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Prevencion-Violencia-Religiosa

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(1)

Guía didáctica para la prevención

de la violencia religiosa contra las

HACIA UNA

ÉTICA DEL

CUIDADO:

Deconstruyendo

la violencia religiosa

en los procesos

educativos

HA

CIA UNA ÉTIC

A DEL CUID

ADO:

D

ec

onstruy

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cesos e

duc

ativ

os

(2)

HACIA UNA ÉTICA DEL CUIDADO:

Deconstruyendo la violencia religiosa

en los procesos educativos

(3)

Proyecto religión y niñez hacia una cultura de paz

Andrés Villalobos.

Psicólogo.

Psicólogo. Subdirector del Hogar Bíblico Roblealto – Asociación Roblealto.

Magali Zamora.

Pedagoga – Educación Especial. Directora del Hogar Bíblico Roblealto - Asociación Roblealto.

Maria Cecilia Leme Garcez.

Pedagoga Social. Docente de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la UNA y coordinadora

del Proyecto Religión y Niñez hacia una Cultura de Paz.

Nelise Teresina Wielewski.

Psicopedagoga. Profesora del Colegio San Francis.

Víctor Julio Madrigal Sánchez.

Teólogo. Docente de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la UNA.

Estudiantes asistentes:

Giorgina Escudero Castro.

CIDE - UNA.

Karen Banda

: CIDE - UNA.

María Fernanda Hernández González.

Escuela Ecuménica - UNA.

Marco Quesada Chávez.

Escuela Ecuménica - UNA.

Natalia Guevara Vìquez -

Escuela Ecuménica - UNA

Robert Barboza Araya.

CIDE - UNA.

Wendy Vargas Vargas –

Escuela de Ciencias Geográficas - UNA

(4)

Contenido

Presentación

...

5

Marco teórico referencial

...

7

1. Hacia una ética del cuidado, respeto y buen trato en los procesos educativos

...

9

2. La violencia contra las personas menores de edad

...

15

3. Algunas nociones y concepciones acerca de la niñez y su relación con la educación

...

19

LOS TALLERES Círculos de conversación

...

29

NIÑOS Y NIÑAS

...

35

Círculo 1 - imágenes de Dios

...

36

Círculo 2 – Educación y niñez

...

39

Círculo 3 – Educación y violencia

...

42

Círculo 4 – La ética del cuidado

...

45

ADOLESCENTES

...

49

Círculo 1 - imágenes de Dios

...

50

Círculo 2 – Educación y niñez

...

53

Círculo 3 – Educación y violencia

...

57

Círculo 4 – La ética del cuidado

...

61

(5)

MADRES, PADRES Y OTRAS PERSONAS CUIDADORAS

...

75

Círculo 1 - imágenes de Dios

...

76

Círculo 2 – Educación y niñez

...

79

Círculo 3 – Educación y violencia

...

81

Círculo 4 – La ética del cuidado

...

85

MAESTRAS Y MAESTROS

...

89

Círculo 1 - imágenes de Dios

...

90

Círculo 2 – Educación y niñez

...

93

Círculo 3 – Educación y violencia

...

95

Círculo 4 – La ética del cuidado

...

98

Caja de herramientas

...

101

I. LEGISLACIÓN

...

103

II. TEXTOS SOBRE EDUCACIÓN

...

143

III. TEXTOS SOBRE RELIGIÓN

...

153

IV. TEXTOS LITERARIOS

...

165

V. TÉCNICAS DE RELAJACIÓN

...

173

VI. MÚSICA

...

175

(6)

Presentación

L

a Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la Universidad Nacional de Costa Rica, a través del proyecto Religión y Niñez hacia una Cultura de Paz ha desarrollado una reflexión teológica que tiene como base la necesidad surgida en la práctica de diferentes organizaciones y comunidades que brindan atención teológica, pastoral y educativa a las personas menores de edad víctimas de diferentes tipos de violencia. En ella se ha mostrado la importancia negativa de los discursos teológicos y educativos vigentes para una resolución saludable e inequívoca de los conflictos producidos por las diferentes formas y expresiones de violencia.

La propuesta es la de construir una teoría teológica que brinda la articulación de nuevos discursos y prácticas teológicas y educativas en el marco de la interculturalidad, el respeto a las diferentes expresiones de espiritualidad, la equidad de género y la apertura al diálogo con la sociedad costarricense y latinoamericana para acompañar y potenciar acciones importantes contra el proceso de construcción social de la violencia.

En ese sentido, el proyecto también reconoce y prevé la necesidad de establecer lazos de cooperación con el contexto social, lo que ha permitido fomentar avances importantes en el quehacer universitario de extensión y ofrecer un aporte significativo a la cultura costarricense hacia la construcción de nuevas y más ricas relaciones humanas alimentadas por la paz y la equidad.

(7)
(8)
(9)
(10)

mayoría de las culturas y religiones, despojando a los niños y las

niñas de su identidad y dignidad.

1

En las sociedades organizadas desde los parámetros del patriarcado,

las relaciones entre los hombres y las mujeres, como también

entre las personas adultas y las personas menores de edad se dan

vertical y jerárquicamente, las mujeres y los niños y niñas ocupan

una posición subordinada y secundaria. La asimilación del género

y del adultocentrismo en general, son procesos acríticos, ya que se

aceptan la división sexual y etaria así como sus estereotipos como un

conjunto de prescripciones que no se debe y no se puede cuestionar.

De esa manera, la ideología androcéntrica y adultocéntrica viene

siendo reproducida y retransmitida de generación en generación

como algo normal y natural.

En América Latina esa acriticidad educativa tiene su génesis histórica

en la colonización epistemológica a que, además de la territorial

y religiosa, han sido sometidas las naciones latinoamericanas, lo

que ha contribuido grandemente para la institucionalización de

relaciones asimétricas de poder y de saber. El androcentrismo y el

adultocentrismo impregnan las relaciones sociales y familiares, las

religiones e iglesias y hacen, junto al lenguaje, las costumbres, el

(11)

sino que la violencia hacia las mujeres y las personas menores de

edad es una construcción sociocultural reforzada y legitimada a lo

largo de la historia humana.

La reproducción de valores, creencias y costumbres pasa por las

relaciones sociales, principalmente por los procesos educativos en

la familia y en la escuela, como también por los dogmas, cánones y

celebraciones litúrgicas en las iglesias. Esa reproducción y a la vez

asimilación del mundo adulto y masculino como universal, superior

y absoluto, imposibilita un proceso de concientización y liberación

humana. Desde una perspectiva histórico-cultural, esa violencia

está tan arraigada en las sociedades y mentalidades, que ya se ha

incorporado a la cotidianidad, instrumentalizando las culturas y

las relaciones y, muchas veces, silenciando la dignidad histórica y

emocionada que todavía tiene el poder de suscitar sueños y provocar

cambios.

La propuesta básica de esa guía didáctica es la de estimular un

quie-bre en el ciclo de violencia contra los niños y niñas, principalmente la

violencia que se origina – y también se justifica - en las religiones y sus

creencias. Se trata de des-cubrir los esquemas mentales heredados

de nuestras culturas y religiones, para liberarnos de aquellos que

incitan el pensar, el creer y el educar violentos. Es urgente conquistar

saberes que ayuden a alcanzar una mejor calidad de vida, así como

el respeto y el buen trato entre las personas y con el planeta. Que

esa guía posibilite un proceso de apertura y de reformulación de

las concepciones y las prácticas religiosas y educativas que generan

violencia.

