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Comentario Biblico Del Continente Nuevo 1 Corintios

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Academic year: 2021

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DEL CONTINENTE NUEVO

DEL CONTINENTE NUEVO

Primera Corintios

Primera Corintios

 por 

 por 

Arnoldo Canclini

Arnoldo Canclini

Editor General de la obra:  Editor General de la obra: 

Dr. Jaime Mirón

Dr. Jaime Mirón

Asesor Teológico  Asesor Teológico 

Rvdo. Raúl Caballero Yoccou

Rvdo. Raúl Caballero Yoccou

(2)

[P. 2]

[P. 2]

Junta de

Junta de ReferenciaReferencia

Presidente: Luis Palau Presidente: Luis Palau

Raúl Caballero Yoccou (Argentin

Raúl Caballero Yoccou (Argentina), H. O. a), H. O. Espinoza (México), Olga R. de Fernández (Cuba), Pablo FinkenbinderEspinoza (México), Olga R. de Fernández (Cuba), Pablo Finkenbinder (EE.UU.), Sheila de Hussey (Argentina), Elizabeth de

(EE.UU.), Sheila de Hussey (Argentina), Elizabeth de Isáis (México), Guillermo Milován (Argentina), Carlos MorrisIsáis (México), Guillermo Milován (Argentina), Carlos Morris (España), Emilio Núñez (Guatemala), Dory Luz de Orozco (Guatemala), Patricia S. de Palau (EE.UU.), Héctor Pardo (España), Emilio Núñez (Guatemala), Dory Luz de Orozco (Guatemala), Patricia S. de Palau (EE.UU.), Héctor Pardo (Colombia), Aristómen

(Colombia), Aristómeno Porras (México), Asdrúbal Ríos o Porras (México), Asdrúbal Ríos (Venezuela), Randall Wittig (Costa (Venezuela), Randall Wittig (Costa Rica).Rica). Publicado por Publicado por Editorial Unilit Editorial Unilit Miami, Fl. EE.UU. Miami, Fl. EE.UU.

Todos los derechos reservados Todos los derechos reservados Primera edición 1995

Primera edición 1995

© 1995 Asociación Evangelística Luis Palau © 1995 Asociación Evangelística Luis Palau Escrito por: Arnoldo Canclini

Escrito por: Arnoldo Canclini

Asesoría editorial técnica: Leticia Calçada Asesoría editorial técnica: Leticia Calçada

Versión utilizada de la Escritura: Reina Valera (RV) 1960. Versión utilizada de la Escritura: Reina Valera (RV) 1960. ©Sociedade

©Sociedades Bíblicas s Bíblicas en América Latinaen América Latina Otras traducciones se abrevian como sigue: Otras traducciones se abrevian como sigue: NVI, Nueva

NVI, Nueva Versión InternacionalVersión Internacional VP, Versión Popular

VP, Versión Popular BLA, Biblia de las

BLA, Biblia de las AméricasAméricas BD, Biblia al Día

BD, Biblia al Día BJ, Biblia de Jerusalén BJ, Biblia de Jerusalén

RVA: Reina Valera Actualizada RVA: Reina Valera Actualizada Usadas con permiso

Usadas con permiso

Producto 498646, Rústica ISBN 0-7899-0160-9 Producto 498646, Rústica ISBN 0-7899-0160-9 498645, Tela ISBN 0-7899-0159-5

498645, Tela ISBN 0-7899-0159-5

EX LIBRIS ELTROPICAL EX LIBRIS ELTROPICAL

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Junta de

Junta de ReferenciaReferencia

Presidente: Luis Palau Presidente: Luis Palau

Raúl Caballero Yoccou (Argentin

Raúl Caballero Yoccou (Argentina), H. O. a), H. O. Espinoza (México), Olga R. de Fernández (Cuba), Pablo FinkenbinderEspinoza (México), Olga R. de Fernández (Cuba), Pablo Finkenbinder (EE.UU.), Sheila de Hussey (Argentina), Elizabeth de

(EE.UU.), Sheila de Hussey (Argentina), Elizabeth de Isáis (México), Guillermo Milován (Argentina), Carlos MorrisIsáis (México), Guillermo Milován (Argentina), Carlos Morris (España), Emilio Núñez (Guatemala), Dory Luz de Orozco (Guatemala), Patricia S. de Palau (EE.UU.), Héctor Pardo (España), Emilio Núñez (Guatemala), Dory Luz de Orozco (Guatemala), Patricia S. de Palau (EE.UU.), Héctor Pardo (Colombia), Aristómen

(Colombia), Aristómeno Porras (México), Asdrúbal Ríos o Porras (México), Asdrúbal Ríos (Venezuela), Randall Wittig (Costa (Venezuela), Randall Wittig (Costa Rica).Rica). Publicado por Publicado por Editorial Unilit Editorial Unilit Miami, Fl. EE.UU. Miami, Fl. EE.UU.

Todos los derechos reservados Todos los derechos reservados Primera edición 1995

Primera edición 1995

© 1995 Asociación Evangelística Luis Palau © 1995 Asociación Evangelística Luis Palau Escrito por: Arnoldo Canclini

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PREFACI

PREFACIO D

O DEL EDITOR GENERAL

EL EDITOR GENERAL

Cuando por primera vez pensamos en la

Cuando por primera vez pensamos en la necesidad de una obra como ésta, una de las nnecesidad de una obra como ésta, una de las necesidades queecesidades que advertimos—al margen de que el material fuera original en castellano—fue que sirviera para llenar una advertimos—al margen de que el material fuera original en castellano—fue que sirviera para llenar una  gran necesidad del liderazgo iberoamericano. La mayoría de los obreros del Señor en Latinoamérica no  gran necesidad del liderazgo iberoamericano. La mayoría de los obreros del Señor en Latinoamérica no

cuen-tan con los privilegios educacionales ideales ni con las posibilidades para lograrlos. Es por eso que, tan con los privilegios educacionales ideales ni con las posibilidades para lograrlos. Es por eso que, recu-rriendo a hombres de Dios y excelentes maestros bíblicos del continente americano y de España,

rriendo a hombres de Dios y excelentes maestros bíblicos del continente americano y de España, acordamosacordamos realizar esta obra.

realizar esta obra.

Este Comentario Bíblico está especialmente dirigido al obrero, líder o pastor que recién se inicia o bien Este Comentario Bíblico está especialmente dirigido al obrero, líder o pastor que recién se inicia o bien que presiente no contar con preparación

que presiente no contar con preparación académica adecuada por falta de tiempo o académica adecuada por falta de tiempo o de medios. Esta obra node medios. Esta obra no está dirigida a los expertos o eruditos puesto que estos hermanos ya cuentan

está dirigida a los expertos o eruditos puesto que estos hermanos ya cuentan con suficiente material.con suficiente material. Este Comentario Bíblico expositivo no analiza la Escritura versículo por versículo ni

Este Comentario Bíblico expositivo no analiza la Escritura versículo por versículo ni menos palabra pormenos palabra por palabra. Por lo general se toman las ideas por

palabra. Por lo general se toman las ideas por párrafos y se extrae el contenido esencial. No intentamos, enpárrafos y se extrae el contenido esencial. No intentamos, en esta obra, aclarar toda duda o

esta obra, aclarar toda duda o contestar toda pregunta quo pueda tener contestar toda pregunta quo pueda tener el maestro, predicador o estudioso deel maestro, predicador o estudioso de la Biblia. Lo que sí deseamos hacer es estimular al predicador y

la Biblia. Lo que sí deseamos hacer es estimular al predicador y ayudarle a aplicar y predicar el ayudarle a aplicar y predicar el pasaje bíblico.pasaje bíblico. A pesar de que hay menciones ocasionales al original griego, como parte de la

A pesar de que hay menciones ocasionales al original griego, como parte de la filosofía editorial la Juntafilosofía editorial la Junta de Referencia pidió a los autores no ser exhaustivos en las explicaciones técnicas ni eruditos en

de Referencia pidió a los autores no ser exhaustivos en las explicaciones técnicas ni eruditos en la presenta-la presenta-ción.

ción.

