C O Y G A L G O C O R R E D O R
A h o r a se comprenderá 23or qué no enseñan las infelices gramáticas que tienen por exclusivo objeto las palabras:
ahora se h a r á p a t e n t e por qué, como zizaña en t i e r r a de pan sembrar, esquilman las más tenaces memorias, y como aire c o r r u p t o por los miembros descuartizados de
D E D . EDUARDO BISNOT. 18
un cadáver, m a t a n la más vigorosa inteligencia esas listas de irregularidades, arregladas por orden alfabético y en- comendadas á la memoria; esos mecanismos incompletos, aislados é i n t r a n s i g e n t e s que se llaman teorías de declina- ciones y conjugaciones; y abora, en fin, se verá claro por qué u n hombre, formado y a g u e r r i d o en los estudios, sue- le n o conseguir con muchas horas de t r a b a j o lo que logra un n i ñ o cuando n o sabe que h a y gramáticas n i gramáticos, y por qué ni a u n obtiene siquiera lo que es dable á cual- quier iliterato h a b i t u a d o á expresar sus sentimientos.
Robustezcamos estas ideas.
Cuando el h o m b r e habla, habla de u n obj eto especial, ó de u n sentimiento determinado, ó de u n a pasión, de u n acto indi- viduales; do esos y n o de otros. P u e s bien: en n i n g u n a len- g u a del m u n d o esos objetos, esos sentimientos, esos actos tienen nombre: n i n g ú n diccionario de n i n g ú n idioma en- cierra u n a p a l a b r a p a r a cada uno de los seres que pueblan el u n i v e r s o ; y cuando tenemos que h a b l a r de ellos, nos es forzoso bautizarlos, darles u n nombre que les sea propio y peculiar p a r a que no se confundan unos con otros.
Esto es claro; t a n claro como la luz meridiana: las len- guas más ricas tienen 40 000 voces usuales, y solamente los objetos materiales existentes en el m u n d o exterior son in- numerables. ¿Cómo iba á haber u n vocablo p a r a cada cosa? ¿Y dónde habría palabras p a r a expresar el infinito de los cambios y de las mudanzas. que en las cosas acaecen?
¿Y dónde p a r a ese otro infinito de las modificaciones de nuestro m u n d o interior?
E l hombre, con sus limitadas facultades, n o podría ha- blar si p a r a CADA objeto y para CADA UNA de sus m u d a n z a s hubiese querido tener u n a palabra especial,
Y todavía el p o r t e n t o es más sorprendente y se hace más digno de explicación, atendiendo á que las 40 000 pa-
I i D I S C U R S O
labras de una lengua aon propiedad del Diccionario sola- mente, pero no de n i n g ú n poeta ni del orador más abun- dante.
E l n i ñ o liabla con muy pocos vocablos: su vocabulario oscila e n t r e 300 y áOO t é r m i n o s m u y usuales. Lenguas h a y en que n o existen t a n t a s raíces. E l libreto de u n a ópera italiana n o pasa r e g u l a r m e n t e de 660 voces. Del g r a n poe- t a R a c i n e se h a dicho que le b a s t a r o n 1 200 vocablos p a r a escribir todas sus tragedias (lo que parece cuestionable).
Contados con celo religioso los vocablos de la Biblia co- rrespondientes al A n t i g u o Testamento, se h a visto que son 5 642, U n periodista elegante apenas Hace uso de más, y un h o m b r e de biiena sociedad no emplea n u n c a t a n t a s n i con mucho en su conversación, El orador más copioso suele n o llegar á 7 000; y por exceder este número en al- g u n o s millares, se c i t a n como p o r t e n t o s d e f a c u n d i a y de riqueza entre todos los escritores á C E R V A K T E Í Í , á L U T E R O y á SUAKESPEARU,—especialmente á éste \Utimo, cuyo voca- bulario se acerca á 15 000.
¿Cómo, pues, hablamos?
I n v e n t a r u n n o m b r e p a t a cada OBJETO, para cada E S T A - DO y p a r a cada ACTO habría sido sencillamente u n a perfecta imposibilidad; y, por tanto, la inteligencia h u m a n a hubo de acudir á otro recurso.
¿No h a b r í a sido imposible expresar todos los grados de la escala de la pluralidad asignando una figura, u n a ci- fra, iin rasgo, mi trazo, un signo á cada grado? Los núme- ros son infinitos; y la mente h u m a n a j a m á s h a b r í a poseído la A R I T M É T I C A á h a b e r p r e t e n d i d o expresar cada número por u n rasgueado diferente. ¡Cuánto no cuesta á los niños el conocer y d i s t i n g u i r las solas n u e v e c i f r a s y el cero del sistema decimal de n u e s t r a numeración común! Y ¿qué in- teligencia habría sido capaz de diferenciar mil trazos dife-
D E D. EDUARDO BISNOT. 18
rentes, dos mil, diez mil, u n millón? ¡Y millones de millo- nes sin t é r m i n o n i fin!
¡Imposible! Y ¡sin embargo, con las solas diez cifras del sistema de numeración nos es dado designar todos los ór- denes que en la pluralidad puede ocupar u n objeto!
Y ¿cómo con t a n pocas cifras nos es posible escribir to- dos los números? ¿Quién realiza este portento?
U N S I S T E M A .
Cada u n a de esas cifras tiene, además de su valor abso- luto, otro valor deposición. ¡Qué sencillez! ¡Un valor ab- soluto y otro de posición!
Imposible t a m b i é n el Hablar si cada palabra h u b i e r a de ser el signo de u n OBJETO d i f e r e n t e ó de u n ESTADO especial
ó de u n determinado ACTO.
E l número de los objetos es infinito: no h a y \in ser si- quiera que sea igual á otro; de modo que CADA h o m b r e de- bia tener su nombre, CADA buey, CADA caballo, CADA oveja,
CADA árbol, CADA h o j a , CADA flor, CADA simiente E r a , pues, preciso á la inteligencia humana, por este solo con- cepto, disponer de un número I N F I N I T O de vocablos.
Pero h a y más: todo sér v a r í a con el tiempo: CADA botón se hace flor; CADA n i ñ o se hace hombre, CADA h o m b r e se hace v i e j o ; por manera que p a r a cada CAMBXO en los seres de- bía disponer el hombre de otro número I N F I N I T O de vo- cablos. Y todavía queda inmensamente más, con ser ya tanto. Los seres e j e c u t a n ACTOS en número inasignable: in- fluyen unos sobre otros y se modifican c o n t i n u a y reci- procamente, ¿Cómo, pues, hablar da esos actos, de esas influencias y de esas modificaciones i n v e n t a n d o u n voca- blo p a r a CADA uno? T a m b i é n p a r a esto solo se necesitaba otro^ I N F I N I T O .
