FACULTAD DE PSICOLOGÍA
Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico II
(Psicología Diferencial y del Trabajo)
TESIS DOCTORAL
Relación entre género y salud en los profesionales de enfermería
MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR
Ana Isabel Saavedra San Román
Directores
María Pilar Sánchez López
Virginia Dresch
Madrid, 2013
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
Departamento de Personalidad, Evaluación
y Tratamientos Psicológicos II
RELACIÓN ENTRE GÉNERO Y SALUD EN LOS PROFESIONALES DE
ENFERMERÍA
MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR
PRESENTADA POR
Ana Isabel Saavedra San Román
Bajo la dirección de las doctoras:
María Pilar Sánchez López
Y
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 2 UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
RELACIÓN ENTRE GÉNERO Y SALUD EN LOS PROFESIONALES DE
ENFERMERÍA
Tesis Doctoral
Autora: Ana Isabel Saavedra San Román
Directoras: Profª Drª María del Pilar Sánchez López
Profª DrªVirginia Dresch
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 3
RELACIÓN ENTRE GÉNERO Y SALUD EN LOS PROFESIONALES DE
ENFERMERÍA
Programa de Doctorado:
Mujeres y Salud
Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos II (Psicología Diferencial y Psicología del Trabajo)
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 4 A Andrés, por TODO y aún más.
A Rodrigo, por la vitalidad y felicidad que irradia.
A mí, por lo afortunada que soy al tenerlos conmigo; por mi constancia y tesón.
A mis padres, por estar siempre ahí y porque también son parte responsable de cómo soy.
A mi abuela, porque siempre me decía lo que llegaría a ser, por todo ese amor tan auténtico e incondicional.
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 5 AGRADECIMIENTOS
Cuando nos embarcamos en proyectos tan laboriosos y ambiciosos como es llevar a cabo una investigación, nunca lo hacemos solos y son muchas las personas a las que estoy muy agradecida.
En primer lugar quiero agradecer a mis Directoras de Tesis, las profesoras Dª María del Pilar Sánchez López y la profesora Dª Virginia Dresch, su buen hacer, la constancia y dedicación con la que me han tutorizado, los ánimos y las facilidades que han supuesto allanar un camino lleno de dificultades.
Agradecer a Susana Arias por sus conocimientos, habilidades, los recursos que ha puesto a mi servicio y en especial su apoyo emocional, comprensión y cariño.
A Elisa Careaga Matas, por ser la mejor embajadora de mi proyecto, por intentar buscar financiación de todas las formas posibles y aunque no pudo ser, para mí ha sido como si se hubiera conseguido.
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 6
colaborado en el acceso a los servicios del hospital y a sus supervisoras y supervisores que tan amablemente me facilitaron el camino.
A la Directora del Departamento de Análisis Clínicos del H.U. de Getafe, la Dra Herranz, por entusiasmarse como lo hizo con el proyecto y hacerse cargo de una de las partes más arduas de las investigaciones, conseguir financiación para los análisis clínicos.
Finalmente a todas mis compañeras del Paritorio del H.U. de Getafe, matronas, auxiliares, enfermeras y celadoras por sus buenas palabras y ánimos. Y a todas las enfermeras y enfermeros que se dejaron convencer tan fácilmente, que pusieron a mi disposición su confianza, disponibilidad, su tiempo y sus venas en dos ocasiones diferentes.
A todas y a todos, muchas gracias por haber hecho posible que esta gestación haya llegado a término, con un parto eutócico laborioso aunque plenamente satisfactorio.
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 7 PARTE I CONTEXTUALIZACIÓN TEÓRICA
Capítulo 1 – Introducción………. Pág. 12 Capítulo 2 – Salud. Modelo Transaccional en Psicología de la Salud………... Pág. 17
2.1 – El concepto de Salud………. Pág. 18 2.2 – Modelos de Salud……….. Pág. 20
2.2.1 - Modelo Transaccional en Psicología de la Salud………... Pág. 25 2.3 – Salud Física……… Pág. 27 2.3.1 – Salud Autopercibida……… Pág. 27 2.3.2 – Estilos de vida……… Pág. 30 2.3.2.1 – Alimentación………... Pág. 32 2.3.2.2 – Ejercicio físico……… Pág. 34 2.3.2.3 – Consumo de tabaco………. Pág. 36 2.3.2.4 – Consumo de alcohol……… Pág. 39 2.3.2.5 – Hábitos de sueño………. Pág. 43 2.3.3 – Número de enfermedades……….…… Pág. 46 2.3.4 – Número de fármacos consumidos………...………… Pág. 49 2.3.5 – Número de consultas médicas……… Pág. 52 2.3.6 – Ritmos biológicos: Matutinidad/Vespertinidad…………. Pág. 53 2.3.7 – Cortisol……… Pág. 55 2.4 – Salud Mental………... Pág. 57
2.4.1 – GHQ-12……….. Pág. 57
2.4.2 – Estrés y Satisfacción laboral………... Pág. 62
Capítulo 3 – Género. Relación entre género y salud………. Pág. 66
3.1 – Orígenes de los estudios de género………... Pág. 67 3.2 – Situación actual de los estudios de género. Definición de género... Pág. 68 3.3 – Modelos de género……… Pág. 71 3.4 – Determinantes de género……… Pág.76 3.5 – Instrumentos para medir género………... Pág. 77 3.6 – Relación entre Género y Salud………. Pág. 80
Capítulo 4 – La profesión de Enfermería. Relación entre salud y género en los
profesionales enfermeros………... Pág. 88
4.1 – Definición de la profesión de Enfermería………... Pág. 89 4.2 – Evolución de la profesión enfermera……… Pág. 92 4.3 – Demografía de la Enfermería española………..… Pág. 102 4.3.1 – Hombres en la profesión de enfermería………... Pág. 108 4.4- Relación entre salud y género en la profesión de Enfermería……... Pág. 111 4.4.1 – Salud física y psicológica con perspectiva de género….. Pág. 112 4.4.2 – Trabajo nocturno………. Pág. 114
4.4.3 – Imagen social de la profesión……….. Pág. 115 4.4.4 – Satisfacción laboral……….. Pág. 117 4.4.5 – Estrés laboral y consecuencias………. Pág. 121 4.4.6 – Variables protectoras……… Pág. 124
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 8 PARTE II INVESTIGACIÓN EMPÍRICA
Capítulo 5 – Estudios, Objetivos e Hipótesis...……… Pág. 128
5.1 – Estudio 1. Análisis psicométrico de los instrumentos……...…….. Pág. 129 5.1.1 – Objetivo 1. Analizar la fiabilidad de los instrumentos
utilizados en la población enfermera………..………. Pág. 129 5.1.2 – Hipótesis 1. Los instrumentos utilizados tendrán la
fiabilidad adecuada para ser utilizadas en la población de
estudio……….. Pág. 129 5.2 – Estudio 2. Análisis de las diferencias en salud y género entre la
muestra de población enfermera y la población general española... Pág.130 5.2.1 – Objetivo 2. Analizar las diferencias existentes entre la
muestra de población enfermera y la población general española en salud y género……..……….……….. Pág. 130 5.2.2 – Hipótesis 2. Contrastar la hipótesis 2.1 y 2.2……..……Pág. 130
5.2.2.1 – Hipótesis 2.1. Las enfermeras y enfermeros obtendrán mejores puntuaciones de salud física y estilos de vida, peores puntuaciones en salud mental y mayor
estrés laboral que la población general española.……...Pág. 130 5.2.2.2 – Hipótesis 2.2. Las enfermeras obtendrán
mayores puntuaciones en rol tradicional de género que las mujeres de la muestra general y, los hombres enfermeros obtendrán menores puntuaciones en rol tradicional de género, que los hombres de la población
general española………...….……...………. Pág. 131 5.3 – Estudio 3.Análisis de la salud y género en los profesionales
de la enfermería... Pág. 132 5.3.1 – Objetivo 3. Analizar las diferencias de salud en los
