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Compedio de Historia Sagrada segundo grado

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(1)
(2)

SEGUNDO GRADO

COMPENDIO

DE

K s íc l'e i .a s P b o f e s i o k a i . e s d e A h t e s y O k j c i o s SEVILLA

(3)
(4)

i n s r i o i o :e

Primera é p o c a... p¿£. 3

1. Creación del m u n d o... .... .... » 9

2. Creación da los ¿ogalea...» 5

3. Paraíso terrenal; creación de Eva . . . » . 6

4. Pecado de nuestros primeros padres . . » 6

5. Castigo del p e c a d o ...■ 7

6. Caín y Abel...® 9

7. £1 diluvio... .... » 11

8. Noé da gracias a. D io s ...» 19

Los hijos da Noé. Maldición de Caía. . » 14

10. La. torre de Babel. Dispersión del género humano... » 16

Sbquhxjaé p o o a... . » 17

1. Vocación de Abraha.ni... ....» 17

2. Sus virtudes...» 19

3. Nuevas promesas del Señor. Fe do Ahr& hau...» 19

4. Caridad de Abrahara. Sodoma . . . . » 20

5. Sacrificio de Isaac. Nueva promesa dol Mesías ...» 21

8. Casamiento de Isaac. Maerte de Abr&-ham ... .... ... » 23

7. Esaú y J a c o b ... * 25

ti. Escala de J a c o b ... » 28

y. Vuelta de J a c o b ... » 30

10. Los hijos de Jacob; predilección por José... ... » 32

11. José en la cis te r n a ...■ 33

12. José v e n d i d o ...» 34

IB. José en Egipto... » 35

14. José en la cárcel . . ... » 36

15. Exaltación de José ...» 97

16. Los hermanos de Jo3¿ en Egipto . • . » 39 17. Simeón queda en rehenes... > 40 18. Benjamín en Egipto...» 41

19. La copa de J o s é ...» 43

20. José se da a conocer...» 44 21. Jacob va a E g i p t o ... . ■ > 46

(5)

— 284 —

22. Muerte de Jacob y de José . . . . pág. 47

28. Historia de J o b ... » -i9

Tercera Ap o c a... > 5 2 1. Nacimiento de Moisés . . . » 52

2. Misión da M oisés... -* 54

3. Moisés ante Faraón. Las plagas . . . ¿ 55

4. El Cordero Pascual. Décima plaga. . . » 57

6. Paso del mar R o j o ...* 58

6. Aguas amarg-aa. £1 maná... * 60

7. Agua prodigiosa. Los amaiecitas . . . » 62

- 8 . El monte Sino!. £1 Decálogo . . . . » 62

9. El becerro de o r o ... a 65 10. £1 Tabernáculo; el arce.; los sacrificios . » 66 11. Los exploradores de la tierra prometida. s 69 12. Castigo de Coré, Dat¿n y Abirófl . . . » 70

IB. Duda de M o i s é s ... .... » 71

14. Muerte de Aarón... » 72

15. Muerte de Moisés... » 7B 16. Josué. Paso del Jordin. Jericó. . . . » 74

17. Lo» Jaeces. G e d e ó n ... t 77 13. Sansón... ...» 79

19. Helí y sus hijos, Samuel . . . » 82

Cuarta é p o c a... » 85

1. SkúI, primer rey de los israelitas. David > $3 2. David y G o l i a t . ... .» S6 3. Envidia de Saúl, $u m uerte... » 89

4. David, rey de Israel...» 91

6. Victorias de David. Su caída y peniten­ cia. Su m uerte... » 93

G. íalonióü en el trono...» ¡.15

7. Templo de Salom ón...» 97

3. Poderío de SaIoiuód. Su muerte. . . . » 98

9. División del r e i n o ... • 99

Quinta época... » 100

1. Los reyes hasta A c a b ... J00 2. £1 profeta Elias . ... < 1 0 1 5. Muerte de A c a b ...» 103

4. El profeta Elíseo. . . . » 105

5. Prodigios y muerte de Elíseo . . . . » 107

6. El profeta J o n ¿4 ...* 109

7. Fin del reino de Isra el... .... » 110

8. Historia de Tobías . . . » 111

9. Viaje del joven T o b ía s... » 119

(6)

REINO DE JUDÁ

11. Desde Robo mu hasta Josafat... pAg. 116 12. Desde Jorán hasta Acaz . . . » 117 13. ReiDado de Ezequías...j lvffl 14. Fin dol reino de J u d á ...> 12á 15. Sitio de Betulia. Judifc...» 123 Sb x t a ¿p o c a... » í -2ti 1. Daüial y sus compañeros...» 1-28 2. La casta S u s a n a ... . . . » 127 3. Sneuo de Nabucodonosor . . . > l'¿8 4. E l horno encendido... .... » 130 G, El implo Baltasnr... » 192 6. Vuelta-del c a u tiv e r io ... » U5 7. Esdras y N eheiúías...• 134 8. Ester y M ardoqueo... » 136 9. Alejandro Magno y los judíos . . . . > 139 10. Castigo de H e l i o d o r o ...» 140 11. El anciano E la a z a r... » 141 12. Heroísmo de una madre y de sus siete

hijos... ... » 142 13. Los M a c á b e o s ... » 144 14. Castigo de A n tio cO ...» 146 15. Muerte de Eleaz&r y de Judas . . . . » 147 16. Ultimos tie m p o s ... * 143 NUEVO TESTAMENTO.—Capítulo primero.—

Vida privada de Jesuoristo . . . . » 151 1. Expectación del Mesías... > 151 2. Anunciación del nacimiento de Jesús . » 152 3. Mar i a visira a sm prima Santa Isabel. . » 154 4. Nacimiento de Jesús... » 156 5. Los Reyes Magos... ... 157 6. Presentación de Jesús en el Templo . . » 168 7. La huida a Egipto . . . » 159 8. Jesús interroga a los doctoras . . . . » 160 9. San Juan B a u t i s t a ... » 161 Capítulo segundo.—Vida pública de Jesús . . » 162 1. Bautismo de J e s ú s ... » lt»2 'i. Testimonio del Bautista. 1.®* Milagro , » 164 3. Jesús arroja a los mercaderes del Templo. » 166 4. Muerte del Bautista...» 167 ó. Elección de los Apóstoles... » 168 6. Principales milagros de Jesús . . . . » 169 Primera pesca milagrosa . . . . . > 1 7 0 Curación de un poseso . . . » 171

(7)

Tempestad, calmada . ...p¿g. 172

Curación de un paralítico... » 173

Curación de Iá hija de Jairo . . . . » 174

Curación de dos c ie g o s ... » 17S Mulbiplición de loa p a n es... > 175 7. Sermón de la montaña... » 177

Dignidad de los Apóstoles . . . . » 178

Perfección cristiana • ...» 178

Caridad p ira con el enemigo . . . .... * 179

Medios para conseguir esta perfec­ ción ...» 179 Normaa de conducta...» 179 Verdadero te so ro ...» 190 Vanos c u id a d o s ...» 180 Juicios te m e r a r io s ... » 181 Sencillez en et h a b la r ... > 181 Fin del sermón...» 181

8. Las P arábolas... * 192

£1 buen grano y la cizaña . . . . > lb3 Parábola del tesoro y de la perla preciosa...» 184

El perdón de las in ju r ia s ... » 184

El buen .Saraarita.no ... » 186

El Fariseo y el Pablicano... » 187

El hijo p r ó d i g o ...» 187

Lázaro y el rico Epulón . , , . , » 189 9. Jesús hace a San Pedro Jefe supremo de su. Iglesia... > 1 9 1 10. La tra n sfig u ra ción ... ... 192

11. Resurrección de L á z a r o ... » 193

12. Jesús acepta un convite . . . > 196 13. Jesús entra triunfante en Jerusalén . » 197 Capitulo IIL — Pasión y muerte de Jesucristo. > 199 1. Traición de J u d a s ...» 199

2. Cordero P a s c u a l... » 200

Institución del Santísimo Sacramento. » 202 Jesús predice la traición de Judaa. . » 202

Predicción de la negación de Pedro. » 203 3. Jesús en el monte Olívete... » 204

4. Traición de J a d a s ...» 206

6. Nog&ción de P e d r o ...» 207

6. Jesús a torm en ta d o... » 209

7. Jesús ante P í l a t e ... » 211

8. Je9Ús ante Herodes...» 212 236 —

(8)