1.1. ¿Cómo educar para la solidaridad?

La constatación de la existencia de actos de violencia contra

las personas menores de edad justificados o legitimados por

las creencias y algunos principios religiosos suscita serios

cuestionamientos. ¿Cómo educar para la solidaridad? ¿Cómo formar

a los educadores y educadoras para superar el sacrificialismo en

los procesos educativos? ¿Cómo educar para la liberación y para la

reconciliación con la condición humana y planetaria? ¿Cómo ser y

estar en el mundo a partir de una perspectiva de cuidado, respeto y

buen trato?

Tal vez uno de los grandes y más urgentes desafíos actuales

para la educación sea el de instaurar procesos en los cuales la

concepción cristiana de sacrificio como camino o condición hacia

la salvación y el aprendizaje no se convierta en una forma más de

violencia. Para eso, se hace necesario mirar críticamente hacia las

experiencias educativas violentas y generadoras de violencia con

la intencionalidad de identificar en ellas posibles raíces religiosas

y buscar alternativas metodológicas que conduzcan a prácticas de

respeto y buen trato.

(12)

Para Alves, la

palabra

, el

cuerpo

y el

juego

son considerados las

herramientas de trabajo más importantes de los educadores y

educadoras y es a partir de esa consideración que vislumbraremos

algunas posibilidades de cambios y avances en las prácticas

educativas.

Según ese autor, la educación acontece en un espacio invisible y

profundo de la relación entre la persona educadora y la persona

educanda donde, a través del diálogo, se construye una verdadera

interrelación, un intercambio de valores y conocimientos; en

ese espacio educativo no hay lugar para el sacrificio, el dolor y la

violencia. Los procesos educativos realmente dialógicos tienen en

la

palabra

su fuerza propulsora. Con la palabra se puede “fundar

mundos, mediar esperanzas y pastorear proyectos”.

2

En ese sentido,

los procesos educativos pueden ser considerados procesos de

regeneración del discurso, ya que crean la necesidad de construir

nuevos lenguajes y de inventar nuevas estrategias comunicativas.

Se trata de aprender lenguajes nuevos, aunque sea difícil olvidarse

y abandonar los lenguajes anteriores. Por ejemplo, palabras como

castigo, miedo, autoritarismo, culpa, ignorancia

pueden ser sustituidas

por

disciplina, abrazo, cooperación, responsabilidad, crecimiento,

sabiduría compartida

. El indicador para saber si las palabras que

se utilizan en los procesos educativos generan violencia o, por

que presenta Alves, el de inventar nuevos lenguajes educativos,

sea un posible camino para ir generando procesos educativos sin

sacrificio y sin violencia. Es decir, asumir que la palabra promotora

de conversación tiene el poder de generar comunicación y, por

ende, de construir espacios de comunión, cuidado y respeto.

Además de la palabra, es importante resaltar la importancia que

Rubem Alves atribuye al

cuerpo

ligado a las propias condiciones de

aprendizaje, es decir, indagar qué cuerpos la educación está formando,

ya que los cuerpos dicen mucho de los procesos educativos en los

cuáles participan o a qué están sometidos. Dice él: “el camino para

la verdad del discurso pedagógico acerca de la educación tiene que

pasar por el cuerpo del educador o la educadora, pues es su cuerpo

que regula sus formas de sentir y de pensar”.

3

La vuelta al cuerpo

(13)

cualitativos de la vida social”.

4

Basta mirar los cuerpos de las personas

menores de edad víctimas de violencia para percibir en ellos las

cicatrices de los golpes, las marcas del hambre, del irrespeto, de la

deslegitimación, del abandono, donde sus cuerpos hablan, gritan,

denuncian, lloran.

Además se puede atribuir al cuerpo un sentido pedagógico porque

el cuerpo se rehúsa a sentir, aprender, procesar, entender y resolver

problemas que no estén directamente relacionados a sus condiciones

y necesidades existenciales. Esa es la sabiduría del cuerpo, importante

y necesaria en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Otra herramienta importante para el trabajo de las personas

4. Idem, p. 52.

educadoras es el

juego

, ya que ese es el quehacer fundamental para

las personas menores de edad, es su actividad por excelencia; así,

los juegos pueden ser utilizados como claves de prevención de la

violencia y también de cuidado y tratamiento cuando la violencia

ya aconteció. La perspectiva lúdica ayuda a enfrentar y superar

las experiencias de violencia, el miedo y el dolor, pues el juego se

constituye como un mediador entre la realidad y el mundo interno

de los niños y las niñas para entender el mundo y las experiencias

vivenciadas y procesarlas internamente. A través del juego es

posible revivir experiencias placenteras y disfrutarlas nuevamente,

gratuitamente. A la vez que se pueden también revivir situaciones

difíciles y dolorosas para trabajarlas y procesarlas. Como una

propuesta educativa, el juego posibilita la construcción de nuevos

conocimientos y desarrolla capacidades, permitiendo relaciones

más gratificantes. Es un vehículo de interacción y una herramienta

privilegiada para la promoción de la participación activa, la

cooperación y la adquisición de aprendizajes significativos.

(14)

Leonardo Boff también presenta una propuesta ética para el

enfrentamiento de la crisis generalizada que afecta la humanidad

y el planeta y que tiene su génesis en el irrespeto, la violencia y el

descuido de la Vida. En sus escritos más recientes, Boff ha insistido

en las temáticas de la compasión y del cuidado a servicio de un

compromiso con la vida, en especial la vida más amenazada y frágil.

Así, él parte de la premisa de que todo lo que existe y tiene vida

debe ser alimentado y cuidado para que pueda seguir viviendo. De

esa manera, el

cuidado

se constituye como la esencia de la vida, ya

que es el alimento indispensable para que las redes vitales se nutran

e intercambien energía y vitalidad. Sin el cuidado, los seres humanos

y nuestro hábitat común, la Tierra, estamos condenados a la muerte.

En momentos críticos como los que vivimos, revisitamos la sabiduría ancestral de los pueblos y nos colocamos en la escuela de unos con los demás. Todos nos hacemos aprendices y aprendientes. Importa construir un nuevo “ethos” que permita una nueva convivencia entre los humanos con los demás seres de la comunidad biótica, planetaria y cósmica; que propicie un nuevo encantamiento ante la majestad del universo y a la complejidad de las relaciones que sostienen todos y cada uno de los seres.5

El cuidado vive del amor primordial, la ternura, la compasión, la

convivencia, el compartir y la comensalidad. Sin el cuidado, los

actual crisis de la vida humana y planetaria son alarmantes, se

siente la falta del cuidado en todos los ámbitos de la convivencia,

como la degradación ecológica, el irrespeto y la destrucción de la

biodiversidad; las pésimas condiciones de vida y sobrevivencia de

la mayoría de la humanidad empobrecida; el endiosamiento del

mercado y sus relaciones asimétricas de poder y de acceso a los

bienes producidos; la exaltación exacerbada de la violencia en las

relaciones y redes sociales.