enfermeros y enfermeras………Pág. 132 5.3.2 – Hipótesis 3.Las enfermeras presentarán peores
índices de salud que sus compañeros enfermeros....………...…. Pág. 133 5.3.3 – Objetivo 4. Analizar las características de los roles de
género presentes en las enfermeras y los enfermeros y su
relación con los indicadores de salud..………. Pág. 133 5.3.4 – Hipótesis 4. Las enfermeras y enfermeros que sean
coherentes con el rol tradicional de género presentarán peores
puntuaciones en salud…...…………...……...………...Pág. 134 5.3.5 – Objetivo 5. Comprobar que el Modelo Teórico
Transaccional de Salud propuesto por Bruchon-Schweitzer (2002) se cumple en los profesionales de la enfermería, para los modelos obtenidos en las variables criterio: salud autopercibida, salud
mental y número de problemas de salud……….…..…….Pág. 134 5.3.6 – Hipótesis 5. Las enfermeras y enfermeros obtendrán
modelos de ecuaciones en las variables criterio salud a utopercibida, salud mental y problemas de salud conforme al
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 9
6.1 – Participantes……… Pág. 138 6.2 – Diseño……… Pág. 139 6.3 – Variables e Instrumentos…………..……….. Pág. 140 6.3.1 – Variables sociodemográficas……… Pág. 143 6.3.2 – Variables de Salud y Estilos de Vida………... Pág. 143 6.3.2.1 – Salud autopercibida……….. Pág. 143 6.3.2.2 – Problemas de Salud……… Pág. 144 6.3.2.3 – Fármacos consumidos……….Pág. 145 6.3.2.4 – Consultas médicas……….. Pág. 145 6.3.2.5 – Estilos de vida……… Pág. 146 6.3.2.6 – Salud mental (GHQ-12)…...……….. Pág. 147 6.3.2.7 – Estrés laboral……….. Pág. 149 6.3.2.8 – Satisfacción laboral……… Pág. 149 6.3.2.9 – Género……… Pág. 149 6.3.2.9.1 – Masculino (CMNI)……….. Pág. 150 6.3.2.9.2 – Femenino (CFNI)……… Pág. 151 6.3.2.10 – Matutinidad/Vespertinidad (CS)……….. Pág. 151 6.3.2.11 – Cortisol………. Pág. 153 6.4 – Procedimiento……… Pág. 155 6.5 – Análisis de datos……… Pág. 159 6.5.1 – Estudio 1. Análisis psicométrico de los instrumentos... Pág. 159 6.5.2 – Estudio 2.Análisis de las diferencias existentes entre
la muestra de población enfermera y la población
general española en salud y género... Pág. 159 6.5.3 – Estudio 3.Análisis de la salud y género en los
profesionales de la enfermería... Pág. 160
Capítulo 7– Resultados………. Pág. 163
7.1 – Resultados del Estudio 1……… Pág. 165 7.1.1 – Objetivo1……….………. Pág. 165 7.1.2 – Hipótesis 1………..………….………. Pág. 165 7.1.3– GHQ-12……….………. Pág. 165 7.1.4 – Matutinidad/Vespertinidad (CS)………..………… Pág. 166 7.1.5 – Género... Pág. 167 7.1.5.1 – CMNI………..………..……. Pág. 167 7.1.5.2 – CFNI………Pág. 168
7.2 – Resultados del Estudio 2……...Pág. 168 7.2.1 – Objetivo 2.……….……… Pág. 168 7.2.2 – Hipótesis 2………..Pág. 169 7.2.2.1 – Hipótesis 2.1……...………...Pág. 169 7.2.2.2 – Hipótesis 2.2……….………. Pág. 169 7.2.4 – Estadísticos descriptivos………...….Pág. 169
7.2.4.1 – Estadísticos descriptivos de la muestra
enfermera………...….Pág. 169 7.2.4.2 – Estadísticos descriptivos de la muestra
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 10 7.3.2 – Hipótesis 3………... Pág. 185 7.3.3 – Objetivo 4………...Pág. 201 7.3.4 – Hipótesis 4………... Pág. 201 7.3.5 – Objetivo 5………...Pág. 214 7.3.6 – Hipótesis 5………... Pág. 214
Capítulo 8 – Discusión y Conclusiones………...………...Pág. 220
8.1 – Estudio 1. Análisis psicométrico de los instrumentos……...……. Pág. 221 8.2 – Estudio 2. Análisis de las diferencias existentes entre la muestra
de población enfermera y la población general española en
salud y género……….. Pág. 224 8.3 – Estudio 3.Analisis de la salud y género en los profesionales
de la enfermería... Pág. 238 8.4 – Consideraciones finales………Pág. 257
Capítulo 9 – Limitaciones y perspectivas futuras……….Pág. 261 Índice de Anexos, Tablas y Figuras………...…Pág. 266 Referencias bibliográficas………...Pág. 302
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 11 PARTE I
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 12 Capítulo 1
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 13 1- Introducción
La investigación que se presenta tuvo su inicio en el año 2009, durante el proceso de elaboración de la tesina dentro del máster Mujeres y Salud de la Universidad Complutense de Madrid, bajo la supervisión de la Profª Drª María Pilar Sánchez López y la Profª Drª Virginia Dresch, en el marco del estudio de las relaciones entre salud y género. Desde entonces, surge la pregunta de cómo serían dichas relaciones en el ámbito de la profesión de la Enfermería, siendo ésta, la segunda profesión con mayor proporción de mujeres en su ordenación, después de la profesión de educación infantil.
Se pretende analizar las relaciones entre los indicadores de salud (física, mental, estilos de vida y niveles de cortisol en plasma) y el género desde una perspectiva novedosa, que es incluir la medida del género desde el inicio del proceso investigador (es decir, no sólo aportar datos desagregados por sexo, sino identificar cómo los roles, creencias, estereotipos y relaciones de poder influyen en la salud) para poder identificar si esta variable modula los niveles de salud de los participantes. Parece importante reseñar, que se desconoce otros estudios que analicen las relaciones entre género y salud en la profesión enfermera con el instrumento de género utilizado en esta investigación, de forma que la inquietud planteada en la investigadora para llevar a cabo este estudio, puede ser interesante para el resto de la comunidad científica.
La operativización del género se ha realizado a partir del instrumento CMNI Conformity to Maculine Norms Inventory (Mahalik, Locke, Ludlow, Diemer, Scott & Gottfried, 2003) y el
CFNI Conformity to Feminine Norms Inventory (Mahalik, Morray, Coonerty-Femiano, Ludlow, Slattery & Smiler, 2005) que ha sido validado, traducido y adaptado a la población
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 14
española por el grupo de investigación EPSY (Grupo de Investigación Estilos de Personalidad, Género y Salud) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Poder medir género con dicho instrumento ha permitido contrastar los resultados con los estudios publicados y consultados que analizan las relaciones entre género y salud y, llegar a conclusiones clarificadoras sobre la realidad contemporánea de los profesionales de la enfermería estudiados.
Además del objetivo de analizar las relaciones entre salud y género en los/las enfermeros/as, se plantean cuatro objetivos más. Un objetivo previo, para analizar las propiedades psicométricas de los instrumentos utilizados y asegurar la fiabilidad de éstos. Un segundo objetivo, que consiste en estudiar las diferencias en las variables de salud y género entre la muestra enfermera y la población general española. Y tres objetivos específicos para los profesionales enfermeros; un tercer objetivo que consiste en estudiar las diferencias en los resultados de los indicadores de salud entre enfermeras y enfermeros; un cuarto objetivo ya descrito, el de analizar las relaciones entre salud y género en las enfermeras y enfermeros, respectivamente; y un quinto y último objetivo, para comprobar si el modelo teórico de salud propuesto se confirma como adecuado para el examen de las relaciones de las variables de salud en la población de estudio, en función a tres variables criterios seleccionadas.