— 287 —

9. Jesús pospuesto & B u r a liía ... pág. 10. Jesús azotado y coronado da espinas. . » 11. Camino del C a lv a r io ...» 12. Jesús cru cificado... » 19. Jesús en la c r u z ... » 14. Muerte de J e s ú s ... » 15. Jesús en el sepulcro... » 16. Gloriosa R esurrección... i 17. Jesús se aparece a la Magdalena . . . » 18. Los discípulos de E m a ú s ...> 19. Jesús se aparece a los Apóstoles . » 20. Suda de Santo T ó i u i s ... » 21. La pesca m ila g ro s a ... » 22. Midiód de los a p ó s t o l e s ... » 23. Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo . i 24. Venida del Espíritu S a n t o ... »

212 214 215 216 216 218 219 220 222 223 224 225 226 227 228 229

(9)

ANTIGUO TESTAMENTO

P R IM E R A EPO CA

DESDE! LA CREACION DEL UUNI>0 HASTA A 3B A H A U (Unos 2039 años)

1. Creación del mundo.

En el principio Dios creó el Cielo y la Tierra. Pero la tierra estaba desierta, tenebrosa y cubierta de profundas aguas. Y dijo Dios:

Hágase la luz, y la luz fné hecha. Esto fué el

primer día.

El segundo día dijo: Hágase el firmamento;

y luego se extendió esa hermosa bóveda azulada.

El tercer día D ios dijo: Reúnanse en un sitio

las aguas qtte están debajo del Cielo, y aparezca la tierra. Así s» hizo, y aparecieron sobre ella

las fuentes, los arroyos y los ríos. Mandó luego Dios a la tierra que produjese yerbas, plantas

y árboles de todas clases; y rióse adornada de

infinidad de flores y de árboles que dan fruto según su especie.

El cuarto día dijo Dios: Haya en el firma­

mento cuerpos luminosos; y brillaron el Sol, la

luna y las estrellas.

E l quinto día dijo Dios: Haya peces en el

agua y aves en el aire; y a la voz del Seüor las ¿Qué hizo Dios en el principio, y qué dijo' ¿Qué dijo Dios el segundo din? ¿Y el tercero? ¿Qüé mitndú luepo? ¿Qué dijo el cuarto día, y qué el quinto!'

(10)

— -J

aguas se vieron henchidas de peces y los aires poblados de aves.

E l sexto día dijo Dios: Produzca la tierra toda

clase de animales• y asi fuá. Luego añadió: Ha­ ga moa al hombre a nuestra imagen y semejanza, y tenga dominio sobre la tierra. F orm ó con na

poco de barro el cuerpo del hombre y ’ le in ­ fundió un alma inmortal. A este hom bre, creado de esta manera, llamó Adán, que quiere decir

hecho de tierra.

Contempló luego el Señor todas las cosas que había creado, y vió que eran muy buenas. El séptimo día descansó, es decir, dejó de crear nuevas especies de criaturas,

Dios bendijo el séptimo <1íb, lo santificó y qniso qoe, para el hombre, fn«*e> día. de descanso y de acción de grncíAs; día en que, absteniéndose de todo trabajo servil,

-;Qné dijo y qué hizo el sexta día i* ¿Qné hizo luego el Señor?

(11)

pudiera pensar en Dios, estudiar su ley, exponerlo sus necesidades y darle gracias por los beneficios recibidos.

Creación «le los Angele»,

D ios oreó también un gran número de espí­ ritus puros llamados ángeles, es decir, mensa­

je ro s . Estos ángeles estaban dotados de gran

iuteligencia y de riquísimos dones.

La m ayor paji-te fueron fieles a su Criador, pero algunos, uo¡ pues capitaneados por Lu­ cife r se rebelaron contra E l, queriendo ser iguales al Albísimo.

Levantóse S. Miguel contra estos soberbios al grito de ¿Quién como Dios?, y seguido de los ángeles buenos, arrojó del Cielo a los rebeldes, a los cuales Dios sepultó en el infierno, que creó para su castigo.

Esos ángeles rebeldes son los diablos o de­

monios que nos incitan a cometer el pecado, para

arrastrarnos también al infierno. Pero D ios ha señalado a cada hombre un ángel bueno que le ayuda y le defiende.

Si escuchamos rtspotu-os&inente a este Angel, si le hacemos caso, y no ofendemos a Dios, iremos a ocupar el puesto que perdieron los áug-eles malos.

3 . P a r a ís o te rre n a l; creación «le K va. Dios, después de haber adornado a Adán con los más envidiables dones, le puso en el Paraíso terrenal, que era un jardín amenísimo, en el que había árboles de todas clases, cargados de las frutas más exquisitas.

¿Qué m á s creó Dios? ¿Fueron fletas a. s u Criador? ¿Qué ocurrió? ¿Qué son esos ángeles rebeldes? ¿En dónde puso Dios a Adán, y qué era el Paraíso terree al?

(12)

— 6

-Un manantial abundante, que daba origen a cuatro ríos caudalosos, regaba este hermo­ so jardín, en donde todo respiraba felicidad y delicia.

E l Señor hizo desfilar ante el primer hom ­ bre a todos los animales, com o para que le rindieran homenaje; y Adán puso un nombre a cada uno de ellos.

Luego Dios quiso dar una compañera a Adán, y le sumió eu uu sueno profundo: m ien­ tras dormía, le sacó una de las costillas, y de ella form ó a la primera mujer, que se llamó

Eva, es decir, madre de los vivientes.

Dos árboles descollaban en el Paraíso te­ rrenal: el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

D ios dijo a nuestros primeros padres: P o­

déis comer los frutos de todos los árboles, menos lós del árbol de la ciencia del bien y del mal. E l día en que faltéis a mi prohibición, moriréis.

Adán y E va vivían felices en el Paraíso- Dios velaba sobre ellos, com o un padre vela sobre sus amados hijos; nada les faltaba, y el fruto del árbol de la vida los libraba de to­ das las dolencias y auu de la muerte.

Los Santos Padres ven en este ¿rbol de la vida ana fi­ gura del Verbo encarnado, cuya carne vivificante man­ tiene la vida del alma y comunica la. inmortalidad.

4. Pecado de nuestros prim eros padres.

E nvidioso L ucifer de la felicidad de nues­ tros prim eros padres, quiso perderlos; y para ¿Qué manantial había? ¿Qué hizo el Señor? ¿Qué ^uiso luego Dios? ¿Qué Arboles descollaban? ¿Qué dijo Dios a nuestros primeros padres? ¿Cómo vivían Adán y Eva? ¿De quién Se valió Lucifer para perder a nuestros prime­ ros padrea?

(13)

ello se valió de la serpiente, que era el más astuto de los animales que D ios había criado.

B ajo la apariencia de serpiente, dirigióse un día el demonio a Eva, que se había acer­ cado al árbol vedado, y le dijo: ¿P or qué no

comes del fruto de este árbol?

— Porque nos lo ha prohibido el Señor bajo p e­ na de muerte— contestó Eva.

No tal—r e p lic ó la a stu ta s e r p ie n te— si co­ méis ese fru to, abriránae vuestros ojos y seréis como D ios, sabedores del bien y del mal.

Eva puso sus ojos en el fruto prohibido, y le pareció hermoso y que tendría un gusta exquisito. Por fin alargó ,1a mano, y com ió. L u e ­ go ofreciólo a Adán, que también com ió.

Abriéronse al momento los ojos de Adán y de Eva, y se vieron desnudos, pues acaba­ ban de perder el traje de la inocencia de que basta entonces estuvieron revestidos. Llenos de vergüenza, se cubrieron con hojas de higue­ ra y, temblando, corrieron a ocultarse entre los árboles del Paraíso.

Así se com etió el prim er pecado, que c o ­ munmente se llama pecado original.

No debemos olvidar que los vestidos, aunque sean de púrpura y He seda, nos recuerdan la falta y la ver^Uennn. de nuestros primeros pudres.

5. C

r

M

íjjo

del pecado.

Pronto se oy ó la voz de Dios: Adán, Adán,

¿dónde estás?—A d á n respondió: Señor, oí tu vos, tuve miedo y, porque estaba desnudo, me escondi.

fífué hizo y qué dijo;' ¿Qué contestó Eva? ¿Qué repli­ có lih serpiente? ¿Qué hizo Eva? ¿Qué ocurrió entonces? ¿Qué decía la voz de DiüSj y qué respondió Adán?

