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El valle del Tiétar en fiestas

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EL VALLE DEL TIÉTAR EN FIESTAS

FULGENCIO CASTAÑAR

Enla sociedadactual uno delos con- flictos que tiene el individuo es el que proviene delaimperiosa necesidadde trabajar para sobrevivirfrente a la ten- dencia natural a un ocio continuado.

Para que el sistema imperante en nuestra sociedad no se resquebraje se imponen en elcalendario laboral una serie de días que si antes eran festivos por su conexiónconlo sacro, hoy,parauna gran parte delas perso- nas se han convertido en días de asueto, porque el carácter de festivi- dad religiosa que antes les acompa- ñaba se ha perdido,en el ámbito indi- vidualo al menos parauna parte de la colectividad,con eldevenir delsiglo XX(1).

Sinembargo,en la España rural,pa- ra quienesforman las comunidades de nuestros pueblos, las fiestas aún tienen sentido,tanto para quienes ven en ella su carácter religioso como pa- ra los que consideran la fiesta como un elemento de cohesión social que ayudaa mantenercon fuerzalaidenti- dad culturalde cada pueblo;y,ade- más,para aquellos que se han visto obligados a buscar la vida en un área urbana, son necesarias porque les ayuda a revitalizarseal entrar en con- tacto con sus propias raíces.

De las anteriores consideraciones ha de deducirse que en el Valle del Tiétar,por ser sus localidades de ca- ráct er rural y por haberse produci- do una fuerte emigración a la ciudad en los años sesenta,las fiestas tie- nen una granimportancia tanto a nivel personal por las satisfacciones que conllevan,y también como fuente de energía para la vida del pueblo,pese a que algunosritos hayan perdidoel as- pecto vivificadory salutíferoque ence- rraban en su sentido más prístino en siglos pasados.Pretendemos,pues, presenta r,en prime r lugar,unavisión general del calendar io festivo de esta comarca y luego resaltaremos algu- nas de las que, a nuestro parecer, pueden tener más significación en la vida de sus habitantes o porque pue- dan ser sintomát icasde una forma de entender la religiosidad.No hace falta decirque delasfiestas que vamos a tratar son aque llas que tienen ese arraigoquenace dela fuerzadela tra- dición;no aludiremos siquieraa esas celebrac iones que,bajo el rótulo del 34

«fiestas delveraneante»,se han orga- nizadoen algunospueblos,aunque,a decir verdad,de las muchas que se celebraban en la ribera del Tiétar,ya sea abulense,toledana o cacereña, hay que señalar que la mayoría desa- pareció como consecuenciade la cri- sisde las pasadas décadas.

Pero antes de entrar en su descrip- cióny análisisacaso sea preciso se- ñalar algunos rasgos genéricos para llamar la atención de la importancia que tiene ese fenómeno aparente- mente secundario como es la vida fes- tiva de los pueblos,con frecuencia menospreciado.

En primer lugar la fiesta es,des- de los orígenes de la humanidad,un exponente claro de la integración del individuo en la sociedad y de la de- pendencia que ésta tiene de la Na- turaleza.Desde los momentos en que el hombre empieza a elaborar ideas, la comprensión de la Naturaleza fue uno delos objet ivosclaves,de ahíque en el pensamiento mítico sea la Naturaleza uno de los motivos que centra la atención del hombre.Son muy interesantes los estudios de Cassirer y de Henry Frankfort que menciona Caro Baroja en el capítulo inicial de su obra El carnaval respecto a las concepciones mitológicasde ba- bilonios,egipcios,hebreos...

«Entrela Naturaleza yla historiadel hombre no hay aquella separación queestableciero n los filósofosde una época,porque la Naturaleza no es una realidad objetiva,un objeto de la especulación científica,sino una parte del propio y dramático devenir huma- no,que se interpreta yexplica me- diantemitostambiéndramáticosy se procuraajustar mediante ritos igual- mente drarnátícos-tz ).

Elcarácte r reiterativo de los ciclos naturales se plasma también en el conjuntode fiestas que tiene una so- ciedad de ahíque,como consecuen- cia de esa interrelación que hay entre sociedad y Naturaleza,existauna tra- bazón entre todas las celebrac iones que se efectúanalolargo delaño.Lo recuerda Honorio M. Velasco en las páginas iniciales dela colecciónde ar- tícul os que recoge bajo el título Tiempo de fiesta:

«El conjunto de fiestas no es sim- plemente la suma de todas ellas.

Forman un sistema de ordenacióndel tiempo.Elcalendario es la expresión de ese sistema.Las fiestas se suce- den según un ciclo anual. Una fiesta cierra el ciclo y abre el siguiente: la fiestade fin de año.Como se ha seña- lado muchas veces,el calendario re- produce un ciclo solar,aunque las uni- dades mensuales son más bien el residuo de un calendario basado en ciclostunares-ta).

En el fondo de todo el ciclo festivo subyace una relación profunda del hombre con los misterios de la Naturaleza; sin embargo,a medida que ha ido imponiéndose un sentido racionalistade la vidaesa relación se ha deteriorado.En un principiocon la eliminación de numerosas fiestasque había en los calendarios locales, lue- go,por laimportancia del factor colec- tivo y del valor del número de partici- pantes,muchas fiestas han perdido su situaciónen medio de la semana para ser trasladas al domingomás cercano para facilitar la asistenciaa quienesvi- ven fuera de la localidad.

Otro aspecto de carácter general es la ruptura con el valor que teníanenla mentalidad delos hombres de anterio- res centurias; ya se ha perdido el lazo que uníaa unos festejos con el mo- mento de la recoleccióny a otros con las dudas que podíantener sobre el resurgimiento delas fuerzas naturales aletargadas durante el invierno . Ese sentidoprimigen iose mantuvo siglosy siglospese a los cambios de culturas a que se veíansometidos las colectivi- dades rurales. La falta de asistentes en los meses de invierno hace que aquellas que tenían un contenido más peculiar decaigan y cobren más im- portancia,conlainclusión de elemen- tos más costosos -por ejemp lo los to- ros- algunas delas veraniegas,porlo que alno tenerlamayoría de éstas ri- tuales propios se han convertido en calcos de las fiestas de los pueblos vecinos. Esto supone la pérdida de una parte de la personalidaddelpue- bloya que unrasgoinherente alas ce- lebracioneslocales es su distinciónde las delos pueblos vecinos.

Aunque no prete ndemos ahondar en el sign ificado profundo de cada fiesta , es conveniente subrayar que tras cada manifestaciónfestivahay un conjunto más o menos trabado de

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Tirada de la bandera en el carnaval deElHornillo.

contenidos que,con el paso del tiem- po, se modifican sin que las transfor- maciones respondan siempre a un mismo esquema. No son, por tanto, las fiestas meras diversiones,díasde ocio,sino que han tenidosiempre un papel mucho más importante dentro de la vida de cada localidad.

«La fiesta -nos recuerda HonorioM.

Velasco en la introducción ya mencio- nada- es un complejo contexto donde tiene lugar una intensa interacción so- cial,y un conjunto de actividades y de rituales y una profusa transmisión de mensajes,algunos de ellos transcen- dentes,otros no tanto,y un desempeño de roles peculiares que no se ejerce en ningún otro momento de la vida comu- nitaria,y todo ello parece ser suscepti- ble de una carga afectiva,de una tona- lidad emocional, de forma que las gentes y su acción social parecen en- contrarse en,y crear, un ambiente in- confundible, el«ambiente de fiesta»(4).

