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El fruto del Espíritu es benignidad

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Recursos Escuela Sabática © COMENTARIO DE LA LECCIÓN

I Trimestre de 2010

“El fruto del Espíritu”

Lección 6 (6 de Febrero de 2010)

El fruto del Espíritu es benignidad

Pr. Emilson dos Reis Comenzamos el estudio de las lecciones de Escuela Sabática de este trimestre compa- rando el fruto del Espíritu a una naranja y sus gajos, de manera que cada gajo repre- sente a una de las virtudes cristianas y que éstas deben crecer juntas en el fruto. En esta semana, vamos a considerar el “gajo” de labenignidad, que se encuentra al lado del de la bondad. La semejanza entre estas palabras es tal que algunos traductores emplean la expresiónbondad cuando traducen lo que en la lengua original figura como benignidad.

Ambas son expresiones del amor, y la diferencia parece consistir en que la benignidad (en un lenguaje más moderno, amabilidad o delicadeza) hace referencia a una actitud del corazón, mientras que la bondad y la exteriorización de esa actitud a través de ac- ciones o palabras. La benignidad es algo del corazón, y expresa la actitud de sentir o ser; pero para que se haga evidente necesita manifestarse, y eso sucede con la bon- dad, que es elhacer. Así, es imposible estudiar y entender la benignidad sin –al mismo tiempo– relacionarla con la bondad.

Dios: Modelo de amabilidad

Para referirse a la benignidad, el Nuevo Testamento emplea en diez oportunidades la expresiónchrestotes, todas ellas de autoría paulina (Romanos 11:22; Efesios 2:7; Tito 3:4).1Es la disposición divina favorable a toda la creación que excede a cualquier mo- tivación en sus criaturas. Cuando esa disposición está volcada a las criaturas irraciona- les, le da lo que necesitan (Job 38:41; Salmo 145:15, 16; 147:7-9); cuando se manifies- ta a los hijos de Dios, es para comunicarles vida y bendición (Salmo 31:19; Efesios 2:5- 7), siendo la base del galardón y lo lleva a cumplir sus promesas; cuando es dirigida a los hombres que viven lejos de Dios, es para buscarlos traerlos al arrepentimiento a fin de que no reciban la ira de Dios en su justo juicio (Romanos 2:4, 5).2De esta manera,

1E. Beyreuther, “Bom, Belo, Bondoso”, Dicionário Internacional de Teologia do Novo Testamento, Colin Brown, ed., (San Pablo: Vida Nova, 1985), tomo 1, p. 326; Donald Grey Barnhouse, Man’s Ruin / God’s Wrath (Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans Publishing Company, 1959), p. 25.

2Alfredo Borges Teixeira, Dogmática evangélica (San Pablo: Atena, 1958), p. 95; Heber Carlos de Cam- pos, O ser de Deus e os seus atributos, 2ª ed. (San Pablo: Cultura Cristã, 2002), pp. 255-256; Augustus H.

Strong, Teologia sistemática, (San Pablo: Teológica, 2002) tomo 1, pp. 432, 437; Lewis Sperry Chafer, Te- ologia sistemática, (San Pablo: Hagnos, 2003), tomo 2, p. 230. Ver también G. Raymond Carlson, “The Epistle of Paul to the Romans”, The Complete Biblical Library (Springfield, MI: The Complete Biblical Li- brary), tomo 7, p. 39; A. Berkeley Michelsen, “La Epistola a los Romanos”, El comentario biblico Moody, (Chicago: Editorial Moody, 1971), p. 249.

