"Un Análisis Crítico de Estudios sobre la Violencia en Colombia"
Fernando Gaitán (Consultor Privado) Santiago Montenegro
(Decano - Facultad de Economía - Universidad de los Andes) Mayo 2000
Preparado con motivo de la conferencia internacional: "Crimen y violencia: Causas y Políticas de Prvención" Auspiciado por el Banco Mundial y la Universidad de los Andes
Bogotá, Colombia
INTRODUCCIÓN
La teoría debe avanzar después de que los hechos reales se han mostrado en toda su plenitud. Pero una vez lo han hecho es un error volver a las antiguas equivocaciones. Ambos fenómenos han acompañado los estudios sobre la violencia en Colombia en las últimas dos décadas. En 1978 Paul Oquist publicó su clásico “Violencia, política y conflicto en la sociedad colombiana1” que trataba de indagar por las causas de la violencia en los cincuenta. La violencia contemporánea de Colombia apenas comenzaba su marcha explosiva. La mirada estaba puesta atrás, en la que finalmente fue la irrestañable herida de la violencia de mitad de siglo. Oquist aportó una visión diferente a la que hacia curso en Colombia la cual, en muchas ocasiones. trataba de encuadrar en las categorías marxistas las causas de la violencia y, desde otro punto de vista, sólo lo veía como producto de un cultural odio entre liberales y conservadores. Oquist, profundo, minucioso y con un completo estudio empírico e histórico argumentó que en el derrumbe parcial del Estado se encontraba la causa principal de la violencia de los cincuenta.
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Diez años después, en 1988, la Comisión de Estudios Sobre la Violencia, a solicitud del presidente Barco y de su ministro de gobierno, Fernando Cepeda, publicó su informe2. Aquí lo nuevo se confundía con lo viejo. Se hablaba de una cultura de la violencia inmersa en el tejido social colombiano y se descubrían nuevas formas de violencia, nuevas causalidades. La falta de apertura democrática, la exclusión de las minorías, el desequilibrio regional y las condiciones objetivas de pobreza y desigualdad formaron, entre otros múltiples aspectos, un nuevo conjunto de explicaciones. Además, introdujeron el concepto de que no había violencia sino violencias, entre otras: violencia política, violencia urbana, violencia organizada, violencia contra minorías étnicas, violencia transmitida a través de los medios de comunicación y violencia en la familia. La constitución de 1991 intentó abrir cauces democráticos, aumentar los derechos, beneficiar a las minorías, mejorar la justicia, controlar la televisión pero la violencia siguió su curso explosivo hasta 1993 cuando dejó de crecer.
En 1994 – 1995 Malcolm Deas, Armando Montenegro, Carlos Esteban Posada y
Fernando Gaitán Daza3 llamaron la atención sobre el funcionamiento de las
instituciones encargadas de brindar justicia. De nada servían los derechos consagrados en la Constitución que, como la de 1863, ofrecía toda clase de libertades y garantías si las instituciones encargadas de garantizarlas no cumplían su función. Parodiando al Presidente Nuñez4 la vida era inviolable pero podía asesinarse de vez en cuando. En el texto de la Constitución se garantizaba la propiedad privada pero en cada esquina acechaba un secuestrador, un funcionario corrupto o un atracador. Había todo tipo de libertades públicas pero una bomba, un atentado por la espalda al salir de grabar un
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Comisión de estudios sobre la violencia "Colombia: violencia y democracia", Bogotá, 1988. Formaron parte de la comisión Gonzalo Sánchez (coordinador), Jaime Arocha, Alvaro Camacho, Darío Fajardo, Alvaro Guzmán, General ® Luis Alberto Abdrade, Carlos Eduardo Jaramillo, Carlos Miguel Ortiz, Santiago Peláez y Eduardo Pizarro.
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Malcolm Deas y Fernando Gaitán Daza, "Dos ensayos especulativos sobre la violencia en Colombia", Bogotá, 1995. Montenegro, Armando", "Justicia y desarrollo económico", Bogotá, 1994. Montenegro, Armando y Posada, Carlos Esteban, "Criminalidad en Colombia", Bogotá, 1995.
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programa de televisión las conculcaba. Tal era la situación en 1995 y lo es hasta nuestros días. La dramática realidad se ha manifestado en toda su plenitud.
Este trabajo intenta seguir las huellas que han ido dejando nuestros investigadores en estos veinte años para explicar nuestra desbordada violencia. Su presentación y esquematización no intenta ser exhaustiva e inevitablemente su análisis estará contrastado con las circunstancias que determinaron el avance en uno u otro sentido de las investigaciones.
I. TAXONOMÍA DE LAS TEORÍAS
I.1. Disciplina
La disciplina de los investigadores ha marcado, en buena medida el rumbo de las investigaciones. Los siquiatras enfatizan los problemas de conducta de los colombianos -como si las categorías sicológicas individuales pudieran aplicarse a las colectividades5. Los antropólogos enfatizan en los elementos culturales. Los historiadores creen encontrar en sucesos remotos las causas de nuestra violencia actual. Los sociólogos se centran en las relaciones sociales de conflicto. Los médicos, como previniendo el cólera, emplean el procedimiento epidemiológico para reducir los elementos de contagio de la violencia. Y los economistas hacen énfasis en la actitud de los seres racionales ante los costos y beneficios -castigos y recompensas- del crimen, en un enfoque muy similar a la psicólogos sociales comportamentalistas.
A riesgo de simplificar el siguiente cuadro nos presenta un esquema de los enfoques.
DISCIPLINA ENFOQUE
SOCIÓLOGOS Las causas de la violencia están en el tejido social. La
familia, las relaciones entre vecinos, la pérdida de valores, las situaciones de riesgo, la pobreza y la desigualdad, la falta de identidad están en la base de la violencia.
POLITÓLOGOS Las relaciones políticas, en especial el sistema
excluyente del Frente Nacional y la ausencia de Estado
5 Esta fue una tendencia inagurada por Eric Fronm. Sean o no ciertas sus generalizaciones, los movimientos sociales
como mediador de conflictos, son realzadas por estos científicos sociales.
SICÓLOGOS Enfatizan la reproducción de la violencia a través de la
familia, la televisión y el maltrato. En su versión comportamentalistas enfatizan en la existencia de comportamientos agresivos que se ven como exitosos en el medio social.
ANTROPÓLOGOS Destacan la transmisión cultural de la violencia, aunque
comparten con las demás disciplinas la multicausalidad de la violencia.
MEDICOS Existen situaciones de riesgo de salud pública que
deben ser eliminadas o controladas para prevenir la transmisión de la violencia. Su principal aporte se basa en estudios epidemiológicos.
ECONOMISTAS En su versión más pura consideran que los individuos
actúan racionalmente en respuesta a los costos y beneficios del crimen. En los últimos años han optado por examinar no las causas de la violencia sino el efecto de la violencia sobre el crecimiento económico y el bienestar. O la rentabilidad de la paz.
I.2. Método
En un evidente enlace con la disciplina de los investigadores se han empleado diversos métodos de investigación y de exposición para referirse a la violencia en Colombia. Los investigadores sociales -no economistas- respondiendo a su formación, que en Colombia es baja en conocimientos estadísticos y matemáticos, en términos generales han utilizado un método deductivo. Se parte de una idea que se considera
preestablecida y se desarrolla un discurso tratando de probar cualitativamente -a veces de manera cuantitativa- la hipótesis inicial. En algunos casos utilizaron estadísticas de homicidios en series lamentablemente muy cortas y sin comparaciones con otras regiones o países. Igualmente describieron la violencia de acuerdo a la hora de mayor frecuencia de homicidios, los días donde ellos más se presentan, el tipo de armas, la edad de las víctimas, el consumo de alcohol o otras drogas de las víctimas e intentaron, con mediana fortuna, clasificar los móviles de los homicidios.
