CAMPOS DE CASTILLA, DE ANTONIO MACHADO.
Te enfrentas a las siguientes cuestiones en PAU: 1.- El paisaje en Campos de Castilla.
2.- Principales símbolos machadianos en Campos de Castilla. 3.- Principales trazos formales en Campos de Castilla.
4.- Importancia de Campos de Castilla en la poesía anterior a la Guerra Civil. 1.- Introducción.
En la evolución de la poesía machadiana, Campos de Castilla marca el paso decisivo que va desde el intimismo becqueriano y modernista de Soledades, galerías y otros poemas, al realismo crítico de este nuevo libro que, como la Generación del 98 se centra en el paisaje castellano y sus gentes, o en términos de Azorín: “en su paisaje y en su paisanaje”; en el problema de España y en problemas existenciales, como la muerte, Dios, el amor...
Este libro se publica en 1912, poco antes de que muriera Leonor Izquierdo, la mujer del poeta. Sigue meditando sobre lo elemental humano (las pasiones, como el cainismo -la codicia, la avaricia, la envidia- de “La tierra de Alvargonzález”), pero dominan los cuadros de la vida española.
Cansado de contemplar su YO, intenta el objetivismo poético en poemas de paisajes y romances. No es que desaparezca completamente el YO poético en Campos, sino que se proyecta e interioriza el paisaje, lo entraña, predomina el impresionismo paisajístico. En 1917 aparece una segunda edición que formará parte de sus Poesías completas donde aparecerán nuevos poemas en los que se percibe el sentimiento por la muerte de Leonor.
1.1.-Localización.
Poética de A. Machado: “La poesía es la palabra esencial en el tiempo”, “diálogo de un hombre con su tiempo”, “hondo sentir que expresado con un lenguaje natural llegue a todos”. Desdeña los procedimientos modernistas porque “pensaba que el elemento poético no es la palabra por su valor fónico, ni el color, ni la línea, ni un complejo de sensaciones, sino honda palpitación del espíritu” (Prólogo a Soledades, 1917). Prima la vida sobre el arte.
1.2.-Contextualización.
“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla” (Sevilla, 1875). Su juventud transcurre en Madrid, se educó en el espíritu liberalista de la ILE e irá radicalizando sus ideas con las desigualdades sociales. En París conoce a Darío, y al volver a Madrid colabora en la revista modernista <helios. Su primer libro clave: Soledades, galerías y otros poemas lo revela como superador de la tradición poética de Campoamor y como continuador del romanticismo de Bécquer con procedimientos simbolistas, sin incorporar las superficialidades de los modernistas. Define en
Retrato su estilo poético: ama la poesía, lo bello, reconoce haber formado parte del simbolismo,
parnasianismo, modernismo y haber cortado las rosas del huerto de Pièrre Ronsard, un poeta clásico del renacimiento francés.
En 1907 obtiene la cátedra de lengua francesa en Soria, allí se casa con Leonor Izquierdo. Dos años después, en 1912 muere su esposa. Después un nuevo amor iluminará sus versos (la Guiomar de sus poemas).
Republicano, tuvo que exiliarse a Francia al estallar la Guerra Civil, y en 1939 muere en Colliure (Francia) “ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar” (“Retrato”).
2. Estudio de la obra.
2.1. Análisis del contenido. 2.1.1. Resumen.
2.1.2. Tema principal y subtemas o motivos, si los hubiera.
En este libro hay unidad de tono pero la temática es muy variada. Así, el tiempo es uno de los temas, pues “la poesía es palabra en el tiempo”, “diálogo del hombre con su tiempo”, por eso dialoga con la fuente, la tarde, el agua, la noche, las galerías del alma, el camino, la noria, el reloj, la muerte...Todos ellos símbolos machadianos de tiempo. A. Machado, como a Marcel Proust, las cosas le sirven como trampolín para lanzarse al buceo en las aguas de lo temporal. El tiempo es el homicida, según la filosofía existencialista, cada campanada es un golpe de azada en tierra cavando nuestra sepultura.
Se aprecia el paso del tiempo en el poema A orillas del Duero porque con símbolos como “río, mar, tarde” representa el ocaso de Castilla.
El sueño, la vigilia como única forma de conocimiento, porque emerge de la conciencia. Así, lo vemos en “La tierra de Alvargonzález” (el padre sueña que sus hijos lo asesinan).