Quiera el Señor añadir su bendición a este Comentario de Primera Corintios

Quiera el Señor añadir su bendición a este Comentario de Primera Corintios a fin de que los líderes dela fin de que los líderes del pueblo de Dios sean edificados y, a su vez,

pueblo de Dios sean edificados y, a su vez, el cuerpo de Cristo crezca en el cuerpo de Cristo crezca en conocimiento y sabiduría para gloriaconocimiento y sabiduría para gloria de Dios. de Dios. Dr. Jaime Mirón Dr. Jaime Mirón Editor General Editor General

(5)

[P. 4]

ÍNDICE DE CONTENIDO

Prefacio del Editor General 

Bosquejo General del libro 

Bosquejos especiales para predicación  Introducción General 

1. Parte I: Apertura de la carta  2. Parte II: La unidad de la iglesia  3. Parte III: Problemas sociales 

4. Parte IV: La vida de la iglesia: Cuestiones internas  5. Parte V: Cuestiones de la vida de la iglesia 

6. Parte VI: La resurrección: Hecho y doctrina  7. Parte VII: Asuntos prácticos 

(6)

[P. 5]

BOSQUEJO

Primera Epístola A Los Corintios

Introducción General

La ciudad de Corinto La iglesia de Corinto La carta

I. APERTURA DE LA CARTA (1:1–9)

1. Saludos iniciales (1:1–3) 2. La oración de un apóstol (1:4–8) 3. Una declaración (1:9)

II. LA UNIDAD DE LA IGLESIA (1:10–4:21)

1. El llamado a la unidad (1:10–25) a. El cuadro de la situación (1:10–17)

b. “Predicamos a Cristo crucificado” (1:18–25) 2. Motivos para la unidad (1:26–2:5)

a. La debilidad humana reclama unidad (1:26–31) b. La debilidad del apóstol (2:1–5)

3. Lo espiritual y lo carnal (2:6–3:4) a. La revelación del Espíritu (2:6–16) b. Espirituales y carnales (3:1–4) 4. El ministerio de la iglesia (3:5–23) a. Distintos lugares de servicio (3:5–10) b. El fundamento y los obreros (3:11–17) c. Todo para Dios (3:18–23)

5.

[P. 6]

El ministerio de los apóstoles (4:1–21) a. Servidores y administradores (4:1–7)

b. Orgullo corintio y dolor apostólico (4:8–16) c. Un ayudante y un posible viaje (4:17–21)

III. PROBLEMAS SOCIALES DE LA IGLESIA (5:1–8:13)

1. Un caso de inmoralidad (5:1–13) a. Medidas para una solución (5:1–5) b. Principios generales (5:6–13) 2. Pleitos entre creyentes (6:1–11)

a. El problema y las medidas para una solución (6:1–8) b. Principios generales (6:9–11)

3. El cuerpo es del Señor (6:12–20)

4. Problemas relacionados con el matrimonio (7:1–40) a. Relaciones entre los esposos (7:1–7)

(7)

b. Solteros y viudas (7:8–9)

c. La posibilidad de un divorcio (7:10–16) d. Algunos principios generales (7:17–24) e. Vírgenes y solteros en general (7:25–38) f. Las viudas (7:39–40)

5. La conciencia y la carne sacrificada (8:1–13) a. Conocimiento y amor (8:1–3)

b. Un solo Dios creador de todo (8:4–6)

c. Nuestro conocimiento y el prójimo (8:7–13)

IV. LA VIDA DE LA IGLESIA: CUESTIONES INTERNAS (9:1–11:34)

1. Lugar y derechos del apóstol (9:1–27) a. Aclaración inicial (9:1, 2)

b. Los derechos de un apóstol (9:3–14)

c. Libertad para renunciar a su derecho (9:15–18) d. Libre y esclavo (9:19–23)

e. La disciplina necesaria (9:24–27)

2. En Cristo, lejos de la idolatría (10:1–11:1) a. El ejemplo del pueblo hebreo (10:1–6) b. Lo que deben evitar los cristianos (10:7–13) c. La nueva vide de un nuevo pueblo (10:14–22) d. Todo para la gloria de Dios (10:23–11:1)

3.

[P. 7]

Varones y mujeres en la iglesia (11:2–16) a. Exposición del hecho (11:2–10)

b. Consideraciones sobre el tema (11:11–16) 4. La Cena del Señor (11:17–34)

a. Abusos en la práctica (11:17–22)

b. El relato de la Cena del Señor (11:23–26)

c. Advertencias sobre la forma de participar (11:27–34)

V. CUESTIONES DE LA VIDA DE LA IGLESIA: LOS DONES (12:1–14:40)

1. Los dones en general (12:1–31) a. Los dones y la unidad (12:1–13)

b. La diversidad en la unidad (12:14–31)

2. El camino más excelente del amor (13:1–13) a. La superioridad del amor (13:1–3)

b. La perfección del amor (13:4–7) c. Permanencia del amor (13:8–13) 3. Profecía y lenguas (14:1–40) a. Principios y definiciones (14:1–12) b. El don puesto en práctica (14:13–25)

(8)

c. El control de las prácticas (14:26–40)

d. El lugar de la mujer en la congregación (14:34–35) e. La autoridad del apóstol (14:36–40)

VI. LA RESURRECCIÓN: HECHO Y DOCTRINA (15:1–58)

1. Hecho y doctrina de la resurrección de Cristo (15:1–19) a. El hecho de la resurrección (15:1–11)

b. La doctrina que se deriva del hecho (15:12–19)

2. La resurrección de los hombres: hecho y doctrina (15:20–58) a. El hecho de la resurrección de los creyentes (15:20–34)

b. La resurrección de los hombres: su forma (15:35–50) c. La resurrección de los hombres: su momento (15:51–56) d. La resurrección: aplicaciones (15:57–58)

VII. ASUNTOS PRÁCTICOS (16:1–24)

1. La ofrenda para los necesitados (16:1–4) 2. Planes de Pablo (16:5–9)

3. Participación de los colaboradores (16:10–12) 4. Consejos y saludos finales (16:13–24)

(9)

[P. 8]

LISTA DE BOSQUEJOS ESPECIALES PARA PREDICACIÓN

Capítulo 1 

• Pablo como apóstol (1:1) • La autoridad de Sóstenes • Un mensaje a la iglesia (1:2)

• Jesucristo siempre presente (1:1–3) • Gracias de los creyentes (1:4–6) • El testimonio de Cristo (1:6–7) • El Cristo que se manifiesta (1:4–9) • Los creyentes (1:4–5, 8–9)

• La fidelidad de Dios (1:9a)

• El Cristo que nos une en comunión (1:9b) Capítulo 2 

• La unidad de la iglesia (1:10)

• El ministerio del que evangeliza (1:17) • Cuál es el mensaje cristiano (1:18) • La locura de la predicación (1:18–24) • El mensaje de la cruz (1:23)

• Los miembros de la iglesia Capítulo 3 

• La obra de Dios en los hombres (1:26–30) • Estar en Cristo (1:30–31)

• Cómo hablar a los hermanos • El evangelio pare el pueblo • El obrero cristiano (2:3)

• Dios a través del predicador (2:2, 4, 5) • El fundamento de la iglesia

Capítulo 4 

• La sabiduría de los creyentes (2:6–7) • No basta ser Príncipe (2:8)

• El Espíritu que recibimos (2:12–13) • Cristianos carnales

Capítulo 5 

[P. 9]

Los obreros como servidores (3:7–9) • El Dios que hace crecer (3:7)

• Cristo es el fundamento (3:11) • El obrero como arquitecto

(10)

Capítulo 6 

• Administradores designados por Dios (4:1) • La opinión de los demás (4:3–4)

• Cuando Cristo vuelva (4:5)

• Un examen de nosotros mismos (4:7) • El obrero como luchador (4:9)

• Motivos para dirigirnos a otros (4:14) • Los obreros de Cristo

• La formación de discípulos (4:17) • Condiciones de un discípulo (4:17) • Criterios para una acción (4:19–20) • El obrero en la iglesia (4:21)

Capítulo 7  • El pecado ajeno

• Cómo tomar medidas con el pecador (5:4–5) • La fiesta del cristiano (5:8)

Capítulo 8 

• Lo lícito y lo bueno (6:12)

• Avergonzando a los demás (6:5) • Herencia del reino

• El cambio del cristiano (6:9–11) • Los que tienen nueva vida (6:11)

Capítulo 9 

• Preguntas del cristiano sobre su conducta (6:12) • El cuerpo de Cristo y el nuestro (6:13b–15a) • Llamado a la pureza (6:16b–18a)

• El cuerpo del creyente (6:19–20) • No somos nuestros (6:20)

Capítulo 10 

[P. 10]

Llamados a la paz (7:15) • El llamamiento de Dios (7:17–20) • El verdadero cristiano

• Cómo llevar las aflicciones

• Lo que puede alejar de Dios (7:29–31) • El verdadero placer

• Lo que deseamos a los demás (7:35) • La joven creyente (7:34)

• Servir al Señor

(11)

Capítulo 11 

• El proceder del cristiano (8:1) • Actuando con amor (8:3)

• Lo que adoran los hombres (8:4–6) • Nuestro Dios (8:6)

• Qué es Dios para nosotros (8:6) • Pautas para mi conducta (8:13)

Capítulo 12 

• Derechos del obrero cristiano (9:4–8) • La esperanza del obrero (9:10)

• Lo material y lo espiritual (9:14)

• Por qué sostener a los obreros (9:12–14) • Por qué predicamos

• La libertad del cristiano (9:19–21) • Pautas para la predicación (9:22–23) • Predicando a los débiles (9:22)

• Para ganar el premio (9:24) • Formas de vivir como cristiano

• La autodisciplina del cristiano (9:26–27) Capítulo 13 

• Todos los miembros de la iglesia (10:16–17) • Nuestra comida y bebida (10:3–4)

