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AÑO 25 | No. 216 | NOVIEMBRE 2020
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Hará
brillar su
estrella
Gesto
supremo
Primer
beato
milenial
La experiencia
que me
Revista mensual gratuita de Ediciones Xaverianas AÑO 25 No. 216 NOVIEMBRE 2020 Circ. Medas 500 Fracc. Altamira 45160 Zapopan, Jal. Tels. 33 3633 3321 33 2912 7344 E-mail: [email protected] Redacción y Distribución INSTITUTO XAVERIANO MISIONES EXTRANJERAS A.R. Circ. Medas 500 Fracc. Altamira 45160 Zapopan, Jal. Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas Certificado de Licitud de Título 12115 Certificado de Licitud de Contenido 8766 Reserva de Título Instituto Nacional de Derechos de Autor, en trámite. Director Responsable P. Juan Juárez Permiso del Servicio Postal Mexicano No. PP14-0011 Impresión y Diseño Castro Impresores, S. A. de C. V.
Manuel Acuña No. 270-Z Zona Centro Guadalajara, Jalisco C.P. 44280 Tel. 33 3614 0096 Foto Portada: Mujer de Chad P. Juan Juárez s.x.
C
uenta una historia que cierto día un sultán decidió salir de su palacio para dar un paseo. Al llegar a un oasis, vio a un anciano que plantaba una palmera. Lleno de asombro se acercó y le preguntó: Oye, anciano, ¿por qué plantas esa pal-mera? Tardará mucho en crecer y dar frutos. Tú ya no podrás comerlos, y no sabrás quién se beneficiará de ella.El anciano le contestó: ¡Oh, sultán! Nosotros comimos de lo que otros plantaron. Plantemos para que otros puedan comer. El sultán, al darse cuenta de su actitud tan generosa, decidió darle cien monedas de oro al anciano. Este las tomó y dijo: ¿Ha visto qué pronto dio frutos la palmera?
El sultán sonrió, y asombrado ante la sabiduría del anciano, le dio otras cien mone-das de plata. El anciano las volvió a tomar y dijo: Lo más extraño, sultán, es que las palmeras solo dan fruto una vez al año, y esta palmera, sin embargo, me ha dado ya dos veces frutos en apenas cinco minutos. El sultán se rió y dijo a todo su séquito en voz alta: ¡Vámonos o este hombre se quedará con toda mi fortuna a base de ingenio! Estamos por terminar un año, considerado por algunos como perdido debido a la realidad que estamos viviendo llena de incertidumbre, al saber que no terminará tan pronto como se pensaba al inicio y que nos puede llevar a tener una actitud pesimista de la vida, debido a las carencias vividas, e incluso a creer que Dios se ha olvidado de nosotros.
Una situación así nos debería ayudar a no pensar solamente en sí mismos sino también en aquellas personas que no solo viven así por un determinado tiempo, sino es su vida de todos los días, como los que a causa de una enfermedad llevan tiempo sin salir de casa, aquellos que no tienen un trabajo o tienen que laborar en situaciones incluso muy parecidas a la esclavitud y reciben un salario que no les alcanza ni para sus necesidades más básicas, aquellos que tienen que quedarse en casa, para no poner en riesgo la vida a causa de la violencia o de la guerra… A mediados del siglo primero, la ciudad de Jerusalén vivió un momento difícil debido a la escasez de alimentos. Ante esta situación, san Pablo aconseja a los Corintios que también se distingan en generosidad ayudando a estos hermanos en necesidad. Es muy interesante la lógica que utiliza: no se trata de que sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. En el caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes.
Situaciones como la que estamos viviendo nos deberían ayudar a ser más solida-rios, más humanos y preocuparnos de lo que verdaderamente es importante en la vida, pues muchas veces codiciar lo que tienen los demás, no nos permite valorar lo bueno que Dios es con nosotros. Cuánta razón tiene san Guido cuando en la Carta Testamento, exhorta a los xaverianos a poner atención en su estilo de vida, y a estar contentos mientras tengamos vestido y comida.