Naturalmente el método deductivo no es potestad de las ciencias sociales no económicas. Los economistas dan por supuesto que los seres humanos actúan racionalmente ante los costos y los beneficios y que el comportamiento social es la suma de los comportamientos individuales. Sin embargo los economistas han preferido utilizar series largas y dinámicas, colocar a prueba estadística y econométrica las teorías sobre la violencia y utilizar análisis amplios de variables que explican la violencia en conjuntos grandes de países. El error más frecuente que comenten es llevar al extremo su método, confiar sólo en los datos y no contar con previos análisis cualitativos o de información histórica6 A su vez los médicos y siquiatras intentan aislar los factores de riesgo producto de investigaciones empíricas. Se supone que si el factor de riesgo no toca a los individuos ellos presentarán menor tendencia a comportamientos violentos. Naturalmente se puede argumentar que el mosquito no es la causa de la malaria sino su transmisor. Pero se entiende que no hay tiempo, ante un problema creciente y evidente, para buscar juiciosas causas y que el primer método es reducir el riesgo.
Así pueden distinguirse dos métodos. Uno que hace énfasis en la deducción y otro que prefiere las pruebas empíricas. Es natural que esta división no sea tajante. La historia
6 Algunos economistas al no validar los datos con análisis previos profundos cometen significativos errores. Por
ejemplo en sus series de delitos con frecuencia no consideran los cambios en el código penal que lleva a aumentos y disminuciones de los delitos simplemente por la eliminación de algunos o los cambios de clasificación..
comparada es una prueba empírica que no pasa siempre por el tamiz de los datos7. A su vez los investigadores que se confían sólo en las pruebas empíricas pueden estar sólo repitiendo el juego de las niñas que lanzan unas fichas al aire y después meten la mano en las fichas esparcidas a ver cuantas cogen. Con estas salvedades se pueden distinguir dos métodos. Uno discursivo y uno empírico. Y los que emplean ambos métodos, es decir, son dialécticos.
Como una ramificación de los métodos empíricos y discursivos se encuentran, para cada uno de ellos, los que acuden a las comparaciones internacionales y aquellos que no lo hacen. Esto puede distinguirse por aquellos que hablan de una violencia
colombiana y los que se refieren a la violencia en Colombia. Esta no es una discusión
menor.
En el primero de los casos se acentúa la idea de que los colombianos son violentos por naturaleza. Desde los orígenes de nuestra nación se produjo o produjeron fenómenos históricos y culturales que quedaron marcados en nuestras formas de relación interpersonales, en la cultura o en las estructuras sociales y económicas que nos hacen proclives a la violencia. Los investigadores explican nuestro presente violento por un real o inexistente pasado violento. Nunca ha estado claro si el ayer explica el hoy o lo pasado simplemente es un componente de la actualidad.
A estos enfoques, basados en nuestras particularidades, se oponen, de alguna manera, aquellos que hacen énfasis en las comparaciones internacionales. Hay estados - nación que comparten algunas de nuestras características o, al menos, las que se resaltan como culpables de nuestra violencia, que no soportan nuestros niveles de violencia. En el extremo de estas explicaciones hay “niveles normales de violencia” y estados anormales. O Colombia no se explica a sí misma. Entre el énfasis en lo autóctono y el afán de compararnos oscilan las teorías.
El siguiente cuadro muestra los énfasis en la explicación de nuestra violencia.
MÉTODO EXPLICACIÓN
DISCURSIVO Hace énfasis en el método deductivo. Se
parte de una verdad que se considera preestablecida y se procede a contrastarla con la realidad haciendo uso de métodos cualitativos. A esta categoría pertenecen la mayoría de los investigadores.
- sólo nacional Se basa en el análisis de los hechos
colombianos de una manera cualitativa. Francisco Leal, Gonzalo Sánchez y la Comisión de estudios sobre la violencia son ejemplos de este método.
- comparaciones internacionales Compara el comportamiento de la
violencia en Colombia o de las variables con las que se relaciona con el comportamiento de las variables en otros países. Hace parte de este método la historia comparativa. Es ejemplo de este método Malcolm Deas
EMPÍRICO Se basa en la observación de datos que
se contrastan con las teorías.
- sólo nacional Los datos son sólo nacionales. Hacen
parte de este método Alvaro Camacho y Alvaro Guzmán y Alfredo Sarmiento.
- comparaciones internacionales Además de la observación de los datos nacionales se realizan comparaciones internacionales. Ejemplo de este método es Armando Montenegro y Francisco Thoumi..
I.3. Nacionalidad
La nacionalidad de los investigadores a veces influye en sus apreciaciones sobre la violencia en Colombia. Los investigadores extranjeros tienden a minimizar las características que los colombianos consideramos estrictamente nacionales. Por el contrario nuestros investigadores prefieren resaltar nuestros defectos como causa de nuestra alta violencia sin considerar que esas mismas características están presentes en la mayoría de las naciones. Por ejemplo los estudiosos de la violencia en Medellín en la segunda mitad de la dé los ochenta resaltaron la estrecha relación con la madre o el culto a la virgen María como una característica paisa no obstante de que esta esas características son comunes a todos los países católicos, especialmente entre los pobres8.
Hartlyn9, Oquist10, Henderson11 y Deas12 minimizaron nuestras esencias nacionales y quisieron ver en aspectos no esenciales las causas de nuestra violencia. Otros investigadores como Pecaut13 y Moser14, sin embargo, han resaltado características
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Un estudios de María Mercedes Cuéllar de Martínez encontró que las personas tienden a ser más religiosas cuando se aumenta la violencia. No que son más violentas cuando cuentan con más arraigadas ideas religiosas. Ver Cuéllar de Martínez, María Mercedes, "Valores y capital social en Colombia, (fotocopiado), Bogotá, 1997.
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Hartlyn, Jonathan, "La política del régimen de coalición", Bogotá, 1993.
10 Oquist, Paul, op. cit.
11 Henderson, James, "Cuando Colombia se desangró, un estudio de la violencia en metrópoli y provincia", Bogotá,
1985.
12 Deas, Malcolm, op. cit.
13 Pécaut, Daniel, "Orden y violencia: Colombia 1930 – 1953", Bogotá, 1987. Y "Crónica de dos décadas de política
nacionales, en especial respecto a las experiencias de sus países de origen como causas de la violencia. En el cuadro siguiente se sintetizan las anteriores apreciaciones.
NACIONALIDAD CARACTERÍSTICA
COLOMBIANO En su mayoría resaltan características
nacionales, que consideran específicas a nuestro país, como causa de la violencia.
EXTRANJERO En su mayoría encuentran en hechos
específicos o en coyunturas particulares la causa de la violencia en Colombia.
I.4. Modo de acercamiento
Los investigadores de la violencia han ofrecido explicaciones enfocadas en uno o varios aspectos de la realidad a la violencia en Colombia o han preferido ofrecer explicaciones totalizantes o holísticas. Al primer caso pertenecen, por ejemplo, las teorías de Francisco Leal15 que ve en las dificultades del régimen político la causa de la violencia
y teorías como la del derrumbe del Estado de Oquist16 o dificultades en la
institucionalidad encargada de la justicia como Armando Montenegro y Carlos Esteban Posada17. Desde este punto de vista hay un orden de causalidad en las causas de la violencia donde unos factores son más importantes que otros y algunos elementos de la realidad definitivamente no están relacionados con la violencia. Aunque no descartan
14 Moser, Caroline, "la violencia en Colombia: cómo construir una paz sostenible y fortalecer el capital social" en
Ensayos sobre Paz y Desarrollo el caso de Colombia y la experiencia internacional, Bogotá, 1999.
15 Leal, Francisco, "Estado y política en Colombia", Bogotá, 1989. 16 Oquist, Paul, op. Cit.
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que las dificultades del país no son reducibles a un solo aspecto, no todos los problemas que tenemos generan violencia.
A la visión más holística, multicausal, de violencias entrelazadas que se retroalimentan, pertenecen la gran mayoría de los trabajos tales como la visión de la Comisión de Estudios sobre la Violencia18 que habló no de violencia sino de violencias, los trabajos de Alvaro Camacho y Alvaro Guzmán19 y recientemente el trabajo de Caroline Moser20 para el Banco Mundial.
MODO DE ACERCAMIENTO
PARCIAL Encuentra en uno o en un conjunto
acotado de factores las causas de la violencia, tales como el régimen político, el Estado, la desigualdad, la justicia, la impunidad.
HOLÍSTICO Este enfoque hace énfasis en la
existencia de diferentes tipos de violencia, cada una de las cuales requiere una explicación particular y un tratamiento particular. A su vez consideran que hay violencias que se entrelazan y destacan la multicausalidad de la violencia con frecuencia sin jerarquía en la causación.
