OB - Calle Elisabets, 12 - 08001 Barcelona, España - Tel. (+34) 93 302 6495 - Fax. (+34) 93 302 6495 - info@cidob.org
Investigando el Mediterráneo
La situación de los estudios sobre
Oriente Medio y el Mediterráneo
en el Reino Unido
Emma C. Murphy
Senior Lecturer de Política de Oriente Medio de la School of Government and International Affairs de la Universidad de Durham
Michelle Pace
Roberts (RCUK) Fellow en el European Research Institute de la Universidad de Birminghamr
La evolución de los estudios sobre Oriente Medio y el Mediterráneo en el Reino Unido
Los estudios sobre Oriente Medio tienen una larga historia en el Reino Unido, mientras que los estudios mediterráneos es una área de estu- dio relativamente reciente dentro de los denominados estudios regionales (area studies). Los primeros tienen su origen en el pasado colonial y de gran potencia del Reino Unido, y puede decirse que, a grandes líneas, engloban los territorios comprendidos entre Marruecos al Oeste e Irán al Este, y entre Turquía al Norte y Sudán al Sur. Abarcan todo el mundo árabe, así como los países limítrofes no árabes de Israel, Turquía e Irán. Durante gran parte del siglo XIX, tam- b i é n i n c l u y e r o n a A s i a C e n t r a l , q u e s i n e m b a r g o p e r d i ó s u especificidad dentro de los estudios regionales durante su período de pertenencia a la Unión Soviética, si bien últimamente ha vuelto a ads- cribirse a la región con fines académicos, pero sin constituir un elemento central de la misma. Hasta 1995, con la creación de la Asociación Euromediterránea, los Estados de Europa meridional y los Estados del Sur del Mediterráneo no estaban integrados en ninguna comunidad académica específica, salvo en el caso de un único centro académico en la Universidad de Reading (creado en 1988). Sin embar- g o , d e s d e e n t o n c e s h a n i d o s u r g i e n d o u n a s e r i e d e n u e v a s instituciones y publicaciones dedicadas a los estudios mediterráneos.
En este contexto, por Mediterráneo se entiende el territorio delimita- do por los Estados costeros del Mar Mediterráneo, así como sus propias aguas.
En la elaboración del presente informe, y teniendo en cuenta las consi- derables diferencias existentes en la evolución histórica de ambas comunidades de estudios regionales, hemos debido afrontar las dificul- tades derivadas del enorme contraste entre los datos disponibles acerca de los estudios sobre Oriente Medio y los estudios sobre el Mediterráneo. Además, debido a la naturaleza de este tipo de estudios, los estudios sociales suelen superponerse con los estudios lingüísticos.
Habida cuenta de la inexistencia de cualquier base de datos previa sobre los estudios mediterráneos, se elaboró y distribuyó un cuestionario con el fin de recabar información sobre la respectiva comunidad académica, sus actividades e instituciones. Por consiguiente, los datos proporciona-
LA SITUACIÓN DE LOS ESTUDIOS SOBRE ORIENTE
MEDIO Y EL MEDITERRÁNEO EN EL REINO UNIDO
dos en el presente informe están inevitablemente sujetos a las limitacio- nes impuestas por las respuestas recibidas a dicho cuestionario
1, y ponen de manifiesto la mayor importancia que han tenido los estudios sobre Oriente Medio en la evolución histórica de los estudios regionales en el Reino Unido. No obstante, hay que señalar que existe un alto grado de superposición entre ambas áreas, tanto en términos temáticos como en términos personales, por lo que establecer una separación absoluta entre sus respectivas evoluciones sería un tanto artificial. Además, este informe pretende poner el énfasis en los programas de relaciones inter- nacionales, de ciencia política, de ciencias económicas y sociales ofrecidos en el marco de los estudios sobre Oriente Medio y sobre el Mediterráneo en el Reino Unido, en la medida en que nos ha sido posi- ble en esta fase del proyecto.
La historia de los estudios contemporáneos sobre Oriente Medio en el Reino Unido es desde muchos puntos de vista la historia de los estudios regionales en general, aunque sus orígenes se remontan a las tradiciones académicas orientalistas, muy anteriores. Desde el siglo XVI, ha habido estudiosos británicos que se han esforzado en desentrañar, por un lado, las complejidades de las lenguas regionales de Oriente Medio y Asia Occidental y, por otro, la teología y la sociología del Islam. Algunos intere- ses estrechamente asociados a los anteriores han sido los estudios bíblicos (que combinaban la historia antigua, la arqueología y la teología), la carto- grafía (la elaboración de mapas de la región, frecuentemente llevada a cabo por militares, diplomáticos o viajeros independientes) y el estudio etnográfico en los pueblos y culturas de la región. Desde sus comienzos, las grandes universidades, como Oxford, Cambridge o Edimburgo, crearon cátedras específicas. En Inglaterra, la lengua árabe fue enseñada por vez primera en Oxford en 1570 por Johannes Drasiaus (que también enseñaba hebreo y siriaco), y en Escocia en la Universidad de Edimburgo a partir de 1750. Otras universidades, como Manchester y Durham, crearon cátedras de lenguas y literaturas orientales en el siglo XIX, estableciendo centros dedicados al estudio de Oriente Medio, el Islam y las lenguas regionales.
En Edimburgo, por ejemplo, se creó un Departamento de Árabe en 1912, que posteriormente se fusionó con los Departamentos de Turco y Persa en un Departamento de Estudios Islámicos y de Oriente Medio. En Cambridge se estableció formalmente un Centre for Middle East Studies en 1960, y la Universidad de Durham creó su propio Centre for Middle Eastern and Islamic Studies en 1962. Oxford abrió su Middle East Centre en 1957, y el Oriental Institute en 1961, a partir del cual surgió el Centre for Hebrew and Jewish Studies (Centro de Estudios Hebreos y Judíos) de la Universidad de Oxford en 1972. En 1966, se estableció en la SOAS el Centre for Near and Middle Eastern Studies. En Exeter, la enseñanza del árabe se introdujo en el Departamento de Teología en 1973, estableciéndose un Departamento de Árabe en 1977 y un Centre for Arab Gulf Studies en 1979. Se crearon otros centros para el estudio del árabe y otras lenguas
1. La Dra. Pace desea agradecer a Akrivi Andreou su ayuda en la compilación de la información con- tenida en los cuestionarios. El porcentaje de respuestas recibidas a dicho cuestionario fue del 21 por ciento, aproximadamente una quinta parte de los enviados. Este porcentaje es inferior al que esperábamos, pero aun así el cuestionario nos ha ayudado a hacernos una idea general sobre la situación de los estudios mediterráneos en el Reino Unido.
regionales, de estudios islámicos o de Oriente Medio en las Universidades de Leeds, St. Andrews, Lampeter (Gales) y en el University College London (estudios israelíes). Esta consolidación institucional estuvo acompañada de la creación de archivos temáticos especializados como la Unidad de Documentación de Oriente Medio de Durham, la Unidad de Documentación del Centre for Arab Gulf Studies de Exeter (1980) y la Biblioteca del Middle East Centre de Oxford. En 1973 se fundó la British Society for Middle Eastern Studies (Sociedad Británica de Estudios de Oriente Medio, BRISMES) con el fin de reunir a profesores, investigadores, estudiosos, diplomáticos, periodistas y otras personas interesadas que tra- bajaran profesionalmente sobre Oriente Medio, y que posteriormente publicaría la British Journal of Middle Eastern Studies. También se crearon redes más pequeñas y específicas para determinados países, como el British Institute of Persian Studies, la Society for Algerian Studies, la Society for Arabian Studies, la Society for Libyan Studies y la Society for Moroccan Studies. Igualmente, aparecieron asociaciones de amistad dirigidas por académicos que promovían sus actividades de divulgación, entre ellas, por ejemplo, la British-Tunisian Friendship Association o la British Bahrain Foundation.