La propuesta de Boff trata de buscar caminos de superación de esa

crisis ética en la propia existencia humana, es decir, el

ethos

está en

el ser humano y en su capacidad de superación de la violencia e

irrespeto además de la creación del cuidado y del buen trato. Así

dice el autor:

Importa hacer la fenomenología del cuidado. Por fenomenología entendemos la manera por la cual cualquier realidad, en ese caso el cuidado, se torna un fenómeno para nuestra consciencia, se muestra en nuestra experiencia y moldea nuestra práctica. En ese sentido no se trata de pensar y hablar sobre el cuidado como objeto independiente de nosotros, sino de pensar y hablar a partir del cuidado. Somos cuidado. Eso significa que el cuidado posee una dimensión ontológica que entra en la constitución del ser humano. En un modo-de-ser singular del hombre y de la mujer. Sin cuidado

(15)

al sacrificialismo y hacia una cultura de paz sea una tarea sencilla.

Eso supone, más que todo, que las prácticas educativas se alimenten

de nuevas metodologías, nuevas perspectivas para ver la realidad,

el mundo y la propia vida y de un tormento de letras y palabras que

ayuden a nutrir el mundo.

El gran misterio ético de la vida humana, lo que también es su mayor

fortaleza, es la capacidad de conmoción, empatía, compasión y

compromiso ante el dolor y el sufrimiento de otras personas. No

sería suficiente quedarse apenas en la constatación de las relaciones

educativas sacrificiales o en las críticas contra los sistemas religiosos

sacrificiales. Hay que ser suficientemente creativos y creativas para

proponer una nueva ética relacional, es decir, caminos que indiquen

posibilidades de superación de la dependencia de sacrificios y

sufrimientos para alcanzar la felicidad y la aprendencia. Caminos

que posibiliten la autonomía para pensar y la libertad para creer.

Caminos que conduzcan a prácticas de cuidado, respeto y buen

trato.

Darse cuenta de que la violencia tiene una base religiosa que la genera,

justifica y legitima ya es un primer paso hacia la transformación de

las relaciones educativas en los diferentes espacios, especialmente

el familiar y el escolar, para ir construyendo no solamente nuevas

formas de expresar y vivir la espiritualidad, sino nuevas prácticas de

crianza y enseñanza-aprendizaje.

Urge apropiarnos del papel social y pedagógico de las creencias

religiosas - como padres y madres y como personas educadoras-,

partiendo de una reflexión consistente sobre nuevas formas de cómo

vivir y proponer la fe cristiana desde parámetros no-sacrificiales, de

manera que podamos contribuir para la generación de una cultura

de paz. Es decir, darse cuenta que para ser exitosos deberíamos

ser solidarios porque somos interdependientes y que la violencia

realizada hacia la otra persona incide también en la persona que la

practica.

Quizá esta

Guía Didáctica

logre ir forjando prácticas y lenguajes

religiosos y educativos alternativos como base para la orientación

y/o reorientación de familias, organizaciones y comunidades que

actúan con niños y niñas víctimas de diferentes tipos de violencia,

hacia la construcción de una cultura de paz, equidad y respeto

incondicional.

(16)

2.1. Acercándose al concepto de violencia

Como hemos dicho, la violencia está tan arraigada y presente en

nuestro día a día que muchas veces es vista como algo natural y

normal, imperando de forma evidente o camuflada a través de miradas,

expresiones, silencios o actitudes. El acercamiento al concepto de

violencia

supone un proceso de contextualización sociocultural en el

cual las relaciones interpersonales e intergrupales se desarrollan.

Según la Organización Mundial de la Salud

7

, “la violencia se define

como el uso deliberado de la fuerza física o del poder, ya sea en grado

de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona, grupo o

comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de producir

lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o

privaciones”.

8

Esta definición considera algunas importantes consecuencias –o

desenlaces- del comportamiento violento como el suicidio, los

conflictos armados, las lesiones y la violencia intrafamiliar. Además

cubre una amplia gama de actos que van más allá de la violencia

física, como lo son las amenazas e intimidaciones, los daños psíquicos,

las privaciones y deficiencias del desarrollo que comprometan el

bienestar de los individuos, las familias y las comunidades.

2.

La violencia contra las personas menores de edad

Sabemos que el castigo físico o corporal se ha legitimado y

justificado en los procesos educativos a lo largo de la historia.

El Comité de Derechos del Niño

9

en su Observación General n°8

adoptada en el 2006, definió el castigo corporal o físico de la

siguiente forma:

9. El Comité de los Derechos del Niño es el órgano de expertos independientes que supervisa la aplicación de la Convención sobre los Derechos del Niño por sus Estados Pares. El Comité también supervisa la aplicación de los dos protocolos facultativos de la Convención, relativos a la participación de niños en los conflictos armados y a la

(17)

El castigo corporal o físico es todo castigo en el que se utilice la fuerza física y que tenga por objeto causar cierto grado de dolor o malestar, aunque sea leve, entendido dentro de los parámetros de la violencia. En la mayoría de los casos se trata de pegar a los niños (“manotazos”, “bofetadas”, “palizas”), con la mano o con algún objeto como azote, vara, cinturón, zapato, cuchara de madera, etc. Pero también puede consistir en, por ejemplo, dar puntapiés, zarandear o empujar a los niños, arañarlos, pellizcarlos, morderlos, tirarles del pelo o de las orejas, obligarlos a ponerse en posturas incómodas, producirles quemaduras, obligarlos a ingerir alimentos hirviendo u otros productos (por ejemplo, lavarles la boca con jabón u obligarlos a tragar alimentos picantes). 10

La definición presentada por el Comité de los Derechos del Niño

contiene dos elementos que permiten distinguir claramente el castigo

corporal del maltrato, sin duda, ambos entendidos como prácticas

degradantes. El primer elemento es más subjetivo y consiste en la

intención de corregir, disciplinar o castigar el comportamiento de

las personas menores de edad. El segundo elemento es de carácter

objetivo y se traduce como el uso de la fuerza física. La convergencia

de estos dos elementos configura el castigo corporal como una

práctica que vulnera los derechos humanos de las personas menores

de edad.

Adicionalmente, el Comité observó que hay otras formas de

castigo que no son físicas, sin embargo son igualmente crueles y

degradantes y por lo tanto incompatibles con la Convención. Entre

éstas se cuentan, por ejemplo, los castigos en que se “menosprecia,

10. Ministerio de Salud. Organización Panamericana de la Salud. Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud. http://www.bvs.sa.cr/php/situacion/violencia.pdf

se humilla, se denigra, se convierte en chivo expiatorio, se amenaza,

asusta o ridiculiza al niño”.

11

Sobre la Observación General N° 8

del Comité de los Derechos del Niño, la Corte Interamericana de

Derechos Humanos indicó que esta tiene el objetivo de orientar a

los Estados acerca de la interpretación de las disposiciones de la

Convención sobre los derechos de las personas menores de edad,

para que se elimine la violencia contra ellas.

Por tanto, el análisis de la violencia requiere el conocimiento y la

consideración de consensos previos en relación con la diversidad

de aspectos implicados en su conceptualización. La violencia es un

fenómeno construido socialmente, que se concretiza a través de

múltiples manifestaciones y cuyos significados varían históricamente

dependiendo del momento y el contexto en que se producen. La

calificación de una situación como violenta se da a partir de un marco

valorativo, ético y normativo propio de la cultura, de las formas de

ejercicio del poder predominantes, de los contenidos de la moral y

del marco de derechos asumido por la sociedad en que se producen,

generando consecuencias directas o indirectas que dañan, limitan

o impiden el ejercicio pleno de los derechos humanos. De esa

manera, las posibilidades de desarrollo de las capacidades y las

potencialidades de los individuos, grupos, instituciones y sociedades

estarán fuertemente comprometidos.