Unicamente u n S I S T E M A de pocos sitìNOS podía suplir al infinito de palabras necesario, en otro caso, para hablar del
I i DISCURSO
infinito de los objetos y del infinito de sus estados, actos, infl;\ios y modificaciones.
A h o r a bien: ¿Cómo son esos signos? ¿Cuál es ese sis- tema?
Las palabras son t é r m i n o s G E N E R A L E S que no pue- den m i r a r s e como el n o m b r e propio de n i n g ú n objeto en particular.
Supongamos que por primera vez veo u n a figura pla- n a t e r m i n a d a por tres rectas i g u a l e s , y que la llamo
TRIÁNGULO. E s t a voz será en mi hipótesis u n n o m b r e pro- pio, puesto que es el nombre de aquella figura y n o de otra. Luego veo una nueva figura, pero t e r m i n a d a por tres rectas desiguales, y a d v i r t i e n d o la semejanza,—ó, MÁS
BIEN, HO DÁNDOME CUENTA DE LAS D E S E M E J A N Z A S , — l a llamo t a m b i é n TRIÁNGULO, en v i r t u d de u n a ley que obliga á la inteligencia, por causa de su peqiieüez y limitación, á dar el mismo n o m b r e á lo que a d v i e r t e semejante, porque no analiza bien las diferencias. H o y mismo, en nuestro emi- n e n t e estado de civilización, mientras los hombres de mar, conocedores de las d i f e r e n c i a s , necesitan de numerosos nombres para hablar de jabeques, místicos, faluchos, ba- landras, etc., los hombres de m u n d o se contentan simple- mente con denominar BAECOS á buques de las más distintas propiedades y condiciones,
Pero volvamos al TRIÁNGULO.
Más adelante, perfeccionadas y a mucho mia facultades de observación, veo o t r a tercer figura de tres lados rectilí- neos, y en v i r t u d de la m i s m a ley, la llamo igualmente
TRIÁNGULO, a u n q u e advierto q u e de los tres lados sólo dos son iguales. Después veo o t r a fignra t e r m i n a d a por tros arcos, y la g r a v i t a c i ó n de mi inteligencia á dar el mismo nombre á lo semejante, ó á lo que me lo parece, me hace llamarle TRIÁNGULO, Veo, en fin, u n a superficie no plana)
DE D. E D U A R D O B E N O l ' . 17
esférica, p o r ejemplo, t e r m i n a d a por tres líneas, y le aplico el mismo n o m b r e de TRiÁNauLO.
¿Qué ea lo q u e l l a ido sucediendo?
Al p r i n c i p i o compusieron el concepto de TRIANGULO las ideas s i g u i e n l e s :
Superficie + plano l i m i t a c i ó n t r e s líneas -)- rectas iguales.
L u e g o e l i m i n a m o s la idea de i g u a l e s , y TRIANGTILO sólo c o m p r e n d í a las ideas de
Superficie plano l i m i t a c i ó n t r e s -(- líneas rectas,
Luego prescindimos de la idea de rectas y de plano, y
TRIÁNGULO v i n > À c o n t e n e r sólo las ideas siguientes;
Superficie l i m i t a c i ó n t r e s .
A h o r a bien; ¿no es t a n e v i d e n l e camo u n a x i o m a que la p a l a b r a TRIANGULO, m u t i l a d a asi e n su c o m p r e n s i ó n , y tal como h a llegado h a s t a nosotros, no p u e d e ser y a el nom- b r e [propio d é l a p r i m e r a figura que vimos? ¿No es t a m b i é n e v i d e n t e que p a r a que esa p a l a b r a v u e l v a á significar el
PRIMER TRIÁNGULO, T NO OTRO NINGUNO, necesitamos r e s t i t u i r - le las ideas de que hemos ido g r a d u a l m e n t e p r e s c i n d i e n d o
al" m u t i l a r el significado de la 70z p a r a f o r m a r el concepto general? ¿No es cierto que, p a r a d e s i g n a r el m i s m o P R I M E R TRIÁNGULO, n o s Será preciso decir triángnÍo i>luno de redas iguales?
Y h a b i e n d o muchos t r i á n g u l o s planos equiláteros, ¿no será t a m b i é n indispensable agregai* sus dimensiones, la o r i e n t a c i ó n de los vértices, el sitio en que lo vimos, los co- lores que entonces t e n í a y todos sus demás caracteres y d i s t i n t i v o s i n d i v i d u a l e s ?
Siendo h o y CUARENTENA cualquier espacio de t i e m p o que d u r e cii u n lazareto la incomunicación de las p e r s o n a s pro- cedente? d e p m i t o s epidemiados; esto-es, h a b i e n d o p e r d i d o el vocablo su e v i d e n t e etimología (pues que á cada paso se lee en d o c u m e n t o s oficiales cuarentena de siele días, de
2
I i D I S C U R S O
dieg, de quince...), ¿no es evidente qne será preciso r e s t i t u i r al vocablo su perdida acepción etimológica y decir ata- ren tena de cuarenta dias cuando sea d e cuarenta giros t e - rrestres el tiempo de la observación s a n i t a r i a ? (1).
¿Qué es, pues, HABLAR?
H A B L A R es sacar á las palabras de su generalidad L I M I - TANDO CON OTRAS palabras su extensión y generalidad. Así, dos lineas, al cortarse, d e t e r m i n a n u n p u n t o en la i n m e n - sidad del espacio.