Muchos de los rasgos que mencio- naremos en los festejos del Valle del Tiétar no son exclusivos de sus locali- dades;tienen muchos puntos de con- tacto con todos los pueblos que perte- necen a la misma cultura religiosa-la católica- y con los que han tenido una evolución histórica pareja como son los pueblos castellanos;por lainterre- lación con sus vecinos hay elementos que asociaremos con los de los pue- blos toledanos (5) o extremeños,pues en el fondo subyace el mismo substra- to,cuyos orígenes más remotoshabría que buscarlos en los pueblos prerro- manos que se asentaron por amplias zonas de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva,especialmente los vettones,so- bre cuyas formas de vida y religiosidad

sabemos mucho gracias a los hallaz- gos encontrados en la provincia de Ávi- la,ya sean en el norte del Sistema Central ya sean los encontrados en el mismo valle del Tiétar,especialmente los procedentes de las excavaciones del castro de El Raso (Candeleda)(6), efectuadas bajo la dirección del cate- drático de la Universidad de Sevilla Fernando Fernández Górnez.

A la hora de empezar a presentar el ciclo festivo nos es preciso arrancar con el tono esperanzador que se con- fiere a la llegada del año nuevo,de acuerdo con la tradición occidental presidida por Jano y su cabeza bifron- te. La superposición de ideas cristia- nas sobre festivales precristianos ex- plica algunos aspectos de las fiestas de nuestros pueblos,especialmente en los rituales propios del período in- vernal en los que late esa preocupa- ción por la revitalización de los seres, tanto animales como vegetales,que se desea asegurar o anticipar por ser claves en el proceso de la vidahuma- na.

Esa preocupaciónpor la salud de los animales es el motivo principal de la fiestade San Antón,bajo cuyo patroci- niose sitúan los animalesdomésticos. Durante muchos siglos ha sido usual, y todavíatiene lugar en muchas pobla- ciones,llevar a los animales bellamen- te enjaezados a la puerta de la ermita o de la iglesiapara que les alcanzase la bendición. Tras dar tres vueltasala ermitase daba rienda suelta a los cor- celes y en el aire de nuestros pueblos resonaba durante el día,tanto en es- pacios sacros como profanos,las loo- res del santo: «Divino Antonioglorioso /suplícale alDios inmenso...».

La devoción a san Antonio ha varia- do mucho con el paso de los siglos, acaso el cambiopueda ser tan signifi- cativo como el que ha habido en la transición del uso de los animales do- mésticos en faenas agrícolasa su sus- titución por medios mecánicos.Baste decir que de ser consideradocomo pa- trón de Pedro Bernardo ha pasado a ocupar un lugar muy secundario en el calendario festivolocal.

«De cómo ese patronazgo fue tras- ladado -escribe José Luis Retama- a San Roque no se tienen datos muy concretos,aunque no debe descartar- se,que al igual que ocurrió en otros pueblos en situación análoga,influyera en ello precisamente ser el tiempo más propicio para la celebración de las fiestas patronales,que así cambiaban del frío de enero en que se celebraba la de San Antón, al cálido ambiente del agosto sanroquero» (7).

Esa misma relación de la vida cotidia- na con lo sacro es la que se observa en algunos ofertorios que tienen lugar en fiestas como en la de San Sebastián, santo al que se le venera como patrón en Villarejo,Poyales,Ramacastañas, Hontanares.Productos agrícolas y ga- naderos,con frecuenc iaestos últimos en forma de embutidos,son entregados con verdadera fe para que,tras ser su- bastados,ayuden a contribuiral mante- nimientodel culto.No menosimportan- te es el reparto del bollo y la quema de la encina que aúnconservan los veci- nos de Ramacastañas y Hontanares, gestos en los que se percibe esa solida- ridad de las pequeñas comunidades y aquella ritualidad del fuego -el mismo sentido pueden tener las luminarias de Poyales,pese a que la cofradía se re- monte al siglo XVII- como purificador de los malos espíritus y reavivador de la vi- da aletargada durante el período inver- nal. A ello apuntan las palabras que ri- tualmente se recitan en Poyales cada año: «Romero quemo,salga lo malo, entre lo bueno».

Esa«caridad»ala que hemos aludi- do en el reparto del bollo en el párrafo anterior era usual en otrasfiestasy en otros pueblos;José LuisRetama data la suspensión del reparto del bollo , queso y vinoen Pedro Bernardo tanto en las fiestas de san Antón,como en las de san Sebastiány san Pedro,se- gún elLibro Becerro de aquella locali- dad,en 1709.

Quizás relacionado con el antiguo carácter de pueblo vettón haya que se- ñalar,por lo arraigado que está en to- do el sur de la cordillera central, -Piedra laves, Pedro Bernardo, Ja- randilla,Jaraíz, Nuñomoral. ..- la pre- senciade una compañíade danzantes que realiza una serie de pasos de dan-

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za en losmomentos cumbresdelosri- tosreligiosos.

"Estos danzantes, que daban ca- rácter propioalafiesta del santo már- tir,-serefiere a san Sebastián-eran en número de diez,al mando de un je-

fe o«qeneral-que danzabanacrobáti-

camenteacompañandoalsanto,tanto enel traslado de éstealaiglesia,co- mo en la procesiónquetenía lugar en la mañanadeldíaveinte.Vestíancal- zón y pierna,faldóncorto y oscuroso- bre calzón,fajarojao azul a la cintura y justill o sin mangas sobre camisa blanca,rematado todo ellocon rodete o pañueloa la cabeza.Bailaban du- rante la procesión haciendo sus ca- briolas y acrobacias ante la imagen del Santo y marcando el ritmode sus piruetas conuna especiede bastonci- llo,rematado con una calabacillao ve- jiga con la que humorísticamente gol- peabanalos acompañantes» (8).

En la procesiónse portaba un es- tandarte delSantodel quependíannu- merosas cintascon las quese creía posibleasumir la protecciónbenefac- tora queemanaba de SanSebastián.

Daba alcortejo religioso un colorido especial la cabalgataqueacompaña- ba almártir y el énfasiscon que,tras elpregón de las virtudesheroicasde sanSebastián,se gritabael"VíTOR»

en plazas y rincones para terminar clavando el vítor en la puerta de la iglesia o en la de la casa parroquial como aún hoy se hace en Lanzahíta porsan Bias y enSan Estebanen ho- nor de san Pedro Bautistacomo seña- laremos más adelante.

Perola virtuddel santo no caíaex- clusivamen te en los animales, pues tam bién alca nzaba a las personas, aunque,paraéstasse encontrabaun abogado con mucha fuerza en San Bias.

El hombre delValledelTiétarha si- do siemp re consciente de la fragili- dad del ser humano.La,durante mu- cho tiempo , impenetrable vegetación de algunas zonas y la presencia de animalessalvajes -osos,jabalíes,lo- bos(9)-,asícomo la alimentacióncon carne en la que los huesecillas eran un riesgo,hizoque se buscase protec- ción enSanBias,un obispocon am- pliosconocimientos médicos que,co- mo cantan en Lanzahítaque lo tiene por patrón,tenía poderessobrenatu- rales sobreesos peligros.

"Yacansado de esta vida aunacuevasefue a orar y lasfieras silenciosas fuerontodas a escuchar»

De ahíquesele ensalzasecon un entusiastaVíTOR-queenlosúltimos años empiezaa recuperar el colorido 36

de antaño aunque sea menorla parti- cipacióndejinetes en la cabalgataque recorre el pueblo la víspera,por la tar- de,dela fiesta-y que en Mombeltrán y en La Adrada no se quedan atrás,lo prueban las ofrendas quele hacen a San Bias ya que paraeso lo han to- mado,igual que Candeleda,como pa- trón.

Los candeledanos,parano serme- nos,acudencada año con devoción a su ermita.No es casual que,en este templete de Cande leda, se guarden los restos de un monje,Bernardo,al que sele atribuíanpoderes especiales contra la rabia;suinfluencia en lalo- calidadfuetal que,sinser canonizado por la Iglesia,se llegó hastaelextre- mo de haberpuesto bajo su advoca- ción la antigua ermitade San Juan an- te Portam Latinam. Esta ermita, situadaen las proximidades de la con- fluenciade la gargantade Alardos con elrío Tiétar,en el sitio de Postoloboso, había sido erigida en elperíodo visi- góticosobre losrestos de unantiguo lugarde cultovellón,como atestiguan las aras que, dedicadas al dios Vaelico,se han encontrado allí (10).