• El ejemplo de algunos (10:7–11) • Quiénes caen (10:12–13)

• Fiel es Dios (10:13)

[P. 11]

La comunión en la Mesa del Señor (10:16–17) • La acción de los demonios (10:20–22)

• Cómo determinar qué hacer (10:24) • La gloria de Dios (10:31–33)

• Nuestra meta en las relaciones (10:33) Capítulo 14 

• Significado de la Mesa del Señor (11:17–34) • Diferencias de opinión (11:19)

Capítulo 15 

• Tres mandatos de Cristo (11:24–25) • En memoria de El (11:25)

• El anuncio de su muerte (11:26)

• La consecuencia de un examen (11:31) Capítulo 16 

(12)

• La primera obra del Espíritu en nosotros (12:3) • Un solo Espíritu (12:4)

• Los dones que Dios da (12:6–7)

• El cuerpo de Cristo y sus miembros (12:12–14) • El Espíritu Santo y nosotros (12:13)

• La relación entre miembros de la iglesia (12:21–22) • Los miembros entre sí (12:24–26)

Capítulo 17 

• Dones y amor (13:1–2)

• Mi amor y mi mente (13:1–3) • Saber soportar (13:4a)

• El cristiano no debe ser vanidoso (13:4c) • El cristiano que recibe mal (13:5)

• Creemos a nuestro hermano (13:7) • La urgencia de predicar

• Viendo cara a cara (13:12) Capítulo 18 

• El contenido de la predicación (14:3) • La iglesia como una orquesta (14:7–8) • El culto de la iglesia (14:20–25)

• Lo que compone nuestro culto (14:13–15)

[P. 12]

Preguntas para cuando cantamos (14:15) • En quiénes pensamos en el culto (14:16)

• Señales del evangelio (14:22)

• Lo que la iglesia produce en el incrédulo (14:24–25) • Alejemos la confusión (14:32)

Capítulo 19 

• Qué predicar sobre Cristo (15:3–5) • La acción de la gracia divina (15:10) • Si Cristo no resucitó (15:17–20)

Capítulo 20 

• Adán y Cristo (15:22–23)

• Las grandes etapas de la historia (15:23–24) • Cuando él regrese (15:25–26)

• Los ejemplos de la naturaleza • El ser humano

• Cuando suene la trompeta (15:52–53) • Ya no habrá muerte (15:54)

(13)

• Firmes y constantes (15:58) • El trabajo no es en vano (15:58c)

Capítulo 21 

• Condiciones de la ofrenda (16:1–2) • Cómo hacer planes (16:5–9)

• Cómo recibir a un hermano (16:10–11) • Para el trabajo cristiano (16:13–14)

• Un ejemplo de familia cristiana (16:15–16) • El saludo de los cristianos (16:20)

(14)

[P. 13]

INTRODUCCIÓN GENERAL

Estamos ante una joya, no sólo por lo grandioso e inspirador que aquí encontramos, sino también por el desafío que representa un estudio serio de esta epístola paulina. Confiamos que al terminar, los lectores habrán recibido una renovada visión de lo que Dios espera de su iglesia y, siguiendo el ejemplo del gran apóstol, serán alentados en su tarea.

Al principio de la carta, Pablo agradece fervientemente a Dios p or tanta riqueza que ha dado a los corin-tios. Y nosotros debemos agradecer por haberle inspirado esta epístola que tanto nos inspira. En 1 Corintios hay joyas insuperables. Uno de los grandes capítulos de la Biblia es el cánt ico al amor que abarca todo el cap. 13. Hay un gran valor en la insistencia paulina de que debemos predicar a “Cristo crucificado” (1:23; 2:2). El cap. 15, sobre la esperanza de la resurrección, no sólo es de un innegable valor doctrinal sino también de apoyo espiritual sublime en las situaciones más dolorosas. ¿No seremos capaces de pasar por alto los proble-mas teológicos como resultado del tema de los dones (caps. 12 y 14) para alabar al Señor porque nos los con-cede? Aprendemos a valorar nuestros cuerpos como templos del Espíritu (3:16; 6:19), y a los obreros del Se-ñor como quienes deben ser apoyados y sostenidos (cap. 9). Encontramos la más antigua y completa reflexión sobre la cena del Señor (cap. 11) y versículos como: “Ninguno busque su propio bien sino el del otro”

(10:24) o la promesa de que “fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir” (10:13). Y al final, podemos unirnos con el gran hombre de Dios y exclamar: “Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (15:57).

Primera Corintios es un documento profundamente relacionado con la situación en que se produjo. Por eso es imprescindible recordar algunas de esas circunstancias, procurando apuntar los datos que nos ayuden a comprender los hechos concretos y las enseñanzas de este libro.

La mitología griega contaba que Corinto era un hijo de Júpiter, que tuvo que ver con la fundación de la ciudad. Estaba en un lugar sumamente

[P. 14]

estratégico. Al mirar un mapa de Grecia, lo primero que nos sorprende es la gran península al sur, llamada Peloponeso. Esta se encuentra u nida al resto del país por un istmo sumamente estrecho, de unos diez kilómetros de ancho, que se transforma así en la única vinculación entre las dos partes mayores de la nación.

Hacia el oeste, se había edificado el puerto de Lejaión y hacia el este el de Cencreas. En medio de esa es-trecha porción de tierra, la ciudad de Corinto capitalizaba todo el movimiento comercial que iba desde la península itálica hacia el oriente y que trataba de evitar la vuelta que significaba circunnavegar el Pelopone-so porque era sumamente peligroPelopone-so. Ya en tiempos de Nerón se había intentado hacer un canal, pero no pu-do ser concretapu-do hasta el siglo XIX. De ese mopu-do, Corinto tenía todas las ventajas y los problemas de una ciudad portuaria, sin serlo, y por lo mismo de un centro de movimiento vial.

Además se destacaba en otros aspectos. Había decaído grandemente, hasta que en el año 44 A.C. los ro-manos la jerarquizaron haciéndola capital de la provincia de Acaya, que incluía a la misma Atenas, en el 27.

Desde el punto de vista religioso, Corinto contaba con un gran templo dedicado a la diosa romana Venus, que simbolizaba el amor—pero entendido éste con la visión de aquella época corrompida. Toda clase de luju-ria y desbordes, especialmente de tipo sexual, eran promovidos por aquel centro de culto. Sin embargo, el movimiento cultural de la ciudad había adquirido importancia y era reconocido en el Imperio Romano donde Corinto era la cuarta ciudad en población, después de Roma, Alejandría y Antioquía. A ello se sumaba cierto prestigio deportivo, pues en las proximidades se realizaban los “juegos ístmicos” (que competían con los olímpicos, más al norte). Pablo hace referencia al atletismo, por ejemplo, al final del cap. 9.

[P. 15]

Todo llevaba a una situación moral degradada resultado de numerosos factores: la condición de lugar de tránsito, la vida portuaria, el culto al erotismo de Venus, el deporte que promovía la desnudez, la relativa juventud de la ciudad, el crecimiento rápido de su población, la presencia conspicua de las cortesa-nas del templo, etc. No hay duda de que se trataba de un enorme desafío para el gran predicador y explica por qué llegó allí “con mucho temor y temblor” (2:3).

La iglesia de Corinto 

La historia de sus orígenes aparece con bastante detalle en Hechos 18. Pablo llegó allí desde la cercana pero diferente urbe de Atenas. Estaba solo y la experiencia en esta famosa ciudad, que ha quedado como ejemplo de cultura y arte, había sido una de las más frustrantes para él. Pero Dios proveyó un aliciente con

(15)

un matrimonio que se ha hecho célebre: Aquila y Priscila, que serían de los mejores colaboradores del após-tol.

No sólo se alojó en su casa, sino que comenzó a trabajar con ellos en su oficio de fabricante de tiendas, ya que no tenía otra forma de mantenerse. Al mismo tiempo, se dedicó a hablar del evangelio en la sinagoga. Cuando finalmente llegaron a Corinto Silas y Timoteo, sus ayudantes que habían quedado en el norte, “Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el C risto” (Hch. 18:5).

Pero los judíos se opusieron y Pablo alquiló la casa de un tal Justo, luego de to cual se produjo la conver-sión de Crispo, el principal de la sinagoga, y de “muchos corintios”. La persecución hizo que el Señor le diera un mensaje de ánimo, en el que le aseguraba que tenía “mucho pueblo” en esa ciudad. De ello podemos de-ducir que la iglesia llegaría a tener un tamaño de importancia relativa en relación a otras de la época.

De todos modos, el apóstol fue llevado ante el tribunal, un edificio en cuyas ruinas hay una placa que re-cuerda el hecho. El procónsul Galión, responsable de la justicia, no quiso comprometerse, ni aun cuando era  golpeado Sóstenes—otro principal de la sinagoga (1:1).

Después de permanecer allí un año y medio—lo que no era frecuente en él—Pablo se embarcó rumbo a Efeso, ciudad que se encuentra frente a Corinto, en la otra margen del Mar Egeo.