(14)

El Señor añadió: ¿Cómo han sabido que

?yi■■•!>"« desmido, sino porque Iws comido del i'trboi de que te mandé que no comieras? A lo <1 :j<* Adán replicó: La mujer, que me disfe p or

cumpa fiera, me ofreció y he comido.

— a —

Entonces dijo Dios & la mujer: ¿P or qué

has hecho eso? Y E va respondió: La serpiente me ha engañado, y he comido.

V iendo el Señor que 110 se humillaban y podían perdón, sino que se echaban la cul­ pa el uno al otro, dijo a la serpiente: Porque

has hecho esto, serás maldita entre todos ios ani­ males, andarán arrastrándote sobre tu pecho y ¿Q u é m i s d i j o e l S é fiu r a AJ¡uj y a E v a , y q u é r e s ­ p o n d ie r o n é s t o s ? ¿ Q u é h i z o el S e ñ o r v itítc ló qilti n o se ¡¡u m illa b a n ?

(15)

comerás tierra todos los dias de tu vida. P on ­ dré enemistades entre ti y la mujer, entre tu linaje ¡j el suyo. Ella quebrantará ftt cabeza, y tú pondrás en vano asechanzas a sti calca- liar.

V olvióse a la mujer, y le dijo: Tus hijos

te darán mucho que sufrir, y estarán sujeta al hombre.

L uego dijo a Adán: Maldita será p o r tu

cama la tierra, la cual se cubrirá de espinas ¡i de abrojos. Comerás el p a n con el sudor de ta. rostro hasta que vuelvas a la tierra de la que fuiste form ado; porque eres polvo y en polvo te convertirás.

D io luego el Señor a Adán y a Eva. ves­ tidos hechos con pieles de animales, y los arro­ jó del Paraíso terrenal. Un Querubín, arma­ do con una espada de fu ego, se colo có en la puerta para impedirles la entrada.

En la ruiauifi sentencia, que Dios fulmina contra Adán y Era, aparece clarnmeuto la promesa del Redentor y de uua Mediador™. Mavía, por medio de Jesús, fruto ben­ dito de $11$ entrañas, debía aplastar un día la cabeza de Satanás. Así nonio por un hombre (Adán) entró en 6l mundo la muerte; asi por obro hombre (nuestro adorí-ble Salvador) entró en el inundo la vida.

8. Caín y A b el.

Adán y E ra tuvieron varios hijos, siendo el prim ogénito Caín, y A bel el segundo. Caín se dedicó a las labores del campo; A b el a la vida pastoril.

Am bos ofrecían sacrificios al Señor. A bel, que era bueno y generoso para con D ios,

ofre-r;Qn¿ palabras dirigió a la mujer, y cuá-leS ft Adán? ¿Qué pas¿ Luego? Hijos de AdAn y Eva. Sus ocupacio­ nes. ¿Quiéu era más genero !»0?

(16)

— 10 —

cía lo m ejor de su rebaño. Caín en cam bio se mostraba m uy mezquino.

Un día, el Señor m anifestó do un modo sen­ sible que prefería los obsequios de A bel a los de Caín; por lo que este em pezó a odiar a sn hermano.

Dios, que lee en los corazones de los hom­ bres, dijo a Caín: ¿P o r qué te has enojado? Sé

bueno, y te amaré como a tu hermano; pero si eres malo, í » conducta atraerá mi venganza.

Estas palabras, que el Seüor le dijo para salvarle, no hicieron mella en Caín, y su odio hacia el hermano fue en aumento.

Un día dijo a A b el: Ven conmigo al campo. A bel le siguió gustoso; pero arrojóse Caín so­ bre él y le mató.

Oyóse luego la voz del Señor; Caín, idónde

está tu hermano? A lo que Caín contestó con ¿Qué hizo el Señori' ¿Qué dijo Dios a, Caín? ¿Se en­ mendó ésle? ;Qué hias':1 Voz del Señor y contestación de CafD.

(17)

— 11 —

insolencia: N o lo sé; ¿soy acaso el guardián

de mi hermano?

Esta conducta merecía en el acto na casti­ go; pero D ios quiso darle tiempo para hacer penitencia y añadió: ¿Que has hecho, Caín? La

sangre de tu hermano pide venganza. P or esto serás maldito; la tierra no corresponderá a tus sudores y andarás errante y fugitivo.

Consternado 0011 esta sentencia, Caín dijo:

M i crimen es muy grande para m erecer p er­ dón; y desde aquel instante empezó su vida

de vagamundo.

El inocente Abel, muerto por s*u hermano^ Caín, es figura del dulcísimo Jesús, a quien mataron sus her­ manos los judíos.

7

.

El dllnvlo.

Dios concedió a Adán

un

hijo muy bueno, llamado Set, para consolarle de la pérdida del justo

Abel-Set fue el padre de los hijos de Dio*; así llamados porque fueron fieles al Señor. Los descendientes de Caín fueron malos, y la Es­ critura les da el nom bre de hijos de los hom ­ bres.

P ero, poco a poco, los hijos de Set fueron tam bién corrom piéndose por haber trabado re­ laciones con los hijos de Caín; y llegó a tal grado la depravación de las gentes, que Dios, por decirlo así, se arrepintió de haber creado al hombre.

¿Qué merecía. esto, conducta? Palabras de Caín, hijo concedió Dios a. Adán? ¿Cómo se llamaron los hijos de Set, y cómo los de Caín? ¿Qué ocurrió poco a. pocos.

(18)

— 1-2 —

H ubo, sin em bargo, un descendiente de Se le se conservó puro en medio de la corru; ón general: este justo fue Koé.

E l Señor le llamó un día y le dijo: He r

lelto destruir el mundo por medio de un dil o. Tú has hallado gracia delante de mi: haz

i arca de trescientos m etros de longitud, pt

iciienta de ancho y treinta de alto. En la pat superior harás una ventana, y a un lado i erta.

Noé obedeció, y em pleó muchos aüos e construcción del arca, exhortando mientrt íto a los hom bres a que se arrepintieran c > crímenes e hiciesen penitencia- Pero ni

le hizo caso; antes se rieron de él, y s .regaron a mayores excesos.

Terminada el arca, el Señor dijo a No<

ntro de siete dias empezará a llover, y l ña durará cuarenta diav y cuarenta noche

Ntwlie se Qousorvó puro:* ¿Qué le dijo el Señor? ¿Q< > Noé? Pulubras del Señor.

(19)

— 13

-P or lo que entraron en el arca Noy, su mujer, sus hijos con sus esposas, y algunos animales de cada especie.

Pasados los siete días, oscurecióse el cielo y empezó a llover a torrentes. Los ríos y los mares, desbordándose, inundaron la tierra; y el agua alcanzó tal altura, que subió quince codos sobre los monte9 más altos.

Nadie pudo salvarse; hombres y animales todos perecieron; mientras que el arca de Noé flotaba tranquilamente sobre las aguas, porque contaba con la protección de Dios.

El urca de Noé es una figura d é la Iglesia católica; así como fuera del nTca nadie pudo salvarse, aví fuera de

la Iglesia tampoco hay salvación.

8. Xoé «la gracias a 1>

íom

.

Las aguas del dilu vio cubrieron la tierra durante ciento cincuenta días; pasados los oua- les, el Señor, que velaba por los suyos, hizo soplar un viento que las fué secando poco a poco.

El arca, después de haber navegado feliz­ mente siete meses, tom ó tierra en un monte de Arm enia, llam ado A rarat; pero con todo Noé no pudo ver las cimas de los montes cerca­ nos hasta tres meses más tarde.

Entonoes quiso saber cóm o estaba la tierra; y, abriendo la ventana, soltó un cuervo, que no volvi<5. E n vió luego una paloma; y, coing la linda avecilla no encontrara sitio donde po­ sar los pies, regresó al arca.

«Qné hizo Noé? ¿Qaó ocurrió pasados siete días? ¿Su salvó alguien? ¿Qué hizo el Señor a loa 150 días? ¿El a.rc>a dónde tomó tierra? ¿Qoé hizo Noé para ver có­ mo estaba la tierra?

(20)

- 14 —

E speró N oé siete dias más, y soltó de nue­ vo una paloma, la cual volv ió por la barde tra­ yendo e n e l pico un ram ito de olivo; QOU lo que N oé com prendió que la superficie de la tie­ rra estaba casi toda seca; pues el olivo no se da en las grandes alturas.