EL VíTOR DE SAN ESTEBAN

Quizás el "Vítor» más famoso del ValledelTiétarsea elque congrega a los habitantes de San Esteban del Valle entorno a un hijodelalocalidad que,llevado por su vocaciónmisione- ra,llegó hasta el Extremo Oriente en el sigloXVI.Allíel destino convirtió a Pedro Bautistaen el primermártirque, por la fe de Cristo,derramaba su san- gre en el Japón, en la ciudad de Nagasaki,en1597(11).

Dela sintoníadelpuebloporelpai- sano que subió a los altares surgen esas dos fiestas-5 defebrero y 7 de julio-con que se honra su martirioyla conducciónde la "santa Cabeza»al lugar que le vionacer traídadesde el Japón porunas monjitasde Zamora.

Depositadaen un magníficorelicario,

la«santa Cabeza»es sacada en pro-

cesión, junto con la estatua del Protomártir,tras la misasolemneque se celebrapor lamañana.

El Vítorconsiste en una procesión nocturna a la que dan una nota pecu- liar tantola caballada que acompaña a los asistentes y al estandarte del san- to como lailuminación delas teas cu- yasllamas,conelflamear del viento, recortan sombras y misterios en las bellasbalconadasdelpueblo.

Al final,tras haber cantado al"Pro- tomártirde Cristo en Japón»,en pla- zas y rinconesy haber exclamadocon un fuerte "Vítor» las loas que procla-

ma elmayordomo,se subasta el honor de clavar el"Vítor» en la puerta de la ermitaerigidaen el lugar que ocupaba la casa en que nació;es una ceremo- nia en la que,según la tradición,sólo pueden participarlos nacidos en San Esteban. Durante esta parte del acto, que suele alargarse por ser mucho el interés de loslugareños en la puja,se reiteranexpresiones formulariasde ca- rácter tradicional;en algunas de ellas se alude a accidentes meteorológicos sin que éstos estén presentes ese día en el ambientede la noche.

Concluidala puja,una carrera,en la que de los cascos de los caballos al chocar con el empedrado de las calles salenchispas,pone fin al acto religio- so que conserva aún,tanto por el en- torno y las palabras,el aire adusto y la fidelidad a las tradiciones de esa España de fe y sufrimientoque capta- ran los pinceles de Zuloaga. Acaso por haber permanecido fuertemente arraigado en la vida del pueblo esta festividad,desde 1601 en que se cele- bró por vez primera,ha pasado a ser consideradacomo elmodelo de Vítor, pese a que en todos los pueblos del Barranco han tenidosus propios víto- res(12),y la fama del de San Esteban no es en vano ya que es el festejo en elque participamayor número de jine- tes,conservan un coloridomás vario- pinto yla iluminación del pueblo con las teas(13) formadas con las hachas llenas de resinas da un atractivoespe- cial a la población.

FIESTAS DE QUINTOS

En algunos pueblos del Valle del Tiétaraún se siguecelebrando la en- trada de quintos almodo tradicional, pese alos cambios que se han pro- ducido en la sociedad españolaa lo largo delsiglo XX,sin que con esto queramos decir que aún se mantenga la misma significaciónque se encerra- ba en los antiguos"ritos de paso».

Aunque enlos festejostradicionales de todoslos pueblosha habido roles reservados paralos quintos,por ejem- plo,los zarramaches y caballada en Casavieja, corridas de gallos en Piedralaves, El Arenal,Candeleda...

acaso lo más llamativo sea la forma de vivir,en dos momentos del año,la leva; la conservan con igual relevancia en Casavieja, Piedralaves y Cuevas del Valle,pueblo quetomamos como punto dereferencia paratrazar estos párrafos. Elprimermomentoenque sejunta para celebrar la entradaen quintaes a finalesde octubre.Eldía31 porla tar- de plantan,con troncos de pinos, la

"hoguera» que arderá por la noche y

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Mayordomo con el cirio cabalga hacia Hontanares.

a cuyo alrededor seinvitará a limona- da en los primerosmomentos. Luego los quintos,en compañía de un ma- cho cabrío,-cuya significación es fácil de colegir- recorren bares y tascas re- cogiendo aportaciones económicas.

Duermen unas horas -pocas- todos juntos en una casa que han alquilado para convertirla en cuartel general de sus celebraciones. El díauno sale to- do el pueblo a merendar al campo y no pueden faltarlos quintos.

El segundo momento se iniciael do- mingo de carnavaly este período será más largo puesto que durará toda la semana. Ese domingo, el de quincua- gésima,como muestra de la mayoría de edad -antes era la ocasión para el estreno del traje de adulto- acuden con vestidos de estreno a misa en compañía de sus padres.Luego,tras el aperitivo en los bares,los quintos, acompañados por las jóvenes de su edad,comen en un restaurante,comi- da a la que invitan al señor alcalde -es tradicional que los ayuntamientosles regalen la corta de unos pinos- y al cura.

Si ahora alargan el acto con elcan- te y copas en el mismolugar,antes, en algunos pueblos,los padres invita- ban a sus amigos para celebrar esa mayoría de edad en sus propios domi- cilios.

Por la noche todo el grupoinicia esa vela de armas que durará toda la se- mana en la casa alquilada.La mañana del lunes,con un burro,recorren el pueblo en cuestación de alimentos -huevos y chorizos-,aunque hoy se recogen tambiénaportacioneseconó- micas.La vidadurante la semana la simplificamos con el dormir de día y el divertirse de noche. Al amparo de la

nocturnidad organizan bromas al ve- cindario,aunque a primerashoras han invitadoa comer y beber a cuantos pa- san por su cuartel general.

El sábado organizan un baile-pa- gan la orquesta y montan la barra para gastos- y el domingo,porla mañana, aún con sueño,-seguimoscentrándo- nos en la celebración de Cuevas- ver- sificanlas hazañas de esa semana pa- ra al atardecer organizarse pública- mente su propia loa mediante un «ví- tor»,con aire grotesco,en elque,por calles y plazas,en ocasionesala luz de hogueras que han encendido algu- nos vecinos,leen las«gestas» que ca- da uno de ellos ha realizado esos días.

En cambio,en Casavieja lo que se pone al descubierto el domingo de carnaval es la galaníade los jóvenes al recorrer el pueblo,acompañados de novias o de amigas,en una vistosa ca- bailada puesto que todos los partici- pantes van vestidoscon los trajesre- gionales y los caballos ricamente enjaezados,con lo que el paseo ad- quiereel aire de una exhibición de be- lleza,juventud y,por supuesto,de viri- lidad.

Ese domingo,en otras localidades, el protagonismo de los quintos era más reducidoya que sólo asumían el de las corridas de gallos que eran par- teintegrantes del carnaval,como vere- mos en el epígrafesiguiente.

TIEMPO DE CARNAVAL

Esa prolongación del pasado en los festejos delciclo invernal a que nos referíamosen unos párrafos más arri- ba se ha mantenido en todo el ciclo carnavalesco;en la fiesta de San Bias, en Casavieja, la presenc ia de los «zarra- maches»,figu- ras de atuendo estrafalario si- milares al Ja- ramplas de El Piornal o al Taraballo de Navaconcejo, en Cáceres,o a los botargas de Almonacid delMarquesa- do,en Cuenca (14). Su vesti- menta y su continuohosti- gar a la mu- chachada,pe- se a la sumi- sión alsanto, como «las ca-

rantoñas•• de Acehuche,dan un tono carnavalescoala fiesta.