Y, sobre todo, ahora que ya se acerca la Navidad, deberíamos seguir el ejemplo de Jesús al nacer en Belén, que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su po-breza. Sabiendo que nuestro Dios ha querido poner su casa en medio de nosotros, para que cuando vengan esos momentos de dudas, de desánimo, de oscuridad, Él también hará brillar su estrella como hizo con los reyes magos que al verla se llenaron de inmensa alegría y volvieron a encontrar el camino.
P. Jesús Tinajera s.x.
Reflexión personal
Alimento para el espíritu
E
n el mes de noviembre hacemos conmemoración de todos los santos y de todos los fieles difuntos. Y nuestra mente se llena de recuerdos alegres y tristes que van acompañados por el don de la fe, llenándonos de emociones. Un sentimiento de esperanza nos envuelve, sabiendo que nuestros difuntos por su unión con Cristo, y por su vida de caridad en este mundo, salva-rán sus vidas. Aun cuando la posibilidad de la condenación pu-diera oscurecer nuestro sentimiento de esperanza, nuevamente la fe en la misericordia de Dios, nos devuelve la confianza en alcanzar la vida eterna.El que quiera salvar su vida, la perderá
El verdadero cristiano no vive en la angustia de alcanzar la san-tidad o de hacer el bien para poder así, salvar su vida. Preten-der salvar la propia vida con obras de caridad no deja de ser sino puro egoísmo. Sabemos que el egoísmo no nos permite ver otra cosa sino nuestro propio interés. El seguimiento verda-dero a Cristo implica, como Él nos lo dice: Renunciar a sí mismo y cargar la propia cruz… (cfr. Mc 8,34). La renuncia a sí mismo es el camino a la verdadera vida. Entregar a Jesucristo todo nuestro ser: inteligencia, memoria y voluntad; es dejar que Él disponga de nuestra persona para la construcción de su Reino. Los verda-deros santos comprendieron que la renuncia a sí mismo es dejar que Cristo obre por nuestra propia persona en favor de la vida de los demás, vida presente y futura; vida terrena y celestial.
Dar la vida por Cristo
y su Evangelio
El que sacrifique su vida por mí, y por el Evangelio, la salvará
Las palabras de Cristo, recordemos con el apóstol Pedro, tienen vida eterna: Solo Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6,68). La vocación a la vida con Cristo, tiene algo de mis-terio, difícil de comprender huma-namente. ¿Quién puede renunciar a su propio camino si no compren-de que Cristo es el Camino? ¿Quién puede dar su propia vida, si no com-prende que Cristo es la Vida? ¿Quién puede abandonar sus raciocinios si no comprende que la Verdad está en Cristo? La vocación a la vida con Cristo es exigente: El que no renun-cia a sí mismo, no puede ser mi discí-pulo (Lc 14,33).
Esta renuncia a sí mismo significa: sacrificar la propia vida. Olvidarse completamente de sí. Pero esto, no es posible si no existe una razón que nos lleve a ello: Cristo. El novio o la novia, optan por el matrimonio sa-biendo que su vida la donarán a su cónyuge; y esto los llena de felicidad, si Cristo está al centro de sus vidas. La renuncia a sí mismo es verdadera. Lo mismo pasa en el que recibe la vocación a la vida religiosa,
sacer-dotal o misionera, si Cristo es el centro de su vida, dará todo por
Él y por el Evangelio.
¿Me considero egoísta? ¿Qué tanto bus-co el bien por los demás? ¿Cristo es el
motor en mi vida o sigue siendo la búsqueda de mi propio interés? ¿En qué manera doy mi vida por Cristo
y su Evangelio?
Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida por mí y por el Evangelio, la salvará (Mc 8,35).
Biblia y Misión
P. Guillermo Jiménez s.x.
E
l Evangelio según san Marcos muestra a Jesús preocupado, desde el principio de su vida pública, por rodearse de discípu-los; por esta razón, después de dos versículos que presentan a Je-sús predicando: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cer-ca: conviértanse y crean en la Buena Nueva (Mc 1,14-15), la primera acción determinada es el llamado de dos parejas de hermanos a quienes invita a ir con Él (cfr. Mc 1,17).Desde entonces, todo lo que realizará Jesús será en presencia de sus discípulos. Cuando Jesús envía a los Doce, el evangelista no narra lo que Jesús hizo mientras ellos no estaban con Él; para llenar el hueco, introduce a Herodes que se preguntaba sobre la identi-dad de Jesús y la narración de la muerte de Juan el Bautista (cfr. Mc 6,14-29), para después relatar el regreso de los Apóstoles.