18 Comisión de estudios sobre la violencia, op. Cit.
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II. REVISIÓN HISTÓRICA DE LAS TEORÍAS
II.1. La continuidad histórica de la violencia
En los inicios de la investigación sobre la violencia contemporánea en Colombia21 los investigadores, especialmente politólogos, historiadores y sociólogos volvieron sus ojos al pasado. Hasta ese momento la ciencia social, la literatura y la política aún estaba encontrando explicaciones para la violencia de los cincuenta y la elaboración estadística de las cifras sobre la violencia contemporánea aún no se utilizaba. Salomón Kalmanovitz en su libro sobre La agricultura en Colombia 22 al hablar de la violencia se concentró en el pasado, en los cincuenta. Lo mismo hicieron Henderson23, Oquist24, Francisco Posada25 y Gonzalo Sánchez26, entre otros27. La guerrilla era un fenómeno vistoso –por parte del M-19- pero marginal militarmente. Las FARC, a finales de los setenta, aún mantenían una actitud de autodefensa y basaban su actividad en sus cinco frentes históricos28. El ELN contaba con más actividad en las universidades que en las regiones rurales y lo mismo puede decirse del EPL (fuera de Urabá y el oriente de Córdoba). Los guerrilleros del M-19, educados en la ciudad, eran vistos como excluidos por el régimen político, lo mismo podía decirse de la pequeña pero activa izquierda legal y las organizaciones populares en las cuales influían. La criminalidad
21 Llamamos violencia contemporánea aquella que se inicia desde finales de los setenta cuando la tasa de homicidios
comienza a crecer geométricamente, por encima del crecimiento de la población.
22
Kalmanovitz, Salomón, "El desarrollo de la agricultura en Colombia", Bogotá, 1982.
23 Henderson, James, op. cit. 24 Oquist, Paul, op. cit. 25
Posada, Francisco, "Colombia: violencia y desarrollo", Bogotá, 1982.
26 Sánchez, Gonzalo, "Guerra y política en la sociedad colombiana", Bogotá, 1991.
27 Es interesante contrastar la actitud investigativa antes de que la violencia contemporánea se desbordara por parte
de los historiadores. En una conferencia, no publicada, titulada "la historia en tiempos de crisis", Malcolm Deas ha enfatizado que el historiador tiene un ineludible compromiso con el presente.
28 A comienzos de los setenta no había más de mil guerrilleros en el país. Hoy deben contar con una fuerza entre
urbana no había alcanzado sus actuales y dramáticas proporciones y el narcotráfico era algo que sucedía entre guajiros y en la Sierra Nevada de Santa Marta. Tal vez resultaba inevitable que el diagnóstico se centrara en el carácter excluyente del Frente Nacional. Y, adicionalmente, en la continuidad del bipartidismo en nuestra historia republicana29 . De alguna manera, se alegaba, todas las fuerzas por fuera del bipartidismo habían sido excluidas. La violencia de los cincuenta, a su vez, había sido una traición al pueblo (que se identificaba con el partido liberal). Para muchos de los investigadores colombianos se había tratado de una revolución frustrada. La obra del Teatro la Candelaria "Guadalupe años cincuenta" le adicionaba el arte a esta concepción.
Sin embargo en la mayoría de los países lo más usual es la existencia de dos partidos que históricamente se disputan el poder30 y en teoría no existen las peleas entre tres contendientes. Los ejemplos abundan en sociedades que no cuentan con grupos guerrilleros. A su vez el siglo y medio de bipartidismo estaba lleno de cambios de bando, creación de fracciones e intentos de constituir más de dos partidos dentro del mismo régimen político como lo ilustra el fracasado Partido Nacional de nuestro más eminente estadista: Rafael Nuñez.
La visión del carácter excluyente del bipartidismo como causa de la violencia política fue adicionada con otra teoría sustentada por Gonzalo Sánchez31: Colombia llevaba dos siglos de guerra permanente: numerosas guerras civiles en el siglo XIX, infinidad de revueltas, la masacre de las bananeras, los conatos de violencia durante el primer gobierno de López Pumarejo, la violencia de los cincuenta y la persistencia del movimiento guerrillero. Se concluía inmediatamente que un país que ha tenido guerra en su pasado debe tenerla en el presente. La nueva teoría sin embargo tenía una
29
Un ejemplo es Tirado Mejia, Alvaro, "Siglo y medio de bipartidismo" en La Colombia hoy, Bogotá, 1978.
30 Es notable que la reforma constitucional de 1991, en aras de la democracia, al imponer la segunda vuelta tiende a
hacer que siempre se formen dos coaliciones.
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adición. Ya no se trataba del bipartidismo sino de la violencia "endémica", algo que se encontraba en el agua que bebemos los colombianos. De ahí a afirmar que había una cultura de la violencia marcada en nuestras relaciones sociales había sólo un paso. Y ese paso lo dieron los sociólogos y la Comisión de Estudios sobre la Violencia32. Las ideas se entrelazaban y los teóricos decidieron entrelazar la violencia: ahora la violencia era el resultado de causas que se yustaponían y cuyo enlace era la cultura de la violencia.
Si de la visión del bipartidismo secular y del carácter excluyente del Frente Nacional surgió la concepción de la Apertura Democrática, la participación y la descentralización como remedio a la violencia. De la teoría de la violencia "endémica" y la cultura de la violencia no podía emerger sino planes destinados a cambiar la mentalidad de los jóvenes en sus lugares de socialización. Parques, bandas de música, mimos y educación cívica en los colegios eran las panaceas. Ya que no se pudo con los adultos enfrentados al sino fatal de ser portadores de la cultura de la violencia por lo menos los jóvenes podían ser reeducados. Desprovista de su esencia política las causas históricas de nuestra violencia fueron reemplazadas por talleres comunitarios y los esfuerzos de Bienestar Social por reducir la violencia intrafamiliar.
II.2. Las causas objetivas
Todo movimiento político, para lograr aceptación social, debe proponerse un programa de cambios. No existe ningún dirigente político que no plantee acabar con la pobreza, redistribuir el ingreso y mejorar las condiciones sociales. Naturalmente la guerrilla colombiana, la izquierda, los movimientos de protesta, los estudiantes y los académicos de corte izquierdista y liberal plantean objetivos de cambio33. Y por ejemplo las quemas de buses por parte de los estudiantes o la guerra por parte de la guerrilla se intenta,
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como se estila ahora pronunciar, "legitimar" su acción señalando que lucha al lado de los pobres y pro la democracia34. En 1982 mientras el narcotráfico se consolidaba, surgían los grupos paramilitares, se cambiaba la tortura por la desaparición y el país mejoraba sus indicadores sociales, la teoría cambió, de la mano de los diálogos entre guerrilleros y el gobierno de Belisario Betancour, hacia la existencia de "causas objetivas" de la violencia. Estas no eran otras que la pobreza, la desigualdad, la falta de participación ciudadana, la centralización y las bajas coberturas de los servicios sociales, entre otros aspectos35.
Esta teoría combinaba en realidad dos. La primera era una dificultad del Estado para hacer a las "comunidades"36 participar en la toma de las decisiones de inversión y, la otra, invertir en obras sociales. Desde el punto de vista de la primera óptica el gobierno era centralista alejado de las urgentes necesidades de los pobladores o, en el mejor de los casos, el presupuesto se invertía en las regiones pero mediatizado por los políticos profesionales que constituían una tremenda carga para el sistema. Invirtiendo recursos, con participación ciudadana, en los municipios violentos se garantizaba democracia, transparencia y lucha contra la pobreza. Las "causas objetivas" de la violencia dejaban de existir.
33 No es del todo fácil deslindar quien influencia a quien si los académicos a la izquierda y la guerrilla o estos últimos
a los académicos.
34 Recientemente el CINEP reunió en una sola revista las "plataformas de lucha" de los paramilitares y los
guerrilleros y se asombró de encontrar que ambas hablaban de los mismos cambios sociales. Es notorio, según esto, que los cambios sociales no estén tan relacionados como se supone con los intereses de guerrilleros y paramilitares.