Esta costumbre,según refie re la tradición local, procede de muy anti- guo y su origen estaría en el acerca- mientode los vaqueros a las casas de los amos;éstosles daban obsequios de carácter alimen ticio. Llamaba la atención el vestuario escogido para tal acto;consistíaen un gorro de mim- bre revestido de cintas y colores,ca- misola policromada y calzón blanco;

sobresalíandel atuendo las pielescon que cubrían la espalda;hay que aña- dir,además,que llevaban varioscen- cerros a la espalda,la cara tapada y una mimbre con la que golpeaban a quienes encontraban a su alrededor. Para nosotros estos elemen tos en- troncan claramente con ritualespurifi- cadores similaresa los de los pueblos antes mencionados; hay, pues, en ellos el substrato de antiguos ritos agrariosy de ese esfuerzoancestral por alejar delentorno en que vivela comunidad elespíritu del mal. En la actualidad parte de ese colorido va- riopinto se ha perdido y los quintos, que son quienes sustentan ese rolca- da año,se pasean por las callesdel pueblo con vestidos harapientos de harpillera.

También tiene un carácter carnava- lesco la modificación delos roles so- cialesasignadosala mujer,una mani- festación festiva que ha estado en trance de desaparecer y sólo es en Casillas,y en La Adrada,con «la tiz- ne»-como su nombreindica supone embadurnamiento del rostro-,donde aún tiene cierta fuerza la celebración deldíade santa Águeda.

Ya en nuestroestudiodel Peropalo (15) resaltamos el significadoprimitivo del carnavalcomo un conjuntode ritos agrarios para impetr ar la fer tili dad delasfuerzas reproductorasaletarga- das con elfrío invernal. Como elde- senfreno de los antiguos rituales -Saturnales, calendas de Jano y Luperca les- chocaba con la moral cristiana,prontose arremetió contra aquellos;pero,alser imposible su eli- minaciónpor elarraigo vital que tenían en todos los lugares,se concentraron en unos díasque,como válvulade es- cape,se situaron, losfestejos másim- portantes, al principio delaño lunar, quees el momento en queahoracele- bramosel carnaval.Elpueblo,a ese domingole ha dado un nombre signifi- cativo,«domingo gordo».

Disposiciones de sínodos,concilios (16) aconsejaro n una y otra vez su erradicación,sinque duranteel perío- do medieval se preste muchos oídosa talessugerencias.Son numerososlos discursosque en las obrasde nuestros

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NARRIA

moralistasclásicosse aconseja rehuir las celebracionescarnavalescasy se aconseja la sustitución por los actos propiamente religiosos,como escribe elP.LatorreensusMeditaciones espi- rituales.Tras la contrarreforma tridenti- na empiezan a limarse determinadas libertades,especialmente las relacio- nadas con laridiculización delo sacro, y,poco a poco,con elénfasisen lora- cionalqueaportóelsigloXVIII,langui- decióen las zonas urbanas amedida queen la ciudadseimpusoun sistema detrabajomásrígido enelquelaliber- tad delartesanoerasustituidaporlos rígidoshorarios delasfábricas.

Conesto estamosseñalandoque se quisocrear,con escasa fortuna, una celebración que contrarrestase todos los elementos del paganismo que se airean en los festejos carnavalescos, es decir,se pretendíaque la nueva re- ligiosidad arrumbase con toda la fuer- za delcarnaval.Si es de sobra cono- cidoque este objetivono se consiguió plenamente con carácter general, sí tenemos pruebas de que en algún lu- gar triunfó esta propuesta reli giosa.

Asíhay queanotar,acaso como mani- festaciónúnica,enelValle delTiétar un ejemplodela esta versión, un con- trafactum similar a las versiones a lo divinoque sehacían en sigloXVIIde las canciones profanas. Tene mos, pues,en elValledelTiétar,junto ala clásica celeb rac ió n, con su sentido profano eirreverente, versiones par- cialmentesacray una enla quetodo el rito carnavalescoha sidosustituido por unacto religioso;nosreferim os en esteúltimo caso a esa procesión reli- giosaque se celebra elmartes porla tarde en Guisando.En ésta,igual que enlos demás pueblosconlos festejos propiamente carnavalescos, es la ocasiónpara sacar de los baúles los trajestradicionales de «serranos» pa- ra dar coloridoal ritoreligiosoque se celebraen torno a san José,prototipo de dominio de las pasiones corpora- les, aquíreprimidas, en las otrafiestas exaltadas.

Más quelas disposicioneseclesiásti- cas,fue el ritmo de vida impuesto con laindustrializaciónlo que hizo decaeral carnaval. Poreso ha sidoeste sigloel quepretendió,ensuscomienzosente- rrarlo-porque rompía los esquemas productivos- y luego,en el últimoter- cio, ha contribuido a su reaparición, aunquesinelenfoquede suorigen.Si anteselcarnavalayudabaafortalecer elsistema establecido,de form a que tras susfestejosel individuo asumíade nuevo sustareasdehombre productor, ahora favorece queelhombreseinte- gre denuevo ensu misión de consumi- dorpara lo cual ha detrabajar lo más 38

posible y el derroche del períodocar- navalesco,porelcarizbeneficiosoque aporta alpsiquismohumano la desinhi- biciónylaliberación delas normas im- puestas por la sociedad,ayuda,aun- que pueda parecer un contrasentido,al acopiode nuevas energías.

La suertedelosfestejos en elValle delTiétar era diversa;habíapueblos enlos quehabía desaparecido,como en Arenas,y cuyo acto más notable

«el ofertorio»y«el bailedela bande- ra»se trata de conseguir,como ya se ha hecho en ElHornillocon«latendi- da dela bandera»que ejecutan hom- bresy mujeres elmartes de carnaval.

Enla mayoríadeloslugares languide- cía;así,aunque ha seguidocelebrán- dose cada año en Piedralaves,ha da- do tal cambio que muchos de los jóvenes no han oídosiquiera hablar de

«el Maquilandr ón- ni de otros aspec- tos a los que nos referiremos más abajo. En algunos,en cambio,como Casaviejacon su caballada,ha goza- do siempre de una relativavitalidad.

No obstante,ni en esta población se conserva toda la antiguaparafernalia que acostumbraba a traer consigoca- da año elcarnaval, lo mismoque cada vez se da menos importancia alalu- na,conla que estáíntimamenterela- cionado.

De cara a una idea generalsobre cómo podíaserla celebraciónenesta comarca vamos a reseñar algunos de sus componentes más significativos, sinque esto quieradecirque,alme- nos en los últimos siglos, haya sido igual encada una delas poblaciones ya que en cada una de ellaspodíaha- llarse algún rasgo especial. Buena prueba de estas peculiaridades loca- les es unrasgo exclusivode Casillas,

«la guindaleta»,que se ha seguido y aún se continúapracticando.

«La Guindaleta -son palabras de Juan Maestre Alfonso-tiene lugar-o, mejor dicho,se da- durante los tres primeros de carnaval;eldomingo,el lunes y martes de carnaval.En esen- cia,consiste en una persecuciónque hacenlas mujeresalos hombres para darles laguindaleta,o sea,acorralar- los,y una vez en esa situación, intro- ducirlesentrelas piernasun paloyle- vantar sucesivamente entre varias mujeresal hombre»(17).

Aunque en su descripción Maestre Alfonso analiza dos direcciones a la hora de escogera los hombres para darles la broma,en unapartadocolo- ca aloshombres del lugaryenla otra, novedadde la segunda mitad del si- glo XX,a los madrileños que pasan losfines de semana en el pueblo.A nosotros no nosinteresa la segunda, porser de recienteintroducción,ysu

carácter de defensa ante los foraste- ros tiene unaimplicación más de cam- biossociales-en elfondo subyace un rasgo propio delas fiestas:resaltarlo autóctono- que de carácter propia- mente carnavalesco.En la primeraes- tán presentes esos rasgos que apunta MaestreAlfonso:«la guindaletaes un actolúdico, en elque elcomponente sexualestá muy claro,lainversión de roles y el paloes un símbolofálicoque no deja lugar a dudas».Nosotros que- remos añadir que es un exponente más de la desinhibiciónque traecon- sigo siempre elcarnaval; las mujeres se atreven a realizar actos que no eje- cutan en el resto del año por la auto- represión que ha de dominar en la so- ciedad. Es,pues,un gesto más en el que vemos que el carnaval es una vál- vula de escape que sirve,con la ex- plosión de desorden que reina esos días,para sostener un sistema que se apoya en normas rígidasen determi- nados aspectos sociales,individuales y,naturalmente,sexuales.