¿Cuál es la función de los Doce? Nos lo cuenta el autor con estas palabras: Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar (Mc 3,13-14). Son llamados para estar con Jesús y ser
Los discípulos de Jesús
continúan su misión
enviados a predicar; notemos que en este Evangelio se les llama Apóstoles – cuyo significado es enviados– solo cuando han regresado a Jesús después de ser enviados, de cumplir con la misión que Jesús les encomendó, mientras que antes solo son llamados los Doce. Podemos decir que antes del misterio pascual (pasión, muerte y resurrección) es el tiempo para estar con Jesús, en tanto que después de la Pascua es el tiempo para cumplir con la misión, lo que algunos
llaman el gran mandato, que viene precisamente con la vi-sión del Resucitado, antes de subir al cielo.
El gran envío es presentado por todos los evangelistas, a excepción de Lucas (Mt 28,16-20; Mc 16,15-18; Jn 20,19-23); Lucas hablará de ello en su se-gundo libro poniendo en boca de Jesús esta respuesta a las expectativas de los discípu-los sobre el momento de res-tablecer el Reino de Israel: A ustedes no les toca conocer el tiempo y el momento que ha fi-jado el Padre con su autoridad, sino que recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá so-bre ustedes y serán mis testi-gos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra (Hch 1,7-8).
El libro de los Hechos de los Apóstoles es el cumplimiento del mandato de Jesús, ya que expone la predicación que se hizo en Jerusalén, principal-mente por Pedro acompañado de Juan, en toda Judea y Sama-ria, por Felipe y otros, y hasta los confines de la tierra, donde sobresale la figura de Pablo, enviado a predicar a las gentes. Así vemos que el libro de los Hechos de los Apóstoles es el escrito bíblico que nos transmi-te la misión efectuada por los discípulos de Jesús, quien pro-metió su asistencia: Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20).
Audaz proyecto P. Rubén Macías s.x.
E
n esta ocasión, queridos lectores, amigos, quisiéra-mos hablar del número 51 de las Constituciones Xa-verianas; y entra muy en contexto con lo que vivimos en este mes de noviembre al recordar a nuestros difuntos. Nos dice el número 51: Para nosotros, la muerte es el ges-to supremo de “dar la vida” por el Evangelio. Nos prepara-mos para esta cita de gracia del Señor con la vigilancia y la oración. Cultivamos la memoria de nuestros hermanos, especialmente de aquellos que se han sacrificado por el Reino de Dios hasta el martirio. Su recuerdo ayuda a man-tener despierto el ideal al que hemos dedicado la vida. En las Constituciones Xaverianas, la muerte del xaveria-no es interpretada en clave oblativa. Cuando muere, el xaveriano da la vida por el Evangelio; de hecho, toda su vida es vivida en clave oblativa, la muerte es solo la coronación de una vida vivida así, en entrega total. La expresión tiene además un carácter martirial. El már-tir llega a ser, después de los apóstoles, prototipo del discípulo, en el sentido que renuncia a la propia vida, entregándola efectivamente, para seguir al Señor hasta la cruz.Recuerdo las enseñanzas de mi maestro de novicios, el padre José Scremin, de feliz memoria. Él nos
habla-Gesto supremo
ba de dos tipos de martirio, el rojo que seconsuma cuando se derrama la sangre por Cristo, privilegio de algunos escogidos por Dios y por las circunstancias, martirio que no hay que buscar; pero también nos ha-blaba del martirio blanco, ese que se vive a diario en una vida entregada totalmen-te por el anuncio del Evangelio. El padre Scremin nos exhortaba a buscar este mar-tirio, a llevarlo adelante todos los días de nuestra vida misionera, en las pequeñas obras, en la perseverancia, hasta el día de nuestra muerte.