T ercera vez echóla después de otros siete días, y ya no volvió.

Esperó sin em bargo Noé alguuos días, y re­ cibida la ordetx del Señor, salieron del arca ál. su mujer, sus hijos y todos los animales que eu ella se habían salvado.

AI pisar de nuevo la tierra después de un año, lleno Noé de gratitud por los bene6cios re­ cibidos, levantó ua altar y ofreció a Dios sa­ crificios.

A gradóle a Dios este homenaje y, bendi­ ciendo a Noé y a sus hijos, hizo brillar un hermoso arco iris, y dijo: Ya no m aldeciré a la

tierra p o r Ion hombres, ni destruiré a todo ser vi­ viente como lo he hecho. Estableceré un pacto con vosotros y con vuestros descendientes; y, pa ra que creáiis que no he de enviar otro diluvio sobre la tierra , pondré mi arco sobre las nubes y será señal de mi alianza con vosotros.

Noé, que quiere decir Coitíolador, es una figura del KJe«J»s¡ j eI aren, como ya se ha dicho, de la Iglesia. Nótese que cuanto mis subían las aguns del diluvio, tacto m is se elevaba el arca hacia el Cielo; así cuan­ tas más tribulaciones padece la Iglesia, tanto más per­ fecta es y tanto más se eleva a Dios.

9. Los hljoH de Noé. M aldición de l'a m .

Los hijos de Noé se llamaban Sem, üatn y Jafet, y con ellos se consagró este Patriarca

¿Y a los siete dÍAS? ¿Cu&ndo salió del arca? ¿Qué hizo después? ;L e agradé al S-añorV ¿Qué dijo? Nombre de los hijos de Noé y sus ocupaciones.

(21)

al cultivo de la tierra. Entre las plantas, que N oé cu ltivó, figura la vid, a la que consagró particulares cuidados, llegando a hacer viuo.

Desconociendo el Patriarca los efectos qne causa este licor, uli día bebió demasiado y se em briagó involuntariamente, quedando ten di­ do en. su tienda casi desnudo.

V iole Cata y , riéndose de él, fuá a contarlo a los hermanos. Pero éstos fueron más respe­ tuosos, y supieron cum plir mejor con los de­ beres filiales.

A l despertarse, se enteró el santo Patriarca de lo que Caui había hecho, y m aldijo a Canaán. hijo do Catn, con estas terribles palabras: Mal­

dito Canaán sobre la tierra, siervo será de los siervos de íms hermanos.

Noé v iv ió todavía, después del diluvio, tres­ cientos cincuenta años. Este tiem po lo empleó el Patriarca en instruir a sus descendientes so­ bre las verdades capitales de la R eligión y en comunicarles los hechos acaecidos desde la crea­ ción: murió a la edad de 950 años.

Después del diluvio e m p i e z a a decrecer notablemente la vida de los hombres. Nuestros primeros padres y sus inmediatos descendientes alcanzaron una edad muy avanzada. Matusalén, por ejem plo, que ha sido el hombre que más ha vivido, llegó a los 969 años; pero después del diluvio, sea por castigo de Dios, sea por que la tierra, maldecida ya por el Señor, perdiera por efecto de tan larga inundación su fuerza y fecundidad' o porque los hombres, abusando de la carne y del vino robustezcan los gérmenes

»

—- 15 —

Planta que cultivó. ¿Qüé ocurrió? ,;Qai«u le vió y qué hizu? ¿Qné hizo I liego NoéiJ ¿CuAnto vivié todavía Ñoé, y qué hizo? ¿Qué ocurre después del diluvio?

(22)

de corru pción , es lo cierto que son. contados des­ de entonces los que pasan de los 100 años.

La terrible maldición, que Noé fulmina contra La raza de Cara, ensena a los hijos el respeto que deben tener a. sus pudres.

10- La torre de Kabel. Dispersión del género limnauo.

— 10 —

Los descendientes de Noé llegaron a ser tan numerosos, que d o cabiendo en una misma región, resolvieron separarse. Pero antes, p a ra

perpetuar su memoria, y aun para defenderse, en caao necesario, de un nuevo diluvio que D ios quisiera enviarles, determinaron edificar una torre que llegara al cielo.

Trabajaban todos oon ardor indecible en tan descabellada empresa, cuando Dios, para hum i­ llar la soberbia de aquellos insensatos, con fu n ­ dió su lengua.

(23)

— 17 —

No pudiendo entenderse ni los que manda- bao ni los que obedecían, suspendieron la obra comenzada, y se dispersaron por iodo el mundo.

Loa descendientes de Cam se dirigieron en

311 m ayoría al A frica ; los de Jafet pasaron a Europa, y los de Sem ocuparon varias regio­ nes del

Asía-No pasó miifch.0 tiempo sin que los pueblos, olvidándose del único y verdadero Dios, se entre­ garan a la idolatría, es decir, al culto de los dioses falsos.

Y llegó & tanto la insensatez de los hombres, que habiendo empezado por adorar al sol, a la luna y a las estrellas, acabaron adorando a los mismos animales y divinizando sus propias pa­ siones. A ranchas de estas divinidades, el hombre llegó a sacrificar víctimas humanas.

Sólo La verdad hace graude al hombre; el error le degrada y le humilla hasta llevarle a los m is horribles excesos. Por esto vamos que loa pueblos, a medida que so spnrcan de Dios, caen au las mAs tristes y vergonzo­ s a aberraciones.

SE G U N D A E P O C A D E S D K A B B A H A U H A STA . M O IS É S

(U n o? B00 añas)

1. Vocación de Abrahaui.

Un descendiente de Sem guardaba fidelidad al verdadero Dios, cuando todo el mundo se entregaba al desenfreno y a la idolatría. Este hombre era Abraham , natural de IJr de la Caldea, país habitado por idólatras.

¿Qué ocurrió? ¿A dónde se dirigieron? ¿Qué hicieron lóa pueblos? ¿A ouá.nlo llegó la insensatez de Loa hom­ bres? ¿Qaién guardaba fidelidad al verdadero Dies?

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— 18 —

Dios dijo a Abraham : Sal de la tierra que

habitas, y ve a la que yo te indicará. Te haré p a d re de un pueblo numeroso, te bendeciré y en­ grandeceré tu nombre. En ti serán benditos iodos los pueblos.

Obediente a la voz del Señor, Abraham salió de su tierra acompañado de su mujer y de su sobrino Lofc, y llegó al país de (Janaán, que fuá el que Dios le indicó.

A pareciósele de nuevo el Señor, y le p ro­ metió que esa tierra sería de sus desoendientes. Abraham, agradecido a los beneficios que Dios le concedía, le ofreció sacrificios e in vocó su nombre.

Si. S

iui

virtudes.

En poco tiem po los ganados de Abraham y de L ot llegaron a ser tan numerosos, que no los podía contener la com arca en que habitaban.

Para evitar las frecuentes riñas, que entre loa pastores de uno y otro se suscitaban, A b ra ­ ham se separó amistosamente de su sobrino, el cual se dirigió hacia Sodoma.

P oco tiem po después, vencidos el re y de Sodom a y sus aliados por otros reyes con q u ie­ nes estaban en guerra, L ot y todos los suyos fueron hechos prisioneros.

Enterado Abraham de la desgracia de su sobrino, ca y ó de noche con un puñado de v a ­ lientes sobre las tropas vencedoras, y las puso en precipitada fuga, recobrando de este modo el botín, y poniendo en libertad a su sobrino y a los demás com pañeros de cautiverio.

¿Qué le dijo Dios? ¿Qué hizo Abraham? Promesa del Señor. Cíansdos do Abraham, ¿Qué hizo para evitar las viñiis':’ ¿Qué p&9ó después? ¿Abraham que hizo?

(25)

— 19 —

Cuando Abrahai» regresaba victorioso, sa­ lióle al encuentro M elquisedec, sacerdote del verdadero Dios y a la vez rey de Salem, el Cual bendijo a Abraham y ofreció al Señor un sacrificio de pan y vino.

Era tal el desinterés y la grandeza de alma del patriarca Abraham , que a pesar de las ins­ tancias que le hizo el rey de Sodoma, no quiso aceptar nada de las cuantiosas riquezas que se le ofrecían.