(1) Estas observaciones hacen ver la inconsistoncía do lii famosa dcfíDÍción:
• suatanlivo os el nombro de u n a p e r s o n a 6 cosa q u e podemos p e r c i b i r p o r nues- tros sentidos, 6 ooneobiv como u n a oxistoncia indciiendienlo: rnmisa, libw, áo- Tnité, JuHvs, poptdua, viríuR, Justitia, amicitia.>
E s t a definición, adamás do incompleta, os incorrecta on g r a d o sumo, Mesa, libro, casa..., son conceptos a b s t r a c t o s de n u e s t r o entendimiento; y , p o r tanto, n o al alcanco de n u e s t r o s s e n t i d o s . El concepto do MESA, es, p u e s , invisible, in- t a n g i b l o . . . , en una palabra, imperceptible. Lo q u e y o p u e d o ver es ÜNA MESA, INDIVIDUAL; ÉSTA, por ejemplo, en q u e ustoy escribiendo, la cual tiene propias y ospocialiaimas diinonsiones; color individualísimo y oxoluHivamenle suyo; es do u n a m a d e r a dotorminada; p r e s e n t a caracteristicoa deterioros en sitios s i n g u - lares, y posoc escopcionalos m a r c a s e n t e r a m c n t o s u y a s , e t c . , etc. Pero en la idoa goneral de UES.Í. no existo n i n g u n a de e s t a s particularidades; porque no h a y idoa abstracta q u e no so h a y a formado PRESCINDIENDO do todo lo caracterís- tico y especial, individual y propio, definido y d e t e r m i n a n t e ó excepcional do
cada objeto.
E n . l a idoa de MESA no e n t r a , p o r t a n t o , la de TAL color, ni la de TAL t a m a ñ o , ni l a d o TAL m a t e r i a ; y, por c o n s i g u i e n t e , ta voz ?nc«a, ASLICABLE Á TODOS los muebles do su clase, n o es el nombro de n i n g u n a cosa q u e podamos ver, ni to- car, ni, en u n a p a l a b r a , percibir por medio dolnuestros sentidos.
Por t e n e r m u l t i t u d de seros las mieniaa propiedades, les os a d e c u a d a m e n t e aplicable el mismo n o m b r e ; y, osí, S los i n n u m e r a b l e s seres de la raza e q u i n a , por e s t a r dotados do las m i s m a s propiedades, se loa aplica Á TODOS el nombre de caballo, o t e .
Pero la recíproca no es c i e r t a : no p o r q u e & muchos seres s e l e s aplique el mismo nombre, d e b e deducirse siompro q u e t e n g a n p r o p i e d a d e s ospocialiaimas comunos. Tal ocurre con los n o m b r e s patronimicos y los de bautismo: que h a y muchos Pérez y m u c h o s Antonios c u y a s cualidades no p u e d e n e s t i m a r s e en modo a l g u n o como determinantomonte g e n é r i c a s de u n a especial a g r u p a c i ó n .
DE D. E D U A R D O BISNOT. 18
[Qué sencillez! L A P A L A B R A , l i m i t a d a , circunscrip- ta, d e t e r m i n a d a p o r la P A L A B R A , se p a r t i c u l a r i z a , se s i n g u l a r i z a , y h a s t a so i n d i v i d u a l i z a de t a l modo, que pue- d e - y a ser el r e p r e s e n t a n t e de CADA DNO de los seres q u e p u e b l a n el universo, de sus estados, actos y modificaciones características, especiales ó personales.
¡Qué sencillez! ¡Lo g e n e r a l l i m i t a d o p o r lo general!
L a p a l a b r a CABALLO es aplicable á todos los caballos del universo; pero CABALLO I N G L É S y a e x c l u y e á todos los caba- llos no nacidos en I n g l a t e r r a ó procedentes de allí: CABALLO
NEGRO INGLÉS DE PURA RA'ZA sólo p u e d e decirse de ciertos animales: ESE CABALLO NEGRO INGLÉS es y a el n o m b r e p r o p i o de u n solo i n d i v i d u o d é l a r a z a e q u i n a .
L I B R O sale de su i n m e n s a g e n e r a l i d a d si d i g o por ejemplo:
MI libro, TU libro,
AQUEL libro,
EL l i b r o ALEMÁN DE FORRO AZUL,
LOS TRES libros QUE ME REO ALÓ TU PRIMO JOAN EL DÍA DE SU SANTO, etC.
Lo I N D I V I D U A L , pues, carece de n o m b r e en los dicciona- rios. E n el diccionario están los elementos generales. E l
NOMBRE PROPIO de Cualquier o b j e t o es u n COMPUESTO, cons- t r u i d o siempre p o r la p e r s o n a que habla.
E S T E papel, ESTA p l u m a ,
MI t i n t e r o de cristal, MI lápiz r o j o y azul, su sombrero
I i D I S C U R S O
eran objetos singulares s i n nombre; eran i n d i v i d u a l i d a d e s concretas sin s i g n o , h a s t a qixe y o los bauticé con esas reuniones de vocablos, E n el diccionario se encuentra, de cierto, la palabi'a su, y también la p a l a b r a SOMBRERO; pero el c o n j u n t o su SOMBRERO es u n a construcción mia y de mi exclusiva formación.
Y obsérvese que esto es universal.
A u n los vocablos que parecen más característicamente i n d i v i d u a l e s están d e n t r o de la regla:
E l M A D R I D de F e l i p e I V n o es el M A D R I D de Carlos I I I , n i mucho menos el actual M A D R I D ,
E l OCÉANO de la época carbonífera n o es el OCÉANO de la época cuaternaria.
Las dos LUNAS de Marte son inmensamente más peque- ñas que las cuatro LUNAS de J ú p i t e r ,
Ampliemos más aún. E l n ú m e r o do meridiams es infini- to ; puesto que meridiano es todo círculo que pasa por los polos y p o r cualqiriera de los infinitos p u n t o s de la tierra, P e r o y a el MERIDIANO DE M A D R I D es u n circulo especialísi- mo, único entre la infinidad de los m e r i d i a n o s posibles. Y"
sin embargo, como en ese meridiano existe m u l t i t u d innu- merable do valles, montes, arroyos, fuentes, casas, árboles, hombres y animales, n o seria chica empresa la de encon- trar, por ejemplo, u n inmenso tesoro de perlas y diaman- tes enterrado por a l g ú n moro misterioso en los últimos días de la reconquista, si sólo nos d i j e r a n que t a n t a rique- za estaba e n t e r r a d a en u n p u n t o desconocido, pero si- t u a d o eir el meridiano de Madrid, P a r a dar con tal t e - soro seria preciso, en t o d o r i g o r , a b r i r n a d a menos que u n a z a n j a de polo á polo de la tieiTa, los mares inclusive.
Tnfinito es también el número àe lìaraleìos; p o r q u e j)«-
DE D. EDUARDO BISNOT. 18
ralelo es todo círculo que pasa por cualquiera de los puntos de la t i e r r a paralelamente al Ecuador. P e r o y a PARALELO DE CUARENTA GRADOS es u n círculo especial que se d i s t i n g u e de la infinidad de paralelos. Y n o obstante, tampoco seria íloja t a r e a la de e n c o n t r a r el tesoro, si sólo supiéramos que estaba enterrado en u n p u n t o desconocido situado á los cuarenta grados de latitud. T a m b i é n , en rigor, p a r a dar con él, h a b r í a que r o d e a r toda la t i e r r a con o t r a z a n j a .