Algunos cambios más recientes en el ámbito de los estudios sobre Oriente Medio son la creación por parte de la Universidad de Edimburgo del Edinburgh Institute for Advanced Study of Islam and the Middle East en 1997, la transformación, en 2002, del Centre for Near and Middle East Studies en el London Middle East Institute, y más recientemente la fundación del Institute of Middle East Studies en la Universidad de Nottingham.
Por su parte, los estudios mediterráneos recibieron su primer reconoci- miento institucional gracias a la fundación de una revista académica, Mediterranean Historical Review, en 1986, así como del Centre for Euro- Mediterranean Studies de la Universidad de Reading en 1988.
Paralelamente, los cambios políticos que se estaban produciendo en Grecia, Portugal y España dieron lugar a un aumento del interés por los estudios sobre Europa meridional. Esta evolución se vio reflejada en la creación, en el seno de la Political Studies Association (Asociación de Estudios Políticos), de un Research Group on Politics and Society in Mediterranean Europe (POSME, Grupo de Investigación sobre Política y Sociedad en la Europa Mediterránea)
2. En 1992 se creó en la Universidad de Exeter un nuevo Centre for Mediterranean Studies. Hasta ese momento, los estudios mediterráneos en el Reino Unido seguían domi- nados por las disciplinas arqueológicas e históricas (tal como lo pone en evidencia el hecho de que la revista académica más importante de la época fuera The Journal of Mediterranean Archaeology, que empezó a publicarse en 1988), pero el creciente interés de la Unión Europea por la región se tradujo en algunos cambios que afectaron a las demás ciencias sociales a partir de mediados de los años noventa. La Universidad de
2. El POSME sólo ha tenido una actividad esporádica, y ha tendido (como consecuencia de la influen- cia de Geoffrey Pridham) a identificar al Mediterráneo con Europa Meridional, pero por otro lado ha realizado algunas aportaciones a los estudios mediterráneos, como la elaboración de un Registro de Investigaciones sobre Política y Sociedad en la Europa Mediterránea.
Birmingham empezó a ofrecer un nuevo Programa de Estudios Mediterráneos, y en 1996 se lanzó una nueva revista académica con el título de Mediterranean Politics. El creciente interés en la región, estimu- lado por el lanzamiento de la Asociación Euromediterránea en 1995, también contribuyó a dar el impulso necesario a iniciativas como la crea- ción del Centre for North African Studies y el Centre of International Studies en la Universidad de Cambridge, así como The Journal of North African Studies en 1996. En 1999 se creó en la Universidad de Leeds un Centre for Mediterranean Studies. Más recientemente, en mayo de 2005, se creó el BISA Working Group on International Mediterranean Studies (Grupo de Trabajo sobre Estudios Internacionales Mediterráneos de la British International Studies Association). Durante los años noven- ta, también se produjo una explosión de publicaciones sobre la evolución política, las relaciones internacionales, la seguridad, la antro- pología y otros aspectos contemporáneos de la región mediterránea.
Pese a esta proliferación de iniciativas para desarrollar una comunidad de estudios mediterráneos identificable y compacta, inevitablemente sigue habiendo un alto grado de interrelaciones y superposiciones entre las personas dedicadas a los estudios sobre Oriente Medio y a los estu- dios mediterráneos, de modo que, en esa medida, el destino de los estudios mediterráneos sigue estando estrechamente ligado al de los estudios regionales en general y al de los estudios sobre Oriente Medio en particular. Con todo, también hay que señalar que, en el Reino Unido, los estudios sobre Oriente Medio, a diferencia de los estudios mediterráneos, cuentan con una importante comunidad académica en el área de las lenguas y la literatura.
Los altibajos de los estudios sobre Oriente Medio y el Mediterráneo en el Reino Unido
No cabe duda de que el impulso inicial de una buena parte del desarrollo de la enseñanza de las lenguas y los estudios regionales de Oriente Medio provino de las aventuras coloniales del Reino Unido. Universidades como Oxford y Durham desarrollaron cursos destinados a satisfacer las necesida- des de los administradores, diplomáticos y militares coloniales. En un primer momento, el énfasis se ponía fundamentalmente en la lengua, pero la cultura y la etnografía no tardaron en seguir el mismo camino.
También las universidades con una fuerte tradición de estudios teológicos
desarrollaron su interés en el judaísmo y el islam como apéndices de sus
raíces cristianas. Otro impulso provino de las sociedades arqueológicas
como la Egypt Exploration Society (fundada en 1882), el Palestine
Exploration Fund (fundado en 1865), la British School of Archaeology in
Jerusalem (fundada en 1919), la British School of Archaeology in Iraq (fun-
dada en 1932), el British Institute at Amman for Archaeology and History
(fundado en 1978) y el British Institute of Archaeology in Ankara. Sin
embargo, en los años setenta el regreso de un gran número de diplomáti-
cos, unido a la aparición de una nueva generación de economistas,
politólogos y sociólogos, contribuyó a ampliar la multidisciplinariedad de
los centros de estudios sobre Oriente Medio. El Foreign and
Commonwealth Office (Ministerio de Asuntos Exteriores británico) mantu-
vo fuertes lazos con la comunidad académica (debido, entre otras cosas, a
la influencia que seguía ejerciendo un grupo de antiguos diplomáticos que
habían estado destinados en el mundo árabe y que acabaron siendo conocidos como “los Camellos”). Crecientemente, a medida que el petró- leo se convertía en objeto del interés internacional, el sector privado también empezó a mostrar mayor interés, mientras que los problemas económicos y políticos de Oriente Medio pusieron en contacto con la comunidad académica a organizaciones no gubernamentales, grupos de defensa de los derechos humanos y agencias de cooperación al desarrollo.
Una de las consecuencias fue la aparición de toda una plétora de nuevos cursos de postgrado en los que se abordaban cuestiones regionales con- temporáneas, que establecían un vínculo entre los estudios de licenciatura, dominados en buena parte por las materias lingüísticas, y una serie de temas más amplios pero más especializados que se abordaban en los programas de investigación de postgrado.
Sin embargo, todo este entramado se ha desarrollado de algún modo a contracorriente de la estructura y los mecanismos de financiación de la educación superior en el Reino Unido, y no gracias a ella. Una tras otra, diversas comisiones gubernamentales e informes sobre el sector educati- vo han reconocido la debilidad financiera que padecen los estudios regionales en general y las implicaciones que tiene esta situación para los referidos específicamente al mundo no europeo y no occidental.