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todos somos invitados a considerar “la bondad y la severidad” de Dios (Romanos 11:22). Mientras que su bondad contempla a aquellos que tienen fe y en ella permane- cen, sus juicios son dirigidos sobre aquellos que se mantienen en la incredulidad; antes de volverse al Señor, se convertirán en blancos de la bondad que Él manifiesta para con sus hijos.3

El Evangelio presenta a Dios como nuestro modelo de benignidad. Jesús dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Ma- teo 5:48). Como ya hemos analizado en la segunda lección, cuando estudiamos sobre el amor, esta expresión no es la mejor traducción de lo que Jesús estaba tratando de enseñar realmente. El tema que Él venía presentando no era sobre la perfección, sino sobre el amor. La mejor traducción sería “sed pues vosotros inclusivos como inclusivo es vuestro Padre Celestial”.4Entonces –partiendo del contexto–, su llamado es a que incluyamos en nuestro amor no sólo a los buenos, sino también a los malos, talo como Dios, nuestro Padre, lo hace.

Amabilidad a través de las acciones

En las Escrituras encontramos diversos ejemplos de personas que, a través de sus ac- ciones, manifestaron la amabilidad que había en su corazón. Analizaremos dos, uno del Antiguo Testamento y otro del Nuevo.

Abigail. Una persona benigna es alguien amable, delicado, cortés, gentil. Lo contrario es una persona desagradable, descortés, ruda, grosera. En 1 Samuel 25 encontramos el relato de un matrimonio con esas dos características; uno muy diferente de la otra. El hombre se llamaba Nabal y la mujer, Abigail. Nabal, cuyo nombre significa “insensato”, es descripto como alguien muy rico, dueño de rebaños y amo de siervos, pero también un hombre “duro y de malos hechos” (versículo 3) y –según la óptica de sus siervos y de su esposa– un hombre despreciable.

Antes de que David fuera rey, cuando era apenas un fugitivo, acampó durante varias semanas con sus hombres en aquellas tierras. En aquellos días, ayudaron a proteger los rebaños de Nabal de los animales feroces y de los ladrones que no respetaban la propiedad ajena, sin tocar nunca nada del patrimonio de aquél rico hacendado. En tiempos de necesidad, solicitaron su ayuda, pero éste, además de rehusarse, a los gri- tos, le faltó el respeto a los hombres de David.

Cuando David supo de lo ocurrido, reunió a sus hombres y se dirigió a casa de Nabal para darle su merecido. Uno de los siervos le avisó a Abigail lo sucedido. Esta, rápida- mente, providenció alimentos para David y sus hombres y les encargó a algunos de sus

3Dale Moody, “Romanos”, Comentário bíblico Broadman, Clifton J. Allen, ed., (Rio de Janeiro: JUERP, 1984), tomo 10, p. 286.

4John Stott, A mensagem do Sermão do Monte: contracultura cristã, 3ª ed. (San Pablo: ABU, 2001), pp.

122-123; R. V. G. Tasker, Mateus: introdução e comentário (San Pablo: Vida Nova e Mundo Cristão, 1985), p. 56. Ver el texto paralelo de Lucas 6:36. En el mismo Sermón del Monte, Jesús no enseñó que se- remos perfectos, sin pecado, sino que vamos a continuar teniendo hambre y sed de justicia, la cual será plenamente satisfecha cuando estemos en el reino de gloria (Mateo 5:6). Y es a este reino que apuntan las recompensas de las bienaventuranzas (Mateo 5:3-12). También nos enseñó a orar, mientras estemos en este mundo, así: “Perdónanos nuestras deudas…” (Mateo 6:12).

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criados a que se apresuraran a llevar, delante de ella, aquellos presentes. Poco des- pués, se encontró con David, y a través de sus acciones y palabras, logró impedir una masacre. El relato la describe como una mujer “sensata” (versículo 3), que actuó con

“prudencia” (versículo 34). De hecho, actuó con prontitud, fue humilde, asumió la culpa y con amabilidad desvió la ira de David y salvó a mucha gente.