En Hechos 20:2, 3 se relata escuetamente que el apóstol volvió a la región por tres meses, unos cinco o seis años después. Corinto no es mencionada, pero no hay dudas de que Pablo debió de estar allí, inclusive cumpliendo con la visita prometida en su carta. Desde Corinto escribió la epístola a los Romanos.

[P. 16]

La carta 

Proviene de la pluma de Pablo, y nadie lo ha puesto en duda. La correlación con el relato de los Hechos es clara.

Podemos reconstruir las circunstancias que llevaron a su redacción. Después de la salida de Pablo, llegó a Corinto un fogoso joven llamado Apolos (Hch. 18:27; 19:1), que había sido orientado por Aquila y Priscila.

Por las causas que fueren, se produjeron en la congregación una serie de problemas que llevaron al após-tol a escribir una carta, que es mencionada en 5:9 y que es en realidad la “primes a los Corintios” pero que no conocemos. También mandó a su discípulo Timoteo (4:17) para dar consejos en la conflictiva situación, pero ésta no se suavizó.

La familia de Cloé visitó a Pablo para llevarle informes (1:11) y quizá una carts (7:1), aunque tal vez ésta había llegado antes por manos de Estéfanas (1:16; 16:15–17). Allí se le p lanteaban una serie de preguntas cuyo texto exacto desconocemos, si bien es posible deducir el tema general de cada u na.

Es notable la suma de elementos negativos en aquella joven iglesia. De to antedicho es posible deducir que esta carta fue redactada en el año 56 ó 57, o sea sólo cinco después de iniciada la iglesia. En una congrega-ción de tan poco tiempo, los problemas adquirían una gran dimensión, en especial cuando eso se agravaba por la misma constitución de la iglesia, por un ambiente hostil y corrupto, y por la ausencia de una conduc-ción fuerte. La carta consta de las respuestas de Pablo a las preguntas que le fu eron planteadas, así como también a otras cuestiones que él creía debían aclararse. Esto nos da un esquema de la epístola, que comienza con una introduction (1:1–9) y sigue con los problemas que enumeramos:

 – Bandos que destruían la unidad de la iglesia (1:10–4:21)  – Problemas morales: a) Un caso de incesto (cap. 5)

b) Pleitos judiciales (6:1–11) c) Inmoralidad sexual (6:12–20)  – Cuestiones sobre el matrimonio (cap. 7)

 – Cuestión del sacrificio a los ídolos (cap. 8)  – Lugar y autoridad del apóstol (cap. 9)  – Problemas internos de la iglesia:

a) Idolatría (cap. 10)

(16)

c) Desorden en la cena del Señor (11:17–34) d) Sentido y uso de los dones (12:1–14:40)  – Un tema doctrinal: la resurrección (cap. 15)

¡Ciertamente es como para estremecerse! Sin embargo, con las variaciones impuestas por la época, la cul-tura y nuestra propia idiosincrasia,

[P. 17]

todo eso es más o menos lo que va apareciendo tarde o temprano en nuestras iglesias.

Sería posible confundirse y abandonar el estudio de la epístola debido a que Pablo está dando respuestas a preguntas especificas que no conocemos. Más de una vez, podríamos sentirnos perdidos al ignorar qué era exactamente lo que estaba pasando en Corinto y en qué términos le había sido planteado al apóstol. Sin em-bargo, nuestro objetivo principal debe ser descubrir los principios fundamentales y básicos detrás de los hechos presentados.

En 1 Corintios hay numerosos elementos como para que ésta sea una carta especialmente valiosa. Ningu-na otra patre del N. T. nos muestra cómo era uNingu-na iglesia én funciones, sobre todo al extenderse el evangelio más allá del mundo israelita. Aunque no podemos negar la presencia de elementos negativos, hay gran canti-dad de aspectos positivos en lo que se refiere a su forma de actuar y de cómo ésta debía adaptarse a la direc-ción del Espíritu.

En cuanto a los problemas que son tratados específicamente, algunos ya no existen. Por ejemplo, quizá sean pocos o nadie los que tengan el problema de si deben comer carne sacrificada a los ídolos. Pero hay dos observaciones al respecto. La primera es que algunas de esas cuestiones aún persisten, por ejemplo, el uso de los dones. En segundo lugar, en oportunidades como ésa los principios de fondo siguen en pie.

La comparación con situaciones actuales nos sorprende, ya que con frecuencia nos parece que Pablo es-tuviera hablándonos de lo que pasa en nuestra ciudad y en nuestra congregación. Corintios es, entonces, una epístola de gran actualidad.

(17)

[P. 19]

PARTE I

APERTURA DE LA CARTA

1:1–9

1. Saludos iniciales (1:1–3)  2. La oración de un apóstol (1:4–8)  3. Una declaración (1:9) 

[P. 20] [P. 21]

CAPÍTULO 1

Los primeros nueve versículos de la epístola tienen mucho que ver con su tono y contenido. Pablo sigue el estilo habitual de la época, poniendo al principio el nombre de quien escribía, para indicar luego quiénes eran los destinatarios. Después, como hace en todas sus epístolas, menciona qué dice sobre ellos cuando ora al Señnor.

1. SALUDOS INICIALES (1:1–3)

Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, a la iglesia de 

Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos cos todos los que en cual-  quier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: 3 Gracia y paz a vosotros, 

de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Al mencionar su nombre, Pablo ya nos está haciendo una presentación digna de ser meditada. Nos dice que ya no es el perseguidor Saulo de Tarso; utiliza a hora “Pablo”, que significa “pequeño”.

Pero sobre todo, se cuida de ratificar su autoridad como apóstol y el origen de dicha autoridad. Los temas tratados en la carta y el tono imperativo que exigían las circunstancias así lo reclamaban.1

“Apóstol” significa enviado. Estos versículos nos muestran el lugar de Pablo en relación con los corintios.

[P. 22] PABLO COMO APOSTOL

1. Había sido enviado a predicarles el evangelio. 2. Ahora era enviado a ratificar el mensaje de Cristo. 3. Lo hacía porque era voluntad de Dios.

4. El fin: acelerar la santificación y riqueza espiritual de los lectores.

Cuando Pablo recibió el llamado en Damasco, Dios declaró: “Instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles” (Hch. 9:15). EI apóstol mismo lo relató años después. La “voluntad de Dios” (que se menciona también en 2 Corintios, Gálatas y Efesios) significa un deseo expreso del Señor Pablo mismo, para los corintios y los demás que lo recibían, y para el logro de los fines mencionados.

Se incluye el nombre de Sóstenes, que debe de ser el mismo que aparece en Hch. 18:17. Pablo une su tes-timonio al de este creyente.

1En las cartas a los Tesalonicenses, no usa ningún título. A los Romanos y Filipenses—donde no había mayores problemas—se

dirige como “siervo”, mientras que se presenta como “apóstol” en ésta, 2 Corintios, Gálatas y Efesios, o sea en general donde había algo que corregir.

(18)

LA AUTORIDAD DE SÓSTENES

1. Era un “hermano”.

2. Ratificaba lo que Pablo decía.

3. Provenía de la misma iglesia que recibía la carta. 4. Había dejado su fe anterior y había sufrido por ello.

La relación entre el apóstol y un miembro de la iglesia de Corinto era una buena base para un mensaje consistente.

Los destinatarios son mencionados en forma extensa, algo no habitual. De esa manera, Pablo ya comienza a hacerles una exhortación. Si ellos hubieran reflexionado en todo lo que allí les era sugerido, no habrían necesitado más.

Además de dirigirse sólo a la iglesia en su totalidad y no a los individuos, Pablo la denomina “iglesia de Dios”, que sólo ocurre en el encabezamiento de esta epistola y la siguiente.

Nada es casual en las Escrituras, pero aquí el propósito deliberado se hace evidente. Uno de ellos se rela-ciona con el profundo contenido de la carta, la necesidad de llevar una vida acorde con la voluntad de Dios. Si la iglesia pertenece al Señor, él tiene autoridad para reclamar tal comportamiento.

Desde el principio, los lectores de esta carta—los de aquel entonces y los de ahora—debemos tener en cuenta quién es el Señor de la iglesia. La iglesia es de Dios porque se rige por su Palabra y es dirigida por su Espíritu.

[P. 23]

Por otro lado, la frase “iglesia de Dios” también es una advertencia sobre el tema que trataría en-seguida. Si la iglesia es de Dios, no es de Pablo, ni de Apolos, ni de Cefas, ni de Cristo (cuando su nombre se una con espíritu faccioso) (vv. 12, 13). Todavía hoy se oyen frases como “Yo soy de la iglesia del pastor Fula-no” o “Esta es la iglesia de MengaFula-no”. Aunque el sentido pueda ser distinto (o sea que no implique propiedad o dominio), hay en la expresión un peligro latente que debemos evitar.