En 1908, la Comisión Reay ya advirtió de que el Reino Unido estaba quedándose rezagado con respecto a otras potencias coloniales rivales en la generación de conocimientos especializados en la enseñanza de las lenguas asiáticas y africanas modernas y otros estudios relacionados.
Posteriormente, en 1917 se creó y se reconoció como centro universita-
rio a la School of Oriental Studies (que posteriormente, en 1938,
añadiría African a su denominación para convertirse en la SOAS). La II
Guerra Mundial interrumpió el desarrollo de los estudios regionales,
pero sentó las bases de su importancia para la época inmediatamente
posterior. Como consecuencia de ello, los estudios orientales fueron una
de las áreas prioritarias de estudios regionales identificadas por la
Comisión Scarborough (la Inter-departmental Commission of Inquiry,
Comisión Interministerial de Investigación 1946/47) para la concesión de
ayudas públicas. Esto permitió una duplicación del personal numerario
en el área de estudios orientales en todo el país hasta 1952 (año en el
que se agotaron las ayudas asignadas), pero ya en 1960 se creó una
nueva comisión bajo los auspicios de la University Grants Committee
(Comisión de Subvenciones Universitarias) para examinar por qué moti-
vos esta expansión no había sido mantenida por las propias
universidades. El Hayter Report on Oriental, Slavic, East European and
African Studies (Informe Hayter sobre los estudios orientales, eslavos, de
Europa del Este y africanos) de 1961 manifestó su inquietud por el
hecho de que la mayor parte de las plazas de estudios orientales estuvie-
ran limitadas a los departamentos de lenguas, y propuso que los
departamentos de historia, de derecho, de economía y de ciencias socia-
les dedicaran más atención a esta y otras regiones del mundo. La
subcomisión recomendó el establecimiento de un fondo que proporcio-
naría financiación a las universidades durante un período de diez años
para la creación de 125 plazas en departamentos distintos de los depar-
tamentos de lenguas para diversos estudios regionales, entre ellos los
estudios orientales. También se ofrecerían otros fondos de apoyo a los
estudiantes de postgrado, creando programas intensivos de aprendizaje
de lenguas para el personal y los estudiantes de otros departamentos, para financiar viajes del personal a las respectivas regiones y -lo que tal vez sea más importante fondos adicionales para recursos bibliotecarios y centros multidisciplinarios.
Los años setenta podrían haber sido una auténtica edad de oro para los estudios orientales y africanos gracias a estos fondos, a la expan- sión de la educación universitaria en general y a la afluencia de estudiantes extranjeros que aportaron una mayor diversidad y una vía directa de interacción con las regiones estudiadas. En la práctica, los fondos proporcionados fueron insuficientes, y los problemas se vieron agravados por una especie de fuga de cerebros de académicos, con algunos de los grandes nombres en el área de los estudios orientales (y cada vez más también de los estudios sobre Oriente Medio) trasladán- dose a universidades de Estados Unidos. En los años ochenta, los recortes generalizados en el gasto público y la introducción del pago de las tasas universitarias íntegras para los estudiantes extranjeros pro- vocaron una cierta crisis. Esto se vio parcialmente contrarrestado por los fondos adicionales asignados tras el Informe Parker de 1986, Speaking for the Future: A Review of the Requirements of Diplomacy and Commerce for Asian and African Languages and Area Studies (En aras del futuro: un estudio sobre las necesidades de la diplomacia y el comercio en materia de lenguas asiáticas y africanas y estudios regio- nales), que concluyó que, en la práctica, la oferta de las universidades británicas de lenguas africanas, asiáticas y no europeas y de estudios regionales había disminuido durante los quince años anteriores, dando lugar a una “profunda y creciente erosión de nuestra capacidad nacio- nal”. A raíz de este informe, la University Grants Committee (Comisión de Subvenciones Universitarias) asignó fondos especiales a las iniciati- vas Parker, que se prolongaron entre los cursos 1987-1988 y 1991-1992, por un importe de 1,5 millones de libras anuales, la mayo- ría de ellos utilizados para la creación de nuevas plazas de profesores.
La mitad de esas plazas correspondían a lenguas de gran importancia comercial o política, entre las cuales el árabe se consideró tan impor- tante como el chino o el japonés. Una vez más, se reservó una asignación especial a la SOAS de Londres. Posteriormente, el Universities Funding Council (Consejo de Financiación Universitaria) distribuyó sumas similares, dirigiéndolas principalmente, pero no exclusivamente, a aquellas lenguas y estudios regionales que era poco probable que llegaran a atraer un ratio “normal” entre estudiantes y docentes, pero que aun así se consideraba que merecía la pena apoyar en aras de la diversidad académica y cultural, así como del interés eco- nómico y político nacional. En este caso, se consideraba que la demanda de estudiantes era escasa si se situaba por debajo de los 100 estudiantes matriculados cada curso en el conjunto de Inglaterra e Irlanda del Norte.
De hecho, los años noventa registraron un rápido aumento de la
demanda de estudiantes, en la medida en que la política del Gobierno
en general (y los mecanismos de financiación en particular) alentaron
la expansión de las universidades, pasando de un modelo elitista de
educación superior a un sistema de universidad de masas. Este proceso
fue acompañado por la tendencia, dentro de las propias universidades,
a realizar la asignación interna de recursos siguiendo un modelo que
distribuía los recursos disponibles entre los departamentos en función del número de estudiantes, con lo que se incentivaba a éstos a captar un número cada vez mayor de estudiantes. Entre 1990 y 1998, el número de estudiantes de licenciatura que estudiaban árabe en las universidades británicas se triplicó, aunque los requisitos de acceso no se mantuvieron necesariamente constantes durante todo ese período.
Sin embargo, para 1998 la financiación recibida por estudiante había empezado a disminuir, y los departamentos tenían dificultades para hacer frente a la carga docente que se derivaba del aumento del número de estudiantes.
En 1994, el Higher Education Funding Council of England (HEFCE, Consejo de Financiación de la Educación Superior de Inglaterra) aprobó en principio el mantenimiento de los fondos para las que por entonces habían dado en llamarse disciplinas “minoritarias”, manteniendo el nivel de financiación en 3 millones de libras para 1994/1995, pero llevando a cabo una evaluación de la oferta de cada área antes de asignar cantida- des para 1995/1996 (la financiación recibida por la SOAS había sido objeto de una evaluación específica en 1993). Algunas de las disciplinas identificadas como minoritarias eran los estudios bizantinos, el arameo, el hebreo (antiguo y moderno), el persa, el árabe, la arqueología del Mediterráneo Oriental, la arqueología egipcia, la egiptología, el siriaco, el turco, el acadio, el etíope, el hitita, el kurdo, el sánscrito y el uzbeko.
Si bien esto ayudó a mantener los cursos de lenguas regionales antiguas y modernas de Oriente Medio, apenas prestó apoyo a las ciencias socia- les contemporáneas o, más en general, a las artes y humanidades de Oriente Medio.
Tampoco sirvió para apoyar financieramente a la que por entonces empezaba a ser una comunidad de estudios mediterráneos identificable.
El interés en la región mediterránea que había surgido en las institucio- nes de la Unión Europea constituía una fuente de financiación potencial más importante para el creciente grupo de académicos con intereses en el área de las ciencias sociales. De hecho, ese interés recibió un nuevo impulso gracias al Proceso Euromediterráneo, que se tradujo en diversas iniciativas académicas dedicadas específicamente a la región dentro de las asociaciones consolidadas de politología y relaciones internacionales.