P e r o dígasenos que el tesoro yace enterrado en EL
MERIDIANO DE M A D R I D Á LOS CUARENTA GRADOS DE LATITUD N O R T E ; y perlas y d i a m a n t e s estarán i n m e d i a t a m e n t e en n u e s t r o poder; porque sólo á u n p u n t o del globo corres- p o n d e n tales señas. Y h e aquí cómo dos GENERALIDADES
h a n dado por su concurrencia u n a sola y perfecta I N D I V I - DUALIDAD.
Análogamente: parece que n o pu-ede haber vocablo más i n d i v i d u a l que la palabra YO, Y sin embargo, nótese que YO es u n t é r m i n o que pueden usar sin excepción todos los hombres; y por consiguiente, que sólo cuando la palabra YO es el representante de MI sola y exclusiva personalidad, es cuando empieza á perder el vocablo de su v a g a ó in- asignable extensión, sin perderla t o d a v í a enteramente;
porqx^e ese YO es como u n a línea errática que pasa p o r to- dos los p u n t o s de mi vida. Yo f u i niño; TO h e sido joven;
luego adulto; YO me veo v i e j o ya, y persistiendo en v i v i r , YO llegaría h a s t a la más imítil decrepitud. E l vocablo YO es, pues, en su v a g a extensión y generalidad, lo análogo de cualquiera de los meridianos infinitos de la tierra; pero, representando únicamente mi personalidad, v i e n e á resul- tar algo menos vago, como lo antes dicho del meridiano de Madrid,
U n infinito de acontccimiontos ocurrieron el día 26 de Noviembre de 1822; fecha general, análoga ahora á lo an-
I i D I S C U R S O
tes expuesto acerca del paralelo de cuarenta grados; pero la expresión T O NACÍ EL 26 D E N O V I E M B E E DE 1822, es u n a intersección de generalidades que d e t e r m i n a u n suceso ùnico en mi vida.
E e p i t á m o s l o : ¡Qué sencillez! ¡Lo G E N E E A L limitado por
LO GENERAL!
Cuéntase que el famoso prestidigitador H O U D I N hacia sus más primorosas suertes delante de unas princesas ale- manas. U n a de ellas, maravillada con u n o de los juegos, hizo llamar aparte al p r e s t i d i g i t a d o r y le dijo:
—¿Consentiría V . en la m u e r t e d e u n a princesa de Ale- m a n i a si pudiese conservarle la v i d a ?
—¡Oh! Nunca.
— P u e s sálveme; p o r q u e le aviso que me v o y á m o r i r ahora mismo de curiosidad, si n o me explica V. en qué con- siste esa misteriosa suerte que acaba de hacer,
— P u e s esto es así,
—Mágico prodigioso, y ¿sólo es eso?
—Esto es todo. P e r o aquí no h a y m a g i a ni prodigio. No h a y más que observación.
E l estudio de la a r q u i t e c t u r a de las lenguas es, pues, la sencillez misma; es fácil, agradable y eminentemente espe- culativo. E l de los detalles, minucias y excepciones, difi- cilísimo: m u y necesario, pero m u y enojoso. P u e d e uno ser u n g r a n arquitecto, sin ser u n g r a n albañil, carpintero, herrero ó vidriero.
Cuando el g r a n F á r a d a y completaba alguno de sus portentosos descubrimientos en electricidad, n o so dete- nía en hacer los cálculos correspondientes (ni acaso h a - b r i a convenido q u e él mismo los h u b i e r a hecho, por no estar m u y versado en matemáticas): aquel g e n i o de la f í -
DE D. EDUARDO BENOT, 2,3
sica moderna se limitaba, pues, á reunir los datos; y, re- unidos, decía con g r a c e j o singular:
Noiv hand it over to the calculators,
A h o r a pase esto á la g e n t e de los números.
Como en todo lo práctico, n i n g u n a complicación exis- te en el p o r t e n t o del HABLAR.
Pocos elementos constituyen la idea de CASA. Si el hom- bre h a de ponerse á cubierto de las intemperies necesita tocho que lo resguarde: este techo h a de estar sostenido por pilares ó paredes, y á m a y o r elevación que la estatura h u m a n a , p a r a que los h a b i t a n t e s puedan moverse fácil- mente por debajo, en pie y sin agobiarse: h a n de entrar en la casa aire y luz, y, al efecto, se necesitan v e n t a n a s y balcones: los h a b i t a n t e s t e n d r á n que entrar y salir, luego h a b r á que disponer puertas, escaleras, etc., etc. E s t o s pocos elementos son lo v e r d a d e r a m e n t e ESENCIAL; y siempre re- sultarán ACCIDENTES de tan sencillas nociones el que los te- chos sean horizontales y de ladrillos planos, como los de las azoteas de los países meridionales en que no nieva; ó de f o r m a piramidal y de tejas ó pizarras, como en los paí- ses frios donde la nieve puede acumularse sobre los edi- ficios en masas de g r a n peso; y es accidental t a m b i é n el que las paredes y pilares sean de ladrillo ó de madera, ó . de piedra, ó de hierro; en una palabra, es accidental y aco- modaticio á las circunstancias cuanto hace que u n a casa determinada sea u n edificio individual.
Y esto pasa en todo: u n a idea sencillísima suele ser gu base: u n p o r t e n t o de pormenores su i n d i v i d u a l i d a d .
¿Qué es u n a LOCOMOTORA? U n aparato m u y pesado, p a r a q u e por su extraordinaria g r a v e d a d muerdan las ruedas en los carriles férreos: de mucha superficie t u b u l a r expuesta al caldeo p a r a que la vaporización sea considerable: el va-
2 1 D I S C U R S O D E D. EDUARDO BENOT.
por, después de m o v e r los émbolos, h a de salir por la chi- menea en chorros vigorosos p a r a que h a y a u n fciro enérgi- co en el hogar; y, p o r último, h a de existir u n mecanismo adecuado que dé á las r u e d a s m o v i m i e n t o circular con- t i n u o .
Cuatro ideas ú n i c a m e n t e son el f u n d a m e n t o de la lo- comotora; pero ¡qué inmensidad de pormenores!
Lo mismo es el sistema del l e n g a a j e :
¡ L o GBKEKAL DETERMINADO POR LO GENERAL!