El tema del paisaje: retrata la ciudad de Soria, situada sobre dos colinas, a la orilla del Duero, rodeada de árboles...Es una ciudad de aspecto austero y recogido. Próximo a la ermita de San Saturio, patrono de esta ciudad, una corona de cipreses rodea la vieja iglesia de los Templarios, escenario de la leyenda de Bécquer “El monte de las ánimas”. Pero no será la ciudad, sino el paisaje de las tierras altas de Soria lo que llame la atención de Machado.
Hay tres modos de enfocar el paisaje castellano en la edición de 1912 y el paisaje andaluz en la segunda edición, 1917, durante su estancia en Baeza, ciudad a la que “huirá” tras la muerte de su esposa. Su poesía puede obedecer a una realidad objetiva del paisaje; el paisaje puede convertirse en símbolo del pasado histórico de Castilla; los elementos del paisaje castellano pueden convertirse en símbolo de realidades íntimas.
Visión objetiva e identificación simbólica de los elementos del paisaje con el pasado histórico de Castilla (el tema de España ):
En la primera parte de “A orillas del Duero” (XCVIII) leemos: “mediaba el mes de julio. Era un hermosos día./... como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar! […] En este fragmento, el poeta ha seleccionado los elementos que dan al paisaje una configuración de dureza y aridez. Pero hay tres imágenes que llaman la atención: “una redonda loma cual recamado escudo”; “por donde tuerce el Duero/ para formar la corva ballesta de un arquero” y “Soria es una barbacana, /que tiene hacia Aragón la torre castellana”.
El pasado histórico de Castilla, especialmente aquellos rasgos que ofrecen significaciones guerreras, se hace presente metafóricamente en los elementos del paisaje. Esta identificación del paisaje castellano con su otro pasado histórico vuelve a reflejarse en otras composiciones, donde se insiste en las mismas imágenes hasta quedar estas convertidas en elementos esenciales que
identifican y definen el paisaje:
“por donde traza el Duero/ su curva de ballesta en torno a Soria, [CVIII-VI]
...Soria mística y guerrera/ ...Soria barbacana hacia Aragón, en castellana tierra”. [CXIII-VIII]
La dureza y la aridez del paisaje al que antes aludíamos, pueden ser también expresadas, además de con adjetivos, mediante sustantivos precedidos de la preposición “sin”:
“ De campos sin arados, regatos, ni arboledas;/ decrépitas ciudades, caminos sin mesones...” en A
orillas del Duero [XCVIII].
La segunda parte de A orillas del Duero es una transición lógica hacia el tema de la historia de Castilla. Tras apuntar las connotaciones guerreras en los versos anteriores, el poeta reflexiona sobre el contraste entre el ayer poderoso de Castilla y su mezquino presente:
“Castilla miserable, ayer dominadora,/ envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora”. A
orillas del Duero [XCVIII].
Es el paso del tiempo (expresado mediante una sucesión de verbos de movimiento) el que ha producido el cambio. Pero el pasado se hace presente y pervive en el paiaje y sus gen tes (“paisanaje”):
“Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira; / cambian la mar y el monte y el ojo que los mira./ ¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerra/ de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra”. A orillas del Duero [XCVIII]
personificado en el fantasma errante. Pero la pobreza de la tierra castellana puede ser también vista con ojos tiernos, destacando lo humilde:
“ ¡Primavera soriana, primavera, / humilde como el sueño de un bendito,...” Orillas del Duero [CII]
“Castilla la gentil, humilde y brava” [CXXV]
Cuando nuestro poeta marcha a Baeza, tras la muerte de Leonor, esta ciudad y sus campos también recordarán su pasado histórico, relacionado con la época de la dominación musulmana. Así, “la curva de ballesta (arma cristiana) del Duero” se transforma en Guadalquivir en “un alfanje roto/ y disperso (arma árabe)”:
“ De la ciudad moruna/ tras las murallas viejas, […]
Guadalquivir, como un alfanje roto/ y disperso, reluce y espejea” Caminos [CXVIII] “En mi rincón moruno”, España en paz” [CXLV].
Identificación simbólica del alma con los elementos del paisaje (castellano y andaluz)
Edición de 1912: el paisaje castellano. Se trata de una de las notas más características del hacer poético de A. Machado. El paisaje como reflejo del mundo interior del poeta es una visión
inmediata a su concepto del tiempo como fluir interior. El poeta proyecta su mundo interior sobre el paisaje y éste se constituye en reflejo del estado de su alma. Dialoga consigo mismo y con el mundo. Con Leonor tuvo dicha y paz interior su existencia y ese dato biográfico hay que tenerlo en cuenta para entender ese panteísmo con el paisaje, esa fusión, simpatía con el entorno descrito (Serie: Campos de Soria).