2.2. Algunos datos sobre la violencia hacia las

(18)

Según la revista electrónica española

El Mundo

en los países

llamados

desarrollados

, uno de cada diez niños sufre abandono o

maltrato psicológico; entre el 4% y el 16% padece daños físicos y al

menos el 15% de las niñas y el 5% de los niños soporta algún tipo

de violencia sexual antes de cumplir los 18 años

12

. Esos son datos de

una investigación realizada, sin embargo, se debe considerar que el

maltrato infantil es mucho más amplio y común de lo que sugieren las

estadísticas de los servicios de protección infantil.

El Mundo

advierte

que las consecuencias de la violencia contra las personas menores

de edad son deplorables, y presenta como la más trágica los miles

de niños y niñas que mueren debido a la agresión o al abandono.

En América Latina, el castigo físico es una práctica habitual como

forma de crianza y disciplina en todos los países y las personas

menores de edad entre 0 y 12 años son las principales víctimas.

Datos del Secretariado General de las Naciones Unidas sobre la

violencia contra los niños

14

muestran que por año más de 6 millones

(19)

En una encuesta realizada en Colombia el 42% de las mujeres

informó que sus esposos o compañeros castigaban a sus hijos con

golpes. En ese país, entre un 47% y un 53% de las mujeres consideran

que el castigo físico es necesario para la educación de los hijos y lo

emplean. En Chile, un 75.3% de los niños y niñas entrevistados en

un estudio sobre maltrato infantil recibe algún tipo de violencia por

parte de sus padres; más de la mitad es víctima de violencia física,

siendo que en 25% de los casos, la violencia es grave.

15

En Nicaragua

la violencia sexual sufrida durante la niñez se da en el 26% de las

mujeres y el 20% de los hombres entrevistados. En Costa Rica, según

datos de encuestas realizadas a la población, ese tipo de violencia es

constatada en un 32% de las mujeres entrevistadas y un 13% de los

hombres.

16

Una investigación realizada en el 2004 por el Instituto de Estudios

Sociales en Población

17

reveló que un 65,3 % de adultos ejerce

violencia física contra sus hijos en Costa Rica

18

. A pesar de esas

informaciones, se constata que todavía son pocos los datos oficiales

acerca de la violencia ejercida contra las personas menores de edad.

Los datos que siguen son el resultado de investigaciones realizadas

por el Patronato Nacional de la Infancia - PANI y el Hospital Nacional

de Niños, las cuales aportan números relevantes que denuncian la

violencia contra los niños y niñas en el país.

15. Tercer Estudio de Maltrato Infantil en Chile. Unicef 2006

16. M Buvinic, A. Morrison y MB Orlando. Violencia, Crimen y Desarrollo Social en América Latina y el Caribe. Banco Interamericano de Desarrollo, 1999

17. El Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO) tiene el objetivo de promover y generar propuestas de transformación de las sociedades, mediante la investigación demográfica en su contexto social, económico y político hacia el bienestar y mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones. http://www.una.ac.cr/idespo/pdf/aportes/aportes36.pdf

18. http://www.rnw.nl/es/espa%C3%B1ol/article/maltrato-infantil-una-pr%C3%A1ctica-tolerada-en-am%C3%A9rica-latina

El periódico

La Nación

19

publicó algunos datos del PANI con relación

al maltrato y violencia contra los niños y niñas en 2008. El estudio

indica que 732 personas menores de edad sufrieron violencia sexual

en sus casas para ese año; 2.195 infantes sufrieron lesiones a causa

de palizas a manos de sus padres o familiares muy cercanos; 5 niños

murieron a consecuencia de lesiones causadas por sus padres o

familiares; el Patronato atendió a 679 niños y niñas en todo el país a

causa de violencia emocional causada por sus padres.

En 2008, las personas menores de edad atendidas por el PANI suman

aproximadamente 33.640 casos. El Patronato atiende, en promedio,

92 casos diarios de violencia física y emocional contra las personas

menores de edad; golpes, gritos, abandono y castigos desmedidos

son tan solo algunas de las formas de violencia que figuran en los

cuatro expedientes que tramita cada hora la institución.

En ese mismo año, el Hospital Nacional de Niños atendió, en

promedio, a tres personas menores de edad agredidas al día durante

los primeros seis meses, de acuerdo con un reportaje publicado en el

periódico

La Nación

20

. Dicha cifra es superior a la registrada durante

el primer semestre de 2007, cuando en ese centro hospitalario se

atendieron, en promedio, a dos personas por día. El mismo medio

de comunicación indica que entre enero y junio del 2008, al hospital

ingresaron 495 niños y niñas agredidas. De esos, 185 correspondían

a casos de niños con enfermedad que, por negligencia de sus padres,

no recibieron el tratamiento médico adecuado. La segunda causa de

atención fue la violencia emocional, con 120 casos, seguido por 43

casos de agresión sexual, 41 casos de violencia físico y 22 casos de

(20)

abandono. Además, fueron atendidos 43 casos de violencia prenatal;

se trata de mujeres embarazadas que no desean tener a su bebé y

que, por esa razón, toman licor o medicamentos, o de alguna otra

manera intentan abortarlo.

De acuerdo con la entrevista al Doctor Rodolfo Hernández, entonces

director del Hospital de Niños, se estima que aunque la atención

de agresiones ha aumentado, existen todavía muchos casos de

violencia que no son denunciados por las víctimas u otros parientes.

Durante el 2007 el hospital atendió a 836 niños y niñas agredidos.

Esos datos se refieren apenas al Hospital Nacional de Niños, sin

contar todas las víctimas que son atendidas en otros hospitales y

centros médicos del país.

El Estado de la Nación 2007 no hace referencia directa a la

problemática de la violencia contra las personas menores de

edad en Costa Rica, sin embargo, manifiesta preocupación por

la precaria situación de la niñez asociada a la realidad de pobreza

institucionalizada:

El futuro de la niñez costarricense es una preocupación de toda la población. Como se ha señalado, los niños y los adolescentes constituyen uno de los grupos más vulnerables y afectados por la pobreza. Las cifras con las que se trata de medir ese flagelo revelan, por su magnitud y disponibilidad de datos, que este es un tema complicado. La población infantil está sobre representada dentro de la población pobre.21

3.

Algunas nociones y concepciones acerca de

la niñez y su relación con la educación

3.1. ¿Qué es un niño, qué es una niña?

(21)

Sin embargo, el concepto de niñez va más allá de la determinación

de una etapa dentro del proceso de desarrollo humano o de la

edad cronológica. Las concepciones que tengamos dependerán

de factores tales como las imágenes o recuerdos de nuestra propia

infancia (nuestra experiencia), lo que se nos ha transmitido a nivel

cultural-religioso o lo que hemos aprendido a través de la vida. De

manera que, la reflexión acerca de nuestra propia visión es de gran

importancia ya que determina la relación y el trato que tengamos con

los niños y niñas y las formas en que los educamos y disciplinamos.

Esto se evidencia tanto en el ámbito familiar (vida “privada” en el

hogar) como en el ámbito social (sociedad).