El sacrificio de pan y vino que ofreció Melquisedec, «S u n » figura del sanco Sacrificio de la Misa, y Molqui- sedec lo es da Jesucristo, sacerdote eterno que ofrece con­ tinuamente eso sacriücio.

3. Nncva» promesa* «1*1 Señor.

Fe de .V braliam.

El patriarca Abraham poseía inmensas r i­ quezas, pero no tenia hijos a quienes poderlas legar. Quejóse una noche a Dios; y el Seüor, sacándole de su tienda, le dijo: Comtempla ese

hermoso Cielo y cuenta sus estrellas, si puedes; pues tan numerosa será tu descendencia.

E n efecto, Abraham no tardó en tener un hijo ; pero antes medió otra profecía.

Estando un día sentado a la pnarta de su tienda, el Patriarca vió pasar tres viajeros. L e­ vantóse al punto y , sallándoles al encuentro, se inclinó profandamento y dijo a uno de ellos:

Servios honrar mi casa, deteniéndoos en ella; descansad a la sombra de estos árboles; come­ réis conmigo un pedazo de pan. y luego con­ tinuaréis vuestro camino.

¿Quién le shIíó ftL eucuentro? De?iuteré.} de Abraham. ¿De qué carecía Abraham, y qué lo dijo el Señor? ¿Qué hizo el Patiirtrca aL ver tres viajeros, y qué los- dijo?

(26)

— 20 —

A lo que ellos contestaron: Haz como has

dicho. Abraham corrió a sil tienda, e hizo que

su mujer, que se llamaba Sara, preparara al­ gunas tortas; escogió luego el mejor ternero y, tomando leche y manteca, lo presentó todo a sus huéspedes.

Después de haber recibido tan generosa hos­ pitalidad, uno de los viajeros dijo a Abraham:

Volveré a verte dentro de un año, y entonces tu esposa Sara tendrá ya un hijo.

El santo Patriarca no dudó siquiera de que la promesa pudiera realizarse, apes&r de que tanto él com o su esposa eran ya m uy ancianos.

La visita de estoa eres ángeles a Abraham 65 una imagen de la Sim . Trinidad. La sagrada Escritura les da «o singular el nombre de Dios, y Abraham, aunque ve u tres, sólo a uno adora y les habla como a uno.

4. Cavidad de Abraham. So'loniu.

No quiso Abraham despedirse de loa tres viajeros a quienes había agasajado, aino después de acompañarlos un buen trecho de camino; y este nuevo rasgo de caridad le valió un nuevo favor.

Dirigíanse juntos por el camino de Sodoma, cuando Dios, hablando por boca de uno de los viajeros, dijo a Abraham: Los crímenes que se

cometen en Sodoma y Gomorra claman venganza, y voy a castigar a esas ciudades.

Abraham , lleno de c a r i d a d y de celo, le oontestó: Señor, ¿vais a p erd er a justos y p e ­

cadores? Si en una de esas ciudades hubiera ¿Qué le contestaron, y qué hizo? ,;Qué le dijo uno de loa f i aje roáV ¿Creyó Abrahnm? ¿Cuando se despidió Abra- ham de los viajeros? ¿Qué a6 la dijo en el camino? ¿Qué contestó AbTaham?

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— 21 —

cincuenta justos ¿no perdonaríais p o r ellos a los culpables*

—Si, los perdonaría—dijo el Señor.

Abraham continuó insistiendo, y D ios, que castiga siem pre a su pesar, llegó a concederle que por diez justos dejaría de castigar a esas ciudades. Pero no los hubo; y a la inaüaua si­ guiente el Señor hizo caer sobre cinco ciuda­ des una lluvia de fuego y azufre, que redujo todo a cenizas.

Antes, sin em bargo, D ios dispuso, por con ­ sideración a Abraham , que unos ángeles hicie­ ran salir de Sodoma a L ot, a su mujer y a sus dos hijas; aunque luego la mujer quedó convertida en estatua de sal, por haber mi­ rado atrás a pesar de la prohibición del ángel. En el lugar, que ocupaban las cinco ciudades destrui­ das, se formó un Lago que, con el nombre de Mar muerto, subsiste todavía como testimonio de la terrible justicia de Dios contra la corrupción do los pueblos.

5. Sacrificio (le Isaac. Nueva promesa

<lel M esías,

E n la época designada por el Señor, A b ra ­ ham tuvo un h ijo que se llam ó Isaac. Fué tan bueno este niño desde sus primeros años, que su padre le amaba en extremo.

D ios quiso someter la obediencia y fidelidad de su S ie rro a una terrible prueba.

Una noche dijo el Señor al santo Patriar­ ca: Abraham, toma a tu hijo Isaac a quien tanto

amas, y ofrécem elo en holocausto en un monte que yo te indicaré. Abraham obedeció sin proferir

¿Qué llegó a concederle Dios, y qué sucedió'/ ¿Qué dis­ puso antas Dios? ¿Qué ocurrió en la época designada? ¿Era. bueno!1 /Qué quiao Dios? Palabras del Señor y obediencia de Abraham.

(28)

la menor queja: cargó leña sobre un jum&ntillo y, con dos criados y su hijo, se puso al momen­ to en camino.

Después de tres días de marcha, llegó al pie del monte indicado, que era el monte Moría, y dijo a los criados: Inaac y yo vamos a ofrecer

a Dios un sacrificio; esperadnos aquí.

Y cargando la leña sobre su hijo, y tomando el fuego y el cu ch illo, em pezó a subir. M ien­ tras iban los dos de este modo, Isaac pregun­ tó candorosamente a su padre: Veo el fuego en

vuestras manos y yo llevo la leña; pero la víc­ tima ¿dónde eutáf

— Hijo mió— le respondió Abraham sin que ¿Qué pasó después Je tres días? ,;Y luego? Palabras de Isaac y de Abraham.

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— 23 —

la v oz hiciera traioión & sus a fectos—Dios ae

proveerá de victima.

A l llegar a la cima del monte, Abraham hizo un altar, preparó la. leña y el cuchillo, e indicó a su hijo que él era la víctim a. Isaac c o opuso la menor resistencia y , colocándose so­ bre el altar, se dispuso a recibir el golp e de ala­ nos de sn padre.

Ya había Abraham levantado la uiauo para herir a su hijo, Cuando se le apareció un átigel que 1& dijo: Detente, Abraham} no extiendas tu

mano sobre el niño. Veo que temes al Señor, pues no has perdonado a tu hijo único p o r obedecerle.

L evantó el santo Patriarca los ojos, y vio detrás de sí un carnero enredado por las astas en un zarzal, y lo ofreció en sacrificio on lugar de su

hijo-En premio de tan heroica fidelidad, Dios colm ó de bendiciones a su siervo Abraham, pro­ m etiéndole, entre otras cosas, que en uno de

sus descendientes serían benditos lodos los p u e­ blos de la tierra.

Isaac es una viva imagen de Jesucristo. Isaac es el hijo amado de 6a padre, y Jesucri.sto es el Hijo ama­ do de Dios Pudre, que en £1 tiene puestas todas sus complacencias. Isaac, inocente, carga, ¿obre sus hombros la leña, y sube al monte Moria par» ser sacrificado; y Jesucristo, que es lo misma inocencia, cargado con el pesado madero da lu r.rnx, sube al Calvario, que es el mismo monte Moría.

0. Casamiento de Isaac. Muerte de

Abraham .

Abraham, comprendiendo que se acercaba el fin de 3us días, decidió dar nua virtuosa esposa a Llegado evla cima ¿¡jué hizo Abraham, y qué Isaac? ¿Qué ocurrió luego? ¿Que vió el Patriarca'/ ¿Qué recom­ pensa tuvo? ¿Qué decidió Abrahaiu, y eóuio procedió?

(30)

— 24 —

Isaac; pero quiso que fuese designada por Dios. P rocedió, pues, en eato, com o en todos los actos de su yida, con absoluto espíritu de fe y de con ­ fianza.

Llam ó un día el santo Patriarca a su fiel siervo E liezer, y le dijo: Vete a mi tierra, y

allá, de entre mis parientes, escoge a la que ha de ser la esposa de Isaac.

Tom ó Eliezer diez cam ellos y, cargándolos de ricos dones, salió para el punto indicado por su amo. H abiendo llegado al caer de la tarde, a la vista de la ciudad en que vivía el hermano de Abraham , E liezer ae detuvo junto n u il pozo, en el tiem po en que las mujeres iban a sacar agua.