P e r o ¡cuánto h a y que saber p a r a p e n e t r a r en lo intimo de cada singularidad elocutiva!
E l conocimiento de la v i d a de las palabras exige, pues, estudio continuo y laborioso, pacientisima erudición y fa- cultades que m u y pocos poseen y de que yo carezco. P o r eso, en todas partes, cuantos consagran su v i d a á esta dificilísima clase de investigaciones se hacen dignos del aprecio universal. Y por eso. S E Ñ O R E S ACADÉMICOS, inde- pendientemente de cualquier otro género de afectos y de consideraciones, y o os tengo i TODOS en la m a y o r esti- mación, y me causa pena p r o f u n d a no poder ofreceros p a r a el éxito de vuestros t r a b a j o s más que la cooperación mo- desta de m i buena v o l u n t a d .
C O N T E S T A C I Ó N
EXCMO. SR. D. VÍCTOR BALAGUER
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M iS E S O K E S A C A D É M I C O S :
Acabáis àe oir el discurso que el Sr. D. E d u a r d o Benot ha presentado p a r a tomar posesión del puesto á que le ele- vasteis. B a s t a oir su lectura p a r a que se comprenda, por vuestra parte, la j u s t i c i a con que le elegisteis; por la suya, la indispensable a u t o r i d a d con que se presenta.
Después de larga y laboriosa v i d a consagrada al estu- dio y á la divulgación de los progresos humanos, ampara- do por su b r i l l a n t e h i s t o r i a l i t e r a r i a , el Sr. Benot viene á recoger la medalla, con que h o n r a r o n su pecho, y á ocupar el sillón, en que sucesivamente f u e r o n sentándose, P e d r o Escotti de A g o i z , Miguel Gutiérrez de Valdivia, J u a n de Triarte, P e d r o de Silva, Francisco Antonio González, J o s é de la Revilla, y ú l t i m a m e n t e Cándido Nocedal, á cuya buena memoria, haciéndose i n t é r p r e t e de los sentimien- tos de la Academia, r i n d e el Sr. Benot el t r i b u t o debido en cumplimiento de la loable y piadosa costumbre que la Aca- demia ha querido siempre conservar. Asi sucede que estas g r a n d e s solemnidades académicas tienen doble objeto y
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a l c a n z a n doble mérito, Asi sucede que la gloria del recién llegado se ime al recuerdo del que se ausentó p a r a siempre, y el primer acto del n u e v o académico es el de t r i b u t a r un h o m e n a j e á su antecesor, prolongando de este modo el eco de sus glorias, de sus méritos y de sus virtudes.
B i e n venido sea el nuevo académico. Inteligente, pen- sador y laborioso, como d e m u e s t r a n sus obras; v a r ó n de rectitud, de conciencia y de consejo, como p a t e n t i z a n los hechos todos de su vida; t a n a r d i e n t e en la propaganda de sus ideales, como incansable en la gestión y ejercicio del t r a b a j o , el Sr. Benot está destinado á p r e s t a r m u y espe- ciales y t a m b i é n m u y señalados tervicios desde el alto puesto que h o y viene á ocupar, contribuyendo á las doctas y titiles tareas de esta corporación ilustre.
E s de ello g a r a n t í a su pasado.
Discípulo en l i t e r a t u r a del célebre D. Alberto Lista, egregio maestro que f u é de tantos como llegaron luego á ser á su vez maestros, Eduai'do Benot comenzó su carrera literaria por medio de la p r e n s a periódica- E r a lo corriente en sus mocedades. Así la comenzaron muchos; asi, quizá, la comenzamos todos.
Los semanarios de l i t e r a t u r a y los folletines de los pe- riódicos políticos eran entonces el p a l e n q u e d o n d e se ejer- citaba en sus iDrimeras armas u n a j u v e n t u d ganosa de glo- ria, y que, m o v i d a por secreto é irresistible impulso, se l a n z a b a i m p a c i e n t e t r a s de g r a n d e s ideales que, por lo me- nos, t e n í a n la v i r t u d de elevar el alma. Y como la ambi- ción del espíritu es t a n a c t i v a y tan devoradora como la del corazón, aquellas jóvenes inteligencias, en alas de su f a n t a s í a , al sol espléndido de la revolución l i t e r a r i a que se hallaba en su plenitiid, con todas las fiebres y todos los entusiasmos de la época, cruzaban los espacios, abarcaban la inmensidad, sondeaban el infinito.
Delirios serán ahora estos recuerdos p a r a muchos, y sin embargo, en el fondo do estos deliiios había algo elevado,
D E L E X C M O . SU. D, VICTOR B A L A G U E R . 2 9
algo noble, algo qiie respondía á la b e n d i t a misión del in- genio y al enaltecimiento del alma,
P u d o h a b e r exageración en iina escuela h o y t a n com- batida y tan desdeñada, no lo niego; pero será siempre pre- ciso convenir en que la exageración es la idealidad de un sentimiento, y el sentimiento, en el concepto en que aquí debe comprenderse, es un acto noble del alma.' Con todos sus defectos y con todos sus errores, aquella época abrió vastos horizontes y trazó luminosas v í a s al ingenio.
De allí proceden, en literatura, aquellos cuyos nombres ha escrito la posteridad en mármoles y en bronces, y aque- llos t a m b i é n que, vivos a ú n p a r a gloria de la patria, de- ben á la P r o v i d e n c i a el privilegio de asistir á su posteri- dad, que se adelanta á brindarles con el laurel del P e t r a r c a en los suntuosos salones de la oriental A l h a m b r a .
De allí proceden, en ciencias, los que en las Cátedras h a n formado y dirigido á nuestra j u v e n t u d , y de allí tam- bién, en política, los eximios oradores y hombres de E s t a - do, que desde los bancos rojos del Parlamento h a n ido á ocupar los altos puestos del país.
No pude menos, Señores Académicos, de entregarme á estas reflexiones al recordar los primeros pasos de Be- not en su v i d a literaria. T a m b i é n él, también, perteneció á la hueste de aquella noble jiiventiid, y a u n h o y se cuen- t a en el mimerò de los que se avienen porfeotamente con el idealismo y el esplritualismo de los que en otras edades se llamaban Calderón de la Barca, L o p e de V e g a ó F r a y Luis de León, y en la n u e s t r a se h a n llamado L a r r a , Espronce- da, Daque de R i v a s , Quintana, García Gutiérrez ó A y a l a .
