Principales acontecimientos de la historia judía
Antes de la era común
1800 aprox.- Epoca del patriarca Abraham
1300 ap.- Exodo de Egipto y entrega de la Torá en el Monte Sinaí
1260 ap.- Conquista y asentamiento de la tierra de Israel (Josué)
1000 ap.- Construcción del Primer Bet Hamikdash (Gran Templo de Jerusalem)
586- Destrucción del Primer Bet Hamikdash y comienzo de la diáspora en Babilonia
537- Declaración de Ciro que permite a los judíos retornar a Sión
520 ap.- Construcción del Segundo Bet Hamikdash 355- Acontecimientos de Purim en Persia
167/165- Rebelión de los Hasmoneos y acontecimientos de Janucá
Era común
70- Destrucción del Segundo Gran Templo y comienzo de la diáspora romana
200 ap.- Fin de la compilación de la Mishná
400 ap.- Fin de la compilación del Talmud de Jerusalem 500 ap.- Fin de la compilación del Talmud de Babilonia 1096- Primer Cruzada a la Tierra de Israel
1492- Expulsión de los judíos de España 1772- Aparición del Jasidismo
1897- Primer Congreso Sionista, Basilea
1939/1945- El Holocausto (Shoá), Segunda Guerra Mundial 1948- Independencia del Estado de Israel
1967- Liberación y reunificación de Jerusalem
Análisis del Libro Bereshit (Génesis)
El libro de la Creación
En hebreo, este libro se titula como su primera palabra “Bereshit”, comúnmente traducido como «En el principio» (1.1).
Génesis es el término griego con el que la traducción Septuaginta denomina al primer libro de la Biblia. Significa “origen” o “principio”, ideas que responden en general al contenido del libro: D-s y los orígenes del universo, del género humano y en particular, del pueblo de Israel.
División del libro
El libro Bereshit, Génesis (=Gn), está formado por dos temas centrales:
a) Capítulos 1-11. Estos textos describen la llamada “historia de los orígenes” que comienzan con el relato de la creación del mundo (1.1-2.4a). Se trata de una narración poética de gran belleza, que incluye el origen del ser humano, creado por D-s para mejorar y gobernar el mundo terrenal.
b) Capítulos 12-50. Estos textos narran los más remotos comienzos de la historia de Israel e incluyen la llamada “historia de los
patriarcas”: Abraham, Isaac y Jacob (padre, hijo y nieto respectivamente).
La historia de la Creación
«En el principio creó D-s los cielos y la tierra» (1.1). Con este enunciado, categórico y solemne, comienza el texto del Génesis y de toda la Torá. Es la afirmación del poder total y absoluto de D-s, del único y eterno D-s, a cuya voluntad se debe todo cuanto existe.
El universo es resultado de la acción de D-s, quien con su palabra creó el mundo, lo hizo habitable y lo pobló de seres vivientes. Entre
los seres vivientes destacó al ser humano al otorgarle un status especial, pues lo había creado «a Su imagen y semejanza» (1.26- 27).
El relato de la Torá describe al hombre y a la mujer en una
particular relación con el Creador: D-s le dió al ser humano la misión de gobernar el mundo terrenal del que forma parte y hacer Su
voluntad sobre la tierra(1.28-30; 2.19-20).
El hombre (en hebreo, Adam) fue formado «del polvo de la tierra»
(adamá), pero con una gran diferencia: «D-s... sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente» (2.7). La creación del hombre (“Ish”), es seguida en el Génesis por la de la mujer (“Ishá”), constituyendo ambos la pareja humana (2.22-24).
La relación que D-s establece con Adán y Eva se define como una permanente y especial armonía, ofrecida por el Creador para que el ser humano la acepte y acate.
D-s, Creador de todo y soberano absoluto del universo, ofrece su amistad; el ser humano es libre de aceptarla o rechazarla. El signo de la actitud humana ante la oferta divina se identifica en el
precepto que, por una parte, afirma la soberanía de D-s y por otra, establece la responsabilidad de Adán en el goce de la libertad: «Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás» (2.17).
Pero Adán, el ser humano, por querer igualarse a D-s, quebranta la condición impuesta: su acto de rebeldía lo lleva a trasgredir la imposición divina y en consecuencia se le niega el acceso al «árbol de la vida» (3.22-24). Este acto del primer hombre origina la
aparición del instinto negativo y el pecado en el ser humano, cuyas consecuencias son el dolor y la muerte hasta nuestros días.