E l fiel criado, piadoso com o su amo, dirigió a Dios esta plegaria: Señor¡ Dios de Abraham,

asísteme y dispensa tu misericordia a mi amo. Dame a conocer la doncella que has elegido para esposa de Isaac. Haz que &ea aquella a qnien yo pidiere de beber, y se ofrezca a sacar agua pa ra los camellos.

F o -h a b ía aún terminado E liezer su oración, cuando vió llegar a una joven, llamada R ebeca, con un cántaro sobre el hom bro. Rebeca, con gran modestia, bajó al pozo, sacó agua y, des­ pués de llenar el cántaro, se encaminó hacía 9n caaa.

Salióle al paso E liezer, y le dijo: ¿Quieres

darme un poco de agua?

— Con mucho gusto— respondió la jov en — y aun daré de beber a vuestros cam ellos¡ com o asi lo

hizo en

efecto-¿A qnién llamó un día.? ¿Qué hizo Eliezer? ¿Qué pie- gan a dirigió a Dios? ¿Qué sucedió? Palabras de Eliezer. ¿Qué le respondió la joven?

(31)

— '25 —

Encantado el fiel criado de la sencillez y na ralidad de Rebeca, así com o de su aire de iuo ncia, ofrecióle algunos presentes y Je pregim t n gran respeto: ¿D e quién eres hija? ¿habría e

casa sitio pa ra hospedarme?

E lla respondió: Boy hija de Jiathtiel y nitt-

Nncor. hermano de Abraham. En mi casa en ntraréis sitio espacioso pa ra hospedaros, yhen p a ja abundante pa ra vuestros camellos.

Eliezer, al oir esto, se inclinó y adoró al Seiii id ole gracias por tan marcada protección. I ióse luego a la casa de Bathuel, en la que f y agasajado por todos; pero no quiso prol ;ado, sino después de referir cuál era el ob de sil viaje, y de obtener para Isaac la ma

R ebeca.

Convencidos los padres de la joven de c era la voluntad de D ios, accedieron a ¡ Qué hizo el fiel criado? ¿Qué respondió ella? ¿> hizo Eliezer al oir esto? ¿Accedieron los pad

(32)

— 2S _

deseos, y la dejaron partir, colm ándola de bendi­ ciones.

Abraham. vivió todavía alguuos años y, lle­ no de méritos, so durmió en el Señor a, los 175 años de edad.

L a virtud, qu» Abraham practicó eu gra.lo heroico, la que le caracteriza, sil fe inquebrantable ea la palubiM de Dios: por ella, mereció se r llamado Padre de lo» cre­ yentes.

7. Esaú y .lucol*.

Seseaba, años tenía ya Isaac, cuando el Señor le concedió dos hijos: el mayor se llam ó Esaú y el meuor Jacob.

Esaú, que era velloso y rubio, se dedicó a la caza y a la labranza. Como conocía cuáles eran las comidas que más agradaban a su padre, se las preparaba con esmero, ganándose de este modo su cariño.

Jacob, en cambio, tenía el cutis muy fino y, por su carácter pacífico, prefería estar en casa, siendo el predilecto de Rebeca.

Cierto día, mientras Jacob se preparaba un plato de lentejas, regresó Esaú del cam po muy cansado,y le dijo: Estoy rendido} ¿quieres darme

tsas lentejas que has cocido?

Jacob le respondió: Te las daré ei cambio de

los derechos de primogenitura.

Esaú acepto, y cerró el trato con juramento. Después de comer, se marchó tranquilamente, sin dar la importancia que tenía al acto que acababa de realizar.

Pasado algún tiempo, conociendo Isaac por su extrema vejez y la pérdida de la vista, que

Muerto de Abraham. Hijos de Isaac; sus nombres. Cua­ lidades y aficiones de Esaú. Idem de Jacob. ¿Qué ocurrió cierso día? Contestación de Jacob. ¿Aceptó Esaú? ¿Qué sucedió pasado algún tiempo?

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au. muerte estaba cercn.ua, quiso dar a sil pri­ m ogénito 1» última bendición con todas las pre­ rrogativas & ella inherentes.

Llam ó, pues, un día a Esaú, y le dijo: l a

ves, hijo mío, que soy viejo, y que no puedo ta r­ dar mucho en morir. Sal al campa con tus armas y} ai cazas algo, prepáralo como tii sabes que me (fusta; y luego te daré mi bendición.

Oyó todo esto R ebeca, Ir cual, al ver que Esaú salía al campo para cum plir los deseos de su padre, guisó dos cabritos, vistió a Jacob con las vestiduras de Esaú, cubrió su cuello y sus manos con piel de cabrito, e hizo que se presen­ tara a su padre con la comida.

Preguntóle Isaac: ¿Tú quién eres, hijo miof Y Jacob respondió: Soy tu primogénito E saú. He

hecho lo que me has mandado; siéntate y come lo que te he preparado, y luego dame tu bendición.

Isaac dijo entonces: Acércate, hijo mío, y vea­

mos si verdaderamente eres Esaú.

A cercóse Jacob, y su padre, después de pal­ parle, aüadió: L a vvs es de Jacob;pero las manos

son de Esaú.

No le cou oció el venorable anciano; com ió, y luego le dio su bendición, diciendo: Concédate

el Señor stis bienes en abundancia. Que todos los pueblos te sirvan y se postren ante ti. Que el que te maldiga sea maldito, y el que te bendiga se vea colmado de bendiciones.

No había apenas salido Jacob de la estancia de su padre, cuando entraba Esaú, trayendo la com ida que había preparado.

A som bróse Isaac al darse cuenta de lo ocu-¿Qné hizo? ¿Quién oyó esto, y qué hizo? ¿Qué pre­ guntó Isaac, y qué se le respondió? ¿Qué dijo, y qué hizo Isaac? ¿Qué más sucedió/ ¿Quién entraba luego? ¿Qué hizo Isaac?

(34)

— 28 —

rrido; pero en las mismas palabras con que coa- soló a su hija, ratificó la bendición que antes Labia dado.

Esaú rugió de cólera, llegando en su ira a amenazar de muerte a su hermano. Este, siguien­ do los consejos de su padre, huyó a casa de los parientes de su madre.

A.sí como Esaú perdió los derechos de priinogenilu- ra y éstos pasaron a su hermano Jacob; así también i» Prioridad, qua antea tenían los Judíos, pasó luego a los gentiles en tiempo de Nuestro Señor Jesucristo, repva- sentado aquí por Isaac.

8. Escala de Jacob.

Jacob se d irigió al pueblo en que residían los parientes de su madre.

Mientras iba de cam ino, le sorprendió la n o­ che, y tuvo que dorm ir en despoblado. Tom ó una piedra, por almohada, y se durm ió tranquilamen­ te, porque su conciencia no le rem ordía nada. Dios en su altísima P rovidencia había dis­ puesto, así las cosas, para renovar a Jacob las promesas que ya había hecho antes a Abraham y a Isaac.

Durante su sueño, J acob vio una inmensa escala que, descansando en la tierra, llegaba al cielo, y por la que subían y bajaban los ángeles, mientras el mismo Dios aparecía en lo alto, y le decía: Jacob, yo soy el D ios de tus padres, el

D ios de Abraham y de Isaac. La tierra en que duei'tnes será tuya y de tus descendientes, que serán tan numerosos como los granos de polvo

¿Qué hizo Esaú? ¿A dónde se di ripió Jacob'/ ¿Qaé le sucedió en el camino? ¿Para qué lo había dispues­ to Dios? ¿Qué vió Jacob durante su. sueño?

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e cubren la tierra. En tino de tus deseen mtes serán benditas todas las naciones.

Despertóse Jacob sobresaltado y , después d locar la piedra a modo de altar, derramó aceit cim a, adoró al Sefior, y le prom etió el diezm

todos los bienes que le concediera. _ 29 —

Continuó luego su cam ino, y llegó a un can > en el que había un pozo, cerca del cuc 3teaba.ii tres rebaños de ovejas.

Jacob se acercó a los pastores, y les d ijo: He¡

mos, ¿de dónde sois? Y ellos le respondieroi

; Harán.

— ¿Conocéis acaso— continuó Jacob— a Labái

fo de N acorf

¿Qué sucedió despula?¿A dónde llegó? ¿Qué d¡jo Jaco qué le respondieron? ¿Qué más preguntó Jacob?

(36)

— Sffl —

. — Le conocemos; m ira, ahí viene jjrecis ámente

su hija Raquel con el ganado.