3.2. Revisando la historia

Revisando la historia de la humanidad, podemos encontrar diversas

posiciones conceptuales que van desde considerarlos seres

angelicales, adultos en miniatura, herederos del pecado, seres sin

valor y pasivos, hasta considerarlos joyas intocables, sujetos sociales

de derecho, entre otras referencias que anotaremos brevemente.

Aquí nos interesa señalar algunas de esas concepciones que hasta

hoy inciden en la conceptualización de la niñez y consecuentemente

en la manera con que las personas adultas se relacionan con las

personas menores de edad.

Remontándonos a épocas en las que prevalecieron las concepciones

religiosas acerca de niñez y educación infantil, encontramos en el

siglo IV teologías como las de San Agustín (354-430) en la cual los

niños y niñas eran considerados como seres nacidos del pecado,

sin alma, imaginativos pero sin razonamiento, sin un lugar especial

en la familia o en la sociedad; lo que los colocaba en una posición

despreciativa y desventajosa sobre las personas adultas. Esta falta de

apego de los padres, promovía que los niños generalmente fuesen

delegados a terceros o abandonados a su suerte.

Ello implicó, que muchos niños fueron privados del calor hogareño y del afecto maternal, considerados por la familia como una molestia. El infanticidio, el aborto, el exilio, el abandono y la crianza por nodrizas, eran costumbres de la época. Las nodrizas aparecen en el siglo XIII, se generaliza y democratiza en el XVIII (en todos los niveles sociales), las madres dejan la crianza de sus hijos para cuidar la granja o ayudar al marido en las tareas productivas. La vida infantil era precaria en todas las áreas, especialmente en la salud lo que se reflejaba en el desinterés médico por las enfermedades infantiles, pues la pediatría como especialidad médica recién surge en 1872.22

Entendidos como sujetos llenos de maldad, y para ser

dominados,

eran sometidos a fuertes y constantes castigos físicos, a veces con

instrumentos como los azotes, el hierro y los cepos. Esas ideas

prevalecieron aún hasta el siglo XV, creyéndose que los niños eran

malos desde el nacimiento, es decir, ya nacían pecadores.

El filósofo y estadista británico Edmund Burke (1729-1797), por

ejemplo, consideraba que

la maldad es innata

y por eso entendía

la necesidad de las instituciones sociales, y las promovía y apoyaba

para que se dedicaran a la enseñanza de la ética y el comportamiento

responsable. Según su entendimiento, había que hacer de los

procesos educativos y especialmente la

educación

religiosa, espacios

para que los niños y niñas salieran lo más pronto posible del estado

de imperfección, convirtiéndose en personas cristianas y adultas.

(22)

Es importante resaltar que mucho contribuye a ello el racionalismo de Descartes (1596-1650) para quien la infancia es debilidad del espíritu. Afirma él que los prejuicios que incubamos en esa etapa son causa principal de nuestros errores y dificultan el aprendizaje de las ciencias y la clara representación de las ideas.23

Durante los siglos VI y VII prevalecieron las ideas acerca de que los

niños y niñas eran una propiedad o un recurso económico de los

padres, por lo que se podía disponer de ellos para intercambios y

trabajo infantil. Esto era cultural y socialmente aceptado y no había

legislación que prohibiera o limitara las decisiones que tomaban los

padres sobre sus hijos, es decir, los niños y niñas no tenían derechos.

Sin embargo, se les creía capaces de adoptar la misma conducta

de los adultos en la sociedad; lo que los diferenciaba era el tamaño

físico y su nivel de experiencia. Así en esa época los niños y niños

fueron considerados

adultos en miniatura

. Para la época del siglo

XVII, “La niñez era vista como un estado de pureza e inocencia, se

afirmaba que los niños venían del cielo y de los seres angelicales que

rodean al trono de Dios y por ello se creía que el pecado no los había

tocado, tampoco la corrupción”.

24

Otra fuerte concepción acerca de la niñez difundida en esa época

e influenciada por el pensamiento de Locke (1693), es la del niño

como una pizarra en blanco, en la cual no hay nada escrito y por lo

tanto debe aprender a través de las experiencias sensoriales. Según

Es importante resaltar que esa concepción acerca de la niñez llevó a

actitudes de castigo y maltrato, porque en esa visión estaba implícito

que el niño era un salvaje que hay que domesticar. En esta época

surge la escuela para responder a la preocupación y la necesidad de

disciplinar

a los niños y formarlos para la vida en sociedad. Lo que se

buscaba, más que todo, era promover cambios en ellos y hacerlos

personas de bien. No es mucho insistir que eran las personas adultas

quienes decidían esas necesidades y, por ende, los contenidos y las

estrategias de la educación. También se comienza a percibir y a dar

importancia a la influencia que ejerce el entorno sobre el niño, que

nace bueno pero la sociedad lo corrompe.

Para el siglo XX surgen otras concepciones tales como comparar

el desarrollo de los niños con el desarrollo de una planta (Darwin),

donde el educador les va dando la forma a los niños, transmitiéndoles

todo el conocimiento posible por medio de múltiples y constantes

estímulos para el aprendizaje. En esta época también surge la

psicología conductista, que es una aplicación de la psicología animal

en la educación de los niños. Tales concepciones han entendido a

los niños como seres pasivos, sin la posibilidad de intervenir en su

propio desarrollo.

(23)

3.3. Los niños y las niñas en la actualidad

En los años 50 empiezan a surgir ideas acerca de las necesidades y los

derechos de los niños y niñas, los cuales se concretan en la Convención por

los Derechos del Niño, adoptada por la Organización de las Naciones Unidas

el 20 de noviembre de 1989. La Convención se ha transformado en el marco a

partir del cual los países han elaborado su legislación y han reconocido a los

niños y niñas como seres sociales con derechos y deberes, reconociéndoles

lugar en la sociedad, por lo que esta y el Estado deben brindarle la protección,

educación y atención para la satisfacción de sus necesidades básicas y para el

logro de su bienestar integral. Costa Rica así lo ratificó en 1990, y promulgó la

Ley 7739 –

Código de la Niñez y la

Adolescencia en 06 de febrero de 1998. Más

que una nueva legislación en materia de niñez, se trata de ir generando una

nueva cultura y nuevas prácticas de respeto y buentrato hacia las personas

menores de edad, lo que demanda nuevos programas y diversas acciones

hacia la protección de los derechos de los niños y las niñas.

Sin embargo, y a pesar de todas las nuevas concepciones y legislacio-nes

surgidas, la situación actual de muchas personas menores de edad en Costa

Rica y en todo el continente latinoamericano muestra una triste realidad.

Prevalece, como una constante, la idea de considerarlos seres secundarios e

irrelevantes en la sociedad, y así se evidencia en las decisiones que se toman

a nivel familiar y político.

Todavía las estadísticas son repulsivas y muestran realidades tales como, la

existencia de millones de niños y niñas viviendo en situación de esclavitud,

niños y niñas trabajando en situaciones riesgosas e insalubres, vendidos para

el comercio sexual, muriendo por desnutrición y hambre, viviendo en las

calles, consumiendo drogas, recibiendo toda clase de maltrato y violencia,

(24)

3.4. Los niños y niñas en la Biblia

Desde una perspectiva bíblica teológica, la niñez tiene un lugar

especial. Muchas son las anotaciones bíblicas que hacen referencia

al trato especial que Dios les da a los niños y niñas, tanto en el

primer testamento como en el testamento cristiano.