El contenido de esta Tesis Doctoral se divide en dos partes, la primera incluye la Contextualización Teórica y la segunda la Investigación Empírica. La Parte I, Contextualización Teórica se compone además de esta Introducción (Capítulo 1), de otros tres capítulos, que perfilamos a continuación.
El Capítulo 2 estudia el concepto de Salud, desde una perspectiva histórica, para ubicarnos en los modelos biopsicosociales contemporáneos, específicamente en el modelo de salud utilizado
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 15
en ésta investigación: el Modelo Teórico Transaccional en Psicología de la Salud, propuesto por Bruchon-Sweitzer (2002); este es un modelo que integra las teorías biomédicas clásicas, que definen la enfermedad como una alteración anatomofisiológica de causa biologicista (Dubós, 1975), con las teorías psicosociales que introducen el estudio de los estilos de vida y las características sociodemográficas (Lalonde, 1974) y las hipótesis psicológicas que fundamentan la existencia de ciertas características de la personalidad, que de forma aislada o por confluencia con el resto de variables expuestas, pueden ser los desencadenantes o los moduladores del hecho de enfermar.
En el Capitulo 3 se analiza el concepto de Género. La perspectiva de género es el eje transversal de esta investigación así, se estudia cómo los roles asignados tradicionalmente y trasmitidos por la sociedad a los hombres y a las mujeres, también inciden en la salud de los enfermeros y enfermeras; se analizan los resultados publicados por los estudiosos de las relaciones entre salud y género, a los que se ha podido acceder, para ser posteriormente contrastados y discutidos en el capítulo 8 de esta tesis.
El Capítulo 4 describe la Enfermería como una profesión que ha sufrido, especialmente en el último lustro, unos cambios trascendentales tanto en su saber científico, en su autonomía como profesión y en las relaciones con otras disciplinas. Se analiza esta evolución y la situación actual de la profesión en España, para llegar a la intersección de los capítulos 2, 3 y 4 desde la que se estudia, las relaciones entre las variables de salud y el rol de género en los enfermeros y enfermeras.
La Parte II, Investigación Empírica, está compuesta por cinco Capítulos. El Capítulo 5 describe los tres Estudios planteados, con los 5 objetivos a analizar y sus 5 correspondientes
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 16
hipótesis a contrastar; destacar que el objetivo nº 2 lleva asociada dos hipótesis y no una, como el resto de objetivos, debido a la complejidad de las comparaciones entre la muestra enfermera y la población general española.
En el Capítulo 6 se explican los trámites iniciales para llevar a cabo ésta investigación en el medio hospitalario, la metodología utilizada en el proceso de selección de la muestra y el trabajo de entrevista individual realizado, para obtener una muestra de enfermeras homogénea en variables socidemográficas y laborales con la muestra de enfermeros, que previamente fue analizada. Se describen los instrumentos utilizados, los procedimientos y los métodos estadísticos que se han empleado para el análisis de los datos.
El Capítulo 7 recoge los resultados de los tres estudios obtenidos a partir de los cinco objetivos planteados, correspondiendo al Estudio nº 1, el objetivo e hipótesis nº 1, para comprobar las propiedades psicométricas de los instrumentos utilizados en las poblaciones de estudio. El Estudio nº 2, cuyo objetivo nº 2, se estudia en función a dos hipótesis planteadas para contrastar las variables de salud y género entre la población enfermera y la población española; y el Estudio 3, con sus 3 objetivos (objetivos 3, 4 y 5) y sus 3 hipótesis (hipótesis 3, 4 y 5) para analizar las relaciones entre salud y género en las enfermeras y enfermeros de la población de estudio.
En el Capítulo 8 se razonan y discuten los resultados expuestos en el anterior capítulo y se argumentan algunas de las conclusiones a las que se llega en esta investigación.
El Capítulo 9 finaliza la redacción de esta Tesis Doctoral con las limitaciones encontradas y se añaden, algunas de las futuras perspectivas de estudio derivadas de las conclusiones obtenidas.
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 17 Capítulo 2
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 18
A lo largo de la historia de la humanidad, el concepto de salud ha sido interpretado según la influencia de la religión, la cultura y los métodos científico-tecnológicos desarrollados para explicar y comprender este fenómeno vital. A continuación, se va a exponer cómo han sido estas relaciones entre salud y sociedad/individuo.
2.1 - El concepto de salud
La definición que propuso el máximo organismo gubernamental en materia de salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (OMS, 1948. p.1).
Esta definición ha sufrido críticas por el carácter subjetivo y de difícil medición del término
“bienestar” (San Martín & Pastor, 1989), por el concepto de “completo bienestar” que no contempla la variación en el estado de salud, ya que se estima que sólo entre el 10 y el 25% de la población mundial se encuentra completamente sana (Briceño-León, 2000), por ser utópica (Carmona, Rozo & Mogollón 2005) y además porque no tiene en cuenta el modo de vida del individuo (Pardo, 1997).
Las ventajas de la definición planteada por la OMS, son su carácter holístico al introducir los conceptos “físico, mental y social”, lo que permite superar el modelo biologicista y la exclusiva perspectiva biomédica en el campo de la salud (Alcará, 2008; Moreno-Altamirano,
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 19
2007), la visión positivista del término y la apertura a múltiples disciplinas para el estudio de la complejidad del concepto de salud.
Es la propia OMS la que introduce un cambio en la definición de salud, dentro del programa “Estrategia de Salud para todos en el año 2000”, donde plantea como principal objetivo “que todos los habitantes del mundo tengan acceso a un nivel de salud que les permita desarrollar una vida productiva social y económicamente” (Resolución OMS. 30.43., 1977) y, de esta forma abandona la visión utópica de la definición inicial.
Desde esta perspectiva, se entiende que el estudio de la salud ha sido objeto de investigación de forma multidisciplinar. La Antropología explica el valor atribuido al concepto de salud según la cultura. La Medicina parte básicamente del conocimiento del organismo humano sano e incluye necesariamente el estudio de las manifestaciones y los mecanismos en la alteración de éste, que se denomina enfermedad. Desde la Psicología se ha estudiado cuáles son los factores psicológicos que favorecen, desencadenan o intervienen en el proceso de enfermar. La Sociología estudia como el entorno social (las clases sociales, la familia, las relaciones laborales, etc.) influye sobre el estado de salud del individuo. La Epidemiología como ciencia que estudia todo lo relativo a las enfermedades transmisibles. La Política que analiza las relaciones entre los sistemas sanitarios implantados y los niveles de salud conseguidos en una sociedad. La Enfermería como ciencia del cuidado que actúa en población sana (educación para la salud y prevención de la enfermedad) y en población enferma (realización de cuidados y actividades encaminadas al restablecimiento de la salud, a mejorar la calidad de vida del enfermo y a propiciar los cuidados para una muerte digna). Y muchas otras disciplinas enmarcadas en las denominadas Ciencias de la Salud que han sido definidas como: "… son típicamente ciencias de frontera. Las soluciones surgen de las áreas de contacto entre la
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 20
medicina, la biología, la farmacología, la química, las ciencias sociales, etc... Avanza no sólo el que tenga más conocimientos, sino el que mejor los combine" (Lage, 1995. p.5) y que aportan con sus conocimientos otras formas de comprender el concepto de salud y enfermedad.
