El agua,
expansión de la vida en
Bluefields, Caribe
Nicaragüense.
Roberto Reynoso Arán
Resumen. En Bluefields, en la Cos- ta Atlántica de Nicaragua; la con- cepción que se tiene del mar y el cul- to que se rinde a él por obra de los pescadores; son formas creativas de comunicar y representar la vivencia cotidiana. Como todo territorio, el paisaje en Bluefields es construido, es decir, es resultado de una práctica ejercida sobre el mundo físico, desde el simple retoque, hasta la configura- ción integral y cultural.
El paisaje que se construye, se expresa en la cosmovisión y la iden- tidad, y además en la realización de diferentes prácticas culturales, todo ello, hacen de los sitios lagunares y marinos en Bluefields, lugares reales y afectivos, simbólicos y materiales, pero a la vez, sensoriales, míticos e imaginarios. La Bahía y el mar, fun- gen como paisajes, como “resúmenes del territorio” una ventana sobre el espacio un elemento simbólicamente visible, percibido; la dimensión em- blemática del territorio, es decir, la visión del mundo, del territorio vivi- do por los individuos que lo produ- cen.
Palabras clave: Paisaje, Patrimo- nio, Vida Ritual.
Como olvidar mis orígenes en la pesca, ahora pesco con la perfec- ción de los ancestros.
Pescadores de Blue Fields, Bahía La pesca en la Bahía de Blue- fields, aguas internas, esteros, ojos de agua y en Altamar, siempre va a acompañada de un ritual para propiciar la buena jornada, este tipo de ceremonias van dirigidas al océano, al agua, cuya importan- cia para los habitantes en Blue- fields es intrínseca a su existencia:
“…gracias a las enseñanzas de muchos de nuestros abuelos, ve- nidos del Istmo de Rivas y el gran Lago de Nicaragua, ahora noso- tros, hemos perfeccionado las artes de pesca y vivir en la mar, con la mar…” Señor Joaquín Ma- rrero y José de Rivera Ortíz, pes- cadores de Bluefields. (Notas de Campo, 2013).
En Bluefields, el pescador, ese ser que mira de cara al agua, sabe que el mar no siempre es calmo;
por ello amolda su vida y sus acti- vidades a los tiempos, a los vientos, a los ciclos climáticos. El pescador caribeño, ha logrado articular la pesca con la realización de otras actividades como la recolección, de acuerdo a los ciclos estacionales y a las temporadas, lo que le garantiza la subsistencia a lo largo de todo el año. Gran número de los pesca- dores Blufileños, tiene un pasado histórico en la pesca, l ser hijos de padres pescadores, heredan la actividad, la reproducen y revitali- zan, mostrando a los pequeños las artes, fabricación de avíos y todas las leyendas, tradiciones, usos y costumbres que derivan de la pro- pia actividad en la mar. La comple- jidad del ecosistema de marisma de esta zona, permite al pescador, combinar su actividad en altamar, ríos y esteros, obteniendo abun- dancia y diversidad en especies du- rante todo el año. Son diversos los rituales que han acuñado para la prosperidad y protección en alta-
mar, sin embargo los más destacados son los rituales bautismales, donde las mujeres más ancianas, reciben a los recién nacidos en las playas, es decir, los nacimientos de hijos de pescadores, nacen en los arenales, dichos nacimientos los oficializa una curandera, persona especialista en atender partos, curar espantos, sobar y bendecir botes, he aquí la integra- ción de la mujeres a la actividad de la pesca. Dichos rituales de “recibi- miento”, serán citados en capítulos adelante. Por ahora, mencionamos que la comunidad de pescadores Blufileños, concibe al mar como una expresión de vida “Vida en Si”, como lo describen ellos. El hombre pesca- dor de estas aguas, se desarrolla y crea su conocimiento; conocimiento que viene del pueblo y va hacia él, cada agua a la que se enfrentan es- tos hombres (esteros, ríos, lagunas, océano) poseen características que lo obligan a enfrentarse de forma di- ferente a su entorno natural, descri- bir algunos rituales que practican de forma independiente los pescadores de las diversas aguas, es necesario.