Parala descripción y análisisde los rasgos principales del carnaval en el valledel Tiétar seguimoslasideas que nos da en su libro Pedro Anta Rodríguez,cuyosdatos se alejanhas- ta principiosde siglo (18).

Entre otrosactosresalta algunosde vetustasraíces.«Lainfluencia romana se dejasentiren el carácteragrariodel carnaval rural;conserva todoslosras- gos característicosdelespírituvegetal».

La alegríade la gente se conseguía mediante lasrondas,los bailesy,so- bre todo,comedietasrisibles,sátiras de plásticarepresentaciónen unos ca- sos protagonizadaspor «las compar- sas».Por las ridiculizacionessatíricas, por lalicencia carnavalesca,se daba salidaa odiosy un malestar acumula- do a lo largo del año contra gobernan- tes ojerarcas laborales,en definitiva, contra aquellos que impusiesen su au- toridad,de forma tanto despótica co- mo arbitraria.

El disfraz y la mojiganga,con su ca- reta de animal ayudaban a la desinhi- bición y,pese al vino,no se trababa la lengua a la hora de critica raquellos aspectos de carácter individual o co- lectivo quelo merecían.

En otros casosla comparsamimaba unafaena aqríccla;elnúmeroera co- nocidocomo «elarado»y de esteele- mento ritual tenemos noti cias que tambiénserealizaba enunalocalidad situada a la otra parte de la sier ra, Hoyocasero.AntaRodríguez lo descri- bey lointerpreta así.

«Elarado es un signo más de la cualidadagraria delcarnaval,porque elcarnavalesun rito de siembra yfe- cundidad,coneste rito se asegura las

(6)

NARRIA

Y buena muestrade esa cristia- nizaciónes queparticipabanco- mo partesimportante s enelfes- tejotanto la cofradíadela Vera Cruz como elgrupodedanzan- tes y el párroco con la cruz,la manga y la bandera de ánimas;

de forma que,tras sacrificar al muñeco,se terminacon «elbai- le de la bandera»y tras «esta flamante exhibición,todoelpue- blollano,niñosyancianos, ricos y pobres, se postran ante el Cristode la Vera Cruz y hacen ofrendas en especiey en metá- lico; detrás delCristo,elseñor curay las autoridadespresidien- do la ceremon iasentados delan- te de una mesa alongada cu- bierta con un paño negro; la fiesta termina conla puja por el generalatodel año próximo » (p.

248).

En aquellos carnavales lejanos uno de los actos festivos que están más lejos dela sensibili- dad actualeranlosreferentesa los tratosque se daban a algu- nos animales domé sticos; el atar latas alos rabosde los pe- rros o el correr gallos con la muertecruenta deéstos-tene- mos constanciade que era cos- tumbre en variospueblos-eran formas de divers ión que hoy nos parecenrepudiables.

Los actos clavesdela tarde delmar- teseran,junto ala muertedel muñeco, elOfertorio de Animasy elBailede la bandera.

En el «ofertorio»se procedíaa reali- zar una generosa entrega de bienes agrícolasque,tras sersubastados,pa- saban a convertirseendineroen metá- licopara sufragar misas por los falleci- dos delaño.En algunos pueblos,como en Piedralaves,para entregar la ofren- da habíaque pasarbajoun arcoforma- do por los palitroquesde losdanzantes enmascarados -en Pedro Bernardo eran los que bailaban ante S. Se- bastián- a los que acompañaba el

«General de Animas».Luego enla pla- za se «bailaba»la bandera,aunqueel

«baile» no era sino una seriede ejerc i- cios de habilidad en el manejo de la bandera;elquelo ejecuta la pasa sobre su cabeza,tras la espalda y debajode ambas piernas ,en repetidas ocasiones sinquehubieseunorden prefijadoenla realización de tal es movimientos.

Ofertorioy bailede banderaque se ce- lebraban también enArenas,localidad en la que se ha revitalizado,como ya aludimos más arriba,desdehace pocos años el«ofertorio»,y en elúltimoaño ya se haintentado recuperarel bailede la bandera.Un ritoque,en definitiva,no :.f.'

Tenía,pues,estemuñeco,igual que el Peropalo,una misión soteriológica al morirpara generar vida.Al muñeco similar, en Cande leda, lo llamaban Peropa la.Suscenizas esparcidasjo- cosam ent e sobre los asistent es,te- nían uncarácter mágico revitalizador tanto sobre las personascomo sobre los animalesy plantas .Y,aunque en algunoslugares elmuñeco erasome- tido ajuicio,siempresu destino tragi- cómicolellevaba alsacrifico en la tar- de del martes. Enrique Jiménez Suárez veen«laPeropala»unaespe- cie de auto sacramental que él re- construye en su libro (20); Anta Rodrígueztambién interpretala muer- te del pelele como una muestra del dominiodela religiosidadcristianaso- bre lo pagano,puestoque el muñeco encarnael sentidoprecristiano propio de lo puramente carnavalesco. «La gente grita,canta,chilla,ríe,toma par- te en la fiesta,como un solo hombre;

sinproponérselo,sin saberlo,se me- ten de lleno en elsentido histór ico y espiritualde Castillay tratande ridicu- lizar elCarnavalconorientac iónpaga- na; hay que matar el Maquiland rón;

hay que juzgarle,condenar le y ente- rrar al Carnaval, que ha perd ido el sentido cristiano y ruralde la fiesta» (p.247).

Caballadade carnaval en Casavieja.Los mozosymozas engalananlos mejores caballosysevist en con sus trajestípi cos.

cosechas ; todos record aréis perfectame nteestaestampa; unlabrador conduceuna pa- reja de bueyes,que sondos mozallo nes tapados y unci- dos conveniente mente porun yugo al restodelingenio;sus movimi ent os los de labrar y sembrar;y lo saben hacer a la perfección,pues los prota- gonistas suelen ser jóvenes labradores,de vez en cuan- do,elgañanque empuña la aguijada, "convida" alos bue- yes a echar un tragodevinoy éstos,unavez consumida la libaci ón, espo lea dos por el trall azo, retozan,tiran algu- nas castañas y acometen al regocijado público;el arador arroja algu nos puñados de ceniza,quelleva enel zurrón, a las muchachasquese de- fienden conel mandil,aguisa de capote (19).

Otro númeroquerecuerda es el de «la vaquilla », un ele me nto que es también muy usu al en otros pueblos de Castilla enestas fiestas, como en Navalue nga; aun- que el auto r recu er d a que en Burgo hondo,alotro lad o delasierra,se corre «la va- quilla» el día de san Se-

ba stián. Este ele mento tradic iona l tam bién ayudaba asalir deladorme- cimient oinvernalen que sequedael sistema muscular;consistía en un ar- matoste adornado con fier a corna- menta y recu biert o de pieldevacuno dentrodelcua lsemetíaunjoven ro- busto. Consusaco metidas yla alga- rabíadeloscenc errosdesus acom- pañ antes provoc aba una excitaci ón que seconv ertía en carrerasy enlú- dicosrevolcon es.El poder salutífero quese confería ala muert e delani- malen Pied ralaves se sustituía con vino.

Un número de origen muy lejano es

«la doma del oso»-delquetambién tenemo sreferenciasqueseceleb raba en Talaveruela y en Montehermoso, pueblos dela provinciade Cáceres- puesnos remonta a esas épocas en las que en el entorno boscoso del ValledelTiéta rexistían esosanimales salvajes alos que los reyesmedieva- lesvenían a cazaren estos parajes.