2.2 - Modelos de Salud
A partir de las diferentes ciencias que estudian la salud, se originan Modelos Teóricos para explicar la relación entre salud y enfermedad. Según Earp y Ennett (1991) la finalidad de un modelo es que se puedan usar, como marco conceptual para organizar e integrar información, como sistema diagramático de medición y, como estructura conceptual desarrollada y aplicada para guiar la investigación y la práctica clínica.
Los modelos serán adecuados si presentan equivalencias vinculadas de los fenómenos e indican las relaciones causales entre un grupo de variables que pueden ser observables y medibles (Cabrera, 2004).
A continuación, se procede a describir brevemente los modelos de estudio del continuo salud-enfermedad más representativos. Para ello se ha creado una tabla resumen de los principales modelos (ver tabla 2.1), para desarrollar posteriormente en profundidad, el modelo utilizado en esta investigación que es el Modelo Teórico Transaccional en Psicología de la Salud.
Antes del nacimiento de la Medicina, en la época Prehistórica, el hecho de enfermar se atribuía a una de las siguientes causas: la infracción de un tabú, un hechizo o la posesión del cuerpo por espíritus malignos, la penetración mágica de un objeto en el cuerpo y la pérdida del alma. Estas
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 21
fuerzas desconocidas y los espíritus favorables o malignos, son los determinantes del proceso de salud-enfermedad. La forma de contrarrestar estos orígenes sobrenaturales de la enfermedad es a través de los amuletos mágicos y a la obediencia de los ritos y tabúes. Todo ello fue y es realizado por brujos, chamanes, sacerdotes, curanderos y espiritistas (Piña, 1990).
Tabla 2.1 - Principales Modelos de Salud
Modelos Ambientalistas
(s.III a.C- s. XVIII)
Prehelénico Medicina impartida por la casta sacerdotal. Carácter médico-religioso. Amplio conocimiento de plantas, sangrías y astrología.
Greco-romana Hipócrates (s. III aC) imponen una visión estrictamente
naturalista de la medicina, sin intervención divina, amplios conocimientos de la anatomía humana.
Galeno (s. II aC) con su obra Methodo Melendi sobre el arte de la curación domina el ejercicio de la medicina hasta el s. XVII.
Alta Edad
Media
Oscurantismo religioso, la enfermedad es un castigo por los pecados cometidos. La curación viene por la fe y la ayuda espiritual de la iglesia.
Será en el siglo XIII, con Roger Bacon y su Tractatus de erroribus medicorum, donde se implantan las bases de la experimentación frente a la espiritualidad aunque no fueron puestas en práctica hasta 200 años después.
Baja Edad
Media
Durante la segunda mitad del Medioevo (s.XIV), se produce la terrible “peste negra” que se calcula mató entre veinte y veinticinco millones de europeos lo que provoca importantes cambios sociales, económicos y políticos que hace que la sociedad de la Baja Edad Media se secularice, desaparezca el médico eclesiástico y el saber se traslade a la Universidad.
Renacimiento Copérnico, Erasmo, Paracelso, Cardano, Serveto, Galileo, Harvey y Descartes van a la conquista empírica del mundo de forma metódica y racionalizada (s.XV-XVIII). La imprenta acrecienta de forma inédita la propagación del saber. El descubrimiento del Nuevo Mundo infunde en la humanidad una conciencia planetaria y se instaura la visión mecanicista del universo.
Modelo Biomédico
(s. XIX)
Revolución Industrial
El s. XIX se caracteriza por una concepción del curso de la historia que pretende ser entera y definitivamente racional y científica. Destacan tres pilares: el evolucionismo (Lamarck, Darwin, Weissmann, etc.), el positivismo (Compte) y el biologicismo y la teoría unicausal de las enfermedades (agente-huésped), con los descubrimientos y las obras de Pasteur y Koch. Las condiciones sociales y laborales que se derivan de la Revolución industrial, describen un panorama de enfermedad y muerte atribuible a las condiciones y jornadas laborales extenuantes, pobreza, mala alimentación, viviendas insalubres y trabajo infantil.
Esta situación provoca un planteamiento de las etiologías no infecciosas (Ramazzini, Baker, Casal) y una valorización de los factores sociales (Chadwick, Engels, Virchow) en el desarrollo de las enfermedades junto a la importancia creciente de patologías de larga duración que hace que se debilite la teoría unicausal en el proceso de enfermar.
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 22 Modelos críticos al modelo Biomédico (s.XX) Modelo Psicosocial
Dubós en 1959 introduce en la ecuación agente-huésped, del modelo biologista, la influencia del ambiente, incorporando uno de los elementos distintivos de este modelo que es la influencia de los “estilos de vida”, como conductas de riesgo que afectan la salud del individuo (tabaquismo, alcoholismo, ejercicio, alimentación y descanso). El otro rasgo distintivo es la inclusión del “modelo de estrés”, como la capacidad de adaptación del individuo, a partir de los mecanismos de lucha y huída, ante los agentes externos. Así, aparecerá un trastorno por estrés, cuando el individuo no puede dar una respuesta adecuada a dichos estímulos (Dubós, 1975).
Modelo Socialista
Procede de la corriente filosófica y política del marxismo. Como figura importante del enfoque de medicina socialista se encuentra Vicente Navarro, que en 1978 explica como las desigualdades sociales, la economía, el lugar de trabajo y las relaciones de poder, son factores causales en el desarrollo de la enfermedad. Este modelo tendrá importantes repercusiones en las políticas de salud y en los programas de salud pública.
Modelo Psicoanalítico
Con Freud y la existencia del “inconsciente”, se introduce la importancia de las experiencias vividas, la actuación de estímulos externos e internos y las relaciones sociales como variables que van a modular la expresión de la enfermedad en el individuo. Modelo
Ecosocial
Planteado por Krieger en 1994, pretenden integrar la teoría sociológica y biológica con los factores determinantes de la distribución de las enfermedades en la población y del efecto de las desigualdades sociales sobre la salud. Estos determinantes incluyen las desigualdades sociales y económicas que hace que los individuos expresen biológicamente las experiencias de dichas desigualdades. Pone el acento en las políticas como protagonista en el mantenimiento de las desigualdades sociales en salud.
Modelo Biopsicosocial
Planteado por George Engel (1977) reconoce que todos los individuos están compuestos por células que se unen en tejidos, que a su vez se organizan en aparatos y sistemas (componente biológico). Estos individuos provienen de una familia, conviven en un contexto y se ven influenciados por una determinada cultura (componente social). Y todos ellos tienen unas características mentales que los hacen únicos (componente psicológico). Posteriormente, Bishop (1994) desarrolla este concepto salutogénico del proceso de salud-enfermedad, es decir, estudia factores causales generales a diferencia del concepto patogénico del modelo biomédico, que reducía al campo biológico la causa de la enfermedad.
Fue la Organización Mundial de la Salud (OMS) la instancia que propuso pasar del modelo biomédico al modelo biopsicosocial para el siglo XXI. Por tanto, la salud es responsabilidad tanto del sujeto como de la comunidad, a partir de las acciones políticas y sociales. Y tiene tanta importancia el concepto de enfermedad, desde su prevención, como el de salud, desde la promoción, por lo que se hace necesario un enfoque multidisciplinar para abordar este proceso.
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Los primeros modelos de salud que surgen fueron los diferentes modelos ambientalistas basados en la concepción estática e inmutable de la Naturaleza y que se extenderán hasta finales del s. XVIII, con la pugna entre los contagionistas y no contagionistas. Con la llegada del s. XIX, y la nueva visión racional y científica del mundo, aparece el modelo biomédico sustentado en los descubrimientos de los agentes causales de las enfermedades infecciosas. Se produce la visión biologicista y unicausal del proceso de enfermar (Laín-Entralgo, 2006).