Petroglifo “el Pescado”, ubicado al lado de la #carretera entre Juigalpa y Puerto Díaz, Bluefields Nicaragua. Foto: Ronald Hill Álvarez
Twitter: @hillron. Noviembre 2015
Diariamente cuando salen a la pes- ca cobran vida aquellos relatos místi- cos sobre las aguas de la laguna en- cantadas, las aldeas sumergidas, las sirenas de mar, el dios cangrejo, etc.
Los hombres pescadores piensan que la vida de la comunidad “es im- pensable sin el don de las aguas”. Al considerar al mar y a la naturaleza como fuente de vida, el Blufileños ha elaborado rituales para salvaguardar su salud, prosperidad y obtener “bue- na suerte” en sus jornadas de pesca en cada una de sus sitios de captu- ra. Las artes de pesca empleadas en cada caso son tres. Si bien las artes de pesca en Bluefields son diversas, mezclando tecnología actual, los pes- cadores artesanales sobresalen, em- pleando aún viejas técnicas y avíos tradicionales. Cuando se acude a ríos internos a la Bahía y las inmediacio- nes lagunares el arte empleada son las redes, pero no son cualquier red;
los materiales no son sintéticos, el pescador usa redes tejidas de palmo y henequén, navegando en pequeñas canoas y balsas de ínfimo calado, fa- bricadas por los carpinteros –tam- bién pescadores- locales, canastas y nasas que dejan escapar el agua res- tando dentro las especies obtenidas.
Cada canoa es individual, apenas existe espacio para el pescador y los avíos que lleva. Cuando se llega a la zona dispuesta para la realización de la pesca, el pescador se presenta:
“La jornada de pesca inicia diaria- mente en un horario de entre 5 y 6 de la mañana, cuando la jornada cuando es fructífera se puede pro- longar hasta las 10 am, cuando es regular y el tiempo lo permite pue- de alargarse hasta las 2pm. Cuando el pescador decide la zona donde encallará y tirara redes; él, previo, ha comprado rosas en el mercado local, deben ser rosas blancas, no importando el tipo, pero si el color;
el día de la pesca, varado en la ba- hía, repite tres veces: “mi agüita, mi bendición, mi vida, te pido permi- so para que hoy me dejes pescar y alimentar a mi familia, tus hijos, tu propia vida…”, al tiempo de recitar
su plegaria, arroga las flores una por una, rodeando el navío, for- mando un circulo de rosas a lo lar- go y ancho de su pequeña embar- cación, finalmente mete sus pies en el agua, sostenido de la popa, se para en el navío, da un suspiro y hasta que ve el primer pez saltar alrededor de él es que inicia su la- bor de captura” (Notas de Campo, 2013).
Este ritual de prosperidad y buena suerte, posibilita la comu- nicación hombre naturaleza, la in- teracción con sus potencias acuá- ticas, poniendo de manifiesto las ideologías sagradas que giran en torno al mar y el uso predilecto del arte de pesca, específico para reali- zar capturas en cada zona acuática:
“…sino pescas con el arte y avió especial, el agua no te deja sacar peces, no te permite tender una buena captura, por ello los hom- bres que usan avíos que no deben, no sacan nada y les va mal, se debe saber que pescar, donde pes- car y como pescar, saber que usar y que no usar en determinadas partes de la bahía, además de ha- cer la petición al agüita, eso nunca debe olvidarse uno, para que nos de muchos peces” (Notas de Cam- po, 2014).
Otro de los rituales empleados para realizar capturas en las ri- beras de los ríos consta de ciertas ofrendas, para este tipo de captu- ra, es necesario emplear otro tipo de arte, diferente al anterior, las llamadas líneas y anzuelos. La va- riedad de los anzuelos es basta en Bluefields, principalmente por el acabado de la punta y la función de esta, por ello su uso depende de la especie a capturar y el tamaño de la misma, la pesca con anzuelo se realiza en las riberas no profundas de los ríos, incluso son pescadores más jóvenes y con parca experien- cia los que practican más a menu- do este tipo de capturas. La pesca usando este arte, se lleva a cabo de
dos formas: con la línea, anzuelos y carnada desde la orilla y/o con em- barcación parada, o en casos con el bote desplazándose levemente1:
“…cuando el pescador acude a las riberas (6am a 8am) (pesca ribe- reña) a realizar su jornada, esta va acompañada de un ritual de pe- tición, o una “petición al agüita”, como llaman ellos, se tiene la idea de que en la ribera existen seres que viven debajo de las piedras y los arrecifes (los describen como pulpos), son a ellos a los que se debe alimentar, para que ellos mis- mos traigan peces hasta los pies del pescador. Las esposas e hijas de los pescadores ribereños, con anticipa- ción secan plátanos al sol, rebana- dos en circulitos, bien deshidrata- do, lo perforan y hacen collares de rodajas de plátano, los unen con hilo de coco encerado y les ponen sal; dichos collarcitos son deposita- dos debajo de los arrecifes por los pescadores; ellos, a través de una sumersión veloz, bajan de 5 a 10 metros, y depositan en los arrecifes los collares: “son alimento y ofren- da para los seres que vigilan el lu- gar, así ellos nos dejan pescar aquí”.