Benot pertenece, pues, al número de los que son y a de- masiado viej os para cambiai' de estudios y carrera, y dema- siado jóvenes a ú n para destruir lo que h a n adorado, para maldecir lo que h a n bondecido y para r e n e g a r do unos tiempos en que antes que b l a s f e m a r de Dios, se p r e f e r í a ensalzarle, y antes que extasiarse con las inmundicias del
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lodo, se p r e f e r í a cantar las esplendorosas bellezas del cielo.
A u n h o y existen algunos de aquella época, que, viejos y todo, continúan siendo los amantes y los enamorados de la Belleza, y p a r a quienes la belleza plástica y visible es sólo el p u n t o de apoyo y de p a r t i d a que los g u i a p a r a ir en busca de u n a Belleza superior y eterna. E s posible, es casi seguro, que h a y a en esto algo de P l a t ó n ; pero, en fin, n o f u é nunca la de P l a t ó n t a n mala compañía,
B ú r l e n s e en b u e n hora, los que se llaman espíritus in- dependientes y libres, dé los que v a n en busca del Ideal, Yo n o h e de condenarlos por esto; qiae tengo g r a n respeto á toda manifestación del pensamiento, y, especialmente, á todo lo que sea expresión de sentimientos rectos y h o n r a - dos; pero aquellos á quienes respeto, deben á su voz res- petar en mí el s e n t i m i e n t o que me e m p u j a á sostener y a p l a u d i r á los jóvenes a u t o r e s quo escriben sus obras con un carácter eminentemente moral é ideal, y á los que en la f o r m a v e n ú n i c a m e n t e la manifestación de la idea, y a que sin lo Bello, dígase lo que se quiera, la v i d a n o t e n - dría luz n i el arte encanto.
Decía, pue?. Señores Académicos, que E d u a r d o B e n o t se d i s t i n g u i ó en sus mocedades por sus aficiones exclusi- vamente l i t e r a r i a s , á las que se consagró con ardor y con entusiasmo. De aquella su primera época data el d r a m a ale- górico en tres actoa y en verso, t i t u l a d o Mi siglo y mi co- razón, que con g r a n aplauso y t r i u n f o del a u t o r se repre • sentó en el t e a t r o de Cádiz el año de 1852, y que más tarde e n 1863, f u é r e f u n d i d o .
Desde entonces, y con actividad v e r d a d e r a m e n t e asom- brosa, se dedicó á la vida, del arte, de la l i t e r a t u r a y d e la ciencia, escribiendo numerosas obras, de que luego h e de dar cuenta, y q u e le valieron el aplauso del publico, la consideración de los hombres de talento, el elogio de los críticos, y en 1863 el título de Correspondiente de esta nuestra Real A c a d e m i a Española.
DEL EXCMO. SU. D, VICTOR B A L A G U E R . 31
EH oste periodo de su vida activa y laboriosa, Benot tomó p a r t e m u y directa en los t r a b a j o s de la prensa poli- tica, y así en E s p a ñ a como en P o r t u g a l , estuvo al f r e n t e de varios periódicos, donde, j u s t o y debido es decirlo, de- fendió siempre sus ideas con las formas más comedidas, menos agresivas y menos personales; lo cual, dicho sea en honor suyo, prosiguió haciendo siempre, a u n en los tiempos más huracanados de la politica española.
Sin a b a n d o n a r sus t r a b a j o s p u r a m e n t e literarios, Be- not comenzó á consagrarse en especial á los estudios filo- lógicos, que comenzaron á ser más singularmente de su predilección, compartiendo estas aficiones con la de las ciencias naturales y el estudio de la Física y de la Quí- mica,
A la p r i m e r a p a r t e de estos t r a b a j o s pertenecen sus obras, que todos vosotros conocéis, Señores Académicos:
Errores en materia de educación; Examen crítico cíe la acen- tuación castellana, que se acaba de reimprimir; su Gramá- tica general; sus otras Gramáticas de las lenguas francesa, italiana, inglesa y alemana; sus Cuadros sinópticos sobre psi- cologia, critica, metodología y dialéctica; sus Apuntes soh-e los casos y las oi'aciones, cuya edición décimonona acaba de aparecer, y sus Temas varios sohre los problemas de las cien- cias naturales.
E n la segunda clase de sus estudios h a y que colocar sus t r a b a j o s sobre distintas ciencias, Aritmética gen&ral;
Resultante de los movimientos giratorios con aplicación á la astronomía; Errores en matemáticas; su escogida y selecta Colección de artículos científicos, y otras muchas obras; sien- do m u y de notar, entre éstas, la t i t u l a d a Movilización de la fuerza demar (aprovechamiento de los motores irregulares, como las mareas y las olas, por el intermedio del aire com- primido).
E s t a importantísima Memoria llamó la atención de la Real Academia de Ciencias exactas, físicas y naturales, quo
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la examinó y j u z g ó d i g n a de i m p r i m i r s e en la Colección
<le Memorias de la m i s m a Academia, i g u a l que si pertene- ciera al n ú m e r o de las premiadas e a concurso ordinario;
añadiendo á e'ifca lionrosisima distinción p a r a el at;tor, la de nombrarlo Académico correspondiente en 1879.
Los principios contenidos en esta obra (que f o r m a el tomo I X de la Colección de Memorias de dicha Academia) sugirieron á Benot la idea de escribir otro libro sobre la limpia de los Caños del arsenal de la Carraca, c u y a con- secuencia f u é que se emprendieran por el Ministerio de M a r i n a considerables obras, en vías h o y do ejecución, para que siempre "haya fondo en los Caños del Arsenal.
Pero, tratándose de las obras de E d u a r d o Benot, y o no puedo ni debo olvidar, Señores Académicos, sus estudios sobre Shakespeare, que preceden á iina excelente traduc- ción de las obras dramáticas de este célebre autor, hecha por el actual Cónsul de I n g l a t e r r a en esta Corte Sr, D. Gui- llermo Macpherson,ciayos conocimientos de n u e s t r a lengua y de la métrica castellana son v e r d a d e r a m e n t e excepciona- les. L a p r o f u n d i d a d del estudio de Benot, el perfecto cono- cimiento del poeta inglés, las discretas observaciones y juicios á que so entrega, la alteza de miras y la severidad de lenguaje que en este t r a b a j o dominan, le convierten en u n legitimo titulo de gloria p a r a su a u t o r .