El buen samaritano. En la conocida parábola del buen samaritano (Lucas 10:30-37), vemos un ejemplo de amabilidad en acción. Luego de que el viajero fuera asaltado y herido, y después de que el sacerdote y el levita se desviaran sin hacer nada para pres- tarle socorro, felizmente alguien más viajaba por el camino ese día. Era un extranjero, un odiado samaritano, quien –por eso mismo– mayores razones hubiera tenido para pasar de largo. Pero no lo hizo. Se acercó, llegó bien cerca del hombre herido. Luego se dio cuenta de que era judío, alguien que odiaba a su raza, alguien de otra religión, alguien que probablemente jamás lo ayudaría, si las cosas fueran al revés. Pero eso no le importó. Quien allí estaba necesitando desesperadamente de ayuda era un ser humano. Y para él fue motivo suficiente para prestarle ayuda. Dice la Biblia: “Al verlo, se compadeció de él” (versículo 33). Primero tuvo compasión en su corazón y todo lo que hizo después de ello fue el resultado de la misericordia, del amor que moraba en su corazón.

“Con amabilidad y bondad, ministró al hombre herido”,5utilizando todos los recursos disponibles. Como parte del alimento que llevaba consigo, tenía aceite y vino, que tam- bién eran comúnmente utilizados para tratar a las heridas. Usó el vino para limpiar las heridas, y el aceite para suavizar el dolor.6Luego lo colocó sobre su cabalgadura y a pie condujo a su animal lentamente para no sacudir al herido, lo que hubiera aumenta- do sus sufrimientos.7Al llegar a un hospedaje, cuidó de él durante esa noche, velando por él. Por la mañana, como el herido daba muestras de estar mejor, el samaritano re- solvió continuar su viaje, no sin antes hacer los arreglos correspondientes con el meso- nero, para que éste cuidara del enfermo, entregándole para ello algo de dinero, con el compromiso de cubrir cualquier gasto extra que pudiera surgir, cuando volviera por aquél camino al regreso de su viaje. Actuando de ese modo, el samaritano demostró estar verdaderamente convertido. Tanto en el espíritu como en los actos, probó estar en armonía con Dios y su ley.

Amabilidad en la comunicación

El término comunicación deriva del latíncommunis, que significa común. Para comuni- carnos con alguien, es necesario que establezcamos puntos en común con él, de modo que cuanto mayor sea la cantidad de puntos en común, mayor será la probabilidad de que se logre una buena comunicación y entendimiento.8

Jesús fue el comunicador por excelencia. El buscaba acercarse a las personas para hablarles de las buenas nuevas de salvación, por medio de puntos comunes a ambos.

Su propia encarnación se concretó para que la humanidad fuera un punto común entre

5Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 313.

6R. Jamieson, A. R. Fausset e D. Brown, Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia, Buenos Aires:

Casa Bautista de Publicaciones, 1981, Tomo II, p. 149.

7Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 464.

8Howard Hendricks, Ensinando para Transformar Vidas (Venda Nova: Betânia, 1991), 74.

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nosotros y Él. Algunos incidentes en su vida sirven de ejemplo: 1) Junto al pozo de Ja- cob, Él llegó al corazón de la mujer samaritana usando un punto común: la sed; 2) En el día de su muerte, el ladrón que estaba a su lado aceptó la salvación. En este caso, el punto común fue la cruz.

La comunicación puede ser verbal, y no verbal. La primera ocurre cuando utilizamos la palabra; y la segunda se da sin el uso de las palabras y puede incluir la inflexión de la voz, la manera de mirar, la postura y los gestos corporales, entre otras posibilidades.

Como hijos de Dios, poseedores del fruto del Espíritu, necesitamos ser amables en to- das las formas de comunicación. De esa manera, la amabilidad se evidenciará no sólo en el contenido de nuestro mensaje, o en las palabras de nuestros labios, sino también en el tono de nuestra voz, en la expresión de nuestra mirada y en nuestro lenguaje cor- poral.

