Cuerpo y extensión en la discapacidad Licenciado Santiago Guido
Docente Universidad de la República (UDELAR), Instituto Superior de Educación Física (ISEF). Departamento Salud. Asignatura Educación física adaptada para personas con discapacidad.
Resumen
El siguiente artículo trata de cómo lo socialmente aceptado como saludable, y lo considerado como cuerpo sano ha determinado y determina las consideraciones sociales acerca de la discapacidad, en particular respecto al cuerpo y como abordamos desde nuestra práctica en educación física esta circunstancia mediante una educación en derechos humanos.
Referencias territoriales
Este artículo surge de nuestra intervención en territorio a través del Programa Integral Metropolitano (PIM) en el Espacio de Formación Integral (EFI) Discapacidad.
El trabajo en territorio pertenece a Villa García, kilometro 20.800 de Ruta 8 en el Centro “Estación Esperanza” perteneciente al INAU.
Villa Garcia es el barrio más al Noreste de Montevideo y limita con Canelones, es uno de los barrios con más de 100 años de antigüedad y su área de influencia va desde el Km 17, donde hoy se encuantra Zona América hasta el barrio de Los Aromos que ubicado en Canelones.
Estación Esperanza es Hogar permanente de discapacitados intelectuales varones de 16 a 48 años. Depende de la División atención integral de tiempo completo del INAU.
Allí trabajamos con docentes y estudiantes de Educación física, Nutrición y Psicología coordinados por la docente Delia Bianchi (docente PIM).
Introducción
Para comenzar este análisis resulta necesario realizar una breve aproximación conceptual.
y minusvalía), ampliamente utilizados y orientados hacia los respectivos campos médico, rehabilitador y social.
Entonces entiéndase por deficiencia según la OMS (2001) a toda perdida o anormalidad de una estructura o función fisiológica, anatómica o psicológica.
Deficiencia hace referencia a las anormalidades de la estructura corporal y de la apariencia y a la función de un órgano o sistema, cualquiera que sea su causa. Representa un trastorno en el ámbito de lo fisiológico, anatómico o de determinada función psíquica.
Bajo esta línea la OMS (2001) agrega que discapacidad es toda restricción o ausencia (debida a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para un ser humano.
Una discapacidad refleja las consecuencias de la deficiencia desde el punto de vista del rendimiento funcional y de la actividad del individuo. Representan trastornos en el ámbito de la persona.
Minusvalía según la OMS (2001) es una situación desventajosa para un individuo determinado, consecuencia de una deficiencia o una discapacidad, que limita o impide el desempeño de un rol que es normal en su caso (en función de la edad, sexo y factores sociales y culturales).
Hace referencia a las desventajas que experimenta el individuo como consecuencia de la deficiencia que padece. Reflejan una interacción y adaptación al entorno determinada por su incapacidad, donde sobresale su déficit por sobre sus capacidades.
Según estos criterios una enfermedad provocaría una deficiencia, esta deficiencia produciría una discapacidad para realizar determinadas acciones y, a su vez, esta discapacidad provocaría una minusvalía socialmente considerada.
Inclusión
situación discapacitados, etc. Tanto los procesos que reducen las barreras como éstas específicamente pueden darse en distintos sectores, en el sector político (políticas públicas, leyes, etc.), en la comunidad, en las distintas instituciones educativas, entre otros.
La inclusión tiene como principio fundamental valorar la diversidad y ser una respuesta a la misma, ya que la sociedad es diversa, debido a su carácter plural y dinámico. Desde este lugar que la diversidad ocupa es que se la considera como un hecho que enriquece culturalmente a la sociedad.
En muchas ocasiones se utiliza el término inclusión como sinónimo de integración, pero la diferencia radica en que el segundo alude a una adaptación del grupo o persona en situación de vulnerabilidad al espacio que desea o tiene derecho a acceder. La integración busca que las personas formen parte de un determinado espacio, pero sin que haya un sentido de pertenencia del mismo, los sujetos son “colocados”, queriendo que los mismos se acoplen al funcionamiento de dicho espacio. Se utiliza el término colocar con un sentido intencional, ya que se considera que la integración supone homogeneizar, normalizar e igualar a los sujetos.