Estas iniciativas reunieron a académicos que hasta entonces estaban asociados a los estudios europeos o de Oriente Medio y África, vinculán- dolos en actividades con una importante dimensión política y en torno a agendas de investigación frecuentemente instrumentales.
Lamentablemente, fueron los trágicos acontecimientos del 11 de sep-
tiembre de 2001 los que volvieron a colocar a los estudios sobre Oriente
Medio en un lugar preeminente entre los estudios regionales, en la
medida en que pusieron de relieve la necesidad de una mayor compren-
sión del mundo árabe e islámico, y en que acabaron desembocando en
un incremento de los compromisos militares británicos en Afganistán e
Irak. Estos compromisos requerían una utilización intensiva de los estu-
dios, conocimientos y capacidades de lo que inequívocamente era un
número excesivamente reducido de expertos regionales en el Reino
Unido, demostrando hasta qué punto las comunidades académicas de
los estudios sobre Oriente Medio e islámicos habían retrocedido en tér-
minos numéricos en los años anteriores.
Lo que tal vez causara más alarma fue la evidencia de que se estaba pro- duciendo un retroceso acelerado de la capacidad nacional en materia de conocimientos lingüísticos regionales que comenzaba a afectar a la capacidad de los servicios de seguridad, de inteligencia y otros servicios públicos para actuar de una forma eficaz en relación con dichas regio- nes. Ese fue el resultado de la caída de la demanda de cursos de licenciatura de lenguas: el mercado se había saturado.
En el año 2005, el Department for Education and Skills (Departamento de Educación y Cualificaciones) publicó The National Languages Strategy in Higher Education (Estrategia Nacional en materia de Lenguas en la Educación Superior), que señalaba que se trataba de una tendencia general y que el número de estudiantes de licenciatura que estudiaban lenguas extranjeras estaba disminuyendo de manera espectacular. Se trataba de una tendencia que afectaba por igual a las lenguas europeas y a las lenguas no europeas.
Entre 1998 y 2002, el número total de estudiantes de licenciatura que cursaban lenguas europeas había caído en los siguientes porcentajes:
francés, -19%; alemán, -17%; italiano, -3%. El español y el portugués habían experimentado un pequeño crecimiento (+3% y +6% respectiva- mente), pero el resto de las lenguas europeas en su conjunto habían retrocedido en un 31%. Entre 1998 y 2002, el número de estudiantes de licenciatura que cursaban árabe se redujo en un 12%. El número de alumnos británicos matriculados en cursos de postgrado de estudios de Oriente Medio también cayó durante dicho período en un 12%. En el curso 2001/2002, sólo había 125 estudiantes de postgrado domiciliados en el Reino Unido que cursaran lengua árabe u otras materias relaciona- das. Resulta interesante el hecho de que, en dicho informe, no se llevara a cabo una identificación específica de los estudios mediterráneos.
Aunque el informe ponía de manifiesto que esta tendencia formaba parte de un retroceso nacional más general del número de estudiantes de licenciatura y de postgrado que cursaban lenguas en general, tam- bién observaba que todas las lenguas que se habían identificado en el Informe Parker de 1986 como estratégicamente importantes, entre ellas el árabe, corrían el riesgo de registrar una continua reducción de la ofer- ta. También es interesante señalar que el informe apuntaba a una mayor homogeneización del perfil de los estudiantes que cursaban lenguas en general, observando que, en los estudios de licenciatura, había una
“mayor representación de los estudiantes de clases altas con respecto a otros estudiantes”, lo que en parte podría deberse a la creciente con- centración de la enseñanza de las lenguas en las universidades del denominado “Grupo Russell”. La principal razón de este retroceso era la disminución del número de matriculados y la consiguiente inviabilidad financiera de los cursos, que se traducía en el cierre de algunos de ellos.
El “reagrupamiento” financiero de la enseñanza de lenguas (expresión
con la que se hace referencia a la cantidad de dinero por estudiante
transferido a las instituciones universidades por el organismo nacional
de financiación de la educación superior) vino a añadirse a la reducción
de la demanda de los estudiantes y -en el caso del árabe- a un método
de enseñanza práctica intensivo en contactos directos con el profesor
que se traduce en unos costes por estudiante muy elevados frente a
unos ingresos por estudiante reducidos en unos momentos en los que
se incentivaba a las universidades para que modificaran sus mecanismos
internos de financiación con objeto de poner fin a las subvenciones cru- zadas entre disciplinas. Una de las consecuencias fue que las instituciones universitarias empezaron a desarrollar nuevos programas que combinaban lenguas con estudios no lingüísticos, ya fueran regio- nales o de otro tipo.
El impacto sobre los centros de estudios sobre Oriente Medio se dejó sentir claramente en todo el Reino Unido. La mayoría son centros relati- vamente pequeños en comparación con la mayoría de los departamentos universitarios, con un volumen reducido de ingresos por estudiantes de licenciatura pero -ante el creciente envejecimiento del personal docente y la gran intensidad de enseñanza de lenguas relativa- mente caros de mantener. Aquellos centros que obtenían buenas calificaciones en el Research Assessment Exercise (Proceso de Evaluación de la Investigación) o que atraían grandes comunidades de estudiantes de postgrado (a menudo basados en los ingresos de estudiantes extran- jeros) conseguían contrarrestar sus bajos ingresos por docencia. Sin embargo, en el caso de otros centros el resultado fue que acabaron viéndose inmersos en los planes de reestructuración institucional acome- tidos en el conjunto de su universidad. Por regla general, tales planes pretenden reducir los gastos generales obteniendo economías de escala, cerrar o fusionar programas que no atraen un número suficiente de estudiantes o recortar los costes de personal mediante despidos o pro- gramas de gestión del rendimiento y la productividad. En particular, en el Reino Unido, los procesos de reestructuración llevados a cabo en las Universidades de St. Andrews y Durham han sido objeto de una gran atención pública (en su mayoría negativa), pero también se han acome- tido programas similares más discretos en Manchester, Birmingham, Exeter y en otras universidades.