Una vez realizados estos depósitos, el pescador sube a su canoa toma un trago de agua, la escupe, e ini- cia su jornada, tirando sus anzuelos hasta que el pez “pique” y recolecte buena cantidad” (Notas de Campo, 2014).
Es mucho a lo que un pescador de Bluefields se enfrenta en su cotidiano en la mar, a tempranas horas salen a la pesca en busca de pez vela y tibu- rón, entre más temprano sea esto es mejor para ellos (5am a 6am), por la mañana se despiden de su familia, si alguien les ha hecho un encargo, bien recordado es este, suben el motor a la lancha, lo instalan en cuestión de minutos, preparan la carnada y gran cantidad de sal de mesa un día antes, se encomiendan al cielo, a dios, y al mar le dicen: “dame este día pesca y yo te cuidare y te respetare”, suben al bote de fibra, prenden el motor y
salen hacia altamar, la única luz es la penumbra, el viento es frio, el agua no ha calentado todavía, las condi- ciones son extremas y se requiere de un excelente estado físico y mental, finalmente los “hombres de mar de Bluefields” se adentran al océano y desaparecen en su bastedad. En este tipo de pesca a mar abierto, los avíos y las tecnologías consisten en botes de fibra y avíos de nuevos materia- les resistentes y modernos, el arte
empleada, principalmente son los Arpones. Estos constan de una vara de muy variable extensión, pero es necesario que esta sea bastantemen- te rígida, puede ser de madera o de hierro, tienen una punta en forma de anzuelo con la muesca que engancha a la presa impidiendo su liberación, algunos arpones tienen la punta se- parada del astil por un mecanismo que permite que la punta se suelte al picar y jalar del astil, permaneciendo unida a la vara por un cordel, esto tie- ne como finalidad que la presa captu- rada se mueva y maniobre, agotando sus energías, para finalmente captu-
rarla, esto es muy común cuando se emplea esta arte en la captura de especies de gran tamaño, como el pez espada o el tiburón cazón;
cabe señalar que este arte de pesca es uno de los más practicados en Bluefields en los últimos 10 años, y son, en esencia, armas arrojadi- zas y las que mejor emparentan la pesca con la caza en la región. Ya hemos hecho mención de que el pescador de estas aguas conoce las
fases lunares, pues ellas determi- naran la pesca buena o mala, los pescadores dicen: “el pescado anda con la luna, cuando no sale pesca- do, decimos que la luna es mala para pescar, cuando la luna está lle- na, el mar de pescadito también”.