Cuando Jesús se refiere al

Reino de Dios y de Justicia

(Mateo 6:33),

proclama el anhelo de una vida plena para todos (incluyendo a los

niños y niñas) donde reine la justicia y triunfe la esperanza y la paz.

Aún más, declara que este reino

es

de los niños, dándoles un lugar

primordial (Lucas 18:16). Solo esas anotaciones ya nos confrontan

con la cruda realidad de este mundo, que niega esa justicia,

excluyendo a los niños y niñas sometiéndolos a diversas formas

de sufrimiento, y muchas de ellas, desde el seno de la familia con

la aplicación de acciones disciplinarias punitivas y violentas.

Para Jesús de Nazaret, y mucho antes de cualquier convención

sobre niñez, los niños y niñas tienen dignidad y valor, por tanto,

merecen respeto como cualquier otro ser humano. Sin embargo,

hay que reconocer que las teologías y las religiones, incluyendo el

Cristianismo, han desvirtuado estos principios, han sido partícipes

en el proceso de invisibilización de los niños y las niñas, han

tolerado acciones correctivas inadecuadas, y al igual que la familia,

han perdido protagonismo en la atención de las necesidades y

defensa de los derechos de los niños y niñas.

Por tal razón, queremos proponer una nueva mirada –más

crítica y propositiva- acerca de las creencias, como también de

los argumentos y las formas con los cuales se ha justificado la

violencia hacia la niñez. Nos parece importante retomar y analizar

las diversas concepciones humanas y filosóficas surgidas a lo largo

de la historia que influyeron sobre la manera de ver y educar a

los niños y niñas, y confrontarlas con el mensaje de Jesucristo,

para replantear un marco ético-teológico más cercano al reino de

justicia, paz y equidad por él anunciado y personificado.

(25)

vuestro Padre que se pierda uno de estos pequeños.”

(Mateo 28:19-20). “Y tomó a un niño, y lo puso en

medio de ellos; y tomándolo en sus brazos les dijo:

El que recibe en mi nombre a un niño como este, me

recibe a mí, y el que a mí me recibe, no me recibe a mí

sino al que me envió”. (Marcos 9:36-37).

Los talleres propuestos en esa guía didáctica nos

ayudarán a reflexionar sobre cómo vemos, tratamos

y valoramos a los niños y niñas, y sobre cuáles son

los valores que anuncian y dan forma a nuestra

conducta personal y colectiva cuando con ellos nos

relacionamos.

Si validamos la capacidad de los niños y las niñas

para aprender más allá de su nivel de desarrollo y

en permanente interacción con el medio, para ser

influenciados e influenciar, reconoceremos en ellos

seres sociales, activos, pensantes, con capacidad de

decisión y con una amplitud de posibilidades para

lograr su máximo potencial en beneficio propio, de

las demás personas y del medioambiente. Entonces

estaremos en condiciones de enseñarlos a vivir, a

convivir y a ser felices.

4.

Hacia una teología saludable:

bases teológicas para la protección y el cuidado de la niñez

Las causas que originan la violencia contra la niñez son diversas y difíciles de

identificar pues constituyen una trama compleja que afecta las relaciones

familiares, no solo de los adultos con la niñez sino entre los adultos mismos y de

forma particular afecta a las mujeres. Esta violencia tiene un origen difuso que

hunde sus raíces en la constitución más intima de los seres humanos. El énfasis

en el abordaje por parte de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión viene

determinado por la especificidad de la dimensión religiosa y teológica y su

incidencia en la violencia contra la niñez, con lo cual viene a complementar otros

estudios hechos sobre el mismo fenómeno de la violencia infantil donde el factor

religioso es minimizado o del todo no es considerado.

El análisis de lo religioso que se hace desde la Escuela Ecuménica viene, en

mucho, determinado por el abordaje que aquí hacemos de la teología, la cual

entendemos como ecuménica, no confesional, laica y orientada al diálogo

interreligioso. Partimos del principio de que el quehacer de la persona teóloga

se enmarca dentro del horizonte de la vida, por tanto nos interesa el cuidado, la

protección, la promoción y la reverencia de la vida como el más preciado don y

como la máxima expresión de lo sagrado en el mundo.

(26)

que promueva y propicie la construcción de una cultura de paz y

equidad a fin de que el factor religioso pase de ser un justificante

encubierto de la violencia a un instrumento para cuidar y proteger

a la niñez.

La primera parte se orienta al análisis del discurso y a la

deconstrucción de lenguajes inapropiados para generar una cultura

de paz en cuanto que la segunda busca proponer nuevos lenguajes

que favorezcan nuevos tipos de relaciones entre los seres humanos

y en particular hacia los niños y niñas.

En la cultura costarricense, como en el resto de Latinoamérica, la

dimensión religiosa es un factor determinante en los diferentes

actores de la vida social, tal vez, mucho más de lo que muchos

están dispuestos a admitir. Por eso, el factor religioso condiciona y

determina de diversas formas y en diversos grados las actitudes,

opciones, deseos, costumbres y tradiciones de nuestra población.

(27)

3.1 La violencia sacrificial como punto de partida

El cristianismo que históricamente ha impreso su marca en la

configuración de la identidad de occidente se ha caracterizado por

la sobre-valorización de la dimensión sacrificial como un aspecto

central de su propuesta soteriológica. En efecto, la figura de Jesús de

Nazaret y el evento salvífico del cual Jesús es símbolo y protagonista

se comprende desde el sacrificio en la cruz. La violenta muerte

de Jesús se constituye en el sacrificio expiatorio y evento central

por medio del cual toda la humanidad es redimida del pecado

y se restablece el puente para traspasar el abismo que separa a la

humanidad pecadora de la plenitud de la gracia de Dios.

La teología cristiana que enfatiza la dimensión sacrificial es

responsabilizada por la construcción de una estructura simbólica

que favorece y fundamenta la asimetría en las relaciones de género,

etarias, raciales y sociales. La particularidad de la violencia simbólica

que se denuncia es que se recibe de forma no solo pasiva sino

voluntaria. Es decir que el dolor y el sufrimiento de los inocentes

se trastocan por la acción del discurso teológico en una forma de

purificación y expiación.

Por eso se afirma que el dolor tiene una dimensión vicaria. Como

Cristo sufrió y su dolor fue redentor y salvífico, así también el

sufrimiento humano a la luz de la fe pasa a ser importante. Juan

Paulo II lo expresa así:

Quienes participan en los sufrimientos de Cristo tienen ante los ojos el misterio pascual de la cruz y de la resurrección, en la que Cristo desciende, en una primera fase, hasta el extremo de la debilidad y de la impotencia humana; en efecto, Él muere clavado en la cruz. Pero si al mismo tiempo en esta debilidad se cumple su elevación, confirmada con la fuerza de la resurrección, esto significa que las debilidades de todos los sufrimientos humanos pueden ser penetrados por la misma fuerza de Dios, que se ha manifestado en la cruz de Cristo. En esta concepción sufrir significa hacerse particularmente receptivos, particularmente abiertos a la acción de las fuerzas salvíficas de Dios, ofrecidas a la humanidad en Cristo.25

Este discurso acerca del sufrimiento le confiere una importancia

tal al dolor humano que no habría que evitarlo, por el contrario, se

debería asumir voluntariamente:

“todo hombre, en su sufrimiento,

puede hacerse también partícipe del sufrimiento redentor de Cristo”.