A estos elementos carnavalescos hay que añadir.quizás elmás sign ifi- cativo, «el Maquítandrón»,un pelele que,relleno de serrín o de otrosele- mentosvegetales,representabaeles- píritu invernal y,por el peligroque sig- nificaba para la vida local,había que destruirlo.

(7)

NARRIA

es exclusivode la zona pues también se ejecutaba al otrolado de la montaña como atestigua un cuadro de Valeriana Bécquer «Campesinos junto a una fuente»en elque se ve,en segundo término, a unos labriegosensayando

"el bailedela bandera»para la fiesta de la Virgende Sonsoles en la ciudad de Avila.Toque de ánimas,corridade gallos,ofertorio y baile de bandera, tambiénserealizaban en La Parra y El Hornillo;en este último pueblo se ha recuperado,gracias al impulso de una asociación cultural, la «tendida de la bandera» con la peculiaridad de que son principalmente mujeres quienes realizan los movimientos rituales con la bandera (21).

Máscaras,caras tiznadas,disfraces en los que, con frecuencia, estaba presente el mundo animal eran partes integrantes del atuendo carnavalesco.

El pasar de mano en mano el tintorro y el degustar las carnes tanto de los ani- males de corral como de la caza o montanera eran los manjares a los que acompañaban gran variedad de dulcesque se consumíana todas ho- ras para crear un fondo sobre el que echar las copas de anís o del aguar- diente elaborado con los alambiques de antaño,muchos de los cuales de- saparecieron tras la Guerra Civil.

y llenándolo todo la canción, las rondas,el grito,las risasy carcajadas por las bromas; el poco dormiry el mucho beber y comer.

«Comamos y bebamos/que maña-

na ayunaremos».

SEMANA SANTA

Los díasquela Iglesiadedica a reme- morar la Pasión y Muerte de Cristo han sidoguardados con honda religio- sidad en los pueblos del Valle del Tiétar.En cada uno de ellosse cele- bran aún esas procesiones yesos ac- tos litúrgicos enlos que la piedad y la fe encuentran un clímaxmuyintenso.

De las diferentes manifestaciones queremos resaltar -atrás quedan ya esos tiemposen que las miembrosde las cofradíasde la Vera Cruz ayuda- ban con sus medicinas a soportar el dolor a los que se flagelaban en las iglesias-dos manifestaciones del fer- vor popular,una de Casavieja y otra de Villarejo.

En Casavieja merece destacarse elCalvario,por unalargacomposición que se canta con un sentidotono de sufrimientopara evocarlos momentos finalesde Cristo;el autor pasa repaso alos diferentesmomentos de ese do- loroso camina r hacia la muerte de Cristopara,con sílabas contadas y ri- 40

mas sonoras,impresionar la emotivi- dad de los asistentes al acto. Es de notar que este mismo poema también se canta en Casillas, aunque,por ser de tradiciónoral,hay numerosas va- riantes entre las versiones escritas que hemos recogido en cada uno de los dos pueblos(22).

En Villarejo,en cambio,las emocio- nes tienen matices distintos ya que, aunque el motivo sea el mismo,el sentimiento religiosose suscita al son de una parte de las rimas sacras que en el siglo XVII compusiera Lope de Vega. El misteriode la Pasión se tor- na,Jueves y Viernes santo, canto y poesía;la serena emotividad no olvida que los sufrimientosde Cristo son los que soportan el misterio de la Redención. Resulta llamativo que en este pueblo y en otros de la provincia de Ávila,como Cardeñosa,se haya conservado como elemento tradicio- nal un largo poemariode carácter cul- ta cuya fidelidadal texto hay que atri- buirla a la difusiónescritade la obra de Lope de Vega.

EL CRISTO DE HONTANARES YLANZAHíTA

De todos los pueblos del valle es en los pequeños pueblos y en los más aisladosdonde aún pueden encontrar- se las tradicionessecularesen su es- tado más puro. Aunque,por la gran vi- talidad que hay en todos los municipiosdel Valle del Tiétar,la evo- lución de la sociedad les ha afectado en gran manera,aún es posible hallar pervivencias del pasado en la celebra- cióndela fiestas.La crisisde los se- senta,a la que ya hemos aludido,ha influido en eltraslado de algún festejo aldomingomás próximo con el finde que quienes han tenido que emigrar puedan acudir al lugar para reencon- trarse consigo mismo,y con sus pro- pias raíces unos y,las nuevas genera- ciones,con las de sus antepasados.

Así ocurre con Hontanares, un asentamiento que crecióalpar quelo hacía la trashumancia;su localización, en plenallanura, enla margenizquier- da del Tiétar,sejustificó como punto de apoyo paraaquellos pastores que tenían que embarcar sus ovejas para atravesar al otro lado del río.Las pe- queñas barcas ocasionabanuna larga esperaalos rebaños numerosos que teníanque acomodarse en la zona en queeraposiblecrearabrevaderos.

La dificultadde la supervivenciaexi- gíaunacontinualucha conla naturale- za,de ahíque se viesenobligados,pa- ra subsistir,a eliminar de una forma progresivadiversaszonas de matorral

del valle para conseguirmás tierraspa- ra pastos.Como las ganancias apenas les permitían sobrevivir,el pequeño nú- cleo de pobladores de Hontanares no podía encargar a un tallista una estatua para su pequeña ermita por lo que acu- dieron a los vecinos de Lanzahitaqule- nes les prestaron el Cristode la Luz;

sinembargo,cuando sientenlos habi- tantes de Lanzahita necesidad de Cristoporque una epidemia o peste da- ña al pueblo sin que le hallen remedios, se encuentran con la negativa de los habitantes de Hontanares; pero,para evitarjuicios sobre el derecho de pro- piedad y largas disensiones,se pacta la permanenciadel Cristo en esta loca- lidad con derecho a una romería anual para los de Lanzahita (23).

Hoy díaLanzahitaes un pueblo de floreciente agricultura y Hontanares si- gue siendo un pueblo ganadero. Por esa antigua devoción y también por esa rivalidad es por lo que cada año, los habitantes de Hontanares cuidan con esmero su fiesta.Con tal motivo su caseríoblanco relucecon más bri- llo a mitadde mayo,fecha en que mu- chas casas se enjalbegan para dar más brillanteza la fiesta del Cristo.

Si durante todo el año el Cristo ben- dito tiende su mirada protectora sobre los campos y ganados de Hontanares, en este díaprimaveral,a mitad de ma- yo -acaso mientrasotros pueblos,co- mo Gavilanes e Higuera de Dueñas, celebrana San Isidro-quieren los de Lanzahita acogerse a su poder bene- factor y acuden,en alegre romería, unos a pie, los más a lomos de anima- les enjaezados;algún grupo de muje- res lo hace en carretas adornadas con mantones y colchas como podíaacu- dir a Toledo Casilda, la mujer de Peribáñez,ese villano capaz de en- frentarse por amor a la tiran ía del Comendador de Ocaña según nos cuenta Lope de Vega.

y el caminoviejo recobra el antiguo bullicio; la alegría primaveral no se quiebraante el paso del Tiétar por esa vadera que tantos caminantes antes transitaban.

La entradaen Hontanares esinquie- tante porque los jinetes,fielesa la tra- dición,han de hacerla a la carreray en cualquier momento,ya sea por lo indó- mito de unos corceles poco acostum- brados al peso del jinetesobre sus lo- mos,ya sea por laimpericia de quienes cabalgan,puede ocurrir unincidente, una caídapeligrosa,un choque fuerte contra las caballeríasque ya han llega- do yllenan las callesdel pueblo...

En últimolugar,aritmo de paseo,lo hace el encargado derepresentar al pueblo:es el mayordomo y porta,co- mo ofrenda, un grueso cirio de poli-

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cromada decoración.Es una ofrenda colectiva para impetrar la fertilidad de los campos y animales,el bienestar y salud de las personas (24).