UN MENSAJE A LAIGLESIA (1:2)

1. Debe recibirse como algo dirigido a un cuerpo.

2. Ese cuerpo es concreto, por ejemplo el que está en Corinto. 3. Debe comenzar por ser santificado.

4. Ante los demás, debe ser de quienes invocan a Cristo. 5. Forman parte de un gran pueblo “en todas partes”.

Teniendo en cuenta las fuertes amonestaciones que seguirían, Pablo comienza por recordarles que la po-sición de los corintios era “santificados en Cristo Jesús”, y el llamamiento, “a ser santos”. La mención de otras iglesias hace que esa responsabilidad sea aun mayor.

Luego sigue la habitual bendición apostólica, aunque a veces aparece con ligeras variantes: “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.”

Gracia es un concepto fundamental en el N.T. Se relaciona con nuestra palabra “gratis” y se refiere al don de Dios, que es inmerecido, y cuyo precio fue pagado por Jesucristo. Esto hace que sea gratuita y bondadosa para nosotros. La primera consecuencia de la gracia es la “paz”: la buena relación con Dios, con nuestra con-ciencia y con los demás, y entre los demás y nosotros. Es dada directamente “a los corintios”, así como “a todos los demás” y al mismo autor, que se incluye al usar la palabra “nuestro”. Por sobre todo, el apóstol cui-da de que el primer lugar sea otorgado a Jesucristo, a quien nombra cuatro veces en tres versículos.

(19)

JESUCRISTO SIEMPRE PRESENTE (1:1–3)

1. Es quien envía a predicar (a ser apóstol). 2. Quien santifica a los creyentes.

3. Quien debe ser invocado. 4. Quien nos da gracia y paz. 5. Nuestro Señor.

[P. 24]

2. LA ORACIÓN DE UN APOSTOL (1:4–8)

Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; 

 porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; así como el testimo- 

nio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, 7 de tal manera que nada os falta en ningún don, espe- 

rando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; 8 el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis 

irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.

Pablo siempre empezaba sus oraciones dando gracias. Cuando pensamos en los corintios y todos sus pro-blemas, nos admiramos de que el apóstol no se dejara llevar por el desánimo.

Además, deja claro que eso es lo que hace “siempre”, sin depender de buenas noticias. Por el hecho de ser creyentes, ellos mismos ya eran motivo para que Pablo agradeciera.

GRACIAS POR LOS CREYENTES (1:4–6)

1. Por la gracia de Dios, su salvación (4). 2. Por la abundancia que les ha sido dada (5). 3. Por el testimonio que se da de ellos (6).

En el v. 5 insiste en la palabra “todo”: Las cosas, la palabra, la ciencia. Quizá pensemos que todo eso les faltaba, pero Pablo sabía agradecer por lo que sí tenían. “En todas las cosas fuisteis enriquecidos en él”. Es posible que nuestra reacción sea pensar que la carta está dirigida a una iglesia espiritual y materialmente pobre. Pablo no piensa eso, al contrario, los declara “enriquecidos”, que no es lo mismo que “ricos”. Los co-rintios no habían recibido una herencia en dinero de sus padres, ni tenían talentos en abundancia por su condición humana; al menos, Pablo se refiere más bien a aquellas cosas en las que Dios había actuado, trans-formándolos en una congregación que disfrutaba de “riquezas”. Nadie puede enumerar todas las cosas, pero la palabra indica que el apóstol tenía en mente tanto lo material como lo espiritual, lo terreno como to eter-no.2

Notemos que él mismo menciona algunas de ellas, que debe considerar más importante: 1) toda palabra (el mensaje transmitido oralmente); 2) toda ciencia (el conocimiento superior que Dios da); 3) el testimonio sobre

[P. 25]

Cristo (que ha sido confirmado); 4) todos los dones (“nada os falta”, v. 7), aunque naturalmente el resto de la carta mostrará que ellos no entendían bien ni la esencia ni el uso de esos dones.3

En resumen, toda la iglesia por ser parte del plan de Dios es potencialmente rica.

Pone énfasis especial al hablar del testimonio. No se trata de atesorar las riquezas espirituales que Dios tiene listas para nosotros, sino de hacerlas ver, compartirlas y transformarlas en algo útil. El testimonio es tanto lo que se puede decir de nosotros, como lo que nosotros decimos de Cristo.

2Otros comentaristas restringen el sentido de “todas las cosas” a la gracia espiritual con que los corintios habían sido enriquecidos. 3“Toda palabra” podría definirse aquí como el don so brenatural de saber expresar bien la verdad. De acuerdo a la mayoría de los

comentaristas, Dios enriqueció y dio, tanto a los corintios como a nosotros, la capacidad de hablar “toda palabra” para él. No todos seremos predicadores, pero Dios nos da cierta capacidad. Pablo probablemente se refiera a lo que nosotros llamamos “testificar” (Hch. 1:8; 4:29).

(20)

Sin embargo la gratitud por los dones presentes no es suficiente, y Pablo recuerda a los corintios que aún estan esperando la revelación final cristólogica (v. 7b). En el v. 8 vemos una referencia al juicio, pero Pablo expresa confianza en sus lectores cuyo comportamiento estaba lejos de ser sin mancha. El secreto está en la obra de Dios, no en los corintios.

EL TESTIMONIO DE CRISTO (1:6–7)

1. Dado por la predicación a los incrédulos. 2. Confirmado por la aceptación de Jesucristo. 3. Completado con todos los dones (7a).

4. Culminará en la misma “manifestación de Jesucristo” (7b).

Una vez más, el simple hecho de un saludo lleva a proclamar al Salvador. En este breve trozo—una ora-ción y su comentario—Jesús aparece otras seis veces:

EL CRISTO QUE SE MANIFIESTA (1:4–9)

1. Quien nos salvó por su gracia (4).

2. Quien nos enriqueció con abundancia (5). 3. El tema de nuestro testimonio (6).

4. Quien se manifiesta: se muestra y mostrará (7, 8). 5. Quien nos confirma hasta el fin (8).

6. Aquel con quien tenemos comunión (9).

[P. 26]

Lo que Pablo pide por los corintios, o mejor dicho lo que agradece a Dios como algo natural en to-do cristiano, resulta múltiple y aumenta el cuadro pr esentato-do en los versículos anteriores:

LOS CREYENTES (1:4–5, 8–9)

1. Han recibido la gracia de Dios (4). 2. Han sido enriquecidos en todo (5).

3. Serán confirmados hasta que Cristo vuelva (8). 4. Tienen comunión con el Señor (9).

3. UNA DECLARACIÓN (1:9)

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo jesucristo nuestro Señor.

Al orar, Pablo tiene su corazón puesto tanto en quien le escucha, ese Dios que “es fiel”, como en quienes leen lo que narra. En realidad, no está orando sino explicando qué dice al recordarlos en oracion. Hay un motivo por el cual siempre vale la pena orar: tenemos un Dios cuya fidelidad no le permite faltar a sus pro-mesas. Hay también un motivo pare ser constantes: ser fieles como él es fiel. Esa fidelidad divina se demostró sobre todo en su Hijo Jesucristo, que es la cumbre de las promesas hechas en la antigüedad. El p ueblo que las recibió, y que no siempre fue fiel, ha dado lugar al nacimiento de un nuevo pueblo, aquel que vive en una nueva comunión, cuyo eje es Jesucristo (Ef. 2:11–18).

LA FIDELIDAD DE DIOS (1:9a)

1. Debemos recordar que él es fiel (Dt. 7:9; Sal. 19:7; 2 Co. 1:18). 2. El también nos llamó a ser fieles.

(21)

Al cerrar esta introduccion, encontramos una nueva mención de nuestro Redentor. Notemos la forma complete y ferviente en que se mencionan los titulos del que murió en la cruz por nosotros.

EL CRISTO QUE NOS UNE EN COMUNIÓN (1:9b)

1.

[P. 27]

Es Hijo de Dios como desde el principio (Jn. 1:1). 2. Es Jesús, el hijo de María, el hombre de Nazaret.

3. Es Cristo, el Mesías prometido, el que salvará y honrará. 4. Es el Señor, lo que nos anticipa su gloria eterna.

5. Es nuestro Señor, de la iglesia y de cada vida.

Sobre la base de esta apelación a la misericordia divina ahora nos disponemos a entrar en el cuerpo prin-cipal de la carta misma.

KOINONIA

-COMUNIÓN

En el v. 9 aparece la palabra griega KOINONIA , traducida “co-munión”. Es una expresión que tiene mucho auge actualmente  y además es un concepto neotestamentario básico.

En griego dice literalmente “comunión de su Hijo Jesucris-to”. Es lo que se conoce como genitivo, y que en primer térmi-no da la idea de propiedad. Esa comunión es algo que Jesucris-to nos da, antes que nada para que estemos unidos a él—  “teniendo el mismo sentir” (Fil. 2)—, y en consecuencia para que estemos unidos unos a otros.