En París frecuenta a Rubén Darío y el pensador Henri Bergson, pero su esposa enferma repentinamente y los médicos le aconsejan regresar a Soria, donde el clima seco y frío de la alta meseta le sentará mejor que el húmedo parisino. Una vez en Soria, Machado prodiga sus cuidados a Leonor. El famoso poema A un olmo seco, fechado el 4 de mayo de 1912, refleja con honda
melancolía una esperanza “hacia la luz y hacia la vida”. Pero cuando el poeta vuelva a mencionar el olmo, tras la muerte de su esposa, será siempre su recuerdo, el recuerdo de una esperanza inútil: […] “En la estepa/ del alto Duero, primavera tarda,/ ¡pero es tan bella y dulce cuando llega!/ ¿Tienen los viejos olmos/ algunas hojas nuevas?” A José María Palacio, [CXXVI] (periodista casado con una prima de Leonor).
Edición de 1917: el paisaje andaluz, en contraposición al recuerdo del paisaje castellano. El paisaje de su Andalucía natal había estado presente en Soledades...como elemento evocador de su infancia. Con él vuelve a encontrarse en Baeza, a donde es destinado en 1912. Por contraste con
la aridez o la humildad del paisaje castellano, se destacan “en estos campos de la tierra mía” los tonos luminosos, verdes, fértiles. Vuelve a Andalucía para intentar olvidar, lejos de lugares que le traían tantos recuerdos de su esposa. Le nombran profesor de Lengua Francesa en Baeza, a poco más de 40 km de Jaén. La ciudad apartada de aquellos años de vida intelectural o artística, forman el agradable y bello marco de una vida provinciana, aplastante por su monotonía y su tedio. En un célebre poema, nos ofrece un repaso por un día (una tarde, más bien) cualquiera de su acontecer cotidiano:
Poema de un día. Meditaciones rurales [CXXVIII], Baeza, 1913. Del mismo año es una carta dirigida a Unamuno, en la que también comenta su estado personal tras la muerte de su esposa. En Baeza estudia Filosofía y se interroga con más aspereza las grandes cuestiones que se le plantean al hombre: el sentido de la vida y de su propia existencia, la muerte, el Dios deseado, pero en el que no cree -como le ocurría a Unamuno-. Un tono más grave marcará en adelante sus escritos. El tema de la muerte. Si exceptuamos A un olmo seco, todos los poemas referidos a Leonor de
Campos de Castilla los escribió durante su estancia en Baeza, donde el recuerdo de su mujer fue
constante y obsesivo. Es difícil separar el recuerdo de su esposa y el del paisaje soriano.
El poeta dialoga con la muerte en el poema [CXXIII: “Una noche de verano...”]. La muerte no responde, Dios tampoco, y el poeta sólo puede clamar en el vacío su soledad con la muerte en el poema [CXIX: “Señor ya me arrancaste lo que yo más quería”]. Y el poema definitivo de esta serie sobre la muerte es el que dirige en 1913 a José María Palacio [CXXVI], pariente de Leonor y gran amigo de Machado en los años sorianos.
Ya en “Retrato” termina el poema con una mirada al único futuro cierto: la muerte, pues nacemos desnudos y a la mar volvemos desnudos “como los hijos de la mar”.
El tema de España: el pueblo y los hombres. Las tierras de Castilla están frecuentemente pobladas porque hay hacia el prójimo una actitud vigilante. El poeta que cantó Soledades... no es insolidario con la gente que le rodea: “converso con el hombre que siempre va conmigo”, ha aprendido “el secreto de la filantropía” [“Retrato”]. Esta expresión de la “otredad del ser” -en términos del propio Machado- revela un ideal de humanismo laico, aunque este amor no tenga que eludir una crítica profunda a los vicios, especialmente a lo que la Generación del 98 llamó
cainismo, como en el poema “Por tierras de España” [XCIX]. La maldad intrínseca del hombre, la codicia como origen de todos los males o la presencia del alma de Caín en nuestros prójimos está presente en el poema “El Dios ibero” (poema que refleja la hipocresía del campesinado español. Estos “supuestos creyentes” alaban a Dios si la cosecha es buena, de lo contrario no dudan en blasfemar) y en “La tierra de Alvargonzález”.