Tras la misa y la procesión,en la que los campesinos muestran una fer- vorosa piedad,se realizauna subasta de las ofrendasparticulares -en estre- cha relación con las actividades agrí- colas o ganaderas,o,acaso,frutos de sartén- ofrendas que vienen,quizás, a substituir a los antiguos ex-votos que poblaríanlos aledaños del altar mayor en la extinta ermita.

Tras los actos relig iosos , los de Lanzahita,de nuevo sobre los anima- les que han descansado no lejosde la iglesia, salen para su lugar,pero antes han de dar cumplida razón de las vian- das preparadasal efecto. Es la alegría del yantar campestre a orillas del pa- dre Tiétar en esta grata mañana del mes de mayo.El espárrago blanco so- brenada en la ensaladilla y el lomo y el jamón prueban la buena calidad de las bellotas;la bota pasa de mano en ma- no e, incluso, de un corro de amigos se lanza a quienes han acampado a su lado;entre los romeros son fre- cuentes las muestras de la solidaridad como corresponde a un pueblo que se ha unido para ir, todos juntos, como siempre han visto hacer a sus mayo- res, en busca de una ayuda espiritual con la confianza de que de ese acto saldrán fuerzas para enfrentarse,en los días venideros,a las dificultades de la vida cotidiana.

EL VERANOES UNA FIESTA

Quizás como consecuencia de esa proliferac ión de fiestas de turistas y emigrantes que se han inventado en los últimosaños para ocultar,acaso, la depresión socioeconómicaque ha vivi- do el Valledel Tiétar a partirdela mi- tad de los años cincuenta,las fiestas tradicionales del verano han perdido muchos desus rasgos peculiares;co- mo muestra en el recuerdo quedan las

«luminarias" con que era recibidoen diferentes pueblos. Fiestas del fuego enlos díasdelsolsticio.Sinembargo, ya nada queda delas hogueras:¿qué fue de aquellastonadas?,¿qué se hi- zo delCorro de San Juan,en Poyales?

Con raigambre,pero sin la belleza de antaño a decirde los mayores,se mantiene ese encuentro con el toro a campo abierto en Pedro Bernardo. En el arranque de la montaña se produce la reunión de los caballistas y delos toros que han de ser lidiados en las fiestasde San Roque.

y como en elValledelTiétarel toro es un elemento capital en las fiestas,

-sea el pueblo Mombeltrán con su Virgen de la Puebla el 2 de julio,La Adrada con suSalvador,(6 de agosto)o Mijarescon su San Bartolomé (24 de agosto)-;en todos los pueblos,junto a la lidia artística,de diestros profesiona- les de lejanas tierras,está la que efec- túan los lugareños:la capea popular con sus novillos para casados y solteros,pa- ra las peñas o cuadrillas.Los sustos por las embestidaso los revolcones,los gri- tos,quedan pronto en el olvidoante la hermandad que produce la fiesta en tor- no alpote nocturno o alguiso que se realiza con la carne de los morlacas.

Septiembre ve cómo la Virgen apa- rece como reinadel Valle,pues desde el Este hasta el Oeste diferentes pue- blos -Higuera de Dueñas,Sotillo, La Adrada, Lanzahita, Arenas, Honta- nares,Santa Cruz,Candeleda ...- la han convertido ensu Patrona y hacen fiesta grande con motivo de la Natividad de Nuestra Señora el 8 de este mes,aunque con advocaciones distintas.Acaso una delas formas de celebración más llamativa eimportan- te por la cantidadde gente que acude seala romeríaque se hace en honor de la Virgende Chillaen Candeleda.

Cuenta la tradición que un piadoso pastor,al que se le habíamuerto una cabra,en pleno desconsuelo,por mie- do al dueño del hato, invocó a la Virgen y ésta se le apareció y le pre- mió con la resurrección del animal. El pueblo de Candeleda,agradecido,eri- gióla ermita en recuerdode tan extra- ordinariomomento.

La fiestaque conmemoraeste acon- tecimiento se celebra tradicionalmen- te,almenos desde 1691,según data Jesús Rivera Córdoba,en el mes de septiembre .Las fechas escogidasson el segundo y eltercer domingo,deno- minándose a las últimas las fiestasde la vela.

Hoy,igual que en el pasado,los fes- tejos de cada domingo constan de unos actos religiososy otros de carác- ter profano. Los religiosos consistenen una romería y en una misa con proce- sión.La romeríaparte,alas nueve de la mañana,delpuebloala ermita;allí, a las doce selleva en procesión ala imagen de la Virgenhaciauna expla- nada recoleta,a la sombra de casta- ños,enla que se celebra una misaso- lemne presidiendo la imagen de la Virgendesde el lugar en que se le apa- reció al cabrero Finardo.Una vez con- cluido el acto eucarístico se realizan las ofrendas a la Virgen;antes se do- naban productos agrícolas y ganado, hoy la ofrenda es,generalmente,de carácter monetario.Elacto finalizacon la restituciónde laimagen a la ermita, donde se efectúa la puja de banzos.

NARRIA

Tras cantar una salveen el interior se rematala alegríade lafiesta con bailes de jotas alson deltambor en la gran explanada que antecede a la ermita.

La devoción a la Virgen de Chilla,pa- trona de Candeleda y de Gredas,no es exclusiva de la localidadabulense,pues de siempreel número de sus devotos se ha extendido por todo el valle del Tiétar e,incluso,por el campo de Talavera has- ta el extremo de que,aligual que ocurre en las fiestasde las Mondas de esta ciu- dad,acuden a la celebraciónrepresen- tantes de los pueblos de Mejorada, Segurilla,Velada,Calera,El Casar y Gamonal;antiguamente portaban pre- sentes propios y un mayordomo , en nombre de su municipio,un ciriogrande.

Además,según consta enlos libros de cuentas,contribuíana pagar los gastos de las actividades profanas que eran, principalmente,toros y comedias.Los mayordomos de estas poblaciones tole- danas gozaban de determinadosprivile- gios;por ejemplo,correspondíaa los de Calera llevar elpalioenla procesión.

La fiesta,que duraba variosdías yse celebraba íntegramente enlos alrede- dores de Chilla,seremataba con una comidapúblicaen la quese repartía la carne delos toroslidiados,cuyo coste habíasido sufragado con las limosnas de los devotos.En 1875 la autoridad eclesiástica prohibióque eldinerodel santuario se destinasea tal fin.

Antes de la irrupción del automóvil en la vidade nuestros pueblos los pe- regrinos acudíanal santuarioen caba- lleríaso,paracumpliruna manda por un favor recibido, a pie. Llegaban la tarde anterioraldíade lafiesta y,pese alcansancio delcamino,se cantabay bailabacasihastaelamanecer;poste- riormente se descansaba unas horas bajo los árbolesdellugar.

Como apunta J.RiveraCórdoba en su estudioChilla:origende un rito po- pular,el entronque de esta fiesta con los ritos de la fertilidad romanos pare- ce evidente y,al igual que las Mondas talaveranas,su génesisestaríaen re- lación con las ofrendas aCeres.

En la actualidad,la afluencia de pú- blicosigue siendomasiva;sinembar- go,las capeas tradicionalesy otros ac- tos musicales y lúdicos se celebran, por latardeypor lanoche,en las pla- zas y callesde Candeleda.

En La Adrada yenSotillotambiénse celebraa la Virgenen esta mismafe- cha del 8 de septiembre y en ambas asume el festejo elcarácter patronal.

Ambas fiestas comienzancon el trasla- do de la imagen de la ermita a la parro- quia para elnovenarioy la fiestaprinci- paldeldía8. Cultossacros y profanos se unen en los dos pueblos.Y si la Virgen suscita en la función de

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NARRIA

Vísperas los cantos de admirac ión , también las gargantas se enjuagarán unayotra vez para,alolargo dela no- che, cantar las rondas. Y es que la Virgentrae,en estospueblosabulen- ses,la cancióntradicionalyla rondeña verata,esa músicapopularque,alson de guitarras y laúdes,botella yalmirez, llenala calledondeduerme unajoven por la que suspira un enamorado. Es noche de rondas.Comotambiénlo es en Pedro Bernardo con motivo dela fiesta delCristo,14de septiembre.