Detrás del concepto de “comunión” del término

KOINONIA , hay más de lo que imaginamos en castellano. La unión es profunda pues procede del hecho de que ahora todos tenemos el mismo Espíritu, pensamos lo mismo, actuamos de la misma manera, nos reunimos en un mismo lugar (o nos senti-mos identificados con los que se reúnen en otros), llorasenti-mos cuando los demás lloran y nos gozamos cuando ellos se gozan. Es en el fondo la base de la subsistencia y progreso del cuerpo de Cristo, el espíritu que mueve ese cuerpo.

Lo categórico de esta expresión al comienzo de la carta po-dría parafrasearse como si su autor dijera: “Hermanos, t odos los problemas de que vamos a hablar desaparecerían si en su corazón ustedes tuvieran hacia Jesucristo y hacia los demás de la iglesia, ese espíritu que él puso en nosotros.”

(22)

[P. 29]

PARTE II

LA UNIDAD DE LA IGLESI

1:10–4:21

1. El llamdo a la unidad (1:10–25)  2. Motivos para la unidad (1:26–2:5)  3. Lo espiritual y lo carnal (2:6–3:4)  4. El ministerio de la iglesia 

5. El ministerio de los apóstoles 

[P. 30] [P. 31]

CAPÍTULO 2

A partir de 1:10, el apóstol entra de lleno a tratar los temas que le preocupan de la vida en la iglesia de Corinto. Decimos que entra de lleno, pues lo hace en una forma abrupta que sorprende, por no ser la que usa en forma habitual.

Estos problemas son muchos y variados (más o menos una docena, según cómo se los clasifique). No hay  en el N.T. otra iglesia que presentara tantas características negativas a la vez, lo que valoriza el aprecio de-mostrado por Pablo en los saludos iniciales. Al mismo tiempo, debe servir para que midamos la seriedad de las dificultades que pueda enfrentar nuestra propia congregación. Ni una vez el autor insinúa que se debe dejar la congregación o producir una división.

La redacción de este apasionado trozo bíblico comienza con un cuadro de la situación, una apelación apostólica, y una descripción de los motivos que han llevado a ella. Luego profundiza el tema en aspectos más doctrinales, como ser la relación entre el Espíritu y la carta, o entre el ministerio de la iglesia y el del apóstol.

1. EL LLAMADO A LA UNIDAD (1:10–25)

a. El cuadro de la situación (vv. 10–17)

10 Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma co- 

sa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en  un mismo parecer.11 Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay 

entre vosotros contiendas.12 Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y 

 yo de Cefas; y yo de Cristo.13  ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis 

bautizados en el nombre de Pablo? 14 Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a 

Crispo y a Gayo, 15  para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre. 16 También bauticé a la fami- 

lia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro. 17 Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a 

[P. 32]

 predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo.

Podemos decir que en la primera parte (vv. 1–3), la palabra clave para describir a los cristianos es santos  (v. 2), en la segunda es enriquecidos (vv. 4–9), y en esta tercera es unidos (v. 10). Son las características bá-sicas que convierten a un grupo en iglesia.

Desde el punto de vista humano, notamos varias cosas. Lo primero es el afán de Pablo: dice que les ruega,   y se dirige a ellos como “hermanos míos”. Es importante usar una palabra afectuosa antes de hacer una

re-primenda o una exhortación.

La exhortación paulina debe ponerse en contexto: debemos hablar de tal manera que no haya divisiones. No se refiere a que todos los cristianos han de pensar lo mismo en cuanto a la política, el arte, la ciencia, etc. Tampoco hemos de considerar que todos deben pensar siempre igual en todo lo referido a la misma vida de la iglesia. Hay aspectos en los que es natural que haya diferencias, especialmente en aspectos prácticos. Algunos hoy se horrorizarían de un culto tan espontáneo como parece que era el de Corinto, y a otros les entusiasma-ría. Pero la pregunta es si estamos unidos espiritualmente como para que n ada de eso produzca divisiones. Pablo promueve la unidad y no la uniformidad.

(23)

“Hablar la misma cosa” probablemente haga referencia a que los corintios tuvieron varios maestros que enseñaban diferentes cosas sobre las cuestiones que Pablo trata en esta carta. Pablo entonces exhorta a la unidad doctrinal. Debían estar unidos interna (“en una misma mente”) y externamente (“en un mismo pare-cer”) (v. 10). La unidad que no incluye la misma mente y el mismo parecer no es verdadera unidad. No que los creyentes tuvieran que ser calcos idénticos sino que debían tener la misma opinión en cuanto a doctrina cristiana, estándar y básico estilo de vida.

Luego notamos la mención de una familia, “los de Cloé” (v. 11), que habían viajado a Efeso para que el apóstol estuviera informado de to que ocurría en Corinto. No se trataba de chismosos o correveidiles, pues si no Pablo no los hubiera escuchado o los habría condenado.

La forma en que Pablo se refiere a las informaciones que le llevó la familia de Cloé pone sobre el tapete un delicado tema práctico: ¿cuándo una información deja de ser tal para transformarse en chisme? No es fácil dar una respuesta definida. Lo crucial radica en la intención con que se transmite o comenta algo, y en el resultado que se busca o se prevé. Si este resultado es la corrección de algo que se presume malo, y hay una intención positiva, no hay chisme. Si lo único que puede esperarse es una perturbación en el prójimo o una afirmación del propio criterio, tal mezquindad no puede ser la voluntad de Dios. Tiene mucho que ver la persona a la cual se transmite algo. Sin duda, los de Cloé pensaban que Pablo sólo podía influir para bien en las cosas que ellos le querían no sólo

[P. 33]

informar, sino también aclarar. No llevaron las noticias a cual-quiera sino al fundador de la iglesia, que pensaba it allá y debía saber en qué condiciones llegaría. En la ac-tualidad, hay mucho que se puede (y quizá debe) decirse a un pastor, pero no a otros.

También tiene que ver la actitud de los que transmiten la información. Tal vez Pablo aclaró a los de Cloé que mencionaría su nombre. Además ellos sabían bien todas las facetas de los temas sobre los que hablaban y  no se basaron en simples rumores.

Conscientes de que posiblemente sólo él podía ayudar a solucionar tan compleja situación, hicieron un esfuerzo doloroso por buscar apoyo. No les habrá sido fácil hablar de esas cosas, pero era necesario.

Lo personal se tornó dramático cuando los nombres sirvieron para dividir la iglesia. Los distintos grupos tenían su razór de ser. Los que decían ser “de Pablo” eran los antiguos miembros de la iglesia, los de la pri-mera hora más difícil. Los “de Apolos” (Hch. 18:24) eran el fruto de la predicación de aquel fogoso joven; quizá tenían algo distinto de aquéllos y representaban un momento de mayor impulso juvenil y cambios en la congregación. Pero estaban también los “de Cefas”, Pedro, que quizá habían llegado de Palestina o insistían en atenerse a las fuentes apostólicas. Finalmente los “de Cristo”, que según los intérpretes posiblemente asu-mían un aire de falsa piedad, como los que hoy dicen pertenecer a él y no a una iglesia o denominación.

Aparecen otros nombres cuando Pablo recuerda a quienes bautizó durante su ministerio en aquella ciu-dad. Menciona a Crispo y Gayo (Hch. 18:8; 19:29), así como a la familia de Estéfanas, “primicias de Acaya” (16:15), que fueron los primeros convertidos. El apóstol parece dar al bautismo un lugar secundario, pero sólo lo hace en relación con la predicación (v. 17), que siempre es previa y más trascendente que el bautis-mo. Notamos que ya no se efectuaba la práctica de la iglesia de Jerusalén de bautizar a los creyentes apenas convertidos. Pablo había conseguido superar la psicología de los predicadores cristianos inmaduros que hoy  podrían decir cosas como: “Yo bauticé a tantos” o “A mí me bautizó Fulano”, como si ello fuese la clave de su importancia.

Lo que más sobresale es que la iglesia debe ser, ante todo, un cuerpo unido.

LA UNIDAD DE LA IGLESIA (1:10)

1. Debe ser el anhelo del pastor (“os ruego” v. 10). 2. Da sentido a la palabra “hermanos” (10).

3. Comienza por lo que se habla: una misma cosa (10b). 4. Continúa en la misma mente y parecer (10c).

5. Debe seguirse hasta que se la viva “perfectamente”.

[P. 34]

Pablo no pide uniformidad. La iglesia no es un ejército ni un cuerpo de bomberos. Unidos no es lo mismo que uniformados. Al final del capítulo Pablo mostrará la gran diversidad que había en aquella iglesia, pero lo fundamental es que haya acuerdo en el fondo, en lo espiritual: pensar y sentir lo mismo.

(24)

Se destaca la humildad del apóstol. Quien fue crucificado es Cristo y no él. Quien administra el bautismo es la iglesia y no el predicador. El nombre que debe identificar al creyente y a la congregación es el de Cristo, no el del pastor. Pablo tenía claro cuál era su ministerio, que hoy compararíamos más al de un evangelists que al de un pastor. Este no debe desplazar la importancia de la predicación por el bautismo de los converti-dos, pero tiene la responsabilidad de que éstos lleguen a integrarse sabiamente en la iglesia—lo que harán por medio del bautismo. En estos versículos no hallamos una doctrina sobre el tema, sino el hecho específico de que todos llegaban a la verdad desde el paganismo.