La historia de los patriarcas
Esta segunda parte del Génesis (cap.12-50) representa el comienzo de una nueva etapa en el desarrollo de la humanidad, una etapa en la que D-s actúa para liberar a los seres humanos de la situación a
la que el pecado los había conducido.
La historia entra en una nueva fase con la revelación de D-s a Abraham, a quien ordena que deje atrás parientes y lugares
familiares y emigre a tierras desconocidas. Le promete hacer de él una gran nación, y prosperarlo y bendecirlo (12.1-3); y le confirma esta promesa estableciendo un pacto, según el cual en Abraham habrían de ser benditas «todas las familias de la tierra» (12.3).
El relato bíblico destaca que D-s no eligió a Abraham de forma arbitraria, sino que su elección tiene un mensaje para toda la humanidad. El objeto último de este plan, la universalidad de la acción de D-s, se manifiesta en el hecho simbólico del cambio del nombre Abram por el de Abraham, que significa «padre de muchos pueblos» (17.5).
A la muerte de Abraham, su hijo Isaac pasó a ser el depositario de la promesa de D-s; y después de Isaac, su hijo Jacob.
Estos patriarcas eran pastores seminómadas, cuyos continuos desplazamientos y asentamientos dan a la narración bíblica un carácter peculiar.
Jacob, después de su lucha con un ángel acaecida en Peniel (32.28;
35.10), recibió el nombre de Israel («el que lucha con D-s»). Este nombre se usó más tarde para identificar a las doce tribus y al pueblo judío hasta nuestros días.
José hijo de Jacob
Vendido como esclavo y llevado a Egipto, José se ganó la voluntad del faraón reinante, que llegó a elevarlo hasta el segundo puesto en el gobierno de la nación (41.39-44). Su privilegiada posición política le permitió al joven José traer a Egipto a su padre, cuando la sequía y el hambre asolaron la tierra de Canaán (46.26). Jacob y su
descendencia, se establecieron en el delta del Nilo, en la región de Gosén, una tierra rica en pastos y apropiada a sus necesidades y género de vida.
Al morir Jacob, sus hijos trasladaron el cuerpo a Canaán y lo sepultaron en Mearat Hamajpelá, la parcela que Abraham había comprado en Hebrón (50.13) para enterrar a su esposa Sara.
Aquella compra tiene un importante sentido simbólico, porque documenta la primera posesión israelita en la tierra que D-s prometió a los patriarcas.
Principales contenidos del libro de Bereshit:
1. Historia de la Creación (1.1-11.32) 2. Historia de los patriarcas (12.1-50.26) a. Abraham (12.1-25.34)
b. Isaac (26.1-35) c. Jacob (27.1-36.43) d. José (37.1-50.26)
Análisis del Libro Shemot (Éxodo)
El título
En hebreo el nombre del libro es una de sus palabras iniciales:
Shemot, que significa “nombres”.
Este libro toma su nombre del relato de la salida de Egipto de los israelitas y los años que vivieron en el desierto antes de llegar a Canaán, la Tierra prometida. La traducción Septuaginta denomina al libro con el vocablo griego “Exodus” que en español significa
“salida”.
La historia
El Éxodo (=Ex) ofrece algunos datos que permiten delimitar la época en que acontecieron los hechos referidos. Tales datos, aunque no bastan para establecer fechas precisas, son de un
innegable valor histórico. Por ejemplo, 1.11 revela que los israelitas, residentes en Egipto durante 210 años (12.40-41), fueron obligados a trabajar en la construcción de dos ciudades: Pitón y Ramsés
(llamada en egipcio Casa de Ramsés).
Este hecho sucedió entre finales del siglo 14 y principios del siglo 13 a.e.c.
Contenido del libro
La primera parte del libro Shemot (1.1-15.21) relata el cambio de situación para los descendientes de Jacob, cuando «un nuevo rey, que no conocía a José» (1.8), comenzó a reinar sobre Egipto.
Después de la muerte de José, la hospitalidad egipcia (Gn 47.5-10) se transformó en opresión y los israelitas fueron reducidos a la
esclavitud (1.13). En aquella penosa condición, sus súplicas llegaron a oídos del Señor (3.16), que se reveló ante Moisés en la visión de la
zarza ardiente en «Horeb, monte de D-s» (3.1) para confiarle la misión de liberar al pueblo (3.15-4.17).
D-s castiga a Egipto con las diez plagas portentosas de carácter sobrenatural, que culminan con la muerte de los primogénitos egipcios, hasta que finalmente el faraón se ve obligado a liberar al pueblo de Israel (12.37-38). Como preparativos hacia la salida de Egipto, D-s ordena a los israelitas el apartar un cordero por familia para luego sacrificarlo y celebrar la festividad de Pesaj antes de la salida.