El finaldelverano,con gran parte de la recolecciónya hecha,no supone el fin de los festejos.San Miguelrecibe honr as en Guisando, la Virgen del Rosario alborota Ramacastañas; El Arenal vibra con el Cristo de la Expiración, en octubre,y San Pedro de Alcántara-19de este mes- altera el ritmode vidano sólo a los areneros sinoa unabuena parte dela comarca queacude,durantealgunodelos días delas fiestas,alsantuarioalcantarino para mostrar su devoción.

Trascelebrar lafestividad de«Todos los Santos» y recordar alos difuntos en noviembre, diciembre trae la Inmaculada-con la ronda enlos pue- blosdela zonaoriental- y las navida- des.Eslástimaquelariquezafolklóriéa -música y letras de innumerablesvi- llancicos- acumuladaentorno ala ce- lebración del nacimiento de Cristo vaya cayendo,añotras año,enelolvido.

En todas estas fiestas aparece el carácter dualistaque hoy conlleva:cul- tos religiosos yaleg res diversiones profanas.Y encadalocalidad delValle delTiétarsiempre tienen lugar pree- minentela canción,el vinoy los feste- jos taurinos en una variadagama de modalidades que se suceden a lolar- go deldíay dela noche.Una afición tradicionalque antaño pudo tener sen- tidopor la importancia del vacuno en la cabañadelvalle;hoy,cuandoen el recuerdo apenas quedanleyendas so- breeltema delas dificultadesenlalu- cha conlasfieras,quizássólose ex- plique, por el afá n de riesgo, de emociones fuertes que convulsionen, siquierasea deuna forma momentá- nea,nuestravida.

NOTAS

(1) Elpresenteartículoes una reelabora- ción de un capítulo de nuestro libro Conozca el Valfe del Tiétar,Ediciones La Vera,Jaraízdela Vera,1995.

42

(2) J. CaroBaroja: El carnaval,Taurus, Madrid,1979,p.17.

(3) H.M.VelascoMaillo: «Amodo deintro- ducción», enTiempo defiesta,Ed.Tres,ca- torce,diecisiete,Madrid,1982,pág.14.

(4) H.M.VelascoMaillo:«Amododeintro- ducción», en Tiempo defiesta,Ed. Tres,ca- torce,diecisiete,Madrid,1982,pág.8.

(5) Esta trabazón se entenderá mejorsino se olvidaquealgunos pueblostoledanos han pertenecido ala provinciade Ávila y tambiénalgunos de Avila han estado in- corporados ala de Toledo.

(6) Véanselos dosvolúmenes delaobra de Fernando Fernández Gómez:Excava- ciones arqueo lóg icas en El Raso de Candeleda,lnsl. GranDuquede Alba,Ávi- la,1986.

(7) J. Luis Retama: Pedro Bernardo, (Apuntes históricos),editado por la Caja Rural yelAyuntamiento local en 1981,p.

146.

(8) Encontramos referencias a esta cele- braciónen el librode José LuisRetama Pedro Bernardo (Apunteshistóricos),edi- tado por la CajaRural yelAyuntamiento lo- calen 1981.

(9) A Éstos animales se aludecomo po- bladores denumerososmontes y vagua- das enelLibrodela Monteríaquemanda- raescribirelrey AlfonsoOnceno.

(10) Véase el trabajo de Ferna ndo Fernándezenelque presenta losresulta- dos de susexcavacionesenla ermitapu- blicado enNoticiarioarqueológico hispano, Arqueología,2,Madrid,1974.

(11) Por coincidireste añocon elcuarto centenario del martirio sehancelebrado diferentes actos;unosdecarácter cultural para recordar la labor evangelizadora, otrosdecarácterlitúrgico paradar realce a la figuradelsanto;enelloshanestado pre- sentes importantes autoridadeseclesiásti- cas.Lo másllamativo esla posibilidadde alcanzar los beneficios espiritualesinhe- rentesa todo«jubileo».

(12) Lacostumbreno se centraexclusiva- mente enel ritoreligioso sinoque durante siglos, hasta nuestros días, al obispo, cuando va ala visitaepiscopal,y alos cu- ras,cuandoentranen el pueblopor vezpri- mera,también seles dedicaba unvítor.

(13) La presenciadeteases propia de pueblosresineros,por lo que también en- contramos estedetalle enambientación nocturnaenlosvítoresdeotroslugaresco- moelque Cuevas delValleefectúaen ho- nordela Virgen delas Angustiasenelmes de febrero oelqueSantaCruz celebra en honor delCristo.Para elconocimientode Cuevas yVillarejo sonbásicoslos dos li- bros de JuanJiménez Ballesta,y para SantaCruz elque escribieron F.García IvarsyR.Lección.

(14) Sobre los botargas hay cump lidas referenci as en la obrade CaroBarajaya mencionada. Sobre los feste jos extre- meños pueden ver se el artícu lo de Ánge lLuis FernanzChamónenNarria,

n." 23-24, 1981, con el título «El

"Jaramplas" de Piornaly el"Taraballo"

de Navaconcejo ».

(15) Publicadoporla EditoraRegionalde Extremadura,Mérida,en 1985.

(16) A ellas hay cumplidas referencias en elestudiode CaroBarajaya mencionado.

(17) Juan MaestreAlfonso: «La necesidad de compensar»,enModernizaciónycam- bio enla España rural,Edicusa,Madrid, 1975,p.133.

(18) PedroAntaRodríguez:Historia y nos- talgia deunpueblode Castilla,Vasallode Mumbert,Torrejón,1977.

(19) P. Anta Rodríguez ,en op.cit.,pp.

241-242.

(20) EnriqueJiménezJuárez:Cancionero español(Candeleda, PoyalesdelHoyo,El Raso),ed.autor, 1992.La preocupación de este autor por las canciones del Valle delTiétar le lleva a recoger las de otros pueblosbajoeltítulo deCancioneroespa- ñol (Arenas, El Arenal, Guisando, El Hornillo),1993.

(21) La corridade gallosha desaparecido a principiosde estadécada deunaforma de- finitiva,no exenta de polémica,en ElArenal.

(22) En otros capítulosde nuestrolibro ya indicamos que«elcalvario»es una com- posición de caráctercultocuyo autor es Juande PadillaelCartujano,aunquesus versosno se parezcanennada alos que se cantanen los diferentespueblosenlos que aúnseconservaporvía oralsu com- posiciónpoética.Por noincorporarselas correccionesal textodelvolumen no cons- ta que elconocimientodela autoríaselo debemos a la labor investigadora de Eduardo Tejero Robledo,a quienconside- ramos,consinceroaprecio,comoel más sólidoinvestigador dela historiadelValle delTiétarabulense y,por tanto,a quien debemosmuchosdenuestros propiosco- nocimientos.Sobreeste particularvéase su obra Literatura de tradición oral en Avila, lnst.Gran Duque de Alba,Avila, 1994.

(23) Otra versión alude a unas relacio- nes poco cordialesconmotivode una er- mita destru ida por una subida de las aguas delTiétar.Elacuerdo justificaría quela romeríaalCristodela Luz no sea un festej o exclusivode la locali dad de Hontanares,sinoque también tienende- recho a acudirainvocarlos favoresdel Cristolosvecinosde Lanzahitaqueson quieneslehacenlaofrendadel cirio. El hecho de quela ermita estuvieseenla margenizquierdafuelarazón esgrimida para asumir los habitant es de Hontanares elcuidadodelCristobendito alqueteníansingular devoción.

(24) Elsentido dela ofrenda puedeguar- darmucharelaciónconlaque sehacía ala VirgendelPrado,enTalavera,o alaVirgen de Chilla, como veremos después, en Candeleda;en ambas celebracionessub- yacenfórmulasparecidas alos ritosen ho- noraCeres.

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