Esta enseñanza viene desde tiempo de nuestro fundador, de hecho, el martirio era un aspecto importante en la enseñanza de monseñor Guido María Conforti. En la Carta Testamento habla de la vida religiosa también como martirio. Por eso luchó tan-to para que se aceptaran los votan-tos religio-sos como condición de pertenencia para su instituto misionero. En sus múltiples en-señanzas en la capilla de los mártires, al mo-mento de enviar misioneros les hablaba siempre con ese lenguaje de holocausto, de dar la vida por el Evangelio. El misione-ro que partía, decía, debía estar dispuesto a
hacer sacrificio de su propia vida. En una ocasión, ante la noticia del martirio de algunos padres carmelitas escri-bía al padre Mainini: Y el Instituto de san Francisco Xavier, ¿cuándo podrá preciarse por esta gran suerte? Por lo pron-to pron-tomemos ánimo con hacernos dignos de méripron-to de esta gracia: quizás la oportunidad no falte en otra ocasión. La gran mayoría de los xaverianos no seremos mártires, ciertamente, pero según este número de las Constitu-ciones, debemos vivir el momento de la muerte como oblación martirial, como el culmen de una vida entrega-da, una vida de martirio blanco. Y esto no son palabras, en las misiones como en los países de formación y ani-mación misionera los ejemplos de una vida entregada de manera oblativa son numerosos.
En este año estamos celebrando setenta años de pre-sencia en México, haciendo memoria de ello relucen tantos hermanos que se entregaron, se sacrificaron día a día de manera generosa, martirial para el florecimien-to de nuestra región. Recordemos a nuestros difunflorecimien-tos, como nos piden las Constituciones, hagamos memoria de sus vidas de oblación y sigamos sus pasos.
¿De qué manera vives tu entrega diaria al Señor? ¿Tu estilo de vida te prepara a una muerte oblativa?
N
ací el 23 de diciembre de 1981 en la Isla de la Palma (Canarias). Desde pe-queño, me educaron en la fe cristiana y con once años quise entrar en el seminario. Mis padres no estaban de acuerdo, pero al final respetaron mi de-cisión. Es a partir de ese momento que pude experimentar cómo la vocación crece en el silencio, en el trabajo… y gracias al buen hacer de quienes se en-cargan de nuestra formación. Los momentos de duda y crisis, especialmente cuando tenía dieciséis años, fueron también una ocasión para madurar y dar una respuesta más convencida a la llamada de Dios.Cuando tenía diecinueve años empecé a plantearme la idea de ir de misiones. Dos eran las motivaciones de fondo: sentía un interés particular por dedicar mi vida al servicio de los más necesitados en África y quería vivir en comunidad (la idea de vivir solo no me gustaba). Durante este periodo de discernimiento conocí a los Misioneros Xaverianos y en el 2003 dejé el seminario diocesano para continuar mi formación con ellos, primero en Madrid y después en Italia. P. Jesús Calero s.x.
Abrazar la familia xaveriana me per-mitió llegar con veinticinco años a Camerún. Allí permanecí nueve me-ses para hacer el periodo de intro-ducción a la misión y aprender fran-cés. Luego me destinaron al Chad, donde he hecho un primer periodo de ocho años. Después he estado en Roma, durante tres años, para hacer estudios islámicos y árabe. Y en octu-bre del año pasado he vuelto al Chad para formar parte de la nueva comu-nidad que los xaverianos han abierto en el norte del país, en una zona que tiene más del 95% de musulmanes. Nuestra misión en este país se basa en el anuncio de la Palabra de Dios, el seguimiento de las comunidades de base (CEB´S), las actividades so-ciales (escuelas, internados, centros culturales, bibliotecas, construcción de pozos…), el diálogo interreligio-so… El misionero no es un héroe, es un hombre como cualquier otro.
Nuestra Misión Intentamos responder a Dios y trabajar por los más necesitados
lo mejor que podemos. Ello no quita que experimentemos mo-mentos de dificultad y de frustración. En medio de las dificulta-des del camino, es la fe la que nos mantiene en la brecha. Es Dios el que nos sustenta con su Palabra y su amor para seguir siendo instrumentos en sus manos.
En África hay todavía mucha gente que no han tenido nunca la ocasión de escuchar la Palabra de Dios. Donde vivimos, la cues-tión de si Dios existe no se plantea, es obvio para todo el mundo. A nosotros nos toca ser como el sembrador de la parábola. ¡La gente tiene mucha sed de Dios! Nos toca también ser como el samaritano que atiende el más débil, que toca el sufrimiento del prójimo con sus propias manos. Es verdad que es más fácil hacer como el sacerdote y el levita, cerrar los ojos al sufrimiento del mundo. Pero en el fondo, siempre se experimenta que hay más felicidad en dar que en recibir.