La percepción sobre la existencia de una nueva crisis de los estudios
sobre Oriente Medio salió a la palestra pública a nivel nacional con oca-
sión de una conferencia convocada por el Foreign and Commonwealth
Office en marzo de 2002 que reunió a representantes del Gobierno, la
industria y la comunidad académica. Esta conferencia dio lugar a un
informe (elaborado por la BRISMES) titulado Middle Eastern and Islamic
Studies in the United Kingdom: A Challenge for Government, Industry
and the Academic Community (Los estudios sobre Oriente Medio e
Islámicos en el Reino Unido: Un reto para el Gobierno, la industria y la
comunidad académica). Este informe subrayaba, en particular, la impor-
tancia estratégica que tiene el estudio académico de estas materias, el
retroceso en los niveles de conocimiento de las mismas a escala nacio-
nal, las presiones que soporta la oferta educativa de lenguas regionales,
la falta de apoyo por parte de los consejos nacionales de investigación a
la investigación en estudios regionales, la falta de apoyo financiero para
la investigación doctoral y postdoctoral, y la necesidad de una nueva
política gubernamental proactiva que garantizara su desarrollo a largo
plazo. La cuestión cobró aun mayor importancia cuando la demanda de
estudios sobre la región aumentó como consecuencia de la actualidad
internacional relacionada con la misma. En un debate celebrado en la
House of Lords (Cámara de los Lores) en enero de 2004 se informó de
que el número de estudiantes universitarios que seguían cursos de árabe
había aumentado en un 22% entre 2002 y 2004 (frente a una nueva
disminución del 6% del número de estudiantes que cursaban lenguas
europeas). Sin embargo, el número de estudiantes de postgrado seguía siendo muy reducido, con tan solo 85 estudiantes domiciliados en el Reino Unido matriculados en cursos de postgrado relacionados con Oriente Medio durante dicho período, sobre un total de 250. Este pro- blema fue reconocido por el denominado Informe Roberts de 2005, que recomendaba una serie de intervenciones de apoyo a determinadas dis- ciplinas que tenían una importancia estratégica, pero que eran vulnerables como consecuencia de la existencia de un desajuste entre la demanda y la oferta. La HEFCE hizo suya la idea de que los estudios regionales, y en particular los asociados con el Mundo Árabe y Oriente Medio, la antigua Unión Soviética y el Lejano Oriente, debían recibir una atención especial. En consecuencia, se dotó una cantidad de 20 millones de libras, que serán distribuidas a través del Economic and Social Research Council (Consejo de Investigación Económica y Social) y el Arts and Humanities Research Council (Consejo de Investigación en Artes y Humanidades), para apoyar a los Centres of Excellence for Language- based Area Studies (Centros de Excelencia de Estudios Regionales de Orientación Lingüística) y que combinará formación de postgrado en capacidades de investigación con formación lingüística e investigación doctoral y postdoctoral. En octubre de 2005 se publicó una convocato- ria para acceder a dichos fondos, anticipándose que aproximadamente 5 millones de libras de los mismos irán destinados a estudios sobre el Mundo Árabe y Oriente Medio. Los resultados fueron publicados en abril/mayo de 2006.
Por bienvenida que sea esta última iniciativa, no afronta los problemas a más largo plazo que padecen los estudios sobre Oriente Medio en el Reino Unido. Los fondos están previstos inicialmente para un período de tan sólo cinco años, y se espera que dichos Centros de Excelencia sean capaces de autofinanciarse al final de dicho período. La nueva financia- ción aborda en cierto modo la cuestión de la financiación de los estudios de postgrado y postdoctorales, pero la introducción del método de los costes económicos totales en la financiación universitaria supone que es poco probable que dichos fondos generen algo más que un aumento transitorio de los números totales, que difícilmente satisfará las necesi- dades de todos los posibles usuarios finales. Además, las cuestiones que afectan a los estudios de licenciatura siguen sin ser abordadas.
Análisis de los recursos para la investigación
El factor tiempo y prioridad
La investigación no ha sido nunca tan importante para los profesores
universitarios en el Reino Unido como lo es hoy en día. El Research
Assessment Exercise que se lleva a cabo periódicamente a escala nacio-
nal, que evalúa y clarifica los resultados de investigación de las
unidades/departamentos de cada Higher Education Institutions (HEIs,
Institución de Educación Universitaria), y que sirve de base para la clave
de reparto que sirve para calcular un componente fundamental de la
financiación de las universidades, ha sometido a los profesores universi-
tarios a más presión que nunca para producir investigación de alta
calidad en una cantidad suficiente como para determinar su estatus
como académicos nacionales, internacionales, o incluso académicos con capacidad para “cambiar paradigmas”. Para aquellas instituciones uni- versitarias que aspiran a adquirir una buena reputación en el ámbito de la investigación, existe una tendencia general a dar prioridad a la asigna- ción de tiempo de su personal docente a las actividades de investigación (lo que tiene su reflejo en la “racionalización” de la carga docente). La norma es que los profesores universitarios deberían poder disfrutar de un año sabático cada entre seis y nueve años, y que deberían dedicar entre el 30 y el 40 por ciento de su tiempo de trabajo a realizar investi- gación. Estos ratios varían en función de las instituciones, y en todo caso no siempre es posible para un determinado departamento liberar a uno de sus miembros para que disfrute de un año sabático cuando le “toca”
oficialmente. Para aquellos profesores de instituciones universitarias que no tienen un fuerte perfil de investigación y que, por consiguiente, obtienen la mayor parte de sus recursos de sus actividades docentes (predominantemente de licenciatura), cada vez resulta más difícil encon- trar tiempo para la investigación. El aumento del número de estudiantes (para contrarrestar la reducción de los ingresos por estudiante) se tradu- ce en una reducción de la importancia institucional que se atribuye a la investigación y el hecho de que no se reserve a la investigación nada o casi nada del tiempo de trabajo de un miembro del departamento.
Un problema específico es el que se les plantea a los profesores a tiem- po parcial y a aquellos que tienen contratos temporales (lo que a menudo afecta a aquellos que hace poco que han obtenido su doctora- do). A estos profesores se les imponen pesadas cargas docentes (con el fin principal de liberar a los profesores permanentes para la investiga- ción), por lo que apenas disponen de tiempo y obtienen muy poco apoyo institucional para sus propias investigaciones. Esto puede ser un problema especialmente importante para los recién doctorados con capacidades lingüísticas, que pueden acabar encontrándose ocupando plazas estrictamente docentes como profesores de lenguas.
El factor financiación
La financiación de la investigación sobre las regiones de Oriente Medio y el Mediterráneo procede de diversas fuentes.
Los principales organismos públicos nacionales de financiación universi-
taria son el Economic and Social Research Council y el Arts and
Humanities Research Council. El primero de ellos ha sido criticado en las
últimas décadas por concentrarse en un número limitado de prioridades
temáticas y actuar con una visión estrictamente insular y orientada
exclusivamente al Reino Unido. También ha mostrado una fuerte inclina-
ción hacia los estudios cuantitativos y hacia las investigaciones con
usuarios finales bien identificados (y preferiblemente participativos). La
escasa prioridad otorgada a los estudios regionales en general queda
perfectamente ilustrada por la financiación que ha asignado a becas
doctorales. En 2005, tan sólo estaban previstas para estudios regionales
tres becas sobre un total de 186. Finalmente se convocaron diez becas
en estudios regionales, dos de ellas destinadas a masters y a programas
de doctorado, y ocho exclusivamente para estudios de doctorado. De los
438 proyectos de investigación financiados por el ESRC desde 2002 y
relacionados en su página web, sólo cinco tienen un contenido identifi- cable en estudios sobre Oriente Medio. El comportamiento del Arts and Humanities Research Council sólo ha sido ligeramente más favorable. En 2004 y 2005, de las 132 becas de investigación otorgadas para proyec- tos en lenguas modernas y lingüística, sólo cuatro tenían un contenido identificable en estudios sobre Oriente Medio. De los 134 proyectos concedidos en las áreas de filosofía, derecho y estudios religiosos, siete tenían un componente islámico o de Oriente Medio (no cristiano). En el año 2004, el AHRC otorgó un total de 612 becas de doctorado, de ellas únicamente cinco para la investigación sobre las lenguas y culturas de Oriente Medio y África, y 27 para todos los estudios religiosos (no se ofrece la desagregación entre estudios islámicos y otros estudios religio- sos). La convocatoria conjunta publicada en 2005 por ESRC/AHRC/HEFCE bajo el título Language-based Area Studies (Estudios Regionales de Orientación Lingüística) que se ha mencionado antes ser- virá hasta cierto punto para subsanar este abandono general, pero concentrará la financiación en las becas para cursar masters y programas de doctorado, estudios de postdoctorado y apoyos en las primeras fases de la carrera docente y algunos programas de desarrollo profesional continuo. En cambio, no incrementará el volumen total de recursos dis- ponibles para la investigación sobre Oriente Medio y el Mediterráneo.