Durante el s. XX, debido a los importantes cambios sociales (progreso de la sanidad pública, mejora de la alimentación y la vivienda) y al desarrollo de la medicina (vacunaciones preventivas, eficacia y rapidez de los tratamientos farmacológicos, evolución de las técnicas diagnósticas) se produce un regreso espectacular de determinadas enfermedades infecciosas: fiebre tifoidea, viruela, cólera, tuberculosis, enfermedades venéreas, etc. Sin embargo se objetiva un importante aumento de las enfermedades crónicas de origen multifactorial (el estrés, los estilos de vida, enfermedades por desgaste y las afecciones neuróticas), las enfermedades metabólicas y el cáncer. Por tanto, estamos en un momento histórico donde las alteraciones de salud son procesos crónicos e incurables, asociados más a problemas sociales y de conducta, que a problemas biológicos (Briceño-León, 2000).
Por todo ello, a mediados de la década de los sesenta, aparecen unos modelos teóricos críticos con el modelo biomédico, que incluyen el análisis de los proceso de la salud-enfermedad y, la estructura social, política y económica como factores que determinan el proceso de enfermar. Entre estos modelos cabe destacar el modelo psicosocial, socialista, psicoanalítico, ecosocial y biopsicosocial, que aparecen brevemente descritos en la tabla 2.1 (Sánchez-González, 2012).
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A partir del modelo biopsicosocial surge una nueva disciplina denominada Psicología de la Salud, cuyo fin será estudiar como la salud está influenciada por variables biopsicosociales.
La American Psychological Association (APA), crea en 1977, la disciplina de Psicología de la Salud, siendo Stone uno de los primeros autores que recogen el objeto de estudio de esta ciencia (Stone, Cohen & Adler, 1979).
En 1978 bajo la coordinación de Stone, Matarazzo y Weiss, se aprueba la creación de la División de Psicología de la Salud (División 38), que tuvo como principales objetivos: promover, a partir de la investigación, la disciplina de la psicología en la comprensión de la salud y la enfermedad; integrar la información biomédica con el conocimiento psicológico; informar a la comunidad científica y al público en general, los resultados de las investigaciones en esta área y, favorecer la creación de servicios especializados en psicología de la salud. En base a estos trabajos, Matarazzo define la Psicologia de la Salud como: ¨El agregado de las contribuciones educativa, científica y profesional de la disciplina de la psicología para la promoción y el mantenimiento de la salud, la prevención y el tratamiento de la enfermedad, y la identificación de los correlatos etiológicos y diagnósticos de la salud, la enfermedad y disfunciones relacionadas” (Matarazzo, 1980. p.815).
A partir de este momento se produce un extraordinario crecimiento de la disciplina; en 1982 sale a la luz la primera revista dedicada exclusivamente a este tema la Health Psychology; en 1983 se imparte una conferencia en EEUU sobre la educación y el entrenamiento en psicología de la salud y a partir de estas fechas se incrementa el número de investigaciones y manuales que recogen las publicaciones más relevantes en este campo (Oblitas, 2010; Oblitas, 2006; León, Medina, Barriga, Ballesteros & Herrera, 2004; Amigo, Fernández & Pérez, 2003).
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 25 2.2.1-Modelo Transaccional en Psicología de la Salud
Partiendo del marco de la Psicología de la Salud, el modelo que se utiliza en esta investigación se basa en el Modelo Transaccional en Psicología de la Salud propuesto por Bruchon-Schweitzer (2002). Este modelo explica los objetivos que se plantea la Psicología de la Salud: la prevención y promoción de comportamientos saludables; la influencia de los factores psicosociales en el inicio, evolución y remisión de las enfermedades; y la comprensión de los procesos biopsicosociales que condicionan el proceso salud-enfermedad.
Bruchon-Schweitzer propone un modelo integrador donde se aúnan el modelo biomédico, la corriente psicosomática (cómo ciertas patologías se asocian a determinados tipos de personalidad), el enfoque epidemiológico (factores sociodemográficos y comportamientos de riesgo que predisponen a enfermar), el modelo biopsicosocial, el modelo interaccionista (el comportamiento individual está determinado tanto por características personales como por variables situacionales, que serán beneficiosas o perjudiciales a la salud) y el modelo transaccional (basado en el modelo creado por Lazarus y Folkman sobre los procesos cognitivos, emocionales y conductuales que utiliza el individuo para afrontar una situación aversiva).
Este modelo aparece representado en la Figura 1, y como se puede observar, la autora propone la existencia de un grupo de antecedentes que van a contribuir a la explicación de una parte de la varianza en el grupo de criterios. Los antecedentes se dividen en: factores ambientales y sociodemográficos que rodean al individuo (es decir, lo que el individuo experimenta) y factores individuales, psicosociales y biológicos (lo que el individuo es).
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 26 Figura 1 - Modelo Transaccional de Salud.
Fuente: Bruchon-Schweitzer (2002).
Estos antecedentes o predictores se ven modulados por transacciones y estrategias de ajuste (lo que el individuo hace ante la adversidad), así como por factores de riesgo (factores que predisponen el inicio de una patología) y factores de pronóstico de enfermedad (factores que predisponen la evolución de una enfermedad preexistente) y todo en conjunto, a través de una secuencia temporal, explicaría parte de los criterios o resultados que son el estado de salud físico, mental y social del individuo.
A continuación, se describen las variables antecedentes y criterios y cómo la bibliografía estudiada analiza la relación de éstas.
PROCESOS MEDIDADORES (transacciones individuo-ambiente) ANTECEDENTES Características contextuales: • Acontecimientos de vida • Redes sociales •Nivel socioeconómico • • • Nivel socioeconómico Características individuales: • Estilos de vida • Tipo A • Tipo C •Hostilidad, nerviosismo • Depresión, ansiedad-rasgo, afectividad negativa
• Control, optimismo, auto-eficacia, coherencia, efectividad positiva. Estrés percibido Apoyo social percibido: disponibilidad satisfacción Control percibido(vs Impotencia) Evaluación Elaboración de estrategias de ajuste (afrontamiento) Activación fisiológica (neuro-endocrino-inmunitaria….) (neuro-endocrino-inmunitaria....) CRITERIOS Afrontamiento centrado en el problema Afrontamiento centrado en la emoción Búsqueda de apoyo social Búsqueda de apoyo social Aspectos somáticos(esta do de salud, enfermedades, complicaciones, recaídas....) Aspectos emocionales (calidad de vida, bienestar,…) Aspectos emocionales (calidad de vida, bienestar....)
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 27 2.3 - Salud Física
En la bibliografía consultada para analizar la salud física de los individuos, se han utilizado diferentes indicadores de salud, que como parámetros estadísticos de carácter universal, permiten conocer el estado de salud de los individuos de una forma objetiva. Entre ellos se encuentra la esperanza de vida al nacer, la salud autopercibida, la tasa de morbilidad por enfermedad, por accidente, los estilos de vida, etc., el resto del capítulo recoge aquellos indicadores más relevantes y frecuentes utilizados analizar la salud física de los sujetos.
2.3.1 – Salud autopercibida
La auto-percepción del estado de salud es un indicador subjetivo y general que refleja el estado de salud físico, las enfermedades padecidas y a la vez, los factores sociales, económicos y del entorno de la persona.