Yo tengo un particular interés por el diálogo con los hermanos de religión musulmana. La Iglesia habla de cuatro tipos de diá-logo: de vida, de las obras, espiritual y teológico. A mí me gusta recordar que no dialogamos con una religión, sino con creyen-tes de otra religión. Todo empieza con las relaciones cotidianas.
Desde que logramos tener un amigo musulmán, muchos prejuicios desa-parecen y empezamos a ver la otra religión de otra manera. Todo esto no quiere decir que no haya dificul-tades. Pero a ejemplo de Jesucristo, que no tuvo miedo de acercarse al que era diferente (la samaritana, el leproso, el centurión romano…), también nosotros estamos
invita-dos a tender la mano al hermano que es diferente. Samuel Huntington hablaba de choque de civili-zaciones en nuestro mundo de hoy. A mí no me gusta la expresión. La ignorancia y el miedo están en la raíz de muchos de nuestros malentendidos e incomprensiones. En cierta medida, podemos ha-blar de choque de ignorancias. Como cristianos te-nemos dos tareas muy importantes: crear puentes que nos unan y destruir los muros que nos dividen. Para terminar, quisiera invitar a los jóvenes a te-ner un corazón abierto a los más necesitados. Se habla muy poco de África. Y ahora que estamos sumidos en la crisis del COVID19 podemos tener la tentación de centrarnos en nuestros problemas internos olvidando el resto del mundo. El deseo de nuestro fundador Guido María Conforti era ha-cer del mundo una sola familia. Si quieren compar-tir con los xaverianos este carisma, no crean que la misión es cosa solamente de misioneros. Es la tarea de todos los cristianos preocuparnos del que sufre, del que no cree, del que es maltrata-do… Todos podemos trabajar por un mundo más justo. Y ustedes jóvenes, están llamados en medio del mundo a ser actores y no espectadores.
Aldea Global
P. Carlos Abraham Zamora s.x.
V
a Francisco de Asís un día cerca de la iglesia de san Damián, que estaba casi derruida y aban-donada de todos. Entra en ella, guiándole el Espíritu, a orar, se postra suplicante y devoto ante el crucifijo, y, visitado con toques no acostumbrados en el alma, se reconoce luego distinto de cuando había entra-do. Y en este trance, la imagen de Cristo crucifica-do –cosa nunca oída–, desplegancrucifica-do los labios, ha-bla desde el cuadro a Francisco. Llamándolo por su nombre: “Francisco –le dice–, vete, repara mi casa, que, como ves, se viene del todo al suelo”. Presa de temblor, Francisco se pasma y como que pierde el sentido por lo que ha oído. Se apronta a obedecer, se reconcentra todo él en la orden recibida.Es así, como san Buenaventura cuenta el relato del encuentro del pobrecillo de Asís con el Cris-to de san Damián, palabras muy cercanas al lla-mado que ha expresado el papa Francisco en sus catequesis semanales de los meses de agosto y septiembre, dirigiéndose a la Iglesia universal, a todos los cristianos, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para unirnos no
solo a reparar la Iglesia, sino a curar el mundo.
Con este lema convoca a afrontar las
cues-tiones apremiantes
Francisco invita
a curar al mundo
que la pandemia ha puesto de relieve, sobre todo las enfermedades sociales, a la luz del Evan-gelio, de las virtudes teologales y de los principios de la doctrina social de la Iglesia.
La pandemia sigue causando heridas profundas, desenmascarando nuestras vulnerabilidades. Son muchos los difuntos, muchísimos los enfermos, en todos los continentes. Muchas personas y muchas familias viven un tiempo de incertidumbre, a cau-sa de los problemas socioeconómicos, que afectan especialmente a los más pobres, recuerda con do-lor el Papa.
Sin embargo, sus observaciones no se quedan en un recuento de una realidad ya conocida por todos, nos invita a vivir el presente con los ojos de la fe, a tener nuestra mirada puesta en Jesús que hace presente el Reino de Dios en medio de nosotros; Reino que sana y que salva; Reino de jus-ticia y de paz, que se manifiesta con las obras de caridad que, a su vez, incrementan la esperanza y refuerzan la fe.