Cuando específicamente se sale a altamar a la captura del tiburón, existe un ritual consistente en la realización de un canto a capela, en compañía de un instrumento de percusión tradicional, un pan- dero, construido por los mismos pescadores de alambre y pequeños caracoles marinos, concha de al-
mejas y pedazos de concha de coco, dicho instrumento, al agitarlo con las manos, libera un sonido agudo que se prolonga y en mar abierto, fuer- temente agitado, suele producir una especie de “eco”, cuando se elabora y es nuevo, se rocía con sangre de tiburón y sangre del propio pesca- dor, el anciano del pueblo, líder de los pescadores llamado Don Tulio Lamm, es el encargado de “bende- cir” este instrumento para la pesca de
especies marinas de gran volumen:
“Cuando se está en altamar, en- tre 50 a 60 km mar abierto, a las 6 y 7am hrs; en la pesca del tiburón cazón o pez espada; una vez que se ancla el bote y se apaga el motor que impulsa el navío, el capitán del grupo de pescadores (3 pescadores como máximo conforman los gru- pos) se reclina sobre un costado de la embarcación, saca su mano izquierda con el pandero que ellos llaman “abanico”, y lo empieza a agitar a ras de la superficie del agua, lo sumerge, lo saca, lo agüita, Navegando en la Laguna de Piedras. Foto: Ronald Hill Álvarez. Twitter: @hillron. Mayo 2017
lo sumerge, lo saca, así prolongada- mente, después de unos 3 minutos haciendo el mismo acto, cambia de posición en el bote, ahora si incli- na de lado derecho del navío, saca su mano derecha y con ella hace el mismo acto; después de otros 3 minutos, pasa a realizarlo a la proa, a la poste hace los mismo en la popa; finalmente cesa de hacerlo, pues los tiburones yacen rodeando la embarcación” (Notas de Campo, 2014).
Con este llamado sonoro, desti- nado a los cuatro puntos cardinales, se sonoriza el instrumento llamado
“abanico”, dentro del agua, y fuera de él; es un artefacto “sagrado” di- cen los pescadores, pues posibilita la interacción con las especies y su llamado, es menester de todo pes- cador de altamar, tener un “abani- co” atado a su cintura, como si se tratase de un instrumento, esencial para propiciar la pesca de estas es- pecies. Con ello comprendemos las complejas redes de comunicación que los hombres pescadores de Blue- fields entablan con su medio; vemos
los aspectos míticos y rituales como explicación histórica, como refe- rencias al sistema religioso, pero también como un lenguaje de la cultura local y como significado de la sociedad. De esta forma vemos que actividad de la pesca, y su trasfondo mitico-ritual, ofrece un número de actos y de creencias, técnicas men- tales e ideológicas bien definidas, que sirven para superar el peligro que se desata en toda actividad en la mar y en toda situación crítica;
haciendo al hombre pescadores de Bluefields capaz de encarar –apoya- do de recursos mágicos- confiada- mente sus cometidos. Hasta aquí, los rituales descritos –y los que fal- tan por relatar- muestran hasta qué punto, en el hombre, la confianza de los actos rituales, prevalecen sobre la duda, la estabilidad sobre la in- certidumbre y el optimismo sobre el pesimismo. El trasfondo mágico religioso de la pesca en Bluefields, permite entonces, dilucidar como el poder de la palabra –cantos, plegarias, etc- del ademan ritual –música, ruidos, movimientos, etc- en cuanto comunicantes, son
las estrategias útiles y necesarias para vivir el medio, comprenderlo y apropiarse de él, interrelacionarse.
En Bluefields las aguas simboli- zan una extensión de la vida, son
“vida en sí”, contenedora de símbo- los y condicionante de las identi- dades locales; a lo largo y ancho de su litoral, una ciénaga oculta reco- rre la franja costera de la Bahía de Bluefields, las ciénagas, pantanos, charcas y sartenejas son aguas es- tancadas en terreno impermeable y muchos de estos sitios poseen una función ritual, pues son sitios donde se realizan ciertas ceremonias de cu- ración, y rituales de prosperidad en la pesca. En otros sitios de la Bahía, encontramos esteros, el más famosos llamado Rio Lagartos, el cual es una entrada natural del mar, lo que se co- noce técnicamente como rías, donde se encuentran multitud de especies de agua dulce y agua salada. Tene- mos pues, que estas “aguas ocultas”, como las nombra el pescador local, conforman una ecología de comple- mentariedad y abundancia para el pescador, que combina los ciclos y las especies de la pesca en el mar, con
Lo que quedó del muelle de barcos camaroneros y langosteros en el puerto de El Bluff Bluefields Nicaragua.
Foto: Ronald Hill Álvarez. Twitter: @hillron. Septiembre 2015
la pesca en la ría y en el estero. La ría y el estero, fundamentalmente, son reservas naturales donde recalcan las especies marinas para su crecimien- to y reproducción, salvo en fechas específicas se permite la pesca-caza, en otras temporadas la captura y tra- bajo en estas aguas cesa, se prohíbe por el grupo de pescadores líderes.