Jacob ayudó a Raquel a abrevar el ganado, y profundamente conm ovido saludó a su prima, la cual corrió a anunoiar la uoticia a su padre.

Labán, al oír que un hijo de su hermana R e ­ beca se dirigía a su casa, le salió al eucuentro, y le estrechó cariñosamente entre sus brazos, de­ rramando lágrimas de ternura.

Jacob pasó muchos años al lado de su tío, sirviéndole con fidelidad, y haciéndose acreedor a las mayores recompensas, aunque tampoco le faltaron contratiem pos. Casóse oon .Raquel, hija de Labán, y com o coataba oon la bendición del Señor» llegó a ser inmensamente rico.

El lugar eu que Jacob vió la escala se Humó desde entonces Betliel, que sigo i fien Cfisa de Dios; y es figura de diestras iglesias, eu las que reside el Hombre-Dios, y en las que los ángeles llevan a Dios nuestras oraciones y nos traen las gracias divinas.

9. VneltA de Jacol».

Las cuantiosas riquezas de Jacob despertaron la envidia de Labán y de sus bijos, quienes llega­ ron a hacerle objeto de molestas humillaciones. Tolerábalo todo cqn paciencia el prudente Ja­ cob, hasta que avisado por Dios, determinó ir oon todos los suyos al país de Canaán, al lado de Su padre.

N o creyó conveniente J a cob comunicar esta determinación a su tío Labán. por lo que, al darse éste cuenta de que aquél había partido de Harán, salió en su persecución con un numeroso séquito.

¿Qué le respondieron? ¿Qué hizo Jacob? ¿Y L&bAn? ¿Qué le sucedió a Jacob al lado de su tío? Conducta de Labán y de sus hijos. ¿Qué hizo Jacob? ¿Avisó a su tío?

(37)

- 91 —

Cuando ya estaba a punto do darle alcance, D ios dijo a Labán: Guárdate de hacer el 'menor,

daño a Jacob, ni (tnn de hablarle con aspereza.

T o d o se redujo, pues, a lina entrevista entre tío y sobrino, en la que se dieron mutuas explicacio­ nes; y en prenda de reconciliación y de eterna amistad, ambos ofrecieron sacrificios al Señor, separándose luego amistosamente.

Blas serio fue el peligro que Jacob corrió al llegar a los confines de Canaán. Como temía presentarse ante su hermano Esaú. envióle em i­ sarios para hacer las paces; pero éstos regresa­ ron diciéndole: Esaú ha salido a tu encuentro

al frente de cuatrocientoN hombres.

J acob tom ó ante todo las precauciones que es­ tim ó neoe9arias, y después, com o digno herede­ ro de la f e y de la confianza que en Dios habían puesto siempre sus padres, oró del modo siguien­ te: Señor, me has prometido tu protección; sál­

vame de las manos de mi hermano Exm't.

Continuó luego su oamino, y en cuanto vio a Esaú, se postró en tierra siete veces, y así postrado esperó a que llegara su hermano.

C on m ovidool hermano al ver tanta humildad, le estrechó cariñosamente entre sus brazos, llo­ rando de em oción mientras le abrazaba. Fueron también llegando poco a poco los demás miem­ bros de la fam ilia de Jacob, y a todos dispensó Esaú cariñosa acogida.

O frecióle entonces Jacob ricos presentes, y aunque al prin cip io Esaú no los quiso aceptar, por ser también él muy rico, al fin por com ­ placerle los aceptó.

¿Qné ocurrió? ¿Qué nuevo peligro corrió Jacob? ¿Qué hizo y cómo oró? ¿Qné nciiUid tomó »1 ver a Esaú? ¿Qué higo su hermaDol' ¿Acento E?aú los presentes!-1

(38)

Term inado 311 viaje, Jacob tuvo la satis facción de abrazar a su padre Isaac, el cual, poco tiem­

po después, lleno de m éritos y de años, se durmió eu el Señor.

Jacob vencedor de sus enemigos y triunfante eq to­ das Sus dificultndfeí, es una figura de la Iglesia que, te- uiendo qas luchar contra la crueldad de los tiranos, con ­ tra la astucia de los hertíimcas y contra el furor del infierno., sale siempre visto rio&a.

10. L os ItljoD de J a c o b ; p re d ile cció n p o r

Jacob tuvo doce hijos (Rubén, Simeón, L e v í, Judá, Dan, N eftalí, G-ad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjam ín) y una hija llamada Diua.

A todos amaba el anciano Patriarca; pero espeoialmento a José que era m uy bueno, por lo que le regaló una túnica de diferentes colores.

Esto despertó la envidia de sus hermanos; y com o, en una ocasión, José se creyese obligado a acusarlos anto su padre de una falta que ha­ bían com etido, la envidia se trocó eu odio.

Un día José refirió a la fam ilia con la mayor sencillez el siguiente sueño: Soñé que estábamos

en el campo atando gavillas, y que la mia se tenía derecha, mientras que las vuestras se inclinaban ante ella.

— ¡Cómo!— dijeron sus herm anos,— gserás tú

algún día nuestro rey? ¿tendremos nosotros que obedecerte?

P oco tiem po después José les dijo con el mis­ mo candor: He visto en tsueFios qtte el sol la luna y

once estrellas me adoraban

¿Qué ocurrió terminado el viaje? Hijos de Jacob. ¿A. quién amaba mis? ¿Qué despertó esto? ¿Qué refirió José? ¿Qué dijeron sus hermanos? ¿Qué mis dijo José.

(39)

— 33 —

Jacob exclam ó al oírle; ¿qué quiere decir este

sueño? ¿Acaso yo, tu madre y tus hermanos ten­ dremos que adorarte?

1 1 . J o s é e n la. c i s t e r n a ,

En cierta ocasión loe hermanos de José lleva­ ron sus ganados a Siquem, para aprovechar unos pastos que allí poseían. Como pasasen varios días sin que de ellos ge supiese, Jacob dijo a José: tus hermanos han ido a Siquem; vete a ver

si Jes ha pasado algo.

José obedeció al momento, y llegó felizmon- te al término de su viaje, muy ajeno'de lo que iba a sncederle.

Sus hermanos, al verle desde lejos, se dijeron unos a otros: A llí viene el soñador; venid, maté­

mosle y arrojemos su cuerpo a una cisterna. Ya veremos de qtié le sirven sus sueños.

Rubén se interpuso, y dijo: No le matéis;

arrojadle a e¿ta cisterna, pero no manchéis vues­ tras manos con su sangre. Esto lo decía con inten­

ción de sacarle después y de devolverlo a sil padre.

Cuando llegó el inocente José al sitio en donde estaban sus hermano?, é.'tos le despojaron de su hermosa túnica, y le arrojaron & la cister­ na que estaba seca. L uego, sin hacer caso de sus lamentos y súplicas, se pusieron a

comer-¡Qué jé crímenes SO han cometido a. cansa de la en­ vidia! Velemos atentamente para que esta baja pasión no se apodere de nosotros, La envidia es capaz de apagar los afectos m¿s naturales y que ineno9 deben ser olvidados.

Exclamación de Jacob. ¿A. dónde llevaron sus ganados loa hermanos de José, y qué sucedió? ¿Obedeció José? ¿Qné dijeron al verle? ¿Quién se interpuso y qué dijo? ¿Cuando Llegó José, qué pasó?

(40)

— 34 —

ISi. iIohé v e n d id o .

En esto acertaron a pasar por allí unos mer­ caderes ismaelitas que se dirigían a. Egipto.

Judá dijo a. sus hermanos: ¿Qué ganamos de­

ja n d o p erecer a este niño, siendo como es herma­ no nuestro? ¿No seviam ejor venderlo a esos m erca­ deres?

A probaron los demás esta proposición y, sa­ cando a José de la cisterna, le vendieron por veinte monedas de plata a los ismaelitas, quienes se lo llevaron a E gip to.

Rubén, quo se había alojado creyendo tal vez que sus hermanos, pasado el primer ímpetu, volverían a mejores sentimientos, sufrió lo in­ decible al ver que el niño había desaparecido.

L os demás, para encubrir el crim en, tom a­ ron la túnica de José, la tiñeron en sangre de ca-¿Quiéü pasó por allí? ¿Qué dijo Judá.? ¿So aprobó esta proposición? ¿Qué sucedió a Rubéu? ¿Qué hicieron los demás?