La gran masa de esclavos, después de haber celebrado el primer Pesaj en Egipto antes de su salida hacia la libertad, emprende la marcha camino de la Tierra Prometida.
A los siete días de la salida de Egipto, los israelitas fueron perseguidos por los egipcios y acorralados frente al mar. Allí se produce el primer gran milagro de D’s para con su pueblo: las aguas del mar se abrieron formando dos muros a derecha e izquierda, para permitir el paso sobre tierra firme al pueblo de Israel. Los israelitas atravesaron el mar a pie por el mismo punto en que luego las aguas cubrieron al ejército egipcio, ahogando a todos sus
soldados junto a sus carruajes. El pueblo, junto a Moisés y Miriam, expresa su gratitud a D-s entonando un canto de alabanza, cuyo texto es uno de los testimonios más antiguos de la milagrosa liberación de Israel (15.1-18, 21).
La segunda parte del libro (15.22-18.27) recoge una serie de episodios relacionados con la marcha de los israelitas por el
desierto. Una vez atravesado el mar, se adentraron en los parajes secos y áridos de la península de Sinaí. En su nueva situación se vieron expuestos a graves dificultades y peligros, desconocidos para ellos hasta aquel entonces. El hambre, la sed y la abierta hostilidad de los pueblos de la región, como los amalecitas, fueron causa de
frecuentes quejas y murmuraciones contra Moisés y contra el Señor (15.24; 16.2; 17.2-7). Muchos protestaban y, pareciéndoles mejor comer y beber como esclavos que asumir las responsabilidades de la libertad, clamaban: «Ojalá hubiéramos muerto a manos en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos ante las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos» (16.3).
Por esto, Moisés hubo de interceder en repetidas ocasiones delante de D-s en favor de los israelitas, y el Señor los atendió una y otra vez en todas sus necesidades. Los alimentó con codornices y maná (cap. 16), hizo brotar agua de la roca para que calmaran su sed (17.1-7; Nm 20.2-13) y los libró de los enemigos que los acosaban (17.8-16).
La marcha por el desierto de Sinaí tenía como objetivo final el país de Canaán. Allí estaba la Tierra prometida, descrita como «una tierra que fluye leche y miel» (3.8). Pero antes de llegar a ella, el pueblo de Israel había de conocer que D-s lo había elegido para serle consagrado como «el pueblo de su heredad», como «un reino de sacerdotes y gente santa» (Dt 4.20; 7.6; Ex 19.5-6). El monte Sinaí fue el escenario escogido por D-s para establecer Su pacto con Israel y constituirlo en Su pueblo elegido.
Ese pacto significaba un compromiso para el pueblo, que quedaba obligado a vivir en santidad, en respuesta a la elección con que D-s lo había distinguido de entre las demás naciones.
Para hacerlo posible, D-s mismo se reveló ante Su pueblo, para otorgarle la Torá en el Monte Sinaí. La Torá, Ley, otorgada a Israel a través de Moisés, tiene como base los universalmente conocidos Diez Mandamientos, que comienzan con la declaración: «Yo soy tu D-s, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí» (20.2-3). Con estas palabras queda establecida la vinculación exclusiva y definitiva de Israel con el D-s que lo había liberado y lo había atraído a él como «sobre alas de águila» (19.4). A partir del Decálogo, toda la Ley, con su evidente
preocupación por defender los derechos de los más débiles (por ej.:
22.21-27), viene a sentar el fundamento jurídico de una comunidad creada para la solidaridad y la justicia, y consagrada especialmente al culto del D-s único y verdadero (25-31; 35-40).
Los diez Mandamientos
Los Diez Mandamientos que le fueron entregados por D´s a Moisés y al pueblo de Israel en el Monte Sinaí, abarcan todo el espectro de la actividad del ser humano en sociedad. Es por ello que se
convirtieron en el símbolo de los principios básicos de la Ley judía (y de la mayoría de las culturas occidentales) para todas las
generaciones.
Como es sabido, los Diez Mandamientos fueron escritos en dos tablas de piedra de tal forma, que cinco de ellos estaban en una tabla y los otros cinco en la otra, de la siguiente manera:
1) Creencia en un D's único 6) No asesinar.
2) La prohibición de la idolatría 7) No cometer adulterio.
3) No jurar en vano. 8) No robar.
4) Cuidar el Shabat 9) No prestar falso testimonio.
5) Honrar a los padres. 10) No codiciar.