No solo especies marinas son abun- dantes aquí, sino que encontramos aves y multitud de animales y rep- tiles. El rio lagartos, pose 14 km de extensión con tres comunicaciones directas con el mar. En su interior se captura lisa, tortuga, lagarto, garro- bo, gaitanes, pato, gaviotas, becasi- nas y flamencos, entre otras especies.
La importancia de estas rías, no solo radica en la diversidad y riqueza de su fauna y flora, más aún, en aspec- tos devocionales y rituales, pues, los ríos, “las aguas ocultas”, son lugares votivos en los cuales el hombre pes- cador entabla un dialogo con seres y potencias de la naturaleza. Poder comprender como se han elegido es- tos sitios, y que factores están inmer- sos en el trasfondo para determinar la elección primordial de los lugares rituales asociados al culto al agua en Bluefields; ha sido una tarea bastante ardua, pues muchos de los especialis- tas y pescadores locales son celosos y extremadamente cuidadosos de lle- var a personas extranjeras a estas zo- nas (aguas ocultas) que ellos conside- ran muy especiales; sin embargo más de una vez tuvimos la oportunidad de acompañarles a sus variadas ce- remonias de tipo ritual. Los sitios de culto donde se llevan a cabo rituales de paso y de abundancia en la pesca, rituales de recibimiento a recién na- cidos hijos de pescadores, curaciones a personas víctimas de algún “espan- to” o enfermedad, han sido elegidos cerca de un elemento sobresaliente de la naturaleza en el paisaje natural, la mayoría de ellos a simple vista, no se diferencian del resto de paisaje y son marcados estratégicamente por las personas que conocen bien los sitios y las practicas. Estos lugares los podemos ubicar en un horizonte de lo “prohibido”, de lo “secreto”, de
lo “privado” y de lo natural, pues consideramos que la naturaleza es quien los inspira, puesto que se llevan a cabo en paisajes elegidos e impregnados de carga sacra, esto es, en esteros, rías y charcas, en las mesetas y zonas lagunares profun- das, en las cenegas y en lo recón- dito de los manglares, en lugares o sitios apartados o “escondidos” de islotes y playas. En estos sitios de generación de vida, cruciales en la vida de todo pescador, encontra- mos la presencia de lo que se co- noce como hierofania (cuando lo sagrado se manifiesta) que tiene por efecto destacar un territorio del medio cósmico circundante y hacerlo cualitativamente diferen- te, es decir, ritualizar el paisaje.
Lo anterior nos lleva a considerar que el medio físico en esta zona del Mar Caribe, no es simplemente el escenario artificial de los procesos históricos (que ya hemos esboza- do), si no, es algo vivo que se trans- forma en la medida que lo exige y lo motiva la necesidad del hombre pescador, un lugar energético, que da y genera vida, que la quita, fér- til, que provee, pero que también castiga, un protector, un guía, el mar: el agua, elemento vital y sím- bolo más sobresaliente en la visión del mundo local. La dimensión
simbólica de estas comunidades ma- rítimas y villas de pescadores, termi- nan gestando un habitad imaginado, vivido, lleno de simbolizaciones y significaciones que en Bluefields, a lo largo de los años, ha configurado identidades colectivas y estilos étni- cos y culturales de muy diversa índo- le, todos girando sobre un elemento en la naturaleza, predilecto; el Mar.
Referencias Bibliográficas ARELLANO, Jorge Eduardo (1983)El primer historiador de Ni- caragua; Managua. Casa Editora.
ÁLVAREZ LEJARZA, Emilio (1966) Cómo reincorporo Nicaragua a su costa oriental; Managua, Casa Editora.
REYNOSO ARÁN, Roberto 2016 Sistemas Bióticos Rituales en el Gol- fo de México y el Mar Caribe. Las Aguas de la Vida, en Historia Social, Patrimonio Marítimo y Etnoecolo- gía. Editorial Académica Española;
EUA.
Roberto Reynoso Arán es estu- diante de Doctorado en Historia y Etnohistoria y profesor en las licenciaturas de Arqueología y Et- nología de la ENAH.
Niños pescando en la bahía de Bluefields por la mañana. Nicaragua.
Foto: Ronald Hill Álvarez Twitter: @hillron. Enero 2016