La amabilidad debe cultivarse

En una sección de su carta a los Colosenses (3:5-17), el apóstol Pablo compara y con- trasta el estilo de vida que teníamos cuando estábamos aparte de Cristo y la nueva vi- da que ahora vivimos, andando en sus caminos. El viejo hombreversus el hombre nue- vo.9

El viejo hombre fue crucificado (Romanos 6:6). ¿Qué significa esto? El método de la crucifixión parece haber sido inventada por los fenicios y luego adoptada por el imperio romano para ejecutar a los peores criminales y los traidores. Cuando alguien era clava- do en una cruz, estaba oficialmente muerto, aún cuando permaneciera vivo durante al- gunos días, en los que la vida se le vaciaba de a poco y la muerte sobrevenía, final- mente, por asfixia. En el caso de Cristo, desde el momento en que fue colocado en la cruz hasta el de su muerte, transcurrieron apenas seis horas, porque Él no murió por la crucifixión. Murió cuando su corazón se partió, por llevar sobre sí nuestros pecados.

Los dos ladrones que estaban a su lado habían sido retirados de la cruz porque los jud- íos no permitían que nadie quedara en la cruz durante el sábado, y sus piernas fueron quebradas para que no huyeran y también para apresurar su muerte.

Algo semejante ocurre con el cristiano. Cuando cree en Cristo como Hijo de Dios, su Salvador y Señor de su vida, el cristiano es colocado en la cruz. Su vieja naturaleza pe- caminosa está oficialmente muerta, pero no ha desaparecido, todavía está allí, domina- da por la gracia divina. Si el cristiano se aparta de Dios, desciende de la cruz y vuelve a practicar las mismas cosas de antes (Gálatas 2:19; 6:14; cf. 1 Corintios 9:27). Por eso, tenemos que hacer algo: renovar cada día nuestro compromiso con Cristo. En el len- guaje de Pablo: “haced morir en vosotros lo terrenal” (Colosenses 3:5), o “dejad… estas cosas” (versículo 8). Necesitamos día a día abandonar las viejas prácticas pecamino- sas, pero también cultivar las virtudes cristianas. La figura que él utiliza para ejemplifi- car esto es la de la ropa. Imagina a alguien trayendo vestiduras sucias, rotas, malolien- te, sacándoselas una a una para luego vestirse de ropas nuevas, limpias y hermosas.

El dice: “habiéndose despojado del viejo hombre” (versículo 9). ¿Y cuáles eran las ves- tiduras de este viejo hombre? Prostitución, impureza, pasión lujuriosa, deseos malig- nos, ira, avaricia, indignación, maldad, maledicencia, lenguaje obsceno y mentira

9Ver también Efesios 4:17 a 5:21, donde se encuentra un pasaje paralelo.

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(versículos 5, 8, 9). Y añade: “Revestíos del nuevo hombre” (versículo 10) ¿Y cuáles son las vestiduras de este nuevo hombre? “Vestíos de entrañable compasión, de be- nignidad, humildad, mansedumbre y tolerancia. Soportaos y perdonaos unos a otros…

Y sobre todo, vestíos de amor, que es el vínculo de la perfección. Y la paz de Dios go- bierne vuestro corazón, a la que fuiste también llamados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos” (versículos 12-15).

Pero ¿cómo es esto posible? ¿Cómo podemos despojarnos del mal y revestirnos del bien? ¿Cómo podemos ser personas amables, llenos de tierno afecto? El secreto se revela en el versículo siguiente: “La Palabra de Cristo habite en abundancia en voso- tros”. Cuando buscamos conocer y apropiarnos de la Palabra de Dios, cuando ella se convierte en abundante en la vida de la iglesia y en nuestra vida personal, esa trans- formación es posible.

La conversión es apenas el comienzo de la vida cristiana. En ese momento hay una la- guna entre nuestros ideales y la realidad de nuestra conducta. En la secuencia debe venir luego nuestro peregrinaje con Cristo, cuando se da nuestra transformación espiri- tual, basada en las virtudes, de modo que somos cambiados, moldeados, a partir del in- terior. Es un proceso intencional (Santiago 1:4). De ese modo, mientras que la salva- ción se da únicamente por misericordia divina, sin la intervención del esfuerzo humano (Romanos 9:16), el crecimiento en Cristo involucra la cooperación entre Dios y sus hijos (1 Juan 3:3; Filipenses 2:12, 13). 10

“Tenemos que aprender que la gracia es lo opuesto al merecimiento y no al esfuerzo”.