La lectura del Evangelio nos muestra a Jesús que sanaba a los enfermos, no solo de sus padeci-mientos físicos, sino también de sus sufrimien-tos morales. Los sacaba de su aislamiento para que se incorporaran de nuevo en la comunidad. Jesús no solo libra al enfermo de sus males, le renueva la vida a él, a su familia y amigos. Como Francisco frente a las ruinas de san Da-mián, el papa Francisco nos invita a curar el mundo. Sus catequesis con ese título nos propo-nen vivir las virtudes de fe, esperanza y caridad, y otras actitudes y estrategias necesarias para reflexionar y trabajar juntos, como seguidores de Jesús que sana, para construir un mundo mejor, lleno de esperanza para las generaciones futuras. La llamada está hecha. ¿De qué modo podemos ayudar a sanar nuestro mundo, hoy?
Ecos del Mundo P. José Luis Vega s.x.
C
ada vez que llega el mes de noviembre, nues-tra nación mexicana hace eco en el mundo sobre todo por la gran tradición del festejo del día de los muertos que tanta popularidad ha dado a los mexicanos y que nos ha caracterizado también de una manera bastante especial frente a tan fuerte acontecimiento de la vida humana. Ciertamente salen a relucir los elementos cultu-rales y folclóricos de las imágenes unidas a los ya tan característicos elementos literarios como las célebres calaveritas, los poemas, las prosas poé-ticas y los cuentos que abordan dicho tema, en ocasiones con dramatismo, pero en la mayoría de los casos de una forma graciosa, divertida y hasta chusca.Actualmente, las redes sociales nos facilitan el envío de imágenes, nos dan la oportunidad de disfrazar la muerte, compartir cientos de miles de ellas con distintas caras, y, sin embargo, la
Una realidad de vida
en nuestra existencia
muerte nunca deja, ni dejará de ser la misma reali-dad, aquella que a menudo nos llena de preocupa-ción y hasta nos atemoriza. Aquella que no deja de ser una misteriosa realidad para la humanidad. Lo cierto es que, la muerte, como el nacimiento, el crecimiento, el desarrollo, la reproducción u otras etapas de la existencia humana lleva una gran car-ga del misterio que solo está en las manos de Dios. Es una realidad que debemos asumir de una forma prudente y responsable pues es inherente a nuestra existencia y queramos o no nos es inevitable. Las cir-cunstancias de cómo le llegue a cada persona pue-den ser tan diversas como las caras que le ponemos en las distintas iconografías o como los disfraces con los cuales la podemos vestir, pero la realidad se impone como lo dice un célebre filósofo espa-ñol: Xavier Zubiri. Esa nunca deja de ser la misma. La muerte es parte de nuestra existencia, pero no el elemento más importante de nuestra vida.
Siendo que la muerte en su mayor parte pertenece al misterio que solo Dios conoce en plenitud y, por lo tanto, queda incon-trolable para nuestras capacidades humanas, mi propuesta de reflexión es enfocarnos en la vida. En aquello que nosotros sí podemos transformar a través de nuestra voluntad, de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo, de nuestro sacrificio, y también de la utilización de los diferentes medios y posibilidades que sí están en nuestras manos.
Enfoquémonos en que nuestra vida esté cargada de elementos de solidaridad y justicia, pero sobre todo de caridad y trabajo. Esforcémonos en vivir responsablemente nuestras relaciones familiares, laborales, sociales y también de fe al 100% dando lo mejor de sí. Vivamos con plenitud y optimismo la oportunidad de compartir este mundo y dar nuestra aportación para mejorarlo. Que las enfermedades u otros obstáculos sean los que sean, no nos amedrenten el deseo y la pasión de compartir y disfrutar la vida con generosidad y responsabilidad cuidándonos unos a otros. Que esos obstáculos no nos arrebaten el proyecto por el cual vivimos y por el cual también Cristo murió por cada uno de nosotros que es: darnos la vida y dárnosla en plenitud. Deje-mos que la muerte se preocupe por encontrarnos y no nosotros por buscarla. La muerte no es más que la puerta hacia la plena felicidad. Que al encontrarla lean en nuestro epitafio: Aquí yace... y para que la muerte pudiera llevárselo, pidió permiso a la vida.