35 Uno de los primeros directores del PNR, creado por Belisario Betancour para atacar las causas de la violencia se
refería así a los problemas rurales: "El Estado ha estado ausente del campo y ha brindado poco apoyo a la
producción campesina y artesanal, ha favorecido la explosión de toda suerte de conflictos sociales, tramitados en gran parte con el recurso de la violencia. Ver Wills Herrera, Eduardo, "Plan Nacional de Rehabilitación, modelo
institucional para el cambio político y social" en Bejarano, Jesús Antonio, Construir la paz, memorias del
seminario paz, democracia y desarrollo, Bogotá, 1990. Similares apreciaciones se encuentran en el mismo libro
expresadas por Marinovic, Esteban, "Condiciones de posibilidad de una estrategia: el caso del plan nacional de desarrollo"
36 Aunque la participación ciudadana había recibido un gran impulso durante el gobierno de Lleras con la creación
No existe un texto académico que exprese la anterior teoría de manera sistemática. En realidad parecía haber un consenso alrededor del tema. El diálogo nacional propuesto por el M – 19, la creación de la Unión Patriótica y las discusiones respecto al rumbo de las negociaciones con la guerrilla acapararon la actividad académica. Puesto que nadie seguía las estadística de homicidio y criminalidad el crecimiento de la violencia no guerrillera no aparecía como problema.
El gobierno de Belisario Betancour fue fiel a su diagnóstico. Creó el PNR para que como decía un funcionario de la época "aceitara la paz". Se construyó un mapa con los municipios con presencia guerrillera para enviar la ayuda del PNR, los alcaldes – nombrados por el gobernador y por tanto corruptos- fueron obligados a cogobernar con los comités de participación ciudadana del PNR, se aprobó la elección popular del alcaldes, se intentó dar garantías a la Unión Patriótica. Todo en medio de la euforia de las negociaciones de paz.
La paz no llegó37, la criminalidad común se incrementó, el narcotráfico comenzó a armarse, los dirigentes de la Unión Patriótica empezaron a ser asesinados y los pequeños poblados no incluidos en el PNR por el pecado de no tener presencia guerrillera comenzaron a solicitar la presencia de los grupos alzados en armas para así poder construir su acueducto. Dentro de la misma concepción y posteriormente las compañías petroleras comenzaron a hacer inversión social en las zonas donde sucedían atentados a los oleoductos. La rentabilidad para una comunidad pobre de que se explotaran los tubos, rentabilidad que no existía, comenzó a existir.
"teórica" en estos experimentos. Si el marxismo hablaba de lucha de clases era preferible cambiar esas desafiadoras palabras por las más suaves de "participación comunitaria".
37 En algunas zonas atendidas por el PNR disminuyeron levemente los combates guerrilleros. Ver DANE, "Plan
Nacional de Rehabilitación, una década de presencia estatal en regiones marginadas", Revista DANE 476, Bogotá 1992. Pero en ningún municipio atendido por el PLAN desapareció la guerrillas.
Sin embargo el diagnóstico, pese a que no había solucionado nada, quedó, adicionado al anterior. Ahora teníamos el carácter excluyente del bipartidismo adicionado con las "causas objetivas". Se comenzó entonces a hablar de lo urbano y lo rural, de las minorías y de las regiones.
II.3. Regiones, violencia urbana y cultura de la violencia
La leve apertura de Belisario había provocado la multiplicación de los paros cívicos regionales, a su vez la violencia política parecía concentrada en unas pocas regiones tales como el Urabá, el Magdalena Medio y otras de menor importancia –en términos de intensidad de la violencia- como Arauca, el Cauca y sectores de los antiguos territorios nacionales.
A su vez el narcotráfico comenzaba a enseñorearse de ciudades como Cali y Medellín con una gran carga de violencia. Y hacia aparición el sicariato. Estamos en 1986. La violencia no era aún un problema nacional. Y un problema es nacional, en Colombia, cuando afecta a la clase media y alta urbana. A los votantes. Los investigadores voltearon la cara hacia las regiones. Encontraron, para las regiones, lo mismo que se había hallado para el país: un pasado violento38. Y, para las zonas de frontera, unos migrantes que, afirmaban, huían de la violencia de los cincuenta. Y también huían de esa violencia los habitantes de las barriadas pobres de las ciudades.
38 Ver Uribe, María Teresa, "Urabá: ¿Región o territorio?, Medellín, 1992. Medina, Carlos, "Autodefensas,
paramilitares y narcotráfico en Colombia. Origen, desarrollo y consolidación. El caso de Puerto Boyacá", Bogotá, 1990. Varios autores, "Caquetá: colonización, coca y guerrilla", Bogotá, 1987. Y los diversos relatos de Molano, Alfredo, entre otros, "Aguas arriba: entre la coca y el oro", Bogotá, 1990. "Selva adentro: una historia oral de la colonización del Guaviare", Bogotá, 1987, y, "Siguiendo el corte: relatos de guerras y de tierras", Bogotá, 1989. Esta teoría también se expresó en el concepto de "colonización armada". Una presentación de esta tesis puede encontrarse en Fajardo, Darío, "Violencia
Como suele suceder con los migrantes su identidad social aún no está arraigada con la región que los recibe39. Por tanto se agregó la falta de identidad regional como una causa de la violencia. Se habló igualmente de violencia sobre las regiones: el Estado sólo intervenía con fuerzas militares y de policía. Además, en varias regiones estaban asentadas minorías étnicas de indígenas e incluso se creó el concepto de las negritudes como una minoría, aunque fueran tan minoría como la escasa etnia blanca en nuestro país.
Proliferaron los estudios regionales en especial sobre las regiones conflictivas de la época. Urabá, Magdalena Medio, Arauca y Territorios Nacionales. La exclusión política bipartidista se convirtió en exclusión de regiones. El desarrollo era desequilibrado y las cifras lo respaldaban: las nuevas regiones conflictivas tenían altas carencias en servicios sociales.
La Comisión de Estudios sobre la Violencia40 llamó la atención sobre la exclusión de las regiones y consultó, quizá por primera vez durante el curso de la violencia contemporánea, las cifras de delito y violencia. Lamentablemente sólo miraron cuatro años y no adelantaron discriminaciones departamentales.
Los estudios de la Comisión estuvieron acompañados en un lapso corto de tiempo por los trabajos pioneros de Alvaro Camacho y Alvaro Guzmán sobre la violencia en Cali y en Medellín41. Este par de investigadores introdujo el análisis sistemático de las cifras en el estudio de la violencia. Con una visión de corte epidemiológico estudiaron la tasas de delito y homicidio en un período de diez años, las características de las víctimas y victimarios de los homicidios y de los delitos de los que se disponía de alguna
39 Igualmente uno de los conceptos más inmedibles del planeta es el de identidad regional. 40 Comisión de estudios sobre la violencia, op. cit.
41 Ver Camacho, Alvaro y Guzmán Alvaro, "Colombia, ciudad y violencia", op. cit.. Guzmán, Alvaro et al.
"Violencia urbana y seguridad ciudadana en Cali" en Revista foro No. 22, 1993. Y Camacho, Alvaro, "Violencia urbana: Cali y Medellín" en Medellín: alternativas de futuro, Medellín, 1992.
información, la hora de ocurrencia de los asesinatos, los medios empleados, la edad de las víctimas, su oficio, una aproximación a los móviles (imposible en realidad de construir con los datos disponibles) y los estados síquicos (consumo de drogas y alcohol) durante los hechos violentos, entre otras variables de alto interés. Sin embargo, como la Comisión de Estudios Sobre la Violencia no construyeron series largas ni aplicaron los procedimientos estadísticos disponibles para el procesamiento de los datos. Tampoco realizaron comparaciones nacionales o internacionales. Si lo hubieran realizado seguro hubieran encontrado que la frecuencia de las variables que analizaban se repetían en diferentes zonas del país con tasas de violencia en extremo disímiles y en la mayoría de los países y ciudades igualmente con tasas de violencia en extremo diferentes y generalmente sustancialmente más bajas.
Sobre la base de la continuidad histórica de la violencia en el país y sin, lamentablemente, análisis entre regiones y municipios ni comparaciones internacionales., concluyeron que había una cultura de la violencia la cual alcanzaba su máximo potencial devastador con el consumo de alcohol y el uso de armas de fuego42.