Hoy en día la integración es un término muy utilizado, y es la estrategia educativa de muchas por no decir todas las instituciones. La sociedad uruguaya a nuestro entender sigue desde diferentes políticas una cultura integracionista de poblaciones minoritarias ya sea en centros educativos, culturales, políticos, etc.
Por su parte, el término inclusión, refiere a la adaptación de los espacios a ese grupo o persona, y así garantizar el pleno goce de sus derechos como individuo parte de cierta sociedad. Sobre esta distinción conceptual Edgar Eusse (2007) en Educación Física y discapacidad: prácticas corporales inclusivas, considera que es importante reconocer que ambos términos presentan grandes diferencias que hacen a que determinada institución se enmarque o no en un verdadero camino inclusivo.
Diversidad
se han utilizado para discriminar y excluir a determinados grupos, por lo que en la educación que recibimos en nuestra vida existen mensajes que consideran a lo diferente como algo malo. Nos presentan los modelos estándar de cómo ser, cómo pensar y como plantean los autores, quién es más o menos valioso. Trabajar desde una perspectiva de diversidad implica aceptar que todos tenemos el mismo valor y por ende merecemos el mismo respeto, reconocer la importancia de la diversidad de las personas. Por el contrario como plantean los autores y como sucede en la mayoría de las sociedades, lo diferente se “tolera”; se tolera algo que nos molesta, por lo que se entiende que si me molesta, lo diferente es algo malo que yo puedo tolerar porque actualmente está mal vista esa discriminación, no porque realmente respeto la diversidad.
Estrechamente relacionado al término diversidad, los autores D´Elia y Maingon (2004), traen el concepto de equidad definiéndolo como “un principio asociado a valoraciones éticas, morales y políticas sobre la idea de lo que es justo.” D´Elia y Maingon (2004, p.7).
Marco legal en el Uruguay
En estos últimos tiempos, en Uruguay se ha ratificado a la Convención de Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidad (basada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos) y promulgado la ley N° 18.418. El objetivo de esta ley es que la personas en situación de discapacidad puedan vivir plenamente y participar de todos sus derechos de la vida de forma independiente, en igualdad de condiciones, abarcando desde la utilización de diferentes tecnologías, transporte, acceso a información y comunicación, tanto en las zonas rurales como urbanas, intentando eliminar o minimizar las barreras, reduciendo así su aislamiento y dependencia. Cuando se habla de barreras, se hace referencia a los diferentes obstáculos físicos, lingüísticos, económicos, culturales, etc., que se interponen ante una acción, pensamiento o participación de un sujeto o grupo determinado. En dicha ley se establece que es el Estado el que debe garantizar el acceso de todas las personas a la vida social
El 13 de diciembre de 2006 se ha aprobado la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Esta Convención es el resultado de un largo proceso, en el que participaron varios actores: Estados miembros de la ONU, Observadores de la ONU, Cuerpos y organizaciones importantes de la ONU, Relator Especial sobre Discapacidad, Instituciones de derechos humanos nacionales, y Organizaciones no gubernamentales, entre las que tuvieron un papel destacado las organizaciones de personas con discapacidad y sus familias.
Este nuevo instrumento supone importantes consecuencias para las personas con discapacidad, y entre las principales se destaca la “visibilidad” de este grupo ciudadano dentro del sistema de protección de derechos humanos de Naciones Unidas, la asunción indubitada del fenómeno de la discapacidad como una cuestión de derechos humanos, y el contar con una herramienta jurídica vinculante a la hora de hacer valer los derechos de estas personas.