Las principales fuentes independientes de fondos son el Leverhulme Trust y la British Academy, el primero de los cuales puede financiar pro- yectos de investigación o educativos en cualquier área, mientras que la segunda apoya únicamente las artes, las humanidades y las ciencias sociales. Entre marzo de 2004 y diciembre de 2005, el Leverhulme Trust financió 281 proyectos de investigación, de los cuales sólo cuatro tenían un contenido temático identificable sobre Oriente Medio, por un valor total conjunto de 616.535 libras. El Leverhulme Trust también financió una beca de investigación sobre un tema relacionado con Oriente Medio. En el curso 2004-2005, la British Academy otorgó 24 pequeñas ayudas de investigación a proyectos sobre temas relacionados con Oriente Medio (por un valor total de 147.693 libras) y cuatro grandes proyectos de investigación por un total de 66.099 libras.
Hay otras fundaciones más pequeñas, a menudo asociadas con una dis- ciplina o un país concretos de Oriente Medio que ofrecen apoyo financiero (limitado) para la investigación y la realización de viajes, como por ejemplo el Palestine Exploration Fund, la Society for Libyan Studies, el Council for British Research in the Levant (CBRL), o el British Institute of Persian Studies.
Aunque los estudios sobre Oriente Medio en el Reino Unido han recibi-
do un importante apoyo financiero de donantes árabes, normalmente
estas donaciones han tendido a financiar proyectos de infraestructura
(como los nuevos edificios del Institute of Arab and Islamic Studies de la
Universidad de Exeter, el Institute for Middle East and Islamic Studies de
Durham y el Islamic Studies Centre de Oxford), cátedras prestigiosas
(como la Dirección del London Middle East Institute) y en ocasiones
becas de doctorado. El apoyo financiero del sector privado ha sido esca-
so, aunque se ha recibido algún apoyo de organismos públicos como el
Foreign and Commonwealth Office para la organización de conferencias
y seminarios de investigación.
En el área de los estudios mediterráneos, y de acuerdo con las respuestas recibidas a los cuestionarios distribuidos para los fines del presente informe, la falta de recursos se aprecia de distintos modos. Uno de los problemas mencionados con mayor frecuencia es la consideración de que la investiga- ción está determinada por las prioridades de los organismos de financiación y no por los propios intereses de los investigadores. A título de ejemplo, algunos de los investigadores que respondieron al cuestionario lamentaron que actualmente los estudios sobre terrorismo estén atrayendo una parte desproporcionada de los fondos disponibles. Aunque no se apor- tan pruebas concluyentes en apoyo de este argumento, es muy posible que los investigadores orienten sus temas de investigación en función de los sesgos que perciben entre los organismos financiadores. Otros encuestados identificaron como problemas la falta de asistentes de investigación, la difi- cultad para encontrar apoyo financiero para la adquisición de equipos, la protección y conservación de excavaciones (en el caso de los trabajos arqueológicos), la excesiva dependencia con respecto a un número reduci- do de organismos de financiación (el AHRC, la British Academy y un pequeño número de fundaciones), la falta de fondos para la realización de viajes para mantener contactos con otros colegas europeos, la reducción del espacio y los equipos dentro de las propias universidades en el Reino Unido, la falta de apoyo financiero para profesores sustitutos durante los períodos de trabajo de campo, la desviación de recursos hacia los estudios relativos a la ampliación de la Unión Europea hacia el Este, la falta de per- sonal y la escasez de recursos de los servicios arqueológicos en otros países europeos y la falta de fondos para financiar la traducción de materiales y resultados de investigación. Además, los organismos de financiación ponen objeciones a la inclusión de participantes de fuera de la Unión Europea en proyectos de investigación y conferencias, agravando lo que se considera como una actitud discriminatoria hacia los investigadores de fuera de la Unión Europea que ha dejado sentir sus efectos en toda esta área.
Una última nota que añadir sobre la cuestión de la financiación es la cre- ciente inaccesibilidad de los propios procesos de solicitud de financiación (¡cualquiera que haya rellenado un formulario ESRC J-eS sabrá de lo que hablamos!). Los procedimientos burocráticos y contables hacen que la presentación de estas solicitudes lleve mucho tiempo y en general resulte farragosa. Por otro lado, existe una percepción muy extendida acerca de que aquellas personas que tienen buenos contactos personales dentro de los grandes organismos de financiación tienen más posibilidades de obtener fondos, y de que los proyectos son evaluados no tanto en función de sus propios méritos como de su valor político.
Recursos de bibliotecas, museos y archivos
La historia colonial y el papel destacado que ha desempeñado el Reino
Unido en la historia contemporánea de Oriente Medio le han permitido
disponer de una gran riqueza de recursos documentales sobre la región
disponibles para su consulta para los investigadores en el Reino Unido. Los
Archivos Nacionales de Kew albergan los archivos imperiales y de la
Commonwealth, documentos militares y de inteligencia e importantes
colecciones menores. La Bodleian Library de Oxford cuenta entre sus fon-
dos con la Library of Commonwealth and African Studies y la Rhodes
House. Algunas colecciones bibliotecarias específicas sobre Oriente Medio
son las siguientes: la Middle East Centre Library del St. Antony’s College, de Oxford, la Middle East Documentation Union and Sudan Archives de la Universidad de Durham, la CMEIS Library Collection de la Faculty of Oriental Studies, de la Universidad de Cambridge, la Arab and Islamic Studies Collection y la Arab World Documentation Unit de la Universidad de Exeter, y la Jewish, Near-Eastern and Oriental Special Collection de la John Rylands University Library de Manchester (que cuenta con unos 20.000 manuscritos originales en diversas lenguas regionales). La JRUL ha acogido un gran proyecto de cooperación entre seis universidades británi- cas (Durham, Edimburgo, Leeds, Manchester, Oxford y SOAS) para digitalizar los catálogos manuales de materiales de investigación sobre Oriente Medio. Este proyecto ha sido financiado durante varios años por el Research Support Libraries Programme (RSLP), y sus archivos son accesibles a través de Eureka (web-site http://rylibwweb.man.ac.uk/rslp_mes/).
Algunas colecciones de menores dimensiones y más específicas, entre ellas algunas colecciones de museos, son la Turkish Community Library, el Skilliter Centre for Ottoman Studies, el Petrie Museum of Egyptian Archaeology, la Home Office Library y el Oriental Museum in Durham.