La utilización de este indicador ha sido validado por numerosos autores (Benyamini, 2008; Simon, De Boer, Joung & Mackenbach, 2005; Robine, Jagger & Egidi, 2000; Rohlfs, Borrell, Anitua, Artazcoa, Colomer, Escribás et al., 2000; Idler & Benyamini, 1997), como el principal indicador del estado de salud de la personas. Es una medida que no presenta interferencias con las interpretaciones médicas de los síntomas, está relacionado con la percepción del individuo de su estado físico y mental y es un indicador que predice la probabilidad de morir de forma adecuada tanto en hombres como en mujeres, independientemente del estado objetivo del individuo (Singh-Manoux, Gue´Guen, Martikainen, Ferrie, Marmot & Shipley, 2007; Mossey & Shapiro, 1982).
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Los estudios analizados presentan relaciones entre este indicador y diversas variables como las diferencias en salud autopercibida según sexo, donde se evidencia que la mujer refiere peor salud autopercibida que el hombre (Kondo, Kawachi, Subramanian, Takeda & Yamagata, 2008; Singh-Manoux et al., 2007; Taghrid, Balsam, Samer, Tanja, Kenneth & Wasim, 2007; Borrell & Benach, 2006; López, Findling & Abramzón, 2006; Case & Paxson, 2005).
El informe de Salud y Género 2005, realizado por el Ministerio de Sanidad de España (2007), informa que en las personas mayores de 16 años, el estado de salud percibido es peor en las mujeres que en los hombres en todas las edades y en todas las clases sociales. La Encuesta Europea de salud en España (2009), realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), concluye que el 75% de los hombres perciben un buen estado de salud frente al 65% de las mujeres.
Un análisis multinivel constata que la probabilidad de sentirse bien es un 28% mayor en los hombres, la explicación se debe en parte por el aumento de longevidad en las mujeres, que las hacen padecer un mayor número de dolencias y también debido a que las mujeres suelen ser más críticas y exigentes a la hora de establecer el umbral de su bienestar físico y mental (Martín, López del Amo, García, Moya, & Jódar, 2007).
En este contexto, si no existe justificación biológica para que las mujeres a partir de los 16 años refieran una peor salud autopercibida que los hombres, es obligado el estudio de otras variables como las condiciones sociales, políticas, económicats, etc., que hacen que las mujeres perciban y manifiesten sus dolencias, de forma diferente, y cómo esta situación produce una desigualdad de género en el estado de salud.
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Siguiendo esta línea investigadora, Sánchez-López, Aparicio-García y Dresch (2006) señalan que las mujeres, en general, tienen peor salud que los hombres, pero estas diferencias llegan a desaparecer si se tienen en cuenta las condiciones de trabajo de los individuos.
También se recoge la relación entre salud percibida y un conjunto de rasgos de personalidad (Dresch, Sánchez-López & Aparicio-García, 2008). Así como, las relaciones entre este indicador y la situación económica, donde se informan que aumentan las puntuaciones en salud autopercibida a medida que aumenta el nivel económico (Kondo, 2012; Suresh, Sabanayagam & Shankar, 2011; Karlsdotter, 2009; Regidor, Martínez, Astasio, Ortega, Calle & Domínguez, 2006; Rico, Ramos & Borrell, 2002).
Con respecto a los estilos de vida, comer mal, fumar, no hacer ejercicio y consumir alcohol y drogas son algunos de los principales determinantes de la mala salud de las personas. En esta línea se evidencian las relaciones de salud autopercibida con los estilos de vida, demostrándose que tener una vida activa, comer frutas y verduras diariamente, no fumar y un consumo moderado de alcohol, se relaciona con una mejor salud autopercibida (Conry, Morgan, Curry, McGee, Harrington, Ward & Shelley, 2011; Svedberg, Bardage, Sandin & Pedersen, 2006).
Un mayor nivel educativo se correlaciona con un mayor nivel adquisitivo y una mejor salud autopercibida de los individuos (Daoud, Soskolne & Manor, 2009). También se ha estudiado las diferencias entre población autóctona e inmigrante, evidenciando peor salud autopercibida en las poblaciones inmigrantes (Agudelo-Suárez, Ronda-Pérez, Gil-González, Vives-Cases, García, Ruiz-Frutos et al., 2011; Hernández & Jiménez, 2009).
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La relación entre salud autopercibida y salud mental también se ha estudiado, comprobándose que referir una mala salud autopercibida correlaciona con una peor salud mental (Mao & Zhao, 2012; Conry et al., 2011). Así como la existencia de malas condiciones de trabajo, la inestabilidad laboral y el riesgo de jubilación anticipada se asocian a una peor salud autopercibida (Pietiläinen, Laaksonen, Rahkonen & Lahelma, 2011). Incluso se ha encontrado un mejor estado de salud en casados/as, frente a divorciados/as, viudos/as y solteros/as (Sánchez-López, Dresch & Cardenal-Hernández, 2005; Subramian & Kawachi, 2004).
Por todo ello, se justifica el uso de este indicador general del estado de salud de los individuos en esta investigación, el cual se ha sido utilizado en España desde 1987, a partir de su inclusión en la Encuesta Nacional de Salud (ENS, 1987). El Ministerio de Sanidad y Consumo es el organismo responsable de realizar la Encuesta Nacional de Salud de España, siendo ésta una operación estadística de periodicidad bienal incluida en el Plan Estadístico Nacional. Se realiza mediante entrevista personal a una muestra aleatoria del censo de población española y una de las principales ventajas es que proporciona información del estado de salud de los individuos, utilicen o no los servicios sanitarios (Rodríguez, 2007).
A continuación, se trata la variable estilos de vida como otro de los indicadores del estado de salud física de la población, que es objeto de estudio en esta investigación.
2.3.2 – Estilos de vida
Se define estilo o hábito de vida como la construcción que el individuo realiza, que está moldeada por la familia, la sociedad y la educación recibida y que se manifiesta en comportamientos, formas de vivir, y especialmente en costumbres, que pueden ser
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“protectoras” o “factores de riesgo” para la salud (Rueda, Manzano, Darío, Pérez de Arriba, Zuazagoitia & Zulueta, 2008).
La primera vez que apareció formalmente el concepto estilo de vida fue en 1939, aunque su conceptualización no aparece hasta el histórico informe del ministro de sanidad canadiense Lalonde (1974), A New perspective on the Health of Canadians, en el que los estilos de vida (actividad física, alimentación, uso de drogas, etc.,) era uno de los cuatro determinantes de la salud, junto a la biología humana, el medio ambiente físico y social y el sistema de atención sanitaria. A partir de este estudio epidemiológico de mortalidad, se cuantificó estos cuatro determinantes de salud, constatando que los estilos de vida eran los responsables del 43% de los fallecimientos, seguidos por la biología humana (genética) con un 27%, el medio ambiente con un 19% y atribuyendo el 11% de la mortalidad al sistema de asistencia sanitaria.
De forma global, es en el documento “Salud para todos en el año 2000” publicado por la United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (UNESCO, 1986), donde se diseña la estructura fundamental para un programa de intervención a favor de los estilos de vida saludables, así en el epígrafe de “Promoción”, se hace referencia a la importancia de favorecer hábitos positivos como llevar una dieta equilibrada, realización de ejercicio físico, higiene mental y física, etc., para mejorar los indicadores de salud.
El Gobierno Vasco (2002) en su “Plan de Salud 2002-2010”, también señaló que se podría reducir en un 43% la mortalidad global de la comunidad con la adopción generalizada de un estilo de vida saludable. De la misma forma, Colomer y Álvarez-Dardet (2006) estudian como la promoción de la salud debe ir unida a un cambio en la estructura social.
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A continuación, se procede a describir brevemente los estilos de vida que más inciden en la salud de los individuos y que han sido objeto de estudio en esta investigación.