A pesar de que las personas con discapacidad eran destinatarias, al igual que el resto de seres humanos, de la protección establecida por los Tratados mencionados, en muchos casos dichas normas no se aplicaban, o se aplicaban de manera diferente –desventajosa- para este grupo social. Sumado a ello, hubo grandes deficiencias tanto por parte de los Gobiernos como por parte de los órganos de supervisión de los Tratados, a la hora de supervisar su cumplimiento en relación con las personas con discapacidad.
discapacidad eran de algún modo “invisibles” dentro del sistema de derechos humanos de la ONU. A diferencia de otros grupos -tales como mujeres y niños y niñas- las personas con discapacidad no contaban con un instrumento jurídicamente vinculante ni con un Comité que velara por la protección de sus derechos de manera expresa. Se contaba, sin embargo, con un instrumento específico sobre los derechos de las personas con discapacidad, pero que no tenía rango de norma jurídicamente vinculante: las Normas Uniformes sobre la Igualdad de Oportunidades de las Personas con Discapacidad.
Cuerpo y discapacidad
Ahora bien, sería imperioso aclarar cuáles son estas minusvalías socialmente consideradas. Asumimos como presupuesto de partida, siguiendo las propuestas teóricas de BOURDIEU (2000), que “la posición de un agente en el espacio social y, específicamente, en el propio de las sociedades capitalistas, está determinada por su trayectoria social, ascendente o descendente, y por sus propiedades corporales, sean éstas socialmente elogiadas o estigmatizadas”.
En este sentido, comprobábamos que la posesión de una discapacidad o, más precisamente de un cuerpo discapacitado, implica para su portador una desposesión o una falta de, en lo que refiere a su capital simbólico, la cual se manifiesta de manera práctica en limitaciones en su capacidad de manipulación tanto del cuerpo propio como del espacio físico.
De esta forma las personas con discapacidad, al tener un “diagnóstico” desde el discurso médico, como “deficientes”, desde una óptica capitalista, a nuestro entender deben de ser considerados como oprimidos.
A partir del rótulo de minusválido, deficiente, tullido o lisiado, la deficiencia se naturaliza. Afirmando este concepto MOTTEZ (2006), le otorga a la discapacidad un carácter relativo y seria el conjunto de lugares y de roles sociales de los cuales un individuo o una categoría de individuos se encuentran excluidos en razón de una deficiencia
Bajo la forma de enfermo o deficiente, se plantea un vínculo de dominación que, muy lejos de ser natural, es un producto histórico de carácter arbitrario.
Prescripción que desalentó la posibilidad de la autonomía y la vida independiente de las y los discapacitados, de la conformación de parejas y familias con el objetivo de evitar la reproducción de lo monstruoso, y fundamentalmente, excluyó del trabajo.
De este estigma social de las personas con discapacidad y desde una concepción capitalista deriva el modelo de abordaje denominado del Déficit.
Nos basaremos en el texto de Edgar Eusse (2007) titulado “Educación Física. Prácticas corporales inclusivas”, el autor plantea que la educación de las personas en situación de discapacidad se ha desarrollado según las diferentes concepciones que han surgido a lo largo de la historia en relación la filosofía de la educación y del cuerpo. Surgiendo así tres modelos y por ende diferentes percepciones de la discapacidad.
Modelo del déficit
Según BERNAL (2001), el Modelo del Déficit o Médico se destaca por generar métodos exhaustivos de clasificación. Luego en el fenómeno social de la estigmatización, la dirección educativa y el desarrollo personal quedaban de alguna manera, marcados por el diagnóstico. En esta perspectiva surge con gran énfasis la intervención de especialistas y de grupos multidisciplinarios haciendo hincapie en lo patológico.
Para establecer tanto los criterios de "curabilidad" y de "educabilidad" hay que determinar el grado de deterioro intelectual causado por la anomalía.
El primer modelo es el tradicional asistencialista, según el cual los discapacitados son excluidos, rechazados y marginados.
El modelo del déficit, objetiva la deficiencia en el cuerpo físico, excluyendo toda referencia cultural.
Modelo de la normalización o Rehabilitador
La integración debe entonces permitir a la persona discapacitada normalizar sus experiencias en el seno de la comunidad, esto implica que el ser sea un miembro activo de la sociedad y que pueda gozar de los mismos derechos.