No se había abandonado el antiguo marco de exclusión bipartidista secular, pero en el terreno urbano, donde las oportunidades que brindaba el régimen para la nominal participación democrática eran suficientemente claras, la idea de exclusión política, sin ser abandonada fue transformada en cultura de la violencia.
El edificio de la teoría se seguía construyendo: violencia secular, exclusión política nacional, exclusión política regional y urbana, condiciones objetivas, minorías, grupos
42 En Colombia las leyes son muy estrictas en los requisitos para el porte de armas, al contrario de los Estados Unidos
donde el libre porte se consagra en la constitución. Nuestra tasa de violencia es, sin embargo diez veces más alta. Tal vez la diferencia es que allá realmente está prohibido matar.
de riesgo y condiciones de riesgo. La teoría fue sumando sin beneficio de inventario a medida que nuevos hechos aparecían43.
II. 4. Negación de teorías y énfasis en las instituciones de justicia
Apartándose de la línea tradicional y aditiva de explicaciones multicausales y sin orden de causación y concentrada en nuestras particularidades nacionales y sin el uso de técnicas estadísticas de alguna modernidad, surgió a partir de 1994-1995 un conjunto de explicaciones encabezadas, en un inicio, por Malcolm Deas, Fernando Gaitán Daza, Armando Montenegro y Carlos Esteban Posada44. Estas explicaciones, como un primer paso, negaban con el análisis de la dinámica de la violencia en Colombia en los últimos 150 años, con pruebas empíricas de largo plazo o en análisis transversal y comparaciones internacionales, los siguientes elementos:
1. Colombia, como todos los países, nacionalidades, culturas, sociedades y grupos étnicos, había contado con épocas de paz y períodos de violencia. No había por tanto una especial tradición violenta en la historia y la cultura colombiana. En primer término las guerras civiles del siglo XIX, aunque frecuentes, habían sido precedidas y seguidas de períodos de paz. Y su intensidad no era tan alta como pretendían mostrar los analistas. Al decir de Malcolm Deas: "un país pobre hace guerras pobres45". Igualmente la nación había disfrutado de paz relativa durante el período 1902-1946. Y, finalmente el lapso comprendido entre 1964 y 1974 no podía caracterizarse como de alta violencia.
43 El enfocarse en las particularidades es una costumbre colombiana. Cuando se mata desde una moto, se prohiben las
motos. Cuando se emplean cilindros de gas se prohibe el tránsito de cilindros, en fin.
44
Deas, Malcolm y Gaitán Daza, Fernando, "dos ensayos especulativos sobre la violencia en Colombia, op. cit.. Montenegro, Armando, "Justicia y desarrollo económico", op.cit. . Y Montenegro, Armando y Posada, Carlos Esteban, "Criminalidad en Colombia", op.cit.
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Deas, Malcolm, "Algunos interrogantes sobre la relación guerras civiles y violencia" en Pasado y presente de la
Complementariamente otros países, muchos de ellos en realidad, que habían enfrentado largos períodos de violencia eran contemporáneamente pacíficos. No había ni en la dinámica ni en la comparación internacional comprobación de que hubiera una especial violencia colombiana que persiguiera a los habitantes de este país como un sino fatal e ineludible.
2. La observación, la reconstrucción de la dinámica departamental de la violencia entre 1946–1994 y las técnicas estadísticas modernas –en especial la cointegración- que no habían sido empleadas en estudios anteriores mostraban que la violencia de las regiones era causada por estar ellas ubicadas en este país y no por sus procesos económicos, culturales o sociales específicos. Argumentaban estos autores algo así como que si Urabá –con sus características específicas- estuviera ubicado en Suiza no sería violento.
3. Utilizando historia comparativa y análisis de largo plazo, de panel y de corte transversal, se encontraba que había más probabilidad de violencia en los municipios más ricos, en aquellos de frontera y en aquellos que gozaban de una riqueza extraordinaria como coca, amapola, banano, petróleo, oro y café que en aquellos municipios sumidos en la pobreza. Igualmente utilizando comparaciones internacionales encontraron que en algunos países la desigualdad del ingreso podía producir un ligero aumento de la violencia, pero que si Colombia siguiera el patrón internacional presentaría una tasa de violencia de alrededor de 16 y no de 80 por 100.000 habitantes como se presentaba en 1993. Similares resultados para la no asociación entre pobreza y violencia se encontraba para los departamentos. Ni para los municipios. Ni para los departamentos. Ni para el país había evidencia –y la que existía lo negaba- de que hubiera asociación entre las "condiciones objetivas" de vida de la población y la violencia.
4. La evidencia estadística y la evidencia internacional mostraron a su vez que ni la formación de pandillas, ni el maltrato intrafamiliar, ni otros fenómenos como el madresolterismo, la violencia en televisión, el consumo de alcohol o el porte de armas tenían características especiales en Colombia o habían aumentado dramáticamente como para afirmar que esos fenómenos sociales –la mayoría no deseables- tenían poder explicatorio del alza explosiva de la violencia en Colombia en el período 1978-1991.
5. Los datos, en opinión de estos autores, también mostraban un aumento paralelo del delito en general46, el narcotráfico y la guerrilla y la tasa de homicidios. Este incremento de la delincuencia había estado acompañada de una disminución fuerte de la relación delitos/capturados y delitos/castigados. Estos autores encontraron un incremento dramático de la impunidad que para el período 1993 – 1994 llegaba al 97%.
6. Pese a que se había elevado sustancialmente el gasto en ejército, policía y justicia no se había incrementado al tiempo la eficiencia de estas instituciones. La evidencia internacional mostraba que con frecuencia la eficiencia de estas instituciones respondía débilmente –al menos al comienzo- a los aumentos del gasto y que incrementar el gasto sin reducir la ineficiencia y la corrupción de esas entidades no era una buena alternativa.
7. Finalmente los autores mostraron con estadísticas nacionales e internacionales y con profusos estudios econométricos e históricos que:
a. La quiebra de la justicia en Colombia, es decir de la baja capacidad de las instituciones para defender los derechos y exigir el cumplimiento de los deberes de los
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Estos autores observaron que algunos delitos disminuían en su denuncia en las ciudades y regiones más violentas. Pero que delitos que por lo general se denuncian como el robo de carros, la piratería terrestre, el asalto bancario y el secuestro seguían el rumbo ascendente del homicidio (que la autoridad conoce de oficio), lo cual, argumentaban, mostraba que los que había pasado era una baja de las denuncias al generalizarse la violencia.
ciudadanos y la probidad y prontitud de la justicia en todos los ámbitos desde lograr el respeto a los semáforos, los derechos humanos, las garantías laborales hasta el castigo de toda clase de delincuencia, incluyendo la estatal, constituía la principal causa de la violencia en Colombia y, a su vez, el mejoramiento integral de la justicia constituía el principio esencial de la solución.
b. Esta quiebra de la justicia había permitido el surgimiento del narcotráfico y brindado apoyo popular a la guerrilla –que ejercía la justicia en sus zonas de influencia- y, al tiempo, la emergencia del narcotráfico y de la guerrilla había debilitado aún más todo el sistema institucional de justicia.
II. 5. Los efectos de la violencia
Entre 1994 y 1998 los analistas de la violencia volvieron su atención no a las causas de la violencia sino a lo que la violencia causaba. Montenegro y Posada argumentaron con unos modelos econométricos que la violencia a partir de los 30 homicidios por 100.000 hablantes retrasaba el desarrollo económico 47 y en el mismo sentido argumentó el investigador de la Universidad de los Andes, Mauricio Rubio48.
En una línea paralela de investigación se indagó por los costos de la violencia en términos de capital físico y humano y se demostró que la violencia y la criminalidad estaban produciendo pérdidas sustanciales de capital49. Estos estudios tuvieron un corolario práctico: La Paz es rentable. Los candidatos presidenciales de 1998 enfatizaron este aspecto y argumentaron que la paz produciría disminución del gasto
47 Montenegro, Armando y Posada, Carlos Esteban, op. cit.
48 Rubio, Mauricio, "Crimen e impunidad", Bogotá, 1999, y, "Los costos de la violencia en Colombia",
(fotocopiado), documento CEDE, 1997. También: IEPRI-DNP, "La Paz es rentable. Balance de los estudios", bogotá, 1997. Montaño, Cecilia y García Durán, Arturo, "los costos ocultos de la paz en Colombia", en Banco Mundial, Ensayos sobre paz y desarrollo. El caso de Colombia y la experiencia internacional, op. cit.
militar (hecho este improbable por sus rigideces) y aumento del gasto social, por tanto, hacer concesiones a los grupos guerrilleros era, en un análisis costo – beneficio, rentable. Aunque esta no fue la intención de los investigadores, el argumento de que la paz era rentable reproducía el mismo espíritu complaciente con la guerrilla de la teoría de las "causas objetivas" y dejaba por fuera el resto de la criminalidad y, de pasada, la necesidad urgente de fortalecer radical y urgentemente toda la institucionalidad encargada de brindar justicia.