2.3.2.1- Alimentación
Unos hábitos saludables en materia de alimentación y ejercicio se traducen en una adecuación del Índice de Masa Corporal (IMC= peso en Kg/altura en m2) entre 18.5 y 24.9, evitándose así,
el sobrepeso y la obesidad. Se objetiva sobrepeso cuando el IMC se encuentra entre 25 y 29.9 puntos y obesidad si es igual o mayor a 30 puntos, datos propuestos por la Sociedad Española para el estudio de la Obesidad (SEEDO) (2011). La OMS ha definido la obesidad como la epidemia del siglo XXI por las cifras existentes en países desarrollados y en vías de desarrollo, su efecto sobre la calidad de vida, la morbimortalidad y el impactante gasto sanitario que origina, de forma que se constituye como un importante problema de salud pública (OMS, 2003).
En este sentido, la evidencia nos demuestra la relación entre la obesidad y la mayoría de las enfermedades crónicas, tanto cardiovasculares (hipertensión, enfermedad coronaria), como metabólicas (diabetes tipo 2, hipercolesterolemia), enfermedades respiratorias, artrosis, problemas psicológicos e incluso en una mayor incidencia en determinados cánceres, como el de mama, colón y endometrio. Además los individuos obesos son objeto de estigmatización social y discriminación (Quirantes, López, Hernández & Pérez, 2009).
En España, a partir de los datos recogidos en 2006 por la ENS con las preguntas sobre el peso y la talla de los entrevistados, se calcula el IMC de la población española. Los últimos datos del Sistema Nacional de Salud (SNS) en España, nos indica que la población mayor de 18 años,
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el 16.6% presenta obesidad (17.4% hombres y 15.7% mujeres) y el 37.8% obesidad (45.1% hombres y 30.7% mujeres) aumentando estos porcentajes con la edad y presentando diferencias con respecto a datos de encuestas anteriores, donde por primera vez las mujeres tienen menor sobrepeso y obesidad que los hombres (SNS, 2010).
También la OMS alertó a nuestro país en 2007, por los preocupantes datos en España sobre sobrepeso infantil en niños y niñas de 13 años (25%) y de obesidad (13%), ocupando el segundo puesto después de Malta en mayores porcentajes de sobrepeso y obesidad de 32 países europeos (OMS, 2007).
Con los datos aportados, se objetiva la importancia de la prevención para evitar la obesidad y el sobrepeso en la población española, por lo que la SEEDO da las siguientes recomendaciones en materia de prevención de la obesidad: no saltarse el desayuno, llevar una dieta equilibrada y variada, consumir cinco raciones de frutas y verduras al día, evitar las grasas suturadas y los alimentos y bebidas rico en azúcares, realizar al menos 30 minutos de actividad física diaria y como última y novedosa recomendación, dormir al menos 8 horas diarias, ya que la falta de sueño va a inhibir la producción nocturna de leptina (hormona que disminuye la sensació n de hambre) e incrementa la producción de ghrelina (hormona que estimula el apetito) (SEEDO, 2011).
Un papel importante en el mantenimiento del peso adecuado es la realización de ejercicio físico, que es el siguiente estilo de vida que se va a analizar.
Relación entre Género y Salud en los Profesionales de Enfermería Página 34 2.3.2.2- Ejercicio Físico
Numerosas son las investigaciones que encuadran la práctica de actividad física adecuada y regular dentro de un estilo de vida saludable (Haskell, Lee & Pate, 2007; Warburton, Nicol & Bredin, 2006; Guallar-Castillón, Santa-Olalla, Banegasa, López & Rodríguez-Artalejo, 2004; Varo, Martínez & Martínez-González, 2003). Es conocido que la práctica de una actividad física regular, estable y moderada ayuda a mejorar tanto la salud física como la salud psicológica. Por lo que la inactividad o sedentarismo es el mayor factor de riesgo para padecer sobrepeso y es uno de los factores de riesgo modificable para las patologías cardiovasculares, enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, la obesidad y las alteraciones óseas como la osteoporosis y las osteoatritis (Netz, Wu, Becker & Tenenbaum, 2005).
También se han descritos los riesgos de la inactividad en la salud mental, encontrándose una disminución en el bienestar psicológico de las personas, que se perciben a sí mismas menos saludables, con niveles más altos de tristeza, fatiga y menor vigor (Jiménez, Martínez, Miró & Sánchez, 2008) y, como la actividad física en el tiempo libre, se asocia a una menor prevalencia de los indicadores de salud mental negativa en ambos sexos (Rodríguez-Hernández, de la Cruz-Sánchez, Feu & Martínez-Santos, 2011; de la Cruz-Cruz-Sánchez, Moreno-Contreras, Pino-Ortega & Martínez-Santos, 2011).
El estudio realizado por Spirduso y Cronin (2001) informa que entre las personas que presentan patologías, la realización de una actividad física adecuada, retrasa la aparición de discapacidad y mantiene por más tiempo la independencia para realizar las actividades de la vida diaria.
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En esta línea, un estudio reciente en población adolescente española identifica el sedentarismo y la obesidad, como factores de riesgo para el inicio del consumo de alcohol, tabaco, comportamientos antisociales y aumento del riesgo de exclusión social (Rodríguez-Hernández, et al., 2011).
Tal es la preocupación por los índices de sedentarismo, que el Departamento de Salud Norteamericano, (US Department of Health and Human Services HHS, 2008), en su estrategia de salud para el año 2020, situó la práctica de ejercicio físico, como el primero de los diez indicadores de salud, por delante del consumo de tabaco, la obesidad o la asistencia sanitaria; los datos de sedentarismo en la población americana se sitúan en el 50.9% de la población total.
En España, a partir de la Encuesta Nacional de Salud, se objetivan las cifras de inactividad física en población adulta española situándola en el 40% del total de la población mayor de 18 años. La preguntas que se realizan son referentes a la realización de alguna actividad física en el tiempo libre, y si durante las dos últimas semanas, ha practicado alguna actividad física ligera, moderada o intensa, en un tiempo superior a los 20 minutos (ENS, 2006). Según los últimos datos del Sistema Nacional de Salud en España, el 12% de los hombres y el 14% de las mujeres mayores de 18 años, no realizan ningún tipo de actividad física en su tiempo libre, siendo estos porcentajes siempre mayores en mujeres que en hombres en todas las franjas de edad (SNS, 2010).
Estos datos son corroborados por un estudio realizado en la Comunidad Autónoma de Navarra, sobre de la actividad física en el tiempo libre según el sexo de los encuestados (Sobejano, Moreno, Viñes, Grijalba, Amezqueta & Derrano, 2009).
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En función de los datos recogidos a nivel mundial, se dictan unas directrices por la American College of Sports Medicine (ACSM, 2007), que se implantan en los programas de estilos de vida saludables a nivel mundial, e indican que hay una clara evidencia científica de que los adultos/as sanos/as, entre 18 y 65 años, necesitan un mínimo de 30 minutos de ejercicio aeróbico de moderada intensidad (marcha rápida) cinco veces semanales o, 30 minutos de intensidad vigorosa (como correr o ciclismo) tres días a la semana, o combinaciones de ambos tipos de ejercicio.
2.3.2.3- Consumo de Tabaco
Se ha reconocido el consumo de tabaco como una enfermedad crónica, adictiva y recidivante y la Clasificación Internacional de las Enfermedades de la OMS, la identifica como trastorno mental y del comportamiento (OMS, 2011); tal es la magnitud de este hábito tóxico, que en España existe un Comité Nacional para la Prevención del tabaquismo (CNPT, 2008).
El 32% de las personas que inician el consumo de tabaco se hacen dependientes, esto sólo ocurre con el 23% de los consumidores de heroína, el 17% de los adictos a cocaína y el 15% de los consumidores de alcohol (Pereiro, 2010).