P e r t e n e c e Benot al n ú m e r o de los que en estos últi- mos y agitados tiempos políticos h a n figurado en p r i m e r a linea entre los partidos .militantes. Diputado en Cortes pri- m e r a m e n t e y después Ministro de F o m e n t o en u n a época ciertamente aborrascada, su paso por el P a r l a m e n t o y por el Ministerio demostró la sinceridad con que defiende sus opiniones y la r e c t i t u d con que las practica. L a ley sobre el t r a b a j o de los niños eu las fábricas f u é obra suya sien- do Ministro, y á su iniciativa se debió la actual o r g a n i z a - ción del I n s t i t u t o geográfico y estadístico, que, poniéndole á cubierto de los v a i v e n e s de la política, hizo posible la
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obra del general Ibáñez, recientemente y con la m a y o r j u s t i c i a nombrado marqués de Muihacem, por liaber lle- vado á feliz t é r m i n o la unión geodésica de E s p a ñ a con el continente africano.
Pero su significación política no tiene n a d a que v e r en esta ocasión, como no sea para demostrar u n a vez m¿s que aquí, en este sagrado recinto de paz, de f r a t e r n i d a d y de unión; aquí, donde toda investigación es verdad, sinceridad todo debate y toda observación estudio, se recibe, y acep- ta, y abre los brazos á todos, sea cual fuere su opinión po- lítica, m i e n t r a s se consagren al estudio de las letras y al enaltecimiento de la patria.
E n los estudios á que antes aludí, y á que E d u a r d o Benot se dedicó con todas las ùierzas v i v a s de su inteli- gencia, hubo de inspirarse principalmente p a r a el discurso que acabáis de oir, Señores Académicos, y en el que con g r a n gallardia de ingenio y de l e n g u a j e se ocupa del per- feccionamiento del h a b l a castellana. Todo lo pensó, en todo se ha fijado, todo le h a parecido poco p a r a inculcar la idea de la perfección, pai-a desterrar de la enseñanza lo que considera inútil, p a r a condenar las minuciosidades y de- talles con que se f a t i g a y cansa la inteligencia de la j u v e n - t u d , y á que llama "enfermedad tanto más peligrosa, cuanto m a y o r es el número de los primores que el exceso de la división encuentra.,,
P o r medio de ejemplos prácticos y oportianos nos de- m u e s t r a lo censurable que es el análisis cuando llega hasta el abuso de la división, y expone de u n a manera clara, n a t u r a l y sencilla que no hacen falta tantas complicacio- nes para llegar á la belleza y á la perfección de lo que él llama el portento de hablar.
He aquí, pues, otro idealista á quien combatir. Busca la Belleza eterna en el habla, y la busca por medios hace- deros, fáciles y sencillos. Y p a r a que se v e a que la verdad es eterna y que el ideal que h o y persigue Benot h a sido
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p e r s e g u i d o en todos t i e t a p o s p o r g r a n d e s inteligencias á estos estudios c o n s a g r a d a s , b a s t a r á que os recuerde, Seño- res Académicos, las n o t a b l e s y a f o r t u n a d a s f r a s e s con que el R e y Sabio, aquel A l f o n s o t a n d i g n o de loor y r e c o r d a n - za, e x p r e s a b a la necesidad absoluta que existia de h a b l a r y escribir la l e n g u a con p r o p i e d a d , y a que, sobre todo p a r a la i n t e r p r e t a c i ó n de las leyes y la d e f e n s a de ellas, el e r r o r p o d í a d a r l u g a r á f u n e s t a s é irremediables conse- cuencias. P o r esto decía el R e y S a b i o que se deben expli- car las cosas según son, é él verdadero entendimiento de ellas, y q u e se debe h a b l a r en palabras llanas é paladinas, para que iodo honie las pueda entender é retener; que deben ser sin escatima é sin punto, porque no puedan del derecho sacar razón tortizera por mal entendimiento, ni mostrar la mentira x^or ver- dad nin la verdad por mentira.
Y a q u i d e b i e r a d a r p o r t e r m i n a d a m i t a r e a . H o n r a d o con ser el i n t r o d u c t o r de E d u a r d o B e n o t , y su p a d r i n o , debiera l i m i t a r m e á p r e s e n t á r o s l o y acompañarle; pero y a que comencé á d i s c u r r i r con m o t i v o de su discurso, y y a q u e la alteza de su tesis y la p r o f u n d i d a d de c o n c e p t o con q u e la desarrolla o b l i g a n á p e n s a r y á fijarse, m i e s c r u p u - losa conciencia m e e m p u j a á decir algo acei'ca de la g r a n e x t e n s i ó n q u e h a d a d o á su t e m a el n u e v o Académico.
Mucho, s i n duda, h a p r o g r e s a d o la l i n g ü i s t i c a e n estos ú l t i m o s tiempos; pero, en h o n o r de la v e r d a d sea dicho, m u c h o más q u e d a t o d a v í a p o r d e s c u b r i r . L a ciencia h a l o g r a d o d e t e r m i n a r el modo de f o r m a c i ó n de los vocablos, pero ¿puede d a r r a z ó n s a t i s f a c t o r i a a l g u n a acerca del ori- gen de la significación de las radicales (1)? L a ciencia n o s
(1) Por ejemplo, e n t r a m u c h o s q u e p u d i e r a n p r e s e n t a r s e : los eruditos en filo- l o g í a c o m p a r a d a n o s doinuestran p o r medio del sánscrito iiuo n u e s t r o vocablo
damos se descompone en los olomentos da,—m,—s, p r o c e d e n t e s J e los a n t i q u í s i - mos r a d i c a l e s da, q u e contiene la i d e a de dar,—ma, q u e e x p r e s a la idea do pri- m e r a p e r s o n a fyo, mej,—y sa, q u e exterioriza el concepto del sér á quien se ha- bla (subsistente t o d a v í a en las t e r m i n a c i o n e s d e las s e g u n d a s p e r s o u a s de los
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explica lo/ormaZ de las voces en g r a n n ú m e r o de casos, pero permanece m u d a c u a n d o t r a t a de indicar el p o r qué de ciertas raices (1).
Vemos, p o r o t r a parte, que a u n las más extendidas cla- sificaciones l i n g ü i s t i c a s no están á cubierto de reparos.
L a división de las g r a n d e s familias d e idiomas en lenguas monosilábicas, lenguas aglutinantes y lenguas de flexión, es h o y objeto de serias objeciones p o r p a r t e de hábiles l i n - güistas, quienes i n t e n t a n d e m o s t r a r que t i e n e n m u c h o de i m a g i n a r i o las lineas d i v i s o r i a s q u e s i r v e n de base á la clasificación.