Testimonios Misioneros
P. Alberto Morales s.x.
E
s considerado ya por muchos como el Patrono de Internet. Carlo Acutis nació en Londres el 3 de mayo de 1991, por motivos de trabajo sus padres vi-vían en Inglaterra en esos años, pero el joven creció en Milán, Italia.Su historia es como la de muchos jóvenes que han crecido bajo la influencia de internet. Carlo tenía una cuenta en Facebook en donde daba testimo-nio de su profunda fe en Dios, desde esa plataforma decía sentir la presencia de Jesús, lo describía como un amigo, una persona viva. Desde pequeño le gus-taba acercarse a los pobres, platicaba y ayudaba a las personas en situación de calle.
Fue declarado Venerable en julio de 2018 por el papa Francisco y lo propuso a los jóvenes como mo-delo de santidad en la era digital. Carlo soñaba con
usar la informática y la web para difundir el
Evange-lio pues sabía que es-tos instrumenes-tos de
comunicación pue-den ayudar a trans-mitir valores. Tenía muy buenas cualida-des para todo lo rela-cionado con el mun-do de la
informáti-Primer
beato milenial
ca, a tal punto que tanto sus amigos como los adultos licenciados en ingeniería informática lo consideraban un genio.
Todos se quedaban maravillados por su ca-pacidad de entender los secretos de la infor-mática y a los que solo tienen acceso quienes han realizado estudios universitarios. Los inte-reses de Carlo abarcaban desde la programa-ción de ordenadores, pasando por el montaje de videos, la creación de sitios web, hasta los boletines parroquiales de los que se ocupaba también de la redacción y la maquetación. Solía decir: Nuestra meta debe ser el infinito, no lo finito. El infinito es nuestra patria. Desde siem-pre el cielo nos espera. Todos nacen como ori-ginales, pero muchos mueren como fotocopias. La Eucaristía es la autopista para ir al cielo. La tristeza es dirigir la mirada hacia uno mismo, la felicidad es dirigir la mirada hacia Dios. Criticar a la Iglesia es criticarnos a nosotros mismos. Carlo se enfermó de una leucemia fulminante y murió el 12 de octubre de 2006, a los quince años de edad. La modernidad y la actualidad de este adolescente conjugan perfectamente con su profunda vida eucarística y devoción a la Virgen María.
En el 2013 se le atribuye el milagro de la sana-ción de un niño brasileño que nació con pro-blemas de páncreas, no podía comer alimen-tos sólidos, después de una novena en la que se pidió la intercesión de Carlo Acutis, el niño sanó inexplicablemente.
El 10 de octubre de 2020 en la basílica de Asís, el cardenal Agostino Vallini lo beatificó; su fiesta será cada 12 de octubre, el día de su muerte. Por la intercesión del beato Carlo Acutis, Dios siga llamando a su servicio a muchos jóvenes y que los adultos no pierdan la esperanza en las nuevas generaciones porque Dios está traba-jando en cada ser humano para que ninguno se pierda.
Una llamada
para ti
La experiencia que me impactó
P. Dominggus Arianto Bere Dina s.x.
M
i vocación nació del llamado de Dios. Cuando te-nía once años, me acuerdo que estaba en quinto de primaria y me gustaba asistir a la Misa dominical que un sacerdote diocesano celebraba frecuentemente en la capilla de mi pueblo. El nombre del sacerdote era Romo Gradus.El padre Gradus era muy amable y amigo de los niños, nos invitaba a sentarnos cerca del altar durante la Misa. Esta pequeña experiencia me impactó y ayudó a que naciera en mí el deseo de ser sacerdote como él. Me
preguntaba a mí mismo: ¿cómo puedo ser sacerdote? Sin embargo, con el paso del tiempo ese deseo desapareció. Dejé de pensar y traté de borrar esa pregunta en mi mente y no quería saber nada de eso porque sentía que no era capaz de entrar y vivir en un seminario.