El desarrollo, la organización y la expansión de los recursos biblioteca- rios sobre Oriente Medio del Reino Unido se han beneficiado, desde finales de los años sesenta, de la fundación del MELCOM (UK). El Middle East Libraries Committee fue establecido con recursos aporta- dos a raíz del informe Hayter de 1961, y actúa como estructura interuniversitaria para coordinar la adquisición y préstamo mutuo de materiales sobre Oriente Medio.
En comparación, los estudios mediterráneos adolecen de una gran falta de recursos bibliotecarios específicos. Son muy pocas las universidades que cuentan con una tradición de investigación en este campo como tal, y cuando lo hacen normalmente se trata de un grupo de materias limita- do. A menudo, los investigadores deben acudir a los Centros de Documentación Europea existentes en las bibliotecas de todo el Reino Unido.
Instituciones islámicas y de estudios islámicos
También existe un cierto número de organizaciones, asociaciones, fun-
daciones e instituciones educativas islámicas, algunas de ellas
formalmente afiliadas a instituciones universitarias del Reino Unido, que
contribuyen al paisaje general de recursos para los estudios sobre
Oriente Medio. Aportan conocimientos especializados, fondos de inves-
tigación, oportunidades para estancias sabáticas, programas de
postgrado (tanto cursos como investigación), archivos documentales y
recursos bibliotecarios. Entre ellas están la Aga Khan University, el
Islamic College for Advanced Studies, el al-Maktoum Institute for Arabic
and Islamic Studies, la Al-Furqan Islamic Heritage Foundation, el Al-Tajir
World of Islam Trust, el Institute of Islamic Banking and Insurance, el
Institute of Ismaili Studies, el Islamic Schools Trust, el Islamic Art Circle,
el Oxford Centre for Islamic Studies, la Shia’a Islamic Education Society,
la King Fahd Academy, y el Virtual Islamic and Traditional Art
Department del Prince of Wales Institute of Architecture.
Recursos sobre el terreno y cooperación internacional
Un área en el que el Reino Unido se encuentra en desventaja con respecto tanto a Estados Unidos como a sus vecinos europeos es el de la falta de ins- titutos de investigación sobre el terreno financiados por el Estado en la región. Esta carencia afecta tanto a los estudios sobre Oriente Medio como a los estudios mediterráneos. Los investigadores franceses pueden utilizar los recursos de instituciones como el CERMOC en Amman, el CEDEJ en El Cairo y el CEFAS en Sana’a, mientras que Alemania cuenta con institutos financiados por el Estado federal en Líbano, Siria, Egipto y Turquía. Este tipo de instituciones ofrece una “base” que facilita la investigación a los investigadores durante sus estancias sobre el terreno, favoreciendo la coo- peración y el establecimiento de redes con investigadores en el propio Oriente Medio y ofreciendo a los investigadores europeos y norteamerica- nos una ventaja competitiva sobre sus colegas británicos.
Los estudios sobre Oriente Medio en el Reino Unido se han beneficiado en estos últimos años de su asociación a la European Association of Middle Eastern Studies. La interacción con el mundo académico norteamericano, específicamente a través de las World Conferences for Middles East Studies (WOCMES), se encuentra en sus primeras etapas, aunque existen algunos vínculos sólidos entre académicos británicos y americanos en áreas específi- cas (tal como la red Gulf 2000). Aun así, los vínculos entre investigadores del Reino Unido y de Estados Unidos sobre el Mediterráneo son muy esca- sos, lo que se explica, en última instancia, por la falta de interés académico en Estados Unidos por el Mediterráneo como región.
En general, las instituciones universitarias del Reino Unido muestran una tendencia inequívoca a adquirir un perfil cada vez más internacional. No sólo se esfuerzan por aumentar el número de estudiantes extranjeros matriculados en sus programas, incluidos los procedentes de la región de Oriente Medio y el Mediterráneo, sino que cada vez cuentan con más per- sonal docente e investigador originario de dicha región (como demuestran los apéndices del presente informe). Desde luego, cabe sostener que dichos estudiantes de investigación y personal docente aportan importantes capa- cidades lingüísticas y contactos en la región, lo que contribuye a reforzar la comunidad académica en su conjunto. Sin embargo, los vínculos entre las instituciones universitarias del Reino Unido y las zonas de que se trata sue- len estar focalizados en un pequeño número de personas, o a veces incluso en una sola persona, en lugar de estar institucionalizados, lo que permitiría mantenerlos a largo plazo.
Retos que deben afrontar los investigadores
No cabe duda de que los investigadores basados en el Reino Unido deben
afrontar una serie de retos prácticos y menos tangibles, algunos de los cua-
les han sido puestos de relieve en el análisis precedente. Pese al creciente
reconocimiento de la importancia de la investigación sobre Oriente Medio y
el Mediterráneo, los investigadores sufren las restricciones derivadas de la
falta de recursos financieros (y la prioridad que se otorga a algunas áreas
de estudio sobre otras por parte de los posibles organismos financiadores),
de la tensión entre las obligaciones docentes y la investigación, que varía
de una institución universitaria a otra, de los problemas muy reales relacio-
nados con las “recomendaciones de viaje” que publica el Foreign and Commonwealth Office, que pueden invalidar los seguros para el trabajo de campo en una serie de países de Oriente Medio y de otras zonas del mundo, y del escaso número de plazas universitarias disponibles (en 2002, en todo el Reino Unido había en total 140 plazas universitarias dedicadas al estudio de Oriente Medio, y prácticamente ninguna dedicada específica- mente al estudio de la región mediterránea). Para aquellos que hace poco que han concluido su doctorado, la falta de plazas permanentes les obliga a aceptar plazas docentes a tiempo parcial que les impiden seguir investi- gando. Ahora bien, las perspectivas profesionales en el sector universitario dependen cada vez en mayor medida de que se tenga un sólido perfil de publicaciones.
El sistema de evaluación de la investigación plantea problemas adicio- nales para algunos investigadores. Aquellos que forman parte de departamentos que están sometidos a comisiones de evaluación de estudios no regionales reciben presiones para realizar investigaciones que les permitan publicar en revistas académicas de estudios no regio- nales. Por ejemplo, un investigador en la política de Oriente Medio puede ver como su trabajo tiene más credibilidad ante su propia insti- tución si lo publica en una revista académica de ciencias políticas y no en una revista académica sobre Oriente Medio. Esto es igualmente cierto en el caso de las revistas académicas sobre estudios mediterrá- neos, que reciben (informalmente) una calificación relativamente inferior en el marco del Proceso de Evaluación de la Investigación.
Existe la percepción, que puede tener cierta base, de que los estudios regionales en general han pasado a ser excesivamente empíricos como consecuencia de su desarrollo como áreas de investigación separadas.
En el peor de los casos, esto es algo que se describe del siguiente modo: “multidisciplinar significa falta de disciplina”. Hasta cierto punto, en el ámbito de las ciencias sociales esto es algo que se ha visto reforzado por la obsesión americana (y cada vez más del ESRC) por los métodos cuantitativos y la consiguiente desvaloración de la investiga- ción basada en métodos cualitativos. También puede deberse a la organización de los estudios sobre Oriente Medio y el Mediterráneo en el Reino Unido en torno a un pequeño número de pequeños centros en los que los investigadores individuales se mantienen relativamente aislados con respecto a sus disciplinas originales y, por tanto, excluidos de las innovaciones y debates más generales en su respectiva materia.