El futuro de España con “Del pasado efímero”, “El mañana efímero” y “Una España joven”: en las tierras de Castilla, en concreto en las de Soria, y en su belleza austera, en sus pueblos y en sus gentes, percibe el carácter guerrero y místico que un día originó la España imperial, pero que, para Machado, quizás fueron también causa de la ruina de esa misma España.
Tras la muerte de Leonor, el poeta abandona Soria y se marcha a Baeza, Jaén. Lejos de Castilla, el atraso cultural de los pueblos andaluces y su retrógrada situación política, dominada por el
caciquismo y un catolicismo oscurantista, indignan a Machado. En el “mañana efímero” se oponen las dos diferentes Españas, una degenerada y tradicionalista, y otra trabajadora y progresista, que conviven en un solo país.
Con la pretensión de hacer un nuevo romancero nace el extenso poema “La tierra de
Alvargonzález”, y nos presenta la historia de una familia campesina a la deriva por culpa de la envidia. Los hijos mayores asesinan al padre por codiciar sus tierras y Dios maldice las tierras de los asesinos haciendo que no den fruto y obligando a los delincuentes a venderle toda la hacienda al hermano menor. Los asesinos huyen, como Caín, para morir en la Laguna Negra.
En Proverbios y cantares, así en el CXXXVI, en “Anoche cuando dormía”... parece que recogerse en sí mismo sea el camino hacia Dios. Aprender a escucharnos, amarnos para amar es el “secreto de la filantropía” (“Retrato”).
En PAU piden :1- El paisaje en Campos de Castilla.
En esta obra no se habla sólo del paisaje castellano, como pudiera parecer por su título. Se habla tambián del paisaje andaluz de la infancia del poeta, paisaje con el que se reencuentra tras la muerte de Leonor. Son dos paisajes claramente opuestos: aridez y pobreza del paisaje castellano, frente a la luminosidad y exuberancia del andaluz. Sin embargo, los dos paisajes no son sentidos de la misma manera por Machado: frente a la profunda impresión que el paisaje castellano causa en su alma y que quedará grabada para siempre en ella, el paisaje andaluz no parece despertar en él profundos sentimientos.
El paisaje castellano representa su amor por la naturaleza que contempla a veces objetivamente (su aridez, su pobreza...) o subjetivamente, proyectando en él y en cada uno de sus elementos (árboles, huellas de su pasado histórico y guerrero, atardeceres...) su estado anímico, sus sentimientos.
El paisaje andaluz le sirve, cuando ya Baeza recuerda a su esposa muerta, para revivir en su memoria el paisaje castellano. Así, paradójicamente, un paisaje fértil y lleno de luz como el de Andalucía se carga de connotaciones llenas de tristeza y nostalgia.
El paisaje es también para Machado un reflejo del paso del tiempo, eje vertebrador de toda su obra, como puede observarse en su poema: “A un olmo seco”, donde el árbol sigue el proceso de degradación propio de su envejecimiento, pero a su vez refleja la esperanza de la recuperación de su mujer -cuando lo escribe, muy enferma- tras la observación de esa rama nueva, verde, que le ha salido al viejo y podrido árbol. El paisaje, por lo tanto, refleja como en la poesía romántica el estado de ánimo del poeta.
2.2.- Análisis de la estructura. 2.2.1.- Estructura externa
Podemos hablar del ritmo del poema, midiendo los versos y dando cuenta de las licencias métricas empleadas. Los versos preferidos son endecasílabos y heptasílabos. También utiliza el alejandrino -reminiscencia modernista que observamos en “A orillas del Duero”-, y a veces, como en “Proverbios y cantares”, emplea el octosílabo.
En cuanto a las estrofas, su preferida es, indudablemente, la silva (número indeterminado de endecasílabos y heptasílabos de rima libre. Un ejemplo es el poema dirigido a José María Palacio con una silva arromanzada). Pero también utiliza los serventesios, combinados con pareados, las coplas o las décimas. El ritmo del poema, viene generado no sólo por el metro, la rima y la disposición acentual de la estrofa, sino que está reforzado por la construcción bimembre de los adjetivos y de algunas frases.
La estructura externa de sus poemas representa una variedad de metros y estrofas en la que se
aúnan lo clásico y lo popular, lo tradicional y lo moderno.
2.2.2.- Estructura interna. Analizamos aquí la progresión temática. Indicaríamos cómo avanza el tema a lo largo de los distintos versos o estrofas, diferenciando así tema (información conocida) y rema (información nueva con respecto al tema en cada estrofa).