Además, creía que tampoco mis papás me iban a dejar ir al seminario, ni mucho me-nos en la vida religiosa. Por tanto, cambió mi deseo. Quería ser un buen policía para servir bien a la sociedad y la nación como un ciudadano en mi país. Durante el tiem-po que estuve en la secundaria dejé total-mente ese deseo, ni siquiera lo pensaba. Seguía la vida normal de un adolescente. Yo conocí a los Misioneros Xaverianos cuando tenía diecinueve años de edad. Vi-vía en un albergue juvenil de la diócesis de Atambua. Un día nos visitó el padre Ciroi
Rodolfo que era el animador y promotor vocacional xa-veriano de Indonesia. Lo que me llamó la atención de los xaverianos fue su carisma de anunciar el Evangelio a aquellas personas que todavía no conocen a Dios. Otra cosa que llamó mi atención fue su espíritu de fraterni-dad, la unifraterni-dad, la disponibilidad e ir de misión a otros países del mundo. De ahí, nació la semilla de mi voca-ción xaveriana.
Como cumplía con todos los requisitos, fui aceptado por los xaverianos. Sin embargo, la dificultad la tuve con mis papás que no me dejaban entrar al seminario, pues pre-ferían que yo fuera a la universidad. Me fue muy difícil decidir, pero al final opté por entrar con los xaverianos, porque mi corazón quería algo más.
Finalmente, después de un buen tiempo durante el proce-so de la formación xaveriana, mis papás aceptaron mi op-ción y apoyaron mi decisión para que con libertad pudiera dar el sí definitivo al llamado de nuestro Señor Jesucristo. Es verdad que Dios siempre llama a los que Él quiere para trabajar en el campo de su viña y anunciar el Evan-gelio en todos los rincones de la tierra. Actualmente, soy sacerdote xaveriano, animador y promotor vocacional de la comunidad de Torreón, Coahuila.
mexico.xaverianos.org
CASA REGIONAL EDICIONES XAVERIANAS A.P. 1-200 Circ. Medas 500 Fracc. Altamira C.P. 45160 Zapopan, Jal. Tels. 33 3633 3321/33 2912 7344 TEOLOGADO SAN FRANCISCO XAVIER A.P. 13-169 Cd. de México 03501 C. Canarias 410 Col. Portales, Del. Benito Juárez C.P. 033000 Cd. de México Tels. 55 5539 3140/55 5532 7289 FILOSOFADO MONSEÑOR CONFORTI A.P. 6-98 Guadalajara, Jal. 44670 Av. Juan Palomar y Arias 694 Col. Prados Providencia C.P. 44670 Guadalajara, Jal. Tels. 33 3641 6805/33 3641 7727 POSTULANTADO Y NOVICIADO A.P. 29 C. Amado Nervo 101 Col. San Pedro C.P. 36700 Salamanca, Gto.Tel. 46 4648 2769 CENTRO JUVENIL MISIONERO A.P. 735 C. Huelguistas de Río Blanco 1900 Col. Las Luisas C.P. 27000 Torreón, Coah.
Tel. 87 1730 5822 SEMINARIO MENOR A.P. 5 C. María Guadalupe Mora 144 C.P. 47180 Arandas, Jal. Tel. 34 8783 0961 SEMINARIO MENOR A.P. 39 Blv. Hidalgo 156 C.P. 76800 San Juan del Río, Qro. Tel. 42 7272 1109 INSTITUTO CULTURAL DE OCCIDENTE A.P. 268 C. Internacional al Norte Km. 1202
Col. Jacarandas C.P. 82150 Mazatlán, Sin. Tel. 66 9986 6283 MISIÓN DE SANTA CRUZ A.P. 56 C.P. 43000 Huejutla de los Reyes, Hgo. Tel. 77 1221 8048 MISIÓN DE ACOYOTLA A. P. 21 C.P. 79961 Tamazunchale, S.L.P. Tel. 77 4596 6859 FORMACIÓN PERMANENTE Y AMV C. Francisco Zarco 44 Col. Guerrero, Del. Cuauhtémoc C.P. 06300 Cd. de México Tel. 55 5566 1607 MISIONERAS DE MARÍA XAVERIANAS C. Occidental 35 Col. Atemajac C.P. 45101 Zapopan, Jal. Tel. 33 3660 2041 Contamos con su colaboración para seguir adelante con la Revista.
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