N a d a parecia m e j o r establecido y menos s u j e t o á dis- cusión ciertamente que el problema del p r i m i t i v o asiento de los A r i a s e n la a n t i g u a B a c t r i a n a . Y sin embargo, r e - c i e n t e m e n t e se h a n aducido poderosas presunciones, y a que n o pruebas, de que el o r i g e n de la r a z a de los A r i a s h a de buscarse, no en el A s i a Central, sino en el N o r t e de E u r o p a (2).
Comienza a h o r a á sospecharse que el lituanio, l e n g u a h a b l a d a á orillas del Báltico, r e p r e s e n t a u n a f o r m a más p r i m i t i v a del l e n g u a j e p e r d i d o de los Arias, y de ello pue- de deducirse que si los p r o t o - a r i a s descienden del N o r t e de E u r o p a , y si su tipo conviene con el escandinavo, un m u n - do de luz puede brillar sobre el o r i g e n de las raíces de las lenguas de flexión habladas p o r los descendientes de los A r i a s , comparándolas con los radicales de las l e n g u a s aglutinantes quo s e r v í a n de vehículo del pensamiento á los a n t i g u o s escandinavos.
tiempos todos d e n u e s t r a c o n j u g a c i ó n , e x c e p t u a n d o el p r e t é r i t o y el i m p e r a t i - vo]. Por m a n e r a quo, on los o r í g e n e s d e l a s l e n g u a s a r i a s , da,—ma,—sa, v a l i a tanto como d e c i r dar. tu y yo; d e d o n d e por una extensión m u y n a t u r a l , h u b o de l l e g a r s e al a c t u a l concepto do dar—nosotros.
(1) Ejemplo: ¿Por q u é las raíces da—ma—sa, significan dat—¡/o—tu?
(2) Escaudiuavia, Alemania del Norte Memorias do Isaac Tailor m ¡a Aso-
ciacíiín BrUñiiica.
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A k o r a bien; cnando en lingüistica todo lo f u n d a m e n t a l está rodeado t o d a v í a de tinieblas, ¿no Iiay a l g ú n m o t i v o para pensar que sea acaso p r e m a t u r a la g r a n generaliza- ción que sobre la esencia del hablar nos presenta E d u a r d o Benot, no partiendo do las avin escondidas f u e n t e s p r i - mitivas, sino de l a observación de lo que h a visto en las lenguas actuales ó en las r e l a t i v a m e n t e modernas, griego y latín? P o r q u e si su tesis es cierta en absohito, lo que aho- r a sucede ha debido suceder siempre y constantemente; y si bien no encuentro m a n e r a de probar lo contrario, paré- ceme que, por falta de datos, la inducción f u n d a d a en lo presente n o puede ser a d m i t i d a respecto de lo pasado más que como u n a conjetura, ciertamente d e g r a n probabilidad.
Y y a que me he lanzado á emitir algunos conceptos por mi propia cuenta, obligándome el luminoso discurso de E d u a r d o B s n o t á dar t o r t u r a al pensamiento, me conside- ro en el deber de decir algo sobre la explicación que del hablar nos da el n u e v o Académico.
Acepto la analogia á q u e acude para hacernos compren- der la idea. E s cierto que no h a y música con sonidos sola- mente; y es indudable que las composiciones todas de los g r a n d e s maestros consisten en el orden de sucesión de los sonidos. P e r o también es verdad que ese orden musical n o puede realizarse con cualquier clase de sonidos, sino única y exclusivamente con los sonidos de la escala. Claro es quo Benot al mencionar las notas de u n p i a n o da por supiiesto que no se t r a t a de sonidos cualesquiera, sino precisamente de los propios del i n s t r u m e n t o en su afinación normal.
P e r o prescindiendo y a de la analogía, y entrando en el terreno propio de la cuestión, encuentro (como quiere Be- not, ciertamente) que n u e s t r a habla actual se f u n d a en el orden en que colocamos las entidades elocutivas; pero es- tas entidades no p o d r í a n tener existencia á no formarse con elementos propios y adecuados, con palabras escogidas, y no c o n t é r m i n o s cualesquiera tomados al azar,
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De a q u i la importancia del estudio de los vocablos, que Bonot no niega, antes bien, lo da por supuesto, pero acerca del cual acaso debiera haber insistido algo más. Los voca- blos son organismos v i v i e n t e s dignos del m a y o r cuidado.
T i e n e n su historia, y sólo es lícito usarlos en las acepcio- nes con que el progreso de los tiempos los ha consagrado.
Planeta, por ejemplo, no era vocablo aplicable á nues- tro globo cuando se creía que éste era plano y centro del universo, L a astronomía m o d e r n a lo h a hecho entrar en el número de los astros que g i r a n alrededor del sol.
Hiimanitas significaba en tiempos de Cicerón cortesía, y h o y se aplica este vocablo en u n sentido sublime que n o podían siquiera v i s l u m b r a r los hombres n u t r i d o s en la desigualdad de las clases sociales, que no concedían dere- chos á la m u j e r n i al niño, y que no podían prescindir de la esclavitud.
Libertas no tenía en tiempo de los romanos el sentido politico que el vocablo libertad tiene p a r a nosotros. ¿Qué sabían de esta g r a n idea politica los romanos? E l concepto de la libertad politica es e n t e r a m e n t e moderno. N i u n a sola estatua de la Ub&'tad había en la ciudad eterna. Se dice ge- n e r a l m e n t e que J u l i o César murió victima del p u ñ a l ase- sino de Casio, de B r u t o y de los demás senadores y conju- rados, porque éstos querían salvar las libertades de Roma.
Al asegurar lo último, no se está en lo cierto n i en lo exac- to, César f u é asesinado porque se quería quo el mundo ro- mano continuase gobernado, no por u n h o m b r e sólo, sino por u n a oligarquía de trescientos.
Y ahora si que definitivamente doy y a por terminada mi tarea, Señores Académicos. No consideré nunca que esta fuese ocasión de u n debate entre el Académico que se presenta y el encargado de contestarle, donde se hace gala de estudios y pugilato de inteligencia. No. L a im- portancia de la tesis planteada por el Sr. Benot y la alteza con que la h a desenvuelto me obligaron á algunas obser-
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vaciones; que y o sé bien, por lo demás, que en estas solem- nidades la g l o r i a toda y el honor del acto son p a r a el que llega. Al padrino pertenece sólo la modesta tarea del he- raldo.
H e dicho.
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