2.3.-Análisis del lenguaje literario o análisis estilístico. Analizamos la lengua que emplea el poeta en sus versos. No es un listado de figuras, sino una justificación de las mismas en relación con el contenido y la explicación de en qué consisten.
Es pregunta de PAU: 2- PRINCIPALES SÍMBOLOS
MACHADIANOS EN CAMPOS DE CASTILLA.
Muchos de los símbolos que aparecen en “Campos de Castilla” estaban ya presentes en obras anteriores:
a) El agua, en forma de fuente, lluvia, río...con su fluir constante, simboliza el paso del tiempo; en cambio, la inmensidad del mar -como en Jorge Manrique- simbolizará la muerte. Frente al mar, el camino simbolizará la vida (“...se hace camino al andar”).
b) El espejo, es el lugar donde se proyectan los recuerdos y los sueños. c) El jardín, es la intimidad.
d) Las galerías, el mundo interior, el alma.
e) Los árboles. El árbol sintetiza su predisposición anímica ante el paisaje, a la vez que es un correlato del tiempo. Dentro del paisaje los árboles que lo configuran adquieren también un
significado simbólico: el olmo simboliza juegos de infancia y meditación en la madurez; la encina, pobreza y humildad; el roble simboliza el pasado noble y guerrero de Castilla; los chopos y los álamos simbolizan la juventud, el amor, la frescura...; el haya simboliza el misterio, lo sobrenatural; el limonero y el naranjo, la infancia, la felicidad; el olivo, la riqueza del campo andaluz y el trabajo. f) La tarde- tanto el atardecer como los colores del ocaso -rojos, cárdenos, violetas- están cargados de melancolía y tristeza, y representan la madurez.
Todos los símbolos se relacionan con el elemento fundamental de su poesía: el tiempo. Para
Machado la poesía es “palabra en el tiempo”, es decir, diálogo del hombre con su tiempo, con su momento existencial o histórico. Lo declara en “Retrato”, un poema que sirve de introducción a
Campos y que debería llamarse “autorretrato”. Sin embargo, la elección de este título viene
justificada por la intención de Machado: describirse lo más objetivamente posible. Declara que nació en Sevilla (1875), en el seno de una familia acomodada, lo que se insinúa al nombrar “el patio”. La imagen del limonero evoca su infancia; su juventud transcurre en Madrid y estudia en la ILE. No merece fama infundada de mujeriego como Mañara, un sevillano del siglo XVII, ni con Bradomín, personaje que creó Valle Inclán en sus Sonatas . Nos descubre su pensamiento liberal cuando dice que lleva en sus venas “sangre jacobina” -sabemos que los jacobinos eran un grupo político muy activo durante la Revolución Francesa, que propugnaban la soberanía popular, la república...-, pero su verso “brota de manantial sereno”, lo que significa que no es revolucionario. Machado contemporizaba con lo que pedía la ocasión, pero no se dejaba adoctrinar -“no soy un ave del nuevo gay trinar”-, simplemente afirmaba sin rubor que era “un hombre bueno”.
Pregunta 3- PRINCIPALES TRAZOS FORMALES EN CAMPOS DE
CASTILLA.
despojando de adornos su poesía, depurándola en busca de lo esencial. Esto explica su sencillez y naturalidad, que la hace asequible a un lector medio.
En cuanto al lenguaje, el estilo de esta obra presenta una serie de rasgos relacionados con los campos semánticos del devenir del tiempo: deícticos espacio-temporales como los adverbios ayer, hoy, mañana, nunca...; aquí, allí...y los demostrativos: estos, aquellos...
También utiliza, como es típico de la Generación del 98, muchos arcaísmos: “tahúr, albur, sayal, besanas...” Además, hace uso de una constante adjetivación para describir el paisaje y para calificar sus sentimientos. Abundan los adjetivos de color, pero también los que evocan la pobreza de las tierras castellanas.
Por otra parte, Machado utiliza un lenguaje realista, antirretórico, poco sobrecargado de figuras literarias. Predomina el lenguaje denotativo, pues las palabras significan literalmente. Entre las figuras que utiliza, se pueden destacar:
Símbolos (apartado 2 de PAU). Anáforas y repeticiones de palabras para expresar emociones y obsesiones. Personificaciones o prosopopeyas de la fuente, de la tarde con las que manifiesta su íntima unión con lo que le rodea. Constantes exclamaciones e interrogaciones, que dan a sus poemas un tono de diálogo con el lector. Símiles (en A orillas del Duero “camino” es símbolo del recorrido en vida pero es “camino blanco” por la incertidumbre de lo que le pasará a España). En este apartado de PAU podemos hablar de estructura externa, verso y estrofa preferidos. Pero atendemos al esquema de comentario lírico para informar de estos aspectos y lo redactamos en el apartado de estructura externa.