(SD No. 19)

Veamos algunos ejemplos ilustrativos de prácticas que se justifican

desde una teológica sacrificial: a) una madre de una muchacha

que sufrió violencia sexual que ruega a las personas encargadas no

proseguir con el proceso de denuncia porque la persona abusadora

se confesó y ya está perdonada; b) el abuso contra el niño o la niña

se considera como una prueba de Dios no solo para la víctima sino

también para la familia misma; c) el abuso se interpreta como una

(28)

cruz que hay que cargar y el recibir ayuda podría ser visto como una

falta de fe. En la racionalidad de la sacrificialidad existe de hecho

una lógica según la cual está ausente la

gratuidad

en las relaciones

de los creyentes con Dios. En la lógica sacrificial el acento está en la

abnegación y la capacidad del sujeto poder ofrecer el sacrificio.

Un análisis a fondo de la estructura del discurso cristiano podrá

aportar nueva luz para la comprensión de ciertas prácticas sociales

y del impacto en los sectores más vulnerables. Este tipo de análisis

permite desentrañar lenguajes implícitos encubiertos maquillados

de buenos propósitos pero que subterráneamente son generadores

de inequidad por su pose fundamentalista y excluyente.

3.2. Hacia una teología no sacrificial

familia, o el caso de “La mujer adúltera” en el capítulo 8 de Juan,

donde Jesús no condena a la mujer por una falta cuyo castigo

parecía inminente sino que recuerda a sus acusadores, la igualdad

de su condición de pecadores y la necesidad de la misericordia antes

que la aplicación del peso de la ley.

El lenguaje de la gracia supera la lógica del lenguaje sacrificial,

además, la gracia tiene un componente que desestructura, que

irrumpe con algo novedoso porque no obedece el formalismo de la

ley y el orden.

Una teología no sacrificial será posible cuando se haga una

resignificación del lenguaje clásico cristiano. La propuesta versa sobre

la conveniencia y la pertinencia, en la disciplina teológica, del uso

del lenguaje metafórico. Es lo que muchos autores denominan una

teología metafórica. La metáfora apunta horizontes de significación,

es abierta. El concepto define, delimita significados, tiende a cerrar. A

partir de los conceptos definimos dogmas, con metáforas hacemos

poesía.

(29)

Proponemos vehementemente tener la osadía de crear metáforas

que enfaticen la dimensión de la gratuidad y la misericordia. No es

una buena motivación para una persona religiosa el temor y el miedo

o la búsqueda de una recompensa; lo que convierte el itinerario

religioso y espiritual en un camino interesado, en una recompensa

no importa del tipo que sea. Esta puede ser el alivio del sufrimiento,

la riqueza, el bienestar, inclusive la salvación misma.

El itinerario espiritual centrado en la gratuidad no busca recompensas,

no espera nada a cambio. No se fundamenta en las necesidades ni en

los deseos humanos. La gratuidad, nos dice Amando Robles, “es una

experiencia plena y total en sí misma…no es un medio para ninguna

cosa.”

26

En nuestra tradición cristiana, la gratuidad remite al encuentro y a

la preocupación por el otro y por la otra, por los que más sufren.  El

camino de la gratuidad conduce a un estilo de vida de donación,

atención y cuidado. El capítulo 25 de Mateo nos presenta este

camino y nos alerta de este profundo vínculo entre Dios y los pobres.

Es en la relación gratuita con los pobres donde los justos pueden

encontrarse con Dios pero a cambio de nada, solo en la gratuidad.

No necesitamos del dolor o del sufrimiento en nuestro caminar

de fe. Lo que equivale a decir que el dolor no es redentor, no nos

sirve de nada. ¡Nos hace sufrir, y nada más! Es posible que a partir

26. J. Amando Robles “Hombre y mujer de conocimiento. La propuesta de Juan Matus y Carlos Castaneda”. Heredia, EUNA, 2006. pg. 43.

de experiencias dolorosas, una pérdida o una enfermedad, los seres

humanos se transformen para mejor, pero eso no significa, que el

padecer o el llevar “la cruz del sufrimiento” nos conduzca a apreciar

esa cruz. Concretamente, el silencio de la familia ante el abuso sexual

contra una persona menor por motivos religiosos, es inadmisible.

El dolor debe combatirse, y debemos esforzarnos por limitarlo y

buscar aliviarnos de él, pero no es saludable negarlo o rechazarlo en

nuestra vida como si no fuese, también, parte de nuestra experiencia

humana. Ya Job se preguntaba acerca del sentido del dolor; y de

forma particular acerca de ¿por qué sufre la persona justa? Sus

preguntas solo reflejan que la experiencia del dolor es humanamente

compartida. No tiene una explicación, no obedece a un esquema

de premios y castigos, como para decir que algunos merecen el

sufrimiento y otros no; el dolor simplemente se experimenta y ya.

(30)

LOS TALLERES

(31)
(32)

L

os talleres – o círculos de conversación - están preparados para provocar una conversación-reflexión sobre cuatro temáticas

importantes en el proceso de identificación y prevención de la violencia religiosa contra las personas menores de edad.

Círculo 1 -

Las imágenes de Dios

En ese círculo se plantea revisitar los discursos, las

prácticas y metáforas de Dios en América Latina

desde una perspectiva crítica de su abordaje

y lenguaje violentos, para buscar metáforas

alternativas y liberadoras para nombrar a Dios.

El planteamiento del factor religioso como uno

de los generadores de la violencia convoca también a

la búsqueda de nuevas perspectivas sociopedagógicas;

además es necesario proponerse el ejercicio de una

reflexión crítica sobre las prácticas sacrificiales vigentes en

las religiones y en los procesos educativos que se traducen

en deslegitimación de la alteridad, el no-reconocimiento y

el irrespeto del derecho intrínseco que tiene el ser humano

y todos los seres vivos de realmente ser.

Reflexionar sobre la violencia contra las personas menores

de edad y las posibles causas religiosas que sostienen

Círculo 2 –

Educación y niñez

(33)

Las diferentes manifestaciones de

violencia como maltrato, castigo físico,

negligencia, omisión y también los

diferentes tipos de abusos que dañan

física y emocionalmente a las personas

menores de edad dejan en sus

cuerpos profundas marcas y cicatrices

que las acompañarán por toda la

vida. La mayoría de esas conductas

violentas son ejercidas en los procesos

y espacios supuestamente

educativos

y pueden tener como justificación un

universo de creencias y de modelos

de divinidad que las promueven,

legitiman y acentúan.

Para vislumbrar cómo se genera esa

relación causal entre las creencias

religiosas y las conductas violentas

contra las personas menores

de edad será necesario hacerse

preguntas históricas, contextuales

y existenciales. Además, se impone

el reto de descubrir caminos de

superación de ese enlace y vislumbrar

las posibilidades de construcción de

metodologías y prácticas educativas

inventoras de paz.

¿Cuáles son los factores que explican la

violencia contra las personas menores de

edad? Si consideramos el contexto en que la

violencia acontece, son múltiples los factores

que la generan: los valores y creencias que

validan el castigo físico como forma de crianza

y disciplina; la desigualdad en la forma de

crianza de los niños y las niñas; el uso de las

personas menores de edad como objetos; la

doble moral sexual para niños y niñas; el uso

del cuerpo y de la sexualidad como objetos de

consumo; la naturalización de la violencia; el

abuso de poder en las relaciones sociales; el

aislamiento social; la poca afectividad en los

sistemas de protección.