Sin embargo otro grupo de investigadores se concentró en la necesidad de fortalecer la justicia y la seguridad. La eficiencia de las fuerzas militares, de la rama jurisdiccional, de la policía, el análisis de la corrupción y el reforzamiento de la protección de los derechos humanos, estudios enfocados a mejorar el funcionamiento de nuestras instituciones. Esta orientación de los estudios, que no debe decaer, fue, sin embargo interrumpida por otro conjunto de estudios que volvían a las viejas teorías, como veremos a continuación.
II. 6. Vuelta al pasado
Los teóricos anteriores a la explicación basada en la quiebra de la justicia y la impunidad acogieron esta novedosa tesis pero sin abandonar las anteriores. Es decir, siguiendo el estilo secular hicieron un ejercicio agregativo. Dos ejemplos de esta nueva postura ecléctica y holística se encuentran en la producción reciente, en especial el trabajo del Departamento Nacional de Planeación, "La Paz: el desafío para el desarrollo50" y el trabajo de la antropóloga del Banco Mundial, Caroline Moser, "La violencia en Colombia: cómo construir una paz sostenible y fortalecer el capital social".
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Esta es una argumentación interesante y no tan convencional como parece. En muchos casos, como lo demuestra Marx en el capítulo dedicado a indagar por la acumulación originaria, la violencia es un elemento esencial para el crecimiento. Justo o injusto la evidencia histórica así lo demuestra en muchas oportunidades.
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El trabajo del DNP fue el resultado de un conjunto de trabajos de consultoría sobre la justicia, la cuestión agraria, la seguridad ciudadana y la seguridad nacional, la cuestión urbana, los aspectos regionales, la agenda de paz y las relaciones internacionales.
El abordaje del tema, multidisciplinario pero cada grupo aparte y la elección de los problemas a ser investigados, indican que sus patrocinadores seguían confiando en el enfoque holístico y ampliamente multicausal. Aunque se incluyó la justicia como uno de los temas a ser abordados no se le destacó como el elemento esencial sino como uno de los tantos aspectos de la realidad que contribuían a explicar la violencia.
Abordaje de los temas:
a. La Justicia. Los problemas de la justicia, a diferencia de los trabajos anteriores,
fueron concebidos integrando un conjunto de problemas que, de manera sutil, incluyeron las "condiciones objetivas" de la pobreza y la desigualdad e igualmente, se incluyeron los problemas de la democracia dentro de su definición. En estos términos son tratados los problemas de la justicia como una de las múltiples causas de la violencia: "La justicia no ha podido cumplir sus tareas fundamentales en un estado de derecho: (1) defender la autonomía del individuo frente a la arbitrariedad pública y privada; (2) promover la participación real y efectiva de las personas en las decisiones políticas o sociales que los afectan, y (3) procurar las condiciones materiales que permitan la mínima igualdad necesaria para que las personas puedan, realmente, ser libres".
b. El problema agrario. A tono con las exigencias de las FARC de adelantar planes de
reforma agraria y con la presentación que hace ese grupo guerrillero del problema agrario como una "causa objetiva" de su labor guerrillera y, desde 1991 terrorista, el documento del DNP afirma, sin ningún dato empírico, lo siguiente: "La crisis de productividad en el campo se expresa en dos extremos: en uno, la mayor parte de la
gran propiedad usa la tierra en ganadería extensiva, paga pocos impuestos, genera poco empleo y aporta muy poco al producto global, con una gran destrucción ambiental; en el otro, muchos de los pequeños propietarios y de los campesinos sin tierra ocupan áreas empobrecidas, con severas limitaciones naturales y no obtienen ingresos suficientes para elevar su nivel de vida. Ambos extremos deterioran gravemente el patrimonio ambiental del país, causan conflictos violentos y generan pobreza".
Además citan la compra de tierras por parte del narcotráfico como una de las principales causas del conflicto agrario51: "La compra de tierras por narcotraficantes ha contribuido a elevar los niveles de concentración de la propiedad; ha desplazado a los campesinos a frentes de colonización y ciudades; ha sobrevalorado las tierras; ha financiado la contrainsurgencia; ha reforzado la destinación de las mejores tierras del país a la ganadería extensiva, en perjuicio de la agricultura y los bosques; y ha deteriorado el escaso liderazgo social en las regiones afectadas". Este apartado merece un comentario. Evidentemente no se han vendido las pocas tierras de alta calidad del país –agronómicas I- del valle del Cauca, el Tolima y la Sabana de Bogotá. Digamos que se vendieron agronómicas II en pequeña proporción y agronómicas III y IV cuya vocación, fuera del café, enfatiza el uso en bosques. Supongamos, además, que el narcotráfico no dejó las tierras ociosas y que alguna actividad hay y, supongamos que no son las 300.000 hectáreas de que habla Alejandro Reyes Posada las que se compraron. Exageremos, digamos que son 500.000. Pues bien, en ellas con una unidad mínima de 40 hectáreas se podrían beneficiar 12.000 familias campesinas. O, lo que es lo mismo, si todas las tierras hubieran sido ocupadas previamente por campesinos se hubieran desplazado 12.000 hogares, menos los que se quedaron
51 El cálculo de la compra de tierras por los narcotraficantes y buena parte de la argumentación del DNP fue
elaborada por Reyes, Alejandro "Compra de tierras por narcotraficantes", en Drogas ilícitas en Colombia, su
impacto económico, político y social, Bogotá, 1997. Diferentes dirigentes políticos concluyeron que expropiar estas
trabajando. Este es un efecto importante, sí, pero marginal como para otorgársele la culpa de tantos males.
c. Convivencia ciudadana. En este apartado y siguiendo la tradición de los ochenta, el DNP concluye que no puede entender la violencia en las ciudades o que el fenómeno es demasiado complejo para su discernimiento: "La violencia en las ciudades, afirman, se ha caracterizado como un conjunto de diversas formas, donde los orígenes y manifestaciones son múltiples". Y agregan algunos vagos razonamientos para relacionar la violencia y la problemática urbana: "El uso ineficiente del espacio público, su apropiación por agentes privados y la escasa participación de la comunidad en el manejo de sus intereses y conflictos han ocasionado que la ciudad no se vea como espacio colectivo".
d. Seguridad nacional y seguridad ciudadana. En este capítulo mezclan todas las ideas que se les vinieron a la cabeza, incluyendo las teorías epidemiológicas que relacionan el alcohol y las armas como causa de la violencia, el tratamiento conciliador de conflictos y la necesidad de educar a la nueva generación que tiende a la delincuencia en el vacío y de por sí: "La participación de la comunidad en todas las etapas del proceso de seguridad ciudadana: planeación, ejecución, control y evaluación, es imprescindible, para fortalecer la prevención, detectar e intervenir poblaciones de alto riesgo y comportamientos agresivos y antisociales de niños y jóvenes para su intervención precoz. Se propone la promoción y desarrollo de mecanismos de convivencia, tales como el desarme, el control del alcohol, la restricción de la pólvora y de formas de resolución de conflictos, como las comisarías de familia, jueces de paz y conciliadores en equidad. Esto debe ir acompañado de campañas y acciones pedagógicas concretas que permitan a la ciudadanía comprender el sentido de las medidas".
Adicionalmente en el trabajo del DNP que estamos analizando se incluye un capítulo destinado a relacionar algunas variables sociales con la violencia. Este capítulo, se entiende, es un intento de respuesta a los análisis de Deas, Montenegro y Gaitán que desdeñaron las "causas objetivas" como uno de los elementos esenciales en la generación de nuestra violencia. Para su análisis los investigadores del DNP, encabezados por Alfredo Sarmiento, realizaron una regresión por el método de Trimn para observar la relación entre violencia municipal y desigualdad en condiciones de vida, escolaridad, apoyo del estado central a las finanzas municipales, participación en elecciones y presencia de grupos armados.