11 “Dios obra en nosotros y con nosotros, nunca contra nosotros o sin nosotros”. 12 Nuestro esfuerzo resulta de una fuerza sobrenatural obrando dentro de nosotros (Fili- penses 2:12, 13), que recibimos de Dios (Juan 1:12). Entramos en las virtudes gra- dualmente y eso viene a través de la práctica.13

“Una virtud se demuestra cuando escogemos servir en vez de dominar o manipular;

cuando escogemos respetar en vez de codiciar o amenazar; cuando escogemos ser amables en vez de ser siniestros. Escoger la virtud es escoger someter nuestra volun- tad a Dios y actuar como Jesús actuaría”.14

Amabilidad: Pensamientos afines

“Desconfío del hecho de que las personas más felices que tú conozcas sean aquellas que se esfuerzan por ser generosas, dispuestas y confiables, y que la felicidad entre tranquilamente en sus vidas mientras ellos están ocupados en ese esfuerzo”.15

“Cuando yo era joven, admiraba a las personas experimentadas. Ahora que soy viejo, admiro a los generosos”.16

10Gary L. Thomas, As virtudes cristãs (Rio de Janeiro: Textus, 2003), pp. 26, 29.

11Dallas Willard, citado en Ibid. p. 45.

12Johm Owen, citado em Ibid., p. 54.

13Ibid., p. 63.

14Ibid., p. 27.

15Harold S. Kushner, Quando tudo não é o bastante (São Paulo: Nobel, 1987), p. 14.

16Abraham Joshua Heschel, citado em Ibid., p. 33.

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Como al cuerpo humano hay algunas clases de alimentos y actividades que aportan más salud, a la vez que otros las debilitan, así también ocurre con la mente humana:

“Los celos, el egoísmo y la desconfianza la envenenan; la honestidad, la generosidad y el gozo, la revigorizan. Nos sentimos mejor, literalmente, cuando nos esforzamos para ayudar a alguien”.17

“Lo que verdaderamente caracteriza a una persona es su manera de tratar a alguien que no puede significarle ningún bien”.18

“Quiero hacer todo lo bueno que pueda, por todas las personas que pueda, de la mayor cantidad posible de maneras y por el mayor tiempo que pueda”.19

“El propósito de la vida no es vencer, sino crecer y compartir. Quien mire hacia atrás para contemplar todo lo que ha hecho en la vida, extraerá más satisfacción del placer que aportó a la vida de otras personas que de los momentos en que nos sobrepasamos a las dificultades y las derrotamos”.20

“Lograrás hacer más amigos en dos meses mostrando tu genuino interés por las demás personas que en dos años intentándolo hacer que los demás se interesen por ti”.21

“Traemos sobre nosotros un bien extraordinario cuando hacemos algo por los otros”.22

“Lo que le entregamos a los demás transmite un poderoso mensaje en relación a lo que somos. Nuestra manera de reaccionar ante la indelicadeza, injusticia o ingratitud habla intensamente acerca de nuestro verdadero carácter”.23

Emilson dos Reis Rector Facultad de Teología – Univ. Adv. de San Pablo Campus Engenheiro Coelho Brasil

Traducción: Rolando D. Chuquimia

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17Ibid., p. 104.

18Ann Landers, citado em Glenn Van Ekeren, 12 segredos simples da felicidade, 3ª ed. (San Pablo: Cul- trix, 2002), p. 12.

19D. L. Moody, citado em Ibid., p. 34.

20Harold Kushner, rabino, citado em Ibid., p. 36.

21Dale Carnegie, citado em Ibid., p. 46.

22Horace Mann, citado em Ibid., p. 72.

23Ibid., p. 76.

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