Si consideramos la dimensión social y

psíquica de las personas violentadoras, a los

factores contextuales de riesgo, se agregan el

histórico de violencia o maltrato en la niñez

no elaborado, la falta de vínculos de apego,

algunas patologías psiquiátricas, adicciones,

ausencia física o emocional paternal o

maternal, la no incorporación del tabú del

incesto, la falta de red social extendida, la

falta de educación de la sexualidad y pobres

relaciones afectivas.

Además, hay que considerar que es muy

posible que las actitudes de violencia

también tengan su génesis en las religiones

y teologías, muchas veces cómplices en la

producción de la violencia hacia la niñez,

principalmente por medio de sus contenidos,

lenguajes, dogmas, celebraciones litúrgicas

y símbolos religiosos. Sin duda, el mundo

religioso y teológico incorpora la violencia

patriarcal y adultocéntrica, muchas veces

justificándola, reforzándola y legitimándola.

(34)

Círculo 4

– La ética del cuidado

La palabra

cuidado,

aunque sea una expresión multirreferencial, está

asociada de muchas maneras a la capacidad que tienen las personas

para salir de sí mismas y reconocer y actuar en áreas de la promoción

de la vida y de los derechos de los y las demás. Ese reconocimiento

y actuación no nacen de una actividad intelectualizada y solamente

reflexiva, sino que brotan de una mirada afectiva, una inserción de

todo el cuerpo con empatía y respecto en la realidad de las otras

personas y del medioambiente. El educador brasileño Hugo Assman

llama

curiosidad ética

a esa característica de interesarse por el otro

y la otra, de preocuparse por su realidad y de sentirse disconforme

con la negación de sus derechos.

La

ética del cuidado

nace de esa disconformidad humana

ante el sufrimiento, la injusticia y la violencia, y busca generar

praxis comprometidas con la reconstrucción de las relaciones

interpersonales rotas, y de los tejidos sociales destruidos.

En la misma línea se puede hablar de una

pedagogía de la ternura

,

término que no debe ser entendido reductivamente desde

la educación, sino que penetra otros ámbitos de la vivencia y

convivencia humana. La primera referencia a la

pedagogía de la

ternura

aconteció en 1990 en el Instituto Peruano de Educación en

y educadoras latinoamericanas asumen en sus discursos y escritos

la necesidad de incorporar la

ternura

– y podemos decir también el

cuidado

- en las prácticas educativas liberadoras. Así, la

pedagogía

de la ternura

nace y se desarrolla en circunstancias y contextos en

(35)

educadoras para superar

el sacrificialismo en los

procesos educativos? ¿Cómo

educar para la liberación y

para la reconciliación con

la condición humana? Tal

vez uno de los grandes

y más urgentes desafíos

actuales de la educación

sea el de instaurar procesos

en los cuales la concepción

cristiana de sacrificio como

camino o condición hacia

la salvación y el aprendizaje

no se convierta en una

forma más de violencia.

Para eso, se hace necesario

mirar críticamente

ha-cia las experienha-cias

educativas violentas y

generadoras de violencia

con la intencionalidad de

identificar en ellas posibles

raíces religiosas y buscar

alternativas metodológicas

que conduzcan a prácticas

de respeto y buen trato,

es decir, a una ética del

cuidado.

Sobre los grupos-meta

Las dinámicas y propuestas de actividades para cada

círculo responden a las características y necesidades

de los siguientes grupos:

• Niños y niñas de 07 a 12 años aproximadamente

• Adolescentes de 13 a 17 años aproximadamente

• Jóvenes mayores de 18 años

• Madres, padres y otras personas cuidadoras

• Maestras y maestros

Sobre la conformación de los grupos

Nuestra propuesta para conformación de los grupos

sigue el criterio etario para las personas menores

de edad, y el criterio de rol educativo para las

personas adultas. Se recomienda que los grupos no

sobrepasen 15 participantes, pues las temáticas de

cada círculo exigen conversación, participación y

reflexión, lo que se hace más dificultoso en grupos

muy grandes.

Sobre el tiempo

La experiencia nos ha enseñado que no se puede

determinar con precisión la duración de cada

dinámica propuesta, pues eso va a variar según las

características del grupo y del contexto en donde

se desarrollarán los círculos de conversación.

Es recomendable que las personas facilitadoras

manejen el tiempo de cada actividad, llevando en

cuenta los intereses y necesidades de cada grupo.

Entendemos que, respetando las especificidades

de cada grupo, los círculos no deben tener una

duración mayor de dos horas.

Sobre la caja de herramientas

Al final de la guía, como un anexo, se encuentra una

caja de herramientas

con algunos textos y sugerencias

que, a criterio de las personas facilitadoras, pueden

ser utilizadas en el desarrollo de los círculos.

Sobre la aplicación de los talleres /

círcu-los de conversación

(36)
(37)

Círculo 1 -

imágenes de Dios

Objetivos del círculo:

• Identificar las imágenes de Dios en el contexto y el imaginario de los niños y niñas participantes.

• Relacionar las imágenes de Dios con las vivencias y experiencias cotidianas de niños y niñas: alegría,

plenitud, esperanza, autoritarismo, castigo, miedo, justificación del dolor etc.

(38)

Objetivos específicos

Por dinámica Momentos Materiales

LLEGADA – ANIMACIÓN

Conocerse y romper el hielo jugando

Introducir a las personas presentes en los objetivos del taller

Dinámica: Recordatorio de nombres

En el caso de que sea un grupo en que los niños y niñas no se conocen, se puede utilizar la dinámica de “recordatorio de nombres”, donde cada quien se presenta y dice su nombre. La siguiente persona debe repetir el nombre de la que le antecedió y luego presentarse, para que la siguiente a la hora de presentarse, diga el nombre de los dos niños o niñas que anteriormente se presentaron, y así sucesivamente.

Dinámica - La pelota preguntona

Se entrega una pelota a las personas participantes y se las invita a sentarse en círculo. Mientras se entona una canción se pasa la pelota de mano en mano; a una señal de la persona facilitadora se detiene el ejercicio. La persona que queda con la pelota en la mano se presenta, dice su nombre y el grupo puede hacerle una pregunta. El ejercicio termina hasta que hayan pasado todos.

• Pelota

• Equipo de sonido

• Música suave

CONVERSANDO SOBRE LAS IMÁGENES DE DIOS

Indagar cómo la niñez se imagina a Dios

Dinámica – Imaginando a Dios

Se reparte una hoja y lápices de color a cada participante, y se les invita a hacer un dibujo que represente a Dios así como le han dicho que es y como creen que sea. (Extender fotografías y dibujos variados en el piso sería una alternativa)

En un segundo momento cada participante explica brevemente su dibujo, o la foto escogida.

Dinámica – Caja de sentimientos

Cada participante toma un papel de una caja en el cual escribirá un sentimiento que les inspire la palabra Dios. Luego se devuelven los papeles a la caja y cada participante sacará uno al azar. Se divide el grupo en sub-grupos para que preparen una dramatización sobre Quién es y cómo es Dios para nosotros llevando en cuenta los sentimientos que sacaron de la caja.

• Papel

• Marcadores o lápices

• Lápices de color

Referencias

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