Modelo “Social” o de la “Autonomía Personal Cívico- Social y Político”
El tercer modelo es el denominado de la “Autonomía Personal Cívico- Social y Político”. En este modelo en cambio se enfocan energías y acciones hacia el campo educativo en función de un nuevo concepto, el de personas con Necesidades Educativas Especiales (NEE). Los derechos de las personas con discapacidad: lograr un nivel de independencia adecuado, desarrollar su capacidad para la autonomía personal, y la participación activa en su proceso de construcción de proyectos de vida y de transformación social. Desde la perspectiva de la autonomía personal el núcleo del programa de integración ya no reside en el individuo sino que está en el entorno.
En dicho modelo se pone en juego el contexto en el que la persona se mueve, el cual se considera un problema social que debe resolverse con una acción social de concientización y cambio de mentalidad para lograr la completa inclusión de la persona con discapacidad. Se busca la autonomía del sujeto mediante cambios ambientales y actitudinales que generan limitantes en la persona, ya que el entorno en la que se encuentra influye en el desempeño de la misma.
Si nos posicionamos en este modelo donde se enfocan las energías y acciones hacia el campo educativo desde la posibilidad o no el déficit, visto el individuo como sujeto de derecho la diversidad es aceptada como un valor y no como un problema.
Los conceptos de educación intercultural y de educación en la diversidad cobran vital importancia, puesto que promueven un modelo inclusivo de sociedad, lo diferente adquiere un valor sustancial como reconocimiento de la identidad.
Avanzando hacia la inclusión
El modelo de Normalización sin duda fue un avance pero, qué implica el hecho de permitir a un ser humano que se eduque, que pueda recrearse, que pueda practicar un deporte. A nuestro entender supone que esa persona pida permiso para realizar derechos que le son propios por el mero hecho de haber nacido.
Frente a esta política que categoriza las diferencias para normalizarlas siguiendo un modelo hegemónico, la cuestión que podemos plantearnos ahora sería: ¿es posible pensar las diferencias desde el paradigma de los derechos humanos, siendo la diversidad un valor fundamental en sí mismo y no una desventaja? Nosotros creemos que es posible y nuestras intervenciones en territorio van dirigidas con ese fin.
Desde el modelo social de la discapacidad las personas con alguna discapacidad pueden lograr sus derechos: un nivel de independencia adecuado, desarrollar su capacidad para la autonomía personal, y la participación activa en su proceso de construcción de proyectos de vida y de transformación social. Desde la perspectiva de la autonomía personal o social de la discapacidad el núcleo del programa de integración ya no reside en el individuo sino que está en el entorno.
Extensión y discapacidad
Hay tres elementos que han caracterizado la concepción y la tarea extensionista según Martins (2006):
a) la articulación con las tareas de investigación y enseñanza;
b) la necesidad del abordaje interdisciplinario e interprofesional del trabajo, c) la integración de docentes, estudiantes y egresados en el trabajo en el medio.
Esto implica instrumentar un trabajo grupal, no sólo desde diversas miradas disciplinarias sino también desde diversos lugares profesionales, que permitan articular los diversos saberes del equipo con los de la comunidad con la que se trabaja.
En la matriz universitaria se encuentra el núcleo epistémico que marca la necesidad de generación de saberes básicos y aplicados como única garantía de genuina independencia, soberanía y desarrollo de criterios propios, autónomos y críticos.
Es el conocimiento básico y aplicado producido en el ámbito universitario el que se debe poner a disposición de las necesidades que presenta el país y su gente. Por lo tanto, se propone que el desarrollo de este espacio de formación se basa en problemas específicos emergentes de la realidad que demanden ser analizados para que, conjugando saberes, se generen soluciones originales y auténticas; tal el caso de la discapacidad.
Educar en derechos humanos es incluir
A mi entender el abordaje integral de la discapacidad y su intención de destigmatizar el concepto vigente de cuerpo es lo que caracteriza esta práctica universitaria.
Agregando a este concepto el educar en derechos humanos es abordar la discapacidad desde el modelo social basado en la declaración universal de los derechos humanos
La educación en Derechos Humanos a nivel formal e informal es una tarea imprescindible para construir una cultura de paz cuyo eje sea el reconocimiento y respeto de los derechos de todas las personas independientemente de sus diferencias o (entiéndase el déficit desde la perspectiva tradicional) naturales.