Sus resultados son que el aumento de la escolaridad tiende a disminuir levemente la violencia la violencia, que a mayor presencia del Estado Central –medido en transferencias de recursos- mayor violencia, que la presencia de grupos armados aumenta la violencia, que a menor pobreza mayor violencia y que, afirman en el texto: "La desigualdad en las condiciones de vida de los hogares, medida por el índice GINI, se relaciona positivamente con la violencia y sus variaciones son las que mayor efecto tienen sobre aumentos en la violencia". Lamentablemente los analistas del DNP no leyeron correctamente sus datos (al tener una probabilidad de que esta relación positiva solo se cumpla en el 83% de los casos, siendo que lo aceptado entre los econometristas es una aceptación de mínimo 90 y aún en este último caso los econometristas afirman que los resultados no son suficientemente robustos) los cuales no respaldan sus afirmaciones escritas. A su vez es muy probable no que la mayor participación democrática disminuya la violencia sino que la alta violencia disminuya las posibilidades de participación, como se demuestra, sin mayores datos adicionales con el hecho cotidiano de que la guerrilla y los paramilitares destierran de sus áreas de influencia a sus antagonistas políticos.52 Finalmente, en un error imperdonable construyeron dos subgrupos municipales para los análisis estadísticos. Uno con mayor
52 En el Magdalena Medio antes de la presencia narcoparamilitar el Partido Comunista, ayudado por las FARC, era
tasa de crecimiento de la violencia en los anteriores cinco años y otro con menor tasa53. Este inusual procedimiento fuerza los resultados en el sentido deseado por el investigador.
Siguiendo la tendencia a volver a las ideas de los ochenta, cuando las "causas objetivas" y la idea de una violencia "endémica y permanente" llegaron a primer plano de la mano de los intentos de diálogos de paz y de los análisis de la mayoría de los científicos sociales que, en ese tiempo, poco se apoyaban en evidencia empírica y en historia comparativa, la antropóloga Caroline Moser, especialista del Banco Mundial y capital social, de una manera muy ordenada, volvió a los antiguos análisis holísticos, lo cual se puede encontrar en el resumen de presentación que se hace en la contracarátula de el libro del que ella es coautora "Ensayos sobre Paz y desarrollo. El caso de Colombia y la experiencia internacional"54 en el que ella fue autora del informe: "La violencia en Colombia: cómo construir una paz sostenible y fortalecer el capital social". Dice así la presentación: "Alcanzar la paz e impulsar el proceso de desarrollo económico y social son los principales desafíos que enfrenta Colombia en la actualidad. Los análisis que se realizan en el presente volumen, indican que la violencia y el conflicto armado colombiano obedecen a un complejo conjunto de factores económicos, sociales, históricos y políticos. El país ha registrado por décadas, un patrón de crecimiento económico que ha coexistido con la pobreza y desigualdad en la distribución de la riqueza productiva (p.ej., tierra), en el acceso tanto a las oportunidades económicas (empleo, educación, crédito) como a las decisiones públicas. Además, Colombia ostenta una larga historia de conflictos armados; enfrentamiento entre liberales y conservadores en el siglo XIX; el llamado período de la "violencia" de mediados del siglo XX y la agudización del conflicto armado desde las décadas de los ochenta y noventa con la irrupción del narcotráfico y los grupos paramilitares. El conflicto interno en Colombia es indicativo de las dificultades
53 No explicaron tampoco porque escogían tasas de crecimiento y no niveles de violencia promedio, que hubiera sido
profundas de las instituciones políticas del país para encarar por vías pacíficas los conflictos subyacentes en toda sociedad".
Siguiendo la línea de investigación de Alvaro Camacho y Alvaro Guzmán55, Moser distingue tres campos diferenciados de violencia: la violencia política, la violencia económica y la violencia social. O, en palabras de la Comisión de Estudios sobre la Violencia" del gobierno Barco, hay "violencias" diferenciadas, cada una específica pero que se retroalimentan y entrelazan.
Antes de abordar la inmensa cantidad de fenómenos que ella considera explicativas de cada una de las violencias, Moser establece siete condicionantes principales para toda la violencias, de la siguiente manera: "Como un breve elemento contextual, es importante delinear algunos de los condicionantes que subyacen bajo los tres tipos de violencia en Colombia. El primero de ellos es la presencia mínima del Estado en buena parte del territorio nacional. El segundo es que el Estado, presuntamente, ha criminalizado algunas formas de protesta social y política, al tiempo que ha sido inconsistente en su manejo de la violencia. El tercero es que existen altos niveles de corrupción e impunidad, dentro de las instituciones estatales. El cuarto es que hay altos niveles de aceptación de la violencia, como un mecanismo para resolver disputas. El quinto es que la sociedad colombiana tiene un enfoque muy regional, tanto histórica como geográficamente, lo cual lleva a la fragmentación económica, política y social. El sexto es que el Estado ha delegado su propiedad a los propietarios de facto del poder local, especialmente en aquellos lugares en donde su presencia es limitada. Finalmente, el sexto condicionante es que existe una compleja interacción entre la violencia rural y la violencia urbana".
54 Banco Mundial, op. cit. 55
A continuación Moser establece un grupo de causas para la violencia política, la económica y social, bajo el argumento de que "Como sucede con todas las formas de violencia las causas de la violencia son múltiples".
Para la Violencia política establece las siguientes causas:
1. El legado histórico de la violencia
2. El acceso desigual a los recursos económicos, principalmente la tierra y los recursos naturales.
3. El acceso desigual al poder político.
4. El papel de la violencia de guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes.
Para la violencia económica y social establece las siguientes causas:
a. La pobreza, la desigualdad el crecimiento acelerado
b. Altos niveles de impunidad y la falta de mecanismos efectivos de resolución de conflictos dentro del sistema de justicia.
c. Falta de oportunidades educativas y laborales.
d. Influencia del hogar y la familia en la reproducción de la violencia.
e. Y situaciones precipitadoras situacionales, como el alcohol, las drogas y las armas de fuego.
En otras palabras, Caroline Moser repite la teoría holística, multicausal sin jerarquías de causación, de cultura de la violencia y de "causas objetivas", -adicionada esta vez con una breve mención a los problemas de la justicia56- que dominó sin discusión, sin pruebas empíricas y sin resultados prácticos la teoría de la violencia en Colombia hasta mediados de la década de los noventa.
56 Reducida prácticamente a la impunidad. La impunidad es sólo uno de los múltiples indicadores de la eficiencia de
II. 7. La discusión se renueva
De manera paralela a la vuelta a las viejas ideas, los investigadores que hacen énfasis en la evidencia empírica, en los enfoques no totalizantes y en las comparaciones internacionales han vuelto a insistir en sus puntos de vista, esta vez con mayor acopio de evidencia. Un ejemplo de esta postura es el ensayo (en preparación para su edición en el momento de escribir esta reseña) de los economistas Armando Montenegro, Carlos Esteban Posada Y Gabriel Piraquive57. El comienzo de su trabajo muestra su intención polémica:
"La explicación de la violencia en Colombia sigue intrigando a los distintos estudiosos. A pesar de que varios de ellos, especialmente los que han utilizado técnicas analíticas modernas, han propuesto un buen número de hipótesis sensatas, en las discusiones no dejan de aparecer los mismos lugares comunes de siempre: que los colombianos somos violentos por naturaleza, que somos excesivamente egoístas o individualistas (somos peores que los demás hombres del planeta), que nuestra violencia desbordada es el resultado de la pobreza o de que somos un país injusto (es decir, el crimen es una buena medida del castigo por nuestros pecados), que es una consecuencia de la llamada ausencia del Estado (quienes sostienen esta tesis, dicen que si se construyeran más acueductos o caminos, la gente dejaría de matar), etcétera. Estos planteamientos, claro, no resisten un examen empírico serio ni un mínimo contraste con la realidad; tampoco soportan ninguna comparación internacional".