Muchos estudiantes recién doctorados prefieren buscar empleo en los departamentos de ciencias sociales o lenguas y no en los departamen- tos de estudios regionales multidisciplinares para no tener que hacer frente a la sospecha de falta de dominio de su materia y facilitar su movilidad al incorporarse a un mercado de plazas universitarias mucho más amplio.
Por otro lado, el Proceso de Evaluación de la Investigación también ha teni-
do un efecto positivo, la formalizar el reconocimiento de los estudios sobre
Oriente Medio mediante la creación de una comisión específica de Estudios
de Oriente medio y África) al que los departamentos (e investigadores indi-
viduales) pueden someterse a evaluación. Los departamentos que
recibieron calificaciones más altas en procesos anteriores disfrutaron de un
mayor volumen de recursos para proseguir sus esfuerzos de investigación,
lo que ha facilitado un cierto crecimiento institucional.
Otros problemas identificados en las respuestas al cuestionario, pero igual- mente válidos para los estudios sobre Oriente Medio y para los estudios mediterráneos, son los siguientes:
a) Los problemas de acceso a datos fiables sobre las regiones de que se trata, debido a problemas locales como la falta de seguridad en el trabajo de campo, la insuficiencia de los sistemas locales de recogida y gestión de datos, las restricciones de visados, la falta de capacidades lingüísticas de un nivel suficiente entre los investigadores del Reino Unido y las tensiones polí- ticas dentro y con los países estudiados.
b) La disminución de las oportunidades para intercambios, visitas de estu- dio y creación de redes. Las propias redes son a menudo estructuras transitorias y, cuando sólo hay un reducido número de investigadores sobre un tema concreto, a menudo se duplican entre sí. Los contactos permanen- tes y regulares y la colaboración entre instituciones son poco frecuentes, pues la mayor parte de los vínculos dependen en exceso de las personas y de su buena voluntad. Por esta razón, existen muy pocos proyectos de investigación que impliquen una genuina colaboración o transnacionales, las agendas de investigación no están coordinadas, y los grupos de investi- gación son con demasiada frecuencia excluyentes y cerrados.
c) Influencia política. En unos momentos en que la financiación se orienta cada vez más en función de la agenda política, el investigador tiene dificul- tades para mantener su autonomía, y la investigación es cada vez en mayor medida instrumental. Esto tal vez sea particularmente cierto en el caso de los estudios mediterráneos, en los que la financiación pública suele deter- minar la agenda de investigación.
d) Discriminación contra las mujeres. Las mujeres tienen problemas específi- cos, algunos de ellos asociados con las culturas sociales tradicionales de las regiones estudiadas y algunos otros derivados de las prácticas patriarcales y conservadoras que prevalecen dentro de las propias instituciones universita- rias del Reino Unido. Entre ellas, cabe mencionar la preferencia por invitar a investigadores de sexo masculino y no femenino a dar conferencias o pre- sentar ponencias o a actuar como investigadores principales en las solicitudes de financiación. También existe un “techo de cristal” reconocido para las mujeres que pretenden desarrollarse profesionalmente en las uni- versidades del Reino Unido.
e) La preferencia por parte de las editoriales por publicar monografías en gran formato, con lo que los resultados de la investigación resultan dema- siado caros y tienen una circulación limitada. A este respecto, debe señalarse que a menudo existe una discrepancia entre la preferencia que muestran las editoriales por los libros de texto (dirigidos a un mercado de estudiantes más amplio) y los intereses de los investigadores por publicar monografías de investigación altamente especializadas.
Interacción con las instancias de definición y aplicación de políticas
Tal vez debido a la importancia estratégica que tienen estas regiones, los
estudios sobre Oriente Medio y el Mediterráneo tienen una larga tradición
de interacción con las instancias políticas en el Reino Unido, tanto a nivel institucional como mediante los estrechos vínculos personales existentes entre los académicos y los políticos que desempeñan su función en institu- ciones públicas. El grado y la intensidad de esta interacción depende, sin embargo, de varios factores. Los responsables políticos tienen sus propias prioridades por lo que respecta al tipo de investigación que debe realizar- se, su importancia estratégica en función de sus propias necesidades y hasta qué punto permite acceder a grupos de interlocutores a los que los propios políticos no pueden tener acceso directo.
La organización más importante en el ámbito de los estudios sobre Oriente Medio es sin lugar a dudas la British Society for Middle Eastern and Islamic Studies. La BRISMES cuenta entre sus afiliados institucionales con el Foreign and Commonwealth Office, así como diecinueve embaja- das de países de Oriente Medio en Londres. Esta organización ha conseguido recibir apoyo de miembros de ambas cámaras del Parlamento nacional, cuyas comisiones de asuntos exteriores y otros temas relacionados recurren con frecuencia a los expertos y miembros del consejo de la BRISMES. En ocasiones, se han establecido vínculos entre determinadas instituciones académicas y organismos públicos, como la serie de conferencias sobre Gobernanza en Oriente Medio organizadas en 2000/2001 por la Universidad de Durham y el Grupo sobre Oriente Medio y África del Norte del FCO. Sin embargo, en gene- ral puede decirse que existe un alto grado de interacción entre los Miembros del Parlamento interesados en Oriente Medio, los diversos subgrupos del Foreign and Commonwealth Office y la comunidad aca- démica sobre Oriente Medio. Esta interacción se ve reforzada por la larga tradición de antiguos diplomáticos británicos con amplia experien- cia de servicio en Oriente Medio que se incorporan a la vida universitaria tras su jubilación, o que ocupan puestos honoríficos en organizaciones como BRISMES, sin dejar por ello de mantener sus vínculos con el FCO y entre los niveles superiores de los medios políticos británicos.
Igualmente, algunos investigadores del ámbito de los estudios medite- rráneos han realizado o han asistido a presentaciones en el FCO.
Esta cooperación se ve impulsada asimismo, en parte, gracias a las apor- taciones académicas a los programas de investigación de institutos independientes como Chatham House (el Royal Institute of International Affairs)
3, RUSI (el Royal United Services Institute) e IISS (International
3. El Royal Institute of International Affairs, también conocido como Chatham House, fue fundado en 1920. En su “misión” se establece que su objetivo consiste en contribuir a estimular el debate y la investigación sobre asuntos políticos, económicos, de seguridad y otras cuestiones fundamentales en el ámbito de las relaciones internacionales. Entre sus actividades, este instituto cuenta con varios programas de investigación, entre ellos uno sobre cuestiones de seguridad relacionadas con la Asociación Euromediterránea y el Proceso de Paz en Oriente Medio, otro sobre desarrollo institu- cional en la comunidad palestina, otro sobre evolución sociopolítica de Irán, Irak y Arabia Saudí y otro sobre las políticas y la participación de las grandes potencias en la región. Para más informa- ción, véase: www.riia.org. El International Institute for Strategic Studies o IISS fue fundado en 1958 y está reconocido como la principal autoridad mundial en conflictos político-militares. Su Programa de Gestión de Conflictos de Oriente Medio incluye un proyecto sobre la posible interven- ción de terceros en el conflicto israelí-palestino. Para más información, véase: http://www.iiss.org/.