La complejidad del mundo moderno, las desigualdades económicas, las debilidades institucionales de los Estados, tornan cada vez más apremiante la necesidad de educar desde esta perspectiva axiológica, y posibilitar los cambios institucionales y sociales requeridos para construir una sociedad inclusiva y tolerante.
La educación en derechos humanos es el instrumento idóneo para que las personas no sólo conozcan sus derechos, sino para que también actúen en la vida diaria en sintonía con los valores inherentes a una cultura de respeto a los derechos de todos y todas, a las diferencias y valoración de la diversidad, construyendo una ciudadanía responsable.
Hasta el presente el tema de la educación en derechos humanos ha sido percibido en nuestro país, fundamentalmente, como una actividad de especialistas, desarrollada en ámbitos académicos específicos. Hoy el Estado uruguayo es consciente de que la educación en derechos humanos desde una perspectiva interdisciplinaria debe llegar a todos los ámbitos de la comunidad y desde la comunidad a todos los ámbitos incluidos el universitario.
La búsqueda de una mayor equidad, la lucha contra todo tipo de discriminación, la aceptación de la diversidad y la seguridad ciudadana son objetivos prioritarios de toda sociedad democrática. Estas actitudes deben de promoverse explícitamente en la Universidad en especial aquellas con intenciones transformadoras y emancipadoras.
No es suficiente con conocer los derechos que cada individuo posee en tanto persona humana, sino que debe existir el marco apropiado para que todos los derechos se realicen, es decir, tengan efectiva vigencia.
Todos sabemos que el derecho de por sí solo no alcanza, sino que la vida del derecho está ligada a la voluntad humana, a la acción, a actuar realmente en consonancia con mis derechos y los del otro.
Por eso es que existe un valor primordial que subyace en toda ésta temática que es el valor de la solidaridad con las otras personas humanas con las cuales convivimos en un espacio y tiempo determinados.
Los compromisos y las responsabilidades en tanto integrantes de una comunidad no deben visualizarse en abstracto, sino en el presente.
Han sido muchas las generaciones pasadas que han trabajado y luchado para obtener, por ejemplo, las conquistas jurídicas plasmadas en los distintos instrumentos nacionales e internacionales de derechos humanos, que hoy conocemos. Pero este proceso evolutivo de construcción del marco de dignidad inherente a toda persona humana, hoy demanda nuevos esfuerzos para responder a los desafíos que plantea el siglo XXI.
Si queremos cambiar el futuro, y hacerlo mejor para las nuevas generaciones debemos trabajar hoy y ahora para lograrlo.
”Las batallas que se libren a través de la educación serán lentas; posiblemente tomará generaciones enteras cambiar estereotipos, destruir prejuicios, abolir dogmatismos.
Pera esas batallas son las únicas y auténticas batallas por la paz. Y son las únicas
batallas de las que debemos ser soldados.”
Elizabeth Odio
Bibliografía
BOURDIEU, P (2000) La dominación masculina. Anagrama.
BERNAL, J (2001) Juegos y actividades adaptadas. Gymnos, Madrid
D´ELIA, Y. y MAINGON, T. (2004). “La equidad en el desarrollo humano: estudio conceptual desde el enfoque de igualdad y diversidad.”. Editorial: Torino. Venezuela
EUSSE CASTRO, E. (2007) Educación Física y discapacidad. Prácticas corporales inclusivas. Funanmulos Editores. Medellín
LÓPEZ, P. y FERRARI, F. (2008). “Apuntes para el trabajo en sexualidad desde los enfoques de género, derechos y diversidad.”. Gurises Unidos. Uruguay.
MARTINS, P (2006) Alcances educativos de la extensión. Conceptualizaciones iniciales. Ponencia presentada en la Jornada sobre extensión universitaria, desarrolladas en la Facultad de Psicología de la UdelaR y organizadas por la CSEAM, 19 de octubre de 2006, Montevideo.
MOTTEZ, B, (2006). Les Sourds existent-ils? Textes réunis et présentés. L’Harmattan,Paris
OMS (2001). Clasificación internacional del funcionamiento de la discapacidad y de la salud. Ministerio de trabajo y asuntos sociales. Madrid.