EL MINISTERIO DEL QUE EVANGELIZA (1:17)

1. Es algo a lo que Cristo nos envía (17a). 2. Se predica estrictamente el evangelio (17a).

3. Importa el espíritu con que se hace y no las palabras que se usan (17b).

4. Debe exaltarse la Cruz de Cristo, sin que nuestras pala-bras la hagan secundaria (vana) (17c).

b. Predicamos a cristo crucificado (vv. 18–25)

18 Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a n osotros, 

es poder de Dios. 19 Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los 

entendidos.20  ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde el disputador de este siglo? ¿No ha enlo- 

quecido Dios la sabiduría del mundo? 21 Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios me- 

diante la sabiduria, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.22 Porque los judíos 

 piden señales, y los griegos buscan sabiduría; 23  pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos 

ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; 24 mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo 

 poder de Dios, y sabiduría de Dios.

[P. 35]

El llamado de Pablo a la unidad se basa en dos ideas contrapuestas y complementarias. En primer lugar, to mejor que los corintios—como cualquier grupo o persona cristiana—podían exhibir en cuanto a conocimiento o razonamiento no pasaba de ser una “locura” para los perdidos. En segundo lugar, el mensaje de la cruz es el mensaje de la sabiduría y el poder de Dios. Por eso nuestra palabra es concisa y simple: “Cris-to crucificado” (v. 23).1

CUAL ES EL MENSAJE CRISTIANO (1:18)

1. Es la palabra de la cruz (18a).

2. Los que la consideran una locura se pierden (18a). 3. Los que la aceptan se salvan (18b).

4. Se transforma en poder (18b).

Desde el principio Pablo provee base bíblica para su razonamiento. Cita Is. 29:14, aunque para personas de cultura griega la Escritura no tenía tanta importancia probatoria como para los judíos. De todos modos, siempre es Palabra de Dios y además es posible que hubiera hebreos en la congregación—quizás los que de-cían ser seguidores de Pedro.2Jesús mismo debió enfrentar a los pretendidos eruditos que desmenuzaban el

texto bíblico y hasta podían decir cuántas letras había en cada libro, pero que generalmente perdían el ver-dadero sentido y mensaje por su afán en lo exterior. Debemos recordarlo porque si no creeríamos que Pablo se está oponiendo al estudio y al conocimiento en general.3(En la segunda parte del cap. 2, vuelve sobre este

tema del origen del verdadero conocimiento de las cosas espirituales.)

El mismo tenía la experiencia de que lo creyeran loco (Hch. 26:24), tal como al mismo Señor to habían declarado “fuera de sí” (Jn. 10:20). Es una reacción típica del que es incapaz de entender, sea porque él mismo es ignorante, sea porque no ha tenido la experiencia.

1Ver 2:2.

2A quien llamaban “Cefas” en su idioma.

(25)

[P. 36] LA LOCURA DE LA PREDICACIÓN (1:18–24)

1. Es lo que piensan los que se pierden (18a).

2. Es el estado de la pretendida sabiduría humana (20b). 3. Es lo que reemplaza a esa sabiduría (21).

4. Es lo que piensan los más “sabios”, como eran los griegos (22).

5. Es donde encuentran sabiduría los llamados de Dios (24).

La distinción entre judíos y gentiles se adecua a lo que sabemos de su forma de reaccionar. La cultura  griega dominaba en el mundo, aunque para entonces estaba en decadencia. Sin embargo, el pensamiento de

Platón y Aristóteles todavía influye poderosamente en el nuestro.4Ellos resolvían todo con razonamientos

admirables, pero que se agotaban en sí mismos y no respondían a los grandes problemas de la vida. La inmo-ralidad del ambiente—que se descubre al leer esta carta—nos demuestra cómo la erudición y la lógica no tenían efecto positivo en la vida social. El cristianismo, como continuación del judaísmo, fue la primera fe religiosa que pretendió transformer las conductas de sus seguidores. El rechazo que Pablo sufrió en Atenas—  muy cerca de Corinto—se produjo cuando él pretendió hablar de la resurrección, algo que no estaba de acuerdo con lo que sus oyentes habían estudiado (Hch. 17:31, 32).5

Los judíos, por el contrario, vivían pidiendo una “señal”. En los Evangelios a menudo se mencionan los milagros como “señales”, demostraciones del poder de Dios pare creer en el mensaje del evangelio. Querían que Dios siguiera mostrándose como en el Exodo. Jesús condenó esa actitud, diciendo que era r esultado de una “generación mala y adúltera”, a la que “señal no le será dada” (Mt. 12:39). Su resurrección, precisa-mente, era la única señal que se daría. Todavía hay muchos—inclusive creyentes—que viven tratando de regir sus

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vidas por medio de señales, que creen que Dios tiene el deber de darles. Por eso el mensaje era un “tropezadero” (v. 23). El mismo Cristo declaró que él sería una piedra de tropiezo para quienes asu-man esa actitud.

Si el hombre fuera realmente “sabio” al observar a su alrededor, podría haber encontrado el mensaje de un Dios poderoso y redentor. Aún hoy los hombres piensan que la ciencia, los razonamientos (la filosofía y la teología) o los conceptos religiosos le llevarán a la verdad. Pero ésta se encuentra por encima del pensamiento humano, y por ello Pablo declara que es una locura. Subrayemos: no está contra la razón sino por encima de ella.

EL MENSAJE DE LA CRUZ (1:23)

1. Es lo que predicamos “nosotros” (23a).

2. Tropiezan en él los que se escandalizan—judíos (23b). 3. Lo declaran locura los que quieren un razonamiento a su

alcance—gentiles (23c).

Pablo indica una división de la humanidad que tenía lógica en cuanto a sus lectores: los judíos y los grie- gos. Por un lado, él era to primero y ellos lo segundo. Por el otro, era posible que en la congregación

existie-ran ambos. Y además es una división natural según la enseñanza bíblica, ya que el pueblo hebreo fue recep-tor de las promesas, mientras que los gentiles—todas las demás naciones del mundo, incluso nosotros—eran como un injerto en el árbol principal (Ro. 11:17). Pero en el v. 24 Pablo subraya que esa división no existe para la gracia de Dios y para el seno de la iglesia, así como tampoco otras que mencionará luego y que los hombres tienen en cuenta. ¿Quiénes componen entonces el cuerpo de Cristo?

4

Platón : filósofo griego (429–347 A.C.). Discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles. Fue el primer filósofo político.

Aristóteles : filósofo griego de Macedonia (384–322 A.C.), considerado fundador de la lógica. Admitía la existencia de Dios y la consideraba necesaria como cause primera del mundo.

5Los griegos básicamente buscaban la sabiduría, es decir pruebas intelectuales para la existencia de Dios, como Pablo descubrió en

Atenas (Hch. 17:21), los filósofos allí no estaban en busca de la verdad sino que deseaban debatir sobre nuevas ideas. La sabiduría que procuraban era humana, transitoria.

(26)

LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA

1. Son llamados por Dios, escogidos por él (Ro. 8:30a). 2. Provienen de cualquier origen humano, judíos y gentiles

(Ef. 2:11–14).

3. Tienen en sí el poder de Dios. 4. Tienen la sabiduría de Dios.

La idea del poder divino aparece recién ahora en el análisis paulino (v. 24), que se ha basado especial-mente en la sabiduría de Dios. Ambos van de la mano. Pablo indica que no es “sabio” tener divisiones, por-que la verdadera sabiduría es la acción del Espíritu Santo en los creyentes.

[P. 38]

Pero además los cristianos tienen poder, siempre y cuando se mantengan aferrados a la llave que es la comunión en Cristo. Si se dividen y por to tanto pierden “una misma mente y un mismo parecer”, el poder se diluye y termina por desaparecer.6El poder es de Dios.

Hay una reflexión final donde el autor apela a lo que aparentemente es una contradicción. El v. 25 vuelve a comparar lo que corresponde a Dios con lo que corresponde a los hombres. Antes había mencionado la sabiduría y el poder, ahora se refiere a la falta de ambos: la insensatez y la debilidad. Por supuesto que en Dios no hay absolutamente nada de ello. Lo mejor que pudiera aportar el ser humano es nada en compara-ción con Dios. Sería necio tratar de enfrentar al Señor con nuestras presuntas fuerzas o con nuestro entendi-miento.

6El contexto aquí pone en contraste el poder de Dios con la sabiduría y el poder humano. El poder de Dios es real, produce

resulta-dos, perdona pecaresulta-dos, libra de Satanás, salva el alma, etc. Y cuando uno opera según sabiduría o poder humanos, ese poder salvífi-co desaparece.