(41)

— ÜÓ —

brito y la enviaron a Jacob, mandándole deoir:

Hemos encontrado esta túnica; ved si es la de vuestro hijo,

Jacob, al reconocerla, dijo: Es la túnica de

mi hijo José; tma fiera ha debido devorarle. Ras­

góse las vestiduras, vistióse un cilicio, y lloró mucho tiempo, sin que le fuera posible encon­ trar consuelo.

13. J o s é en E cip to .

Los ismaelitas, que compraron a José, le ven­ dieron en E gipto a un señor llamado Putifar. José servia a su amo con gran fidelidad y , com o contaba con la bendición de Dios, todo le salía bien.

No tardó el amo en conocerlo, y no sólo puso en él toda au confianza, sino que le confió el gobierno de su casa. D ios quiso someter a ■una prueba la virtud de su Siervo, para hacer­ le digno de las grandes mercedes que le tenía preparadas.

La mujer de P utifar quiso un día inducir­ le a cometer un grave pecado; pero José le respondió: ¿Cómo puedo yo cometer semejante

maldad y peca r contra mi D ios?; y huyó del

peligro.

Dios bendecía & José, haciendo que todo lo que ¿1 emprendía le saliera bian. José, do sólo no se envane­ cía con el éxito d« sus empresas, sino que atribuía al Settor la gloria y el honor, y se apartaba de todas las ocasiones peligrosas. ¡Qué hermoso ejemplo!

¿Qué dijo y qué hizo Jacob? Nueva venta de José; su fidelidad. Conducta de su Amo. ¿Qué quiso la. mujer de FutifarV Respuesta de José.

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14. José en la cárcel.

La infame mujer se vengó calumniando a José delante de sn marido, y éste, obrando con exoesiva credulidad, mandó que el inocente José fuese llevado a la cárcel.

Pero Dios no abandona nunca a los suyos, e hizo que José se conquistara la benevolencia y admiración del alcaide, quien muy pronto le confió el cuidado de todos los presos,

Algún tiempo después, el copero mayor y el jefe de los panaderos del rey fueron en­ cerrados en la misma cárcel, y puestos, como los demás, a las órdenes de José. A m bos tu­ vieron Tina misma noche un sueño que les can­ só la más viva inquietud.

V isitólos José a la m a ñ a n a siguiente y, viéndolos tan preocupados, les d ijo : ¿Qué tenéisf

¿por qué estáis tan trh tes?

E llos le contestaron: Hemos tenido un sue­

ño, y no sabemos a quién dirigirnos pa ra que nos los interprete; y a continuación le refirie­

ron sus- suefios.

E l copero dijo: Parecióm e ver ttna vid de

tres sarmientos, que creció, se cubrió de hojas y al fin dió dorados racimos. Tomándolos, los exprim í en una copa que yo tenía en la mano, y se la ofrecí al rey.

José,' inspirado por Dios, le respondió: Los

tres sarmientos significan tres diast al cabo de los cuales el rey se acordará de ti, y serás r e ­ puesto en ta cargo. Acuérdate de mi entonces, ¿Qué hizo I» iüfdiue mujer? ¿Abandona. Dios a los suyos? ¿Qué sucedió algún tiempo después? Visita de José. ¿Qué le contestaron? Sueño del copero. Respues­ ta de José.

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-« intercede pa ra que el rey me saque de esta

cárcel, pues soy inocente.

El panadero, oyendo la atinada explicación del sueño de su compañero, expuso a conti­ nuación el suyo: Soñé que llevaba sobre la ca­

beza tres canastas. En la que iba encima había toda clase de pasteles, p ero vinieron unos p á ja ­ ros y se los

comieron-José le respondió: Las tres canastas indican

los tres días de vida que te quedan¡ pasados los cuales el rey mandará que te corten la cabeza, y que tu cadáver, colgado de una cruz, sea pa s­ tó de las aves.

Y asi sucedió. Pasados los tres días, el rey dispuso que el coporo volviera a su antiguo cargo; y que el panadero fuese ejecutado como José lo había predicho.

E l copero, en el colm o de la felicidad, se olvidó por com pleto de José,

Olvidar a las personas que nos lmu hecho bien ¡qué cosa tan fea! Y sin embargo, ¡cuántos lo hacen! No imi­ temos la conducta dnl copero: procuremos corresponder siempre a los beneficios recibidos.

15. E xaltación de José.

Dos años después el rey de E gip to (1) tuvo también na sueño.

Creía estar en las riberas del N ilo, del cual salieron siete vacas muy hermosas y gruesas, que se pusieron a pastar en la orilla. A poco salieron otras siete vacas macilentas y feas., que devoraron a las primeras.

(1) Lfts reyfts d e E g ip to se lla m a b a n F a ra o u a .

Sueño del paoadero. Respuesta de JobÓ. ¿Qué suce­ dió!? Conducta del ooparo. ¿Qu¿ sucedió dos años des­ pués? Reflératie el naeño.

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Despertóse asiistado Faraón; pero volvióse a dorm ir en seguida y tuvo otro sueño. V io siete espigas llenas de grano y hermosas, que se levantaban de una, misma caña; y luego otras siete secas, que a pooo devoraron a aquellas.

En cuanto amaneció, Faraón mandó que se presentaran ante él todos los sabios y adivinos de E gipto, y les coutó sus suefios; pero ningu­ no supo interpretarlos.

Entonces el copero se acordó de José, y refirió a Faraón lo que le había sucedido en la cárcel. El rey mandó que se presentase José, y le dijo: He tenido un sueño, que nadie ha

sabido descifrar; paro he oído que tú los ínter- pvetas muy bien.

A lo que José respondió humildemente: Silo

D ios puede daros la explicación que deseáis.

Faraón le refirió sus sueflos, y José se los interpretó del modo siguiente: Esos sueños signi­

fican una misma cosa. L as siete vacas hermosas y las siete espigas llenas indican siete años de gran abundancia; mientras que las siete vacas flacas y las siete espigas secas designan siete años

de hambre que asolarán luego al pais.

Elegid, pues, un hombre sabio y activo que cuide de recoger, en graneros públicos, la quinta pa rte de lo que produzca la tierra en estos siete años de abundancia, y asi tendréis provisiones p a ra los siete años de escases.

Este consejo agradó mucho a Faraón y a sus ministros, por lo que el rey, dirigiéndose a José, dijo: ¿Dónde podrem os hallar un hombre más

sabio y más hábil que tú? Te nombro gobernador ¿Qué m is sucedió a Faraón? ¿Qué hizo Faraón en cnanto amaneció? ,;Y el copero, y el rey, quó hicieron? Respuesta de José. ¿Cómo interpretó el sueño? ¿Agra­ dó este consejo?

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de mis estados, y todo mi pueblo obedecerá tus mandatos.

Y , diciendo esto, dió a José uno de sus aui- llos, hizo que se pusiera ricas vestiduras, y lo puso al cuello un collar de oro. Luego mandó que se le paseara por la ciudad en la siguiente forma: un heraldo iba delante do su carroza diciendo en alta voz que todos doblasen la r o ­ dilla delante de José, y que supiesen que F a ­ raón le nom braba virrey de

Egipto-Faraón le puso desde entonces un nombre asirio que significaba salvador del mundo.

Así premia Dios a los que le son fíales. Treinta o ños tenía José, cunado de oscuro prisionero se vió convertido en virrey de un poderoso estado. También nos enseSa esta lección el triunfo que «1 Señor concede a la ino­ cencia.

10. I<

ob

herm ano* de José en Egipto.

En cuanto tomó posesión de su cargo, José preparó grandes graneros en los que fue reco­ giendo el trigo que sobró en los años de abun­ dancia.

Llegaron los años de escasez, y el hambre se hizo sentir en todas partes. L os egipcios se dirigieron a Faraón pidiéndole pan, y Faraón les respondió: Id a José; haced cuanto él os

diga.

A b rió entonces José los graneros, y prove­ y ó a todos de lo que necesitaban.

Tam bién en Canaán se sintió muy pronto el hambre., y enterado Jacob de qne en E gipto se vendía trigo, dispuso que sus hijos fueran a com prarlo para no morir de hambre.

¿Cómo trató a José? ¿Qué nombre la puso? ¿Qué hizo José en su careo? ¿Qué hicieron los egipcios en los años de escasez? ¿Y José? ¿Qué ocurrió en Cauaán?

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