Asimismo, podemos detenernos en la lengua funcional (en sus variedades).
Podemos observar qué categoría gramatical predomina: sustantivos, adjetivos, verbos..., pues la elección de una u otra categoría supondrá un estilo más reflexivo, sensual o dinámico,
respectivamente.
Tiene importancia la colocación del adjetivo calificativo antepuesto o pospuesto al sustantivo. Además del valor explicativo o especificativo del adjetivo, su localización respecto del sustantivo expresa una percepción más sensitiva- antepuesto- o más analítica y reflexiva de la realidad -pospuesto-.
En cuanto al léxico: analizaremos qué valor tiene en el poema la presencia de arcaísmos, neologismos, tecnicismos, cultismos...El empleo de un lenguaje realista o figurado. Todo esto se relaciona con el apartado 3 de PAU: trazos formales.
3.- CONCLUSIÓN DEL COMENTARIO
Sintetizamos las ideas más importantes del estudio realizado. Enlazamos el análisis del
ocupa en la trayectoria literaria del autor, qué valor tiene dentro del movimiento artístico al que pertenece y qué obras de otros poetas presentan rasgos comunes, relación entre el contenido del poema y la época histórica en la que se escribió.
EVITA ERRORES
: realizar una enumeración prolija de todo lo que se ha venidoseñalando; emitir juicios impresionistas superficiales del tipo “me ha gustado mucho”...; y tomar el texto como excusa para exponer toda la información teórica recogida (como un lucimiento
personal).
En la conclusión podemos hablar de la
pregunta 4 de PAU- IMPORTANCIA DE
CAMPOS DE CASTILLA EN LA POESÍA ANTERIOR A LA
GUERRA CIVIL.
Hemos explicado, argumentadamente, lo que dicen los poemas seleccionados de Campos de
Castilla, cómo lo dicen y por qué lo dicen (hemos relacionado su contenido con el autor y su
época ).
Este comentario nos permite estudiar en profundidad Campos de Castilla, captando su sentido, analizándolo críticamente, tomando conciencia de la relación forma-contenido, y entender este libro adecuadamente en el contexto de la producción del autor, del género y movimiento literario al que pertenece y de la época en que se sitúa.
Comencemos nuestra exposición del apdo. 4 de PAU: la primera influencia y más notable de
Campos de Castilla es la que ejerce sobre la Generación del 27 en su segunda etapa, cuando la
poesía abandona el esteticismo y el juego vanguardista y se rehumaniza ante el tenso clima que se vive en el país. Es en ese momento cuando la Generación del 27 cambia a Juan Ramón Jiménez por Machado como guía generacional.
Tras la Guerra Civil, en los años 40, Campos de Castilla influirá en la denominada “Poesía arraigada” como la de Luis Rosales y su obra “La casa encendida”- serie de vivencias, recuerdos y emociones-, o sus “Proverbios y cantares”, continuación de los de Antonio Machado.
También la poesía social de los 50 -Gabriel Celaya, Blas de Otero- que pretende transformar la sociedad exigiendo libertad y justicia social, bebe en las fuentes de la obra de Machado. La
influencia de Campos de Castilla persistirá hasta los 70 en poetas como Jaime Gil de Biedma, que coincide con Machado en la actitud crítica ante la realidad, en su intimismo y en su forma sencilla de expresar sus sentimientos más profundos y complejos. Igualmente, Machado influirá en
En los años 70. “los Novísimos o Venecianos” son poetas culturalistas preocupados por la belleza formal, por la estética más que por la ética. Para ellos carece de interés la poesía de Campos de
Castilla, pues antepone los temas morales y humanos y la expresión sencilla y natural al
exhibicionismo cultural ni a la estética como fin último. Sin embargo, en la década de los 80 la poesía “de la experiencia”, que se opondrá a la de “los Novísimos” con temas basados en lo
cotidiano y lo íntimo y en el paso del tiempo, con un estilo claro y sobrio, volverá otra vez a quedar clara la estela de Campos de Castilla. Esta influencia continuará incluso en la década de los 90, con poetas como Luis García Montero.