La OMS para la región europea, estima para el año 2020, 2 millones de muertes anuales ocasionadas por el consumo de tabaco; en la actualidad este dato es de 1.6 millones de fallecidos por causas atribuibles al hábito tabáquico. Por tanto, este hábito es un grave problema de salud pública por ser la primera causa de mortalidad y morbilidad en el mundo desarrollado y por los altos costes que suponen para una sociedad (OMS, 2011).
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La guía de práctica clínica basada en la evidencia, sobre el abordaje en Atención Primaria del tabaquismo calcula que las muertes atribuibles al consumo de tabaco son superiores a la suma de las muertes ocasionadas por el SIDA, el consumo de alcohol, de drogas ilegales y los ocasionados por los accidentes de tráfico (Sociedad Andaluza de Medicina Familiar y Comunitaria, SAMFYC, 2011).
En 2006 en España, el tabaquismo fue el causante del 16% de los fallecimientos ocurridos (24% en hombres y 8% en mujeres), las patologías desencadenantes fueron por orden de importancias: las neoplasias malignas, enfermedades cardiovasculares y patologías respiratorias. Por sexo, la principal causa de muerte atribuida al tabaco en hombres fue el cáncer de pulmón y en mujeres los accidentes cardiovasculares (Hernández-García, Sáenz-González & Sáenz-González-Celador, 2010).
Según datos aportados por la OMS en su reciente informe sobre el estado global de la epidemia del tabaquismo en la zona europea, España tiene una tasa de prevalencia de fumadores diarios del 28%, situándose en puestos intermedios, siendo el país europeo con mayor prevalencia, Grecia con un 49% y el de menor prevalencia Reino Unido e Irlanda con un 16% (OMS, 2011).
El consumo de tabaco en España, según la Encuesta Europea de Salud en España (2009), revela que el 28% de los hombres y el 19% de las mujeres mayores de 16 años fuman diariamente. En población adolescente, la prevalencia de fumadores diarios varía según los diferentes estudios consultados; en chicos entre el 8% y el 13% y en chicas entre el 13% y el 16% tienen un consumo frecuente, pero no diario; en consumo diario, las chicas de 16 a 24 años lo hacen en un 31% frente al 25% de los chicos de la misma edad. También se evidencia
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que la proporción de fumadores adolescentes supera a la de las personas entre 45 y 64 años. La edad de inicio del hábito tabáquico se encuentra en los 13.5 años.
La media porcentual de personas que manifestaron consumir tabaco a lo largo del año 2000 fue del 30% y en el 2010, este dato se redujo a 28,5%, por lo que se puede confirmar que el consumo de tabaco en España ha disminuido ligeramente en la última década. Los resultados también reflejan que el consumo de tabaco se ha reducido entre los hombres en los últimos diez años, al contrario que entre las mujeres; así en el año 2000, la diferencia de consumo de tabaco entre ambos sexos era de 11 puntos porcentuales y en la actualidad esa diferencia se ha reducido a la mitad, 5.5 puntos porcentuales a favor de los hombres (Encuesta Europea de Salud en España, 2009).
Para explicar porqué las chicas y mujeres se están incorporando al hábito tabáquico en mayor proporción que los hombres, tenemos que estudiar la importancia del aspecto físico y el autoconcepto. Existen estudios que objetivan la mayor preocupación por parte de las mujeres por el peso y la imagen corporal, especialmente en las edades más jóvenes (Thogersen-Ntoumani & (Thogersen-Ntoumanis, 2007), indicando los altos niveles de ansiedad derivados por el miedo a perder el control de la ingesta, a sentirse gordas y no controlar el peso, así como una baja autoestima, lo que condiciona el inicio y mantenimiento del hábito tabáquico como medio para controlar el peso (Moreno, Moreno & Cervelló, 2009).
A partir de la campaña generada por la OMS en 2010, Gender and tobacco control: a policy brief, se dio a conocer el incremento de las cifras del tabaquismo en las mujeres, y alertó a los gobiernos para que tuvieran en cuenta que con el aumento del poder adquisitivo de éstas y por la disminución en la incidencia de tabaquismo en los hombres, las mujeres son el principal
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objetivo de la industria tabacalera. Esta información fue posteriormente analizada en un estudio
que observó el aumento de campañas de publicidad especialmente dirigidas a la población femenina, mediante anuncios que explotan estereotipos de género y vinculan de manera falsa el consumo de tabaco con conceptos de belleza, prestigio y libertad (Vikram, 2011).
En la misma línea, acerca de la disminución del hábito tabáquico en población adulta en España, los jóvenes españoles, con edades comprendidas entre los 14 y los 24 años que fuman en la actualidad son un 8.6% menos que en el año 2000 y estiman un declive anual ponderado de la prevalencia de tabaquismo en la adolescencia del 6.5% anual para los varones y 7% para las chicas, lo que concuerda con los datos de disminución en las ventas de tabaco en España y de consumo en las Encuestan Nacionales de Salud (Villalbí, Suelves, Gracía-Continente, Saltó, Ariza & Cabezas, 2012). Por todo ello, se hace necesario continuar con las políticas de prevención del tabaquismo en las edades más jóvenes y hacer campañas especialmente dirigidas a la población femenina, para evitar que se asocie el tabaco a un instrumento de poder, de prestigio y de control de peso.
El siguiente estilo de vida que se va a analizar está muy relacionado con el hábito tabáquico y es el consumo de alcohol.
2.3.2.4- Consumo de Alcohol.
El alcohol es el tercer factor de riesgo para la salud (después del tabaco y la hipertensión arterial), tanto para la aparición de enfermedades como por ocasionar muerte prematura (OMS, 2009). Se estima que en 2004, murieron 2.5 millones de personas por causas atribuibles al consumo de alcohol. Las patologías más frecuentes asociadas al consumo de alcohol son:
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alteraciones digestivas y hepáticas, osteoporosis, gota, hipertensión arterial, accidentes cerebrovasculares, cáncer (boca, esófago, mama e hígado), traumatismos y accidentes, y alteraciones neuropsiquiátricas (trastornos psicóticos, alteración de la conducta y riesgo de suicio) (Corrao, Zambon & La Vecchia, 2004).
El consumo de alcohol en España nos sitúa entre el tercer y quinto puesto mundial de los países que más consumen bebidas alcohólicas. Se calcula que el 87% de la población española entre 15 y 64 años han ingerido algún tipo de bebida alcohólica; un 65% consumen de forma regular (al menos una vez por semana), y entre el 7 y el 10% son bebedores de riesgo y de ellos, uno de cada dos son dependientes del alcohol (Bobes, Casas & Gutierrez, 2003).
La forma en que se estandariza el consumo diario de alcohol, es a partir de la Unidad de Bebida Estándar (UBE), (Griffith, Marshall & Cook, 2003). Cada UBE representa 10 gramos de alcohol. Dependiendo de la cantidad y del porcentaje de alcohol presente en cada bebida, se puede calcular que un vaso de vino de de mesa (≈100ml) representa 1UBE, una caña de cerveza (≈250ml) representa 1UBE, una copa de bebida destilada, como ginebra o whisky (≈30ml) también se calcularía como 1UBE, una botella de vino convencional con un 12% de graduación alcohólica (≈750ml) representa 8UBEs y una botella de whisky, con un 40% de graduación alcohólica (≈700ml) supone 28 UBEs.
El consumo seguro de alcohol al día se estima para los hombres en 3 UBEs y para las mujeres en 2 UBEs. Un consumo de riesgo, se define como una ingesta superior a 40gr de alcohol diario para los hombres (5 o más UBEs) y de una ingesta superior a 20gr de alcohol diario en las mujeres (3 o más UBEs). La OMS indica que consumos esporádicos de cantidades superiores a 60 gramos de alcohol también implican un consumo de riesgo (OMS, 2009).