Estos autores consideran en su trabajo que tres factores son esenciales para encontrar las causas de la violencia: "la abrumadora presencia del narcotráfico (como un fenómeno semejante al de los booms de la economía de la frontera), el colapso de la
57 Montenegro, Armando, Posada, Carlos Esteban y Piraquive, Gabriel, "Criminalidad: economías y justicia", versión
justicia a partir de los años ochenta y la propia historia de la violencia reciente que crea una situación que tiende a perpetuar la misma violencia (por ejemplo, un shock fuerte de crímenes que dañe la justicia y el aparato represivo tiende a tener un efecto duradero sobre la ocurrencia de hechos violentos en el país)".
A continuación utilizando técnicas estadísticas de actualidad los autores realizan comparaciones internacionales, pruebas de panel (dinámicas) y de análisis transversal (en un solo momento del tiempo) para una muestra de países y los datos nacionales en los que intentan comprobar las siguiente hipótesis 58 : "la hipótesis central del presente trabajo, parta el caso colombiano, va en contravía de la "sabiduría convencional" y se puede expresar así: el surgimiento y la propagación del narcotráfico, nuestra modalidad ilegal reciente de crecimiento económico, conjuntamente con el desarrollo de otras fuentes de riqueza en zonas de colonización (banano, petróleo, esmeraldas, oro y sobre todo cocaína) en los últimos veinticinco años aumentaron de manera sustancial el incentivo al crimen; el consecuente incremento de la criminalidad y el propio avance del narcotráfico causaron el colapso de la justicia, y estos fenómenos, a su vez, reforzaron el aumento de la criminalidad y el mismo narcotráfico. El colapso del sistema de justicia se produjo porque el narcotráfico y otras formas de criminalidad congestionaron. sobornaron, amenazaron y atacaron la rama judicial de manera directa; además, el narcotráfico también influyó en los cambios de los códigos penales, abrumó y debilitó los sistemas militar, policíacos y de inteligencia y creó una cultura general de tolerancia y alcahuetería frente al delito. Obviamente, el desarrollo del narcotráfico y del cultivo de cocaína facilitaron el desarrollo del crimen organizado (en la forma de diversos carteles) y de grupos violentos, guerrilleros y paramilitares".
58 El estudio, cuya versión definitiva aún no ha sido publicada, no ha depurado todavía los resultados de los
ejercicios empíricos, pero, en términos generales, las hipótesis formuladas no fueron negadas por los datos en grados normalmente aceptados de confiabilidad.
Un tratamiento menos extenso pero similar al de los anteriores autores, también puede leerse en Alejandro Gaviria, en un reciente trabajo para el Journal of development economics59.
III. CONCLUSIONES
Colombia es un país de paradojas. Durante muchas décadas tuvo una de las economías más estables de América Latina y, a lo largo de su historia republicana, contó con un sistema político que se distinguió por ser civilista, por la ausencia de las dictaduras militares, por el ejercicio limitado del poder y porque los gobernantes fueron casi siempre elegidos por medio de elecciones. De hecho Colombia tiene una de las más largas tradiciones en el mundo en la elección popular de sus gobernantes, no solo a nivel presidencial sino también de los poderes legislativos en todas las esferas del poder público. Desde la independencia política de España, a comienzos del siglo XIX, Colombia no ha experimentado más de diez años de dictaduras militares, cinco de los cuales correspondieron al gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla en la década del cincuenta en el siglo XX. Mas recientemente, desde mediados de los años ochenta, los gobernadores y, en los noventa, los alcaldes municipales comenzaron a ser elegidos popularmente. Finalmente, con la Constitución de 1991 se introdujeron mecanismos de democracia directa o participativa como el referendo y el plebiscito.
Mientras Colombia mostraba estas características, muchos países de la región fueron gobernados durante décadas por dictadores militares o por “hombres fuertes” que impusieron su autoridad recortando muchas de las garantías y las libertades públicas. A diferencia de Colombia, esas naciones lograron también evitar los estallidos de violencia que nuestro país ha experimentado varias veces en su historia, como a comienzos del siglo XX, en la década de los cincuenta, o, en épocas más recientes,
59 Gaviria, Alejandro, "Increasing returns and the evolution of violent crime: The case of Colombia" en Journal of
desde mediados de los ochenta hasta nuestros días. A riesgo de una simplificación que puede ser calificada de imperdonable, pareciera que muchos países de la región prefirieron el orden a las libertades públicas, en tanto que Colombia parece haber preferido ciertas libertades públicas a costa de un mayor respeto al orden y a la autoridad. Esta combinación de “libertades” y de “orden” pudo estar muy determinada por varias razones entre las cuales es menester resaltar dos. En primer lugar, tal como lo ha argumentado Olson60, la gobernabilidad y la imposición de la ley y el orden en Colombia pudo haber sido mas difícil que en otros países de igual desarrollo relativo por la geografía, la cual es una de las más quebradas del continente. Esta geografía ha aislado siempre a unas regiones de otras y también al país del mundo.
En segundo lugar, la gobernabilidad en un medio natural tan complicado se dificultó por la precariedad de los recursos públicos y a la debilidad estructural del Estado. Dicha debilidad del Estado fue la consecuencia de una estructura económica igualmente débil sobre la cual había una baja capacidad impositiva. Los Estados de varios países de la región que adoptaron el mismo modelo de desarrollo↵ el modelo de substitución de importaciones o el desarrollo hacia adentro↵ pudieron subsanar este problema porque lograron controlar o extraer rentas de sectores claves de exportación. En Colombia, sin embargo, el producto que integró Colombia al mundo, el café, no solo fue propiedad del sector privado, sino que la economía cafetera se caracterizó por estar en manos de miles de pequeños productores parcelarios esparcidos en las zonas de vertiente de una gran parte de la región andina. Además, desafiando los principios de la lógica de la acción colectiva, este sector tuvo la capacidad de evitar su explotación o el traspaso de sus recursos a sectores urbanos o al gobierno central 61. Las características de su principal sector económico, la fragmentación regional del país y la precariedad de su
60 Olson, Mancur, "The logic of collective action", Boston, 1965. Y "la explotación de la agricultura", conferencia
pronunciada en el septuagésimo aniversario de la Federación Nacional de Cafeteros, Medellín, 1997.
61 Bates, Robert, "Open-economy politics: the political economy of the world coffe trade", Princenton, 1997. Y
Montenegro, Santiago "One decade of external coffe shocks in Colombia", Bogotá 1998. Y del mismo autor "Los determinantes de la tasa de cambio real en Colombia", en Ensayos sobre economía cafetera No.11, Bogotá, 1997.
aparato productivo, entonces, fueron impedimentos estructurales para que el estado central pudiese obtener recursos para obras públicas y sociales pero también para garantizar en forma permanente y definitiva el monopolio de la fuerza y el orden público.
El presente trabajo analiza críticamente la literatura sobre el último período de la violencia en Colombia, la que comienza a acentuarse en la década de los ochenta hasta nuestros días. Los autores de este trabajo consideran que ellos no son meros espectadores ante esa literatura y, por lo tanto, desean expresar claramente su opinión ante las hipótesis propuestas. Pero más allá de la opinión temática, en este trabajo se discuten críticamente los enfoques metodológicos de los más importantes trabajos que se han escrito durante este período. Dichas críticas pueden resumirse brevemente en los siguientes términos. En primer lugar, muchos trabajos adolecen de bases empíricas inexistentes o muy pobres e incompletas. Estas deficiencias son inaceptables cuando existe una gran base estadística para respaldar o contradecir los argumentos. En segundo lugar, existen trabajos que plantean hipótesis que no resisten la prueba del tiempo. Si una hipótesis se supone válida para las actuales condiciones de Colombia, la misma hipótesis no podría explicar la existencia o inexistencia de violencia en períodos anteriores. Esta crítica es particularmente relevante si se tiene en cuenta que, contrario a un mito existente, Colombia ha experimentado largos períodos de paz. En tercer lugar, y esta es la crítica más importante, la gran mayoría de los trabajos sobre la violencia en Colombia adolecen de comparaciones internacionales. En otras palabras, hipótesis que pretenden explicar la violencia con base en ciertas condiciones de Colombia sugerirían que otros países y otras sociedades con las mismas condiciones también deberían ser violentos, pero no lo son. Esta línea de razonamiento, entonces, sugiere que el método comparativo es importante y debería conducir a buscar las condiciones específicas que han hecho de Colombia en ciertos períodos un país violento.