(27)

[P. 39]

CAPÍTULO 3

2. MOTIVOS PARA LA UNIDAD (1:26–2:5)

a. La debilidad humana reclama unidad (vv. 26–31)

26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos podero- 

sos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del 

mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28  y lo vil del mundo to menospreciado escogió Dios, y lo 

que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.30 Mas por él estáis vosotros 

en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 31  para 

que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.

Con delicadeza Pablo traza un cuadro de la iglesia de Corinto, como si fuera necesario despertarlos a la realidad. Tal vez algunos de nosotros, en tal situación, habríamos perdido la paciencia y hubiéramos excla-mado algo como: “Pero hijos míos, ¡fíjense quiénes son! ¡No valen nada y se dan el lujo de pelear entre uste-des!” En realidad, es lo que dice el texto, Pero enfocando esa debilidad humana a través del prisma de la mi-sericordia divina.

Entrevemos así algo de la composición de aquella iglesia. Sus mismas características sociales eran una ba-se para que surgieran problemas. Pablo menciona ba-seis categorías en las cuales ellos no son “muchos”.1Los

diversos problemas descritos en los capítulos siguientes nos llevan a pensar que se trataba de una c ongrega-ción de cierta envergadura.2

[P. 40]

Hay una distinción entre la mayoría y la minoría de la iglesia. Cuando Pablo dice que no hay “mu-  chos ” poderosos, nobles, etc. está dando por sentado que sí hay “algunos” , aunque sólo algunos. La mayoría era gente problematizada ya antes de entrar a la iglesia; traían tensiones internas que se reflejaban en la rela-ción entre ellos.

 — Sabios “según la came”, siguiendo criterios humanos. Eran personas que tenían el privilegio de una educación formal, de una cultura más o menos elevada. Quizá hoy diríamos: “No hay muchos doctores ni letrados”.

 — Poderosos, presumiblemente desde el punto de vista político: gobernantes, militares, etc. ¿Qué diríamos hoy? “No hay muchos miembros del gobierno, de las fuerzas armadas, de los partidos políticos”.

 — Nobles. Pertenecían a familias de alto rango social, con un linaje reconocido. Si bien esto hoy no pesa tanto, diríamos: “No hay aristócratas ni familias de prestigio”.

 — Fuertes. Quizá una fuerza no de tipo físico, aunque es la primera idea que nos viene a la mente—en es-pecial pensando en la importancia que se daba allí a los juegos atléticos. “No son muchos deportistas, ni gen-te de físico notable” indicaríamos ahora.

 — Prestigiosos, que en realidad no se nombran sino sólo su contrapartida: “lo vil del mundo, y lo menos-preciado”. A muchas de nuestras congregaciones podríamos decir: “Fíjense cuántos de ustedes son ex mendi- gos, ex presos, ex desempleados” y quizá deberíamos agregar: “Y no están mucho mejor ahora”.

 — Lo que es. Esta es una frase poco clara, que quizás sea sólo un resumen de todo to anterior. Algunos su-ponen que se refiere a los no esclavos, que socialmente eran considerados poco menos que cosas y que jurídi-camente no eran nada. Por otra parte, “lo que no es” es la traducción de la expresión más despreciable en el  griego. Para el pensamiento griego, “ser” era todo, y ser llamado “nada” era el peor insulto.3

[P. 41]

Más adelante veremos la descripción de los cultos en la iglesia de Corinto, donde había gran liber-tad para que, sin mayor orden, los presentes hablaran, cantaran, oraran, etc. (14:26). Imaginémonos lo que

1Eso ya nos indica que no podía ser un grupo demasiado chico, digamos que una o dos docenas de personas.

2Debemos estar preparados para que haya problemas en una iglesia, sobre todo si se suman condiciones como éstas: primero, que

se trate de seres humanos; segundo, que éstos sean más de los que pueden interactuar con facilidad (como un equipo deportivo); tercero, que haya notorias diferencias con trasfondos sociales diversos. Todo eso ocurría en Corinto y era de esperar que aparecie-ran dificultades.

3Otros estudiosos comentan que cuando Pablo habla de aquello “que no es” que Dios escogió para deshacer “lo que es”, el verbo

deshacer señala que la expresión es lenguaje retórico y escatológico, no filosófico. Y a pesar de que aduello “que no es” es una expresión usada en el j udaismo para hablar de la creación ex nihilo (de la nada), y de la conversión como una nueva creación, en la mente paulina “lo que es” tiene connotación negativa.

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podía ocurrir. Allí podía estar un esclavo sentado junto a su dueño y sentir que tenía un mensaje del Señor (y  tenerlo en realidad); podría haber un mendigo en harapos que pretendiera dirigir el canto de algunos que estaban vestidos con ropas de lujo; y tal vez un erudito podía hacer un estudio con palabras doctas que los demás no entendieran. ¡Ciertamente era necesario el Espíritu de unidad que sólo da el Señor!

Con gente así, ¿qué ha hecho el Señor? Pablo exhorta a mirar “vuestra vocación”4(v. 26a). Esta palabra

es la misma que “llamados” (v. 2), lo que nos dice por qué esa gente está reunida.5

LA OBRA DE DIOS EN LOS HOMBRES (1:26–30)

1. Los llamó, “Mirad vuestra vocación”, (26a). 2. Antes los había escogido (27).

3. Les hizo superar sus deficiencias. 4. Los renovó “en Cristo Jesús” (30).

5. Les enseñó a considerarse hermanos entre sí (26a).

Los vv. 26–29 no son tanto declaraciones despectivas acerca de los corintios sino la exaltación de la ma-ravillosa gracia de Dios. Lo que El hizo al elegir a los corintios no sólo demuestra su carácter—está lleno de  gracia—sino que además ilustra que Dios no está restringido por los valores del mundo. El no es responsable

ante los sabios ni debe responder a ellos sino que, por su obra de gracia, los avergonzó.6

Pablo nos dice que los pobres, ignorantes, viles, etc., avergonzarían a todos los sabios y entendidos. Cristo  ya había avergonzado a los “sabios” pues al escoger a los corintios, escatológicamente hablando ya había

comenzado la vindicación final sobre sus enemigos.

[P. 42]

El v. 29 nos da un motivo para que “nadie se jacte en su presencia (la de Dios)”.7Al elegirlos Dios

eliminó cualquier posibilidad humana de obtener el favor divino con recursos propios.

Cuando el v. 30 comienza con “mas”, establece una contraposición con lo anterior. Por un lado, están to-dos los méritos del mundo; por el otro, nuestra nueva situación en Cristo Jesús.

ESTAR EN CRISTO (1:30–31)

1. Es algo hecho por Dios (30).

2. Cristo es la base de nuestra nueva vida (30a). 3. El nos ha cambiado (30b).

4. Así se cumplen las Escrituras (31).

5. Así se quita la jactancia y se llama a la humildad (31).

La enumeración de los cuatro aspectos de la obra de Dios en nosotros (v. 30) es realmente impresionante. Abarca lo mencionado en los versículos anteriores, pero va más allá. Comienza por la “sabiduría”: ¡ahora los creyentes son los realmente sabios! Pero luego sigue con “justificación”, “santificación” y “redención”.8Se

trata de algunos ejemplos y no de una enumeración completa con un orden estricto de sucesión. Digamos

4Del gr. KLESIS, origen, naturaleza y destino (ver Ef. 1:18; 2 Ti. 1:9).

5Aunque vocación se refiere al llamado para salvación, Pablo tiene en mente quiénes eran los corintios en el momento en que

fue-ron llamados. Al llamar a su pueblo, Dios no se interesó por los valores del presente, la sabiduría humana o los méritos. Al llamar-los eligió especialmente a llamar-los que eran contradicción viviente de tales valores.

6Esto expresa la vindicación de Dios ante sus enemigos, vindicación relacionada con los justos juicios divinos.

7La muerte de Cristo por los pecadores acabó con toda pretensión humana. Sólo hay que jactarse en Dios y en su misericordia.

Todo otro motivo ha sido abolido.

8Sabiduría: No sólo somos salvos por la sabiduría de Dios, sino q ue él nos da su sabiduría para reemplazar la nuestra. Sabiduría

divina es la capacidad de evaluar la vida con los ojos de Dios (ver Pr. 1:7; Stg. 1:5). Justificación : Cristo es nuestra justicia. La idea es un “estado correcto”, el de Cristo por ejemplo. Cuando uno recibe e Jesucristo, Dios le da la justicia de su Hijo (Ro. 4:5; 2 Co. 5:21), y como resultado somos ju stificados por la fe (Ro. 5:1). Santificación : En Cristo el creyente es apartado, declarado santo. La santificación tiene dos aspectos: el posicional y el progresivo. En Cristo ya somos santos, pero él nos da de su Espíritu y progresiva-mente nuestro andar se va asemejando más a nuestra posición en Cristo (Gá. 5:22–23; 2 Co. 3:18; Ef. 2:10). Redención : La idea es comprar un esclavo en el mercado. Cristo nos compró con su sangre para librarnos de la esclavitud del pecado (Ef. 1:14; 1 P. 1:18–  19).

Referencias

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